Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Hoy es martes 22 de noviembre, lo cual significa que “solo” queda un mes y nueve días para que vuelva el fútbol, para que vuelva a jugar el Real Madrid. En La Galerna intentamos haceros más llevadera esta travesía por el desierto publicando contenidos como una entrevista inédita que Antonio Escohotado concedió a Jesús Bengoechea la última ocasión que estuvieron juntos con motivo del últimos cumpleaños del sabio en Ibiza. Si aún no la habéis leído, ahora es un buen momento para hacerlo.

El cine es otra opción de entretenimiento. Pablo Rivas propone un juego: identificar tres comedias románticas con tres equipos de fútbol, podéis leerlo aquí. Y Athos Dumas directamente tira de clásicos y recuerda a tres grandes actrices —Vera Miles, Angie Dickinson y Constance Towers— protagonistas de obras maestras del celuloide.

Pero desafortunadamente la ignominia está ahí, se está jugando este mundial, y aunque Jesús Bengoechea explica por qué es un asco (y otras cosas no), es inevitable su relevancia informativa, como podemos observar en las portadas del día.

Hola, Marca, que dicen que por qué de la desafección blanca con la selección, que dicen que por qué de la desafección blanca en ocasiones con el propio Marca. Gracias por respondernos con la portada de hoy.

Portada Marca

También queremos "felicitar" a Marca por la portada de ayer, no tuvimos ocasión de hacerlo porque estábamos a otras cosas más importantes, concretamente a la entrevista de Escohotado.

Portada Marca

“Esto es preocupante”. La FIFA se alarma ante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural. Doblete de Enner Valencia”. Bien, ¿por dónde empezamos? ¿Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que la muerte de más de 6500 semiesclavos durante la construcción de los estadios donde se produce la fuga de miles de aficionados locales? ¿Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos de la comunidad LGTBI? ¿ Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos de la mujer? ¿ Es más importante la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural que el respeto a los derechos humanos?

Lo que sin duda es preocupante es que a Marca lo que le parezca preocupante sea la fuga de miles de aficionados locales en el descanso del partido inaugural. Lo que sin duda es preocupante es la propia portada de Marca. Explica muchas cosas.

Portada As

As dedica su frontispicio a tres buenos jugadores: dos futbolistas cercanos a la retirada y que el madridismo identifica con el Barça, Lewandoski y Messi; y un futbolista joven, Mbappé, que no destaca precisamente a la hora de tomar decisiones y tampoco levanta ningún entusiasmo entre los aficionados blancos. Pero es un supermartes, o sea, ¡yuhu!

Aunque lo que más nos llama la atención es un titular pequeñito del faldón: “Luis Enrique, en el aire”. ¿Lleva mucho tiempo allí? Que hace frío. A ver si se va a caer. Deseamos por su bien que aterrice como pueda sano y salvo.

Portada Sport

La prensa catalana sigue anclada en el pasado, lugar que solo abandona cuando se centra en un futuro inexistente, como es el caso de las habituales portadas de Sport en las cuales el Barça está a punto de fichar a todos los jugadores humanos del planeta.

Portada Sport

Hoy toca pasado, Sport dedica su primera a plana a Messi, futbolista que hace tiempo que no juega en el Barça, y a Xavi, que se queja de la sanción a Lewandowski, hecho acaecido hace días. No nos sorprende que el amante del régimen catarí defienda a Lewan, pero decir que la sanción es excesiva porque fue un gesto impulsivo sí nos chirría. Oiga, señor Hernández, acusar a un colegiado de consumir cocaína no es un gesto impulsivo por mucho que el césped esté más o menos alto.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo presume de “Barça power” porque casi un tercio del equipo nacional es del Barça.

Y después de esto, nos despedimos preguntándonos por qué tanto madridista siente desafección por la selección. No encontramos explicación.

Pasad un buen día.

Proliferan en las redes sociales, en los últimos días, manifestaciones de personas o de nicks que tratan de desautorizar a quienes, como yo, sostenemos que el mundial de Catar es una ignominia como ninguna otra en la historia del deporte. Curiosamente, la mayor parte de estas manifestaciones basan su argumentación en la idea de que otras cosas también son una ignominia. Un nick, tras el que es conjeturable que se escondía una persona con nombres y apellidos, me adjuntó anteayer una lista de países bombardeados por Estados Unidos a lo largo de los siglos pasado y presente asegurando haber rastreado mi TL, de manera infructuosa, en busca de tuits condenando el Mundial de USA 94. Mal por mi parte, sin duda, aunque no existieran por entonces ni twitter ni muy posiblemente el/la portador/a del nick.

La acusación adjunta a mi falta de atención tuitera durante los dorados 89 y 90 es la de hipocresía. Si no condené aquello entonces, ¿cómo oso condenar esto ahora? Aun suponiendo que fuera yo reo de la hipocresía que se me imputa, no veo de qué modo mi condición de sepulcro blanqueado habría de eximir de culpa a la FIFA y a Catar por la celebración de este oprobioso campeonato del mundo. A menos que algo se me escape, no es necesario presentar una hoja de servicios inmaculada para tener razón en la exposición de una denuncia discreta. No se exigen certificados de virginidad en la comisaría a la hora de comunicar el hurto de una cartera, o no que se sepa.

Aun suponiendo que fuera yo reo de la hipocresía que se me imputa, no veo de qué modo mi condición de sepulcro blanqueado habría de eximir de culpa a la FIFA y a Catar por la celebración de este oprobioso campeonato del mundo. A menos que algo se me escape, no es necesario presentar una hoja de servicios inmaculada para tener razón en la exposición de una denuncia discreta

Junto a la Brigada Antihipócrita, está la Liga de los Bienintencionados. ¿Acaso no soy capaz de comprender que no hay mejor forma de propiciar la apertura de Catar al mundo que otorgarle mundiales? ¿No entiendo que, a fin de lograr que un régimen dictatorial abrace poco a poco los valores occidentales, lo más eficaz es darle la oportunidad de empaparse de ellos a punta de tratos comerciales y eventos varios en común, por oposición a la paralizante idea de quedarse en la otra orilla maldiciendo y señalando con el dedo? Prefiero, en general, los bienintencionados a los antihipócritas, y creo que se merecen una reflexión en voz alta.

Construcción estadio Catar

Soy el primer creyente en la redención de los individuos o las comunidades más abyectas, pero el ponerme el primero en la fila no me obliga a vendar mis ojos o taparme las napias. Todo tiene matices, y la aplicación de los postulados de la buena intención debe conocer límites. A Catar se le concedió la oportunidad de demostrar al planeta que podía, vía campeonato del mundo de fútbol, convertirse en un miembro más o menos homologable de la comunidad internacional. ¿Cuál fue la respuesta de Catar al otorgamiento de ese voto de confianza? Contratar (es un decir) a miríadas de semiesclavos indios y pakistaníes para dejarles morir de sed y calor en medio del desierto, en la construcción de los mismísimos estadios donde se está celebrando el evento. Hay una relación directa entre los crímenes que nos zarandean y el evento cuya moralidad discutimos aquí. Volviendo al ejemplo de USA 94, es como si las víctimas de todos los bombardeos estadounidenses de los 80 y 90 hubieran sido ajusticiados en los mismos campos donde se disputó el torneo. El tema no es la (im)presentabilidad general del régimen catarí (que también, teniendo como tiene un historial manifiestamente mejorable en derechos básicos de la mujer o de la comunidad gay), sino sobre todo lo éticamente inaceptable del proceso de puesta a punto de las infraestructuras del propio mundial. La vergüenza es inmediata, adyacente. No hace falta mirar las leyes o el marco cultural del país, porque las voces de 6500 seres humanos (o más) muertos en las obras nos interpelan desde los propios recintos donde se celebran los partidos. No es la idoneidad ética del país donde se disputa el mundial lo que está en discusión, sino la del mundial mismo.

No hace falta mirar las leyes o el marco cultural del país, porque las voces de 6500 seres humanos (o más) muertos en las obras nos interpelan desde los propios recintos donde se celebran los partidos. No es la idoneidad ética del país donde se disputa el mundial lo que está en discusión, sino la del mundial mismo

Llevo días asistiendo a comparativas que, por lo que aquí comento, considero improcedentes. Soy el primero que afronta con reticencias morales el establecimiento de trato comercial con ciertos regímenes, pero no es eso lo que debatimos, o no sólo, o no primordialmente. Así que no me vengan con la publicidad de Emirates en las camisetas o la Supercopa en Arabia Saudí, porque en todo en esta vida ha de haber grados. Claro que el régimen de los Emiratos dista muchísimo de ser moralmente intachable (aun siendo más avanzado que el de Catar), y no digamos nada de la monarquía pseudomedieval saudí. No me agrada que haya que tratar con ellos en términos de relación económica, intercambio o inversión, pero sí creo en el poder de esa actividad económica como agente de cambio político y social (aunque sea lentísimo) dentro de esos países.

