Hola de nuevo:
Para algunas personas —especialmente para aquellos que hemos renunciado a salir en Nochevieja—, la mañana del primer día del año suele poseer un carácter simbólico excepcional. Todos los amaneceres tienen siempre algo de hoja en blanco, pero en pocas situaciones más dicha condición se muestra de manera tan plenamente manifiesta. Todo parece estar por hacer, y a la vez cualquier rumbo nuevo parece factible. En este sentido, considero que la mañana del 1 de enero podría catalogarse como profundamente madridista, no en vano ya conoces mi opinión de que lo que convierte a nuestro club en especial es su naturaleza de perenne antídoto optimista contra el paso del tiempo. Al fin y al cabo, la vida es un desmentido constante de la posibilidad de la hoja en blanco, pues consiste en una sucesión de renuncias y de momentos irreversibles que impiden los nuevos comienzos idénticos, vírgenes e ilusionantes: la muerte de un familiar, la pérdida de una amistad, una ruptura amorosa, la marcha de casa de un hijo, la decadencia física del envejecimiento, los efectos de una mentira, el diagnóstico de una enfermedad crónica… Puntos de inflexión a partir de los cuales uno se puede reinventar, desde luego, pero ya nada es lo mismo. Puntos de inflexión que no permiten los 1 de enero totales y absolutos.
Sin embargo, frente a las opciones que se cierran en la vida, de manera imprevista y para siempre, el Madrid es una puerta de par en par al reencuentro con lo inmutable. Una columna parménica que resiste orgullosamente en medio de la liquidez de las biografías actuales. Despojado de la red del relato de la que gozan sus máximos rivales —da igual lo que les suceda porque siempre tendrán premio de consolación literario—, se ve obligado a jugar a tumba abierta cada encuentro y cada campeonato. Da igual atesorar doce que catorce que veintiséis. Borrón y cuenta nueva. La injusticia de que no cuente nada de lo que has conseguido supone a la vez el privilegio de una infinita nueva oportunidad. Un eterno retorno salvador. Se trata, en fin, de transformar el inconformismo, paradójicamente, en zona de confort. Nada tienes, salvo una inagotable bola extra. Una casilla de salida permanente como refugio contra los finales abruptos y definitivos. El Madrid es ese oasis que la vida real se afana tanto en negarnos, aquel donde el calendario siempre marca el 1 de enero.
El Madrid es ese oasis que la vida real se afana tanto en negarnos, aquel donde el calendario siempre marca el 1 de enero
Una vez asumida la afortunada certeza de que nunca faltarán retos para el madridismo, podemos observar aquellos específicamente dispuestos para 2023. Indudablemente, el objetivo principal consiste en repetir la peor pesadilla de Ceferin, alcanzando una nueva final europea el 10 de junio en Estambul. Para ello habrá que enfrentarse a un Liverpool por desgracia descolgado de otras metas que lo distraigan, peligrosamente herido y con cuentas pendientes con nosotros, para el que somos algo así como lo que el Milán de Sacchi fue para la Quinta. No obstante, antes de que esa eliminatoria nos ciegue, resultará necesario no perder el pulso a una liga en la que un desesperado y hambriento Barcelona ha puesto toda la carne —en forma de dinero, voluntad e influencias— en el asador, como se aprecia en los discursos de Xavi mostrados en el documental propagandístico que han vendido a Amazon.
Por si fuera poco, este año hay toda una guarnición de títulos menores con los que podríamos salpimentar ambos platos principales. Antes de que alces la ceja y despaches con un mohín de desidia “esos trofeíllos de poca monta”, te concederé que, si bien el término sextete es una catetada pretendidamente fashion, ajena a tu época e inventada para tratar de hipertrofiar un logro puntual que minimice las dolorosas distancias de una comparativa excesivamente cruel, la lucha por la consecución de esos campeonatos no tiene por qué constituir una genuflexión ante un discurso foráneo. Al contrario, se puede justificar perfectamente desde la perspectiva madridista. Hace demasiado tiempo que no hemos redondeado a las decenas el palmarés de la Copa, y ya va siendo hora. Y un Mundialito de clubes siempre ratifica el estatus global del Madrid, más aún cuando uno de los rivales es el Flamengo, histórico club brasileño que promete un partido emocionante y que pertenece a un mercado estratégico al que se acude a menudo.
Nadie puede garantizar si el año que se avecina será feliz o triste. En cambio, sí se puede afirmar sin temor a errar que, desde el punto de vista merengue, se tratará de un año apasionante. Lo que, por otro lado, para el Madrid no supone ninguna novedad. Afortunadamente.
Te deseo un próspero 2023. Cuídate. Volveré a escribirte pronto.
Pablo.
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La Liga acompaña. Es su más noble misión. Pones la tele, la radio, echas una cabezada y cuando te despiertas sigue el partido o ha empezado otro, qué más da. Recuperas al portero del Cádiz. A Joselu de mi vida. Al Cholo Simeone. Anda, mira hay un tío que parece Benzema. El árbitro Mateu besa al entrenador Xavi… Compañía.
