Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Sigue su marcha este verano asfixiante y árido en el que las altas temperaturas contrastan fuertemente con la gelidez del páramo noticiero y opinativo del mundo del balompié. El Madrid ha vuelto al trabajo, como decíamos ayer, pero aún es pronto para que produzca nuevas -buenas o malas- y sugiera artículos. Todos han vuelto morenitos y con aparente buena relación con la báscula. Seguiremos informando.

En este desierto por dentro y por fuera que está constituyendo este mes de julio, solo nos restan alivios pedestres. Por ejemplo, meter la cabeza en el congelador o navegar en twitter en busca de ideas. Claro que no son incompatibles. Quien desee navegar en twitter desde el propio congelador cuenta con nuestro beneplácito, y por el momento no se han registrado contraindicaciones. Todo sea que, precisamente por indicar que no las hay, el karma no se nos rebele y mañana salga la noticia de un ciudadano oscense cuyo perfil tuitero se congeló como el de Toni Kroos, a quien tuvo que reconvenir públicamente la cuenta del club por haberse dejado una Champions en el tintero. La Catorce, además, o sea, digámoslo ya sin ambages, la mejor de todas ellas.

El caso es que, navegando por twitter, ayer hallamos el maravilloso vídeo de los highlights del Real Madrid-City con el audio de la cadena catalana RAC1. No os lo perdáis, amics, os dejamos por aquí el enlace:

https://m.youtube.com/watch?v=3RSfQDTkHPg

El momento cumbre de la narración está al principio, cuando marca el City y todo hacía entender que el Madrid estaba fuerísima de la Final de París. Llevado por el éxtasis, el locutor suelta un muy sentido visca al autor del gol, a su país de nacimiento y casi casi a la madre que lo parió. “¡Visca Mahrez i visca Algèria!” es la frase de la temporada. Es la frase del verano. Alguien tiene que ponerle música y convertirla en el hit de la canícula. Se puede incluso usar el audio en sí sobre una base de reggaetón. Va a quedar precioso.

Ya lo decía Béquer. Los suspiros son aire y van al aire, las lágrimas son agua y van al mar. Dime, amor, cuando el Madrid parece eliminado y los antis sueltan frases que denotan un alivio precipitado, ¿sabes tú a dónde van? Esta, desde luego, va directamente a los anales, con perdón. Visca Mahrez, visca Algèria I visca RAC1.

Y este es el único alivio que nos ha otorgado hasta el momento este estío impío. En lo que a portadas respecta, la cosa viene tan sosa que aplana. La única primera plana del día que merece comentario es la de Marca, que pone el dedo en la llaga.

Otra forma de titular la misma idea, aunque lo de “Viaje hacia un fútbol desconocido” no nos parece mal, habría sido “Oigan, ¿esta temporada de qué va?” Con un Mundial ahí en medio se antoja imposible planificar, por lo que en esta pretemporada los preparadores físicos  de los equipos grandes, que cederán muchos jugadores para la cita mundialista, van a ir a tientas: ¿qué línea de evolución física del equipo hay que marcar cuando a los pocos meses se van casi todos a ponerse a las órdenes de otros preparadores físicos que les exigirán llegar a tope a diciembre en lugar de (digamos) abril o mayo como habría sucedido en condiciones normales? ¿Qué jugadores, como indica Marca, van a meter el pie como Dios manda antes de que empiece el Mundial, y en qué condiciones van a volver del mismo? Para un equipo que aporta la inmensa mayoría de su plantilla a la cosa esa de Catar, como en es el Madrid, el escenario es de una incertidumbre maniatadora. Creemos ciegamente en Carletto y en el inconmensurable Pintus, pero no sabemos cómo van a apañárselas. Lo tienen más difícil que el que quiera darse de alta en un hotel catarí con una señora y sin el libro de familia. Menudo mundialazo, hermanos, desde cualquier punto de vista. Si eres gay y vas como público con tu pareja, cuidadito con las muestras de afecto en el estadio. Eso sí, cuéntate entre los afortunados que no tuvieron que construirlo.

El resto de portadas no merecen mucho comentario. Djokovic ha ganado Wimbledon y el Barça quiere vender a su mejor jugador, Frenkie De Jong, para poder comprar a Raphinha, Lewandowski, Bernardo Silva y un señor de Burgo de Osma vestido de marrón. Para todo menos para pagar a sus desesperados acreedores, que las palancas son para el verano y no para saldar deudas.

Pasad un buen día, id por la sombra y ya sabéis: ¡visca Mahrez y visca Algèria! (Haceos una camiseta, sugerimos).

Buenos días, amigos. Mientras vosotros tostáis vuestras anatomías al sol de la playa más frecuentada, o bien os disponéis a hacerlo mientras consumís los últimos restos de vida laboral antes de las vacaciones, nuestros hombres vuelven al tajo.

Nos referimos, por supuesto, al Real Madrid C. de F., que poco a poco va registrando las llegadas de jugadores tras la temporada de asueto. Eso significa que falta menos para que una nueva dosis, aunque sea en la forma de amistosos, pueda saciar el mono de fútbol blanco que nos consume desde el 28 de mayo, cuando se cerró de la mejor forma posible una temporada espectacular.

Entre los que vuelven, por supuesto, está el timonel de este barco. Il Capitano.

