El otro día, tomando unas cervezas con unos amigos, no comprendíamos cómo podía ser que, de repente, jugadores que sabemos que son muy buenos nos pareciesen tirando a malos, incluso pobres técnicamente. Y no, no era por la cerveza, porque no llevábamos ni tres tragos de la primera.
La conversación empezó con una pregunta que, cuanto más la pensábamos, menos sentido tenía: «Macho, Mbappé en el Mundial volaba, metía todo. ¿Qué ha pasado?». Y la pregunta se podía trasladar a varios más. Vinícius, por ejemplo, durante lo que duró su participación en un Mundial en el que Brasil tampoco fue precisamente una selección brillante, ofreció una versión que parecía bastante más cercana al jugador que conocemos. Y luego apareció Cucurella. A Cucurella no le regatearon una sola vez en todo el Mundial. Ni una sola vez. De verdad os digo que cuando recordábamos este dato nos reíamos como me estoy riendo mientras escribo esto y lo leo en alto. Porque es que resulta hasta difícil de explicar.
Si hay algún jugador que podemos salvar de la quema es Jude Bellingham, el que más esfuerzos hace y el único que levanta la voz ahí dentro, pero incluso en su caso tengo la sensación de que en el Mundial era un Jude mejor que este Jude. Y ahí es donde empieza el verdadero problema. Porque ya no estamos hablando únicamente de lo ocurrido este verano, sino de una sensación que llevo teniendo desde hace más de dos años y que se repite con demasiados jugadores como para despacharla con una explicación cómoda. Es como si nuestros futbolistas fueran mejores, o lo hubieran sido, en el club del que venían o con la selección que representan que cuando se ponen la camiseta del Real Madrid. Y eso es extraño, muy extraño.
Si te ocurre con un único jugador, perfecto: hablamos de adaptación, de presión, de un cambio de contexto, de un entrenador que todavía no ha encontrado la manera de sacarle rendimiento o de cualquier otra explicación que nos permita ganar tiempo y proteger al jugador. Pero, cuando empiezas a analizar uno por uno a prácticamente todos los jugadores de la plantilla, y la sensación vuelve a aparecer, quizás haya que dejar de vendernos el cuento chino de la adaptación. Porque no puede ser que todos necesiten adaptarse, o que solo en el Madrid tengan que hacerlo durante tanto tiempo.
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No puede ser que todos tengan un problema diferente. No puede ser que todos estén atravesando una mala racha. Y, sobre todo, no puede ser que casualmente esa mala racha aparezca solo cuando se ponen la camiseta del Real Madrid. Durante estos dos años hemos visto jugadores llegar al club y ofrecer un nivel inferior al que mostraban antes. Y después los vemos marcharse, jugar en otro equipo o ponerse la camiseta de su selección y recuperar, al menos parcialmente, muchas de las cosas que parecía que habían olvidado hacer.
El patrón se repite demasiado como para ignorarlo. Por eso, aunque normalmente los parones de selecciones me matan y me estorban muchísimo en plena temporada, esta vez tengo ganas de que llegue. Quiero ver qué hacen nuestros jugadores y, sobre todo, cómo lo hacen. Quiero comprobar si esa sensación que llevo acumulando durante más de dos años sigue creciendo o si, por primera vez, empieza a desaparecer. Claro que, si empieza a desaparecer, querrá decir que ya ni tan siquiera rinden con sus selecciones, pero entonces abriremos un debate distinto. Porque si realmente existe un nivel generalmente más bajo sólo cuando nuestros jugadores se ponen la camiseta del Real Madrid, las explicaciones que quedan no son precisamente tranquilizadoras.
Al final nos encontraremos frente a dos/tres únicas posibilidades.
Una: que no sean lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que están tirando por la borda la carrera con la que soñaban desde pequeños.
La otra: que estemos ante la generación más cobarde que se haya vestido la elástica del Real Madrid, y que les entre miedo escénico al primer traspiés simplemente por llevar ese escudo redondito lleno de Copas de Europa en el pecho.
Sea cual sea de las dos, será preocupante. Porque estamos hablando del Real Madrid. Del club al que llegan futbolistas después de haber demostrado que tienen nivel para estar ahí. Del lugar en el que, precisamente, deberían aparecer en los momentos importantes las mejores versiones de ellos mismos. Y aquí viene otra cuestión todavía más incómoda.
Evidentemente, todos tenemos nuestros jugadores favoritos y nuestros jugadores menos favoritos. Todos tenemos a ese futbolista al que defendemos más y a ese otro al que no soportamos ver sobre el campo. Pero, si para salvar de la quema a nuestro jugador favorito de esas dos posibilidades necesitamos encontrar una tercera explicación, solo nos quedaría una: que se está tocando los huevos. Que sabe hacerlo mejor, que ha demostrado hacerlo mejor, que fuera del Madrid parece hacerlo mejor, pero aquí simplemente no le da la gana. Si la opción que quieres elegir para defender a tu jugador favorito es que simplemente se está tocando los huevos, porque consideras que eso es menos grave que las otras dos posibilidades, háztelo mirar. Porque el Real Madrid ha tenido en su plantilla a auténticos cojos de la redonda. Jugadores que técnicamente no eran ninguna maravilla, que probablemente no habrían destacado por su calidad individual jamás, pero que, dejándose la vida sobre el campo, han levantado títulos. Y eso no se le puede olvidar a nadie.
En este club no siempre ha sido necesario ser el futbolista más talentoso del planeta para triunfar. Ha sido necesario competir, correr, pelear, entender dónde estás y responder cuando tocaba hacerlo. Por eso resulta todavía más difícil aceptar que jugadores que tienen muchísimo más talento que algunos de aquellos futbolistas parezcan peores cuando juegan aquí.
Así que en este parón de selecciones voy a estar especialmente atento. No solo a los goles, a las asistencias o a las estadísticas que luego utilizamos para justificarlo todo. Sino a las sensaciones, a los movimientos, a la confianza, a la manera de competir y a todo aquello que nos permita comprobar si existe realmente una diferencia entre el jugador que vemos con su selección y el que vemos con el Real Madrid. Si todos nuestros jugadores parecen mejores fuera que dentro, quizás haya llegado el momento de dejar de darle más vueltas y de afrontar la pregunta que llevamos demasiado tiempo evitando. Coged la lista de los 25 jugadores de la plantilla y asignad a cada uno una de las tres opciones: no se dan cuenta de que están tirando su carrera, les puede el miedo de jugar en el Real Madrid o, sencillamente, se están tocando los huevos. También se pueden elegir dos de tres o las tres, por supuesto. Ya van cuatro entrenadores, cuatro eh, los que han estado entrenando a estos jugadores mientras yo tengo esta sensación constantemente. A ver si dejamos ya de despedir y de gastar millones y millones en entrenadores y empezamos de una vez a cambiar el foco. Que sí, que Negreira y que el CTA actual, si ya lo sé, pero no nos llamemos imbéciles al espejo a nosotros mismos tampoco, por favor os lo pido.
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