Y está la sorpresa. La última fue sensacional. Resultó que del círculo de amigos de no-se-puede-judicializar-la-política surgió la gran idea de judicializar el fútbol. Y allá que se fueron los directivos del Barça a un juzgado de Madrid. Toma inri. Directivos militantes algunos en las filas más prietas de la desjudicialización universal. La excusa, que los tíos que forman el Tribunal de Arbitraje Deportivo no habían resuelto un asunto del 8 de noviembre. ¡Qué arte! Y eso, que se plantaron en el juzgado de ‘Madrit’.
—Oigan, que liberen ustedes a Lewandowski.
—Vale.
Resultó que del círculo de amigos de no-se-puede-judicializar-la-política surgió la gran idea de judicializar el fútbol. Y allá que se fueron los directivos del Barça a un juzgado de Madrid
El objetivo es el mismo: pasarse sentencias y similares por el arco del triunfo. ‘Quícir’: hacer lo que les dé la gana. En el mismo saco van el delantero polaco, la enseñanza del español en Cataluña, un golpe de estado, el dinero mangado. Todo eso. No se debe judicializar. A no ser que me favorezca, claro.
El fallo del juzgado madrileño permitió que el 9 titular del Barça jugara el derbi entre el regocijo de los vende burras que nos vendieron esta como gran éxito de los servicios jurídicos del Barça. En todo caso fue el único éxito del club en este asunto. La cosa, como ustedes saben, acabó en empate. Y el duelo de arietes, con triunfo visitante. Joselu, 1 - Lewandowski, 0. Y lo mollar: ¿ustedes imaginan algo parecido en la Premier, la Bundesliga? ¡Jaaaaja! Pues eso.
Fue justicia, no sé si divina, pero justo fue que el mangoneo fracasara. Además, Lewandowski no se enteró y fue el jugador azulgrana que menos tocó la pelota, incluido el portero Ter Stegen. Y el Espanyol se llevó un puntito con el gran recochineo de hacerlo tirando una vez entre palos y por el centro de la portería. A los pericos les faltó sacarse la minga, perdonen ustedes.
El objetivo es el mismo: pasarse sentencias y similares por el arco del triunfo. ‘Quícir’: hacer lo que les dé la gana. En el mismo saco van el delantero polaco, la enseñanza del español en Cataluña, un golpe de estado, el dinero mangado
El día antes, el Madrid ganó en Pucela. Al juzgado habría que mandar a los tíos que han decidido que la mayoría de manos en el área son penalti. Digo la mayoría porque en el mismo partido hubo una de Javi Sánchez y no la pitaron. Entiendo que porque pasó en la otra portería.
Oigan: en lo que hasta hace un tiempo llamábamos fútbol porque era fútbol y no esto, penalti ni la una ni la otra. Ni la de Asensio ante el Girona. Ni la de Militao que le costó una Liga al Madrid, la última que no ganó. Ninguna.
¡Que lo pone el Reglamento! Es el grito de los explicadores. Ya y es eso: es el Reglamento lo que debe cambiar pues lo tocaron y lo jorobaron. El árbitro no es culpable. Si usted rebaja penas a condenados, el juez aplica la cosa y lo que eran 7 años se convierten en 5. O el tipo sale a la calle. Lo que dice el Código Penal, el Reglamento. No es tan difícil, ¿eh?
No es problema del árbitro, al que debe dar vergüenza pitar mucho de lo que pita. El problema son los responsables del desastre. Los que deciden que un tío salta pegado a dos rivales con la noble intención de despejar, él, y de rematar los otros. La acción le lleva a estar de espaldas, la pelota vuela, le golpea en el brazo… y pitan penalti. La máxima pena.
es el Reglamento lo que debe cambiar pues lo tocaron y lo jorobaron. El árbitro no es culpable. Si usted rebaja penas a condenados, el juez aplica la cosa y lo que eran 7 años se convierten en 5. O el tipo sale a la calle. Lo que dice el Código Penal, el Reglamento
¡Ocupa un lugar no natural! Eso también dicen. Váyanse ustedes al carajo. No se ha inventado dejar los brazos en el vestuario, jugar y recuperarlos después. ¿Qué le pedimos al defensa, que intente jugar la pelota, esté atento a los rivales y también donde tiene un brazo o los dos? ¿Es futbolista o trapecista, un sobrino de Pinito del Oro? ¡Qué espanto!
Y luego, Vinicius. Más insultos racistas. Puso un tuit y replicó Tebas argumentado que su Liga persigue esa vergüenza. Ya. Tiene un comité que denuncia lo que sucede en los estadios. Y luego, si acaso se ocupan otros, la policía por ejemplo. A veces hay sanción como fue el caso de Iñaki Williams en Cornellá. En otros, Vinicius en el Camp Nou, no dieron con el tarado insultador pese a las mil cámaras que siguen un Clásico. Y se archivó. Veremos ahora.
