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Corbalán: "Laso ha recuperado nuestro baloncesto"

Corbalán: "Laso ha recuperado nuestro baloncesto"

Escrito por: José Luis Llorente Gento17 noviembre, 2019
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Juan Antonio Corbalán Alfocea ha sido uno de mis maestros en el baloncesto y en la vida. Aprendí a jugar viéndole cuando era un júnior y, más tarde, cuando se convirtió en el base titular del Real Madrid y del equipo nacional, como le gusta decir. Luego, tuve la inmensa fortuna de ser su compañero durante muchos años y comprender la profundidad de nuestra posición en la cancha, así como muchos de los comportamientos que han guiado mi vida. Es un honor para La Galerna poder entrevistarle y una suerte para nuestros lectores acceder a sus pensamientos. Gracias, Juan.

 

Háblanos de algo que poca gente conoce: tu francofilia.

Me parece que, históricamente, España siempre ha dado un paso atrás cuando tenía que darlo hacia adelante, o al menos, que se ha abstenido de dar ese paso en dirección al progreso cuando le tocaba. Cuando echamos a los franceses perdimos el tren de la modernidad. La gente habla de la Guerra del 36, pero no se da cuenta de que nosotros llevamos 300 años en guerra civil, y que aquellas guerras de los siglos XVII y XVIII prueban lo que digo, porque las posiciones más centralistas en relación a la estructura del estado eran las más aperturistas y éstas se correspondían con los que apoyaban a los Borbones, dinastía francesa. En cambio, las posturas de la periferia, afines a los Austrias, eran más cerradas, como por ejemplo el carlismo.

Hablas de guerras civiles de centralismo y, sin que afortunadamente sea tan grave el caso, ahora tenemos un problema serio con el secesionismo catalán. ¿Qué opinas de esto, así como de la postura oficial del Barcelona sobre este particular?

A mí me parece que las directivas que ha tenido el Barça siempre han querido estar al plato y a las tajadas.

¿Ves algunas diferencias entre su posicionamiento actual y el que siempre han mostrado? ¿No están más radicalizados ahora?

Los veo igual. Con esa dualidad. Ellos saben que su negocio está en España y Europa. Pero viven permanentemente influidos por la presión social allí. A mi la independencia de Cataluña me parece imposible.  Ellos saben que no va a poder ser, y son conscientes de que esa idea supone el secuestro de un territorio que muchos que no somos catalanes podemos sentir como nuestro. El Barcelona siempre ha estado entre dos aguas. Por un lado son estatalistas y europeístas, pero por otro lado son anti centristas. Sacan banderas independentistas en el estadio, pero luego tampoco se les caen los anillos por fichar a tíos de Albacete y por fichar a tíos de Jaén o de Cuenca, o de donde sea, porque a veces son muy buenos, como Iniesta. Creo que son muy ambiguos.

 

De hecho, el baloncesto lo tienen en manos de un chico de Madrid. Rodrigo de la Fuente. 

Y de un malagueño, Nacho Rodríguez. Cuando empecé a ir a Cataluña, en los primeros 70, la sensación era muy uniforme porque parece que había como un enemigo muy por encima, que eran la dictadura y Franco. Pero claro, cuando murió Franco, lejos de que la libertad nos uniera, lo que pasó fue que el estado de las autonomías quedo un pelín cojo y ellos siguieron a lo suyo. En el supuesto de que yo hubiera tenido algo que ver con el Barcelona, en el momento actual o en otros momentos previos, me habría costado mucho trabajo seguir en el club, por culpa de este permanente conflicto.

¿Y qué te parece la actitud actual con el famoso comunicado criticando la sentencia del Tribunal Supremo? ¿No te parece que es un paso más allá? Porque hablas de ello como que es el Barcelona reconocible de siempre. ¿Te parece de verdad que hay el mismo grado de catalanismo?

 Sí, a mí me parece que es exactamente igual. Es decir, ellos saben que su barcelonismo se basa en el catalanismo y consideran (para mí equivocadamente) que el catalanismo debe ser independentista. Yo creo que es al revés. Creo que el buen catalán, el catalán que de verdad ha entendido su historia, no puede ser independentista. Tiene que ser… No digo que sea constitucionalista, pero tiene que ser como alguien que se ha implicado dentro de lo que es el resto de España. Que eso no les envilece, sino que al revés, les ennoblece. Deberían entenderlo. A mí me da mucha pena lo que te voy a contar, pero fui dos veces a ver fútbol al Nou Camp, y me tuve que ir las dos.

¿De los improperios de la gente?

Sí. Una de las veces iba con la Selección, y otra iba solo con Miguelito López Abril, base de mi época que jugaba en el Barça. Y nos tuvimos que ir porque llegó un momento que yo dije “mira, Miguel, vámonos”. Cuando empiezas a ver que hay dos o tres que dicen más cosas de las que deben y tú callas, aunque tú calles, hay un momento que estás incómodo. Llega un momento en el que dices “Bueno, y ¿por qué tengo yo que aguantar esto?”.

Encima a ti, que no eras un jugador nada polémico. Eras un jugador de una deportividad intachable.

Pero eso a ellos les da igual. Ellos no están juzgando si uno es bueno o malo. Es mejor tu ladrón que la persona más virtuosa de tu enemigo. Es así cuando estás hablando entre gente cerril . Esto es realmente lo único que siempre me ha molestado del Barça. Aquí terminaban los partidos, en los años ochenta, y los jugadores del Barcelona salían por la puerta de la Ciudad Deportiva. Salían andando tranquilamente, entre los aficionados blancos que salían por ahí y que obviamente los reconocían sin que pasara nada.

