Hola de nuevo:
La semana pasada vivimos un momento bastante duro y allí estaban. Tras la derrota del Madrid de baloncesto en Berlín, de repente apareció la marabunta, militarizada como un solo hombre y con la gota deslizándose por el colmillo, dispuesta a ensañarse con el árbol caído. Llegaron el escarnio, la mofa, la vejación, el insulto… El antimadridismo, comprensiblemente asustado durante toda la temporada, habida cuenta del favoritismo del equipo blanco en la Euroliga, dejó escapar toda la tensión acumulada como si se tratase de una olla exprés. Una vez ya te expliqué que la alegría por la derrota del rival constituye un sentimiento natural e incluso hasta sano, en la medida en que se trata, después de todo, de una confesión de humilde vulnerabilidad; al fin y al cabo, el anhelo de revancha supone un reconocimiento a los méritos del adversario. Pero esta gente, en lugar de vivirlo como una satisfacción íntima, necesita verter su odio de forma explícita, categórica, absoluta, diría que catártica.
De modo que quise prepararme para una hipotética segunda oleada de inquina y aversión, y los días previos a la final de la Copa de Europa me afané en abstraerme de todo. Mientras a mi alrededor la conversación se iba monopolizando en torno al partido de Wembley, yo trataba de escabullirme. Con la mejor de mis sonrisas fui rechazando una tras otra las múltiples invitaciones para compartir la gran cita, refugiado entre novelas de Andrea Camilleri, listas de reproducción reconfortantes y alguna película inspiradora. Y precisamente a este respecto quería recomendarte la nueva cinta de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, Segundo premio, sobre uno de los grupos de mayor impacto en el indie español: Los Planetas. Antes que nada he de decir que cualquiera que haya tenido relación, siquiera mínima, con Granada, apreciará la atmósfera del filme; no digamos ya si se han pasado en la ciudad andaluza los años estudiantiles o de juventud. Pero si traigo aquí la película no es por eso, ni tampoco por las indisimuladas pullas contra el Real Madrid que Los Planetas dejaron en algunas de sus canciones, sino por el tema principal, recogido en el título, cuya letra me dejó pensativo, y que creo que servirá para algunas consideraciones generales sobre el antimadridismo.
De los antimadridistas se podría escribir más de un tratado sociológico, si es que alguien quisiera perder el tiempo en algo así —aunque peores tesis se han visto, y con cum laude—. Sin ánimo de especial exhaustividad, podríamos estabular al movimiento de la siguiente manera: en primer lugar, hay un antimadridismo, acaso minoritario, que es puramente superficial, diría que cuasi adolescente. En esta facción se encuadrarían, por ejemplo, los mencionados Planetas: gente que a menudo no ha reflexionado lo suficiente y cuya manía hacia el Madrid tiene un carácter huero, responde a algún tópico trivial y en realidad no condiciona demasiado su existencia. Mirados con objetividad, la respuesta más apropiada al desafecto que este sector nos profesa es la indiferencia, o incluso cierta ternura.
En segundo lugar, existe otro antimadridismo mucho más visceral, cuyo odio hacia la institución los consume a diario, y siempre lo manifiestan de la forma más vulgar y chocarrera posible. Son personas atrabiliarias, avinagradas, cascarrabias, que frecuentemente recurren a la violencia —como mínimo— verbal, y cuya condición grosera los hace solo peligrosos en las distancias cortas. Sin embargo, hay aún un tercer tipo de antimadridista, diferente al insustancial y al bilioso. Se trata de ese espécimen semiculto que, encaramado a su atalaya —suele trabajar en los medios o ser muy activo en las redes sociales—, esparce su veneno insidiador desde una supuesta distancia, tratando de aparentar ausencia de apasionamiento. Se les reconoce por el empleo habitual de la ironía, que actúa como máscara particular para poder expresar sus bajos sentimientos sin sentirse culpables. Foster Wallace los hubiera desenmascarado de inmediato: son tan fanáticos como los coléricos, y sufren de igual modo los triunfos del club que aborrecen. En última instancia, ambos grupos, rabiosos explícitos y falsos condescendientes, vuelcan de manera enfermiza sus neurosis sobre el Real Madrid, sean estas más básicas o más alambicadas.
Hay un espécimen semiculto de antimadridista que, encaramado a su atalaya —suele trabajar en los medios o ser muy activo en las redes sociales—, esparce su veneno insidiador desde una supuesta distancia, tratando de aparentar ausencia de apasionamiento. Se les reconoce por el empleo habitual de la ironía, que actúa como máscara particular para poder expresar sus bajos sentimientos sin sentirse culpables
Pensaba en todo esto mientras sonaban los acordes de Segundo Premio. Qué terrible maldición la del anti. Si el Madrid es un Sísifo que en el fondo ama la exigente roca que arrastra, ellos no tienen ese consuelo; es más, se saben condenados de antemano a una sempiterna frustración: “Y todo el tiempo que he desperdiciado se vuelve de nuevo contra mí”. Uno ve la expresión de sus rostros con los triunfos merengues y sus miradas perdidas evocan otra frase que los fans de Los Planetas sabrán reconocer: las luces están encendidas pero no hay nadie en casa. Aunque, antes de que caigas en la tentación de la piedad, conviene escuchar lo que sale hoy de sus bocas. Tras la Decimoquinta, sin encontrar un clavo al que agarrarse, han llegado al paroxismo, rozando lo imparodiable. Y no hace falta que te recuerde que han sido capaces de justificar cualquier cosa, pagos indecentes incluidos, siempre que eso pudiese ayudar al primo de Zumosol en el que tenían subcontratadas sus esperanzas de que el Madrid no gane títulos —“ya que nosotros no podemos, jódeles tú”—. De modo que, llegados a este punto, uno se ve legitimado para colocarles un espejo donde reboten sus ofensas. Donde, en defensa propia, se refleje aquello que nos desean, tan crudamente parafraseado al final de la canción: “Si esto te hace daño, si te puedo hacer sufrir, ha servido para algo. Al menos para mí”.
Somos campeones de Europa. Felicidades, y nos vemos el año que viene. Saludos afectuosos.
Pablo
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Buenos días, amigos. El Real Madrid ha contratado a Mbappé, tal vez el mejor de los jugadores que aún no estaba en el equipo blanco, para redondear una escuadra de ensueño. El club atesora una cantidad ingente de talento joven a la cual se suma Kylian, el que faltaba. Si el futuro pintaba bien, ahora luce esplendoroso. Ayer dimos cuenta de ello en esta pieza de Paco Sánchez Palomares.
Hace meses dio la primicia Ramón Álvarez de Mon cuando anunció que Kylian y el equipo blanco habían firmado un acuerdo hacía semanas. Muchos no se quisieron subir al carro entonces, pero la tozuda realidad fue confirmándolo hasta que fue un secreto a voces. Tan a voces que las cámaras grabaron la propia voz de Mbappé confirmando a Macron que el anuncio se haría ayer por la tarde.
Así ocurrió, y el comunicado oficial —imprescindible para los discípulos de Santo Tomás de Aquino— se emitió en torno a las 19:30.