La Liga puede hacer algo más, en su potestad está cerrar campos o así. Y no lo hace. Por ahí le duele a Vinicius y a toda persona de bien. Siga denunciando, Tebas. Actuando y con el mazo dando. Usted actúa, implacable, y que le siga quien corresponda. Si es capaz de encontrar al o los insultadores. Es eso. Vinicius tiene razón.
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Buenos días y feliz 2023, queridos amigos. Esperamos que ya estéis recuperados de los posibles excesos de las celebraciones de Nochevieja. Nosotros de lo que no estamos recuperados es de los excesos de según quién, por ejemplo de Javier Tebas, que tras un lamento en las redes sociales por parte de Vinicius, en el sentido de que la Liga no le protege de los cada vez más frecuentes insultos racistas, ha optado por regañar al brasileño.
Una liga de fútbol es una competición deportiva cuyo éxito depende de su capacidad para atraer audiencia. Dicha audiencia depende a su vez de la calidad del fútbol que en ella se practique, variable que a su vez está condicionada por las estrellas que la adornan. Por la propiedad transitiva, el éxito de la liga depende de sus estrellas. Casi nos atreveríamos a decir que, más concretamente, de sus delanteros estrella.
La Liga española tiene pocos jugadores dentro de esa categoría. Hay dos cracks consagradísimos que afrontan su inevitable declive, como Benzema y Lewandowski. Tiene promesas de enorme potencial que siguen siendo grandes incógnitas en sus clubes, como João Félix. Delanteros de enorme potencial futuro ya plenamente refrendado (con lo que queremos decir confirmado por grandes títulos en los que tuvo un papel decisivo) la Liga española sólo tiene uno, y se llama Vinicius Jr. El brasileño es el único valor seguro en el porvenir de la Liga, al menos en lo que respecta a atacantes capaces de brindar el espectáculo que el espectador demanda. Otros tienen grandes carreras detrás. Otros tienen grandes carreras por delante. El único en su especie que tiene ya ambas cosas es Vini.
Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, maltrata a esa estrella. Vinicius ha recibido insultos racistas en varios estadios de España, entre ellos el Nou Camp, el Metropolitano y Zorrilla. No solo eso: ha sido insultado de manera xenófoba desde varios medios de comunicación. Tanto una cosa como otra han movido el chico a emitir comentados lamentos en sus redes sociales.
¿Cómo ha reaccionado la Liga, es decir Tebas, al lamento de Vinicius? Pues parece difícil de creer, pero Tebas ha reaccionado a las manifestaciones de su máxima (¿única?) estrella de presente y a la vez de futuro echándole la bronca.
Es decir, Tebas considera que corresponde no solo negar cualquier atisbo de razón al fenómeno, sino hacerlo a través de ese pellizco de monja. Es un tono de agrio reproche, incompatible con el que usaría cualquiera que considere importante a su interlocutor. Es posible —aunque difícil— que Tebas piense genuinamente que Vini no tenga razón en sus quejas, pero incluso dentro de esa generosa hipótesis, ¿no cabría un mínimo de tacto y empatía con quien (aquí seguro que los sentimientos son genuinos) se encuentra legítimamente indignado? Ni el alguien es cualquiera ni el asunto es baladí. Hay que ser muy torpe y/o muy malintencionado para expresarse en esos términos, dando lecciones y haciéndose el estupendo. Teníamos a Tebas por muchas cosas, pero no por un perfecto patán.
Sorprendentemente, solo Sport dedica un espacio al asunto en estas primeras portadas del año, y lo hace dándole un hueco ridículo en un faldoncillo. El protagonista de la portada de Sport es Xavi Eastwood, perdón, Clint Hernández, trasunto de Tarrasa de William Munny.
La verdad, por mucho que el Barça tuviera que empatar con el Espanyol a pesar de la ayuda de nada menos que la justicia ordinaria, que liberó a Lewandowski de su sanción (leed a Jesús Bengoechea), no vemos a Xavi liándose a tiros y saliendo del vestuario al grito de “Ahora voy a salir, si veo a algún cabrón ahí fuera le mataré. Y si a algún cabrón se le ocurre dispararme no solamente le mataré a él, sino que mataré a su mujer también, a todos sus amigos, y quemaré su maldita casa, ¿me habéis oído? Y como alguno de vosotros vuelva a empatar, volveré aquí y os mataré a todos, malditos hijos de perra”. No, no es el tipo de testosterona que se gasta el jardiner, cuyos besos con Mateu Lahoz harían estremecerse de tensión carnal al heterosexual más pintado. Nosotros como Clint vemos más bien a Joselu, por ejemplo, delantero del Espanyol con pasado (y cuñadez) merengue que mandó callar al Camp Nou emulando el gesto sempiterno de Raúl. El Spotify había hecho sonar su playlist más agresiva contra los pericos, y estos la acallaron con un par de perendengues. Leed hoy a un eufórico Tomás Guasch sobre el derbi catalán. Hay en el “Mira, chato” de nuestro muy ilustre colaborador, a la sazón Ministro de Deportes de Tabarnia, frases lapidarias, como por ejemplo esta: “Del círculo de amigos de no-se-puede-judicializar-la-política surgió la gran idea de judicializar el fútbol”.
Eso, y lo de Joselu, sí que es ser William Munny, amigos de Sport.
Como hace Sport, Mundo Deportivo da cuenta del fiasco culé, cargando las tintas contra Mateu Lahoz, que en la foto aparece sacando la amarilla a un Xavi cada día más parecido al Padre Apeles y menos a Clint Eastwood. Después del beso llegó la tarjeta, pues es el amor una montaña rusa de éxtasis y decepción continua que solo el matrimonio es capaz de hacer desembocar en el pantano calmo y proceloso de la rutina.
Y poco más, amigos. Que Modric espera que el Madrid le ofrezca la renovación (la deseamos todos, en la esperanza de que el maldito mundial no haya agotado sus últimos restos de aguante físico), que el gran madridista que es Carlos Sainz ha ganado una etapa en el Dakar (enhorabuena), que hay una “cumbre” por Bellingham (la letra pequeña nos deja claro el énfasis excesivo de la palabreja) y que hoy juegan el Madrid y el Barça de los canastos en el mismo Wizink Centre donde el último viernes del año pasado coronaron los Hombres G 40 años de gloriosa carrera.
Vamos a pasárnoslo bien.
Desde aquí digo, a 31 de diciembre de 2022, que no creo que Bellingham sea mejor que Tchouaméni ni más influyente en el juego del Madrid. Quizá es una apuesta prematura, pero Tchoauméni es el jugador que viene a rematar la política de fichajes de jugadores muy buenos en lo técnico y, sobre todo, superiores en lo físico.
Dicen que viene Bellingham, y solo queda pensar que la planificación es tan buena que faltan dos defensas para tener el 11 titular de los siguientes ¿12 años? Aquí tiro este sueño hecho prácticamente realidad: Lunin, defensa 1, Militão, defensa 2, Valverde, Camavinga, Tchouaméni, Bellingham, Rodrygo, Endrick y Vinicius. Suenan ya los Alphonso Davies o Reece James, y suenan por algo.
Pero vayamos a Zorrilla, donde el Madrid pretendió en la primera parte jugar como si Kroos fuera Tchou y como si Ceballos fuera Kroos. No salió, aunque la primera mitad fue entretenida, con un Valladolid señor en todos los aspectos del juego y un árbitro con buena pinta. Jugar con el Valladolid, en su campo y en los meses de invierno está a la altura de ir a Bilbao, San Sebastián o Sevilla. Sergio León, expulsado, y Fresneda fueron más señores que el 95% de los jugadores que se han enfrentado al Madrid este año. Además de esto, Fresneda tiene un pintón y leo que tiene 18 años.
La segunda parte fue cayendo por su propio peso porque, a cada cambio del Madrid, el partido se iba inclinando hacia la portería de Masip como si Carletto tuviera un gato y fuera levantando con él un lado del césped. Cuando salieron Camavinga y Tchou, y con la expulsión de León, el Valladolid sabía que era imposible rematar a puerta en condiciones y solo quedaba esperar al final, como el que espera a la muerte.
Al final, da la sensación de que el Madrid ganará la liga si Benzema es Benzema. Con 20 goles producidos por el gato de aquí al final bastará, tengo la sensación.
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Cuando Paco Gento murió, Pelé lanzó un comunicado de condolencia por la muerte de la persona que encarnó una leyenda. Entonces surgió la obligación de corresponderle y que cumplo ahora con pena en el alma, porque Pelé fue un gran ídolo de mi infancia: ha muerto el protagonista de La Leyenda. A ambos les unió el fútbol en unas cuantas ocasiones y con el hecho de ser los más galardonados en la Copa de Europa y en la Copa del Mundo, respectivamente. Y a ambos les unió la vida en el año de la muerte.
No vi jugar a Di Stéfano, pero sí como derrumbaron al ídolo con patadas escalofriantes en el Mundial 66. Los ojos del planeta estaban puestos en el brasileño, que acostumbraba a girar para asombrar estadio tras estadio. Amén de un acto económico, aquellas giras eran un acto de justicia artística. Ya que nunca se permitió salir de Brasil, el resto del mundo tendría la oportunidad de ver en acción la belleza, la armonía, la precisión, la celeridad. Un Apolo y Aquiles, el de los pies alados, vestido de futbolista, concretando lo que nadie había hecho, anticipando el futuro en decenios.
Su repertorio fue inagotable, y reapareció ante nuestros ojos como el eje del Brasil del 70, con la mente preclara y el arco afinado, y su capacidad de sorprender al resto de la humanidad. Aprovechó la inercia del pase y la fuerza de sus piernas para quebrar a un perplejo Mazurkiewicz sin tocar el cuero, quedando el portero burlado y en medio del acto: por un costado Pelé, por el otro el balón, ambos fuera de su alcance. O aquel lanzamiento desde medio campo, el primero que veía el planeta.
