Courtois: 6. Pudo hacerlo mejor en el primer gol, pero también salvó una muy buena de Pino.
Militao: 5. Cumplió, pero me gusta más de central.
Rüdiger: 5. Empezó algo despistado.
Alaba: 5. Le pitaron un penalti incomprensible.
Mendy: 3. Su fallo fue decisivo en la derrota.
Tchouaméni: 4. Menos presente que de costumbre.
Modric: 5. Empezó bien, pero se fue desdibujando.
Kroos: 5. Lo intentó con varios desplazamientos largos, pero no fue su partido.
Valverde: 4. Está pasando una racha algo gris.
Vinicius: 6,5. El que más lo intentó, pero no fue suficiente.
Benzema: 6. Dejó algunas buenas acciones y el gol, pero está algo fallón.
Lucas: 5. Entró para aportar más profundidad, pero lo hizo sin suerte.
Camavinga: 6. Su entrada mejoró al equipo en los minutos finales.
Rodrygo: 5,5. Estuvo cerca del gol, pero no lo logró.
Asensio: sin tiempo
Ancelotti: 4. No consiguió que su equipo saliera concentrado en cada parte.
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Tras la rotación masiva en Copa, Ancelotti alineó a sus titulares habituales sacrificando a Rodrygo. La única baja relevante era Carvajal y el técnico italiano optó por situar a Militao de lateral después de su buena actuación en el mundial. El sorteo de Copa había deparado que los madridistas tendrían que volver a visitar Villarreal tras la Supercopa. Un sorteo bastante desafortunado.
El Madrid salió muy mal al campo y la presión de los locales le pudo costar un buen disgusto tras una exquisitez de Coquelin que se marchó al palo. El Madrid no contestó hasta que Modric encontró con su exterior a Vinicius. El centro chut fue despejado por la defensa amarilla. Poco a poco el Madrid se fue metiendo en el partido y todo comenzó con el control del balón. Un gran pase de Benzema ocasionó una buena oportunidad para Militao, pero se le notó la falta de costumbre y se entretuvo demasiado para definir.
El Madrid perdió la posibilidad de ponerse líder en Villarreal
El Villarreal se pudo adelantar a través de una ocasión inmejorable en el minuto 22. Courtois resolvió el mano a mano ante Yéremy Pino de manera impresionante. La oportunidad le dio alas al Villarreal que volvió a hacerse con el control del partido, aunque el Madrid transitaba de forma más sencilla que al principio cuando conseguía juntar tres pases. En el 39’ una gran conexión entre Valverde, Benzema y Vinicius, dejó al brasileño solo, aunque algo escorado para disparar. Reina resolvió muy bien la papeleta. Poco más ocurrió hasta el descanso. La primera parte había sido algo más local que visitante, pero el Madrid había contado con dos grandes ocasiones para adelantarse.
La segunda parte empezó de la peor manera posible. Mendy perdió un balón muy peligroso y el Villarreal lo supo aprovechar. Gerard Moreno asistió a Yéremy Pino y el disparo del canario se introdujo en la portería tras tocarlo Courtois y Mendy.
El Madrid asumió que no valdría sestear y Benzema la tuvo en el 55’. La sacó Foyth cerca de la línea. Sin embargo, el VAR advirtió una mano del argentino y avisó al árbitro que pitó penalti. Benzema se encargó de convertirlo. Pero la paz duró poco y el árbitro señaló penalti después de un resbalón de Alaba que le hizo golpear el balón con la mano. Dos manos que nunca lo deberían ser para quien haya jugado al fútbol.
Salieron al campo Rodrygo, Lucas y Camavinga por Mendy, Tchouaméni y Modric. Vinicius se había rebelado contra el resultado y Rodrygo y Camavinga parecían acompañarle, peor el tiempo se iba agotando. Salió Asensio por Valverde para intentar evitar lo que parecía inevitable. En el minuto 87, Camavinga hizo una gran jugada para habilitar a Vinicius, pero el brasileño no estuvo preciso en el remate final. Camavinga estaba siendo protagonista, lástima que hubiera entrado tan tarde.
El final del partido fue un ejercicio de frustración continuo y nada cambió. El Madrid perdió la posibilidad de ponerse líder en Villarreal.
Hoy no podría ocurrir, pero sí ocurrió tal día como hoy. El 7 de enero de 1995 tuvo lugar la última gran goleada del Real Madrid al FC Barcelona. De entonces para acá, el Barça ha gozado su única era dorada con la amargura de contemplar al Madrid viviendo su segunda pese a no tener a Messi. Desde entonces también, en enfrentamientos directos, el saldo es favorable al Barça, que ha reventado al Madrid en más ocasiones de las deseables sin que los blancos parezcan haber tomado nota para vengarse con otra goleada al siguiente partido. La última vez en que eso ocurrió, la última vez en que el Madrid dejó claro que había tomado nota de la afrenta, que se proponía desquitarse de ella con otra afrenta equivalente, y que de hecho lo logró, fue aquel 7 de enero de 1995, tal día como hoy.
