Qué puñetero es el subconsciente. Cuando menos te lo esperas, te juega una mala pasada. Y eso es precisamente lo que le ocurrió a Javier Tebas en un acto que, de por sí, ya tenía bastante poco sentido. Resulta que, en un hecho sin demasiados precedentes, el presidente de La Liga, de esa Liga tan manchada y tan mal vista fuera de nuestras fronteras, decidió asistir a la toma de posesión de Joan Laporta como presidente del Barcelona. Como socio y amigo —palabras de Laporta, no mías—, Javier no podía faltar a la cita.
Claro que fue un lapsus, eso nos dirán. Que cualquiera puede equivocarse hablando en público, que un desliz lo tiene cualquiera y que no hay que buscarle tres pies al gato, faltaría más. Sería muy mal pensado interpretar otra cosa. Pero qué casualidad, eso sí, que el desliz le ocurra precisamente al hombre que lleva años recorriendo platós, conferencias y entrevistas defendiendo el mayor bochorno arbitral de la historia del fútbol español, porque reconocer la gravedad del caso Negreira supondría admitir que el producto que vende está seriamente devaluado. Pero nada, seguro que solo fue un error. Ya se sabe que el subconsciente tiene la mala costumbre de decir en voz alta lo que uno lleva demasiado tiempo intentando ocultar.
A mí, personalmente, ya me pareció rarísimo el simple hecho de ver a Javier Tebas detrás de un atril con el escudo del Barcelona en el acto oficial de la toma de posesión de Joan Laporta. ¿Qué pinta ahí? Sí, ya me conozco la respuesta que dará cuando le pregunten. "Yo, si me invitan, voy. No tendría ningún problema en asistir al acto de cualquier club". Muy bien, Javier. El problema es que, curiosamente, las excepciones siempre las rompes con el mismo. Y llega un momento en el que resulta agotador que nos sigan tratando como si fuéramos todos imbéciles.

Para quien no se haya enterado de qué va todo esto, porque ahora mismo todos tenemos la cabeza puesta en el Mundial, mientras Tebas subía al escenario rodeado de banderas blaugranas y con una imagen pública cada vez más desgastada —algo perfectamente comprensible, porque no debe de ser fácil dormir con según qué conciencia—, ocurrió lo siguiente. Durante su discurso pronunció una frase que hizo correr ríos de tinta: "Estoy seguro de que vamos a tener...". Se dio cuenta al instante y rectificó con un "el Barça va a tener muchos éxitos en los próximos años". Muchos se lo tomaron como una simple anécdota. Yo también me reí, porque es que no queda otra. Pero no deja de ser llamativo que el presidente de La Liga se sintiera tan cómodo en un escenario completamente blaugrana que acabara hablando en primera persona del plural.
Sí, claro, fue un lapsus y ya está, no hay nada más que ver. Aunque, cuando detrás existe un contexto como el del Barcelona, cuesta bastante tragarse según qué explicaciones. Porque hablamos de un club al que, año tras año, se le han aceptado operaciones económicas que a cualquiera con dos ojos le generan, como mínimo, muchas preguntas. Yo sigo convencido de que Tebas sabía desde el principio que muchas de aquellas famosas palancas no eran precisamente un ejemplo de normalidad financiera. Cuesta creer que el máximo responsable de la competición descubriera todo por sorpresa.
¿De verdad alguien entiende que el presidente de La Liga participe en un acto de semejante simbolismo institucional, elogie públicamente al club más señalado de los últimos años y termine incluso protagonizando un lapsus en el que habla como si formara parte de él?
Y luego está el caso Negreira. Un asunto que ya parece haberse normalizado tanto que da la sensación de ser como el que tiene un tío en Granada. Ahí sigue. Como si durante casi dos décadas el Barcelona hubiera podido pagar millones de euros al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros mientras competía en esa misma Liga y aquí no hubiera pasado absolutamente nada. Lo lógico sería pensar que el presidente de la competición, por una cuestión mínima de imagen institucional, mantuviera cierta distancia hasta que todo quedara aclarado, pero no. Resulta que con el Barcelona hay abrazos, discursos, bromas y fotografías.
En cambio, con Florentino Pérez rompió relaciones porque el presidente del Real Madrid le discute el modelo de gestión de La Liga. Debe de ser mucho más grave discrepar de cómo se organiza una competición que convivir con el mayor escándalo arbitral de la historia del fútbol o con unas cuentas que llevan años levantando sospechas.
Por si todo aquello fuera poco, Tebas aprovechó su intervención para elogiar la situación del club. Habló del saneamiento financiero y del rumbo del Barcelona, llegando incluso a afirmar textualmente: "No tenéis nada que envidiar a ningún club de este país", con dos narices. Después de todo lo ocurrido durante los últimos años, ese era el mensaje institucional del presidente de La Liga.
Y entonces apareció Joan Laporta, que cuando tiene un micrófono delante nunca desaprovecha la ocasión para repetir el mismo discurso de siempre: que el Barcelona está solo contra todos. Contra todos. Es una frase que ya provoca risa.
¿Contra quién, Joan? Porque cuesta encontrar a esos enemigos. El vicepresidente del CTA estuvo casi dos décadas cobrando de vuestro club. El presidente de La Liga acude encantado a tus actos institucionales y tú mismo le llamas amigo delante de todo el mundo. ¿Quiénes son esos "todos"? ¿La gente de Twitter? ¿Los niños que juegan al fútbol en el parque?
Porque sí, Laporta no tuvo ningún problema en dirigirse a Tebas con un cariñoso: "Javier, te considero un amigo". Así, sin más. Y, por si faltaba algo, aprovechó para bromear con el fair play financiero y con las ventajas que traerá el nuevo Spotify Camp Nou para cumplir la normativa económica de la competición. Bromas con el fair play financiero y el estadio, cabe recordar que una palanca para cumplirlo fue unos palcos vendidos a no sé sabe quién cuando ni habían empezado las obras el estadio, tiene su gracia. Aunque, visto desde fuera, más que gracia produce una sensación bastante distinta.
Parece que, mientras las trampas sean conocidas por quien tiene que vigilarlas, dejan automáticamente de ser un problema. Al menos esa es la impresión que transmite todo este espectáculo. Resulta complicado explicar determinadas escenas sin que la credibilidad de la competición vuelva a quedar por los suelos. Todavía hay quien se sorprende cuando el fútbol español pierde prestigio fuera de nuestras fronteras. ¿De verdad alguien entiende que el presidente de La Liga participe en un acto de semejante simbolismo institucional, elogie públicamente al club más señalado de los últimos años y termine incluso protagonizando un lapsus en el que habla como si formara parte de él?
Todo junto resulta demasiado grotesco como para despacharlo únicamente con una sonrisa. Así que sí, Javier, juntos seguiréis teniendo muchos éxitos, no te preocupes. Al fin y al cabo, eso fue exactamente lo que se te escapó decir antes de rectificar. A lo mejor solo fue un lapsus o a lo mejor el subconsciente, ese que es tan puñetero, volvió a hacer de las suyas y terminó diciendo en voz alta lo que algunos llevan demasiado tiempo empeñados en negar.
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