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Un día habrá que irse. Por el espectáculo

Un día habrá que irse. Por el espectáculo

Escrito por: Tomás Guasch21 septiembre, 2026
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El Madrid, digo. Irse del campo ¿Estoy incitando a un delito, pues las penas si lo hiciera no serían moco de pavo al considerarse eso un hecho delictivo o así?

Pues no es mi intención. Simplemente doy ideas para completar la gran juerga que son sus partidos. Que el Madrid se vaya del campo supondría un pollo maravilloso. Un pollo de granja, esos que crían con langosta y champán francés, peazo pollo. ¡Me estoy mojando!

Además. El Barça casi lo hizo pues no se presentó una noche, precisamente con el Atleti de rival, qué gancho tiene el Atleti para estas cosas. Y lo amnistiaron.

Aprovechando lo de Puigdemont, y puesto que el primer presidente del Madrid fue el señor Padrós, de Mataró, catalán o sea, seguro que alguno de los madridistas del gobierno intervenía y colaba al Madrid en la cosa. O en cualquier decreto ómnibus, línea 8.544. Entre ayudas a hombres de Marte por empoderar, 80 millones, y donación para los damnificados por la llegada del otoño en Logroño, 50.000. Saque de honor del hombre de Waterloo en el Bernabéu sería una magnífico colofón.

Pues eso, que no sé usted pero yo me lo pasé muy bien viendo el derbi, pues no me falló la mejor de mis balas: el arbitraje que nos ayuda a que el madridismo pase un buen rato.

A ver: el equipo da alegrías justitas de momento. Oigan, que aquí nos chupamos el dedo lo justo. Como me dijo un día Juan Esnáider, “yo estoy loco -así le llamaban- pero no como vidrios”. El Madrid está lejos de ser el Madrid, fíjense que simple. Pero mientras esperamos, y tampoco tenemos la mayoría mucho más que hacer un domingo a las cuatro de la tarde, todo vale para animarnos. El Madrid, en fin, alegrías futboleras da pocas. Está en una permanente carrera por volver a ser un equipo y no acaba.

Mourinho sigue comiéndose a besos a sus chicos, es un decir, aunque esta vez se cargó a Vinicius antes de la hora de partido. No va Vinicius ni va el equipo. Y los temores de quienes pensábamos que habría tortazo en el derbi se confirmaron. No necesitó el Atleti jugar el partido de su vida, además.

Pero… ¡Estaba el árbitro! Y es una tranquilidad. Pagamos por ver y toda ayuda es buena. Es excitante esperar a cuando le tomarán el pelo al Madrid, hay gente que hace apuestas sobre ello. Esta vez pusieron un árbitro madrileño como si eso sirviera para algo y no: el sistema no conoce de nacionalidades y regiones.

Ortiz Arias estuvo atroz, terrible, horroroso, espantoso, asqueroso y repugnante

Estaba el partido en un ir y venir sosaina cuando Baena confundió a Güler con Valverde y le metió un viaje. Y al poco rato, otro. Por lo que escuché en directo y lo que investigué después, los comentarios coincidían en que al menos una amarilla debió ver el racial jugador rojiblanco.

Encontré votos particulares que optaron por la roja. Unos directa y otros por acumulación de amonestaciones. Total: no fue amonestado entonces ni nunca. ¿Si Güler es aquel otro muchacho morenito, mataronés y por tanto paisano del señor Padrós? Roja de entrada. Incluso a Padrós in memoriam.

Fue pasando el tiempo y apareció el único asiático en juego y le sacudió a Valverde y a resultas de ello estará un tiempo de baja. El CTA dijo que ahí se equivocó el árbitro. ¿El VAR? Olvídense: en estas cosas no entra. Es como aquellos carteles: hoy no se fía, mañana sí. Total, que la posibilidad de que el Madrid jugara con uno más se esfumó: claro.

Al rato profundizó Bellingham y no se desmayó de la emoción. Bellingham, digo. Rápido y diligente, el argentino Romero salió al grito de ¡Malvinas cholistas! y sacudió al inglés. El árbitro lo vio y pitó falta y amonestó al madridista. Se armó tal que el del VAR sí entró esta vez, ¿lo ven? y obligó al árbitro a rectificar, quitarle la amarilla al madridista y ponérsela al rival: vean la jugada, dónde y cómo pone el pie. O no es falta o si lo es, es falta y roja. Pero no.

Habrá que irse un día. Por el espectáculo. Ahí os quedáis. La competición no sufriría. Desde el minuto 1 sabemos de qué va a ir la copla. Irse y a ser posible en el Bernabéu. Eso sí, los muchachos avisando en casa que volverán pronto no haya sorpresas. Encima.

 

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Tomás Guasch. Periodista.

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