No fue un partido de fútbol. Fue un torbellino. Fue la cólera de Yahvé arrasando Sodoma y Gomorra por el mismo precio y sin necesidad de desplazarse allí. Zamorano estaba en trance, imbuido de una ira divina y totalizadora
Zamorano había sido claro en las vísperas. El equipo tenía “sangre en el ojo” desde el encuentro de ida, en el cual el Barça había destrozado a los blancos endosándoles un 5-0. Fue la cola de vaca de Romario a Alkorta, la grave lesión de Alfonso y el juego rutilante de Laudrup. Pero ahora Laudrup estaba en el otro bando, en los entrenados por Valdano, y esta era una de las razones por las cuales los blancos se sentían cualificados para devolver la moneda a los azulgrana. Quizá la sed de venganza deportiva sea uno de los sentimientos puros que la hiperprofesionalización del fútbol se ha llevado por el desagüe. Quizá sea, hoy por hoy, en el seno del Madrid, una aspiración incompatible con la exigencia del calendario, que impone el objetivo a largo plazo como rumbo innegociable de la campaña y desdeña la necesidad de la goleada por amor al arte o por odio (deportivo) al rival, conceptos ambos más cercanos de lo que parece, como se vio aquel 7 de enero en que aún era imaginable que el Madrid quisiera vendetta puntual.
No fue un partido de fútbol. Fue un torbellino. Fue la cólera de Yahvé arrasando Sodoma y Gomorra por el mismo precio y sin necesidad de desplazarse allí. Zamorano estaba en trance, imbuido de una ira divina y totalizadora. El chileno fue un tsunami que se bastó con los primeros minutos para descerrajar un hat trick. En el último de sus tres goles, Laudrup le robó un balón a Bakero (la versión destructiva del caño de Chendo a Maradona) en la línea de fondo del área culé y se la sirvió al delantero, que se zambulló en las redes de Busquets padre con el ánimo de practicar sexo tántrico con las mallas. Había que quedarse a vivir en aquel ultraje. Nunca un abrazo ha reunido a tanta gente ni ha durado tanto tiempo más allá de la línea de gol.
Yo estaba allí, pero no recuerdo mucho más, y es una pena porque también quise quedarme a vivir allí. Veo, en medio de una vorágine insaciable de sangre y niebla, a Luis Enrique remachando a la red un remate al palo de (otra vez) Zamorano. El asturiano celebró el gol como si el futuro que hemos vivido no constase en la historia de hoy. De hecho, si lo miras con los ojos de esa noche (ojos que supuran hemoglobina), no cuenta. Veo a Amavisca empujando una asistencia de quién va a ser, de Bam Bam (fue su noche), y a Valdano en la banda diciendo paren ya. Tenía que ser un 5-0, un 6-0 ya no servía, curiosamente. Tenía que ser un 5-0 y no ninguna otra goleada porque el marcador tenía que dictar bien a las claras que lo que había sucedido era una venganza sañuda y concienzuda sobre aquel otro 5-0.
Todo esto es imposible hoy. El tiempo lo ha confirmado. El Barça quiere siempre humillar al Madrid, pero la carretera no es de doble dirección. Será por el calendario (creo), será porque son aliados de la Superliga y las conveniencias de despacho se filtran tácitamente en el vestuario, no lo sé. No existe un solo madridista que cambiaría la historia de su club de 1995 para acá por la del Barca. Esto es indudable. Pero también lo es, en un escalón de importancia menor pero no desdeñable, que nuestros jugadores nos deben otro siete de enero. Y hay muchos potenciales sietes de enero en el horizonte.
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Entregas anteriores:
Buenos días, amigos galernautas. Fue concluir el Mundial del oprobio en el secarral catarí y sin comerlo ni beberlo, no sólo estábamos en Zorilla a la fresca o enfangados en Cáceres, sino que nos adentrábamos irremisiblemente en el páramo navideño de todos los años donde acechan horrores primigenios, como Papá Noel y sus duendes estridentes, o el cuñado que todo lo sabe y algo más en Nochevieja.
Afortunadamente para quienes adoramos a esa deidad pagana llamada Grinch, hoy comienzan a quedar atrás polvorones, suegras, Melchores, Gaspares y Baltasares.
Tanto es así que este sábado regresa nuestro Real Madrid en horario de peli de sobremesa de Antena 3, ya saben, aquella en la que una ejecutiva agresiva de Wall Street que odia a la Navidad y a la gente en general se ve atrapada bajo una gigantesca nevada en un pequeño pueblo de Wyoming llamado Lost Springs, donde conocerá a un joven higienista dental que le enseñará a amar los Christmas Carol. Afortunadamente, también pronto cambiaremos a la sinopsis de una deslenguada turista norteamericana que pasa sus vacaciones en un pequeño principado europeo llamado Princevania donde conocerá, de fiesta y sin saberlo, al joven Vlad Borbonenstein, el heredero del trono.
En cualquier caso, sea como fuere, parece sin duda mejor plan ver a los de Carletto en el estadio de La Cerámica. Aun con estas primeras planas que parecen revenidas como los restos de besugo que metiste tarde en el congelador en Nochebuena. No debe de haber republicanos en las redacciones de la prensa deportiva en tanto que ni uno se ha querido quedar sin Reyes y vivir al filo de la actualidad como los periodistas que salen en las pelis, pero no de tarde.
Sin ir más lejos, Marca, cuyo verdadero expediente X es saber quién y cuándo metió en la nevera una primera plana que se cocinó con Papá Noel todavía en Finlandia y Olentzero, aún retozando en el Txindoki entre montañas de carbón.
Lo han intentado colando el castañazo de nuestro eterno Carlos Sainz en un faldoncillo de arriba, justo al lado del sorteo de Su Majestad, el torneo donde Xavi no se preocupa por el juego de los suyos ante el Intercity, no confundir ni con el Inter ni con el City.
Es más, desde La Galerna nos sumamos a las condolencias por la prematura muerte de Gianluca Vialli, al que “histórico del fútbol italiano” creemos que se le queda corto.
Descansa en paz, leyenda del fútbol.
Lo que no recogen las portadas de la prensa madrileña, que no madridista, se pongan como se pongan por lares determinados, es la trituración macabea que ejerció anoche el Madrid de los canastos ante sus viejos rivales de Tel -Aviv. Justo cuando se abrían las puertas del Infierno para los muchachos de Chus Mateo, resulta que el Madrid permanece por encima de la moda Baskonia o el mercenariazgo del Barça. Esto no lo verán en las portadas. Que hay que comer roscón, darle a la Nintendo nueva y montar la cocinita de la niña.
—Jefe, ¿retocamos la portada?
—Quita, quita, mucho lío.
—¿Te mola "Con todos" de titular, jefe?
—Sí, tira, tira. ¿Oye, tu sabes de cremas para el cutis de la parienta?
También andan de cámara frigorífica las portadas de la ínclita prensa deportiva catalana. Como los filetes de babilla de ternera en la bandeja del súper que anuncian con fecha que se han elaborado a tiempo en la carnicería del establecimiento para que no te dé listeria. Con esta primera plana, tendría no obstante usted listeriosis garantizada. Sólo tiene que ver a Iñigo Martínez criogenizado como Walt Disney en la azotea del diario de Godó, grande de España. No hay mayor novedad al respecto. El Barça lo quiere fichar sin poner un duro porque entre otras cosas no tiene ninguno. Como tienen mucho arte también se llevan a Zubimendi y a un señor que no lo han recibido en casa ni en Navidad y que pasaba por la portada.
Y si pinchan con los fichajes, no se preocupen, siempre les quedará otro ultramarino de catálogo de ofertas en la sección de refrigerados en Nochevieja. Frenkie, hoy intocable, mañana tocable, pasado maniquí y la semana que viene Dios dirá.
Como prueba de vida desde luego la portada es para acabar con las dos orejas del secuestrado en un sobre. Para quedarse Frozen con las portadas.
Lo mejor será que cantemos Let it go y las borremos de nuestra memoria mientras seguimos formateando villancicos y empujando peladillas por el intestino.
Hay tarea.
Hoy sábado 7 de enero jugamos en Villarreal sin casi darnos tiempo de desenvolver y jugar con los regalos que Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente nos han dejado. Pues bien, el partido es importante porque en esta misma jornada se enfrentan el Atleti y el Barça, por lo que una victoria en La Cerámica (El Madrigal de toda la vida, mire usted) podría darnos el liderato en solitario en el campeonato a la espera del partido de entre semana de Copa, que esperemos que, al menos, se juegue en un terreno de juego algo más decente que el de mi querido Cáceres. El partido contra el Villarreal últimamente se caracteriza por la falta de goles, cosa que deseamos que no ocurra hoy. Ahora, os doy unos datos del partido y, como siempre… ¡Hala Madrid!
Los dos últimos partidos de liga jugados entre el Real Madrid y el Villarreal se han saldado con sendos empates a cero goles.
Sí, porque los últimos 5 enfrentamientos entre ambos equipos en Villarreal han acabado en empate.
El Real Madrid no pierde en Villarreal en liga desde el año 2015, esto es, no ha perdido en las últimas 6 visitas a la ciudad azulejera.
El Real Madrid sólo ha perdido 1 de los últimos 13 partidos jugados y 2 de los últimos 24 contra el Villarreal en liga, habiendo conseguido no ser derrotado en los últimos 9 enfrentamientos.
Nuestra estrella carioca puede llegar a los 150 partidos de competición española con el Real Madrid si juega el encuentro.
1.- El Villarreal Club de Fútbol debutó en Primera División en la temporada 1998/99. Actualmente es el 17º en la clasificación histórica del campeonato con 1276 puntos.
2.- La actual es la 22ª temporada del Villarreal en primera división.
3.- El último ascenso del Villarreal a primera división fue en la temporada 2013/14.
4.- El Villarreal finalizó la temporada pasada en el puesto 7º de la Liga con 59 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 3 victorias y 2 derrotas.
6.- El Villarreal, en sus últimos 5 partidos como local en liga, ha ganado 4, ha empatado 1 y ha perdido 1.
7.- En las últimas 5 temporadas en Primera División, Gerard Moreno (3), Cazorla (2), Fornals, Martínez, Samu Castillejo, Jaume Costa, Iborra y Yeremi Pino (1) son los goleadores del Villarreal al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Villarreal que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: Soldado (1).
9.- Quique Setién se ha enfrentado como entrenador en 9 ocasiones al Real Madrid (4 con Las Palmas, 4 con el Betis y 1 con el Barcelona), con un balance de 2 victorias, 2 empates y 5 derrotas ante los blancos.
10.- Los goleadores del Villarreal esta temporada son: Álex Baena (9), Morales (8), Gerard Moreno, Chukwueze (5), Danjuma (4), Jackson, Coquelin (3), Yeremi Pino, Lo Celso, Capoue, Foyth (1).
11.- Actualmente, el Villarreal es 7º en la clasificación de la Liga con 24 puntos.
3 victorias, 6 empates y 1 derrota, 14 goles a favor (1,4 goles por partido) y 11 en contra.
Goleadores: Benzema (4), Mariano, Bale (3), Cristiano Ronaldo, Modric, Varane y Vallejo (1).
Asistentes: Carvajal, Modric (3), Marcelo, Benzema, Rodrygo, Lucas Vázquez, Kroos, Brahim (1).
Tarjetas: Casemiro (4), Bale (3), Carvajal, Kroos, Modric (2), Sergio Ramos, Lucas Vázquez, Mendy, Nacho, Vinicius, Militao, Marco Asensio (1).
Expulsados: Bale.
Primer tiempo: 10 goles; segundo tiempo: 4 goles.
Gol más tempranero: Cristiano Ronaldo, Mariano (minuto 2).
Gol postrero: Modric (minuto 92).
El R. Madrid ha remontado una vez un gol para ganar el partido y no le han remontado.
Mayores goleadas, a) 5 de mayo de 2019, R. Madrid-Villarreal, 3-2, goles de Mariano (2) y Vallejo; b) 16 de julio de 2020, R. Madrid-Villarreal, 2-1, goles de Benzema (2); c) 22 de mayo de 2021, R. Madrid-Villarreal, 2-1, goles de Benzema y Modric.
1 gol de penalti marcado y 2 recibidos.
3 dobletes o más (Mariano, Bale, Benzema).
El R. Madrid ha marcado en los 7 de los 10 últimos partidos jugados frente a Villarreal en liga.
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Solo han pasado dos meses desde que Unai Emery dejase el Villarreal con destino el Aston Villa. Llegó para sustituirlo Quique Setién y el submarino amarillo tiene una cara bastante distinta a la época del técnico vasco. El inicio de Setién no fue el esperado y acumularon varias derrotas en Liga y en Europa, aunque lo cierto es que se están recuperando y los dos últimos encuentros ligueros los saldaron con victoria. Las bajas para los amarillos son Lo Celso que sigue en recuperación y Rulli que se marcha al Ajax traspasado. Por tanto, Setién continuará con su clásico 1-4-3-3 aunque guarda alguna duda en su alineación. En portería estará Reina, que desde ya es el dueño del puesto. En defensa son fijos Foyth, Albiol y Pau Torres, pugnando por el lateral izquierdo Alberto Moreno y Pedraza, con más opciones para el primero. En la media, Capoue y Parejo son imprescindibles, y con la recuperación de Coquelin, podría salir el francés y quedarse fuera Baena. Arriba, por las bandas Chukwueza y Yeremi Pino, y en punta Gerard Moreno.
Al técnico cántabro le gusta presionar intenso y con el bloque alto, pero a su Villarreal le quedan varios escalones para hacerlo con precisión y eficacia. Eso supone una labor importante y de desgaste en todos los jugadores, sobre todo si no logran los réditos esperados y tienen que replegar con muchos metros en su espalda que recorrer. El equipo se hace muy largo y en días como el Valencia se les vio sufrir mucho en este apartado. Es la fórmula que debe utilizar el Real Madrid, una salida limpia y clara de balón para que se creen espacios por detrás de los medios del Villarreal y entre la defensa. Así el cuadro amarillo se haga largo y pueden surgir grietas en su sistema defensivo.
Dos jugadores son los elementales para que la salida de balón del cuadro amarillo cuaje, sea eficiente y segura: Pau Torres y Parejo. En el caso del centrocampista madrileño es el que se coloca a una primera altura y baja a recibir para desde ahí organizar el juego. Mientras que Capoue, un hombre más físico y de contención, se suele inhibir en estas estrategias y Setién lo está empezando a colocar mucho más arriba. El primer hombre delegado para sacar el cuero con limpieza y claridad desde atrás es Pau Torres. Su zurda es magnífica y su calidad en el pase de las mejores del Campeonato de Liga. Es el encargado de conectar con el mediocampo para que se inicie la fase de transición de la defensa al ataque de los amarillos. Pau también puede realizar desplazamientos en largo aunque el Villarreal no dispondrá de un jugador de gran poderío para bajar el esférico, descargar o pelear con los centrales. Por tanto, esos balones suelen ser más cambios de orientación o envíos a los jugadores de banda. Una vez el cuero en el mediocampo, Parejo intenta marcar el tempo y el ritmo de juego que más conviene a los de Emery con gran calidad y eficacia en el pase por parte del futbolista de Coslada. Si el Real Madrid quiere cortocircuitar esta salida y robar arriba deberá presionar a Pau y sobre todo a su compañero de zaga Albiol, que tiene más dificultades con el balón en los pies para combinar con sus medios.
