Papu Gómez (¿qué clase de nombre es ese?) quiso ayer entrar en la historia por su reverso oscuro. Hay gente que se sabe incapaz de rozar la posteridad como no sea utilizando la vía de Judas, Mark Chapman o Lee Harvey Oswald. Goicoechea, al fin y al cabo, tiene su pedazo de gloria dudosísima por contacto tangencial con Maradona: un segundo de barbarie y un apunte eterno en los márgenes siniestros de la Historia.
A la hora en que escribo esto, no sabemos si Valverde tiene algo serio a consecuencia de la pulsión criminal del Papu. (El Papu, qué pedazo de nombre de delincuente arrabalero). Eran los últimos segundos de un partido ya decidido por la excelencia blanca, y el sujeto, que en las fotos de plantilla del Sevilla debería ponerse de perfil, quiso su instante de gloria wharholiana a punta de salvajismo. No le rompió el tobillo al Halcón porque Dios solo premia a los cafres cuando tienen algo de talento. A cambio, estamos a la espera de saber si el brutal bocadillo de clavos que le arreó en el muslo ha propiciado alguna ruptura en el cuádriceps. Hay quien quiere ver ecos de la vieja rivalidad argentino/uruguaya en esta agresión injustificada y vil, y suenan trompetas de venganza en las redes sociales.
En los ochenta y tantos minutos de juego que precedieron a ese segundo de furia torpe, Valverde volvió a ser el mejor. Se zafó de rivales con maniobras como la que el orgullo del Papu (¡El Papu, qué nombre de película de Eloy De la Iglesia! ) consideró inaceptable, defendió, se internó por la derecha, se vino de ese lado hacia el centro con el furor de una locomotora en trance, combinó, se ofreció, hizo que se le ofrecieran, y sobre todo chutó como un condenado en el tercer gol. Ningún jugador del Madrid, ninguno, nos había deparado antes los highlights que nos está dando el Halcón. Parecen fogonazos noventeros de la Premier, por asir una referencia terrenal reconocible, solo que en esta recopilación todos los zambombazos llevan la misma firma, ya los produzca su diestra o su zurda. Steve Gerrard, dicen muchos, Paul Tenorio el primero, Bengoechea después, todo el mundo ahora. Más quisiera Steve Gerrard, señores. Ya es máximo goleador del equipo junto a Vini el que llaman centrocampista, y nada debe temer Ancelotti por su licencia de entrenador. Prometió que la entregaría a los perros callejeros si Fede no marcaba diez goles este año. Suba la apuesta: diga diez goles antes de que llegue el Mundial, si es que la canallada sin nombre de un futbolista anecdótico no le obliga a guardar reposo y armas con el ánimo de un Águila enjaulada (es la próxima metáfora ornitológica).
Toni Kroos tuiteó que Valverde es Top3 mundial en este momento. Se quedó corto. No hay absolutamente nadie que le haga sombra. Nadie más completo, nadie con más impacto en juego y resultados. El Madrid puede tener al mejor jugador del mundo para el próximo lustro y estamos aquí, como si nada.
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Buenos días, amigos. Debemos empezar reconociendo que anoche fuimos ingenuos. Debemos reconocer que lo fuimos incluso mucho y que no tiene ningún mérito que ahora escribamos estas líneas de manera cabal y analítica, como quien ha abierto los ojos a la verdadera realidad, como quien se ha caído del caballo camino de Damasco, como quien ha tenido la alumbradora fortuna de encontrarse al despertar y como despertar con la portada de Mundo Deportivo.
No podemos más que agradecer al citado medio informativo (?) nuestro actual estado de consciencia tras haber vivido horas atolondradas en la noche de ayer. Podría disculparnos aquello de la fiebre del sábado noche, en la que Tony Manero se acicalaba frente al espejo para brillar y olvidar por unas horas su proletaria vida de empleado de ferretería. Pero es bueno que llegue el domingo por la mañana tras las luces de neón y los mejores bailes de tu vida. Es sano que esto ocurra para evitar el embeleso permanente y la caída en un mundo de lentejuela que suponga a la postre la pérdida de sentido, la errancia y el descalabro.
Anoche vimos a Vini no parar de intentarlo y de conseguirlo (sus dos asistencias de gol fueron brillantes, especialmente la primera). Anoche vimos a Modric inaugurar el baile, vimos a Tchouaméni pedir el carné en la entrada del local a todo aquel que no llevara invitación, vimos a Kroos pinchar la mejor música del momento, vimos a Valverde en esmoquin concitando de nuevo todas las miradas, vimos en suma a un Real Madrid pleno de vigor y talento, bien es cierto que con alguna desconexión en los minutos iniciales de la segunda parte para ir al baño o hacer cola en la barra para pedir otra ronda.
