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Campazzo es detestable

Campazzo es detestable

Escrito por: Joaquín Bacigalupo7 noviembre, 2020
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Campazzo es detestable. Es uno de esos jugadores contra los que es casi imposible jugar por su omnipresencia y porque está siempre un escalón (o dos) por encima del rival. De él se podrían destacar miles de virtudes tácticas o técnicas y, sin embargo, su mayor baza es su cerebro. A pesar de augurar destrozos en cada rotura de caderas y de alzar la voz cual sargento para poner al resto en su lugar, su as bajo la manga siempre fue su cerebro. Bendito cerebro.

Campazzo es detestable porque combina en 181 centímetros las cuotas justas de talento, rabia, ambición y generosidad. Es un competidor forjado a base de golpes que disfruta de la victoria porque se crió bajo el augurio de la derrota.

La derrota de quien apenas supera el metro ochenta y sueña con colgarse del aro. La derrota de quien empieza a formarse a la sombra de la generación más ganadora de la historia del baloncesto argentino. La derrota de quien llega al viejo continente de la mano del mejor club de Europa y sale cedido porque ‘aún no tiene el nivel necesario’. La derrota de quien vuelve al Real Madrid para ser la sombra de Llull y de Doncic. O la de quien hace un mundial escandaloso y se queda a las puertas del Olimpo.

Sin embargo, el estigma de la derrota nunca pudo con el afán de un ‘enano’ en tierra de gigantes que luchó por su puesto como si le fuera la vida en ello. Hasta que lo consiguió. Ver al Madrid es ver a Campazzo, y viceversa, y ese es quizás su mérito más grande. Porque no se puede mencionar al club blanco sin mencionarlo a él, y porque aupar en una misma esfera al Madrid y a Campazzo es la mejor forma de definir a ambos.

Facu Campazzo

Campazzo es detestable porque lo dicen unos forofos en Twitter, aunque ya avisaba Dan Brown, en su libro Origen, que “el debate siempre es más importante que el consenso”. Su nombre sale en la prensa muy seguido, y siempre con un asterisco. Muchas faltas, mucho trash-talking… aunque él siga esquivando los titulares como si de defensores se tratase. Encarnar el debate y polarizar su juego es justamente lo que te convierte en amante de Campazzo o bien en detractor, aunque sin que eso perturbe una admiración intrínseca por su juego, por su talento, por su coraje y por su principio básico: el orgullo por el trabajo bien hecho.

Campazzo es detestable por su capacidad resolutiva, por simplificar todo a un pase que nadie había visto, pero él sí. En sus partidos, en lugar de estadísticas, deberían colocar un cartel que diga “no intente esto en casa”. La definición más acertada de su juego la escribió, sin saberlo, Lucía Berlín, y se recopila en el libro Bienvenida a Casa: “Yo agarraba la taza por la parte que quemaba y le ofrecía el asa”. Eso es lo que hace Campazzo, reducir el juego a un simple pase que permita a sus compañeros quedar liberados para anotar, que les permita agarrar la taza sin quemarse.

Campazzo es detestable porque hace de lo inverosímil rutinario. Porque hace lo que queremos hacer todos, y no podemos.

 

Fotografías Getty Images.

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