Las mejores firmas madridistas del planeta

Pues nos ha engañado a todos. Gareth Bale es andaluz, claramente. En su pasaporte dirá que es de Cardiff, pero él es de Camas, la Puebla del Río o Jerez de la Frontera. De Andalucía vienen los toreros más artistas, más geniales y, por ello, curiosamente irregulares. Rafael de Paula, Curro Romero o Morante de la Puebla sin ir más lejos son, si tienen el día, tipos capaces del equivalente taurino a ganar una Champions marcando de chilena, de cualquier alboroto inimaginable en el que elevan el toreo a la altura de arte supremo, sublimando el drama, pues ponen sus vidas en juego, no lo olvidemos.  Ellos, los genios, los artistas, han dado sobradas muestras de desidia o dejadez cuando, por el motivo que sea, no han querido o podido verlo claro. Mucho se ha hablado del miedo de Curro Romero. El genial Forges dejó en 1972 una viñeta memorable que resume perfectamente lo que ocurría cuando el Faraón de Camas no las tenía todas consigo. No deja de ser gracioso que se hable de que un torero tiene miedo, cuando no deja de jugarse la vida hasta en los momentos más intrascendentes de un lance con el morlaco.

Forges Curro Romero
Lo mismo pasa con Morante de la Puebla, a quien hemos visto ese espíritu funcionarial que tantas veces hemos echado en cara a Gareth Bale. Unos mantazos más o menos bien dados, una estocada sin exponer demasiado, más bien con arco y flechas si le hubieran dejado, y a otra cosa.

Eso sí, ay cuando lo querían ver. Ay cuando, por el motivo que sea, tienen la tarde. Un artista motivado suele justificar el precio de la entrada. Lo mismo da que se llame Curro, Morante, José María Gutiérrez o Gareth Frank. Se pueden ver chicuelinas enroscadas con la mano lacia como la de Dean Martin sujetando un vaso de té helado aunque parezca whisky, naturales eternos que parecen solidificar el engaño, taconazos aunque se esté solo frente al portero o carreras por fuera del campo que sirven para ganar una final.

En su pasaporte dirá que es de Cardiff, pero Bale es de Camas, la Puebla del Río o Jerez de la Frontera

Seguro que no falta a quien le parece anatema el paralelismo entre los toros y el fútbol. A ellos les imploro que, por un momento, intenten abstraerse de otras consideraciones al respecto y se centren en la vertiente estrictamente artística del asunto, pues, sirva como ejemplo, el llamado pase del desprecio no dista demasiado de un caño pisado. Bale corrió por Mestalla con la convicción de un banderillero al ir a poner un par de rehiletes canónico, asomándose al balcón y sin ventaja de ningún tipo, por mucho que el resultado final fuera más una estocada hasta la bola en el rincón de Ordóñez en el morrillo culé. Ovación, dos orejas, rabo y a hombros, como en Lisboa, como en Kiev. Por todo ello, por favor, no nos quedemos con el Bale funcionarial que se remite al convenio cuando alguien protesta porque lleva hora y media tomando café. No nos quedemos con el Bale enfrentado a un público al que los medios han mediatizado de manera miserable. Forjemos cada uno nuestro criterio sin opiniones mascadas y regurgitadas como hace una madre pájaro con sus polluelos y, sobre todo, tengamos claro que es muy posible que aún no hayamos visto el último gran alboroto de Bale en el Real Madrid.

 

Getty Images.

Hola de nuevo:

Ya en tu época, uno de los estribillos preferidos del antimadridismo consistía en quejarse de la ingente cantidad de horas que el Madrid ocupa en el discurso de los medios de comunicación. Terrible saturación que reforzaría su condición anti, un poco a lo Jeanette: soy antimadridista porque el mundo me hizo así. Por una vez, y sin que sirva de precedente, reconozco un parcial acuerdo con ellos. Creo que el circo perenne que rodea las cuitas blancas es a la larga más perjudicial que beneficioso. Supone una losa para el correcto funcionamiento del club, sobre todo porque el enjambre mediático no se centra tanto en el análisis deportivo constructivo como en el chisme y la voluntariosa interpretación de gestos. La última prueba de lo que afirmo se exhibe en multitud de tertulias a esta hora: entre la semana gloriosa de Londres y Getafe y la de los próximos retos peliagudos contra el Chelsea y el Sevilla, se prefiere colocar el foco en los silbidos de la grada a Gareth Bale y, transportador en mano, en la amplitud de la curvatura de su sonrisa respondona.

