Las mejores firmas madridistas del planeta

Es hora de que pongas a prueba tus conocimientos sobre el nuevo fichaje del Real Madrid, basta con realizar el quizz de esta semana. ¿Eres capaz de responder correctamente a estas ocho preguntas sobre Endrick?

¡Participa!

 

Querido Toni:

 

Es posible temer lo que se aprueba. Lo sé porque cuando vi que Ancelotti te dejaba fuera de la alineación frente al Athletic pensé que era un movimiento adecuado, pero a la vez sentí miedo. Miedo a que la decisión del técnico te sirva como argumento para que tú, a tu vez, tomes la decisión que no queremos que tomes.

Como no podía ser de otro modo, abogo por las rotaciones en medio de este calendario que, a punta de exhaustivo y extenuante, trata de compensar el efecto del parón del mundial de la vergüenza, y comprendo que Toni Kroos tiene que rotar, sobre todo cuando la competencia en el centro del campo se acrecienta con el buen momento de candidatos como Camavinga y Ceballos. Tiene que ser así, y a la vez me inquieta que el que así sea te empuje al abismo de la decisión sobre la que yo mismo, ahora, no hago más que dar vueltas con miedo a mentar la opción, la posibilidad de lo que habrá de pasar pero, sencillamente, aún no debe pasar.

Por eso sentí también alivio cuando aprovechaste tus pocos minutos para meter un gol tan marca de la casa que era como el sello compulsado de la esperanza. Quizá ahí pensaste en arrinconar la perspectiva tajante que un minuto antes, sentado en el banquillo, iba cobrando peso. Yo solo vengo a decirte que lo que te vino a la cabeza al anotar frente a Unai Simón, y no lo anterior, es lo indicado. Solo vengo a decirte que hagas lo que quieras, Toni, pero que no. Que todavía no, coño.

Kroos gol Athletic

Se hace raro implorar a un futbolista en estos términos. Normalmente, hay que rogarle que mire con frialdad su propia decadencia y obre en consecuencia, o hay que morderse la boca para no decírselo. Por lo general, el grupo de aduladores que rodea a las estrellas, en combinación con su propio ego, les impide tener tu lucidez. Pero tú te estás pasando de lúcido, Toni, estás dejando que el miedo a dejar de ser tú se te adelante en la carrera. Sucede que tú eres aún tú, más tú que nunca diría, y que te puedes permitir hollar el inicio del descenso (solo el inicio, Toni) sin que se resienta un ápice la memoria, sin que el recuerdo se agriete. En el equilibrio entre futuro y prestigio estás ponderando lo segundo por encima de tus posibilidades, o quizá (lo admito) tan solo por encima de las nuestras. Dependemos de ti como de todas las cosas buenas de la vida, así que decide lo que quieras, pero procura por todos los medios que aquello que decidas sea lo que nos conviene.

Solo vengo a decirte que hagas lo que quieras, Toni, pero que no. Que todavía no, coño

Qué descaro, ¿no? Pues sí, claro, el descaro egoísta del hincha, del admirador capaz de enamorarse de un pase largo como quien suspira por unas piernas inacabables, de unas estadísticas frías (noventa y tantos por ciento en pases a lo largo de nueve años) como si tuvieran la calidez de una espalda desnuda bajo un edredón. Toni, no nos jodas.

Lo tuyo es admirable, pero en la vida es posible ser demasiado admirable. Tú estás ahí. Es verdad que los maestros del show-business recomiendan dejar siempre al público con ganas de más, pero en tu caso sería dejarlo apenas con la miel en los labios. El mal timing puede también ser el otro, Toni. Me descubro ante tu brutal honestidad, pero de sobra sabes que si hay algo temible en este mundo es precisamente la honestidad. Eres ejemplar pero en esto no queremos que lo seas tanto, a ver si metes esto en tu cabezota alemana. Déjate de remilgos, repara los reparos y firma aquí de una vez, cabrón.

Toni Kroos

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Justicia se define tradicionalmente como dar a cada uno lo que le corresponde. Si está el Real Madrid de por medio, no se molesten ustedes en buscar justiciar en el común de los medios de comunicación, pues no la van a encontrar. Es muchísimo más fácil adoptar una opinión mascada, digerida y regurgitada, cuando no abiertamente vomitada, por los presuntos especialistas que moran las redacciones, que formarse un criterio propio a la vista de lo acontecido.

