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Cuestión de confianza...

Cuestión de confianza...

Escrito por: Carlos Agrasar30 octubre, 2020
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A mediados de este mes, la aseguradora Mapfre lanzó por primera vez una campaña de publicidad global con un protagonista de postín: el tenista Rafael Nadal, para muchos el mejor deportista de la historia en España. La campaña gira en torno a una idea fuerza —la confianza— con el fin de convertir este argumento en un eje de superación personal y de transformación social.

El día de la presentación de la campaña, Fernando Garrido Tomé, director corporativo de Imagen y Reputación de Mapfre, explicaba que "La confianza" es el principal atributo para la reputación de una aseguradora, el que marca la relación entre empresa y clientes. “Con esta campaña ponemos en mayúsculas la palabra confianza para decirle a la gente que conseguir metas imposibles está en manos de cada uno. Y quién mejor que Rafa Nadal que nos ha vuelto a demostrar el valor de la confianza con su nuevo triunfo, siendo el jugador que más veces ha ganado Roland Garros y con 20 Grand Slam en su palmarés”.

Nadal Mourinho Xavi Karanka Granero

La campaña trata de enfatizar la capacidad de las personas de avanzar ante las adversidades y alcanzar sus sueños. A través de una conversación, Rafa Nadal descubre cinco historias inspiradoras y reales de otras tantas personas que invitan a reflexionar sobre la importancia de confiar en uno mismo para alcanzar cualquier meta, por imposible que parezca.

En mi opinión, la confianza está en la esencia de una gran parte de los intangibles empresariales y personales… por eso me fascina tanto y me anima desde hace tiempo a investigar en sus esencias y a profundizar en su ‘misterio’. En el caso de Rafa, todo parece claro, meridiano, porque él es auténtico, practica un deporte individual y la autoconfianza está en la base de su éxito. Es una conditio sine qua non… Se trata de una de sus grandes virtudes, junto a otras. Pero qué pasa cuando entran en juego los otros, como en el caso de los deportes colectivos… como el fútbol: ¿Qué nos permite generar confianza en los demás? ¿Es una capacidad innata del individuo —porque tiene carisma— o se debe aprender y puede trabajar?

En mi opinión, la confianza está en la esencia de una gran parte de los intangibles empresariales y personales… por eso me fascina tanto y me anima desde hace tiempo a investigar en sus esencias y a profundizar en su ‘misterio’

Me hago esta pregunta después de comprobar cómo nuestro equipo ha pegado dos patinazos y medio en sus últimos cuatro partidos: contra el Cádiz y Shakhtar Donest (en propio campo) y contra el Borussia esta misma semana. Una estadística nefasta, de esas que conllevan riesgo de perder títulos, apenas mitigada por la clara victoria contra el Barça (a domicilio).

He leído muchas versiones explicativas de esta racha de desaciertos y todas pueden estar bien tiradas: que si se debe a la resaca tras el paréntesis de selecciones (nunca le sienta bien la diáspora de jugadores, que a menudo vuelven cansados y ‘desconectados’, si no lesionados); que si se debe a un exceso de confianza y los jugadores dosifican en demasía su esfuerzo ante la avalancha de partidos que ahora les toca jugar; que si el entrenador hace cosas raras con sus continuas variantes de alineaciones (lleva meses sin repetir formación) y rotaciones constantes que los jugadores, al parecer, le han pedido que dosifique (no se sienten cómodos); que el equipo está sufriendo demasiadas lesiones de jugadores por falta de una correcta planificación; o que si se debe a la falta de público en el estadio (falta de motivación/reacción) o al hecho de jugar en Valdebebas… En fin, versiones varias que, todas en su conjunto, tal vez podrían sedimentar una explicación suficientemente aceptable. Y yo me atrevo a plantear ¿no será acaso que estos malos resultados se producen también por falta de confianza, en vez de por exceso, como se dice? ¿Qué sentido tiene, si no, que el equipo pierda sus partidos ante rivales a priori asequibles por clara falta de actitud, antes que por falta de fútbol?

Real Madrid Borussia

Hay un hecho que, además, parece incontrovertible: siempre que su capitán Ramos no juega, el equipo pierde (como ha sucedido en sus últimas seis ausencias); siempre que algunos de los jugadores que no están en forma participan, el equipo encaja más goles de los que cabría esperar (algunos están señalados); cuando juegan contra equipos aparentemente ‘asequibles’, la debacle aún es mayor. ¿Qué es lo que sucede en el estado mental y anímico del equipo? ¿Por qué Zidane no consigue motivarlos y nadie más aviva el fuego del pundonor cuando no está Sergio? A nuestro capitán, que tiene la misma edad que Rafa Nadal (fue buenísima la cosecha del 86), le mueve similar ambición de victoria que al tenista y son insaciables frente a los rivales… pues siempre saben encontrar un límite ganador más allá de lo convencional. A ambos les adornan una serie de atributos y valores como deportistas. Nadal, irredento madridista, acaba de alzar su 13º título de Roland Garros, la misma cifra (mera coincidencia) que la de las copas de Europa y de Champions que presiden el museo madridista.

Hay un hecho que, además, parece incontrovertible: siempre que su capitán Ramos no juega, el equipo pierde

Son muchas las coincidencias entre ambos, pero hay que reconocer que a nuestro capitán no siempre le sirve su autoconfianza ni la ambición personal que le impelen a batir todos los récords habidos y por haber en la historia del Club… ni para tirar permanente del carro, él solito, como si fuera el heredero del mítico ‘Espíritu de Juanito’. Ramos hace lo que puede, nos consta… es el gran capitán que necesita el equipo, bien lo sabemos. Pero esa falta de motivación en la plantilla —que esencialmente es labor del entrenador— no puede tener justificación alguna. Y menos con la que está cayendo ahí fuera, dadas la galopante pandemia, una crisis económica más seria de lo intuible y una clase media cada día más depauperada. Los aficionados bien merecen el respeto de los jugadores, sus ídolos, que no deben defraudarles con una mala actitud a quienes pagan por verlos en el campo o a través de la televisión.

Pienso que los jugadores ganan mucho más de lo que merecen (tal y como está el mundo) y que gozan de excesivos privilegios para lo que hacen (y se divierten). La industria está así montada y debemos aceptarlo... Pero ellos deben tener plena conciencia de sus prebendas y, como poco, dejarse la vida en el campo cada vez que saltan a él. Luego, podrán criticar los planteamientos, actitudes y experimentos de su entrenador… que les gustarán más o menos; pero él toma las decisiones y arriesga más. Estas no pueden ser la excusa o pataleta de niños mimados, sobre todo hacia un entrenador que les defiende públicamente y en quien tienen depositada su confianza y respeto tanto el Club como la mayoría de los madridistas.

Zidane Ramos