Las mejores firmas madridistas del planeta

Vamos a tener que revisar la teoría según la cual Carlo Ancelotti está dejando que se marchiten las flores más rezumantes de su vergel de talentos incipientes. Se ha instalado la especie de que el viejo técnico italiano no confía en los jóvenes, y que a punta de no darles minutos está arruinando sus posibilidades en el Madrid. Que no les da muchos minutos es un hecho, pero no parece que esto, como se temía, esté afectando grandemente a la forma en que aprovechan los magros minutos de que disponen. "Cuando de verdad les necesite, los va a tener sin confianza", se argüía. No parece el caso.

Las espectaculares prestaciones de jóvenes como Camavinga y Rodrygo cuando les ha tocado dar un paso al frente, y en momentos absolutamente decisivos en la máxima competición europea, hablan por sí solos, y ello dejando de lado jóvenes que pueden considerarse titulares absolutos y que con Carlo se han asentado tras empezar a brillar con Zidane (Mendy, Militao y sobre todo Vinicius, que debe mucho al transalpino. Últimamente, también se ha asentado en el centro del campo el fabuloso Valverde, la ausencia de cuyo brillo hasta esta altura de temporada cabe atribuir más a inoportunas lesiones que a una obcecación carlettiana por dejarlo en el banquillo).

Si uno mira no solo a los épicos 120 minutos de ayer frente al Chelsea, sino también a lo acaecido en la vuelta ante el PSG, la importancia de la contribución de Camavinga y Rodrygo, saliendo desde el banquillo, está fuera de toda duda. Ante el PSG, protagonizaron en gran medida el zafarrancho de locura en aquella media hora memorable que se desató a partir del momento para la historia en que Benzema robó la pelota a Donnarumma. Y su trascendencia en la nueva locura bernabeuiana ante el Chelsea resulta no menos indiscutible.

aunque camavinga se esté mostrando brillante partiendo desde el banquillo, es un futbolista que apunta de manera decidida a la titularidad. Camavinga tiene que jugar, pura y simplemente.

Todo lo que se escriba sobre el centro con el exterior de Modric que posibilita la prórroga será poco. Es, como decía Valdano en la retransmisión de Movistar, un "invento" que ya tiene justificados tintes legendarios. Pero de nada habría valido si Rodrygo, recién ingresado en el campo, no hubiese ensayado el gesto técnico exacto para empalmar a la red, batiendo a Mendy. Su ingreso en el campo fue también providencial en Vigo, forzando un penalti no bien puso el pie en el césped. Hace meses, muchos habíamos asumido que Vini estaba destinado a ser el hombre mejor dotado para revolucionar partidos partiendo desde la suplencia y que Rodrygo era un titular más apto, pero parece que los papeles estaban intercambiados en nuestras mentes. Por lo demás, el despliegue de energía del otro brasiniño, el ahora no-titular, es siempre encomiable, como lo es su voluntad de ayudar en tareas defensivas. Es cada día un jugador más completo. incluso sin ser discutible en el once.

Camavinga

Lo de Camavinga es tal vez diferente, porque aunque se esté mostrando brillante partiendo desde el banquillo es un futbolista que apunta de manera decidida a la titularidad. Camavinga tiene que jugar, pura y simplemente. Aunque el gol del triunfo en la prórroga ante los de Tuchel fue básicamente cocinado por Vinicius y Benzema, la maniobra aparentemente sencilla del pase anterior de Camavinga solo puede ser concebida por alguien que tiene una mente privilegiada para el fútbol. Es la mente, pero es también la técnica y un físico como hay pocos. Es una delicia verle mover el balón, aplicarse en la presión, zafarse del contrario, avanzar a puerta y disparar, ensayando su potente chut con la zurda. Tiene lo mejor de Seedorf y Redondo y está sencillamente, como ellos, llamado a marcar una época en el Real Madrid.

Buenos días, amigos. ¿Qué tal sabe en esta dulce mañana de abril el ser semifinalista de la Champions League por décima vez en los últimos doce años de historia del planeta? En ese tiempo, solo el Bayern de Múnich -que ayer no puedo alcanzar ese estatus gracias a la gesta del Villarreal- se nos acerca con siete participaciones en la eliminatoria que precede a la Final. Ganar Champions es la mayor gloria que cabe en el mundo del balompié. Pero la estadística que indica que estás entre los cuatro mejores diez de cada doce veces es tan significativa de tu hegemonía, de tu perseverancia en la élite, como la que dice que la ganas cuatro veces en cinco ediciones consecutivas.

Fue en efecto una noche de delirio para el fútbol español, con el Real Madrid desafiando a la lógica y a un descomunal Chelsea para superar de manera agónica, en la prórroga, el impecable planteamiento de Tuchel, y con el Villarreal aguantando el chaparrón muniqués para alcanzar alturas sorprendentes si uno se atiene a su currículum europeo. No debe molestarnos compartir portada de Marca con los amarillos, cuyo entrenador (Unai Emery) ha felicitado caballerosamente al Real Madrid en sus redes sociales. Vaya desde estas líneas nuestra felicitación, asimismo, para el excelente entrenador vasco, así como para los seguidores del club castellonense.

En lo que al Madrid respecta, casi todo quedó dicho anoche en la crónica de Jesús Bengoechea. Al mismo tiempo, no hay palabras en el mundo que puedan hacer justicia a lo que se vivió en el Bernabéu, la gloria en un rectángulo. ¿Fue más arrebatada la felicidad de esos 17 minutos mágicos ante el PSG? Puede ser. ¿Fue mejor partido de los de Ancelotti el despachado en la ida? Sin duda de ningún tipo. Pero esa manera desorejada de remontar la remontada de un soberbio Chelsea quedará también impreso en letras de platino en la trayectoria sin parangón del club de Concha Espina, que como ya sucediera frente al PSG se vio sometido por las leyes del fútbol sin tomar nota de que tal cosa le estaba sucediendo, para terminar imponiendo las leyes de la grandeza, cosa de rango superior al que pertenece el balompié. Los panenkitas se rascan la cabeza, los antimadridistas se mesan el entrecejo y el conjunto intersección de ambos colectivos (numeroso) ejecuta ambos actos al mismo tiempo.