Nadie, salvo en la Galerna, va a clamar contra la tarjeta que se le mostró a Camavinga por un lance como los que hay mil en cada partido. Nadie va a decir que el desempeño de ese mismo jugador fue notabilísimo ni que sus condiciones físicas y técnicas, unidas a su desempeño reciente, sólo dan motivos para el optimismo. Esa forma de correr, plena de elegancia y plasticidad, y lo que esa zurda hace y puede hacer, serían materia de portadas si jugase en otros equipos. Afortunadamente, lo hace en el Real Madrid y, en el equipo rival, su equivalente está encarnado por un joven jugador con un juego y maneras más propios de una vaquilla burriciega resabiada que de un centrocampista de ida y vuelta, pero las cartulinas sólo las ve el francés del Real Madrid. Eso tampoco es justicia.

Camavinga Athletic

Nadie, salvo en la Galerna, va a destacar la ligera pero constante mejora de Mendy. Aunque desnortado a veces, es serio como pocos cuando la tormenta arrecia. Estamos de acuerdo de que es un jugador capaz de alternar las calidades y propiedades de Garrincha y Pizo Gómez, a veces incluso en la misma jugada, pero en cuanto a compromiso, energía y resistencia constituye un activo valiosísimo. No olvidemos que el madridismo se había (mal)acostumbrado en los últimos 25 años a un tipo de lateral izquierdo irrepetible. Roberto Carlos y Marcelo hicieron habitual lo excepcional, y Mendy ha completado con éxito la titánica tarea de acostumbrarnos a que un lateral izquierdo haga lo que tiene que hacer un lateral izquierdo, ni más ni menos.

Justicia se define tradicionalmente como dar a cada uno lo que le corresponde. Si está el Real Madrid de por medio, no se molesten ustedes en buscar justiciar en el común de los medios de comunicación, pues no la van a encontrar

Nadie, salvo en la Galerna, va a defender a Vinícius, al que en determinados medios ya se tacha de “problema”. Bendito problema el tener a un jugador al que los rivales provocan, pitan, insultan y agreden por un motivo ancestral: el miedo. Vini provoca terror en las defensas contrarias y, por ende, en su afición. No es plato de gusto ser encarado por un tipo con esa velocidad y potencia en carrera, y que, además, cuenta con recursos técnicos suficientes como para dejar sentado o desmadejado a su marcador. Lo que viene después de ese lance suele acabar con el balón en la red, así que entendemos que lo teman y que intenten evitar su intervención en el juego por lo civil o, más habitualmente, por lo criminal. En cuanto a los insultos racistas, tan hijos de puta son quienes los profieren como quienes cierran sus ojos y oídos ante ellos y, peor aún, quienes los justifican con pellizcos de monja y adversativas ridículas. Superliga, llega pronto, por favor.

Nacho, Man of the Match

Nadie, salvo en la Galerna, va a reconocer que esa moda de ponderar a Nacho viene precedida por rumores de marejada por un presunto malestar del jugador por su situación en la plantilla y su falta de minutos en favor de otros compañeros. Los medios de comunicación son incapaces de poner algo en su justa medida sin usar las antes mencionadas adversativas, es decir, sin, perdonen el término, enmerdar. Nacho es un jugador extraordinario de los que todo el mundo quiere tener en su plantilla. Conjugar ser extraordinario con la normalidad de la que hace gala don José Ignacio Fernández es algo muy difícil. No olvidemos que el excelente rendimiento de Nacho también se emplea para atacar al Real Madrid cuando, como ocurrió recientemente, juega sin españoles. Nacho sería buenísimo siendo español, canadiense, francés, brasileño o de Lesotho, cuyo gentilicio me excusará el lector de conocer, pero su españolidad será esgrimida si vale para atizar al Madrid, igual que su condición de canterano. De la cantera eran Zárate, Meca y Palanca, pero esa procedencia no resultó garantía de nada. La nacionalidad tampoco vale demasiado, pues, según ese razonamiento, Claudemir Vítor o Lucas Silva deberían haber alcanzado estatus de ídolos en el Bernabéu. Denme mercenarios, españoles o no, da lo mismo, que no sientan la camiseta pero que sean buenísimos, que ganar Copas de Europa es posiblemente el mejor y más eficaz método de fabricar madridistas que los siglos vieran.

Podría continuar con múltiples ejemplos, pero entiendo que ya se hará usted una idea. La disyuntiva consiste en recibir opiniones tan sesgadas como regurgitadas o formarse un criterio propio, ya sabe, pastilla roja o azul. Usted elige.

 

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Buenos días, amigos. No nos gustan las injusticias, no nos gusta el acoso, no nos gustan las mentiras, no nos gusta la portada de Marca.

Portada Marca

No hay por dónde coger con dignidad hoy el diario madrileño. Hemos tenido que esperar a un segundo café para asimilar que es real lo que estábamos viendo. Pero sí, es real, no como el escudo que los de Gallardo han impreso desprovisto de corona en el centro de la primera plana.

