El otro día vi una noticia en no sé qué medio. Hablaba sobre el buen ambiente que se estaba generando en el vestuario del Real Madrid y me puse contento, pero no me duró demasiado. Está muy bien ver imágenes de los jugadores entrenando juntos, de buen rollo, sonriendo y gastándose bromas, porque evidentemente prefiero eso a ver a dos jugadores dándose de puñetazos después de dos años de frustraciones. Pero la realidad es que todo eso me sirve de muy poco si detrás no está lo que realmente importa.
Y lo que realmente importa no es que se lleven bien, sino que sean capaces de funcionar juntos cuando llega el momento de competir. Me gusta recordar una anécdota que cuenta Ruggeri sobre su llegada al Real Madrid porque explica perfectamente lo que quiero decir. Ruggeri venía de un vestuario con un ambiente fantástico, todo era quedar después, abrazarse, mostrarse cariño y llevarse estupendamente, aunque después en el campo aquello funcionaba o no en función de vete tú a saber qué. Hasta que fichó por el Real Madrid y se encontró con lo que él mismo describe como un ¨ambiente de mierda¨.
En aquel vestuario no se hablaba, nadie preguntaba a nadie qué tal estaba y en los entrenamientos no había precisamente caricias. Estaba impresionado por el mal ambiente que se respiraba, pero era el nuevo y tampoco podía hacer demasiado. El caso es que comenzó la temporada y el equipo empezó a ganar partidos cuatro a cero, cinco a uno y así sucesivamente. Ruggeri cuenta que era pitar el árbitro el comienzo del partido y aquellos jugadores sabían dejar todo a un lado para concentrarse en ganar, ni más ni menos. Ya se llamarían hijo de quien tocase una vez acabara el partido, pero durante los noventa minutos eran compañeros y tenían perfectamente claro cuál era su obligación.
Con el paso de los entrenamientos, eso sí, Ruggeri empezó a estar harto de la situación del día a día, porque para él era muy duro no disfrutar de llegar a la Ciudad Deportiva después de venir de un vestuario completamente distinto. Así que se encargó de convencer al capitán para que organizase una cena con todos. Cuenta Ruggeri que jamás ha escuchado más improperios hacia alguien que en aquella cena, en la que los jugadores se iban levantando uno a uno para decir lo que pensaban de los otros. Fue una de las cenas más tensas de su vida y allí no quedó títere con cabeza. Lo más gracioso es que a él, que apenas llevaba un mes y medio en el Real Madrid y prácticamente no había dicho ni mu, también le cayeron palos de todo tipo. Eso sí, el equipo ganaba.
No estoy diciendo que quiera eso en el vestuario del Real Madrid, evidentemente. No quiero que haya jugadores que no se hablen o que se lleven mal, pero sí digo que no me pienso creer ni dar demasiado valor a todas estas noticias que están saliendo sobre el buen ambiente, las risas, los abrazos y demás, porque ya las leí también durante el último año de Ancelotti y no es que valiese de mucho. Cristiano lo explicó de una manera mucho más clara en un Real Madrid absolutamente ganador de Champions League: él no tenía que invitar a su casa a nadie ni ser amiguito de nadie, sino rendir cuando estuviera dentro del campo y hacer lo mismo que sus compañeros, porque ahí es donde tenían que dejarse la vida por el otro. Insisto, claro que es preferible que sean amigos y que exista buen ambiente como lo está habiendo en este inicio de Mou, a mí también me gusta ver imágenes en Valdebebas de buen rollo, pero lo que de verdad importa es que sean adultos y profesionales. En mayo de 2027 no mediremos cuántos abrazos se dieron en el entrenamiento, cuántas veces invitó uno a cenar al otro o cuántas fotografías compartieron juntos. Lo que se va a medir son los títulos.
Mourinho se está encargando de que el ambiente sea bueno y hace bien, porque venimos de un puñetazo dentro del vestuario y de muchas decisiones tomadas durante dos años que, cuando contentaban a uno, molestaban al otro, y todo eso va haciendo mella. Recuperar un vestuario en el que los jugadores puedan convivir y trabajar juntos es importante, pero lo que sobre todo debe hacer es crear adultos responsables que funcionen cuando vengan mal dadas. Porque las cosas malas van a llegar y habrá decisiones que no contenten a todos. Un día tendrá que tragar uno y otro día otro, porque cualquier decisión, por sencilla que sea, suele tener como consecuencia algo negativo para alguien. Así funciona esto. ¿O es que acaso tú, que estás leyendo este artículo, no discutes con tu jefe o con algún compañero y tienes que seguir rindiendo? ¿Te imaginas dejar de trabajar porque te enfadas como un niño pequeño? Pues de ahí venimos.
Lo que quiero es que los componentes de ese vestuario pasen de ser de niños a ser adultos, que entiendan que pueden discutir, enfadarse o incluso no soportarse y, aun así, seguir compitiendo juntos
Hay que llevarse bien. Pero sobre todo hay que dejar atrás los mimos, los malos hábitos y los caprichos para convertir a los 25 en un equipo de adultos que entienden que no todas las decisiones pueden contentarles. Tienen la suerte de dedicarse al oficio con el que sueña el 90% de la población en su infancia y, por tanto, tienen que asumir que habrá momentos en los que les toque ceder por el bien del equipo. Que sí, que yo también quiero que sean amigos y que me gusta ver esas imágenes en Valdebebas de buen rollo. Ellos, que son muy listos y lo saben, se dedican a subirlas a redes para ilusionarnos, y está bien. Pero no confundamos eso con lo verdaderamente importante.
Lo que quiero es que los componentes de ese vestuario pasen de ser de niños a ser adultos, que entiendan que pueden discutir, enfadarse o incluso no soportarse y, aun así, seguir compitiendo juntos. Si dos no se tragan, que no se hablen, pero que se pasen la pelotita. El que esté cabreado, que utilice ese enfado contra el rival. Si una decisión no le gusta, que la soporte y siga trabajando. Porque al final lo único que debería importar es que pongan el club por encima de todo. No necesitamos 25 amigos. Necesitamos 25 profesionales. Y en mayo de 2027 no importará cuántos abrazos se dieron en el entrenamiento, sino lo que fueron capaces de ganar juntos.
Getty Images














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