Las mejores firmas madridistas del planeta

Yo, que no debía de tener más de dos años, no sabía lo que era un siete, pero sí sabía que lo que Raúl llevaba en la espalda, aquel palo horizontal de cuya esquina nacía una diagonal mucho más grande hacia abajo, aquello respondía al nombre de siete. Así que deduje que lo que llevaba Raúl en la espalda debía de ser un siete. Con idéntico proceso mental, y fijándome en Roberto Carlos y en Redondo, llegué a darle forma en mi cabeza a la geometría de los treses y de los seises, a pesar de que a esa temprana edad yo no tenía conciencia de lo que era un tres, ni un seis, ni un lateral izquierdo ni tampoco un mediocentro defensivo. Y fue así, con la simpleza y el encanto de las inesperadas casualidades, como aprendí los números, gracias a esa plantilla del primer Capello, que además de ganar una Liga, sumó también a la causa blanca el corazón de un futbolero purista y repelente para siempre.

Raúl 7 aguanís

Desde entonces creo en el poder de los símbolos y en el valor de la belleza de las imágenes. Y ello, aplicado al fútbol, me lleva a un respeto reverencial a la numerología. Porque un central no puede llevar en la vida el dos o el tres, hombre, de ninguna manera, del mismo modo que un delantero centro nunca puede ser el diez, por muy bueno y goleador que sea.

Quizá fue por esa obsesión que raya en la paranoia, pero la noticia de que este año Vini llevaría el siete y Rodrygo el once me causó una incómoda excitación. A decir verdad, en mi desarrollo ideal de los acontecimientos, los números con los que nuestros brasiniños estaban llamados a marcar una época eran los anteriormente citados, sí, pero con los dueños intercambiados. Porque visualizaba a un Rodrygo rebañando goles en el área pequeña con el siete, al mismo tiempo que soñaba con un Vinicius con el once a la espalda jugando a ser Gento en esa banda izquierda del Bernabéu cada domingo durante una década. Sea como fuere, celebro como un título menor el nuevo bautismo textil de los dos cracks, así como la lectura que subyace de todo esto y que no es más que el respeto del club a los dorsales y a los símbolos sagrados. ¿O acaso alguien cree que se puede ganar una Copa de Europa con varios veintimuchos en el once titular y algún que otro treintaytantos?

Creo que hay algo telúrico en el cambio de número. Le pasó a Cristiano cuando dejó el nueve por el siete de Raúl, le pasó a Messi cuando dijo "aquí estoy yo y para mí el diez de Ronaldinho", les ha pasado a todos. No se hereda sólo un número, sino el peso de la historia, un sitio preferencial en el autobús del equipo y en el vestuario, la convicción plena de querer ser leyenda del club pase lo que pase y una interminable serie de intangibles que no vamos a citar aquí por respeto a la paciencia del lector, pero vamos, que cualquiera que haya visto más de una centena de partidos sabe a lo que me refiero.

celebro como un título menor el nuevo bautismo textil de los dos cracks, así como la lectura que subyace de todo esto y que no es más que el respeto del club a los dorsales y a los símbolos sagrados. ¿O acaso alguien cree que se puede ganar una Copa de Europa con varios veintimuchos en el once titular y algún que otro treintaytantos?

Por eso me sorprende tanto que los protagonistas de este período estival hayan sido los Fabrizios Romanos y demás charlatanes de turno, un Bellingham por el que sus 100 millones gastados nos van a parecer pocos, Messi retirándose definitivamente, el monstruo árabe que viene a vernos, el clásico disputado en los despachos por Güler, aquella semana en la que todos dábamos por buena la llegada de Harry Kane como remedio al luto por Benzemá y, por supuesto, el elefante francés que lleva en la habitación demasiados veranos y que, como en los anteriores, parece que este será el último.

En un mes de julio con tantísimos nombres propios como no se recuerda en años, nadie parece recaer en Vinicius JR y en Rodrygo, que no sólo han heredado los dos números más legendarios del club, sino que han decidido agarrar con ambas manos la inmortalidad y no la piensan soltar.

Volveremos

No me caben dudas, esta va a ser su temporada. No la de su explosión, ambos explotaron hace tiempo, sino la de su consagración definitiva. La que marca la frontera entre los buenos, buenísimos jugadores, y las leyendas del club. Lo que fue para Cristiano la 2013/14, para entendernos. La de derribar récords cada mes, la de sonar cada semana desde enero como favorito al Balón de Oro en esas tertulias de radio y televisión que tanto detestamos.

Y eso que Vini y Rodrygo coleccionan noches europeas como el que más -quitando los jerarcas pentacampeones, claro-, lo que pasa que de tan recientes (o será por la costumbre) parece que las hacemos de menos.

Para empezar, el primero tiene la carrera más que justificada, aunque sólo sea por ese gol en la final de París, que para más inri fue el único de todo el partido. Que hay que remontarse hasta Mijatovic en el santoral blanco para encontrar algo así, vaya. Meter el tanto que te da la orejona ya es motivo suficiente para la canonización y elevación a los cielos pero es que, además del sacrosanto logro, Vini también ha sido absolutamente determinante en octavos, cuartos y semis varios años, metiendo dos golitos en cada una de todas esas rondas en apenas un par de temporadas. Nada mal para un jugador al que se acusaba de gafado ante la portería.

esta va a ser su temporada. No la de su explosión, ambos explotaron hace tiempo, sino la de su consagración definitiva. La que marca la frontera entre los buenos, buenísimos jugadores, y las leyendas del club. La de derribar récords cada mes, la de sonar cada semana desde enero como favoritos al Balón de Oro en esas tertulias de radio y televisión que tanto detestamos

Y luego está Rodrygo, empecinado en salir en las portadas de los periódicos los días que madrugamos para ir al kiosko. Díganme un jugador, Cristiano y Raúl aparte, que con 22 años pueda presumir de dobletes en semis y cuartos de Champions, finales de Copa del Rey o partidos del alirón en Liga.

Dos brasileños, dos niños, que llegaron prácticamente de la mano, que son ya historia viva del club y que van a tiranizar la próxima década futbolera a ritmo de samba. Con esas sonrisas tan suyas, mitad de jugón, mitad de hijo de puta, que tanto desesperan a los rivales. No van a dejar de bailar por mucho que les joda a tres o cuatro gañanes, porque ellos son la alegría, son el amor adolescente, son la vida. Y con el siete y con el once, faltaría más.

Un día como hoy, un 26 de julio pero de 2006, se confirmó la contratación del delantero neerlandés Ruud van Nistelrooy por parte del Real Madrid. Un fichaje excelente calidad-precio-rendimiento que dejó un magnífico recuerdo y poso en la afición madridista, que todavía hoy en día lo menciona como ejemplo de refuerzo.

El delantero pudo aterrizar unos años antes en la casa blanca, cuando en la etapa como presidente de Florentino Pérez hubo interés por su firma al explotar en las filas del PSV. Sin embargo, para su club, el Manchester United, era una figura esencial del equipo y le cerró las puertas.

Fue en el verano de 2006, con Ramón Calderón recién elegido como mandatario merengue, cuando se dieron todas las circunstancias para su incorporación. Van Nistelrooy estaba en la lista del Director Deportivo que llevaba Calderón en su candidatura, Pedja Mijatovic, y también contaba con la aprobación del que sería el nuevo técnico blanco para el curso 2006-2007, Fabio Capello.

Con 30 años cumplidos en julio, muchos consideraban que había pasado lo mejor de la carrera del neerlandés pese a que venía de un curso en el fútbol inglés con 24 dianas. Van Nistelrooy pronto desmintió esa impresión. Aterrizaba tras su participación en el Mundial de Alemania que se saldó con un tanto en los tres partidos como titular que le alineó el seleccionador ‘oranje’ Marco van Basten.

