Las mejores firmas madridistas del planeta

El sábado 28, en París, el Madrid lo volvió a hacer, entre otras muchas cosas gracias a que en la portería tuvo a un coloso que repelió los innumerables intentos del Liverpool por meter un gol. La actuación de Thibaut Courtois en el Stade de France fue de esas de las que se seguirá hablando incluso cuando el fútbol haya dejado de existir, un partido perfecto que superó al de Casillas en Glasgow, en el 2002, porque además de consistir no en tres paradas milagrosas sino en 95 minutos de ejercicio gimnástico impecable, culminó con él toda una Copa de Europa mayestática. Courtois, así, volvió a dejar claro que el fútbol, entre todas sus grandezas, cuenta con una no menor ni poco relevante que es la de dejar en ridículo a quienes hablan de más, como en este caso a mí mismo. Por lo que este texto que aporreo ahora contra las teclas de un ordenador prestado debe considerarse, por encima de todo, una retractación.

Courtois es el ejemplo más patente de que muchos grandes futbolistas tienen que vestir la camiseta blanca para alcanzar, de verdad, ese grado de excelencia que los catapulta directamente a la posteridad

Para definir al Real Madrid, para entenderlo y explicarlo a los demás, a menudo no queda sino recurrir a la literatura, al cine o al arte. En concreto, la historia de la Copa de Europa número 14 puede contarse yendo al Museo del Prado. Allí, donde Goya, puede encontrarse una pintura extraordinaria llamada El Coloso. En ella, el genio aragonés narra mediante una sutil alegoría cómo el Real Madrid Club de Fútbol se apropió del continente europeo y destruyó a sus enemigos en santa cruzada, derruyendo sus esperanzas y convirtiendo a sus seguidores en legiones famélicas de individuos atenazados por el miedo y la miseria. El Coloso de Goya es, además, Thibaut Courtois.

Coloso Goya

A Courtois, de chaval, lo apodaban El Pulpo. El Liverpool descubrió el otro día por qué. Sus padres, que fueron jugadores de voleibol semiprofesionales, quisieron que su hijo también lo fuera, pero el chico salió más interesado en el fútbol. Nació en Breé, joya de La Campine, la Campiña flamenca, que se parece poco a la italiana pues las crónicas medievales la describen como una llanura desolada, infértil, habitada sólo por monjes y campesinos pobres. Es la Flandes del barro y la guerra de El sol de Breda de Pérez-Reverte. Región dividida históricamente entre las Provincias Unidas protestantes y los católicos Habsburgos, quedó ligada a Francia hasta la creación del moderno reino belga, por eso Courtois es un apellido francés en medio del páramo neerlandés. En el equipo de una de sus ciudades, el Racing de Genk, entró Courtois con ocho año para salir de él campeón de liga con 18.

la historia de la Copa de Europa número 14 puede contarse yendo al Museo del Prado. Allí, donde Goya, puede encontrarse una pintura extraordinaria llamada El Coloso. El Coloso de Goya es, además, Thibaut Courtois

Cuando el Madrid se lo compró al Chelsea, a mí me gustaba más Keylor Navas. El portero que salía en un jeroglífico maya era el portero de las tres Copas de Europa seguidas. Era el portero-jerarca, el portero de las apariciones marianas en las eliminatorias donde el Madrid de Zidane caminaba sobre las cabezas de los mortales haciendo funambulismo, con los ojos cerrados, pues lo guiaba la Historia. Courtois llegó en un mal verano y se comió un primer año terrible, el año de Lopetegui y de Solari, el año en que las ausencias, de Zidane y de Cristiano, fueron dos cráteres de dimensiones lunares que ocuparon toda La Castellana y no dejaron crecer la hierba. Llegó con su pasado atlético a cuestas, su cara descompuesta, el trabajo de tapar los agujeros de la peor defensa de la élite en la peor temporada del Madrid en diez años como poco. Llegó también para ser titular en una plantilla llena de personalidades carismáticas en la que todavía contaba, como suplente por designio directo de las alturas presidenciales, el portero que acababa de hacer historia con todos los demás. Esas dualidades siempre presagian desastres.

Courtois y Keylor

Después volvió Zidane y a Courtois se le despejó el camino. Dije cosas terribles sobre él, exhibiendo mi infame condición de tuitero, pero como suele ocurrir con los tuiteros, Don Fútbol pone a cada uno siempre en su sitio. La transformación de Courtois ocurrió una tarde de otoño, precisamente en la Copa de Europa y precisamente frente a un equipo flamenco, el Brujas, que se puso 0-2 en el Bernabéu metiéndole dos goles al por entonces vacilante y dubitativo gigante belga que en nada recordaba al titán que había ganado la Liga con el Atlético y que luego se había convertido en el mejor portero de la Premier inglesa. Courtois abandonó el partido en el descanso, aquejado de una gastroenteritis, y con todo lo demás, Courtois evacuó sobre todo el miedo. Fue una gastroenteritis catártica, o una catarsis gastroenterítica. Aquella catarsis, que en griego significa purificación y que alude precisamente a la purga, limpió sacramentalmente a Courtois de cualquier resto del pasado que enturbiara su ambición de ser el mejor portero del Madrid moderno. Volvió recuperado al cabo de un tiempo, retuvo la titularidad, empezó a parar como un frontón de pelota vasca y ganó la Liga del Coronavirus. Desde entonces, sólo ha crecido.

No es que el Madrid sea el lado bueno de la Historia, es que es la Historia

Courtois es el ejemplo más patente de que muchos grandes futbolistas tienen que vestir la camiseta blanca para alcanzar, de verdad, ese grado de excelencia que los catapulta directamente a la posteridad. Equipos grandes hay muchos, equipos grandes que ganen Copas de Europa, también, aunque no tantos, pero equipos en los que cada Copa de Europa es un desafío permanente a las leyes que rigen el Universo y que delimitan lo posible de lo imposible, sólo hay uno. No es que el Madrid sea el lado bueno de la Historia, es que es la Historia. El Madrid la escribe, los demás anotan en los márgenes, intentan emborronar la página y en ocasiones lo consiguen, pero todos trabajan sobre el mismo libro, que es propiedad del Real. El Madrid hace leyenda al segundo portero de la Unión Deportiva Levante y el Madrid le consigue un supercontrato en el PSG. El Madrid transforma a promesas de la Ligue 1 y a talentos sin cuajar del Tottenham en futbolistas generacionales, en símbolos populares, en evocaciones infinitas de todo lo luminoso y bello que puede producir el hombre si tiene la motivación adecuada, el estímulo justo y vive en el entorno correcto. Todo eso es el Madrid.

Será recordado como el mejor después de Casillas y Buffon y tiene por delante otra década completa para seguir ganando con el Madrid y sublimarse todavía más, alcanzar el nivel de Cristiano y de Messi, hacerse con el cetro de mejor portero del siglo XXI

Courtois era un portero ejemplar en el Chelsea, ejemplar en el sentido de modélico, un portero pura academia: altísimo, agilísimo, bueno con los pies (es decir, moderno), intuitivo en los penaltis, dominante por arriba. Cumplía con el canon, pero el canon solo no basta en el Real, que es quien redacta los cánones y el que, también, los destruye de un plumazo para recoger del suelo los pedacitos y juntarlos y crear una nueva pieza jamás antes vista. Courtois tenía un defecto propio de los porteros muy altos y es que por debajo era un coladero, Messi se puso las botas colándole balones por entre las piernas en todos aquellos Barcelona-Chelsea que jalonaron con pura chatarra los últimos años del 10 argentino como futbolista azulgrana. Eso también lo ha corregido en el Madrid, abordando a los delanteros de otra manera, haciéndose más plástico, lo vimos en la parada memorable que le hace a Grealish justo antes del 1-1 de Rodrigo contra el City. Courtois maneja ahora todo su cuerpo como si fuera un órgano creado ex profeso para impedir que los balones entren en el espacio comprendido por los postes y el travesaño. Es una máquina perfecta.

