Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro I Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. Recordamos que el ganador se dará a conocer el día 24 a las 5 de la tarde.
—A ver si lo he entendido bien. ¿Pretende usted pagarme para que cometa su propio asesinato en el día de Navidad?
Los copos de nieve caían sin cesar sobre el cobertizo, de manera insultante, formando una capa blanca inapelable. Allí estaban ellos dos, un coleccionista de fracasos y un sicario cobarde que temblaba con la sola visión de un tenedor. Era la historia de todas las navidades.
—La nieve blanca, los villancicos blancos, el vino blanco, los piñones blancos... ¡Hasta el turrón es blanco ahora!
El sicario se quedó mirando al vacío con la boca tan abierta como una rosquilla, contemplando la maravillosa obra de la creación, aunque sin entenderla, como el paleto que llega a la gran ciudad con la gallina debajo del brazo y se tiene que quitar la boina en señal de admiración. Llegados a este punto, debemos aclarar que incluso los sicarios pueden sumergirse, de vez en cuando, en sus propias inquietudes morales, y estas pueden tener un profundo calado filosófico.
—¿Tengo que matarle o esa era la lista de la compra?
—¡Tente, malandrín! No tienen bastante con teñir de blanco toda Europa, no, ahora también me persiguen en mi propia casa, mira...
El avaro Scrooge señalaba el cielo. El sicario miraba el dedo.
—Escucha, presta atención: ese copo de nieve de ahí es Raúl abandonando nuestra cantera; ese otro de ahí es Sergio Ramos saltando como un león en Lisboa; por ahí veo venir a Cristiano Ronaldo con el torso desnudo, y aun así, de un blanco resplandeciente; ahí está Zidane, ese mago malvado, haciendo hechicerías para derrotar al Cholo y malograr su estrategia en el campo de batalla.
—Cada año está usted peor, señor Scrooge.
—Por eso quiero que me mates, necesito ofrecerme como chivo expiatorio y de ese modo revertir la situación. Solo así mi Atleti ganará la Champions. Es muy sencillo: al teñir de rojo la nieve se formarán los colores rojo y blanco, y el cielo entenderá que se está cometiendo una injusticia aquí abajo. El fútbol nos debe tanto...
—¿No ha pensado en el sufrimiento que va a causar a su esposa e hijos?
—Eso es lo mejor de todo... Verás, en la familia de mi mujer, todos son madridistas. Por eso, intenté inculcar a mis hijos mi amor hacia el Atleti, equipándolos con el uniforme prácticamente desde que nacieron. Pero mis malvados cuñados, esos pérfidos merengones, pronto comenzaron a influir con sus malas artes. El mayor retiró de su habitación los pósters de Juanma López y del Mono Burgos, y en su lugar tiene ahora a Modric, incluso se está dejando la melena rubia. El pequeño dice ahora que quiere ser ingeniero de caminos, he perdido el control sobre mis hijos. No me queda otra salida, el dolor es insoportable.
—Es posible que ese dolor sean gases, producidos por un exceso de...
—¡Calla! Mientras estamos aquí de cháchara no han dejado de llegar más enemigos. La afrenta es cada vez mayor, ¿cómo se atreven a venir aquí, a mi casa?
—Son sus cuñados, que vienen a comer a casa, como cada Navidad.
—¡Haga su trabajo de una vez! No podría soportar otra Navidad llena de chistes y cánticos vikingos. Por favor, se lo ruego, apiádese de este pobre colchonero.
Al sicario le temblaba la mano, como cada año. Con extrema dificultad sacó la pistola, una magnum 44 que el propio Scrooge le había hecho llegar, de su época en el Frente Atlético. Un solo disparo bastaría para que sus propios huesos se convirtieran en metralla secundaria esparcida por todas las tripas y rebanasen los órganos que encontrasen a su paso. Y eso era mucha presión, parecida a la que sintió Juanfran al tirar su penalti en Milán. O a la que siente el Cholo cuando ve aparecer la calva mágica de Zidane. Finalmente, como todos los años, Scrooge se arrepintió en el último momento, cuando se sabía encañonado.
—Pue-pue-pue puede que este sea nuestro año. S-s-s-sí, sí señor, este año tenemos bu-bu-buen equipo. El Cholo ha evolucionado... Eso es, el fútbol al final se cobra sus deudas. ¿Cómo voy a morir yo en el año de la Champions? Jamás me lo perdonaría, ni siquiera en el más allá.
—¿Anulamos entonces el encargo?
—Ya veo Neptuno teñido de rojo y blanco. Por Aragonés, por el Niño Torres, por Abel Resino, por Solozábal... Efectivamente, anulamos el encargo. Ya te puedes ir.
—¿Y qué hay de sus cuñados madridistas?
—Déjalos que rían... Además, mi cuñado Paco trae todos los años jamón ibérico de calidad. Y Manolo viene de Huelva cargado de gambas blancas. En el fondo siempre lo pasamos bien.
—Pensé que usted los odiaba, que eran sus enemigos.
—Tú no lo puedes entender...
Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro I Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. Recordamos que el ganador se dará a conocer el día 24 a las 5 de la tarde.
…ya vienen los Reyes Magos, ya vienen los Reyes Magos…
-¡Pst!
…caminito de Belén…
-¡Eh!
…olé, olé, Holanda, olé…
-¡Despierta!
…Holanda ya se ve….
-¡Eh, Antonio! ¿Te vienes?
La bola enorme color plata con la efigie de Zidane haciendo una ruleta le estaba hablando. Regalo de su abuelo, no podía dejar de mirarla. ¿Qué era aquello? El ruido de fondo en la habitación lo arrullaba como una nana: la tele, los villancicos, sus padres bebiendo y charlando, las risotadas de su tío, el frufrú de su abuela desliando polvorones. Y delante, las lucecitas, guirnaldas de colores que parpadeaban guiñándole el ojo, seguían atrayéndolo. Una voz lo reclamaba desde el centro del árbol de Navidad.
-Estamos a punto de empezar la prórroga. Nos falta uno. ¿Te vienes, o no?
En pijama sobre la vieja manta de cuadros que llevaba en su casa desde que desprecintaron el mundo, se balanceaba cada vez más cerca de las ramas de plástico verde que lo abrazaban con la calidez de su madre. Cerró los ojos un momento. Lo envolvió la vaharada que forma el agua caliente en el cuarto de baño después de la ducha, en invierno. Sólo era un momento, luego se iría a la cama, era demasiado tarde, no podía más.
Lo despertó bruscamente un fragor surgido del centro de la tierra. Abrió mucho los ojos, no se lo creía. ¿Era de verdad? Se pellizcó, miró a su izquierda, luego a su derecha, después levantó los ojos hacia el cielo, y el cielo no se acababa: una muralla de flashes y diminutas cartulinas blancas, que tremolaban como banderas al viento, se elevaba hasta un cordón de focos blancos que iluminaban con fulgor de mármol el inmenso tapete verde del estadio Santiago Bernabéu. La Luna, una uña plateada, colgaba del techo del cielo como la estrella del árbol de Navidad. Bajó la mirada, deslumbrado y aturdido. Se vio a sí mismo vestido de blanco, un blanco sin mancha. Sus pies, calzados con unas ligeras botas negras, lo hicieron caer en la cuenta de lo que estaba pasando. Se tocó la ropa, los brazos, sintió un escalofrío con el tacto del algodón suave de la camiseta blanca. Sus dedos nerviosos pasaron por encima del escudo en el pecho, de hilo bordado, exactamente sobre donde le latía el corazón, a mil por hora. Oyó un silbido muy fuerte y sus ojos miraron al frente. Diez tipos de blanco le hacían señas para que se acercara. Un tío todo de negro movía irritado el silbato en el centro del campo mientras aplacaba a voces a otros diez gigantes vestidos de rojo sangre que agitaban los brazos enfadados y le señalaban el círculo central, con ansia viva.
