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Zidane, el estratega invisible

Zidane, el estratega invisible

Escrito por: Antonio Vázquez12 julio, 2020
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Si atendemos única y exclusivamente al prestigio que acumula Zinedine Zidane entre buena parte de la prensa especializada y de los aficionados (algunos de ellos madridistas), la caricatura que se nos dibuja es la de un tipo cuyo principal mérito es tener suerte, que compadrea con sus pupilos, a los que ubica sobre el terreno de juego como el que lanza a ciegas un dardo, sin saber muy bien lo que va a suceder. Hay numerosas evidencias de que, una vez más, los prejuicios impiden vislumbrar la verdadera valía de un técnico que, más allá de cualquier tipo de consideración subjetiva, presume de un palmarés inigualable cuando apenas lleva 7 años ocupando un banquillo. Para mí, la versión como entrenador de Zinedine Zidane siempre ha sido Walter White, Keyser Söze o Clark Kent.

A un nivel plenamente superficial parece un tipo casi anodino, con poca capacidad para aportar algo especial, para crear una trama que siga cánones diferentes a lo estrictamente tópico. El permanente intento de pasar desapercibido para actuar con más libertad es un innegable síntoma de inteligencia. Sólo hay que querer rascar un poco, analizar el trasfondo futbolístico, el legado que ha construido y sigue construyendo para descubrir cosas verdaderamente especiales, como un intelecto táctico muy elevado y una inigualable capacidad para anticiparse a la lectura de los partidos antes incluso de su pitido inicial. El galo diseña y ejecuta con maestría planes, teniendo siempre muy claro lo que busca.

Haberle catalogado como un simple alineador, un gestor de egos, una operación cosmética del presidente o un señor que pasaba por allí y cuyo mayor mérito es disfrutar de lo que se ha dado en llamar flor es una muestra más de la capacidad de muchos (periodistas o no) para no detectar a un elefante justo en frente de sus ojos aunque estén viendo su trompa, sus orejas y sus colmillos de blanco marfil. Por cierto, ¿alguien ha escuchado alguna vez a un jugador o un entrenador menospreciar a Zidane? Curiosamente, los que le acusan de saber poco de fútbol son en una abrumadora mayoría, opinadores o aficionados con tantos conocimientos reales de este deporte como cualquiera que dedique buena parte de sus fines de semana a ver partidos en su televisor.

ZZ se enfrenta a la canallesca con un discurso bastante simple como capote. No se vende, no se vanagloria en los éxitos y siempre pone a los futbolistas por delante. Es el perfil más opuesto que pueda existir al de los técnicos tendentes a filosofar, aquellos que elevan el fútbol hasta una suerte de ciencia avanzada, algo así como un denso tratado de metafísica. El típico técnico de verbo florido, respuesta interminable y promesa de fútbol fantástico, hechiza y excita a buena parte de la prensa. La sencillez, en cambio, les genera cierta desidia. En las ruedas de prensa del entrenador del Madrid se habla muy poco de fútbol, al menos en su vertiente más táctica. Principalmente porque aquellos que se encargan de lanzarle preguntas tampoco tienen demasiadas nociones en este aspecto, y porque prefieren regodearse en dudas tan esenciales como si Gareth Bale tiene permiso para jugar al golf. En las pocas ocasiones en las que una cuestión versa sobre cualquier aspecto crucial del juego, el galo sonríe, sintetiza una réplica que no confiesa nada y despacha el trámite sin haber revelado ningún aspecto de lo que ha planificado.

Además, al carecer de relación estrecha con ningún periodista español, tampoco existe el riesgo de sufrir filtraciones informativas que puedan perjudicar la idea que quiera aplicar en el siguiente partido. Hay un truco muy simple para detectar a algunos periodistas deportivos que directamente se inventan lo que están escribiendo o diciendo. Todo aquel que anuncie que sabe lo que piensa Zidane o que ofrezca información directa de su entorno está mintiendo. Porque el círculo de confianza del francés es un bunker en el que apenas hay personal con el acceso autorizado. Y desde luego, ninguno de los que lo tiene es periodista o se dedica a dar carnaza a la prensa. Esto podría parecer un aspecto menor, pero no lo es. Porque acertar una alineación con ZZ es un ejercicio verdaderamente complicado. Esto afecta a los informadores, pero también a los entrenadores rivales, que tienen mucho más difícil anticiparse cuando no saben qué esquema o qué jugadores se van a encontrar en frente.

