No lo puedo evitar. Cuando veo jugar a la selección quiero que gane. La razón me susurra al oído todo lo que hay detrás, pero mi corazón se sincroniza con los coros de Paquito el Chocolatero en las celebraciones, con el Viva España de Manolo Escobar. Siempre me acuerdo de la foto de mis hijos con el otro Manolo, el del bombo, en una tierra lejanísima, durante el primer partido en que lucimos la estrella sobre el escudo. Me acuerdo del España-Italia de septiembre de 2017 en un Bernabéu lleno de españoles de todos los equipos, con un Isco estelar y con las gradas llenas de banderas. Me acuerdo de un viaje a Barcelona el lunes posterior a la final de la Eurocopa de 2008. Me encontré una ciudad llena de banderas de España y de Cataluña. El fútbol ya es de lo poco que nos une. No podemos perderlo. En la tele, cuando la retransmisión nos ofrece imágenes de paisanos en la grada, al otro lado del mundo, con su camiseta, con su bandera, con todo tipo de atavíos y con la sonrisa de felicidad de los niños... No me sale la aversión a todo lo que hay detrás.
Soy consciente de que después de descubrirse los pagos del Barcelona a Negreira hemos asumido ese distanciamiento al que nos empuja la decencia, la desafección con la selección. No es culpa nuestra. Los madridistas no odiamos ni militamos en ninguna oposición. No pudimos evitar tirar del hilo. Y descubrimos la podredumbre en el CTA detrás de los pagos de Laporta y otros. Y descubrimos las maniobras dilatorias, la complicidad y la colaboración de la Federación con los corruptos. Y ese hilo nos llevó más arriba: al CSD, al Gobierno, que cambió leyes para no castigar como merecía a un Barcelona quebrado al que además sostuvo permitiéndole inscribir jugadores ilegalmente.
En la tele, cuando la retransmisión nos ofrece imágenes de paisanos en la grada, al otro lado del mundo, con su camiseta, con su bandera y con la sonrisa de felicidad de los niños... No me sale la aversión a todo lo que hay detrás
Al final del hilo, cómo no, nos encontramos la cabeza de la serpiente: LaLiga. Una empresa gestionada por un personaje zafio, con más tinieblas que luces en su mente y su currículum. LaLiga ha pedido dinero al futuro para encadenar a los clubes durante cincuenta años. Siempre estuvo pendiente de las necesidades del Barcelona hasta el abuso. LaLiga ha intentado apropiarse de los derechos de explotación de los activos del Real Madrid para repartir dinero ajeno a cambio de fidelidad. Tebas es el socio de Roures, de Benet, de Laporta, de Mediapro, a quienes ha adjudicado los contratos que han permitido cerrar el círculo de la infamia: la corrupción tecnológica, la omisión de imágenes a la retransmisión, al VAR. Tebas es quien ha recuperado a un Carlos Martínez que ya había sido cesado en 2024, para que siga susurrando al oído de los árbitros VAR cuándo tienen que llamar al árbitro de campo... Ya hemos descubierto casi todo. Una ciénaga, un lodazal, una presunta organización criminal.
Decimos con razón que la selección española en realidad es la selección de la RFEF. España no ha decidido. No existe un ranking como el de la NBA para el All Star Weekend, en el que los jugadores convocados asisten tanto por méritos objetivos como por su popularidad. Con la mano en el corazón, díganme si ven las estadísticas de Gavi este año a la altura de un seleccionable o si creen que su "popularidad" le habría llevado al Mundial. La selección es el equipo de la Federación. Y de De la Fuente, que es un entrenador competente y acreditado por su trabajo. Pero también es un empleado de la RFEF y tiene jefes que forman parte de un sistema corrupto.
Se le ha visto demasiadas veces el plumero para exonerarle de culpa. Recordemos que llevó a Cubarsí después de jugar 9 partidos con su equipo, a los 17 años, diciendo que "Todos los que hemos visto jugar a Pau no tenemos ninguna duda de su categoría. No nos sorprende. Sabemos que es un futbolista que ya está hecho". De Gonzalo García dijo que no había jugado ni un minuto en Primera División y que tenía que hacer "la mili", cuando Gonzalo ya había jugado 4 partidos a sus 21 años. Ese es De la Fuente. El empleado de una organización corrupta que ha estado favoreciendo más de veinte años a un club y poniendo en pausa el palmarés nacional del Real Madrid mientras sometíamos a Europa con puño de hierro.
Criticamos que De la Fuente no lleve madridistas. Siendo honestos, sólo habría podido llevar a Huijsen, Gonzalo y Carvajal. También a Isco, que me duele igual, ya recuperado de su lesión y más español que el salmorejo. Huijsen tiene condiciones muy diferenciales de cualquier otro central de los que están en la expedición del Mundial y podría haberle dado buenos minutos al equipo. Gonzalo es un verdadero nueve que tal vez echemos de menos. Te va a dar tanto trabajo como Ferran y, fanatismos aparte, creo que tiene más gol que cualquiera de los delanteros, incluido Yamal. También puede darte ese gol de último minuto cuando las cosas van mal y necesitas mandar balones al área. Lo de Carvajal ha sido una mala puñalada. Sólo por liderazgo, experiencia y respeto al palmarés debería haber tenido sitio entre los veintiséis. Se ha hecho siempre.
