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Con el hábito, el Madrid lo ganaría todo

Con el hábito, el Madrid lo ganaría todo

Escrito por: Roberto Albáizar Pérez16 abril, 2026
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Esa frase resume bastante bien lo que ha sido el Real Madrid esta temporada (y la anterior, pero no haré más daño) en términos de actitud, implicación y lectura competitiva de los partidos. Porque si algo ha quedado claro a lo largo del curso es que este equipo no tiene un problema de talento ni de capacidad para competir contra los mejores del mundo. Lo ha demostrado frente al Manchester City y el Bayern de Múnich. Posiblemente, junto al PSG, es de los equipos más dominantes del fútbol europeo, donde el Madrid ha ofrecido una versión reconocible, intensa, solidaria y muy distinta a la que venía mostrando en Liga y Copa del Rey.

La diferencia no ha sido de técnica, ha sido de intención, de orgullo, de querer hacerlo. El debate es inevitable: hasta qué punto es aceptable que un club como el Real Madrid o, mejor dicho, sus jugadores, solo muestren ese nivel de compromiso en partidos contados a lo largo del año. Porque da la sensación de que el equipo se activa cuando el escenario lo exige y se apaga cuando el rival no tiene el cartel de gala. Y eso, en un club como este, no debería ser negociable. No es lógico, ni sostenible, ni mucho menos perdonable a largo plazo.

En los grandes partidos se ha visto otra cosa. Se ha visto un equipo junto, con ayudas constantes, con una presión tras pérdida reconocible, con todos entendiendo el esfuerzo como una obligación compartida. Puedes discutir el planteamiento de Arbeloa en ese último partido, si fue el ideal o no, si te gusta más o menos la idea, pero al menos era una idea clara y los jugadores la ejecutaron con una intensidad que hacía tiempo no se veía de forma tan sostenida. Y eso, en el fútbol de élite, es básico. Puedes ganar o perder, pero si compites desde la unidad, siempre estás más cerca de todo.

Incluso en el análisis individual hay matices que sostienen esa lectura. Puedes criticar el nivel de Mbappé o Vinícius en determinados tramos de la eliminatoria, pero la realidad es que ambos terminan dejando cifras en el marcador, con gol o asistencia, en todos los partidos de máxima exigencia. Y al mismo tiempo aparecen otros como Jude Bellingham, que fue el jugador que más corrió del equipo en ese último encuentro, simbolizando perfectamente lo que debería ser la base de este proyecto: esfuerzo sin balón, compromiso constante y liderazgo desde el ejemplo.

El debate es inevitable: hasta qué punto es aceptable que un club como el Real Madrid o, mejor dicho, sus jugadores, solo muestren Alto nivel de compromiso en partidos contados a lo largo del año

El problema llega cuando se mira el resto del calendario. Porque la pregunta es evidente: qué pasa contra equipos como el Celta, el Getafe, el Rayo, el Osasuna, el Mallorca o el Elche. ¿Se juega con otra camiseta? ¿Se cobran distintos los partidos? Evidentemente no. Todo vale lo mismo, todo representa lo mismo y, sin embargo, la actitud no siempre ha estado a la altura. Y ahí es donde este Real Madrid ha perdido continuidad, puntos y sobre todo credibilidad en su regularidad competitiva.

Aquí hay un matiz importante, porque no se trata solo de intensidad puntual, sino de hábitos. Los equipos que dominan Europa durante años no lo hacen porque jueguen al máximo solo en las grandes noches, sino porque han convertido la exigencia en rutina. El problema del Madrid actual es que esa rutina aparece de forma intermitente. Y cuando dependes de la motivación del rival o del contexto, acabas siendo vulnerable incluso en partidos que en teoría deberías controlar sin sufrir.

La derrota en Champions duele, por supuesto, como duele cualquier eliminación en un torneo así, y más cuando se escapa en un tramo final, con ocasiones claras para haber cambiado la eliminatoria y con decisiones arbitrales discutibles. Pero lo que más pesa no es eso. Lo que realmente deja tocado al equipo es la sensación de que el “telón” que tapaba muchas carencias durante la temporada ha dejado de funcionar. La Champions actuaba como una especie de anestesia que maquillaba tropiezos en Copa o en Liga, pero cuando desaparece ese escudo emocional, lo que queda es la realidad completa del curso.