Y ese haber visto nos ofuscó la mirada. Tanto, que fuimos también nosotros al baile y nos olvidamos de nuestra prosaica vida cotidiana, esa que se impone en la resaca de esta mañana de domingo, en la que el café ayuda menos que la portada de Mundo Deportivo, gracias a la cual hemos sabido que todo aquello que anoche brillaba no fue más que "el típico triunfo merengue", jalonado por un "penalti obviado" y un mero "arreón final". Eso y nada más, amics. Ni ética ni estética. Nada de lo que enorgullecerse, nada que contar a nadie, incluso algo de lo que avergonzarse fue lo de anoche. Un error, una falta de todo lo que debería caracterizar a las personas de bien. No hubo virtud alguna. Fue todo un defecto disfrazado, un trampantojo, una burla, el típico triunfo que esconde una derrota severa, más o menos como viene ocurriendo desde que el Real Madrid gana algo, allá por el siglo XX, época aciaga que forjó la leyenda de un club con triunfos típicos y arreones finales.
La prensa madrileña sigue de fiesta. Han sacado sus portadas desde el after más cercano y aún no han visto la luz del sol sus hacedores. Qué pena da pensar ahora en ellos cuando hemos alcanzado a saber que todo lo que reluce no es oro sino pintura de carnaval, confeti, atrezo, máscara y fachada. Lo que As llama "fiesta interminable" no es más que el pretexto del iluso para no afrontar la vida de verdad. Lo que Marca define como trueno no es más que el resonar en los oídos de los altavoces de la discoteca cuando ya todos se han ido y toca limpiar los baños y fregar los vasos y encender la luz amarilla que ciega y duele.
Válganos Mundo Deportivo como esa luz, que luego, tras el impacto primero, apacigua el ánimo y reconforta con el relato real, con la salida de la caverna, con la pastilla roja de lo que no hemos querido saber y sin embargo hemos sabido (siempre con nosotros Javier Marías). Allí sí que saben hacer bien las cosas, ver bien las cosas, ganar bien los partidos incluso cuando los pierden.
Porque ganar no tiene nada que ver con ganar, amics. Ganar es más que ganar. A veces perder es la mejor (o la única) manera de ganar. Es la posesión, estúpidos. Es el balón, el césped, el toque, el ADN, el estilo y los valors. Salvo cuando no lo es, y entonces lo que es, lo que vale, lo que dicta el sumo sacerdocio de la realidad más real y de la verdad más verdadera es todo lo contrario. Porque ganar es lo que diga Mundo Deportivo y Mundo Deportivo dice que el Real Madrid tiene triunfos típicos y penaltis obviados y arreones finales. Punto.
Poco más hay que decir, salvo que haga lo que haga hoy el Barcelona contra el Athletic todo será para bien. No habrá nada típico en ello. Todo será excepcional, como todas las portadas de Mundo Deportivo, como todo lo que diga y haga Xavi, como todo lo que venga de la luz y hacia la luz vaya. Koeman sonríe al fondo. Nosotros vamos a por otro café. No volveremos a salir otro sábado noche hasta el próximo sábado noche. Es lo que tiene una vida de triunfos típicos y arreones finales. Rezad por nosotros.
Ya me pongo a dudar si todo esto es azar o genialidad. Si JAS es un gurú o si de repente se han encontrado con este equipo de 19 jugadores, capaz de ganar el partido del 1' al 60' pero, sobre todo, del 60' al 90'. Lo dije hace meses: sacar a Camavinga en el 60' a estrenar es hacer trampa; poder tener a Tchouaméni 60 minutos frenando casi todo lo que pasa por ahí yo diría que también.
Voy por partes, como lo ya anticipado. Del 1' al 60' tuvimos a Vinicius volviendo locos a los defensas del Sevilla. La sensación con este chico es que le queremos como es, porque el fallo más inoportuno lo acompaña con algo que parece indicar que acabará el año con una suma de goles más asistencias similar a la de los partidos que juegue.
Nada que reprochar. Todo es mentalidad, todo actitud. Da igual cuán grande sea la piedra que haya que subir, el Sísifo brasileño sabe que él es un hombre con una misión. Camus lo describió a la griega, no hay que buscarle el sentido, solo analizar la situación como es, de ahí el mito; es la realidad la que nos explica la circunstancia y no al revés. Florentino fichó al niño por 45 y ahora disfrutamos del hombre, que ya vale ¿200?
¿Y del 60' al 90'? Pues Valverde para explicarlo y poco más. A Bono le quedó cara de Trent Alexander Arnold cuando vio pasar el balón, con una mezcla de sorpresa y admiración. Nadie representa mejor los valores y el estilo del Real Madrid. El Madrid y el Pajarito, imposibles de atrapar cuando están a punto de doblar las campanas.