Catar en cambio se ha reído ya, manifiestamente y en nuestra cara, de esa buena fe. Desde el momento en que Amnistía Internacional o la BBC alertaron de la atrocidad que, en términos de pérdida masiva de vidas, se estaba produciendo en las obras del mundial, debió activarse un protocolo de marcha atrás que privara a Catar de lo inicialmente concedido. Debió retirárseles de inmediato el crédito para esta copa del mundo impregnada de sangre. La mancha en la conciencia de occidente no consiste tanto en el otorgamiento del mundial a este petroestado del Golfo como en la mirada hacia otro lado una vez que se supo cómo se estaban haciendo las cosas. Claro que (y aquí soy yo el bienintencionado hasta la ingenuidad) difícilmente va a dar marcha atrás quien al hacerlo debe también devolver el dinero.

 

Getty Images.

El descubrimiento de la decepción

 

Para cuando la Copa del Mundo de Francia, en el verano del glorioso año de 1998, había ocurrido algo extraordinario en mi vida: el Madrid había ganado una Copa de Europa. No una cualquiera, sino la Copa de Europa. Cuatro años después de Estados Unidos 1994 yo ya tenía una idea mucho más clara de lo que eran las cosas, al menos me iba haciendo una composición de lugar: ya distinguía entre el Madrid y España y aunque no supiera medir del todo la trascendencia de aquello que llamaban Copa de Europa o Champions League, sí que sabía que una cosa era el Real y otra, la Selección española.

Sin llegar a los diez años, en efecto, tuve la suerte de vivir algo prodigioso. La última vez que el Madrid tuvo entre sus manos aquel objeto plateado, magnético, que atrapaba toda mi atención y que hacía feliz a todo el mundo a mi alrededor, mi padre todavía no había cumplido cinco años. Él tuvo que esperar treinta y dos para volver a vivirlo, yo sólo nueve. Yo era, a todas luces, un niño afortunado, como lo he seguido siendo toda mi vida. Ya por entonces descifraba el mundo a través del cristal dorado del pensamiento mágico: si el Madrid había ganado un trofeo dificilísimo, al que llevaba aspirando por generaciones, que hacía tanto tiempo que no ganaba y se lo había ganado a un equipazo con absoluta naturalidad, ¿cómo no iba a ganar España el Mundial, si además con España jugaban también Fernando Hierro y Raúl, dos de los mejores jugadores del Madrid? Cuando empezó la decimosexta edición de la Copa del Mundo de selecciones nacionales, yo estaba en pleno subidón: ganar era lo más sencillo del mundo, el Madrid lo acababa de hacer derrotando al monstruo final del juego, aquella Juve invencible en la que jugaba un semidiós francés, Zidane, y que España fuera campeona del mundo ese verano era la continuación lógica de lo empezado en Ámsterdam a finales del mes de mayo. En mi cabeza, era lo que tenía que ser, lo que iba a pasar.

El Madrid había ganado una Copa de Europa. ¿Cómo no iba a ganar España el Mundial, si además con España jugaban también Fernando Hierro y Raúl, dos de los mejores jugadores del Madrid?

El Mundial se jugaba en Francia. Yo nunca, por supuesto, había estado en Francia. Por aquella época un niño de pueblo, en el sur de España, podía tener ideas extrañas sobre Francia. Todavía por entonces los agricultores franceses volcaban la fruta y la hortaliza española que cruzaba la frontera. En mi casa, que es una casa de campesinos, aquellas imágenes, cuando salían por el televisor, en el telediario, causaban espanto y furor. Tantos tesoros de la tierra, con lo que cuesta sacarle algo, lo que sea, a la tierra, tirados, machacados sobre el asfalto de frías y lejanas carreteras pirenaicas, las puertas de los camiones abiertas de par en par, aquella algarabía violenta, todo confluía para que yo tuviera una imagen nefanda de los franceses.

Camiones españoles fruta volcados Francia

Además, se decía que Francia había nacionalizado a aquel tipo tan bueno de la Juve, Zidane, para que jugara por ellos y ganara el Mundial. Naturalmente, todavía no estaba en condiciones de entender muy bien el derecho de ciudadanía, la emigración y la aculturación. Tampoco nadie se había parado a explicármelo. La cosa es que Francia era una especie de súcubo, el compendio de todo lo que estaba mal en el mundo y, estaba claro, el enemigo a batir. En cierto modo, las cosas no han cambiado demasiado: hay una extraña y risible francofobia entre la chavalería, alimentada por el asunto de Mbappé, que entronca con el viejo y soez desprecio a lo francés tan castizo y tan de aquí, que curiosamente funciona un poco como la imagen invertida del afrancesamiento (por no decir venta al por menor) de la clase dirigente.

Era mi Mundial, lo deseaba con toda fruición. Todo estaba listo: el Madrid, campeón, y la Selección, un plantel de tronío. La segunda equipación, tan blanca otra vez, era preciosa. Y aunque seguía entrenándola Javier Clemente, nada podía fallar

Pero me estoy desviando. En 1998 yo era un niño feliz. Ese año, por Reyes, me regalaron la Playstation, es decir, la primera, la original, el objeto de codicia y ensoñaciones de la generación tardomillennial. Con la play, Tomb Raider, el FIFA 98 y el International Soccer Pro, el día y la noche de los juegos de fútbol. En mayo hice la Primera Comunión, tres días antes del 20, así que figúrense. Incluso le escribí una carta a Mijatovic invitándole al convite. Sin embargo, como pensé que estaría concentrado para la final, no quise entrometerme y la dejé sin enviar: en la dirección, a falta de otra cosa, había puesto Concha Espina. El Mundial de Francia iba a ser el colofón. Su canción era un auténtico pelotazo. En la fiesta del final de aquel curso de Cuarto de Primaria hasta bailé como Ricky Martin. Era mi Mundial, lo deseaba con toda fruición. Todo estaba listo: el Madrid, campeón, y la Selección, un plantel de tronío. La segunda equipación, tan blanca otra vez, era preciosa. Y aunque seguía entrenándola Javier Clemente, nada podía fallar. Recuerdo incluso los anuncios. Aquel Mundial vino precedido por una campaña publicitaria maravillosa, en España y en el mundo. No sólo fue el famoso anuncio de Nike con Brasil en el aeropuerto: Caja Madrid (lo recuerdo como si lo viera otra vez en la pequeña tele de la cocina que había sustituido al armatoste del verano del 94) convirtió el Stade de France de Saint-Dennis en una plaza de toros, y la megafonía anunciaba a las estrellas españolas ante el miedo de miles de franceses, que contemplaban la salida de unos miuras tremendos. “Que se vayan preparando”, decía el eslogan.

Por supuesto, nos preparamos. Yo estaba preparado, preparadísimo. El primer día España jugaba de blanco, contra Nigeria, y empezó marcando Hierro, que luego le dio un pase telescópico a Raúl para que metiera el 2 a 1. Yo ya me vi campeón. El césped, aquella tarde de junio en Nantes, brillaba como en el FIFA de la play. Nigeria estaba repleta de jugadores buenos y carismáticos, pero mi confianza en España no era de este mundo. Pertenecía, concretamente, a un mundo mejor: era una confianza madridista. Muy pronto descubrí que la Selección nunca iba a merecerla, ni siquiera en sus mejores días, porque la Selección no era el Madrid y nunca iba a llegar a serlo.

Zubizarreta España Nigeria Francia 98

No obstante, todavía tenía camino por recorrer a lo largo de aquella senda de la decepción. Como todo el mundo sabe, España perdió el control de aquel partido contra los nigerianos y terminó perdiéndolo de manera no sólo absurda, sino cómica. No hay nada que desangele más a un niño que ver hacer el ridículo a quien admira, a aquel de quien espera una proeza, algo inverosímil, propio de superhéroes o de los sueños. A la derrota inicial le siguió un penoso empate a cero ante la Paraguay de Chilavert, a quien yo ya conocía bien a través del Marca. Creo que fue aquel verano cuando tomé la costumbre, que me quité con el tiempo, de comprarme todos los días el Marca. Con el Marca coleccioné una hermosa guía del Mundial, de tapa dura y anillas, en la que cada día introducía una ficha de una selección participante y gracias a la cual conocí a fondo la historia de aquel campeonato del mundo. Aunque España no lo ganara y a mí se me empezara a ir algo por dentro, siempre miraré a Francia 98 con cariño porque con esa guía me empapé de historias prodigiosas como la del Maracanazo, el gol fantasma de Inglaterra y el robo de la copa Jules Rimet, que acabó por encontrarla un perro; las primeras selecciones que jugaron el Mundial de Uruguay, que estaba tan lejos que sólo se podía llegar en barco; la final de México 70 con Beckenbauer y su brazo en cabestrillo, el gol de Zarra a los ingleses en Brasil o el mangazo de los italianos en el año 34, cuando sólo el fascismo y Giuseppe Meazza pudieron frenar a la subcampeona olímpica de Amberes.

