Cómo escapar de los tópicos cuando las coincidencias deparan un partido entre lo magistral y lo mágico, entre lo inolvidable y el recuerdo de un Torneo de Navidad cuya primera edición se celebró por estas fechas, limítrofe con la festividad de los Reyes Magos. Cómo escapar del más difícil todavía, de lo nunca visto, cuando nadie recuerda cuatro prórrogas ni siquiera en partidos infantiles. Y cómo eludir la historia del club más grande de la Historia, repleta de partidos imposibles, de remontadas retadoras de la fe del fanático, quizás ninguna tan dramática como la de un cinco de enero, cuya suerte cambió de manos de forma imprevisible tantas veces.
Con los héroes deviniendo villanos y los bomberos convertidos en pirómanos, con actuaciones estelares, extenuantes, rondando la brillantez y el esperpento, pero finalmente palpitantes, despertadoras de una admiración profunda que se habría paso entre las emociones, ante la entrega ilimitada de unos protagonistas que terminaron enlazados ante la conciencia general de que habían escrito una página gloriosa en la que todos merecían la gloria.
Porque fue un partido de seis cuartos, y el tercer tiempo no tuvo lugar entre cervezas, sino sobre el parqué, reluciente por la inminencia de la venida de los sabios de Oriente, orgulloso por cimentar un espectáculo nunca visto, una exhibición de deporte puro, de nobleza obligada, de entrega sin concesión.
como no podía ser de otra forma, cuando lo inesperado acontece, cuando los encuentros devienen en ceremonias iniciáticas, con los fieles extasiados por la emanación de ondas electrizantes, la esencia del Real Madrid prevalece, por más que el rival se comporte de forma tan heroica como el Efes
Lo más curioso fue que la obra maestra comenzó funcionarial. Una más entre la marea de las fases regulares, una mutación asombrosa fue apoderándose del sino del encuentro, esa encrucijada de saberes, emociones y tablero de ajedrez en la que consiste el baloncesto moderno. Atletas musculados en busca de la finura, de la precisión, porque mire usted qué grande es el WiZink Center y qué pequeño el aro, en el que apenas cabe el balón. Y aún más diminuto cuando lo guardan los gigantes.
Y como no podía ser de otra forma, cuando lo inesperado acontece, cuando los encuentros devienen en ceremonias iniciáticas, con los fieles extasiados por la emanación de ondas electrizantes, la esencia del Real Madrid prevalece, por más que el rival se comporte de forma tan heroica como el Efes. Un epílogo para el día de la cabalgata, un pórtico telúrico para la noche de los sabios. Porque nada más cercano a la perfección del espíritu deportivo que una avenida madridista incontenible, otra muestra indeleble de la creencia en unos principios que han levantado la narrativa más poderosa que navega por los océanos del deporte.
Se encontraba durmiendo el bueno de Joan en el sofá de su casa, cuando despertó a las 5:15 am con cierto malestar estomacal. Se sentó tratando de ubicarse en tiempo y espacio, mientras reflexionaba -con cierto arrepentimiento - sobre sus excesos de diciembre y enero. Decidió en ese mismo momento comenzar un estricto régimen dietético y un riguroso plan de ejercicios, incluso sonrió levemente mientras se imaginaba entrenando con el primer equipo y participando en algún partidillo.
De repente, aparecieron ante él tres figuras celestiales, a quienes reconoció de inmediato…
-¡Apa!, los Reyes Magos… Qué ilusión.
El Rey Gaspar dió un ligero paso adelante, sonrió y dijo:
-¡Hola, Joan! Hoy es 6 de enero y hemos venido a traerte tus regalos.
-¡Sí, claro, os esperaba ansiosamente! Mira que estoy ya muy acostumbrado a obtener regalos. ¡Tú mismo, Gaspar, a ver qué me has traído! Mira que tu nombre es casi homónimo del de un gran amigo de la casa, ¿eh?- comentó Joan mientras le guiñaba.
Gaspar entregó a Joan un pequeño pero muy fino cofre, adornado con brillantes piedras preciosas que llenaban los ojos adormecidos del presi. Melchor y Baltasar se limitaban a sonreír de manera cómplice.
Cuando Joan abrió el cofre solo consiguió un pequeño pergamino manchado de negro-carbón. Al desenrollarlo consiguió sólo un mensaje que decía: “CRISIS DEPORTIVA”.
-Pero… ¿Qué es esto? Gaspar, ¿me podéis explicar? Se supone que tu traes el incienso, que termina siendo como una esencia, un aroma…, Tú sabes, como nuestro ADN-Barça. Eso es símbolo de excelencia deportiva. Además, he traído a Lewandowski, Gundogan, los Joaos y Vitor Roque. ¿Cómo voy a tener una crisis deportiva?
-Joan, debes reconocer que tienes una plantilla de media tabla. Lewan y Gundo ya son jugadores en declive que vinieron a retirarse con una buena pasta. Los Joaos comenzaron con mucha efervescencia y ya se van diluyendo, y Vitor Roque es un crío, muy bueno, pero todavía es un crío. Además, Gavi y Pedri, más allá de sus desafortunadas lesiones, todavía no han demostrado nada en partidos importantes. Sin contar con que Xavi no es un buen entrenador. Así no podrás aspirar a mucho. Es posible que te quedes fuera de Europa la temporada que viene. En esta edición de la Champions no aspires a mucho tampoco.
-Pues no, te equivocas… ¡ganaremos otro sextete!- replicó Joan ya con la voz entrecortad.- Ya verán cuando fichemos, nos traeremos a Bernardo Silva, a Amrabat y repescaremos a Griezman. Sólo necesitaremos algo de pasta. A ver, Baltasar, tú que traes el oro, dame ese cofre para resolver nuestros problemas de una vez por todas.
Baltasar entregó un cofre con pequeños ribetes de oro que iluminaban la sala. Joan sonreía mientras extendía sus dos brazos para recibir el cofre, previendo un mayor peso por los lingotes de oro que imaginaba estaban adentro, pero su cara cambió completamente cuando lo abrió y consiguió otro pergamino igual. Al abrirlo leyó en voz alta:
-”CRISIS ECONÓMICA”... Pero ¿por qué?, si es que estamos muy sólidos. Hemos sido muy creativos en la creación de diversas palancas, hemos realizado muchas gestiones para pasar las restricciones del Fair Play Financiero. Logramos excelentes créditos para la remodelación del Camp Nou, no entiendo por qué me toca ahora una crisis económica.
-A ver Joan -dijo Baltasar con voz aleccionadora,- La única creatividad que han tenido en Can Barça es la creación de una estrategia comunicacional global, mejor conocida como “El Relato”. En ese aspecto sí reconocemos que han sido magníficos. Eso te ha ayudado a transmitir una idea de solidez económica y ética, pero sabes que todo es ficticio. Ya es hora de que asumas la responsabilidad de los sueldos faraónicos que tenían algunos jugadores en el pasado reciente, tú y tus predecesores hipotecaron el futuro del club, nunca entendieron la necesidad imperiosa de planificar a largo plazo, tomaste decisiones como si tu corta época de bonanza fuese eterna, y la verdad es que esa época terminó hace muchos años. Han sido unos irresponsables y ahora les toca tomar medidas mucho más drásticas y antipáticas, quizás incluso ya te toque transformar al club en una sociedad anónima, lo que será un trago muy amargo para todos los culés del mundo y un golpe muy fuerte para la marca del club.
-Y tú ¿qué sabes de finanzas, Baltasar?
-No soy un experto, Joan, sólo hablo con sentido común. Además, esos artilugios que has llamado “palancas” son simples corridas de arruga, es huir hacia adelante, sin tomar en cuenta que has ido vendiendo algunos activos del club. Todos esos aliados con los cuales has hecho negocios sólo están tomando ventaja de las oportunidades. El gran perdedor es el club a nivel institucional.
Joan ya mostraba signos de desesperación. Algún puchero ya había salido de su rostro, cuando finalmente dijo:
-Melchor, tú traes la mirra. La mirra siempre está asociada a la limpieza del ambiente, a la calma. Eso es lo que yo necesito ahora, por favor, dame mi regalo.
Melchor entregó el cofre que Joan abrió de una vez, ya con poca ilusión.
”CRISIS MORAL”
-¡Jamás! ¡Tenemos nuestra conciencia muy limpia! Hemos sido un club ejemplar, siempre con la ética y nuestros “valors” por delante. Nuestra moral está intacta y muy arriba.
Los tres Reyes Magos soltaron carcajadas al unísono.
-Mira, Joan -dijo Melchor-, tú más que nadie sabe lo que han hecho en tu club durante mucho tiempo con Villar, Negreira, Medina Cantalejo, Clos Gomez, etc. Absolutamente nadie se ha tragado el cuento de los informes. Si la justicia española no los condena, es porque hay poderosos intereses ulteriores que ejercen presiones en esas instancias judiciales. En cualquier país serio con poderes realmente independientes, el FC Barcelona estaría en Tercera Federación, fuera de competiciones europeas y les hubiesen retirado todos los logros deportivos. El BarçaGate es el mayor escándalo de corrupción en la historia del deporte. Reto a cualquier culé a que me lo niegue con verdaderos argumentos.
-¡Eso que dices es una infamia! ¡No hay pruebas de nada! Te voy a demandar, Melchor…
-No gastes el dinero en abogados, mejor ahorra, Joan. Además, entiende que no hacen falta más pruebas, se trata de un delito de cohecho. Es como si te descubrieran con 10 kg de cocaína en tu casa, no haría falta pillarte en plena distribución. ¿Verdad?
Baltasar agregó:
-Has comprado muchas voluntades y centímetros de prensa, pero la justicia moral no conoce de sobornos. La crisis moral es interna, es callada, te come por dentro y es eterna. Los culés nunca les perdonarán haber arruinado al club.
Gaspar remató diciendo:
-Y todavía falta que se destape el escándalo Europeo de Senes Erzik…
Joan ya estaba totalmente desquiciado, no hallaba qué hacer ni qué decir, creando un silencio prolongado y muy incómodo.
Baltasar interrumpió el silencio:
-Joan, debes devolvernos los cofres, por favor. Nosotros partimos, pues debemos seguir repartiendo regalos.
-¡Déjame los cofres, por favor! Podría cambiarlos por un delantero albanés que me presentó Deco.
-No insistas, Joan. Gracias.
Las tres figuras desaparecieron dejando a un Joan muy agobiado. De repente una pequeña luz se fue haciendo más grande hasta iluminar a un pequeño niño en un pesebre.
-¡Niño Dios! Yo sabía que tu no me ibas a fallar. Esos reyes mezquinos me han dejado muy mal. Crisis por todos lados, no sé qué hacer. Dame tu regalo, Niño Jesús.
El niño veía con sus inocentes ojitos a Joan, apenas movía sus piececitos. Entonces Joan observó un pequeño cofre junto al pesebre.
-A ver, a ver… Qué ilusión este regalo del niño Dios, vamos a abrirlo.
En el cofre solo había otro pergamino, pero este sí era total y absolutamente blanco. Impoluto. Joan lo abrió y leyó en voz muy baja:
-”LA DECIMOQUINTA”.
El tanto conseguido el pasado miércoles por Antonio Rüdiger ante el RCD Mallorca fue histórico. El cabezazo del alemán a la salida de un córner botado por Luka Modric fue el gol número 6.000 del equipo blanco en su estadio. Un número redondo después de casi 122 años de historia del club madridista en sus distintos terrenos de juego: campo de Moncloa, Solar de Estrada, campo del Retiro, la explanada junto a la plaza de toros de Goya, el Hipódromo de Madrid, el estadio de O`Donnell, el Velódromo de Ciudad Lineal, el viejo Chamartín y el Santiago Bernabéu.
Repasemos los anteriores números "redondos".
El gol número uno lo anotó el célebre Arthur Johnson el 13 de mayo de 1902. El Madrid FC, en el mes de mayo de aquel año, disputó el Concurso de foot-ball, una competición llamada comúnmente Copa Coronación que fue organizada en Madrid como parte de los festejos por el inicio del reinado personal de Alfonso XIII, al alcanzar la mayoría de edad. Fue la primera competición futbolística a nivel nacional celebrada en España y debido a su éxito se decidió organizar la Copa de S.M. el Rey a partir del año siguiente. En semifinal se midieron con el FC Barcelona en el Hipódromo madrileño con triunfo para los catalanes por 1-3. El tanto del madridista llegó en el minuto 68 y así lo describió Goal Keeper en ‘Heraldo del Sport’: “gracias a una rápida carrera de Giralt (J.), quien al recibir una tremenda carga del guardameta consiguió pasar la pelota a Johnson, del «Madrid», que marcó un soberbio tanto”.
Johnson es uno de los pioneros del equipo merengue y un personaje capital en los primeros años de la entidad. Futbolista de categoría, ejercía de capitán y también de entrenador y maestro enseñando técnicas del juego a sus compañeros. Nacido en Dublín en 1879, cuando Irlanda no había proclamado su independencia, fue un sportman y un caballero muy metódico y exigente que se desempeñaba en diferentes posiciones del campo. Su puesto habitual era el de mediocentro, donde brillaba por su elegancia, agilidad y fuerza en las cargas, pero tampoco era raro verle como delantero o situándose bajo palos para actuar como cancerbero.
Más de 42 años después llegó el gol número 1.000. Mucho tiempo, pero hay que tener en cuenta que se jugaban menos partidos y hasta la temporada 1928-1929 no surgió el Campeonato Nacional de Liga. El autor de este tanto redondo fue José Moleiro y de nuevo el rival fue el Barça. En la jornada 8 de la competición doméstica, el 12 de noviembre de 1944, se enfrentaron ambos equipos en Chamartín, y el tanto del madrileño fue suficiente para el triunfo blanco ante los azulgranas. Ocurrió a los veinte minutos cuando se castigó al Barça con un golpe franco bastante lejano al área. “Moleiro fue el encargado de ejecutarlo. Se formó la clásica barrera, cada jugador se puso en su sitio, y el medio derecho disparó certero a la puerta. Raso, esquinado y potente salió el tiro y el balón entró solito, sin que nadie le tocara entre el marco defendido por Velasco. Un gol sorpresa”. Así lo detalló HEFECE para MARCA.
El medio derecho nacido el 30 de marzo de 1915, en el barrio madrileño de Carabanchel, comenzó jugando como delantero centro e interior, pero se acabó instalando en el centro del campo. Un futbolista de estilo científico y distinguido, con buen trato del cuero, criterio en el pase y gran eficacia del toque en corto. Tras colgar las botas fue un fiel escudero de Miguel Muñoz en el equipo madridista siendo el segundo entrenador durante muchas temporadas.
La diana 2.000 llevó la rúbrica de Pancho Puskas casi tres lustros más tarde. En la campaña liguera 1960-1961, visitaba el Elche el Santiago Bernabéu en la jornada número 18. Aquel 22 de enero de 1961, los jugadores madridistas pasaron por encima de los ilicitanos por un aplastante 8-0. Cañoncito Pum hizo un poker de tantos y el primero de ellos, que fue el tercero de una tarde de frío y nieve, supuso el 2.000 merengue en su estadio. En el minuto 27 se combinaron las dos estrellas blancas, Di Stéfano y Puskas, para batir a García. ‘La Saeta Rubia’ metió “un pase adelantado, que Puskas convierte con difícil facilidad” en palabras de Antonio Valencia en MARCA.
Ferenc Puskas aterrizó en la capital española en 1958 pasado de peso y tras más de un año sin jugar por una sanción de la FIFA. El magiar, nacido el 2 de abril de 1927, contaba con 31 años, y pocos pensaban que su carrera como merengue iba a durar nueve temporadas y sería tan exitosa. En Madrid fue una máquina de marcar goles pese a no estar en su prime físico. Un total de 242 dianas para un atacante inteligente, con una zurda maravillosa y muy precisa, un disparo demoledor, una magnífica visión de juego y enorme precisión en sus pases.
El gol 3.000 lo anotó Henning Jensen a finales de la década de los 70, concretamente en 1979. El Real Madrid había ganado la Liga unos días antes y el 3 de junio jugó contra el Racing de Santander en la última jornada liguera. Fue un día de celebración en el estadio Santiago Bernabéu, en el que actuaron algunos suplentes o debutó el meta Javier Maté, y en el que el cuadro blanco dio buena cuenta de los cántabros por 5-1. El histórico tanto fue el 3-1 del choque ,y tuvo lugar en el minuto 63. En el diario MARCA lo contó así Jesús Fragoso del Toro: “Pared entre Jensen y Santillana, con tiro del danés desde el lado derecho, que lleva la pelota a la derecha de la portería. Un bonito tanto”.
El danés Henning Jensen, fue fichado por el Real Madrid en el verano de 1976 para sustituir a Netzer como extranjero. Santiago Bernabéu desembolsó alrededor de 50 millones de pesetas por su fichaje tras descollar anteriormente en el Borussia Mönchengladbach. Nacido el 17 de agosto de 1949, en Nørresundby, se trataba de un mediapunta polivalente y versátil, que también podía jugar como interior o de extremo izquierda pese a ser diestro. El danés brillaba por su rapidez, su juego vistoso y la elegancia en sus movimientos.
El tanto 4.000 lo marcó el chileno Iván Zamorano quince años después. Un proyecto ilusionante acababa de nacer en la casa blanca con la llegada de Jorge Valdano como entrenador y los fichajes de Laudrup, Redondo y Amavisca. Apenas se llevaban dos jornadas cuando el Logroñés visitó el Santiago Bernabéu. Fue el 10 de septiembre de 1994, y el delantero sudamericano hizo un doblete para el triunfo merengue por 2-0. El segundo gol logrado en el minuto 48 fue el tanto que entró en la leyenda del club madridista. La reseña de la acción en AS por parte de Pablo Mialdea decía así: “Primorosa jugada de Laudrup, con pase a Lasa hacia la izquierda, que centra raso para que Zamorano, desmarcado, empuje el balón”.
El delantero internacional por La Roja fue el fichaje estrella de Ramón Mendoza de cara a la campaña 1992-1993. Su difícil papeleta era suplir la marcha de Hugo Sánchez y el máximo mandatario merengue se rascó el bolsillo, pagando 600 millones de pesetas al Sevilla. Zamorano cumplió con creces en el conjunto blanco y sumó 101 goles en cuatro temporadas. Un nueve, el chileno, con un contrastado olfato de gol. Excepcional rematador de cabeza, tenía un sexto sentido para situarse en el área. Además, era fibroso, potente, nunca rehuía el choque y la disputa y mostraba gran decisión, coraje y pundonor.
Por último, la diana 5.000 del equipo madridista en su feudo también tuvo como protagonista a un extranjero, en este caso argentino. Ángel di María había fichado por los blancos en el verano de 2010 y en el mes de octubre perforó por primera vez las redes del Santiago Bernabéu. No era su primer tanto oficial como merengue ya que marcó previamente en Anoeta ante la Real Sociedad y en el Abbé Deschamps contra el Auxerre en la Champions, pero sí el que suponía su estreno en el coliseo merengue. En la jornada 6 de Liga, el 3 de octubre de 2010, el Real Madrid tuvo como adversario al Deportivo de la Coruña. La goleada fue rotunda para el cuadro de Mourinho que se impuso por 6-1. El Fideo fue el tercero de cabeza. Lo desarrolló así Santiago Segurola en MARCA: “Xabi Alonso proclamó su maestría en los pases. Filtró uno perfecto a Higuaín, que cruzó el centro hacia el primer palo, donde apareció Di María como un rayo. Se adelantó a la defensa y cabeceó con decisión. Un gol, tres toques, una belleza”.
El futbolista argentino fue uno de los grandes fichajes de Florentino Pérez de cara al curso 2010-2011 junto a Cristiano Ronaldo, Kaká, Özil o Xabi Alonso. Los blancos desembolsaron por su traspaso un total de 25 millones de euros al Benfica. El Fideo ocupó distintos puestos en el conjunto merengue, desde la banda derecha o la izquierda en el ataque, al interior en el centro del campo, una posición en la que cuajó un sensacional rendimiento con Carlo Ancelotti el año de la Décima. Di María siempre sobresalió por ser un jugador hábil, escurridizo, desequilibrante, muy rápido y con un excelente manejo de su pierna izquierda para centros y disparos.
Getty Images
Buenos días, estimados galernautas. ¿Estáis nerviosos ante la inminente llegada de Sus Santas Majestades los Reyes Magos de Oriente? ¿Habéis sido buenos? ¿Habéis dado lustre a vuestros zapatos antes de colocarlos en el punto predilecto de la casa? ¿Pensáis que obtendréis los regalos que habéis (o no) merecido?
El que, en claro adelanto de la Epifanía, tuvo más regalo del que mereció sobre el césped fue el Barça. El Barça recibe a los Reyes Magos con inusual prodigalidad. Uno de ellos, Gaspar(t), le cogió tanto gusto a ir por allí que se quedó de presidente y hasta de vice de la RFEF, desde donde prometió fastidiar al Real Madrid cuanto pudiera, y vaya si cumplió su palabra.
Y diréis: ¿no existe un conflicto de intereses en el hecho de ser a la vez presidente de un club, vicepresidente de la RFEF y rey mago? Claro que sí. ¿Y? Esos conflictos los maneja al Barça divinamente. Por ejemplo, con su capitán organizando competiciones con el (en este caso) presidente de la RFEF, o con un miembro del consejo de administración de su filial Barça Studios colocado como proveedor de las imágenes del videoarbitraje. También es capaz de tener en nómina durante (mínimo) 17 años al vice (cómo les gusta el vice) de los propios árbitros y luego decir que “no está probada la corrupción”, como hilarantemente decía un columnista de Sport hace pocos días.
Por cierto, Sport refleja hoy la victoria culé ante Las Palmas, victoria arrancada pese a -una vez más- un pésimo juego y merced a un penalti más que discutible en los últimos estertores del partido. De esto, es decir, de lo discutibilísimo del penalti, no dice nada la portada de Sport, y tampoco la de su competidor Mundo Deportivo. Debe de ser porque la costumbre convierte las cosas en poco noticiables. Todas, absolutamente todas las jugadas dudosas caen del lado blaugrana, y lo hacen con la misma falta de naturalidad con la que Gundogan hizo el salto de la rana al notar el mínimo contacto del defensa de los canarios sobre sus navegadas espaldas.
Ya veis que no hay mención alguna a eso, al piscinazo, en los portadas cataculés. “Gundogan decidió al transformar un penalti que él mismo provocó”, reza la de Sport. Hombre, depende de a qué llamemos provocar. El árbitro, por ejemplo, además de favorecer al Barça en la jugada mentada, debió de provocar a Xavi de algún modo, porque si no el intachable técnico culé no se pondría como se puso con él. Las cámaras captaron -aunque hoy eso casi no lo veréis por ninguna parte- cómo el de Terrassa se cagaba en la puta madre (sic) del trencilla negreiro de turno. Son palabras de Xavi (lo de la madre, no lo de negreiro, eso es nuestro) en las que no vamos a entrar, exactamente igual que cualquier instancia de justicia deportiva. No conocemos a la mencionada señora ni falta que nos hace, y se nos antoja que cualquier denuesto que pueda aplicarse a ella o contra su hijo será, de ser justo, aplicable por razones opuestas a las que Xavi cree atesorar.
Gundogan no fue el único que ayer se tiró a la piscina. El presidente de la LFP, Javier Tebas, en su habitual descarga de improperios tuiteros contra el periodista Jorge Calabrés, se permitió dudar de la honorabilidad del Real Madrid y de su presidente con una alusión malévola a las obras del Bernabéu, aunque sin reunir siquiera la hombría de escribir el nombre del estadio tal cual, sustituyéndolo con unos cobardes puntos suspensivos. Otro piscinazo aunque, a diferencia de lo sucedido con Gundogan, aquí ni siquiera había agua en la piscina.
En cuanto a Marca y As, hoy traen una entrevista exclusiva con Dani Olmo y la enésima cábala relativa a Mbappé, respectivamente. Olmo se conjura para fastidiar al Madrid y no descartamos que Mbappé también.
Nosotros, en cambio, sólo con conjuramos hoy para bruñir nuestros zapatos, dejarlos junto a la inexistente chimenea y esperar con un lexatín la llegada de sus Santísimas Majestades. No descartamos que nos dejen una liga luchada contra el sistema y/o una Champions League peleada en las fauces de Ceferin, que quizá (quién sabe) vaya a entregar en 2024 el último trofeo con ese nombre.
Hacemos votos por ello y os deseamos una muy feliz noche de Reyes.
Es un esfuerzo inútil e inmerecido escribir sobre Pablo Maffeo. No es por una cuestión elitista o clasista, al contrario, soy firme defensor de que todos merecemos oportunidades para prosperar en la vida con independencia de nuestras capacidades, nadie debe quedar atrás por características que en su mayor parte no dependen de uno mismo, sino que vienen dadas de serie en el momento del alumbramiento materno. Se trata más bien de una cuestión que tiene que ver con la mala o nula educación del sujeto.
Cuenta la leyenda que cuando murió John Wayne, su última esposa decidió suprimir su nombre de la tumba por miedo a sufrir una profanación y colocó en su lugar el epitafio en español: «Feo, fuerte y formal». Al parecer no es más que eso, una leyenda, aunque también parece cierto que el Duque expresó alguna vez su deseo de que así se hiciese. Lo que sí es real es la conversión en canción de la frase por parte de Loquillo y Carlos Segarra: Feo, fuerte y formal es un tema emblemático del pop-rock español y firme candidato a ser gozado en cualquier celebración etílica que se precie.
Al contrario de como entonaba el Loco: «Hombre de bien a carta cabal, y como el Duque feo, fuerte y formal», se puede afirmar que el 15 del Mallorca se queda en Maffeo, flojo e informal, y ayer se encargó de demostrarlo una vez más. Vayamos por partes.
Lo de Maffeo es obvio, se trata de su apellido. Respeto a su flojera, el físico postnavideño que lucía ya hacía sospechar a simple vista que no se encontraba en su mejor estado de forma, como quedó patente después. El hispano-argentino bufaba mediada la segunda parte y mostraba un agotamiento como aquellos de Guti al cuarto de hora de empezar a jugar en su etapa final madridista. Lo que sucede es que el otrora defensor de la camiseta blanca atesoraba una calidad que le bastaba para resolver el encuentro con un par de pases, a diferencia del protagonista de esta pieza.
Al contrario de como entonaba el Loco: «Feo, fuerte y formal», se puede afirmar que el 15 del Mallorca se queda en Maffeo, flojo e informal
De su informalidad presumió en varias acciones. Una de ellas antes del descanso. Se arremolinaron varios jugadores de ambos equipos y Carvajal rozó la cara de Maffeo, hecho que sirvió al lateral bermellón para desplomarse cual jugador blaugrana ante la caída de una botella de plástico vacía a tres metros en Mestalla. Es difícil ocultar los orígenes de uno y a Pablo lo hizo debutar Guardiola. Parecía que le habían matado. Anduvo fingiendo una agresión en el suelo hasta que del mismo modo que se tiró al piso se levantó y dirigió una sonrisa bobalicona a Vinícius y Rüdiger.
El fútbol nunca fue la prioridad para Pablo Carmine, quien sufre fijación con Vinícius y, además de inflarlo a patadas, aprovecha cada partido para llamarle llorón, adaptando para ello pose oligofrénica.
Otra muestra más de informalidad. Donde no hay mata no hay patata. Y viceversa. Por lo que Maffeo se marchó del Bernabéu con cero puntos y varios ridículos, y Vinícius y el Madrid con una victoria y el título honorífico de campeón de invierno.
El Real Madrid, en el calor de la noche, a plena luz del día, siempre dispuesto para alegrarte el día. Equipo de bien, a carta cabal, que gana aunque juegue feo, fuerte y formal.
Getty Images.
Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Cuando hace diez años (¡diez años ya!) Luka Modric botó ese córner en ese minuto 93 de ese maldito estadio del que ya ni siquiera recuerdo su nombre, y el balón sobrevoló el área para aterrizar en el punto de penalti, cuando allí, a la orilla de un continente, Sergio Ramos se elevó sobre el resto e impactó el esférico con la convicción plena del héroe redentor, como mandan los cánones que dirían los clásicos, el mundo se paró.
No es que así lo sintiese yo, presa del pánico absoluto ante una final de Copa de Europa que se iba para el vecino, sino que fue un hecho demostrado a pesar de ser científicamente inexplicable. En esos dos segundos, los que transcurrieron desde el cabezazo de Ramos hasta el desenlace de la jugada, el planeta se olvidó de girar. Por primera vez en la historia de la humanidad no se registró ningún nacimiento ni ninguna defunción. El mundo estaba a lo importante, a ese balón de futuro incierto. Parece mentira que hayan pasado ya 10 años.
Aún hoy, una década de duelo después, pienso en el milagro cósmico que hubiese sido si a ese balón le hubiese dado por entrar, forzando así una prórroga en la que cualquier cosa hubiese podido pasar. Pero no, al cabezazo de Ramos, perfectamente dirigido, le sobraron 10 centímetros, los causantes de que el cuero impactase en el palo en vez de ser gol, como estaba escrito que habría de ser, y no el fin del mundo, como la realidad se empeñó en acabar imponiendo. Porque dos repeticiones después del casi gol el árbitro ya estaba pitando el final del partido, clavando sin saberlo un puñal en el corazón madridista del que todavía emana sangre a borbotones.
Me sigo preguntando si después de ese palo, después de ese pitido final, todo lo que vino después, toda la catarata de consecuencias, decisiones y renuncias, todo este sinsentido pudo evitarse, si hubo una posible corrección a tantísima improvisación y bandazo, o si nada de ello hubiese importado porque sólo con ese gol de Ramos que nunca fue se hubiera alterado nuestro trágico destino.
Aún hoy, una década de duelo después, pienso en el milagro cósmico que hubiese sido si a ese balón le hubiese dado por entrar, forzando así una prórroga en la que cualquier cosa hubiese podido pasar
La derrota en la final de Lisboa supuso un cambio radical en la planificación deportiva del club. Florentino se cansó de tanta estrella, de tanto supuesto crack, y ese mismo verano vendió de una tacada a Cristiano, Ramos, Casillas, Benzema y Marcelo, los grandes señalados de la dura derrota. En todos ellos se depositaron las iras de club, prensa y afición, se les llegó a acusar de perdedores, de jugadores incapacitados para la gloria.
Al míster del momento, Carlo Ancelotti, se le rescindió el contrato con un durísimo comunicado en el que al pobre hombre se le acusaba de carecer de las aptitudes necesarias para entrenar a un club no ya de la envergadura del Real Madrid, sino tampoco a cualquiera de primera división. El comunicado venía a decir que la avanzada edad del italiano, sus obsoletos métodos de entrenamiento, su falta de mano dura con la plantilla incluso sus hábitos nutricionales le convertían a lo sumo en poco menos que un aspirante a profesor de educación física de un instituto de provincias. Fue tal el escarnio que el otrora míster se retiró a su Reggiolo natal a leer novelas de amor y disfrutar de una sigilosa vida contemplativa.
A pesar del durísimo varapalo europeo, recuerdo que en ese verano de 2014 sentimos cierta ilusión, sería absurdo negarlo. La incertidumbre con las salidas de tanto jugador importante contrastó con la alegría por la llegada de Paco Jémez, el entrenador mejor valorado por la prensa, que aplaudió la atrevida decisión de contratarle. Además, los fichajes de Michu, Gary Medel y Miguel de las Cuevas supusieron el soplo de aire fresco que tanto necesitaba la plantilla. Fue precisamente este último quien protagonizó la gran sorpresa del mercado. Florentino tenía apalabrado a Toni Kroos, que había sido campeón del mundo ese mismo verano cuajando un Mundial brillante, pero la insistencia de Jémez y la opinión favorable de la prensa al respecto motivaron la contratación del español, mientras que el ex del Bayern se vio obligado a firmar por el Barcelona pese a su deseo de vestir de blanco.
La incertidumbre con las salidas de tanto jugador importante contrastó con la alegría por la llegada de Paco Jémez, el entrenador mejor valorado por la prensa, que aplaudió la atrevida decisión de contratarle
Contra todo pronóstico, al alemán le salió redonda la jugada. El nuevo ocho culé se adueñó del centro del campo blaugrana, y con él al mando de las operaciones el Barça se alzó con las Champions de 2015, 2016 y 2017, un hito sin precedentes considerado como la mayor hazaña de la historia. Tan clave como el alemán resultó ser Francisco Román Alarcón, “Isco”, a quien desavenencias con Paco Jémez le hicieron abandonar Chamartín y recalar en el club catalán, donde desplegó su mejor fútbol, consagrándose como uno de los mejores centrocampistas de siempre. Isco y Kroos encajaron a la perfección en el engranaje de Luis Enrique, quien diseñó una máquina de jugar al fútbol casi perfecta, lo que, unido a su destacadísimo manejo de la plantilla, llevó al asturiano a obtener el reconocimiento unánime de mejor entrenador de la historia.