Afortunadamente, esto no es un medio de comunicación y, ahora que no nos lee nadie, puedo exponerte mi opinión sin miedo a avivar esa hoguera de las vanidades perpetua. El problema es que sobre Bale ya no sé qué más decir. Se ha escrito tantísimo que resulta prácticamente imposible no incurrir en redundancias. Dentro del madridismo, sus detractores le pitan con inquina, subrayan su innegable pasotismo y desprecian las reiteradas preferencias por su selección nacional en cada disyuntiva; sus partidarios, mientras tanto, alegan que la constante cacería de la prensa hacia el jugador ha terminado por convertir en una profecía autocumplida todas aquellas advertencias que se hacían incluso cuando ganaba copas de Europa con goles de chilena. Personalmente, cada vez que se produce un sainete como el que tuvo lugar en el Bernabéu tras la inclusión del galés ante el Getafe, no puedo evitar que me invada una incómoda sensación de melancolía. Suele acompañarse, misterios cerebrales, de un impulso inconsciente que me empuja a tararear estrofas de Para no olvidar, de Andrés Calamaro :De un tiempo lejano, a esta parte ha venido esta noche, otro recuerdo prohibido, olvidado en el olvido.

Hay un sector de la afición que no es capaz de aceptar que, aunque todos los agravios que le imputan al británico fuesen taxativamente ciertos, el silbido constante en cada toque de balón supondría un perjuicio para el equipo

Mi relación con Bale comparte rasgos con la que tengo con Calamaro. Ambos son profesionales de un incuestionable talento que me han regalado momentos imborrables en, ya me perdonarás el exceso flaubertiano, mi educación sentimental. Por otro lado, determinadas dinámicas o exageraciones en la pose de enfant terrible terminan por provocar un hastío que difumina la gratitud. Aunque existe una diferencia, bastante lógica teniendo en cuenta la gran disparidad entre disciplinas: mientras que Calamaro ha alcanzado la cima de sus posibilidades en un puñado de canciones extraordinarias e imperecederas, los monumentales chispazos de Bale casi siempre han constituido una expectativa antes que una culminación. Cuando Gareth planeaba con sus orejas como un avión ridiculizando las artimañas de Bartra en la prórroga de una final, uno se relamía anticipándose al próximo truco. El disfrute siempre tenía algo de voluntad prospectiva. Esa convicción, alimentada por el goteo de hazañas esporádicas hasta el día de la chilena ,  y unida a esa tendencia que tiene el Madrid para redimir a sus personajes secundarios que parecen desahuciados, hacía que los más acérrimos aguardásemos un último gesto grandioso incluso después de episodios tan desagradables como los de la pancarta, ciertas declaraciones de su representante Barnett o el simulacro de partida a la liga china. Se acaba el tiempo y, visto lo visto, te confesaré que mis esperanzas acerca de la jugada redentora se hallan ya bajo mínimos.

sus partidarios alegan que la constante cacería de la prensa hacia el jugador ha terminado por convertir en una profecía autocumplida todas aquellas advertencias que se hacían incluso cuando ganaba copas de Europa con goles de chilena

Queda, pues, la complicada gestión de daños en estos meses del adiós. La dificultad reside fundamentalmente en la acumulación de orgullos. Hay un sector de la afición que no es capaz de aceptar que, aunque todos los agravios que le imputan al británico fuesen taxativamente ciertos, el silbido constante en cada toque de balón supondría un perjuicio para el equipo, sobre todo en unas fechas cruciales en las que la plantilla se está jugando los títulos y la continuidad o no del proyecto. Todo es opinable, pero no parece descabellado considerar el mal ambiente generado un precio excesivamente alto a cambio de un desahogo fugaz y transitorio. Al mismo tiempo, el propio Bale tampoco ha demostrado la inteligencia, cínica si se quiere, de regalar unas palabras de compromiso que rebajen el soufflé. Seguramente el mecanismo de defensa con el que se ha protegido de más de una canallada periodística lo ha blindado contra cualquier influencia de la afición. Es probable que se halle convencido de estar viviendo una dolorosa injusticia, condenado a una amplia antipatía mientras que otros muchos jugadores, mucho menos protagonistas en la consecución de logros para el club, han concluido su relación de mejor manera. Quizá. Pero mucho me temo que la vida es, por desgracia y ante todo, una cuestión de expectativas. Las mismas que nos mantendrán hasta el final con una mínima esperanza en un postrero giro de guion. Incluso aunque la racionalidad nos dicte que la única posibilidad de que el viento nos vuelva a devolver serenamente a sus orillas, sea dormidos.

Cuídate, volveré a escribirte pronto.

Pablo.

