Las mejores firmas madridistas del planeta

Estos de La Galerna siempre con el Real Madrid a vueltas, como si no hubiera otra cosa de la que hablar. A ver si dejan de mirarse el ombligo y me dejan colocar un artículo más elevado, un análisis objetivo y desapasionado de la campaña que han realizado los equipos españoles en la Copa de Europa, que hay fútbol más alla de Concha Espina, aunque les cueste creerlo.

Arrancó la temporada con buenos augurios y mejores esperanzas, ya que España había conseguido colocar cinco equipos en la Liga de Campeones: el siempre solvente F. C. Barcelona, el inevitable Real Madrid, los aguerridos Sevilla y Atlético de Madrid (que algún año tendrá que ir a recoger la copa que les debe el fútbol) y el sorprendente Villarreal, que ganó la edición anterior de la Europa League (en un descuido de los colchoneros y los palanganas, sus habituales detentadores). El sorteo repartió la suerte de modo dispar: grupos tremendos para los indios (todos los equipos tenían ya alguna Copa de Europa en sus vitrinas) y los culés (dos antiguos campeones de Europa, también), fáciles para amarillos y merengues (las célebres bolas calientes) y un grupo trampa para los sevillistas (con los tapados Lille y Salzburgo, aparentemente asequibles).

Bolas sorteo Champions

El caso es que empezaron a jugarse los primero partidos y ya se vio que el Real Madrid no iba a llegar muy lejos, tras el ridículo que hizo en su propio campo ante el Sheriff de Tiraspol. En las jornadas siguientes se fue evidenciando que el Villarreal iba a dar guerra, el Atlético de Madrid sufriría, lo mismo que el Sevilla (que fue pinchando reiteradamente), que al Real Madrid lo salvaría la suerte, como siempre, y que el Barcelona se disponía a adoptar una estrategia astuta, consistente en clasificarse para la Europa League y así añadir ese trofeo a su colección: la jugada sorprendió a sus rivales, que no tuvieron más remedio que rendirse a su eficacia, cediendo la tercera plaza del grupo al equipo catalán. Por desgracia para el Barcelona, también el Sevilla ocupó esa posición en su grupo, lo que aumentaba la calidad de los competidores en la Europa League, que pasaba a ser más fuerte que la propia Liga de Campeones. Finalmente, el Real Madrid lideraría su grupo, Atlético y Villarreal serían segundos en los suyos, en tanto que andaluces y catalanes ocuparían la tercera plaza en los que les correspondieron.

En este punto, se bifurca el análisis de las trayectorias de nuestros equipos: por una parte, los tres que continúan en una Copa de Europa devaluada tras la eliminación del coloso azulgrana, y por otra los que persiguen la gloria de una Europa League súbitamente revalorizada. La primera línea nos lleva a un sorteo bochornoso, que empezó emparejando al Real Madrid con el Benfica, pero que se modificó torticeramente para evitarles a los blancos un rival tan duro (recordemos que estaba en el grupo del Barcelona, donde quedó segundo) y acabar por depararle un rival sin alcurnia europea, un recién llegado, con más fachada que calidad. La mano negra de Florentino se dejó ver ahí, pero nadie protestó por el abuso, así que a tragar. Al otro equipo de Madrid le correspondió el Manchester United, iniciando así una insistente lucha entre ambas ciudades, y al Villarreal le tocó enfrentarse a la Juventus, en lo que parecía una tarea ardua para los de aquí.

PSG Sorteo

Sorpendentemente, los tres equipos españoles eliminaron a sus rivales (el Real Madrid, con ayuda de la suerte más sospechosa que legendaria, que esta vez se encarnó en la figura de Benzema) y en la siguiente ronda afrontaron a unos equipos temibles: el submarino amarillo se vio las caras con el Bayern, gran favorito para hacerse con el trofeo, al que eliminó contra toda esperanza. El Real Madrid luchó contra el Chelsea, vigente campeón de Europa, al que esta vez sólo puedo vencer gracias a Benzema y a la magia negra (si no, no se explica la resurrección tras el 0-3), junto a que previamente el equipo londinense se vio desequilibrado por una turbia maniobra del gafas, que habló con Aznar para que dijese a Putin que la liase parda de manera que los deportistas rusos fuesen descalificados (y de paso el dueño del Chelsea se viese afectado y su equipo trastornado): una versión turbia y trágica del efecto mariposa, que destruye media Europa para que los vikingos pasen de ronda.

El Real Madrid del trasnochado Carlo Ancelotti y el Manchester City del profeta Guardiola prolongaban la pugna entre los países y entre las ciudades

Pero el enfrentamiento estelar es el que puso a los colchoneros frente al otro equipo de Manchester, lo que además de un segundo enfrentamiento entre las dos ciudades (a tale of two cities) suponía un duelo entre los dos mejores entrenadores del último siglo, que unen a su sabiduría futbolera (universalmente reconocida) una elegancia en las formas, las palabras y la indumentaria que ya quisieran Cary Grant o Fred Astaire (esta última, no tan universalmente aclamada). La lucha entre esos dos titanes de la pizarra fue homérica; el choque de estrategias, feroz. Baste decir que, entre los dos partidos, se llegó a marcar un gol y que algún equipo consiguió terminar un partido sin un solo disparo a puerta; una eliminatoria que se estudiará en las escuelas de entrenadores durante años, con muchas flechas en las pizarras. Lamentablemente, uno de los dos tenía que ser expulsado de la lucha y fue el argentino: sic transit gloria mindundi.

Para las semifinales, dos equipos españoles y dos ingleses dirimen la hegemonía europea. El cada vez más sorprendente Villarreal pierde con el Liverpool en la ida, inicia la remontada en su estadio, pero termina hincando la rodilla: aplausos para ellos, demasiado lejos llegaron para su cotización inicial. El Real Madrid del trasnochado Carlo Ancelotti y el Manchester City del profeta Guardiola prolongaban la pugna entre los países y entre las ciudades (momentáneamente empatada). El recuerdo de lo acontecido está demasiado fresco como para que haya necesidad de traerlo aquí; baste decir que a los efectos secundarios habituales (angustia, depresión, úlceras gástricas) connaturales a las victorias blancas hay que añadir uno inesperado: la caída de precio de las banderas japonesas, que antes se fabricaban mediante un sofisticado proceso industrial y hoy millones de aficionados (no sólo del City) elaboran sin más que sentarse sobre un lienzo blanco.

Barcelona Eintracht

Volviendo ahora la atención a la otra competición, esa Europa League de campanillas, los culés y los sevillistas se encontraron con otro glorioso equipo hispano, el Real Betis Balompié (honor a un club que lleva el término “balompié” en su nombre), junto a la Real Sociedad (tan cara a algunos galernautas) y otras potencias del nivel del Braga, el Mónaco, el Leverkusen o el Nápoles. El equipo donostiarra cayó enseguida, y poco después lo hicieron los dos clubes andaluces, dejando sobre los hombros del Barcelona la responsabilidad de traer a España el trofeo. Ciertamente, se le consideraba el favorito desde el momento en que cayó de la Champions (mejor dicho: desde que siguió la estrategia bien diseñada para llegar a su meta, la Europa League), tanto más cuando eliminó primero al Nápoles y luego al Galatasaray, esas leyendas. Ya el encargado de esculpir la copa (que estaba ocupado grabando el nombre de Messi en el Balón de Oro de este año y de los dos próximos) se disponía a escribir con su buril “Barcelona” en el lugar reservado al ganador cuando un cataclismo lo desbarató todo: el Eintracht de Frankfurt hizo descarrilar el expreso azulgrana al ganar en el Camp Nou por 2-3; los tantos de Busquets y Depay no bastaron para superar el triplete salchichero. Los aficionados madridistas conocen bien lo que se siente: también el equipo alemán se enfrentó al madrileño en un partido importante, en 1960, y también metió 3 goles, mientras que solo dos jugadores madridistas consiguieron profanar la meta teutona (Di Stéfano y Puskas, dos futbolistas de cierto talento, que no oso contraponer a Busquets y Depay).

el Real Madrid está haciendo lo de siempre: pasar sin jugar a nada, con mucha suerte y una gran pegada

Al día de la fecha, con las competiciones casi cerradas, cabe decir que la campaña española en Europa ha sido notable, con un papel destacado del Villarreal y muy meritorio del Atlético (que solo cedió ante el mago de las pizarras) y del Barcelona (apeado por el mítico Eintracht, cuya alineación saben recitar todos los niños); el Sevilla ha decepcionado levemente y el Real Madrid está haciendo lo de siempre: pasar sin jugar a nada, con mucha suerte y una gran pegada; si consigue ganar al Liverpool en París, su temporada no habrá sido mala del todo (pero si pierde, ¡ay como pierda!).