Este año, por si fuera poco, Courtois ha jugado con un nivel de motivación extraordinaria, por encima de lo normal. En París parecía un iluminado. Su final es la final que lo eleva definitivamente a un Olimpo escogido. Ya no será recordado sólo como un gran portero en una época de grandes porteros. Será recordado como el mejor después de Casillas y Buffon y tiene por delante otra década completa para seguir ganando con el Madrid y sublimarse todavía más, alcanzar el nivel de Cristiano y de Messi, hacerse con el cetro de mejor portero del siglo XXI. Yo con este texto le quiero pedir modestamente perdón, en la medida de mis posibilidades y en la medida en que un diletante que opina de fútbol puede aprehender que es inabarcable todo lo que ignora. Yo me siento muy feliz no sólo por ello, no sólo porque el Madrid siga ganando cosas y que las gane por encima de lo racional, sino por descubrir que ante el misterio sólo cabe plegarse y agradecer que uno es testigo. Como en ante el amor.

 

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El próximo 17 de junio se cumplen 15 años de la segunda Liga de Capello. La Liga más agónica. La de las emociones más fuertes. La Liga del tamudazo y de remontadas sólo superadas por las que ahora vivimos en la Champions. Un Madrid titánico que fue capaz de sobreponerse al marasmo institucional de Calderón, las turbulencias derivadas del mando férreo de Capello y muchas otras circunstancias para proclamarse campeón nacional sin jugar (afrontémoslo) precisamente el fútbol más sublime que hayan visto nuestros ojos.

Al hilo de este aniversario, Julián Carpintero publica “La cofradía del Clavo Ardiendo”, un recuento pormenorizado de aquella temporada loca tal como, en su día a día, fue contada por la prensa. La frase que un madridista medio repite más veces durante la lectura del libro es “joder, no me acordaba de esto”. El libro me parece extraordinario y por eso sale con el sello de La Galerna.

Lo de la “Cofradía del Clavo Ardiendo” fue un hallazgo conjunto de Míchel y de los periodistas Alfredo Relaño y Tomás Roncero, que estarán presentes en la presentación junto al que suscribe, Javier Aznar y el propio autor.

Dicha presentación tendrá lugar en la librería Pangea (Príncipe de Vergara 26, Madrid) pasado mañana miércoles 8 de junio a las 19:30. Los interesados deben confirmar asistencia en este enlace.

Para adquirir el libro pueden acudir al puesto instalado en el hall del teatro (inmortales Les Luthiers, grandes madridistas) o a este otro enlace.

https://agenda.pangea.es/evento/presentacion-del-libro-la-cofradia-del-clavo-ardiendo-julian-carpintero/

¿Cuándo decidiste escribir este libro y por qué lo has hecho?

Llevaba un par de años dándole vueltas a la idea de escribirlo, ya que nunca se había hecho nada parecido y es una de las Ligas que, con más cariño, recuerda la afición del Real Madrid. Pero fue en el mes de abril de 2020, aprovechando las semanas más duras del confinamiento, cuando me decidí a empezarlo. El motivo, como decía, es que, sin ser una de las mejores, es una de las Ligas de nuestras vidas por la forma tan dramática en que se consiguió, tan propia del Real, y porque quería hacer coincidir su publicación con el décimo quinto aniversario de su conquista, que tendrá lugar en un par de semanas.

¿Qué lugar crees que ocupa esta Liga en el corazón de los madridistas?

Bajo mi punto de vista, la del Clavo Ardiendo es la Liga más querida de las últimas décadas por los madridistas. Las ha habido mejores, como la de los récords de Mourinho, pero la afición del Madrid, como los espectadores del coliseo romano, adora vivir en ese fino límite que separa la gloria del drama. Y aquella primavera toda esta sensación se elevó a la enésima potencia. Es muy difícil no emocionarse aún hoy con la exhibición de Guti ante el Sevilla saliendo desde el banquillo, con la carrera trastabillada de Higuaín para derrotar al Espanyol, con el punterazo de Roberto Carlos en Huelva o la mirada de Reyes después de doblegar al Mallorca.

Bajo mi punto de vista, la del Clavo Ardiendo es la Liga más querida de las últimas décadas por los madridistas. Las ha habido mejores, como la de los récords de Mourinho, pero la afición del Madrid, como los espectadores del coliseo romano, adora vivir en ese fino límite que separa la gloria del drama

Tu labor de hemeroteca es extraordinaria. La reconstrucción de los hechos es minuciosa. Desde el punto de vista del contexto periodístico, el contraste con la actualidad es bestial. Hoy no hay ni muchísimo menos tantas declaraciones provenientes del club, por lo que en el futuro nadie podrá hacer una reconstrucción de esta temporada como la que tú has hecho de aquella. ¿Estás de acuerdo? ¿Está bien que la cosa haya cambiado tanto en ese aspecto?

Estoy totalmente de acuerdo. Creo que durante la etapa de 2010-2013 el club quiso blindarse de todos los elementos externos por los que se sentía atacado e instauró una especie de búnker que, con el tiempo, han ido levantando todos los clubes. Es entendible, porque el club al final persigue defender sus intereses y su imagen, pero también es cierto que desnaturaliza el deporte y lo aleja un poco de la gente.

¿Hay a tu juicio algún paralelismo entre la emoción de aquella Liga de las remontadas y la Champions de las remontadas que acabamos de vivir?

Hay muchos. No es comparable a levantar la Champions League, porque no hay nada más grande que esta competición, pero existen similitudes más que evidentes y que están impregnadas en el ADN de este club. La remontada contra el PSG podría ser comparable al 1-3 que levanta el equipo de Capello contra el Espanyol. O los goles de Rodrygo en el descuento contra el City se podrían igualar al minuto mágico de La Romareda. Aquel también fue una plantilla en la que convivieron veteranos que apuraban los últimos sorbos de su carrera y jóvenes que buscaban triunfar en el escenario más complejo. Y, por supuesto, un entrenador italiano muy cuestionado durante toda la temporada que acaba levantando títulos gracias a héroes inesperados.

Carpintero y Bengoechea

Aquella 2006/2007 estuvo repleta de turbulencias: un presidente con pinta de interino, grandes nombres (Ronaldo, Beckham) traspasados o apartados en medio de la temporada, declaraciones polémicas por doquier… ¿Qué tuvo más mérito: remontar esto o los marcadores adversos?

La inestabilidad en la que vivía el Real Madrid. Hay que tener en cuenta que tras la dimisión de Florentino se inicia un proceso electoral muy opaco que, como si de una película de Scorsese se tratara, deriva en una guerra de clanes que pelean por el control del club. Se habla de manipulación en las elecciones, de denuncias para invalidar el voto por correo, juicios… Un caos que repercutió de forma muy negativa en un proyecto en construcción que no había podido contar con las tres promesas electorales del presidente. A esta ecuación hay que sumar el carácter de Capello, un macho alfa que, en muchos momentos, perdió el control de un vestuario en el que todavía quedaban retales del vedettismo galáctico. Sin ir más lejos, tiene que apartar a Cassano. Por todo aquello fue mucho más meritorio sobreponerse a esta situación que a los resultados adversos. Y en este punto fue clave el papel de los capitanes y de la afición, que se dieron la mano y creyeron que el milagro era posible.