Mi confianza en España no era de este mundo. Pertenecía, concretamente, a un mundo mejor: era una confianza madridista. Muy pronto descubrí que la Selección nunca iba a merecerla, ni siquiera en sus mejores días, porque la Selección no era el Madrid y nunca iba a llegar a serlo

Después del 0-0 con Paraguay recuerdo que a mi alrededor la tensión se desinfló como se desinflan los globos después de una fiesta de cumpleaños. La expectación nerviosa de mis padres, de mis amigos de la playa, de mis tíos y abuelos y en general de todos los que yo leía en los periódicos o escuchaba por la radio o por la tele hablando de España y del Mundial se transformó, de golpe, en chanza. El español promedio tiene una curiosa manera de canalizar la frustración, digamos ligera, como la que produce el fútbol o, por ser más exactos, el fútbol de selecciones: de inmediato le pierde el respeto o la distancia reverencial al objeto amado y se cachondea cruelmente de él. Eso apenas lo he visto con el Madrid a lo largo de mi vida, hablo de mi entorno, pero sí con la Selección. España, de favorita temible, había pasado irremediablemente a ser una broma, una comparsa llena de mamarrachos. Nadie confiaba en pasar a octavos y en efecto no se pasó, aunque se goleó a Bulgaria. Que se golease a Bulgaria, precisamente, con una goleada histórica, no hizo más que aumentar la chacota, lo que a mí, honestamente, me desmoralizó por completo: no sólo España no iba a entrar en el salón que albergaba todas esas historias maravillosas que yo leía en la guía del Marca sino que tenía que soportar la burla generalizada a mi alrededor.

Por supuesto, seguí viendo el Mundial. Recuerdo especialmente el Argentina-Holanda y el gol de Bergkamp, que me fascinaba. Era como un torero, un bailarín, su técnica y su capacidad de danzar sobre la pelota y sobre sí mismo, como la muñeca de una cajita musical, sólo la ha heredado luego Benzema. Recuerdo el gol de Owen a los argentinos y la expulsión de Beckham, la tanda de penaltis entre italianos y franceses y los goles de Noruega a Brasil, la favorita suprema, absoluta, el equipo de videojuegos que mostraba síntomas preocupantes de cansancio. Cuando los brasileños eliminaron en penaltis a Holanda en semifinales y se clasificaron, como era casi una obligación, lo que todo el mundo esperaba, para la gran final de París, recuerdo a Taffarel de rodillas siendo abrazado por una piña amarilla. Taffarel me llamaba la atención por el nombre, que me sonaba a italiano, y por su color de piel: era un gigante blanco, blanquísimo, en una selección café con leche.

Roberto Carlos Karembeu Francia 98

En la final yo iba con los brasileños porque siempre me han parecido, al contrario de lo que piensa mucha gente, el Real Madrid de las selecciones. Más allá del Madrid sólo la selección brasileña de fútbol atrapa la imaginación de las generaciones, una detrás de otra, del mismo modo. Brasil es lo que a todo el mundo le gustaría ser alguna vez, aunque la deteste. Brasil es el que más mundiales tiene, el equipo de más glamour, incluso el amarillo canario de su camiseta tiene el poder taumatúrgico de la camiseta blanca del Real, que todo lo agranda o aniquila. En la final yo también iba con Brasil por Roberto Carlos, claro, y por Ronaldo, que se había ido del Barcelona y por lo tanto ya me caía bien. En el fondo esperaba que algún día jugase en el Madrid, aunque eso iba a llegar más tarde, después del siguiente Mundial.

Más allá del Madrid sólo la selección brasileña de fútbol atrapa la imaginación de las generaciones, una detrás de otra, del mismo modo. Brasil es lo que a todo el mundo le gustaría ser alguna vez, aunque la deteste

Es curioso porque de aquella final del 98 apenas recuerdo nada, más allá de los dos golazos de cabeza casi seguidos, del futbolista que más me ha fascinado y creo que me fascinará en toda mi vida. Zidane fue ese día para mí una presencia fantasmagórica, una especie de Dios vengador que apenas sonreía y que jugaba con una furia extraña, especial. A lo mejor jugaba escuchando cómo le batían en la sangre los tambores de toda su estirpe de beduinos que ululaban clamando venganza, una venganza inconfesable que él, aquella noche, se encargó de ejecutar en el lugar, en el barrio (eso lo leí más tarde, de adulto) que su padre ayudó a levantar, como un currito más, argelino en Francia en busca del gran sueño.

Zidane Francia 98

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Índice:

  1. Cuando los Mundiales eran en verano: USA 94

Tres actrices para recordar

 

En estas semanas de mundial bochornoso, indigno y prescindible, nada mejor que volver a revisitar los clásicos cinematográficos.

Nuestro club favorito no va a volver a las canchas hasta el día de San Silvestre, y en estos 40 días hay que estar lo más alejado posible de los partidos de Qatar. Ni La 1 de TVE ni mucho menos para engrosar las cuentas de Roures en su invento de Gol Play.

Así pues, aprovecha este narrador en volver a ver obras maestras de hace 60 años o más, cuando el cine era cine y no una colección de efectos especiales y de personajes absurdos o poco creíbles.

Nuestro club favorito no va a volver a las canchas hasta el día de San Silvestre. Así pues, aprovecha este narrador en volver a ver obras maestras de hace 60 años o más, cuando el cine era cine y no una colección de efectos especiales y de personajes absurdos o poco creíbles

En los últimos días he vuelto a ver —por enésimas veces— 3 largometrajes protagonizados por John Wayne, el héroe más madridista de Hollywood, y, curiosamente, y gracias al cielo, he comprobado con alegría que sus tres compañeras de reparto aún siguen felizmente en vida.

Se trata de Vera Miles, fordiana de pro tras intervenir en dos obras maestras indiscutibles, “Centauros del desierto” y “El hombre que mató a Liberty Valance”, de Angie Dickinson, partenaire en la fabulosa “Río Bravo” de otro genio, Howard Hawks, y Constance Towers, que da la réplica a Duke Wayne en otra gran obra de John Ford, “Misión de audaces”.

Vera Miles en El hombre que mató a Liberty Valance

Vera Miles, ya con 93 años de edad, es una de esas actrices de Hollywood injustamente infravaloradas, pese a que en su CV aparecen, además de dos colaboraciones con Pappy Ford, otras dos protagonistas de films de Hitchcock, “Falso culpable” (con Henry Fonda de pareja) y “Psicosis”.  No hay muchas actrices con semejante historial, se diría que es en cierto modo como nuestro Nacho Fernández, que, a la chita callando, tiene en su haber 5 Copas de Europa, una más, por ejemplo, que céntrales más prestigiosos como Sergio Ramos o Varane.

Su papel en “Liberty Valance”, situada entre dos hombres, el veterano héroe del pasado Wayne/Tom Doniphon, una especie de coloso de la época de blanco y negro, como nuestros héroes de las 5 Copas de Europa consecutivas, y el abogado educado James Stewart/Ranson Stoddard, más propio de un tiempo menos imaginativo y sin duda más eficaz y contemporáneo, es un equilibrio perfecto entre dos mundos, el pasado y el presente, ambos respetables y por quien su personaje no sabe muy bien hacia cuál inclinarse. Miles anda enamorada de ambos, como cualquier madridista de bien tiene que estar enamorado de su club no solo por los éxitos actuales, sino por el peso de su impecable historia desde hace 120 años.

Angie Dickinson en Río Bravo

“Río Bravo”, un western que es sobre todo un canto a la amistad, al compromiso, al trabajo en equipo, “ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, decía D. Alfredo, en el que un sheriff cincuentón (Wayne), un anciano tullido (sensacional Walter Brennan), un alcohólico (Dean Martin en su mejor papel de siempre) y un joven imberbe (el cantante Ricky Nelson), hacen frente a un numeroso grupo de forajidos que quieren liberar a uno de sus cabecillas encerrado en la prisión del pequeño pueblo del Oeste.

Las “mocitas” (no solo madrileñas) siempre han tenido mucho que ver en la historia de nuestro Real Madrid. Háganme caso, y traten de ver estas cintas mejor que perder el tiempo con faraónicos estadios cataríes e hinchas de pega

Es a la vez un film de aventuras, con tintes de thriller, con mucha comedia e incluso con un genial romance entre Wayne y Angie Dickinson, que está más bella que nunca y que en cada escena quita dramatismo, con su simpatía y su desparpajo, a la tensa situación que viven los cuatro defensores de la ley. Angie, que ya cuenta con 91 años, fue en “Río Bravo” un poco como David Alaba en la remontada contra el PSG, que en un momento tenso es capaz de arrancarnos una sonrisa a todos al levantar de manera insospechada una silla para relajar los ánimos. Adoro a Angie Dickinson desde “Río Bravo”, la cumbre absoluta de su carrera cinematográfica, como adoro también a Alaba, que se metió en su bolsillo a los madridistas a los dos meses de llegar para sustituir a Ramos.

