Pésimos, lamentables, despreciables días, amigos.
Qué queréis que os digamos. Como acertadamente reflexionaba ayer el tuitero Ice Landic, a los madridistas nos han robado el fútbol. Puede que para siempre. Es tal la corrupción sistémica del fútbol español, tan irrespirable el hedor nauseabundo que desprende, tan opresivo el silencio de los medios que debían denunciar este sistema podrido hasta el tuétano, tan insoportable la complicidad, por acción o por omisión, del poder político y de los poderes públicos que deberían velar por la limpieza de la competición, que resulta ya imposible seguir alimentando la menor esperanza.
Al madridista ya sólo le queda preguntarse qué hace el Real Madrid en esta fosa séptica, en esta competición adulterada, desvergonzadamente adulterada, impúdicamente adulterada, en la que el club responsable y beneficiario de la corrupción del sistema según resolución judicial, no sólo no es sancionado sino que ni siquiera recibe la menor censura moral por parte de medios de comunicación, aficionados o autoridades. Y en la que el Real Madrid, víctima primera y principal de esa corrupción, es castigado sin piedad una y otra vez en el terreno de juego, en los despachos y en los medios. Ya lo advirtió Quevedo: donde no hay justicia, es peligroso tener razón.
El fútbol español está muerto. Es un walking dead, un muerto viviente, un trampantojo de oropel y lucecitas tras el que se esconde la más sórdida realidad, la putrefacción más absoluta. Mucho brilli brilli y ninguna decencia. Insistimos: creemos que el Real Madrid debe plantearse muy en serio qué papel quiere representar en esta infecta farsa. Porque, muy a su pesar, ya está representando uno.
Lo de ayer fue sólo un capítulo más, tal vez algo más doloroso por más desvergonzado. Ahí tenéis la fenomenal crónica de Francisco Javier Sánchez Palomares, y la reseña arbitral de Alberto Cosín, quien no encuentra suficientes adjetivos en la rica lengua española para calificar la actuación del último pelele del CTA a razón de 300.000 euros (más complementos) al año. Si no las habéis leído todavía, os recomendamos que lo hagáis una vez desayunados, con la digestión acabada y el estómago bien asentado.
En estas circunstancias, comentar las portadas del día se nos antoja hacerle el juego al sistema. La medios de comunicación en general, y los cuatro periódicos objeto de esta sección en particular, son no ya colaboradores necesarios, sino cómplices activos del sistema. Hace ya mucho tiempo que desisitieron de su función de cuarto poder para convertirse en la cuarta pata de este muy lucrativo banco.
Si queréis la última prueba (por ahora), y siempre que os sintáis con el cuajo suficiente, echad un vistazo a la portada de Marca, el diario de todas las aficiones -sobre todo de la afición al onanismo de su director cada vez que el Madrid de Florentino es víctima de un atropello-, que hoy se supera a sí mismo. El Atleti se divierte. Mou explota. El Madrid digiere mal el triunfo rojiblanco. Repetimos: el Madrid digiere mal el triunfo rojiblanco. Esto es, ni más ni menos, que llamar estrecha a la víctima de una violación. Enhorabuena, Marca, diario de todos los cinismos.

As, por su parte, tiene la decencia de afirmar que el don nadie Ortiz Arias perdonó la roja a Cuti Romero y Kang-in Lee. Habla, eso sí, de actuación muy polémica del colegiado, que, siguiendo con la analogía, es como calificar de muy polémica la actuación de un violador.
De las portadas de la prensa cataculé, ni palabra. En La Galerna nos enseñaron desde pequeñitos que no es de buena educación acusar recibo de los regüeldos ajenos.
Pasad un buen día, en el improbable caso de que eso sea posible.












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2 comentarios en: El Madrid, en la fosa séptica
Con no vender a vinicius, no sentar a mpappe y no hacer un centro del campo mínimamente creíble y factible se lo ponemos muy fácil a los árbitros. Los deberes que nos competían a nosotros no los hemos cumplido y así nos va.
Seguro que el Barcelona en los 60/70/80 hacia los mismos comentarios que hoy nosotros. Desempolvar hemerotecas...
Ay tito Floren cómplice de los negreiras