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Arbitró Alejandro Hernández Hernández, del comité canario. En el VAR estuvo Jaime Latre.
El arbitraje del canario iba por buen camino hasta que erró en una de las últimas jugadas no expulsando al Papu.
En el apartado disciplinario, sacó cinco amarillas y todas justas. Recapitulamos. En la primera mitad y en cuestión de diez minutos la vieron Jordán por parar a Rodrygo en el 27', Montiel por una dura entrada a Vinicius en el 30' y Tchouaméni por barrer abajo a Lamela en la frontal del área merengue en el 37'. En la segunda mitad, se unieron Gudelj por parar una contra cuando se iba Vini en el 65' y Papu por un bocadillo al muslo de Valverde en el 94'.
En las áreas hubo dos jugadas susceptibles de aparecer en esta crónica. En la primera mitad, los sevillistas reclamaron penalti de Carbajal a Lamela y en la segunda fueron los locales después de una acción de Vinicius con el arquero Bono. En ambas acciones hay contactos pero no lo suficiente como para ir a los once metros y más en una campaña donde se pretende que los penaltis decretados sean muy claros.
Hernández Hernández, REGULAR.
Anexo: vistas más repeticiones de la entrada de Papu a Valverde lo justo y necesario habría sido expulsar al argentino. Jaime Latre debió de dar un toque a HH para que fuera a revisar la acción al VAR.
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Courtois: 5. Pudo hacer más en el gol, aunque tampoco hay que quitarle mérito a Lamela.
Carvajal: 4. Se le vio nervioso. No tuvo un buen día.
Militão: 6,5. El defensa más estable esta temporada.
Alaba: 5. Falló en el gol por romper en el fuera de juego y no tapar la línea de pase.
Mendy: 6. En la segunda parte estuvo algo más impreciso, pero hizo un partido serio.
Tchouaméni: 6,5. Espectacular comienzo de partido marcando la presión del Madrid. Después algo fallón.
Modric: 6,5. Buena primera parte con gol. Después desdibujado.
Kroos: 7. El Madrid juega a su ritmo. Está de dulce.
Valverde: 7. No estaba siendo su mejor día, pero el 3-1 es otra obra de arte.
Rodrygo: 6,5. Es un jugador muy fino. Mejora cada jugada.
Vinicius: 7,5. Sin ser su mejor día, decidió el partido con dos asistencias.
Camavinga: 6. Ayudó a meter el cambio de ritmo que necesitaba el equipo.
Lucas: 6. Gol y buenos minutos.
Asensio: 6. Gran pase a Vinicius.
Rüdiger: Sin tiempo relevante.
Nacho: Sin tiempo relevante
Ancelotti: 7. Se tomó muy en serio el partido y los cambios le permitieron ganarlo.
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El día no comenzó demasiado bien. El Madrid emitió un comunicado médico anunciando que Benzema se perdería el partido por fatiga muscular. Ancelotti no quiso especular con la alineación y dispuso el equipo más titular posible. Rodrygo sería lo más parecido a un nueve y Álvaro Rodriguez esperaría su oportunidad en el banquillo. Antes de empezar, Benzema y Courtois festejaron sus premios individuales con el Bernabéu. El Madrid monta muy bien estas cosas.
El partido no pudo comenzar mejor. Vinicius robó un balón a Montiel y, tras internarse en el área, le puso un balón de oro a Modric para que sólo tuviera que empujarlo.
El Madrid había empezado muy bien y concentrado. Ni siquiera el mal estado del césped y lo rápido que estaba a causa de la lluvia, le impedía ir acorralando al Sevilla. Alaba estuvo a punto de marcar un golazo de falta y, poco después, Rodrygo también estuvo cerca de marcar.
El Sevilla trataba de tocar y tocar, pero apenas mostraba profundidad. El Madrid era bastante más concreto y siempre iba hacia la portería. Kroos y Modric lo intentarían desde fuera del área, pero sus tiros resultaron bastante desviados.
Habría otras dos ocasiones clarísimas hacia el final de la primera parte. En la primera, Modric hizo un recorte de más y perdió la ocasión. En la segunda, Vinicius trató de regatear a Bono cuando lo más oportuno hubiera sido probar de primeras. Y así llegó el descanso.
Cuando perdonas tanto, se acaba pagando. En la primera ocasión del partido para el Sevilla, Lamela marcó tras asistencia de Montiel. La definición del argentino sorprendió a Courtois, que no estuvo especialmente acertado. Tampoco estuvo bien Alaba, que rompió el fuera de juego y no tapó la línea de pase.