Dice As que Ancelotti tiene tarea por delante. Nos ha j... mayo con las flores, o julio con los bañadores. Claro que tiene tarea, pero una cosa es tenerla y otra cosa es este afán de As, y de la prensa en general, para que empecemos a preocuparnos ya. Todo mal a 9 de julio, amics. Esto ha de suponer un récord sin duda. ¿No podemos empezar a preocuparnos después de perder contra el Barça en Los Angeles, en el amistoso del día 24? O después de ganar contra el Barça, cuidado, que seguro que hay cosas por las que preocuparnos a pesar de la victoria. No, no estamos preparados para empezar a sufrir y a vinagrear tan pronto, cuando ni siquiera hemos tenido vacaciones aún sí es que finalmente las tenemos (La Galerna no vacaciona), cuando aún saboreamos las mieles de un año irrepetible.

-Madridistas, dejad de disfrutar y empezad a padecer ya, que si no no vendemos periódicos. Os las prometéis muy felices, almas de cántaro, porque verdaderamente la temporada pasada no estuvo mal, pero aquí hemos venido a sufrir. ¿Ficharemos a un delantero, en especial si vendemos al discontinuo Asensio? ¿Daremos el relevo a los jóvenes en el centro del campo, o seguiremos tirando de la Casemiro-Kroos-Modric, que esta vez sí que sí dejarán de arruinar nuestros malos presagios y petarán? ¿Qué haremos (ay) con la defensa, que tras la incorporación de Rüdiger cuenta claramente con demasiados buenos efectivos? ¿Habéis llorado ya por la difícil posición en que esto sitúa a Mendy? ¿Os habéis rasgado las vestiduras ante al presumible desplazamiento de Alaba hacia el lateral, con las dosis de incertidumbre que toda mudanza acarrea? Y sobre todo, lo más importante: ¿contará Carlo con alguien del Castilla? Porque ya se pueden ganar tripletes a cholón, ya se puede firmar la Quince el año próximo, que si eso no se logra con jugadores del Castilla el sabor que queda en la boca es un poco mñé, no termina de convencer, porque hay que ganar pero hay que proponer y hay que proponer con jugadores del filial y en filial debe haber como mínimo un jugador de cada Comunidad Autónoma. ¿Os reconcomen ya estas dudas, o no sois como os quiere As?

O como os quiere Marca, cuidado.

A 9 de julio de 2022, Marca se ha dado cuenta de que Benzema es único. Enhorabuena a Marca. A eso se le llama ir por delante. Una cosa es loar a un jugador consagrado como Pedri, cosa que está al alcance de cualquiera con dos ojos en la cara y dos dedos de frente, y otra tener el instinto y la sabiduría de predecir el refulgente futuro de nuevas estrellas prácticamente desconocidas como Benzema, y darle portadas. El mérito no está en ponderar a los ya famosos, sino en apoyar a los buenos precisamente cuando son jóvenes e inexpertos, e incluso justamente cuando las cosas no les van muy bien.

Marca también se hace eco del 40 aniversario del Mundial de España, mencionando “el desastre español”. El problema de entonces no fue la actuación de la selección, sino las desatinadas expectativas, y lo que se impone a nivel nacional es un desagravio para José Emilio Santamaría, miserablemente destripado en los medios por entonces. No tenía equipo para llegar muy lejos, y aun así se le exigía poco menos que ganar el Mundial. Un histórico del fútbol dejó de entrenar a resultas del trauma de aquel linchamiento.

Por lo demás, la prensa cataculé destaca la renovación de Dembélé, que sería como si el Madrid hubiese renovado a Bale, aproximadamente, con la diferencia de que Bale tiene un palmarés infinitamente superior al del francés que se duerme en los aeropuertos y se casa por sorpresa en Marruecos. Toda la suerte al bueno de Ousmane, su renovación no nos inquieta más de lo estrictamente necesario.

Pasad un buen día.

I did not know you. 

Our lives never touched 

‘till the day they gathered 

to bid you farewell. 

And they painted your picture,

and as I looked around 

I thought I saw you

in the words and the sound. 

(Brian May; Just one life

Pedro Ferrándiz

Todo hacía indicar que iba a ser un Real Madrid Conecta normal cuando, en medio del directo, se coló la fatal noticia y la escaleta quedó hecha añicos. Había muerto Pedro Ferrándiz y los compañeros de Real Madrid TV tenían que improvisar otro programa, enteramente dedicado, de ese punto en adelante, al sabio, al pionero, al obsesivo ganador. Lo hicieron ejemplarmente porque son los mejores, y tanto Benjamín López como yo, meros tertulianos del programa, pasamos a un plano secundario para que fueran desfilando las llamadas o las conexiones por Skype con quienes mejor le conocieron.

Siempre supe de la inmensa relevancia de la figura de Ferrándiz en la historia de la sección de baloncesto del club, pero uno tiene que pasar por una experiencia como esta para tomar verdadera conciencia de lo que supuso. Este hombre, allá por 1959, cuando los Di Stéfano, Gento y compañía ya habían ganado 4 Copas de Europa, agarró por los cuernos el descomunal reto de elevar el perfil de la sección pobre, la de la canasta, y vaya si lo logró: en diferentes periodos al frente del equipo, se hizo con otras 4 máximos entorchados europeos, 12 Ligas y 11 Copas de España. Prácticamente una tercera parte de los títulos logrados por el Madrid en su historia se consiguieron bajo su dirección. Conseguir las primeras Copas de Europa otorgan a cualquiera el marchamo de piedra fundacional, aunque la sección ya hubiese brillado antes a nivel local, y es así como no hay otra que ascender a D. Pedro al olimpo de la Saeta, de la Galerna, de Cañoncito Pum o de Miguel Muñoz. Un vanguardista que modernizó el baloncesto español trayendo lo mejor de Estados Unidos (Hightower -que tanto honor hacía a su nombre-, Brabender, Luyk) sin hablar inglés y cuando las parabólicas no existían sino en la mente de Dios. Es el Lumiere del basketball patrio. Sus comienzos a cargo del equipo tienen un aire de película muda, con el rudimentario aeroplano de siete capas de alas estrellándose una y otra vez contra el granero, hasta que al fin comienza a planear y a ganar. Algunos inventaron. Otros ganaron. Ferrándiz hizo ambas cosas.

Hay un antes y un después de este hombre, pensé, una grieta en el tiempo de tal magnitud que se hace invisible, paradójicamente, porque el baloncesto en España ha sido tanto gracias a Ferrándiz que se hace imposible concebir que una vez no fuese casi nada

Por el programa pasaron otros benditos chalados en sus viejos cacharros: Vicente Ramos, que glosó el carácter recto y las broncas mayestáticas de aquel circunspecto retaco entre gigantes; Paniagua, quien contó emocionado la declaración de amor pública de un hombre poco dado a las mismas (“Mientras yo sea entrenador, Paniagua estará en el equipo”); Carmelo Cabrera refirió el contraste entre su exigencia extrema en el parqué (“mi pequeño dictador”) y su bonhomía fuera de él; Lolo Sainz, a quien formó como entrenador mientras lo tuvo de segundo, se emocionó rememorando lecciones; Corbalán rehusó abrazar el manido recurso del “como un padre” (“era muy severo, no una figura paterna”) y celebró su papel esencial en el desarrollo de su deporte en nuestro país… Nadie se abandonó a la tentación de que la muerte dibujase un retrato edulcorado, lo que en sí mismo constituía tal vez la mayor muestra de respeto posible. Hay un antes y un después de este hombre, pensé, una grieta en el tiempo de tal magnitud que se hace invisible, paradójicamente, porque el baloncesto en España ha sido tanto gracias a Ferrándiz que se hace imposible concebir que una vez no fuese casi nada. El fruto del trabajo es justamente lo que eclipsa las opciones de valorarlo.

Calibré sin ningún género de dudas que el paso del tiempo agigantará la figura del genio. Y medito ahora hasta qué punto me alcanza y representa aquella canción, porque no le conocí, porque nuestras vidas no se tocaron hasta el día en que los que le quisieron se juntaron para desearle buen viaje. Y pintaron su retrato, y al mirar alrededor sentí que le veía en las palabras bajo el calor de los focos, con un bochorno triste de julio hirviendo en el exterior del estudio. Al salir para anegarme en él, saludé a la vieja tristeza con un mohín de rutina.

 

Just one life

that is born, and is, and is gone. 

And I´m so glad to know you

as I know you now.

 

Feliz viaje, maestro.

Hola a todos. A esta noble atalaya no se deben traer cuitas personales, dice el sexto mandamiento del portanalista.

No es menester. No procede.

No obstante, hay días en que sencillamente no se puede.

There´s no easy way out, que cantaba Robert Tepper a Stallone por bulerías mientras Rocky Balboa y Apollo Creed chapoteaban cachas y orgullosos a la orilla de una playa cerca de Philly.

Y, efectivamente, no existe salida fácil para la confección del portanálisis de hoy cuando resulta que simple y llanamente se te había olvidado hacerlo. Un güasap nocturno e intempestivo de Bossgoechea me recordó impenitente mis deberes galernautas.

Aturdido en la noche, meditabundo en la terraza, después de aparcar a mis churumbeles y salir con mi señora a celebrar su cumpleaños mano a mano, después de más de un año de monacato y retiro espiritual, resulta que tocaba un portanálisis por la mañana que ríase uste del toque de corneta de R. Lee Ermy, el sargento psicópata de La Chaqueta Metálica.

En ese filo de la medianoche, en plena hora bruja, Jesús, el correo del zar galernauta, tuvo asimismo la delicadeza de surtirme de las portadas de la prensa deportiva de hoy para acabar de sumirme en el abismo de la desesperación; un picnic demencial en las Montañas de la Locura. Ante semejante erial informativo madridista, tan soporífero y no menos veraniego, sólo quedó farfullar aquello que recitaba Hartman, el ya mentado sargento de artillería de la Full Metal Jacket de Stanley Kubrick.

Aquí mi fusil, aquí mi pistola

No dice eso, pero podría decirlo. Tampoco emplea el galés, ni la lengua de Shakespeare, sino la de Cervantes. Cuando ni nadie lo esperábamos, resulta que el último baile de Bale -The Real Last Dance- era una cuestión lingüística, la inmersió famosa que cacarean tanto por allí arriba a la derecha.

Portada Marca Portada As Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Con la prensa deportiva de la meseta abrazada a la selección española femenina que aún no es Roja, qué paradoja, y la catalana haciendo pingües malabares para encajar en sus primeras planas a las chicas, Raphina y al pelma de Dembélé, el segundo (o tercero, o cuarto…) advenimiento de Gareth Bale viene a ser como coger el Expreso de Cardiff para huir de un Stalingrado portanalítico en llamas.

Detengámonos en Gareth Frank por un instante. Bale goes to Hollywood.

Porque desde el Monte Lee, como flamante fichaje de Los Angeles Galaxy y rutilante estrella mundial que es, Bale nos ha dedicado unas palabras en castellano, y en la cuenta de Twitter de Marca le han afeado el que sea ahora y solo ahora, cuando no está en el Real Madrid, cuando (presuntamente) habla nuestro idioma.

Sí, en castellano. Vedlo en este enlace.

https://www.youtube.com/watch?v=PyzEcwP2_Ks

No puede ser, es increíble.

Pero si Bale no se integró.

Pero si Bale no tiene amigos.

Pero si Bale es un ermitaño.

Pero si Bale es un green dog.

¡Pero si Bale no habla español como nos han recordado últimamente todos los ronceros del mundo porque Tchouamení musitó un Hala Madrid en su presentación!

Pues resulta que sí sabe. Anda. Qué chorpresa.

Que alguien no hable contigo no significa que no sepa el idioma. Yo manejo un jordano digno de Petra, pero la reina Rania de Jordania no se lo cree.

En definitiva, que Bale haya roto así su spanish silence demuestra alguna de estas cosas:

Pregúntense por qué mientras los demás paladeamos este salvavidas sabatino del portanálisis:

El troleo de Gareth

PD: Bale euskeraz, coming soon

Quizás el recuerdo más antiguo que tiene quien les escribe sobre la sección de baloncesto del Real Madrid fue allá por 1971, en el entrañable Torneo de Navidad que se disputaba en el antiguo pabellón de la Ciudad Deportiva.

Mi padre me llevó aquel día el pabellón y dicho torneo lo disputaban el Juventud de Badalona, un equipo chileno (Unión Española), la universidad norteamericana de North Caroline y el anfitrión, el Real Madrid.

Hasta entonces yo había visto poco o nada de baloncesto, y eso que mi colegio, el Liceo Francés de Madrid, tenía bastante tradición en el deporte de las canastas (recordemos que el mismísimo Raimundo Saporta fue director de su sección durante un tiempo, antes de incorporarse a la federación española y luego al propio Real Madrid). Pero ya había tenido la ocasión de ver por televisión, en blanco y negro, algún partido de una edición anterior del Torneo de Navidad, narrado por aquella voz tan característica como fue la del gran Héctor Quiroga.

Precisamente, este último solía llamar al entonces entrenador del Madrid Pedro Ferrandis, con s al final y no con z, de tal manera que más de un telespectador se confundía a veces con el conocido actor de la época, más tarde el muy popular Chanquete, de “Verano Azul”, Antonio Ferrandis.

Aquel día ya lejano, vi dos partidos. Primero, la paliza tremenda que le asestó el equipo estadounidense, liderado por el gran Bob McAdoo -posteriormente un jugador estrella de NBA- al conjunto chileno. El partido interesante de aquella tarde era el Juventud-Real Madrid, la primera vez que pude ver en directo a los míos contra un gran equipo, cuyas torres Luis Miguel Santillana y Miguel Ángel Estrada acompañaban al capitán Nino Buscató y a Enrique Margall. Ese día me llamó poderosamente la atención precisamente el entrenador del Real Madrid, Pedro Ferrándiz.

Pedro Ferrándiz

En los tiempos muertos, un señor perfectamente vestido con traje y corbata, y bastante bajito, rodeado de gigantes de más de dos metros como Clifford Luyk, Rafael Rullán, o un alemán de 2,05m llamado Norbert Thimm, pegaba unos rapapolvos dialécticos a los gigantes y a los algo menos gigantes, desde sus 160 y pocos centímetros de estatura. Ídolos míos de aquella época como Emiliano y Brabender agachaban la cabeza ante las furibundas y explosivas indicaciones del pequeño técnico alicantino.

Estamos hablando del entrenador más laureado del Real Madrid en toda su historia (incluyendo también a la sección de fútbol), 27 títulos en una época en la que, por ejemplo, no existía la Supercopa de España: teniendo en cuenta el aplastante dominio del Madrid en aquella época, de haber existido dicha Supercopa sin duda estaríamos hablando de un palmarés de Don Pedro Ferrándiz de cerca de 40 trofeos ganados (no olvidemos que bajo su mando, se ganaron 12 de 13 Ligas y 11 de 13 Copas de España).

Don Pedro, número 1 de la promoción de entrenadores a sus 23 años, fue y será para siempre una parte imprescindible de la historia del Real Madrid (también llegó a ser seleccionador de España), implantando métodos de trabajo de la por entonces desconocidísima NBA, abriendo la puerta gracias a su astucia a jugadores norteamericanos, que indudablemente hicieron mucho mejor al baloncesto europeo, y permitieron que, ya a finales de los años 60, la sección merengue de baloncesto se pusiera a la cabeza de los clubs europeos. Un primer puesto que desde entonces, como su hermana sección de balompié, no ha dejado de ocupar en ningún momento.

Estamos hablando del entrenador más laureado del Real Madrid en toda su historia (incluyendo también a la sección de fútbol). bajo su mando se ganaron 12 de 13 Ligas y 11 de 13 Copas de España, además de 4 Copas de europa

Según parece, Don Pedro era algo distante en su relación personal con sus jugadores, pero también en muchas ocasiones era quien más dirigía las iras de las aficiones rivales hacia él (el cántico de “¡Pizarrín, Pizarrín, el enano saltarín!” era un clásico en las visitas al pabellón Antonio Magariños, sede del Estudiantes, o en otras canchas como en Vitoria o en Barcelona, como contó certeramente Melchor Miralles a nuestro Andrés Torres en una magnífica entrevista), precisamente para quitar presión ambiental a sus propios pupilos.

Ferrándiz dejó de entrenar al Madrid en 1975, cuando contaba 47 años, una edad a la que muchos entrenadores de primer nivel llegan a equipos de postín, y dejó como sucesor a Lolo Sainz, que apenas tenía 35 años y que llevaba 3 años como segundo técnico del equipo. Nunca más volvió a dirigir, aunque siempre siguió su vinculación con un deporte que amaba (por medio de su Fundación, que alberga, por ejemplo, la mayor librería sobre baloncesto en todo el mundo, la Biblioteca Samaranch), y al que había contribuido como quien más (posiblemente junto a su jefe, Raimundo Saporta) para poder ser, con diferencia, el segundo deporte más importante y más seguido en España.