Buenos días. El Real Madrid venció ayer al Getafe en un partido muy completo, que además sirvió para dar descanso a algunos titulares de cara al magno acontecimiento del próximo martes. El paso de ayer puede ser fundamental para el logro de la Liga, dijo Pero Grullo, sabedor de que todos los puntos son fundamentales a estas alturas y nos acercan un poco más a hacernos con el llamado campeonato de la regularidad, que sigue siendo el objetivo más a mano del año. Los de Carletto nos han hecho soñar con la XIV después de dos actuaciones absolutamente memorables ante PSG y Chelsea, pero no cabe ignorar que lo que no debe escaparse bajo ningún concepto es este trofeo manifiestamente gestado por nuestros enemigos, Tebas al frente, llamado LaLiga por los que llevan su maltrecha marca. Sería la XXXV, y pocas cosas nos harían más ilusión porque el Madrid, sencillamente, la merece de un modo rotundo... a menos que deje de merecerla en las escasas jornadas que quedan.

El Getafe planteó un buen entramado defensivo (leed la crónica de Ramón Álvarez de Mon) ante el cual el cuadro blanco tuvo que dar lo mejor de sí. Lo reventó Casemiro a centro con el exterior de Vinicius, que de repente recordó a Cunnigham, o a Modric para los no viejunos. Antes y después de eso, mientras duró el choque, el Madrid templó y mandó de modo impecable, jugando con inteligencia, presteza y dinamismo, el mismo que en todo momento fueron capaces de imprimirle un Camavinga espléndido y un Valverde estelar. El Halcón no debe ya, a nuestro juicio, caerse de la alineación salvo que medie hecatombe impensada. En todo caso, viendo los problemas acaecidos en el pasado reciente ante equipos aparentemente menores, el Bernabéu temió durante gran parte del primer tiempo que todo el esfuerzo fuese baldío. Tuvo que ser un Casemiro también sensacional ayer quien pusiera las cosas en su sitio. Al marcar Case acudieron a abrazarle todos sus compañeros, pero por esas cosas de la vida fueron sus compatriotas (menos Militao, también soberbio) los primeros en llegar, dando lugar a una foto que hoy copa las portadas de Marca y As.

Ahí tenéis a los cuatro. Un Casemiro que se ha entonado en el momento más oportuno de una temporada que hasta el momento era floja; un Vinicius cuyas diabluras casi enajenan a sus marcadores; un Rodrygo intenso y penetrante que sirvió a Lucas Vázquez el gol de la calma; por último, un Marcelo cumplidor que contó con noventa minutos para gozar el cariño del Bernabéu.

Bale es la profecía autocumplida más exitosa de la historia del periodismo deportivo español: tanto insistieron en que la gente pitara al galés, sin que hubiera razones para ello, que ahora le pitan con razón.

Quien no lo gozó fue Bale, que aparece en la portada de Marca con una presencia como de fotomatón y un titular lacónico: "Bale sonríe ante los pitos del Bernabéu". Se podría hablar durante horas de los indudables méritos e indudables errores recientes de la carrera de Bale en el Madrid, pero fiscalizar sus sonrisas es algo que nos parece excesivo. Si os parece, Marca, hace muecas de llanto como Marcel Marceu. En honor a la verdad, por otra parte, hay que señalar que el galés fue masivamente abucheado, en efecto, a su salida al campo, pero también recabó ovaciones durante los minutos que disputó, especialmente en un fallido remate de cabeza y en un disparo lejano. Pero en el cómputo general predominaron los pitos. No es descartable que Carlo, sabedor de lo que iba a pasar, quisiera forzar este mal recibimiento a Gareth para que, caso de necesitarlo en las próximas fechas, lo que se antoja muy probable, el Bernabéu venga ya desahogado en lo que al de Cardiff respecta. Es presumible que quien pita a Bale ante el Getafe se considere ya pleno de afán recriminativo, y se abstenga por tanto de pitarle ante el Chelsea o en un eventual choque de semis.

As, que escoge una foto casi idéntica a la de Marca, otorga más relevancia aún al asunto de los silbidos a Bale. "El Bernabéu pita a Bale en el descuento". Se intuye un sentimiento ufano en As, como de objetivo cumplido. Bale es la profecía autocumplida más exitosa de la historia del periodismo deportivo español: tanto insistieron en que la gente pitara al galés, sin que hubiera razones para ello, que ahora le pitan con razón.

En todo caso, el gazapo periodístico del día fue radiofónico. Gazapo, nos tememos, perlado de malas intenciones y francamente ridículo. He aquí lo que dijo Javier Herráez durante la retransmisión del partido en la Cadena Ser.

 

Gran scoop de Herráez, asombroso por demás por cuanto el brazalete de capitán ayer lo portó en todo momento Marcelo. Hemos llamado a Hércules Poirot para que investigue el extraño caso de la doble capitanía, pero por el momento no tenemos una solución para el arcano, estimados amigos.