Concluye aquí este estudio pormenorizado e imparcial del recorrido de los equipos españoles por las competiciones europeas que espero que supere la censura galernauta y pueda servirme como trabajo de fin de máster en periodismo deportivo patrio; al fin y al cabo, lo que se publica en cualquier medio de prensa, radio o televisión no tiene mucho más rigor.

 

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La ley de Murphy no significa que vaya a pasar algo malo, sino que si algo puede pasar, pasará. Interstellar

(El guión de está película está basado en hechos reales. Todos los personajes de los que se habla existieron. Todo lo contado en la noche del 4 de mayo del 2022 pasó realmente).

 

Secuencia 14

Exterior noche

Localización: Santiago Bernabéu (en reformas)

 

NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA BUENA NOCHE

Dylan Thomas, Interstellar

Voz en off del narrador: ¡Esta noche el Real Madrid va a jugar su décima semifinal de Champions de las últimas doce! Daniele Orsato es el árbitro designado, estuvo en nuestras dos últimas eliminaciones europeas, ante el propio City y Chelsea.

El Real Madrid viene de perder 4-3 en el campo inglés del rival más poderoso de Europa entrenado por su archienemigo Guardiola. El club blanco jamás ha sido capaz de remontar una eliminatoria de semifinales de la Copa de Europa tras caer derrotado en la ida.

Nunca ha logrado pasar a la final, ya que en 1968 cayó frente al Manchester United; en 1987, contra el Bayern Munich; en 2001, de nuevo el Bayern; en 2011, el Barcelona; en 2012, otra vez el Bayern; en 2013, el Borussia Dortmund; y por último, en 2015 fue la Juventus su último verdugo, quedándose de nuevo fuera de la final.

El Real Madrid sabe que tiene de nuevo los ojos del mundo pendientes de lo que haga esta noche…

Real Madrid City anuncio

21:00

El árbitro pita el principio del partido.

Al descanso el partido se va 0-0

Voz en off del narrador: "El Real Madrid no está hoy bien de cara al gol…"

 

No entres dócilmente en esa buena noche,

Que al final del día debería la vejez arder y delirar;

Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Gol City Mahrez

Minuto 73, gol de Mahrez

Voz en off del narrador: "El Real Madrid debe meter tres goles para poder levantar la eliminatoria.

El Bernabéu se levanta".

 

Aunque los sabios entienden al final que la oscuridad es lo correcto,

Como a su verbo ningún rayo ha confiado vigor,

No entran dócilmente en esa buena noche.

 

Minuto 68, entra Rodrygo por Toni Kroos.

Minuto 75, entra Camavinga por Luka Modric.

Minuto 75, entra Marco Asensio por Casemiro.

 

Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola

Por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber danzado en una verde bahía,

Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Gol Rodrygo City

Minuto 89,5”

Voz en off del narrador: "Camavinga cuelga un balón que Benzema toca y Rodrygo, en boca de gol, empata el partido".

 

Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,

Y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían,

No entran dócilmente en esa buena noche.

Gol Rodrygo cabeza City

Minuto 91

Voz en off del narrador: "Carvajal cuelga un balón lateral al área, lo peina levemente Asensio, Rodrygo remata de cabeza y empata la eliminatoria…"

El cabezazo de Rodrygo Goes ya es el cabezazo de la década, de esta década, como lo fue de la suya el de Sergio Ramos en Lisboa.

 

Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que se apaga

Ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,

Se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Benzema gol City

Minuto 95

Voz en off del narrador: “Penalti de Ruben Dias a Benzema. El mismo Karim pone el 3-1 en el marcador”.

El Real Madrid, de 180 minutos de eliminatoria, ha estado eliminado 179.

 

Y tú, padre mío, allá en tu cima triste,

Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.

No entres dócilmente en esa buena noche.

Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

 

Voz en off del narrador: "En la competición más importante del mundo a nivel de clubes, que comenzó en 1960. El Real Madrid va a jugar su 17 final de la Copa de Europa el 28 de mayo en París".

En el año 1981, con Luis de Carlos como presidente, el Real Madrid cae en la final de la Copa de Europa contra el Liverpool. Cuarenta y un años después se reedita esa final. Los hijos y los nietos de aquellos presidentes, jugadores y aficionados tendrán -tendremos- la oportunidad de vengarnos.

Cuando era niño, recuerdo tener un póster colgado en mi habitación que regalaban en la revista Don Balón con todos las finales de la Copa de Europa. Me las sabía todas de memoria, dicen que eso de la memoria fotográfica ayuda, y es cierto. Cuando veía las sagas de Copas de Europa consecutivas del Ajax, Bayern, Liverpool, Nottingham Forest o Milán sentía que era huérfano de vivir mi propia trilogía con el Madrid.

Los años y las decepciones europeas pasaban hasta que Pedja en los noventa nos volvió a conectar con el color. Esa misma noche guardé ese póster que estuvo tantos años colgado en frente de mí, mirándome, como si fuera el recordatorio del pasaje final vengativo de Hamlet con su propio destino.

Pero lo de esta noche no es una gesta, no es algo histórico o asombroso, es solo nuestro destino

La leyenda vikinga Amlet, en la cual se inspiró Shakespeare para escribir su famosa tragedia ambientada en Dinamarca ha sido adaptada con el título de El hombre del norte, una película de Robert Egge, que está ahora mismo en los cines de todo el mundo. En ella, un príncipe nórdico del siglo X, busca su destino vengando la muerte de su padre a manos de su tío.

Cuando ganamos la quinta Copa, dando la mayor exhibición que se ha visto nunca en una final de la Copa de Europa, los diarios británicos de la época bautizaron esa gesta como: “El Real Madrid es como los vikingos, ya que al igual que ellos, se pasea por Europa arrasando todo a su paso”.

Pero lo de esta noche no es una gesta, no es algo histórico o asombroso, es solo nuestro destino; el destino vikingo del príncipe de Europa, que cada tantos años vaga por las tierras frías e inhóspitas del continente buscando su corona. La corona de rey de Europa. El trono de Odín.

 

La locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura no dan fruto. Hamlet

 

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Gracias, señores de Marca. Antes incluso de dar los buenos días, tenemos que darles las gracias. Los madridistas llevamos varios días con problemas para conciliar el sueño, con la adrenalina desbordada, con una sonrisilla de oreja a oreja que nos acompaña durante el resto del día, igual que ese nivel de excitación que hace que no por mucho madrugar nos levantemos menos trempados, así que necesitábamos una portada-bajonazo para devolver los ánimos a su estado natural. No podíamos seguir recreándonos en lo sucedido el miércoles en el Bernabéu porque eso nos impedía para la vida normal, para nuestro quehacer diario e incluso para portanalizar la actualidad deportiva. Y ese remedio infalible es el que nos ha “regalado” el diario de Juancho Gallardo.

-A ver, chicos -, necesitamos algo infrafutbolístico, algo que baje los ánimos de los madridistas que están muy crecidos, ¿qué se os ocurre?

-¿Qué tal las declaraciones de alguien semi retirado, que no caiga bien y sea más famoso por su vestimenta extravagante y sus piscinazos en los últimos tiempos que por su calidad en el terreno de juego?

-Hablas de Dani Alves, seguro, pero necesito algo aún peor.

-¿Qué tal Dani Alves sacando la lengua?

-Aaaargh, qué desagradable, pero peor, peor aún.

-¿Dani Alves sacando la lengua al cuadrado?

-¡Perfecto, lo petamos!

Portada Marca 07-05-22

Qué bajón, señores, qué enorme bajón. Es tal que ni siquiera habíamos leído sus declaraciones, una afirmación de Perogrullo sobre los merecimientos de Benzema para el Balón de Oro. Que una cosa son los merecimientos y otra muy distinta los premios individuales, pues la lógica dicta que el Balón de Oro se lo lleve Messi por anotar cuatro goles en la liga francesa y por su actuación estelar en octavos de Champions contra el Madrid de los fenómenos paranormales.

Últimamente cuesta distinguir las portadas de los diarios madrileños, con la misma foto el jueves tras la remontada o centradas ayer en Rodrygo Goes, así que anoche debieron de tener una conversación similar a la de Marca en la redacción de As. Vicente Jiménez debió juntar a los suyos y plantear:

-A ver, chicos, Marca va fuerte, presenta una portada bajonazo total, ¿qué se os ocurre?

-Uf, es que van con todo, con Alves por partida doble.

-¡Y sacando la lengua! -dice otro redactor tras emitir una arcada.

-¿Qué tal Luis Suárez rajando antes del partido de mañana?

-Nah, algo peor.

-¿Javier Tebas echando pestes del Madrid o criticando la Superliga?

-¿Algo sobre Geri y Rubi? -propuso el becario.

El resto de la redacción se queda mirándolo por tocar un tema tabú y el director, muy serio, le dice:

-Mira, Alfredín, pasa por Recursos Humanos, que tienen algo para ti. El resto, pensad en alguien que dé ahora mismo más bajonazo que Alves haciendo el canelo.

Et voilà!

Portada As 07-05-22

Pasar de las emociones de Champions a la cara anchoa de Aleksander Ceferin hablando de expedientes disciplinarios a los clubes de la Superliga es un golpe bajo. Muy bajo incluso para ustedes, señores de As. Lo que quizás no sospechaba el dirigente esloveno es que con esta portada se estaba convirtiendo de manera involuntaria en un remedo chapliniano de cierto dictador. ¿No les recuerda a alguien la pose del mandamás de la UEFA, el amigo de los petrodólares?

Chaplin el gran dictador

Charles Chaplin imaginaba a Adolf Hitler jugando con la bola del mundo a su merced, flotando en un mar de ensoñaciones, del mismo modo que Ceferin muestra un balón como si el mundo del fútbol estuviera bajo su control. No, Ceferin, el Real Madrid es imprevisible, como este maravilloso deporte, y usted, como los millones emanados de Oriente Medio o el gas ruso, no van a poder frenarlo. “La UEFA no es un monopolio”, dice el dirigente. Y es cierto, no tiene el monopolio de todo lo malo que se mueve en las esferas que dirigen el cotarro: FIFA, Federación, LaLiga, el CTA, Mediapro, los jeques…

“Lo de los clubes estado es populista”, jojojojo, perdonen las risas, que habla el hombre del football is for the fans (o for the funds), “los propietarios de empresas aportan sostenibilidad”.

Claro, claro, sostenibilidad, la palabra de moda. Que empieza por S.O.S., no lo olvide usted. Palmas 400 millones en dos años, como el PSG, te gastas 1.400 como el City, lanzas el SOS al emirato y en veinticuatro horas te reponen la caja. Sostenibilidad financiera, claro que sí.

Los diarios madrileños han logrado el bajonazo en los lectores madridistas. Trataremos pues de retornar al mundo del deporte: todas las portadas recogen el duelo entre el presente del tenis con más pasado (Rafa Nadal) y el presente con más futuro (Carlos Alcaraz). El duelo monovocálico Nadal-Alcaraz se saldó con victoria del murciano en tres sets. Los madridistas de la raqueta ofrecieron un generoso espectáculo, como siempre, en el que el más joven se impuso sobre la arcilla del Open de Madrid. Carlitos sigue como un tiro en 2022 y hoy se enfrentará al mismísimo Novak Djokovic. Suerte para el nuestro, pero desearle suerte sería limitar al azar lo que su calidad y sus piernas son capaces de lograr, algo que, por cierto, nos recuerda a cierto equipo de fútbol al que solo le reconocen esa fortuna y no su valía o su calidad técnica.

Del faldón inferior rescatamos las declaraciones de Xavi Hernández, otrora conocido como El Jardiner, quien antes de un trascendental partido para los suyos se acuerda del Real Madrid: “Nosotros les rematamos”. En la declaración completa afirma que ellos (el Barça) supieron hacer lo que el PSG, el City o el Chelsea no fueron capaces, e incluso se permite decir cómo hay que competir con los blancos. Lo dice cómodamente desde su púlpito instalado quince puntos por debajo del Real Madrid, pero sin rubor alguno, como quien suelta que Catar no es una dictadura, pero la gente es muy feliz y hay más libertad que en España.

Hay rabia de Champions en Barcelona, ansiedad, y si no, miren las portadas de los diarios cataculés.

Portada Sport 07-05-22Portada Mundo Deportivo 07-05-22

Final y Champions junto a una imagen de varios jugadores culés fundiéndose en un cálido abrazo. Qué hermoso. Alguien podría asociarlo todo y creer que será el Barça quien jugará en París, pero aquí estamos para recordarles que no, que los culés cayeron en el Frankfurter Camp Nou con estrépito.

El Mundo Deportivo, por su parte, suelta que “un triunfo en el Villamarín rubricaría la Champions”, y también hemos de decirles que no, que lo sentimos, pero no han logrado el título, sino que como mucho los clasificaría para la fase de grupos de la próxima temporada, en la que, con algo de suerte y si son capaces de anotar más de dos goles (su hazaña de este año en seis partidos), quizás puedan aspirar a jugar los octavos. Lo cierto es que uno lee artículos como el de Toni Clapés y de verdad parece que han ganado la Champions o que son ellos los que merecen estar en la final del 28 de mayo. Observen esta joya encontrada por Twitter Real Madrid.

Sport Toni Clapés

“Quizá el Barça estaría en la final”, jajajaja. Quizás si los culés (con Xavi en el banquillo) hubieran metido algún gol al Benfica, habrían pasado de fase. Quizás también lo habrían logrado de no haber sido vapuleados por el Bayern en su campo (y con Xavi también en el banquillo). Quizás si el sorteo de Champions no hubiera sido manipulado vilmente para cambiar al Benfica por el PSG, el Madrid no habría obrado su colección de milagros. Quizá si se hubieran juntado todas las ensoñaciones culés, habrían visto una final City-Barça, pero no, señores, quien está en París es el Real Madrid, qué cosas.

Me ha devuelto la sonrisa tras el bajonazo Álvico-Ceferínico. Muchas gracias también, señores de Sport y Mundo Deportivo.

Que pasen un gran día.

Hola, amigos. Qué dulcísima resaca. Aún estamos en lo más profundo del aftermath de la que algunos ya califican como la mejor noche en la historia del Santiago Bernabéu. ¿La mejor? Digamos que no es en absoluto desatinado conjeturar con que muy bien pudo serlo. El ambiente en las gradas fue inigualable y el milagro obrado sobre el césped estuvo a la altura de la tradición blanca: dos goles entre el final del partido y el descuento, con la electricidad del final del encuentro trasladándose al comienzo de la prórroga para que una combinación letal entre Camavinga, Rodrygo y Benzema desembocara en el penalti decisivo. Eso no es ser fulgurante, eso es ser la fulgurancia. Eso es ser la emoción, es ser la aventura en un rectángulo, es representar todo lo que de meritorio y azaroso tiene cualquier logro humano en su más pura esencia. Nada más profundamente humano y conmovedor que lo que sucedió ante el PSG, ante el Chelsea y ante el City, y por eso el Madrid engancha como engancha, y por eso en este año, pase lo que pase en la Final de París, la marca se ha visto reforzada a nivel mundial por pura redundancia, es decir, por haber sido fiel a lo que la gente espera de la marca Real Madrid: hazaña, talento, denuedo, recuerdos en los que quedarse a vivir.

As otorga a Rodrygo los galones del día, y bien que los merece. Entre el empeño -no abusrdo- de todo el mundo por considerar la del miércoles una hazaña colectiva y casi sociológica y la propia modestia del brasileño, aún no se habían subrayado suficientemente los méritos de quien, indudablemente, es el hombre del partido. Sales con la eliminatoria aparentemente sentenciada, marcas dos goles en 89 segundos y nada más iniciarse la prórroga das el centro del penalti. Antes de eso, estuvo a punto de hacer un hat trick que, incluso, habría hecho innecesaria la prórroga. "El Bernabéu nos llevó en volandas", dice humildísimamente el chico. Sí, Rodrygo, ya lo sabemos, pero tus compañeros y tú también hicisteis algo, ¿no? Tú en particular. No te quites méritos. Ahora mismo eres la estrella, y lo mereces. Eres la estrella de esta película el final de cuyo guión desconocemos aún, pero que solo ha podido brotar del cerebro del guionista más afamado. Es eso, una película o una miniserie en tres capítulos, con el cuarto estrenándose el día 28 de mayo en todas las plataformas posibles.

Parafraseando el nombre de aquel grupo ochentero, podríamos sentenciar que Rodrygo Goes to Hollywood, aunque vía París, eso sí. Que aproveche estos días, en que la competición liguera ya está sentenciada, para disfrutar algo de Relax mientras aún rumia The Power of Love, el poder del amor del Bernabéu por sus héroes. Él ya es uno de ellos, y de los grandes.

Marca también viene en portada con el héroe de la noche, a quien vemos eufórico, apuntando directamente a la 14. "Mr. Champions", le llaman los del diario deportivo más vendido de España, y el apodo no le viene grande. Ya en su debut le metió 3 goles al Galatasaray, dando señales del romance con la competición que el futuro cimentaría. La Champions es para Rodrygo esa amante ocasional que solo te da unas horas al mes (lo que en fútbol sería unos minutos por partido) para amar a pecho desbocado. Vaya si Rodrygo aprovecha esas ocasiones. Más recientemente, le hemos visto salir desde el banquillo para liarla ante el PSG o embocar magistralmente a la red un pase antológico de Modric con el exterior. Lo del miércoles fue el broche de oro a la más feliz etapa del idilio que este chaval mantiene con la Champions. ¿La Champions es la esposa del Real Madrid y él está teniendo un affair con nuestra esposa? Nos enojaríamos si no fuera porque Rodrygo ES YA Real Madrid. Él es nosotros, y si mañana dejara de jugar al fútbol porque se cansara o por lo que sea -no lo quiera Dios- formaría ya parte de la Historia, con mayúsculas, del mejor club de la historia del fútbol.

En la prensa cataculé nos vamos a detener poco. Hoy toca vender futuro. Bueno, hoy y siempre, porque el presente lo tienen más mustio que el ánimo de Guardiola al finalizar el choque del miércoles. Ya solo les queda vender la renovación de Araujo (buen jugador) como la promesa que el chico probablemente crea también (nos tememos que tal vez ingenuamente), es decir, que están construyendo un gran Barça. Está por verse, y las señales actuales no son muy halagüeñas.

Donde no hay más remedio que detenerse es en la nueva cafrada del tal Iván San Antonio en Sport. Ya el frontispicio anuncia un texto con un encabezado aberrante. "Adiós, Samuel, ahora ya sabemos quién eres". Resulta que a Etoo (es el Samuel al que se refiere) se le ha ocurrido, a resultas de la hazaña europea del Madrid, subir a Instagram una foto suya vestido de blanco, felicitando a la entidad. Ha tenido que borrarla por el cyberacoso de impresentables como San Antonio. Os recomendamos que no leáis su asqueroso artículo, propio de su autor, a saber, un impresentable que organiza campañas de acoso contra familiares de árbitros bajo la premisa de su madridismo, que encima luego resulta ser falso. Un verdadero indeseable que por desgracia ha alcanzado cierta notoriedad a raíz de las tertulias de Radio Marca, a donde incomprensiblemente sigue siendo invitado.

Escribir las animaladas que este sujeto dedica a Samuel Etoo por el mero hecho de mostrar admiración y gratitud por el Madrid, club que le sacó de la más absoluta miseria en su Camerún natal, convirtiéndolo en el extraordinario futbolista que fue, es algo que solo puede hacerse desde la más completa ruindad humana. Por muy culé que seas, si no eres capaz de entender con naturalidad el hecho de que sin la confianza inicial del Madrid con Etoo este jamás habría triunfado en el Barça, eres un verdadero zoquete y un tipo que merece muy pocas cosas. Quizás escribir en Sport sea una de las pocas, porque Sport es Sport, pero ciertamente no un micrófono en Radio Marca. Tú verás, Juancho.

Pasad un buen día.

 

 

El marcador indicaba 0-1 y en el minuto 87 el Manchester City acababa de fallar una doble ocasión clarísima, salvada in extremis por Mendy y luego por los tacos de Courtois. En un mundo paralelo, el City certificaba la victoria final y el Bernabéu se convertía en una tumba de silencio, con centeranes de aficionados circulando rumbo a sus casas, rumiando la tristeza y la desolación por no haber sido capaces de remontar.

Pero en este mundo ese balón no entró, y lo que siguió entra en la historia de lo incalificable. Antes, justo en ese minuto, un hincha madridista que estaba a mi lado decidía que había tenido suficiente. No sé si le habían comunicado que se le quemaba la casa o que un terremoto había destruido la casa de sus padres, pero uno no abandona el Bernabéu hasta el pitido final (hasta el final, vamos Real).

Real Madrid, 3 - Manchester City, 1

Y mucho menos con este Real Madrid, con la épica y mística demostrada en eliminatorias anteriores. Uno no abandona la batalla mientras el rival trata de romperle el escudo a espadazos, después de haber batido antes a dos formidables enemigos, los sátrapas de oriente. No, el deber de un hincha es apoyar hasta el final, y eso debería ser parte del aprendizaje de esta edición de Champions.

Cuando el marcador tocó el minuto 88, el estadio animaba, pero la duda en la remontada era visible. La lógica era más grande que la fe. Dos goles en dos minutos más el tiempo de descuento era algo que ni siquiera se había logrado en las eliminatorias anteriores. El más difícil todavía. Si lo del PSG había sido lo imposible, y lo del Chelsea lo increíble, ese reto, esa gesta, carecía de calificativos para convertirse -en caso de lograrse- en lo inenarrable. Lo inexplicable por una mente racional y humana. Esta edición de la Champions League del Real Madrid ha logrado enriquecer el léxico popular a base de añadir adjetivos, aunque las palabras por sí mismas no sirven para explicar lo vivido.

Antes de todo, antes del éxtasis extremo había tenido lugar la busiana. Mientras el autobus bajaba por Concha Espina camino al estadio, la muchedumbre gritaba enardecida, convencídima de la victoria final. Al fin y al cabo, la gesta no era tal y solo se trataba de remontar un gol. Una hora y media antes del comienzo del partido la sensación colectiva era de euforia y confianza.

A mi señal, sangre y fuego: la busiana

¿Cómo no iba a marcar el Real Madrid uno o dos goles en 90 minutos? Pero cuando el City marcó el 0-1, y los minutos fueron pasando hasta ese minuto 87, lo factible empezó a convertirse en imposible. Darle la vuelta al marcador en solo los minutos finales más el descuento en un partido de la máxima competición europea es algo que habíamos visto al Manchester United contra el Bayern de Munich en aquella final épica de 1999.  Y también habíamos vivido por supuesto el empate de Sergio Ramos, en el 93.

Pero ahora se trataba de marcar dos goles contra un rival que acababa de perdonar el 0-2, y con un Real Madrid al que le faltaba fluidez. El Big Data marcaba en el minuto 89 con la certeza propia de una máquina que no se equivoca, un 99% de probabilidades de perder del Real Madrid. Como Rafael Nadal contra Daniil Medvedev cuando iba dos sets abajo, y perdiendo el tercet set. Y ese 1% debía de ser como cortesía a un equipo que se había ganado a pulso el derecho a creer hasta el final. Una especie de concesión final de las poderosas máquinas a la fe humana.

Pero en el campo había varios jugadores, jóvenes que han vivido las cuatro Champions como aficionados y que han crecido creyendo en el Real Madrid, y que tienen una fe infinita en ellos y en su equipo, que pensaban que se podía remontar al 99%. Camavinga era uno de ellos y el otro era Rodrygo.

Llegó el minuto 90 y Rodrygo marcó no un gol, sino el gol de la victoria final. Ese gol fue como el de Ramos en Lisboa, la certificación de la victoria. En aquel caso había que marcar un gol más en la prórroga, y ayer “solo” uno más en el descuento y otro más. Pero ya estaba hecho. Ese gol valía por tres, y todos en el estadio y en nuestras casas lo sabíamos. Y lo sabían los jugadores del Manchester del City y los del Real Madrid. Lo sabían los locutores de la Rac1 catalana, angustiados con sus micrófonos, y lo sabían miles de antimadridistas que querían irse ya a sus camas a dormir y dejar de sufrir. Qué sufrimiento tan atroz debe de ser creer en lo racional y renunciar a la fe de ser del Real Madrid. Lo sabíamos todos. Lo sabían hasta las máquinas, que ni saben ni intuyen, solo aplican la lógica.