Fui al Camp Nou dos veces y me tuve que ir

Y en Barcelona no era así, en cambio… Ahí siempre tenían que ponernos el túnel este de la policía…

Claro, protegidos por la policía…

Pero luego se contagió también un poco el pabellón nuestro, hemos de admitirlo.

Luego se contagió, sí, aunque no hasta esos extremos. Nosotros íbamos completamente escoltados desde el hotel, ¿te acuerdas?,  con un furgón de la Policía. En el inicio, era muy duro salir, era el campo más duro. Y era el único así en Cataluña, curiosamente. Mucho más duro que el campo del Joventut, por ejemplo, y mucho más que Manresa… Una cosa es que tú animes a tu equipo, y otra que insultes como elemento consustancial de tu presencia en el Palau. Ellos se empeñaban en acusarte de fascista, o de otras cosas aun más peregrinas.

Como los de la fiesta de la bicicleta, ¿te acuerdas? Que se sentaban justo detrás de nuestro banquillo. 

 Sí, claro, fueron los precursores de los hooligans españoles. Los Moreno se llamaban, y fue el primer grupo Ultra que existió en España. Además, no eran jóvenes, eran talluditos, unos 50-60. Eran unos veteranos de guerra, ya.

Ios pá Madrid con la fiesta de la bicicleta”, gritaban. (Risas). “Fills de puta, fills de puta”.

Pero luego hablabas con el resto de catalanes, cuando íbamos con la selección y tal, y la gente pues lógicamente era normal…

Estuviste, jovencísimo, en los Juegos Olímpicos de Múnich. Aquello sí que fue violencia…

Lo viví con la boca abierta y una consternación enorme. Lógicamente nadie podía esperar, y mucho menos en Alemania, que pudiera ocurrir algo de esa magnitud. Nosotros... Bueno, nosotros y todo el mundo, nos quedamos en la zona donde estaba el comedor. Desde allí se veían los edificios donde estaban los israelíes. Veíamos a toda la policía alemana subida a los tejados. Estuvimos así durante todo el día, y cuando ya se dijo que los helicópteros iban a venir, como a las cinco de la tarde, a nosotros nos sacó la Federación. Y nos llevaron a cenar a Múnich, fuera de la villa olímpica. Pero bueno, era una consternación tremenda entre todos los atletas, lógicamente. Porque aquello seguía... Unos iban a competir, otros volvían, pero todos acabábamos allí, claro, unos Juegos Olímpicos tienen como 10 mil personas en atletas. Lo que supuso para todos nosotros fue una sensación de que ni siquiera en los grandes acontecimientos deportivos podías estar seguro. Y todo el mundo, me refiero a los atletas, como que tuvo que tomar una postura frente a lo que era Israel y frente a lo que eran los judíos, que no es lo mismo. Lo judío es una cosa y lo israelí es otra, aunque para todo el mundo parece que es todo lo mismo. No. Hay un concepto que es religioso o cultural donde son todos, si no religiosos, sí son judíos culturalmente hablando. Yo creo que en Israel no habrá más de un 10 por ciento de religiosos practicantes. Podría ser una cosa como en España con el catolicismo. Sin embargo, todos son judíos culturalmente hablando. Bueno, pues eso hacía que allí todo el mundo, en función de ser del este o si era del oeste, o eran americanos o rusos, tuvieran una visión digamos distinta. Y todo eso acabó explotando con la celebre final olímpica de baloncesto entre rusos y americanos.

¿La vivisteis in situ?

Claro, yo estaba debajo de la canasta, porque entonces los Juegos Olímpicos no estaban tan bien hechos como ahora, donde los jugadores tenían zonas asignadas, no, estuvimos allí, tenías un pase y pillabas lo que pillabas y a veces no pillabas nada porque estaba todo vendido, lo que sea, y yo me quedé con un grupo de fotógrafos debajo de la canasta donde Alexander Belov acabaría metiendo la última canasta.

Me enteré hace poco que uno de los cronometradores de la mesa era Joseph Blatter, el que luego ha sido presidente de la FIFA.

No lo sabía.

¿Has visto una película sobre ese Partido que se llama Tres segundos?

La vi, la vi. Es una bazofia.

Es una bazofia y está mal hecha, pero ¿es verdad todo lo que cuenta?

Es mentira, es mentira. Las tres repeticiones fueron justas y se tuvieron que hacer, y fueron la razón por la que ganaron los rusos, cuando a los americanos nunca les había ganado nadie. Pero la película añade cosas totalmente fantasiosas. Yo estaba allí. La primera de las tres repeticiones, ocurrida en los momentos finales del partido, fue así. Quedaban muy pocos segundos y el de la mesa, que tú me dices que era Blatter, le dio al tiempo antes casi de que el árbitro le diera el balón al ruso, con lo cual según cogió el balón sonó la bocina. Claro, no valía. Los americanos se tiraron a celebrarlo, pero, claro, había que repetir. Entonces se repitió.

Y la segunda vez que repitieron ocurrió algo muy parecido, ¿no?

Sí, estaba el árbitro, uno de los árbitros, era un brasileño que se llamaba Righetto, y estaba con Edeshko debajo de la otra canasta, en la que estaba yo, con el balón esperando, y entonces ahí pasó al revés: en lugar de que la mesa diera el bocinazo antes de tiempo, ahora fue que la mesa le hizo la seña al otro árbitro que estaba al lado de la mesa, le dijo "dale", y éste, Righetto, estaba