Aunque no pudimos acceder a él hasta pasados unos minutos, tal fue el impacto, que no lo resistió ni la web del Madrid.
Habrá quien ponga en duda que la saturación de visitas fuese la causante de la caída del sistema, y no el propio sistema quien se resistiese a que Mbappé llegara al Madrid porque con el francés los de Ancelotti son un hueso aún más difícil de roer para ese sistema instaurado desde hace décadas en el fútbol español, pergeñado por el antimadridismo, y cuyo único objetivo es evitar —o al menos dificultar todo lo posible— que el Madrid conquiste títulos. Sobre todo porque si hay otro club que ofrece dinero a cambio de ello es más lucrativo.
Se da la paradoja de que el ecosistema corrupto imperante vive —y muy bien— gracias al objeto de su odio. Lo dijo hace unos días Valdano: «El Real Madrid es un pasajero demasiado grande para un barco tan pequeño como la liga actual». Grandeza que aumenta con la incorporación de Mbappé, el que faltaba.
Mientras el Madrid está enfrascado en cosas como ganar Champions, la liga necesita de jugadores como Kylian para elevar el nivel de su depauperado producto, y se vuelca en redes con la contratación del francés mientras urde sus maniobras orquestales en la oscuridad, y no tan en la oscuridad, para torpedear al club blanco de todas las maneras imaginables.
Vamos a echar un ojo a la prensa.
Marca dedica su portada a Mbappé y titula «Lo que soñaste». La parte superior derecha de la tapa es para el autobombo: «Marca ya lo anunció el 19 de febrero». Aquel 19 de febrero se les olvidó mencionar que fue Ramón Álvarez de Mon quien lo había adelantado el 15 (es fácilmente comprobable acudiendo a su canal de youtube). Ahora, por lo que sea, también se les ha pasado citarlo.
La portada de As también la semimonopoliza Kylian: «Por fin Mbappé», reservan la azotea para blanquear a Pedro Rocha. Es de bien nacidos ser agradecidos.
Los antimadridistas ya sabéis que están terminando la primavera en shock anafiláctico ante la excelencia blanca. Esta reacción provoca en el sistema nervioso central aturdimiento, pérdida de conciencia, confusión, dolor de cabeza y ansiedad. Lo hemos visto estos días tras la 15, ya sabéis que han llegado a acusar al Madrid de ganar, y eso, como todo el mundo sabe, es intolerable.
En Mundo Deportivo lo están pasando mal, aunque lo demuestran de manera lacónica: «En un sucinto comunicado el club anuncio que será jugador blanco por 5 temporadas». Ese «sucinto» es gloria.
En Sport no son tan sucintos: «El Madrid vuelve a la vía de los galácticos: ficha a Mbappé». Están desesperados, es normal, e intentan ensuciar todo lo posible. No vendría mal recordarles que Mbappé llega tras finalizar su relación contractual con el PSG. El Madrid ha pagado en traspasos por Mbappé y Vinícius 45 millones de euros. El Barça, 55 por Ferran Torres.
Hay más gente pasándolo mal.
‼️ "Tanto en Francia como en el PSG, veo que juega y le vale. Ratitos de delicatessen, pero ratitos"
️ "Y eso en el Real Madrid no le va a valer. Aquí hay que ir a Vigo cuando hace frío y dar el do de pecho"
️ @aromeroser https://t.co/R197FEUG45 pic.twitter.com/9UvWe2btBd
— El Larguero (@ellarguero) June 3, 2024
Antonio Romero está preocupado porque Mbappé es bueno, pero solo a ratitos y eso en el Madrid no le va a valer, porque aquí hay que ir a Vigo cuando hace frío y dar el do de pecho. Agradecemos que se preocupe por Kylian, le haremos llegar al francés el interés de su parte y le recomendaremos que se eche una rebequita por los hombros cuando se desplace a tierras gallegas. De todos modos, como apunta Alberto Cosín en el chat de La Galerna, si Pedri ha jugado en Vigo, sobrevivirá Mbappé.
No vamos a seguir porque bastante tienen ya y, además, son tiempos para celebrar, tiempos felices. La abundancia es tal, que ayer en Real Madrid Televisión anunciaron de manera oficial la contratación de Mbappé con la decimoquinta Champions en el plató como testigo. Una imagen que define al Madrid actual.
Pasad un buen día.
De entre todos los niños que hace veinte años jugaban en la cantera del Madrid, el club eligió a uno de Leganés, Daniel Carvajal Ramos, para que acompañara a Alfredo Di Stéfano en la ceremonia de la colocación de la primera piedra de la nueva ciudad deportiva en Valdebebas. Nadie lo podía saber entonces, pero el futbolista más grande de todos los que han vestido la camiseta blanca llevaba de la mano a un niño que lo superaría en Copas de Europa. El gran patriarca conduce al rey del mañana, le cede el testigo, le pasa la antorcha de los constructores de mundos. Cuando la Historia sucede ante nuestros ojos, casi nunca somos capaces de darnos cuenta.
En esa imagen está la esencia del Madrid y eso lo vemos ahora, claro, pero ¿no es extraordinario lo que tiene de prolepsis? ¿Cuántas posibilidades había de que ocurriera algo así, de que esa fotografía fuese posible? Las mismas de casi todo lo que logra el Madrid: prácticamente ninguna. Y sin embargo, como volvió a demostrar en Wembley el sábado por la noche, el Real Madrid Club de Fútbol es la posibilidad de lo imposible. El niño Carvajal, ahora adulto, veterano y capitán, se aupó en los hombros de todos los gigantes que lo han precedido y remató en el primer palo saltando por encima de un puñado de alemanes de dos metros. El Madrid es el sitio donde los niños todavía pueden volar, un territorio fuera del tiempo hecho de los sueños y del deseo de millones de criaturas.
El Madrid es el sitio donde los niños todavía pueden volar, un territorio fuera del tiempo hecho de los sueños y del deseo de millones de criaturas
Un niño de Leganés y otro de Alcalá levantaron al cielo de Londres la decimoquinta Copa de Europa del equipo del mundo. Decía Florentino en el ayuntamiento, el domingo, durante la celebración (que ya es igual que los triunfos que organizaban los cónsules romanos tras las grandes campañas de conquista) que el Madrid, aunque universal, no puede olvidar su origen local, su madrileñidad. Tiene razón porque Madrid es su cimiento, la raíz. El Madrid es el equipo de España y sobre todo del proletariado hispanoamericano que puebla y nutre la capital, que labura en los trabajos más duros, que quiere que sus hijos sean también españoles y que comparten nuestro destino con todos los pesares y casi ninguno de los goces.
La redención absoluta es el color blanco y la luz cegadora del triunfo. No hay ningún hermano de ultramar en Madrid que sea del Atlético, ¿cómo iban a serlo? El Madrid es el sentido de la trascendencia y la única victoria posible para millones de almas que sostienen la civilización con su esfuerzo sordo y anónimo todos los días de todas las semanas de todos los años. Nacho y Carvajal son sus arcángeles del milagro y los comandantes de todas sus victorias, los capitanes de los héroes de los obreros españoles, naturales o adoptados, dos chicos normales que han crecido rodeados de principios cada vez más extraños en la España de hoy.
Nacho y Carvajal son sus arcángeles del milagro y los comandantes de todas sus victorias, los capitanes de los héroes de los obreros españoles, naturales o adoptados, dos chicos normales que han crecido rodeados de principios cada vez más extraños en la España de hoy
Cuando de chicos pensábamos en las historias viejas, en lo que leíamos y nos contaban del Madrid de Bernabéu, Di Stéfano, Puskas y Gento, las cinco Copas de Europa seguidas nos parecían una cosa marciana, una conquista inconcebible. Pues bien, dos tipos de mi edad, de Leganés y de Alcalá, lo han superado. Lo hemos visto en diez años que trazan una raya en el suelo de la Historia. No sólo son las seis orejonas, tres de ellas seguidas. Es algo mucho mayor, más difícil aún y de consecuencias mentales y culturales que ya empezamos a verlas: introducir en la mente de los demás la idea de que el Madrid, en las finales, es invencible.
El Madrid es ya para los europeos un monstruo inatacable en la última pantalla del juego, un depredador total capaz de soportar palos sin fin, ocasiones de gol clarísimas, capaz de ser dominado, golpeado, puesto de rodillas, y que, tras resistir y esperar, destroza a cualquier clase de adversario llegado el momento de la verdad. Sin piedad, ni misericordia, ni ningún tipo de espurio principio falsamente moral tan de moda en nuestra época de cartón piedra donde todo es de mentira. El Madrid es lo real, lo crudo, lo definitivo, algo desmedido que supera las costuras de esta época en la que lo importante es competir y pasarlo bien y participar y que todos hagan la conga juntos como hermanos.
No sólo son las seis orejonas, tres de ellas seguidas. Es algo mucho mayor, más difícil aún y de consecuencias mentales y culturales que ya empezamos a verlas: introducir en la mente de los demás la idea de que el Madrid, en las finales, es invencible
En este contexto, la manifestación del Madrid —da igual quién juegue, da lo mismo quién lo entrene— en las finales, resulta pavorosamente antidemocrática: la sangre le gotea del colmillo totalitario y eso ya, después de nueve victorias de nueve intentos posibles desde 1998, lo saben los alemanes y los ingleses, los franceses y los italianos, los portugueses y los griegos y los turcos y los rusos. El Borussia del último entrenador de moda había planeado una final perfecta y en la primera parte pudieron meter tres goles. No los metieron y el Madrid empezó la segunda parte con el partido por estrenar. Todos sabían ya que si los de blanco se ponían por delante se acabaría el partido. Así fue. Esa sugestión que el Madrid ha creado en todos los demás lo convierte en la medida de todas las cosas y lo pone por encima del mismo fútbol. Es algo más grande que la misma victoria: es transformarte en un dios antiguo ante los ojos de toda la humanidad pequeñita.
Esta es la cultura de club que han mamado Carvajal y Nacho y en la que se están criando Vinícius, Tchouaméni, Camavinga, Bellingham, Rodrigo y Valverde. La transmisión de esa convicción salvaje de que hay que ganar, ganar cueste lo que cueste, ganar por encima de todo, de saberse partícipe de la tradición más heroica que existe, el saber lo que pesa lo blanco y la corona, no tiene igual ni en el fútbol ni en ningún otro deporte ni en ninguna otra actividad colectiva en este siglo XXI.
El éxito del Madrid de Florentino Pérez va más allá del triunfo en el campo. Es una mentalidad, una psicología y una forma de estar en el mundo
Toda esta herencia no viene del cielo y surge por ciencia infusa. El Madrid de la última década luchó para oponerse al ataque deportivo, mediático y cultural más duro sufrido en sus ciento veinte años. El Barcelona de Guardiola, Messi y, sobre todo, Negreira, ejerció por medios legales y fraudulentos una presión extrema para aniquilarlo, reducirlo a una mascota domesticada y, por último, reemplazarlo. Del esfuerzo por no claudicar y sobreponerse a ello nació el mejor Real Madrid que vieron los siglos, un Madrid de jerarcas, una institución colosal y un equipo de fútbol irrepetible que se va regenerando a sí mismo a medida que abandonan su disciplina los grandes futbolistas.
La reacción a aquella amenaza existencial es de tal magnitud que ha puesto un millón de años luz entre el Madrid como organización y equipo y el resto de los clubes. En España, la diferencia es marciana con sus rivales directos, pero es que en Europa, la Europa de los clubes-Estado amparados por la corrupta UEFA, ¿quién es el rival? Sólo Guardiola mientras disponga de dinero ilimitado.
La muerte es una idea remota y vaga para los niños, y el Madrid es ese lugar donde los hombres pueden seguir siendo niños
El éxito del Madrid de Florentino Pérez va más allá del triunfo en el campo. Es una mentalidad, una psicología y una forma de estar en el mundo. No hay excusas y tras el apocalipsis de cada eliminatoria perdida se vuelve con una lección: nada cae en saco roto, todo sirve para continuar en la carrera por ser el mejor de todos. Es una historia contada sin parar durante las noches en torno al fuego de nuestra infancia, un relato de héroes y dragones que acaba por incrustarse en el fondo de la consciencia, de tal manera que los jugadores, sean de aquí o no, acaban convencidos de ello.
Carvajal y Nacho son hijos de ese mundo donde la grandeza está por todas partes, como escribió el sábado Robert O´Connell en el Wall Street Journal en un perfil sobre Luka Doncic. En la era de los expected goals, los madridistas, jugadores y aficionados, esperan el milagro porque lo sobreentienden: como el Madrid es un maravilloso artefacto construido por hombres extraordinarios para olvidar la muerte, representada por la derrota, se confía en el deseo salvaje y en las ganas infinitas para abrir todas las puertas.
Esa esperanza inextinguible se alimenta del poder que da la autopercepción, y el madridista se autopercibe como alguien capaz de todo. La muerte es una idea remota y vaga para los niños, y el Madrid es ese lugar donde los hombres pueden seguir siendo niños. Ninguna telemetría puede predecir las cachitas, como decíamos en la Baja Andalucía cuando jugábamos al fútbol en los campos de albero, de Vinícius al lateral del Borussia que forzó el córner que luego botó Kroos.
Era el minuto 72. No hay escuela que pueda enseñar algo como eso. Vinícius sabe que está en el lugar donde puede ordenarle a sus pies que intenten lo que su fantasía amazónica concibe: el país de los hombres libres. Era el minuto 72 y el 7 del Madrid se iba para el área riéndose, con esa sonrisa grande y blanca y pura de los niños. Él sabía que la final estaba a punto de terminarse. ¿Un español bajito sobrevolando las cabezas amarillas de miles de torres alemanas? ¿Por qué no?
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Como adelantó en primicia Ramón Álvarez de Mon, Kylian Mbappé será nuevo jugador del Real Madrid durante las próximas cinco temporadas en virtud del contrato suscrito entre el club y el futbolista francés, que finalmente no acudirá a los Juegos Olímpicos de París.
Con el ansiado comunicado, el culebrón llega a su fin y comienza la historia de verdad, la de Kylian de blanco. El magnífico jugador, quizá el mejor de cuantos aún no pertenecían al club merengue, desembarca en Concha Espina para aportar y elevar —aún más— la increíble categoría de este Madrid que, más que nunca, hace honor a la frase de don Alfredo: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».
Durante un tiempo, Mbappé fue un deseo, casi obsesión, y el objeto de desvelo de muchos. Las posteriores renovaciones de Kylian con el PSG, sometido a presiones que llegaban hasta del Palacio del Eliseo, fueron cambiando este sentimiento para un sector del madridismo. La excelencia actual del club es tal que convierte una llegada que en otro tiempo habría sido acogida como el acontecimiento más importante de la década en una alegría más después de la obtención de la decimoquinta Champions.
No obstante, y más allá de las filias y fobias de cada uno, la contratación de Mbappé es una noticia óptima, un fichaje estratégico que, junto a las estrellas actuales y el nuevo Bernabéu, contribuirá a mantener la salud económica que permita seguir compitiendo contra clubes estado y demás rivales dopados financieramente.
La principal reticencia de algunos madridistas es que Kylian puediere enturbiar el ambiente de la plantilla, el más sano que se recuerda y una de las claves de los continuos éxitos, y precisamente esa característica podría ser la que amortiguaría un hipotético impacto negativo del francés y lo chamartinizaría con el ejemplo. Aunque en estos momentos y dado que nadie puede predecir el futuro, tiene más sentido ser optimista que pesimista con esta circunstancia.
De todos modos, no debemos olvidar que el Real es un club de fútbol y el fin principal y último de este fichaje es el éxito deportivo. Sobre la calidad que atesora no hay dudas. Su llegada y la de Endrick refuerzan el ataque de un equipo que, aún sin 9 titular, ha ganado liga, Supercopa y Champions.
La contratación de Mbappé es una noticia óptima, un fichaje estratégico que, junto a las estrellas actuales y el nuevo Bernabéu, contribuirá a mantener la salud económica que permita seguir compitiendo contra clubes estado y demás rivales dopados financieramente
Tiempo habrá para analizar el impacto de Mbappé en el esquema del equipo. Debate que se encargará de abortar con hechos Ancelotti, como ha ido realizando con cada controversia estratégica que ha surgido en los tres últimos años. Carlo tiene muy claro que el equipo está por encima de dogmatismos tácticos y amoldará el dibujo a lo que requiera la plantilla que disponga cuando comience la temporada.
El fichaje de Mbappé es otro triunfo de Florentino, sin olvidar el trabajo de José Ángel Sánchez y demás responsables de un club que, gracias a las victorias consecuencia de su ejemplaridad, ha conseguido que los mejores jugadores elijan al Madrid por delante de mejores ofertas económicas. El presidente hace tiempo que se pasó el juego y con su paciencia —«tranquilo»— y buen hacer, sin dejarse llevar por decisiones instintivas alejadas de la razón, ha conseguido convertir una situación en la cual el Madrid necesitaba a Mbappé en una en la que es Kylian quien necesita a la entidad merengue. Sin desmerecer el aporte que supone su capital incorporación.
La llegada de uno de los mejores jugadores del planeta no puede ser más que una buena noticia ilusionante y es la guinda a una plantilla de ensueño. Este Real Madrid no es el mismo que el que hace ya una eternidad comenzó a interesarse por su fichaje, y Kylian tampoco es el mismo jugador. Mbappé ya ha ganado todo el dinero del mundo, ahora, parafraseando a Valdano, comenzará a cobrarse la gloria.
Bienvenido al Madrid, Kylian.
Un sueño hecho realidad.
Muy feliz y orgulloso de formar parte del club de mis sueños @realmadrid Es imposible explicar lo feliz y emocionado que me siento en este momento. Estoy impaciente por veros, Madridistas, y gracias por vuestro increíble apoyo.
¡Hala Madrid! 🤍🤍🤍— Kylian Mbappé (@KMbappe) June 3, 2024
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Buenos días, amigos. ¿Cómo va la resaca (del viaje, del triunfo, de la celebración, acaso la resaca literal)? La nuestra no muy bien. Por ello vamos a ir al grano.
Aquí están las cuatro portadas del día. Como era inevitable hasta para ellos, los festejos de la Decimoquinta ocupan gran espacio de las mismas.
En el entendido de que os apetecerá verlas, os traemos una pequeña sorpresa adicional. Son las 15 portadas de Marca, ordenadas cronológicamente, que han dado cuenta de todas y cada una de las 15 Copas de Europa a lo largo de los años, los lustros y las décadas.
Disfrutadlas.
Pasad un buen día.
Quizás sea uno de los escritos más simples de mi vida. El Real Madrid eliminó al Barcelona por el cumplimiento de una evidencia: es un equipo más completo, sólido y competitivo. Si prefieren una simpleza aún mayor, porque es mucho mejor. Así, sin paliativos ni anestesia, por si algún culé se asomara a esta opinión.
Y eso que uno tenía sus temores al comenzar la serie de forma tan inmediata tras el desencanto de la final de Berlín. Me preocupaba que el equipo acusara cierto desánimo por una actuación mejorable, así como el eventual desgaste físico por la consecución de partidos y viajes. En definitiva, que este cronista esperaba más del Barcelona y algo menos del Real Madrid, en especial en el primer partido.
Sin embargo, se vio sorprendido por la entereza madridista y por cierta desidia —o algo parecido— de los azulgranas. Como si no les fuera en el envite todo el crédito de una temporada fallida, de un fiasco monumental. Porque no se puede decir que el Barça no haya hecho desembolsos, incluso incorporando a última hora a Ricky Rubio, que pareció darles un impulso inicial que se ha ido desvaneciendo. En cualquier caso, siempre es una satisfacción que haya vuelto a las canchas.
El Real Madrid eliminó al Barcelona por el cumplimiento de una evidencia: es un equipo más completo, sólido y competitivo. Si prefieren una simpleza aún mayor, porque es mucho mejor
Pero es muy difícil navegar contracorriente, y el Real Madrid lleva dominando el panorama organizativo y de planificación durante años en el mundo canastero, una anticipación que no es fácil de contrarrestar, y menos cuando en el club barcelonista parece cundir cierta desorientación en diversos niveles.
Así, el peso de la lógica ha ido cayendo por mor de la fuerza de cada una de las líneas y por la aparición de protagonistas blancos en los momentos precisos. Cómo olvidar el relámpago Llull, cuatro triples en un suspiro, que hasta el mismísimo Curry hubiera firmado. O el gran partido de Rudy en el segundo, con aportación clásica en defensa, dominando el encuentro desde atrás. Con ellos, el predominio de Tavares y Poirier en la zona y el control de los bases, no es extraño que el equipo catalán no haya tenido opciones.
Ayer fue cuando estuvo más cerca, con el fuego del Palau intentado energizar a los suyos en vano. De la forma más humillante sin quererlo, y cuando hay eterna rivalidad, el Madrid volvió a liquidar el asunto por la vía de “cuando quiero, aprieto el acelerador y te gano”. Nada más desmoralizador para el contrario que comprobar que sus esfuerzos fatigosos se diluyen a voluntad del eterno rival, muy superior en este curso.
Ni siquiera el hecho de que Parker y Willy Hernángomez jugaran sus mejores minutos dio opción al Barcelona, pues Campazzo dominaba la escena con firmeza, asiendo el mando del partido como quien engancha la batuta de cualquier filarmónica: aquí mando yo y se acabaron las historias. Pues a sus pies, don Facundo: hasta la próxima.
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El destino y la UEFA quisieron colocar la final de la Champions en la víspera del aniversario del adiós de uno de sus creadores: Santiago Bernabéu, fallecido el 2 de junio de 1978. Unos meses antes, ya aquejado de la dolencia que se lo acabaría llevando, dio muestras de su indómito carácter en un incidente que merece la pena recordar.
Corría la temporada 77/78, que se había iniciado con un cuestionado Miljanic en el banquillo. Empeño personal de Bernabéu tras la salida de Miguel Muñoz en el 74, revolucionó al club y al fútbol español con sus métodos, hasta que a la grada se le agotó la paciencia por el mal juego del equipo y los peores resultados. En la campaña anterior el Madrid había sido noveno, por lo que Damocles no perdonó al serbio más allá de la primera jornada de competición, que terminó el derrota blanca en Salamanca, y tuvo que regresar Molowny para salvar los muebles.
No había mal equipo, ni mucho menos. Estaban Miguel Ángel, Benito, Del Bosque, Pirri, Juanito, Santillana… pero el ambiente no mejoró demasiado aunque las victorias comenzasen a sucederse. Y en eso llegó la visita del Sporting de Gijón, el 26 de febrero del 78. Los asturianos, en Primera desde hacía unos años, ya estaban gestando un gran equipo, con Maceda, Quini y Ferrero como puntas de lanza. La cosa es que logró ponerse 0-2 en Chamartín y el runrún fue insoportable. No bastó que Santillana recortara distancias antes del descanso. Cuando el árbitro pitó, los socios se obcecaron con el palco y Santiago Bernabéu terminó por abandonarlo, enfadado y triste. El hombre que lo había sido todo y lo había dado todo por el club también era susceptible a la crítica de los suyos. No pudo ver cómo el Madrid, al final, tiró de la especialidad de la casa y remontó el partido (3-2), pero sí cómo levantó el título de Liga, por aquel entonces el 18º, el último con Bernabéu en vida.
El presidente eterno dejó, según las crónicas, algo menos de un millón de pesetas, un piso en Madrid, la casita de Santa Pola y la famosa barca a la que un día bautizó como La Saeta Rubia en honor a Di Stéfano. Bueno, eso y el recuerdo de una leyenda irrepetible.
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Pues nada, Paquito. Se hizo realidad aquello tuyo de aquí Kroos y después gloria. No lo decía por pura cábala, pero siempre pensé que el Madrid empezó a ganar la 15 el día que Toni dijo que se iba: ni en broma lo iba a hacer derrotado. El ejemplar Borussia estaba condenado. Acabó, en fin, una temporada curiosa para el Madrid. Camavinga la resumió muy bien cuando le comentaron que ya ganó dos Copas de Europa: ni tan mal. Pues eso.
Hablan de más de dos millones y medio de personas desparramadas por las calles de Madrid: la felicidad pura, limpia. Blanca. El colofón a dos días muy largos. El primero arrancó en Londres. El segundo acabó más allá de la pasada medianoche en el Bernabéu con equipo y pueblo cantando el himno de la Décima. Coñe, la Décima… ¡ya son quince!
Las caras de jugadores, técnicos, directivos y pueblo en general mezclaban alegría y cansancio. Y a eso voy. En eso, en el cansancio, sí perdió el Madrid su otro partido. Porque siempre juega dos. Uno, ante el rival de turno; otro, contra el antimadridismo. El que siempre está. Ahí perdió el Madrid y por goleada. El anti ganó: está ahora mismo derrengado, frito, muerto. Ahora mismo, un anti de 25 años no le gana una carrera de tres calles a un madridista de 90. Estas líneas van por ellos, los antis, esas gentes.
Porque, oigan, andaban los muchachos camino de Cibeles y el baloncesto ganaba en el Palau. 3-0 y Zamora de portero. In-so-por-ta-ble.
Hecho este particular, sobre el que volveré, es verdad que mi corazón y mi pensamiento está con los antis. Están rotísimos, sí. Ser antimadridista agota, se lo he comentado más de una vez. Son montones de partidos, con sus vísperas y sus ‘díasdespueses’, cavilando cómo es posible lo que ven, cómo se para esto, cómo carallo lo hacen. ¿Pog qué? Eso diría Mou.
A veces pienso que sí podrían cambiar, serenarse al menos. Y no, no es posible. Resulta más excitante soñar con que el Madrid va a perder que esperar cosas buenas de tu equipo. Pone mucho más. Tienes además excelentes aliados. Leipzig, City, Bayern, Dortmund, Chelsea, Inter, Liverpool, los domésticos… Ahora, ya, uno nuevo: la Atalanta, 14 de agosto, Supercopa. No, el anti no va desnudo precisamente.
Sus reacciones a la 15 han sido tremendas y el consuelo extraordinario: el Madrid sólo sabe ganar. Eso han dicho. Hay que reconocerles arte para tal cavilación. A la consigna clásica, el Madrid no juega nada, se le incorpora el sólo-sabe-ganar, coleccionar títulos. Es formidable.
A la consigna clásica, el Madrid no juega nada, se le incorpora el sólo-sabe-ganar, coleccionar títulos. Es formidable
Pedazos de la prensa de Barcelona y redes sociales, serán estudiados en facultades —la de Psiquiatría en primer lugar— a no tardar. El resumen es que la afición del Barça, a la que pertenecen y en cuyo nombre hablan, se molestó anoche no tanto por palmar también el tercer partido de la semifinal, sino porque lo ganó el Madrid, empeñado en eso: ganar y ganar, esa ordinariez. Por contra, el madridista está fatal, ha vivido un fin se semana horrible y horroroso, diría mi abuela. Sólo ha ganado. Carvajal, Vinícius, Campazzo… Un espanto.
Es duro, sí. Son meses y meses esperando, tragando y vuelta a empezar. Y las cabezas se resienten. No es que su equipo no gane, es que su vida gira en torno a que no lo haga el Madrid. Y no hay manera. Tengo un amigo que se puso el partido de Djokovic en París, que se solapaba con lo de Londres. Se durmió dos o tres veces y le dieron las tres de la madrugada.
Su plan era ver el Madrid-Dortmund en diferido si ganaban los alemanes. A la hora que fuera. Era una prueba más: a ver si así, viendo tenis y sin interesarse por el fútbol, pasaba lo que tanto deseaba: agua. Ha probado muchas cosas. Incluso meterse una vez en un tren Barcelona-Granada, pero eso: nada. También agua.
Me hizo gracia escuchar a Quique Flores antes del Sevilla-Barcelona decir que “el problema del Barça no es Xavi, es el Madrid”. Servidor había dicho exactamente lo mismo horas antes. Cualquier observador mínimamente avispado llega a esta conclusión. Es, y perdonen, el puto Real Madrid.
Ayer, en el baloncesto. El Barça otra cosa no, pero regular sí es: 0 de 4, como en fútbol. Escuchamos a Grimau, a la Bomba Navarro, qué bueno fue, darle vueltas a lo mismo que Xavi, bien que éste en privado. Para Xavi, el único tío presentable en su Barça es/era De Jong. Navarro disparó contra el técnico y los jugadores. Y contra los árbitros, seguramente porque no dieron como canasta un tiro de Abrines que escupió el aro, otra cosa no se me ocurre.
Wembley, por cierto. Por fin es un estadio completo. Le faltaba coronar al Madrid: lo hizo. Congratulations
Una chufla más. En el baloncesto, como en el fútbol, el equipo del Barcelona es inferior al del Madrid y pasa lo que pasa. Y en ello tiene todo que ver la gestión en una y otra casa. Es la clave, todo. Lo saben, y si no es mucho peor, pero son incapaces de hacer una reflexión seria. Como hizo el Dortmund antes de la final —jugamos ante el Rey— y después: tuvimos nuestras opciones, no las concretamos y el Madrid nos superó, felicidades. Y hasta otra.
Total, que se acabó con el tormento final para el anti con el objetivo de agitarle el verano. Sobre el mismísimo césped de Wembley, los jugadores del Madrid gritaron ¡ahora, a por la 16! Es un sinvivir. El tormento que no cesa, sí. Wembley, por cierto. Por fin es un estadio completo. Le faltaba coronar al Madrid: lo hizo. Congratulations.
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Hace poco preguntaron a Jarvis Cocker cuál es la mejor canción de lo que va de siglo, y el genio de Sheffield apuntó a Seven Nation Army de los White Stripes por la resonancia universal de esa línea de bajo que puede tararearse en bucle. No menos universal es la frase "Somos los Reyes de Europa", que encaja la perfección como letra para ese riff de bajo. No en vano fue, de cuantas componen el repertorio de temas madridistas por excelencia, la escogida por Dani Carvajal para arengar a las masas desde el balcón de la Comunidad, que es cuando yo me enganché a los fastos de ayer vía RMTV. Acababa de llegar a casa desde Londres tras una peripecia logística agotadora. Las masas están como locas por esta gente, no solamente porque lo ganan todo, sino por su afán por diluirse entre la multitud. Es una beatlemanía en toda regla, por mucho que ahora no sean cuatro tipos de Liverpool, sino veintitantos de medio mundo, el objeto de la obsesión del madridismo.
"¡SOMOS LOS 👑 DE EUROPA!"
🎤 @DaniCarvajal92
🔊 #CHAMP15NS pic.twitter.com/YMVelU92zw— Real Madrid C.F. (@realmadrid) 2 junio, 2024
De la Comunidad, como mandan los cánones, acudieron al Ayuntamiento, donde les esperaba Almeida. Circula en los mentideros de la capital la historia según la cual, en el primer encuentro entre el edil y Ancelotti, años atrás, y al saber de su filiación atlética, Carlo espetó al munícipe: "Pues ya sabe. O el alcalde cambia de equipo, o la ciudad cambia de alcalde". Nada como un italiano coñón para asentar una amistad peculiar. Almeida estuvo señorial y alabó a Kroos, "un madrileño de Alemania", además de quitar toda connotación despectiva al cuñadismo contando cómo Joselu nos trajo a Wembley y Carvajal nos propulsó a los cielos. También verbalizó su pasmo ante la naturalidad con la que gana el Madrid. "Yo os he sufrido muchas veces, y sé que mañana os recibiré como campeones de Europa", reveló haber dicho a un directivo en el descanso de la final. Hemos llegado a un mundo en el cual el antimadridismo (o el no-madridismo) cree mucho más en los blancos que sus propios acólitos. Bien es cierto que, en su alocución posterior, Nacho se permitió dudar de esa condición de D. José Luis a cuenta de su camisa. Almeida, camisa blanca de la esperanza.
Almeida: "Yo os he sufrido muchas veces, y sé que mañana os recibiré como campeones de Europa", reveló haber dicho a un directivo en el descanso de la final. Hemos llegado a un mundo en el cual el antimadridismo (o el no-madridismo) cree mucho más en los blancos que sus propios acólitos
El autobús descapotado del Madrid cruzó las calles rumbo a Cibeles, donde se les esperaba esta vez al ritmo del Thunderstruck de AC/DC. Alguien les lanzó una silueta de Kroos a escala, y la incluyeron en la fiesta del techo del bus, aunque no la vimos posando con Camavinga, Vinícius, Militao y Ancelotti en la "icónica" (Carletto dixit) imagen del puro. Kroos es prudente hasta en cartón. Cabe consignar que el Toni Kroos de cartón gigante era bastantes órdenes de magnitud menor que su grandeza real.
Si en la Puerta de Sol no cabía un átomo más de Hidrógeno ni de Helio, en los alrededores de Cibeles se congregó más gente que en la boda de Lolita. El autocar aparcó junto a la fuente y los alegres campeones comenzaron a botar con un brío tal que muchos temieron por la integridad del vehículo. Una vez en la pasarela, el capitán fue el primero en tomar la palabra para dar las gracias a la afición y sintetizar la filosofía del Real Madrid: “No nos cansamos de ganar”.
Dani Santillana Carvajal interpretó entonces la siguiente tonada: “Tenía cuatro años, mi padre me llevó a ver al Bernabéu, a ver al campeón. El día que yo muera quiero ver mi cajón pintado de blanco entero como mi corazón”.
Otro veterano, Lucas Vázquez, se encargó de recordar al mundo quiénes son los reyes de Europa y, de paso, pedir el Balón de Oro para Vinícius. Ninguna de las dos cosas admiten duda alguna en cualquier cabeza amueblada.
Y el foco se puso en Kroos. Sus compañeros le cantaron que le querían (¿quién no?). Agradeció el cariño durante estos diez años inolvidables y de repente espetó: “Tengo una casa, y es aquí. Gracias”. Y el alma se nos volvió a derruir mientras lo manteaban.
Acto seguido, y con la solemnidad feliz que requería el momento, cedió su número 8 de manera oficiosamente oficial a Fede Valverde. Solo le faltó tocarle el hombro con la espada.
También hubo tiempo para Modric, para Vini, para el Hey, Jude y para que ese sabio italiano llamado Ancelotti otorgara la cuota de protagonismo que merecía el próximo genio blanco, Arda Güler, que se atrevió con unas palabras en español.
El fasto concluyó con el capitán sobre los hombros de la diosa, ofreciéndole la 15 a ella y al madridismo. Después se sumó Modric, se abrazaron y rompimos a llorar de nuevo. Se nos metieron decenas de Champions y momentos felices en el ojo.
Antes de partir para el Bernabéu, atestiguamos la conga cibeleña alrededor de la fuente, encabezada como mandan los cánones por Eduardo Camavinga.
Entretanto, el Bernabéu les aguardaba. La fiesta final en el gran templo nos hizo comprender que las celebradas en años de Champions previos no eran más que ensayos con vistas al día en que tuviéramos los videomarcadores. Redondean el evento (nunca mejor dicho, al ser 360 grados) con ese sentido del espectáculo tan intrínsecamente yankee que Florentino ha importado a Chamartín. Armoniza extrañamente bien con la tradición castiza del vikinguismo. El showbiz norteamericano desprende una suerte de ingenuidad que casa con la visión casi naive del deporte de una institución que consagra un amor infantil al escudo. No entraréis en los parámetros del madridismo si no os hacéis un poco niños.
Los héroes fueron desfilando, glosados uno a uno por el speaker, en loor de multitudes. Saltaban al campo, saludaban y ascendían hasta lo alto del cubo gigante en cuyos lados se habían proyectado vídeos de todas las Copas de Europa anteriores. Todo animado nuevamente por el riff inextinguible de Seven Nations Army, o sea, de Somos los Reyes de Europa. Aclamadísimos Courtois, Lunin (sí, los dos), Vini —para quien volvió a pedirse el Balón de Oro—, Mendy, Rüdiger, Modric, Joselu y por supuesto Kroos. Hay que cantar "Toni, quédate" aunque no haya posibilidad alguna de marcha atrás. Quién sabe si cantándolo hoy no estaremos obrando el efecto retroactivo de que no se fuese el año pasado, donde recordemos que ya hizo amago. Hay ejemplaridades implacables.
Hay que cantar "Toni, quédate" aunque no haya posibilidad alguna de marcha atrás. Quién sabe si cantándolo hoy no estaremos obrando el efecto retroactivo de que no se fuese el año pasado, donde recordemos que ya hizo amago
Allá, en lo alto del cubo, Nacho volvió a levantar la Orejona al cielo. A Nacho también le pidieron que se quedase, con la diferencia de que esta guerra, en cambio, no está perdida. Asió la Copa por las asas y, tras el preceptivo grito anticipatorio de todos (eeeeeeeeh), la elevó con estrépito. La precisión fue matemática: justo al hacerlo se desató el estallido más estrepitoso y bello de luz y sonido, We Are the Champions incluido. We are the Champions of the Seven Nations Army.
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Eran aproximadamente las 11 de la noche hora española terrestre del 1 de junio de 2024. Allí arriba, en el Olimpo de los Dioses, donde se encuentran los más grandes, donde está don Alfredo Di Stéfano, don Pancho Puskas, don Santiago Bernabéu, don Juanito Gómez, don Mariano Haro, don Manolo Santana, don Will Chamberlain, don Ayrton Senna, don Fernando Martín, don Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, don Diego Armando Maradona junto con los más grandes deportistas de la historia que dejaron el mundo terrenal, estaba don Paco Gento sonriendo, con esa timidez que le caracterizaba, con esa sonrisa llena de orgullo después de que su Real Madrid consiguiera su decimoquinto entorchado continental.
Vio el partido junto a don Santiago y sus grandes amigos, Alfredo, Pancho, Marquitos, Muñoz, Zárraga, y todos los que escribieron la página más importante del deporte mundial del siglo XX, aquellos que consiguieron ganar 6 Copas de Europa en 10 años, algo irrepetible, algo impensable cuando, entre la muchedumbre, se le acercó un tipo bajito, americano, negro, un tipo llamado James Cleveland, Jessie Owens, el hombre que en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 consiguió ganar cuatro medallas de oro en 100 y 200 metros lisos, salto de longitud y relevos 4x100 en la misma cara de Hitler, en la misma cara del mayor racista y mayor sanguinario que el mundo ha conocido.
En éstas, decía, se le acercó y le dijo: “Paco, estos capullos de Nacho, Carvajal, Modric y Kroos te han igualado como a mí me igualó Carl Lewis en los Juegos de 1984, enhorabuena, campeón”. Cuando se dieron todos cuenta del hito de estos capullos, saltó don Santiago y dijo con esa voz bronca y socarrona que todos los que tenemos unos años recordamos… “Y el cabrón de Florentino me ha superado”.
La fiesta en el Olimpo de los Dioses se alargó hasta tarde, don Miguel Muñoz junto a Bob Paisley diciendo que este Ancelotti les ha pasado por la izquierda y por la derecha, Cruyff haciendo corrillo con Maradona y Pelé maldiciendo no haber fichado en su día por el Real Madrid, Kopa agradeciendo a don Santiago haberte traído al Madrid. Bueno, en el Olimpo de los Dioses las horas no son como las de la Tierra, allí pueden estar todas las horas que quieran porque nadie tiene sueño. Todos estaban allí, junto a los madridistas, celebrando que un equipo vestido de blanco con un escudo redondito en el pecho ha metido en su zurrón una Copa de Europa más, una más, una de tantas más…
Lo que ha hecho esta generación de jugadores es exactamente lo que mi padre (que en Gloria esté y que el hombre, al no tener pase para el Olimpo, estaba en la terraza de su apartamento celestial escuchando la fiesta, como hacía conmigo en la terraza de casa cuando la radio cortaba los partidos de la Copa de Europa para dar el Diario Hablado de RNE) me decía de pequeño, exactamente lo mismo, que el Real Madrid había ganado seis Copas de Europa en diez años naturales. Es algo que le contaré a mi nieta, porque mis hijos, afortunadamente, lo están viviendo en persona. Es algo que mis hijos les contarán a sus hijos como algo histórico, irrepetible, imposible, increíble. Ni en mis mejores sueños podía imaginar que no sólo iba a ver una Copa de Europa consciente, sino que, de momento, llevo nueve (la Sexta la viví con pocos meses de edad).
Lo que ha hecho esta generación de jugadores es exactamente lo que mi padre me decía de pequeño, que el Real Madrid había ganado seis Copas de Europa en diez años naturales
El ciclo que anoche siguió escribiendo el Real Madrid ya podemos decir que es el más grande del club en su historia, y digo que es el más grande porque la proyección es enorme, una plantilla muy joven y de una calidad extraordinaria, con unos fichajes ya confirmados (que sí, que viene, pesaos) para la temporada que viene que van dar otro salto de calidad al equipo, con un grupo consolidado y un equipo técnico liderado por el entrenador más laureado de la historia.
Tuve el privilegio de ver el partido en el Estadio junto a Marta, mi chica, a la que estoy evangelizando en la mejor y única religión verdadera (mi hijo, como buen adolescente, eligió, lógicamente, verlo con sus amigos). Lo de ir a Londres era impensable por muchas razones que no vienen al caso pero tuve la gran suerte de conseguir dos entradas para el Estadio, en el templo, en el centro de los sueños.
Allí me encontré a amigos con los que pasamos la previa (gracias, Dani y Carmen, sois impresionantes), a amigos que habían venido con su familia de Valencia ¡a ver la tele! al Estadio. En definitiva, a muchas personas que, con la ilusión de un niño, fueron allí a ver a su equipo ganar una vez más. El Bernabéu vibró como siempre en Copa de Europa, gritamos, nos abrazamos, lloramos, cantamos los dos himnos oficiales del club como si allí estuvieran los muchachos de blanco, exactamente igual y, al final, el éxtasis, la inmensa alegría de haber conseguido el triunfo, la inmensa alegría de ser madridistas, la inmensa alegría de poder disfrutar de la grandeza de lo más grande. Fue, simplemente, inigualable.
Una pequeña cosa. El tiempo en Madrid ayer fue impresionante, calor, sol de escándalo y ganas de terracita. Dentro del Estadio, como está cerrado, no se notan los cambios térmicos del exterior. Al salir, hacia fresquete, pero es que estaba soplando viento de Galerna, que, como dice el himno de este prestigioso diario, no es otra cosa, que las piernas de Paco Gento corriendo en el Olimpo de los Dioses por la banda de la felicidad.
¿El partido? Ya se ha escrito mucho sobre él (siempre llego tarde, lo sé y hago propósito de enmienda para enmendarlo), pues eso, primer tiempo de contemporización en el que los alemanes apretaron de lo lindo y, cómo no, apareció Superman Courtois (recuerden que en mi último artículo dije que el debate en la portería era si el belga iba a ir de negro o de verde… fue de verde) para salvar al equipo.
0-0 al descanso y, al volver a aparecer, todo cambió. El Real Madrid se puso en modo ganar finales y así fue, asedio a la portería alemana, varias oportunidades claras y un córner provocado por una genialidad de Vinícius… saca Kroos (piénsatelo, porfa) y va el bajito de Carvajal y entre los alemanes más altos de Alemania engancha un cabezazo que se cuela por la escuadra.
Ahí se acabó, y se acabó porque el equipo dijo basta. El asedio a la puerta teutona ya fue descomunal hasta que en un error de la defensa (alguno tenía que caer) hizo que los colegas se unieran. Bellingham coge el balón y se lo pone en bandeja a Vinícius que, con la izquierda, bate al meta amarillo convirtiéndose en el jugador más joven de la historia en marcar en dos finales de Copa de Europa. Y se acabó… Campeones una vez más.
Hoy no hay Negreiras, negreiros ni negreiriles, hoy, que les den morcilla, hoy sólo toca disfrutar de lo nuestro, de nuestra Copa de Europa, del último (por ahora) capítulo de una historia de amor que ya quisieran habido tener Romeo y Julieta, Los Amantes de Teruel y cualquiera de las parejas de enamorados más grandes de la historia.
Como siempre, les dejo los datos más significativos que se generaron ayer diciendo, hoy más que nunca, que ser del Real Madrid es lo mejor que nadie, pero nadie, puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
Pd: Faltan 2…
El Real Madrid ha ganado su decimoquinta Copa de Europa, igualando el registro de la generación de Di Stéfano y Gento al ganar 6 en 10 años naturales.
MILITAO alcanza las 100 victorias oficiales.
KROOS lleva 300 victorias oficiales.
MENDY ha jugado su partido oficial nº 170.
RODRYGO ha jugado su partido total nº 230.
JOSELU ha jugado su partido total nº 60.
NACHO ha jugado su partido de Copa de Europa nº 70.
KROOS ha jugado su partido de Copa de Europa nº 110.
MODRIC ha jugado su partido de Copa de Europa nº 120.
LUCAS VÁZQUEZ ha jugado su partido de competición europea nº 70.
VINICÍUS ha jugado su partido de competición internacional nº 60.
VINÍCIUS ha igualado a HIGUAÍN en la 51ª posición histórica del club con 264 partidos oficiales jugados.
FEDE VALVERDE ha igualado a BALE en la 54ª posición histórica del club con 258 partidos oficiales jugados.
KROOS se convierte en el SEXTO jugador de la historia del Real Madrid con más partidos jugados de Copa de Europa con 110.
CARVAJAL se convierte en el 11º jugador de la historia del Real Madrid con más partidos jugados en Copa de Europa con 89.
FEDE VALVERDE y RODRYGO han igualado a AMANCIO en la 30ª posición de la historia del Real Madrid con más partidos jugados en Copa de Europa, con 52.
COURTOIS ha igualado a HIGUAÍN en la 36ª posición de la historia del Real Madrid con más partidos jugados en Copa de Europa, con 48.
BELLINGHAM alcanza las 30 victorias oficiales.
VINÍCIUS alcanza las 170 victorias oficiales.
MENDY alcanza las 120 victorias totales.
NACHO alcanza las 50 victorias en Copa de Europa.
MODRIC alcanza las 80 victorias en competición europea.
LUCAS VÁZQUEZ se convierte en el jugador nº 29 de la historia del Real Madrid con 238 victorias oficiales.
FEDE VALVERDE se convierte en el jugador nº 49 de la historia del Real Madrid con 174 victorias oficiales.
MODRIC iguala a RAÚL en la CUARTA posición histórica del club con 75 victorias en Copa de Europa.
NACHO se convierte en el 14º jugador con más victorias en Copa de Europa con 50.
LUCAS VÁZQUEZ se convierte en el 21º jugador con más victorias en Copa de Europa con 43.
VINÍCIUS iguala a ARBELOA en la 29º posición con más victorias en Copa de Europa con 32.
COURTOIS iguala a PIRRI en la 36º posición con más victorias en Copa de Europa con 28.
Ha marcado el gol nº 240 en final de competición oficial en la historia del Real Madrid.
El Real Madrid alcanza las 160 victorias imbatido en Copa de Europa.
El Real Madrid alcanza las 1570 partidos oficiales imbatido.
El de ayer fue el partido oficial nº 4570 de la historia del Real Madrid.
El Real Madrid alcanza las 110 partidos totales imbatido en campo neutral.
El de ayer fue el partido nº 60 del Real Madrid en Champions League contra equipos alemanes.
El R. Madrid ha ganado las últimas 9 finales de Copa de Europa que ha disputado, LO QUE CONSTITUYE UN RÉCORD EN LA COMPETICIÓN.
El R. Madrid ha ganado TODAS LAS FINALES DE CHAMPIONS LEAGUE QUE HA DISPUTADO.
El R. Madrid ha ganado las 12 de las 13 últimas finales de Competición Europea que ha disputado.
El R. Madrid ha ganado las últimas 17 de las últimas 18 finales de Competición Internacional que ha disputado.
El R. Madrid ha marcado 45 goles en Finales de Copa de Europa, con una media de 2,5 goles por partido.
El R. Madrid ha marcado 103 goles en Finales de Competición internacional, con una media de 2,10 goles por partido.
El R. Madrid ha marcado 240 goles en finales de Competición Oficial, con una media de 1,85 goles por partido.
El R. Madrid ha marcado gol en 17 de las 18 finales de Copa de Europa que ha jugado.
El R. Madrid ha jugado 32 finales de Competición Europea, consiguiendo 24 TÍTULOS (15 de Copa de Europa, 2 de Copa de la UEFA, 5 de Supercopas de Europa y 2 de Copa Latina) y perdiendo 8 (3 de Copa de Europa, 2 de Recopa de Europa y 3 de Supercopa de Europa).
El R. Madrid ha jugado 5 finales de Competición europea contra equipos alemanes, ganando LAS CINCO (Copa de Europa 1960 vs Eintracht Frankfurt, Copa de la UEFA 1986 vs Colonia, Copa de Europa 2002 vs Bayer Leverkusen, Supercopa de Europa 2022 vs Eintrach Frankfurt, Copa de Europa 2024 vs Borussia Dortmund).
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