La solidez, fuerza y consistencia atrás del Villareal de Emery es historia con la llegada de Setién. Los castellonenses son un conjunto más débil, menos compacto y han ganado en vulnerabilidad. Los jugadores son prácticamente los mismos pero no tienen la confianza que poseían con el vasco y se les ve menos concentrados y efectivos a la hora de defender. Una de las claves es que ya no están tan juntos ni cerrados. La distancia entre líneas es mayor y se forman agujeros por donde penetrar para hacer daño. En las transiciones y los repliegues el equipo se parte claramente en dos con un gran hueco entre la defensa y el centro del campo. En el último partido contra el Valencia, los che pudieron correr y campar a sus anchas si robaban arriba y salían con velocidad al contragolpe. En esa fase del juego se podía ver un 3 vs. 3 o 3 vs. 4 con una zaga amarilla desordenada y anárquica. El Villarreal sale a gol encajado por duelo y contra un equipo con pegada estas debilidades pueden ser su tumba. Los medios son intensos en la recuperación, con Capoue a la cabeza, mientras que el perfil derecho de la defensa es más contundente y expeditivo que el izquierdo, su lado más débil.
Mucho potencial dispone en la plantilla Setién pero les está costando ver puerta en consonancia a la calidad de sus hombres. Si tienen el día, pueden hacer daño a cualquier equipo del mundo. Gerard Moreno ha vuelto pero todavía no está al nivel de la lesión y las alas tienen mucho desborde y desequilibrio, aunque les falta concreción ante el gol pese a que el nigeriano Chukwueze está mejorando en esa labor. En asociación es un equipo interesante con jugadores de buen pie como Parejo, Baena o Trigueros, que en ataque posicional o lanzando la contra son precisos en sus envíos. Luego el contraataque villarrealense es de lo más peligroso por ser rápido, directo y con pocos toques. Además, es un plantel con un juego aéreo magnífico y futbolistas que dominan estas lides como Pau Torres, Albiol, Capoue o Foyth.
Setién en su librillo tiene como punto número uno la posesión y el dominio del juego con balón. Buscan llevar el ritmo del choque, acumular mucho balón en su poder para no sufrir y tener la idea de asociarse, combinar y rodearse en torno al cuero. Todo gira en torno a eso. El problema es cuando son muy planos, poco profundos y suman posesión del balón sin hacer daño. Con Emery eran más versátiles, intensos y móviles y eso con Setién se ha ido perdiendo. Alguno de sus últimos goles, como el primero ante el Valencia, llegaron más en una jugada al espacio y directa con pocos toques que en una acción en ataque posiciones y sobando el balón de un lado a otro con mucho pase horizontal. En el ranking liguero, el Villarreal aparece en el top3 en apartados como el regate gracias a la presencia de los Chukwueze, Pino o Morales y Danjuma entrando desde el banquillo. Y también en la sección de pases buenos en campo propio y en porcentaje de pases buenos con casi un 85%.
Gerard Moreno trata de recuperar el nivel de hace años después de bastantes lesiones musculares que le han impedido tener ritmo y continuidad. Las cifras goleadoras no asustan pero si tiene el día es el jugador más peligroso del submarino amarillo. El de Santa Perpètua de Mogoda es un delantero con una zurda magnífica, gran calidad técnica, habilidad y sobre todo muy inteligente, astuto y pícaro en todos sus movimientos. Fuera del área se maneja con soltura a la hora de combinar, apoyar y filtrar pases. Desde luego, es el hombre a vigilar cuando venga a recibir a la espalda de Tchouaméni, si cae a banda derecha principalmente y cuando se aproxime a la zona de remate.
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“To croon”: Hablar o cantar con voz suave, especialmente sobre amor.
Un buen crooner nunca se pone nervioso y no le tiembla la voz ante los espectadores más exigentes. Te embelesa con su potente pero sosegada voz, vibrante y templada. Si se equivoca, sonríe y te enamora. No necesita presentación, la expectación le calma. Su seguridad te hipnotiza, su tono adormece a las bestias.
Siempre gana.
ES un estilo de canto popularizado por Bing Crosby y llevado al más allá por Frank Sinatra. Tony Bennett, Tom Jones, Michael Bublé e incluso nuestro Julio Iglesias son algunos de los máximos exponentes de esa religión más multitudinaria que el cristianismo. Cantantes superdotados que han superado cualquier record de la industria con sus baladas románticas, sus whiskies y sus sensuales guiños.
Para acudir a un espectáculo de un crooner debes vestir tus mejores trajes; pieles, sedas, joyas y perfumes. Pajarita, siempre pajarita. Y no hay mejor manera que entrar al show como lo hace Henry Hill en “Uno de los nuestros”: sin esperar cola, a través de la cocina, saludando a todos, regalando algún cachete en la mejilla y pagando las mejores propinas. Y, a poder ser, que te pongan una mesa extra en primera fila ya que te van a dedicar una canción.