Nuestro enfado es mayúsculo. A buen seguro que no somos los únicos. O se defiende el acoso o se justifica, o se está en contra de la violencia o se pone en contexto —lo cual no deja de ser excusarla—, o se protege al futbolista, y a la persona, o se le daña, o se defiende el fútbol o se le ataca. Aquí no caben medias tintas. Y las tintas que ilustran hoy la portada de Marca son vergonzosas.

La Galerna no alberga dudas, La Galerna está con Vinícius.

Tres líneas directas al hígado de Vinícius por si las patadas de los rivales o los insultos racistas no fueran suficientes:

“El juego del brasileño se ve afectado por el ruido a su alrededor”. Las tarascadas a la altura de la rodilla son ruido, los mordiscos en la cabeza son ruido, los pisotones con los tacos son ruido, los empujones que lo sacan volando del campo son ruido, los codazos en la cara son ruido, los hachazos en el tobillo son ruido.

“Es el principal objetivo de las defensas y el epicentro de las iras de las aficiones rivales”. Sigue el festival eufemístico de Marca. Es el objetivo, pero el objetivo militar, el objetivo a eliminar, y como no lo pueden eliminar respetando los límites del reglamento, se salen de él, porque quien tiene que marcar estos límites —el colegiado— se lo permite, y no solo se lo permite, sino que forma parte del acoso y una vez en el suelo la víctima —Vinícius—, se agacha sobre ella y le recrimina babeando y desprovisto de dignidad no se sabe muy bien qué, tal vez que siga en el campo sin lesionarse. Y quienes tienen que denunciar estos comportamientos delictivos hacen portadas como la de hoy de Marca. “El epicentro de las iras de las aficiones rivales” significa que a Vinícius le insultan impunemente, que sufre racismo sin que la Fiscalía vea delito —"duraron unos segundos"— ni Marca considere relevante el racismo contra Vinícius, a diferencia de cuando las víctimas del mismo son otros.

Marca basta ya de racismo

“Se pierde en batallas individuales con gestos y protestas que el Madrid trata de atajar”. Marca dice que “se pierde”. Le acaban de volar la rodilla de una patada, pero Vinícius se pierde. Le acaban de llamar mono desde la banda un señor —o miles, como en el Metropolitano— a quien graban las decenas de cámaras del campo y luego no es posible identificar, pero se pierde.

Seguramente Marca preferiría un Vinícius sumiso, que aceptara las agresiones físicas, las agresiones racistas, la mofa irrespetuosa de los medios, el acoso de aficionados rivales y de árbitros, muy grave este último.

Tal vez si cuando el Raíllo, el Maffeo, el Alejo, o el Parejo de turno hacen saltar por los aires a Vinícius de una patada, codazo o empujón el brasileño del Real Madrid se quedara callado o, mejor aún, se fuese del campo para dejar de infundir miedo futbolístico a los rivales, Marca no publicaría estas portadas y los árbitros no tendrían que agacharse babeando y desprovistos de dignidad sobre Vini a recriminarle que se rebele contra los palos, que pida que se cumpla el reglamento, que solicite protección deportiva, física y legal.

Como bien escribe Jabois en El País, “si a Vinicius le dan una patada a la altura del tobillo, la noticia no es la patada sino lo que tenga que decir al respecto Vinicius; si el entrenador contrario se dirige a él para decirle que se tira mucho, la noticia será que Vinicius le responda en lugar de bajar la cabeza”.

Está muy acertado a este respeto Athos Dumas en La Galerna, los medios con más audiencia han creado la “Sección Vinícius”, un espacio diario en el cual justifican agresiones, insultos y cacerías sobre el 20 madridista. Lo que vende es Vinícius. Y vende porque es la estrella de la Liga, sin embargo, en lugar de protegerla, la propia Liga permite que se le destroce. Es un sinsentido vergonzoso y repugnante.

Lo que hace cada uno le define. A Vinícius le pegan los rivales, le profieren insultos racistas las aficiones contrarias. Ante esto, la fiscalía se lava las manos, los árbitros le recriminan, Marca publica la portada de hoy y Vinícius le regala su camiseta a una niña del Athletic al terminar el partido de San Mamés.

Pasad buen día.

Portada As Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Sucedió tras el enésimo tarascazo por detrás a Vinicius de un jugador del Bilbao. El 20 del Madrid se revolvió como un toro de lidia cuando le ponen un par de banderillas, harto de la violencia y del chuleo. Se iba a encarar con el marrullero vasco, otra vez, pero Carletto, que estaba a su lado en la banda, “al liquindoi” como se dice en Cádiz, es decir, ojo avizor (traducción macarrónica del Look and do it con el que los marineros ingleses se pedían entre ellos estar al quite de que no les birlaran nada mientras el práctico les atracaba el barco en el siglo XVIII), lo llamó como un padre hasta que captó su atención. “Habla conmigo, habla conmigo”, le ordenó el italiano. Vini respiró un segundo, asintió con la cabeza y se fue de la jugada. Ancelotti ganó la partida.

