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La resistencia frente a los alemanes

La resistencia frente a los alemanes

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares24 julio, 2020
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Regreso a O'Donnell: Capítulo 7

 

Madrid, año 1998

 

Hace 37 años que el Madrid no es campeón de Europa. Instantes antes de comenzar el partido de ida de la semifinal de la Liga de Campeones entre Real Madrid y Borussia Dortmund, un grupo de aficionados se sube a las vallas de uno de los fondos del Bernabéu. Las porterías están arriostradas a los postes de las mismas. El peso de los hinchas hace que cedan y, al caer, arrastran consigo la portería. Uno de los asistentes informa al árbitro, el señor Van der Ende, de esta circunstancia y José Ángel de la Casa hace lo propio con los telespectadores.

El colegiado retrasa el comienzo del encuentro media hora para encontrar una solución. No hay porterías de reserva porque la normativa no obliga a ello. Es imposible volver a colocar la portería caída porque uno de los postes se ha tronchado. La ansiada Champions pende de un hilo.

Agustín Herrerín, empleado del club, recuerda que hay una portería en la Ciudad Deportiva, muy pocos kilómetros al Norte del estadio. Él y Miguel Ángel, exportero blanco, se montan en una furgoneta escoltada por la policía y salen escopetados a más de 100 Km/h por la Castellana a por ella.

Al llegar tienen que saltar la cerca y encuentran cerrado con candado el almacén donde está la imprescindible portería. El azar (o tal vez no), hace que Cándido y Juan Manuel, dos trabajadores con un camión, estén allí montando un escenario para un evento que se va a celebrar. Una vez informados de la urgencia de la situación, embisten la puerta del almacén con el vehículo, liberan la portería y la cargan en el camión. Herrerín, Miguel Ángel, Cándido, Juan Manuel, la portería y mucha mucha policía, se arrojan Castellana abajo contra reloj.

Llegan al Bernabéu cuando la paciencia del árbitro y los alemanes estaba a punto de agotarse. Introducen la portería a empujones, la colocan, comienza el partido y el Madrid gana dos a cero con punterón inolvidable de Karembeau.

Herrerín ha obrado un milagro.

 

Múnich, año 2020

Esbirros de Oliver Kahn torturan a Jupp Heynckes con el método goti-taka; le suministran notas de reguetón en tímpano mientras le obligan a ver partidos del Bayern de Guardiola, con múltiples repeticiones de los pases entre portero y defensas mientras le apedrean con coles de Bruselas. El bueno de Jupp termina cediendo y confiesa a la pérfida banda alemana todos los secretos acerca de cómo el Real Madrid consiguió traer de la Ciudad Deportiva una portería y disputar el partido de ida de semifinales contra el Borussia Dortmund aquel 1 de abril de 1998.

A Heynckes lo ha secuestrado el GGS (Grupo Germánico Saboteador), una asociación alemana con la tecnología para viajar en el tiempo y cuyo propósito es, mediante malvada industria, sabotear el pasado para que los equipos alemanes incrementen su cosecha de títulos.

 

Madrid, año 2020

 

Xabi Alonso entra en la oficina de O’Donnell 43 vestido con traje negro, camisa blanca y corbata negra. Porta una elegancia innata y una pesada bolsa de viaje en la mano.

—¡Hombre, dichosos los ojos, Xabi! —exclama Arbeloa—. Ya era hora de que te dejaras ver.

—Buenos días, amigos —saluda Xabi—. Sabéis que ahora ando ocupado y paso en mi tierra la mayor parte del tiempo. Me alegro de veros. ¿Qué tal por aquí? Ya me ha informado del éxito de las últimas misiones Juan Padrós, qué gran tipo, menuda incorporación.

Alonso y Padrós se conocieron en el restaurante de Biriukov, colaborador de O’Donnell 43 que les presentó. Enseguida congeniaron, comparten inquietudes culturales, gastronómicas y estéticas. Padrós se ha afeitado la cabeza, ha dejado crecer más su barba y se ha comprado una Harley-Davidson con la cual recorre España de festival en festival de música indie.

—Xabi, espero que lo que traigas en esa bolsa sea lo que sospecho. Sabes que tus provisiones y mi zumo de kiwi conforman la columna vertebral de mi dieta —bromea Butragueño.

—Por supuesto, Emilio. Traigo de mi pueblo un cargamento de chuletones para todos los miembros del equipo. Mirad qué aspecto…

En ese momento suena el teléfono del Buitre.

—Disculpa, me llama Raúl —Emilio contesta y en segundos su cara palidece. Cuelga el teléfono, se inclina sobre la mesa apoyando ambas manos y mira con solemnidad a Xabi y Álvaro.

—Queridos, sabéis que Raúl conserva buenos contactos en Alemania. Pues bien, sabe de primera mano que el GGS está a punto de desbaratar la hazaña que protagonizó nuestro querido Agustín Herrerín en aquella semifinal de Champions del 98 contra el Borussia al conseguir in extremis una portería de la Ciudad Deportiva para sustituir la que habían derribado aquellos infiltrados de la organización blaugrana análoga a la nuestra. Me informa que han secuestrado a Heynckes y le han sonsacado información valiosa mediante métodos torticeros que incumplen las Convenciones de Ginebra. No sabemos nada más —informa Emilio.

 

Madrid, Ciudad Deportiva, 1 de abril de 1998

 

Un comando militar de élite del GGS con Oliver Kahn a la cabeza se dirige hacia la Ciudad Deportiva del Real Madrid a bordo de un Mercedes Clase G. Una vez arrancada la información a Jupp Heynckes en el futuro, llegan al recinto y maniatan a Cándido y a Juan Manuel mientras otros miembros destrozan su camión. También acceden al almacén y despiezan la portería con varios sopletes.