Mijatovic y Capello lo vieron como un complemento de Ronaldo Nazário, aunque finalmente terminó siendo su sustituto en la delantera madridista. se apuntaba que Van Nistelrooy había sido ofrecido al Madrid y que el neerlandés quería dejar el Manchester United. El delantero soñaba con jugar en el club blanco y consideraba que su ciclo con los ‘red devils’ había terminado

Van Nistelrooy estaba considerado una máquina de hacer goles. Un nueve con la portería rival entre ceja y ceja, y eso que al principio de su carrera en el Nooit Gedacht actuaba como central. Sin embargo, en un entrenamiento le pusieron a rematar balones y ahí se comprobó su instinto y su extraordinaria eficacia de cara a puerta. El neerlandés tenía un gran físico que se vio mermado por la grave lesión de rodilla sufrida en el año 2000 cuando militaba en el PSV y ya estaba encaminado su pase al Manchester United. A partir de entonces se vio un Van Nistelrooy algo menos potente pero igual de letal. Un delantero, además, con una técnica notable, oportunista, inteligente, con grandes movimientos y que sabía jugar lejos del área.

Mijatovic y Capello lo vieron como un complemento de Ronaldo Nazario aunque finalmente terminó siendo su sustituto en la delantera madridista. Antes de llegar ellos dos y Ramón Calderón, ya surgió en la prensa su nombre relacionado con el equipo blanco. En ‘MARCA,’ el 19 de abril, José Félix Díaz apuntaba que Van Nistelrooy había sido ofrecido al Madrid y que el neerlandés quería dejar el Manchester United. El delantero soñaba con jugar en el club blanco y consideraba que su ciclo con los ‘red devils’ había terminado.

En el mes de junio y en plena campaña para las elecciones de la entidad madridista, Pedja Mijatovic, que iba en la candidatura de Ramón Calderón, admitió que Van Nistelrooy estaba en su lista de posibles incorporaciones junto a otros nombres como Cesc o Ricardo Carvalho.

El conocido interés del Real Madrid frenó la operación de Van Nistelrooy al Hamburgo, que el cuadro alemán tenía avanzada con el Manchester United. También se publicó en ‘AS’ el 9 de julio que el ‘Bayern se mete en la puja’ y ofrece 18 millones por el atacante. Mientras tanto, Mijatovic ya había hablado con los representantes del neerlandés y en los siguientes días lo haría con el equipo inglés.

Como es habitual en estos casos, el Real Madrid filtró otros nombres para que influyeran en sus negociaciones con el Manchester United. Esta vez el globo sonda fue el delantero de la Fiorentina Luca Toni. En ‘MARCA’ se habló que Franco Baldini, ayudante de Mijatovic, viajó a Florencia para hablar con la institución viola. Pero a mediados de julio la negociación por Van Nistelrooy ya era oficial. El día 14, ‘MARCA’ decía que Van Nistelrooy estaba al caer y ‘AS’ un día más tarde contó en su portada que el jugador y el club merengue tenían cerrado un acuerdo de tres años de contrato y unos cinco millones de euros netos por curso. Por ello se esperaba el viaje inminente de Mijatovic a Manchester para cerrar la operación.

Fueron días de tira y afloj,a aunque el equipo inglés conocía perfectamente el desenlace y le abrió la puerta de salida. Según ‘MARCA’, el 16 de julio, “el jugador estaba dispuesto a presionar a su club” y también recogieron unas declaraciones del agente del jugador afirmando que “el sueño de Ruud es jugar en el Real Madrid”. La primera oferta merengue fue de unos 11 millones de euros que el Manchester United calificó de insuficiente. En una noticia firmada por José Félix Díaz en ‘MARCA’, el día 17 de julio se decía que los ‘red devils’ pedían 16 millones sin ningún variable.

Dos días después ambos periódicos deportivos madrileños daban por hecho el acuerdo por el traspaso entre ambas entidades pero lo cierto es que Alex Ferguson apretó más las clavijas en la negociación y todavía no existía fumata blanca. Incluso hubo un error informático por parte de la web del Real Madrid, que colgó durante unos minutos un anuncio del fichaje del neerlandés. Más tarde lo borraron y el club se disculpó por el fallo.

El 20 de julio saltó la noticia en el periódico alemán Bild que informaba que el Bayern aseguraba tener atado a Van Nistelrooy. Mientras tanto, Mijatovic seguía hablando con David Gill, director ejecutivo del Manchester United intentando acercar posturas. Una fecha clave era el lunes 24 de julio que es cuando Van Nistelrooy debería incorporarse a los entrenamientos del Manchester United, y es algo que el jugador quería evitar.

La clave para desencallar la operación tuvo lugar cuando el Real Madrid subió su propuesta económica. Un total de 15 millones distribuidos en 12+3 en variables (número de partidos, goles y títulos) empezó a convencer al Manchester United aunque la cantidad del bonus era algo todavía a concretar. Alex Fergurson, el día 23, admitió que dejaba la entidad aunque reconoció que sería vendido al mejor postor porque el Bayern seguía en la pelea. Y es que el Director general bávaro Rummenigge insistía en que el futbolista “quiere jugar en el Bayern”.

Van Nistelrooy se convirtió entonces en el tercer neerlandés de la historia del equipo madridista tras Metgod y Seedorf. El 28 de julio llegó a Madrid y lo primero que hizo fue pasar el reconocimiento médico realizador por el doctor Alfonso del Corral. A continuación, el delantero neerlandés fue a comer al Meson Txistu y devoró el jamón

El día 25, el diario ‘MARCA’ afirmó que el Real Madrid había lanzado un ultimátum al Manchester United. Los blancos se habían plantado en esos 15 millones en la fórmula 12+3 y le daba “24 horas a los ingleses para decidir”. La presión de Van Nistelrooy manifestando que “si salgo, solo quiero ir al Real Madrid” descartó cualquier opción con el Bayern y lo llevó directamente a la capital de España. Finalmente el 26 de julio Mijatovic y Gill acordaron el traspaso del delantero que viajaría a Madrid para la presentación y después se marcharía a Irdning (Austria) para incorporarse al stage de pretemporada con los merengues.

Van Nistelrooy se convirtió entonces en el tercer neerlandés de la historia del equipo madridista tras Metgod y Seedorf. El 28 de julio llegó a Madrid y lo primero que hizo fue pasar el reconocimiento médico realizador por el doctor Alfonso del Corral que confirmó que “es un jugador que está en forma” y “está en perfectas condiciones”. A continuación, el delantero neerlandés fue a comer al Meson Txistu y devoró el jamón. La presentación por la tarde en el Santiago Bernabéu contó con la asistencia de unas 3.000 personas. En el acto junto a Ramón Calderón y Alfredo di Stéfano enseñó una camiseta sin dorsal y no quiso ponerse metas en cuanto a goles. Lo primero que dijo fue “¡Hala Madrid!”, explicó que “aceptaré el número que me den” y que “estaba encantado de vestir la camiseta blanca porque yo quería jugar en el Madrid”. Por último, tuvo un guiño hacia Ronaldo al que calificó de “fenómeno” y que le “encantaría jugar con él ya que es un grandísimo jugador”.

Van Nistelrooy acumuló tres temporadas y media en la casa blanca con unas estadísticas de 96 encuentros oficiales y 64 goles. Su primera temporada fue espectacular, siendo el ‘Pichichi’ de la Liga con 25 dianas y 33 entre todas las competiciones. Fue clave en la conquista liguera del ‘clavo ardiendo’ y dejó instantes para el recuerdo como un poker de tantos en Pamplona ante CA Osasuna, un golazo al Valencia o sendos goles en el Clásico contra el Barça en el Santiago Bernabéu y el Camp Nou. La segunda campaña también sumó una gran cantidad de tantos, un total de 20 (16 ligueros) y consiguió otra Liga para su palmarés. El bajón de los guarismos llegó en la temporada 2008-2009, debido fundamentalmente a una grave lesión de rodilla en el mes de noviembre que le hizo perderse el resto del curso. En el nuevo proyecto que arrancó Florentino Pérez con Pellegrini en el banquillo, en la temporada 2009-2010, aguantó medio curso, hasta que en enero se despidió del club blanco y se marchó al Hamburgo.

