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El madridismo de Pepe Legrá

El madridismo de Pepe Legrá

Escrito por: Athos Dumas16 julio, 2026
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Se nos acaba de marchar el gran Pepe Legrá, “el Puma de Baracoa”, que llegó a ser campeón del mundo de peso pluma a final de los años 60. De origen muy humilde, en su Cuba natal se ganaba la vida como limpiabotas, y también zambulléndose en el mar para recuperar las monedas que le lanzaban los turistas para entretenerse.

Siempre quiso ser boxeador profesional, y en la Cuba castrista tan solo podía ejercer como amateur. Así que logró afincarse en Madrid, gracias a la vieja gloria cubana de los rings, Evelio Mustelier, más conocido como Kid Tunero, quien fue su mentor y su preparador durante muchos años.

Legrá, 7 veces campeón de Europa – logró su primera corona en el viejo Palacio de los Deportes de Madrid, arrebatándosela al francés Desmarets en 1967 -, se proclamó campeón del mundo de su peso en un mítico combate disputado en Gales ante el púgil Howard Winstone. Aquel duelo lo pudo seguir toda España, ya que se retransmitió en directo por TVE.

En aquellos momentos, José Legrá era tan popular en España como cualquier gran futbolista de la época, ya fuese Amancio, Iríbar o Pirri, o como los toreros más en boga como eran El Cordobés o Sebastián Palomo Linares. Copaba habitualmente las portadas de los diarios deportivos y también los semanarios de la prensa del corazón.

Aunque perdió su cetro mundial ante el australiano Johnny Famechon, en una decisión muy polémica, lo logró recuperar en 1971 ante el boxeador mexicano Clemente Sánchez. Su popularidad era enorme también en las Islas Británicas, en donde le apodaban “el pequeño Cassius Clay”, en especial por su juego de piernas, por pelear casi siempre con la guardia baja, y por su extraordinario carisma.

Perdió su segundo título en 1973 y su aura empezó a palidecer. Así como su popularidad. Y se dedicó a montar negocios que casi nunca le funcionaron, siempre viviendo en Madrid.

Recuerdo que, unos años después, mi madre se encontró con él en el Corte Ingles de Goya. Se quedó mirándole fijamente. Entonces, Legrá le preguntó si podía ayudarla en algo, a lo cual mi madre le dijo: “No, muchas gracias, no necesito que me pegue nadie.” Pepe Legrá cerró la escena riéndose abiertamente.

Pasaron muchos más años, y tuve la suerte de conocerle personalmente. Fue al llevar unos trajes a la tintorería de mi barrio, cerca de Manuel Becerra. Ahí estaba él, simpático, ya peinando muchas canas y ya con escasa cabellera. Pero lo reconocí inmediatamente, había sido un ídolo de mi infancia.

Estuvimos charlando un rato y logré invitarle a un café en la calle Francisco Silvela. Creí recordar que le gustaba el fútbol y la conversación fue por esos derroteros. Me dijo que había sido muy asiduo al Santiago Bernabéu, sobre todo en los años 70 y 80, y me reconoció su gran madridismo. Cada vez que le reconocía el público en el estadio, era ovacionado por la afición blanca, que recordaba sus numerosos entorchados internacionales.

Presumió de su amistad especial con Alfredo Di Stéfano, a quien seguía viendo, aunque cada vez menos. Ambos eran mitos nacidos en Latinoamérica, y habían coincidido en numerosos eventos y homenajes. Me comentó su absoluto respeto por Don Santiago Bernabéu, que siempre fue muy atento con él. También me habló con cariño de la Asociación de Veteranos del Real Madrid, que le apoyó notablemente en todos los sentidos cuando Pepe perdió gran parte de la fortuna amasada en sus años de gloria.

Me habló de sus duelos con el gran Manuel Calvo, también antiguo campeón de Europa del peso pluma, de sus cetros mundiales y de la frustración que fue para él haber sido derrotado por los puntos por Famechon en una ciudad inglesa cuyo nombre había querido olvidar. Nos dimos un abrazo, ya no había tanta gente que lo reconocía por la calle y menos aún que le dedicase unos minutos de atención.

Pepe Legrá era y será siempre un mito en la cima del deporte español. Ciento cincuenta combates y apenas una decena de derrotas.

Le recordaré siempre. Descanse en Paz.

 

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