 

Y qué más contaros. Que la prensa cataculé sigue a sus cosas (que si una entrevista a Ronaldinho, que si vamos a jugar contra el Levante para poder quedarnos solo -solo- a doce puntos del líder, que si Pedri Pedri Pedri) y nosotros a las nuestras, que es empezar a concentrarnos para el formidable duelo del martes.

Pasad un buen día.

 

En un partido plácido, ante 50.000 espectadores que, en una buena proporción, no eran los habituales feligreses del campeonato liguero (con la presencia, por ejemplo, de numerosos niños que disfrutaron de una noche de agradable temperatura), el equipo tuvo un nivel medio más que aceptable, con menciones especiales a las prestaciones de David Alaba, Fede Valverde y Eduardo Camavinga, más un primer tiempo de ensueño de Vinicius Júnior.

Por su profesionalidad intachable y por su brega sin desmayo, destacaremos en esta sección de MVP a Lucas Vázquez, nuestro coruñés de Curtís, en sus labores de lateral derecho. La banda derecha merengue funcionó mejor que otras veces, con buenas combinaciones, relevos y apoyos entre Vázquez, Valverde y Rodrygo Goes, desactivando por completo las escasas incursiones de los azulones (Mayoral pasó desapercibido) y dando innumerables quebraderos de cabeza a Olivera, Mitrovic y Aleñá, fundamentalmente.
Las notas del Real Madrid, 2 - Getafe, 0
En la segunda mitad, el que ha sido tantas veces jugador número 12 o número 13 de la plantilla también combinó acertadamente con Casemiro y con Camavinga, que rotaba a menudo de banda con el halcón Valverde. En el minuto 68, tras una arrancada de furia austríaca de Alaba, Rodrygo sirvió un canapé de caviar beluga al gallego, para que, con la zurda, colocara con finura el esférico junto al poste derecho del guardameta Soria. Gol de la tranquilidad (era el 2-0) que permitió a Ancelotti dar descanso a varios titulares más (Benzema, Casemiro y Vinicius) de cara al choque en la cumbre del próximo martes.
Era el gol número 28 de Lucas con el primer equipo en sus 7 temporadas, y el primero de este año. También fue su mejor partido con Ancelotti, aportando su ya consabida energía, jugando prácticamente de carrilero, a un centro del campo sobrado de ella y que pasó muy por encima del cuadro de Sánchez Flores. LOs getafenses no inquietaron a los locales, y menos todavía por el flanco de Vázquez.
Es pues de ley premiar con estas líneas a un futbolista que hace equipo y que siempre aporta entrega, pulmones y piernas frescas. No nos extrañaría nada su titularidad en alguno de los próximos partidos, que se antojan decisivos tanto en Copa de Europa como en la liga española.

Arbitró César Soto Grado del Comité riojano. En el VAR estuvo González González.

Encuentro plácido y sin grandes jugadas polémicas. En el 4' se anuló un tanto a Benzema que estaba en fuera de juego cuando recibió tras un toque de Rodrygo. En un principio había duda de si había sido el brasileño u Olivera el último en golpear el cuero, pero la repetición (varios minutos después) aclaró que fue el madridista.

En el apartado disciplinario vieron la amarilla en las filas merengues Casemiro por protestar en el 43' y Valverde por una entrada abajo a Villar en el 44'. En el cuadro getafense llegaron más tarde de lo normal puesto que Djené o Cuenca fueron merecedores en la primera mitad por reiteración. Finalmente se marcharon amonestados por los azulones Olivera por derribar a Lucas en el 75' y el togolés Djene en el 78' por parar a Vini cuando le había sobrepasado en el pico del área grande.

Una de las anécdotas del choque fue Carlo Ancelotti protestando y con razón que los saques de banda visitantes se sacaban varios metros por delante del lugar en el que salió el cuero. Un aspecto a vigilar por el trencilla riojano ya que no debe permitir esa ventaja.

Soto Grado, DISCRETO.

 

Getty Images.

Courtois: 6. Día plácido.

Lucas: 7. Marcó un gran gol y estuvo a buen nivel.

Militao: 6. Partido sin problemas para el brasileño.

Alaba: 6. Tuvo una gran intervención en la única mínima ocasión del Getafe.

Marcelo: 6. Se mostró bastante ofensivo. No fue amenazado a su espalda.

Casemiro: 7. Parece que forzó la tarjeta de manera voluntaria. Abrió el marcador e hizo un buen partido.

Valverde: 6. Importante en la recuperación del balón.

Camavinga: 7. Muy importante en la primera parte repartiendo juego y siendo fundamental en el robo del balón.

Rodrygo: 6. Sin mucho vértigo, pero importante en el gol de Lucas.

Benzema: 7. Se marchó sin marcar, pero volvió a hacer un buen partido armando el ataque.

Vinicius: 8. Quizás el mejor del equipo. Sensacional asistencia y mucho desequilibrio por su banda.

Nacho: sin tiempo.

Ceballos: 6. Entró bien al partido. Bastante presente.

Asensio: sin tiempo.

Bale: sin tiempo.

Ancelotti: 7. Rotaciones y un plan de partido que salió a la perfección.

 

Getty Images.

Ancelotti, con buen criterio, optó por introducir piernas frescas en el equipo después del esfuerzo de Londres. Lucas y Marcelo dieron descanso a Carvajal y Mendy. Camavinga y Rodrygo a Modric y Kroos. Se recuperaba el 4-3-3, esquema preferido del técnico italiano.

El partido empezó con ritmo. Benzema vio como su gol era anulado por fuera de juego en el minuto 3 y poco después Marcelo probó a Soria con un buen disparo lejano que sin embargo le salió demasiado centrado. El Madrid recuperaba bastante pronto y en uno de esos robos, Lucas estuvo a punto de sorprender al portero visitante. Unos minutos después, David Soria hizo un paradón en respuesta a una buena volea de Valverde. En el 19’ Vinicius realizó la jugada hasta ese momento del partido, marchándose de varios defensas del Getafe, caño incluido, pero su disparo fue manso a las manos de Soria. Estaba bien el Madrid, pero con el paso de los minutos empezó a perder claridad y los acercamientos se empezaron a dilatar en el tiempo.

Sin embargo la alegría llegó en el minuto 38. Vinicius puso un centro al estilo Modric que desconocíamos que estaba en su repertorio y Casemiro no perdonó de cabeza. El Madrid continuó la embestida y primero Marcelo y después Benzema estuvieron a punto de hacer el segundo. La primera parte acabó con otro dócil disparo de Vinicius.

Casemiro gol Getafe

Tardó 11 minutos en llegar la primera oportunidad en la segunda parte. Tras una gran combinación, Marcelo disparó a la red lateral por fuera. El Madrid insistía y empujaba y seguía limitando las llegadas del Getafe al mínimo posible. En el 63’ un disparo de falta de Valverde estuvo a punto de sorprender a Soria. La había pegado con el alma el uruguayo.

En el minuto 67 una combinación perfecta entre Lucas y Rodrygo le permitió al gallego definir a la perfección con la izquierda. La banda derecha dándole goles al Madrid, un motivo de alegría.

Corría el minuto 73 cuando Bale volvió a pisar el Bernabéu después de más de 2 años para sustituir a un ovacionado Benzema. También salió Ceballos por Casemiro, que se perderá el partido de Sevilla por protestar una clara mano que no señaló Soto Grado.

El partido entró en una fase muy tranquila en la que ambos equipos parecían esperar al final del encuentro. En el 82’ salió Asensio para que descansase Vinicius. El último cambio fue el de Nacho por Alaba. El Getafe se acercó un poco a través de un par de córners, pero Courtois apenas tuvo trabajo. Poco después Bale probó suerte desde lejos. En el 90’ Unal disparó al palo en una jugada completamente aislada. De esta forma terminó un partido tranquilo para el Madrid. Un guion perfecto de cara a la batalla que viene el martes frente al Chelsea.

 

Getty Images.

El Madrid, gracias principalmente a un presidente de 75 años, un entrenador de 62 y un goleador de 34, ha levantado la Supercopa, es líder de LaLiga y ha obtenido un resultado excelente contra el Chelsea en el partido de ida de la Champions. Dichoso el hogar a cuyas brasas se calienta un viejo.

Sé que en estos tiempos de consumo rápido, de desprecio por la experiencia y de clickbait compulsivos, la paciencia ha dejado de ser una virtud. A veces, sobre todo después de cada derrota, los aficionados vuelven la mirada a los Nagelsmann de turno y piden la destitución de Ancelotti. Consideran que son entrenadores jóvenes, preparados, hambrientos, con métodos nuevos y capaces de liderar al “Madrid del futuro” a golpe de tecnología. Muchos de ellos son modas efímeras, que van desvaneciéndose eclipsados por el último campeón, solo nos fijamos en sus (escasas) victorias y olvidamos derrotas que en el Real Madrid no se tolerarían. Hoy nos gusta este, mañana otro y pasado otro cualquiera. Y lo hacemos pensando que a Ancelotti, un tres estrellas Champions, se le ha pasado el arroz. Tengamos tanta prudencia en las victorias como templanza en las derrotas: la temporada está por cocinarse.

Ancelotti Chelsea

AIC

Mi buen amigo Jorge (@jorgeneo) comentó el otro día en el chat de La Galerna que no hay nadie más resultadista que un panenkita. Y lleva razón. Muchos panenkitas son como el VAR, pero con más flechas y rayitas de colores. Cambian de argumentos sobre la marcha, ponen la flecha un poco más adelante, un poco más atrás y son capaces de explicar pormenorizadamente (después de explicarte unos días antes pormenorizadamente lo contrario) cualquier derrota o victoria. En un mismo partido pueden, en función del resultado, y con un intervalo de pocos minutos, alternar arre con so. Los quiero. Dan color al fútbol.

No sé si Pedri es mejor que Zidane, si Dembélé juega mejor que Mbappé o si la Europa League es más prestigiosa, y difícil de ganar, que la Champions. Habrá que esperar a final de temporada para salir de dudas

Vinícius, Karim

Se está infravalorando la importancia que tiene Vinícius en el despegue goleador de Benzema. Digamos que, salvando las distancias y con un rol diferente, Vinícius está haciendo de Benzema para un Benzema que ha mutado, sin perder ninguna de sus virtudes, en Cristiano. Es decir, Vinícius está abriendo huecos, atrayendo a los defensas de dos en dos, para que Benzema, con esa inteligencia natural y la experiencia que acumula, les saque el máximo partido de cara al gol.

Vinícius Benzema

Rolex o setas

Hubo un tiempo no tan lejano en el que se decía, sin rubor y con el agravante de intentar argumentarlo, que ganar la Liga era más importante (y difícil) que ganar la Champions. El desvarío llegó a tal punto que se llegó a afirmar que con “tirar” la Liga y centrarse en la Champions era más que suficiente para levantar el trofeo. Naturalmente este argumento solo surgía, con el ánimo de desprestigiar y minimizar esa competición, en las temporadas en las que era el Real Madrid el que alzaba la Copa de Europa. Muchos años, harto de no saber a qué atenerme, deseé que antes de comenzar la competición decidiesen públicamente, desde Barcelona o desde la capital antimadridista de turno, qué se cotizaba más esa temporada: si setas o Rolex, si Liga o Champions.

Este año siento esa misma expectación. No sé si va a valer más la Liga, la Champions o la Europa League. No sé si Pedri (19 años, antes 18) es mejor que Zidane, si Dembélé juega mejor que Mbappé o si la Europa League es más prestigiosa, y difícil de ganar, que la Champions. Habrá que esperar a final de temporada para salir de dudas.

 

Getty Images.

Buenos días, queridos amigos.

Son tiempos extraños los que vivimos, tiempos en los que la vida cotidiana nos sorprende a diario con fenómenos que no esperábamos, con eventos de calado histórico que se recordarán durante décadas, y a veces el cuerpo nos pide algo de tranquilidad, razón por la cual, seguro que de manera equivocada, tratamos de encontrar un refugio de normalidad en el deporte. Pero es que hasta el deporte se ha convertido en una fuente de acontecimientos inesperados, de hechos insólitos, artículos bochornosos o declaraciones desopilantes, de ahí que el monólogo final de Blade Runner nos venga que ni pintado para este Portanálisis sabatino de hoy:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais”.

Recuerden pronunciar muy despacio las míticas palabras del replicante Roy Batty, aquel Rutger Hauer más oxigenado que Neymar la semana previa a un carnaval. Un monólogo muy socorrido que ya hemos utilizado alguna vez en La Galerna, para hablar, por ejemplo, de aquellos penaltis de Mascherano que “se perderán como lágrimas en la lluvia”.

Hoy podríamos actualizarlo y decir:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a Benzema anotar dos hat-trick consecutivos en Champions ante equipos podridos de pasta. He visto al Madrid de Laso perder veinte puntos de ventaja en poco más de un cuarto más allá de las puertas del WiZink. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia de Stamford Bridge. Es hora de partir”.

Y la mítica frase nos vale para nuestra primera portada de hoy:

Portada Marca

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a Gareth Bale en la portada del Marca y no lo estaban criticando”.

Recordemos que el diario madrileño suele traer al galés a sus portadas solo para hablar de golf, de hernias o de supuestas faltas de respeto al club, pero quizás animado por las palabras de ayer de Carletto en rueda de prensa (“Bale ha hecho historia en el Real Madrid y quiere terminar bien”) nos anuncia que Gareth podría volver a contar con minutos en el Bernabéu esta noche.

“Está en buena condición física. Lo ha demostrado con el equipo nacional y lo quiere demostrar aquí”. ¿Tendremos de nuevo a “Bale Runner” en acción? ¿Nos regalará ese “último baile” que Jesús Bengoechea reclamaba al galés tras su último partido en Villarreal o Antonio Vázquez esta misma semana? Ojalá Bale se sume a la causa, porque el final de temporada se presenta repleto de partidos clave en los que las piernas frescas y la cabeza fría serán fundamentales. Ojalá podamos verle añadir algún nuevo capítulo a su carrera:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a Gareth Bale anotar de chilena más allá de la portería de Kiev. He visto al galés destrozar los isquios de Bartra en la banda de Mestalla o anotar el gol decisivo en Lisboa”. Y ojalá tras ese último baile y un nuevo título podamos decir, ya sí tranquilos: “es hora de partir”.

“El reencuentro”, anuncia Marca sobre una foto de Bale en la que dibuja una A con las manos. No sabemos a ciencia cierta si se trata de la inicial de alguno de sus hijos (la prensa diría que es una A de Albatros por la jerga golfística) o de un recado a esa misma prensa hostil: ATPC. En estas páginas ya hemos escrito mucho sobre Bale y su peculiar relación con el público del Bernabéu, y solo esperamos que, de producirse, sea un reencuentro entre dos viejos amigos que se añoran y desean revivir momentos pasados.

El partido de esta noche ante el Getafe será importante para lograr algo de tranquilidad ante el final de Liga y debería servir para dar entrada a recambios ante el exigente calendario que se avecina, con la vuelta ante el Chelsea en el horizonte.

Portada AS

Muy cinematográfico ha venido también el diario As con un juego de palabras relacionado con la mítica Duelo al sol de King Vidor (1946), una equiparación de la que solo nos cabe decir que deseamos que los protagonistas de la portada no tengan el mismo final. El eternamente joven Karim Benzema frente a Enes Ünai, el mismo jugador que anotó el único gol del partido en la primera vuelta. Conviene recordarlo pues nuestros vecinos del sur de la capital son un equipo sólido, férreo, que no pondrá las cosas fáciles.

El diario madrileño tiene un hueco para destacar el “batacazo del Madrid” de Laso, una durísima derrota tras dejar escapar una renta de veinte puntos, un bloqueo mental que deja a los nuestros con un cruce bastante más complicado que el que cabía esperar con la victoria. “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto al Real Madrid de baloncesto sin recursos, bloqueado”. Los últimos dos meses del equipo han sido un esperpento y solo nos cabe desear que Laso (o su equipo de magníficos colaboradores) dé con la tecla para revertir esta situación.

En fin, recuperemos el tono festivo para afirmar que: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a gente decir que el Eintracht es mejor equipo que el Chelsea. He visto a Xavi Hernández hablar del césped en mal estado más allá de Frankfurt. He visto a culés que decían que la Uropalí era más importante que la Champions. Todos esos momentos no se perderán entre lágrimas de descojono. Es hora de partirse la caja”.

Portada Mundo Deportivo

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto Sprint final por Haaland con un límite salarial negativo. He visto a Dani Alves proponer el fichaje de Mbappé”. Por la razón que sea (y no vamos a perder un segundo en averiguarla), hoy tenemos doblete del actor brasileño y jugador ocasional Dani Alves.

Portada Sport

Una portada sobre cuya estética d SuperPop no vamos a opinar, puesto que tan solo nos sirve para concluir: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto al diario Sport mencionar de manera positiva a Florentino Pérez. He visto que ponían a Dani Alves como ejemplo de algo. Es hora de partir a otro mundo”.

Alves Sport Florentino Sport

Que tengáis un gran día.

(Crónica costumbrista de una velada futbolera en casa del hermano de Jesús Bengoechea, a donde acudí presto y convencido, tras la exitosa experiencia del PSG, de que ver los partidos con ellos trae buena suerte a nuestro equipo). 

 

De nuevo regresé al santuario sagrado bengoechil, sede mágica de madridismo, donde el peregrino es acogido y agasajado como un miembro más de la familia.

Tras la cordial bienvenida y una copa de vino (tinto) español, hubo una tertulia a propósito del evento que allí íbamos a contemplar. Ya no se trataba de lograr una remontada que pudiese parecer labor digna de Hércules, sujetando el planeta Tierra mientras Atlas se tomaba un respiro, sino quizás de hacer un ejercicio de resistencia ante la que se avecinaba: afrontar, tras la debacle del 0-4 ante el Barcelona y tras la pésima imagen ofrecida en el 1-2 agónico de Balaídos, nada menos que al campeón de Europa (y del mundo) en su feudo abarrotado de Stamford Bridge.

Pero en el recinto sagrado bengoechesco no percibí miedo, ni siquiera un mínimo temor. Algún osado joven miembro del clan incluso aventuró un 1-3 para el partido, que a quien les escribe le pareció todo un brindis al sol, mientras el propio sol caía lentamente por el Parque del Oeste madrileño.

Cada cual tomó asiento, y se preparó, con los ladridos de música de fondo del can familiar, Suker, para atacar unos apetitosos tentempiés antes de que Clément Turpin diese el pitido inicial. Desde ese momento, un Real Madrid vestido con calcetines azules, nos hizo olvidar las penurias del Parque de los Príncipes e incluso la vestimenta negra gafada del Clásico de mediados de marzo.

Los cuatro elementos de la naturaleza parecían estar del lado madridista. El fuego de Vinicius Jr., haciendo temblar el larguero del senegalés Mendy, puso a las claras que los merengues no habían ido a Londres para ir de compras a Harrods. El fuego brasileño siguió ardiendo hasta encontrarse con el aire, convertido en Benzema volador, que martilleó con su testa la escuadra derecha del atónito Mendy, el cual dejó una bella e inútil estirada para los fotógrafos del Daily Mirror. Todo ello bajo el elemento agua, un diluvio universal del que tan solo gozaban como párvulos los dos mil madridistas que exigían la devolución de Gibraltar al estado español. Mientras, en el elemento tierra, Casemiro, el de las grandes noches europeas, devoraba cual ogro feroz a Kanté, a Jorginho y a todo aquel “blue” que osaba merodear por su territorio.

Mientras tanto, sus compañeros terrícolas y pragmáticos, Modric y Kroos, oteaban el horizonte con suficiencia, y dominaban el espacio como los dinosaurios en la época prehistórica. Por su parte, el antiguo pajarito Valverde, ya convertido en halcón, le proporcionaba al capitán londinense Azpilicueta la peor de sus veladas. En uno de sus vuelos rasantes, el charrúa combinó con el maestro croata, y aquello se convirtió en un escorzo increíble en el aire, que a cualquier otro mortal le habría supuesto una tortícolis crónica, para que Benzema consiguiera una segunda instantánea inolvidable para el Mendy del Chelsea. Dos fotazas históricas para enmarcar y un 0-2 que pudo llegar a ser incluso 0-3 si a Benzema no le incomodan ligeramente cuando estaba armando su zurda para volver a hacer muesca en el marcador.

En la otra portería, Courtois también trabajaba sin desmayo, aunque una descoordinación en el centro de la defensa supuso otro vuelo, esta vez del talentoso Havertz, para poner el 1-2. La pelota iba con tal potencia que dobló las manos de nuestro meta belga.

El primer tiempo acababa pues con incertidumbre, y eso que un 0-3 o un 1-4 hubiese reflejado mucho mejor lo que allí había sucedido. Para pasar el trago del gol local, los allí presentes, ufanos por el rendimiento de su equipo, pudimos degustar más manjares, en particular una deliciosa tortilla de patata con cebolla, recién preparada por la simpar anfitriona.

Alguno de los presentes de hecho se perdió la nueva pillería del más listo de la clase, que esta vez no tuvo que volar, sino correr como un poseso e intuir el error de Edouard Mendy y luego acosar al fornido Rüdiger para, una vez mas, y es cuestión de fe, de ambición y de experiencia, perforar las mallas del campeón de Europa.

Benzema Kiev

Ya no llovía tanto, aunque faltaba todavía aguantar el chaparrón del orgullo local, que metió en liza todo su arsenal - no el viejo enemigo del norte de Londres - para tratar de aminorar el mal resultado: Zyyech y Lukaku, que junto a Havertz, Pulisic y Mount (inédito en el primer tiempo) se volcaron hacia la portería blanca. Momento de elemento aire de nuevo, en particular con el despegue de un cohete espacial llamado Thibaut, que alcanzó a desviar un balón a velocidad estratosférica con destino a la cruceta izquierda, impulsado por un derechazo brutal de Azpilicueta. También fue el momento de cerrar filas, de no aventurarse demasiado en ataque, de pasar balones al sabio Modric, de asustar al enemigo con cabalgadas de fogueo del halcón Valverde y del Mendy merengue, y de apuntalar el liderazgo de David Alaba en defensa, ante la merma física de Militao desde casi el principio del encuentro.

El santuario bengoecheño lo había vuelto a hacer: una nueva victoria europea, el hito de haber podido por fin derrotar al Chelsea (bestia negra desde la lejana final de Recopa de 1971, día de la despedida europea de Don Paco Gento), una sensación de bienestar y de paz interior que dejaba a cada uno de nosotros el poder disfrutar del momento mientras sorbía la copa de vino español. Sabiendo todos que aún queda una vuelta en el Bernabéu y que todavía no estamos en semifinales. Pero habiendo mandado al rincón de pensar por unos días a las meigas y a los agoreros, que estaban ya por oficiar el enésimo funeral de cuerpo presente del mejor equipo de la historia. Veremos qué nos depara el día 12 de abril, y cómo reaccionarán para entonces los cuatro elementos de la naturaleza. Aunque ya les adelanto que tener a Karim Benzema de nuestro lado ayuda bastante al optimismo.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram