No son buenas noticias para los antimadridistas, que son legión y permanecen agazapados esperando el primer revés para salir a la luz, pero lo cierto es que el Real Madrid está firmando una muy buena temporada. Es así, pese a quien pese.
Hace apenas unos días recibí, entre asombrado e incrédulo, un whatsapp tras la derrota del equipo de Ancelotti ante el Villarreal: “Quiero ser el primero en felicitarte por ganar la Liga”
El mensaje en cuestión lo firmaba, sorprendentemente, un amigo, seguidor de un equipo, el Atleti, que lleva desde el pasado mes de diciembre eliminado absolutamente de todo. Es decir, como muchos seguidores rojiblancos, vive inmerso en una realidad paralela en la que sus únicas alegrías vienen dadas por los posibles fracasos del equipo al que verdaderamente siguen con pasión, el Real Madrid. Es su verdadera razón para sobrevivir en el fútbol. Mala suerte. El Real Madrid está viviendo una segunda edad de oro y parece poco probable que esta dinámica excepcional, muy por encima de cualquier otro club europeo, tenga un punto y final cercano.
en los últimos doce años, el madrid ha llegado en diez ocasiones a semifinales de la Copa de Europa. Serán once en trece años si se confirma la clasificación que el 2-0 frente al Chelsea, en la primera vuelta, deja bastante asequible. Diez de doce u once de trece. Es un dato demoledor, sin parangón en ninguna otra institución futbolística a nivel mundial. Desde 2014, ha ganado cinco ‘orejonas’.
Lo cierto es que ganar siempre, aunque el Madrid lo suela hacer con frecuencia, no es nada sencillo. Más bien, en el deporte se suele perder más veces de las que se gana, y quien no tenga claro ese punto vive ajeno a la realidad. Levantar la Copa de Europa como ha hecho el club blanco en este último ciclo ganador, incluyendo hasta tres ocasiones de forma consecutiva, es prácticamente un milagro deportivo.
El objetivo en los clubes grandes debe ser siempre competir. Y el Madrid eso lo hace con creces. Como botón, bien vale esta muestra: en los últimos doce años, ha llegado en diez ocasiones a semifinales de la Copa de Europa. Serán once en trece años si se confirma la clasificación que el 2-0 frente al Chelsea, en la primera vuelta, deja bastante asequible. Diez de doce u once de trece. Es un dato demoledor, sin parangón en ninguna otra institución futbolística a nivel mundial. Desde 2014, ha ganado cinco ‘orejonas’. Impresionante.
El equipo de Carlo Ancelotti, al que esta temporada se sigue con lupa, está firmando, contra todo pronóstico, una muy buena temporada. En el Real Madrid solo sirve el presente. Y en el fútbol y el Madrid ese presente es más breve que nunca. No hace aún un año que el equipo levantó la Copa de Europa y la Liga y en este lapso, en poco más de diez meses, ha llevado hasta las vitrinas del Santiago Bernabéu la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes. Tremendo.
Si eso fuera poco, el Madrid está clasificado para la final de la Copa del Rey y disputa, con serias opciones de éxito, la posibilidad de estar en las semifinales de la Copa de Europa.
La guinda de la temporada la ponen dos resultados verdaderamente excepcionales: una victoria por 2-5 en Anfield Road ante el Liverpool, que supuso la mayor derrota de los ‘reds’ en su historia en Copa de Europa, y un 0-4 ante el FC Barcelona en el Nou Camp, lo que significó la mayor victoria en el feudo del eterno rival desde el año 1963. Toda una vida.
Con estos mimbres, la temporada del Real Madrid de Carlo Ancelotti solamente puede calificarse como muy buena. Ganarlo todo es, sencillamente, una utopía. Competir por todo es una exigencia en el Madrid.
Por tanto, lo siento por los agoreros y por los antimadridistas: la temporada blanca es muy buena, respondiendo a un nivel de exigencia que solamente se le pone al mejor del club del siglo XX y XXI. Un rigor que hace que el Real Madrid siga sumando, siga ganando y siga generando desazón en aquellos que esperan la caída del mito para sacar la cabeza.
Antes del comienzo del choque ante el Chelsea, la grada del Santiago Bernabéu coreó el nombre de Fede Valverde. Aunque no descarto que haya honores de hombre del partido que se anticipen al mismo (como consignamos en el título, Valverde lo fue), no parece que fuese una manifestación futurista de afecto.
¿Aplaudían entonces al uruguayo por lo ya acontecido, y más específicamente por su ya célebre puñetazo a Baena en un parking bajo el asfalto? Si difícil es calibrar las motivaciones de las personas de manera individual, imaginemos lo complicado que será aventurar por qué hacen las cosas las masas. Sin embargo, yo tengo para mí que no le aplaudían por eso sino a pesar de eso, es decir, no por ese pasado turbulento de apenas días antes, sino por todo lo demostrado por el Halcón con la blanca y a ras de suelo.
Fede ya sabe que ha cometido un error y que tendrá que pagar por él, y la grada se hace cargo de que lo sabe, aplicándole el atenuante de las presumibles miserias escupidas por Baena, por no hablar del atenuante del amor mismo. La Galerna titulaba su portanálisis/editorial del día siguiente parafraseando a Cortázar (“Queremos tanto a Fede”), no porque aprobemos la agresión, que nunca es aprobadle, sino porque nos fijamos en todo lo bueno e irreprochable que el jugador ha protagonizado desde que le conocemos, hasta la llegada de esta mancha en su historial. Nadie necesita más apoyo que el hombre ejemplar en la primera ocasión en que deja de serlo. Descuento que algo parecido a esto quiso decir el público, aunque reitero la inmensa dificultad de analizar los porqués de las multitudes. Amalgaman quizá, bien pensando, tantos pensamientos y/o tendencias inconscientes como cada uno de los seres humanos que las componen, pues infinito multiplicado sigue siendo infinito.
Valverde, desde el césped, levantó los brazos al cielo para hacer dos cosas: corresponder a los aplausos con aplausos y juntar las manos en señal, se diría, de petición de perdón. Para mí, sí hubiera que traducir sus gestos desde el centro del campo, habría que hacerlo así: “He captado el mensaje”. Y el partido que jugó a continuación fue el de un orate enardecido por la idea de prolongar ese acuse de recibo. Sé quién soy. Sé dónde estoy. Gracias por acogerme. Gracias por hacerme quien soy. Gracias por perdonarme el haber manchado el escudo, no volverá a pasar. Y ahora permitidme que corresponda a tanta devoción dejándome hasta la última bocanada de aire que quepa en hora y media de batalla.
Buenos días, amigos. Publicaba esa excelente periodista que es Arancha Rodríguez, al término del partido, que Frank Lampard había declarado en rueda de prensa lo que nosotros hemos escogido para titular este portanálisis jubiloso de hoy. “No sabíamos que el Real Madrid era tan bueno”. Estamos deseando ver las imágenes de la rueda de prensa para dilucidar, haciendo uso de nuestro inglés de Cambridge, si el bueno de Frank dijo de verdad una cosa tan pintoresca, o si en realidad es una mala traducción, porque se nos ha quedado cara de Bill Murray en Tokio.
“No sabíamos que el Real Madrid era tan bueno”. Hay algo imanante en la frase. Casi estamos deseando que sea verdad que Lampard lo dijo así, tal cual. Es una gloriosa confesión de estulticia y, a la vez, una especie de rendición. Es una tontería nueva con copyright Lampard, pero suena a algo que, parafraseado, nos es familiar, como si alguien lo hubiera dicho ya antes… o como si alguien debiera haberlo dicho. Suena a frase que esperaba ahí, en el limbo de las frases, para ser pronunciada de una vez por todas. Suena a que Lampard ha estado leyendo, a modo de informes sobre el Real Madrid, la prensa deportiva que padecemos.
Estimado Frank, ¿quién te hace los informes? ¿Julio Pulido? ¿Maldini? ¿O acaso el mismísimo Negreira Jr.?
A lo mejor los informes del otrora excelso jugador británico son simplemente las portadas de Marca, tan inclinadas generalmente a escatimar méritos al Real Madrid. Si no fuera porque es imposible que Lampard se pasara por las rotativas de Unidad Editorial entre el pitido final y la conferencia de prensa, se diría que eso es lo que hizo, aunque la diferencia reside en el hecho de que Marca, en cambio, no parece haberse enterado aún de lo bueno que es el Madrid, y si nos atenemos al modo en que racanea adjetivos elogiosos tampoco tiene pinta de haberse enterado de lo bien que jugó ayer.
“Buena renta”, así, sin más. Ni una palabra sobre el altísimo nivel de juego del Madrid. ¿No opina Marca que tal cosa fue así, o no le parece procedente consignarlo en portada?
Marca va a lo objetivo, y selecciona las cosas destacables del partido con un afán orientado a evitar por todos los medios ameritar lo sucedido en el Bernabéu. Menciona los goleadores y resalta la figura de Courtois, que estuvo inmenso en una ocasión de Sterling, sí, pero no se puede decir que salvará al Madrid. Al contrario, el Madrid mereció mejor renta. “Courtois evita el empate antes del segundo gol blanco”. Es un hecho objetivo, pero ¿no hay nada que decir sobre el excepcional rendimiento de la gran mayoría de jugadores de campo, desde Carvajal a Valverde, pasando por Camavinga, Modric, Kroos o el explosivo Vinicius?
No, nada que decir. Mejor un lacónico “Expulsión de Chilwell” que deja caer subrepticiamente la especie de que el Real Madrid lo tuvo fácil.
Tampoco penséis que As se deshace en loas al gran juego blanco -vais a tener que (re)leer a Andrés Torres en La Galerna- en su primera plana. Por lo menos destaca a Vinicius (“una pesadilla para los londinenses”), pero es casi tan rácano como Marca. “Un Madrid cerebral supera al Chelsea y se acerca a semifinales”. ¿Cerebral? Pudieron haber utilizado, sin faltar a la verdad, adjetivos como brillante, dominador o letal, pero mejor optamos por cerebral, o sea, pragmático y poco más, resolutivo y ya. Utilitarista casi. No pedimos que se haga un cantar de gesta, pero oigan, un poco más de pasión no vendría mal, aunque sólo sea para que puedan seguir diciendo por ahí que son ustedes la central lechera.
En fin, nos da la impresión de que en As tampoco se han enterado aún de lo bueno que es el Madrid. Están como Lampard antes del partido.
Los que desde luego no tienen ni idea de lo bueno que es el Madrid son los de la esquinita de ahí arriba. Esos, de hecho, consideren que el Real Madrid es muy malo, causa difteria y abona franquismo. Le dan un pírrico espacio a la trascendental victoria de los de Ancelotti ante el Chelsea (trascendental, sí, aunque todo se decidirá en Stamford Bridge), y se centran en los fuegos de artificio habituales para que su audiencia no se entere de los 17 años (mínimo) pagando a Negreira y de la ruina económica y moral del FC Barcelona. Que si Messi va a volver, que si Ansu no se va a ir. Lo que sea con tal de no referirse a aquello que Jan Laporta, raudo y veloz, tan sólo dos meses y dos días después de que saltase el escándalo, va a abordar el lunes en rueda de prensa para dar una explicación, que sin duda será digna y satisfactoria, ante los periodistas más incisivos e incómodos del panorama mediático patrio. Lleva muchas semanas ensayando, y ya le han dado varios vahídos durante los simulacros con periodistas de mentirijilla, o sea, con los que sin duda predominarán el lunes en dicha rueda de prensa.
