Buenos días, amigos. Hoy es el comenzose del acabose, que diría Mafalda. Nos referimos, claro está, a la campaña electoral, que a partir de hoy afronta su última semana. Bien es verdad que cada madridista podrá interpretar la frase como Dios le dé entender en atención a sus preferencias florentinistas o riquelmianas, racionales o viscerales, universales o piperas, sensatas o demagógicas. No, no hemos añadido “respectivamente”. Podríamos haberlo hecho, pero no ha sido así; nadie nos podrá acusar de no mantener una exquisita imparcialidad entre el mejor presidente de la historia del Real Madrid y un advenedizo del que poco se sabe más allá de su tendencia al populismo y sus sospechosas compañías.
Tampoco vamos a hacer de la edad de los candidatos una cuestión de esta campaña electoral. Nosotros, como Reagan en aquel debate televisivo con Walter Mondale, también pensamos que la juventud e inexperiencia del candidato de Cox no debe ser explotada con fines electorales. La evidencia de que le falta un buen hervor —o un par de ellos, basta con oír cualquiera de sus intervenciones—, no ha de alejarnos de esa convicción.
No estaría mal que Riquelme argumentara cómo pretende que el Real Madrid compita contra los clubes-estado (sí, esos que últimamente ganan todas las Champions que deja libres el Real Madrid) con un modelo de propiedad anclado en el siglo XX
Hoy, lunes, es el día en que Riquelme ha prometido prometer los fichajes que hará en caso de ser elegido. Entrenador, director deportivo y dos o tres estrellas del firmamento (futbolístico, se entiende). Veremos si promete lo que promete prometer, cuán excitantes son esas promesas y si los prometidos confirman que no se trata de una promesa sino de un compromiso.
Las únicas referencias a las elecciones en portada las traen Marca y Sport, el primero en el faldoncillo superior, el segundo en el inferior. «Riquelme acusa a Florentino de querer vender el club», apunta el diario catalán; «Riquelme: ‘la venta es una línea roja’», entrecomilla el madrileño.
Lo cierto es que ayer el candidato Riquelme se rasgó muy campanudo las vestiduras, afirmando que Florentino ha cruzado una línea roja por plantear el futuro modelo de propiedad del club. Añadió, pomposo y solemne, que esta misma semana acudirá a un notario a dejar por escrito y en documento público su compromiso de campaña de no vender nunca parte alguna del club a un tercero. Y como el torero ventajista que torea fuera de cacho e intenta arrancar el aplauso del público con un desplante de baja ley y a toro pasado, invitó a Florentino a acompañarle y hacer lo propio.
Vamos a ver, estimado candidato: plantee los debates sobre la propiedad del club que le parezcan oportunos, y defienda, faltaría más, el modelo que a usted se le antoje conveniente. Pero si no es demasiado pedir, ahórrenos la demagogia grandilocuente de visitas al notario que nada aportan: elevar a público una promesa electoral, además de ser una ridiculez, no confiere a dicha promesa ninguna garantía de cumplimiento en derecho, no proporciona ninguna hipotética acción de responsabilidad adicional al socio en caso de incumplimiento, y no supone un compromiso público mayor o más firme que el realizado ante los medios de comunicación.
No estaría mal, en cualquier caso, que argumentara cómo pretende que el Real Madrid compita contra los clubes-estado (sí, esos que últimamente ganan todas las Champions que deja libres el Real Madrid) con un modelo de propiedad anclado en el siglo XX. Los socios seguramente agradecerían conocer su visión de futuro para el club, y cuál es su propuesta para competir en pie de igualdad con otros clubes que, nos guste o no, cuentan con recursos financieros ilimitados a efectos prácticos.
envolverse en una visión romanticona del Real Madrid como club recreativo en el que los socios tienen piscinas, residencias sociales y pistas de tenis está muy bien, pero lo que determinará el futuro del Real Madrid, si pretende seguir siendo el mejor y más valioso club del mundo, es su capacidad de competir en el siglo XXI
Envolverse en una visión romanticona del Real Madrid como club recreativo en el que los socios tienen piscinas, residencias sociales y pistas de tenis está muy bien, pero lo que determinará el futuro del Real Madrid, si pretende seguir siendo el mejor y más valioso club del mundo, es su capacidad de competir en el siglo XXI. Y de su plan para que eso siga siendo así, estimado y populista candidato, no hemos oído ni media palabra.
Así que le sugerimos que, en lugar de hablar de fútiles y pintureras visitas al notario, le hable al socio de su modelo futuro de club, de forma seria y constructiva. Abandone términos mentirosos, demagógicos y perversos como “privatización”, que sólo buscan excitar los instintos más primarios del socio. No acuse de querer vender el club a quien ha declarado por activa, por pasiva, e incluso por perifrástica, que “no me moriré hasta que no consiga que el patrimonio económico del club sea de sus socios”. E, insistimos, explíquele al socio cuál es su visión de futuro para el club. Porque enterrar la cabeza en el suelo como un avestruz y prometer al socio que nada cambiará, ignora una certeza incómoda pero inamovible: refugiarse en el pasado jamás ha sido la fórmula para afrontar con éxito el futuro.
Por lo demás, Marca y As giran el periscopio hacia la Roja, concentrada ya en Las Rozas. «Locura» titula As a toda portada. «Locura por España», amplía la información Marca, no sin antes subir el envite a «fiebre mundialista desatada en Las Rozas». Y nosotros con estos pelos.
Mundo Deportivo y Sport, por su parte, dedican el grueso de sus portadas a sendas entrevistas a Luis de la Fuente y a un tal Jefe Íñigo (eso sí, sin especificar si lo es de los cherokee, de los cheyenne, o —quién sabe— acaso de los pies negros, mejorando lo presente). Aquí tenéis las portadas por si queréis enmarcarlas tras embaularos tan apasionantes entrevistas.
Pasad un buen día.















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Un comentario en: Riquelme se va al notario
La respuesta a qué modelo de propiedad plantea el candidato son los préstamos al 54% a 6 meses que realiza en su actividad empresarial, sensatez, prudencia, equilibrio le definen