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Presidentes del Real Madrid (I): Antonio Santos Peralba

Presidentes del Real Madrid (I): Antonio Santos Peralba

Escrito por: Alberto Cosín - 9 octubre, 2026
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El precursor de Bernabéu

 

Un hombre de club, discreto, elegante, caballeroso, austero y caritativo que pasó 32 años en la entidad blanca. Miembro de la directiva de Luis Usera antes de la Guerra Civil, también fue vicepresidente en varias juntas con Santiago Bernabéu. Presidió el Real Madrid en un momento muy complicado a comienzos de la década de los 40, durante tres años.

Nacido el 1 de noviembre de 1885 en Gondomar (Pontevedra), fue el mayor de siete hermanos, todos ellos con el nombre Santos incluido por una tradición familiar. Muy hábil en el colegio con las matemáticas, acabó siendo el número uno de su promoción en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Entre sus obras, varias carreteras en Lugo y la del Teide, en Santa Cruz de Tenerife.

En Madrid, en los años 20, empezó a trabajar como ingeniero de obras en la empresa Saltos del Alberche S.A. (filial de Unión Eléctrica Madrileña), que estaba vinculada al Banco Urquijo con Luis Urquijo Landecho, marqués de Bolarque y presidente del Real Madrid entre 1926 y 1930, como una de las cabezas visibles. Gracias a esta relación y a la de paisanaje con Luis Usera Bullagal, también pontevedrés, Antonio Santos Peralba entró en el club madridista en 1929. Un año después, en diciembre de 1930, fue elegido por Usera en su directiva como vicepresidente segundo. Anteriormente también había sido vicepresidente del Lugo Sporting Club en los albores del conjunto gallego, mientras que su familia añadía que Antonio llegó a jugar algún partido con el conjunto blanco en los primeros años de vida de la entidad capitalina, de la cual era socio desde 1920.

En mayo de 1935, cuando Luis Usera declinó aceptar una reelección a la presidencia, Antonio Santos Peralba (junto a Santiago Bernabéu) decidió tomar el mismo rumbo por motivos de índole particular, a diferencia de algunos compañeros de junta que siguieron en sus cargos.

La Guerra Civil les sorprendió en Madrid, en su casa de Gran Vía. Luego, se refugiaron gracias a la intermediación de unos parientes de su mujer en la Embajada de México durante ocho meses. Según testimonios familiares, pudo haber acabado muerto como su compañero de junta Valero Rivera o uno de sus secretarios, José Carreras. En 1937, Peralba y su familia se trasladaron a Valencia y de allí a Marsella. Los últimos meses de la guerra, Antonio Santos Peralba los pasó en Ávila atareado en la construcción de un salto del río Alberche.

Al terminar el conflicto bélico, Peralba participó en una junta madridista clave para el futuro del club. Se reunió junto a otros nombres de prestigio como Pedro Parages, Adolfo Meléndez, el marqués de Bolarque y Santiago Bernabéu, que aunaron esfuerzos para revivir a una institución que había quedado muy dañada por la guerra. También procedieron con los pasos a seguir para la reconstrucción de parte del campo de Chamartín, que sufrió desperfectos importantes. En la nueva directiva del club blanco, presidida por Adolfo Meléndez a partir de 1939, no estuvo incluido el gallego, que prefirió continuar con sus labores profesionales en diferentes obras e instalaciones eléctricas a lo largo de la geografía española.

La vida de Antonio Santos Peralba cambió a partir del mes de octubre de 1940. El día 14, el presidente Meléndez presentó su dimisión por «discrepancias entre mi punto de vista personal sobre el desarrollo de la vida futbolística y el ambiente general». El argumento oficial fue que un nuevo destino militar le obligaba a dejar la capital. Dos semanas más tarde, accedió al cargo el dirigente gallego, cuyo nombramiento fue ratificado un mes después por la Federación Castellana. En su junta directiva destacaban los nombres de Andrés Hernández Herzog como vicepresidente y otros antiguos directivos del club como Laureano Ortiz de Zárate y Luis Coppel como vocales.

No vivió el gallego una época boyante de éxitos ni de títulos en su periodo como presidente. La guerra había producido un agujero económico en la entidad y apenas había posibilidad de grandes fichajes para reforzar al equipo. El entrenador continuó siendo el maestro Paco Bru hasta el verano de 1941. A Santos Peralba le dimitió uno de sus vocales, Coppel, que también era delegado de fútbol, por discrepancias con el resto de sus compañeros de junta. El siguiente técnico elegido fue Kinké, que tampoco solucionó los problemas deportivos. En el curso 1941-42 los blancos fueron subcampeones de Liga y cayeron en los cuartos de la Copa ante el Athletic. En mayo de 1942, el máximo mandatario llegó a dimitir junto a Pablo Hernández Coronado en una junta extraordinaria, pero finalmente la renuncia no se llevó a cabo oficialmente.

La última campaña de Santos Peralba como máximo mandatario del club fue en 1942-43. Tras 12 jornadas de Liga, el técnico catalán Kinké dimitió y el presidente y su junta directiva aceptaron su marcha. Hernández Coronado se sentó en el banquillo como interino hasta la llegada de Moncho Encinas. Con el pontevedrés al equipo no le dio tiempo para revivir en la Liga y lo importante fue que se salvó de los puestos de promoción. Sin embargo, para la Copa el cuadro merengue recuperó energía y gozó de buenos momentos de fútbol y resultados. En el torneo del KO, los madridistas alcanzarían la final tras eliminar en orden cronológico al Salamanca, RCD Español, Jerez y F.C. Barcelona. En el partido por el título, en el estadio Metropolitano, el Athletic Club dejó a los blancos sin el trofeo en un choque no exento de polémica. De madrugada, un poder autoritario exigió el excesivo riego al césped, lo que durante el encuentro perjudicó el juego madridista. El club, con Antonio Santos Peralba a la cabeza, se quejó de forma enérgica ante la Federación Española y la Regional, señalando que «a partir de hoy es ingrata mi posición al frente de los destinos del Real Madrid». Se abrió una investigación, pero nueve años después se cerró sin haber resuelto el enigma.

La semifinal contra los blaugranas le costaría el puesto a Antonio Santos Peralba unos días después. La eliminatoria fue dura, movida, polémica y con incidentes. En la ida, los culés vencieron por 3-0 y, en Chamartín, el Real Madrid remontó ganando por 11-1, lo que conllevó una serie de leyendas urbanas sobre lo acontecido en aquel partido en el terreno de juego y los vestuarios.

Tras el primer encuentro, el presidente culé Piñeyro trató de rebajar la tensión en las filas madridistas por su enfado con los espectadores de Les Corts con la siguiente carta:La carta no gustó nada en la directiva blanca, que consideró cínica la alusión a que «goza de las preferencias de nuestros socios» y, aunque no respondió de forma oficial, redactó una misiva para sus socios y aficionados que fue publicada en los periódicos el mismo día del partido.Algunos futbolistas y protagonistas de la eliminatoria también declararon a lo largo de su vida, cuando recordaban aquella eliminatoria, que el ambiente fue caldeado por la prensa escrita y la radio durante toda la semana y se acusó a varios periodistas de reconocido prestigio de no favorecer el clima del encuentro de vuelta.

El Comité de Competición de la Federación sancionó al Barça con 2.500 pesetas de multa por el comportamiento incorrecto del público en Les Corts. Luego, a los blancos les impuso la misma cantidad y acordó otra serie de actos disciplinarios para los dos clubes:

1-. Imponer a cada uno otra multa de 25.000 pesetas advirtiendo que la repetición de incidentes será sancionada con mayor rigurosidad.

2-. Invertir el importe de ambas multas en la adquisición de entradas para el partido final de la Copa con destino al Frente de Juventudes.

El Barça se sintió perjudicado y creía injusto recibir una multa por unos hechos que tuvieron que soportar en Chamartín. El presidente, Enrique Piñeyro, presentó su dimisión tras ser rechazados los recursos presentados por los abogados del club. Por su parte, en la entidad blanca también consideraron la multa de 25.000 pesetas excesiva y siguieron el mismo camino que la directiva blaugrana. Antonio Santos Peralba llevaba unas semanas a disgusto y después de la eliminatoria ante el Jerez en Copa, en el mes de mayo, planteó a sus compañeros de junta su marcha del club. En los altos estamentos del deporte nacional se presionó al Real Madrid para que la directiva abandonara la dirección del club y hubiera paz entre las dos entidades.

Antonio Santos Peralba, en una charla con su sobrino unas semanas más tarde, le confesó que «yo no tendría por qué haberlo dejado, pero debía dejarlo», dando a entender que había sido forzado a ello. Otras informaciones de la familia afirman que por cuestiones laborales en su empresa el gallego no podía ocuparse como quería del club. Finalmente, Antonio Santos Peralba presentó su dimisión en agosto de 1943 y se hizo oficial el 14 de septiembre. Su último acto como presidente había sido asistir a la entrega de la medalla del mérito del fútbol en Castilla de la Federación Castellana a su amigo y vocal de la junta Laureano Ortiz de Zárate. En el relevo con su sucesor, Santiago Bernabéu, pronunció una de sus frases más célebres: «Te lo entrego como lo recibí… procura tú, cuando llegue tu hora, poder decir lo mismo y sentir idéntica satisfacción a la que siento yo ahora…».

Después de unos años enfocado en su trabajo y sufriendo por el Real Madrid al punto de no poder escuchar los partidos por la radio porque se ponía muy nervioso, el destino volvió a unir los caminos del gallego con el conjunto madridista gracias a Bernabéu. El almanseño llevaba un lustro presidiendo el club blanco y se acordó de su amigo para incluirle en la junta directiva como vicepresidente segundo a partir de 1948 hasta 1951. Bernabéu quiso así recompensar de alguna forma a Antonio Santos Peralba por su desempeño anterior en la presidencia y, sobre todo, por su agria salida de la entidad en 1943. Luego, durante dos años, el gondomareño se encargó de la Comisión de Disciplina Social del club blanco como presidente. En 1955 regresó a la directiva como vicepresidente segundo y más tarde ascendió a vicepresidente primero hasta su marcha de la junta en 1977 debido a problemas de salud. En dos décadas fue habitual verlo escoltando a Santiago Bernabéu en las asambleas de la institución merengue, en charlas con la plantilla o estando presente en las presentaciones del equipo a comienzos de cada temporada.

 

Entre otros cargos, Antonio Santos Peralba también ocupó el puesto de vocal de la Federación Castellana.

Falleció el 25 de agosto de 1978 en Vigo a los 92 años de edad y apenas dos meses y medio después de que pereciese su amigo Santiago Bernabéu.

 

Fotografías Alberto Cosín

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Apasionado del balompié, me hubiese gustado ver en directo a las figuras de los años 30, 40 y 50. Gato y madridista, en mi primera visita al Santiago Bernabéu pude contemplar a Diego Armando Maradona.

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