Tras pocas horas de sueño, por el viaje del día anterior en coche, mis tres compañeros (Alberto, José Luis y Juanjo) y yo nos despertamos en casa de nuestro amigo Adolfo, en el pueblecito de Domont, a unos 30 kilómetros al norte de París.
Aproveché los momentos de preparativos del desayuno para darme un paseo por el pueblo, y fue como bucear en el pasado o meterme dentro de una película francesa de los años 50: la vieja escuela de los niños, al lado de la vieja escuela de las niñas, la panadería tradicional, la iglesia románica del siglo XI con una talla de madera de la Virgen, los lugareños paseando en bicicleta. No se respiraba estrés por ningún lado.
Tras reponer fuerzas con unos deliciosos croissants, fruta y quesos, Adolfo nos encaminó hacia la estación de Domont, en donde cogimos un tren de cercanías hasta la Gare du Nord. De ahí, un paseo de media hora hasta la zona de Saint-Lazare, queríamos saludar a nuestro querido Eduardo, vicepresidente del Real Madrid. Ya es tradición, lo hicimos también en Cardiff y en Kiev. Mientras esperábamos a que bajara, en el hall del Hilton Opera, departimos con varios directivos del club, entre ellos Antonio Galeano, siempre amable y talismán del club. También aproveché para dar dos besos a Elena Peiro, de RMTV, tan simpática como siempre. En estas que salió a dar un paseo, junto con su hijo, el gran Amancio Amaro, ídolo absoluto de mi infancia. Mientras encendía un gran puro, nos contó varias anécdotas de su trayectoria en el Madrid, y, con su tranquilidad y bonhomía, nos confesó que confiaba en la victoria.
Poder estrechar la mano del presidente Florentino, siempre cariñoso con La Galerna, e intercambiar un par de bromas con él, nos hizo salir a los cuatro amigos henchidos de moral
Tras dar un abrazo a Eduardo, siempre exquisito y optimista en su trato, ya salíamos del hotel cuando apareció el mismísimo Florentino Pérez, procedente del Castillo de Chantilly, donde estaba alojado el equipo. Por ahora, todo eran buenas señales. Poder estrechar la mano del presidente, siempre cariñoso con La Galerna, e intercambiar un par de bromas con él, nos hizo salir a los cuatro amigos henchidos de moral.
Continuamos nuestro paseo por el barrio de la Ópera, contemplando su fastuoso edificio del Segundo Imperio, cuyo célebre Fantasma debía estar todavía descansando, y llegamos, siguiendo por la rue de la Paix, hasta la plaza Vendôme, una de las más bellas y elegantes de la capital francesa, con sus lujosas joyerías, el hotel Ritz, y la columna Vendôme en su mismo centro, monumento erigido con el bronce de los cañones austríacos en la batalla de Austerlitz, y coronado por una estatua de Napoleón. Tras las consabidas fotos, había que reponer fuerzas de nuevo, como en las etapas del Tour. Nada mejor para ello que escoger una terraza en la rue de Rivoli, que precede cada año al sprint final del Tour, tras atravesar la plaza de la Concordia y abordar los Campos Elíseos.
Tras un tentempié a base de huevos fritos con jamón y una ensalada de pollo, se planteó un dilema entre los 4 que se resolvió rápidamente: Juanjo, fiel a sus ritos personales en finales previas (camiseta impoluta del centenario, zapatos cómodos a estrenar), tenía que ir a una iglesia para meditar y rezar durante unos instantes. Me pareció una idea magnífica, hacía tiempo que quería visitar la capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, que tiene una réplica en Madrid, en el barrio de Chamberí. Mi difunto querido padre era muy devoto de dicha medalla, que le acompañaba siempre cerca de su corazón. En cuanto a mi rito, o a mi manía, yo lucía mi camiseta con el 9 de Di Stéfano, dedicada por el propio Don Alfredo, invencible desde que me la puse en Lisboa un 24 de mayo de 2014.
Era ya casi la una de la tarde, y, aunque no estábamos lejos de la rue du Bac, número 140, la capilla estaba cerrada entre las 13h y las 14.30h. Todos mis compañeros estaban de acuerdo en ir hacia ella tras la hora de la comida (tercera vez para reponer fuerzas), y aprovechamos para atravesar la Concordia, hacernos fotos en el puente con Notre Dame a nuestras espaldas, y seguir nuestro paseo por la célebre orilla izquierda (Rive Gauche) de París, en dirección a la explanada de los Inválidos, donde habíamos quedado en comer con 60 madridistas de la peña “Al Ataque” y alguna más.
En cuanto a mi rito, o a mi manía, yo lucía mi camiseta con el 9 de Di Stéfano, dedicada por el propio Don Alfredo, invencible desde que me la puse en Lisboa un 24 de mayo de 2014
Y así fue. En un ambiente festivo, con elegancia, canciones y sin estridencias, comimos en Chez Françoise un clásico menú parisino en grata compañía, donde mencionaremos la calidez y amabilidad de varios parientes de Juanjo, como su hermano Agustín o su cuñado Tato, entre otros muchos, que nos hicieron a los demás sentirnos como en familia.
Apareció a los postres mi inseparable Alfonso, compañero de batallas ganadas (10, 11, 12 y 13), que me dio la alegría de haber conseguido finalmente su entrada. Era otra señal. Aunque no íbamos a ir juntos al partido, la conexión estaba hecha y nos fundimos en un enorme abrazo (luego repetimos abrazo en el estadio, justo antes de empezar el partido). Todo iba según el plan: hacer cada uno todo lo posible con sus manías, ritos o creencias, para poder colocar los astros de tal forma que todo acabase bien. Y ya saben, el único objetivo del viaje era traer para casa la orejona de nombre Catorce.
Hay que decir que se respiraba poco ambiente de fútbol, al menos en las zonas en las que habíamos transitado. Pero había una escasez alarmante de taxis. Tarde primaveral, turistas de muchas nacionalidades, poquísimos hinchas ingleses (debían de estar todos en su Fan Zone, en el sur de la capital). Tras muchos minutos de nervios (ya eran más de las 5 y luego había que ir al estadio, en las afueras de Paris, en Saint-Denis, en la zona norte), casi desistimos de ir a la capilla (lo cual hubiese supuesto un error mayúsculo e imperdonable), pero finalmente logramos que un taxi nos acercase hasta la iglesia.
Se trata del segundo lugar de peregrinación católica más visitado de Francia (tras el santuario de la Virgen de Lourdes) y la misa de las 5 y media estaba a punto de comenzar. Cada uno de los 4 amigos se recogió en sus meditaciones, y, antes de salir del recinto, aproveché para comprar en la tienda cuatro medallas de la aparición de la virgen, que tuvo lugar a mediados del siglo XIX, que tuve el gusto de compartir con mis camaradas de viaje.
Tras un agradable paseo por el Barrio Latino, tomamos finalmente el metro para coger la línea 13 (número de Copas de Europa que tenía nuestro Madrid en ese momento) en dirección a la Fan Zone madridista, situada al lado de la basílica de Saint-Denis, donde reposan los restos de los reyes de Francia. Ya estaba cerrada, había todavía gente cantando, muchos vidrios rotos por los suelos, no era desde luego la mejor zona de aficionados del universo: pequeña, encajonada entre edificios, con poca policía vigilando mientras (y esto ya lo contaremos en un próximo artículo) se percibía muy cerca la presencia de carteristas y de vendedores de entradas mayormente falsificadas.
Coincidimos con un amigo de José Luis y de Alberto, Pedro, que iba con un amigo colombiano. Querían ir juntos al fútbol, y yo les cambié mi entrada por la suya para que estuvieran más a gusto. El chico colombiano portaba una zamarra del Liverpool (se la había regalado Luis Díaz el día anterior) y allí cometí una acción de evangelización, ya que le regalé una camiseta de Modric para que pudiese ir a la grada del Madrid sin ningún problema: me consta que, desde entonces, el joven de Colombia se convirtió a la fe madridista para siempre.
Tras superar los infames y tercermundistas accesos al estadio, rodeados de lugareños con actitudes más que sospechosas e inquietantes, logramos llegar al puente de acceso al Stade de France, donde, tras saludar y abrazar a Juan Carlos Sánchez Lázaro (director de baloncesto del club), una nueva señal (también le vi y le saludé en Cardiff y en Kiev)
Tras superar los infames y tercermundistas accesos al estadio, rodeados de lugareños con actitudes más que sospechosas e inquietantes, logramos llegar al puente de acceso al Stade de France, donde, tras saludar y abrazar a Juan Carlos Sánchez Lázaro (director de baloncesto del club), una nueva señal (también le vi y le saludé en Cardiff y en Kiev), me tuve que separar del resto de mosqueteros ya que, al haber cambiado mi entrada, ellos tres entraban por un acceso distinto al mío. Nuevos abrazos y mucha fe en nuestro Madrid y en la medalla Milagrosa.
Con Alfonso y su pareja Rachel también me abracé: justo antes de ese momento me había dado un lapsus de fe y de convicción, un clásico bajón, lo vi por un momento todo negro (con doblete de Salah incluido) y el abrazarme a mi amigo del alma me volvió a restaurar la fuerza suficiente para ver el partido solo, pero, de nuevo, completamente esperanzado.
Realmente, no estaba solo. Entablé conversación con madridistas salvadoreños, venidos de su país de origen o de California. También detrás de mí con una encantadora familia de madrileños, incluyendo una mocita madrileña adolescente y un chaval de unos 9 años que tenía todavía más fe en la victoria que yo.
Del partido ya habrán leído numerosos artículos, incluyendo algunos magníficos en este mismo diario digital. Solo quiero decir que la espera hasta que comenzó el partido se hizo eterna, por culpa de la bochornosa y pésima organización de la UEFA y de las autoridades francesas de seguridad (¿?). Entre la afición blanca, minoritaria (éramos apenas 20.000 contra sin duda más de 40.000 ingleses), se generó durante esa espera una animadversión aún mayor contra la UEFA y su mandamás, Ceferin, en forma de gruesos insultos contra toda esa organización de corte semimafioso.
Explosión de júbilo muy intensa al final, con nuestra victoria por 0-1: este escribidor lloró por segunda vez tras una victoria de Champions, tras la Séptima en Ámsterdam. Pero por distintos motivos: la Séptima llegó tras 32 interminables años. La 14 (justo el doble de 7) me llegó sujetando bien fuerte la medalla de los milagros, en ese momento miré al cielo de París (ciudad natal de mi añorado y adorado padre) y comprobé que existen cosas del más allá, que no se ven, pero que se perciben y que están ahí.
Ganamos con tan solo un tiro a puerta (en realidad fueron 2 y 2 goles marcados, pero para qué vamos a insistir en ciertas decisiones arbitrales y del VAR) mientras que los Reds bombardearon (23 tiros, de ellos 9 a puerta) a Courtois, y nuestro gigante belga, el mejor portero del Real Madrid en toda su historia (en mi modesto criterio), blocaba o rechazaba cada disparo sin despeinarse, insuflando de energía a todos sus compañeros, y, obviamente, a todos los seguidores madridistas presentes. La confianza subía como la espuma al contar con tamaño escudo protector. Ni siquiera con la ayuda de uno de los cañones de Austerlitz habría podido el Liverpool superar a Thibault la noche del sábado.
Explosión de júbilo muy intensa al final, con nuestra victoria por 0-1: este escribidor lloró por segunda vez tras una victoria de Champions, tras la Séptima en Ámsterdam. Pero por distintos motivos: la Séptima llegó tras 32 interminables años. La 14 (justo el doble de 7) me llegó sujetando bien fuerte la medalla de los milagros, en ese momento miré al cielo de París (ciudad natal de mi añorado y adorado padre) y comprobé que existen cosas del más allá, que no se ven, pero que se perciben y que están ahí
Tras la salida caótica y peligrosa del estadio, sin cobertura (redes con 3G propias de un país subdesarrollado y totalmente saturadas), pude llegar hasta mis tres amigos, a quienes acompañaba mi querida Lucía, galernauta de primer nivel, dichosa por el triunfo y aun temblando por lo mal que lo había pasado al acceder antes del partido, de nuevo por la repugnante organización de todo lo que rodeó a la final. El abrazo con Lu fue emocionante y eterno, casi rompí a llorar de nuevo. Su sonrisa iluminaba el recorrido hacia el metro de Saint-Denis y hacía olvidar los malos tragos pasados.
Una vez nos despedimos de Lucia, los cuatro nos encontramos por fin con Adolfo, nuestro Ángel de la Guarda, que había presenciado el encuentro desde otra parte del estadio. Adolfo, nuestro anfitrión en Domont, esquivó todas las zonas peligrosas y poco recomendables de la maldita localidad de Saint-Denis, foco de delincuencia y de inseguridad, y había aparcado su coche en una zona residencial mucho más tranquila. Ya eran casi las dos de la madrugada, y la mejor decisión que tomamos, en lugar de bajar hasta París a buscar algún sitio donde celebrar, fue el volver al hogar de Adolfo, no sin antes contemplar muy cerca de su casa a una familia de jabalíes, una hembra con sus 8 cachorros, campando alegremente por las calles de Domont.
Llegamos casi a las 3 a la casa, y allí celebramos con alegría, pero con moderación la gloriosa conquista de la Decimocurtuá (como bien tituló Marca), con un buen vino de Rioja, con embutidos ibéricos de primera calidad, con quesos cremosos de Normandía. Comentando cada jugada, aquel gol de Benzema tan dudosamente anulado, esa exhibición de nuestro cancerbero, de Carvajal, de Militao, de Valverde, de Benzema, de Modric, de Vini, en definitiva de todo ese grupo compacto que se ha convertido en imbatible por toda Europa. Honor a todo ellos y a don Carlo, por saber manejar en cada momento la situación, aunque nos puso a todos de los nervios al no hacer ni un solo cambio hasta el minuto 82.
La velada de los 5 acabó a eso de las cuatro de la madrugada, bajando las pulsaciones poco a poco, celebrando con serenidad, con la retina volviendo a pasarnos en cámara lenta a cada uno todas las emociones vividas durante el día, tanto dentro como fuera del estadio, en una jornada intensa y extensa a la vez, y, sin duda memorable e imborrable para todos.
Ya son 8 las victorias en finales de Copa de Europa vividas por quien les escribe. 8 títulos en los últimos 25 años. Mi padre, que estuvo presente físicamente en las dos primeras, seguirá muy satisfecho desde el cielo sabiendo que su amado Real Madrid, con 120 años de edad, sigue con una salud de hierro y reinando en el fútbol mundial como en aquellos años 50 con Di Stéfano y Gento (va por usted, don Paco, su brillante legado sigue en buenas manos) y los demás héroes de entonces.
Juanjo, Alberto, José Luis, os quiero.
Adolfo, mil gracias por todo.
Real Madrid: gracias por existir.
Te amo y te adoro.
Para goce salvaje de unos y amargura diésel de otros por lo del Madrid, cómo encabrona el Madrid, terminó una temporada muy divertida y feliz para casi todos. El fútbol es muy generoso, sí. El Madrid jugó cuatro títulos y ganó tres. El Betis se llevó el restante, lo que llenó de alegría a buena gente como Joaquín. Menos en el marcador, el Barça ganó la Supercopa. Y el Clásico de la segunda vuelta, además con goleada. El Atleti se metió en la Champions. También el Sevilla. Tendremos representante en la Conference de Mou. Pena los descensos. Vuelvan pronto Levante, Alavés y Granada.
Por fuera la cosa estuvo muy bien también. El City ganó la Premier y siempre la posesión, lo cual es lo verdaderamente mollar pues campeón de Liga lo hay en cada país, pero poseyendo no todos. PSG y Bayern ganaron las suyas, casualmente. El Milán vuelve a reinar en Italia. El Milán, segundo del ranking con 7 Copas de Europa, la mitad de 14. Bien.
¡Qué tres meses desde aquel 15 de febrero cuando arrancaron los octavos, chez PSG! No está ‘pagao’ ni les daremos nunca suficientemente las gracias a estos muchachos. ¡Qué excitación cuando llegaba el partido del Madrid! Con las remontadas me reí muchísimo, pero más con las reacciones del Tontiequipo Médico Habitual Analítico (TMHA) que cada eliminatoria, y por supuesto la final, repetía la misma consigna, todos a una. A saber:
1.- Sorteo: El Madrid es inferior. 65-35 en contra se sitúa la media del porcentaje de éxito ‘avant match’ atribuido al Madrid y sus rivales todo este tiempo.
2.- Partido de ida: el Madrid estuvo mal y tuvo suerte, París y Manchester. El Chelsea acusa la salida de Abramovich, tras el 1-3 de Londres. Y Tuchel se equivocó.
3.- Venían muy entrenados: el primer partido de esta edición lo ganó el Madrid al Inter en San Siro. Rodrygo, minuto 89. 0-1. Se dijo: el Inter fue mejor, no debió perder. Septiembre de 2021.
4.- Partido de vuelta: no es fútbol. Es inexplicable. Los rivales fueron mejores.
5.- Reflexión después de cada clasificación: ha pasado una vez, no más. Pasaba y excitaba su locura. ¡No, no, no puede salir bien esto! Y así.
6.- Antes de la final, tres semanas de turra: ya no. El Liverpool es el mejor equipo del mundo.
7.- La semana antes de la final tras la decisión de Mbappé: al Madrid se le tuerce la 14, eso le hará mucho daño.
8.- La final: si no es por Courtois... Y unos a otros se tocaban las palmas.
Ya saben ustedes: el tonto coge la linde, la linde se acaba y el tonto sigue. Pero entretiene. El tonto, digo. Feliz verano para el TMHA. Recuperen fuerzas, contamos con ustedes desde la pretemporada. Donde nos dirán: el Madrid se ha reforzado mal.
La cosa está ahora en si Courtois le puede limpiar el Balón de Oro a Benzema. Impresionante la mejoría del portero belga pues cierta revista inglesa no le situó entre los nueve mejor del mundo y la UEFA tampoco entre los cinco primeros si atendemos a su último estudio. Pues miren: yo Benzema, oro. Courtois, plata y Vinicius, bronce. Pero es posible que el podio lo ocupen Messi, Mirotic y Pedri.
También le daría algo a Mendy del que como es habitual nada se habla. Corre por ahí una estadística con sus números en la final: 97% de precisión en el pase, 100% en balones largos, 100% en regates, 100% duelos ganados y 100% tackles, o sea abordajes. En lucha con Salah, el delantero más peligroso del Liverpool en esta ocasión. El que quería al Madrid en la final, el de la revancha: pobre tipo.
Hablar de Courtois, Carvajal, los centrales, Valverde, Modric, Ancelotti pater et filius, Pintus, Llopis y tal es obligadísimo, pero hacerlo con Mendy también. Sano, el mejor 3 de Europa con la gorra. Cuando se lesionó, volvió y recayó me alarmé. Su concurso era imprescindible. Llegó la final y tuvo piernas. Imponente. Los demás y con ellos, Mendy, un tipo con el que el Madrid casi nunca pierde. ¡Qué fichaje! He citado a Llopis: no es casual que el mejor Courtois esté con él al mando de la cosa porteril. Luis Llopis: un fenómeno.
Mbappé. Al Madrid —dijo Río Ferdinand, no el presidente de la peña Ramón Mendoza— eso no se le hace. OK. No más vueltas a su decisión, pero sí cabe esta pregunta: ¿qué pensaría después de la final? Deportivamente, digo.
Su realidad es esta: tres años más en la Liga francesa. Tres visitando Angers, Troyes, Montpellier… Ganará las tres, por supuesto. Como si en su nuevo contrato pidió no jugar los partidos fuera de casa: campeón igual. Empezará a jugar en serio en febrero, octavos de la Champions. Saliendo todo bien jugará siete partidos de verdad al año: de esos octavos a la final. Pero como se le ocurra al bombo ponerle otra vez al Madrid delante…
La cosa está ahora en si Courtois le puede limpiar el Balón de Oro a Benzema. Mi apuesta: Benzema, oro. Courtois, plata y Vinicius, bronce. Pero es posible que el podio lo ocupen Messi, Mirotic y Pedri
Esa será su vida deportiva tres años más. Dijo que no a la otra, la del lado bueno de la historia. El Madrid ganó a media hora de su casa. Fue un guiño. No me digan que una vez, una al menos, no pensó yo-he-dicho-no-a-todo-eso. Y su madre, su padre, la abogada, Macron, Ceferin, el señor emir… La vida son decisiones, queridos. Ah, que hay franceses jóvenes de todo pelaje lo confirma Camavinga. Éste sí se ha dado cuenta de que le tocó la lotería. Compró el décimo, claro. Y le tocó.
Y no, no ha habido apenas referencias al Barça tras la 14: malo y destacable. Coñas con que si Bale, Isco y no sé cuantos más tienen 5 y Messi, 4. Que si Cruyff dejó la cosa 6-1 para el Madrid, pasaron Guardiola, Luis Enrique, el mismo Messi y tal, el fútbol verdadero, y el asunto está 14-5. De -5 a -9. Pullitas y pocas. En las concentraciones, ni un grito racial de aquellos tipo ¡Fulano, cabrón, saluda al campeón! Nada.
El Barça ha dejado de ser referencia para el madridismo. No es bueno para nuestro fútbol y nuestras risas. Pero es lo que hay, diría Koeman. El Madrid y su gente mira a los clubes estado y a algunos, como Liverpool o Bayern que pretenden no ya amenazar su trono —el Madrid podría cerrar diez años, volvería y seguiría siendo el número uno— sino incomodarle la temporada en juego, sólo eso. Unos limpiamente, el subcampeón, los alemanes, veremos dónde se alinea el Chelsea post Abramovich. Otros, con trampas. Palman igual, pero la decencia está en la derrota del Liverpool, club amigo dijo Florentino. Tanto que estos últimos años en Europa sólo se ha inclinado ante el Madrid. Tela.
Es lo que dejó París y habría dejado incluso en caso de derrota blanca. Ici, el Madrid dijo Carletto. Oui. Y allá, todo lo demás. Yo, es que vi salir a Raúl con la Copa y me pasó como en Amsterdam/La Séptima cuando me topé con don Luis Molowny : el Madrid gana, seguro.
Buen verano, muchachos. Os echaremos de menos. Por tantas cosas y por una que servidor valora mucho y ya lo comenté: ¡cómo encabrona el Madrid! Es único.
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Buenos días, amigos. ¿Cómo va la dulcísima resaca? Ayer vivió el madridismo una jornada de júbilo indecible. En Madrid, la gente abarrotó Cibeles y se dejó la garganta cantando los nombres de los ídolos en la gran fiesta del Bernabéu. Fuera de Madrid, millones lo siguieron a través de la televisión o las redes sociales. La fiesta fue la culminación de una temporada absolutamente histórica, coronada con el logro de la anhelada 14, bautizada ya por muchos como la Champions de nuestras vidas, precedida por una Liga de dominio apabullante y una lejana pero gratificante Supercopa. Qué año, amigos. Cuantísima gloria.
Gracias por petar La Galerna con vuestras visitas. Nos hemos esmerado (y seguiremos en ello) por ofreceros los mejores contenidos sobre la 14, de la mano de nuestros soberbios colaboradores. Pasad y ved si no, desde Luis Montero Manglano a John Falstaff, pasando por Ignacio Noceda o Rafa Moreno, entre otros muchos. Esperamos haber estado a la altura y aspiramos a seguir estándolo, porque habrá mucho que desentrañar en los próximos días. Hay mucho que analizar y gozar, no necesariamente en ese orden.
La portada/contraportada de As es tan maravillosa como estaba obligada a ser, y a la vez tan poco (o muy) meritoria como lo es una simple captura de la realidad: Marcelo encaramado a Cibeles por segunda vez en la temporada, la 14 a los cielos, la diosa preceptivamente engalanada con una bandera y una bufanda. Será la edad, pero Cibeles cada vez nos parece más guapa. Y será también la edad, o simplemente que no nos acostumbramos a decir adiós a las cosas buenas de la vida, pero anoche no dejábamos de llorar con Marcelo, hermanados en las lágrimas salvíficas de su despedida. No pasa nada. Volverá en calidad de lo que sea. En las entrevistas postreras, con Celia en Real Madrid TV, dejó caer jugará un par de años más en cualquier otra parte y luego volverá en calidad de lo que considere, embajador plenipotenciario, enlace con la plantilla, entrenador de niños o vicario de sí mismo en la tierra. Lo que desee y mande. Le queremos más todavía de lo que ya sabíamos que le queríamos.
Ayer vivió el madridismo una jornada de júbilo indecible. La fiesta fue la culminación de una temporada absolutamente histórica, coronada con el logro de la anhelada 14, bautizada ya por muchos como la Champions de nuestras vidas
En la contraportada consigna también As las visitas oficiales del equipo, que precedieron a la fiesta. Primero se presentaron Copa y Liga a la Virgen de la Almudena, acto pelín rancio para algunos y de obligado cumplimiento para otros, según a quién preguntes. Como informó en su cuenta de Twitter el maravilloso @hombrerevenido, el obispo propuso la canonización por vía de urgencia de Thibaut Courtois sin que nadie se opusiera. Si acaso Salah, pero es musulmán y, aunque se le respeta por este y otros muchos conceptos, no tiene derecho a veto en asuntos de la Santa Madre Iglesia Católica. Butragueño elevó a los cielos unas preces muy sentidas, y aunque luce bien confundido entre el clero le seguimos prefiriendo como nuestro director de relaciones institucionales. Lamentamos informar a la curia de su elevada cláusula de rescisión.
Después llegó la visita a la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso se deshizo en elogios al club blanco y al propio Courtois. En sus palabras retrató al equipo como epítome del trabajo en grupo y de la característica forma de hacer las cosas “a la madrileña”. No nos oponemos a la vertiente castiza del club. Sí, un poco más, a su utilización política, por mucho que Isabel luciera bellísima paseando de blanco por la ciudad de la luz. No sabemos si el Madrid hace las cosas “a la madrileña”, pero sí sabemos que las hace cojonudamente, si se nos permite el cultismo.
Será la edad, pero Cibeles cada vez nos parece más guapa. Y será también la edad, o simplemente que no nos acostumbramos a decir adiós a las cosas buenas de la vida, pero anoche no dejábamos de llorar con Marcelo, hermanados en las lágrimas salvíficas de su despedida
A renglón seguido, como bien consigna la portada de As, la expedición blanca tomó rumbo al Ayuntamiento, donde fue recibido por el alcalde Almeida. En su alocución no se privó el edil, colchonero confeso, de soltar una puyita a Courtois por lo del “lado bueno de la historia”. “Todos en esta ciudad estamos en el lado bueno de la historia, Thibaut, también los que lloramos contigo en Lisboa”. Lo hizo con delicadeza y una sonrisa, por lo que no nos sale de dentro el condenar las palabras del alcalde. Quizá Courtois debió decir “el lado exitoso de la historia” en lugar de “el lado bueno”. Eso habría sido factualmente irreprochable.
Tras salir del ayuntamiento, y sorprendiendo a los mismísimos responsables de protocolo del club, el autobús del Madrid modificó el itinerario previsto. Llega al Congreso de los Diputados. Allí, dos regimientos de la Guardia Civil les esperaban para tomar el Hemiciclo y declarar un golpe de Estado, a través del cual Florentino Pérez fue instituido como nuevo presidente legítimo de la nación. Las masas tomaron la Castellana, el Cuartel General del Ejército y TVE en absoluta adhesión al nuevo jefe del ejecutivo. A la hora del cierre de estas páginas, tanto Enrique Cerezo como Jan Laporta han mostrado su apoyo al nuevo régimen. En la sede de la UEFA no se reporta un grado de inquietud mayor del que ya existía desde el sábado noche. Era imposible que se acrecentara.
Seguiremos informando.
Pasad un día de continuado regocijo, cuatorcésimos.
La mejor infantería en mucho tiempo. La carta de presentación de una monarquía. Soldados que combatían codo con codo a las órdenes de experimentados estrategas y ponían en jaque a potencias emergentes. Temidos en todos los confines del planeta. Los antiguos Tercios eran recelados en todo el orbe. El último suspiro de un Imperio.
El gran objetivo era ver quién podría finalmente derrotarles. Saldaban cada batalla con un triunfo. Se enfrentaron a deslealtades, mentiras, emboscadas, infidelidades y un sinfín de estratagemas tramadas por sus adversarios. Eran invencibles. Ceriñola, Pavía, Mülhberg, San Quintín, Gravelinas, Malta, Jemmingen, Lepanto. Los enemigos quitaban hierro a cada nueva victoria. Sus hazañas fueron vituperadas, ensombrecidas, menospreciadas, borradas. ¿Cómo un ejército español podía alzarse con la supremacía del mundo? A veces desabastecidos, sin armamento suficiente, incluso superados en número. Pero ahí estaban los Tercios, siempre con el último anhelo de victoria hasta el final. Tercios alemanes, borgoñones, valones, italianos, escoceses, ingleses. Incluso testigos de milagros como el de Empel. Representaban un orden, un sistema, una estructura. Una familia real, un modo de vida, un sentir, una religión. Fueron el último suspiro del Imperio español.
Los Tercios de Flandes nunca mueren y al Real Madrid no se le puede dar nunca por vencido
Pero el mundo se la tenía jurada. Todos contra uno (ya saben la respuesta). Sin embargo, su legado, espíritu, su fuerza iba a perdurar ante la atónita mirada del resto del mundo; perplejos, sin aliento. “Conseguimos derrotarlos, sepultarlos, borrarlos de la historia y, aun así, casi 400 años después del desastre de Rocroi, siguen paseando por Europa, cerrando bocas, ahuyentando enemigos y sobretodo, sustentando una férrea pica en Flandes”.
El Real Madrid, contra todo pronóstico, contra todo gurú, contra toda casa de apuestas británica, contra jeques, emires, magnates rusos y mangantes varios, acaba de alzarse con su 14ª copa de Europa. Sí, la Champions League. Menospreciado, olvidado, envidiado. Los Tercios de Flandes nunca mueren y al Real Madrid no se le puede dar nunca por vencido. En la liguilla inicial jugaron al despiste. Hasta que no tuvieron la sangre al cuello no reaccionaron. Y allí estaba la UEFA, ese grupúsculo de amiguetes venido a más, tergiversando sorteos y haciendo las cosas como nos tienen acostumbrados: mal.
“Si tenemos que acabar con ellos, que sea rápido”. Eso pensaron. El PSG será su verdugo. Lástima no saber más sobre historia. Aquella batalla de San Quintín puso a cada uno en su sitio, batiéndose espada en mano, sin retroceder jamás. Antes y ahora, las tropas francesas sucumbieron. Su arrogancia fue superior a su disposición. Rota la primera línea, el ejército francés fue un flan. Siguiente envite. Los Tercios del gran Alejandro Farnesio estaban listos. Lo que no pudo materializarse en 1588, fue ganado en el terreno de juego en 2022. Primero un Chelsea dopado por gas y petróleo ruso. Después un Manchester City con petrodólares por castigo y dirigidos por la reencarnación de Edward Vernon.
Finalmente, un Liverpool incapaz de perforar la escuadra merengue en 90 minutos. Sólo tuvieron 90 segundos más de dominación del balón. El gol de Vinicius arranca en una banda con Mendy, Kroos, Militao, Carvajal y Valverde por la derecha. El resto ya es historia. Izquierda, derecha y la última ráfaga de artillería por la izquierda ante la atónita mirada de los británicos: “God damn you, Lezo”. Puro fuego cruzado. Como siempre les gustó a ellos. Todos los “favoritos” retorciéndose en el lodo de la batalla y un claro vencedor. Otro año será. Trabajo, equipo, épica. Porque no es casualidad. Ganas una batalla por un “milagro”, pero no una guerra. No están ahí porque sí. Son el último atisbo de un conjunto saneado económicamente, sin depender de mafias, un club de los socios, una afición de bandera, una gestión impecable. Son el último Tercio. Son el Real Madrid.
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Juan 5:24: “En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida”.
Parque de los príncipes, París
15/2/2022
Minuto 60
Juan 11: “Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro”.
Penalti a favor del PSG: Mbappé reta en carrera a Carvajal y este termina derribándolo. Coge el balón Messi, el último ganador del Balón de Oro ha cambiado París por Barcelona para este momento. Mira a portería y el lanzamiento del argentino, escogiendo su lado derecho, se topa con la estirada del belga.
Thibaut Courtois ha parado 22 de los últimos 23 remates a portería que ha recibido en la Liga de Campeones, incluido el penalti detenido a Lionel Messi, el primero que falla el argentino ante el Real Madrid.
Y Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”.
Minuto 94
1-0 Gol eléctrico de Mbappé colándose entre dos defensores blancos. Un jarro de agua fría para el equipo blanco.
Jesús le dijo a Marta: “Tu hermano resucitará”.
Partido de vuelta
9/3/2022
Estadio Santiago Bernabéu
Minuto 39
0-1 Un gol de Mbappé en la primera parte había enterrado al Real Madrid.
Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: “¿Dónde le pusisteis?”. Le dijeron: “Señor, ven y ve”.
Minuto 61
1-1 Benzema roba un balón al portero del equipo francés y marca el empate.
Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: “Quitad la piedra”.
Minuto 76
2-1 Modric ve un pase invisible dentro del área y marca Benzema.
Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”.
Minuto 78
3-1
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!”. Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desatadle, y dejadle ir”.
Partido de vuelta en el Santiago Bernabéu
12/4/2022
Minuto 15
0-1 Mount
Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: “Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?”.
Minuto 51
0-2 Rudiger
Respondió Jesús: “No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió”.
Minuto 75
0-3 Werner
“Entre tanto que el día dura; la noche viene. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo”.
Minuto 80
1-3 Modric realiza un pase con su exterior al área para que Rodrigo, que acaba de entrar al campo, empate la eliminatoria.
Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: “Ve a lavarte en el estanque de Siloé. Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo”.
Minuto 96
2-3 Vinicius pasa a Benzema desde la línea de fondo y este remata en plancha dándole el pase al Madrid a la siguiente ronda.
Refiriéndose de nuevo al ciego al que habían acusado de impostor: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”. Respondió él y dijo: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”. Le dijo Jesús: “Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.”. Y él dijo:
“Creo, Señor; y le adoró”. Dijo Jesús: “He venido yo a este mundo para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”.
Partido de Ida
Etihad Stadium
26/4/2022
Juan 14:5 Durante la última cena, Jesús asegura a sus discípulos que conocen el camino al lugar a donde él va a ir. Tomás, sin embargo, pregunta: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?". Jesús replica que él es el camino.
Minuto 2
1-0 De Bruyne
“Tomás siguió a Jesús e incluso manifestó su deseo de acompañarlo hasta la muerte. Los apóstoles sabían que las autoridades de Jerusalén buscaban a Jesús para matarlo”.
Minuto 11
2-0 Gabriel Jesús
“Una vez muerto, Tomás estaba seguro de no volver a ver nunca a Jesús. Se negó a darle alas a sus esperanzas para no verlas hechas pedazos una vez más”.
Minuto 33
2-1 Benzema a pase de Mendy acerca al Real Madrid al borde del abismo.
Juan 20:24-29 Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, se niega a admitirla.
Minuto 53
3-1 Foden
Entonces anunció escéptico: "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré".
Minuto 55
3-2 Vinicius mete un gol de PlayStation recorriéndose medio campo a la velocidad de un rayo.
Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dice a Tomás: “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos y alarga tu mano, y métela en mi costado y no seas incrédulo, sino fiel”.
Minuto 74
4-2 Bernardo Silva
Entonces Tomás respondió: “¡Señor mío, y Dios mío!”
Minuto 82
4-3 Benzema mete a lo Panenka un penalti que da fe al equipo para el partido de vuelta.
Juan 20:29 "Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron", dijo Cristo.
Semifinales de la Copa de Europa
Partido de vuelta
Estadio Santiago Bernabéu
4/5/2022
Mateo 26:35 Tras la Última Cena Jesús predijo el abandono de sus discípulos. Pedro le dijo: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”.
Juan 13:38 Jesús le respondió: “¿Tu vida darás por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces”. Todos los discípulos dijeron también lo mismo.
Mateo 26:33 Entonces Pedro, respondiendo, le dijo: “Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré.”
Minuto 73
0-1 Mahrez
Entonces una criada, al verle sentado junto a la lumbre, le miró fijamente y dijo: “¡Este estaba con él!” Pero él negó diciendo: “Mujer, no le conozco.”
Minuto 90
Rodrigo empuja un balón a pase de Benzema.
Marcos 14:72 “Al instante un gallo cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces”.
Minuto 92
2-1 Rodrigo lleva la eliminatoria a la prórroga con un remate de cabeza inapelable.
Mateo 26:75 “Y Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.
Minuto 95
3-1 Benzema transforma el penalti y el Real Madrid de manera milagrosa jugará otra final de la Copa de Europa.
Stade de France
28/5/2022
“La conversión de Ceferino”
Durante el mediodía de su viaje a ese destino, un resplandor del cielo lo rodeó y Saulo cayó en tierra. Del rompimiento de la nubes escuchó la voz de Cristo diciendo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”.
Minuto 43. Tras cinco minutos de deliberación en la sala VAR se decide anular el gol de Benzema por fuera de juego.
A lo que Saulo/ Ceferino respondió: “¿Quién eres, Señor?”
Juan 6:40,47 “Todo aquel que ve al hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.
Minuto 59
Gol de Vinicius Junior a pase cruzado de Valverde. El jugador brasileño que hace unos meses sonaba como moneda de cambio con el PSG en un hipotético traspaso con la estrella francesa Mbappé da la victoria al Real Madrid. El club de las catorce finales ganadas de diecisiete, ocho seguidas desde la final de París del 81 con gol de Kennedy. En palabras de Klopp tras el partido de ayer: “El Real Madrid es la realeza de Europa”.
Juan 11:25,26 Porque yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.
El Real Madrid todo poderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
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Vamos a pensarlo fríamente: Courtois no debería haberle detenido el tiro a Salah, que sin duda merecía el gol tras ese control majestuoso. No vamos a comparar eso con un gol pescando un tiro que cruza el área al tuntún. Convendría que Valverde practicase más, porque es un bochorno verle tirar así de mal. Pero bueno, es lo suyo viniendo de donde veníamos.
Porque Rodrygo nunca debería haber rematado de cabeza rodeado de bigardos. Y a quién se le ocurriría pensar que Benzema podría tirar un penalti a lo Panenka viniendo de fallarlos a pares. No hombre, no. Esas cosas no pasan.
El mejor portero del mundo, según dicen los que saben, es Donnarumma. ¿Qué sentido tendría que se acogotara y le diese aire a un equipo moribundo? ¿Y cómo podría fallar un penalti decisivo el mejor jugador del año y de todos los tiempos? No, esas cosas no deben suceder nunca, o concluiríamos que hay algo en toda esta realidad que rechina.
Es más, no deberíamos haber estado ni tan siquiera cerca de que pasase. Al Madrid le debería haber tocado el Benfica, pues esa era su guerra, la de las viejas glorias. Y resulta hasta cansino el empeño en reverdecer laureles... hay quien nunca se cansa de su propia agonía. De ninguna manera un equipo podría reconstruirse tras perder a su mejor goleador histórico. El Benfica sin Eusebio y el Madrid sin Cristiano. Tanto desmonta, desmonta tanto. Ya me dirás tú qué queda después de eso.
Y vamos a ver: tampoco se debería ganar un torneo con los goles de un jugador defenestrado. ¡Pero cómo iba a meter una chilena Bale! ¿Tú te estás oyendo? ¿Qué tendría que ser lo siguiente después de eso? ¿Que te gane una final Vinicius? Seamos serios.
El mejor portero del mundo, según dicen los que saben, es Donnarumma. ¿Qué sentido tendría que se acogotara y le diese aire a un equipo moribundo? ¿Y cómo podría fallar un penalti decisivo el mejor jugador del año y de todos los tiempos? No, esas cosas no deben suceder nunca
Y repetir éxito en Champions, vaya fantasmada. Hay equipos que ganan una vez. Como le pasó al Steaua o al Aston Villa, y ya les está bien con eso. Pero el mundo de las dinastías europeas murió con la vieja Copa de Europa y el Milán. La Champions nació para modernizar y evitar estas anomalías. Joder, si ni el fútbol total del Barça pudo lograrlo. Ni con Guardiola ni con Cruyff.
Porque hubo un tiempo en el que en Holanda nacía el talento y quien tenía el dinero se lo compraba. ¡Cómo eran los equipos italianos cuando tenían a todas las estrellas del firmamento! Siempre incómodos y peleones, y a la vez elegantes. Recuerdo a los muchachos de la Juve dispuestos para la foto con la rodilla adelantada, con pinta de legionarios romanos. Acojonaban de veras. Nadie apostaría contra ellos en una final. Y mucho menos se podía pensar en ganar dos o tres copas habiendo italianos sueltos. O alemanes, claro. ¿Qué sentido tendría pensar en ganarle eliminatorias a doble partido? Esa gente sabe lo que se hace y lo hace con precisión maquinal. Nada, imposible. Ni planteárselo.
Y menos aún si no fuiste campeón en tu propia casa. Menuda falta de legitimidad. O se es el mejor o no. Si te invitan a una fiesta que no te toca, bailas poco y te vas sin manchar mucho. Cualquier otro exceso es intolerable. La Liga de Campeones abrió la puerta a los segundos, a los terceros y a los cuartos, pero en el entendido de que debían ser dóciles. Si un año te toca ese papel, pues te aguantas. Y si te cae un favorito en una eliminatoria lo normal es que te achantes. Echar al campeón sin jugar bien, vaya ideas.
Mucho antes de todo eso, en el fútbol paleolítico de transistor y balón con costuras, un equipo sí que podía llegar a encadenar rachas. Aunque todas se terminaban, claro está. A nadie se le ocurre que se pueda estirar la carrera de un veterano ilustre para que vuelva a ganar rodeado de chavalitos. ¿Cómo va a mantener la ambición quien ya es el más laureado?
No, ninguna persona debería ganar más de un par de veces la Copa de Europa, porque sería un abuso. Habría, qué sé yo, que refundir la plata y hacer una nueva, porque la original ya tendría dueño. Deja al abuelo con sus botijos. Así podríamos verlas como pretéritas y pasar página. Rachas antiguas, aburridas y largas como los periodos de la prehistoria.
De entre todos los universos posibles, vivimos en uno en el que el Real Madrid existe y, como sucede con la mayor parte de las cosas hermosas, su encanto reside también en su improbabilidad. Nada de esto tendría que haber pasado nunca, pero resulta que ya van catorce veces
Ese era un mundo en blanco y negro que convenía dejar atrás. Europa se estaba reconstruyendo y a nadie le venía bien que el futuro lo encarnase el equipito de un país meridional y dictatorial. ¿El gran dominador de un juego inventado por los ingleses en un torneo cuya copa está grabada en francés iba a ser un español? ¿Un club que ni siquiera era hegemónico en su país? Vaya historia rebuscada.
Y, sin embargo, aquí estamos. De entre todos los universos posibles, vivimos en uno en el que el Real Madrid existe y, como sucede con la mayor parte de las cosas hermosas, su encanto reside también en su improbabilidad. Nada de esto tendría que haber pasado nunca, pero resulta que ya van catorce veces. Cada cual tan extraordinaria como las anteriores, aunque nunca tanto como la próxima, por el simple motivo de que lo normal sería que no sucediera.
¿Se pueden llegar a ganar quince Copas de Europa? Vete a saber. Pero si alguien quiere averiguarlo, que se ponga una camiseta blanca.
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Eufórico y derrotado a partes iguales, porque uno ya no tiene edad para celebrar la Decimocuarta Copa de Europa con el mismo brío con el que celebraba la Décima, quiero, no obstante, sumarme a la celebración galernauta con este pequeño texto casi a vuelapluma. Un compendio de ideas que me rondan la cabeza tras la victoria contra el Liverpool en París.
Pienso por ejemplo en Courtois. Querido Tibú. Qué cosas tiene este bendito deporte: resulta que el fútbol no le debía una Champions al Atleti sino a Thibaut Courtois. Nada me ha hecho más feliz que se saldara por fin esa cuenta. Pienso también en Lukita, el hombre que en su pequeñez se negó a ser un hombre pequeño, ganando su quinta copa de Europa a unos pocos pasos de la abadía de Saint Denis, el primer edificio gótico del mundo, y me imagino al abad Suger (que no me cabe duda que era madridista) sonriendo de orgullo en su sepulcro ante la gesta de un Lukita anagógico y de un Madrid metafísico. Y pienso, por supuesto, en Gareth Bale y en el hecho de que la última vez que ha vestido el mismo uniforme que lucía don Paco Gento cuando volaba por los campos de fútbol de todo el mundo ha sido sosteniendo una copa de Europa, y siento como si algo se equilibrara en mi universo.
Qué cosas tiene este bendito deporte: resulta que el fútbol no le debía una Champions al Atleti sino a Thibaut Courtois
Momentos como el de ayer te hacen pensar en héroes y dioses. Cuentan que Alejandro Magno murió joven porque los dioses lo asesinaron, pues temían que, una vez conquistada toda la tierra, su ambición le llevara a conquistar también los cielos.
El Madrid, como Alejandro, está en ello, en lo de conquistar los cielos quiero decir. Conquistó las tierras del Fútbol hace tiempo y ahora trabaja en construir una escalera que lo lleve hasta las alturas y allí seguir marcando goles entre nubes vestidas de blanco. Ya lleva catorce peldaños y muchos tiemblan de miedo al contarlos, igual que los dioses cuando vieron cómo Alejandro alcanzaba la India.
Ceferin, presidente de la UEFA, no es un dios (aunque él a veces no parezca tenerlo claro), pero también tiembla de miedo al contar los catorce peldaños de la escala madridista hacia la gloria. Cuando al general mexicano Miguel Miramón lo fusilaron en Cerro de las Campanas junto al desdichado emperador Maximiliano, en 1867, sus verdugos lo vieron trémulo: “tiemblo, pero es de frío”, aseveró Miramón. Ceferin no tiembla de frío, lo suyo es canguelo puro y simple.
Quisiera Ceferin fulminar al Real Madrid como hicieron los dioses con Alejandro, pero al no disponer de más poder sobrenatural que el de la ceguera voluntaria cuando sus “amiguis” se saltan las reglas de la UEFA, don Ceferin hace lo que puede, que no es poco, pero tampoco es suficiente. Don Ceferin se maneja bien con adversarios mortales y corruptibles, pero el Real Madrid es mucho enemigo para él porque el Real Madrid no es de este mundo. Es anagógico y metafísico. Al Real Madrid no se le puede vencer más que con magia negra.
El Real Madrid lo ha devorado todo. Los dioses son ellos, y nadie puede luchar contra los dioses
Y allá anda don Ceferin, consultando el “Necronomicón”, el “Lemegeton Clavicula Salomonis”, las “1080 Recetas de Cocina” de Simone Ortega y otros grimorios esotéricos; buscando la fórmula para exorcizar los blancos fantasmas que lo atormentan. Pero nada. Al rebuscar en los manuales de defensa contra las fuerzas sobrenaturales, don Ceferin tan solo encuentra, ya casi al final, una miniatura de Karim Benzema envuelto en niebla dorada con la palabra “invictus” escrita a sus pies. Invencible.
No descartemos que ante esa imagen el desdichado Ceferin acabe como una regadera, envuelto en una camisa de fuerza, con la cordura rota por imágenes delirantes, como un personaje lovecraftiano. Solo que Ceferin en vez de visionar al Gran Cthulhu devorando el mundo, ve en bucle a Marcelo levantando al firmamento un ánfora de plata.
Puede que entonces, aún en su locura, Ceferin acabe por vislumbrar la verdad: el Real Madrid ha devorado el mundo. El Real Madrid lo ha devorado todo. Los dioses son ellos, y nadie puede luchar contra los dioses.
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Hola de nuevo:
En tantísimas ocasiones te he comentado que el Real Madrid es el equipo más literario de la historia que supongo no podrás evitar una sonrisa irónica cuando leas de nuevo la frase. “Otra vez con lo mismo”, dirás, socarrón. En realidad podría ahorrarme esta carta y enviarte el vídeo de las eliminatorias europeas de esta temporada para ratificar mi hipótesis, pero ya sabes que soy de la opinión de que una imagen vale más que mil palabras solo si eres analfabeto. Y creo que, llegados a este heroico punto, merece la pena detenernos y desarrollar un poco la humilde teoría.
Ya sabes que soy de la opinión de que una imagen vale más que mil palabras solo si eres analfabeto. Y creo que, llegados a este heroico punto, merece la pena detenernos y desarrollar un poco la humilde teoría
En primer lugar, conviene aclarar a qué se refiere uno cuando habla de “carácter literario”. Desde luego, no se trata de un relato construido desde arriba, arquetípico y unidimensional, reducible a un eslogan en el que refugiarse de manera autocomplaciente cuando pierdes. Nada de equipo del pueblo, ni equipo de un país, ni equipo de un estilo determinado. La condición literaria deviene, simple y llanamente, del inmenso crisol incomparable de historias —héroes, villanos, tragedias, traición, énfasis, remontadas arrebatadoras…— que componen el agónico discurrir de este club. Una pura acumulación, cuantitativa y abrumadora, de hechos reales y tangibles, apenas cosidos por el mínimo hilo común de la épica. Nada más, pero nada menos. No debe confundirse, pues, con aquello pretendidamente literario de otras entidades, que no es más que una costra metafórica prefabricada que trata de maquillar u ocultar la realidad para reconfortarse y lamerse las heridas si vienen mal dadas. Vuelvo a aquella sentencia con que un amigo medio inglés resumió la cuestión de forma brillante el Madrid no tiene relato, tiene literatura. Aludiendo, claro, a la mejor literatura: la literatura de no ficción. Algo así como Emmanuel Carrère contra Truman Capote.
Relacionado con lo anterior, hay un segundo aspecto trascendental a señalar: la inconcebible importancia decisiva de los secundarios más insignificantes en los momentos más cruciales de la trama. No hace falta volver la mirada muy atrás para convertir la lista en interminable: Karembeu, José Antonio Reyes, Anelka, Paco Llorente, Zamorano, Amavisca, Portillo, Geremi, McManaman, Coentrao, Luquitas Vázquez… Ya que se ha puesto de moda afirmar que la mejor literatura actual se hace en las series, podríamos decir sin mucho problema que, frente a otras autorreferenciales obras de autor, el Madrid constituiría aquello que llaman “una serie de personajes”. Un rasgo verdaderamente novelesco, aunque —insisto de nuevo— sin importar el carácter ficcional de las novelas. En cuanto a nombres propios, esta Champions blanca ha dejado, además del imponente liderazgo de dos héroes crepusculares como Benzema y Modric, el protagonismo de dos imberbes chavalitos brasileños que se han destapado en sendos días D y horas H. Vinicius ha completado su particular vía crucis de mofas y faltas de respeto hasta reivindicarse como el diamante en bruto que, aun con margen para aprender, ya es decisivo en las grandes citas. Por su parte, Rodrygo ha desplazado a empellones a quienes miraban con desconfianza su físico dubitativo y pide paso a lomos de una confianza rotunda en sus posibilidades y en su definición precisa. Y, desde luego, el destino también ha colocado en el pedestal a un portero que estuvo a un tris de sucumbir a la presión y que renació para convertirse en el mejor guardameta que mis ojos han visto defender el arco madridista. Con un giro argumental añadido que parece ya puramente sobrenatural: su presencia en la plantilla dependió de que un fax a Manchester se retrasase cinco minutos más allá de una medianoche estival. Francamente, no se me ocurre un mayor homenaje a Chéjov. De sorteos repetidos y otras circunstancias también podríamos hablar, mas me da la risa y además el espacio se me acaba.
La condición literaria deviene, simple y llanamente, del inmenso crisol incomparable de historias —héroes, villanos, tragedias, traición, énfasis, remontadas arrebatadoras…— que componen el agónico discurrir de este club
Para concluir, no puedo dejar de subrayar que otra característica literaria del Madrid —acaso la principal— consiste en dejar cada temporada un final a menudo feliz pero siempre abierto. No ha terminado de caer el confeti al suelo y ya tenemos cliffhanger en forma de una sucesión de escenas: Ceferin teclea en su teléfono con un rictus extraño, quién sabe si tentado a echarnos de la próxima competición para vengar el escarnio; Kroos se irrita ante las preguntas de un periodista alemán y observa callado los gestos de la despedida de Marcelo con una expresión adusta; plano cenital de las obras del Bernabéu, contempladas por un Rudiger que escucha absorto música en sus auriculares mientras su avión aterriza en Barajas; Hazard deteniendo por un segundo sus bromas en la celebración para adoptar una breve pose introspectiva, quizá consciente en ese instante de una oportunidad inesperada que le brinda la vida; Mbappé viendo los fastos blancos en la televisión de su casa y de repente cambiando súbitamente de canal, como movido por una punzada incómoda; la sede de Google España experimentando un brusco incremento en los motores de búsqueda de las palabras “reserva hoteles Estambul mayo 2023”. No, no me regañes. Que nada nunca sea suficiente puede parecer un castigo de índole sísifoniana, pero ese eterno retorno, esa inagotable bola extra, supone el auténtico antídoto, esta vez no literario, que todos los madridistas tenemos contra el paso del tiempo. Disfrutémoslo.
Nos vemos el año que viene. Cuídate.
Pablo.
Sabemos que no somos bienvenidos por los unos poderes fácticos que sintonizaron alegremente el espectacular himno del Liverpool mientras silenciaban nuestro amado Hala Madrid y nada más. Football for the fans, ya saben. Pero más para unos fans que otros.
Y en contraposición a tanta sucia y canalla chabacanería de los poderes fácticos, la bella París, la ciudad de la Luz, para alumbrar un torneo mecido en las sombras. Una final de contrastes. Tanto es así que la imponente elegancia del You´ll never walk alone con el que los ingleses trataron de amedrentar al madridismo en Saint-Denis, colisionó frontalmente con la legión de hooligans sin entrada, pero con duro rostro de cemento armado, que se coló en el estadio y obligó a retrasar la final al menos 36 minutos. Poco más supimos. Ya sabemos que UEFA rivaliza en transparencia con la Marbella de Jesús Gil y Gil.
Un esperpento que alcanzo su culmen con hinchas del Liverpool tratando de trepar por encima de las puertas televisado urbi et orbe. En la tele vimos a tres o cuatro, pero pronto eclosionaron en las redes sociales imágenes de enjambres rojos, al estilo Guerra Mundial Z, asaltando los muros del estadio ante una seguridad de absoluto chichinabo, e informes de grupos de delincuentes robando y agrediendo a aficionados en los aledaños, peleas por doquier e incluso también, qué asco, de tocamientos de babosos alcoholizados, los Lords y los Sirs de siempre. Los de la hora del té.
Una vergüenza, Macron tuiteando de rugby y Ceferino comiendo langostinos.
La culpa de Florentino, claro.
La imponente elegancia del You´ll never walk alone colisionó frontalmente con la legión de hooligans sin entrada, pero con duro rostro de cemento armado, que se coló en el estadio y obligó a retrasar la final al menos 36 minutos. Poco más supimos. Ya sabemos que UEFA rivaliza en transparencia con la Marbella de Jesús Gil y Gil
El coitus interruptus, clasificados para la final desde el 5 de mayo, dolientes y sufrientes, incapaces de rendir en la oficina, en la alcoba o donde fuere, pensando en cada hora en un día D y una hora H ahora retrasada sine die, sentó como un puntapié a la altura del bañador que diría un cronista de pressing catch en tu pantalla amiga. Momento de caldos generosos en casa y de tomar aíre dentro del estadio si es que tal cosa fuera posible. Nuestros pensamientos en Madrid con todos los merengues angustiados entonces en el Parque de los Príncipes.
Afortunadamente, la ovación de la grada madridista a D. Rafael Nadal a su llegado al Stade de France pareció mejorar los ánimos merengues. Zinedine Zidane también andaba por allí.
Ici c´est Paris a pesar de todo.
Fue el preludio de la apoteosis blanca, ahora sí. Aún con retraso, esta vez, y probablemente ante la tensión generada, UEFA sí sintonizo el himno de la Décima. Hala Madrid y nada más. Bueno, sí. Raúl cantando a viva voz. Emocionante.
Tanto que la actuación a posteriori de Camila Cabello pues nos dejó un poco calvos. La, la, la, la. Hola rojigualda y rollito pseudoflamenco con inconfundible toque guiri. El verdadero show, el lamentable, ya había eclipsado el espectáculo.
Por fin Raúl e Ian Rush depositaban a la Oreja sobre el verde.
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