Estos días se cuenta que, por fin, Messi tiene su Mundial. Imagínense lo que es tener tres mundiales con la presión de la canarinha, que después de Pelé sólo ha conseguido dos en cincuenta y dos años, y antes tuvo que soportar el maracanazo. Entre mundiales marcó goles de todas las maneras conocidas, mostrando la finura de Puskas y el físico de un velocista jamaicano. Pura fuerza, talento inusual y descollante, tan exagerado que la mayoría de sus compañeros, también los de delantera, no lo conocían cuando fue seleccionado para el Mundial 58.
Allí se gestó el mito, y no tardaría en convertirse en icono mundial. Pelé es el Alí o el Jordan del fútbol, alguien sorprendente y cautivador hasta para los neófitos. Una fuerza endiablada, carismática y certera que vino a este mundo para convertirse en un futbolista que cambió su deporte. En un personaje reconocido en todo el mundo. Un beatle con botas, que trascendió al fútbol, hasta tal punto que le obligó a declarar que, “donde quiera que voy hay tres iconos: Jesucristo, la Coca-Cola y Pelé”.
¡Dios salve al rey!
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Buenos días, queridos amigos.
El cielo es azul, el agua moja, el año 2022 finaliza en unas horas y La Liga está peligrosamente preparada para el Madrid. Son hechos, evidencias, y como tales no necesitan ser demostrados. Son así, cosas que pasan, igual que a cada lunes sucede un martes y que en Nochevieja se despelota Cristina Pedroche. Cuando el Real Madrid tiene un partido atascado como el de ayer en Zorrilla le llega el comodín en forma de penalti y expulsión, porque, como todos sabemos, La Liga está peligrosamente preparada para el Madrid.
Lo que ocurre es que a veces el estamento, el Tinglao (árbitros, Tebas, comités, medios) disimula. Cuando Simeone dijo aquello de que “La Liga está peligrosamente preparada para el Madrid” y el F.C. Barcelona acabó la temporada con un saldo de 19 penaltis a favor y uno en contra, era solo para disimular, para tratar de equilibrar una competición que en todo estaba inclinada a favor de los blancos. Porque no hace falta demostrar que Florentino controla el VAR, el estamento arbitral, a Javier Tebas y sus calendarios, a Rubi, los comités de competición y apelación, el TAD y los medios de comunicación. Sí, los medios de comunicación también: periódicos, radios, televisiones, webs, podcast, panfletos, gacetillas regionales, prospectos médicos, chuletas escolares y manuales de instrucciones son madridistas, porque toda la prensa es madridista desde que Gutenberg imprimió una Biblia en cuyo Génesis Dios vestía de blanco.
Podéis leer la crónica del partido de ayer, escrita por Ramón Álvarez de Mon, o las notas de la actuación de los nuestros. Pero no fue Benzema quien señaló el camino, sino Munuera Montero al dirigirse al punto de penalti para abrir la lata pucelana. Porque (¿hace falta decirlo?) La Liga está peligrosamente preparada para el Madrid. Es cierto que el defensor del Valladolid tenía el brazo extendido, por debajo del hombro, ocupando espacio, tocando un balón que se dirigía a portería, en posición de menos de ochenta grados hacia la luna, en orientación sudoeste e inclinación obtusa sobre su propio pene, pero eso no siempre es penalti y si se señaló fue exclusivamente porque favorecía al Real Madrid. No hay mejor ejemplo para saber que esa mano no era penalti que la omitida por Munuera Montero y el VAR en la primera parte (por cierto, en el VAR estaba ese otro gran madridista que es Gil Manzano, otro experto en disimular, como aquel día de los tres penaltis en contra del Real Madrid en Valencia o cuando anuló tres goles por fueras de juego milimétricos en Elche).
Es una mano que no altera el resultado de la jugada, que no interviene, como la de Felipe en aquel derbi del Metropolitano, como la de Miranda en aquel partido contra el Betis o como cualquiera de las que durante años nos regaló Piqué. No es comparable a la pitada a Asensio tras rebotar en su propio cuerpo en el partido contra el Girona, por ejemplo. ¡Nada que ver, no me sean paranoicos! Aquella era una mano clara que ni siquiera al equipo más favorecido del Régimen podían perdonar. Que en posteriores partidos se cambiara de nuevo la norma y no se señalaran acciones similares fue una simple casualidad, una aclaración del Comité de Árbitros, como las realizadas tras la expulsión de Modric en Vigo o para mostrarnos que “Todo OK, José Luis” si un portero atrapa con ambas manos los tobillos de Vinícius Jr.