El Madrid conservó un rato más sobre el campo a su futbolista más desequilibrante, no ciertamente en su mejor partido. Al ser sustituido por Rodrygo, su compadre brasileño aprovechó que Vini tenía fritos a sus marcadores después de 70 minutos de trote largo; deshizo las marcas con un eslalon elegante e inteligente por el centro y movió todo el tablero de Ernesto Valverde hacia el otro lado. Allí, justo en el hueco que Vini había estado escarbando por su banda todo el partido, se encarnó Kroos, que también estaba fresco, para enviar a la red uno de sus “pases de gol” que ya tienen categoría artística propia dentro de la cultura contemporánea. Partido finito, Carletto vincente.

Ancelotti Bilbao

Ancelotti ha resuelto con sabiduría ancestral el embrollo de esta semana. Que, la verdad, pintaba fatal. Tras la Supercopa de Riad el mítico banderillero Blanquet, que podía oler la muerte, habría dicho que atufaba a cera. La temporada del Madrid apestaba a 2015, sino de tragedia, pero Carletto, como es un zorro viejo con muchos tiros pegados, mantuvo “la cabeza sobre los hombros cuando todos los demás la perdían”, que recitaba Kipling. Ha surfeado la tormenta apoyándose principalmente en lo más potable que tiene en su banquillo, sacándole un jugo francamente inesperado pero que sabe a gloria. Su particular brigada de refresco, que no obstante queda muy lejos del Equipo B que le ganó la Liga a Zidane en 2017, todavía cuenta con recursos importantes. Camavinga, Nacho y Ceballos, sobre todo, pero también Asensio, con el que Ancelotti da la impresión de querer llevar a cabo una reconversión industrial a trescuartista semejante a la que apuró de Di María el año de la Décima, su torrente de talento más puro. Lidiando como los toreros sabios, conociendo el paño, don Carlo ha puesto en el ruedo a gente que estaba pegada al banquillo como un chicle; a gente que había pasado la primera parte de la temporada un poco al margen, sin protagonismo y en el limbo opaco de las expectativas frustradas. Ha puesto a los muchachos con mayor o menor proyección dentro del club (Ceballos y Camavinga) por delante de tótems sagrados insustituibles (Modric y Kroos), les ha dado paso en mitad de un torbellino, llevando con ellos el cambio mientras el equipo subía una cuesta difícil, con su propio prestigio como entrenador en el filo de una cuchilla. Todo ello, como es su estilo, de forma absolutamente natural, como suele hacer las cosas este maestro del fútbol con alma de artesano paciente que transforma los contratiempos en oportunidades.

A Vinicius no le respetan ni los rivales ni los árbitros ni los hinchas rivales, y Carletto puso pie en pared en la sala de prensa de San Mamés, proclamando que el Madrid, que su equipo, quiere que se le respete

Pero lo mejor de todo lo que ha hecho Ancelotti esta semana, seguramente la clave de que su equipo le haya respondido a lomos de los jóvenes en campos duros y ásperos como La Cerámica y San Mamés, ha sido la confianza. La confianza dimana de la autoridad, y la autoridad se sostiene demostrando que se cree en los muchachos, cargándolos de responsabilidades. Pero no sólo alineándolos. También, y esto es importante, protegiéndolos públicamente como un auténtico paterfamilias. Especialmente, a Vinicius.

Con Vini y ahora con Camavinga pasa que todo vale en España. Esto no es nuevo, ocurrió muchas veces antes, la última, por ejemplo, con Cristiano Ronaldo. La fiesta, con el brasileño, dura desde el año pasado. En realidad, desde que aterrizó en España, pues en su primer partido con el Castilla hubo un gañán del Atlético de Madrid B que le pegó un bocado en la coronilla por que sí, e hizo mucha gracia en los ambientes. La fiesta con Vinicius incluye patadas, puñetazos, desplantes, mofas, recriminaciones, provocaciones e insultos. De estos, los hay por supuesto individuales, que quizá se disculparan por el fragor de la batalla, pero además los hay colectivos, que son los peores. Estos incluyen descalificativos racistas que las autoridades españolas han legitimado últimamente: para la Fiscalía de Odio, lo del Metropolitano del otoño pasado fue “inimputable”. Caso cerrado. A Vinicius no le respetan ni los rivales ni los árbitros ni los hinchas rivales, y Carletto puso pie en pared en la sala de prensa de San Mamés, proclamando que el Madrid, que su equipo, quiere que se le respete. Con Camavinga pasa algo parecido, en otro sentido. En la misma liga en la que Gavi martiriza tobillos por doquier cada fin de semana, con la inveterada impunidad que da, naturalmente, en este país y desde antiguo, el vestir de azulgrana, Camavinga ha heredado en cambio la presunción de culpabilidad arbitral que cada lustro pesa sobre un jugador del Madrid, porque esto también es inveterado y viene de largo. Antes fue Pepe, luego Casemiro. Ahora que Casemiro no está parece que es Camavinga. Todo lo que vista de blanco es, de primeras, culpable, así que Camavinga, y más cuando juega de 5, sólo tiene que pisarle la sombra a alguien para ser amonestado. El francés tendrá que hacerse a sí mismo mediocentro con plomo colgando de las botas, a diferencia de lo que sucede con cualquier petimetre que salga de La Masía, que camina por una alfombra roja en España desde que da cuatro pases seguidos. Así también pasa luego, claro, lo que pasa cuando salen a las fauces abiertas de la Copa de Europa, pero esa es otra historia.

Camavinga

Vini y Camavinga representan una superioridad física apabullante sobre sus rivales, la superioridad broncínea en que el Madrid ha cifrado el futuro inmediato de su equipo. Es de tal calibre la cosa que el castigo, en tobillos y en tarjetas, es la respuesta más eficaz para anularla. Vini y Camavinga representan el futuro arrollador e insultante en un campeonato degradado que se sudamericaniza a ojos vista, pero también representan el esfuerzo noble y la lid honesta (lo que antes se llamaba “en buena lid”). Lo que ambos encarnan con tanta pureza (con su piel oscura de dioses antiguos bajo la camiseta blanco nieve del Real) contrasta radicalmente con la sucia pillería de Gavi, que tan buen público tiene en España. Vini sufre el ratio de faltas sobre un mismo jugador más alto de las cinco grandes ligas europeas, pero como escribe Manuel Jabois en El País, “el debate se ha desplazado hacia la defensa que el jugador tenga que hacer de sí mismo para salir del campo con las dos piernas”. La cosa resulta obscena pero en España nos hemos acostumbrado a convivir ricamente con la obscenidad. Vini debe callar y no quejarse. No destacar, como decían los que mandaban durante el franquismo. No levantar la cabeza, no hacer como Cristiano en su día y responder a insultos relativos a su país o a su raza (lo que ahora es racismo con Vinicius, con Cristiano fue la xenofobia de campos enteros, empezando por el Camp Nou, cantando “ese portugués, qué hijo de puta es”). Vini debe pedir perdón, además de por ser el mejor, por ser también negro, joven, guapo y rico. Por encima de todas las cosas, Vini debe pedir perdón por ser el jugador de pasión más honesta que hay hoy en España.

Todo lo que vista de blanco es, de primeras, culpable, así que Camavinga, y más cuando juega de 5, sólo tiene que pisarle la sombra a alguien para ser amonestado

Así las cosas, la intervención directa de Ancelotti responde a la necesidad de proteger a los suyos y al equipo. De autogestionar la situación a la vista de la completa desprotección y complicidad de periodistas, árbitros, rivales y órganos reguladores. Es la intervención directa de la familia cuando falla la superestructura; la respuesta directa y patriarcal cuando fallan todas las demás respuestas. El Madrid, que es un Estado-nación dentro del Estado español (que es a su vez cada vez más Estado y cada vez menos nación) acude a sí mismo para solventar sus propias papeletas, pues está claro que como casi siempre, de fuera sólo va a recibir desprecio, desdén y rechazo. Hace tiempo ya que lo único que se puede hacer con el tema Vinicius es disciplinarlo mentalmente, convertirlo en yunque y en martillo. Para esa labor, gracias a Dios, el Madrid cuenta con el mejor de los hombres posibles. Y se está notando.

 

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Ya puedes medir tus conocimientos sobre el Real Madrid con los quizzes de La Galerna. Desde hoy, gracias a la colaboración con fcQuiz, podrás encontrar un quizz en nuestra web que se irá renovando periódicamente. Solo has de pinchar y responder a las preguntas en el tiempo estipulado para ello.

¡Entra y participa!

Todos los programas deportivos con altas audiencias tienen unos formatos parecidos. Me refiero a los programas nocturnos de COPE, SER, Onda Cero o al matinal de Radio Marca.

Se componen de secciones, algunas informativas, otras especificas polideportivas, principalmente balompié (con contenidos mayoritarios sobre Real Madrid, FC Barcelona y en menor medida, Atlético de Madrid) y de tertulias, en las que, entre Madrid y Barça se rellena más del 90% del tiempo.

Desde hace unos meses, y gracias a escuchar de vez en cuando el podcast de El Radio, de Richard Dees, todos estos programas han incorporado una sección fija y diaria dedicada a Vinicius Junior. No hay día que pase sin hablar del gran extremo izquierdo del Real Madrid. Unas veces dedican 5 minutos, otras 10, y, por ejemplo tras el Villarreal - Real Madrid de Copa del Rey, la “sección Vinicius” ocupó casi la mitad de la duración de cada programa.

Vinícius Villarreal

Se supone que hay otros temas en el mundo del deporte: el vergonzoso uso del VAR, el cada vez más nefasto nivel del arbitraje español, los tejemanejes en Can Barça o en los aledaños del Metropolitano, la crisis interminable del Sevilla FC…

Por ejemplo, a nadie se le ha ocurrido relacionar la dura sanción a la Juventus con el caso “plusvalías” con el FC Barcelona (con los más que sospechosos casos de Neto/Cillessen o el aún más sangrante Arthur/Pjanic), o aquellas sospechosísimas operaciones de los periplos chinos de Yannick Carrasco o de Paulinho, jamás aclaradas. Por no hablar de los bochornosos enjuagues Piqué-RFEF en la organización de la Supercopa de España. Son temas que pasan siempre de puntillas, como el caso Soulé y tantos otros. En ese sentido, hay que mirar con envidia a la justicia italiana, que no duda en sancionar durísimamente a sus principales clubs (restándoles puntos o enviándolos a categorías inferiores) y en mandar a sus dirigentes a los calabozos.

Los principales programas deportivos han incorporado la "sección Vinícius" para hablar cada día del extremo izquierdo del Real Madrid

Deben de ser los anteriores unos asuntos farragosos y difíciles de digerir para los radioyentes españoles, por eso apenas se les dedican breves minutos o apuntes en pocos segundos.

Lo que vende es Vinicius, y, por lo tanto, hay que volver una y otra vez sobre Vinicius. Los conductores de dichos programas, los de mayores audiencias, los Castaño, los Carreño, los Aitor Gómez y los Raúl Varela se frotan las manos cada día para soltar infinitas puyas sobre el joven talento brasileño, alentados por sus coros de periodistas ávidos de justificar agresiones, insultos y cacerías.

Y siempre concluyen sus “secciones Vinicius” señalándole con el dedo y culpabilizándolo de todo lo que ocurre a su alrededor. De esta forma, ya hay no un caldo de cultivo, sino una gigantesca marmita llena de caldo de odios, envidias, insidias sobre Vinicius Junior. Las aficiones rivales, los jugadores rivales, los entrenadores rivales se ceban en cada partido contra él. También ha llegado a ocurrir en el propio estadio Santiago Bernabéu, el partido ante el Cádiz fue una buena prueba de ello, con un tal Alejo al que el colegiado de turno le concedió licencia para todo contra el brasileño.

Alejo golpea a Vinícius

Y qué decir de los colegiados. Jamás se dirigen a los jugadores que le agreden y le hacen reiteradas faltas, pero muchos de ellos (recuerden el partido en Vallecas entre otros muchos) regañan y amenazan sin parar al agredido. En San Mamés, sin ir más lejos, Sánchez Martínez, tras una alevosa patada de Ander Herrera, fue a recriminar no se sabe qué al madridista, no al infractor jugador del Athletic. Algo similar pasó hace 4 días en Villarreal, donde Parejo salió aclamado por su público, cual gladiador de circo romano, tras haber zancadilleado sin piedad a Vinicius y sin haber sido sancionado con ninguna tarjeta.

Claro que tras sentencias como la de la Fiscalía de Madrid, en la que se acepta y se blanquea el hecho de infligir insultos racistas a Vini Jr sin dar lugar a sanción alguna, ya parece que todo vale.

Y en las tertulias diarias se sigue insistiendo una y otra vez en que el agredido provoca, o hace demasiados aspavientos y gestos o incita al rival. Es una y otra vez la explicación cobarde para justificar siempre cada duro marcaje, cada patada, cada agresión que sufre dicho jugador en cada partido.

En los programas de mayores audiencias se frotan las manos cada día para soltar infinitas puyas sobre el joven talento brasileño, alentados por sus coros de periodistas ávidos de justificar agresiones, insultos y cacerías

Mientras tanto, se tolera semana sí, semana también la actitud matonil de Gavi, jugador protegido hasta la saciedad por toda la prensa (¿quizás por ser español, además de por vestir la elástica azulgrana?), que recibe un porcentaje muy menor de tarjetas versus a las faltas que comete (mejor dicho, que le señalan, ya que comete infinitamente más). Se habla de su intensidad, de su energía, de su vigor, no de su agresividad que raya muy cerca de la línea de la violencia. Y los árbitros le consienten todo, al contrario por ejemplo de a Eduardo Camavinga, que empieza cada partido con una cartulina amarilla aunque, como en San Mamés, no mereciera su entrada ni ser señalada como falta.

