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Alfredo Di Stéfano en peligro

Alfredo Di Stéfano en peligro

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares26 junio, 2020
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Regreso a O'Donnell: Alfredo Di Stéfano en peligro

 

Argentina, año 1948

Los futbolistas profesionales argentinos reclaman unas condiciones de trabajo más dignas y le declaran la primera huelga de su mandato al general Perón. Una vez concluida la huelga, Óscar Nicolini, ministro de Comunicaciones argentino, establece un tope salarial de solo 1500 pesos.

 

Argentina, año 1949

Esta situación provoca un éxodo de jugadores argentinos a equipos americanos. La mayoría opta por Colombia, donde la Dimayor —la Liga de allí— se separa de la Federación y crea la Asociación Colombiana. FIFA no reconoce a los equipos de la Asociación, pero ésta sigue adelante y ficha a los mejores futbolistas del continente a golpe de talonario, muchos argentinos.

Di Stéfano juega con River su último partido el 31 de julio de ese año en la victoria 1-0 frente a Boca. Como curiosidad, Alfredo disputó más de media hora como portero sin encajar un gol.  El 9 de agosto se marcha a Colombia, River no le pagaba, y recala en el Club Deportivo Los Millonarios de Bogotá. Allí triunfa de inmediato y es apodado «la Saeta —que significa flecha— Rubia».

 

Lima, año 1951

El conflicto entre la Asociación Colombiana y la FIFA se resuelve con el Pacto de Lima, según el cual, se reconocía la propiedad de los jugadores llegados a Colombia a sus actuales clubes hasta el 15 de octubre de 1954, pero desde 1955, los derechos de los futbolistas volverían a pertenecer a sus clubes de origen. Por tanto, Di Stéfano pertenecerá a Millonarios hasta octubre de 1954 y a River a partir del 1 de enero de 1955.

 

Madrid, año 2020

—Emilio, el Barcelona ha reaccionado. Después de que consiguiésemos desactivar el plan Kubala, ha impedido que don Alfredo fiche por el Real Madrid —informa Arbeloa con pavor.

Butragueño se agita sobremanera, llegando incluso a levantar una ceja de manera leve.

—Estemos tranquilos, Álvaro, eso es imposible. Como bien sabes, Alfredo trabaja para nosotros, él fue quién reclutó a Juan Padrós, estuvo por aquí el otro día.

—Ese es el problema —replicó Álvaro—, no hay rastro de Di Stéfano y, como él fue quien trajo a Padrós, este también ha desaparecido. De camino a la oficina, he pasado frente al Santiago Bernabéu y el estadio ahora es mucho más pequeño. Han alterado el pasado y lo estamos padeciendo.

Los cambios acontecidos en el pasado, tiene un reflejo inmediato en el presente, pero no es hasta que el sistema hace back up de 0:00 horas a 3:00 de la madrugada, cuando se consolidan los cambios de manera definitiva. Por lo tanto, hasta la media noche, hay tiempo de resolver los problemas.

—Llama a Puskas y a Doncic —ordena Butragueño—. Vamos a mandarlos a agosto de 1953 y que nos informen de lo ocurrido para poder trazar un plan que lo contrarreste.

 

Barcelona, año 1953

El presidente del Barcelona, Enrique Martí ordena el fichaje de una estrella a Pepe Samitier para suplir la baja culé de Kubala, aquejado de tuberculosis. El secretario técnico azulgrana piensa en Di Stéfano, contacta con él y éste le informa que pertenece a Millonarios hasta finales de 1954 y después a River.

Pepe Samitier decide puentear al equipo colombiano y llega a un acuerdo con River para fichar al argentino, con un adelanto de 2.000.000 de pesetas. Poco después, Di Stéfano se traslada a Barcelona a la espera de poder jugar con el Barça.

Samitier, con Kubala y Di Stéfano

 

Caracas, Barcelona, Madrid, año 1953

Enrique Martí, presidente culé, aprovecha la disputa de su equipo de la Pequeña Copa del Mundo en Caracas para intentar llegar a un acuerdo con Millonarios y que le ceda los derechos federativos presentes de don Alfredo, ya que había llegado a un acuerdo con River para adquirir el 50 % de los derechos futuros.

Alfonso Senior, presidente de Millonarios, no está por la labor de regalar al jugador y tasa el traspaso en 1.350.000 pesetas (27.000 dólares). Martí se indigna y declara: «El Barcelona está dispuesto a tener a Di Stéfano una temporada completa sin jugar. Millonarios debe rebajar sus exigencias».

Estas declaraciones, junto al ninguneo que sufre en Barcelona, comienzan a mosquear al argentino.

Desde que el Barcelona birlara al Madrid el fichaje de Kubala, Santiago Bernabéu tenía una espina clavada del tamaño del Obelisco de Buenos Aires. Cuando se entera del desencuentro de los presidentes del Barça y Millonarios, sabe que es su momento. Habla con el vicepresidente Bustamante y envían a Saporta a Bogotá con los 27.000 dólares que había escatimado el Barcelona y compra los derechos de don Alfredo que, en ese momento, se convierte en jugador madridista.

Ante semejante varapalo al Barcelona, Samitier dimite como secretario técnico. Poco después también lo haría Martí, su presidente, pero aún metería más la pata antes de hacerlo.

Saporta viaja a Barcelona y se entrevista con Di Stéfano, que recibe la noticia con alegría porque, a esas alturas, no veía nada claro su futuro en el Barcelona. Para colmo, tras conocer el acuerdo del Real Madrid con Millonarios, el presidente barcelonista sufre un ataque de ira e intenta vender los derechos que posee del argentino a la Juventus sin consultárselo al propio futbolista.

Tras esta falta de respeto, Di Stéfano toma partida por los blancos a expensas de que River, Millonarios, Barcelona y Real Madrid, resuelvan la madeja en la que se ha convertido su fichaje.

 

Madrid, año 2020

O’Donnell 43 prepara de urgencia a Puskas y a Doncic para viajar a 1953, solo restan 12 horas para averiguar por qué Di Stéfano terminó fichando por el Barcelona y revertir la situación.

 

Barcelona, año 1953

Pancho y Luka llegan a la ciudad Condal y parten raudos hacia el domicilio de don Alfredo, cuya dirección ha sido facilitada por la organización O’Donnell 43. Cuando llegan, ven salir del edificio a Di Stéfano junto a un señor pequeño. Se mantienen a una distancia prudencial y observan. La persona pequeña entrega una camiseta del Barcelona a Alfredo, que sonríe aliviado.

—O mucho me equivoco, Luka, o ese tipejo es quien ha convencido a Alfredo de que juegue en el Barcelona —susurra Puskas a Doncic.

—¡Pero si es Messi! —no puede evitar gritar Luka.

En ese momento, irrumpen miembros armados de la organización azulgrana y evacúan a Messi y Di Stéfano a toda velocidad en un Seat 1400 negro.

—¡Ya los has espantado, niñato! —recrimina Pancho—. ¿Y quién es ese Messi?

—Messi es el Di Stéfano del Barcelona, pero a una escala menor —responde Doncic.

Ante la imposibilidad de seguir al vehículo, regresan a 2020 para informar la organización.

 

Madrid, año 2020

—¡Ha sido Messi, ha sido Messi! —grita Luka nada más llegar.

—Explícate —responde Arbeloa.

Butragueño se altera ya por completo y levanta la ceja del todo. Incluso sustituye su zumo de kiwi por algo más fuerte: uno de tomate con una gota de tabasco.

—Pues que el tal Messi ese, que por el acento debe de ser compatriota de Alfredo, se ve que ha sido el causante del cambio de opinión —comienza a explicar Puskas—. Y hemos vuelto porque los han montado en un coche y se los han llevado a toda prisa sin que pudiésemos seguirlos.

—Emilio, ¿qué hacemos? —pregunta Arbeloa.

—Llamemos al señor Lobo —responde Butragueño tras limpiarse los restos de tomate del labio superior y bajar la ceja.

—Pero si el señor Lobo es un personaje de una película de Tarantino —protesta Luka.

Puskas se pierde en la conversación, no sabe quién es Tarantino, ni el señor Lobo y acaba de conocer a Messi.

—El señor Lobo es el apodo que tiene la persona a la que recurrimos para solventar los casos más difíciles. El señor Lobo es Julio Iglesias —aclara Álvaro.

-¿Julio Iglesias? - se desespera el húngaro.

Butragueño llama a Julio, le explica el caso y acude en pocos minutos a la oficina.

—Cómo estáis, queridos —irrumpe Julio con una sonrisa— enviadme a 1953 unas horas antes de que llegue Leo Messi a casa de don Alfredo.

 

Barcelona, año 1953

Julio llega al bar que hay bajo el domicilio del argentino donde todos los días toma café después de comer y, solo a veces, una copita. Se dirige a donde está sentado leyendo la prensa.

—¡Qué sorpresa, la Saeta Rubia! —exclama Julio.

—Andáte a cagar —responde Di Stéfano sin levantar la vista del periódico.

—Yo le vi jugar en su último partido con la camiseta de River, estaba allí. Fue contra Boca, ganaron 1-0 y usted jugó media hora de portero sin encajar un gol. Yo también fui portero y jugué en el Real Madrid —dispara Julio.

—Llevo meses viviendo en Barcelona sin que nadie me preste atención ni el club se preocupe de si me llega la plata para comer y tiene que venir un pibe que parece de la Guinea Española, por lo moreno que está, a reconocerme —espeta Di Stéfano mientras deja el periódico sobre la mesa y esboza media sonrisa.

—He tenido más relación con Filipinas que con Guinea, don Alfredo, pero eso es otra historia —responde Julio Iglesias.

Ambos se ponen a charlar de fútbol. Don Alfredo lo agradece, suelta la tensión nerviosa de estos meses y facilita que Julio le invite a unos vinos. Comienzan a tutearse.

—Sabes, Alfredo, me gustan las mujeres, me gusta el vino —dice Julio mirándole a los ojos.

—Y si tengo que olvidar, las bebo y olvido —replica Di Stéfano.

La complicidad entre ambos es absoluta. Julio le dice que él ha sido portero del Real Madrid al poco tiempo de fundarse el club. En el fondo solo miente en el cuándo.

Al cabo de dos horas, llega Messi en busca de Di Stéfano. Julio Iglesias lo ve a través de los cristales. Se ha ocupado de que don Alfredo se sentase de espaldas al ventanal del bar. Leo no entiende nada, Alfredo no está en su domicilio y a él le habían asegurado que se encontraría allí. Miembros de la organización allanan la vivienda y la revuelven por completo. Julio se había encargado de contratar a la jefa de una boutique de renombre para que se llevase de compras a la esposa de Di Stéfano y que no corriese peligro.

A esas alturas de la misión, en 2020 el Bernabéu recobra su aspecto presente, incluidas las obras, y Juan Padrós reaparece en el museo del Prado, lugar donde había sido visto por última vez.

En 1953, Messi se frustra y siente náuseas, mas todos sus intentos por localizar a don Alfredo son vanos porque su compatriota estaba de copas por Barcelona con Julio Iglesias y les dieron las diez y las once, las doce, la una y las dos y las tres. Y al amanecer, Di Stéfano se despertó con resaca, pero siendo futbolista del Real Madrid.

 

Continuará...

"Regreso a O'Donnell", todos los viernes en La Galerna

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3 comentarios en: Alfredo Di Stéfano en peligro

  1. Genial. Se podría hacer un gran capítulo del "Ministerio del tiempo". ¡Qué gran patrulla ministérica tendría el Real Madrid! Yo metería a Alonso, con Doncic y Puskas no habría entuerto que se les resistiese.
    Nota: el Barcelona parece seguir el mismo modus operandi sea la época que sea...

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