Es también muy recomendable ver otra gran película de Ford, “Misión de audaces”, con otra lucha de egos entre Wayne (coronel que tiene entre ceja y ceja la noción de cumplir con su deber militar) y William Holden (el médico del destacamento, más racional y preocupado más por la salud de sus hombres que por el objetivo militar). Ambos tienen su parte de razón, obviamente, como tan madridista puede ser un Zidane como un Capello, aunque sus métodos sean diferentes.

Constance Towers en Misión de Audaces

Entre medias se cuela la figura de Constance Towers (actualmente a punto de cumplir 90 primaveras), una dama sudista que quiere ante todo torpedear la misión de los militares federales. Es capaz de sacar a los dos protagonistas de quicio, como un Marco Asensio por ejemplo (capaz de dar el mejor toque a un balón y de exasperar al mismísimo Santo Job cuando aparece su desidia), pero constituye un personaje muy importante en la trama, como creemos que debería ser Asensio el día en que se crea de verdad lo buen jugador que es. No desvelaremos el desenlace de “Misión de audaces”, pero sí destacaremos que John Ford, al año siguiente, volvió a contar con Mrs. Towers para su “Sargento Negro”, dándole una nueva oportunidad para su lucimiento y la posibilidad de seguir sumando buenas películas en su currículo.

Por muchos años más, queridas Vera Miles, Angie Dickinson y Constance Towers, protagonistas de obras maestras y capaces de dar unos deliciosos matices en unas películas donde predominaban personajes masculinos de mucho carácter. Y es que las “mocitas” (no solo madrileñas) siempre han tenido mucho que ver en la historia de nuestro Real Madrid. Háganme caso, y traten de ver estas cintas mejor que perder el tiempo con faraónicos estadios cataríes e hinchas de pega.

Continuando con el juego iniciado en previos artículos en La Galerna, hoy buscamos identificación entre equipos y comedias románticas. Un género especialmente propicio para este entretenimiento que nos permite superar el parón del fútbol de clubes.

 

F. C.  Barcelona - Amélie

 

«Amélie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad la empapa de golpe».

Amélie gnomos de jardín

Difícilmente encontraremos un párrafo mejor que el anterior para describir la percepción que de sí misma tiene la gran mayoría de la afición del Fútbol Club Barcelona. Y no únicamente en relación a la calidad estética que atesora su juego. Desde luego el toque en corto, leitmotiv por antonomasia del barcelonismo cruyffista, encaja perfectamente entre las metáforas placenteras enunciadas en el film: introducir la mano en una bolsa de legumbres, romper con la cucharilla la superficie de caramelo de la crema —catalana, por supuesto— o hacer rebotar las piedras en el canal Saint Martin —puro guardiolismo: a ver quién da un pase más—. El resto de aspectos, la iluminación, el colorido, el aroma… entroncan también con el preciosismo como sello de orgullosa identidad. Pero además, la frase final subraya otro rasgo culé mucho más reciente e interesante: su condición redentora.

Del mismo modo que Xavi pretende convertir por su propio bien a los infieles al catecismo azulgrana, Amélie Poulain se afana en ayudar o dar su merecido a los demás con pequeñas acciones humildes. El papel autoatribuido de justicieros les permite discriminar entre merecedores de premios o castigos; así, el tendero que sufre las travesuras de la joven bien podría ser un aficionado del PSG partidario de un tridente de mediocentros africanos y aguerridos. El espectador decidirá posteriormente si se enternece con el benevolente altruismo o si, al contrario, considera insoportablemente cursis y estomagantes las intenciones de los benefactores.

Por otro lado, el director Jean Pierre Jeunet nos proporciona una ingente cantidad de escenarios, utilizando cada plano para relatar una historia diferente donde los detalles se relacionan a través del efecto mariposa. Semejante exuberancia coral resulta equiparable a la distribución de espacios en el tuya-mía perpetuo habitual en el Camp Nou. A estas alturas de exposición, hasta los mayores detractores del cine francés se hallarán convencidos de la conveniencia de la elección para el Barça, y ni siquiera será necesario aludir a las recurrentes apariciones de gnomos de jardín y subrayar el evidente paralelismo con los centrocampistas criados en la Masía.

 

Atlético de Madrid - La boda de mi mejor amigo

«Crème Brûlée nunca podrá ser Gelatina».

Julia Roberts la boda de mi mejor amigo

Una comedia romántica que rompe atrevidamente con el estereotipo, al centrar el foco en el punto de vista de la antagonista y conseguir que el público, habitualmente poco partidario de experimentos en este género, empatice sin reservas con la villana. El Atleti aparece hecho carne en Julia Roberts, desesperada y a la vez asqueada con la genuina inocencia y absoluta perfección de su rival, una Cameron Díaz a la que solo le falta el escudo del Real Madrid estampado en el vestido. La parroquia rojiblanca se sentirá reconfortada con la alegoría de los postres —solo la hubiese mejorado atribuir a Díaz el merengue antes que la Crème Brûlée— que Jules improvisa ante una novia desconsolada. Orgullo de gelatina. No lo pueden entender.

Sin embargo, la historia se puede estirar mucho más allá. La posición de desventaja de partida en la lid amorosa —faltan cuatro días para el enlace y Kimberly supone un obstáculo sin precedentes: “es dulce, es adorable y es insoportable de cojones”—  justifica toda clase de ardides. En el Metropolitano asumen que encerrarse en su área, rascar duro o incluso lanzar un segundo balón al campo en un determinado momento puede asumirse si el rival lo merece: cómo no suplantar la identidad en un email cuando el amor de tu vida o la Copa de Europa se pueden marchar por el sumidero.

El desenlace del film, por último, posee tintes evocadores del minuto noventa y tres en Lisboa. La boda es salvada en el instante postrero, y el éxito de la protagonista se le escurre entre los dedos. El puñal del “Bye” de Michael O’Neal provoca un dolor lacerante. Pese a lo cual, la posición de Jules no carecerá de esa elegancia y savoir faire que consuela a algunos indios cuando la victoria —esa vulgaridad— les resulta esquiva. Rubricada de manera genial con la frase de un monumental Rupert Everett: “Quizá no habrá matrimonio. Quizá no habrá sexo. Pero por Dios, seguro que habrá baile”. Qué manera de palmar.

 

REAL MADRID – CUANDO HARRY ENCONTRÓ A SALLY

 

«He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible».

Cuando Harry encontró a Sally

La madre de todas las comedias románticas modernas, imitada hasta la saciedad y en muy pocas ocasiones igualada. Las referencias indirectas al Real Madrid son tantas que el ojo experto corre el riesgo de morir sepultado. En primer lugar, Harry, el personaje de Billy Cristal: un joven ingenioso e irritante, de escrúpulos variables, poseedor de una pátina de escepticismo y cierta dosis de carisma, que resume en sí lo mejor y lo peor del madridismo. Incluyendo la profunda asunción de la ausencia de sentido literario de la existencia, lo que le permite efectuar afirmaciones desprovistas de cualquier embellecimiento atenuante que minimice el contenido: “Ningún hombre puede ser realmente amigo de una mujer que le resulta atractiva. Siempre quiere tener relaciones con ella”. Jamás los antimadridistas hubieran podido caricaturizar mejor la voracidad merengue. Prepotencia que se le hará pagar a su debido tiempo en la celebérrima escena del orgasmo fingido en la cafetería.

El cinismo de Harry se verá suavizado, con el paso de los años, por el contrapunto de Sally Albright, cuya amistad desmentirá la arrogante sentencia inicial. Meg Ryan encarnará, por otro lado, otras aristas de la condición blanca. La presión por una vida afectiva que colme sus expectativas torturará de vez en cuando a la madura y mesurada Sally, tal y como el afán desmedido por la victoria consume patológicamente al Madrid —“Hay dos tipos de mujeres, las muy exigentes y las poco exigentes” “¿Y yo de cuál soy?” “De las peores, eres muy exigente pero crees que eres poco exigente” —. La trama, alambicada y contradictoria a lo largo de doce años —como la trayectoria del equipo o como la vida en general, si es que existe distinción para un hincha verdadero—, se halla intercalada por entrevistas conyugales que remiten a cierta sensación de continuidad, a una suerte de eterno retorno: todas las parejas tienen al menos una cosa en común, como todos los onces gloriosos madridistas comparten camiseta. Algún atrevido podría decir que la historia del Madrid es la historia del amor a lo largo de las épocas.

El glorioso final alude a esa determinación arrebatadora que invade, en el punto de inflexión crucial, al crack blanco de turno. Harry Burns en la fiesta de fin de año como Sergio Ramos en Lisboa, salvados en el instante decisivo gracias a la precisión de su locuacidad o de su remate. Desenlaces épicos y felices fundamentales para apuntalar, como mitos imperecederos, la capacidad de continuar soñando.

Buenos días, amigos. El mundo se entregaba a un mundial putrefacto y nosotros nos abrazábamos a Antonio Escohotado, siempre con nosotros.

Hoy, con ocasión del primer aniversario de su muerte, publicamos en La Galerna una entrevista inédita con el sabio. Se la hizo Jesús Bengoechea en Ibiza, con ocasión del que a la postre sería el último cumpleaños del filósofo. Ha estado acumulando polvo durante mucho tiempo, y hemos calibrado que es el momento idóneo para sacarla a la luz. No podéis perdérosla. Es absolutamente imprescindible. Lo mismo vaticina el triunfo de Alaba que se compara a sí mismo con Ronaldo Nazário (las razones son conmovedoras) o a Pedro Sánchez con Luka Jovic (las razones son hilarantes). Asimismo, expone su pasmosa teoría freudiana sobre aquel Vinicius fallón y establece la relación definitiva entre posmodernismo y antimadridismo.

Antonio Escohotado escribió en La Galerna 243 crónicas. Son las 243 mejores cosas que le han pasado a este humilde portal. Aquí las tenéis.

Quién no tenga interés en Antonio Escohotado siempre puede darle vueltas al apasionante Catar-Ecuador con el que arrancó ayer el mundial ese. Las portadas vienen con ese tema. Vamos con ellas, sin mucho más comentario.

Pasad un buen día.

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Dicen que el mejor es Marco Asensio

 

Pues nada, que también está tocado Camavinga. Con Benzema en casa, y Alaba, y Kroos, y Nacho, y Lucas y otros, a ver si al Madrid le va a pasar que el problema, a la vuelta digo, será un exceso de jugadores sin ritmo. Queda por saber si se confirma que Vinicius será suplente en Brasil. De Rodrygo se da por hecho. De un tipo al que llaman Tite se puede esperar cualquier cosa. De los blancos parece titular Militao pese a la competencia de Silva y Marquinhos, hay que jorobarse. Y también Casemiro, que siempre será del Madrid.

En nuestra selección están pasando cosas curiosas, una que un futbolista con un esguince leve de tobillo acabando 2022, el buen Gayá, fue repatriado 73 fisios y un sicólogo mediantes. La teoría es que nuestro streamer nacional no se fía de Alba para tres partidos y no fuera que Gayá no se recuperara —de un esguince leve, repito— y por eso lo limpió. Que si hay que atacar, bien, pero si también hay que defender, quizá frente a Alemania, menos bien. Igual hubo que empezar no llamando a Jordi, no sé… Reclutó  a Balde, buen futbolista. No a Nacho que puede jugar en tres posiciones. Pues nada, mucha suerte.

Me excita salvajemente que Marco Asensio se convierta en la estrella de la selección española. Dos tíos del Madrid y uno, la gran esperanza. Blanca por supuesto

Lo divertido es escuchar y leer que el mejor de la selección va a ser Marco Asensio y será titular ante Costa Rica pues se sale en los entrenamientos y esas cosas. Yo siempre fui de Asensio y más ahora pues me excita salvajemente que se convierta en la estrella del equipo. Dos tíos del Madrid y uno, la gran esperanza. Blanca por supuesto.

Que el Mundial conviene tomárselo a coña lo confirmó el partido inaugural, una cosa terrible entre Catar y Ecuador al que anularon un gol de los del Bernabéu a los tres minutos y luego metió dos legales. Un magnífico coñazo que combiné con el Castilla-San Fernando. El chico Arribas volvió a hacer de las suyas. Pide paso a gritos. Está en lo de Camacho: tirando la puerta. ¿Que dónde le pondría? Los buenos juegan donde les ponen. Y este es bueno en serio.

Arribas

Sobre Benzema, tranquilidad. Vivía en el alambre, algo intuíamos pero al no tener noticia cierta de sus males pensaba yo que sería de la partida francesa durante el Mundial. El cansancio muscular era más agotamiento que otra cosa. Nueva lesión, distinta a la que le apartó del Madrid. Parón sin discusión y a ver qué dice Pintus. No me cabe la menor duda de que estará para el partido en Valladolid, el que cerrará el año, y para el que faltan 40 días. Una faena, pinta que no tenía escapatoria. Mi apuesta: el 2023 de Karim recordará el 2022.

Y termino. Quiero leer a Bengoechea y Escohotado. Lo demás, esto lo primero, es relleno. Tengan ustedes una gran semana.

 

Getty Images.

Hice esta entrevista a Antonio Escohotado la última vez que estuve con él. Fue el 6 de julio de 2021, el día siguiente de la que sería su última fiesta de cumpleaños, en Ibiza. Después, antes de su muerte en noviembre, hablaríamos por teléfono unas cuantas veces más. La última conversación telefónica resultó conmovedora cuando entendí ciertas claves de la misma, sin poder ya preguntar a Antonio por dichas claves. Quizás algún día cuente esa otra historia.

Pero esta fue la penúltima vez que le tuve frente a frente. La última de verdad fue un rato después, el mismo día, cuando pasé a despedirme ante de coger el avión. Aunque había anunciado que se iba a la isla a morir, yo estaba casi seguro de que habría más ocasiones. Pasé por su habitación de aquel hotelito en Can Partit para darle un abrazo de despedida y me lo encontré encima de la cama, con el ordenador en el regazo, viendo una película de burdo escapismo yanqui. Hay algo maravillosamente desmitificador en el hecho de decir adiós a uno de los grandes cerebros del siglo XX y XXI mientras en su portátil resuenan las explosiones y los puñetazos. Aquel sí que fue el último momento juntos, el último de verdad. 

La entrevista estaba concebida para publicarse en el canal de YouTube de La Galerna. Durante aquel verano, surgieron indecisiones tontamente paralizantes. Que si quién va a editarla, que si la cámara de Bengoechea es una mierda y se ve regular, que si el sonido es muy mejorable, que si qué hacemos con ella. En noviembre, tras el adiós de Escota, las indecisiones pasaron a ser de otra índole, por supuesto. Me daba reparo reabrirla. Se me antojaba que volver a ese material sería hasta cierto punto catártico. No iba desencaminado: lo ha sido. 

El primer aniversario de la muerte de Antonio es el momento perfecto para que vea por fin la luz. Gran parte de la conversación es relativa a la actualidad madridista de aquel momento concreto, pero tal cosa no hace sino acentuar, leída hoy, la admirable lucidez del sabio. Hemos optado, dados los problemas técnicos antes expuestos, por transcribirla y sacarla en su versión escrita, sin que esto sea óbice para que más adelante saquemos el vídeo también, aun con sus taras. Tal vez. 

Escohotado y Bengoechea abrazo

Estoy aquí, visitándote en Ibiza, pero hace poco recibiste una visita mucho más insigne que la mía. Ni más ni menos que la de Florentino Pérez y José Ángel Sánchez. Te hiciste unas fotos con Florentino, sobre las cuales reflexioné en un texto de La Galerna

¡Genial!

Muchas gracias. ¿Cómo viviste ese encuentro con Florentino? 

Emocionado. No me lo acababa de creer. Cuando hicimos un zoom, unos días antes, yo quería decir la primera frase. ¡Pues no me dejó! Yo tenía la necesidad de decirle que era la persona que más deseaba ver del mundo. ¡Pues me la dijo él a mí! No hubo manera. Se adelantó. Me la pisó. Increíble. A partir de ahí, todo fue entendimiento y cordialidad.

La visita de Florentino es varias visitas a la vez, se me ocurre: la del presidente del club de fútbol más importante del planeta, la del líder de una de las mayores constructoras del orbe, la de…

¡La de un hombre independiente!

¿Cuál de estos tres aspectos tenías más presente mientras hablabas por primera vez cara a cara con él, en este mismo jardín que tenemos ahí fuera?

Todos. Y muy marcados. Ahora que hablas de las facetas, da la casualidad de que cuando yo trabajaba en el ICO llevaba el servicio de Fusión y Concentración de Empresas. Florentino se acogió a la legislación que teníamos para concentración, y resulta que su compañía se llamaba Padrós, es decir, como los hermanos fundadores del Real Madrid, catalanes ellos.

Florentino y Escohotado

Así es. Hay culés que piensan que los madridistas tenemos como un tabú el hecho de que el club lo fundaran dos catalanes. Para mí es todo lo contrario, es una sana ironía. 