Otro de los aspectos que distinguen al Zizou entrenador es su total aversión al dogmatismo. Mientras los técnicos de los dos principales rivales nacionales tienen un único libreto al que se aferran como un fundamentalista a los textos sagrados de su religión, él experimenta con distintos dibujos y estilos. Su Real Madrid ha ido al intercambio de golpes sabiendo que disponía de los recursos ofensivos para tumbar a cualquiera, ha ejercido un fútbol control con posesiones larguísimas en busca de desgastar al rival hasta que han aparecido los espacios, pero también se ha hecho fuerte desde los cimientos defensivos y esperando con calma la ocasión para doblegar al contrario, aunque la plantilla no parezca diseñada para aplicar esta idea.

Bajo su mando son frecuentes los cambios de estilo, la adopción de idiomas futbolísticos que en principio parecían imposibles de traducir. El galo se adapta a los jugadores de los que dispone, que son muchos y muy buenos, y a partir de ellos crea entornos que exprimen al máximo la capacidad para imponerse a nivel colectivo. Los resultados, que al fin y a la postre son los que miden el éxito o el fracaso de un cuerpo técnico, son un aval inapelable de que sus métodos tienen un alto índice de efectividad. Además, cuenten lo que cuenten, yo he visto jugar al Real Madrid muy bien en los últimos años en muchos partidos, mucho mejor que aquellos que consideran el fútbol ‘bonito’ (concepto claramente subjetivo) como un patrimonio de su exclusiva propiedad.

ZZ jugó a las órdenes de Lippi, Ancelotti y Del Bosque, entre otros, trabajó con Mourinho y, de nuevo, con Carlo Ancelotti, quizás el técnico que más le ha influido. Además, durante su etapa formativa también estudió los métodos de Guardiola o Bielsa. De todos ha sacado enseñanzas, absorbido y atesorado conocimientos para aplicar ahora, pudiendo adaptar su idea futbolística a entornos muy diferentes. El galo ha tumbado a todos los grandes de Europa ocupando el banquillo del Real Madrid. Y también ha obsequiado con indiscutibles baños tácticos a colegas que, a diferencia de lo que ocurre con él, son casi unánimemente alabados. Guardiola, Klopp o Simeone han visto como aquello que pintaron en sus pizarras quedaba eclipsado ante el planteamiento del marsellés, eterno olvidado en este magnífico ciclo ganador del Madrid.

Poco se recuerda, por ejemplo, la variación táctica que cambió la final de Cardiff tras el descanso, adelantando a Kroos y escorando a Isco, lo que desmontó todo el entramado que Massimo Allegri había trabajado con ahínco, y desembocó en 45 minutos de vendaval ofensivo como no recuerdo en otra final de Champions. Si Zidane es un entrenador tan vulgar, ¿por qué donde él ha triunfado, otros como Lopetegui o Benítez fracasaron tan estrepitosamente? El doble ejercicio de recuperación de un bloque y de muchos jugadores que estaban plenamente amortizados para buena parte de los propios madridistas es otra de sus obras que parecen un milagro, pero que en realidad son otro éxito logrado con esfuerzo y talento.

El alineador sin muchos conocimientos de fútbol recomendó el fichaje de un tal Varane cuando éste era aún un adolescente que acababa de descender a la segunda división francesa con el Lens. También señaló antes que nadie a otro chico llamado Eden Hazard, al que finalmente ha logrado tener a sus órdenes una década después. Una de las acusaciones más habituales que se le hacen al galo es no desarrollar el talento joven, olvidando quizás la apuesta que hizo por Marco Asensio, por un imberbe Achraf (despreciado entonces por buena parte de la crítica deportiva) o el trabajo que está haciendo con Vinícius Junior. Y qué decir de aquel prejuicio que señala que con él siempre juegan los mismos futbolistas, cuando la realidad es que no creo que exista un técnico que haya rotado más, dosificando los esfuerzos entre los miembros de su plantilla (con excepciones en jugadores que considera intocables).

Por criticar, se ha incidido infinitas veces en que no es un técnico amigo de hacer sustituciones tempraneras, como si el hecho de hacer un cambio ofreciera garantía alguna de mejora, y ninguna posibilidad de que el rendimiento general pueda empeorar. Aún me tengo que frotar los ojos ante el escrutinio que sufre por muchos de los propios madridistas cuando se anuncia cualquier convocatoria o alineación. Supongo, iluso de mí, que la ingente cantidad de títulos acumulados, incomparable con los que pueden mostrar cualquiera de sus rivales en España y sólo equiparable al de un par de técnicos en Europa, debe ser un aval suficiente como para confiar plenamente en su valía. No es así. De hecho, pocos personajes han sido más exitosos y despreciados, incluso por los suyos. Por suerte, me consta que dentro del club sí se valoran tanto sus méritos, como su inquebrantable compromiso con la entidad y con sus valores.