Siempre – al menos, los aficionados veteranos como este escribidor – le recordaremos con respeto y con devoción. Un entrenador magnífico, innovador, exitoso, una figura sin la cual no se entendería lo que es actualmente nuestra sección de baloncesto. Un señor dentro de la cancha, siempre impecablemente vestido – no recuerdo ni una sola foto suya con chándal – y con su característico peinado, pelo corto y de corte clásico. Esperemos que, por parte del club, su figura se vea más difundida, una vez que nos dejó, el pasado 7 de julio, en su amado Alicante natal.

No hay duelo más amargo que el que provoca la muerte de una expectativa. A algunos esa frustración hasta les hace perder la cabeza.

Una de mis secuencias favoritas del cine es el final de la película “Amadeus”, cuando F. Murray Abraham caracterizado como un viejo y resentido Antonio Salieri abandona en andas el manicomio donde pasa sus últimos días mientras bendice al resto de locos, que le miran sin comprender. “¡Soy el príncipe de los mediocres!”, dice Salieri, alucinado. La mente hecha pedazos por culpa del amor/envidia que profesaba hacia su rival Mozart.

Quién no se ha sentido alguna vez así en el fondo. Quién no ha sido alguna vez el Salieri de “Amadeus”: alguien derrotado por su frustración. “Todos vivimos en el fango” -dijo Oscar Wilde-, “pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas.” Con lo de las estrellas, Wilde hablaba del Real Madrid, por supuesto. La frase, traducida, sería algo así: “todos vivimos en el fango, pero entre agosto y mayo, al menos una vez a la semana y salvo cuando hay un puñetero parón de selecciones, algunos levantamos los ojos hacia las estrellas.” Y eso nos hace un poco menos desgraciados.

No creo que Luka Jovic sea “un príncipe de los mediocres”, pero no cabe duda de que sus expectativas como jugador madridista no han sido colmadas. Luka Jovic, como todos nosotros, vivía en el fango y un día miró a las estrellas. Pero el tío tuvo suerte y las estrellas le devolvieron la mirada, lo tomaron de la mano y se lo llevaron volando al Bernabéu. Tan rápido que a Luka Jovic no le dio tiempo ni a ponerse los calcetines.

Aún recuerdo la presentación de Jovic con aquel traje tan formal, sus zapatos de lord inglés y los tobillos al aire. Menudo susto. “Pobre”, pensé, “en Alemania no le pagaban ni para calcetines”. Lo mismo debió de creer Florentino, que soltó 60 millones de pavos por su fichaje. Florentino, como ya tiene una edad, debió de calcular el coste en base a lo que Marlene Dietrich se gastaba en medias.

Al irse Cristiano, la parte más “drama queen” de la afición madridista se puso como ya sabemos que se pone a veces: arisca, mohína… Como esa novia que se levanta un día de morros y, cuando le preguntas qué le pasa, te responde que nada, que tú sabrás. Entonces te echas a temblar y ensayas soluciones desesperadas como ir a comer a casa de sus padres o ficharle a Luka Jovic

Fue bonita esa presentación, oigan. Y, seamos sinceros: aquel nuevo jugador del que nadie sabía casi nada, molaba bastante. Como dijo Bart Simpson: “China antes molaba”. Igual que Luka Jovic, qué se presentó en el Bernabéu con cara de beber cerveza en el cráneo de los porteros rivales,  como solía hacer el kan Krum de Bulgaria con la cabeza del emperador bizantino Nicéforo I. Jovic no es búlgaro, pero casi, que Serbia pilla muy cerca. Y se presentó ante su nuevo equipo con zapatos de vestir y sin calcetines. Cómo acabarían esos pies, madre mía, se me pone cara de ampolla solo de imaginarlo; pero Jovic aguantó el acto con gesto imperturbable, y ahí fue cuando yo me dije: “este chaval nos va enterrar en goles. Es una bestia con pies de amianto.”

Calcetines aparte, no hemos de olvidar que a Luka Jovic en el Eintracht de Fráncfort se le caían los goles del bolsillo. Y algunos bastante espectaculares. Mal fichaje no parecía. Llegó al Madrid en aquella rara etapa post-Cristiano cuando nos dio por fichar a delanteros muy peculiares, como si en el banquillo no estuvieran aún dos tercios de la BBC. Al irse Cristiano, la parte más “drama queen” de la afición madridista se puso como ya sabemos que se pone a veces: arisca, mohína… Como esa novia que se levanta un día de morros y, cuando le preguntas qué le pasa, te responde que nada, que tú sabrás. Entonces te echas a temblar y ensayas soluciones desesperadas como ir a comer a casa de sus padres o ficharle a Luka Jovic.

No creo que Luka Jovic sea “un príncipe de los mediocres”, pero no cabe duda de que sus expectativas como jugador madridista no han sido colmadas

Me habría gustado mucho ver triunfar a Jovic en el Real Madrid, pero, por algún motivo que desconozco, lo ficharon para que no jugara. Igual que a Vinicius, que lo mandaron al Castilla y solo lo sacaron de allí cuando un jugador del Atleti estuvo a punto de zampárselo. Que los del Atleti parecen tener más hambre de personas que de títulos, y así les va. A Jovic, al menos, lo colocaron de inicio en el primer equipo. Imagino que si a un jugador colchonero se le hubiera ocurrido darle un ñasco en la cabeza, Jovic le habría puesto los dientes por peineta de un guantazo.

Saltaba Jovic muy de cuando en cuando al césped, casi nunca de titular, y en mi recuerdo está la idea de que el chico tiraba a portería con aceptable regularidad dado el poco tiempo del que disponía para lucirse. Pero el balón no quería entrar. Yo pienso que Jovic, sobre todo, lo que tuvo en aquellos inicios es mala suerte y no mala actitud. Quién sabe qué habría sido de él si aquellos primeros balones desviados hubieran tenido más acierto, o si aquellos primeros golazos anulados hubieran subido al marcador.