En un recuadro pequeño de la portada de As leemos que “la cautelar a Lewandowski enciende el derbi”, pero no encontramos un adjetivo que defina lo que esta condonación de la sanción supone: una puñetera vergüenza. Un escándalo mayúsculo, como Jesús Bengoechea explicó de manera adecuada ayer mismo. Nah, la prensa madridista tiene que disimular y por eso no vemos un juicio de valor sobre tamaña vergüenza, una más que unir al cierre nunca ejecutado del Camp Nou, la sanción nunca cumplida por no presentarse a un partido de Copa, el partido de Pamplona al que llegaron tarde por el capricho de San Pep, los dos años sin penaltis en contra pese a jugar con Mascherano y Piqué en sus filas, las expulsiones perdonadas a Luis Suárez por agresiones e insultos, las dos amarillas de Busquets que no supusieron una roja, los insultos racistas a Vinícius, tanto del propio Busi, como de un espectador al que fue imposible reconocer, todas las tropelías que ya Athos Dumas representó en un rosco de Pasapalabra o los continuados atracos en Clásicos que dieron lugar a otro rosco completo de Barney.
Los comités son madridistas desde tiempos inmemoriales y los dirige Florentino con mano férrea. No hay nada que explicar y es así de siempre: desde el caso Chumi, el de Cheryshev y la jueza misteriosa que faltó el día de la votación, las rajadas de Koeman, o los ejemplos anteriormente expuestos. Siempre fueron comités pro-Real Madrid, como ocurre desde tiempos de Franco, los juicios de Nuremberg, la Inquisición y el Derecho Romano: todas las decisiones favorecen al Real Madrid.
El Real Club Deportivo Espanyol se quejó ayer de la decisión inaudita que supone la medida de gracia a favor del jugador polaco del Barça. Seguro que el Marca, otro adalid de la Central Lechera y la Caverna Mediática Madridista, se ceba con este asunto en su portada del día.
Pues no. La portada de este diario tan madridista no es para destacar la vuelta a la competición del Madrid, ni para el escándalo mencionado, del que apenas se dice que puede sentar un “precedente peligroso”, sino para una jugadora que (por desgracia) ha pasado lesionada buena parte del año. Que además es del Barça, ese club ejemplo de las virtudes del deporte, ese equipo del que, en plenos escándalos fiscales del club y de varios de sus jugadores, todo un presidente del Consejo Superior de Deportes decía que había que sentirse “orgullosos”.
Por cierto, Marca en su portada invita a los lectores a elegir la mejor portada del año. Nosotros, los lectores habituales del portanálisis, lo tendríamos difícil para dilucidar cuál es la peor.
Vayamos a la prensa cataculé. Mundo Deportivo nos entrega no una, sino dos portadas a modo de tortura. ¿Que no quieres lentejas?
Messi es elegido personaje del año, de lo cual se congratulan en Barcelona. En la foto escogida, vemos cómo Messi se acaricia la punta de un cimbel dorado de modo onanista, con una sonrisa… pues onanista también, como si hubiera tenido una grandísima erección tras levantarse 555 millones de euros en cuatro años sin títulos relevantes y tras comprobar que los lectores culés de este medio en ocasiones tan (ridi)culé siguen babeando por el argentino, el cual parece mirar a los ojos a esos mismos lectores como espetándoles: “¿Qué miráis, bobos? Anda, tirá pa’llá!”.
Quizás el personaje del deporte del año debería ser el emir de Catar. Hablamos en serio. El mismo individuo que juntó a Messi con Neymar, Mbappé, Ramos, Hakimi y un par de docenas de estrellas más para caer en octavos frente al Real Madrid. El mismo que logró que la UEFA no sancionara al PSG por incumplimiento del fair play financiero o a Al Khelaifi tras su agresiva entrada en los vestuarios del equipo arbitral del Bernabéu. El mismo que vino a Madrid a repartir billetes y fue agasajado por ministros y presidentes de grandes empresas en la misma semana en la que logró enterrar en millones a Kylian Mbappé para retenerlo y que no fichara por el Real Madrid. El mismo que le dijo a Leo Messi que se pusiera un picardías de piel de camello para recibir el trofeo del Mundial que había comprado previamente a la FIFA. El blanqueamiento de la figura del emir de Catar merece sin duda esa portada.
Les dejamos con la portada de Sport.
Pues eso, que “el VAR desatasca al Madrid en Pucela”, porque el VAR es muy madridista y mucho madridista, y Florentino lo dirige desde Concha Espina porque La Liga está peligrosamente preparada para el Madrid.
Que tengan ustedes una feliz salida de año y un magnífico 2023. No sufran por La Liga, ¿les hemos dicho que está “peligrosamente preparada”?
¡FELIZ AÑO!
Arbitró José Luis Munuera Montero del Comité andaluz. En el VAR estuvo Gil Manzano.
La vuelta del Mundial trajo historias añejas en la primera mitad. Penalti por mano claro no señalado y barra libre para hacer faltas a Vinicius sin que los árbitros se preocupen absolutamente nada en pitar falta.
En el minuto 9' Ceballos puso un balón que Javi Sánchez despejó y luego le dio en la mano. Un brazo abierto, extendido y que cubría un espacio. Aunque sea de rebote propio, ya no exime de que se puedan señalar los once metros. El jienense, según le explicó a Ancelotti, se pensaba que el brazo iba al suelo y no fue así. Gil Manzano debió sacarle de su error.
Luego hubo otras dos jugadas de área en las que no hubo nada. Primero un choque entre Joaquín y Asensio y más tarde una disputa con Sergio León y Alaba.
En el apartado disciplinario no se sacaron tarjetas en la primera parte, pero los locales hicieron dos entradas que bien pudieron ser amarilla que se quedaron en advertencias verbales. Fue una patada tardía de Roque Mesa a Kroos en el 26' y un pisotón de Aguado a Ceballos en el 41'.
La segunda parte tuvo poco que comentar hasta el minuto 81. Javi Sánchez volvió a tocar el balón con el brazo tras un salto en un córner. De nuevo las mismas características: abierta, extendida y que ocupaba un espacio. Otra vez Munuera Montero no la vio y necesitó ayuda desde el VAR que le avisó por el pinganillo. Esa jugada provocó amarilla al central canterano merengue, otra a Joaquín por protestar y una roja directa a Sergio León que recriminó al cuarto árbitro la acción. Presumiblemente medió un insulto.
Munuera Montero, MAL.
Courtois: 9. Dos manos providenciales.
Carvajal: 4. Continuó la senda de inseguridad del Mundial.
Rüdiger: 7. El defensa más sólido. Muy rápido al espacio.
Alaba: 6. Sin errores relevantes.
Mendy: 5,5. Bien en defensa y parco en ataque.
Kroos: 6. Diésel. Ordenó al equipo jugando de pivote.
Ceballos: 5. De más a menos. Había comenzado bastante bien.
Valverde: 5. Más desdibujado de lo habitual, pero siempre trabaja.
Asensio: 5. Participó, pero sin excesivo acierto.
Benzema: 6. Estaba siendo un mal día, pero sus dos goles lograron la victoria.
Vinicius: 6. El que más lo intentó. Muy buena actitud.
Lucas: 5. Algo impreciso.
Modric: 6. Dejó un gran detalle en el segundo gol.
Camavinga: 7. Imponente su entrada en el partido.
Rodrygo: 6,5. Mejoró la fluidez del juego.
Tchouaméni: sin tiempo relevante.
Ancelotti: 6. Supo plantear bien el partido de inicio y cuando se complicó los cambios fueron importantes en la victoria.
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Después de unos cincuenta días, que han parecido años, el fútbol de clubes volvió y con él el Real Madrid. Había expectación con el primer once de Ancelotti. El centro del campo estaba cantado con Valverde, Kroos y Ceballos, pero podía existir la duda entre Vinicius y Hazard. El elegido fue el brasileño. Junto a él, Benzema, ya recuperado, y Asensio.
En defensa, el técnico italiano había elegido a Militao y Rüdiger, pero la lesión del primero dio paso a Alaba. Courtois, Carvajal y Mendy completaban la alineación.
El homenaje a Pelé previo al partido fue especialmente sentido en la mirada de Vinicius al cielo.
El Madrid comenzó muy diligente el partido, recuperando pronto el balón y asediando al Pucela. En una de esas jugadas hubo una mano clara en la que el VAR no intervino. De no haberse producido esa mano Benzema habría empujado el balón plácidamente a la portería. Poco después la ocasión fue inmejorable para Karim tras un buen disparo de Vinicius rechazado por Masip. Benzema chutó incomprensiblemente alto su disparo.
Vinicius estaba siendo la principal referencia ofensiva y lo volvía a intentar en el minuto 31, aunque su disparo fue algo manso y Masip pudo blocarlo.
En el 35’ llegó la primera ocasión del Valladolid. Courtois se lució con una palomita a tiro de Aguado. La presión del Madrid, que le había dado réditos al principio, había perdido presencia.
La primera parte terminó con malas sensaciones para el Madrid. Falta de ideas y aparentemente falta de físico. Iba a tener que ajustar cosas Ancelotti para lograr los tres puntos.
La primera ocasión de la segunda parte fue para Asensio, con poco ángulo. El córner posterior fue rematado por Rüdiger, aunque no llegó a impactar bien con el balón.
En el minuto 60 entraron Lucas y Rodrygo para renovar la banda derecha que Carvajal y Asensio no supieron aprovechar.
Dos goles de Benzema sirvieron para ganar el partido. Así son los genios, hasta cuando no tienen su día
Benzema no estaba fino. Algunas de las mejores salidas del Madrid se vieron malogradas por un mal pase o control del francés.
En el 67’ Courtois hizo una de esas paradas que parecen imposibles a un remate de cabeza. En la jugada siguiente Vinicius estuvo a punto de hacer uno de los goles de la temporada tras desbordar a su par.
Entró Camavinga por Ceballos, que había ido de más a menos.
La desesperación empezaba a hacer acto de presencia. No salían nada. Rodrygo estaba aportando cierta fluidez y Camavinga energía, pero siempre fallaba algo.
En el 78, Benzema hizo su mejor acción del partido, pero se topó con Masip. El córner posterior dejó un remate de Rüdiger que fue detenido por la mano de Javi Sánchez, la segunda mano. Esta vez sí intervino el VAR para señalar penalti. Benzema consiguió convertir el penalti y resarcirse de un mal partido.