Era el Madrid. Es decir: él jugaba en el Madrid.
En el Madrid.
—¡Hombre, por fin!
—¡Venga, que me dejas solo defendiendo! ¡Vente aquí!
—¡Señores, que sepan que todo este tiempo perdido lo añadiré en el descuento!
A su lado, Fernando Hierro lo miró de arriba abajo con el ceño de un emperador contrariado.
—¿Listo? No pasa ni Dios, ¿EH?
Antonio tragó saliva, escuchó el silbatazo y luego, nada: la realidad se disolvió en un rugido tan intenso como el bramido furioso de una criatura mitológica, que ocupó todo el espacio físico entre los hombres y las cosas hasta dejarlo completamente sordo. Un momento después, la burbuja explotó con el crepitar de cientos de miles de lenguas de fuego. El Bernabéu estalló en pedazos de ruido y luz justo cuando sin que supiera de dónde, la pelota cayó del cielo a un metro de donde él estaba y un alemán rubio de cara colorada y deformada por el odio se le echaba encima con sus tres metros de plomo.
—¡FUERA!
¡Nunca había imaginado que pudiera ser tan veloz y ágil como los futbolistas que veía por la tele! Un resorte se accionó dentro de él; saltó como un gamo y chocó con toda su fuerza con el titán, que echaba espuma por la boca. Para su asombro, el rubiasco salió despedido, rodando por el suelo como un barril rojo, y él se quedó con el balón. Lo pisó, se irguió en toda su increíble estatura, hinchó el pecho con el aire misterioso de la noche, que olía a yerba mojada y a leña, como la calle después de la lluvia, y de un rápido vistazo vio a Figo moverse como un rayo allá lejos, por la banda derecha. Qué sensación tan extraordinaria, su pie izquierdo lo obedeció como si lo manejara con el mando de la Play, la pelota salió zumbando y describió una parábola maravillosa hacia el punto exacto en el que había fijado su mirada.
—¡Buen pase!
Hierro pasó por su lado felicitándole con un palmetazo en la espalda que le cortó el aliento y le hizo toser. ¡Qué tío! En seguida vio a Roberto Carlos subir la banda como una flecha color café y a Zidane caracoleando junto a él: desde su posición podía distinguir su tonsura franciscana bailando entre una red tupida de camisetas rojas que no paraban de entrelazarse persiguiéndolo, en vano. Antonio miraba embobado el discurrir de la pelota por entre las piernas de los contrarios, movida como si los pies de Zidane y de Roberto fuesen los hilos de un titiritero monstruoso. Le parecía que el balón era un gato escapando grácilmente de una jauría de perros rabiosos. En un parpadeo, sin embargo, dejó de verlo. El Bernabéu resopló y una corriente de aire acompañó a Figo hasta el banderín de córner.
—¡Sube a rematar, que eres alto!
Como empujado por una ola invisible se encontró de pronto atravesando la inmensa pradera verde. Los pies lo llevaban volando como alas ligeras y la vista, empañada por la fina capa de lluvia que empezó a caer de improviso, sin anunciarse, como un efecto de las películas, sólo le permitió ver una melé blanquirroja fluctuando ante la portería rival. Se hizo carne dentro de la masa justo a tiempo para ver salir el balón golpeado por Figo desde la esquina. Intentó saltar…y unos brazos rojos fuertes como garfios lo atenazaron clavándolo al suelo. La bola blanca surcó el cielo sobre su cabeza, impotentemente mansa. Logró soltarse de las cadenas que lo amarraban con un zamarreón violento, en el momento en el que un filamento blanco se escurrió por entre los huecos de una mole roja: la coronilla de Raúl impactó con la pelota, que fue bajando como una lágrima hasta el palo más alejado del arco. Se maravilló de la estirada del portero adversario, un simio rubicundo y bajito capaz de levitar sobre la línea de gol. Empujado por alguien que lo arrollaba desde atrás, Antonio sólo intuyó que el balón no había entrado por el estadio, que le gritó al oído.
—¡¡¡UY!!!
Trastabillando, el codo de uno de rojo le golpeó en la ceja, enderezándolo con brusquedad mientras el hálito del Bernabéu se le condensaba en la cabeza. El portero contrario seguía racheando por la hierba mojada y sólo entrevió la pelota rotando sobre sí misma, directa hacia su cara. Abrió los brazos lo justo para impulsarse en el aire con una brazada de escualo que huele la sangre. Remató el balón con la ceja ensangrentada. Sintió un pinchazo de fuego en la frente y cayó de pecho dentro del área chica. Un instante después la tierra tembló.
—¡GOL!
Lo despertaron las risotadas en el salón. Tenía la boca pegada al suelo frío de mármol.
…la Virgen se está peinando….
Paralizado todavía por el sueño, sólo pudo comprender que el balanceo lo había arrojado contra el árbol en el momento en que perdió del todo la consciencia.
….sus cabellos son de oro…
A su lado, dentro de la bola de plata, descolgada por su cabezazo, Zidane le guiñaba el ojo. Sonreía.
…y el peine de plata fina…
Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro I Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. Recordamos que el ganador se dará a conocer el día 24 a las 5 de la tarde.
Me quedé embelesado mirando por la ventana. La araña bajaba por la columna de madera del porche, en la esquina que daba al norte. Era grande. De patas interminables. Ella sería mi portero. Lo había decidido.
Desde hacía unos días, desde que llegué al pueblo para pasar las Navidades con mis abuelos, decidí que tenía que encontrar un entretenimiento y comencé a formar un equipo con todos los bichos que veía por la casa y sus alrededores. Mi hermana se entretenía con la abuela haciendo todo tipo de postres en la cocina, pero yo, sin la Play y sin poder chatear con mis amigos, por la escasa cobertura del pueblo… ¿Qué hacer cuando tienes 10 años y la única compañía es un señor de 70 con el que apenas has hablado durante años?
Los abuelos vivían en un pueblo pequeño en las montañas de León. Apenas los veíamos. De hecho, aquellas fueron las primeras Navidades que pasamos junto a ellos, desde que regresamos a España para vivir en Madrid. Mi madre decía que ahora no estábamos tan lejos, pero a mi padre esas 4 horas de viaje no le parecía que fueran tan poca cosa. Además, mi abuelo y mi padre no hablaban mucho. Sólo discutían. Yo creo que el abuelo no le perdonó a mi padre que se fueran a vivir a Miami cuando se casó con mi madre. Quizá por eso no se quedaron con nosotros esos días previos a Navidad. Decían que tenían que trabajar, pero yo estaba seguro de que no era por eso…
—No vas a poder cazarla —dijo el abuelo mientras leía el periódico que acababa de traer de su “viaje” al pueblo de al lado. Allí sí me gustaba estar, porque había más bullicio. Y muchas motos de turistas a los que les encantan las curvas de las carreteras de aquellas montañas.
—¿Qué? —respondí distraído.
—La araña que estás mirando, que no la vas a cazar.
—¿Y por qué no? —dije entre sorprendido e indignado—. Cuando empiece a tejer la “teleraña” la cazo.