Entretanto, seguiremos rezando para que la prensa, central lechera incluida, siga el camino de Lampard, se caiga del guindo y decida que, en efecto, el Real Madrid es jodidamente bueno.
Pasad un buen día.
Courtois (9)
Una parada de otra galaxia un minuto después de que Karim abriera el marcador vale tanto como un gol.
Camavinga (5,5)
Bravo e impetuoso, pero imprudente, aquejado de agobio posicional toda la noche. Amarilla prematura. Alternó aciertos con errores.
Militao (8)
Exuberante, pero en ocasiones quizás excesivamente confiado.
Alaba (8)
Recuperando su mejor tono tras la lesión. Conoce bien los trucos del oficio. Rebañó más de un balón venenoso.
Carvajal (8)
Su pase a Vini en el primer gol fue una delicia. Bravura, serio en defensa, muy físico en ataque.
Kroos (7)
Metrónomo. Buenos pases rompe-líneas. Algún soponcio defensivo.
Valverde (7,5)
Despliegue. De más a menos. Su primer tiempo fue espectacular. Algo desaparecido en el segundo.
Modric (6)
Acabó cansado, sufrió con la presión blue y algo más desacertado que de costumbre.
Vini Jr. (8)
Follow the leader.
Benzema (8)
Dinámico, activo, mágico, participativo. Donde tiene que estar.
Rodrygo (7,5)
Indetectable. Provocó la expulsión de Childwell. Tomó alguna mala decisión.
Rüdiger (8)
Su cruce ante Mount en el descuento puede valer una eliminatoria.
Asensio (8)
Salir y besar el santo, que no a Casilllas. Zurdazo Trademark Willemsen. Lo que le pidió Carletto.
Ceballos (7)
Energía y buenos pases interiores.
Tchouameni (-)
Sin tiempo
Ancelotti (8)
Fiel a su estilo. Movió bien al equipo. Buena lectura de la zona Asensio. El control y los toques de un balón perdido que hizo en la zona del banquillo merengue cuando agonizaba el partido merecen el sobresaliente.
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Arbitró el francés François Letexier. En el VAR estuvieron Tomasz Kwiatkowski, de Polonia, y Willy Delajod, de Francia.
Un colegiado inexperto en estas lides y se le notó en varios momentos a lo largo del partido. Un ejemplo, cuando ha dejado demasiado seguir el juego con faltas bastante evidentes y compensando acciones previas. Otro, en un par de faltas claramente de tarjeta.
El choque comenzó con dos amarillas a las primeras de cambio, ambas justas. Primero Fofana por falta a Vini en el 4' y luego a Camavinga por entrada a Sterling en el 6'. En el 15' se reclamó penalti de Fofana a Vinicius y lo cierto es que el francés impacta en el brasileño aunque no dio la sensación que con la suficiente intensidad. En todo caso, una jugada de colegiado de campo y no de VAR.
En los segundos cuarenta y cinco minutos hubo más lances a detallar. En el 58' se produjo la roja a Chilwell por derribar a Rodrygo que iba a encarar a Kepa. El inglés era el último jugador y se trataba de una ocasión manifiesta de gol. Expulsión justa. En el reparto de tarjetas Militao y Carvajal la vieron en apenas cinco minutos por dos faltas a Cucurella, mientras que la de Kovacic fue por protestar. El francés se olvidó de una a Kanté por reiteración de faltas y sobre todo la de Mount, que en el 77' entró de forma muy peligrosa a Carvajal en su espinilla. Mínimo era de amarilla pero el color tenía aspecto más anaranjado.
Letexier, DISCRETO.
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Por fin la luz de la Copa de Europa volvía a iluminar la noche de Champions en el Santiago Bernabéu, la luz del fútbol de verdad, el de los mayores, sin farsas. Ni siquiera las intenciones de Frankie Lampard en el banquillo inglés, alineando a tres centrales comandados por un viejo rockero como Thiago Silva, así como una medular férrea liderada por Ngolo Kanté, el de los tres pulmones, podían desalentar al madridismo. No parecía mala idea para frenar a los once que no hace tanto incendiaron Barcelona. Fiel a su estilo, Ancelotti repitió el equipo del 0-4 del Camp Nou. Carletto no hace experimentos. Y es que, si tuviera ruedas, sería un carro como su abuelo.
La audacia del Madrid fue contestada con doble susto inicial. El primero protagonizado por un viejo conocido a este lado del Manzanares, Joao “Pelé” Félix, que disparó manso —ADN colchonero— a las manos de Courtois. Poco después, Kanté robó y provocó un nuevo altercado en el área merengue. No habían pasado cinco minutos y el árbitro francés con nombre de antidepresivo —Letexier— ya había mostrado tarjeta a Wesley Fofana, por un pantallazo feroz a Vini de los que en los campos de España son sigan, sigan, y también al bueno de Camavinga, con cierto agobio posicional toda la noche, por una entrada a un Reece-James opositando a madridista nada menos que en el Bernabéu.
Muchas cosas habían sucedido en muy poco tiempo, pero el Madrid no torció el gesto. Benzema avisó pasados los diez minutos y al filo del ecuador del primer tiempo, el campeón de Europa dejó de avisar. Carvajal en el callejón del 10, levantó la pelota con un centro maestro para la incorporación, fulgurante una vez más, de un Vinicius acosado por el fornido Fofana. No sé cómo se las apañó el genio carioca para, estirado, disparar contra la meta de Arrizabalaga. El otrora lion respondió felino, pero no pudo hacer nada para que Benzema —que, cómo no, andaba por allí— la rebañara para anotar el primer tanto del partido.