Vinicius y Valverde dejaron el campo por Modric y Tchouaméni. El Pucela ya estaba con diez por la expulsión, por protestar el penalti, de Sergio León.
Una cabalgada impresionante de Camavinga sirvió para que Benzema sentenciase el partido. Así son los genios, hasta cuando no tienen su día.
Los minutos finales dejaron varias ocasiones de un Madrid ya relajado ante el objetivo conseguido.
En lo que supone uno de los mayores escándalos en la historia de impunidad del FC Barcelona, y mira que los tiene a montones, la justicia ordinaria ha concedido la suspensión cautelar a Lewandowski, que podrá jugar mañana contra el Espanyol. Ningún aficionado al fútbol medianamente neutral (yo no lo soy, pero sí creo ser capaz de someter mi madridismo a mi raciocinio) puede encajar esto sin estupor y preocupación. La vorágine de preguntas que se desatan a consecuencia de este episodio ignominioso conduce al más pintado a la indignación.
¿Qué pinta la justicia ordinaria en esto? El oscurantismo más absoluto reina al respecto. ¿Interviene la justicia ordinaria para enmendar la plana al TAD? Tal cosa parecería desprenderse de las informaciones, repetidas en las últimas semanas, según las cuales el TAD ya habría denegado la cautelar al polaco. Sin embargo, Iusport, medio especializado en justicia deportiva, aclaraba (?) a media tarde que la justicia ordinaria ha intervenido precisamente porque el TAD no lo había hecho aún. Como en todo lo que rodea a las decisiones relativas al FC Barcelona —desde las sanciones y sus suspensiones a las delirantes informaciones contradictorias sobre límite salarial—, la opacidad solo es comparable a la confusión. Se hace tremendamente difícil permanecer ajeno a posibles concomitancias políticas de este asunto.
En lo que supone uno de los mayores escándalos en la historia de impunidad del FC Barcelona, la justicia ordinaria ha concedido la suspensión cautelar a Lewandowski, que podrá jugar mañana contra el Espanyol
Si la justicia ordinaria interviene en contra del dictamen de una instancia de justicia deportiva como el TAD, sienta un precedente que sería de inmensa preocupación si no fuese porque todos sabemos que en cuestión de días se arbitrará alguna norma que impida que ningún otro club pueda apelar a la justicia ordinaria en estas circunstancias. De hecho, Marca acaba de publicar que la “sorprendida” Federación ya se ha puesto en comunicación con el CSD para que algo semejante “no se vuelva a repetir”. El tema no es que no se vuelva a repetir. El tema es que haya podido suceder, y favoreciendo al mismo de siempre. Una vergüenza.
Si, por el contrario, el Tribunal Central Contencioso de Madrid interviene porque el TAD no lo ha hecho aún, como afirma Iusport, cabe preguntarse cómo es posible (y sería otra vergüenza) que dicho tribunal no haya tenido a bien pronunciarse después de casi dos meses desde la expulsión y primera sanción al delantero culé. Sería otra vergüenza, una en la cual la manifiesta indolencia del TAD contrastaría con la increíble celeridad de la justicia ordinaria. ¿Por qué decimos esto último? Porque según ley recientemente aprobada por el parlamento, y de aplicación inmediata en España, el periodo navideño (concretamente, del 24 de diciembre al 6 de enero) era “inhábil” para la administración de justicia en nuestro país, se entiende que salvo casos urgentes, y se entiende también que la justicia ordinaria entiende como asunto urgente el que Lewandowski pueda jugar contra el Espanyol.
La última de las preguntas es la más sangrante. Me da la risa, formularla, pero ahí va: ¿cuándo cumplirá Lewandowski su sanción?
Creo tener la respuesta, y me apostaría algo con mis lectores a que tengo razón. Voy a apuntar cuándo considero que la sanción a Lewandowski (tanto la de la expulsión como la de la desconsideración al árbitro, dado que increíblemente ambas han sido suspendidas) va a ser hecha efectiva. Lewandowski cumplirá su sanción el mismo día en que la sanción al Camp Nou por los incidentes de Figo se cumpla; exactamente en la misma fecha y hora en que se castigue al Barça por no presentarse a aquella eliminatoria de Copa con Van Gaal; precisa y exactamente cuando se pase a la entidad catalana factura disciplinaria por presentarse a aquel partido del Sadar a la hora que estimó oportuna; en la fecha en que se investigue el “Sandro, ¿qué más quieres que te dé?”; cuando haya sentencia del caso Soule; cuando se abra una investigación seria sobre los arbitrajes de Tenerife en los primeros noventa; cuando Luis Suárez vea una roja retroactiva por sus múltiples agresiones con la camiseta culé; cuando Messi se disculpe por agredir con un balonazo a un espectador del Bernabéu; cuando Busquets sea juzgado mediática y disciplinariamente por sus insultos racistas a Marcelo, o cuando el Barça localice y sancione al socio que prorrumpió en insultos de la misma índole a Vinicius.
Ese día, ni antes ni después, será cuando Lewandowski cumpla su sanción.
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