—No hay “teleraña” —respondió él entre risas—, ¿y sabes lo que quiere decir eso? Qué mañana va a llover, o peor aún, nevará, y te tendrás que quedar con este viejo tooodo el día dentro de casa.
Me había pillado. Sabía que me aburría y encima parecía disfrutarlo.
—A ver, ¿para qué quieres tú una araña?
—Para mi equipo de fútbol. Estoy montando un equipo con los bichos que me encuentro.
El abuelo soltó una carcajada que retumbó como si tronara un estadio después de un gol.
—¿Tanto te aburres, chaval? Así que te gusta el fútbol, ¿eh? ¿Y de qué equipo te ha hecho tu padre?
—Papá es del Atleti, pero yo soy del “Madrí” como mamá —respondí ufano.
—Menos mal que tu madre te quiere… Yo también soy del Madrid, ¿no lo sabías?
Al día siguiente nevó, como predijo el abuelo, pero no me importó. Me contó por qué se hizo del Madrid y que fue jugador de la “Cultu” (la Cultural Leonesa) durante los años ochenta. Según me dijo él, fueron unos años «donde la música sí era música y se bailaba con la cabeza por encima del culo y no cómo ahora». Me contó que durante dos veranos seguidos el Madrid hizo la pretemporada por allí y que jugó contra Míchel, Valdano, Hugo Sánchez, Butragueño, Chendo o Camacho, que yo no sabía quienes eran, pero que «de no ser por ellos, el Madrid no habría ganado más tarde las Champions que ganó». Me dijo que yo tenía mucha suerte de haber podido disfrutar de las Copas de Europa de estos últimos años, pero que «aquellos jugadores mantuvieron encendido el orgullo de una afición durante una época en la que jugar por Europa era casi como viajar por el espacio». En aquel momento no entendía mucho de lo que me contaba, pero no me importaba. Le empecé a coger cariño a aquel señor de 70 años y aquellas Navidades fueron las mejores que recuerdo. El verano siguiente volvimos en verano, a pesar de las quejas de mi padre.
—Mañana va a llover —sentenció mi abuelo desde la mecedora del porche.
Dejé de jugar y le miré con tanta admiración como sorpresa.
—¿Por qué, abuelo? Hoy hace sol.
—“Aire solano, agua en la mano” —mi abuelo dejó de leer y me sentó en su regazo—. ¿Ves bañarse a aquellos palomos y ves orejear a la mula?
—Sí.
—Pues eso quiere decir que mañana lloverá.
—¿Y tú cómo sabes esas cosas? —preguntó el crío. Su abuelo sonrió afable.
—Por viejo. Cuando seas como yo tú también las sabrás.
Me quedé pensativo.
—… ¿Y de qué hablaremos entonces?
Mi abuelo esbozó una media sonrisa y se le humedecieron los ojos. Se quedó unos instantes pensando hasta que supo qué contestar.
—Del “Madrí”, ¿de qué si no?
Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro I Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. Recordamos que el ganador se dará a conocer el día 24 a las 5 de la tarde.
¡Que arrancada desde la banda izquierda! El “lobito Carrasco” había cogido la pelota en campo propio y se lanzó como un poseso y a toda velocidad por su banda. Debo precisar que su nombre real era Carlitos Fuertes, no levantaba más de metro y medio del suelo y supongo que le apodábamos “lobito” por ser moreno, zurdo y del Barça... Ahora que lo pienso, creo que primero vino el mote y luego su filiación blaugrana. Atravesó la línea de medios, o lo que es lo mismo, sorteó la pequeña fuente que presidía la plaza, y siguió con la cabeza baja hacia la portería. Allí lo esperaba yo, con unos guantes de lana oscuros que me servían tanto para evitar la congelación de mis falanges como para imbuirme del espíritu del mejor portero del momento, Paco Buyo.
El “lobito” por fin levantó la cabeza y miró en mi dirección. El estruendo provocando por la estampida de tan nutrido grupo de niños retumbaba en la plaza. ¡Pásala!, ¡Aquí!, ¡Sólo!... Pero Carlitos sólo tenía una cosa en mente y no era otra que estampar aquel balón “Mikasa”, duro y frío como una piedra, contra la puerta metálica con la que echaba el cierre la “Cafetería Girasol”. Lo que no sabía aquel niño moreno era que entre aquel balón y su gloria me tenía a mí, al mismísimo Paco Buyo y, lo que era aún más de temer, debería sortear nada más y nada menos que a Rubén “Augenthaler” (creo que ni entonces ni ahora lo hemos sabido pronunciar).
Permítame un pequeño paréntesis para hablarles de Rubén Ledesma, como se hacía llamar cuando iba al colegio de incógnito. Su verdadera personalidad se revelaba cuando íbamos a formar los equipos en la plaza o en el colegio. Rubén era repetidor de séptimo de EGB, y ese año de diferencia que nos llevaba le convertía en un superdotado físico a ojos del resto. Él y “lobito Carrasco” eran los encargados de hacer siempre los equipos, ventajas de ser los mejores del grupo. El resto nos colocábamos contra la pared y esperábamos a que nos fuesen eligiendo. Yo, de naturaleza torpe pero voluntarioso, siempre era el último o el penúltimo en ser elegido. Lo de penúltimo se podía dar si nos obligaban a jugar con el hijo de la boticaria. El pobre debía llevar un corsé por no sé qué problema en la espalda así que sólo podía moverse en línea recta. Aún así, en más de una ocasión lo eligieron por delante de mí. En fin, el hecho es que consciente de mis limitaciones y con el ánimo de no dañar más mi autoestima, en las últimas semanas me ofrecía voluntario para jugar permanentemente de portero. Esto me hizo escalar posiciones en la elección del muro ya que mi presencia en el equipo liberaba a todos los demás del aburrimiento de la portería, los morados de las caídas y el calor que dejaba en el cuerpo un buen punterazo de aquel balón Mikasa. Mi sacrificio me hizo merecedor de la amistad de Rubén, cuyo aspecto agrandado e imponente para la edad le colocaban como líder natural de nuestra defensa. En aquel año 1986, había llegado a sus manos un número de la revista “Don Balón”, y en él aparecía una foto de un fornido central alemán llamado Klaus Augenthaler. Tanto presumió Rubén de aquella publicación que fue inevitable que se quedara con el apodo.
Pero volvamos a aquella mañana de diciembre en la plaza, en el momento en el que la zurda de oro de Carlitos Fuertes se iba tensando para rematar. Yo ya había flexionado las piernas y el viento a través de la puerta metálica de la cafetería me recordaba que mi sagrada misión era mantener aquel balón lejos de ella. Fue entonces cuando sucedió. Debemos entender que se había declarado estado de guerra total, es decir, se había proclamado a los cuatro vientos que ¡el que meta gana!. En esa tesitura, ante mí emergió repentinamente Rafael Augenthaler, se lanzó con los zapatos por delante a por el “lobito” y juro que, por un segundo, pensé que la tragedia era inevitable. Se deslizó por las grandes baldosas de piedra de la plaza con saña pero, justo antes de que se produjera un atropello de época, nuestro oponente realizó un regate extraordinario presionando la pelota entre sus tobillos y saltando como un poseso, llevándose así el esférico y dejando atrás a nuestro gran líder. A partir de aquí sólo adrenalina, me fui decididamente hacia delante para cerrarle huecos pero aquel moreno endiablado giró su tobilo y se adelantó la pelota dejándome atrás. Todo parecía perdido pero entonces, y sin saber de dónde saqué las fuerzas, me lancé en plancha colocándome entre el disparo y la portería. Me estiré sin pensar en que la gravedad es una fuerza implacable.