Ancelotti: el banquillo no es la grada

A Jovic las oportunidades se le agotaron muy pronto. Eso siempre me ha llamado la atención pues uno, en su ignorancia, imagina que cuando te gastas 60 kilos en un jugador tratas de tener con él un poco de paciencia. Igual que cuando te traes a un Odegaard de la Real Sociedad, donde está jugando francamente bien, se supone que es porque quieres sacarlo al campo con cierta regularidad.

La historia del Real Madrid, en fin, es nutrida en promesas que no cuajaron como se esperaba. Tendemos a cargar en ellos todas las culpas, pero no estaría de más preguntarse hasta qué punto siempre es así. Tal vez cuando un jugador que anteriormente ya ha mostrado su talento pincha en el Bernabéu se deba a factores algo más complejos que “es que es un pechofrío” o “no siente los colores”. Digo “tal vez” porque en realidad no lo sé, y, como lo ignoro, prefiero no juzgar a la ligera situaciones que desconozco. Por eso a mí lo de ser hincha de fútbol se me da fatal. Ojalá pudiera moverme entre las tinieblas de este bendito deporte con la lucidez y claridad de ideas de un Tomás Roncero de la vida, pero me temo que seguiré arrastrándome por el fango con el consuelo de poder mirar a las estrellas de vez en cuando en la lejanía, sin saber nunca qué es lo que hay detrás de ellas.

Luca Jovic se marcha a la Fiorentina tras haber marcado solo cinco goles en el Real Madrid. Cinco goles que, imagino, guardará toda su vida en la memoria como el mayor de los tesoros. No conozco muchos casos de balcánicos que hayan triunfado en Florencia. Sí, en cambio, sé de florentinos que triunfaron en los Balcanes, como Michelozzo, que en el siglo XV se fue a Dubrovnick y levantó las murallas de la ciudad, que son muy bonitas.

En cualquier caso, le deseo a Jovic que encuentre en Florencia la plenitud de sus expectativas que no alcanzó en Madrid. Algunos se alegran mucho de que se vaya, como si el serbio les debiera dinero o les hubiera mentado a la madre, yo qué sé. Yo no me alegro. Siento un poco de pena, de hecho. Pienso en todas las veces en que a lo largo de mi vida se han visto frustradas mis grandes esperanzas y no puedo dejar de sentir empatía por aquel chaval que se presentó en el Bernabéu, sin calcetines, pero con mucha ilusión.

Jovic y los afligidos

Nadie le hará homenajes, ni se despedirá de él con vídeos en los que aparezcan sus grandes momentos en el Madrid (entre otras cosas, porque, seamos sinceros, apenas dan para un spot publicitario). Se va como dignísimo “príncipe de los mediocres”, sin pena ni gloria, de la misma manera en que muchos recorremos este mundo ingrato: sin suficientes oportunidades de demostrar de lo que somos capaces. Todos somos un poco Luca Jovic en el fondo, de modo que no seamos crueles en el adiós.

Querido Luka, te deseo mucha suerte allá donde vayas. Sé feliz, atesora en tu memoria el privilegio de haber jugado en el mejor club del mundo. Cuenta con mi agradecimiento, aunque solo sea por haber sido un leal jugador que nunca dio problemas en el vestuario. Te llevas unos cuantos trofeos de mucho prestigio, entre ellos la última Copa de Europa. Algunos dirán que no te la mereces porque apenas jugaste para lograrla. No les hagas caso, Luka. Esa orejona es tan tuya como mía, como lo es de todos los madridistas. Lúcela con orgullo allá en la tierra de Buffon, Meazza y Maldini; porque tienes todo el derecho a hacerlo.

Y ya de paso, si puedes, no dejes de decirle a Mariano que fuera del Madrid tampoco se está tan mal.

 

Buenos días. En la actualidad, las secciones de fútbol y baloncesto del Real Madrid tienen palmareses de similar abundancia y lustro, pero no siempre fue así. Cuando Pedro Ferrándiz tomó por primera vez las riendas del primer equipo de la sección de la canasta en 1959, no era el caso. Por entonces, el fútbol ya acumulaba cuatro Copas de Europa consecutivas. Pedro Ferrándiz tardó cinco años en lograr que el baloncesto lograse la primera, pero a partir de ese momento, en etapas discontinuas al frente del equipo, se las apañó para ir igualando las dos salas de trofeos (que en realidad conforman la misma, por supuesto), y sentó las bases para que epígonos como Lolo Sainz o Pablo Laso continuaran la obra donde él la dejó.

Ojalá esta explicación inicial sirviese para dar una idea fiel de la extrema importancia del hombre que nos dejó ayer a los 93 años, pero necesitaríamos varias galernas para hacer hueco. En 13 años al frente del equipo, logró 12 Ligas. Conociendo su extrema exigencia -y autoexigencia-, sin duda tuvo siempre por fracaso inaceptable la que se le escapó. Jugó 7 Finales de la Copa de Europa y ganó 4. Atesoró 11 Copas del Rey. Todo ello (insistimos) en 13 años discontinuos a cargo de la sección. Casi un tercio de los títulos (¡un tercio!) que ha ganado dicha sección en toda su historia llevan su sello. Cogió un deporte que en España estaba en pañales, asumiendo el inmenso desafío de llevar a lo más alto el nombre Real Madrid en el juego del aro, como hasta entonces solo ocurría en el de la portería, y triunfó.

Por desgracia, de todas las portadas del día solamente la de As se queda cerca (aunque ni siquiera) de hacer justicia, por espacio otorgado, al hombre que nos dice adiós. Con todo el respeto para la selección femenina de fútbol, no vemos que haya razones editoriales más allá de la corrección política para justificar que las chicas le quiten importancia a D. Pedro, que debería ser el argumento principal de la primera plana.

En la historia sabemos de ganadores. También sabemos de innovadores. Pocos reúnen ambas características a la vez. Inventó cosas que enriquecieron su deporte, como la célebre autocanasta que obligó a la FIBA a establecer la consiguiente prohibición. Incorporó elementos del baloncesto americano a España, haciéndolo progresar. Fichó talento español y extranjero (Brabender, Luyk y tantos otros) cuando el scouting estaba en pañales y no había parabólicas para seguir la NBA. Se metió en el cuerpo un baloncesto que se jugaba en blanco y negro y tirando a tablero, y lo devolvió engalanado de modernidad. Hay una bendita ironía en el hecho de que a partir de ahora, y ya para siempre, vaya a compartir aniversario luctuoso con D. Alfredo Di Stéfano: ambos cambiaron para los restos las disciplinas donde alcanzaron la excelencia.

El espacio que le dedica la portada de Marca es ridículo. Comprendemos la importancia de la noticia del abandono de Nadal en Wimbledon (mucho ánimo, Rafa), pero cuando se ha ido un hombre que ha revolucionado un deporte, y ha elevado de tal modo el nombre del Real Madrid, esta mínima nota a pie de portada nos resulta poco menos que irritante. Buscadla. Suerte.

Otra de las benditas anomalías de Ferrándiz es que, con la excepción de un breve interludio con la selección española, este obsesivo del triunfo, severo e inasequible a la autocomplacencia, siempre estuvo ligado al Real Madrid. No entrenó en su larga vida a otro club que no fuese el blanco. Es la suya una historia de vanguardismo deportivo, equivalente a la de aquellos benditos locos que volaron los primeros aeroplanos, pero es también y sobre todo, para lo que aquí concierne, una pasmosa historia de lealtad.

Los otros dos periódicos, por supuesto, ni lo mencionan.

Descanse en paz Pedro Ferrándiz. Un adelantado. Un visionario.

Un genio.

Pasad un buen día.

Buenos días. Rafael Nadal, otra vez, y esta vez de modo aún más épico que de costumbre. Ya está en semifinales de Wimbledon a base de dejarse la vida, lesionado, esquivando con un gesto de rabia la confesa tentación de abandonar en pleno partido, tal y como su señor padre le indicaba desde la grada que hiciera, con gestos inequívocos.

Pero no. Rafa Nadal no abandona tan fácilmente. Qué bestialidad, qué nueva exhibición de raza en las fauces mismas de lo imposible. Es eterno, imbatible, inextinguible, y ayer rubricó su nueva gesta renqueando como un mulo de heroica terquedad.

As dice que Nadal es el Rey y solicita a Dios que le salve. Nada que objetar. Ignoramos si los de la redacción han reparado en la coincidencia de que en la misma primera plana salga también la revelación de Xabi Alonso, a saber, que jugó la Final del Mundial de Sudáfrica con catorce (¡precisamente catorce!) puntos de sutura en una rodilla por una caída en la ducha, dato de brutal estoicismo que ocultó al mismísimo Del Bosque. No sabemos si incluir ambas historias de bravura en la misma portada es algo que se haya hecho adrede, pero merecería que así fuese. Dos historias de bravura y de madridismo elevado a la enésima potencia. Dos caballeros blancos (Nadal ganó ayer vestido de ese color, y esto sí que no es casualidad) unidos por su indestructible empeño. “Doctor, ¡tengo que jugar!” Eso mismo se lo grita Nadal cada día que juega no al médico, sino a Dios. Y Dios le hace caso, claro, aunque ya puestos podría también quitarle el dolor.

Marca se rinde también a Nadal, como no podía ser menos. Disputará la semifinal mañana ante el díscolo Kyrgios. La frase que le atribuye Marca a Nadal (rogando no al médico ni a Dios, sino a su padre, que le deje jugar un rato más, como hacen los niños) nos parece ingeniosa. A quien parece que no le gusta nada Nadal es a Pedro Vallín, un comentarista (creemos) de la vida política cuya ideología presumimos tiquitaquesca, que es una cosa que no es de izquierdas ni de derechas sino del género chico por lo folclórico, o del género tonto, no estamos seguros.

A Pedro Vallín lo le gusta que Nadal gane sufriendo. Desolación en el mundo del tenis, que necesitaba imperiosamente la aprobación de Pedro Vallín para poder admirar a Rafa. Ahora ya el mundo del tenis se ha quedado como a pie cambiado, sin saber si ir a volear poniéndose a Rafa por montera o quedarse en el fondo de la pista de la indiferencia. Estaría bien que Pedro Vallín nos aclarara si, a pesar de que por lo visto no es lícito ganar más que gozando (ya lo decíamos: son la estética y la ética cansinas del xavismo), a pesar de que el coraje está por lo visto reñido con la belleza, a pesar de que el mérito y el denuedo están por lo visto fatal en la óptica del chavismo (perdón: xavismo), es o no es legítimo admirar a Nadal. Tal vez sea lo que hay que hacer pero a la vez esté mal, como le pasó al gol de Bale en la Final de Mestalla según Ángel Cappa.

No sabemos. Suerte en todo caso a Nadal en semis. Con permiso de Vallín, claro.