Encontraba premio el Madrid a su audacia, espoleado además por la estratosférica respuesta de Courtois, apenas un minuto después, a un disparo a bocajarro de Sterling. El Chelsea, de repente, proponía un intercambio de golpes y como diría Ben Grimm, La Cosa de Los 4 Fantásticos, llegaba la hora de los mamporros.
Al ritmo del metrónomo Kroos y a lomos del despliegue del Halcón Valverde, ovacionado por el madridismo, los de Ancelotti encontraban a Karim, Goes y Vini prestos a hacer diabluras. De fantasía, la de Vini, que recibió un buen pase profundo de Camavinga para superar a Reece-James y levantar sobre Kepa. Llegó Thiago Silva porque los viejos rockeros nunca mueren. Entretanto, en el área contraria, le había peinado el flequillo a Kroos de una patada en la cabeza. 1-0 al descanso, pero la amarga sensación de haber desperdiciado buenas oportunidades para haber dado un buen mordisco a la eliminatoria.
Los dos púgiles regresaban de los vestuarios dispuestos a seguir repartiendo zurriagazos. El Madrid, insistente, desde los estertores del primer tiempo comenzaba a situar a su adversario contra las cuerdas. Vini, incansable, insistió en su suplicio sobre James, lo superó, amagó, lo volvió a superar y, sobre la línea, descargó para Karim que sirvió un balón para que lo enmarcarán en Cristalerías Modric. Luka disparó con rosca y el balón se perdió lamiendo la escuadra. Una jugada, un tiro, toda una declaración de intenciones.
Mientras tanto, Koulibaly, titán defensivo, se rompía, quién sabe si torturado en una y otra banda por nuestros jóvenes brasucas. Salía en su lugar el melenudo Cucurella con el que el Getafe, viejo zorro Ángel Torres, esquilmó las arcas del ricachón propietario blue de turno. Ceballos, Nacho y Marco Asensio calentaban en la banda, Carletto le daba al chicle y sobre el verde todos corrían como gamos en un partido cada vez más descontrolado.
El Madrid pone una pica en Madrid. Pero se clava en Londres
Tanto que, en una nueva carrera, protagonizada esta vez por Rodrygo, Childwell derribó a Goes como el último defensa. Roja evidente, el Chelsea con diez y media hora de partido por delante. El gran tiburón blanco comenzaba a oler sangre y Frankie llamaba a filas a nuevos beefeaters. Por el momento —y a pesar de Vinicius— aguantaba el tirón el Chelsea.
El Madrid por el contrario y camino de los últimos quince minutos se atascaba de pronto. Entrabamos en zona Asensio y Carletto decidía su entrada por Rodrygo. También lo hacía Rüdiger en lugar de Camavinga, bravo e impetuoso pero imprudente, desplazando a Alaba al lateral izquierdo. Lo de Marco fue llegar y besar el santo. Tras un saque de esquina en corto, aparentemente bisoño, pero con un Chelsea despistado, el balón llegó franco a Willemsen en la frontal del área. Zurdazo marca de la casa y p´adentro.
2-0 en el 75. El Madrid buscaba el mazazo de la sentencia. Lo hacía con la energía de Ceballos que salía al campo a falta de diez minutos en sustitución de un cansado Modric. Poco después Tchouaméni hacía lo propio con Toni Kroos. Modas Carletto lucía esta noche su fondo de armario. Con diez, el Chelsea se resistía a la debacle cual gato panza arriba. Carvajal, encabronado por una salvaje entrada de Jason Mount sin sanción, se tomaba la justicia por su mano sacando a bailar a Cucurella. Mateo Kovacic, con la clásica e irrisoria furia del converso, se metía también en la movida para ganarse también la amarilla.
Junto con un control y unos toques de Carletto en la banda como el superclase que fue prácticamente lo más destacado de un tramo final de partido algo insulso para un Madrid que pareció conformarse. Karim en el descuento pudo haber alegrado algo más la noche del madridismo tras rechace de Kepa a centro de Alaba. Su testarazo forzado se marchó por encima del larguero. Justo es decir que pudo haber sido peor de no ser por el bueno de Rüdiger que, también en la zona Cesarini, se cruzó salvador ante un disparo malicioso de Mount que, tras un rebote, se encontró sólo en el área.
No hubo tiempo para más. El Madrid pone una pica en Madrid. Pero se clava en Londres.
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Buenos días. Hoy vuelve la Champions. Perdón por la chocante redundancia entre las dos primeras frases. Son buenos precisamente porque vuelve la Champions, porque el Madrid se enfrenta al reto recurrente de su competición fetiche. Es primavera y el Madrid está en Cuartos. Se trata de un escenario tan electrizantemente familiar que el corazón pega un respingo de expectativa y gozo.
Pide Marca que no se pierda la magia. Coincidimos en la expresión del deseo, máxime cuando ya se ha perdido prácticamente todo lo demás en la competición doméstica, empezando por la decencia. La vuelta a la Champions representa el retorno al territorio de los merecimientos. Ceferin es lo que es, pero afortunadamente la competición que preside no está sometida a manejos que la condicionan de forma espuria, como sabemos que ha sucedido durante décadas en España y como intuimos con buenas razones que sigue sucediendo.
La Champions es un ámbito de grandezas contra grandezas donde los colegiados pasan generalmente desapercibidos y pitan de forma coherente y honrada ayudados por un VAR que hace su labor de manera consistente, sin despertar continuamente la sospecha de ser instrumento de discrecionalidad arbitral, como sucede en la liga de Tebas y Roures, de Geri y Rubi, de Hernández y Hernández.
Atrás quedan hoy los maffeos, raíllos, falis y demás con toda su panoplia de hostias extemporáneas, provocaciones y posteriores entrevistas irritantes. En el territorio al que hoy volvemos a las nueve de la noche, no hay maffeos ni raíllos. Tan solo hay futbolistas de élite (de Real Madrid y Chelsea en este caso) que no necesitan cinco minutos de gloria ante las cámaras, y que no los buscan usando las mañas más arteras y menos meritorias.
Y tampoco hay negreiras ni herederos de negreiras. No los hay.
Hay un grande de Europa frente a otro grande de Europa, estrellas a uno y otro lado de la cancha y un objetivo ancestral. Es un escenario de película, tanto por lo que tiene como por lo que no tiene, por las excrecencias de fin de semana que quedan atrás. Es un escenario al que los protagonistas de todas esas excrecencias no tendrán acceso, porque está vedado a los grandes y prohibido a los que caen en fase de grupos con o sin posterior eliminación en la Europa League. Estos últimos son precisamente los que se benefician de los Negreira y sucesores de Negreira, de Tebas y Roures, de Geri y Rubi, de Hernández y Hernández. Queden ellos en su mundo orquestado por mediocres, y ascendamos nosotros con los nuestros por ese túnel en cuyo término hay luz y murmullo de masas verticales, y suena un himno.
Dice As que “Madrid y Chelsea, ganadores de las dos últimas Champions, se miden en el Bernabéu con Europa como redención”. No nos ofendáis, diario As. El Madrid no tiene que redimirse de absolutamente nada. Es la competición que juega en casa la que tiene que redimirse de Tebas y Roures, de Geris y Rubis, de maffeos y raíllos, de negreiras, de hernándeces y hernándeces. Que se rediman ellos, y cuando lo hayan hecho empezamos a juzgar al Madrid con esos términos grandilocuentes que no merece mientras el campo de batalla deportivo en España no sea justo y deje de apestar.
Esta noche dejadnos en paz. No nos perturbéis con vuestras pequeñas iniquidades amañadas. Esta noche los nombres son otros. Ni Tebas ni Roures ni geris ni rubis ni negreiras. Esta noche los nombres son Benzema y Vinicius y Modric y Kroos y Militao y Courtois y Camavinga, por un lado, con Kanté y Havertz y João Félix y Sterling y Reece James por el otro.
Es otra cosa. ¿Lo entendéis?
Leed lo que Alberto Cosín tiene que contaros sobre el durísimo rival de hoy y contad los minutos hasta que empiece el partido, amigos.
En Barcelona, mientras tanto, tienen que hablar de sus cositas. Es normal, no juegan entre semana. Lo ataron todo bien atado en la competición doméstica, pero lo del exterior, por lo que sea, no se les da muy bien. Quizá, sencillamente, porque (¿ya?) no lo tienen atado.
La idea de Messi volviendo al Spotify es la primera fantasía deportiva de la historia que es a la vez irrealizable e indeseable, pero parece que los lectores de la prensa cataculé la abrazan con alborozo. Es el penúltimo invento de la propaganda laportiana para frenar el eco del escándalo Negreira, sobre el cual, por cierto, va a dar una rueda de prensa el presidente blaugrana el próximo lunes 17, es decir, exactamente dos meses y dos días después de que saltara el escándalo. Estamos expectantes ante los modos en que, tras un lapso de tiempo tan breve, Laporta puede haber elegido para insultar a nuestra inteligencia, rodeado de prensa afín, en fecha tan señalada.
“Laporta dará explicaciones del Caso Negreira el lunes”, afirma también Sport bajo unas declaraciones de Lewandowski a cuenta de la fantasía Messi. Nos preguntamos qué “explicaciones” podrá dar después de dos meses y dos días rumiándolas, por no decir que nos preguntamos qué posible explicación digna y edificante puede haber al hecho de pagar mínimo durante 17 años al vicepresidente del colectivo arbitral.
En fin. Nosotros a lo nuestro. Ayer el City se exhibió de manera imponente frente al Bayern, pseudosellando su pase a semis. Solo hay un equipo capaz de evitar que el petroeuro triunfe finalmente en Europa.
Todos sabemos cuál es.
Pasad un buen día.
La nieve cubría el patio de la casa de mi abuela Emi como un manto blanco y puro. Yo jugaba esa mañana con mi balón Adidas Tango de cuero rojo. En ese momento, no podía imaginar que esa noche de 1984 marcaría mi vida futbolística como aficionado para siempre.
Me abrigué bien y salí a disfrutar de mi pasión futbolera. La nieve crujía bajo mis pies mientras corría de un lado a otro, persiguiendo el balón y esquivando contrincantes belgas imaginarios. Mis mejillas se ponían rojas por el frío, pero mis ojos brillaban de alegría y emoción.
Esa noche, mi familia y yo nos reunimos alrededor del televisor en el acogedor salón de la casa para ver el emocionante partido de fútbol entre el Real Madrid y el Anderlecht. Aunque ya me gustaba el fútbol, esa noche lo cambiaría todo.
El partido comenzó con el Real Madrid marcando tres goles en tan solo 30 minutos. Sanchís, Butragueño y Valdano, con sus goles, hacían posible la remontada y llenaban de esperanza a los aficionados. Pero en el minuto 33, el gol del Anderlecht devolvía la ventaja al equipo belga. Aun así, el Real Madrid no se rindió y antes del descanso Valdano firmó el 4-1.
La emoción crecía con cada gol, y mi corazón latía más rápido. Cuando Butragueño marcó el gol decisivo al comienzo de la segunda parte, supe que mi amor sería eterno por el Real Madrid.
Desde esa noche, mis recuerdos han estado marcados por el fútbol y por el madridismo. Los momentos compartidos con mi familia, sobre todo con mi padre, porque a mi madre no le gusta el futbol, y el recuerdo de aquella remontada épica en 1984 me han acompañado a lo largo de los años y, cada vez que veo al Real Madrid jugar, vuelvo a sentir la ilusión y la alegría que experimenté aquella noche.
Hoy, con cuarenta y cinco años a mis espaldas, sigo siendo aquel niño que jugaba en el patio nevado y soñaba con emular a sus ídolos. Y aunque el tiempo ha pasado, mi amor por el Real Madrid y la magia del fútbol siguen siendo una parte fundamental de mi vida, llenándola de ilusión y candidez.
Cuando Butragueño marcó el gol decisivo al comienzo de la segunda parte, supe que mi amor sería eterno por el Real Madrid
Aquella noche de 1984 me enseñó que el fútbol es más que un simple juego; es una pasión, una forma de vida, y un vínculo que une a familias y amigos en torno a un sentimiento común. Desde entonces, he compartido con mi equipo las victorias y derrotas, los momentos de gloria y las dificultades, pero siempre con la misma ilusión y amor incondicional que me invadió en aquella noche memorable.
Así, cada vez que el Real Madrid salta al campo, vuelvo a ser aquel niño de siete años, con el corazón lleno de esperanza y sueños, esperando vivir una nueva noche mágica que se sume a los recuerdos imborrables de mi infancia. Porque, en el fondo, todos llevamos un niño dentro, y el fútbol es capaz de despertar esa ilusión y esa magia que nos hace sentir eternamente jóvenes y soñadores.
Aunque el tiempo siga avanzando, siempre quedará en mí la huella de aquella noche en Toledo, cuando mi vida futbolística cambió para siempre gracias al poder del fútbol y al Real Madrid.
Ahora, casi cuatro décadas después de aquella noche inolvidable, el Real Madrid sigue demostrando su espíritu de lucha y su capacidad para superar adversidades. La temporada pasada en la Champions League fue una prueba más de ello. El equipo se enfrentó a gigantes como el PSG, el Chelsea y el Manchester City en las eliminatorias, y cada uno de esos encuentros nos recordó por qué el Real Madrid es un club de leyenda.
Con goles increíbles de jóvenes talentos como Rodrygo o veteranos como Karim Benzema, el equipo mostró una vez más su capacidad de reinventarse y adaptarse a los desafíos que se le presentaban. Los jugadores lucharon en cada partido con un sacrificio admirable, demostrando que nunca se rinden y que siempre están dispuestos a darlo todo por el escudo del Real Madrid.
La tenacidad y el coraje que mostraron en esas eliminatorias nos hicieron recordar el espíritu de aquella noche de 1984, cuando la garra y la determinación llevaron al equipo a una remontada histórica frente al Anderlecht. Fueron momentos que nos recordaron por qué nos enamoramos del fútbol y del Real Madrid en primer lugar.
En mi corazón, siempre estarán aquellos recuerdos de mi infancia, así como los nuevos momentos emocionantes que el Real Madrid sigue regalándonos cada temporada. Y aunque las generaciones cambian y los nombres en las camisetas se renuevan, el espíritu de lucha, sacrificio y amor por el equipo sigue vivo, uniéndonos a todos en una misma pasión.
Por eso, cada vez que el Real Madrid se enfrenta a un nuevo desafío, como aquellas eliminatorias de Champions League, no puedo evitar sentirme transportado a aquel patio nevado en Toledo, donde mi amor por el equipo y por el fútbol creció infinitamente. Y es esa misma ilusión que el fútbol despierta en nosotros lo que nos hace sentir vivos y nos recuerda que, a pesar de las dificultades, siempre hay que luchar hasta el final.
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Irregularidad toda la temporada, muchos cambios de entrenador y ningún patrón claro. El Chelsea que se va a encontrar el Real Madrid es una incógnita, pero un equipo peligroso porque la Champions es la última bala que les queda esta temporada y la única oportunidad de volver a disputarla el próximo curso. Frank Lampard ha vuelto como técnico al banquillo blue cuando hace diez días Graham Potter era el entrenador. Entre medias, un choque como interino de Bruno Saltor. La única muestra de Lampard en esta segunda etapa la tuvimos el pasado sábado en el Molineaux contra los Wolves de Lopetegui. Ahí en inglés enseñó su idea que pasa por un 1-4-3-3 dejando de lado los tres centrales con los que jugaba el cuadro londinense con Potter, y también el duelo contra el Liverpool con Bruno.
La plantilla blue está repleta de calidad y talento, sobre todo en la zona atacante, con muchos futbolistas de nombre. Aunque les falta un nueve puro tras no inscribir a Aubameyang en enero después de las incorporaciones de Joao Félix, Enzo Fernández y Mudryk. Han recuperado a Kanté tras seis meses de baja y es duda Thiago Silva que lleva fuera de los terrenos de juego unas seis semanas.
El Chelsea que se va a encontrar el Real Madrid es una incógnita, pero un equipo peligroso porque la Champions es la última bala que les queda esta temporada y la única oportunidad de volver a disputarla el próximo curso
Un once probable sería el formado por Kepa en portería, James y Cucurella en los laterales y Fofana-Koulibaly la pareja de centrales. En el mediocampo el trío integrado por Kanté, Enzo y Kovacic, y arriba Joao tirado a la izquierda, Sterling a la derecha y Havertz ejerciendo de nueve. En el banquillo, a la espera muchas alternativas como Chilwell, Gallagher, Pulisic, Mudryk o Mount.
No se espera una presión agobiante ni asfixiante vista la idea del Chelsea ante el Wolverhampton. El equipo inglés no se meterá atrás y tendrá la línea defensiva lejos de la frontal del área para ser un equipo muy junto. La idea será aguantar sin irse arriba de forma alocada, ya que Lampard tampoco ha tenido tiempo de ensayar y preparar muchos conceptos tácticos en apenas unos días de entrenamiento. La clave estará en el mediocampo, donde se situará la línea Maginot capitaneada por Kanté. Si el Real Madrid supera la presión y el radio de acción del francés habrá mucho ganado.
Con Tuchel el apartado de la salida de balón era una parte clave y exitosa de su libreto. Lampard es más pragmático y sencillo en este sentido. Tampoco los dos centrales Fofana y Koulibaly se caracterizan por ser jugadores elegantes y finos en salida aunque no tengan mal pie. Los dos buscarán a Enzo Fernández, que será la persona encargada de iniciar el juego blue. El argentino, incluso, se retrasa hasta muy abajo, llegando a situarse entre ambos zagueros. Ahí comenzará la transición defensa-ataque de los ingleses. Para ayudar en la tarea, Kovacic apoyará al argentino y también hasta Havertz retrasa la posición si ve que el equipo se atasca. Importante también es el juego en largo con Enzo, un especialista en los balones cruzados a cualquiera de las dos bandas.
Un equipo práctico y con las ideas bastante claras es lo que se presupone del conjunto de Lampard en esta eliminatoria. Con poco tiempo para preparar grandes novedades, el Chelsea intentará ser fuerte y compacto en defensa, solidario en ayudas y coberturas, mientras que en ataque buscarán mucho la velocidad, el contragolpe y la efectividad en sus llegadas. El cuadro londinense no será un cuadro vistoso ni atractivo y basará sus opciones de eliminar al Real Madrid en la eficiencia y cohesión de todas las líneas. Buscarán tapiar su marco y hacer daño al Real Madrid en carrera y con espacios.
El cuadro londinense no será un cuadro vistoso ni atractivo y basará sus opciones de eliminar al Real Madrid en la eficiencia y cohesión de todas las líneas
Transiciones rápidas y un juego directo, vertical y vertiginoso. Mucho contraataque para pillar al Real Madrid descolocado y con pocos efectivos atrás. Al Chelsea en el ataque estático le cuesta mucho más profundizar y crear ocasiones que cuando dispone de campo para correr. Jugadores como Sterling y Havertz son perfectos en esta idea si tienen a grandes lanzadores como Enzo y Joao Félix. Importante también serán los costados, sobre todo con James, que es un puñal con sus llegadas por la banda derecha.
El gran debe blue esta temporada está siendo el gol. Recientemente salió una estadística publicada por el periodista Bruno Alemany que explicaba que de los últimos 145 tiros a puerta solo siete acabaron en gol, lo que equivale a un 3% de efectividad. No tienen un delantero puro inscrito en la Champions y los futbolistas que ejercen en esa posición son parches aunque puedan jugar como puntas. En las jugadas a balón parado ojo con los dos centrales Fofana y Koulibaly y también con Havertz que por altura y remate es un hombre peligroso en el juego aéreo.
De ser un conjunto rocoso y difícil de quebrar, lo que prácticamente equivalía a visitar al dentista, han pasado a ser un cuadro más vulnerable. Es cierto que durante tramos del curso han tenido buenos momentos en defensa y tampoco son un equipo excesivamente goleado en la Premier, pero en la Champions sí han dejado alguna duda más. Se han visto numerosas zagas de centrales por las lesiones o la llegada de nuevos fichajes, pero en los últimos tiempos Fofana y Koulibaly se han amarrado al puesto. Son físicos, potentes y rápidos y se complementan bien. Defienden con solidez el área y a campo abierto también demuestran firmeza. En los laterales Cucurella es sacrificado y no es fácil superarlo, mientras que en la derecha se espera una preciosa batalla entre James y Vinicius, dos jugadores que se admiran y tienen muy buen feeling.
En la Premier acumulan una media de un tanto por encuentro y en la Champions cinco, pero dos de ellos significaron la derrota a domicilio en sus visitas a Zagreb y Dortmund. La recuperación Kanté es un factor clave de la eliminatoria por todo lo que supone el galo, que es una barredora en el mediocampo por robo, contención y trabajo sucio. Por último, un dato importante es el de apercibidos, con una larga lista en el cuadro inglés. Si Thiago Silva, James, Enzo, Kepa, Mudryk o Koulibaly ven una amarilla se perderían la vuelta en Stamford Bridge.
El alemán Havertz aterrizó en verano de 2020 como una de las grandes promesas del fútbol europeo y así se vio en el desembolso que hicieron los blue al Bayer Leverkusen de unos 80 millones de € por su fichaje. Realizó una excelente Champions 2020-2021 destacando en la eliminatoria frente al Real Madrid y marcando el gol del triunfo en la final ante el Manchester City. El pasado curso mejoró sus datos goleadores y volvió a anotar contra blancos en el encuentro de ida de cuartos de final. Y esta campaña sus guarismos totales han menguado aunque resultó vital en el choque frente al Dortmund en Londres que dio la clasificación al Chelsea.
No es un delantero centro al uso pero si un futbolista determinante por su zancada, su calidad técnica, su exquisita zurda, su visión de juego y su estilo vertical y directo. Un jugador hábil, con buen regate, disparo y capacidad para poner excelentes balones. Es ideal para jugar rápido, a la contra con pocos toques, picando al espacio y ser la fuente principal de combinaciones o paredes en espacios reducidos.
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Hace algún tiempo que es cada vez más perceptible que el Real Madrid como institución, así como sus dirigentes y su legión de seguidores, estamos solos contra todo y contra todos.
Es un hecho fácilmente constatable que el alarmante, histérico y enfermizo antimadridismo se ha colado por todas las venas de nuestro fútbol patrio, siendo igualmente indiscutible que nuestro Club no se ha movido ni un milímetro de su posicionamiento y esencia.
Pero como lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible, conviene analizar el motivo por el cuál la fractura entre el Real Madrid y los coristas apesebrados de nuestra España cainita es absolutamente irrecuperable.
El Real Madrid como institución, así como sus dirigentes y su legión de seguidores, estamos solos contra todo y contra todos
Y no, el motivo no es baladí, sino consustancial a la naturaleza y esencia de nuestro Club y del resto.
Nada tiene que ver el Real Madrid con una Real Federación Española de Fútbol que lleva años salpicada por escándalos de corrupción (Soule), abrazada a estrategias preconcebidas y actitudes dictatoriales con el fin único de perjudicar a un Club (Villarato), y que en el último periodo se ha encargado de premiar con los más altos cargos a los menos espabilados de la clase, que sin duda utilizan esa casa para fines personales, siendo conscientes de que ni en sus mejores sueños hubieran imaginado semejante poltrona.
Luis Rubiales (el de las piernas de Motril) es un sindicalista trasnochado que tiene guerras a diario, que mantiene en el Comité Técnico de Árbitros a personajes indignos y mentirosos (es deleznable la desvergüenza de Luis Medina Cantalejo), y lleva a cabo acciones tan ridículas como destituir a Lopetegui (siempre el Madrid), pero no pestañea en ceder el timón de “La Roja” a un reconocido antimadridista, siendo que solo con preguntar en Vigo o Roma hubiera sido suficiente para conocer sus carencias futbolísticas y sus fobias personales, contundentemente acreditadas en el último mundial.
Nada tiene que ver el Real Madrid con el archienemigo de Rubiales, que dirige La Liga con el fin único y último de batirse en duelo con Florentino, siendo tal evidente su fracaso y ausencia de altura, que llega al delirio de escribir post diarios a través de Twitter, frente a periodistas (Jorge Calabrés) a los que insulta y denigra, plagando además sus textos de faltas de ortografía. El cargo no puede estar mas desprestigiado y la institución más achicharrada socialmente.
Nada tiene que ver el Real Madrid con jugadores como Raíllo, Maffeo, Ruibal, Alejo, Gavi, Fali o Baena, que bastante tienen con saber —casi todos— atarse los borceguíes
Nada tiene que ver el Real Madrid con esa turba de pseudo periodistas amancebados, que el otrora hábil Alfredo Relaño creó, uniendo Canal + con el invento del futbol Club Barcelona.
Es insultante la comparecencia del avalista de un Club que participa en la competición, con ser su empresa (Mediapro) la que dirige a dedo las retransmisiones televisivas, selecciona las repeticiones y tira las líneas que son analizadas por la sala VAR.
Es indignante para el oficio que existan y coexistan personajes como Óscar Lago, Carlos Martínez, Iturralde González, los diarios As y Marca, el locuaz asturiano radiofónico (que tan pronto cocina un besugo como entra en cólera porque el Real Madrid remonta en Champions a la Juventus con un claro penalti), Mónica Marchante, RTVE (sí, la TV nacional que antes de la final de Champions de 2017 que jugó y ganó el Madrid, claro, lanzó la encuesta de que si era “bueno para el fútbol español que ganase el Real Madrid”), o su último y grosero adalid, Gerard López, que justifica abiertamente que el Camp Nou cante el deseo de la muerte de Vinicius Jr, porque “solo se lo canta a él”.
Nada tiene que ver el Real Madrid con jugadores como Raíllo, Maffeo, Ruibal, Alejo, Gavi, Fali o Baena, que bastante tienen con saber —casi todos— atarse los borceguíes.
Nada tiene que ver el Real Madrid con los Clubes que participan en el Campeonato Nacional (salvo honrosas excepciones); FC Barcelona-Negreira, Atlético de Madrid-Frente Atlético, Sevilla-Monchi, Valencia-ruina económica, Mallorca-encerrona, etc.
Pero lo más destacable es que nada tiene que ver el Real Madrid con aquellas personas que amparadas en su antimadridismo se cargan de razones para ir a un campo de fútbol con un mono al que llaman Vinicus, o con una cabeza de cochinillo para lanzarla al campo.
No, no puede el Real Madrid compartir con esta tropa ni un minuto más. España no merece al Real Madrid.
Cómo expresa don Emilio Butragueño en el magnífico documental La Leyenda Blanca, creado por mi amigo Íñigo de Carlos, el Madrid en un “modo de vida”. Y así debe seguir siendo.
No, no puede el Real Madrid compartir con esta tropa ni un minuto más. España no merece al Real Madrid
He tenido la inmensa suerte de estar presente en las 8 finales de Champions que el Real Madrid ha ganado desde 1998. En la última, además, con mi hijo mayor de 11 años, momento que no olvidaré jamás.
Si algún día le veo en un campo de fútbol llamando mono a alguien, o cantando jubiloso desear la muerte de algún jugador, habré fracasado como persona. Y no seré digno de estar en la órbita del Real Madrid. Como les pasa a todos los mencionados anteriormente.
Afortunadamente, casi toda España es madridista, y fuera de nuestras fronteras el respeto a nuestro Real es infinito.
Toca, muy a nuestro pesar, reeducar al animal patrio.
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