Poco después, Isco pudo marcar el segundo, pero su remate se marchó a la red lateral. El Madrid estaba con una caraja importante, perdiendo balones tontos.
Camavinga entró por Tchouaméni y el Madrid poco a poco se empezó a asentar en el campo del Sevilla. Ya no era el equipo de la primera parte, pero al menos pudo disparar dos veces con peligro desde cerca de la frontal.
En el 71' Vinicius estuvo a punto de ser objeto de penalti, pero decidió no dejarse caer y después se quedó sin ángulo.
Estaban ya en la banda para salir Rüdiger, Asensio y Lucas. Dejarían el campo Mendy, Carvajal y Modric.
El partido recompensó rápido a Ancelotti y sus cambios. Asensio asistió a Vinicius, quien encaró a Bono y eligió la mejor opción: regalarle el gol a Lucas, que corría solo por la derecha. Sin solución de continuidad, el Madrid volvió a atacar con Vinicius y Rodrygo. Asensio vio en la derecha a Valverde, que mandó unos de sus zambombazos cerca de la escuadra.
Alaba salió del campo para dejar su sitio a Nacho. El Madrid volvía a ser un equipo intenso y aguerrido. Valverde, por culpa de un bocadillo, acabó cojeando.
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¡Hola, galernautas!
Después del baño al Barcelona y del masaje que nuestros jugadores se dieron en Elche, con un juego excelente y un estado de forma excepcional, VAR mediante, llega a Chamartín el Sevilla de Sampaoli, ex-Lopetegui, que otrora era un rival muy difícil, pero que se enfrenta al Real Madrid en horas bajas. Atrás queda aquel empate que nos privó de la liga de la temporada 2020/21 y la espectacular remontada de la temporada pasada en Nervión. El Sevilla llega en la zona baja de la tabla, a sólo 2 puntos de los puestos de descenso y muy necesitado, mientras que el líder de la clasificación necesita ganar para acrecentar el ya famoso colchón, imprescindible para afrontar el parón mundialista con cierta tranquilidad.
Ahora, unos datos del partido y, como siempre, ¡HALA MADRID!
Cosa cierta, puesto que sólo han empatado en liga uno de los últimos 34 partidos disputados.
El Sevilla es un grande de la liga y, como decía antes, un hueso duro de roer, pero los antecedentes más próximos dan lugar al optimismo, puesto que el Real Madrid ha ganado 6 de los últimos 7 partidos de liga jugados contra el Sevilla y ha ganado 12 de los últimos 13 partidos de liga jugados contra el equipo de Nervión en el papel de local.
Sí, porque aunque sólo se habla del arranque de esta temporada, hay que recordar que el Real Madrid lleva 19 encuentros oficiales sin perder, cifra que ya se está acercando a registros importantes.
No estaría mal repetir las dos mayores goleadas que se han endosado a los sevillistas, una en liga y la otra en Copa de Europa, a saber: el 5 de abril de 1959, 8-0, con goles de Di Stéfano (3) Puskas (2) Rial, Kopa y Gento; y el 23 de enero de 1958, que también finalizó con el resultado de 8-0, con goles de Di Stéfano (4) Kopa (2) Marsal y Gento.
Ya no tienen pudor, rubor ni vergüenza. No contentos con la exhibición de despropósitos del otro día en Elche, donde el Real Madrid fue el primer equipo al que anulan tres goles desde que se implantó el VAR, como no quieren que la liga se acabe en enero, nos colocan el sábado al ínclito canario culé Hernández Hernández, con el que de 28 partidos arbitrados al equipo blanco, se han perdido nada más y nada menos que siete, exactamente el 25% de los encuentros arbitrados por él. El objetivo claro es cortar la racha victoriosa de nuestro equipo de la manera que sea. Por cierto, los dos partidos que ha arbitrado entre Real Madrid y Sevilla los han ganado los de Nervión.
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Corría el año 2003 en el calendario. Yo era un joven de 11 para 12 años bastante más maduro, sereno y con un infinitamente superior sentido de la responsabilidad que el que les escribe estas líneas y me encontraba ligeramente nervioso mientras permanecía sentado en la parte trasera del coche de mis padres. Ese día estábamos viajando hacia la capital andaluza. ¿El motivo? Uno de los equipos de la ciudad, el Real Betis Balompié se había fijado en mis cualidades futbolísticas y me había ofrecido asistir a un entrenamiento del equipo infantil para realizar una prueba con ellos. Yo era un central de los de antes. En términos de nuestro querido Carletto, yo sería el defensor más pesimista que jamás podría haber conocido el entrenador blanco si alguna vez me hubiera visto jugar. Bastante rápido al corte, muy concentrado en el juego, lo que me permitía anticiparme continuamente a mis rivales; y un estudioso obseso de cada delantero al que me enfrentaba, al que me pegaba desde el minuto 1 para analizarlo y saber de qué pie cojeaba, o más bien con qué pie le pegaba, driblaba o pasaba. Era uno de estos defensores de los que se suele decir que “o pasa el hombre o pasa el balón”, pero nunca ambos. Estas cualidades hicieron que el club verdiblanco pasara por alto mis limitaciones técnicas y apostaran, cuando menos, por darme la oportunidad de demostrar mis prestaciones dentro de su equipo.