Primero el balón me golpeó de lleno en la cara y poco después el resto del cuerpo se estrelló contra el suelo frío, casi helado, de aquella plaza de nuestra infancia. Aturdido por el dolor, con el cuerpo helado y la cara ardiendo por el impacto, tardé en entender que había evitado el gol. Lo había conseguido. “Lobito Carrasco” me miraba con resquemor mientras Rubén y otros compañeros me levantaban del suelo y me abrazaban... A mí, al que siempre elegían último, me abrazaban a mí...
De camino a casa paramos en el portal del edificio en el que vivía Rubén. Seguíamos extasiados hablando del partido. Yo apenas podía disimular que me encantaba que hablásemos de mi parada, de mi momento heroico. Tanto nos demoramos que los padres de Rubén, los señores Ledesma, mandaron a su hermana menor a advertirle de que debía subir inmediatamente para prepararse para la nochebuena. Aquel robusto central alemán subió con miedo a un severo castigo paterno y yo me quedé, aún con sonrisa de felicidad, frente a Aurora. Aquella niña con un parche en el ojo derecho bajo unas gafas de pasta era un año menor que yo. Me miró, me sonrió y quedó unos segundos contemplándome sin yo saber muy bien por qué.
—¿Por qué mi hermano te llama Buyo?- me preguntó.
—Bueno, es un portero que ha fichado el Madrid este año y es muy bueno.
—¿Eres del Madrid?- volvió a preguntar.
—Sí, ¿y tú?
—Ahora sí.- Sonrió y se marchó.
Al llegar pregunté si mi carta a los Reyes Magos ya estaba en el buzón o si podía modificarla. Cogí la carta y añadí rápidamente “equipaje de portero del Real Madrid”.
Llegó la mañana de Reyes, y no podía esperar para ver los paquetes. La magia hacía que aparecieran al pie de la cama. Los abrí con decisión uno tras otro sin detenerme, desbordado por la emoción. Entonces palpé un paquete blando. Estaba seguro de que era ropa. ¿Sería mi equipaje de portero? Los Reyes se habían mostrado proclives los años anteriores a equiparme con un elevado número de camisetas térmicas y mi corazón se encogía sabiendo que era el último paquete, la última oportunidad. Tomé aire y rasgué el papel... ¡Sí! ¡Ahí estaba mi equipaje de portero del Real Madrid! Ahora sí sería por fin Paco Buyo.
Curiosamente, el equipaje era igual que un pijama que había visto en esas semanas en el escaparate de la tienda de Doña Clara, sólo que contaba con unas almohadillas en los codos y un escudo del Real cosido en el pecho. Me lo puse y me lancé calle arriba hasta el hogar de los Ledesma. Augenthaler debía saber que jugaría con el auténtico “Gato de Betanzos” a su lado. Toqué el timbre una vez. Nadie contestó. Repetí varias veces sin éxito. Me retiré hasta el otro lado de la calle para poder mirar hacia arriba buscando alguna luz en su casa pero nada. Una ventana se abrió y una anciana sacó la cabeza para preguntarme quién era. Le expliqué que buscaba a Rubén pero que ya pasaría en otro momento. La señora negó con la cabeza. “Se han ido”, dijo. Al parecer la familia de Rubén se había trasladado a otro pueblo. Nuevo destino para su padre que quería acercarse a su Valladolid natal.
La pasada navidad nos hemos vuelto a encontrar. Nuestro Carlos Fuertes, el “lobito Carrasco”, organizó una reunión de antiguos alumnos a la que acudimos todos. Allí nos vimos, reímos y recordamos aquel partido de navidad en el que Buyo, Augenthaler y Carrasco jugaron en el mismo estadio. Nos pusimos al día. Yo les dije que era comercial farmacéutico y que actualmente vendo un nuevo fármaco, el “Timufil” con excelentes propiedades frente al estreñimiento crónico. Sí, seis años de licenciatura en Farmacia dieron sus frutos... Lo que no les dije es que aún conservo aquel equipaje que mi madre bordó en 1986, y que nunca me sentí tan vivo como el día que paré aquel balón con mi cara. Definitivamente aquella navidad me acompañará siempre, como siempre me acompañará aquel escudo que mi madre bordó en un pijama, el escudo del Real Madrid.
Por su calidad, hemos decidido publicar este cuento participante en nuestro I Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad. Recordamos que el ganador se dará a conocer el día 24 a las 5 de la tarde.
Dios se aburría. Eran las 8 de la tarde de un domingo y el tedio reinaba en el cielo. Miguel, uno de sus ángeles de confianza, se atrevió a decir:
—Perdona la expresión, Señor, pero esto no hay Dios que lo aguante. Ya nos sabemos de memoria todo el teatro, de Eurípides a Lope de Vega, pasando por Shakespeare; ya estamos de cantatas de Bach hasta los órganos esos que no tenemos porque somos ángeles. Que la eternidad se hace muy larga, Señor. Hay un runrún y un disgusto entre los serafines y los querubines que no sé yo si no se estará incubando un motín como el de Lucifer; que aunque lo sofoqué (y bien orgulloso que estoy de ello) no me apetece repetir. ¿No podrías inventar algo, tú que eres omnipotente?
—Ya sabes, Miguel, que una vez que acabé la creación decidí que me jubilaba para siempre, y dejé en manos de los hombres continuar la tarea.
—Pero podrías mandar algún profeta o algo que nos animara las tardes de los domingos, ¿no te parece?
Dios comprende que Miguel tiene razón. A su infinita sabiduría no se le escapa que no hay nada más aburrido que un domingo sin fútbol, así que decide intervenir discretamente en la Historia:
—Que venga Gabriel, que tengo una misión para él.
—Lo siento, Señor, Gabriel se ha cogido unos moscosos y se ha marchado al pueblo de su familia. Como le quedaban unos días…
—Quizá no fuera buena idea la de hacer funcionarios a los más capaces. En fin, que venga su sustituto.
Al suplente de Gabriel, un novato con pocas luces, le entrega un cuadernillo con unas instrucciones y le encarga:
—Lleva esto a España, a la dirección que está indicada y diles que inventen el juego que está ahí descrito, que te lo he dicho yo personalmente.
El pobre interino justificó su bajo estatus errando el destino: las instrucciones del juego acabaron en Inglaterra, y así fue como lo que estaba predestinado a ser un deporte impecable tuvo el peor inicio posible, naciendo en medio de una nación hereje. El invento cuajó entre los británicos y poco más; apenas algunas sucursales en aquellos lugares en que había presencia suya. Los domingos celestiales seguían sin chispa.
La bronca que le cayó al mensajero fue de las de “Padre y muy Señor mío” literalmente. Tras degradarlo, Dios se dijo: está visto que no se puede confiar en subalternos; si quiero que algo funcione tengo que hacerlo yo personalmente o encargárselo a uno de mis generales de confianza.