Y ocurrió. Y llegó el segundo gol en el 91 y el tercero en el 96. Y llegó la locura, el júbilo y la incomprensión de haber vivido lo que en los textos bíblicos se denomina milagro. Y el Big Data empezó a colapsar. Incapaz de dar más números, de aplicar la lógica matemática a lo sucedido, miles de máquinas cortocircuitaron ayer. Centeranes de softwares empezaron a entender, una vez más, que con el Real Madrid no existen lógicas ni explicaciones. Han necesitado una edición mágica, tres eliminatorias épicas en las que el club blanco ha desafiado lo racional, eliminando a tres equipos, a tres clubes-estado, a cual más fuerte, superando cada fase, cada monstruo final, para darse cuenta de que ni la probabilidad ni la lógica sirven. No contra el Real Madrid.

El miércoles, miles de máquinas, incapaces de soportar el peso de la ilógica en sus sistemas, se hicieron del Real Madrid. Al igual que miles de niños y adolescentes, que entendieron que la felicidad es ver remontar al Real Madrid y creer hasta el final (vamos, Real).

El miércoles se ganó la victoria contra las máquinas. En el futuro, cuando las máquinas dominen el mundo y la humanidad no tenga esperanza, se recordará este partido. Y centenares de humanos saldrán a la calle, enfundados en sus camisetas blancas, para luchar contra la tiranía de la lógica, y derribar las leyes de la estadística, y nunca, nunca jamás, perder la fe en el Real Madrid y en la humanidad.

Pintaba ser una noche complicada. Y muy larga.

Quien suscribe había regresado de un viaje de trabajo a Valencia, tras un enorme madrugón. Aun así, le dio tiempo a pasar rápidamente por casa para coger una camiseta, era una ocasión especial, digna de un acontecimiento.

Es por ello por lo que, tras descartar la de Courtois (había que ir de blanco al Bernabéu), la de Benzema y la de Modric (este escribidor ha cogido algún kilito de más y apenas pudo probárselas), me decidí por la camiseta de las finales, la que solo llevo en las finales (las dos de Copa en Valencia ante el FC Barcelona, y, sobre todo, las cuatro finales de Copa de Europa disputadas y ganadas en Lisboa, Milán, Cardiff y Kiev): la que me firmó y me dedicó hace 15 años mi querido y añorado don Alfredo Di Stéfano.

Era día de talismanes, como bien dice siempre mi amigo Fred Gwynne. Pep Guardiola dirige un equipo de enormes virtudes y, sobre todo, se le ha dado casi siempre bien jugar en el Bernabéu. Todo conjuro, sortilegio, encantamiento e incluso exorcismo era necesario antes del partido de vuelta de semifinales.

ras descartar la camiseta de Courtois, la de Benzema y la de Modric, me decidí por la camiseta que solo llevo en las finales: la que me firmó y me dedicó hace 15 años mi querido y añorado don Alfredo Di Stéfano

No podía por tanto prescindir de la compañía de mi “pareja” de Champions, Alfonso, y unimos a la fiesta a un madridista cabal y —supuestamente— de mente fría como nuestro amigo Alberto. En el descanso, tras una primera parte que se nos antojó cortísima —los minutos cuando se va perdiendo se hacen centésimas de segundo— rememorábamos los descansos en pasadas finales vividas: 0-1 en Lisboa, con el churro de Godín presidiendo el marcador, 1-1 en Cardiff (tras el impresionante empate tras chilena de Mandzukic), 0-0 en Kiev ante el Liverpool, que ya había perdido a Salah, aunque nosotros habíamos sufrido la baja de Carvajal. Tan solo en Milán conseguimos llegar a la media parte con el 1-0 obra de la punterita de Sergio Ramos. El Madrid había peleado bien, pero faltaba puntería y algo de mordiente arriba. No sé quién de los tres rememoró la segunda parte gloriosa —y reciente— del Sánchez Pizjuán, en la que nuestras tropas vikingas arrasaron Híspalis con un 0-4 de parcial (aunque Cuadra Fernández se encargó de hacernos rabiar tras anular indebidamente el golazo de Vinicius). Vimos al lado nuestro a Juni Calafat, el jefe de ojeadores del club y artífice de, entre otros, los fichajes del Dúo Dinámico brasileño, Vinicius y Rodrygo. Toda una premonición y un augurio de un futuro muy feliz a corto plazo.

Rodrygo y Vinícius

El partido se volvía loco, tras unos buenos minutos del Madrid, los de Guardiola querían anestesiar el ritmo, con rondos y pérdidas de tiempo como las dos —eternas— que provocó Kyle Walker tirado en el césped como un guiñapo. Toni Kroos duró hasta el minuto 67, en el que fue sustituido por un Rodrygo Goes que lucía un aura celestial. Guardiola sustituyó a Walker y a De Bruyne por Zinchenko (con cambio de banda de Cancelo) y por Gundogan. Y sucedió lo que desencadenó la tormenta perfecta. Galopada del ex del Dortmund, pase a Bernardo Silva y Mahrez fusilando a Courtois en el único error de nuestra defensa. 0-1, minuto 72, y 0-2 en la eliminatoria, con doble pivote sky blue (Rodri-Gundogan). Pep se frotaba las manos, parecía que se iba a imponer una vez más en nuestro recinto sagrado.

Reacción de Ancelotti, que tras quitar a Kroos unos minutos antes, acabó por borrar del campo todo vestigio de la gloriosa CKM o CMK y entraron Eduardo Camavinga y Marco Asensio. A todas estas, Militao cojeaba sin parar y Ancelotti le envió al palomar del área de Ederson, para ver si cazaba al vuelo algún centro de Valverde, de Mendy o de Carvajal.

Pep se frotaba las manos, parecía que se iba a imponer una vez más en nuestro recinto sagrado. Aquello pintaba feo de verdad, pese a mi camiseta dedicada por la Saeta Rubia

Aquello pintaba feo de verdad, pese a mi camiseta dedicada por la Saeta Rubia. Peor aún cuando el recién ingresado Jack Grealish, madridista reconocido, penetraba como cuchillo en mantequilla por la banda izquierda y proporcionaba paros cardíacos con sus incursiones. En esos momentos, empezaban a surtir efecto los conjuros y los talismanes, ya que Mendy salvó milagrosamente bajo palos, y Courtois volvió a reafirmar que es, con creces, el mejor cancerbero del mundo, desviando a córner un disparo del nuevo guaperas inglés. Courtois fue enorme, una vez más, en sus noches europeas.

Pero el Bernabéu seguía creyendo. Con una fe digna de Indiana Jones en su búsqueda del Santo Grial, “sólo el penitente pasará”: con fe y con humildad, el Bernabéu siguió adelante hacia su objetivo, “siguiendo los pasos de la palabra”. No se dejó de animar y de vitorear al equipo, cuando ya corría el minuto 80 y muchos, y tras sacar Guardiola a su veterano Fernandinho para acabar de dormir el partido llevando el balón a la zona del córner izquierdo.

Guardiola y Fernandinho

Y es que anoche había poco piperismo y, si lo había, acabó en su mayoría por convertirse a la fe inquebrantable. Minuto 87, minuto 88, y muy pocos eran los desesperados que caminaban hacia los vomitorios abandonando el coliseo. Tras los ejercicios exitosos ante el PSG y ante el Chelsea, poderosos transatlánticos dopados de petróleo y minas de oro y de diamantes, lo mínimo que podía hacer cada espectador era esperar hasta el pitido final de Orsato para cuando menos reventar las palmas de sus manos en una ovación infinita de agradecimiento a este equipo indomable e ininteligible.

Ya entrábamos en el minuto 89 y el Madrid, pese a haber dispuesto de unas cuantas oportunidades de gol, lo cierto es que no había logrado disparar entre los tres palos defendidos por Ederson. Tuvo que ser el más niño, el revoltoso de la clase, el Jaimito Camavinga, quien abriese un excelente pase a su profesor Benzema para que, al límite del fuera de juego (pero en posición correctísima), nuestro Balón de Oro bajase el esférico con un toque excelso y lo pusiese en el área pequeña para que el otro pillo del aula, hijo de su padre biológico Goes y también hijo adoptivo de don Luka Modric, se adelantara al guardameta y colocara el 1-1 en el tanteador.

Benzema primer gol City

El alarido liberado por el estadio debió de escucharse en los anillos de Saturno. En la tablilla del cuarto árbitro se indicaban los 6 minutos de prolongación y todos en el Bernabéu, y me imagino que en millones de hogares del universo, estábamos seguros de que el segundo gol caería en ese tiempo. 1 minuto transcurrió y fue un buen centro de Carvajal, peinado ligeramente por Asensio, que acabó por ser perfectamente alojado en el marco citizen por la cabeza del elegido ayer para la gloria, de nuevo Rodrygo Goes. Y aún quedaban 4 minutos, en los que el propio Rodrygo puedo marcar el hat trick más rápido y más trascendental de la historia reciente de la Copa de Europa: 3 goles en 3 minutos.