Aunque el nombre propio de ese Barça, el mejor equipo de siempre, es el de Leo Messi. A sus exhibiciones diarias añadió la conquista de las tres Champions seguidas y sus doce balones de oro. Mención especial merece su participación en la Champions League de la temporada 2016-17. El argentino realizó una de las mejores actuaciones individuales que se recuerden en cualquier torneo, anotando sendos hat tricks en cuartos de final y semifinales a Bayern y Atlético respectivamente, además de un doblete inolvidable a la temible Juventus de Turín, que solo había recibido dos goles en todo el campeonato. Una de las mayores hazañas de la historia.
Nosotros, en cambio, comenzamos a comprender en este lado de Chamartín aquello tan español de que la alegría va por barrios. Lo de Jémez no acabó de funcionar, quizá las expectativas generadas fueron desmedidas, lo cierto es que ni él ni los fichajes rindieron como de ellos se esperaba, y sólo chavales de la cantera como Morata, Jesé o Mario Hermoso pudieron salvar los muebles. Con todo ello, los dos años del técnico canario se saldaron con unas muy decepcionantes quinta y octava posición respectivamente.
Florentino, cansado de todo y de todos, echó por fin al técnico canario, vendió a los veteranos de la plantilla (Luka Modric, Casemiro, Gareth Bale y Carvajal), e incluso, tal era su desazón, inició los trámites para la conversión del Club en Sociedad Anónima Deportiva, considerada como la única salvación económica viable dados los recientes descalabros competitivos.
Florentino, cansado de todo y de todos, echó por fin al técnico canario, vendió a los veteranos de la plantilla (Luka Modric, Casemiro, Gareth Bale y Carvajal), e incluso, tal era su desazón, inició los trámites para la conversión del Club en Sociedad Anónima Deportiva
Fue así como ese mismo verano, en 2017, un multimillonario americano propietario de una franquicia de la NFL se hizo con el control del 51% del club, aterrizando en Barajas con su potente desembolso económico correspondiente, responsable de los fichajes estelares de Pogba, Ibrahimovic o Arturo Vidal. A la lista de cracks tuvimos que sumar un Arsène Wenger que por fin recalaba en el banquillo de Concha Espina, piedra angular de un proyecto llamado a devolver al club a su posición preponderante en el fútbol mundial.
Y sin embargo, aquello acabó como el rosario de la aurora. Broncas en el vestuario desde octubre, división entre los madridistas y sólo siete victorias en seis meses motivaron la dimisión de Wenger en enero. Quique Setién, su reemplazo, no pudo enderezar el rumbo de una nave inevitablemente a la deriva. El equipo terminó la temporada en undécima posición, su peor registro hasta el momento, y fue víctima de mofas y escarnio público con todo merecimiento.
Por si eso fuese poco, el Barcelona se alzó con el título liguero por cuarta vez consecutiva, obteniendo el récord de puntuación histórico de cualquier Liga europea con 108 puntos, una auténtica salvajada. Además, el Atlético de Madrid se proclamó por segunda vez en su historia campeón de Europa, tan sólo cuatro años después de aquella final en Lisboa causante de todos los males madridistas. En Kiev, y frente al Liverpool, los rojiblancos culminaron la obra del Cholo Simeone, consagrando al argentino como uno de los mejores entrenadores de la historia, con el permiso siempre de Luis Enrique y Guardiola.
La tristeza que nos daba nuestro Madrid contrastaba con las alegrías de la Selección. En 2018, España se proclamaba campeona del mundo por segunda vez en su historia, esta vez de la mano de un brillante Julen Lopetegui, quien logró construir una selección que bordaba el fútbol con Isco, Saúl, Koke, Deulofeu o Diego Costa como máximas estrellas. Lo de que el combinado nacional iba en serio nos lo empezamos a creer en ese mes de marzo, cuando en un amistoso en el Metropolitano le endosó seis goles seis a una Argentina presentada como una de las grandes favoritas del torneo.
El buen hacer del cuadro nacional supuso que el Barcelona apostase por Lopetegui como sucesor de Luis Enrique antes incluso del inicio del Mundial, en una decisión que a nadie le extrañó debido al gran nivel mostrado por el técnico vasco
El buen hacer del cuadro nacional supuso que el Barcelona apostase por Lopetegui como sucesor de Luis Enrique antes incluso del inicio del Mundial, en una decisión que a nadie le extrañó debido al gran nivel mostrado por el técnico vasco. Incluso a los madridistas nos resultó conmovedor ver al técnico guipuzcoano salir ovacionado de cada campo de España, sin duda una muestra justa y sincera del agradecimiento entero de un país.
Barça y Selección, como si de cromos se tratase, intercambiaban entrenadores, pues fue el propio Luis Enrique quien heredó las riendas del combinado patrio, llegando a perfeccionar la obra perpetrada por Lopetegui. Con el exmadridista en el banco, la Selección alcanzó unas meritorias semifinales en la Euro de 2020 (sólo los penaltis nos privaron de un nuevo título), y dos años después, en Catar, se proclamaba campeona del mundo por tercera vez en su historia, segunda consecutiva, con un Dani Olmo estelar que a la postre se convertiría en Balón de Oro.
Ya no había dudas, “Luis Padrique” era el mejor técnico que este deporte había conocido jamás, y de paso el yerno que toda nuera española quisiera tener. Además, la Selección Femenina ganaba el año siguiente el Mundial en Australia, para mayor gloria de nuestro fútbol y, especialmente, del presidente de la RFEF, Luis Rubiales, un hombre sencillo, hecho a sí mismo, triunfador, un nuevo modelo de virilidad masculina, ruda y canalla que hacía de él el principal sex symbol de España. No es de extrañar que su boda con Jenni Hermoso, una de las mejores jugadoras del equipo, acaparase portadas y programas del corazón un mes entero.
Me refugio en los éxitos nacionales porque en los de mi equipo hace tiempo que ya no puedo hacerlo. Ni la llegada de cracks como Enzo Fernández, João Felix o Van de Beek, ni el buen hacer de los capitanes Raúl de Tomás o Martin Odegaard parecen mejorar el rumbo de un Madrid al que pocos reconocemos. Ten Hag sigue sin dar con la tecla a pesar de estar en su cuarta temporada ya, y, por primera vez en nuestros 122 años de historia, corremos serios riesgos de descender a segunda división a final de curso. Los 16.000 que acudimos religiosamente al Tinder Stadium, antiguo Bernabéu, no perdemos la fe, pero incluso este estadio que se cae a cachos parece presagiar la debacle de un club que hasta hace diez años era considerado el mejor de la historia.
Los 16.000 que acudimos religiosamente al Tinder Stadium, antiguo Bernabéu, no perdemos la fe, pero incluso este estadio que se cae a cachos parece presagiar la debacle de un club que hasta hace diez años era considerado el mejor de la historia
A veces me pregunto qué hubiese pasado si ese cabezazo de Ramos en Lisboa hubiese entrado, si, con un poco de suerte, una hipotética prórroga hubiese cambiado nuestro futuro, ahora presente, si el destino se rige así, a golpe de centímetro y si algo de esto se hubiese podido evitar con la sencilla hipótesis de que esa pelota hubiese besado la red y no el poste. En fin, cómo saberlo. Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.
Getty Images.
Buenos días, amigos. El 2024 ha comenzado como concluyó el 2023, con victoria blanca por 1-0 (0-1) gracias a un gol postrero de cabeza a la salida de un córner. Si frente al Alavés fue Lucas Vázquez quien anotó el testarazo final tras la botadura del saque de esquina por parte de Kroos, ayer contra el Mallorca se encargó Rüdiger de hacer lo propio gracias a la asistencia de Modric. Una victoria que cierra la primera vuelta de la liga Negreira con el Madrid líder y lo adorna con el anecdótico pero gratificante pseudotítulo de campeón de invierno, como destaca Marca en su portada.
Rüdiger todopoderoso ilustra el frontispicio marquista. El alemán se elevó a los cielos para asestar, según tituló brillantemente su crónica Genaro Desailly, un cabezazo al dentista —el Mallorca fue un dolor de muelas— y romper en mil pedazos la táctica camorrista pergeñada por Javier Aguirre con el debutante Muñiz Ruiz en el papel de colaborador necesario.
El colegiado aún no se había desprecintado contra el Real Madrid y no hubo sorpresa alguna. Bueno, en realidad sí, porque la primera jugada bermellona consistió en un codazo de Van der Heyden en el rostro a Carvajal —esta no es la sorpresa— y de manera milagrosa el trencilla señaló falta y, no contento con el atrevimiento, osó a mostrar la correspondiente tarjeta amarilla.
Fue un espejismo, a partir de ese momento el encuentro fue un carrusel de mamporros mallorquinistas ignorados por el pupilo negreiro. Su desempeño con el pito fue calificado de insufrible por Alberto Cosín en su crónica arbitral. Auguramos a Muñiz Ruiz un futuro prometedor en Primera División, con suerte quizá trufado con inmuebles comprados a tocateja gracias al generoso sueldo con el que la Federación se asegura la fidelidad de los colegiados.
Para que el sistema funcione, además de un árbitro adoctrinado para la causa, es necesaria una retransmisión a la altura de las circunstancias, y ayer Miguel Ángel Román, Guti y Mario Suárez bordaron su trabajo en DAZN. Chapeau.
Comenzábamos este portanálisis poniendo de relieve que el Madrid se ha apuntado los últimos dos triunfos de igual manera, gracias a un solo tanto conseguido de córner en el tramo final del encuentro. No faltan quienes nos echan en cara a los madridistas que, según ellos, criticáramos el unocerismo. Una vez más, demuestran su escasa capacidad de comprensión, pues el madridismo, en general, nunca ha criticado el unocerismo, lo que ha resaltado es la contradicción flagrante de quienes sí han renegado siempre de esta forma de ganar y sin embargo, estadísticamente, son quienes más victorias han obtenido así en los últimos tiempos. Los adalides de la única y verdadera forma de ganar, los hipócritas supremos, los negreiros de céspet rasurado y visera para el sol.
Además, se da la pequeña circunstancia de que el Madrid está liderando esta liga —además de contra viento y marea, como siempre— sobreponiéndose a una lista de bajas inaudita y con un solo central ahora mismo. Y lo está haciendo con unos números que proyectan un puntaje a final de temporada similar a aquellos de las ligas de Mou y Pep. Algo de mérito tendrá, aunque sea ínfimo. No va a ganar solo porque el Barça haya comprado durante décadas a los árbitros.
Mundo Deportivo informa del triunfo del Madrid frente al Mallorca con una franja-crespón negro y dedican su espacio principal al Girona, a quienes califican de «Imparables». Un pequeño matiz, parables sí son, lo demostró el Madrid con una victoria por 0-3 en Montilivi. De nada, Mundo Deportivo.
El 4-3 del Girona frente a los del Cholo representa a la perfección la naturaleza atlética. Simeone retiró del campo a Griezmann y Morata para amarrar el 3-3 y acabó perdiendo. También representa a la perfección a Morata, que marcó un hat trick (y otro gol que le anularon) y no sirvió para absolutamente nada. Morata, el epítome de lo vacuo.
En la parte superior del diario de Godó, grande de España, podemos leer «Sin regalos» sobre las figuras de varios jugadores culés en la sección de la portada dedicada a la información del FC Barcelona. Entendemos que, si es sin regalos, los de Xavi jugarán su partido en Las Palmas prácticamente con los jugadores del filial, habida cuenta de que los fichajes de sus últimos años están inscritos gracias a palancas ficticias.
Sport se centra en lo que sucede en la casa de tócame, Roque y exhorta a ganar al Barça con Vitor ídem recién inscrito gracias a lo que todos sabemos.
Destacan también la victoria del Barça de baloncesto frente a los de Chus Mateo. Fastidia perder siempre contra el Barça, pero la parte positiva es que el Madrid lleva una campaña para enmarcar y que este triunfo insufla aire a Grimau.
Para terminar, volvemos al principio, al Madrid, a Rüdiger y a su gol.
«El invierno es de Rüdiger», que se ha convertido en el general madridista capaz de vencer al Mallorca, a la corrupción sistémica y hasta a Napoleón y los nazis si fuese menester. Rüdiger corona al Madrid como campeón de invierno negreiro.
Pasad un buen día y abrigaos, que no sois Rüdiger.
Arbitró Alejandro Muñiz Ruiz del comité gallego. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
La primera noticia del partido fue sorprendente: la primera amarilla no fue para el Madrid, sino para el cuadro visitante a los ¡6 segundos! Van der Heyden en un salto golpeó a Carvajal en la cara y se ganó la cartulina. Al final de los 45' el árbitro gallego ya enseñó la patita con dos amarillas para los blancos por protestas de Rodrygo y Lunin. En faltas la cosa iba 1-4. El colegiado dejó sin pitar varias entradas claras y fue bastante permisivo con los bermellones. Pudo expulsar por una segunda amarilla al carrilero belga pero se amilanó.
En la segunda mitad no hubo tantas interrupciones y volvió a amonestar a dos mallorquinistas por faltas claras. A Nastasic por un codazo a Brahim en el 61' y a Maffeo en el 69' por agarrar a Rodrygo. Además, en el 88' se reclamó penalti por mano de Samu pero por escasos centímetros estaba fuera del área.
