Buenos días. El diario As plantea el interrogante del futuro de Carlo Ancelotti. No es una polémica artificial. El propio Carletto reconoció ayer en rueda de prensa que existe un interés real por parte de la selección brasileña para hacerse con sus servicios.
Nos parece normal que exista ese interés (el palmarés del italiano, único técnico que ha ganado las 5 grandes Ligas europeas y 4 Champions Leagues, es el mejor de entre todos los entrenadores del continente), y más normal aún que Carlo se sienta tentado. La posibilidad de agregar a ese descomunal palmarés el haber entrenado a la selección más potente del planeta, por historia y por potencial de futuro, resulta sugestiva para cualquiera. Imaginad lo que supondría añadir a ese currículum con los mejores clubes (Real Madrid incluido) el logro de un Mundial al frente de la canarinha.
La eventual decisión de Carlo (seguir en el Madrid o fichar por Brasil) no es la única incógnita aquí. La otra es, por supuesto, si el Madrid quiere que Carlo siga. En ese sentido, la portada de As acierta al indicar que Ancelotti “no sabe” si el Madrid le mantendrá hasta junio de 2024, como marca su contrato.
No lo sabe y el Madrid tampoco. Y nosotros tampoco, cabe agregar. En el Madrid nunca se conoce el futuro inmediato, por la sencilla razón de que nunca se tiene la garantía del éxito. El éxito, que es la droga del Madrid, es también la variable que define la toma de decisiones, y nos parece que hay coherencia en ello. Si Carlo tiene éxito en lo que queda de curso (siendo éxito por ejemplo ganar Champions, o ganar Copa y llegar a semifinales de Champions), nadie hablará de deshacer el contrato y el italiano seguirá, ya que él mismo ha indicado que su ilusión es cumplirlo. Si la temporada no se corona con ningún título más —recordemos que ya tenemos Supercopa europea y Mundial de clubes—, lo normal es que se hable y que se exima al entrenador de la obligación de cumplir su contrato, dejándole marchar a Brasil.
Es lo que va a ocurrir, esas son las dos opciones, y nos parece bien. También nos parecería correcto por parte de todos que, incluso en caso de éxito, Carlo decidiese volar. En ese caso, le despediríamos con lágrimas y con todo el honor que merece. El Madrid nunca le retendría, y esto también nos parece bien.
A todo esto, hoy vuelve para el Madrid la Liga de los maffeos, raíllos y negreiras. Qué planazo. Marca nos habla del partido que jugaremos a las 16:15 ante el Pucela en el Bernabéu, y otorga el protagonismo a Vinicius no sabemos muy bien por qué. Por mala conciencia, suponemos, y porque la negreiliga está decidida en favor del club más ladrón de la historia del fútbol. Después de alentar campañas contra Vinicius cuando la liga estaba apretada, pasando por encima de temas tan serios como el racismo y acusando de provocar a quien no era más que el saco de golpes de desaprensivos de fama fugaz, ahora le apoya, cuando todo partido del Madrid es anecdótico porque la liga está en chino mandarín. A buenas horas, mangas verdes. No cuela, Marca.
La prensa cataculé alardea de la victoria de ayer ante el Elche, del puntaje, de Ansu Fati y de todo lo alardeable. Van a ganar este campeonato manchado de vergüenza, como lo estará cualquiera que no haya venido precedido por una limpia profunda del estamento arbitral y una sanción ejemplar contra el club corrupto. La credibilidad del campeonato es cero, y la misma cifra podemos usar para definir el mérito y el valor del título que el Barça se apresta a sumar a su dudosísimo palmarés. Lo decimos y lo diremos cuantas veces haga falta a pesar de las nuevas amenazas de Laporta, que también recoge el cataculerismo en sus primeras planas.
Laporta nos va a sentar a todos en el banquillo. Estamos listos, Jan. Aquí nos tienes. Mientras tanto, puedes ir explicando, así, sin prisas, cuando te venga bien, por qué tu club pagó al vicepresidente de los árbitros más de siete millones de euros durante dos décadas… que sepamos, y por qué tú cuadriplicaste sus emolumentos.
Pasad un buen día.
Aquel jueves 2 de abril —fecha luctuosa en el almanaque blanco—, Madrid amaneció con las calles mojadas y el cielo entoldado y gris.
Tras levantarme sobresaltado por el estrépito metálico del despertador, mientras me lavaba la cara, todavía algo aturdido, la radio espetó la noticia a bocajarro: "Esta madrugada ha fallecido en un trágico accidente de tráfico, el exjugador del Real Madrid Juan Gómez, Juanito..."
Y como si hubiera palpado la piel húmeda de un reptil un escalofrío me recorrió el espinazo.
Al salir de casa, para cerciorarme de lo que había oído, eché un vistazo a las portadas de la prensa deportiva en un kiosco de la calle Serrano, pero como el suceso aconteció de madrugada los periódicos no se hicieron eco de la noticia. Apenas faltaban dos semanas para los fastos de la Exposición Universal de Sevilla. Sin embargo, durante el trayecto en autobús, apretujado entre la gente, me lo confirmó el lamento de un pasajero al que oí suspirar:
—Pobre Juanito...
Y al arribar a Torre Europa, desde el amplio ventanal, contemplé el Bernabéu con una extraña sensación de orfandad.
Sólo unos días antes del fatídico accidente, una gitana, tras leerle la palma de la mano, auguró a Juanito que moriría joven. Por eso acababa de hacerse un seguro de vida con su amigo el exárbitro Joaquín Ramos Marcos. Ahora que empezaba a sentar la cabeza...
Yo entonces trabajaba en el departamento comercial de la Compañía British Life, filial de Scottish Provident en España, ubicada en el edificio Torre Europa, y desde la séptima planta del majestuoso rascacielos divisaba cada jornada el Bernabéu. A priori, nada hacía presagiar que lo que aconteció esa lluviosa noche de primavera sería recordado por los aficionados al fútbol después de tantos años.
Las luces de las farolas titilaban a lo largo del Paseo de la Castellana y como siempre que había partido una riada de vehículos y una marea humana confluían en los aledaños del estadio. Jugaban el Madrid y el Torino el encuentro de ida de semifinales de la Copa de la UEFA y la entrevista con aquel cliente pejiguero y puntilloso interesado en participar en un fondo de inversión se había prolongado más de la cuenta.
Sólo unos días antes del fatídico accidente, una gitana, tras leerle la palma de la mano, auguró a Juanito que moriría joven. Por eso acababa de hacerse un seguro de vida
Cuando, por fin, me liberé de él en el espacioso vestíbulo de la oficina, consulté mi reloj y advertí que apenas faltaba media hora para que arrancara el partido. Tras enfundarme la gabardina apresuradamente, bajé en el ascensor, crucé la puerta giratoria y nada más salir a la calle, dando una carrera, conseguí alcanzar el autobús por los pelos.
A contracorriente de los coches que se dirigían al campo, atrapados en un gigantesco atasco, llegué a tiempo al apartamento donde residía, en la calle Don Ramón de la Cruz, para presenciar el partido por TVE, con los comentarios, siempre sobrios y ponderados, de José Ángel de la Casa. Nada que ver con los locutores hiperventilados de hoy en día que me ponen la cabeza hecha un bombo.
Aunque los transalpinos se adelantaron en el marcador por medio de Casagrande —tras un error de Buyo—, el Madrid remontó con goles de Fernando Hierro y Gica Hagi, el “Maradona de los Cárpatos”.
Más allá del aliciente —o el morbo— de volver a ver en el Bernabéu a Rafael Martín Vázquez, uno de los ex integrantes de la Quinta del Buitre, entonces en las filas del conjunto turinés, el duelo no hubiese pasado a la historia de no ser por la presencia esa noche en el coliseo blanco de Juan Gómez, que por aquellas fechas entrenaba al Mérida y había acudido a la capital acompañado por el preparador físico del equipo, Lolino, y de algunos jugadores de la plantilla —Pepe Pla, Ricardo y Echevarría—, como si estuviera enganchado al Real Madrid con el que mantenía un idilio apasionado y tortuoso, una suerte de amor fou.
Aquella tarde, como siempre que había partido, el Lancaster estaba muy concurrido. El pub, situado frente al Bernabéu, en el número 113 del Paseo de la Castellana —hoy un Lounge Bar— era propiedad de Goyo Benito y lo frecuentaban algunos veteranos del Madrid: Del Bosque, Camacho y Gordillo, entre otros, que solían pasarse por el local antes o después de cenar en La Dorada. Aunque a la hora del almuerzo el Lancaster servía un suculento cocido, por las tardes se llenaba de yuppies engominados que se acodaban en su barra acolchada con un whisky on the rocks en la mano. Yo mismo, más de una vez, me había dejado caer por ahí al salir del despacho.
Cuando Juanito se abrió paso entre los clientes del establecimiento, acompañado de su séquito, envuelto en la luz tenue que esparcían las tulipas y las volutas azuladas del humo de los puros, atrajo las miradas de la gente y, como si se hubiera detenido el tiempo, se hizo un breve silencio seguido de un murmullo de fascinación. Tras saludar efusivamente a algunos exjugadores merengues, Juanito se sentó a una mesa con ellos sin que los aficionados dejasen de asediarlo: cuando no le daban palmaditas en la espalda, le pedían hacerse una foto con una cámara polaroid junto a él o que estampara su rúbrica en un posavasos de cartón o en una servilleta de papel.
Al cabo de un rato, cuando se aproximaba la hora del partido, Juanito, seguido por sus pupilos, se dirigió al campo, donde tras darse otro baño de masas, atendió a la prensa escrita, a la televisión y a diversas emisoras de radio y, una vez concluido el encuentro, bajó a saludar a sus excompañeros al vestuario.
Pasada la medianoche y tras cenar frugalmente —al día siguiente tenían entrenamiento vespertino—, la expedición partió con destino a Mérida.
Juanito y Lolino se desplazaron en un Peugeot 405, propiedad del presidente del club, José Fouto, que canceló el viaje a última hora por asuntos laborales, cediéndoles el vehículo, mientras Pepe Pla, Ricardo y Echevarría iban conversando animadamente en un Opel Calibra, todavía excitados por todo lo vivido esa noche en la capital —el Míster les había presentado nada menos que a Alfredo Di Stefano—.
Juanito condujo el automóvil hasta que se detuvieron en una gasolinera a llenar el depósito y tras repostar, como si tuviera que cumplir los designios de su destino, le pidió a Lolino que lo relevara al volante, mientras él, arrellanado en el asiento del copiloto, aprovechó para repasar las notas que había tomado durante el partido antes de dar una cabezada.
La lluvia crepitaba intensamente en el parabrisas a la vez que un manto de niebla iba extendiéndose como un velo de tul sobre la carretera de Extremadura.