Esa realidad es incómoda. Porque el Madrid ha demostrado que puede competir contra los mejores, incluso ganarles con autoridad, pero al mismo tiempo ha evidenciado una desconexión preocupante en demasiados partidos del calendario doméstico. Como si la motivación fuese selectiva, como si la exigencia dependiera del rival. Y en un club de este nivel eso no puede sostenerse.

Los equipos que dominan Europa durante años no lo hacen porque jueguen al máximo solo en las grandes noches, sino porque han convertido la exigencia en rutina. El problema del Madrid actual es que esa rutina aparece de forma intermitente

Puedes aceptar perder contra un Bayern de Múnich en su casa, porque esto es fútbol y perder forma parte del juego incluso en los grandes equipos, pero lo que no puede pasar es quedarte sin objetivos a mediados de abril porque no has sido capaz de sostener la concentración durante toda la temporada. Esa es la parte más dura de todo esto. Porque cuando el equipo se enfrenta a rivales de máximo nivel, responde. Pero cuando baja el nivel del escenario, baja también el del compromiso. Y eso, a largo plazo, te condena más que cualquier eliminación puntual.

Se habla mucho de sistemas, de fichajes, de nombres propios, pero la raíz del problema parece otra: identidad competitiva. Saber quién eres en cada partido, no solo en los grandes. El próximo proyecto del Real Madrid debería girar en torno a eso. No solo en lo futbolístico, sino en lo mental. En la obligación de competir cada fin de semana como si fuera una final. En la idea de que no hay partidos opcionales. En entender que el escudo exige la misma entrega en febrero contra el Rayo que en semifinales de Champions.

Porque si eso no se corrige, dará igual el nivel de los jugadores o el sistema que se utilice. Y es ahí donde el mensaje se vuelve incómodo pero necesario. Porque al final no se trata de cuestionar el talento ni de negar lo que este equipo ha dado en momentos importantes. Se trata de exigir coherencia. De no aceptar que la excelencia aparezca solo cuando apetece. Y de recordar algo básico: en el Real Madrid, el nivel no puede ser una elección.

 

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Roberto
Construyendo mi Torre de Babel. Escribo cuando estoy inspirado, casi siempre, sobre fútbol.

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4 comentarios en: Con el hábito, el Madrid lo ganaría todo

  1. Otro año en blanco. Nadie dimite, nadie da explicaciones, nadie se dirige a la afición exponiendo la estrategia para la próxima temporada. Nadie pide perdón por tener a unos niñatos mimados que juegan cuando les apetece. Nadie sale a defender al equipo cuando lo atracan. Y el socio y los aficionados tragando con esta dictadura impuesta por alguien al que solo le interesan sus negocios y el control de la zona noble

  2. Como se pasó de los Galácticos, que no ganaron ningún título en tres temporadas a ganar dos ligas consecutivas? Pues sacando a los que no se ponían al servicio del equipo. Ahora tenemos dos Galácticos y uno que va camino de serlo.

  3. El compromiso, la actitud, la motivación está directamente relacionada con saber que no te van a jod... porque sino la mente echa el freno, es un mecanismo de defensa ante un entorno hóstil como son las competiciones nacionales

  4. Es muy difícil. Los dos últimos años lo hemos hecho casi tan bien como los dos años que hemos ganado Champions sin Cristiano y sin Benzemá.
    Si a este equipo le das Modric y Kroos los resultados llegan.
    Es imposible ganar la Champions o la NBA todos los años.
    Es una pena que estos dos años, las lesiones han engañado sobre el potencial de equipo con incorporaciones de futuro.
    El problema doméstico es de corrupción. Hay que tener mucha fuerza física y mental para competir contra el sistema. Jornada a jornada, una tendencia, distinto criterio, revisión de todo lo que te perjudica, omisión de lo que te favorece. Con la liga perdida, no tengáis miedo en favorecer al Madrid para equilibrar la estadística. Las primeras jornadas penalti por partido a favor revisado y certificado. Las últimas no hay penaltis.
    No nos volvamos locos que el problema no es la actitud.

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