Muñiz Ruiz, INSUFRIBLE.
Getty Images.
Lunin: APROBADO. Seguro en general y aliado con sus postes.
Carvajal: APROBADO. Partido discreto.
Fran García: SUSPENSO. No aportó casi nada. Su presencia en el once tiene más sentido cuando también juega Joselu.
Rüdiger: SOBRESALIENTE. No sólo por el gol. Brillante en el corte, siempre veloz e imponiéndose. El hombre del partido con gran diferencia.
Tchouaméni: APROBADO. Discreto como central.
Kroos: APROBADO. Poco inspirado. El Mallorca te harta hasta de ti mismo.
Modric: APROBADO. Destellos de calidad (el córner del gol fue suyo) en un encuentro también incómodo para él.
Valverde: APROBADO. No hizo nada especialmente bien ni especialmente mal. Partido tibio del uruguayo.
Bellingham: APROBADO. Se entonó al final, pero hizo uno de sus partidos más insatisfactorios hasta la fecha.
Rodrygo: APROBADO. Afanoso pero negado, salvo en alguna jugada aislada.
Vinicius: NOTABLE. El más amenazante en ataque hasta que fue sustituido por Brahim.
Brahim: APROBADO. Aportó en ataque con su gran regate.
Joselu: APROBADO. Casi desapercibido en los minutos que tuvo, aunque al menos fijó a los defensas. Siempre mete miedo.
Ceballos: APROBADO. Cumplió en sus pocos minutos.
Lucas Vázquez: APROBADO. Crucial en un contragolpe peligrosísimo del Mallorca a última hora.
Ancelotti: APROBADO. Planteamiento algo ramplón, aunque supo mover las piezas a última hora.
Getty Images.
Gracias a un gol de Antonio Rüdiger en el tramo final del partido, el Real Madrid se ha proclamado (es un decir, porque es un título testimonial) campeón de invierno. Costó muchísimo a los de Ancelotti hacerse con los tres puntos ante un Mallorca aguerrido que también tuvo sus ocasiones.
Los primeros compases del partido no invitaban al optimismo blanco, con un Mallorca muy correoso que impedía incluso un dominio claro del Madrid, obligando a Lunin a salir fuera del área a despejar de cabeza un balón que, de otro modo, habría dejado a Larin con todos los pronunciamientos para hacer gol. Con preferencia por volcar el ataque por el lado izquierdo, donde se apelotonaban Vinicius, Kroos, Fran, Rodrygo e incluso Bellingham, los de Ancelotti no encontraban el modo de socavar una resistencia defensiva numantina de los de Aguirre. En cuanto se decidieron a diversificar el juego para incursionar por la otra banda, Modric puso un balón que Bellingham remató de primeras en una de sus características llegadas. En todo caso, a esa altura del partido, con un cuarto de hora cumplido, todo apuntaba a un dolor de muelas ante los amenazantes alicates de los doctores Malillo y Raffeo, o como se llamen. Los primeros movimientos aconsejaban paciencia.
La primera ocasión clara del partido se dio al borde de los veinte minutos. Modric, desde la frontal, metió un balón divino a Vinicius, cuyo tiro cruzado con la izquierda obligaría a Rajkovic a realizar una gran parada. Se antojaba el tipo de encuentro donde ese tipo de oportunidades no pueden desaprovecharse, máxime cuando el Mallorca se desplegaba en alguna ocasión de manera amenazante, ante un Lunin que blocaba muy seguro. Al borde de la media hora, con un Madrid carente del último pase, la sensación era de frustrante pico y pala. Una combinación en el área entre Vinicius y Rodrygo se encontró con el mismo enjambre de piernas rojillas que domeñaba el antifútbol balear. Los subterfugios y la astucia de los del Vasco imponían su ley.
Sólo cabía esperar una pincelada individual como la que descerrajó Vini en el minuto 36, con un caño deslumbrante en la frontal del área y un cañonazo que volvió a parar Rajkovic. Real Madrid: consagrando porteros rivales desde 1902. Para que no nos hiciéramos ilusiones de que el choque sería algo más sencillo, el Mallorca remataba al larguero a continuación, por medio de Antonio Sánchez. No quería el balón el Mallorca, y no se les podía reprochar considerando la rentabilidad que sacaban a su escaso porcentaje de posesión.
Costó muchísimo a los de Ancelotti hacerse con los tres puntos ante un Mallorca aguerrido que también tuvo sus ocasiones
Y así, con esas trazas de partido-viacrucis, con el Mallorca tirando córners y el árbitro anonestando a Lunin por protestar que se le estorbara en el área, se llegaba al descanso. Una metáfora de la incomodidad reinante. Varios jugadores del Madrid, entre ellos Bellingham, estaban claramente por debajo de su nivel.
El segundo tiempo se estrenaba con los mismos once por parte de Carletto (su tónica habitual), pero con Joselu y Brahim calentando desde el minuto cero. Ambas opciones se antojaban muy válidas para un partido así de trabado. Joselu en particular podía ser un buen recurso. Todo seguía igual, con un Madrid impotente que no perdía la fe. Kroos lanzó fuera una falta. La crónica, habrán observado, está hecha de frases cortas, cortantes, desapacibles. Otra metáfora. Samu Costa lanzó un trallazo al poste. Igual hasta había que firmar un empate. El Mallorca se atrevía incluso a presionar arriba, envalentonado. Ancelotti metió a Brahim en lugar de Vinicius, en un cambio que probablemente estaba pactado. El malagueño no tardó en probar en sus carnes la dureza de Nastasic.
Gracias a un gol de Antonio Rüdiger en el tramo final del partido, el Real Madrid se ha proclamado (es un decir, porque es un título testimonial) campeón de invierno
No fue el único cambio. Joselu ingresó en el terreno de juego con poco más de veinte minutos por delante, antecediendo a la mejor jugada del Madrid hasta el momento. Una gran combinación acabó con Rodrygo delante de Rajkovic, que volvió a brillar rechazando su tiro. Brahim remató en escorzo incómodo (como todo en el partido) de cabeza el rechace, y el balón, increíblemente, tocó en el poste, se paseó por la línea de un lado a otro y finalmente se fue fuera.
El Madrid se entonó en el tramo final, encajonando al Mallorca. En un córner, jugada de la cual el Madrid está sacando partido táctico muy importante últimamente, como sucedió en Mendizorroza, Rüdiger se elevó majestuosamente y anotó de cabeza. El tanto, trascendental, sellaba un partido imponente del alemán.
El Madrid disputó con solvencia los minutos restantes y se aseguró el título honorífico de campeón de invierno.
Getty Images