Son remontadas muy corales. ¿Hay en conjunto un héroe? ¿O al menos dos o tres protagonista de esta novela de aventuras que tú destacarías por su importancia?

Aquella plantilla fue un poco como los Vengadores de Marvel, donde muchos de ellos disfrutaron de su noche de gloria. Higuaín contra el Espanyol, Roberto Carlos en el Colombino, Diarra el día decisivo… Pero, por mencionar a los tres más decisivos, la Liga no se entiende sin los goles de Van Nistelrooy, el desequilibrio de Robinho y la jerarquía de Beckham de febrero a junio.

Aquella plantilla fue un poco como los Vengadores de Marvel, donde muchos de ellos disfrutaron de su noche de gloria. Higuaín contra el Espanyol, Roberto Carlos en el Colombino, Diarra el día decisivo… Pero, por mencionar a los tres más decisivos, la Liga no se entiende sin los goles de Van Nistelrooy, el desequilibrio de Robinho y la jerarquía de Beckham de febrero a junio

El tamudazo es por supuesto el preludio de la gloria. ¿Cómo viviste tú esa noche?

Siempre veo los partidos del Real Madrid con mis amigos de toda la vida. Y hasta hace unos años siempre los hemos visto en el mismo bar. Recuerdo perfectamente la angustia de pensar que, después de haber nadado tanto, estábamos a punto de morir en la orilla. La impotencia al enterarme del gol con la mano de Messi. Los nervios al buscar un tanto que nos metiera en el partido. La incredulidad cuando Andrés Montes cantó el gol de Tamudo en el Camp Nou. En mi opinión, es uno de los momentos culmen del Madrid en el siglo XXI. Un recuerdo muy potente.

La trama alcanza su cenit con unos héroes improbables ante el Mallorca: Diarra, Reyes… ¿Cómo se explica en el Madrid la existencia de estos héroes inopinados?

La historia moderna del Madrid está repleta de héroes secundarios e inesperados. McManaman en la final de París, Marcelo e Isco en 2014 o la segunda unidad de Zidane en el doblete de 2017, por poner algunos ejemplos. Al final todo se explica por la capacidad del entrenador de tener a todos los jugadores conectados para que, en momentos así, cualquiera pueda decidir un partido y en la mentalidad de los jugadores para estar preparados cuando el balón quema. ¿Cómo, si no, se explica que un niño como Rodrygo consiga hacer saltar por los aires a todo un Manchester City en un par de minutos? ¿O que un futbolista encallado, como lo era Reyes en el mes de junio de 2007, consiga echarle el lazo a una Liga cuando todo el Bernabéu se ahogaba? No vale sólo con el talento.

¿Algún último comentario o agradecimiento?

Quiero agradecer a La Galerna su confianza en el proyecto y al Real Madrid por ser el guardián de los recuerdos más bonitos que se pueden tener.

 

Entrevista: Jesús Bengoechea.

Por más que se escriba sobre él, las virtudes de Nadal y sus consecuencias no admiten catálogo. Siempre descubrimos matices, palabras, inclinaciones que nos descubren algo que no sabíamos y que nos ayuda a explicar lo inconcebible. Una conducta, una actitud, una sucesión de acontecimientos exitosos que tienen una correspondencia esencial con las del Real Madrid, el club de sus amores.

La fijeza de su planteamiento vital, sin ambages, le convierte en un deportista singular, capaz de sobreponerse a cualquier adversidad, de arrinconar el dolor por más que se torne impeditivo. Dice el pensador José Antonio Marina que el talento es la inteligencia aplicada. Nadie se aplica como Rafael Nadal, nadie se adapta como él a los cambios del tiempo y las vicisitudes.

quizás hayamos presenciado la mayor hazaña deportiva de un ser humano, pletórica de emociones, envuelta en actos humildes y palabras cabales, plenas de sentido común. Tan excepcional, que su legado ya es universal, como lo fuera desde hace tiempo su Real Madrid, caminos que se entrecruzan

También, el talento en deporte es la habilidad aplicada, y quizás sea el deportista que más ha sabido integrar su destreza con la anticipación a los movimientos del rival, y, sobre todo, una claridad táctica soberbia. Con ella, los entresijos de los partidos se vuelven transparentes, encuentra las salidas de los laberintos que le propone el oponente, mella y mella el físico contrario. Y, por encima de todo, mella y mella la cabeza y la voluntad del rival. Lo vimos claro en la final, con un oponente digno, especialista en tierra batida, que pugnó los dos primeros sets con arrebatos de lucidez y que se entregó roto, desalmado, exhausto ante la potencia arrasadora y versátil de Nadal en el tercer set.

Unas cuantas veces, por lesiones fundamentalmente, nos daba la impresión de atisbar su ocaso. Su penúltimo retorno ha sido el más sorprendente por reaparecer tras un periodo de seis meses para cazar otro grande, y, tras otra lesión y sin apenas entrenamiento, plantarse en París para rehacerse, para exponer su fluencia al mundo una vez más. “Todo fluye, impulsado por la Razón y el Fuego eterno”, agitó Heráclito de Efeso las mentes de sus contemporáneos. Así hemos visto a nuestro tenista —obsérvese el posesivo nacional— alimentar las aguas de su adolescencia hasta convertirse en el río más caudaloso de la Tierra, confinadas las dolencias una y otra vez, superador de cualquier obstáculo trazando meandros asombrosos e inéditos, fuera del alcance de cualquier otra corriente.

Nadal Roland Garros

Un curso de la vida dotado de una grandeza inusual, llamativa, que hoy capta la atención de los periódicos del planeta. No es para menos, pues quizás hayamos presenciado la mayor hazaña deportiva de un ser humano, pletórica de emociones, envuelta en actos humildes y palabras cabales, plenas de sentido común. Tan excepcional, que su legado ya es universal, como lo fuera desde hace tiempo su Real Madrid, caminos que se entrecruzan.

En su Ética a Nicómaco, Aristóteles describió la idea de la eudemonía, la felicidad que no era simplemente un sentimiento o una promesa de oro, sino una práctica vital intensa y exigente: vivir de una manera que cumple con un propósito. Ojalá que su pie le respete y prosiga su camino, aunque ciertamente su ejemplaridad es hoy apabullante. ¡¿Quién no se ha rendido ya a Rafael Nadal?!

 

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Nos trajo este domingo una alegría a todos los que admiramos a Rafael Nadal, y una doble alegría a todos los madridistas que admiramos a Rafael Nadal.

En efecto, en una cascada de éxitos que parece no cesar, nuestra “sección” de tenis nos ha aportado el segundo Grand Slam de la temporada, tras el Open de Australia en enero y ahora con un nuevo Open de Francia. Recordemos que otra parte de nuestra sección de tenis, Carlos Alcaraz, ha conquistado este año, entre otros, los Masters 1000 de Miami y de Madrid, o el Masters 500 de Barcelona, también conocido como Trofeo Conde de Godó, Grande de España.

Ya son 14 victorias en la tierra roja de Roland Garros, 14 victorias en 14 finales (el Real Madrid lleva también una increíble serie de 8 victorias en sus 8 últimas finales de Copa de Europa). 14 victorias en 17 torneos disputados, con tan sólo 3 derrotas en 115 partidos disputados (¡112 victorias en 115 encuentros!).