Así fue como, unos cuantos años después del fiasco inicial (en el cielo, los años se pasan volando), Dios envió a Gabriel a Madrid con instrucciones precisas:
—En primer lugar, no delegues en nadie: tienes que ir tú, Gabriel, per-so-nal-men-te a fundar una sociedad que heredará mi gloria. En segundo lugar, ajústate estrictamente a lo que te ordeno: el club tiene que nacer humildemente, sin que nadie sospeche su alto linaje ni su excelso destino; de hecho, al principio no se llamará “Real Madrid”, sino “Madrid”, para no revelar su estirpe. En tercer lugar, debes quedarte en la Tierra unos años para asegurarte de que se cumplan los planes que he diseñado. Y espabila, que a lo tonto se nos han ido pasando los años y ya ha empezado el siglo XX.
Gabriel, cuya lealtad y capacidad habían sido sobradamente probadas antaño, cumplió perfectamente su misión. Con el siglo recién estrenado, nació el Madrid Fútbol Club. Fiel al deseo de su padre Dios, su inscripción en el registro civil deja dudas acerca de quién fue el tutor legal del neonato (se habla de Palacios y de los hermanos Padrós), pues la discreción con que se desarrolló el alumbramiento fue más que notable. El papel de pastores lo representaron unos cuantos deportistas (quijotes e iluminados) de la vecindad. No consta que hubiera bueyes ni acémilas presentes. Para la llegada del oro, la mirra y el incienso aún faltaban años. El club crecía sano y se iba fortaleciendo en su Chamartín (que es como se dice Nazaret en castellano).
Un tiempo después, Gabriel se puso en acción de nuevo: se dirigió a un antiguo jugador del club y le dijo “Santiago, tengo un mensaje para ti de parte de Dios: presidirás el Real Madrid y lo llevarás al lugar que le corresponde, el más alto, el mejor club del mundo de este siglo (y de los que vengan). Construirás un templo al que darás tu nombre y que será foco de peregrinaje para todos los fieles del planeta”.
Santiago se asustó al oír el mensaje. Pensó “me ha venido a visitar un loco de atar”, pero dijo “¿cómo voy a hacer eso, si soy de Almansa?” Gabriel le contestó “no te preocupes, que esto es cosa del Jefe”, así que Bernabéu pensó “que sea lo que Dios quiera” y dijo “¡vamos allá!” Gabriel le profetizó “se postrarán ante ti todos los clubes de la Tierra”.
Poco después de esta escena (magistralmente plasmada por Fra Angélico), empezaron a llegar los magos de oriente y de occidente, del norte y del sur, de cerca y de lejos, cargados con sus tesoros. De América recibimos oro (Di Stéfano), de Hungría arribó el incienso (Puskas), y de Francia, la mirra (Kopa); el Cantábrico aportó su galerna, que llegó de Guarnizo para arrasar todo a su paso. Así fue la epifanía del Real Madrid, que se manifestó a todos los países del orbe con una fuerza irresistible, dominando Europa, ganando con autoridad y estableciendo récords insuperables; arrasando a sus rivales como nadie antes lo hiciera. Durante años, la hegemonía del Real Madrid fue indiscutible, y parecía que estaba a punto de instaurarse su reino, per… Herodes estaba moscatel. Temía perder su poltrona y decidió intervenir con audacia y sin piedad. No tenía soldados, pero disponía de árbitros y federaciones; ellos serían la herramienta que acabaría con ese insolente club que ni siquiera era inglés. En noviembre de 1960, Ellis y Leafe escenificaron la matanza de los inocentes ante la mirada satisfecha de sus amos. El joven equipo tuvo que huir a Egipto, y sufrir una penosa travesía del desierto; los enemigos eran poderosos y las federaciones nacionales e internacionales estaban al acecho. El club, indómito, siempre dio la cara, volviendo a alzarse con fuerzas o sin ellas: para volver a ganar en el 66, para caer in extremis en el 81, para llorar en Eindhoven en el 88 y para reír en Amsterdam diez años después.
A lo largo de los años, nunca faltaron figuras de aquí o de allá que incorporar al belén: pastores, lavanderas o artesanos. Pirri, Amancio, Santillana, Butragueño, Raúl; Stielike, Figo, Beckham, Ronaldo, Zidane. Tampoco escasearon los soldados de Roma y de Herodes: Villar, Arminio, Iturralde; Platini, Stark. La reacción madridista ha sido siempre la misma: resistir, apretar los dientes y afrontar los desafíos.
Los acontecimientos de los últimos años son arduos de interpretar, por cuanto aún se está construyendo la historia y sería prematuro aventurar su sentido. Entre los escribas y doctores se sigue debatiendo si Gabriel intervino una última vez para exhortar a Florentino como antes hiciera con Bernabéu o no ha habido nuevos “Deus ex machina” que referir. Hay discusiones enconadas no exentas de insultos entre uno y otro bando, que se acusan mutuamente de heresiarcas. Los hechos, sin analizar (toda exégesis eludo), parecen dejar claro que se produjo un resurgimiento del club y que Sevilla aportó a Ramos, Croacia nos dio a Modric, de Gales llegó Bale, y de Madeira vino Cristiano para restaurar el imperio de nuestro equipo, que volvió a dominar Europa como nadie lo había hecho desde que el propio Real Madrid la sojuzgara medio siglo atrás. En pocas palabras, se reinstauró el orden natural de las cosas.
Celebramos la Navidad, que es blanca, como cantó Bing Crosby. Cada año festejamos el nacimiento de un rey (de los cielos) al que también cada año se entierra a finales de marzo o principios de abril, como sucede con el Real Madrid, temporada tras temporada, para asombro de incrédulos. Algo indefinible nos provoca, y nos encontramos tarareando una musiquilla que igual puede ser “noche de paz” que “we are the champions”.
Porque el Real Madrid siempre está naciendo y renaciendo. Porque no es que sea un club “real”, sino que es el rey de los clubes.
Y su reino no tendrá fin.
La nueva Champions League de 2024 parece que va a ser una realidad. La UEFA cree que debe dar otro formato a la antigua Copa de Europa, una vez que en 2024 se cumplen los contratos televisivos. El máximo organismo del fútbol europeo está meditando cómo hacer esos cambios para que sea una competición más atractiva y, sobre todo, lucrativa. Todo ello, con un telón de fondo importante: la creación de la Superliga Europea. ¿Será tan atractiva la futura nueva Champions League en 2024 como para poder competir o sobrevivir a una Superliga Europea y desbancar totalmente a las ligas nacionales? Vamos a verlo.
Según el periódico The Times, la UEFA está pensando en cambiar el formato de la Champions League de 2024-2025 para buscar mayores ingresos. Esta acción de la UEFA parece que cuenta con la aprobación de la Asociación de Clubes Europeos (ECA).
Una opción que medita y gusta a la UEFA es la ampliación de la competición de 32 a 36 equipos. Se formaría una primera fase con 6 grupos con 6 equipos cada uno. Actualmente, solo hay 4 equipos por grupo. La siguiente fase se formaría con los dos primeros de cada grupo, y, además, los cuatro mejores terceros.
Sí que me parece interesante la manera de elegir los emparejamientos entre clubes en la siguiente fase, similar a la Euroliga de baloncesto. Es decir, el primero contra el decimosexto y así sucesivamente. Dicha clasificación se haría por número de puntos y goles. Así, se conseguiría que en cada partido haya algo en juego y se evitaría lo que ocurre ahora con los equipos que se clasifican rápidamente para octavos de final.
Otra opción que maneja la UEFA para relanzar la competición sería volver a jugar una segunda liguilla, es decir, enfrentar a los equipos en una segunda fase de grupos, tal y como se hizo ya hace unos años. Así, los equipos clasificados tendrían 6 partidos más en lugar de una eliminatoria directa. Esta opción, pese a ser económicamente muy atractiva tanto para la UEFA como para los clubes, no parece que sea la elegida y se aleja bastante del espíritu inicial de la Copa de Europa.