Alrededor de las dos de la madrugada, a la altura de La Calzada de Oropesa, todavía en la provincia de Toledo, cuando apenas faltaban tres kilómetros para llegar a Cáceres, un camión de alto tonelaje chocó aparatosamente contra la mediana y tras perder los troncos de madera que transportaba en el tráiler fueron a parar a la calzada.
Otro colega suyo, que circulaba en sentido contrario, en un camión con matrícula de Portugal, se detuvo en el arcén para socorrerlo.
Instantes después, el vehículo en que viajaban los jugadores del Mérida, logró esquivar los troncos esparcidos por el piso resbaladizo, sin embargo, el coche de Lolino, aunque zigzagueó para salvar los obstáculos, no pudo evitar empotrarse contra la esquina trasera del camión luso estacionado en la carretera.
El preparador físico del Mérida, con diversas heridas y contusiones, salvó la vida milagrosamente pero el infortunio se cebó con Juanito que falleció en el acto mientras dormía soñando acaso con entrenar al club de sus amores algún día.
Juanito falleció en el acto mientras dormía soñando acaso con entrenar al club de sus amores algún día
Pepe Pla oyó el golpe sordo del choque y vio a través del espejo retrovisor un resplandor en la oscuridad. Nada más frenar en seco, sus compañeros corrieron por el arcén hasta donde se produjo el siniestro y volvieron despavoridos, envueltos en la niebla, llevándose las manos a la cabeza como si hubieran presenciado una película de miedo.
Habituado a driblar defensas rivales, esa aciaga noche, Juanito no fue capaz de sortear el camión detenido junto a la cuneta porque estaba dormido."El Supersónico Juanito Gómez" murió como vivió: deprisa... y por la banda derecha.
El Peugeot 405, reducido a un amasijo de hierros retorcidos, fue trasladado a un taller de Lagartera antes de terminar en el desguace.
En el interior del vehículo, sobre la tapicería perlada de agua de lluvia, entre los cristales rotos, había unos papeles arrugados y caóticos: las notas tomadas por Juanito sobre el encuentro y las fotografías desperdigadas de una mujer y unos niños.
Los restos mortales de Juanito fueron conducidos a la morgue de Talavera de la Reina, siendo posteriormente enterrado en el cementerio de su Fuengirola natal, entre vítores y aplausos, con honores casi de Jefe de Estado.
Al sepelio multitudinario —casi sesenta mil personas desbordaron el camposanto— acudió la plana mayor del Real Madrid, con su entonces presidente Ramón Mendoza a la cabeza.
El ataúd, cubierto por las banderas de los equipos en los que había militado Juanito, y un capote, obsequio del torero Antonio José Galán, fue sujetado a hombros por los jugadores del Mérida y el Real Madrid, cuyos rostros desencajados reflejaban su aflicción.
Fuengirola era un mar de lágrimas, en los edificios oficiales las banderas ondearon a media asta y cerca de trescientas coronas de flores fueron enviadas a la localidad malagueña, convertida ese día en el rompeolas de España.
"El Supersónico Juanito Gómez" murió como vivió: deprisa... y por la banda derecha
Hay en la muerte de Juanito cierta similitud con la del mito griego de Jasón y los argonautas, quien, tras no pocas vicisitudes —lidiar con una serpiente gigantesca, batallar con los guerreros spartoi, derrotar al minotauro— habiendo obtenido el ansiado vellocino de oro, cuando duerme plácidamente rememorando sus hazañas en la embarcación Argos, varada en la orilla de la playa, el mástil de madera podrido cae sobre su cabeza matándolo ipso facto, como los troncos que se interpusieron en la carretera aquella lluviosa noche mientras dormía nuestro protagonista.
La vida de Juan Gómez no fue un camino de rosas... Hijo de un albañil, tras destacar en Los Boliches de Fuengirola, con apenas quince años, el verano del 69 fichó por los juveniles del Atlético de Madrid. Hospedado en una pensión de la calle Ballesta, junto a una casa de lenocinio, el imberbe Juanito, además de iniciarse en otros juegos prohibidos, soñaba día y noche con alcanzar la gloria, sin embargo, una rotura de tibia y peroné lo tuvo en el dique seco casi un año.
El club colchonero optó por deshacerse de él y fue a parar con sus huesos al Burgos, que militaba en segunda división, donde cuajó una campaña magnífica. Tras subir a primera, Juanito volvió a verse las caras con el club de la ribera del Manzanares, que le había dejado en la estacada, endosándole tres goles, como si de un acto de justicia poética se tratara.
Juanito tenía el instinto de ajustar cuentas con quien hería su amor propio. Era su naturaleza. Como la del escorpión soltar un picotazo. En la ciudad de la Catedral dejó alguna muestra de su carácter indómito. Mientras hacía la mili, se fugó del cuartel para disputar un partido en el Plantío. Y fue condenado por sus superiores a pasar una temporada entre los muros del calabozo.
Hasta que el verano del 77, desoyendo los cantos de sirena del Barcelona, que también había entrado en la puja, cumplió su sueño dorado: jugar en el Real Madrid.
En la casa blanca vivió una década prodigiosa, empañada, eso sí, por algunos episodios que le granjearon fama de jugador conflictivo.
Cinco ligas, dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey y el Trofeo Pichichi, adornaron su palmarés, pero se le resistió, como a tantos otros, la codiciada Copa de Europa, aunque estuvo a punto de alzarla, llegando a la final disputada el 27 de Mayo del 81 en el Parque de los Príncipes de París.
El Madrid acudió a aquella cita dirigido por Vujadin Boskov, el peculiar entrenador serbio que legó a la posteridad una verdad tautológica: "fútbol es fútbol".
Enfrente, el Liverpool del carismático Bob Paisley —exminero, combatiente en la Segunda Guerra mundial en la batalla del Alamein, discípulo aventajado de Bill Shankly—, que contaba en sus filas con el balón de oro Kevin Keegan.
Tras un partido muy táctico, los diablos rojos se impusieron al Madrid de Los García con un solitario gol de Allan Kennedy en el minuto 81 y la orejona fue a parar a las vitrinas del conjunto inglés. Fue la tercera para Paisley, mientras nuestro hombre se quedaba con la miel en los labios...
Pero como era tan supersticioso echó la culpa a la mujer de Santillana por presentarse en la ciudad del Sena vestida de amarillo.
—A quién se le ocurre... —le reprochó a su amigo Charly, con el que formó una dupla letal aquellos años.
Extremo derecho habilidoso y veloz, dotado de un vertiginoso cambio de ritmo, reconvertido con el paso del tiempo en centrocampista por su enorme visión de juego y su técnica depurada, futbolista de raza y casta, Juanito tenía duende y siempre que se ataba las botas era para ganar, pero, sobre todo, será recordado por liderar, con sus encendidas arengas y su entusiasmo contagioso, las conjuras del vestuario para remontar eliminatorias imposibles, la antesala de aquellas noches mágicas en las que la hinchada merengue llevaba al equipo en volandas en medio de una atmósfera paranormal y el miedo escénico atenazaba a los visitantes del Bernabéu.
Juanito tenía duende y siempre que se ataba las botas era para ganar, pero, sobre todo, será recordado por liderar, con sus encendidas arengas y su entusiasmo contagioso, las conjuras del vestuario para remontar eliminatorias imposibles
Lo que se ha dado en llamar "el espíritu de Juanito", que bien podría sintetizarse en la tan cacareada frase que el astro blanco le soltó en un italiano macarrónico al capitán del Inter de Milán, Graziano Bini, tras caer el Real Madrid en el Giuseppe Meazza: "Noventa minuti en el Bernabéu son molto longo".
Y vaya si lo fueron...
De sangre caliente, noctívago, lenguaraz, pendenciero... envió al veterano Helenio Herrera "al asilo" por ningunearlo la víspera de un clásico y llevó a los tribunales a José Luis Núñez por acusarle de ir dejando mujeres embarazadas por las esquinas.
En un partido de Copa de Europa, tras ser eliminado el Madrid por el Grasshopper de Zurich, zarandeó e insultó al colegiado alemán Adolf Prokop en el túnel de vestuarios.
Y escupió a su excompañero Uli Stielike, con el que mantuvo un duelo a cara de perro sobre el césped cuando el germano militaba en el Neuchatel suizo. Sus rencillas venían de lejos, aunque con el paso de los años ambos se reconciliaron en Marbella.
el espíritu de Juanito bien podría sintetizarse en la tan cacareada frase que el astro blanco le soltó en un italiano macarrónico al capitán del Inter de Milán, Graziano Bini, tras caer el Real Madrid en el Giuseppe Meazza: "Noventa minuti en el Bernabéu son molto longo"
Vistiendo la camiseta de la Selección, durante un partido de clasificación para el Mundial de Argentina 78, disputado en el estadio del Estrella Roja de Belgrado —el pequeño Maracaná—, ante más de ciento veinte mil enfurecidos espectadores —el Mariscal Tito decretó la jornada festiva— al ser sustituido en las postrimerías del encuentro, dirigiéndose a la tribuna, bajó el pulgar y recibió un botellazo en la testa que le hizo perder el conocimiento.
"Cabezón", le motejaron jocosamente desde entonces sus compañeros.
Pero el lado más oscuro e irracional de Juanito afloró con toda su crudeza en el estadio Olímpico de Múnich cuando su carácter volcánico entró en erupción y, presa de un arrebato, pisó la cabeza al centrocampista del Bayern, Lothar Matthäus.
La UEFA le impuso un severísimo castigo: cinco años sin disputar competiciones internacionales.
Pese a que días después se disculpó regalándole un estoque y una muleta al jugador bávaro para desagraviarlo, el Madrid no tuvo más remedio que indicarle la puerta de salida al finalizar la temporada.
Recaló entonces en el Málaga, y ahí jugó dos años, el primero en segunda división, contribuyendo decisivamente al ascenso del club a la categoría de honor, en la que de nuevo dejó destellos de su clase, marcando un gol sublime de vaselina a su excompañero Buyo que festejó dando una voltereta sobre la hierba de la Rosaleda.
Fue precisamente en el estadio del Málaga donde "El Genio de Fuengirola" colgó las botas.Le cortó literalmente la coleta otro genio, en este caso de la Tauromaquia, "El Faraón de Camas", su gran amigo Curro Romero.
Torero frustrado, de vestirse de luces, la muerte probablemente le hubiera sorprendido en el ruedo arrimándose a un morlaco.
Porque estaba llamado a vivir pericolosamente, ese era su sino: flirtear con el abismo, como si lo que secretamente palpitara en él fuera el deseo de perpetuarse, de ser eterno e inmortal.
Sin embargo, Juanito no podía vivir sin el fútbol. Era su pasión. Y soñaba con volver al Madrid por la puerta grande. Por eso se hizo entrenador.
En realidad, el presidente del Mérida le ofreció el puesto primero a Camacho, pero el exlateral blanco lo rehusó, sugiriéndole a Pepe Fouto que se lo propusiera a Juan Gómez, su amigo del alma, que estaba sin blanca.
—Estoy tieso— había confesado el de Fuengirola abriéndose en canal en una entrevista concedida a El País.
Y es que Juanito no sólo había invertido mal sus ahorros, también tenía un agujero en la mano.
Juanito no podía vivir sin el fútbol. Era su pasión. Y soñaba con volver al Madrid por la puerta grande. Por eso se hizo entrenador
Icono del madridismo, ni Alfredo Di Stefano ni Paco Gento ni el "El brujo Amancio", todos ellos presidentes de honor del Club; ni la Quinta del Buitre ni Pedja Mijatovic, autor del gol de la Séptima; ni los Galácticos ni la BBC ocupan un lugar tan preeminente como Juan Gómez en el santoral blanco. A pesar de sus desvaríos, de sus cruces de cables, de sus salidas de pie de banco.
Tal vez la explicación sea que la mayor virtud de Juanito: la pasión, fue también su mayor defecto e incluso su perdición.
Sin embargo, la afición merengue supo descifrar perfectamente ese oxímoron. He ahí el busilis del asunto.
Quizás esa efigie erigida en su honor en la soleada tierra que le vio nacer, Fuengirola, simbolice lo que afirmó C. S. Lewis: "Somos como bloques de piedra y los golpes del cincel del escultor que tanto nos lastiman, también nos hacen más perfectos".
Juanito había ido moldeando su carácter, madurando como persona, desbastando su lado más rudo, áspero y primario. Estaba ilusionado con su nueva faceta entrenador. Era la oportunidad de redimirse.
Si pudiese rebobinar, si consiguiera dar marcha atrás, no cometería tantos errores. Esa fue la enseñanza que intentó transmitir a sus jugadores. Pero para él ya era tarde... Lo dijo el púgil argentino Óscar "Ringo" Bonavena: "La experiencia es un peine que la vida te regala cuando te has quedado calvo".
Su otro yo, sus dichosos prontos, sus arrebatos, le jugaron una mala pasada. Aunque en palabras de Jorge Valdano: "Todo el mal que hizo Juanito a lo largo de su vida no abarca ni un minuto".
La ira es una locura de corta duración.
A pesar de ser tan visceral —o quizás por eso—, Juanito tenía un corazón que no le cabía en el pecho.
Jorge Valdano: "Todo el mal que hizo Juanito a lo largo de su vida no abarca ni un minuto"
Siendo entrenador del Mérida, el día después de Reyes, se presentó en el entrenamiento con un montón de bolsas de juguetes para los hijos de sus jugadores, a los que nunca permitió pagar ni una caña.
—Cuando seas un crack —les decía al tiempo que se llevaba la mano al billetero— ya me invitarás...
Un día, paseando por las calles empedradas de la ciudad romana en compañía de Santiago Cañizares —a la sazón su joven guardameta en el Mérida—, se desató una tormenta y, bajo el diluvio, Juanito compró a una vendedora de lotería todos los cupones para que se cobijase en su casa.
Aunque si con alguien nunca se entendió —uno era noble y el otro taimado, como recientemente ha quedado demostrado— fue con el siniestro José María Enríquez Negreira.
No sólo porque fue el único árbitro que lo expulsó dos veces a lo largo de su carrera deportiva —ambas por protestar— sino también porque jamás comprendió el motivo por el que demoró deliberadamente dos minutos el inicio de la segunda mitad en el Molinón —todos los encuentros debían empezar a la misma hora—, aquella lluviosa tarde —de infausta memoria para el madridismo— en la que al club merengue se le escapó el título de liga la última jornada de la temporada 80-81 en favor de la Real Sociedad.
¿Acaso porque así disponía de una bala de plata al final del partido?
Nunca se sabrá...
Lo que sí sabemos es lo que opinaba Juanito por aquel entonces—adelantándose a todos—, del turbio colegiado catalán.
—De Enríquez Negreira, no quisiera ni oír hablar... —manifestó clarividentemente en una entrevista concedida al ABC allá por 1.985.
Con la muerte de Juanito, también moría algo de mí y de aquella época en la que yo escuchaba el fútbol en vilo con un transistor pegado a la oreja en Radio Intercontinental, donde Héctor del Mar, "El hombre del gol", un locutor argentino afincado en España, narraba los partidos con su acento porteño y su voz vibrante y sincopada.
"Puma" Santillana, "Macho" Camacho, "Cámara Lenta" Del Bosque, "Hacha Brava" Benito, "Tanque" Stielike y, cómo no, "Supersónico" Juanito Gómez, eran algunos de los apodos con los que se refería a aquellos jugadores legendarios que forman parte de nuestro imaginario colectivo.
Aquellas ligas de hombres extraordinarios...
Con el paso de los años, el mito y la leyenda de Juan Gómez, lejos de desvanecerse, se ha ido agigantando, y todavía hoy, el fondo sur del Bernabéu, cada partido, en el minuto 7 —el número del dorsal que Juanito lució en su camiseta blanca—, le rinde tributo, coreando su nombre e invocando su espíritu.
—Illa, illa, illa, Juanito Maravilla.
Más de treinta años después de aquella lluviosa noche en la que alguien —ay— nos robó el mes de abril...
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Ese era el título de la película con la que José Luis Garci le brindó a España su primer Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa. Volver a empezar nos narraba la historia de un escritor y profesor que, tras triunfar y obtener un gran prestigio en tierras internacionales, volvía a su pueblo natal español una vez restaurada la democracia para tratar de recuperar ese amor perdido de la juventud. Algo parecido a lo que está sucediendo actualmente con el Real Madrid y la competición liguera. Un equipo que arrasa como ningún otro en competiciones internacionales, pero que en los últimos tiempos no ha conseguido trasladar ese éxito al terreno español. Y ahora sabemos por qué. Bueno, en realidad siempre lo supimos. Ahora por fin lo sabe también el resto del mundo.
El equipo que más títulos posee en sus vitrinas, aquel que vivió varios idilios con este torneo, (como las 5 ligas seguidas de la Quinta del Buitre), o que tiene al jugador con el mayor número de ligas (nuestro Paco Gento, con 12 trofeos) ha dejado de creer en la competición nacional y lo cierto es que poco puede reprochársele tanto al equipo blanco como a su afición. La razón es que ahora es de dominio público que el gran rival del Real Madrid ha estado untando dinero a mansalva durante al menos dos décadas al vicepresidente del CTA para que este, junto con su hijo, influyeran en el arbitraje español y se aseguraran de que el equipo azulgrana “no fuera perjudicado”.
El equipo que más títulos posee en sus vitrinas, aquel que vivió varios idilios con este torneo, (como las 5 ligas seguidas de la Quinta del Buitre), o que tiene al jugador con el mayor número de ligas (nuestro Paco Gento, con 12 trofeos) ha dejado de creer en la competición nacional y lo cierto es que poco puede reprochársele tanto al equipo blanco como a su afición
La culpa es del Real Madrid, por supuesto. Eso arguyen con atrevimiento y desvergüenza desde el otro lado. Y si echamos cuentas y la vista atrás, tenemos que remontarnos a la época de la Quinta del Buitre, cuyo dominio nacional fue la pistola en la sien que obligó al pobre y desvalido FC Barcelona a no encontrar otra solución que pensar en cómo comenzar a corromper el fútbol español para siempre. Pobres ellos y pobres nosotros. Empatía, queridos galernautas, pues cualquiera hubiera hecho lo que el Barcelona en su situación. ¿Verdad?
La herida es profunda, de las que dejan algo más que cicatriz. De las que traen con ella una infección que suele derivar en necrosis. Y de las que no parece tener cura al alcance. Porque por mucho que el aficionado madridista sea el más acostumbrado a creer en lo imposible, poco se puede hacer cuando una de las dos partes no demuestra interés alguno ni siquiera en limpiar su imagen. La indignación del aficionado madridista no hace sino aumentar exponencialmente ante precisamente la ausencia de indignación de un colectivo arbitral que permanece en silencio y sigue realizando su labor como si no hubiera acontecido absolutamente nada que les incumba. Intentando pasar desapercibidos como si nadie estuviera reparando en ellos. Spielberg no colocó a la niña de rojo en La lista de Schindler para que nadie se fijara en ella, como parece hacernos creer el presidente del CTA, ya sin manos, Medina Cantalejo.
Spielberg no colocó a la niña de rojo en La lista de Schindler para que nadie se fijara en ella, como parece hacernos creer el presidente del CTA, ya sin manos, Medina Cantalejo
Siempre he considerado muy complicada la labor de un colegiado. Yo mismo he arbitrado partidos y soy muy consciente de la dificultad que entraña tener que aplicar el reglamento ante la presión de unos jugadores, entrenadores y aficionados a los que poco les importa si la decisión del árbitro se corresponde con lo redactado en el mismo, sino más bien si beneficia a los intereses de su equipo. Siempre he intentado, por tanto, antes de dejarme llevar por el aficionado que todos llevamos dentro, ponerme en la piel de cada árbitro en lugar de despotricar contra él como un poseso. Por ello, solía tender a valorar la posición del colegiado que acababa de cometer un error grave y fijarme en si su visibilidad era o no buena y podía justificar el fallo. Y por ello, durante muchos años he convivido con una desalentadora impotencia que me generaba la sensación de que algo olía a chamusquina ante una serie de errores injustificados que me hacían llevarme las manos a la cabeza y que acostumbraban a favorecer a un mismo equipo y perjudicar a otro.
Erré, pues a lo que olía realmente era a podrido, no a chamusquina. Por cierto, ¿alguno recuerda algún clásico de las dos últimas décadas en el que el Real Madrid fuera claramente beneficiado por el arbitraje (justa o injustamente)? Yo no, y miren que los he visto todos. Sí que recuerdo lo contrario. Vaya si lo recuerdo.
En el multiverso de enfrente, gente sin decencia alguna todavía defiende con uñas y dientes que el Barcelona no compró árbitros. Ya lo sabemos, tranquilos. Lo que hizo fue mucho peor. Lo que hizo fue pagar a alguien con poder para influir sobre ellos, amedrentándolos y conminándolos a favorecer a un determinado equipo con la perspectiva de un descenso o ausencia de promociones aleteando en un horizonte próximo. No hicieron falta amenazas como tales sino sutiles sugerencias en el asiento trasero del taxi Negreira como a las que el público ya ha tenido acceso: “El Barcelona se juega mucho y no os puede temblar el pulso. Vosotros vais sobrados. Sabéis perfectamente lo que tenéis que hacer.” A buen entendedor…
No hicieron falta amenazas como tales sino sutiles sugerencias en el asiento trasero del taxi Negreira como a las que el público ya ha tenido acceso: “El Barcelona se juega mucho y no os puede temblar el pulso. Vosotros vais sobrados. Sabéis perfectamente lo que tenéis que hacer.” A buen entendedor…
¿Y qué iban a hacer los colegiados sino favorecer, aunque fuera casi inconscientemente, al equipo que gustaba a sus patrones? Estoy convencido de que la mayoría de los árbitros, en un principio, no salían al campo con la idea de favorecer a este equipo o perjudicar al Real Madrid. Muchos de ellos simplemente querrían arbitrar de manera correcta cada partido y jugada y cometer la menor cantidad de errores posibles. Hacer bien su trabajo, vaya. Si un árbitro veía un penalti claro a favor del real Madrid no iba a dejar de pitarlo. Al fin y al cabo, sus errores también se puntúan en esa clasificación arbitral de la que tan poco hemos sabido en todo este tiempo. Eso explica que incluso en estas circunstancias, se haya podido pitar algún penalti que no fuera a favor del equipo vikingo o que alguna decisión controvertida le haya podido beneficiar en algún partido puntual. Si el árbitro en su momento creyó haberlo visto claro, ¿por qué no lo iba a pitar?
Eso sí, todos sabemos (colegiados incluidos) que generalmente la dinámica era la contraria y que, cuando esto sucedía, había consecuencias. Podían venir, por ejemplo, en forma de declaraciones del mismísimo presidente del CTA, Victoriano Sánchez Arminio, sospechosamente mudo en la actualidad, como en aquella ocasión en la que señaló públicamente al colegiado Muñiz Fernández por señalar erróneamente un penalti sobre Pepe. “No sé si Muñiz Fernández ha tenido algún problema familiar, alguna cosa que le provocara, a lo mejor, no estar en el momento propicio. Cuando uno no está bien en el campo, luego va una cosa detrás de la otra. Lógicamente no le están saliendo las cosas, así es, esperemos que mejore.” Muñiz Fernández se retiró escaso año más tarde.
Las consecuencias también podían aparecer en forma de presiones, como las que dijo sufrir el árbitro Paradas Romero, forzado por Arminio y Villar al retiro tras no haber expulsado al por entonces entrenador del Real Madrid, José Mourinho, en un encuentro ante el Rayo Vallecano. Según contó en su día en el diario As, recibió “severos reproches” por cómo dirigió aquel encuentro y se vio casi obligado a dejar su puesto. Hoy sabemos que al menos, el colegiado pudo despacharse, espetándoles a ambos justo antes de marcharse: “me voy del arbitraje porque sois una organización corrupta.”
No creo que ningún árbitro fuera ajeno a lo que se cocía en las entrañas del estamento. Entiendo que inicialmente entraron con mucha ilusión en el mismo y con la intención de llevar a cabo su labor arbitral de la manera más limpia y excelsa posible, pero que se fueron dando cuenta, poco a poco, de cómo funcionaba realmente este mundillo y de lo mucho que se tendrían que ensuciar no ya para encajar sino para sobrevivir en él.
Otro ejemplo del obscurantismo del CTA y de las formas de Arminio y compañía fue el caso de Fernández Hinojosa, considerado de largo como el mejor árbitro de la segunda división española de su época. Pese a ese prestigio que adquirió gracias únicamente a su talento y trabajo, nunca fue promocionado a primera división. ¿El motivo? Posicionarse del lado de Gerardo González en aquellas elecciones a la presidencia de la RFEF que acabó ganando Villar gracias a la traición de Laporta (y Gaspart, no olvidemos a Gaspart, en esta historia, por favor). ¿El arma del crimen? Ese factor de corrección, ahora conocido acertadamente como “factor de corrupción”, que manejaban a su antojo Arminio y Negreira para clasificar a los colegiados en función a sus intereses.
Como ven, de poco sirve a un árbitro realizar correctamente su labor si al final de cada temporada los emperadores que van a dirigir su pulgar hacia arriba o hacia abajo desde el palco de su CIRCO (sí, circo con mayúsculas, déjenme escribirlo así, por favor) no van a valorar su desempeño arbitral sino la manera en la que han acertado o fallado en función de los intereses del pagador. Y en contra del que sabemos.
Los árbitros han vivenciado cómo los Muñiz Fernández, los Paradas Romero o los Fernández Hinojosa veían cortada su progresión o eran escaldados públicamente mientras que los árbitros que se “equivocaban” a favor del equipo de los Negreira eran promocionados internacionalmente o pitaban los partidos más importantes del año a pesar de que fuera de España no eran considerados para este tipo de encuentros. También contemplaban con relativo desconcierto cómo algún compañero de discutible nivel, simplemente saliendo a televisión a lamentarse de un error de su linier que perjudicó al FC Barcelona y que le dejó severamente “tocao”, acabó siendo promocionado internacionalmente y convirtiéndose en uno de los árbitros predilectos del CTA.
¿Y qué iban a hacer los colegiados sino favorecer, aunque fuera casi inconscientemente, al equipo que gustaba a sus patrones?
Ante semejante condicionamiento —ni Pávlov llegó a tanto— es complicado esperar que cualquier colegiado, cuando se encuentre ante una jugada polémica que no haya visto con claridad, tome una decisión que favorezca a los intereses del Real Madrid o perjudique a los de los culés. Como ya se ha dicho, alguna habrá habido, pero lo normal era lo contrario. Casi 80 partidos sin penaltis en contra del equipo catalán lo atestiguan. También el saldo arbitral de tarjetas rojas más exagerado que seguramente ha habido en toda la historia de este deporte (+81) entre los años en los que Negreira permanecía a sueldo por el equipo culé (el del Real Madrid fue de -16).
Ante estas circunstancias, decía nuestro compañero Javier tanto en la presentación de su enciclopedia Veteranos y noveles como aquí mismo en La Galerna que había que fumigarlo todo para volver a empezar. No seré yo el que disienta de esta opinión, pues a pesar de que el CTA se declare asimismo limpio y cargue contra la dirigencia anterior, pasándoles la pelota y desentendiéndose del escándalo, el problema sigue ahí, a la vista de cualquiera que quiera dirigir la vista hacia ellos. La gran mayoría de los colegiados que arbitraban en la última etapa del Negreirato son los mismos que saltan al campo en la actualidad. Árbitros que han sufrido ese condicionamiento clásico y que siguen dando la patita, levantando la cabeza, salivando y esperando su recompensa. Si bien es cierto que los números del saldo arbitral se han igualado bastante en estos últimos 5 años, el algodón no engaña.
El Real Madrid sigue sufriendo arbitrajes sangrantes en España que no resisten la comparación cuando les colocan enfrente el espejo de los que recibe en Champions u otras competiciones europeas. El Real Madrid sigue viendo cómo el jugador más habilidoso y vistoso de la competición es el que más faltas recibe y, a pesar de eso, uno de los que más tarjetas amarillas ha visto. El Real Madrid sigue hastiado de ver cómo recibe en cada partido, una tras otra, entradas susceptibles de tarjeta amarilla sin que sus rivales la vean y, en cambio, ante la primera entrada dura del equipo blanco, la tarjeta es inmediata. También observa, por el contrario, cómo en el otro lado, un jugador que curiosamente viste de azulgrana va camino de superar el record de agresiones y entradas salvajes sin ver tarjeta roja alguna hasta ahora en posesión de Luis Suárez, curiosamente también exjugador de ese equipo.
La gran mayoría de los colegiados que arbitraban en la última etapa del Negreirato son los mismos que saltan al campo en la actualidad. Árbitros que han sufrido ese condicionamiento clásico y que siguen dando la patita, levantando la cabeza, salivando y esperando su recompensa
El arbitraje sigue sucio, porque nunca se limpió. Negreira se marchó, pero los vicios permanecieron. Porque no basta con quitar a la manzana negra de la canasta que pudrió al resto para que las demás recuperen su pureza. Y menos si la sombra de Negreira permanece en cada rincón de ese estamento. La primera acción del CTA tras saltar por los aires el mayor escándalo de la historia del fútbol fue salir su presidente Medina Cantalejo a mentir a todo aficionado español declarando que Negreira era un desconocido sin influencia alguna en el arbitraje y que no conocía ni a los árbitros. A día de hoy ya sabemos incluso que el propio Medina contrató los servicios de coaching del hijo de Negreira, Javier Enríquez. Dentro de unos días igual nos enteramos hasta de que los árbitros pitaban con Negreira al otro lado del pinganillo. Como ven, está el CTA como para poner un meñique en el fuego por ellos.
Uno de los célebres doce trabajos de Hércules fue limpiar los establos de Augias, que nunca habían sido saneados desde su creación y cuya cantidad de excrementos y desechos de los animales que lo habitaban no intuía fin. Para ello, el héroe griego tuvo que desviar el cauce de los ríos Alfeo y Peneo para que el agua entrara en los establos y se llevara toda la suciedad. Bien. Tuvo suerte el hijo de Zeus de que Euristeo le ordenada limpiar aquellos establos en lugar del actual CTA, porque seguramente no lo hubiera logrado obtener el éxito que consiguió en los establos de Augias. Cada día descubrimos alguna nueva información que huele peor que lo que había en eso establos y que a estas alturas ya ni siquiera nos escandaliza y hace que el aficionado blanco tenga más y más difícil creer o tomarse en serio las competiciones nacionales.
El arbitraje sigue sucio, porque nunca se limpió
No dispongo de información acerca de cómo podrá acabar todo este escándalo ni me atrevo siquiera a aventurarlo, pero si de verdad se pretende que no sólo el club blanco, sino también el resto de equipos y aficionados a los que han estado engañando durante todos estos años quieran participar en estos torneos, el único camino a seguir es el del héroe griego. Todo debe ser limpiado y purificado. Todo el CTA y la RFEF deben ser renovadas al completo y quedar ocupadas por personas que no hayan tenido relación alguna con los que han contaminado el fútbol español durante a saber cuántos años con exactitud. Porque volver a empezar es muy bonito, pero nunca es fácil ni debe serlo, y en ocasiones como estas, las medidas a tomar deben ser tan drásticas como necesarias.
En cuanto al elemento corruptor de toda esta trama, el FC Barcelona, me remitiré a una cita del poeta alemán Heinrich Heine: “debemos perdonar a nuestros enemigos, pero nunca antes de que los cuelguen”. El equipo que ha destrozado la imagen del fútbol español debe sufrir un castigo proporcional al daño que ha provocado antes de poder mirar siquiera al resto de clubes a la cara y competir de nuevo contra ellos.
Todo el CTA y la RFEF deben ser renovadas al completo y quedar ocupadas por personas que no hayan tenido relación alguna con los que han contaminado el fútbol español durante a saber cuántos años con exactitud
Mientras no se produzcan estas circunstancias y castigos, seguiré viendo y animando al Real Madrid en liga y copa porque mi amor hacia el club blanco es bastante más grande que toda la corrupción que sea capaz de abarcar cualquier club o competición, pero nadie podrá obligarme a creer en ella.
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El otro día publiqué en este medio madridista y excelso que para devolver la dignidad al fútbol español se debía fumigar las instituciones que lo gobiernan, desde la Real Federación Española de Fútbol hasta el estamento arbitral por completo, pasando, cómo no, por FC Barcelona, muñidor y comprador no sólo de los árbitros españoles (se ha publicado que los Negreira cobraban 10.000 euros extras al año para que el hijo acompañara a los árbitros que pitaban en el Camp Nou “para que no perjudicaran al Barcelona y al Barcelona At.” y que mandaban a un asistente a sacar sumas extraordinarias de dinero en efectivo, que sería para alguien, digo yo, lo que demuestra una vez más lo que acabo de decir) sino de todo el sistema arbitral.
No hace falta (en presente, porque siguen igual) amañar un Socuéllamos-Parla, no, no es necesario que el trencilla de turno cobre una cantidad pecuniaria por sus “servicios” en el campo de juego para demostrar la compra descarada, no. Los árbitros saben lo que tiene que hacer, que tienen que favorecer al Barcelona y perjudicar a sus rivales (en especial al Real Madrid) porque ello es sinónimo de mantenimiento en la máxima categoría, ascensos e internacionalidades (aunque después la UEFA y la FIFA les bajen al suelo y no pasen de pitar un Macedonia-Islas Feroe, claro) y si, por el contrario, el árbitro de turno hace lo contrario de lo esperado, sabe que va a ser introducido en la nevera, postrado en las designaciones importantes o, directamente, descendido de categoría.
Si pensamos que un trencilla de Primera División se embolsa en torno a los 300.000 euros anuales (extras aparte) y uno de segunda llega a duras penas a 100.000, la cosa está clara, no hay color. Ellos saben perfectamente qué es lo que deben hacer en cada campo sin necesidad de cobrar por ello, saben perfectamente lo que deben pitar y hacia quién deben inclinar el campo para seguir o, en su caso, aspirar, a una vida mucho mejor.
No, no habrá pruebas de que el Barcelona haya comprado un partido determinado porque, simple y llanamente, ha comprado todo el sistema. Esto es lo más grave y en esto se basa mi teoría de la fumigación que el otro día expliqué y en la que hoy quiero ahondar.
No, no habrá pruebas de que el Barcelona haya comprado un partido determinado porque, simple y llanamente, ha comprado todo el sistema
Es pacífico ya en la sociedad española que los delitos más execrables, más repelentes y más sanguinarios (pederastia, agresiones sexuales a menores, asesinatos en serie, etc.) se deben sancionar con la prisión permanente revisable, esto es, con la expulsión de por vida (o prácticamente) de la sociedad. Si un Juez o Magistrado comete el delito más grave que puede cometer en el ejercicio de su profesión, que es la prevaricación (dictar una resolución injusta a sabiendas de que lo es), es condenado, entre otras, a la pena de inhabilitación, expulsándole ipso facto de la carrera judicial, o sea, la sociedad estima que un Juez prevaricador no puede seguir juzgando.
Pues en esas estamos ahora. Lo más flagrante, lo más grave que puede hacer una sociedad deportiva es pagar para manipular la competición, para conseguir arbitrajes imparciales, para controlar todo el sistema arbitral, en una palabra. Han pagado para manejar a su antojo a los jueces que tienen que impartir justicia en los terrenos de juego en su propio beneficio. Pues bien, siguiendo la senda de lo explicado anteriormente, el FC Barcelona debería ser expulsado de por vida de las competiciones nacionales. Debería aplicarse el art. 33.7 del Código Penal en su vertiente de la disolución de la sociedad y la desposesión de todos los títulos obtenidos en el período de pago.
Estamos de acuerdo que hay una masa social y política muy fuerte en España (y especial en Cataluña) que sigue a este club, pero estoy seguro de que resurgirían de sus cenizas, de que se reinventarían y de que, en ese caso, los éxitos que consiguieran no estarían manchados de la porquería y la sombra de la duda (certeza, diría yo) de las trampas generalizadas en el tiempo.
A todo esto, vuelve el campeonato nacional y nuestro equipo juega en casa contra el Valladolid de nuestro querido Ronaldo Nazario. Esperemos que saquen el partido adelante para ir a Barcelona a la guerra (nos van a mangar, aviso) de la Copa de España el miércoles que viene.
Ahora, como siempre, unos datos del partido y ¡Hala Madrid!
Sí, porque el R. Madrid no ha perdido en los últimos 13 partidos de liga jugados contra el Valladolid como local, sólo ha perdido uno de los últimos 18 partidos de liga jugados contra el Valladolid como local, ha ganado los últimos 4 partidos de liga jugados contra el equipo pucelano y no ha recibido gol en los últimos 4 partidos de liga jugados contra los vallisoletanos.
Mayor racha de partidos sin perder
Estamos ante la mayor racha de partidos de liga sin perder contra el Valladolid, ya que no sucumbe en liga desde el 15 de noviembre de 2008 (14 partidos).
Se resiste, pero otra vez estamos ante la expectativa del partido oficial nº 300 de Lucas Vázquez con la camiseta del Real Madrid, a ver si ahora…
Nos arbitra un árbitro canario de nombre Pulido Santana que nunca ha arbitrado al Real Madrid. Esto puede ser bueno o malo, según se mire. Puede ser bueno porque es bueno y a lo mejor pita lo que ve y nada más, pero puede ser muy malo porque si esta temporada ha probado las mieles de los 300.000, a lo mejor no quiere perderlos y arbitra como quieren sus jefes. Teniendo en cuenta su origen, no es de extrañar que su padrino (nunca mejor dicho) sea Hernández Hernández, por lo que, ambos míos, que Dios nos coja confesados…
1.- El Real Valladolid Club de Fútbol jugó por primera vez en Primera División en la temporada 1948/49. Actualmente es el 13º en la clasificación histórica del campeonato con 1.613 puntos.
2.- La actual es la 46ª temporada del Valladolid en primera división.
3.- El último ascenso del Valladolid a Primera División ha sido esta temporada.
4.- El Valladolid quedó en la 2ª posición de Segunda División la temporada pasada con 81 puntos.
5.- El Valladolid, en sus últimos 5 partidos en liga, ha ganado 1, empatado 2 y perdido 2.
6.- Como visitante, en sus últimos 5 partidos de liga, el Valladolid ha ganado 1, empatado 1 y perdido 3.
7.- En las últimas 5 temporadas en Primera División, Manucho (2), Óscar, Javi Guerra, Sastre, Osorio, Aunar y Guardiola (1) son los goleadores del Valladolid al Real Madrid en liga.
8.- Jugadores del Valladolid que hayan jugado en el R. Madrid y le ha marcado gol en partido oficial: Morollón (4) y Fernando (3).
9.- Pacheta sólo se ha enfrentado al Real Madrid como entrenador en 2 partidos (1 con el Huesca y 1 con el Valladolid) cosechando 2 derrotas.
10.- Los goleadores del Valladolid esta temporada: Sergio León (7), Larin (5), Weissman, Roque Mesa e Iván Sánchez (2), Anuar, Monchu, Óscar Plano, Joaquín, Javi Sánchez, Escudero, Kike Pérez y Aguado (1).
11.- Actualmente, el Valladolid es 16º en la clasificación de la Liga con 28 puntos.
8 victorias, 2 empates y 0 derrotas, 21 goles a favor (2,1 goles por partido) y 6 en contra.
Goleadores: Benzema (6), Bale (3), Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos y Vinicius (2), Kaká, Varane, Modric, Nacho, Valiente (p.p.) y Casemiro (1).
Asistencias: Kroos (4), Benzema (2), Marcelo, Di María, Ozil, Bale, Isco y Camavinga (1).
Tarjetas: Casemiro (4), Pepe y Marcelo (2), Khedira, Isco, Morata, Illarramendi, Marco Asensio, Odriozola, Reguilón, Courtois, Kroos, Varane, Nacho, Modric, Lucas Vázquez y Sergio Arribas (1).
Expulsados: Casemiro.
1º tiempo: 6 goles; 2º tiempo: 15 goles.
Gol más tempranero: Di María (minuto 26) .
Gol postrero: Bale y Benzema (minuto 89).
El R. Madrid ha remontado 2 veces para ganar el partido y no le remontaron.
Mayor goleada: 30 de noviembre de 2013, R. Madrid-Valladolid, 4-0, goles de Bale (3) y Benzema.
3 goles de penalti marcado y ninguno recibido.
1 hat trick (Bale).
4 dobletes o más: Cristiano Ronaldo, Bale y Benzema —2—.
Partido con más goles: (7) 4 de mayo de 2013, R. Madrid-Valladolid, 4-3, goles de Cristiano Ronaldo (2), Kaká y Valiente (p.p.).
El R. Madrid ha marcado en los últimos 10 partidos de liga jugados contra el Valladolid.
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Soy una persona muy optimista, uno de esos que piensa, antes de empezar cualquier partido del Real Madrid, que va a ganar. Da igual que lleve seis meses o 32 años sin levantar una Champions. No hay Negreira que acabe con esta determinación, no hay Liga con doce puntos de desventaja que mine lo que, a mi entender, condensa la esencia del Real Madrid.
Siempre he creído que las remontadas de la temporada pasada no son más que el entusiasmo de jugadores optimistas, imbuidos de un halo de leyenda, madridistas herederos de Di Stéfano, Santillana, Gento, Pirri o Juanito, hombres que consideraban la adversidad del resultado un estímulo más que un obstáculo. La Decimocuarta nunca la hubiese levantado ningún otro equipo. Ese halo de esperanza, de fe inquebrantable, que envuelve al equipo como la manta de angora que envuelve a mi padre cuando añora a mi madre, es la mayor demostración de optimismo de la historia del fútbol.
Por eso, por mi optimismo recalcitrante, soy tan pesimista en el caso Barcelona Negreira. Necesito un yang para tanto yin, una dosis de realidad, una botella medio vacía. Mi confianza en el CTA, la RFEF, LaLiga, el Consejo Superior de Deportes, el Gobierno, la UEFA y la FIFA son las mismas que tenía Guardiola de ganar el partido contra el Real Madrid cuando Rodrygo metió el primer gol de la remontada.
La RFEF, la misma que durante dos décadas no se enteró de que su vicepresidente estaba cobrando 7,5 millones del F. C. Barcelona, la que mantiene (a pesar de cuadruplicar el sueldo a Negreira durante su mandato) a Laporta dentro de su Junta Directiva, ha decidido presentarse como acusación particular en el juicio.
Mi confianza en el CTA, la RFEF, LaLiga, el Consejo Superior de Deportes, el Gobierno, la UEFA y la FIFA son las mismas que tenía Guardiola de ganar el partido contra el Real Madrid cuando Rodrygo metió el primer gol de la remontada
¿Tengo confianza en ellos, en el CTA, en las investigaciones internas de Medina Cantalejo para esclarecer el caso? No, ninguna. Y confieso que en su momento la llegada de Luis Rubiales (soy de Motril, soy un luchador) me pareció una gran noticia. Rubiales llegó para dar transparencia a un CTA anclado en la Edad Media, para levantar las alfombras de la época del Villar y acabó manteniendo en su núcleo duro a media docena de Presidentes territoriales imputados en la Operación Soule y a Andreu Subies como vicepresidente económico. Sus negocios con Piqué, el capitán del Barcelona, en un clarísimo conflicto de intereses, terminó por socavar mi confianza. No, lo siento, ustedes me han hecho pesimista.
Afortunadamente —no todo van a ser malas noticias— la Liga de Tebas, Mediapro, el realizador Óscar Lago y el “avalista” Roures (que pagó 100 millones por el 25% de Barça Studios), también han decidido presentarse como acusación particular. Ya me quedo más tranquilo. Tan tranquilo que solo de pensarlo me entra la risa floja.
Nos quedan la rectitud de la UEFA de Čeferin y sus clubes estado, la FIFA del “Caso Qatargate” y el Consejo Superior de Deportes, un organismo dependiente del Gobierno que, por boca de su presidente, expresó su “preocupación por lo que pueda hacer la UEFA”, su convicción en la honradez de los árbitros y su intuición de que Negreira vendió un poco de humo al Barcelona. Sí, humo, han cantado humo, José Manuel Franco, el presidente del Consejo Superior de Deportes, pagado por todos los españoles, ha dicho en una entrevista concedida al diario AS que “también parece que al Barcelona le vendieron algo de humo”. Aquí ya paso de la risa floja a reírme por no llorar.
Como podéis ver, ahí, en el CSD, hay mucha más seriedad. Tanta como para ofrecer dos veces el mismo puesto a Albert Soler, imputado en el caso Barcelona Negreira, ex director de deportes profesionales del F. C. Barcelona e impulsor de la nueva y controvertida Ley del Deporte: “Las infracciones muy graves prescribirán a los tres años, las graves a los dos años y las leves a los seis meses”. Qué quieren que les diga, vistos los castigos dan ganas de comprar árbitros.
“Las infracciones muy graves prescribirán a los tres años, las graves a los dos años y las leves a los seis meses”. Qué quieren que les diga, vistos los castigos dan ganas de comprar árbitros
La UEFA y la FIFA son, según casi todos los medios de comunicación, las únicas que pueden castigar al Barcelona deportivamente ya que en España los delitos ya han prescrito.
Pelos de punta.
Entenderán que con todos estos antecedentes, sumados al ridículo que hicimos internacionalmente con la Operación Puerto, mi optimismo se resienta.
Me queda, como siempre, el Real Madrid.
Necesitamos otro milagro.
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Buenos días, amigos galernautas. Lo sabíamos nosotros y lo sabían ustedes. Lo sabemos todo de todos, que decía Rubalcaba en la tribuna del Congreso. Lo saben hasta los marcianos. Sí, es triste, cuesta aceptarlo, pero, efectivamente, se han cargado el fútbol patrio. Fíjense hasta qué punto han convertido el balompié nacional en un erial —donde humanoides grotescos de grandes papadas, cabellera aceitosa y/o embuchados en jerséis de cuello son quienes dictan sentencia sobre el verde mientras lucen impresionantes pelucos en ruedas de prensa— que ya no importa nada. Venimos del tradicionalmente plomazo parón de selecciones, debut de seleccionador sin yerno convocado incluido, y tanto da que da lo mismo.
Ha vuelto la Liga y… ¿A quién le importa? que dirían Los Pegamoides. A la prensa deportiva, no, desde luego. Al galernauta sagaz, al madridista vilipendiado, menos todavía. I dont care que cantaban las Pussy Riot para tocarle los bemoles a Vladimir Putin. Pues eso. Enhorabuena a todos los premiados por este campeonato que rezuma caspa y podredumbre entre estertores de una agonía que no cesa y una muerte indigna que no llega.
No es fútbol, es la Liga y no sé qué. La caspa, eso es lo que es.
Ante estos atolladeros y ante la amenaza inminente de acabar como envoltorio de bocata de sardinas, la prensa deportiva, y particularmente el Marca, suele aprovechar para colocarse a rebufo de Fernando Alonso y escurrir el bulto. Diga usted también 33, señor Marca que, de un tiempo a esta parte, enfrascado como está en sabotear mediáticamente todo lo que huela a Superliga, hace mucho que no pasa revisión con el Doctor Bacterio. Y claro, se obsesiona, y se le olvidan las cosas, que usted, Señor Marca, ya tiene una edad. Que usted es un veterano en estas lides de la pluma y el deporte. Y su memoria falla tanto como la de Enríquez Negreira, sí, ese capo con silbato que ha prostituido el deporte favorito de casi todos en este país, mientras ustedes y sus colegas preferían tararear a Julio Iglesias —La vida sigue igual— o Luz Casal —Y no me importa nada—. Prefieren abordar un reportaje de investigación en Auschwitz antes que levantar las alfombras del fútbol español. Eso, que lo haga la prensa seria, parece querer transmitir, que nosotros tenemos mucho lío con episodios de racismo exclusivos y teledirigidos, qué desayunó Raúl González Blanco en la temporada 1997-98 o el retorno de Leo Messi al Barça a cobrar en etiquetas de Anís El Mono.
El retorno de Messi. Desterníllense ustedes.
Porque si en la meseta se ponen de perfil ante la mugre, lo de los Pili y Mili de la prensa sportiva catalá ya es delirium tremens, “el más madera” de los Hermanos Marx, “el saben aquel que diu” de Eugenio. Que vuelve Messi dicen. Ahora léanlo sin descojonarse. Que vuelve Messi. Sí, claro. Ahora va.
Aunque estamos a acostumbrados a estos sainetes no deja de sorprendernos la impresionante capacidad de esta gent de huir hacia delante vendiendo crecepelos en el desierto. Nada nuevo bajo el sol teniendo en cuenta que el actual presidente culé, el que cuadriplicó el sueldo a Negreria, por cierto, alcanzó la presidencia haciéndose arrumacos con un maniquí.
Que vuelve Messi, dicen. Uno ya no sabe que es peor; la trola o que se lo crean. Es decir, resulta que antes de ayer se despiden 120 empleados en Can Barça para pagar la luz y el agua y ayer que viene Leo, del que ya sabemos que siempre está a punto de apretarse el cinturón, austero como es él, sea en Barcelona, Catar o París.
“El sueño” proclama Sport y efectivamente dais mucho, en vuestro caso, esperamos, dentro de poco sean pesadillas, aun a riesgo de que la DEA irrumpa ahora mismo en la habitación de este humilde portanalista y sea rápidamente extraditado a una prisión federal de máxima seguridad por ofensas sacrílegas a un FC Barcelona que todo lo ve mediante un mail centralizado de mendrugos denunciantes en Twitter.
Ooops, otra querella. Menos mal que los portanálisis no se firman.
Lo sentimos por Bengoechea.
Entre amenazas de injurias, calumnias y venta de humo rosarino pasan Los Días de Negreira en la Ciudad Condal, mientras omiten las, a nuestro juicio, mucho más jugosas declaraciones del Jardinero Hernández, el demócrata catarí que te vi, ya saben. Cómo no, él también contribuye al relato del cuento chino de Messi, que vende como un último baile que bien pudiera ser The Last Sardana, teniendo en cuenta la implicación y pasión de Leo por la lengua y cultura catalanas. Esto, no obstante, no es lo más divertido de las siempre delirantes ruedas de prensa de Hernández. Ahora dice que el problema de Gavi, el descontrolado patibulario con pinta de monaguillo que goza de impunidad arbitral y patente de corso mediática, es que juega en el Barça. Y por una vez estamos de acuerdo. Ese es el problema. Sobre todo, para los demás. Si Gavi jugara en el Getafe acabaría los partidos en Estremera.
Así amanece este bonito día, antesala de Semana Santa. Sin rastro de Negreira en las primeras planas, pero tampoco de la Liga, oiga, a lo mejor es que asumen ya que esto es una mierda que ya no interesa a nadie. Alaba vuelve con ganas dice el As. Vuelve la ilusión.
Yo creo que ni sabe que mañana nos toca el Valladolid.
En serio.
Pasen buen día, amigos galernautas.
Sin tener pruebas tan concluyentes como son los pagos demostrados por el FC Barcelona al vicepresidente del CTA durante - al menos - 17 años, en la fecha indicada de hace la friolera de 33 años, se perpetró un auténtico expolio en Valencia, en la final de la Copa del Rey de 1990 entre el Barcelona y el Real Madrid.
Todo indica, y hay numerosos resúmenes en vídeo al respecto, que aquella tarde en Mestalla, el árbitro gallego Raúl Garcia de Loza despojó a los merengues de un título por su parcialísima intervención. Evidentes son las durísimas entradas de Ronald Koeman y de Guillermo Amor (a Butragueño y a Martín Vazquez), que debieron de ser expulsados en el primer tiempo, mientras que el que sí que vio la tarjeta roja, antes del descanso, fue Fernando Hierro. Recordemos que en España -que no en Europa- arrasaba el Madrid de la Quinta del Buitre, que estaba a punto de lograr su quinta liga consecutiva, y que el proyecto de Cruyff al mando de los azulgranas estaba a punto de irse a pique, recién comenzado. Todo cambió para los azulgranas a partir de aquel día.
García de Loza fue premiado poco después con la internacionalidad, y volvió a ser el esperpéntico árbitro de la liga robada en 1992 en Tenerífe. El gol anulado injustamente a Luis Milla (que trató de ser sobornado por un enviado del FC Barcelona, como reconoció en entrevista para La Galerna) queda en la memoria de todo madridista, para no ser jamás olvidado.
Al año siguiente, mismo escenario, estadio Heliodoro Rodríguez López, y repetición del atraco, en esta ocasión a manos del turolense Celino Gracia Redondo, que se comió varios penaltis clamorosos a favor de los blancos. Recordemos la célebre frase de Hierro, “No sabes cómo jodernos, ¿no?”, tiempo después en Anoeta.
Años después, tanto García de Loza como Gracia Redondo reconocieron que “no estuvieron bien” en aquellos partidos, y que con el VAR aquellas ligas podrían haber cambiado de manos. Triste consuelo para todos los aficionados merengues que aún tienen -tenemos- pesadillas por ambos expolios 30 años después.
Si restamos algunas excepciones (la liga de Valdano en 1995 o la de Capello en 1997), lo cierto es que desde que Sánchez Arminio y su vicepresidente, Enríquez Negreira (ambos en los cargos ejecutivos del CTA desde 1993 y desde 1994, respectivamente, bajo el paraguas de Ángel María Villar) se advierte una clara tendencia de favoritismo arbitral hacia el FC Barcelona. Obviamente, dicha tendencia toma un cariz absolutamente descarado a partir de la reelección de Villar como presidente de la RFEF en 2004, cuando, tras la traición de Laporta al resto de clubs, Villar fue reelegido sobre todo gracias a los votos de las federaciones territoriales y en particular de la catalana, donde se movían como peces en el agua tanto el FC Barcelona como su ya asalariado -desde 2001, demostrado por Hacienda- Enríquez Negreira.
Hay datos absolutamente impactantes, además de los notables estudios estadísticos de los impagables tuiteros Maketo Lari y Juanpa Frutos, que saltan a la vista de cualquier persona que tenga dos dedos de frente.
Y es que desde 2004 -reelección de Villar- hasta 2018 -fecha en la que el FC Barcelona dejó de pagar los servicios de Enríquez Negreira- en competiciones nacionales, el FC Barcelona logró hacerse con 9 ligas, 6 copas del Rey y 8 supercopas de España (en total, 23 conquistas), mientras que el Real Madrid, en ese mismo periodo, apenas ganó 4 ligas, 2 copas del Rey y 3 supercopas (9 títulos).
Este absoluto avasallamiento de 23 a 9 contrasta con la igualdad de logros internacionales, donde el Barcelona ganó 10 entorchados (4 UCL, 3 supercopas de Europa y 3 mundiales de clubs), frente a 11 logrados por el Real Madrid en esos años (4 UCL, 3 supercopas y 4 mundiales).
Por cierto, que, en este caso, no deja de llamar la atención que quien fuera director y jefe de proyectos de UNICEF y vicepresidente del comité ejecutivo de la UEFA (desde 1994 hasta 2015), además de responsable del comité de árbitros de UEFA (desde 2007 hasta 2015), el turco Senes Erzik, en los años en los que el club culé lució tan orgullosamente la publicidad gratuita de UNICEF, dejó su cargo en 2015. Desde ese año, el Barcelona no ha vuelto a ganar ni un solo título internacional y apenas ha llegado una sola vez (en 2019) a jugar las semifinales de UCL frente al Liverpool (donde fue arrasado 4-0 en Anfield), además de sufrir incontables palizas (ante Juventus, Roma, Bayern, PSG…) cada vez que salía a jugar por los estadios fuera de España.
Es decir, que durante la etapa de Erzik al frente de los árbitros de UEFA, el Barcelona logró 3 Champions (2009, 2011, 2015), además de supercopas y mundiales, precisamente en aquellos años donde tan famosos, por deplorables, se hicieron los arbitrajes de Ovrebo, Bussaca, Stark, De Blekheere, Frisk y alguno más. En la célebre rueda de prensa tras el bochornoso arbitraje de Stark en la ida de semifinales de UCL de 2011, ya lo dijo absolutamente todo José Mourinho con sus célebres “¿por qué?”.
Datos que saltan a la vista: desde 1998, el Madrid ha ganado tantas copas de Europa -8- como ligas españolas. Con lo complicadísimo que es ganar una copa de Europa, en estos últimos 25 años el Madrid ha ganado el 32% de Champions, compitiendo contra todos los grandes del continente, y el mismo porcentaje en España, con muchos menos rivales poderosos. En esos mismos años, el FC Barcelona ganó 4 copas de Europa y 11 títulos de liga.
Desde 1993, tan solo 2 copas del Rey del Madrid por 9 de los culés. Las diferencias de títulos nacionales con respecto a los títulos internacionales son aberrantes.
Como datos curiosos, Cristiano Ronaldo tan solo logró 2 ligas en 9 años de jugador del Real Madrid (y 4 Champions), y el fabuloso Luka Modric ganó su primera liga el año en el que levantó su tercera copa de Europa como madridista. Modric lleva 3 ligas en 11 años y 5 copas de Europa. Las anomalías estadísticas son increíbles, pero no son casuales, sino causales.
Y es que el cóctel que sale al mezclar una interminable relación de corrosivos elementos, Villar, Gaspart (vicepresidente de la RFEF entre 2004 y 2017), Sánchez Arminio, Laporta, Enríquez Negreira, Rosell, Bartomeu, Albert Soler (directivo del Barcelona en varias ocasiones y director del CSD en otras etapas), además de las dudosas relaciones con el patrocinio de UNICEF, los continuados escándalos arbitrales que todos recordamos por parte de los Rodríguez Santiago, Iturralde González, Undiano Mallenco, Clos Gómez, Hernández Hernández, De Burgos Bengoetxea y tantos otros, desemboca en el absoluto cenagal en el que se encuentra ahora mismo inmerso el fútbol español, ensuciado hasta las cejas por tantas y tantas tropelías siempre protagonizadas por la misma entidad y por sus dirigentes.
Pese a que los pagos a Negreira cesaron en 2018, aparentemente, una vez que el ex árbitro dejó de ser vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, la sombra de la corrupción no puede dejar de extenderse hasta nuestros días, ya que no se puede obviar que muchos de los árbitros de aquella etapa 2004-2018 son los mismos que ahora dirigen ese CTA, presidido hoy en día por Medina Cantalejo, el de la mano en el fuego, con Clos Gómez de responsable del VAR, con Undiano Mallenco en el organigrama…
Por no hablar de las numerosas ramificaciones que se extienden a todos los organismos relacionados con el fútbol profesional: el sospechoso acuerdo del presidente de la RFEF, Luis Rubiales, con el entonces capitán del Barcelona, Gerard Piqué, para la organización de la Supercopa en Arabia, o el del acuerdo de la empresa de Piqué con La Liga de Tebas (incluyendo la Copa Davis), el aval de Roures para echar una mano a Laporta (sin ese aval, Laporta no sería presidente de su club), la figura de Roures como arte y parte como presidente de Mediapro, avalista del club y responsable de aportar las imágenes al VAR. Hay un verdadero y lamentable festival de casos de conflicto de intereses en cada asunto relacionado con el club catalán.
Con todo, lo más grave apunta a ser lo del descarado dopaje arbitral que, vistas las decisiones de los trencillas y del VAR (penalti de Kessié al Valencia, no penalti del Betis a Benzema, la supuesta mano de Muniain, el gol anulado a Asensio, la no expulsión de Gavi…) en las últimas semanas, parece no tener nunca fin y que quedó suficientemente probado cuando se destaparon los pagos del FC Barcelona a la empresa de Enríquez Negreira (más de 7 millones de € durante 17 años, entre 2001 y 2018).
Todo huele mal. Y todo apunta siempre a la calle Arístides Maíllol, s/n, donde se encuentran las oficinas centrales de un club que da permanentes lecciones de valores y de seny, y que tiene una ristra de delitos y de siniestras sospechas en todos los ámbitos habidos y por haber, y donde 4 de sus 5 últimos presidentes, por ejemplo, han tenido graves problemas con la justicia.
El historial es amplio y muy duradero en el tiempo. Pero ahí siguen disputándose cada semana las competiciones nacionales, como si tal cosa, con bochornosos episodios de victimismo interpretados por Laporta, por la cúpula de la RFEF y del CTA, todos bien sazonados por múltiples heraldos de los medios de comunicación, siempre dispuestos a resucitar el penalti de Guruceta Muro de hace más de 50 años.
Olvídense de la trilogía de Francis Ford Coppola sobre “El Padrino”. Escarbando en los últimos 30 años y, sobre todo, en todos los años de lo que va de siglo XXI, se pueden hacer varias temporadas trufadas de corrupción en las plataformas digitales protagonizadas por el FC Barcelona. Y todas ellas basadas en hechos reales.
Buenos días. Un día más me quedaré sentado aquí, en la penumbra de un jardín tan extraño, y un día más nos enfrentamos a portadas que nada tienen que ver con las cosas realmente importantes (y gravísimas) que están sucediendo en el panorama futbolístico nacional. El título que le hemos puesto hoy a nuestra sección no está relacionado, frente a lo que pueda parecer, con el dictador que salvó al Barça de la quiebra y al cual condecoraron hasta en siete ocasiones con diferentes distinciones, si bien no ocultaremos que hemos puesto las exclamaciones para llamar vuestra atención, en un perdonable ejercicio de clickbait.
No. No nos referimos al generalísimo, sino a José Manuel Franco, presidente del Consejo Superior de Deportes, que se pasó por los micrófonos de la Cadena Ser para decir una serie de cosas bastante estupefacientes en relación al BarçaGate. Aparte de anunciar que el CSD se va a personar en la causa (lo cual nos parece lo muy menos que puede hacer), Franco -con perdón- se manifestó con unas cautelas y unos manierismos politiqueros que nos dejaron con las posaderas torcidas.
“El proceso va para largo al entrar en la vía penal. Me temo que llegará al Tribunal Supremo. Pero me preocupa lo que hará la UEFA (podría excluir al club de la Champions). Me preocupa el barcelonista, al que cuanto antes su presidente debería dar explicaciones convincentes. Creo en la honradez de los árbitros, y que esto ha sido una excepción. También parece que al Barça le vendieron algo de humo”.
Ya veis lo preocupada que está la máxima autoridad deportiva del país. Pero no tanto porque el Barça pague su manifiesto fraude a la competición, sostenido además en el tiempo durante no se sabe cuántos lustros como apunta la Fiscalía, sino por el daño reputacional que todo esto puede traer al fútbol español... y al propio Barça. En otras palabras, a Franco no le preocupa tanto el BarçaGate como el escándalo que se ha desencadenado a cuenta del BarçaGate.
"Me preocupa lo que hará la UEFA". O sea, a Franco le preocupa que el Barça se quede fuera de Europa por el ruido que eso causaría, en lugar de alegrarse ante la eventualidad de que se haga justicia, cuando cada día es más notorio que no existe ninguna explicación digna para los 7,1 millones (mínimo) pagados por el Barça a Negreira durante no menos de 17 años.
"Me preocupa el barcelonista, al que cuanto antes su presidente debería dar explicaciones convincentes". O sea, a Franco le preocupa que sufra el soci o el semisoci, sin que al parecer el padecimiento de los aficionados de otros equipos (y muy especialmente de los del Real Madrid) que durante décadas (¿cuántas décadas realmente?) han sido víctimas de una estafa, los aficionados que han puesto ingenuamente sus ilusiones en una competición (¿?) en la que uno de los contendientes jugaba con red, ocupen un lugar preeminente en sus preocupaciones. Ignoramos por qué a Franco le inquieta el estado de la afición culé, la cual, si nos atenemos a lo que dictan sus redes sociales, está mayoritariamente orgullosa de haber pagado durante toda una era por "neutralidad".
"También parece que al Barça le vendieron algo de humo". Esto sí que nos sulibeya, amigos. Al Barça le vendieron humo y el pobre Barça picó el anzuelo... durante al menos 17 años. Pobrecitos. Se nos parte el corazón, si bien nos preguntamos hasta qué punto esta hipótesis, de ser cierta, que no lo es, les eximiría del crimen o al menos les serviría de atenuante. Según la ley, la mera tentativa de corromper a los jueces (deportivos o no) ya es constitutiva de delito. ¿A qué viene entonces esta dialéctica de expectativas de compra truncadas, esta basura conceptual de timador presuntamente timado?
"Va a ser inevitable que nos pregunten fuera, como ocurrió con la Operación Puerto. Puede generarse desconfianza hacia el fútbol. Ya lo vimos con el ciclismo". ¿"PUEDE generarse", señor Franco? ¿En qué país vive usted? No hay un solo futbolero medianamente bien informado que crea ya en la limpieza de la competición, especialmente cuando, para más inri (y sobre esto a Franco ni le preguntaron), el colectivo arbitral continúa a día de hoy siendo regido por los mismos sujetos que sobre el campo eran leales a las directrices impartidas por Negreira para asegurarse las respectivas designaciones y/o internacionalidades. ¿No puede usted hacer nada al respecto, señor Franco? ¿No puede al menos decir nada al respecto?
Os dejamos con las portadas del día, por si queréis verlas. Nosotros solo las hemos mirado por encima, lo suficiente para constatar que no cuentan absolutamente nada de todo esto.
Pasad un buen día.
El debate es inherente a la Selección Española y a cualquier combinado internacional. Siempre se ha dicho que en España hay 47 millones de seleccionadores que algo tienen que decir después de la rueda de prensa en la que se anuncia la convocatoria, del 11 más acertado para enfrentarse a un rival o de los cambios que habrían hecho para darle la vuelta al marcador. ¿Seleccionadores o cuñados? Ha sido así siempre y si no que se lo digan a nuestros madridistas Míchel o Raúl González, que las tuvieron tiesas con Javier Clemente y Luis Aragonés. Unos, los nuestros, poniéndonos del lado del jugador; y otros, los antis, defendiendo la postura del seleccionador.
Pero, aunque esta historia ya nos suena, en los tiempos que vivimos de polarización extrema la postura llega antes que el propio análisis. Me explico. Los colores, políticos o deportivos, tiñen absolutamente el cristal con el que miramos. Y después, ya después, llega la opinión. Una reflexión que es radicalmente la contraria cuando lo que tenemos delante es la situación opuesta. Qué frase más rara, ¿no? Este fenómeno se produce, literalmente, todos los días de nuestras vidas como si la actualidad nos obligara a emitir una opinión, no pedida, sobre cada suceso que ocurre. Demasiadas veces pienso, sobre todo cuando leo las redes sociales, aquello de “no me interesa”. Debería haber un botón para eso.
La nueva selección española de Luis de la Fuente ha acaparado titulares desde su primera convocatoria precisamente por los “nuevos” madridistas llamados a filas. El espléndido retorno de un Nacho, ausente con Luis Enrique a pesar de sus grandes intervenciones con el Real Madrid. Y la ilusionante irrupción de Ceballos como gran revulsivo, y a veces actor principal del equipo blanco, que por qué no puede cumplir el mismo papel vestido de rojo.
Ese ‘cartel’ de recuperador de madridistas -habiendo dejado fuera a un mundialista como Asensio- ha colocado inmediatamente a De la Fuente en el lado opuesto a los defensores a ultranza de Luis Enrique. El seleccionador que tenía como indiscutibles a algunos jugadores que no estaban precisamente dando el mejor rendimiento en sus clubes, incluido su yerno. La Selección del asturiano era un equipo antipático para el madridista, más por el perfil del seleccionador que por los jugadores que lo integraban, eso sí, pero hay que reconocer que muchos aficionados blancos se desengancharon del combinado nacional.
Ahora parece que hay que dar otro volantazo. Estaban escondidos, agazapados tras el debut goleador de España ante Noruega en la Rosaleda. Y con Joselu, delantero del Espanyol y reconocido madridista, como gran goleador. Pero sólo hemos tenido que esperar al segundo partido para que aparezcan los luisenriquelievers afirmando que “sin jugadores del F.C. Barcelona, España no gana”. Curiosa reflexión que no se leyó durante la debacle del Mundial de Catar.
Estos son los tiempos de esquizofrenia selectiva que nos han tocado vivir. Esos en los que cualquier realidad que vaya en contra de mis pasiones es directamente mentira. Por mucho que esa realidad se plante a un palmo de nuestras narices, nos grite o incluso nos sacuda un sopapo en toda la cara. Y ojo con que nadie la comente, opine o incluso describa los hechos, porque las consecuencias pueden ser que les paguen sus próximos fichajes, su estadio y hasta la hipoteca de sus nietos. Es aterrador como las pasiones pueden llevar a una manipulación de masas tan burda como eficiente. En fin, cada uno vive feliz en su mundo. Suerte.
Veremos qué acontece en la próxima convocatoria de España, pero hay algo que con seguridad se repetirá, que el que debería ser el equipo de todos vuelva a ser la Selección de nadie.
Se me hace imposible alejar de mi mente los hechos probados en forma de pagos del Barça durante 17 años al vicepresidente de los árbitros, el culegiado Enríquez Negreira. Puede que sea una obsesión, lo reconozco, pero lo que no es normal es que me cueste disfrutar incluso una película sin acordarme de esta inmundicia. El fin de semana pasado estuve viendo Psicosis por enésima vez. Yo creo que no desvelo nada sobre el clásico de Hitchcock que no conozca ya el último de los mortales. El caso es que me fue imposible ver la película sin pensar en el escándalo que nos sorprende cada día con sus novedades.
La protagonista, Marion (la maravillosa Janet Leigh), se fuga con 40.000 dólares, que es un importe similar a “un Negreira”, lo que venía siendo una mensualidad de las empresas interpuestas del “florero-conserje”. Marion vendría a ser una metáfora del fútbol español. Una vez que trinca el primer “Negreira”, está perdida, su naturaleza se pervierte. Su honestidad quedará cuestionada de por vida. Marion se fuga, sabedora de que hace mal. Lo sorprendente es que su jefe la ve, se cruza con ella y no hace nada. Ese jefe que mira extrañado, pero entorna la vista, es Villar. O Rubiales. O Tebas, si me apuran.
Llega al motel de Norman Bates, un tipo de mirada esquiva, aviesa, que parece esconder algo. Es un culé de manual y quizás ese “algo” sea que se deja llevar por su madre, a la cual no vemos, pero de la que escuchamos sus gritos. “Madre” representa a la afición culé, esas voces que proyectan sus odios, miedos o inseguridades de manera contumaz. Gilipolleces irracionales, sin duda, pero con unas formas que llevan a Bates a acatar sus deseos. A Madre no le gustan las mujeres. Las voces culés detestan todo lo que represente el Real Madrid y dominan los actos de Norman.
Marion es plenamente consciente de su delito y quizás se sienta sucia, por lo que decide darse una ducha. Cuando Norman Bates irrumpe en la mítica escena con el cuchillo en la mano, asesina al personaje de Janet Leigh y en mi metáfora, el culé destrozó lo que podía quedar de limpio en el fútbol español. Cada puñalada es una agresión que por sí sola no llevará “al otro barrio”: una puñalada por llegar tarde sin sanción, otra por el cochinillo y otra más por no acatar el cierre del Camp Nou, otra por los gritos racistas “imposibles de identificar” y otra por la alineación indebida prescrita o por la sanción perdonada tras no presentarse a un partido.
Una sola no es letal, pero sí la acumulación, y Norman Bates continúa blandiendo su cuchillo. Con saña. Otra cuchillada por los dos años sin penaltis, por las agresiones impunes de Suárez, por los penaltis que no existieron de Mascherano, y una más por las manos de Piqué o Busquets, por las designaciones arbitrales o las imágenes convenientemente desaparecidas.
Marion está moribunda, ya ni siquiera intenta defenderse. No quiere o no puede. O quizás piense que lo merece. Consiente. Otra más por los chanchullos contables, otra por los delitos fiscales, y otra puñalada más, muy cerca del corazón, por rebasar el límite salarial y falsear las cuentas. La última cuchillada con una hoja en la que ponía Negreira, el último navajazo de Norman Bartomeu Bates, o Norman Laporta, o Sandro Bates, no fue la que la mató. El fútbol español ya estaba muerto.
Vemos caer el agua por la ducha. Es como la prensa con su goteo incesante que arrastra la sangre hacia el desagüe, como si tratara de borrar los restos del delito, de cada herida causada tras cada puñalada. Pero en la bañera hay un cadáver difícil de ocultar, el cuerpo del delito que Norman tratará de hacer desaparecer para continuar llevando una vida normal, como si nada hubiera pasado. Intenta que se volatilicen todas las pruebas, el cuerpo de Marion, el coche, incluso el dinero en efectivo desaparece.
Comienza la investigación para encontrar el cuerpo de Marion, tanto de un investigador privado como de la hermana de Marion, Lila. Ambos llegan al Motel Barçagates, perdón, Motel Bates. Norman se dedica a mentir a todo el que trata de entender qué ha podido ocurrir con Marion, al principio con timidez, luego de manera compulsiva. El investigador descubre el nombre falso con el que se registró Marion en el motel, Marie Dasnil o Nilsad, algo así, y continúa sus pesquisas. Entra en la casa contigua y es atacado de manera salvaje por (aparentemente) una señora mayor, Madre, que protege lo que considera suyo, no quiere que se descubra la verdad. El rellano está repleto de aves disecadas que contemplan impertérritas la escena, con los ojos bien abiertos: son los pájaros valencianistas, sevillistas o atléticos que permanecieron inmutables ante cada tropelía de Madre.
Unas escenas después, cuando Lila está cerca de descubrir la verdad, es atacada por la misma anciana, pero el espectador descubre que en realidad era el propio Norman poseído por el espíritu de Madre. Cuando finalmente Norman es detenido, vemos la famosa escena en la comisaría en la que una voz interior le habla. Se cubre con una manta y muestra un aspecto inocente. Indefenso. Está dominado por los celos y la voz que le habla es la de Madre. Sabe que ha obrado mal, pero trata de exculparse. Quería matar a esas chicas, pero al mismo tiempo se autoconvence de que no podía hacerlo. Y además sabe que no está bien hacerlo. Norman finge para salvarse, se comporta de un modo cándido cuando sabe que todas las miradas caen sobre él. Pero su mirada lo delata como lo que es. Porque Norman Bates y la Madre son la misma criatura.
El principio de la navaja de Ockham viene a decir que la explicación más simple suele ser la más probable. Si un club ha pagado durante diecisiete años para influir en los arbitrajes, si ha utilizado empresas pantalla, si durante todo ese tiempo se ha tratado de ocultar, si los informes del receptor de los fondos decidían sobre promociones o descensos, si se han producido anomalías en las competiciones, si se ha mirado para otro lado desde la Federación, La Liga, los medios o el CSD… la conclusión es que Norman asesinó a Marion con la navaja de Ockham. Pero no me hagan caso, el que está de psiquiátrico soy yo.
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