Buenos días. La plantilla del Real Madrid está ya casi al completo a las órdenes de Mou. Los jugadores se han ido incorporando escalonadamente, en función del fin de sus vacaciones, que a su vez viene definido por el momento en el que la selección de cada cual fue eliminada del Mundial. Por eso Cucurella, Mbappé o Tchouameni, que jugaron la semifinal y/o la final, llegaron ayer, y por eso Güler lleva no sé cuántas semanas impartiendo magisterio estival, que es igual que el del invierno pero en chanclas.
En todo caso, la sensación ayer en Valdebebas era la presencia de nuevas caras, entre ellas la del esperado Cucurella, campeón del mundo y hombre carismático donde los haya que va a vender camisetas a cascoporro. También están ya Konate, Dumfries, Bernardo Silva, Espí y el fulgurante (y carísimo) Diomande, o sea, lo más granado de los nuevos fichajes. Las estrellas están aquí. Todas menos Jude, como reza la portada de Marca en un tono que hasta podría pasar por ser acusatorio, cuando lo cierto es que son los otros los que se han incorporado antes del momento en que les tocaba.
La foto es espectacular. De izquierda a derecha, Konate, Cucurella, Diomande, Mbappé y Mou. El técnico, con aire inopinadamente grave, parece estar comunicando una noticia luctuosa a las nuevas incorporaciones. La Galerna, como insiders que somos, ha tenido acceso a las palabras que el técnico luso dirigió a sus subordinados. Las transcribimos a continuación. Así se entiende mejor el aire de pesar y/o presión que parece infundir a esos rostros recién llegados.
—Bienvenidos al mejor club del mundo, pero bienvenidos también al país que lo trata como si fuese una desgracia nacional en lugar de lo contrario. Las vamos a pasar putísimas, acosados por todos los frentes. El factótum de la competición nos odia. Ahora, además, es el vicepresidente de la Federación, con mando en plaza en el tema arbitral, sí, el mismo sujeto que hace poco hablaba como un culé más en la toma de posesión de Laporta. De la Federación, como os contamos y sabéis, depende el estamento arbitral, donde siguen campando por sus respetos los hijos y los nietos de Negreira, el mandatario arbitral bajo cuya orden dirigieron partidos esos mismos colegiados mientras su jefe cobraba del Barça. Sí, estimados pupilos, son esos mismos trencillas los que siguen ahí, enfermos del sesgo aprendido durante décadas por un jefe que cobraba de uno de los clubes en liza. Y con eso habrá que lidiar. No nos dejarán escaparnos en la tabla, y si alguna vez ocurre los poderes fácticos reaccionarán. En el momento en que consigamos un mínimo colchón de puntos a favor, nos esquilmarán para enjugar la distancia.
Continuó hablando Mou, a pesar de la cara de consternación de sus chicos, o tal vez precisamente por ella. El único que escuchaba esas palabras con alguna naturalidad era Kylian. No en vano le han escamoteado un número nada desdeñable de goles al albur del “quito frame, pongo frame”, aquella canción del verano de Clos Gómez, aquella canción de demasiados veranos del esbirro de Cantalejo, de Negreira, de Tebas. De todos.
—Y luego estará lo de la prensa— continuó Mou.— No sé si estaréis al tanto de esto, bueno, Kylian sí, pero van a pasar por alto los continuos atropellos arbitrales, haciéndolos incluso pasar por lo contrario, creando una narrativa espuria en nuestra contra. La realización de los partidos omitirá lo que les interese y pondrá la lupa sobre todo aquello que interese a su relato, que se verá así magnificado artificialmente. Y cuidado, porque ese mismo realizador televisivo, tras el que existe una empresa con vínculos descarados con el Barça, será el que suministre al videoarbitraje las palabras y el sonido.
Ahora entenderéis mejor, queridos lectores, las caras de espanto de los futbolistas que rodean al técnico. Pero seguimos con el discurso de Mou, que ya concluye.
—Teniendo todo esto en cuenta, vais a tener que hacer una temporada perfecta para poder ganar la liga. En mi anterior etapa, tuve que batir el récord de puntos. En esta, para ser campeones, habremos de batir ese mismo récord. Luego está la Champions, donde tenemos el marchamo Real Madrid pero nos enfrentamos a un bicampeón que ahora mismo es el mejor equipo del mundo con diferencia. Si no ganamos al menos uno de esos dos títulos, nos arrojarán a los leones. Y ambos van a ser complicadísimos, por razones distintas como las expuestas.
¿Es esto lo que les decía Mou en el minero de la foto? Nos lo hemos inventado completamente, como buenos insiders, pero bien podría ser el caso.
En la prensa cataculé, entretanto, la atención está puesta en Julián Álvarez, a quien creen tener el derecho, otorgado por Dios, de ficharlo por el precio que estimen oportuno pagar. Lo contrario será, por supuesto, culpa del centralismo, Franco, Aznar y Florentino Pérez.
La desfachatez del culerío mediático es tal que el tipo que veréis a continuación, quien por cierto formaba parte de las directivas que pagaban y aumentaban exponencialmente el sueldo de Negreira, se atreve a criticar la existencia o la cuantía de la cláusula de rescisión de Julián. Le respondió a la perfección el periodista de Onda Cero Alberto Pereiro.















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