No contentos con eso, una hora antes del comienzo de la semifinal, amordazan a Herrerín y lo recluyen en un Burger King clausurado sin teléfono ni televisión. Los germanos se felicitan, están convencidos de haber hecho todo lo posible para que esa noche la portería no pueda ser repuesta y se suspenda el partido. Después, tienen otro plan para mermar al Real Madrid cuando se celebre el partido aplazado y de ese modo facilitar una nueva Champions para el Borussia Dortmund.

En ese momento, se cae la portería del estadio y comienza la cuenta atrás para que nuestros protagonistas reparen el pasado.

 

Madrid, año 2020

O’Donnell 43 convoca de urgencia a Juan Padrós, Ferenc Puskas y Luka Doncic. Pancho pasa por el departamento de maquillaje para no ser reconocido en 1998 y el trío parte hacia el 1 de abril de ese año.

 

Madrid, 1 de abril de 1998

 

—Amigos, hay dos puntos clave que hemos de revisar primero para averiguar qué traman esos alemanes; la Ciudad Deportiva y el Santiago Bernabéu. Puskas, Doncic, acudan al estadio e intenten hablar con Herrerín y protegerle, es el héroe del día y no sería extraño que intentasen anularlo. Yo acudiré en mi moto a la Ciudad Deportiva a comprobar que todo está tal y como debe.

Pancho y Luka llegan al Bernabéu y comienzan a buscar a Agustín Herrerín. Desde hace unos minutos, nadie sabe dónde está.

Juan Padrós llega en su Harley a la Ciudad Deportiva, salta la valla y se encuentra a Cándido y Juan Manuel con las muñecas embridadas y la boca obstruida con cinta americana. Alrededor hay piezas de un camión desguazado y fragmentos de portería. Una vez liberados, los trabajadores le describen a Padrós lo sucedido, le indican que Oliver Kahn estaba al frente de las operaciones. Sin perder un segundo, llama a Doncic y le advierte que es muy probable que Herrerín haya corrido la misma suerte.

Segundos después, Butragueño les confirma que algo ha sucedido con Agustín porque ha desaparecido de su puesto en O’Donnell 43 junto al arco espacio-temporal. La situación es límite, el GGS no solo ha puesto fuera de juego a todos los responsables de resolver el problema de la portería en 1998, sino que con ello también ha desaparecido de 2020 al encargado de manejar la puerta temporal.

En ese momento, Xabi Alonso tiene una idea:

—Álvaro, Emilio, yo también he vivido en Alemania y tengo calados a estos tipos. Sé cómo liberar a Herrerín, a Cándido y a Juan Manuel. Yo me encargo de ello, contacto con Padrós y le digo cómo hacerlo, porque no podemos utilizar nuestra portería espacio-temporal, solo la sabe manejar Agustín —indica Xabi.

Alonso llama a Padrós y le facilita la dirección de una tienda de productos alemanes. Le indica que compren mucho chucrut, codillo, salchichas y cerveza. Que lo recojan él, Pancho y Luka y monten un puesto junto al Bernabéu para venderlo. Una vez allí, han de publicitar los productos al grito de: «¡comida alemana auténtica, utilizamos la receta de Kahn, el mejor portero del mundo». Les dice que, de ese modo, tocarán el ego y el orgullo del alemán y acudirá a ver qué se cuece.

Padrós, Puskas y Doncic actúan tal y como les ha indicado Xabi Alonso. Se disfrazan de Alemanes en chanclas con calcetines y comienzan a berrear: «¡comida alemana auténtica, utilizamos la receta de Kahn, el mejor portero del mundo». Al cabo de unos minutos, aparece el soberbio portero y les reprocha de manera agria que utilicen su nombre. En ese momento, Puskas atiza a Kahn en la jeta con la bombona de butano que están utilizando para calentar los codillos.

Entre los tres lo llevan a un soportal y le arrojan agua con hielo a la cara para espabilarle. Le preguntan por el paradero de ambos trabajadores secuestrados y de Herrerín, pero el teutón se resiste. Tras intentarlo de todas las maneras posibles, Luka recurre a la última opción; le deja los párpados abiertos al modo de la Naranja Mecánica y le muestra imágenes de Jesús Gil en un jacuzzi y de Luis Roldán en una fiesta en calzoncillos. Ante semejante tortura, Kahn canta sin tartamudear y confiesa dónde tienen retenidos a los tres.

Corren a liberarlos y en ese momento, cambia el futuro y aparece de nuevo Herrerín en la portería espacio-temporal de O’Donnell 43. Butragueño y Arbeloa, tras interesarse por él, le consultan qué demonios pueden hacer. A esas alturas de 1998, la portería lleva una hora caída y la que utilizaron de repuesto se halla hecha pedazos.

—¿Y si llevamos a 1998 esta misma portería que utilizamos para viajar en el tiempo? —propone Agustín Herrerín.

—¡Otra idea genial! —responde Arbeloa.

—Pero ¿cómo lo hacemos? —enfría el Buitre.

Ambos adoptan gesto pensativo. Herrerín recuerda que le dijeron que, en caso de emergencia suprema, pulsase el botón rojo que hay bajo la escuadra derecha oculto tras una pestaña. Así lo hace y entre la niebla aparece andando con calma un señor con traje oscuro, gafas de montura metálica y aspecto de ingeniero.

—No se preocupen, señores, técnicamente es posible realizar la fantástica idea que ha tenido Agustín —anunció este señor, que abrió el panel de control de la portería y durante cinco minutos programó múltiples parámetros.