Buenos días, amigos. El sempiterno runrún con el posible fichaje de Mbappé está eclipsando el tema del cual deberíamos estar hablando todos, que no es otro que la ilusión que despierta Jude Bellingham. Los medios, al alimón en este caso con youtubers y twitcheros varios, inciden legítimamente en la posibilidad de la gran bomba, sin dar suficiente cancha a la bomba que ya está instalada en el fútbol patrio (pobrecillo, la que le espera, ¿lo sabrá?). Y esa otra bomba, que no es hipotética sino muy real, ya dio en su debut amistoso ante el Milan claras muestras de los estropicios que puede causar en los contrarios.

Menos mal que hoy Marca, que de vez en cuando acierta, pasa del posible fichaje de Kylian y se centra en la joya que el Real Madrid, a punta de puro prestigio, por la simple resonancia de su leyenda, ha birlado a toda la Premier League.

Hey, Jude.

Decimos que Marca esta vez acierta y nos  alegra decirlo. “Enganchados a Bellingham” parece una buena descripción de la realidad, si bien sonaría mejor en inglés, como sucede a veces, no siempre, con algunas frases. “Hooked on Bellingham” trae a la mente cosas que los más viejos recordarán, como aquella serie de discos genéricamente titulados “Hooked on classics” en los que piezas de Tchaikovsky (que es un apellido que, como el de Tchouaméni, hay que pensarse antes de escribir) y Vivaldi se enganchaban unas a otras con un acompañamiento rítmico.

Muchos nos odiaréis por comparar a Jude con estos precursores de Luis Cobos. No pretendemos dar a entender que Jude sea al fútbol lo que aquellos best-sellers que la gente oía en el coche fueran a la música. Pero sí es cierto que el clasicismo esteticista del inglés, que tanto recuerda a Zidane en algunos controles y conducciones, se ve complementado por un dinamismo futurista, casi robótico, que habría reforzado a Marinetti en su idea de que un coche de carreras que ruge es más bello que la batalla de Samotracia. O tan bello. O tan importante.

En Bellingham están las dos cosas: el automóvil centelleante y la escultura griega. Tiene la partitura, pero acompañada por el chunda-chunda que lo hace rigurosamente moderno y lo salvaguarda del riesgo de quedar para el paladar de los puristas. Si no os gusta ni Cobos ni similares, enganchaos al “Hooked on a feeling” de Blue Swede que popularizaron los Reservoir Dogs de Tarantino. Jude tiene la melodía, pero también el Uga-Chaca demoledor y chocante que aparece y desaparece por la canción. La combinación es sencillamente irresistible.

Así que sí, enganchados a Bellingham. Del todo. Tiene que pasar un tiempo para que se comprenda la importancia capital que está llamado a desempeñar en el futuro del club, pero ya podemos intuir atisbos de glorias futuras.

Por lo demás, As sigue erre que erre con Mbappé, planteando hoy una posibilidad que nuestro socio y colaborador Ramón Álvarez de Mon descarta según sus fuentes: que juegue un año en Arabia Saudí antes de incorporarse al Madrid en 2024 como agente libre. Si Ramón dice que lo ve poco factible, nosotros decimos lo mismo.

Os dejamos con la prensa cataculé, que igual queréis verla y tal.

Pasad un buen día.

En el verano de 2005 España se parecía, en su aspecto exterior, al mismo país que era en el verano de 2002. Pero, en realidad, habían cambiado muchas cosas, cosas profundas que no se veían a simple vista. Por ejemplo, Florentino ya no era el superhombre capaz de todo que había sido hasta un par de veranos antes. Por lo menos, no lo parecía. La imagen del hombre decidido y audaz, emprendedor, al que ningún obstáculo podía frenar en su empeño de colocar al Real Madrid sobre el techo del mundo, empezaba a resquebrajarse. En ese momento no teníamos ni idea de lo cerca que estábamos de ver cómo se resquebrajaba del todo. Todavía éramos lo suficientemente jóvenes como para ilusionarnos como chiquillos con la reindustrialización del proyecto galáctico que el presidente Pérez acometió, en el que sería su último estío al frente del club por una larga temporada. Pero sí. Florentino estaba cansado y nosotros apenas nos dábamos cuenta.

Aquel verano yo ya era un adolescente y empezaba a vivir el madridismo no como una bella canción infantil sino como una militancia con tintes obsesivos. Había cambiado las jornadas eternas en la playa por las clases particulares de matemáticas e inglés. El acné me traía por la calle de la amargura. Ya no estaba en el colegio, sino en el instituto. Llevaba vaqueros con chanclas porque me parecía moderno y me rapaba prácticamente al cero, en una más de todas esas dudosas decisiones de naturaleza estética a partir de las cuales, con mucho esfuerzo y bastante dolor, uno va buscando su propia identidad a lo largo de los terribles años de la madurez.

Mi madridismo militante era una cosa a medias de la edad y a medias de un hecho fundamental: el Madrid, el gran Madrid galáctico que había construido Florentino desde el año 2000, perdía. Se desmoronaba, y dado que mi infancia resplandecía con el recuerdo idealizado del Madrid de Zidane, su decadencia era tan insoportable como el momento inmediatamente posterior a que te digan que los Reyes Magos no existen. Desde marzo de 2004, un poco como la nación española, el proyecto feliz y majestuoso con el que Pérez había transformado el fútbol mundial venía finiquitándose de a poquito al mismo tiempo que el Barcelona, con Laporta, Rijkaard y Ronaldinho, ganaba y se engrandecía a ojos del universo. La idea suntuosa del enamoramiento global que subyacía en el programa florentinista de fichar a los mejores, y levantar con ellos una pirámide faraónica de fútbol y de emoción, se había trasladado al otro lado; Pérez quemaba entrenadores cada vez más rápido y tomaba decisiones cercanas al estrambote como recuperar a viejas leyendas del fútbol moderno como Sacchi en un intento desesperado por revertir la situación. De ese modo, se llegó a Vanderlei Luxemburgo.

El mismo año que había empezado con el sueño del triplete y el fútbol-champán del Madrid de Queiroz terminó con un desconocido en el banquillo. Lo único que en España sabíamos de Luxemburgo era que le gustaba formar a sus equipos en torno a un misterioso “cuadrado mágico” y que concebía ideas audaces que parecían anunciar un fútbol del futuro: aquel verano de 2005, durante un amistoso, hizo jugar a Raúl con un pinganillo pegado a la oreja a través del cual él iba dándole instrucciones. Prescindía de los extremos y, se supone (por ser brasileño), iba a hacer que el Madrid jugara otra vez como los ángeles. Todo su poder de seducción procedía de su extraordinario debut, en aquellos seis minutos mágicos en la víspera de Reyes contra la Real Sociedad. Compadre de Roberto Carlos y de Ronaldo, hizo una digna media temporada con un equipo que entre Camacho y García Remón zozobraba siguiendo la estela de un Barcelona fulgurante. Luxa tenía ideas y mando en plaza. Después de dos temporadas decepcionantes, Florentino volvía a apostar a lo grande y acometía reformas que devolvieran al Madrid a la cumbre.

Llegaron muchos brasileños ese verano de 2005. Baptista, una sensación de la Liga, pagado a tocateja al Sevilla. Cicinho, un lateral derecho rápido, técnico y vistoso; Robinho, un fenómeno mundial, el nuevo Pelé con el que contrarrestar el efecto Ronaldinho. Llegaron también otras atracciones sudamericanas: dos uruguayos, uno bien contrastado en España, Pablo García, y otro vendido como un portento, Diogo, con el que iban a temblar los carriles de España. Se subieron canteranos: Jurado, que era el Zidane de Sanlúcar, la perla del Castilla, y Arbeloa, de perfil camachista y que ya había debutado con un gol en el Villamarín. Se fichó largo y tendido, se ficharon veteranos y noveles, mimbres como para cambiar medio equipo. Se había llegado al consenso de que el Madrid galáctico estaba viejo y quemado y que hacía falta refrescarlo, sangre nueva. Florentino escuchaba, demoscópicamente, al pueblo, y el pueblo le pedía eso como un año antes, ante el desplome queirocista, le había pedido cojones y centrales.

