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¿Qué pasará? ¿Qué arbitraje habrá? Puede ser mi gran Liga…

¿Qué pasará? ¿Qué arbitraje habrá? Puede ser mi gran Liga…

Escrito por: Roberto Albáizar Pérez22 julio, 2026
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Reconozco que, cuando estoy tan sumergido en el fútbol de selecciones, siempre me cuesta cambiar al fútbol de clubes. Después de una Eurocopa o de un Mundial, cambiar el chip de la noche a la mañana nunca resulta sencillo. Sin embargo, también creo que esa sensación de desconexión es simplemente temporal, porque, en el fondo, el fútbol de clubes nunca termina del todo.

Desde este mismo lunes llevamos viendo imágenes en la Ciudad Deportiva del Real Madrid que sirven para ir despertando otra vez ese sentimiento. Poco a poco, empiezas a entrar en la dinámica de la nueva temporada. Ves a José Mourinho y a Sami Khedira con el chándal del Real Madrid de este año, observas a los jugadores volver a entrenar, empiezas a conocer las primeras caras nuevas, los primeros ejercicios y las primeras carreras de la pretemporada, y es inevitable que vuelva ese gusanillo que todos los madridistas conocemos. Ese que te hace imaginar el Santiago Bernabéu lleno, el balón rodando y el himno sonando a pleno pulmón antes de un gran partido.

Cada verano ocurre exactamente lo mismo. Por mucho que uno intente mantenerse frío y racional, la ilusión siempre termina apareciendo. Es una sensación que forma parte del madridismo y que resulta imposible esconder. Porque una nueva temporada siempre significa nuevas oportunidades, nuevos retos y la esperanza de volver a competir por todo. Yo siempre digo que está muy bien tener claro cuál debe ser el gran objetivo del Real Madrid. La Champions League sigue siendo la competición que marca el nivel de este club y la que define las temporadas.

También entiendo perfectamente que exista una cierta frustración, e incluso un evidente pasotismo, en una parte del madridismo cuando se habla de la Liga. No es algo que surja de la nada, es una consecuencia directa de todo lo que ha supuesto el caso Negreira como mancha sobre el fútbol español durante las últimas dos décadas, al menos por lo que conocemos hasta ahora. Es lógico que muchos aficionados hayan perdido parte de la ilusión por el campeonato doméstico. Que piensen que, pase lo que pase sobre el césped, siempre habrá elementos externos que terminarán condicionando la competición. Lo entiendo perfectamente y, de hecho, comparto parte de ese sentimiento.

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Pero, qué queréis que os diga, llamadme ingenuo. Cada verano me ocurre exactamente lo mismo. Llega la pretemporada y vuelvo a pensar que quizás este año sí. Que quizás esta vez las cosas sean diferentes. Que, por una vez, podamos disfrutar de una Liga en la que el protagonismo recaiga únicamente sobre el fútbol. Y cuando hablo de que se terminen las polémicas no estoy diciendo, ni mucho menos, que desaparezcan los errores arbitrales. El error forma parte del deporte y seguirá existiendo siempre. Más aún si tenemos en cuenta el nivel, sencillamente ridículo, que viene mostrando el arbitraje español durante los últimos años, tanto sobre el terreno de juego como desde la sala VOR. Pretender que no haya equivocaciones sería engañarnos.

Lo único que pido, y creo que tampoco es demasiado, es que la balanza de esos errores deje de inclinarse sistemáticamente hacia el mismo lado. Que los árbitros fallen para todos por igual. Que las equivocaciones respondan únicamente al error humano y no a una sensación permanente de desigualdad que lleva demasiado tiempo instalada en el fútbol español. Todavía recuerdo perfectamente al que muchos consideran el jefe supremo de la secta mediática del arbitraje, Isaac Fouto, asegurando que la FIFA tenía al arbitraje español en una altísima consideración. Según explicaba, el organismo internacional estaba encantado con el nivel de nuestros colegiados y el Mundial de 2026 iba a ser la gran demostración. Vino a decir que todos los que criticábamos el arbitraje español íbamos a tener que callarnos cuando viéramos el enorme protagonismo que iban a tener nuestros árbitros en la cita mundialista.

Pues bien, la realidad ha terminado siendo bastante distinta. Ese supuesto arbitraje de referencia mundial ha dirigido la friolera de un solo partido durante todo el campeonato. Uno. Y, además, un encuentro completamente intrascendente de la fase de grupos, como fue el Brasil-Haití. Ni partidos decisivos, ni eliminatorias ni nada. La realidad, una vez más, ha terminado desmontando un discurso que pretendía vender una excelencia que luego no ha encontrado reflejo alguno sobre el terreno de juego. Dentro de muy poco volverá a rodar el balón por los campos de España y quiero creer que, antes o después, aunque sea por una simple cuestión de disimulo, llegará la temporada en la que los errores arbitrales se repartan de una forma parecida entre todos los equipos.

Lo único que reclamamos es algo bastante sencillo: que, si se equivocan, se equivoquen igual de mal con todos. Mourinho fue el primero en empezar a hacerse preguntas en las ruedas de prensa. Fue el primero en verbalizar públicamente muchas de las cosas que otros preferían callar

Porque aquí, en La Galerna, evidentemente hablamos del Real Madrid. Es nuestro ámbito natural y sobre el que centramos nuestras opiniones, pero tampoco podemos olvidar una realidad evidente. Para beneficiar a un equipo, se me ocurre poner como ejemplo al Barcelona, necesariamente tiene que salir perjudicado el rival que tiene delante esa jornada. Es una consecuencia directa de cualquier decisión arbitral que altera un partido. Y ese es un aspecto del que muchas veces se habla muy poco. Nos centramos únicamente en los dos grandes, pero esas decisiones también terminan afectando a todos los demás clubes. Acaban condicionando quién entra en competición europea y quién se queda fuera. Quién pelea por la permanencia con opciones y quién termina descendiendo. Quién consigue unos ingresos fundamentales para su futuro y quién ve cómo cambia por completo el rumbo de su proyecto deportivo. Por eso nunca ha sido únicamente una cuestión de Real Madrid o Barcelona, es una cuestión que afecta a toda la competición y, por tanto, a la credibilidad del campeonato.

El significado del titular que he elegido para este artículo, además de servir como un pequeño homenaje al mítico Raphael, responde precisamente a esa sensación de esperanza que vuelve cada verano. Creo sinceramente que se dan todos los mimbres para que esta pueda ser una gran Liga para el Real Madrid. O, como suele decir el gran Tomás Guasch, siempre y cuando nos lo permitan. La llegada de José Mourinho vuelve a introducir un factor competitivo que siempre ha acompañado al técnico portugués. Mourinho ama ganar, pero no únicamente los grandes títulos. Ama ganarlo absolutamente todo. Es un competidor nato, y nunca ha escondido que la regularidad es una de las grandes virtudes que debe tener cualquier equipo que aspire a dominar Europa.

Siempre ha defendido la importancia de construir una temporada sólida desde la competición doméstica para llegar en las mejores condiciones posibles al gran objetivo, que no deja de ser la Champions League. Precisamente por eso será tan importante juzgar lo que haga el Real Madrid sobre el césped, como analizar también el trabajo de quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia durante los partidos. Ya ni siquiera pedimos perfección, eso hace mucho tiempo que dejó de ser una aspiración realista. Lo único que reclamamos es algo bastante más sencillo: que, si se equivocan, se equivoquen igual de mal con todos. Mourinho fue el primero en empezar a hacerse preguntas en las ruedas de prensa. Fue el primero en verbalizar públicamente muchas de las cosas que otros preferían callar. Fue también quien llegó a reconocer, textualmente, que el mundo que le rodeaba le daba un poco de asco. Han pasado muchos años desde entonces y estoy convencido de que ya le habrán puesto al día de cómo se encuentra actualmente la situación del fútbol español. Por eso, desde mi ingenuidad absoluta, sigo preguntándome qué le tocará encontrarse al Real Madrid esta temporada por los campos de España. Porque, sinceramente, estoy convencido de que, si al menos existe un mínimo de equilibrio, si al menos las decisiones arbitrales resultan razonablemente disimuladas y la competición se desarrolla con una cierta normalidad, este equipo tiene todo para convertirse en el Real Madrid más constante y regular de los últimos quince años.

 

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Roberto
Construyendo mi Torre de Babel. Escribo cuando estoy inspirado, casi siempre, sobre fútbol.

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