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La sucesión imposible

La sucesión imposible

Escrito por: Antonio Vázquez5 junio, 2020
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En esta época convulsa que vivimos, en la que no faltan los motivos de preocupación propios o ajenos, no me gustaría añadir uno más al inventario de los madridistas, pero temo que las siguientes líneas sí puedan infundir cierto temor entre aquellos que aman (amamos) al Real Madrid. Valga este prefacio como advertencia para quien quiera ahorrarse nuevas cavilaciones y prefiera dejar de leer en este punto.

El tiempo, en su inexorable avanzar, no perdona a nadie. Por supuesto, esta máxima se aplica también al fútbol. Asistir al crepúsculo de nuestros ídolos es un proceso tan doloroso como inevitable. Todos los jugadores o entrenadores que nos hicieron o nos hacen felices se irán algún día. Sólo nos queda aferrarnos a que la entidad, el escudo y la mística al que alimentaron durante su carrera permanezcan inalterables. Todos pasan, el Madrid prevalece. Como parte de este proceso eterno, tarde o temprano aparecerá un sustituto para Cristiano Ronaldo, para Sergio Ramos o para Luka Modric, como en su momento se encontraron reemplazos para Di Stefano, Butragueño o Raúl. Caben pocas dudas de que el club dispone de todos los recursos para seguir atrayendo a los mejores talentos del mundo. Mi desazón al pensar en el futuro apunta en otra dirección, más arriba en la escala jerárquica del Madrid. Porque la sucesión más compleja tras una de las eras doradas de la entidad es, en mi opinión, la de Florentino Pérez.

Son ya 17 años de presidencia, en dos etapas diferentes, en los que el club ha dejado atrás las sombras de deuda y ruina que amenazaban su propia pervivencia. El Madrid sigue siendo una marca deportiva reconocida a nivel mundial, pero ahora también es un ejemplo de gestión económica. Se han acometido grandes inversiones deportivas para agrandar la leyenda blanca, y también se ha afrontado una transformación a nivel social o estructural, siempre teniendo como límite y objetivo a alcanzar una salud financiera que garantice no sólo la longevidad de la entidad, sino también su condición de referente. El Real Madrid no fue ideado sólo para existir, necesita seguir siendo el mejor. Y esa exigencia sólo se puede satisfacer con unos cimientos sólidos y profundos.

El ambicioso plan del presidente Pérez, un émulo moderno del que aplicó el legendario Santiago Bernabéu, buscaba traer a este siglo al club, solidificar su organización y adelantarse a las necesidades que vendrán. Ejemplo de esta capacidad de previsión es la política deportiva del equipo de fútbol en los últimos años, con una apuesta decidida por las promesas, y que ahora apunta a ser el camino a seguir por buena parte de los grandes clubes del mundo. En el proyecto del presidente Pérez para blindar el futuro de la entidad, la ciudad deportiva fue el primer paso, y la renovación integral del Bernabéu será la culminación. Es con la palabra culminación cuando los temores de la sucesión presidencial me asaltan. No son pocos los rumores que señalan que Florentino siente que sus metas como regidor de los destinos del Madrid se habrán cumplido el mismo día que se inaugure el nuevo estadio, y que será entonces cuando abandone la presidencia. Si fuera así, dos hitos históricos para el club se sucederán en un periodo de tiempo muy pequeño. Que dejen huella en la entidad es inevitable.

La herencia legada al futuro presidente, llegue cuando llegue el relevo, es envidiable. No hay deuda, la organización deportiva es sobresaliente, no hay organizaciones radicales cobijadas en el club, las nuevas infraestructuras son (o serán, en el caso del Bernabéu) magníficas y se demuestra una y otra vez cómo estar a la altura cuando la sociedad lo necesita. Se dan todos los condicionantes para que aquel que se ponga al frente de la directiva tenga relativamente fácil mantener un lugar referencial como entidad deportiva. Pero llegados a ese punto es inevitable recordar lo ocurrido en 2006, cuando el deterioro del proyecto galáctico atropelló al presidente que, agotado y a lo Michael Jordan, se tomó un descanso antes de regresar habiendo depurado y mejorado el modelo en lo económico y lo deportivo. Las consiguientes elecciones y los tres años entre los mandatos de Pérez supusieron un periodo de deterioro institucional y el retorno a viejos usos y costumbres que volvían a presagiar un futuro lúgubre para el 13 veces campeón de Europa. Construir es una labor compleja y que requiere tiempo. En cambio, destruir es bastante más sencillo. Se puede hacer hasta inconscientemente. En los años venideros es muy posible que el club se exponga a que candidatos con intereses diferentes al bien del Madrid intenten acceder al sillón presidencial. Ha ocurrido y seguirá ocurriendo. Ostentar ese cargo te pone al frente de una entidad con presupuestos anuales cercanos a los mil millones de euros, además de convertirte en un referente social. Dos factores que disparan la atracción de cualquier arribista.

Como optimista irredento (condición que creo consecuencia directa de mi madridismo), confío en que el propio presidente y los socios sepamos encontrar a un nuevo líder, un garante para mantener la excelencia en el club. La permuta presidencial será compleja, pero estoy convencido de que existe alguien que cumpla con los requisitos estatutarios y esté dispuesto a esforzarse por mantener al Real Madrid en lo más alto.

En todo caso, la clonación en humanos no está todavía desarrollada, ¿verdad? Es para un amigo.

 

Fotografías Getty Images.