Y ese verano llegó, en un último culebrón infinito, Sergio Ramos.

Sergio Ramos llegó al Madrid semanas después de que lo abandonara Luis Figo. Ese reemplazo era un cambio de época, acentuado por la dimisión, meses después, del propio Florentino. El primer galáctico, el galáctico original, el tipo cuyo fichaje había hecho ganar las elecciones al desconocido y gris candidato Pérez, se iba al Inter, expedido de malas maneras por un Luxa para el que no contaba. En cambio, con otro clausulazo semejante al que cinco años antes había ejecutado en las oficinas de la Liga para adquirir al portugués, Florentino fichaba por fin a su galáctico español. Lo había perseguido con Mendieta y con Joaquín, pero el cainismo nacional había impedido que el Madrid los sacara de sus tribus. Al final fue Ramos, que entonces era todo lo contrario de lo que habían sido sus grandes fichajes anteriores.

Pero, ¿quién era Sergio Ramos en el verano de 2005? Visto desde ahora, fue el último golpe de vista genial de la mirada profunda, generacional, de Florentino Pérez. Aquel no era el mejor Florentino. Estaba ya desgastado por la deriva de su gran proyecto. Meses después reconocería que malcrió a sus estrellas, hasta el punto de que lo devoraron a él, que era su padre, como hacen todas las revoluciones. Florentino, un artífice extraordinario del cambio de rumbo absoluto que tomó la industria del fútbol en el cambio de siglo, fue superado por su propia obra. Y ese mismo hombre desbordado por una situación que no había previsto y que no supo reconducir, vio que había un tipo en el Sevilla que estaba cargado de futuro. Un niño de diecinueve años que no era una estrella consagrada, cuyo perfil no tenía nada que ver con el de Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham ni Owen. Un niño que costaba la mitad de lo que había pagado por Figo, que ya era Balón de Oro, y que era español. Florentino se anticipaba ya a la gran explosión del fútbol nacional fichando al que sería, a la larga, el símbolo de la selección campeona de todo un lustro después y lo hacía cuando ni Xavi ni Iniesta eran, ni mucho menos, titularísimos en el Barcelona.

Era el verano de La camisa negra de Juanes, el verano en que España comenzó a escuchar reguetón a porrillo. España quería más gasolina y bailaba en trance La tortura, como si se presintieran colectivamente todas las desgracias que estaban a unos años de acaecer sobre el país. Se empezó a relacionar a Ramos con el Madrid a mediados de la temporada anterior. Luis Aragonés lo hizo jugar con España sustituyendo a Puyol y es verdad que, por entonces, tenía un aire al ya consagrado defensa catalán: la melenita era algo puyolesca, aunque menos Tarzán. Ramos era muy moreno, de rasgos marcadamente andaluces. Llevaba una cinta en el pelo, igual que Guti, y en una época pre-Cristiano ya estaba mazado, su cuerpo era muy atlético. Jugaba en el lateral derecho y a esas alturas ya se discutía a Míchel Salgado en el Madrid. Además, tenía una garra absolutamente sudamericana, propia del equipo que lo alumbró, el Sevilla de Caparrós. El mítico Batman de Utrera lo adora, veinte años después sigue enamorado de él, y con razón, porque en un momento de esplendor de la cantera sevillista, Ramos era lo mejor que tenían: un par de años después, Navas y Puerta abrirían el gran ciclo triunfal del Sevilla en Europa, pero Ramos había dado el salto, el gran salto, no sólo al Madrid, sino a la historia del fútbol mundial.

ese mismo hombre desbordado por una situación que no había previsto y que no supo reconducir, vio que había un tipo en el Sevilla que estaba cargado de futuro. Un niño de diecinueve años que no era una estrella consagrada. Un niño que costaba la mitad de lo que había pagado por Figo, que ya era Balón de Oro, y que era español. Florentino se anticipaba ya a la gran explosión del fútbol nacional fichando al que sería, a la larga, el símbolo de la selección campeona de todo un lustro después

Al final de aquella temporada, Ramos le metió un golazo de falta al Madrid en el Pizjuán. Fue un zambombazo a lo Roberto Carlos. Por encima de su técnica, de su empaque y de su físico, lo que destacaba de él era su liderazgo natural. Tenía diecinueve años y jugaba como un jefe, montado a caballo como el mayoral de una ganadería de toros de lidia. Durante todo el verano, según el modus operandi legendario del presidente, Florentino había dejado claro, más o menos, que para que llegara Ramos tenía que irse Owen, cuyo paso por el Madrid fue como el de Anelka pero sin goles decisivos en la Copa de Europa. Cuando se fijó la venta del Balón de Oro inglés al Newcastle, pareció evidente que lo de Ramos era cuestión de tiempo. Pero el tiempo, en verano, en los antiguos veranos florentinistas, era más relativo que nunca. Del Nido, que siempre se ha confesado su amigo, se resistía a darle a Pérez a la joya de su corona, no sólo por dinero sino por la proverbial oposición tribal al Madrid que persiste en los pueblos de España. En el tira y afloja, Ramos demostró su arrolladora personalidad dejando un momento icónico: vestido todo de blanco, traje, camisa, corbata y zapatos, apareció por una concentración de la Selección insinuándose al Madrid con uno de esos gestos que, más tarde, serían tan suyos, gestos barrocos y teatrales que remiten a la Sevilla de los imagineros, de los grandes pintores de la Contrarreforma, de Murillo, de Herrera el Viejo y de Valdés Leal. En Ramos todo era ya pasión, tragedia y fuego, porque en Sergio Ramos estaba ya una de las vigas maestras sobre las que, andando los años, levantaría Florentino, a su regreso, el mejor Real Madrid de todos los tiempos.

Ramos y Seedorf

La dimensión de Ramos, entonces, era mucho menor que la de Ronaldo en 2002, pero el deseo seguía siendo el mismo. Y cuando España amaneció en septiembre de 2005, Ramos, por fin, era jugador del Real Madrid. Su salida de Sevilla fue como una extracción militar de alto riesgo: el club donde había nacido como futbolista alimentó, porque le convenía a su presidente, un odio absurdo y criminal contra él que ha perdurado a través del tiempo, dando lugar a escenas escabrosas como medio Pizjuán deseándole la muerte a uno de los suyos, años después de que allí mismo cayera fulminado por la desgracia el amigo del alma de Ramos, Antonio Puerta. Ramos se fue al Madrid llevando consigo todo el tiempo esa llama que muchas veces le hacía cometer excesos, pero que, como a Cristiano Ronaldo, terminaba siempre impulsándole hacia arriba, como el aire caliente hace con los globos aerostáticos. Recuerdo perfectamente su debut con el Madrid: en el segundo partido de aquella Liga que había empezado en Cádiz con el brillo dionisíaco de Robinho, Ramos saltó al descanso y su primer balón fue un despeje acrobático a tres metros del suelo, ganando una bola con el empeine en una suerte de levitación que anunciaba su tremenda superioridad sobre todos los demás. Muy pronto pasó de la derecha al centro de la defensa, a donde lo acomodó definitivamente Capello, años antes que Mourinho. En aquella Liga memorable Ramos fue el corazón latiendo todo el tiempo al borde del abismo de un equipo increíble, por disparatado. Fue su primer título de blanco, pero lo mejor estaba aún muy lejos. Hasta convertirse en leyenda, atravesó todos los infiernos que forjan al héroe, pero lo hizo siempre como Atila, en un caballo de fuego. Ramos era lo que siempre había creído que eran los defensas italianos, con la mentalidad de los viejos futbolistas yugoslavos y la sabiduría natural de los cancheros argentinos. Sin embargo, su talento estaba flotando en el futuro, en una noche lisboeta de la que, mucho tiempo después, salvó al adolescente que yo era en 2005 de comerme veinte horas de autobús con lágrimas rojiblancas en las mejillas. Como cantaba Enrique Morente, con él se cayeron las estatuas.

 

Getty Images

Hastío, hartazgo, tedio o apatía son humanas emociones que es lógico que embarguen a los madridistas que en el mundo son al oír el nombre de Mbappé. Hemos llegado a un punto de empacho en el que lo de menos es que venga o no, siendo lo importante cubrir la plaza de delantero centro, ligeramente coja sin un complemento para Joselu.

Vivimos un tiempo en el que, por el fichaje de cualquier chaíñas (término gallego que insto al lector a incorporar a su imaginario, y más si eres el Real Madrid) te piden, para empezar, 70 millones de euros. Esta superinflación sólo puede paliarse mirando a improbables héroes alejados del oropel de las estrellas consagradas, así que propongo al amabilísimo lector que me otorga el honor de leer estas cosas que hagamos un ejercicio de imaginación y veamos a qué delantero madridista de épocas pretéritas podríamos rescatar para llevar la zamarra con el 9 a la espalda. Súbanse conmigo al DeLorean Galernauta Supermirafiori y volvamos a tiempos más sencillos, más analógicos y, si no mejores, muy diferentes.

El primero que se me viene a la mente es Manolo Canabal. El espigado delantero de Forcarei, precioso pueblo pontevedrés conocido por su observatorio astronómico, llegó al Real Madrid procedente del Mérida. Sí, ese mismo Mérida que jugó en primera división y cuyo presidente, José Fouto, rebautizó al estadio con su nombre. De Canabal sólo recuerdo que fue fichado por recomendación de Fabio Capello, sus imponentes hechuras, un gol que marcó en el torneo Santiago Bernabéu a la Portuguesa, club de procedencia de Zé Roberto y Rodrigo Fabbri, y que llevó el dorsal 12, heredado de Carlos Secretario. El técnico italiano nunca pudo entrenarlo y fue Heynckes, en la primera mitad de la temporada de la Séptima, quien lo tuvo a sus órdenes sin darle una sola oportunidad, por lo que salió cedido. Encadenó préstamos sin fin hasta el año 2000, en el que fue vendido al Málaga.

Girando la cabeza hacia el año de la Octava, nos encontramos con una dupla de la cantera. Un habilidoso delantero o extremo cuya alopecia prematura desmentía lo corto de su edad, natural de Águilas (Murcia) respondía al nombre de José Manuel Meca. Se trataba de un jugador bullicioso, combinativo y, al menos en mi recuerdo, que abría huecos para que su compañero en la vanguardia tuviera más oportunidades de marcar. Tal es así que sólo marcó un gol con el Real Madrid, si la memoria no me falla, al Valladolid. No puedo separar a Meca de otro hombre con el que hizo dupla en un año en el que los delanteros de la primera plantilla del Real Madrid parecían haberse puesto de acuerdo para lesionarse a la vez, pues Morientes, Raúl, Anelka y Savio estuvieron fuera de combate en varios partidos. El jugador al que me refiero es, evidentemente, Rolando Zárate. Dorsal 36 a la espalda, procedente del Castilla cuando aún se llamaba Real Madrid B, este argentino marcó un par de goles, alguno incluso de cierta importancia. De los rivales no se me ocurre acordarme, ruego me excusen. La jugada consistía en recibir el balón de Meca en la esquina izquierda del área grande, centrarse un poco y lanzar un disparo blandito con rosca al palo contrario. Sí, Zárate inventó la jugada de Robben y Messi, y aprovecho esta tribuna que la Galerna graciosamente me otorga, para reivindicar su figura.

Esta superinflación sólo puede paliarse mirando a improbables héroes alejados del oropel de las estrellas consagradas, así que propongo al amabilísimo lector que me otorga el honor de leer estas cosas, que hagamos un ejercicio de imaginación y veamos a qué delantero madridista de épocas pretéritas podríamos rescatar para llevar la zamarra con el 9 a la espalda

En esa misma época, había un delantero en la cantera del Real Madrid sobre el que la prensa, siempre rigurosa, ya había escrito bastantes líneas. Su nombre era David Aganzo y llevaba el número 34. Si no recuerdo mal, no metió un solo gol en los cuatro ratos que jugó en el primer equipo, pasando, como otros tantos, a encadenar cesiones para foguearse. Lo último que supe de él es que había sido novio de Milene Domingues, ex mujer de Ronaldo Nazario.

Remontándonos mucho más en el tiempo, en mi niñez tuve preferencia por los delanteros suplentes del Real Madrid. Era muy fácil venerar a Butragueño o Hugo Sánchez, y yo los idolatraba, pero mi debilidad era Pardeza, el verso suelto de la Quinta. De él recuerdo que era suplente y marcaba siempre que salía, pero, vistas sus estadísticas, éstas tampoco son para tirar cohetes. Cosas de la niñez.

Otro suplente recalcitrante fue Sebastián Losada. Fogueado en el Español cuando aún se escribía con Ñ, lanzó a las nubes el penalti definitivo que dio la final de la UEFA al Bayer Leverkusen en la temporada 87-88. El partido de ida había acabado 3-0 en Sarriá con doblete de Losada, pero el planteamiento de Javier Clemente en el partido de vuelta, en el que colgó del larguero cuales murciélagos a la totalidad de su equipo, fue superado por los teutones, que igualaron la final con otro 3-0. De los penaltis mejor ni hablar. En el Madrid marcó cerca de 40 goles en tres temporadas, cifra respetable, especialmente para un suplente. Buen delantero con un notable juego aéreo.

El último caso del que podría acordarme seguro que está en la mente del amabilísimo lector, al que pondero hasta el infinito haber llegado hasta este punto en el texto. Javier García Portillo, el goleador histórico de las categorías inferiores del Real Madrid, casi nadie al aparato. Formó una interesante dupla suplente con Tote, el especialista en rabonas y rebelde sin causa del Real Madrid. Mi padre dijo de él que, con ese peinado de punta tardonoventero-dosmilero, más propio de la Eclipse que de Concha Espina, tenía cara de lancha rápida. Su debut con el Real Madrid tuvo lugar contra el Panathinaikos en Champions en el año de la Novena. El primer balón que tocó fue un zurriagazo tremendo desde su Aranjuez natal a la portería griega. A partir de ahí, las portadas. Portigol. Delantero suplente en el Madrid de los Galácticos, tuvo relativamente pocas oportunidades, pero estaba claro que, sin quizá dar el nivel para el Real Madrid, era un excelente rematador. Sus cesiones a Anderlecht, Fiorentina y no sé cuántos equipos más dieron con sus huesos en el Hércules, donde se retiró siendo un ídolo.

Se nos acaba el tiempo, pero creo que he dejado claro que ha habido hombres de sobra en la historia del Real Madrid como para llevar la camiseta número 9 que tan huérfana ha dejado Benzema. Que sea Mbappé o no, es lo de menos. Hagamos fútbol ficción y demos a alguno de los mencionados aquí la oportunidad de volver a portarla. Es mucho mejor que nada.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. El verano echa chispas, con el asunto Mbappé en todo lo alto, y los últimos coletazos del tema dan para un episodio completo del Flying Circus de Monty Python. Ni a Graham Chapman en lo más alto de sus capacidades cómicas se le habría ocurrido que el Barça pudiera entrar en escena, filtrando primero su interés por hacerse con (acaso) el mejor delantero del planeta y reculando después, consciente del ridículo hecho en los medios. El Madrid contratando a Mbappé, sacándolo de un club-estado ante la amenaza de otros clubes-estado, es de por sí una idea lo suficientemente atrevida como para lidiar ahora, psicológicamente, con la idea de que el Barça (¡el Barça!) entre en la puja, pero así se llegó a publicar ayer, aunque después escondieran la mano que lanzó la piedra. No era para menos. Como acertadamente indicó un tuitero, es más fácil que Mbappé compre el Barça que lo contrario.

El caso es que L'Equipe titula "Hagan sus apuestas" y, junto a una mareante oferta de Arabia Saudí, hace referencia también al Barça. Si el Al-Hilal nos deja sin Kylian, será como si Ryan Gosling nos hubiera levantado la novia, pues es sabida la cantidad de pasta que se maneja a orillas del Golfo. Sin embargo, si por una de esas cosas de la vida fuese Laporta quien se hiciese con los servicios del francés, sería como perderla en beneficio de Tobey Jones. No sería lo mismo perder a Mbappé a manos del Golfo que perderlo a manos del golfo.

Sin embargo, y aunque ya decimos que el club catalána desmintió cualquier interés en Mbappé a las mismas fuentes a las que previamente había filtrado su interés, a la hora en que elaboramos este portanálisis sigue en la web de Sport este artículo, en el cual se da cuenta de una encuesta entre los lectores. Habida cuenta de que el Barça no tiene ni para pagar la luz, se da por hecho que el único modo de pagar al PSG por Kylian sería en especie, o sea, con otros jugadores, y se pregunta al sportnauta, si lo hubiere y con dos dídimos, qué jugadores de la actual plantilla del FC Barcelona cambiarían ellos por Mbappé. La única pregunta aquí es cómo reírse sin que a uno se la fracture el esternón.

¿Los ganadores o, como los llama el artículo, "señalados"? Os ahorramos el click, aunque la encuesta es una genialidad de tal calibre que se merece vuestra atención. Ganan Ferran Torres y Eric García. Imaginad a Laporta reunido con el jeque haciendo la propuesta.

-Como lo oyes, Nada, chico, que me he levantado generoso. Eric García por Mbappé. A pelo.

-(...)

-¿Que quieres algún jugador más? Hombre, te pasaría también a Ferran Torres, que es el otro "señalado" por los lectores de Sport, pero es el exyerno de vuestro nuevo entrenador y vete a saber si eso no generaría alguna tensión innecesaria. Con Eric, de todos modos, vais que chutáis.

En la portada de la versión impresa del periódico, y si bien el argumento principal es una entrevista con Gundogan, también se refieren a Mbappé, y el mismo rotativo que pregunta online qué jugadores culés cambiarían los lectores por el francés echa por tierra cualquier interés del Barça, atribuyendo además la filtración a la otra parte, es decir, al PSG. "El club blaugrana cree que el PSG les utiliza para presionar al francés". Utiliza, en todo caso, al Barça... y al propio Sport, como hemos visto.

Abajo, en chiquitito, se refiere Sport al debut del Madrid en pretemporada frente al Milan, atribuyendo a la actuación (debut absoluto en este caso) de Bellingham el adjetivo "sorprendente". Nos preguntamos qué tiene de sorprendente el que un jugador magnífico juegue muy bien. Leyendo en páginas interiores, descubrimos que lo que sucede es que Sport no quiere enfatizar demasiado este hecho o, en otras palabras, evita llamar a las cosas por su nombre, Las piruetas circenses de Sport para sortear el riesgo de hablar demasiado bien de Bellingham son descacharrantes.

"Buena presentación", aunque "sin estridencias". ¿Sin estridencias? No sabemos qué esperaba Jordi Carné, autor de la nota, sobre la presencia sobre el césped del bueno de Jude. ¿Que saliese al campo vestido de Toni Manero, con gafas de neón y una sombrilla multicolor? Más bien nos tememos que lo de "sin estridencias" es un intento desesperado de restar méritos a lo bien que lo hizo el británico. Ya lo dice el propio Jordi Carné (de cuyo carné de socio ignoramos el número): "Jugó bien" pero "no completó una actuación brillante". Nos habría parecido más honesta una perífrasis del tipo "Jugó bien, pero no tan bien como para que Sport pueda decir que un jugador del Madrid jugó bien, a secas".

Mundo Deportivo trae la misma (u otra parecida) entrevista con Gundogan, buen jugador que ha fichado el Barça y que dice estar "ansioso por jugar con Pedri". A la edad del turco el ansia no es buena. Puede derivar en problemas cardiovasculares, por lo que recomendamos encarecidamente al ex del City la ingesta pautada de algún ansiolítico. Parte del problema es de imagen, por lo demás. No queda igual, se ponga uno como se ponga, decir "Estoy ansioso por jugar con Lewandowski" que "Estoy ansioso por jugar con Pedri". Nosotros ya hicimos nuestra aportación cuando Pedri irrumpió mediáticamente, sugiriendo que cambiara su nombre futbolístico. Incluso le dimos una idea: Tegueste, su lugar de nacimiento. No nos hizo caso, y ello trae consigo situaciones embarazosas como la descrita. Si estás ansioso por jugar con Lewandowski, el médico te receta un tranquimazin al día y punto. Si estás ansioso por jugar con Pedri, con un octavo de lexatín a la quincena vas que lo tiras. (O igual es al contrario y lo de Pedri acredita una medicación más fuerte, puede ser).

Os dejamos con Marca y As, que vienen con Mbappé (qué raro) y la gira USA del Madrid respectivamente.

Pasad un buen día,

Buenos días, amigos. El Real Madrid ha jugado su primer partido de pretemporada mientras las cábalas electorales prometen alcanzar cotas de física cuántica. Cuando todo parecía indicar que bastaría una simple suma en una cuartilla cualquiera, ha acabado resultando que no nos va a valer ni la calculadora científica que usábamos en el colegio. Habrá que convocar a la NASA, al MIT y hasta al colisionador de hadrones del CERN para procurar dar salida a este galimatías, mientras las portadas deportivas del día, ellas tan suyas, no se hacen eco ni del partido del Madrid, ni de las elecciones.

El tiempo tiene estas cosas, y fíjense que no nos parece mal, por mucho que nos deje el portanálisis hecho unos zorros. Se podría decir que es un atraso esto de que los papeles no lleguen a contar lo que hay que contar por la sencilla razón de que "cerramos a una hora", y sin duda lo es, pero tendemos a mirar con indulgencia y hasta con simpatía esta circunstancia en tiempos que exigen tanta insana inmediatez sin que nada parezca precisar pausa, demora o paciencia. Así, puede que las portadas de hoy sean insustanciales, poco noticiosas e incluso viejas justo en el momento de ser paridas, pero también puede que eso nos recuerde que lo insustancial, la escasez de noticias y la vejez forman parte de una vida que a veces no podemos ni mirar de tan vertiginosos que estamos obligados a ser.

Así que pasen y lean primero la crónica del Real Madrid-Milan que nos dejó Jesús Bengoechea esta madrugada y luego concédanse un tiempo para perderlo consultando las portadas deportivas de hoy, lo que viene siendo un batiburrillo que ríanse ustedes del resultado electoral. En este guirigay convive el ganador del Tour de Francia con el sempiterno Mbappé, uniéndose a la fiesta Pedri y Dembélé. Apasionante, ¿verdad?

Portada Marca 24-07-23Portada As 24-07-23

En la meseta Marca ofrece una entrevista con Vingegaard en maillot amarillo, a la par que Mbappé aparece como eje central de la portada de As, que hace un guiño a los tiempos que corren derivando a su web a aquellos que -oh, sorpresa- quieran tener noticia del primer partido del Madrid en Estados Unidos. No sabemos si nos termina de gustar este guiño, pues parece denotar un cierto complejo por no poder dar cuenta en papel de lo que sí se puede dar cuenta en la nube. Por lo demás, resulta algo inocente esta llamada exclamativa, pues ya hasta el abuelo más abuelo sabe lo que pasó anoche en Pasadena sin que As le tenga que recordar en su portada que existe una manera de saberlo.