Italianos, americanos, españoles, franceses… pero el único crooner alemán que conozco no es cantante, es jugador de fútbol. Heredero de Redondo, Zidane y Pirlo. Elegantes, pausados, enemigos de la taquicardia, obsesos del gesto. Prestidigitadores del ritmo. Pero este crooner alemán es un cantante evolucionado, ya que se ha adaptado a los ritmos acelerados de las siguientes generaciones. Ha liderado apisonadoras de la presión y capitaneado tanto estilos rígidos como endiablados. Pero nunca ha desafinado.
Con todos ustedes: Toni Kroos.
Como buen crooner Toni pisa fuerte, pisa estable. No tropieza, no se perturba. Saluda lo justo y sonríe si el receptor está preparado para recibir su sonrisa. La balada comienza en el momento del pitido, no antes. Nada de parafernalia ni estridencias. El ritmo fluye a través de él y si hay que elevar el tono es porque la noche lo pide. Los esfuerzos se miden, el sudor se seca con un pañuelo blanco. Si el saxo desentona, lo mira fijamente un segundo y todo vuelve a fluir. Los crooners son fiables, precisos. Si lanzan un beso es porque están seguros de que llegará a su destino. Si señala, estate atento, porque algo va a pasar. Eso lo sabía Vinicius contra el Liverpool; el alemán fijó la mirada, señaló y todo acabó en el primer gol importante en la Champions del brasileño. Todo orquestado. Y encima el blanco le sienta como a un dandy con su mejor esmoquin en las grandes veladas. Tiene percha.
El fútbol moderno está dejando obsoletos a estos cantantes finos. Son una especie en peligro de extinción. Ahora se lleva el hard-rock en los campos. Ritmos potentes, dinámicos, menos eficientes en el pase pero que ganan por avasallamiento. Levantan pasiones con sus sonidos atronadores. Cantantes lanzándose al público, rompiendo las guitarras; públicos enfervorecidos gritan y mueven la cabeza. Mucho sudor y poca entonación. Tras la última Eurocopa los alemanes le dijeron a la cara a Kroos que ya no servía para el fútbol moderno y este respondió ganando una Liga y su quinta Champions. Sin despeinarse.
Si hay un distintivo especial para estos cantantes es que mejoran con los años. Las arrugas les sientan bien, los whiskies y el tabaco acumulados aumentan el atractivo de su voz. Y es que el alemán este año sigue aterrorizando a las estadísticas con sus porcentajes de pases, fluye entre los oponentes musculados, enseña a los más jóvenes.
Pero, ¿por qué te quieres retirar, Toni?
La única respuesta que encuentro es que no quiere ser un crooner al uso ya que muchos de ellos acaban arrastrándose en Las Vegas, entre on the rocks y chicas fáciles, sin asumir que hasta a los caballeros más imperturbables les llega la hora del deceso. Toni quiere irse en la cúspide, con el Music Hall a sus pies; quiere que le recuerden en lo más alto. No le va eso de Arabia.
Dentro de mi ansiedad anticipatoria al vacío que dejará, hoy me he levantado optimista porque no hay mayor Music Hall que el Nuevo Bernabéu. Un lugar donde su voz resonará mejor que nunca. Anfiteatros repletos para recibir su último tarareo, su mejor entonación. Todavía queda un baile y la orquesta está más afinada que nunca. Habrá filas de personas esperando para comprarse su último disco. Y creo que eso Toni lo sabe y le hace sonreír. Empiezo a creer que le queda un año más.
Tócala otra vez, Toni.
Girona y Rayo Vallecano disputaron su primer partido de La Liga después del parón por el Mundial. Un duelo disputado, con ocasiones y que, como el choque espectacular que fue, finalizó además con cuatro goles, dos para cada equipo. Desde una óptica madridista, también fue la oportunidad de ver en acción a Miguel Gutiérrez y Fran García, laterales izquierdos jóvenes y canteranos del Real Madrid. En las últimas semanas, ambos han sonado como posibles opciones para el lateral izquierdo del club merengue. El partido entre Girona y Rayo Vallecano fue una oportunidad de ver a ambos en acción, en su primer duelo desde que son profesionales.
Tanto Miguel (69 toques) como Fran (52) tuvieron una alta participación con balón, con el jugador del Rayo Vallecano más acertado en el pase (86,% por 78%). Ambos además hicieron gala de su vocación ofensiva y generaron peligro en la portería rival: cinco acciones que acabaron en tiro para Fran y cuatro para Miguel, según FBRef.com.
Sin embargo, y quizá contrariamente a lo que cabría pensar, el jugador del Girona F.C. sobresalió en el aspecto defensivo. No sólo recuperó más balones (siete) que Fran García (cuatro), sino que además ningún jugador del Rayo Vallecano superó sus cifras en este apartado. Además, también fue exigido en el juego aéreo y respondió de manera eficaz. Fue el jugador del partido que más duelos disputó en el aire (cuatro) y no perdió ninguno de ellos (100%). Parece claro que está evolucionando en ese apartado.
Son números que reflejan una mejoría en el futbolista de veintiún años, que en su estreno como profesional en LaLiga Santander, se ha ganado la confianza de Míchel, siendo titular en 14 partidos. Claramente está destacando en su estreno como profesional en Primera División, habiendo sido titular ya en catorce partidos. En cuanto a Fran García (Madrid, 23 años), es su segunda temporada en primera División.
El Real Madrid no les pierde de vista. Ambos son canteranos del club blanco y candidatos a regresar la temporada que viene. Cada uno tiene sus virtudes y no es difícil decantarse en la tesitura de elegir. Sirva este análisis de carácter estadístico sobre su primer choque frente a frente para iluminar la difícil disyuntiva.
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Buenos días, amigos. Esta noche vienen los Reyes Magos, y lamentamos no tener perspectivas demasiado lisonjeras para mucha gente. Mucho nos tememos que las toneladas de carbón que Sus Santas Majestades portan ya sobre sus camellos son este año más onerosas que nunca. Han sido vistos en la frontera pirenaica con los camellos deslomados ante el peso de tanta sustancia fósil.
Ayer salieron a la luz imágenes del episodio completo de Zorrilla, con los insultos racistas a Vinicius, y la secuencia de los hechos es como para abochornar a medio planeta (de hecho, medio planeta anda abochornado con ello). Vemos en las imágenes cómo proliferan en las gradas de Pucela los cánticos simiescos, y cómo en el momento en que Vini se dirige a Munuera Montero para hacérselo notar este reacciona mandándole “a jugar” con notoria falta de respeto y haciendo caso omiso al oprobio que llegaba de la muchedumbre.
Lo de Munuera es un patrón. Da la sensación de que los colegiados han sido instruidos en la consideración de Vinicius como un niñato provocador que sólo pretende enmarañar los partidos, en lugar de tomar en serio sus reivindicaciones en un asunto tan serio como es el del racismo. Hasta tal punto se emplea Munuera con desdén y displicencia hacia el brasileño que, cuando este abandona el campo, le obliga irracionalmente a dar toda una vuelta por la banda, enfrentándose a los racistas del fondo de Zorrilla. Vini se retira indicándole que mire lo que va a pasar (no llamándole loco como insensatamente se ha publicado), y su profecía se cumple, porque Munuera le arroja de este modo bajo las iras xenófobas de parte del respetable (?). En ese momento marca Benzema y Vinicius canta el gol mirando a la grada. Es una reacción tal vez evitable, pero pretender equipararla a la cólera racista de los indeseables, o tratar de justificar una cosa con la otra, convierte instantáneamente en racista a quien lo haga.
Carbón para Munuera y para los árbitros. En última instancia, carbón para el jefe de los mismos en la RFEF, aka Rubi.
Carbón también para Tebas, que se permitió abroncar por Twitter a Vinicius por señalar en redes sociales su innegable responsabilidad (la de Tebas) en el asunto. De este modo protege (?) el presidente de la LFP a una de las máximas indiscutibles estrellas de su competición.
Carbón en cantidades industriales para los medios de comunicación españoles, entre ellos los diarios cuyas portadas comentamos aquí todos los días, por haber demostrado fehacientemente que para ellos hay dos varas de medir el racismo: tolerancia cero para cualquier manifestación del mismo excepto si el receptor de los ataques es Vinicius, en cuyo caso lo que al parecer procede es culpabilizar a la víctima. Duele en el alma comprobar cómo el asunto Vinicius no ha merecido ni la centésima parte de atención de (por ejemplo) Marca que la que merecieron otros sucesos de esta siniestra índole.
Carbón para todos, amigos. Os dejamos con las portadas del día que, con la sola excepción de As (Hey Jude), versan hoy primordialmente sobre el susto morrocotudo que sufrió ayer el Barça en su enfrentamiento copero con el Intercity de Tercera División.
Pasad un buen día.
Existen dos Navidades: la de los niños y la de los demás.
En la infancia todo es más emocionante e intenso, el tiempo queda suspendido en días que son tan eternos como nosotros mismos y vivimos en el asombro constante de la novedad y el descubrimiento. En sus fronteras la muerte no es más que una curiosidad mitológica y tiene cabida la magia: reyes de oriente que, a lomos de camellos supersónicos, se personan en el salón de tu casa para dejar múltiples dádivas; un señor de edad provecta, barbudo y entrado en carnes que se cuela por las chimeneas de todo el globo terráqueo para cumplir la misma misión altruista; incluso existe un siniestro ratón fetichista que te recompensa con nocturnidad y alevosía por los dientes que dejas debajo de tu almohada. Todo ello forma parte de tu realidad y tiene sentido hasta que se rompe el hechizo de la inocencia. Entonces nuestro mundo se reduce dramáticamente, el tiempo se acelera exponencialmente, empezamos a ser conscientes de nuestra mortalidad y lo que es peor: con el transcurrir de los años vamos perdiendo progresivamente la capacidad de sorprendernos. En el mejor de los casos, durante la Navidad nos invade un sutil sentimiento de melancolía por la inocencia y el pasado que no volverán; en el peor, somos aplastados por el insoportable peso de la ausencia de los que ya no están. Sólo nos queda conformarnos con ese sucedáneo vital que es vivirla a través de los ojos de los niños que amamos (hijos, nietos, sobrinos, etc.). Queen lo expresó inmejorablemente en aquel conmovedor canto de cisne de Freddie Mercury: You can't turn back the clock, you can't turn back the tide / Ain't that a shame? / I'd like to go back one time on a roller coaster ride / When life was just a game / No use sitting and thinkin' on what you did / When you can lay back and enjoy it through your kids.