No extrañaría que a la “sección Vinicius” de cada día, se empezara a dedicar una nueva sección habitual sobre Camavinga y su dureza, en contraste con la “noble intensidad” de Gavi, el querubín de Los Palacios.

 

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El Madrid asegura la permanencia

 

Ojo. Con su triunfo en San Mamés el equipo de Ancelotti ha superado la barrera de los 40 puntos. Suma 41 concretamente. Ha asegurado la permanencia pues. Le han sobrado dos jornadas de la primera vuelta. No da para Cibeles, pero tiene su mérito.

No hace nada servidor temía por su suerte en la categoría. Leía, escuchaba y tal. Solo él, Barça y Athletic Club han jugado siempre en Primera, ya saben. Amarrada la continuidad, tiene ante sí un reto formidable: ganar una plaza en la Conference League —no me hagan mucho caso, pero creo que va el séptimo—, Europa League —eso lo sabrá llamando al Barça— o en la Champions.

Hay que esperar, claro. Lo decidirán los puntos que sea capaz de sumar de aquí a junio. Repitiendo lo de hasta ahora llegaría a los 82, luego le permitiría seguir también en Europa el próximo curso. En Primera y en Europa. Me parece fantástico, insisto.

Amarrada la continuidad, tiene ante sí un reto formidable: ganar una plaza en la Conference League —no me hagan mucho caso, pero creo que va el séptimo—, Europa League —eso lo sabrá llamando al Barça— o en la Champions

Y bueno, después de su primer tiempo en Villarreal, el Madrid ha metido cinco goles y no encajó ninguno. No está mal. Tampoco Camavinga, hasta el punto que igual es el medio centro que viene y Tchouaméni el acompañante. Que van a jugar juntos mil años no lo duda nadie.

El Madrid de Tchouaméni y Camavinga

Y con Valverde y Ceballos, porque renovará Ceballos, ¿verdad?, al Madrid le queda traerse a Bellingham y tirarse otra década sin pensar en el centro del campo. Estos últimos tiempos me he fijado en el chico Zubimendi, de la Real. Florentino y servidor manejamos una misma teoría: el pueblo es insaciable. Y yo soy pueblo químicamente puro.

Lo cierto es la condición única del Madrid. No hay equipo en el mundo que movilice a tanta gente. Unos para verle ganar y otros, perder. Cuentan ahora que el fútbol debe divertir, entretener. Estando el Madrid la cosa está asegurada. Anoche mismo fue un come-come. Miles de tíos habrían pagado dinero para que el partido terminara con el gol de Benzema y otros miles para que lo anularan. No se les ocurrió. Porque tiene el calendario tremendo que tiene, pero igual debería hacerse un hueco en la Kings League esa. Cuentan que es eso, divertida y entretenida. El Madrid, o sea.

Gol Benzema Athletic

El calendario. Ayer corrieron todos. Es probable que la presencia de piernas jóvenes más la necesidad de ganar y evitar que les sigamos mareando excitara a los muchachos. Pero no renuncio a mi última pedrada: su enero está siendo el que es a propósito. Una apuesta física y tal. No fue solo la presencia del tremendo Camavinga, de Ceballos, es que desde Rudiger a Asensio, naturalmente Valverde, parecieron otros en Bilbao. No puede ser casualidad.

Lo cierto es la condición única del Madrid. No hay equipo en el mundo que movilice a tanta gente. Unos para verle ganar y otros, perder

No, no hay nada en el mundo comparable a este Real Madrid, su manera de ser y comportarse, máxime cuando parece estar contra las cuerdas. Es único, sí. ¿Para qué le dará este año? Pues ni idea. Es evidente que no va a ganar siempre. Pero puesto de verdad en harina quiero ver quién le gana.

La cosa inmediata es Atleti (26-E), Real Sociedad (29-E), Valencia (2-F), Mallorca (5-F) y Mundialito (8-F, semifinal) Como Dios aprieta pero no ahoga, tiene la suerte de que ese torneo se disputará en Marruecos y no en Japón, Nueva Zelanda o Marte. Cinco partidos en trece días. Uno cada 2,6. Muchos de ustedes van a ver más al Madrid que a su mujer, marido o similar.

Una cosa de locos. Como el Madrid.

Ayer padecimos un capítulo más de esta leonina crisis que sufre el Madrid y tuvimos que asistir, a nuestro pesar, a la victoria blanca frente al Athletic Club —y en San Mamés— por cero goles a dos. Veníamos del duro golpe de la remontada al Villarreal en Copa por dos goles a tres. Han sido dos varapalos consecutivos tremendos, porque el Madrid estaba muerto, y uno espera de un cadáver que respete su condición de fenecido y se esté quietecito, no que toque las narices.