El alarido liberado por el estadio debió de escucharse en los anillos de Saturno. El cuarto árbitro indicaba 6 minutos de prolongación y todos en el Bernabéu, y me imagino que en millones de hogares del universo, estábamos seguros de que el segundo gol caería en ese tiempo

Prórroga y éxtasis. Aquello parecía Lisboa tras el cabezazo memorable de Ramos. Todos los madridistas presentes ya sabíamos que la prórroga iba a ser nuestra. Más aun cuando tras una cabalgada de Camavinga, Rodrygo —¡otra vez él!— encontraba a Benzema en el área y Rubén Dias arrollaba al de Lyon. Penalti perfecto al palo derecho, ayer ya no hubiese cabido más emoción para otro Panenka. El City estaba ya con la lengua fuera y prácticamente izó la bandera blanca con el cambio de Rodri por Sterling, ya que desapareció toda consistencia en su centro del campo. Benzema pidió el cambio y fue el momento, uno más en este final de temporada, de Dani Ceballos, con criterio y personalidad dominando la situación. Entre él y el joven Camavinga se bastaban para rebañar cada balón de Gundogan, de Grealish o de Sterling. La segunda parte de la prórroga prácticamente ni se jugó, entre cambios y pérdidas de tiempo de Militao, cruda y dulce venganza hacia Guardiola, que hizo que los suyos perdieran tiempo desde el inicio del encuentro. En cierto modo, e irónicamente, el Madrid vengó a Simeone y a los suyos por los infames últimos 20 minutos de los de Pep en el Wanda.

courtois vuelta de honor City

Si nos llegan a contar 24 horas antes que los nuestros acabarían jugando sin la CMK, sin Benzema, sin Militao, sin Vinicius, y con Vallejo (un aplauso para el maño), Ceballos, Lucas y un Asensio más punzante que nunca, no nos lo habríamos podido ni imaginar. Nos hizo recordar a esos minutos finales ante el Chelsea, jugando con una defensa increíble como la formada por Lucas-Carvajal-Alaba-Marcelo. De locos. El Madrid, matando poco a poco a todos sus fieles seguidores, para, acto seguido, hacerlos revivir a todos. Como si tal cosa. Superando paredes de mil quinientos metros de altura, impregnadas de pinchos venenosos, con la única ayuda de sus uñas y estando descalzos. Y con una mano atada a la espalda.

La fiesta duró en el estadio hasta pasadas las 12 de la noche, tres horas después de iniciarse el partido. Los miles de asistentes no queríamos volver a casa, la temperatura era magnífica y teníamos que ir a buscar y a abrazar a más amigos desperdigados por los aledaños: Jesús Bengoechea, cómo no, y toda su maravillosa familia de hermanos y sobrinos. La gran Lucía, amiga y alma del chat de La Galerna. El fiel madridista y gran persona Lomas. Y tantos y tantos que nos encontrábamos caminando ya hacia el aparcamiento, pasada la una y media de la madrugada…

Di Stéfano lo había vuelto a hacer, la camiseta que firmó es infalible. Pero también lo volvió a hacer Paco Gento, desde el cielo desde hace 3 meses, hombre récord de la Copa de Europa, y que sin duda colaboró activamente en las sucesivas rendiciones de PSG, Chelsea y Manchester City en nuestro feudo. Benditos sean siempre don Alfredo y don Paco, padres y abuelos de todo el esplendor madridista que parece que nunca va a tener fin.

 

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Me siento frente al ordenador unas horas después de la nueva sacudida emocional que nos ha regalado a los madridistas este equipo glorioso (sí, glorioso ya, pase lo que pase en París), y las emociones se me agolpan en la cabeza, en el pecho y en las manos. Los dedos se me hacen huéspedes y no atinan con el teclado, convertido en la superficie de una mar juguetona donde las teclas se mueven de acá para allá, divirtiéndose con mi torpeza. Anoche, mis dos hijos mayores, que viven en California, atronaban el chat familiar, borrachos de admiración y de agradecimiento ("¡qué locura el Madrid!", "¡son unos bestias!"), y yo les respondía, paternal, inmensamente orgulloso, aliviado de que el whatsapp me permitiera ocultar el nudo que se me agarraba a la garganta: "esto es el Real Madrid, hijos míos".

vuelta honor Bernabéu City

Ayer, yo sufrí con el primer gol de Rodrygo, que venía preñado de la crueldad que supone expirar en la playa tras resistirse heroicamente a morir ahogado. Ayer expelí un aullido de felicidad, de liberación, tras el gol santillanesco de Rodrygo, tras ese cabezazo a lo Ramos, tras ese nuevo minuto 92 que de nuevo nos confirmaba que la gloria es nuestra porque nadie la corteja con más ahínco, con más determinación, con mayor desprecio de cálculos de probabilidad y de las propias limitaciones. Ayer reí con el gol de Benzema, que era la culminación de la gesta, del triunfo ya inevitable, de la diosa inexpugnable susurrándonos, rendida y entregada como Fiordiligi en la ópera de Mozart , "fa´ di me quel che ti par" . Y lloré. Lloré sin derramar una lágrima ante la belleza de la proeza, ante la visión espléndida, cegadora y emocionante de este equipo que parecía condenado al fracaso al comienzo de la temporada, y que decidió mandar a paseo al destino a fuerza de trabajo, calidad, fe y, sobre todo, negativa a darse por vencido. Lloré, por tanto, ante el ejemplo conmovedor de madridismo que nos ha dado este equipo, y que recuerda al que nos ofreció aquel Real Madrid que parecía desahuciado y que, bajo el influjo mesmerizante de ese chamán llamado Zidane, decidió ganar la Undécima pese a todo y, de paso, inaugurar esta época triunfal, memorable, este renacimiento del Madrid de Di Stéfano. Y lloré, lloré sin derramar una lágrima, también ante el recuerdo del madridista más perfecto, más acabado que he conocido, y que se me hizo muy presente, casi tangible, durante la prórroga interminable.

Ayer expelí un aullido de felicidad, de liberación, tras el gol santillanesco de Rodrygo, tras ese cabezazo a lo Ramos, tras ese nuevo minuto 92 que de nuevo nos confirmaba que la gloria es nuestra porque nadie la corteja con más ahínco, con más determinación, con mayor desprecio de cálculos de probabilidad y de las propias limitaciones

Porque él siempre creía. Porque era un madridista sin saberlo, alguien que nunca mostró interés por el fútbol, pero siempre lo hizo por el esfuerzo, por la lucha, por seguir su propio camino sin esperar más parabién que el de su propia conciencia, y sin prestar oídos a las críticas malintencionadas. Porque su sentido innato del bien, su optimismo reposado, su valor sereno y alejado de fanfarronadas, su negativa a rendirse sin necesidad de adornarse con soflamas o alharacas, eran profundamente madridistas. Creo que sólo vi con él un partido de fútbol en toda su vida, cuando ya contaba 92 años: un Real Madrid-Granada con el que el Real Madrid aseguraba el trigésimo cuarto campeonato de Liga, y a cuya conclusión —la metástasis ya comenzaba a enseñorearse fatalmente de su cerebro, pero aún daba respiro de vez en cuando a su inconfundible retranca— me preguntó si con esa victoria nos librábamos del descenso. Y sin embargo, fue la lluvia fina de su ejemplo la que hizo feliz y eternamente madridista al niño que fui y que nació en una familia sin ninguna tradición futbolística. Aunque sólo fuera por eso (en realidad, lo es por muchísimas más cosas) le debería agradecimiento eterno. Era su memoria la que me recordaba ayer en la prórroga que había que creer en la victoria, y la que me miraba con esa sonrisa tan suya, a la vez comprensiva y socarrona, enseñándome sin palabras —como tantas veces hizo en vida— que no hay que precipitar el juicio, que ese Ancelotti que tantas veces y tan vehementemente yo había condenado, estaba dándome también un ejemplo de madridismo genuino, sereno, hondo, indestructible, formidable: el madridismo sabio de quien desoye la disonancia estridente del mundo y se ciñe con tranquilo arrojo a la voz de su propio criterio.