De manera que ahí estaba yo, camino a Sevilla en un coche con mis padres, con un silencio sepulcral a la par que incómodo que duró la práctica totalidad del viaje (fueron unas 3 horas aproximadamente). Era una ciudad desconocida para mí, excepto por sus dos equipos. Siempre me había caído mejor el Betis que el Sevilla y cuando salí de la ciudad ese sentimiento estaba más que fortificado. No sólo había crecido con un Betis lleno de jugadores vistosos a los que admiraba, como Denilson, Marcos Assunçao, Alfonso o incluso un jovencísimo Joaquín (con su finta y su sprint), sino que su afición transmitía una alegría y un buen rollo por los que no era en absoluto difícil sentir simpatía. Y justo los colores de ese equipo que me caía tan simpático iban a ser los que vistiera en el entrenamiento de esa tarde. Quizás hasta tuviera la suerte de poder ver a alguno de aquellos jugadores a los que veía por la tele en aquella época en la que no era tan caro ver el fútbol. No sabía en ese momento que el Sevilla iba a ser casi tan protagonista de aquel viaje como el propio Betis.
Nos aproximábamos ya a la ciudad cuando mis padres repararon en un detalle que hasta ese momento les había parecido nimio: no teníamos ni repajolera idea de cómo llegar al lugar al que nos habían citado, el estadio por entonces llamado Ruiz de Lopera y hoy conocido como Benito Villamarín. En esa época no disponíamos de GPS ni de las tecnologías que hoy nos facilitan cualquier viaje, por lo que hasta entonces habíamos tirado de mapa, pero dentro de la ciudad el reto iba a ser más complicado. Lejos de preocuparse, y con ese arrojo que lo caracterizaba entonces y lo sigue caracterizando a día de hoy, mi padre, envalentonado como él sólo, nos dijo:
-Nada, nada. Preguntando se llega a Roma.
Seguramente, si hubiéramos intentado llegar a Roma sin preguntarle a nadie nos hubiera ido bastante mejor que aquel día. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que paramos a pedir indicaciones (“siga por aquí recto y pregunte más adelante” era la frase más repetida). Creo que fue la sexta persona a la que preguntamos (aunque tampoco puedo asegurarlo) la que por fin se extendió algo más en sus indicaciones. Mi padre, incapaz de reprimir su orgullo paternal, se iba asegurando de que me avergonzaba lo suficiente contándole a todo el mundo al que le pedía orientación el motivo de nuestro viaje y el porqué el estadio del Betis era nuestro destino. A aquel hombre, sevillano de boina en testa y palillo entre los dientes, no le impresionaron demasiado sus palabras y se limitó a darnos unas indicaciones bastantes precisas (con los nombres de las calles y avenidas, e incluso prestándose a escribírselas a mi padre) con un marcado acento sevillano.
Mi padre, muy seguro de sí mismo, agarró ese papel con determinación y siguió las instrucciones como si le fuera la vida en ello. No fue hasta diez minutos después, cuando encarábamos en la autovía un cartel que marcaba Camas, que nos dimos cuenta de que aquellas indicaciones tan precisas que nos había dado aquel caballero nos habían mandado fuera de la ciudad. Cada vez más nerviosos porque el tiempo apremiaba, dimos la vuelta, hecho una furia mi padre y medio divertida mi madre, y nos encaminamos de nuevo hacia la ciudad, pero esta vez quiso sonreírnos la diosa fortuna (o dejar de burlarse de nosotros, más bien) y en el primer semáforo que nos obligó a detenernos, un furgón rotulado con el escudo y los colores del Betis se detuvo junto a nosotros. Le contamos lo sucedido al conductor en aquel parón, el tipo sonrió ante el descaro del sevillista que nos había dado aquellas indicaciones (pues ya no cabía duda alguna de que lo era), se compadeció de nosotros al no querer hacer demasiada sangre del asunto y se ofreció a hacernos de guía, pues él mismo se dirigía al estadio, de hecho.
No me queda más que quitarme el sombrero y reconocer mi admiración hacia aquel aficionado sevillista
Conocía de sobra la rivalidad de ambas aficiones pero no fue hasta que la vivencié en mis propias carnes que me di cuenta de la magnitud de la misma, tan grande que a un aficionado sevillista le dio absolutamente igual pasar por encima de la ilusión de un niño que estaba a punto de vivir una de sus mejores tardes futbolísticas sólo porque esta sería con una camiseta verdiblanca.
En su momento, albergué cierto sentimiento si no de odio, sí de incomprensión o antipatía contra aquel hombre por aquella jugarreta que de tan mala leche nos puso en el momento por el estrés que nos generaba pensar que no íbamos a llegar a tiempo a nuestro compromiso. Hoy en día, ya en frío gracias al paso del tiempo y a que cuento con esta anécdota en el bolsillo para sacarla cuando lo precise, debo reconocer que no me queda más que quitarme el sombrero y reconocer mi admiración hacia aquel aficionado sevillista. Donde otros hubieran caído en el desprecio o se hubieran negado a contestarnos con un “soy del Sevilla, pregunta a otro”, aquel caballero fue capaz de mantener el temple y, sobre todo, aguantarse las carcajadas que seguramente le estaban quemando por dentro, y con toda la seriedad y convicción del mundo darnos aquellas instrucciones que ponían tierra de por medio entre nosotros y el estadio de aquel equipo al que estaba destinado a odiar con todo su ser por toda la eternidad.
Gracias a aquella tarde y a aquel sevillista, hoy tengo el mejor ejemplo de que la rivalidad Sevilla-Betis que viven ambas aficiones no se limita al derbi que paraliza la ciudad del Guadalquivir durante unas horas (a veces incluso días), sino que es una suerte de contienda interna adherida al alma de los futboleros de la capital andaluza, acompañándolos como su sombra y manteniendo la intensidad del juego durante los 90 minutos que duran los 365 días del año.
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Buenos días, queridos amigos.
No por mucho madrugar va a aparecer el portanálisis más temprano. O a quien madruga, Twitter no lo ayuda. Nos hemos levantado refraneros, qué le vamos a hacer. Otra cosa muy distinta será que sepamos utilizar correctamente las sabias enseñanzas que nuestro refranero popular nos ofrece. Para nosotros, el que ríe el último, ríe más tarde, o donde fueres, haz lo que vieres, excepto en el Metropolitano, claro. El día pinta refranero y oro, o de oro y ganas, que no grana.
Ganas de fútbol en el Bernabéu, decíamos, ganas de disfrutar de un buen partido, de ver a Karim con el Balón de Oro más merecido que recordamos desde tiempos inmemoriales. O no tanto, desde el de Luka Modric, al menos, aquel “fichaje de medio pelo” bien dotado de cabellera. Y miren sus detractores que el refranero ya advertía que “donde hay pelo hay poesía”, aunque creemos que el significado del dicho era otro algo diferente.
Podríamos no pasarnos con las ganas para no caer en aquello de “tarde de expectación, tarde de decepción”, pero lo adaptaremos a nuestro gusto: “noche de Real Madrid-Sevilla, noche que la pifias o noche de maravilla”. Esperemos que sea esto último, aunque el Sevilla es ese equipo peligroso que lo mismo pierde contra el último clasificado que se transmuta en el Brasil de 1970 cuando juega en el Bernabéu. Cuestión de motivación, “más vale saña que fuerza”. Por ello, remitiremos a Sampaoli al refranero adaptado para recordarle que quien no arriesga, no gana en el Bernabéu, por si le da por aparcar el autobús en el hotel. Jorge Sampaoli, tipo curioso, una mezcla del Cholo tribunero sin injertos con la exaltación de su tocayo D’Alessandro y los brazos de Dwayne Johnson.
Las celebraciones previas a los partidos suelen ser augurios de partidos complicados, un despiste en el que no deben caer los nuestros, que permanecen en ese estado de placidez que tanto detestan los periodistas, como pudo comprobarse ayer en la rueda de prensa de la previa al partido. ¿Es posible que alguien preguntara ayer a Ancelotti si le preocupaba “el estado de tranquilidad que se vive en el club”? Pues claro que es posible, sucedió.
As, por su parte, se centra en los reencuentros que se producirán esta noche en el Bernabéu: Courtois, quien fuera Guante de Oro del último Mundial y reciente premio Yashin al mejor portero del mundo y (seguro) la galaxia, volverá a situarse bajo palos tras su ausencia por lesión e Isco visitará el campo que lo vio jugar unos cuantos años y ocupar el banquillo otros tantos. Pero sin duda el gran reencuentro que puede depararnos esta noche es el de Monchi en su escenario favorito. Monchi es ese individuo que aparece dos o tres veces por temporada: cuando presenta un fichaje y cuando raja en el Bernabéu. Es casi más famoso por lo segundo que por lo primero, y desde la redacción de La Galerna deseamos que no tenga que venir su prima a llamarle al orden como en noches anteriores.
Por una vez y sin que sirva de precedente, hay hueco para la Euroliga en la portada (nada en la de Marca, por cierto). Lo sorprendente es que lo haga para destacar la victoria de los de Chus Mateo sobre el Estrella Roja cuando lo habitual es que solo se asome a las portadas en las derrotas. Más espacio ocupa un curioso titular en el faldón superior:
“Gavi y el Real Madrid triunfan en el Golden Boy”.
Dejando a un lado el sonrojo que provoca ver al agresivo jugador culé por delante del club más grande de todos los tiempos en el titular, sorprende que Florentino, Benzema y Ancelotti hayan podido ser elegidos “Golden boy”, chicos de oro a sus años, pero igual que hubo unas “chicas de oro” octogenarias, ya hemos visto en esto de las votaciones de los premios que todo es posible, hasta que el ganador de la Champions sea el tercer mejor equipo del año por detrás de dos de sus víctimas.
Gavi con el traje y flequillo de la confirmación y un titular que nos remite a aquella peli de Eddie Murphy del mismo título, El chico de oro. En aquella película, Eddie Murphy daba alguna patada más que otra y tenía muy poca gracia cada vez que abría la boca, así que no podemos estar más de acuerdo con el titular escogido. No es oro todo lo que seduce a los que eligen determinados premios. Y como el tiempo es oro, concluimos ya con la portada de Sport, dedicada a la “brasileñización” del polaco Lewandowski.
Goles importantes que sin duda contribuirán a asegurar la Europa League. Lo divertido puede estar en la noticia que aparece impresa sobre Peléwandowski: “El Barça quiere acelerar la salida de Piqué”. Quien tiene boca, se equivoca, pero a quien tiene bocaza y sueldo estratosférico, se le espera. Veremos cómo acaba el culebrón.
Pasad un buen día.
Un Sevilla en proceso de cambio se presenta en el Santiago Bernabéu. Sampaoli ha tomado las riendas del equipo andaluz hace tres semanas y todavía está lejos de mostrar la cara que presente del técnico argentino. La irregularidad prosigue pese al nuevo inquilino en el banquillo y aunque ha conseguido alguna victoria, como en Mallorca, le está costando encadenar varios triunfos seguidos. El pasado martes sufrió para empatar frente al Valencia en casa y pudo perder el choque de no parar Bono un penalti en el descuento. Las bajas continúan siendo muchas e importantes: Fernando, Tecatito, Rekik, Nianzou o Acuña. A ello hay que sumar la sanción de Kike Salas, expulsado ante los ché. De esta forma y con dudas respecto al sistema que puede ser, tanto 1-4-2-3-1 como un equipo con tres centrales, el XI probable sería: Bono en el marco, Montiel-Salas-Marcao-Telles la defensa, Gudelj-Rakitic el doble pivote, una línea de tres por delante con Isco-Óliver-Lamela y Rafa Mir arriba.
Uno de los aspectos en los que más incide Sampaoli como entrenador. Una presión intensa y hombre a hombre persiguiendo por muchas zonas. Sin embargo, queda mucho para que esta presión cuaje y sea efectiva en los hispalenses. Hay trabajo por delante para el técnico argentino. Por ello, es bastante plausible que el Sevilla no se vuelva loco a ir arriba y en muchos momentos, al menos con el partido igualado, busque esperar al Madrid en su campo, con un bloque medio. Si el choque se tuerce, se abrirán e irán para arriba a buscar el robo y poner en dificultades en la salida al Real Madrid. Un conjunto compacto y con muchas ayudas será la idea del argentino. El equipo blanco, como en casi todos los partidos ligueros, deberá armarse de paciencia, circular el balón rápido y en pocos toques hasta desarbolar el sistema de Sampaoli.
Es un apartado en el que el Sevilla ha sufrido bajas importantes e irreparables. Tanto Koundé como Diego Carlos disponían de un pie fantástico para el pase en corto batiendo líneas el primero, y el desplazamiento en largo y cambios de orientación el segundo. Eso ha desaparecido y los centrales de esta temporada tienen otras cualidades pero no esas. Si juega Gudelj atrás, que es un pivote, sí podrán ganar algo de salida en ese aspecto Por tanto, la conexión con el pivote o la salida por las laterales será una opción a barajar por Sampaoli si el Real Madrid se decide a presionar arriba como hizo bastante bien en Elche. La opción de mucho balón en largo para que alguno de los delanteros grandes de los que disponen como Mir o En Nesyri también está sobre la mesa. Los dos son puntas que van muy bien por arriba, peleones y batalladores con los centrales y que son capaces de bajar el balón y descargar a los medios o de abrir a bandas.
La seguridad, eficiencia y solidez de antaño ha desaparecido. De ser el equipo menos goleado la temporada pasada a acumular un total de 14 encajados en diez partidos. El octavo de Primera que más goles recibe. La pareja de centrales es un quebradero de cabeza. Marcao parece que jugará, pero apenas ha tenido continuidad por las lesiones. Los dos canteranos, Carmona y Salas, no dan firmeza atrás y han cometido errores groseros. A ello hay que sumar la baja por lesión de Nianzou, una de las apuestas de Monchi este curso y que fue fichado procedente del Bayern. El joven francés tiene futuro pero su realidad ahora es que está muy lejos del nivel de sus predecesores Koundé y Diego Carlos. El Sevilla, de ser un conjunto muy complicado de marcar, se ha convertido en un flan atrás y ha recibido dianas en todos los partidos ligueros menos en Mallorca hace diez días. La baja de Fernando en el pivote también influye porque es el dueño del pasillo de seguridad hispalense. Sin él, se pierde contención, robo y oficio y las grietas se acumulan sin su presencia. El arquero Bono está a buen nivel, pero le llegan y le disparan más que la campaña anterior, con lo que su porcentaje de paradas ha decrecido. En los laterales es probable que estén los sudamericanos por delante de Navas y Telles. Montiel es un lateral diestro con mayor virtud ofensiva que defensiva y es algo que tendrá que aprovechar Vinicius. Por el otro lado, Telles también va mejor para arriba, pese a su sacrificio y brega. Ambos, eso sí, sufren en balones desde la banda que van al segundo palo. Por último, el Sevilla también ha perdido poder aéreo, un aspecto interesante para abrir el partido en cualquier jugada a pelota parada.
El Sevilla tiene jugadores de muy buen pie pero a los que les falta más velocidad y profundidad. El listado es amplio: Isco, Lamela, Papu, Óliver, Rakitic, Jordan… Además, hay que contar con que varios de ellos no están ya en el prime de su carrera, sino en un declive evidente. En la punta, cuentan con tres delanteros, Mir, En Nesyri y el recién fichado Dolberg. Sus números anotadores son muy pobres hasta la fecha, con un solo tanto entre los tres. Un apartado de su plan ofensivo que busca Sampaoli es la amplitud y la decisión en las bandas, con dos jugadores que salen hacia dentro para filtrar balones o combinar a la vez que los laterales, que son muy ofensivos, doblan por el carril y llegan hasta línea de fondo. Tanto Montiel como Telles meten grandes centros y es un aspecto en el que tener mucho cuidado, puesto que Mir y En Nesyri van muy bien por arriba. La cruel realidad es que el Sevilla únicamente ha marcado nueve tantos en nueve partidos y es el séptimo peor equipo de la Liga en este ranking.
El Sevilla que le gustaría ver a Sampaoli sería un equipo con gusto por la posesión aunando verticalidad y con un alto ritmo de juego. Un equipo muy intenso, fuerte y rápido lo que supone un altísimo desgaste de los jugadores a nivel físico. Está lejos de ello y le faltan piezas, sobre todo en la línea de tres, para conseguirlo. Movilidad, capacidad asociativa en pocos toques y rapidez están marcadas en rojo en la libreta de Sampaoli. Poco queda de aquel equipo muy bien trabajado en lo táctico por Lopetegui y que destacaba por su rigor, el trabajo colectivo y la energía y vigor en todas sus acciones. Ya no es un equipo difícil de superar y de batir y al que hay que golpear muchas veces para hacerlo caer. Su bagaje general indica que ha perdido cuatro de los nueve partidos y conjuntos importantes esta temporada como Barça y Atlético no tuvieron demasiados obstáculos para vencer con claridad y solvencia. Otras estadísticas que sobresalen en lo negativo son que es el equipo que más pases falla en su campo, con lo que presionarlos arriba es una oportunidad para que se desangren, o que es la escuadra más dura en cuanto a amonestaciones con 38 amarillas y dos rojas directas a estas alturas del campeonato.
No es una tarea sencilla porque no hay ningún futbolista sevillista destacando sobremanera. Los delanteros están en crisis goleadora y alguno de los jugadores de más talento, como los argentinos Papu y Lamela o el gaditano Suso, están lejos de su mejor estado de forma. En Liga el futbolista que ha dado mejor rendimiento hasta la fecha es Óliver Torres. Además, es el mejor artillero con tres dianas. El canterano del Atlético es uno de los enlaces del equipo en la zona de tres cuartos para conectar con los puntas. También baja mucho a recibir y a apoyar a Isco o Rakitic en la organización. Este curso se ha distinguido por llegar más al área o cerca de la frontal, donde está probando su buen disparo.
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