Ese mismo abuelo ha envejecido oyendo el nombre de Mbappé. Se casó hace unos 47 años con la noticia del fichaje del francés por el Real Madrid y hoy está sentado en la sala de espera de la consulta del otorrino leyendo la misma noticia, en perfecta sintonía con aquello que decíamos de los tiempos, que corren tanto para seguir diciendo lo mismo de siempre mientras todo aparece disfrazado de novedosísima novedad.

Portada Mundo Deportivo 24-07-23Portada Sport 24-07-23

Aunque para novedad la de Pedri, el nuevo Pedri, a decir de Mundo Deportivo. En la imagen de portada se le ve más hecho al canario, más musculado, menos tendente al frío quizás. Parece que Xavi le pide más llegada y más gol para certificar esta novedad, una demanda que tal vez implica el reconocimiento de que el viejo Pedri se ha quedado en menos de lo que aseguraban los gurús habituales, esos que nunca se equivocan, salvo cuando lo hacen, momento idóneo para no reconocerlo y seguir así pudiendo equivocarse sin hacerlo.

Como ha ocurrido con Dembélé. Fichaje de apenas 135 millones que parece estar en negociaciones de renovación sin que sepamos muy bien qué piensa el culé sobre el francés. Con el bueno de Ousmane ha pasado que no lo querían, que luego sí y que ahora vaya usted a saber a cuánto asciende su renovación, porque si algo es sabido es que apenas se sabe nada de los dineros culés, salvo que todo lo que se sabe es un desastre financiero con serias trazas de remiendos y cosas peores que nada parecen afectar a la fe y al devenir deportivo de tan acerada parroquia.

Lo que sí sabemos es que, caso de concretarse finalmente -47 años después- el fichaje de Mbappé por el Real Madrid, la citada parroquia elevará al cielo su rostro y hasta sus gritos por la cantidad que ello supone sin que el bueno de Philippe Coutinho sepa qué pasó para irse al Aston Villa por 20 millones cuando le costó 160 al més que un club.

Serán los tiempos, será el vértigo, será que este abuelo que todos somos no entiende nada aunque lo entienda todo.

 

Las no putas de Laporta y olé

 

"¡Lo mejor es que no son putas!" Laporta, en Los Ángeles. La frase del verano. Y puede que del otoño. ¿Insuperable? No para el Barça. Luego les cuento.

Lo primero. Me quedé frito anoche. Abrí un ojo un minuto, uno, oigan, antes de marcar Vinicius el Siete. Señales. Me enteré entonces de que el Madrid estaba remontando. ¡Jaaaaja! Me volví a la piltra y me dieron las diez.

Leí después que Bellingham había estado bien. La gran ‘contrataçao’ del Madrid, le escuché a un narrador portugués. OK. Valverde hizo dos, importante que vuelva a ver puerta. Dicho lo cual, me interesa más el Barça. Estamos en un momento histórico, uno más.

En efecto. El Barça está cambiando, es otro. Más divertido. A mí me tiene loco. Dicen que la segunda etapa de Laporta acabará con el club convertido en SAD, ya veremos. De momento ha decidido  romper con su historia conocida. Es un tránsito apasionante.

Un siglo y cuarto después de su fundación ha apostado cambiar y reírse de todo y de todos, empezando por él mismo. Ha abrazado el humor. Casen, Mary Santpere, Ramper, Eugenio... Los grandes cómicos catalanes están de enhorabuena. El humor ha llegado al club.

Franco, Guruceta, esa fijación por ser el Madrid, ganar lo que el Madrid, superar al Madrid, celebrar una derrota del Madrid más que un triunfo propio.... Todo eso le hizo ser un club víctima, alegría a cuentagotas. Muy como el nacionalista catalán: ¿han visto ustedes a uno que sonría? Yo no. Y los tengo cerca. El Barça ha sido mayormente malaje con las naturales y magníficas excepciones.

Ahora está dando pasos de gigante en sentido contrario. Cada gag supera al anterior, es una risa. Negreira: no pasó nada. Lo hicimos en defensa propia, había que conseguir arbitrajes neutrales. El dinero, 7 kilos, salía y entraba en el club. ¿Quién se lo llevaba? ¡Qué más da! Lo único cierto e importante es que los árbitros, no. Fuimos engañados. Cinco presidentes. Diecisiete años. El engaño terminó -eso lo digo yo, lo de antes es suyo, del Barça- cuando el número dos de los árbitros dejó de serlo.

Negreira: un florero de 7 millones de euros

A Romeu, jugador del Girona, le pidieron que se declarara en rebeldía para aceitar su llegada. A un jugador del Girona, donde han mandado al chico Torre… con la cláusula del miedo: no podrá jugar contra ellos. ¡Jaaaaja!

A Mirotic no le quieren pagar, han denunciado el contrato que el mismo Barça le firmó, ¿pistola en mano, en mano de Mirotic? Mientras ha fichado a Brizuela, Parra y un Hernangómez. De momento.

Tiene arte. El Barça es una feria feliz. 200 y pico tíos dando vueltas. Ha decidido reírse. Y vivir. Como marajás, vamos. ¿Que estamos tiesos? ¡Y qué! A disfrutar. ¿El dinero? No descarten que este de Los Ángeles también salga y vuelva al club. ¡Qué sé yo! Risas, disfrute. El gag siguiente supera al anterior

A un empleado muy bien considerado en la casa, tanto que iba a ser el futuro delegado del equipo, le dijeron que disfrutara de su luna de miel pues el hombre había decidido casarse, y en la primera escala de su escapada, Alemany le localizó para decirle que no tienen dinero y que le despedían. El mismo tipo que le había deseado feliz enlace, contamos contigo y hasta la vuelta.

En catalán existe una frase magnífica que les traduzco: se ríen del muerto y del que lo vela.

Juegue al fútbol, al baloncesto, esté en un despacho. Tebas y Rubiales no lo saben, pero también se pitorrean de ellos. ¿Ceferin? No quiero empezar la Liga a la sombra.

La última es apoteósica. La de las no-putas y olé. A la gira yanqui fletó el Barça un avión con 237 pasajeros a bordo. 60, personal del primer equipo. El resto, 177, directivos y amigos del presidente. ¡Un monumental gañote! La primera foto del grupo disfrutón en Los Ángeles la tienen ustedes aquí. Laporta en la discoteca de moda de la ciudad.

 

Cuenta Sostres en ABC que a la pregunta de uno de los invitados sobre la identidad, procedencia y tal de las rubias mozas que aparecen a su lado, Laporta gritó: “¿Y sabes lo que es lo mejor? ¡Que no son putas!” ¿En otras ocasiones lo fueron? Ni idea.

Tiene arte. El Barça es una feria feliz. 200 y pico tíos dando vueltas. Ha decidido reírse. Y vivir. Como marajás, vamos. ¿Que estamos tiesos? ¡Y qué! A disfrutar. ¿El dinero? No descarten que este de Los Ángeles también salga y vuelva al club. ¡Qué sé yo! Risas, disfrute. El gag siguiente supera al anterior. Atentos por cierto a Joao Félix. Mendes, su agente, no está presente en California, pero sí en espíritu. Amigazo de Laporta. Miau.

Es un Barça excitante. La verdad es que acompaña un huevo. Y no me dirán que no es mejor esto, el colosal "¡y no son putas!" por bandera que aquel coñazo de "¡el Madrid es el equipo del régimen!" y tantas pavadas. ¡Barça, Barça, Barça,  queremos más!

 

Getty Images

El telonero fue raro por la altura del año y por el resultado de su concierto, pero para la hora en que Ancelotti dispuso sobre el campo su primer once de la pretemporada ya habían pasado los políticos por el escenario. La primera formación de Carlo sonó tan mil-leches como el Gobierno que se prevé, si es que se prevé alguno, combinando una amalgama de estrellas de siempre (Kroos, Nacho), estrellas nuevas (Bellingham), habituales casi inéditos (Lunin) y fichajes de perfil no muy alto (Joselu, Brahim), sin que esto signifique que no apeteciera ver en acción a todos y cada uno de ellos tras un periodo de abstinencia tan largo. Los once nombres presagiaban el nuevo rombo que el técnico italiano anda amasando para acomodar a Belllingham, sin perjuicio de que hipotéticas nuevas incorporaciones, aún más galácticas, puedan aconsejar un nuevo cambio de esquema.

Comenzó el inglés gustándose en el vértice superior del diamante, flanqueado por Camavinga y Valverde, con Brahim pegado a la cal por la derecha pero buscando la diagonal. Un trallazo de Valverde rozó el poste, pero fue Mendy quien tuvo que emplearse a fondo para despejar a córner un gran centro de Pulisic. El Madrid se mostraba aturullado en la salida del balón, y Colombo rozó el poste a consecuencia de una de esas empanadas. Se habría dicho que también eran las cuatro de la mañana para ellos, y que andaban asimismo ofuscados a cuenta de la gobernabilidad de España, aunque lo más probable es que simplemente estén tiesos, como corresponde al partido inaugural de una  gira veraniega.

Para compensar los desatinos estaba Bellingham, pese a cuyo talento y afán combinativo el Milan se adelantó en un córner antes de la media hora. La responsabilidad hay que buscarla  en la falta de marcaje a Tomori, que remató más solo que Feijóo en la terraza de Génova.

Todo el juego blanco lo generaba Jude. Era el que controlaba, pero también el que desbordaba, el que buscaba paredes plenas de sentido, el que estaba atento a los desmarques pero también quien los ejecutaba para por ejemplo cederla de cabeza, como en la que tuvo Militao. Es un futbolista moderno que acompaña el virtuosismo zidanesco de una pujanza mecánica. Pero de poco le servirá al Madrid si la defensa no recupera el tono: un nuevo fallo en la entrega en la frontal propia lo aprovechó Luka Romero para soltar un zurdazo inapelable que perforó la escuadra de Lunin al borde del descanso, al que se llegó con 0-2 y poco que destacar del Madrid, con una zaga francamente catastrófica.

Aguantar el descanso con ese marcador, con las cinco de la madrugada en lo más alto del reloj, no es más desasosegador que ciertas aritméticas parlamentarias, pero tampoco está nada mal. Cambió Ancelotti casi el equipo entero para los segundos 45 minutos, reflejando la falta de tensión típica de estos partidos, y se notó la presencia de héroes consagrados como Modric y Rodrygo. Entre padre e hijo cocinaron la mejor jugada de los vikingos hasta el momento, con un precioso recorte del brasileño que obligó a intervenir a Sportiello. Muy bien el portero italiano ahí, pero calamitoso muy poco más tarde al tragarse un chut lejano de Valverde, que repitió en un minuto y empató el marcador en una onda de remontada europea pasada por Pasadena.

El Madrid empezó a carburar. El equipo dejaba muchos huecos, algo inevitable a estas alturas, pero jugaba con mucho más empaque y criterio de la mano de los brasininhos. Vinicius se unió a un sublime Rodrygo para volver a obligar a intervenir a Sportiello, momento que aprovechó el Milan para introducir su arsenal de cambios, homenaje de Theo a Barbie incluido. Fran García mejoraba ostensiblemente las prestaciones de Mendy y Modric, recibiendo de un sabio Vini, ponía con el interior un pase de gol que rozó la cabeza de Rüdiger. Sin embargo, Leao comenzó a sembrar el pánico, y por poco se adelanta Giraud con un testarazo que obligó a Lunin a descerrajar una parada milagrosa. Los cambios del Milan se notaron, contribuyendo a frenar la estampida merengue, y abortando momentáneamente la remontada completa como ciertas apelaciones al miedo abortan determinadas mayorías absolutas.

Sin embargo, a seis minutos del final Valverde robó el balón, Modric metió un gran pase largo y Vinicius se plantó solo ante Maignan para batirlo con gran calma mientras amanecía un nuevo día, sin decirnos hacia dónde.

 

Getty Images

Ahora con las redes sociales, incluyendo plataformas como YouTube y Twitch, es frecuente observar cómo los aficionados y simpatizantes del Real Madrid recomiendan y sugieren cientos de nombres de fichajes al club blanco. Antes de que llegasen estas tecnologías, había personas que escribían cartas al cuadro merengue en las que aportaban sus conocimientos sobre jugadores para que el Real Madrid los tuviese en cuenta en su cartera de futuribles. En dos ocasiones, el equipo madridista hizo caso a estas misivas y dos futbolistas aterrizaron en la capital.

El caso más célebre y recordado se produjo en el verano de 1999 con la incorporación de Edwin Congo. Unos meses antes, un chaval madrileño de 16 años llamado Felipe Martín escribió a la entidad merengue recomendando al colombiano. El joven era muy aficionado a leer revistas internacionales, y en un ejemplar de marzo en El Gráfico descubrió al delantero tras un partido de la Libertadores entre su equipo, Once Caldas, y River Plate.

La secretaría técnica del Real Madrid se puso manos a la obra y envió a un ojeador para contemplar al futbolista colombiano en directo. Cuatro meses después, y tras convencer al cuadro blanco, el futbolista colombiano firmó por cuatro temporadas. El costo del fichaje se elevó a algo más de 800 millones de pesetas y muchos aficionados merengues pudieron seguir sus evoluciones en los meses de junio y julio en la Copa América que se disputó en Paraguay y emitió RTVE. Edwin Congo marcó un fabuloso gol de tacón ante Argentina que elevó el ‘hype’, pero su carrera como jugador madridista estuvo marcada por las cesiones y solo disputó encuentros amistosos. El día 22 de julio de 1999 informó ‘MARCA’ de un encuentro entre el futbolista y su descubridor donde el colombiano le agradeció su labor y le firmó una camiseta. El chico, Felipe Martín, trabajó años más tarde en Canal + como especialista en fútbol internacional, a los que se llamaba habitualmente ‘parabólicos’. El destino hizo que volviese a tener relación con el Real Madrid ya que en la actualidad se encuentra ocupando un puesto en el departamento de scouting que dirige Juni Calafat, que fue compañero en su época televisiva.

El otro fichaje es más anónimo y pertenece a otra época mucho más antigua. Se trata del escocés John Watson, que llegó a Madrid en 1948. En el diario ‘Pueblo’, el 10 de junio de aquel año, se publicó el interés del Real Madrid en Watson y George Robledo, un atacante anglochileno muy valorado en Inglaterra por su desempeño en el Barnsley y el Newcastle. Sin embargo, él no ficharía por los blancos debido a las altas pretensiones económicas de las urracas. En la nota del periódico que firmaba Josetín se informaba de que ambos jugadores venían avalados “por el informe de un aficionado chamberlero cuyo apellido sonó mucho en la época del viejo Racing madrileño”. En una carta recibida por un directivo madridista el informante indicaba que “Watson posee un juego de cabeza extraordinario, que vendrá muy bien de enseñanza en vuestro equipo. En este aspecto es un verdadero fenómeno”.

A finales del mes de julio, el mediocentro del Fulham fichó por el conjunto blanco tras las gestiones realizadas por el técnico Mister Keeping en su país. Un total de 8.000 libras esterlinas pagó el Real Madrid al equipo londinense por los servicios del escocés, que también podía desempeñarse como defensa central o interior.

A pesar de contar con el beneplácito del técnico, el paso del escocés por la casa blanca fue un fiasco. En su debut ante el Celta en la j. 23 de Liga fracasó de tal manera que no volvió a gozar de otras oportunidades en partidos oficiales y solo disputó algún amistoso contra el Real Ávila y el Racing de Santander el resto del curso. Su desempeño frente a los gallegos fue muy criticado en los medios y en MARCA se leyó que “no tuvo su tarde, sin control de la pelota dejaba pasar las oportunidades de ligar con Vidal”. Anteriormente, ya se había avisado de sus carencias en el periódico El Adelantado, que en la crónica de un amistoso en octubre de 1948 del Real Madrid frente al Hércules calificó al jugador como “muy duro” y que “solo sabe despejar por alto”.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram