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El Caso Negreira llega a Japón

El Caso Negreira llega a Japón

Escrito por: William Pogue2 septiembre, 2026
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Pasará todo de golpe. El caso Negreira se acelera. El Real Madrid gana y golea. Los jugadores del Barcelona han vuelto a los vendajes. Los sicarios del silbato siguen lamiendo la mano que les entrega los trescientos mil: "Me gusta tu bigote" (a Raphinha), "le metes un pisotón que lo flipas" (a Yamal), pero no te he sacado tarjeta porque "no lo he considerado". El ambiente en España está enrarecido después del incalificable espectáculo de Ceuta. Pongan los adjetivos que quieran, aquí no hay más colores que el blanco. Pero la cosa tiene que reventar. No hay más remedio.

El detonante puede ser Mourinho, que aparenta mucho más temple y sabiduría que hace trece años, pero que no se va a dejar robar sin decir las cosas que todos diríamos. No espero menos. Puede ser la justicia la que empiece a tirar del hilo de la corrupción del fútbol de una santa vez, ahora que se tiene que decidir si habrá juicio. Sería un buen comienzo. Puede ser Julián Álvarez, confesando que el Barcelona le engañó como Peter Sellers al chino de sus películas. Puede ser peor, puede ser España. Ni un mundial nos ha apaciguado. Estamos a la greña. Todos contra todos, por machistas, por fascistas, por corruptos, por tener un coche blanco. Puede que sea como en la mascletá, una cadena de explosiones que termine con una traca final. Ojalá que lo más grave que pase sea que el Barcelona baje a segunda y sea castigado con cinco años sin Europa.

Y en el fondo, si entrecierran los ojos y ponen la mente en blanco... ¿no ven que hay alguna especie de relación entre todo lo podrido? El Barcelona, el CTA, Tebas y los medios (los formales y los que hacen circo con tontos del "poble"), el CSD, Soler y los siete votos... Núñez, Laporta, Waterloo, Antonio Fresas.

He estado tres semanas sin escribir. De vacaciones. Fuera de España. En Japón. He regresado regenerado por tanta normalidad. Ahora soy capaz de ver más claro que nuestro día a día es anómalo: en Japón los trenes funcionan. No descarrilan. No sólo eso: llegan a su hora. Todos. También el metro. Los autobuses salen sincronizados con el reloj en cada parada. Casi todo es previsible, casi todo está automatizado. La gente no se grita. Nunca ha faltado una botella de agua, té o refrescos en ninguna de las miles de máquinas de vending donde he buscado refugio en el tórrido agosto japonés. La mayoría de las mujeres llevan vestidos (no es ni bueno ni malo, mundo woke, me ha llamado la atención porque España ya no es así). Los locales no se cuelan en las filas. Todo el mundo da las gracias constantemente. Y sonríe.

En medio de la molicie de la vida contemplativa se me ocurrió interrogar a algunos locales sobre temas aleatorios. Conocí a un taxista de Uber de más de sesenta años, exprofesor en la Universidad de Indiana, que conducía un taxi para compensar su pensión de setecientos euros. "Japón no necesita más viejos" asumió con indiferencia. El señor no era aficionado al fútbol, pero informado de los hechos objetivos sobre el club más corrupto de la historia, me confesó que no entendía cómo el Barcelona no había sido condenado a la disolución después de sobornar al sistema durante más de veinte años y sus dirigentes castigados con la cárcel. "La deshonra les acompañará para siempre", sentenció, ojalá proféticamente.

Fue una opinión desapasionada, de sorpresa en el fondo, por la forma de vida occidental y por la extraña escala de valores en la que la corrupción no es inmediatamente condenada, una vez descubierta.

me confesó que no entendía cómo el Barcelona no había sido condenado a la disolución después de sobornar al sistema durante más de veinte años y sus dirigentes castigados con la cárcel. "La deshonra les acompañará para siempre"

No conforme con mi hallazgo, quise poner a prueba por segunda vez mi teoría. Fue en Alpen Tokyo, en Shinjuku, la tienda más grande de deportes que encontré. Fui a comprar la preciosa camiseta Mizuno del jugador de béisbol de los Dodgers de Los Ángeles, Shohei Ohtani, pero la de la selección de Japón con el número 16. El béisbol no me interesa especialmente, pero el deportista sí. Ohtani es el Cristiano Ronaldo de ese deporte. Factura 100 millones al año en contratos publicitarios, entre ellos por ser imagen de Seiko: patriota y con buen gusto. Este muchacho firmó en 2024 una renovación de 10 años con los Dodgers por 700 millones de dólares, pero va a cobrar una ficha de 2 millones al año y el resto después de su retirada en 2034, a razón de 68 millones anuales. Mentalidad japonesa. Todo previsto. Sin rastro de urgencia. Ahora díganme un jugador de LaLiga que crean que aceptaría ese contrato.

En Alpen me atendió una joven con un polo azul marino de una marca irreconocible. Le pedí la camiseta y se disculpó varias veces por no tenerla en stock. Me quedé mirando algunas otras que tenían colgadas mientras ella permanecía a mi lado. Le pregunté sin darme la vuelta del todo si le gustaba el fútbol y si conocía algún equipo de la liga de España. Asintió a las dos. "Real Madrid", dijo. Entonces le hice la misma pregunta que al señor del taxi. "¿Sabes que el Barcelona...?" Esta vez no entendió del todo, por mi inglés, por el suyo o por la extraña pregunta. El resto de la conversación se desarrolló en el traductor de Google del móvil. Mientras ella leía aproveché para mirarla. Su cara al leer era de estupefacción. Creí que se sonrojaba. Se llevó el dorso de una pequeña y blanquísima mano a la boca. Me miró con los ojos muy abiertos y me contestó, simplemente: "Eso no puede haber ocurrido, es un delito". Moví la cabeza en señal de afirmación varias veces mientras observaba su desconcierto. El logo de la camiseta de Ohtani con el 17 de los Dodgers era demasiado grande. Allí se quedó.

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte VIII

España está desnaturalizada, desconocida. Siempre tuvimos un punto salvaje, justiciero al estilo del Antiguo Testamento. Vivimos tiempos difíciles, pero hemos perdido la energía y la determinación para exigir justicia. Incluso dentro del madridismo tenemos que aguantar que nos llamen trasnochados, mamadores... por señalar a los delincuentes. De los de enfrente ni hablamos. "El bulo Negreira". Las "mentiras" de RMTV. José Plaza. El todopoderoso Florentino.

Vayan a Japón. En serio. Es el verdadero primer mundo. El pináculo de la civilización. Un país donde un editor de 82 años y el presidente de una firma de trajes ejecutivos fueron condenados a dos años y medio de cárcel por pagar a directivos olímpicos para conseguir contratos. Medio millón de dólares uno y trescientos mil el otro. Peccata minuta comparado con 8.4 millones y más de veinte años de corrupción. Desde el delito hasta las condenas pasaron tres años. Al que trincó le caerán cinco. Tiene 81, pero irá a la cárcel. Públicamente ya son cadáveres. La sociedad japonesa no perdona. ¿Qué nos ha pasado en España para tragar tanto?

 

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