A mi juicio, estos formatos no serían suficientemente atractivos, ya que su única pretensión es jugar más partidos y obtener más beneficios. Solo veo positivo el cambio en el cómo se realizaría el emparejamiento de octavos de final. Pero todo depende de la Superliga Europea…
Si se consigue crear una Superliga Europea como la Euroliga que se ha creado en baloncesto, sería prácticamente muy complicado jugar dos competiciones tan parecidas. A finales de octubre de este año, tomó fuerza la creación de una Superliga Europea en 2022, que sería impulsada por FIFA y apoyada económicamente por JP Morgan o CVC Capital Partners. Sería un torneo cerrado de 18 clubes con apertura a otros equipos en función de su clasificación en la Liga. Se jugaría a dos vueltas y contaría con un play-off final eliminatorio en una sede única.
Si convivieran Superliga Europea y la nueva Champions League, a mi juicio, y pese a que la UEFA perdería dinero, la Champions League debería ser una competición como la antigua Copa de Europa. Enfocada más a un formato como la copa, con eliminatorias desde el principio. Sin duda que la UEFA y los clubes perderían ingresos con este tipo de competición, pero sería mucho más atractiva y podría resistir una Superliga Europea.
Si no se consigue crear la Superliga Europea, sí sería viable esa nueva Champions League en 2024, y no rivalizaría con otra competición casi igual. Además, va a nacer otro tipo de campeonato: el nuevo Mundial de Clubes propuesto por la FIFA, torneo, que se iba a disputar en junio, en China, con la participación de los 24 mejores clubes de todo el mundo, y que ha sido aplazado por la pandemia.
No obstante, la creación de una nueva Champions League parece una manera de sofocar rápidamente el fuego de una Superliga Europea, que cada vez es más real, tras las palabras de Bartomeu al marcharse del Barcelona. Quieren conceder una nueva Champions League en 2024 con más partidos para los equipos y así aumentar los ingresos televisivos y de taquilla. Así piensan que los clubes que forman la ECA abandonarían, por lo menos momentáneamente, su idea de crear la Superliga Europea.
Sin embargo, siguen presentes aquellas palabras del presidente de la Juventus y presidente de la ECA, Andrea Agnelli, destacando la diferencia en los derechos televisivos entre los 1.500 millones que recibe Champions League y los 7.000 millones que percibe la NFL americana. Una idea que resuena continuamente en la cabeza de los clubes de la ECA y que parece que no hará que olviden tan fácilmente el proyecto de una Superliga Europea.
Recordemos que Santiago Bernabéu fue un visionario, un adelantado a su época al crear el estadio en pleno Paseo de la Castellana, comprar los terrenos de la antigua ciudad deportiva, participar en la creación de la Champions League y ya también pensaba en una futura Liga entre los mejores equipos europeos. Este proyecto ahora ha tomado más fuerza y ya se ve como algo real que tendrá que afrontar la UEFA.
Lo que parece claro es que las ligas de fútbol de los países van a estar tocadas. Por un lado, si surge esa nueva Champions League en 2024, tendría que reducirse considerablemente el número de equipos en las ligas, por lo menos cambiar de 20 a 18 equipos en España. De esta manera, se podrían jugar las jornadas extra de la nueva Champions League. Por su parte, la Copa en estos países seguiría perdiendo importancia.
La última pata del banco son las selecciones nacionales, y aquí es donde parece un movimiento muy interesante el que ha hecho la FIFA apoyando la creación de la Superliga Europea. ¿Por qué? Pues porque no quiere que pase lo mismo que en baloncesto en las competiciones entre países. Recordemos que en baloncesto las primeras fases las están jugando los jugadores que no participan en la Euroliga, pese a que sí juegan las competiciones finales. Al ser la FIFA la que estaría detrás de la Superliga Europea, se aseguraría que jugaran ambas competiciones. Además, así las competiciones nacionales en sus primeras fases no perderían atractivo y jugarían los mejores jugadores.
De tal manera que la situación, tal y como está, parece que va a ser una lucha entre UEFA, apoyada por Barclays, y FIFA, financiada por JP Morgan o CVC Capital Partners. A ver quién se queda con el torneo estrella europeo o si conviven la nueva Champions League y la Superliga Europea de alguna manera. ¡Hagan sus apuestas!
Fotografías: Getty Images.
A falta de dos encuentros para cerrar el año, el Real Madrid femenino está cerca de convertir en inolvidables sus tres primeros meses de competición. Ni los seguidores más optimistas podían esperar la sorprendente rapidez con la que la nueva sección blanca se ha encaramado a la zona alta de la Liga. Pueden hacerse puntuaciones y matizaciones, pero la fría estadística es imposible de obviar: 25 puntos de 33 posibles que valen para situar al equipo entre los tres primeros clasificados; 8 victorias —las últimas cinco consecutivas—, un empate y dos derrotas; segunda mejor diferencia de goles (+17) tras el extraterrestre FC Barcelona; 12 goleadoras diferentes.
La última victoria, el extraordinario 1-8 firmado este fin de semana ante el RCD Espanyol, sólo puede entenderse atendiendo a la dinámica general que están protagonizando las futbolistas del Real. El engranaje del equipo, que cabe recordar que cuenta con nueve futbolistas aterrizadas durante el verano, ha quedado sincronizado en tiempo récord: la portería y el eje de la zaga, la sala de máquinas en el centro del campo, las bandas… Las buenas noticias brotan allá donde se mire.
Ni los seguidores más optimistas podían esperar la sorprendente rapidez con la que la nueva sección blanca se ha encaramado a la zona alta de la Liga
Es una melodía familiar para cualquier aficionado al fútbol, y más aún para el madridismo, acostumbrado a ver cómo la escuadra de Zinedine Zidane resucita y muda su piel hasta el punto de parecer un nuevo equipo. La plantilla femenina no tenía encarnación previa con la que ponerse frente al espejo, pero se enfrentaba al síndrome del folio en blanco, ese que define la dificultad que entraña enhebrar las primeras líneas de un texto. Por ello, merece reconocimiento el descaro con el que el equipo ha echado a andar.
Llegados al ecuador de diciembre, la tremenda personalidad que se está forjando el Real Madrid, unida al despliegue de un fútbol alegre y efectivo, ha deparado dos resultados que vienen refrendar el esfuerzo derrochado por las futbolistas. Del primero, la victoria a domicilio frente al Levante UD, dimos cuenta en La Galerna hace unos días. Se trató de un duelo disputado de tú a tú, y ganado con gran personalidad, que invita al optimismo del aficionado blanco. Y es que es en días como ese, ante rivales curtidos que pelean por los mismos objetivos, cuando puede empezar a medirse la pasta de la que está hecha un equipo.
El partido de este domingo ante el Espanyol, no obstante, permite poner el foco en otros factores. De un lado, el 1-8 confirma que el conjunto perico es un rival inferior que esta temporada seguirá peleando por evitar el descenso. Aun así, el Real Madrid dio un golpe sobre la mesa del tipo que acostumbra a dar el Barça: una goleada sin cuartel.
Venía el Madrid de jugar entre semana y David Aznar apostó por dar descanso en el lateral a Kenti Robles, la incombustible mexicana. A su vez Marta Cardona, tocada en el anterior choque, dejó su puesto en la banda a una Chioma Ubogagu que no ha disfrutado de protagonismo en este inicio liguero. El equipo no se resintió.
Pueden hacerse puntuaciones y matizaciones, pero la fría estadística es imposible de obviar: 25 puntos de 33 posibles que valen para situar al equipo entre los tres primeros clasificados
A la media hora de juego en la Ciudad Deportiva Dani Jarque ya ganaba el Real por 0 a 2, gracias a dos zapatazos desde fuera del área, ambos con la pierna izquierda, de Olga Carmona y de Ubogagu. Antes del descanso, y a tenor de lo visto en las imágenes con cuentagotas que vimos del partido (pueden disfrutar aquí de la goleada), el juego por banda volvió a dar resultado a las blancas. Combinaron de memoria por el costado izquierda Carmona y Jakobsson, en un clásico tuya mía, hasta plantarse en el área. Una vez allí, la espigada sueca combinó con Carmona, que no dudó en disparar a gol para firmar su primer doblete con la zamarra blanca.
La vuelta de la pausa albergó el que puede calificarse como único borrón de la tarde para el Madrid, pues acortaron distancias las blanquiazules en un despiste de la defensa visitante. Sin embargo, las de Aznar no se inmutaron y pisaron el acelerador para matar el partido. En el ’53 llegó puntual a su cita con el gol Kosovare Asllani tras recibir frente a la meta un balón filtrado por Teresa Abelleira.
Diez minutos después, volvió a calcarse la conexión sueco-gallega, aunque en esta ocasión fue Jakobsson quien recibió el cuero. La ’10’ dribló hacia el interior desde la esquina izquierda del área grande, levantó la cabeza, y chutó fuerte con la derecha para firmar el mejor gol de la mañana. El 1-5 hablaba por sí mismo de la maravillosa actuación del Real Madrid, pero aún quedaba el broche final.
El cierre corrió a cargo de las jóvenes Ariana Arias y Lorena Navarro. De la ariete Ariana todo son buenas referencias y se encargó de confirmarlo. La canterana nacida en 2003 —sí, no es ningún gazapo— estrenó su cuenta goleadora cuando apenas llevaba diez minutos sobre el verde. Se desmarcó con instinto, recibió en zona de peligro y disparó con rapidez antes de ser interceptada por la defensa rival.
Un minuto después, apareció desde la derecha, centró, y el balón fue interceptado en la cepa del segundo palo por Lorena, a la que le bastó con empujar el balón para sumarse a la lista de goleadoras madridistas. Antes del pitido final, aún tuvo tiempo para convertir con tranquilidad un penalti que dejó en el luminoso un inapelable 1-8.
El torrente ofensivo desplegado ante el Espanyol, que debe traducirse en una inyección de moral para el grueso de la plantilla, justo antes del primer derbi contra el Atlético de Madrid
El torrente ofensivo desplegado ante el Espanyol, que debe traducirse en una inyección de moral para el grueso de la plantilla, llega en el momento ideal para las blancas. Y es que el próximo sábado las de Aznar a prueba su nivel en el primer derbi capitalino en la historia de la sección femenina. El Atlético de Madrid, uno de los colosos de la categoría, se presentará a la cita por detrás en la clasificación tras dejarse puntos en las últimas jornadas. En esa tesitura, la victoria será un arma de doble filo para el que la consiga. Con el Real Madrid ya convertido en aspirante a las plazas europeas, tanto unas como otras buscarán ganar para consolidar su posición en la cabeza, pero también para trastabillar a su vecino en su carrera por el mismo objetivo.
Sí, será el primer derbi de Madrid, pero el aroma de enfrentamiento grande ya estará asegurado gracias al gran comienzo liguero del Real. Es una gran noticia para el fútbol femenino.
Fotografías Getty Images.
No quería escribir nada sobre el Real Madrid de Baloncesto hasta que se confirmara la marcha de Facundo Campazzo (por supuesto, gracias por estos años y mucha suerte en la NBA para el argentino). Para mí, estos meses previos a su salida han sido una especie de simulacro y creo que, en cierto modo, para Laso también. Desde Alocén saliendo de inicio en Euroliga para luego no pisar pista en ACB, pasando por Campazzo alternando suplencias y titularidades, y terminando con un Laprovittola muy utilizado en ACB y bastante inutilizado en Euroliga. Probatura va y probatura viene, lo que ha quedado claro, lógicamente, es que el Madrid era mucho mejor equipo con Campazzo en cancha.
Desde sus inicios, el Real Madrid de Pablo Laso se ha caracterizado por otorgar mucha importancia ofensiva a sus generadores de juego exteriores (* aclaración: voy a insistir con dos términos equivalentes como generador y creador; esta vez no voy a hablar de base).
Pablo Laso llega al Real Madrid en 2011. Desde entonces se pueden distinguir cuatro etapas en el Real Madrid de Baloncesto, todas ellas protagonizadas por los siguientes generadores de primer nivel europeo:
2011 a 2016: Sergio Llull — Sergio Rodríguez — Rudy Fernández
2017: Sergio Llull — Luka Doncic
2018: Luka Doncic — Facundo Campazzo
2019 a 2020: Facundo Campazzo
Con la marcha de Campazzo, podemos estar por primera vez desde la llegada de Laso ante un Madrid sin un generador de élite. O dicho de otra forma, es posible que después de casi una década el jugador más determinante del Madrid no sea un creador exterior.
Con la marcha de Campazzo, podemos estar por primera vez desde la llegada de Laso ante un Madrid sin un generador de élite
¿O tal vez sí? Todo dependerá de Alberto Abalde. El jugador gallego es un todoterreno: bota, pasa, tira, penetra, saca faltas, defiende, rebotea… Hace de todo y todo lo hace bien. En verano tuve la suerte de ver cerca de 30 partidos del Valencia Basket 2019/2020 y Abalde ya me pareció el mejor generador de aquel equipo.
Pero ser el principal generador del Valencia no es lo mismo que ser el creador primario del Real Madrid. El Madrid ha estado magistralmente dirigido en los últimos años por magos como Doncic, Campazzo o Rodríguez, o por leyendas del basket europeo como Llull o Rudy. Todos ellos, además, unos sinvergüenzas de mucho cuidado (en el buen sentido de la palabra). Es decir, venimos del nirvana y todo lo que no sea eso nos sabrá a poco. No se puede esperar que un Abalde sin gran experiencia como creador (y que, por cierto, no parece tan descarado como los Facu, Luka, Chacho, Llull…), alcance el nivel de un jugador como Campazzo en su primera temporada en el Real Madrid. Pero sí creo que es con Abalde asumiendo galones como el Madrid puede alcanzar las cotas mayores.
No se puede esperar que un Abalde sin gran experiencia como creador, alcance el nivel de un jugador como Campazzo en su primera temporada en el Real Madrid. Pero sí creo que es con Abalde asumiendo galones como el Madrid puede alcanzar las cotas mayores
Mientras tanto, serán Laprovittola y Llull, con ayuda de Alocén, los encargados de dirigir al equipo. Es muy posible que estos jugadores consigan hacer buenos partidos, pero no espero consistencia por su parte y se me hace francamente difícil imaginar un Madrid triunfante con ellos al timón. Espero equivocarme, claro. Es lo bonito del deporte, que nunca puedes dar nada por sentado.
