La verdad es que en esta vida hay pocas cosas peores que el aburrimiento. Y el fútbol, en agosto, es un asunto tan aburrido como una sesión parlamentaria. O quizá más. El verano se está haciendo tan largo…como empezamos tan pronto, con las elecciones inesperadas, y luego vino el Mundial y todo su carrusel de emociones, ahora parece que todas esas cosas ocurrieron hace cien años. Para más inri, la liga, que empieza el sábado, no empieza de verdad hasta dentro de dos fines de semana, pues como todo el mundo sabe hasta que no juega el Madrid toda competición es, en el fondo, nada más que fogueo.
Así que hoy, aquí, podría hablar de Rodri. También, de la figura del mediocentro: esa necesidad ineludible de la que, de tanto hablar en estos últimos años, ya se podrían publicar incluso antologías. Pero sería todo tan, tan aburrido que no merecería la pena: sería casi como faltarle el respeto a la inteligencia del lector, y ya para eso está la DGT y sus mensajes de que no le hagamos fotos ni vídeos al eclipse si estamos conduciendo.
¿Qué habrá pasado, en realidad, con Rodri? Porque hasta hace unos días, todo Cristo en Internet, en realidad esos papafritas que bajo el nombre de insiders, streamers y youtubers actualizan el viejo término, tan ilustrativo e ilustre, de sacacuartos, decían que estaba fichado. De un día para otro está fichado (?) por el Barcelona y se nos dan las mismas etéreas razones que antes se esgrimían para confirmar, incluso en porcentaje, como si fuera la barra de carga del teléfono móvil, lo cerca que estaba de ser madridista.
Nadie sabe nada. Antes, los que administraban en régimen de monopolio el negocio de vendernos burras eran los periodistas. Desde hace tiempo ya, el sector se ha liberalizado. Y cualquiera carajaula con una cámara y un canal en Youtube puede montarse en el dólar jugando con ese (bajo) instinto tan humano, tan nuestro, que es el deseo de que nos engañen dejando que nos digan lo que queremos escuchar.
Me ha hecho mucha gracia leer que en Turquía han detenido a un periodista deportivo, o raza análoga, por difundir información falsa acerca de un fichaje. Más me he reído imaginando que eso pasara en España: la redada habría de ser tan masiva que, con los individuos incautados, podría abrirse la valla de Ceuta y devolverle la invasión a Marruecos con toda esa patulea.
El silencio vaticanista de la «política de comunicación» del Real Madrid da manga ancha a toda esta manga de mangantes, ridículos y caraduras. Desde la victoria electoral de Florentino, se ha elevado el nivel: ya ni siquiera se presentan los nuevos fichajes. Nada, ni una triste rueda de prensa. Y con lo que disfrutaba Florentino de las presentaciones…
Es muy extraño, aunque coherente con los usos y costumbres de la casa. El Madrid se limita a copiar las estrategias más random del resto de clubes en la comunicación a través de las redes sociales, y ya. Se comunica para niños rata adictos al Tik-Tok, pero no se informa. Es decir, se informa menos que nunca, y estaba la cosa difícil. A lo mejor se trata de una especie de desafío, se pretende establecer un récord. Yo propongo que, metidos en harina, se clausuren las ruedas de prensa previas a los partidos y sobre todo, las posteriores. Que no salga nadie, ni en zona mixta ni en la sala ante los periodistas. Que se supriman los famosos comunicados oficiales, incluidas las esquelas de la hoja parroquial. Nada, cero. Un silenzio stampa perfecto, químicamente puro.
Eso sí que sería crear tendencia en este mundo saturado de información, hiperconectado hasta el vómito y sobrecargado de porquería y basura digital.
Una cosa de la que sí nos ha hablado el club es de los dorsales. Siempre resulta curioso comprobar qué número elige cada jugador, en caso de que pueda elegir. Revela algo de su personalidad, nos deja intuir alguna cosa quizá de su carácter, de sus sueños infantiles o de su ambición profesional. También nos enseñan la percepción que tienen de sí mismos. En el caso de Raúl Asencio, por ejemplo, podemos ver un claro desfase entre lo que él piensa que es y lo que e, de verdad: ha elegido el 2 de Carvajal y de Varane y, aunque yo llegué a pensar que podía ser un nuevo Nacho, hasta el momento nos ha demostrado que está más cerca de ser un defensor trágico que uno de los que Ancelotti llamaba pesimistas.
Cucurella ha elegido el 17, que es un número de culto en el Madrid contemporáneo: Van Nistelrooy y Arbeloa, es decir, gente fundamentalmente querida por la grada. Me gusta especialmente que Huijsen haya echado la pata alante, en argot taurino, y escogido el 4. Aunque su primera temporada no ha sido brillante y se haya perdido el Mundial, la expectativa, en él, sigue intacta. El Madrid no se toma en una hora y Huijsen, además de ganar peso, necesita arrojo. Adueñándose del número 4, lo demuestra: él mismo se emparenta con Ramos y con Hierro, el linaje al que debe pertenecer si quiere hacer carrera en el Madrid. Es toda una declaración de intenciones. Lo celebro.
Lo que no parece tener remedio es lo de Mbappé, otro que va por la vida caminando sobre las nubes como si fuera un semidiós. El 10 de Modric le queda como a un Cristo dos pistolas. Sigo sin acostumbrarme, quizá porque sí que haya algo peor que el aburrimiento: descubrir que lo largamente deseado era, en realidad, una mierda.
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