El Madrid de Mourinho ha empezado la temporada estupendamente, mucho mejor de lo que nos imaginábamos. No tanto por los resultados, que han sido hasta ahora perfectos, sino por la actitud que están mostrando los futbolistas. Este es el aspecto, de momento, más interesante del desempeño del equipo a lo largo de los tres primeros partidos, una enmourinhización especialmente evidente en Bellingham, Huijsen y Camavinga.
Lo de Camavinga parece un milagro. Este futbolista, de enormes "potencialidades", llevaba dos temporadas menguando, a lo Benjamin Button: cada partido sabía menos de fútbol, cada semana parecía entender peor el juego, cada vez parecía más inservible, y eso… ¡viniendo de alguien que ha sido titular en una final de la Copa de Europa, por delante de Modric! Al final de la temporada pasada, Camavinga llegó incluso a ser irritante, su mera presencia en el campo y su trote y su deambular sin sentido por la media causaban desconcierto, desazón y angustia. Si Mourinho lo recupera, estaríamos hablando de una hazaña superior y de una contribución patrimonial de primer orden para el Madrid, en vista de la escasez de centrocampistas.
Lo más destacado de este inicio es la enmourinhización del equipo, especialmente evidente en Bellingham, Huijsen y Camavinga
El partido contra el Málaga en el Bernabéu confirma un cambio radical en Huijsen. Su nonchalantismo también alcanzó un punto irritante la temporada anterior, pues, en el deporte de élite, sólo puedes ir de chulo y pasota si tu rendimiento es excelso. De lo contrario se cae en el ridículo y Huijsen, por suerte, es muy joven todavía. Da la impresión de que este verano ha aprendido la lección, no hay que olvidar el papel tan importante que tuvo el propio Mourinho en su descubrimiento.
Todos los defectos que se le podían achacar a su juego (indolencia, blandura en el cuerpeo y en el juego aéreo, desconexiones mentales, suficiencia) parecen en vías de solventarse, y de qué manera. El gitano rubio de los ojos azules se ha mostrado agresivo, audaz en los cortes y en las anticipaciones, mandón y seguro: digno del número 4 que lleva a la espalda y que antes de él llevaron Fernando Hierro y Sergio Ramos. Se perdió un Mundial al que habría ido seguro y eso es un palo gordo. En esta vida no hay nada como la competencia. No es que haya venido Mourinho a entrenarlo en el Madrid, es que se ha fichado a un central de categoría mundial.
¿Cuántos tackles hizo Huijsen el domingo? ¿Cuántos balones robó al corte? Estaba siempre bien colocado y no se dejó ganar la espalda en ningún momento. Eso es lo que ha cambiado: el modo de estar en el campo. A menudo, el año pasado los centrales del Madrid parecían guardias civiles en la valla de Ceuta el día del asalto: individuos descoordinados y desamparados, dejados al vaivén de los acontecimientos, corriendo hacia atrás y en desventaja con respecto a los adversarios.
Que venga alguien de garantías a sustituirte, a comerte la tostada, es casi siempre mano de santo. A Carreras, por ejemplo, también le ha venido muy bien que se fichara a alguien mejor, carismático y listo para subir el nivel del equipo: ahora parece otro y ya no hay rastro del tipo sobrado que parecía ir flotando por la vida mientras su carril izquierdo era un coladero infame.
No es lo mismo actitud que aptitud. Lo uno mejora lo otro, desde luego, pero sin aptitud casi nunca hay actitud que valga. El Madrid hizo dos grandes inversiones el año pasado en dos laterales de prestigio, sobre todo Trent Alexander-Arnold. Tanto él como Carreras cuajaron un año francamente mejorable, por ser magnánimos. Los fichajes, este verano, de Cucurella y de Dumfries no sólo vienen a subir el listón competitivo de los laterales del equipo, sino a testar la viabilidad futura de Trent y Carreras en el Madrid. De momento, la prueba está saliendo bien.
Ahora no hay que ir a la guerra, no desde luego como en 2010, sino construir mientras no se para de ganar
Esta mourinhización alcanza su grado máximo en Bellingham. En estos tres primeros partidos ha vuelto a ser el box-to-box que deslumbró en su primer semestre como madridista. Su juego es otra vez el del medio llegador que aspira a galvanizar el partido, el del derviche con cuerpo de maratoniano que desempolva goles imposibles de los álbumes antiguos del fútbol. Y eso que, físicamente, aún no está a tope.
Esta energía, que de los individuos se traslada al colectivo, es imprescindible para competir a lo largo del curso como Mourinho quiere que el Madrid compita. En estos tres partidos hemos visto una presión alta y continuada de todo el conjunto que hacía años que no veíamos. Hemos visto más cosas: los interiores y los extremos ofensivos replegándose con intensidad y persiguiendo a sus marcas hasta casi la portería de Courtois. Ha sido emocionante ver a Vinícius, Brahim, Güler y Bellingham empeñados en duelos defensivos por zonas del campo muy alejadas de sus ecosistemas naturales. Es el compromiso total necesario para derrotar al gran equipo de este tiempo, que es el PSG de Luis Enrique, un organismo incansable en donde quien más presiona es el delantero centro.
A este nuevo fútbol, que no es tanto el famoso gegenpressing sino otra cosa, una ocupación racional de los espacios, no estábamos acostumbrados. Mourinho está probando cosas para resolver el enigma del mediocentro, a la espera tanto de Tchouaméni como de Pitarch: Valverde de pivote pero rodeado de zurdos peloteros y sobre todo en un Madrid que domina y corre, con los extremos e incluso los centrales muy arriba, constantemente empujando al contrario contra su propia área.
Mourinho, que ha vuelto más tranquilo y sabio, parece disfrutar con este nuevo papel de estratega sereno, como si fuera consciente de que tiene delante una buena oportunidad. Ahora no hay que ir a la guerra, no desde luego como en 2010, sino construir mientras no se para de ganar. Hace poco vi un vídeo, algo antiguo, de Luis Enrique. Era cuando entrenaba a la selección y venía a decir, más o menos, que los futbolistas ahora son tan zopencos que la labor de los entrenadores consiste, básicamente, en darles mensajes cortos y simples que puedan entender. Quizá Mourinho haya entendido, además, que el truco, con los del Madrid, es que crean que pueden ganar.
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