Hablando de Alocén, creo que hay que darle minutos al chaval, aun sabiendo que le falta cocción a sus 19 años. Poco a poco, pero también hay que ir sacando conclusiones de cara a la temporada 2021/2022. ¿Podrá Alocén ser el segundo base? ¿Llull, tras acabar contrato, pasará a ser escolta a tiempo completo? ¿Subirá al primer equipo, como tercer base, el mágico Juan Núñez o el talentoso Matteo Spagnolo? Veremos.
Aprovecho que he hablado de Núñez y Spagnolo para recomendar el seguimiento del Real Madrid EBA. El actual equipo madridista U18 es uno de los conjuntos más talentosos de la historia del club. RMTV está dando los partidos jugados en Valdebebas los domingos por la mañana. Es una buena forma de desconectar de las dificultades que vive el primer equipo y de disfrutar con el talento de los chavales, varios de los cuales pronto tendrán la oportunidad de jugar con los mayores.
Aprovecho que he hablado de Núñez y Spagnolo para recomendar el seguimiento del Real Madrid EBA. El actual equipo madridista U18 es uno de los conjuntos más talentosos de la historia del club
Volviendo al RM senior, no hace falta ser adivino para saber que la salida del Facu se notará, para mal, en ambos lados de la pista. Defensivamente Lapro y Llull sufren, sobre todo en los bloqueos directos (¿oportunidad para que Taylor se meta en dinámica?). En ataque, a pesar de que Llull y Laprovittola son más que capaces de anotar y asistir (como se ha apreciado ante rivales no excesivamente potentes de ACB y Euroliga), no hay que olvidar que era Campazzo quien generaba la inmensa mayoría de las ventajas del Madrid ante defensas de primer nivel.
En todo caso, imagino que Laso no buscará sustituir a Campazzo con ciertos jugadores, sino que tratará de encontrar un equilibrio y un aumento de nivel de todos sus hombres, elevando así el rendimiento del equipo. Para ello, supongo que jugadores como Deck, Thompkins, Randolph o incluso Tavares tendrán más responsabilidad y tiros cerca del aro.
Laso no buscará sustituir a Campazzo con ciertos jugadores, sino que tratará de encontrar un equilibrio y un aumento de nivel de todos sus hombres, elevando así el rendimiento del equipo
Si la cosa se complica, el Madrid no tendrá más remedio que acudir al mercado. Está claro que el equipo actual, rinda mejor o peor estos meses, necesita un crack exterior. También creo que a estas alturas no se encontrarán jugadores interesantes que se acoplen a dicho perfil, y menos en una agencia libre NBA tan insulsa como la de este año. Por no hablar de los problemas económicos derivados de la pandemia. Por todo ello no me parece mal esperar. No sé si sería muy recomendable lanzarte ahora a por un buen jugador pero no diferencial sin tener claro cómo va a ser el Real Madrid a medio plazo (de momento, en 2021 terminan contrato Pablo Laso y varios jugadores como Llull, Laprovittola, Deck, Carroll y Reyes, más la posible salida de Garuba).
Eso sí, creo que la afición y el propio club deberían ajustar sus expectativas al contexto actual. Estaría bien que el departamento de comunicación del Real Madrid hiciera un esfuerzo por explicarle la situación a la afición. La coyuntura ha cambiado y este Real Madrid, aunque vaya a seguir siendo competitivo, ya no es el Madrid dominante de años pretéritos. ¿Las causas? Muchas: la NBA, los jugadores envejecen, los problemas económicos y ciertos errores recientes al configurar la plantilla.
Hablaría en profundidad del pívot suplente, pero tampoco quiero alargarme mucho más. Creo que es evidente que hace falta un 5 suplente que sea un buen reboteador y sepa defender, alguien que pueda suplir con ciertas garantías a Tavares. No debe ser muy difícil encontrar un jugador así. Otra cosa es que, dadas las circunstancias, no se quiera gastar dinero y se quiera confiar en los jugadores actuales, lo cual no me parece mal. Aun así, soy de la opinión de que el ‘asunto pívot suplente’ es una cuestión claramente menos importante y más fácil de solucionar a medio y largo plazo que la del generador exterior, y así he intentado enfocar el artículo.
Puede acabar siendo una temporada complicada y sufrida la del Madrid. Sería lo lógico cuando tu mejor exterior hace las maletas a los dos meses de empezar la temporada en plena pandemia
Puede acabar siendo una temporada complicada y sufrida la del Madrid. Sería lo lógico cuando tu mejor exterior hace las maletas a los dos meses de empezar la temporada en plena pandemia. Pero en el deporte no hay nada escrito y a partir de ahora el Madrid podrá ir más de tapado. A ver si podemos disfrutar del equipo mientras se construye el Real Madrid del futuro.
Fotografías Getty Images.
Diga White Friday si es madridista. No diga Black Friday si es del Real Madrid. Ponga estas palabras en la voz de Jorge Valdano, aliñadas con su talento verbal, y le sonará mucho mejor 😊. Sería algo así como: “la ilusionante celebración del madridismo de tener un `chance´ para lograr un éxtasis comunitario blanco”. ¿No han entendido nada? Les explico qué es el White Friday del Real Madrid.
Si el Black Friday se creó en Estados Unidos para salvar los números rojos de las empresas, ofreciendo suculentas rebajas, en el White Friday del Real Madrid celebramos directamente que es el único club de toda Europa que este año no tiene pérdidas. Y todo esto en plena pandemia del coronavirus. Mientras tanto, el FC Barcelona sí puede celebrar el Black Friday, ya que tiene números rojos. Bueno, más que rojos serían rojos y azules. Precisamente en el Barcelona buscan "hacer el noviembre" con su Blackfriday blaugrana, ofreciendo jugadores a todos los equipos.
Efectivamente, en el White Friday, el Black Friday de los madridistas, se celebra que es un club económicamente competitivo, lo cual no le priva de ganar títulos, como la Supercopa de España o la Liga 2019/20, por citar solo los más recientes.
Sin embargo, el madridismo no se conforma con la viabilidad económica que permite seguir creciendo como club, proveyéndose, a su vez, de una sólida estabilidad que le permitirá mantener un alto nivel deportivo sotenidamente. Porque ante la falta de fichajes de este año, el aficionado blanco también necesita ilusionarse en la esperanza de que el próximo año se sumarán nuevas figuras futbolísticas a las filas madridistas: Mbappe o Haaland. Así que, en 2021, ¿tendremos White Friday o será Black Friday?
Según me "chivan" fuentes de La Galerna, si hay vacuna y funciona, y si el público vuelve a los estadios, parece que es más que posible que haya Black Friday. Pero eso ya lo veremos cuando llegue el próximo WhiteFriday. Es decir, puede que en 2021 tengamos Blackfriday del Real Madrid y en 2022 White Friday. Quién sabe...
Como se han dado cuenta, el lenguaje es muy importante, y más entre los madridistas. Por ejemplo: el madridismo celebra por costumbre unas navidades blancas. Blanquísimas… aunque no nieve, pero siempre son blancas. En cambio ¿de qué color serán las navidades blaugranas o colchoneras? Aunque, bien pensado, al Real Madrid lo que más le gusta realmente es el tiro al blanco por primavera, ¿no?
Así que ya saben, si son madridistas, cuando busquen en Google, no utilicen Black Friday Real Madrid, busquen White Friday Real Madrid. Hasta Google debe enterarse de que el Madrid celebra el White Friday.
PD: ¿Cómo creéis que llamarían los madridistas al “Boxing day”?