Y todo ello pese a una molestísima lesión crónica en su pie, lo que le hace jugar prácticamente cojo (en sus andares en los descansos cada dos juegos se nota muchísimo su cojera), unidos a sus clásicos dolores de espalda que no le abandonan desde hace años.

Nadal: 14 victorias en 17 Roland Garros, con tan sólo 3 derrotas en 115 partidos disputados (¡112 victorias en 115 encuentros!)

De sobresaliente se puede juzgar su trayectoria en la pista Philippe Chatrier (mi colega del chat de La Galerna, Pepe Kollins, dice que ya están tardando los franceses en rebautizar la pista como “Rafael Nadal”), en particular tras su exhibición en uno de los mejores partidos en tierra batida jamás vistos, ante el número 1 del mundo, Novak Djokovic, en cuatro sets, con remontada incluida, al estilo Real Madrid, en el cuarto y último set en un partido maratoniano de más de 4 horas y que concluyó pasada la una de la madrugada.

Nadal y Djokovic

Ese partido, que merecía haber sido el partido final, dio mucha confianza a Nadal, que prácticamente no competía desde el Mutua Open de Madrid, hace un mes. Recordamos que a Rafa le correspondió jugar en el lado más duro del cuadro, ya que en él también estaban Zverev y Alcaraz (su verdugo en Madrid), por lo que el viernes, ya a una hora convencional y de día (aunque con la pista teniendo que ser cubierta por una tormenta sobre París), se las tenía que ver con Sasha Zverev, número 3 mundial, en plena forma y con 11 años menos que Nadal. Y con uno de los saques más potentes de todo el circuito.

La semifinal fue de las de “Sin aliento”, como la película parisina de Belmondo: un primer set espléndido, de hora y media de duración, con el mejor tenis jamás practicado por el alemán de origen ruso. Puso contra las cuerdas a nuestro mallorquín, que sacó su garra de costumbre a la que añadió su fuerza mental, única en el mundo, digna de los mejores Jedis de la galaxia. Solo en su cabeza cabía la idea de remontar un 6-2 en el tie-break ante un sacador como Sasha. Pero lo hizo. 7-6 para el manacorí y el alemán, como el Liverpool la pasada semana, pensando en qué más tenía que hacer para doblegar la rodilla de nuestro tenista favorito.

Nadal Zverev

La batalla del segundo set fue también a vida o muerte, con una sucesión frenética de roturas de servicio entre ambos. Se llegó a un increíble 6-6 tras otra hora y media de juego y allí ocurrió la desgracia: en un espléndido revés de Rafa, Zverev quiso llegar con su derecha pero midió mal su carrera y su tobillo cedió de forma escalofriante. El partido podía haber sido el más épico en muchos años, prometía irse mínimo a las 5 horas de duración. Mis respetos a Alexander Zverev por el partidazo que jugó y mis mejores deseos de recuperación.

Ya en la final, Nadal se tenía que ver las caras con el noruego Casper Ruud, procedente del cuadro más sencillo, que se deshizo en 4 sets del croata Cilic en semifinales. El único temor para Rafa, y para todos sus seguidores, era el estado de su pie, del que se quejaba en cada rueda de prensa posterior a los partidos: “un dolor insoportable”, declaró varias veces.

Ruud es un buen jugador (número 8 del mundo, número 6 a partir del lunes 6 de junio), es joven, 23 años, su ídolo es Nadal (es exalumno de la academia de Rafa en Manacor), posee un buen saque y, sobre todo, una derecha poderosísima. A lo que podemos añadir el descaro de su edad, una fuerte personalidad que le permite lanzar de vez en cuando unas dejadas que enmudecen al más pintado.

La única incógnita de la tarde era saber si Rafa iba a anunciar su retirada, tras su esplendoroso palmarés de 22 Grand Slams conquistados, para dejar de sufrir con sus lesiones que tanto dolor le producen

En el primer set se notaba incómodo a Nadal, quizás por sus dolores, pero el noruego estaba nervioso. Y Rafa sabía su punto débil, un revés muy mejorable. Acabó 6-3 y todo parecía encarrilado. En ese momento se vio al mejor Ruud de la tarde, rompiendo el saque del balear y poniéndose 1-3 con un tenis valiente y una derecha demoledora.

Se veía que Rafa no era el de los mejores días pero, precisamente ponerse 1-3 por debajo, fue el desencadenante de la tormenta perfecta. A partir de ahí empezó a funcionar la máquina mental de Nadal, sus piernas parecían más ligeras, cojeaba menos, y con su derecha empezó a martillear sin piedad el revés de Casper. El partido ya iba muy deprisa, parecía que el nuestro quería un desenlace rápido y empezó a encadenar juego tras juego, hasta ganar ¡once! de forma consecutiva, pasando del peligroso 1-3 a un 6-3, 6-0, mientras el pobre Ruud, voluntarioso, no sabía cómo hacer frente a la tormenta, perdiendo 6 veces su potente y seguro saque.

En dos horas y media, dejando solo ganar 6 juegos a Casper, la Decimocuarta de Nadal estaba ya en el saco. Sin discusión.

Rafa Nadal Roland Garros

La única incógnita de la tarde era saber si Rafa iba a anunciar su retirada, tras su esplendoroso palmarés de 22 Grand Slams conquistados, para dejar de sufrir con sus lesiones que tanto dolor le producen.

Y no, no anunció su retirada, dijo simplemente que iba a seguir trabajando para intentar permanecer en la élite. Veremos. Por lo pronto, ahora toca descansar y seguro que Wimbledon no está entre sus planes más inmediatos.

Lo volvió a hacer. Rafael Nadal, un deportista único para la historia

El título de “Rafa, el de los 14” es porque su victoria, y ese número, me ha hecho recordar la divertida película de 1973 dirigida por Mariano Ozores, protagonizada por el gran Alfredo Landa y la guapa María Luisa San José: “Jenaro, el de los 14”, en la que Landa hace el papel de un humilde trabajador a quien le toca la quiniela y las peripecias que le ocurren luego. El título de la película es lo único que se asemeja a Nadal, que desde luego no gana ni por asomo sus partidos ni sus Grand Slams por medio de la fortuna ni del azar, ni por una serie de increíbles casualidades, sino por su trabajo constante, su entrenamiento diario y su voluntad férrea que le hace superar cualquier situación por difícil que ésta sea.

Bravo de nuevo por Rafael Nadal, deportista sin igual con un carisma enorme dentro de una modestia casi infinita. Que tome la mejor decisión para su futuro dentro del tenis profesional, teniendo en cuenta que los triunfos y la gloria son importantes, pero que no puede hipotecar su salud del futuro al persistir con unos dolores que para cualquiera de nosotros, simples terráqueos, serían insoportables.

Lo volvió a hacer. Rafael Nadal, un deportista único para la historia.

 

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Buenos días. Ayer se vivió una jornada intensa para los amantes del deporte, en particular para los madridistas. Hubo gloria y hubo susto grave, y casi se solaparon una cosa y la otra, porque no bien había terminado Rafa Nadal de consumar la hazaña de su Decimocuarto (significativo ordinal) Roland Garros —su vigésimo segundo Grand Slam—, supimos que Pablo Laso había sufrido un infarto. Afortunadamente, y gracias a una rápida intervención médica, nuestro entrenador de baloncesto se encuentra fuera de peligro en este momento. Pero el shock ahí queda y habrá que observar su evolución.

Queremos muchísimo a Pablo y le deseamos la más rápida de las recuperaciones. Que se reponga plena y fulgurantemente, como si esto fuese una jugada a campo abierto de su Madrid, con Deck robando el balón y lanzando a Causeur que a su vez asiste a Rudy para que anote la canasta definitiva, la única que de verdad importa. La de la salud.

Queremos mucho, muchísimo a Pablo, y por eso la alegría desbordante de la gesta de Nadal queda inevitablemente truncada por lo de nuestro técnico, el hombre que ha comandado durante tantos años, con enorme éxito, la sección que tan felices nos ha hecho. El mensaje, pues, es doble: ánimo, Pablo y gracias, Rafa.

Aunque también viceversa. Gracias, Pablo y ánimo, Rafa. La gratitud hacia el comandante de la segunda era dorada de nuestro basket nunca está de más, nunca será suficiente, y mandar ánimos a Rafa tampoco sobra, dado que se enfrenta ahora a la decisión suprema de continuar —si su pie responde a un tratamiento conservador— o dejarlo en lo más alto. De momento, el mensaje es que sigue mientras el tratamiento acompañe, y ello no nos puede alegrar más porque Rafa es el protagonista único de la gran era dorada de nuestra sección de tenis. Se nos disculpará la broma, que seguramente no desaprobaría el mejor deportista español de todos los tiempos (quiten lo de “español” si quieren).

Portada Marca

Nos gusta muchísimo la portada de Marca, enunciando todas las cosas que han cambiado en el planeta mientras la hegemonía de Rafa Nadal permanecía constante. Aportamos dos de nuestra cosecha: Rusia vuelva ser la amenaza ochentera que fue y el fútbol, convertido en tablero geopolítico, ha pasado a estar dominado por tres familias reales del Golfo Pérsico. Por ejemplo. En medio de todo eso, el dominio de Rafa ha permanecido incólume.

Portada As

También nos agrada el titular de As, con mención expresa al monarca Luis XIV (vuelve el ordinal de moda) convertido ahora en Rafa por obra y gracia de la gloria tenística. El Rey Sol, Luis o Rafa, Rafa o Luis, solo depende del siglo que mires. Está bien esto de suplantar roles históricos de ese país al que mandas 20.000 madridistas y te los devuelve acosados, golpeados, vejados, robados, sobados y humillados.

Tanto As como Marca dedican un espacio (pequeño pero ahí está) al susto de Pablo Laso. No sucede lo mismo, infelizmente, con la prensa cataculé. Habría sido de agradecer un detalle así por parte de la prensa adversaria (disculpen el pleonasmo), pero tampoco hay que pedir peras al olmo. Esta gente da para lo que da.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Por lo menos dan honores a Nadal aunque sea madridista, cuando el sectarismo de esta gente no haría sorprendente lo contrario. También hablan del empate de ayer de la selección española en la República Checa. Antes de contarnos que La Roja empató ayer en dicho país, deberían advertirnos que La Roja jugó ayer en dicho país. ¿Y por qué lo hizo?, os preguntaréis. No tenemos una respuesta clara a esa pregunta. Parece ser que no es suficiente con parar la competición en noviembre para jugar un mundial en el desierto, sino que también es imprescindible convocar una serie de encuentros de chichinabo bajo el pomposo nombre de Nations League, engendro que surge encima con vocación, por lo que se ve, de perdurar en el tiempo. Se diría que en ese partido de la Roja marcó Gavi el gol más joven de la historia de la selección. Buen jugador Gavi, aunque algo marrullero y ascendido artificialmente por el hype que se gastan en la Masía y alrededores a consecuencia de la ausencia de verdaderas estrellas culés, por culpa a su vez del pésimo estado de sus finanzas.

Por cierto. En relación a esto nos llegó ayer, a través de la cuenta de Twitter que Marca ya ha abierto para el pajiplantilleo veraniego, el gran apunte de humor de la jornada. Guarden esta joya porque es imperecedera. Absolutamente antológico.

Tuit Marca hueco Salah Barça

Sí, amigos. El Barça HACE HUECO a Salah. Le hará un favor y se apretarán un poco en el vestuario para dar paso a un crack más mientras el flujo incesante de dinero brota de las cuentas culés en dirección a los grandes clubes por el pago de astronómicas cláusulas de rescisión. Será por dinero.

Por nuestra parte, hacemos hueco en el lecho para Marion Cotillard y nos vamos despidiendo, no sin antes reiterar nuestros mejores deseos de recuperación para Laso (te queremos, Pablo) y sin dejar de proclamar nuestro enorme orgullo por Nadal, socio de honor del Real Madrid, madridista imbatible, sección unipersonal de tenis del Real Madrid C. de F.

Ánimo, Pablo.

Gracias, Rafa.

Y viceversa.

Pasad un gran día.

Siempre que he tenido oportunidad he manifestado mi admiración por Pablo Laso, el hombre que rescató el baloncesto del Real Madrid y el europeo, sumido en un juego denso, pobre, de anotaciones cortas y partidos eternos.  Jugué contra Pablo en infinidad de ocasiones, rival escurridizo y amable, siempre dispuesto a la charla y la alegría. Fue un vocal extraordinario en la Junta Directiva de la Asociación de Baloncestistas, luchador infatigable por mejorar las condiciones de los jugadores, cuando él era ya una figura.

Ayer, sentí una punzada de dolor profundo e intenso al conocer la noticia de su ingreso, y no quedé tranquilo hasta que me dieron mejores noticias. Ahora, el deporte queda en segundo plano, y la persona ocupa el protagonismo, pues una vida es el valor máximo en la Tierra.

Ojalá vaya todo muy bien. Ojalá vuelvas pronto al Real Madrid. Sería una enorme alegría para el madridismo. En cualquier caso, seguro que nos volveremos a cruzar, a conversar, a reír y disfrutar de la vida. Escribo en mi nombre, pero también en el de los que formamos este minúsculo universo de nombre La Galerna. De parte de todos, un abrazo interminable.

 

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Por Paco Martínez y los otros héroes de Saint-Denis

Conozco a Paco hace tiempo. Es uno de esos madridistas que se parece a Courtois, le pones bajo palos y seguro de que tampoco entra una. Entre la pandemia y demás hacía tiempo que no nos veíamos. Coincidimos el sábado en la magnífica fiesta de la Peña Madridista de Olot que preside otro grande, Miquel Costa.

Gran velada presidida por la Copa de Europa. Porque no sé si les dije una vez, juraría que sí, que el Madrid juega la Copa de Europa. La de los campeones. Los hay, muy meritorios, que juegan la Champions. Es otra cosa. ¿Que se lo dije? Bueno: me gusta recordarlo.

Entre risas y alegría por El Momento Que No Cesa, Paco me soltó: “Vivo de milagro”. Es que estuvo en Saint-Denis y volvió como explican las fotos que acompañan estas líneas. Más una costilla rota, eso no se ve. Pero duele un huevo.

Paco Martínez: “Jamás pensé que me esperaba temer por nuestras vidas. Sí, tuve miedo de verdad y gracias a mi hijo hoy lo puedo contar. Sin exagerar: me salvo la vida”

Paco Martínez Marín es socio compromisario del Madrid y miembro de la Coordinadora de Peñas Madridistas de Cataluña. Consiguió dos entradas para la final para allá se fue junto a su hijo Eloy. “Era el tío más feliz de la tierra, iba a ver una final de nuestro querido Real Madrid con él”. Así empezó a contar su experiencia y así continuó.

“Jamás pensé que me esperaba temer por nuestras vidas. Sí, tuve miedo de verdad y gracias a mi hijo hoy lo puedo contar. Sin exagerar: me salvo la vida”. Como entradilla del relato, impecable.

Y además… “Al salir del estadio íbamos mucha gente junta. Felices. Había ganado nuestro equipo. Pero el destino fue que nos encontramos con un grupo de delincuentes armados con cúter que nos atacaron sin piedad haciéndonos caer al suelo para a continuación robarnos. A algunos les ponían el cúter en el cuello y les pedían el móvil”.

Agresión Saint-Denis Agresión Saint-Denis Agresión Saint-Denis Agresión Saint-Denis

¿La policía, dice usted?  “Lo peor de todo fue su actitud, la de la Policía francesa, que en ningún momento nos ayudó. Ni a nosotros ni a tantas personas que pedíamos ayuda. Yo pedía por favor una ambulancia por las heridas que tenía, sangraba. Un guardia nos dijo a la gente que pedíamos auxilio que bienvenidos a Francia…La gente no sabía dónde ir, era un caos. Un ciudadano francés que pasaba por allí, al verme las heridas bajó de su coche y me dijo, ¡al Hospital! Me fui con él y sí, me llevo al más cercano donde pase la noche entre curas y observación del golpe en la cabeza. Lloré, sí, pero no por la agresión sino de rabia, por la ayuda no recibida por parte de la policía a unas personas heridas. ¡Eso es delito!”

Sobre las once de la mañana del día siguiente, Paco y Eloy se subieron a su coche y pusieron rumbo Barcelona. Imagínense un bache, un frenazo: una costilla rota y todo lo demás… Llegaron pasadas la una de la madrugada. Y hasta hoy. Su testimonio, también las fotos que ven ustedes, está en poder del Madrid que lo ha adjuntado a su denuncia. Paco lo hará, si no lo ha hecho, ya a título personal. Le han comentado que puede dirigiese al consulado de Francia en Barcelona. La policía francesa, la UEFA, cualquier implicado en aquella locura saben ya de todo esto.

Poco más que añadir por nuestra parte. Podríamos rugir cual tigre, acordarnos de las muelas de más de uno. Está hecho. Y estas cosas mejor cortitas y en boca del damnificado. Nuestro homenaje a todos los Pacos que vivieron aquel infierno y que siguen junto a nosotros a Dios gracias. Otro abrazo más, buena recuperación y feliz verano.

 

Hay cosas que no pueden ser bajo ningún concepto. Mourinho no puede entrenar al PSG, como el rumor indica. Que vaya a cualquier otro sitio. Que siga en la Roma, a la que ha hecho campeona de algo europeo (se llame como se llame) por primera vez. Que vuelva al Oporto, al que convirtió en campeón de Champions desde la modestia. Que se haga cargo de la selección portuguesa de una vez por todas, pues el que no coja las riendas del hermano equipo ibérico tiene casi tan poco sentido como el que ahora entrene a Mbappé. Que vaya a donde quiera, pero que no una sus fuerzas con las del petrodólar.

Hay parejas intrínsecamente contradictorias. Ninguna tan incompatible como Mou y el PSG. Son radicalmente opuestos. Representan cosas imposibles de conciliar. La esencia del PSG es esa artificialidad de supermercado de fraude impoluto. La de Mou es lo natural, las vísceras, lo rotundamente humano. No hay forma de conjugar ambas cosas que no resulte en un sindiós.

Ceferin Al Khelaifi

Mou es uno di noi, siendo los nuestros todos y cada uno de los madridistas, los que deploraron el mourinhismo y los que lo abrazaron, con Mou al frente. No es solo el pasado. Recientemente, no han faltado manifestaciones de devoción pública del portugués hacia el Madrid, deseándole, por ejemplo, toda la suerte en la Final de París. “Soy blanco y de Carletto”. Te creemos, José, y porque te creemos rogamos encarecidamente que no te abraces a Mefisto por un puñado de crudoeuros. Porque Mefisto son ellos, Mou. Sería conceptualmente menos aberrante verte de nuevo de azulgrana, incluso a pesar de todo lo que pasó, incluso a pesar de que te llamaran despectivamente “el traductor”. Tendría muy poco sentido verte de la mano de Laporta, pero ese ya no es el enemigo, Mou. El enemigo enchufa el tubo del oro negro a la cuenta corriente (con un afluente para la de Ceferin) ante la impasibilidad de quien podría detenerles. Verte aferrado de esa mano tendría menos sentido todavía. Todo tiene un precio menos tu autenticidad, o eso pensamos al menos.

La última razón por la que Mourinho no puede firmar por el Catar Saint Germain es la más espeluznante de todas. Mou no puede rubricar contrato alguno con Al Khelaifi porque, de hacerlo, le va a hacer ganar por fin. Un espíritu indomablemente ganador como ese, combinado con todo el dinero del mundo, solo puede resultar en el éxito. Es matemático. No podría salirles mal. Atestiguaríamos, de manera inexorable, el triunfo del mal.

Mou, tú no has nacido para capitanear semejante hecatombe.

 

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Tengan ustedes muy buenos días. Como no podía ser de otra manera, como es de ley, el protagonista absoluto de las portadas deportivas de hoy es para don Rafael Nadal Parera, ese portento irreductible que hoy puede ganar su decimocuarto Roland Garros, tal y como su Real Madrid, escuela precisamente de portentos irreductibles, ganó hace apenas una semana su decimocuarta Copa de Europa. Vidas paralelas. Inmensa fortuna la nuestra por habérsenos concedido ver lo que estamos viendo, vivir lo que estamos viviendo, celebrar lo que estamos celebrando.

Portada Marca 05-06-22Portada As 05-06-22

Decía Epicuro que una buena vida era aquella capaz de contruir y atesorar buenos recuerdos. Así, cuando la noche se acerque, cuando haga frío y sea preciso el refugio, los recuerdos servirán de abrigo, que no de consuelo; servirán de contento, que no de melancolía. No tenemos datos sobre si Epicuro era o no madridista, allá en Samos y en los siglos IV y III a.C., pero sí sabemos que las múltiples formas de decir el madridismo a lo largo de la historia pueden ser rastreadas para que cristalicen, por ejemplo, en una remontada contra el PSG o en una final de Roland Garros. Que así sea, Rafa. Dicho sea -escrito sea- con la preceptiva coma del vocativo, esa que nos escamotea Sport en su titular de portada.

Portada Sport 05-06-22Portada Mundo Deportivo 05-06-22

Pero más allá de Rafa, e incluso más allá del Real Madrid, la prensa deportiva del día ofrece píldoras que tal vez merezcan cierta mención, si bien secundaria, de soslayo, como quien no quiere la cosa, como quien se entretiene con detalles que olvidará muy pronto antes de que comience la final de Rafa.

Mientras Shakira y Piqué anuncian su separación (porque vivir así es morir de amor y por amor tengo el alma herida), en Mundo Deportivo publican una encuesta donde aparece Lewandowski como el fichaje más deseado. Si nos detenemos apenas un segundo en los resultados -sin duda, plenos de rigor estadístico-, vemos que el segundo jugador más deseado es NS/NC, que el tercero es Ninguno (no hay un duro), el cuarto es un delantero joven y el quinto es Messi. Glorioso, amics.

Si Groucho Marx nos asistiera, entenderíamos tal vez que Ninguno bien podría ser el nombre de algún delantero joven de origen sudamericano, o acaso de Soria, con lo que los puestos tres y cuatro de la encuesta podrían referirse a lo mismo, y entonces Mundo Deportivo esté tratando de confundirnos para que el despuntar de Ninguno sea desconocido por otros equipos y ello permita al Barcelona ficharlo por "No hay un duro", expresión que algunos estudiosos exégetas proponen como traducción más fiel de més que un club. Nosotros, que no somos estudiosos, hemos puesto a nuestros ojeadores a rastrear el mercado en busca de Ninguno, no vaya a ser que perdamos la ocasión de fichar a semejante joya en ciernes.

Lo de Messi lo discutiremos en algún supermercado

Obviamente, dichos ojeadores -más que díscolos, discóbolos- han puesto su lupa sobre NS/NC, al ser el segundo mejor colocado en la docta encuesta del medio catalán. Su primera sugerencia ha sido buscar en la MLS, ya que ese tipo de nombres son más frecuentes en la sociedad estadounidense, tan dada a las siglas, a las iniciales y a las nomenclaturas, digamos, raperas. Seguimos en ello y daremos cumplida información al respecto. No podemos permitir que se nos escapen Ninguno y NS/NC, ya que lo de Messi es más fácil, no solo porque sepamos perfectamente quién es, sino sobre todo porque sabemos perfectamente que lo que fue ya no es, pese a que un porcentaje de la parroquia culé -oremos, oh, D10s- viva tropezándose con su fantasma día sí y día también, sin caer en la cuenta de que precisamente la cuenta se llama "No hay un duro" porque oraron sin escatimar en diezmos a D10s.

De ahí que miremos a Sport y veamos que Frenkie De Jong se acerca al United. De ahí que la renovación de Gavi esté en suspenso. Y de ahí, sobre todo, que leamos arriba a la derecha que el Barça está "condenado a convertirse en Sociedad Anónima". Oh, sorpresa. Oh, anatema y herejía. Nosotros aquí fichando a Ninguno, a NS/NC y a Lewandowski para que venga un tal Josep M. Casanovas a bajarnos a la tierra de No hay un duro, con lo bien que hemos vivido en nuestra Wonderland particular, que cuando llueve no se moja como las demás. Agáchate y vuélvete a agachar. Puede que aún podamos fichar a los citados, y por qué no a Raphina, Kessié, Christensen, Azpilicueta y Marcos Alonso con chocolate y molinillo. Lo de Messi lo discutiremos en algún supermercado.

Hemos contactado con un madridista, socio del club desde hace muchos años, que vivió, junto a su joven hija, la final Liverpool-Real Madrid desde el fondo de los Reds. Su testimonio, además de ser único, ya que no había muchos más madridistas en dicho fondo, es muy revelador para poder aclarar lo que allí se vivió, desmintiendo las falsas versiones que se han querido proporcionar por parte de las autoridades francesas, acusando de todos los incidentes a la afición scouser.

Por razones personales, nuestro testigo no desea que se revele su identidad.

 

Queremos que nos cuentes hechos, lo que realmente viviste en aquellas horas de tanta incertidumbre dentro y fuera del estadio. Y lo primero es saber por qué os encontrabais tu hija y tú en el fondo inglés y no con todos los madridistas.

No nos tocaron las entradas en el sorteo, y desde ese momento tratamos de conseguirlas, obviamente, en el lado del Real Madrid. Al no ser posible, y teniendo en cuenta mis conexiones con el Reino Unido (tengo pasaporte británico) conseguí dos entradas, para mi hija de 20 años y para mí, por medio de un sponsor del Liverpool FC.

¿Cómo fue vuestra llegada al estadio?

He de decir lo primero que ambos estábamos claramente identificados como seguidores del Real Madrid, con nuestras camisetas y bufandas, no había lugar a la duda de a qué equipo apoyábamos. Entramos al mismo tiempo en el recinto que miles de seguidores del Liverpool, y quiero dejar claro que, en todo momento, por lo que vimos, la afición inglesa fue muy respetuosa con nosotros y tuvieron una actitud impecable, no puedo aceptar las acusaciones que se han vertido sobre dicha afición. El que más y el que menos estuvo casi dos horas tratando de acceder al recinto deportivo, con paciencia y sin malos modos. Nosotros llegamos desde París en uno de los vehículos del sponsor y nos tuvo que dejar a cierta distancia del estadio ya que no podía seguir circulando. Mi hija y yo ya en esos momentos nos empezamos a preocupar por cómo podríamos llegar al hotel después del partido, ya que el transporte público en la periferia de París cierra pronto y, además, había líneas de cercanías cerradas aquel día por una huelga sindical (algunos decían que también había tramos cortados por obras). Imagina la situación, a kilómetro y pico del estadio, en medio de la afición rival, y, detrás, y a ambos lados de las calles, hordas de franceses de la zona con actitudes agresivas, como dispuestos siempre a atacar. A todo esto, la policía, con escasos efectivos y algo alejada de la zona de paso, con una actitud totalmente pasiva y sin atender ni siquiera a las preguntas de los que íbamos hacia el campo.

Desde el gobierno francés se lanzó nada más acabar la final que la culpa era de los ingleses, ya que muchos de ellos iban con entradas falsificadas. Y recordando claramente la leyenda negra de las hordas de hooligans procedentes de las Islas para señalar culpabilidades.

No fue lo habitual, no percibí eso salvo en algún caso aislado. En la puerta de entrada que nos correspondió, el acceso era muy lento, pero con normalidad. El gran problema es que se formó muy pronto un embudo, hecho que se puede evitar situando, como por ejemplo en el Bernabéu, dos o tres anillos con cordones de seguridad. De esta forma, se forman varias filas de entrada, con aglomeraciones mucho menores que al llegar todo el mundo al mismo punto de entrada. Muy cerca de dicho embudo ya se podía percibir la presencia de muchos franceses de la población de Saint-Denis, observando desde sitios elevados (vallas, bancos), luego comprobamos que estaban allí como se dice vulgarmente, “al loro”, desde sus nidos de águila, para lanzarse hacia sus presas y poder robar carteras, móviles, relojes, y, también, para cometer abusos sobre las mujeres inglesas. A mi hija y a mí no nos robaron el móvil, el mío de antigua generación (nosotros llevábamos las entradas en papel y no, como la mayoría, en una aplicación digital en sus móviles). El que no robaba o no acosaba a las mujeres y a las adolescentes iba directamente a tratar de colarse en el estadio, a base de empujones o incluso saltando las vallas. Y eran todos franceses, todos varones, de tercera o cuarta generación, de origen magrebí, bastante jóvenes en su mayoría. Insisto que, sin haber entrado todavía al estadio, ya estábamos mi hija y yo angustiados y pensando en la salida tras el partido, esperando que no hubiese prórroga porque aquello se iba a poner claramente peligroso y con el riesgo de que el metro estuviese cerrado para entonces.

Y sin haber entrado todavía al Stade de France.

En un momento dado, antes de llegar a los tornos, nos hicieron contornear un muro antes de subir por las escaleras para llegar al primer torno. Dicho muro estaba repleto de franceses sentados y observando. Nosotros, ingenuamente, lo interpretábamos como que igual desde ese punto se podía ver el partido sin tener que pagar entrada. Tras pasar dicho muro, pasamos por el primer control de entradas, que estaba allí por si había falsificaciones, y vimos que casi todas las entradas eran correctas. Pero era un nuevo punto donde se formaba un gigantesco embudo, momento en el que los franceses saltaban desde el muro, empujando y sembrando la confusión, para hacerse con entradas físicas o con teléfonos móviles. Ya a punto de llegar al torno, con tan solo 4 ó 5 personas delante nuestra para pasar el control, se produce un griterío y vemos que un policía está aporreando a un seguidor del Liverpool. La primera reacción que tuvimos fue aquella de “algo habrá hecho” por las pintas que llevaba, pero cuando vimos que aporreaban a más británicos, entre otros a una mujer de unos 40 años de aspecto de lo más normal, la verdad es que no entendíamos nada. En ese mismo momento, sentimos un dolor intenso y un escozor bestial en los ojos y en la garganta que nos obligó a los dos a acurrucarnos en el suelo: la policía había lanzado gas pimienta. Asustados y doloridos, gracias a varios seguidores del Liverpool nos pudimos levantar y lo primero que nos indicaron es que no hablásemos “ya que, si habláis, vais a vomitar”, conseguimos apenas algo de agua para enjuagarnos los ojos, con un escozor insoportable. Pero lo cierto es que nadie entendía por qué había reaccionado así la policía, utilizando porras y lanzando gas pimienta cuando el comportamiento de los ingleses había sido, según habíamos comprobado, perfectamente normal y pacífico. En cambio, con los franceses agresivos y delincuentes, la policía en ningún momento se atrevió a actuar, pese a que persistían hurtando carteras y abusando de las mujeres.

El que no robaba o acosaba a las mujeres y a las adolescentes iba directamente a tratar de colarse en el estadio, a base de empujones o incluso saltando las vallas. Y eran todos franceses, todos varones, de tercera o cuarta generación

¿La policía os atendió mientras estabais en el suelo?

No. No se ocuparon de ningún herido ni de nadie afectado por el gas. A nosotros dos tan solo nos ayudaron los hinchas ingleses. Los policías gritando a los que estaban caídos para que se levantasen del suelo y siguieran circulando hacia el interior del estadio. Hay que decir alto y claro que la actitud de la policía CRS (Cuerpos Republicanos de Seguridad) fue en todo momento lamentable, y que sus métodos represivos no se dirigieron a los delincuentes ni a los agresores locales, sino únicamente a los seguidores del Liverpool, que en ningún caso respondieron. Y todavía nos estamos preguntando por qué empezaron a cargar contra los aficionados y rociarnos con sprays de gas pimienta.

Por fin pudisteis entrar en el estadio.

El fondo del Liverpool presentaba muchos huecos ya que había miles de aficionados aun esperando para entrar. Como se sabe, se retrasó el inicio del partido. Nos sorprendió mucho que la coreografía prevista en los prolegómenos se mantuviera, retrasando todavía más el partido. Bajo mi punto de vista, se tenía que haber cancelado, o, por lo menos, haberla hecho en el descanso, el tiempo corría contra todos y todo el mundo pensaba en que eso iba a afectar mucho en la salida, por los horarios de cierre del transporte público parisino.

la actitud de la policía CRS (Cuerpos Republicanos de Seguridad) fue en todo momento lamentable, y que sus métodos represivos no se dirigieron a los delincuentes ni a los agresores locales, sino únicamente a los seguidores del Liverpool, que en ningún caso respondieron.

¿En algún momento disfrutasteis del partido?

Muy poco, habíamos pasado mucho miedo y mucha angustia. Con lo del gas pimienta, mi hija me dijo que menos mal que solo habíamos conseguido dos entradas, de haber venido también mi mujer y mi otra hija habría sido espantoso. Del partido, apenas recuerdo las paradas de Courtois, el gol de Vinicius y la victoria por 0-1. Celebramos el gol y la victoria muy modestamente, rodeados por un mar de camisetas rojas y no era plan de provocar. Nos dimos mi hija y yo un discreto abrazo al terminar el partido.

Me comentaste el otro día, antes de la entrevista, que, en los últimos minutos, cuando el Liverpool atacaba y disponía de claras ocasiones, no querías la prórroga bajo ningún concepto.

Es más, estábamos casi rezando para que, si marcaba el Liverpool, marcase no uno, sino dos goles y que acabase el partido sin prórroga. La psicosis de pensar en la salida, sin medio de transporte seguro para volver al hotel, era tal, que preferíamos perder antes que salir una hora más tarde del Stade de France. Imagínate si disfrutamos del partido…

¿Cuáles fueron vuestras reacciones justo al acabar el partido?

Nos dimos un muy discreto abrazo, ya te digo, vimos que se acercaban los jugadores del Liverpool, llorando y tristes, a saludar a su afición, afición que estalló en una inmensa ovación a los suyos. En ese momento, mi hija y yo nos damos la vuelta y empezamos también a aplaudir a la afición rival, con respeto, reconociendo su gran partido, y muchos de los aficionados, llorando y agachando la cabeza, nos agradecieron nuestro gesto y nos aplaudieron también. De nuevo, comportamiento impecable y deportivo por su parte. Después, tratamos de ir hacia el lado de los seguidores del Madrid para celebrar con ellos, pero no pudimos acceder. Era pues momento de abandonar el estadio.

¿El vehículo del sponsor os esperaba fuera?

Visto cómo fue la llegada, sabíamos que ni los taxis del sponsor (ni casi ningún taxi) iban a poder llegar a recogernos. Había que ir hacia los transportes públicos. Salimos con la gente del Liverpool, todavía tristes y cabizbajos, y volvían a merodear muy cerca los sospechosos grupos de franceses – todos varones, insisto - que querían seguir campando a sus anchas. Fuimos con gente del Liverpool, y también se unieron personas del Madrid, y formamos grupos, o casi, “manadas”, como hacen los elefantes o los búfalos de las sabanas, para ir todos juntos, protegiéndonos, sobre todo a las mujeres y a los niños, de los más que posibles ataques de las bandas de delincuentes locales. Nadie hablaba. Y menos de fútbol. No era el tema. A nadie le importaba la final ya. Había que llegar al hotel sanos y salvos, era el único objetivo que teníamos.

¿Cómo llegasteis al hotel?

Finalmente, nos metimos en el metro, a punto de cerrar, y cogimos la dirección opuesta ya que la línea que iba a París estaba saturada de gente. En la primera parada, llamamos a un Uber, sin salir de la estación, por temor a que nos pasara cualquier cosa, mi hija sin querer salir hasta que llegase el taxi, y por fin, salimos del metro con un grupo de personas hasta introducirnos en el Uber. Al hotel llegamos a las dos y media de la madrugada, casi tres horas después del final del partido.

¿Cómo resumirías esta vivencia?

No disfrutamos casi nada del partido ni de la victoria. No fue una experiencia agradable, bien al contrario. El peor momento insisto en que fue a la entrada, con la carga policial y con el empleo indiscriminado e injustificado del gas pimienta. Y la sensación absoluta de inseguridad que tuvimos en todo momento, además del agobio que teníamos pensando en cómo íbamos a salir de aquella ratonera tras el partido para llegar a salvo al hotel. He de decir por último que no era la primera vez que asistía a una final europea (Göteborg en la Recopa de 1983, París 1981, Ámsterdam, Lisboa), además de dos en el propio Bernabéu (Ajax – AC Milan en 1969 y Nottingham Forest-Hamburgo en 1980), y que jamás vi un dispositivo de seguridad más deficiente, ni de lejos, que el pasado 28 de mayo en Saint-Denis.

 

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