Hay que hacer llegar nuestra breve historia del Real Madrid (Nota: se refiere a La Forja de la Gloria, que se publicaría semanas después) al sector culé, porque ahí les decimos evidencias como puños. Allí pueden leer verdades que, como dirían los psicoanalistas, ellos tienen denegadas. Reprimidas y denegadas en un sector del inconsciente. Y ahora viene algo de lo que también hablaba Freud: ¡el retorno de lo reprimido, amigo, que es el recuerdo! Pura y simplemente el recuerdo.

¿Cómo has vivido esta temporada del Madrid? (Nota: es la 20/21, recién concluida en el momento de la entrevista, con Liga para el Atleti, el Madrid eliminado por el Chelsea en semis de Champions, Vinicius fallando goles y Zidane marchándose al final). 

Pues mira, ha sido muy amargo constatar que, si el Madrid no llega a malvender a Llorente al Atleti, habría ganado de largo la Liga.

¿Tú crees? 

Ha sido Marcos Llorente el que ha decidido el campeonato. Tanto por no estar en el Madrid como (sobre todo) por el temporadón que ha hecho con los del Cholo. Él solito ganó por lo menos diez puntos, y el Madrid perdió el campeonato por dos. Ahí tienes la Liga. ¿Quién decidió en el Real Madrid esa venta? ¿Quién?

Se dice que Zidane no le tenía mucho aprecio. 

Eso es. Pues ya tienes las razones por las que se fue Zidane. Esa es la verdadera razón.

¿Se ha ido al entender el peso de su propio error?

Exactamente. Se le ve ahí una coherencia de caballero.

Escohotado y Bengoechea

Si es la razón, no quiso desvelarlo, porque en su carta al madridismo en As, explicando los motivos, apunta en otros sentidos.

No sabía de esa carta.

En ella no apunta a Florentino, a quien vuelve a mostrar todo su respeto y cariño. 

¿Apunta a JAS?

No da nombres. Se refiere en tono crítico “al club”, al que responsabiliza de “filtraciones”. 

Pero qué cosa más absurda. ¿Cómo va a haber filtraciones? Pero ¿cómo no va a conocer Zidane, aunque sea indirectamente, por ejemplo a Relaño, cuyo odio a Florentino es explicito? Yo he cenado dos veces con Relaño y me decía “Si yo en el fondo soy madridista, a quien no aguanto es a Florentino”. Y yo le decía “Pero Alfredo, ¿no será porque no os hace caso y no os soborna como los antiguos presidentes?” Me dijo: “No, claro que no”. Y yo: “Tengo mis dudas”. Están acostumbrados como mínimo a que les den la coba. Y, como Florentino no les da la coba, le llaman soberbio. Pero deberían llamarle independiente.

Eso me recuerda a aquello de José Ramón De la Morena, que tal vez fue un lapsus. “¿Cómo pretende el Madrid que le tratemos bien cuando no nos da entrevistas?” Yo creo que le traicionó el subconsciente. 

Exacto. Además los jugadores tienen que jugar al fútbol, no dar entrevistas, y menos a tipos que no hacen más que preguntas absurdas, repitiendo con la misma monótona torpeza cosas como “Pero tú ¿cómo te tomas sentimentalmente lo que acaba de pasar?” Me lo puedes preguntar una vez, pero esa estructura sintáctica ya no te vale más. Y sin embargo siguen y siguen y siguen y siguen. Pero oiga, usted es afásico. Sabes lo que es la afasia, ¿no? Disponer de muy pocas palabras y de muy pocas construcciones sintácticas. Y te preguntas por qué no traen más que afásicos a este género, que es un género en principio elocuente donde la gente intercambia impresiones, ¿no?

zidane se fue consciente del peso de su propio error dejando marchar a marcos llorente, que fue la clave de la liga

Dejando a la prensa momentáneamente de lado, ¿cómo has recibido la noticia de que Ancelotti va a ser el nuevo entrenador? 

Con mucho gusto. Estuve hablando de eso con JAS y Florentino. Me dicen que es un hombre tranquilo, alguien que a la chita callando, sin aspavientos, consigue hacer lo que quiere, que es exactamente lo que tiene que pasar con un hombre de su experiencia. Me parece bien. Puede ser un compás de espera, pero también puede ser un entrenador para varios años. JAS piensa que los entrenadores se queman en dos o tres años, pero yo creo que un técnico necesita cinco o seis.

Pero eso a lo mejor es válido fuera del Madrid, ¿no? Allí dentro hay demasiada tensión y turbulencia. 

Pero el Madrid ha ganado con Zidane, precisamente. Zidane desmiente eso.

¿El Madrid necesita entonces un modelo Del Bosque? 

Del Bosque da la sensación de tener poco carácter. Figo decía de él: “Hombre, por lo menos no da mucho la lata”. Era la época de Ronaldo Nazário haciendo de las suyas en el Buda.

Pero tú siempre has sido muy fan de Ronaldo.

Si no llega a tener las dos lesiones, olvídate de Cristiano, Pelé y Maradona. Y de Messi. Y hay otra cosa, tengo que hablar con él porque me parece un hombre heroico. No quiero sonar absurdo, porque quién soy yo para decir esto, pero me recuerda un poco a mí por su resistencia al dolor cuando se recuperaba de esas dos lesiones. Yo también he tenido que hacer un esfuerzo enorme de resistencia al dolor, y ninguno de los dos quería hacerlo, pero el amor propio (y en mi caso también el no disponer del eutanásico dulce que yo deseaba para poner fin a mi vida) nos obligó a los dos a seguir. Este hombre las ha pasado canutas. (Cita aquí Antonio un episodio en el que se relacionó a Ronaldo con un transexual con SIDA, enfermedad que le conduce a la siguiente reflexión) Por entonces el SIDA era mortal en todos los casos, pero sobre todo por el diagnóstico. Dejaron de llamar a la enfermedad mortal, pasaron a llamarla crónica y no ha muerto nadie más. Es increíble cómo las personas se pliegan a la Santa Medicina. “Oiga, para esto haga el favor de morirse y confirme así la gravedad de su dolencia”. Y años después: “Ahora en cambio ya no se muera, que hemos pasado a llamar crónico a lo que usted tiene”. Y el personal les sigue. Es una especie de placebo que reina en ese terreno.

Otro día abundamos en tu conocida teoría del diagnóstico que mata, el diagnóstico tóxico. Pero estábamos con Ronaldo.

Las pasó putísimas. Le he admirado muchísimo, aunque me gustaría preguntarle una cosa. ¿Por qué demonios odiaba correr? ¿Por qué odiaba entrenar? Porque en aquella entrevista con Valdano insistía mucho en que se escaqueaba todo lo posible de entrenar. Por eso creo yo que se estropeó las rodillas, por no forzarlas más cotidianamente.

Él decía que su forma de entrenar era jugar. Los partidos eran los entrenamientos para él. 

Eso no es así. Es como si yo dijera: “Yo aprendo escribiendo”. No, oiga. Jugar partidos es a entrenar como escribir a aprender. Es una regla de tres, una ecuación de primer grado.

Ronaldo tiene casa en Ibiza, creo, debería venir a verte un día, aprendería mucho. 

Claro. Fliparía conmigo cuando le hablara en carioca. (Nota: Antonio pasó su infancia en Río).

La gente en Pucela está regular de contenta  con él. Acaba de descender al equipo. (Nota: recordamos que es el final de la campaña 20/21). 

¡Pero sí el tío se ha chupado una deuda de 40 millones! Se lo contó a Valdano.

Jugar partidos es a entrenar como escribir a aprender. Es una regla de tres, una ecuación de primer grado.

Ahora que hablas de Valdano, ¿qué opinas de él? 

Es un hombre muy desenvuelto. Es muy gracioso cómo aspira prácticamente todas las vocales. Todas parecen llevar una jota o una hache aspirada. Es como si fuera un extremeño. Pero es muy despejado, muy jovial.

¿Lo has conocido en persona? 

No he tenido el honor.

Fue jugador, entrenador y directivo. Hay que remontarse al prebernabeuismo para dar con alguien que haya sido las tres cosas. 

Iba muy bien de cabeza y tenía un buen chut.

Yo creo que era mejor jugador de lo que él dice de sí mismo. 

Estoy de acuerdo. Siempre tuvo una autocrítica muy notable. Yo también creo que era mucho mejor jugador de lo que decía. En aquella selección argentina, después de Maradona, era el mejor. Creo que estaba Fillol, también, que era un portero buenísimo, aunque puede que fuese un poco anterior. Fillol era de los mejores guardametas que ha habido.

Y de los de ahora ¿cuál es el mejor?

Oblak. Adoro a Ter Stegen y Courtois, pero este es el doble de bueno. Es un extraterrestre.

Se habló de que podía fichar por el Madrid, pero a Florentino no le gusta poner 100 millones por un portero. 

Claro que no. Y además es que Courtois es buenísimo. Me encanta.

Oblak flojea un poco en los penaltis. Lo vimos en la Final de la Undécima. 

Me asombra cómo se lanzan los penaltis ahora. ¿Sabes cómo los tiraban Di Stéfano o Puskas? Cogían una carrerilla de unos veinte metros, acelerando al máximo a medida que se acercaban al balón. El portero se moría de miedo. Puskas los angulaba más, pero en el caso de Di Stéfano era casi siempre un cañonazo que entraba más o menos por el centro. Un bombazo a media altura. Incluso Roberto Carlos los tiraba así. Me deja perplejo Ramos tirándolos sin apenas carrerilla, a metro y medio de la pelota. Eso lo hace mucho más difícil.

¿Los dos jugadores más grandes que hemos visto en el Madrid son D. Alfredo y Cristiano? 

Posiblemente. Schuster llegó ya tocadito, pero ha sido uno de los mejores  centrocampistas que he visto.

Eso mismo me dijo Gento una vez, aunque por entonces aún no había explotado otro alemán, Kroos. Que Schuster era su favorito histórico en el centro del campo. 

Hierro también fue sensacional ahí. Marcó cien goles en esa posición. ¡Cien! Redondo en toda su vida seis. La potencia de disparo y el remate de cabeza de Hierro eran inigualables. Hierro ha sido fundamental en el Madrid. Tanto como Raúl o más. Ahora bien, Cristiano y Di Stéfano fueron megaestrellas. Zidane fue extraordinario, aunque más breve que estos. Zidane reinó cinco años, los otros dos reinaron diez. Lo más notable que tenía era el control orientado. Zidane y Vinicius han tenido el mejor control orientado que he visto.

Escohotado y Bengoechea

¿Vinicius también?

Sí. Tiene un control orientado sublime.

Sobre Vinicius has escrito mucho. (Nota: recordamos que la entrevista tiene lugar en julio de 2021).

Yo ya no sé cómo decirles que el chico necesita ayuda psicológica. Tiene un reflejo condicionado que hay que disolver y sustituir por otro. El hecho de que la camiseta lleve lo de “Junior” indica que el padre fue también futbolista profesional. Se lo comenté a JAS y me lo confirmó. “Sí, es como Neymar, su padre también jugó, por eso Neymar Jr.” Pero Neymar no siente que le deba a su padre nada. Vinicius es evidente que sí. Añade “Jr.” en la camiseta por eso. Por alguna razón cree que le debe a su padre el no triunfar descomunalmente más que él.

Estás hablando de algo freudiano que, supuestamente, es lo que hace que falle los goles.

Absolutamente freudiano. Una cosa edípica que le está lastrando. Algo en el inconsciente le dice que no puede culminar con gol la monstruosa jugada que acaba de hacer, y ese algo es la deuda que cree tener con el padre. Se los ha meado, ya ha hecho lo difícil, y cuando llega a lo fácil se la da mansamente al portero, o la manda fuera. Yo creo que inconscientemente piensa: “Papá, ya ves que no te estoy humillando”. Es lo que oigo cuando le veo fallar un gol. Sí, así de loco estoy. Tengo intuiciones de ese tipo, y raramente me fallan. A Raúl (Raúl Novella, hombre que le cuidó hasta el último día, presente en la entrevista) le he dicho cosas así, nada más verle. (Raúl asiente, menciona la palabra autoboicot).

A mí también me las has dicho.

Sí, a ti también. Si Vinicius resuelve el tema del gol, con la ayuda psicológica que necesita, será mejor que Mbappé.

¿Te gusta más Vinicius que Rodrygo?

Rodrygo es la gran estrella, aunque ahora lo han megamusculado. Antes estaba inframusculado. Ahora se han pasado. Ni tanto ni tan calvo. Pero es un monstruo.

¿Qué otros fichajes te gustaría que llegaran?

Haaland me parece imprescindible, o por lo menos alguien que descargue a Benzema. Está demasiado solo. Si no puedes hacerte con Haaland, ficha a Raúl de Tomás. Creímos que Jovic era un ser humano, pero ha resultado ser una estatua. ¿Mariano? Sus precipitaciones se han convertido en disparates. Tiene buena voluntad, pero cada vez que la toca hace falta. Son nervios sobre nervios y sobre histeria.

¿Y qué opinas de los fichajes recientes?

Alaba me entusiasma. Va a dar su mejor fútbol en el Madrid, ya lo verás.

¿En qué puesto te gusta más? ¿Central o lateral?

Cualquiera de los dos. Y puede hacerlo muy bien también en el puesto de Casemiro.

¿Hay algún canterano que te guste especialmente?

Antonio Blanco tiene todas las virtudes de Milla pero bastante más fuerza. Miguel Gutiérrez es bastante bueno, mejor que el del otro lado, Marvin. Este último no es que me disguste, pero es un poco precipitado. Lo más importante en un carrilero es que sepa centrar.

Entrando en alta política, se dice que el nuevo estadio va a generar 200 millones al año para el club. Eso es mucho dinero, ¿no?

Va a ser muy importante. Es interesante porque además estarán jugando antes de que el estadio esté terminado, lo que supondrá una autopromoción. Ya me ha confirmado Florentino que no habrá hotel, como inicialmente se dijo. Quieren que el nuevo Bernabéu sea un lugar de tránsito permanente, no que la gente se quede en él.  Me parece bien, pero vamos, imagínate el respeto que tengo yo por la capacidad empresarial de Florentino. A mí me dice “Mira, lo hemos estudiado y pensamos que es mejor utilizar ese espacio para algo distinto de un hotel” y yo respondo: punto, amén.

¿Hasta cuándo puede el Madrid seguir siendo de sus socios?

El Madrid está apoyado por el patrimonio personal de Florentino, quien poniendo una centésima (¡una centésima!) parte de lo que tiene equilibra el club perfectamente. De manera que sí, claro que creo que puede seguir siendo de sus socios.

Pero ¿puede también competir con los petroclubes? Porque somos el Madrid, no se trata exclusivamente de sobrevivir: hay que ganar.

Perfectamente. Florentino ha logrado adaptar las técnicas de venta de una gran multinacional a un club de fútbol. Los demás le imitan pero llegan tarde. Los petroclubes ahora hacen galácticos, Florentino los hizo hace diez o quince años. Ahora se ha dado cuenta de que el estadio es una gran vía de financiación, y ya verás cómo todos le van a seguir. En lo deportivo, Florentino sigue a Bernabéu. Hay una simbiosis perfecta entre Bernabéu-Di Stéfano y Florentino-Zidane.

La diferencia es que Di Stéfano, por desgracia, no triunfó como entrenador del Madrid.

No triunfó. Como futbolista fue único. Yo estaba en Chamartín en su primer partido post-Madrid, jugando con el Espanyol. Era desazonador verlo con otra camiseta.

pedro Sánchez es de sí mismo. Es como Jovic. Pensábamos que era un ser humano y es una estatua también

¿Por qué es tan inhabitual que los más grandes se retiren en el Madrid? Y además sus últimas etapas suelen ser convulsas.

Es porque el Madrid consagra la excelencia. Está en los estatutos del Madrid de los Padrós. El artículo uno dice, si no recuerdo mal: “Este club se funda para promover la excelencia en el cultivo del deporte amado del balompié”. Ese artículo uno no lo tiene ningún otro club, y eso lo compromete. Por otro lado está la doble condición de entidad  totalmente cosmopolita que sin embargo encaja tan bien con todo esto de los chulapos y las chulapas, el casticismo más madrileño que hay. Está arraigado en esos sectores del pueblo que son la clase media-baja, que son los tenedores de obligaciones que permiten la construcción del Bernabéu en los años 40. En esa época tan increíblemente austera de la posguerra, sacaron los ahorrillos para ayudar a su club. Y pusieron este y su primo y su hermano. El hombre o la mujer que es del Madrid no odia, no es antinada, pero ama profundamente al Madrid.

Pero sí hay, en cambio, un sentimiento nacional antimadridista.

Ya lo creo. Hay gente que se sube de Huelva para ver perder a los blancos si hay alguna posibilidad de que eso ocurra, o se baja de Lugo o se viene de Zaragoza. Es asombroso. Quizá esto le pase al Bayern en Alemania, no sé.

Comentabas hace poco en La Galerna cómo te ha sorprendido este fenómeno desde que estás con un contacto más diario con la realidad del fútbol español.

Es que ese antimadridismo yo no sabía que existía. Entiendo los celos, que son humanos y comprensibles. Conozco la contraposición de patrias chicas, las rivalidades municipales… Pero este antimadridismo difundido por igual en toda la península… Descubrir que existen cosas así te permite comprender por qué hemos pasado por cuatro guerras civiles (tres guerras carlistas más la del 36) en un siglo, así como un intento de guerra civil que es el propiciado por Zapatero al levantar el hacha del resentimiento, y que sigue ahora con Sánchez. Lo que pasa es que Sánchez es blandito, moluscoide, invertebrado; ya no recurre a la violencia dinamitera.

Zapatero es culé, por cierto. Sánchez no sabemos muy bien de quién es.

Sánchez es de sí mismo. Es como Jovic. Pensábamos que era un ser humano y es una estatua también.

Escohotado y Bengoechea

¿Conseguiremos con nuestro libro (“La forja de la gloria”) que la gente acepte que el Madrid no solamente no era franquista sino más bien lo contrario?

¿Y que fue el Barça, y no el Madrid, el que condecoraba al caudillo cada dos años? La gente no está dispuesta a creer ciertas verdades. Cuando yo cuento a la gente que la heroína era el paracetamol de antes, o sea, que te la daban en la farmacia sin receta, se me echan las manos a la cabeza y se niegan a asumirlo.

Hablabas del afán de excelencia del Madrid. ¿El antimadridismo podría deberse en parte, precisamente, a que la cultura imperante no es precisamente la de la excelencia?

Claro. El posmodernismo. El posmodernismo nace detestando la virtud. El primer texto posmodernista llega en 1979. Se llama “La condición posmoderna”. Primera vez que aparece la palabra. Dice así (Antonio empieza a recitar de memoria): “Estamos hartos de discursos largos y coherentes sobre la realidad y el sentido. Queremos microdiscursos indiferentes a la realidad y al sentido”. Pero oye, ¿eres tú solo el que no quiere más realidad y más sentido, o cuántos hay como tú? El posmodernismo da la razón a cualquiera que rabie con la dignidad del prójimo. Otorga legitimidad al resentimiento en general.

 

Entrevista: Jesús Bengoechea (con la participación de Raúl Novella) 

Así que, según nos ha aleccionado Don Gianni, por llamarlo a la calabresa, haber sufrido “acoso” de pequeño en Suiza por ser pelirrojo es equiparable al maltrato, violación y muerte a los que se enfrentan los esclavos y esclavas que trabajan en los países del Golfo Pérsico y otros del jaez. Y lo más hilarante del asunto, amigo galernauta -si uno no sintiera cualquier cosa menos risa al escuchar semejante sarta de malevolencias-, es que además lo ha hecho en un afán calculadamente desesperado por despertar nuestra complicidad.

Y me preguntarás, ojiplática, tú que vienes de aquellos lugares de los que se reclutan algunos (sobre todo algunas) de esos esclavos: ¿de verdad hay gente tan fuera de la realidad? ¿O es dentro de la realidad y de lo perverso? Y yo, que te quiero y que por eso me pongo malo hasta la fiebre en días como hoy, te digo que desconozco la hechura moral o la estructura mental del sujeto, por más que se me ericen los pelos del alma cuando habla. De lo que sí estoy seguro, sin embargo, es de que si hemos llegado hasta aquí, si Infantino no es hoy, a esta hora oscura, reo de damnatio memoriae (la cancelación practicada en Twitter Roma, galernautas de poca edad), es solo y exclusivamente porque el engendro woke lo impregna ya todo: los cinco continentes, los siete mares y, aún peor, los diez pecados capitales.

Infantino Catar

Veamos: la experiencia vivida erigida en fuente única e indisputable de verdad; el sujeto como estricta medida del objeto; lo personal, no ya por encima, sino frente a lo general. Se me ocurren decenas de paradojas del estilo, ya lo sabes, que sirven para condensar, malamente aunque sea, buena parte de lo que nos está pasando, de lo que nos están pasando. Se apela tanto a la víscera, a lo primario, a lo infantil, se amplía tanto el victimario, que se llega a forzar a serlo a quien nunca ha sido víctima ni lo ha pretendido, únicamente por pertenecer a cualquiera de los cada vez más numerosos colectivos que, bajo la égida de “científicos” sociales tan carentes de talento como sobrados de trauma y anglosajonía, se consideran merecedores de ese estatus. Ejemplos sobran y sobra también que yo los mencione aquí.

Que Infantino, en consecuencia, haya decidido incluir a los pelirrojos en una lista junto a inmigrantes, homosexuales y discapacitados no debería sorprender a nadie. Sí debería, no obstante, de animarnos (mi lamentable aportación es el presente artículo) a enfrentar y confrontar este delirio conceptual cuyo reino lo detenta en régimen de monarquía absoluta el sentimiento (“hoy me siento…”, Infantino dixit, no en vano) y en el que “yo-mí-me” son los únicos pronombres posibles.

Y por terminar ya, que me entra diarrea, añadiré unas pocas palabras referidas al desafío que el otrora pelirrojo ha lanzado a Europa y a los europeos al exigirnos que, si tanto nos preocupan los esclavos, pidamos perdón por nuestros últimos tres mil años de maldades. Se me ocurre en mi falsa inocencia que Don Gianni, tal vez impedido por aquella zozobra de infancia en el averno suizo, no tuvo tiempo, siquiera de pasada, de deleitarse en el estudio de la gloriosa tradición esclavista mediterránea. Si ello fue así y si no le da cosita que le pongan burundanga en el cuscús, yo le aconsejaría que se informase de boca de cualquiera de los que cenaron con él esta noche. Tiempo tendrán de aquí a unos pocos años de discutirlo todos ellos en la cola del infierno.

 

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Buenos días, amigos. Cuentan los papeles que comienza hoy el mundial y añaden algunos de esos papeles en sus primeras planas que es un mundial atípico y polémico, aunque apasionante. Qué cosas tiene esto de adjetivar. No es fácil acertar, dicen los que saben de literatura. Algunos incluso huyen de semejante cosa, sabedores de que una sobredosis de adjetivos puede emborronar el manuscrito y dejarlo todo perdido de subjetividad recargada, alejándolo de la cosa misma que se quiere contar.

Y alejados parecen estar nuestros principales medios deportivos si tenemos en cuenta los adjetivos citados. Elegir decir -porque es una elección- que es un mundial atípico y polémico es como elegir decir que tal crimen es curioso o que tal injusticia es peculiar. Por su parte, elegir decir que el mundial es apasionante es simplemente elegir una cerveza y no un café para desayunar. Pero aquí no pasa nada. Aquí se puede decir (vender) cualquier cosa con tal de que la rueda (de la fortuna) siga girando y con tal de que el aficionado medio siga narcotizado sin mayor juicio crítico que el de una ameba, mientras los hacedores de negocios, contratos, comisiones, delegaciones, comités y demás dizque gestiones deportivas bailan en salones regados de champán tras ofrecer alguna rueda de prensa autoindulgente y torticera.

Portada Marca 20-11-22Portada Mundo Deportivo 20-11-22

Miserias aparte, aunque no del todo, se perderá Benzema este mundial. Ayer se confirmó la noticia de su lesión y el flamante Balón de Oro deberá descansar para reponerse lo antes posible. Quede dicho antes que nada que lo lamentamos mucho por él y quede dicho después que también lamentamos en otro sentido bien distinto el hecho de que, durante las última semanas, se haya dudado en ocasiones de la implicación del francés con su club. No se estaba reservando Karim para el mundial cuando no jugaba con el Real Madrid. Dígase alto y claro porque ya ha quedado sobradamente demostrado.

Portada As 20-11-22

Pasa, sin embargo, que, tal vez movidos por las especulaciones, los rumores, las medias verdades y las falsedades que difunde nuestra prensa día sí y día también, cierta parte de la afición entra al trapo de las maledicencias sin apenas pararse a pensar un poco, sin apenas saber agradecer, sin apenas valorar más hechos que una portada, un comentario de tertulia radiofónica o un sarcasmo chiringuitero.

Decía Jessica Rabbit que ella no era mala, sino que la habían dibujado así. No dejemos que nos dibujen los medios a su imagen y semejanza, sabedores de que su filón no está casi nunca en las noticias contrastadas, sino en todos sus contrarios, ajenos a lo que debiera ser el noble ejercicio del periodismo y el aún más noble ejercicio del fútbol, ambos manchados por este mundial "atípico", "polémico" y -manda huevos- "apasionante".

Portada Sport 20-11-22

El diario Sport, conocedor de su entorno de influencia, le dedica más espacio a Xavi que al mundial, aunque ambas cosas no estén del todo desligadas desde que el citado entrenador-ideólogo se convirtió en un reclamo de buena publicidad-propaganda para el régimen catarí. Ya se sabe que los valors son los valors y no se negocian. Ya se sabe que si un día de estos el sol saliera por el oeste y se pusiera por el este nuestra querida prensa podría decir que estamos ante un hecho cuqui, no vaya a ser que a fuerza de contar (y denunciar) la verdad se acabe el champán.

Pasen ustedes un buen día.

 

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