En ambas victorias contra natura, Nacho Fernández ha sido de la partida de inicio en las filas del finado. En la posición de lateral derecho. Es necesario especificarlo, porque Nacho puede jugar de lo que quiera. Cuando nació, la familia de Nacho preguntó si había sido niño o niña y la comadrona respondió que habían tenido un jugador de fútbol del Real Madrid.

Porque Nacho es un futbolista natural, sin aditamentos. En la cocina, si uno tiene una buena materia prima, lo más sensato es no estropearla en la preparación. Un buen pescado o una buena carne apenas necesitan sal y calor para dar su mejor versión, es contraproducente un exceso de aliño o el fracaso absoluto por ahogamiento en salsas varias, hecho que ocurre más a menudo de los deseable. En el fútbol sucede lo mismo, un buen jugador lo es más si se limita a realizar su labor de manera profesional cuando es requerido para ello.

Nacho frente al Athletic

En estos dos partidos que lleva como titular en el flanco derecho de la defensa blanca, Nacho ha conseguido que disfrutemos de 180 minutos de tranquilidad en esa zona del campo. El mérito no es pequeño, pues entre las principales causas que provocan las cardiopatías se encuentran el tabaco, la obesidad, la vida sedentaria, Twitter y el lateral derecho del Real Madrid. Nadie ha echado de menos a Carvajal ni a su suplente Lucas Vázquez.

En estos momentos, junto a Militao, Nacho es el mejor defensa blanco

A mi juicio, Nacho fue ayer el man of the match del Real Madrid, lo cual no significa que no pondere el encuentro que realizó Camavinga —es muy serio lo de este futbolista—, Benzema, Militao o el propio Ceballos. Pero Nacho, además de realizar de manera brillante su labor futbolística, aportó una actitud que hizo levantarse del asiento al madridismo en varios lances. Nacho se desempeñó en los duelos con ese liderazgo que emanaban tipos como Camacho o Hierro. Esa resolución valiente es puro Real Madrid.

La misma contundencia que mostró en defensa la lució en ataque. Subió lo que el desarrollo del partido y sus propias características permitían, sirvió algún buen balón a Benzema y también se desató de cara al marco rival. Especialmente en un balón violento —repelido milagrosamente por Unai Simón— que pareció rematar con el odio que uno atesora después de recibir una comunicación de la Agencia Tributaria.

En estos momentos, junto a Militao, Nacho es el mejor defensa blanco. Tanto por los aciertos, como por los errores que no comete, aspecto muy importante en este club.

Nacho Fernández. Grupo sanguíneo: madridista negativo. Profesión: jugador de fútbol.

 

Getty Images.

Todos sabíamos que Valverde y Ceballos podían pasar la pelota más rápido que Modric y Kroos, aunque quizá nunca sean mejores que ellos (en el caso de Fede, su explosión es tan brutal que ya dudo de todo). Lo que sí son es más intensos. En defensa y en ataque.

Todos sabíamos, o lo llevábamos dentro, que Camavinga es cosa seria. Si haces todo bien en el fútbol con veinte años, y además eres alto, guapo y fuerte (ah, y un encanto como persona), queda claro que el resto era ponerte, y parece que le han puesto. Camavinga-Tchouaméni-Valverde te da para todo, ojalá lo veamos pronto. Me viene a la cabeza la anécdota de Farinós cuando era juvenil. Le dijeron a Valdano que hacía todo bien pero que tenía mal carácter y Valdano, tan fino como siempre, replicó: peor sería al revés. A los meses debutó con el Valencia, y a los dos años lo vendieron al Inter por una barbaridad de dinero.

Camavinga

Todos sabíamos que Nacho valía como lateral. Quizá no sabíamos si era mejor que Carvajal pero ¿y si sí lo es? Uno no sabe pero le vi inexpugnable en San Mamés. Quizá exagero, pero van 180 minutos de absoluta tranquilidad por la derecha. Hasta que llegue algún monstruo europeo (el Liverpool está en el horizonte), a mí me vale.

Todos sabíamos que Mendy volvería, estuvo inmenso en Bilbao. Y sabíamos que Vinicius volvería también: su finura retorna cuando tiene cierto tono físico, y lo debe de tener ya. Nunca va a ser Ansu Fati ni Rodrygo entre líneas, pero él es fuego mientras los otros dos son agua.

¿Y Benzema? Viendo su gol y siendo algo ventajistas, dan ganas de mirar a Deschamps de reojo. Ha vuelto aceptablemente bien, mejor de lo que esperábamos, siendo sinceros, otra vez. Como meta treinta, a Florentino le va a tentar no fichar a ningún delantero hasta que venga Endrick (o Haaland, o Mbappé).

Parece broma, pero quizá no tener delantero sea el verdadero impulsor del éxito del Madrid.

 

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