Soy consciente de que después de descubrirse los pagos del Barcelona a Negreira hemos asumido ese distanciamiento al que nos empuja la decencia, la desafección con la selección. No es culpa nuestra
Luego está la canallesca. Dar nombres es hacerles publicidad, pero los comentarios de periodistas en ciertas tertulias radiofónicas sobre el fichaje de Cucurella por el Real Madrid, después de acusar al club de “desestabilizar el ambiente” de la selección, obligan a recordar aquella escena de 2001 en la que la humanidad descubre una herramienta y, casi al mismo tiempo, la manera de usarla mal. Todos recordamos el escándalo del cese de Lopetegui en 2018 y quién fue el maltratador de vagabundos que lo instigó. El periodismo forma parte de la cloaca en la que vive el deporte español. Colaborador necesario.
Pero cuando veo a los jugadores sobre el césped se me olvida todo lo demás. Veo un equipo que lleva nuestros colores, queriendo ganar. Ni siquiera me importa que Yamal vacilara a sus compañeros con la camiseta de Marruecos. Si eligió España por oportunismo y para cuidar de su futuro, está bien. Me molesta su antimadridismo infantil más por el eco que tiene entre los descerebrados de X que por lo que realmente pesa. Tiene dieciocho años y licencia para ser imbécil todavía un tiempo más. Si sigue siendo un hooligan pasada la veintena habrá que ponerle en su sitio, el fútbol o la vida lo harán. Siempre hubo futbolistas que caían mal. No todos iban a ser como Iniesta, Villa, Pepe Reina, Pujol o Silva. En la de este Mundial están Unai Simón, Cucurella, Pedri, Merino, Nico y Oyarzábal. No todo está perdido. La selección son los futbolistas. Ya nos ocuparemos de lo otro.
Miren, he viajado mucho por España y por el mundo y no hay un acento español que no distinga. Todos me gustan y me hacen sentir bien. Me recuerdan en cualquier lugar del mundo la enormidad de nuestra cultura y de la civilización que llevamos a los confines más inesperados. Por razones genéticas, el acento andaluz me abre la caja de las memorias familiares y me emociona, pero tengo amigos vascos, valencianos, murcianos, gallegos, castellanos, familia catalana...
En Latinoamérica no es infrecuente ver camisetas españolas por todas partes cuando juega la selección. Sus portadores tienen acentos mexicano, colombiano, peruano, venezolano... todos tienen una historia que contar y todos se refieren a España como "la madre patria". Lo que encoge el corazón es lo lejos que estamos de esa España americana que tal vez hoy es más España que nosotros, en este mundo distópico en el que vivimos.
No hay ofensa, agravio ni corrupción suficiente para que nos quiten el orgullo de lo que fuimos y de lo que somos: españoles
La selección siempre fue un equipo raro. Durante los años ochenta y noventa se cuestionaba la españolidad de los futbolistas vascos y catalanes. Pero ahí estaban partiéndose la cara por la selección, con Clemente al mando. Más tarde soportamos las veleidades de Piqué, tremendo futbolista y persona con un hervor pendiente desde la adolescencia. Pero miren, todos son españoles y están ahí para ganar títulos para nuestro país, como el resto de selecciones. Los hay más listos, maduros, educados y menos, pero todos nos representan. ¿Se han fijado cómo celebran los goles en el Mundial todas las selecciones? La sangre une. La bandera convoca. A la hora de la verdad, se sabe que los padres, los abuelos, los hermanos, los sobrinos, los amigos, están en casa o en el bar de siempre viendo los partidos. Se juega para ellos.
Todos los corruptos desaparecerán algún día y los jugadores quedarán. No quiero que cuando eso pase mi desapego con la selección sea irrecuperable. En algún momento nos quitaron la ilusión de este fútbol. Pero algún día volverá y no me lo quiero perder. No hay ofensa, agravio ni corrupción suficiente para que nos quiten el orgullo de lo que fuimos y de lo que somos: españoles.
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No olvidemos lo mal que lo hicieron çon IBRAHIM.
El tema del patritismo es como la religión o la política. No me interesa saber lo que los jugadores piensan. Interesan los hechos. Y son irrefutables. La selección española es la que mas títulos oficiales acumula en los últimos 20 años. Por otro lado no veo en los jugadores desidia ni desapego cuando visten la camiseta nacional. Incluso el impresentable de Piqué se partía la cara por el equipo en el campo.
Jesus Angel, que le hicieron a Ibrahim??
No esperábamos menos de ti, William Pogue. Lo dejas claro en cada post que publicas.
José Antonio, ¿no lo sabes, pues lee, a ver si te enteras.
Juan Bautista. Si lo se. Pero quiero conocer la version de el y la tuya, que Seguro, estàs muy muy enterado