Por eso jamás olvidaré la Noche de Reyes de 2003 en la que volví a creer en la magia.
En mi primer artículo en La Galerna afirmé que me resulta muy difícil escribir sobre aquello y aquellos que amo. Y en estos precisos momentos me estoy dando cuenta de que no hay personaje público sobre el que me cueste más escribir que Zinedine Zidane (la conclusión lógica es evidente, ¿no?). Como madridista hay varios futbolistas por los que he sentido debilidad: Laudrup, Roberto Carlos, Ronaldo Nazario, Özil, Marcelo, Modric, Casemiro… sin embargo, ídolos sólo he tenido uno (pese a mi melomanía y cinefilia, nunca he sido dado a la idolatría). En mi corazón Zidane está por encima de todos, nadie se le puede comparar. Sumando su contribución como jugador y entrenador, en mi opinión (amorosamente sesgada), es la figura más importante de la historia del Real Madrid junto con Di Stéfano, Santiago Bernabéu y Florentino Pérez. No es ya sólo que sea una leyenda del club que amo, es que adoro todo en él: su elegancia suprema, su forma de ser y de estar, su naturalidad, su falta absoluta de esnobismo e impostura, su calva, su cara, su temperamento, su forma de expresarse, su estrella y su sonrisa infinita. Personas que quiero y que ya no están me contaron historias de La Saeta, Gento y Puskas; yo tengo claro que en mi vejez (si llego) le contaré a mis nietos (si los tengo) que yo vi a Zidane desarmarlos a todos con su elegancia tanto fuera como dentro del campo. Mi madre, apasionada detractora del fútbol, decía que era muy hermoso ver a Zidane correr con el balón, como un cisne ejecutando una hipnótica danza en un lago verde. En la historia del fútbol, quizás, algunos jugaron mejor (no muchos). Nadie jugó más bonito.
En la historia del fútbol, quizás, algunos jugaron mejor (no muchos). Nadie jugó más bonito
Aunque me tienta, no estimo pertinente hacer ahora un alegato en favor del Zidane entrenador. Como decía Enrique Bunbury en una canción nunca se convence del todo a nadie de nada. Pero sí quiero hacer constar una de las grandes contradicciones lógicas de muchos aficionados y periodistas deportivos. Uno de los tópicos más delirantes que existen sobre su labor en los banquillos es que no sabe de táctica. La RAE, en su cuarta acepción, define táctica como “método o sistema para ejecutar o conseguir algo”. Sólo en un mundo prejuicioso y analítico hasta el ridículo como el fútbol se puede llegar a afirmar que la persona que más ha ganado, que ha ganado lo que no ha ganado nadie, no tiene ni idea de métodos o sistemas para ganar.
En las Navidades de 2003 yo era un atribulado adolescente de 19 años (19 años después, en cierto sentido, sigo siéndolo) que pasaba por una dolorosa ruptura sentimental y que, por diferentes circunstancias personales, se sentía enfadado y perdido; la magia ya había quedado atrás hace mucho, había sido reemplazada por el veneno del desencanto. Mis ilusiones habían sido enterradas bajo absurdas pulsiones rebeldes. Había perdido la capacidad de experimentar alegría y las fechas navideñas eran gasolina para el fuego de mi descontento. No obstante, sin esperarlo, aquel gélido 5 de enero recuperé la sonrisa.
No es necesario que realice una extensa crónica del partido ni una descripción pormenorizada de las mejores jugadas de aquel inolvidable Real Madrid-Valencia. Independientemente del resultado (4-1 a nuestro favor) y de los goles de bellísima factura, lo que se ha impreso en mi memoria sentimental es la incredulidad alucinógena y el éxtasis producido por la contemplación de la belleza en grado sumo. Recuerdo con claridad que gran parte del encuentro lo viví de pie, emborrachándome de felicidad con cada gesto técnico del francés. El Bernabéu se convirtió en el teatro de lo imposible y Zidane nos sumió a todos en un sueño del que ni siquiera combativos futbolistas como Albelda, Baraja o Ayala pudieron despertar. Durante aquella hora y media mi angustia adolescente se disipó y me reencontré con la magia y, por tanto, con mi inocencia. Me reencontré, en definitiva, con mi Navidad de la infancia.
Por eso jamás olvidaré la Noche de Reyes de 2003 en la que, por primera y última vez en mi vida, volví a ser niño.
Dicen que una vez un periodista le preguntó a John Ford qué era el cine y el legendario director respondió: “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”.
¿Habéis visto sonreír a Zidane? Pues eso es el Real Madrid.
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