Celebración banquillo City

En días como hoy, es inevitable sentir lástima por quien no consigue comprender que el madridismo es una fuente de felicidad. Hay quien nunca podrá entender cómo un simple deporte puede suscitar emociones tan intensas, estados de felicidad tan absoluta. Cómo explicarles que el Real Madrid no es la más importantes de las cosas menos importantes, sino una de las pocas cosas importantes de la vida. Cómo hacerles ver que no se trata de un resultado, sino de la emoción de ser testigo de los valores que el Real Madrid representa. Cómo no conmoverse ante ese felicísimo ayuntamiento de clase innata, entrega incansable y humildad genuina que llamamos Modric. Cómo no admirarse de la elegancia y aplomo de Camavinga echándose el equipo y la historia a las espaldas con tan sólo 19 años. Cómo ser ajeno al esfuerzo, a veces aturullado pero siempre generoso y noble, y tantas veces —como ayer— decisivo de Carvajal. Cómo ignorar la fe en sí mismo, la calidad y la inteligencia de Vinícius sometiendo a Walker como los buenos toreros someten a los toros: mostrándoles quién manda. Cómo no maravillarse de la precisión eléctrica, de relámpago, de un Rodrygo empeñado en arremeter contra las puertas de la gloria tantas veces como haga falta para derribarlas. Cómo no sentirse agradecido por el compromiso con la excelencia sin adornos de Courtois, el mejor portero del mundo y posiblemente de la historia del Madrid, pese a la cicatería de tanto trovador a la hora de cantar su gestas. Cómo no agradecer la seriedad de Mendy e incluso sus trompicones, que son toda una escuela de vida, como magistralmente acuñó Jesús Bengoechea. Cómo no estremecerse ante la trayectoria de Benzema, aquel joven de calidad excelsa pero introvertido, aparentemente embarcado en un interminable viaje hacia el centro de sí mismo, y finalmente eclosionado en el mejor delantero de la historia, rebosante de confianza, de recursos, de liderazgo y de ese don que sólo tienen los elegidos y que consiste en evocar toda la grandeza del madridismo con la sola pronunciación de su nombre. Cómo, finalmente, no dejarse llevar por la emoción ante el ejemplo de todos y cada uno de los componentes de este equipo que es tan madridista como el más madridista de los Real Madrid que ha habido a lo largo de nuestra bendita e inigualable historia.

Cómo explicarles que el Real Madrid no es la más importantes de las cosas menos importantes, sino una de las pocas cosas importantes de la vida

El día 28 hay que ganar en París, por supuesto, porque el Real Madrid nunca se conforma con menos que el triunfo cuando se cita con la gloria. La gloria esperará ese día a su amante más fiel y lo recibirá en sus brazos, pese a que tendremos enfrente a un rival formidable y también digno de ella. Pero incluso en el supuesto inconcebible de que no consiguiéramos la Decimocuarta, nadie nos podrá arrebatar nunca la felicidad inmensa producida por este equipo que ha desafiado el destino que parecía tener escrito y se ha negado a sucumbir una y otra vez. Qué ejemplo soberbio. Porque si algo me enseñó aquel madridista innato que ya se fue y que siempre me acompañará, es que uno no debe enorgullecerse de lo que consigue, sino del esfuerzo puesto en el empeño. Orgullo y esfuerzo. Tal vez no haya mejor definición de este Real Madrid.

 

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Hola de nuevo:

 

Hubo una época en la que el Real Madrid ganaba ligas como ficha un funcionario: con un punto de desgana, entre el hastío y el bostezo, con la cabeza en el vermut del día siguiente. Tu generación creció en esas décadas, y semejante período de bonanza, intuida eterna, terminó por atribuir al torneo de la regularidad una condición de ligero aperitivo, cuya consecución servía como mero trampolín para acceder al reto auténtico, la copa de Europa. A los madridistas millennials, en cambio, condenados a madurar en medio de la crisis que se inició en 2008 —me refiero, evidentemente, a la eclosión de Messi, mucho más dañina que aquello de Lehman Brothers—, jamás nos pareció que el título liguero nos perteneciese por derecho. Al contrario, ya te he comentado en alguna ocasión que nuestro Madrid, hedonista, irregular, cortoplacista y ciclotímico, llegó a convertir en seña de identidad el alternar las gestas europeas con intolerables incomparecencias en el día a día, como si pretendiese homenajear con esa actitud al tópico de la irresponsabilidad adolescente.

La liga trigésimo quinta de los blancos, adulta y circunspecta, supone un perfecto homenaje a las logradas en tu época: la ganó quien fue mejor de principio a fin. Puede que sin excesivos alardes, pero desde luego sin discusión

En este contexto, el valor de la liga conseguida el fin de semana pasado aumenta muchísimo. No obstante, me gustaría subrayar algunas consideraciones más al respecto. Frente a la primera etapa de nuestro entrenador en el banquillo blanco, en la que el equipo, repleto de trequartistas, jugaba desahogado y alegre y parecía instalado en un final feliz perpetuo que invitaba siempre al optimismo —estuviese justificado o no—, este segundo periplo ha presentado un cariz completamente distinto. Muchos partidos se han ganado desde la solvencia y, en lugar del poderío despreocupado del primer Madrid de Ancelotti —capaz de sepultar los borrones con un alud de combinaciones y goles, algunos en el descuento—, la solución del segundo ha pasado por la contención sensata, más hija de la voluntad que del orden, a pesar de lo cual se ha necesitado la intervención de un extraordinario Courtois en numerosas ocasiones. El Madrid, si bien ha ofrecido chispazos excepcionales de Vinicius y Benzema, también ha bajado al barro cuanto ha sido preciso; un poco como en una canción de Sabina, aunque sustituyendo el poético malditismo —más bien colchonero— por la seriedad. Es decir, nada de derrochar la bolsa y la vida. La liga trigésimo quinta de los blancos, adulta y circunspecta, supone un perfecto homenaje a las logradas en tu época: la ganó quien fue mejor de principio a fin. Puede que sin excesivos alardes, pero desde luego sin discusión.

Liga 35 Madrid

Sin embargo, ya sabes que la falta de fuegos artificiales puede resultar un pequeño problema para los millennials. No solo es que nuestra generación esté, en general, a un tris de echarse a perder por la necesidad constante de estímulos digitales. Futbolísticamente, la inconsistencia liguera ha provocado que cimentásemos nuestro madridismo en las proezas europeas, frente a las que, por desgracia, hasta un título tan meritorio como el del sábado, obtenido desde la suficiencia y sin goles épicos en el descuento, sabe un poco menos sabroso. Antes de que me invites a unirme a la cofradía del Santo Reproche, te reconozco que se trata de una circunstancia profundamente injusta: hace décadas la liga se menospreciaba ligeramente al darse por supuesta, y ahora, paradójicamente, es por falta de costumbre y tener otros hábitos de consumo. Un poco como esos estudiantes geniales y un poco vagos que, adictos a la adrenalina que otorga el aprobar sin estudiar demasiado, valoran menos la nota si llega tras el esfuerzo y el trabajo diarios.

hace décadas la liga se menospreciaba ligeramente al darse por supuesta, y ahora, paradójicamente, es por falta de costumbre y tener otros hábitos de consumo

Afortunadamente, ni a los más veleidosos el Madrid jamás nos deja como perros de nadie, ladrando a las puertas del cielo. Por lo que ni siquiera este segundo Madrid de Carletto, gobernado desde la contención antes que desde la exuberancia, ha renunciado a las noches mágicas en la Champions, pese a que a priori nadie le atribuyese potencial para ello. A su labor de hormiguita en el campeonato doméstico ha sumado un reguero de actuaciones marvelómanas en Europa capaces de saciar la sed del hincha más caprichoso. Uno a uno se ha ido limpiando a los rivales más ricos e imponentes, dejándolos cruelmente con la miel en los labios y escarcha en el pelo, en un ejercicio de funambulismo y de “más difícil todavía” que supera cualquier capacidad de análisis. Dos competiciones para dos caras de la moneda, el orden y la locura, sin renunciar a ninguna. Una dualidad personificada en el propio Ancelotti: alguien cuyo abanico gestual apenas había incluido la media sonrisa irónica y el alzamiento de ceja dejó escapar auténticas lágrimas al ganar la liga el sábado, demostrando así la cantidad de tensión que conlleva el deber, y, al mismo tiempo, unos días después mostraba un rictus de confiada templanza en el momento crucial de las semifinales de Champions.

Ancelotti City

Llegados a este punto, no resultan descartables ni un petardazo ante el Liverpool que suene como un punto de interrogación ni la enésima remontada imposible que nos traiga la Decimocuarta. En cualquier caso, en una institución en la que los triunfos duran lo que los manidos peces de hielo en el whisky on the rocks, recuperar la tradición de acumular ligas como rutina y hacerla confluir con la majestuosa excentricidad de las noches europeas se antoja algo muy necesario. Al fin y al cabo, se trataría, en última instancia, de una forma de enlazar el Madrid en el que se reflejan los millennials con lo que el Madrid siempre fue. La frente muy alta, la lengua muy larga y la gloria muy corta.

Cuídate, volveré a escribirte pronto.

Pablo.

El cosmos madridista concentra la unidad y la pluralidad infinita en una conjunción de consecuencias sorprendentes. Permanente, indivisible, la unidad se constituye, en primer término, por su entidad física y jurídica; y en esencia, por su abstracción, modelada por las mentes afines con troqueles sin fin. La pluralidad —representada por quienes se sumergen en el universo creado por la unidad— tiende a infinita en número, creciente por atracción y conexiones entre cada uno de los fieles con los demás; e infinita, asimismo, en la forma, pues la creencia es personal, y transferible sólo en la medida que pasa de padres a hijos, de abuelos a nietos. O cuando somos capaces de conectar y armonizar nuestras ideas con las del vecino.

Es discutible que hubiera un Big Bang en el origen de este cosmos, aunque viene poniéndose de manifiesto que sus fuerzas gravitatorias y de atracción son capaces de crear un fuego perenne, que vive a cada instante, que no cesa ni un segundo en el planeta Tierra y que da vida a esperanzas sin límite en hazañas imposibles. Por eso, y a fuerza de repetirlo, de vez en cuando se produce una chispa que provoca una tormenta de llamas, cuando los corazones se inflaman ante la desesperación del momento.

Rodrygo primer gol City

Y la fe en que la ceremonia volverá a repetirse la mantiene viva, las brasas ardiendo por el dogma inocente que cada cual prefigura y las citas periódicas en el templo de Santiago Bernabéu, fogonero primario, esencial, demiurgo visionario que entrevió la fuerza incontenible que el madridismo unido sería capaz de inducir. Tras mucho buscar encontró elementos que desencadenaran emociones que hicieron temblar, hasta fraguarlos con firmeza, los cimientos físicos y anímicos de nuestro credo. Héroes como Alfredo Di Stéfano, general omnipotente y omnipresente, el hombre que aglutinó el compromiso madridista. O Ferenc Puskás, el mago que materializó lo inimaginable. Y Paco Gento, generador de torbellinos que arrasaban las defensas rivales.

Con ellos y otros incontables, el cosmos se hizo adulto, ambicioso, elegante en su devenir. Los principios irrenunciables se fortalecieron con las generaciones siguientes, que ya no sólo tenían héroes de carne y hueso. También tenían una historia que proteger, difundir y engrandecer, y seguir adorando a quienes dejaron de serlo. La enumeración nunca sobraría, aunque es necesario obviarla por limitación de espacio y por incapacidad de concentrar lo infinito en unas líneas.

A fuerza de repetirlo, de vez en cuando se produce una chispa que provoca una tormenta de llamas, cuando los corazones se inflaman ante la desesperación del momento. Y la fe en que la ceremonia volverá a repetirse la mantiene viva

Le cabe a uno el inmenso orgullo de comprobar como los recientes tumultos futbolísticos, coaguladores de equipos con más estrellas —el PSG— y con más dinero detrás —el Chelsea y el City—, fueron agitados por jóvenes casi recién llegados junto a los que ya veneramos por lo que hicieron y por el orgullo que siguen mostrando en su imperceptible declinar. Pero siempre aglutinan fuerzas ingobernables y ocultas quienes defienden una historia, una forma de permanecer en la contrariedad, incluso en la inferioridad, porque el escudo y lo que representa —la unidad permanente y la pluralidad infinita— se lo exigen.

Permanente, indivisible, la unidad se constituye, en primer término, por su entidad física y jurídica; y en esencia, por su abstracción, modelada por las mentes afines con troqueles sin fin.

 

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Buenos días. O Buenas noches. O buenas tardes. Ya no sabemos qué hora es, no sabemos si aún estamos dormidos o todavía estamos despiertos. Lo único que tenemos claro ahora —sea lo que sea aquello que signifique "ahora"— es que el Madrid lo ha vuelto a hacer, ha metido tres goles en los minutos que caben en un puño cuando el partido había acabado y ha eliminado al Manchester City. Y ahora solo piensa en ir de cabeza a por la 14ª.

En el universo todo es relativo menos el Real Madrid, que es una constante. A Einstein, en su Teoría de la Relatividad, le faltó incluir a los blancos en la ecuación. El tiempo pierde su linealidad cuando el Madrid está de por medio y acontecen sucesos como que el City haya estado por delante en la eliminatoria desde antes del minuto 2 del primer partido hasta después del 90 del segundo y no se haya clasificado. Algunos cuerpos no soportan las fuerzas generadas en estos procesos, se desconfiguran y se desploman.

Guardiola abatido

El Bernabéu es la iglesia del fútbol y canaliza la fe de los aficionados que promueve este club hacia el equipo. Y tantos miles de madridistas resonando con el latido de los jugadores generan una energía que no se puede contrarrestar con nada (solo) del mundo material.

Portada Marca

Por eso Marca pide en su portada que baje Dios y lo explique, después de intentar hacer una portada racional han desistido ante la imposibilidad de realizarla y han optado por el último recurso.

Marca recoge el sentimiento general de aquellos que atribuyen a lo paranormal el desempeño del Real Madrid, pero detrás de los milagros suele haber una razón, o si no llega a razón, sí hay un precursor de los mismos. Y si los milagros se repiten muchas veces, con más motivo. Quizá mientras nos dejábamos la lengua criticando a la plantilla, intentando que echaran al entrenador y poniendo el grito en el cielo por la inexistente dirección deportiva que, entre otros, ha traído a Rodrygo, Camavinga, Vinícius y Valverde, no fuimos capaces de apreciar la calidad real y tangible del equipo. Tal vez dentro de unos años valoremos como merece lo que estamos viviendo esta temporada. Tal vez la magia tenga mucho más de calidad, trabajo y esfuerzo superlativo que de hechizo. Y cuando escribimos calidad, trabajo y esfuerzo superlativo también nos referimos a la afición.

Jesús Bengoechea recoge en su pieza de hoy precisamente la idea de que lo anoche es más explicable que lo de otras noches.

Respecto al partido en sí, lo mejor es que leáis la espléndida crónica de Andrés Torres. Pero podemos resumirlo en que el City cometió el error de marcar un gol. Si no lo hubiese hecho, probablemente el partido habría concluido 0-0 y los citizens estarían en disposición de luchar por conquistar la Champions en París. Pero ponerle las cosas casi imposibles al Madrid en Copa de Europa en una insensatez. A quién se le ocurre. No se puede venir al Bernabéu y darle un bofetón al Madrid —un saludo para Laporte— porque se despierta, te sacude en cuestión de minutos y te arroja al contenedor del reciclaje de jeques.

Portada As

La portada de As es la de Marca con otro titular. O viceversa. “El Madrid es de otro mundo”. No, El Madrid no es de otro mundo, es de este, pero es lo mejor que hay en él.

Portada L'Equipe

Mostramos la portada de L’Equipe porque Francia es ya una sucursal del Real Madrid. “SurREAListe” titulan los franceses. Is this the real life? Is this just fantasy? Afortunadamente es real como este Portanálisis que estáis leyendo.

Quizá la consecuencia más ¿sorprendente? de lo de ayer es ver cómo han caído rendidos todos los enemigos del madridismo. Ya no saben qué criticar. Tras más de un siglo, han asumido la verdad.

Mundo Deportivo

Todo comenzó con la bolita del Benfica y al Madrid no se le pueden tocar las bolas. Jamás se ha visto una Champions ni siquiera parecida que la que está protagonizando el Real Madrid esta campaña. Dijo Florentino que igual había que recordarle a la UEFA quién es el Real Madrid y vaya si se lo ha recordado. Imaginamos a Ceferin tras el partido de ayer como Bruno Ganz en El Hundimiento. El Madrid se ha quitado de en medio a los tres gigantes multimillonarios y solo le queda dirimir ante el Liverpool quién será el próximo Campeón de Europa, porque ya se sabe quién es El Mejor.

Disfrutad de hoy.

¡A por la 14ª!

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