Todo esto ya ha sido dicho, y al mismo tiempo el modo en que el Madrid pasó ayer de ronda es fútbol puro, fútbol y solo fútbol, fútbol hasta morir de fútbol. El centro con el exterior con el que Modric pone en bandeja a su "hijo" Rodrygo la volea con que sella el 1-3, que da paso a la prórroga, es fútbol saciante, fútbol embriagador y exultante. La manera en que Vinicius ignora con la frene alta el hecho verificable de que no le salía casi nada, para terminar haciendo que le saliera lo que el destino mandaba que le saliese, esperando con sabiduría la llegada de Benzema y su desmarque para poner en su cabeza, en plena prórroga, el tanto del triunfo, es fútbol y nada más que fútbol por más que los que analizan el fútbol y dicen poder desentrañarlo se muestren impotentes para explicar esto. El Madrid es una fuente de orgullo inagotable para su parroquia, y un ejercicio de humildad supina para quienes no forman parte de ella.

"Inmortal", titula As, y le sobran tantas razones para titular así que el titular roza lo pedestre y desciende al estereotipo. Pero el Madrid siempre sabe dar, en su beneficio, la enésima vuelta de tuerca al estereotipo. El Madrid es un estereotipo, y a muchísima honra, de manera que poco podemos hoy echar en cara a As. El estereotipo machacón de la excelencia. El estereotipo irritante del malo que nunca muere, como Robert de Niro en El Cabo del Miedo o así. Inmortal es la parada de Courtois, a cabezazo de Havertz, que pudo haber sido el 0-4 y mandarnos definitivamente para casa. Inmortal fue la decisiva aportación de Camavinga, saliendo desde un banquillo que empieza a calentar con demasiada frecuencia cuando el equipo precisa cada día más de su porte y de sus trazas. Inmortal, memorable, fue cómo los de Ancelotti acabaron eliminando al vigente campeón con una línea defensiva formada por Lucas Vázquez a la derecha, Marcelo por la izquierda y Carvajal acompañando a Alaba en el centro (Carlo, ante la cantidad de centímetros atesorada por los blues, ¿no habría sido mejor, pese a su inexperiencia, contar con un especialista alto como Rafa Marín? Nosotros mismos nos respondemos: no, porque lo de Carlo salió inopinadamente bien, y lo que sale bien no se discute). Inmortal fue la brega sin desmayo del Halcón Valverde, otro en cuyas botas la herencia del mejor centro del campo de nuestra historia (Casemiro-Kroos-Modric) descansa inmejorablemente, otro que debería ser titular si mantiene esta línea.

En cuanto a la prensa cataculé, hay diferencias de clase. Mundo Deportivo divide su interés entre el Villarreal y Ansu Fati, para quienes vayan nuestra enhorabuena (de nuevo) y nuestros mejores deseos de una recuperación pronta y completa, respectivamente. Sport, en cambio, trata denodadamente la cuadratura del círculo de presentar como una eliminación del Madrid lo que en realidad -lo lamentamos- es todo lo contrario. Letras blancas sobre fondo negro y un tremendista "¡Tembló el Madrid!", como si la noticia fuera esa, como si la noticia fuera el cómo y no el qué, y además sucede una cosa: que se les ve el plumero de la envidia, porque es precisamente esa cualidad indestructible del Real Madrid la que pone verdes de celos a la gran mayoría de los representantes del culerío más rancio. Donde el Barça necesita desesperadamente balsas de aceite, el Madrid casi demanda turbulencia. Mientras el Barça requiere cuestas abajo -futbolísticas y arbitrales- para funcionar, el equipo blanco, la verdadera leyenda, abraza todos los baches que puedan acaecer con espíritu jovial, casi como alicientes en el camino de la gloria.

Y ese espíritu, queridos amigos, es precisamente el que ni el Barça ni los petrodólares ni nadie más puede soñar con que le conforme jamás.

Porque eso, además de la tradicional excelencia técnica, es lo que hace del Madrid el Madrid, pura y simplemente.

Pasad un buen día y soñad. Soñad cuanto queráis.

Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvieron Tomasz Kwiatkowski y Bartosz Frankowski.

No gustó el trencilla con un arbitraje cambiante e indescifrable. Su error más grosero fue el córner que supuso el segundo gol del Chelsea que no fue en ningún caso.

En el apartado disciplinario perdonó una amarilla clara a Saúl por patada dura a Carvajal o a Havertz por empujar a Lucas en su presencia. Por lo demás, se fueron amonestados en la primera parte James por parar a Vini en el 10' y Benzema en un lance con Thiago Silva en el 37' que no merecía amarilla. En la segunda parte el tarjeteado fue Camavinga cuando derribó a Pulisic que se iba en el 91' y en la prórroga los destinatarios fueron Ziyech por una entrada a Lucas en el 101', Havertz por golpear a Alaba, Tuchel por protestar en el 112', Azpilicueta por no dejar sacar a Lucas segundos después y Carvajal por parar una contra a Ziyech en el 117'.

Además, en el VAR avisaron a Marciniak en el 63' de forma correcta a su colega por el gol de Marcos Alonso, ya que antes de marcar el cuero le da en el brazo.

Marciniak, MAL.

 

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Courtois: 7. No pudo hacer nada en los goles y salvó el cuarto del Chelsea.

Carvajal: 5. Se dejó la vida para intentar suplir sus carencias.

Nacho: 5,5. Sufrió futbolística y físicamente y terminó lesionado.

Alaba: 6,5. Mostró oficio ante el aluvión del Chelsea.

Mendy: 3. Tal vez su peor partido con el Madrid.

Casemiro: 6. Bregó.

Kroos: 5. Sufrió.

Modric: 8,5. No apareció mucho hasta que dio un pase antológico a Rodrygo en el gol. Después apareció por todos lados.

Valverde: 7. Oxigenó el centro del campo, defendió y se incorporó al ataque con peligro. Muy necesario.

Vinícius: 6. No estuvo acertado, pero asistió a Benzema.

Benzema: 8. El más inspirado en ataque. Marcó el gol de la victoria por enésima vez.

Rodrygo: 7,5. Anotó el gol que propició la prórroga.

Marcelo: 6. Mejoró a Mendy.

Lucas Vázquez: 7. Buen partido del gallego.

Camavinga: 7,5. Sumó físico y presencia al equipo.

Ceballos: 7. Ayudó a mantener el balón y a presionar el poco tiempo que jugó.

Ancelotti: 5. Le salió bien, pero tardó mucho en reaccionar y colocó a Carvajal de central teniendo a un especialista en el puesto como Rafa Marín en el banquillo.

 

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En 120 minutos que dejan minúscula la palabra épica, el Real Madrid ha eliminado a un campeón de Europa que ha dejado claro en todo momento a qué se debía su condición de tal. En lo que se presumía una temporada de casi transición, a la espera de Mbappé, el club presidido por Florentino Pérez se vuelve a plantar en semifinales de Champions y tiene todas las papeletas para ganar la Liga.

No había analista que no coincidiera en el peligro que podía suponer el que el Chelsea se adelantara en el marcador, y la tormenta de nervios se desató en el minuto quince, cuando una fulgurante combinación de los de Tuchel derivó en un desmarque de Mount, que sentenció con contundencia delante de Courtois. Antes de eso, el Madrid había manejado con solvencia el partido, a lomos de la sabiduría de Modric y la condición eléctrica de Vinicius, que ya había forzado la falta en la frontal de Reece James y la primera amarilla. El gol del Chelsea, por tanto, se produjo en una jugada aislada más que a consecuencia de un dominio agobiante del Chelsea, pero los nervios cundieron a partir de ese gol. A veces los goles son el resultado y otras veces la causa de las dinámicas. Con todo, el Madrid reaccionó bien y un disparo de Benzema rozó el larguero previo toque en un defensa. Una calma tensa, en todo caso, se había apoderado ya a esa altura de la grada del Bernabéu. El Chelsea presionaba con más eficiencia que en Stamford Bridge y, aunque el Madrid capeaba el temporal con solvencia, la incertidumbre reinaba.

Modric y Thiago Silva

No le duraba en los pies el balón a los blancos. La pujanza infatigable de Kanté y Kovacic, combinada con el talento y dinamismo de Havertz y Werner, inquietaban sobremanera. Era la Champions latiendo en las sienes con todo su eco de intensidad. Para el Madrid la cosa empezaba a antojarse materia de saber sufrir. Dejar de hacerlo quedaba para otro día, o para cuando el deseo rozara la utopía.

Pese a que la ambición plausible del Chelsea dejaba huecos, los de Ancelotti, con un Kroos difuminado, se mostraban incapaces de aprovecharlo, descansando sus opciones sobre la eficiencia de sus defensas Mendy y Alaba, quienes a pesar del atosigamiento del equipo inglés se las apañaban para mantener a Courtois básicamente inédito. Cada vez que el Madrid lograba hilar una posesión medianamente larga, o insinuar algo de peligro en el bullicio de Vinicius, la parroquia se abonaba a la bendita tradición blanca de hacer prevalecer la excepción sobre la regla.

Volvía a demostrarse que el Madrid es mejor en la búsqueda de la hazaña que en conservar las rentas acumuladas

El segundo tiempo comenzó fiel a los parámetros de energético dominio del Chelsea, y un disparo de James erróneamente decretado como córner por el árbitro acabó en el cabezazo de Rüdiger que empató la eliminatoria. El escenario pasaba a ser otro completamente distinto, con el peso brutal de la pérdida de la ventaja pendiendo sobre la moral de los blancos, que enseguida pusieron a prueba a Mendy merced a un tiro de falta ajustado de Kroos. La eliminatoria se había vuelto loca. Volvía a demostrarse que el Madrid es mejor en la búsqueda de la hazaña que en conservar las rentas acumuladas. La angustia de aquella eliminatoria agónica contra la Juve, resuelta gracias a aquel penalti sobre Lucas Vázquez, pendía en el estadio, pero los ramalazos de ataque del Madrid dejaron a Benzema a centímetros de empujar un pase de la muerte de Mendy. No contentas con eso, las reglas volubles del encuentro dejaron a los pocos segundos a Valverde voleando fuera por poco, y al minuto a Marcos Alonso poniendo un nudo en la garganta antes de que el VAR acertara anulando su gol por mano. Y a renglón seguido nos hacían lamentar la imposibilidad de Benzema de concretar en gol, de cabeza, un centro de Mendy, estrellando el balón en el larguero. Se igualaba el partido, pero seguía imponiéndose la contundencia física y táctica de los amarillos. El planeta tierra en pleno le pedía a Carletto a Camavinga y el italiano finalmente accedía, pero un despiste en la marca defensiva propició la llegada de Werner delante de Courtois. Con enorme habilidad, el alemán regateó a Casemiro y su excelente maniobra acabó en gol.

El Madrid es una historia denodada de desafío permanente a la lógica

La tragedia se mascaba cuando Modric metió un centro marca de la casa, con el exterior, para que Rodrygo soñara con entrar en la historia con un empalme sensacional. Digo que soñaba con entrar porque solo en la victoria se rememoran estos goles, y en la locura de los minutos finales del choque no se sabía qué podía ocurrir. De tener la eliminatoria casi ganada el Madrid había pasado a tenerla casi perdida, y luego empatada. La prórroga se insinuaba en el horizonte, y el espectador neutral, sí lo hubiere, disfrutaba de un espectáculo extraordinario.

El no neutral las pasaba canutas, sobre todo el madridista al ver cómo Nacho no podía continuar y Ancelotti ya había quitado del campo a Casemiro. Ese movimiento previo obligó al italiano a poner a Carvajal de central, con Lucas en el lateral. Producía pavor la escasez de centímetros frente a las torres blue. Se vio al instante: Rüdiger la peinó y Pulisic no marcó de milagro. Ídem para la jugada siguiente, con Pulisic otra vez por encima del larguero en jugada aérea de los de Tuchel que precedió a la prórroga. Una prórroga a la que se llegaba con el temor de la incontestable superioridad física y de altura de nuestros rivales...

Benzema gol Chelsea

... razón por la cual, posiblemente, Camavinga maniobró, se la pasó en profundidad a Vinicius y este centró con el exterior (trending topic) para que Karim rematase de cabeza. “Ahora se ve por qué a Vinicius no se le puede cambiar”, decía Valdano. Amén. El Madrid es una historia denodada de desafío permanente a la lógica. Y si no ved a Courtois regateando a Havertz en la frontal del área pequeña, poniéndonoslos de corbata como si el partido no diera suficientemente para ello. Y de postre, paradón dos minutos después.

Cada córner era un calvario por la diferencia de talla, y también por alto estuvo Havertz a punto de mandar la cosa a los penaltis. A esos córners subía ya hasta Mendy, hasta su Mendy, y la atmósfera se cargaba hasta extremos prácticamente insoportables en el campo y en todos los televisores del globo.

Y al final, aún no se cómo, se llegó al final.

Gloria al Real Madrid. Hats off, Chelsea.

 

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Buenos días. Martes Santo por doble motivo: el religioso y el no religioso más místico que existe; el Real Madrid es el credo laico más extendido del mundo, un reducto de fe incluso para quienes no creen en nada más. A las 21:00 horas, en el Santiago Bernabéu, partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions League frente al Chelsea. Como dijo ayer Casemiro en rueda de prensa, tenemos que estar todos juntos y que el Bernabéu ponga los pelos de punta a los jugadores, incluso antes de empezar, desde las 19:00 en la Plaza de los Sagrados Corazones.

Porque nadie se cree la pantomima que Tuchel empezó a representar nada más concluir el partido de ida. Nadie cree ese victimismo de puertas a fuera que sin duda pretende distraer la atención del plan del Chelsea para esta noche y hacer bajar la guardia al equipo blanco. Aunque del mismo modo es cierto que también tenían un plan en la ida y el Madrid lo desbarató como quien despeja una mesa de un manotazo antes incluso de que se sirva la sopa. Con esa misma actitud deben saltar los merengues hoy al Bernabéu.

La clasificación pasa porque el Madrid no caiga en la tentación de abrazar el 1-3 de la ida y gestionar con excesivo conservadurismo la ventaja lograda en Stamford Bridge. El mejor Madrid es el que vive al filo de la navaja, no el que simeonea con el resultado. El Chelsea, además, tiene poco que perder, por lo que será si cabe más peligroso. No podrá contar con Lukaku, pero los de Ancelotti tampoco lo podrá hacer con Militao, baja muy sensible debido al poderío físico y aéreo de los blues. Casemiro será clave para apuntalar la defensa y jugadores como Benzema tendrán que aplicarse también en el achique de balones altos de los londinenses.

Portada Marca

Marca se descuelga con una gran portada que no podemos más que alabar como merece. Titula “A por una silla en semis” sobre una imagen a ras de césped del Bernabéu con la ya mítica silla (o una prima hermana suya) de Alaba.

Portada As

La portada de As opta por una fotografía del Dúo Dinámico (tal y como se refirió a ellos el CM del Real Madrid) de Concha Espina: Benzema y Vinicius. “Hay que jugar como en la ida”, titulan. Exacto, eso es lo que pensamos todos. El planteamiento de Ancelotti en el encuentro del pasado miércoles, quizá el mejor de la temporada, es el que esperamos todos los madridistas, no queremos ni oír hablar de experimentos absurdos como frente al Barça o actitud pasiva como la de París.

Tanto As como Marca mencionan en sendos recuadritos que la UEFA ha sancionado al Atlético de Madrid y cierra parcialmente el Wanda —5000 entradas menos— para el partido de vuelta frente al Manchester City de mañana, pero se abstienen de dar la relevancia debida al motivo: la exhibición de simbología y saludos nazis por parte del Frente Atlético en el estadio Etihad de Mánchester.

Es repugnante la normalidad con la que se observa el hecho de que el segundo equipo de Madrid auspicie a un grupo neonazi en sus filas que tiene delitos de sangre (recordemos que han matado ya a dos personas). Un grupo de neonazis que no hace ni un mes, el pasado 15 de marzo, propició que el Atleti fuese sancionado también por la UEFA —en este caso su equipo juvenil— con un partido a puerta cerrada por los gritos racistas a Peter Federico. Que te sancione la UEFA más de una vez al mes, la UEFA dirigida por Ceferin, que como todos sabemos es un dechado de virtudes (?), lo dice todo.

Tras conocerse la sanción, y como no podía ser de otra manera, personas como Rubén Uría pusieron el grito en el cielo y el periodista no dudó en tildar de “presuntos” los saludos nazis que se pueden encontrar con una simple búsqueda en Google.

Florentino y Laporta han ganado Champions, pero el legado más importante que dejarán a la sociedad es haber expulsado de sus estadios a los delincuentes del mismo pelaje que los del Frente Atlético que gangrenaban las aficiones de Madrid y Barça, su imagen y las propias instituciones.

¿Por qué el periodismo no denuncia día tras día hasta que los expulsen la presencia de neonazis en el Atlético de Madrid? Algún motivo tendrán. O no les parece mal, cosa poco probable, o les interesa estar callados. ¿Por qué el Atlético de Madrid no expulsa a los neonazis de su estadio? Ellos lo saben perfectamente.

Por suerte, como decíamos antes, el Madrid hace mucho que se libró de esa lacra y la afición puede acudir al estadio solamente a animar y a apoyar a su equipo. O incluso a comer pipas.

Noche grande la de hoy en el Bernabéu. La más importante (esperemos que de momento) de la temporada. Ya sentimos el burbujeo escrotal como una botella de gaseosa recién abierta. Se nos pone el vello de punta solo de pensar en el partido. Se nos acelera el pulso. Nos venimos arriba. No podemos pensar en otra cosa. Porque esta noche juega el Real Madrid Club de Futbol. ¡Vamos!

¡Hala Madrid!

po Portada Mundo Deportivo

La pitada del Bernabéu, de una parte, vamos a evitar las sinécdoques, a Gareth Bale el otro día cuando salía al final del partido contra el Getafe, ha traído otra vez el recurrente debate acerca de los pitos de la afición madridista a sus propios jugadores. Es un debate antiguo, no obstante. Hurgando en las hemerotecas se puede comprobar fácilmente que hubo épocas mucho peores, mucho más crueles. Como ha pasado con todo, hoy día el fútbol se ha suavizado bastante, se ha “socialdemocratizado”, dando la razón a Pinker con aquello de que la civilización consiste en ir desbastando poco a poco al hombre, redondearle las aristas, irlo haciendo cada vez menos violento.

Esto está bien en términos generales, pero se producen situaciones paradójicas: como con las patadas a las estrellas, nos parece que nunca hubo tantas como ahora,  que nunca hubo tanta permisividad, y basta con mirar algún resumen del fútbol de los 80 para darse cuenta de que hoy se reparten caramelos, en comparación. Como el mundo y todo lo que contiene ha empezado a partir de nuestra generación, el adanismo nos induce a errores de percepción como ese, también a no darnos cuenta de que el fútbol, como consecuencia de lo anterior, es cada vez menos la representación simbólica y pacífica de la guerra y cada vez más ese sport de gentlemen con el que babean los del rugby, un sport arrodillado al entertainment.

Hurgando en las hemerotecas se puede comprobar fácilmente que hubo épocas mucho peores, mucho más crueles. Como ha pasado con todo, hoy día el fútbol se ha suavizado bastante, se ha “socialdemocratizado”

Pero en efecto, hubo tiempos peores. Más crudos. A Míchel se le llegó a pitar tanto que en la fiesta por la cuarta liga seguida de la Quinta del Buitre decidió largarse en el descanso y no ir ni siquiera a la cena de celebración de esa misma noche. El debate es tan viejo como el propio fútbol. A ninguna afición del mundo le ampara el derecho a pitar o a insultar a nadie, pero el fútbol, como tragedia escenificada en vivo ante miles de personas, queda bajo la misma jurisdicción de los toros y del teatro: la jurisdicción del misterio y de la arquitectura de lo efímero.

Todo lo que ocurre en un campo de fútbol está sometido a unas leyes muy particulares. El drama se representa sin trampa ni cartón pues se invierte la linealidad acostumbrada del tiempo, que se detiene, cristalizando en una cápsula de eternidad que dura 90, 95 0 100 minutos, según lo que estime oportuno alargar el árbitro de turno. Se cifra el mundo, como decía Lope de Vega, en un breve espacio. En un mismo partido, como en cualquier puesta en escena que remede la vida misma, se puede morir y resucitar; nada está nunca cerrado del todo hasta la hora de la muerte, que es el pitido final, y se alternan fases de entusiasmo extraordinario con otras de depresión, angustia y aburrimiento. Se trata de sobrevivir a todos esos vaivenes y conquistar con nervios de acero la torre de la princesa, matando al dragón. Para eso hay que tener unos nervios de acero, o mucha suerte.

Benzema brazos en alto PSG

De ambas cosas está hecho el éxito y el fracaso. El Bernabéu siempre ha puesto de manifiesto la máxima napoleónica de que es mejor un general con suerte a un buen general. Igual que el propio Real Madrid es una isla aparte dentro del planeta fútbol, un espacio fuera de las convenciones y de las dinámicas que mueven al resto de clubes, su casa, el Estadio Santiago Bernabéu, no podía ser sino un lugar muy especial, una mezcla absurda y disparatada de Las Ventas, el Anfiteatro Flavio, un reñidero de pollos de pelea y San Pedro del Vaticano. Con el auge del madridismo 2.0, underground, que entró una nueva narrativa madridista en los viejos salones empolvados como La Salle en aquella fiesta de unos nobles italianos relatada por Stendhal en su Vida de Napoleón, a caballo, la cuestión del público tomó un cariz beligerante. Nacieron términos fantásticos como pipero y piperío, verdaderos hallazgos, para ponerle nombre a ese arquetipo de hincha del Madrid, socio por linaje, envarado, tieso y muy madrileñista, que va al estadio ejerciendo un derecho adquirido que por supuesto transmitirá a las siguientes generaciones dentro de su familia. Con la explosión de Tuiter, a ese perfil se le asignaron, en los círculos madridistas desenfadados que venían sin complejos, desde cualquier parte del mundo, a derribar la pared de un cierto establishment que disfrutaba del privilegio de determinar la visión madridista del mundo, una serie de atributos: consumidor de prensa tradicional, cateto de horizonte mental y espiritual estrecho, chovinista y culpable de que el Bernabéu no fuese una olla a presión, un estadio turco o griego, siquiera una bombonera sudamericana o andaluza, como los campos del Betis o del Sevilla.

Igual que el propio Real Madrid es una isla aparte dentro del planeta fútbol, el Bernabéu no podía ser sino un lugar muy especial, una mezcla absurda y disparatada de Las Ventas, el Anfiteatro Flavio, un reñidero de pollos de pelea y San Pedro del Vaticano

El Bernabéu era una sala de recepciones de La Zarzuela y eso era culpa de un determinado tipo de público, tradicional y tradicionalista, que además tenía hasta retrato robot desde aquella exhibición escandalosa de Ronaldinho en el 0-3 del Barcelona de Rijkaard al Madrid de Luxemburgo que propiciaron los famosos aplausos de cincuentones con bigote y treintañeros entrados en carne con cara de dormirse todos los días escuchando La SER.

Como todas las reducciones, esto es un poco injusto. Hay algo en lo de los pitos que trasciende la crítica a tal o cual futbolista. Sobre Bale, sin embargo, se podrían escribir muchas cosas. ¿Acaso se esperaba que el Bernabéu le recibiera con ramos de flores después de cuatro temporadas de manifiesta desidia y de dos años de, directamente, abuso de la buena fe contractual? Pero como digo la cosa va más allá. El carácter veterotestamentario que muchas veces muestra el Bernabéu con su equipo, esa frialdad, lo convierte no obstante en “el estadio más poderoso del mundo”, como escriben los hermanos Del Riego, pues “marca a fuego a sus jugadores hasta doblegarlos y convertirlos en madridistas”. ¿Y qué es un madridista? Un héroe de Homero, incapaz de albergar sentimientos de piedad o indulgencia, construido por la vida para ese concepto teleológico de gloria que es una finalidad heroica de la vida.

Afición Real Madrid

Por eso el Bernabéu “ama el riesgo y la épica”, como se escribe en La Biblia blanca, pero detesta y no perdona la abulia. El Madrid es el equipo más poderoso del mundo porque está esculpido a imagen y semejanza que la fauna que habita su estadio, por eso proezas irracionales como la remontada del otro día al PSG son posibles y seguirán siendo posibles siempre y cuando la leona para cachorros a los que únicamente mueva la voluntad fiera y absurda e inhumana de vencer, de vencer y de vencer. Cristiano Ronaldo o Alfredo Di Stéfano encarnan este ideal que deja muchos muertos por el camino, naturalmente, por eso no todo el mundo vale para el Madrid aunque atesore talento a mansalva. Gente como Sergio Ramos o Karim Benzema no habrían desarrollado su infinito potencial de la forma en la que lo han hecho, logrando carreras extraordinarias, fuera de un ecosistema como éste. A ambos los ha pitado el Bernabéu alguna vez, especialmente sádico con Benzema, pero los dos sostuvieron la mirada del coloso y le devolvieron la bofetada: sólo así, en el mundo de los primeros pobladores, uno se gana el respeto, que siempre precede a la admiración y que termina casi siempre en la devoción. ¿Cuántos Ramos y cuántos Benzema se han quedado por el camino?

El Bernabéu prepara a sus futbolistas para la guerra porque el Madrid está en guerra con todo el mundo desde el 6 de marzo de 1902

Como un gran padre de la Antigüedad, trata con desprecio y altanería a sus hijos y les recrimina cada error con saña, severamente, golpeándolos. Pero no porque los quiera menos, sino porque sabe que deben sobrevivir en un mundo que anhela verlos derrotados, arrodillados, manchada la camiseta blanca. El Bernabéu prepara a sus futbolistas para la guerra porque el Madrid está en guerra con todo el mundo desde el 6 de marzo de 1902. La debilidad y la flaqueza son sangre para los tiburones. Chamartín es el proceso de selección de élites más perfecto que existe en el mundo pues es darwinismo puro, selección natural extrema. ¿Acaso hay otra forma de tener tal emporio de hojalata como el que alberga el Madrid en la trastienda de su estadio, a la vista de todo el mundo, y al que le ha puesto el nombre de Museo?

A cambio de todas estas crueldades, el Bernabéu es el único estadio del mundo que ofrece, cuando es preciso, a sus futbolistas ese rugido salido como del vientre de una bestia ancestral y ese clamor desquiciado, de otro mundo, que impulsa al equipo hasta las alturas vedadas para cualquier otro. Sin sentido y absurdo, como decía el otro día un barcelonista en Tuiter, uno de La Sotana, esto, això, es el Madrid, bien llamado en algunos círculos antis, con esa precisión quirúrgica de la que sólo es capaz el odio inveterado, El Maligno.

 

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El Real Madrid es líder muy destacado en la Liga, si bien con algún tropezón de consideración que cuesta olvidar. Ha ganado la Supercopa de España. Eliminó épicamente al PSG en Champions, venció con solvencia y brillantez al Chelsea en el partido de ida de los cuartos de final de esta competición y, antes de la vuelta, se enfrentó al Getafe el domingo. Después de muchos meses, Bale volvió a jugar en el Bernabéu, y muchos aficionados madridistas —que entiendo acudieron a su estadio con el deseo de que el Madrid ganase ese partido y los dos títulos que restan— pitaron sin desfallecer al galés cuando saltó al campo y cada vez que tocó el balón. Sin duda pensaron que esa actitud sería lo que más ayudaría al equipo, me cuesta pensar que se comportasen adrede de manera que pudiese perjudicar al Madrid.

Bale Benzema Getafe

Hoy, rueda de prensa previa al Real Madrid-Chelsea de vuelta de los cuartos de final de la Champions League. Además del fijo Ancelotti, comparece Casemiro. La penúltima cuestión la plantea Pete Jensen, del Daily Mail, quien pregunta a Case si cuando la afición pita a un futbolista del Madrid afecta a todos los jugadores del equipo y que qué piensa cuando pitan a un jugador que ha ganado cuatro Champions con él. Casemiro contesta con aplomo:

Cuando pitan a un jugador, nos pitan a todos nosotros. En fútbol cada uno tiene su opinión, pero no estoy de acuerdo cuando pitan a un jugador de mi equipo. No me gusta que pitaran a Bale porque es un jugador histórico de este club, es un jugador que ha marcado muchos goles importantes. Cuando pitas a un jugador así, estás pitando a la historia de este club. Estamos todos juntos y quiero que en el Bernabéu se me pongan los pelos de punta.

La actitud de Casemiro defendiendo a Bale en la rueda de prensa es la idónea de un capitán del Real Madrid, es exactamente lo que tiene que decir un capitán del Real Madrid

Uno puede no estar de acuerdo con el fondo de las palabras de Casemiro, es decir, puede pensar que cuando abuchean a un jugador no afecta al resto y que esos silbidos son buenos de cara a la consecución de los títulos de Liga y Champions. Cada cual es libre de pitar o no, en resumen. Pero lo que admite poca discusión es que la actitud de Casemiro defendiendo a Bale en la rueda de prensa es la idónea de un capitán del Real Madrid, es exactamente lo que tiene que decir un capitán del Real Madrid. Sea o no Bale el jugador abucheado.

Además de lo oportuno de las palabras de Casemiro en un momento de la temporada en el cual el Madrid se juega tanto y la consecución de la Champions puede depender de detalles como el estado anímico del equipo y la participación de todos los buenos jugadores que sea posible, quizá la de Casemiro haya sido la defensa pública más grande, si no la única, a Bale, un histórico del Real Madrid. Tal vez ya tocaba.

Casemiro no es todavía uno de los cuatro capitanes del equipo, pero lleva comportándose como tal y dando ejemplo al resto —sobre todo a los jóvenes— desde hace mucho tiempo, porque es algo aún más importante que un capitán, Carlos Henrique Casemiro es un líder.

 

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Mbappé y el ridículo

 

Había dónde elegir hoy. La emocionante lucha por el subcampeonato de Liga. El Chelsea, que llega esta tarde. Que al Barça, oigan, le pitaron tres penaltis en contra y ganó el partido: tuvo arte, la verdad. Que le pitaran el primero en la jornada 31 y que su rival, el Levante, no rascara siquiera un empate. El City-Liverpool*. Si el Madrid es capaz de cargarse uno tras otro a PSG, Chelsea, el ganador del City-Atleti y en la final a Liverpool o Bayern si el Villarreal no lo impide… habrá que disolver el club. Sería absurdo seguir compitiendo. (*Muy buenos, pero defienden sospechosamente).

Me inclino por otro asunto: las voces que rugen diciendo que el Madrid hará el ridículo si no acaba fichando a Mbappé: es extraordinario. ¿Anti-madri-florentinismo? Ojalá fuera eso. No tendría remedio. Sería, es, una tara conocida e incurable con o sin Mbappé. Es cosa peor: la incapacidad para analizar la situación del fútbol y ver la trampa en que vivimos. Y si la ven, la aplauden. Que se jorobe el Madrid cuando la verdad es que se joroban todos.

Nasser al-Khelaifi con Mbappé y Leonardo

Digan que si finalmente el jugador se queda en París el Madrid se llevará un chasco, un disgusto, una decepción. Pero el ridículo lo habrá hecho el fútbol. Uno más. Habrá ganado, otra vez, el dopaje. El eje PSG-City-Chelsea-Newcastle: el Eje del Mal.

En efecto. La última oferta del jeque, y las anteriores hasta 5 o 6, sólo puede hacerla un club al margen de cualquier ley. Un dopado consentido por la UEFA que mira hacia otro lado y seguirá: la UEFA está con el dólar, el euro, la rupia, le vale cualquier moneda.

Las cifras que traslada el jeque a este y otros futbolistas las manejan sólo los clubes estado, luego el ridículo es del fútbol que lo consiente. Hay dos categorías en el futbol europeo: la de los clubes y la de los dopados. La broma es que compiten juntos. Mandan estos y su dinero. Que ganen es otra cosa, claro. Ver eliminatoria de octavos de final PSG-Real Madrid.

Hay dos categorías en el futbol europeo: la de los clubes y la de los dopados. La broma es que compiten juntos

¿Qué puede pensar el Barcelona? OK. Gestionó fatal y en ese pecado lleva su penitencia. Como todos está sujeto al límite salarial entre otras sujeciones. Hace de mangas capirotes para cumplir con lo establecido. Un ejemplo palmario: debió renovar a uno que quería despedir, Umtiti, para poder traer a Ferran Torres. Verbigracia: si Laporta fuera un jeque no tendría problemas.

Los azulgrana, como el resto, pelean con el PSG. ¿En serio? No, de ninguna manera. El Eje del Mal inventa patrocinios reales o fantasmas desde la propiedad del club, fundaciones lo mismo, comisiones sin control alguno, le dan a la máquina del dinero que puede funcionar día, noche y cuando la siesta. Sólo ellos la tienen: fraude tras fraude. Lo sabe el fútbol todo y con recochineo. La UEFA sancionó al City con dos años fuera de la Champions por ciscarse en el límite salarial. Lo hizo tan bien, la UEFA, que acto seguido el Tribunal de Arbitraje, el famoso TAS, levantó la sanción. Vamos, que se aseguró de ello. O eso parece. O presuntamente y tal.

Mbappé ha recibido ofertas fabulosas del jeque, tremenda la última. Y si la desprecia recibirá más. Una por semana si es menester hasta el 30 de junio, fecha en la que termina su contrato. A falta de ‘grandeur’ futbolera, toneladas de dinero. Cada uno ofrece lo que tiene.

Mbappé con el PSG

Mbappé sabrá. Si se decide por el dinero será una decisión comprensible, asumido está que todos tenemos nuestro precio. Todo el dinero del mundo y el jeque pagando también la penalización que le acarrearía romper el acuerdo al que llegó en su día con el Madrid, obligado también a apoquinarla en caso de ciscarse en lo acordado.

No jugará en el club más grande del mundo, pero será el más rico de todos los cementerios de París y alrededores a poco que administre bien su fortuna en los muchos años que le deseo en este mundo. No es un crío y es su vida. Lo que decida será muy respetable.

El Madrid lucha pues contra un estado. Si le gana habrá que pasearle a hombros. Es un combate entre un pesado pesado y un ligero. Imaginen en sus años más mozos, aquí en la tierra, a dos que están en el cielo: Cassius Clay vs Pedro Carrasco. Dudo que le valiera de mucho al nuestro su famoso ‘bolo punch’.

Dinero y el Madrid, o sea la gloria, o muchísimo dinero y PSG. Mbappé dirá. Servidor no dudaría.

 

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Buenos días. El atrevido título del portanálisis de hoy es un sentido homenaje al eximio pintor e ingente madridista Pablo Drake. Este humilde portanalista comparte grupo madridista de whatsapp con él, y es con ese bello sintagma como el artista saluda los prolegómenos de cualquier cita futbolística de postín. Nos parece un modo enormemente gráfico de figurar las sensaciones —mezcla de nervios, temor y alegre emoción— que nos embargan cuando se presenta un nuevo encuentro con la historia para nuestro Madrid. Un nuevo encuentro, por ejemplo, como el de mañana ante el Chelsea.

Burbujeo escrotal. Es exactamente eso. Se nos antoja una metáfora plena de corporeidad y sumamente accesible, eficaz, inmediata y evocadora. Se le acusará de machista y heteropatriarcal. Tonterías. Las mujeres madridistas (mocitas madrileñas o de cualquier otra latitud) son en la víspera de un Madrid-Chelsea de Champions tan capaces de sentir burbujeo escrotal como el que más.

Portada As

As al burbujeo escrotal lo llama “Al esprint”, y lo ejemplifica en la imagen de Luka Modric entrenando duro para el choque contra los de Tuchel. No nos parece mal, son distintos modos de designar lo mismo. Tras resolver con tres victorias importantísimas la zozobra causada por el Clásico, “llega lanzado a la recta final pero sin triunfalismos”. Ese equilibrio resulta fundamental. Creer que eres capaz de pintar la cara de cualquiera de cualquier color, pero atesorando las dosis suficientes de cautela que da el saber que cualquiera te la puede pintar a ti, y de cualquier color también.

As dedica un recuadro a la victoria del Real Madrid en el Palau blaugrana. Decimos victoria y decimos bien. Lo que As tímidamente llama caer “en la prórroga con polémica” debe leerse “cae en una prórroga que jamás debió tener lugar porque la demencial falta personal señalada a Poirier era en realidad una falta sufrida por Poirier”. A ello se añade la no menos desatinada descalificación de Mirotic y Abalde. A Mirotic le echaron por empujar. A Abalde, por ser empujado. Fue un escándalo de proporciones bíblicas, sufrido por un Madrid que en términos de juego superó heroicamente la turbulenta semana marcada por las expulsiones del equipo de Heurtel y Tompkins. “Este Madrid sí compite”, apunta As, con razón. El Madrid siempre lo hace, y los hombres de Laso se merecen llegar a este punto decisivo de la temporada con el aliento de la afición. Como las redes sociales sean el indicador de ese apoyo, no habrá nada que hacer. Sea lo que sea el intenso bache que ha atravesado el equipo, ayer dio claras señales de poder superarlo. Respaldemos esa recuperación brindando nuestro aplauso y nuestro ánimo. La Galerna, desde luego, está con Laso y con sus hombres, siempre pero cuánto más después de haber padecido un arbitraje tan desvergonzado como el de ayer. Llueve sobre mojado, y en La Galerna os traeremos pronto contenidos al respecto.

Portada Marca

Marca se centra en el componente, digamos, sociológico de la visita de los dos equipos ingleses (Chelsea y City) a la capital española en estos días. Cada vez que una hinchada potencialmente violenta toma la capital, la prensa se escandaliza ante su mera existencia, y alerta sobre lo peor. Nos parece muy bien, pero nos choca que esta alarma no vaya de la mano con un elogio al Real Madrid (y por supuesto también al Barça) por el modo ejemplar en que han erradicado la violencia de sus gradas y han dejado de financiar los desplazamientos de grupos de ultras conflictivos. También nos choca que desde la prensa patria no se exija jamás al Atlético de Madrid que imite lo que ya hicieron Florentino y Laporta, máxime cuando sus ultras, neonazis de manual, tienen delitos de sangre en su siniestro historial. No hay coherencia en mirar con recelo a los hooligans de City o Chelsea mientras se normaliza al Frente Atlético.

Portada Sport

La prensa cataculé, entretanto, pinta con tintes épicos sus victorias agónicas contra colistas desde la distancia de doce puntos con el líder. Son portadas que señalan un asentamiento definitivo en la mediocridad, una aceptación ufana de la segunda fila. “Una victoria heroica con tres penaltis”, se titula lo del nunca bien ponderado Mascaró. Lo que no nos cuenta el buen Lluís es que uno de ellos fue fallado por el Levante, y que debió repetirse por invasión de área por parte de Araujo. En la era del VAR, llama poderosamente la atención que el árbitro encargado del mismo no alerte a su compañero de campo sobre cuestiones así. Ya en Balaídos se debió repetir el penalti errado por Karim Benzema, con invasión del área por parte de varios jugadores celtiñas. Las cosas que el árbitro de campo hace mal siempre están sujetas a interpretaciones. Las que hace mal el VAR huelen siempre muchísimo peor. Apreciar algo así desde la sala no tiene ninguna dificultad. ¿Cómo se explica esto?

Os dejamos con Mundo Deportivo y con “Lucky Luuk”, símbolo tosco de este Barça que ni mejorando sustancialmente es capaz de dejar de estar a doce puntos del líder.

Pasad un buen día, con un manejo racional y operativo del burbujeo.

Portada Mundo Deportivo

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