En la orilla opuesta tenemos a Jan Laporta aprovechando la presentación de Kessie para declarar que el Barcelona es africano. Bienvenida sea la primera declaración procedente de Can Barça en la que se manifiesta que el Barça sea otra cosa además de catalán. Han tardado 122 años en salir del perímetro de su comunidad autónoma. Albricias. No sabemos si el Barça será africano, pero lo que sí nos parecería aventurado es asegurar que África sea culé. Que le pregunten si no al Presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, que en su reciente encuentro con Memphis Depay declaraba su absoluto madridismo desde los tiempos de Di Stéfano. Os lo contó Jesús Bengoechea en este artículo.

Sport, como veis, divide salomónicamente su portada entre Nadal y Kessié. Otros a quienes, como a Pedro Vallín, les encanta atender a los méritos contraídos. Por lo menos no hacen como Sport, que se la dedican casi íntegramente al exjugador del Milan.

Pasad un buen día.

 

Decidí hacer acopio de valor y sentarme a ver aquel documental sobre las dos tragedias madridistas de Tenerife del que me habían hablado, y que al parecer estaba en Movistar. Uno se acerca a sus traumas con máxima precaución, si bien llega un momento en la vida de un hombre en que debe mirarlos a la cara sin apartar las pupilas de la escabechina emocional. El Supremo Hacedor premió mi arrojo: en realidad no era un documental sobre las dos tragedias madridistas de Tenerife, como erróneamente había creído, sino tan solo sobre la primera de ellas, y no duraba mucho más de lo que duró el segundo tiempo en el que Rocha se equivocó de portería y Buyo, contraviniendo las enseñanzas de Di Stéfano, metió dentro la que habría ido fuera en el orden natural de las cosas. Fue un alivio ese ahorro de un 50% de terapia punk.

El documental está muy bien hecho, hace sufrir impecablemente al madridista masoca, que supongo es de lo que se trata, y se deja tragar durante un buen rato con tanta dificultad como admiración por su guión y factura técnica.

La cosa se pone más complicada cuando se llega al aspecto arbitral. El documental no ahorra detalles sobre el gol escandalosamente anulado a Milla (habría supuesto el 1-3 y probablemente la Liga para los de Beenhakker), y aparece por allí el mismísimo García de Loza, colegiado del encuentro, reconociendo la magnitud del gazapo. Eso está bien. Lo que no está bien es lo que dice a continuación. Parafraseo de memoria.

-Tengo que reconocer que el Madrid tuvo  mala suerte con algunos arbitrajes míos, lo que hizo cundir la idea de que yo quería perjudicarles. Nada más lejos de la realidad. De hecho, como ya ha pasado mucho tiempo, creo que ya no pasa nada por contar lo que voy a confesar a continuación.

Me lo vi venir, claro. Me estremecí de la cabeza a los pies porque, en ese preciso instante, con un segundo de anticipación, supe lo que iba a decir el sujeto.

-Yo de pequeño era madridista. Hacia una colección de cromos en la que siempre me faltaba Pérez-Payá.

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. No seré yo quien acuse de mentir al ilustre árbitro gallego. El madridismo es una cosa tan inabarcable que le cabe dentro hasta el antimadridismo mas sarnoso. Algunas de las personas que más daño han hecho al Madrid se confiesan madridistas lo que, a falta de otra prueba mejor, debe llevarnos a concluir que lo son. Valdano en aquellos dos Tenerifes. Eto’o, que no para de proclamar su blanco corazón. Tebas. Rubiales, dicen. Yo me lo creo. Si hay algo que está probado es que dentro del madridismo existe un epígrafe que no descarta la jodienda al equipo por el que bebes los vientos, pero lo malo es que esto la gente no lo sabe. Así, gracias a esta confesión (¿?) de García de Loza, el flagrante escamoteo de un gol -y con él de una Liga- al Real Madrid queda diluido en la coartada perfecta.

-¿García de Loza? ¡Pero si ese es madridista!

Y así, con el testimonio del protagonista, queda escrita la historia para quienes no comprenden que ese testimonio, aun en el supuesto de ser fidedigno, es completamente irrelevante si lo comparas con los dos metros de legalidad que objetivamente le saca Luis Milla al defensa del Tenerife.

-¡Pero alma de cántaro! ¿Cómo os van a haber tangado aquella Liga de Tenerife cuando a García de Loza le faltaba el cromo de Pérez-Payá?

Tras oír aquello me quedé pensando un rato, en el convencimiento de que me recordaba a otra cosa. A la bombilla le costó un minuto brillar.

Hace mes y poco, en vísperas de la Final de la Catorce, aparece Ángel María Villar y suelta que va a ir a París invitado por la UEFA, y que animará sin reservas a los de Ancelotti desde la grada.

-Soy hincha del Madrid- proclama el principal encausado de la Soule.

¿Por sus obras los conoceréis? Qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard. Resolví que estas declaraciones eran el último favor al Tinglao, el modo retrospectivo de apagar cualquier tentativa histórica de antirrelato. Puestas codo a codo con las de García de Loza, encontraban su contexto perfecto. En Tenerife 1992 ya estaba Villar al frente, y desde entonces, pero muy especialmente desde su reelección en 2004, que le endeudó con Laporta por haber roto este su promesa de voto a Gerardo González, el Barça ganó Ligas a cholón apoyado en su buen juego, pero también en estupefacientes aberraciones estadísticas: dos campeonatos consecutivos con un solo penalti en contra, Luis Suárez sin ser expulsado jamás, Mascherano sin que se le pitara un penalti en cinco años, saldo de expulsiones de +52 en quince temporadas consecutivas mientras el del Madrid era de -8… Nada, minucias, detallitos que quedan desactivados en la memoria histórica merced a la confesión (¿?) que se basta y se sobra para apuntalar la narrativa ya amasada por los medios durante décadas.

-¿Villar? No me vengas con datos. No me vengas con la realidad. ¿No le viste admitirlo? ¡Pero si es madridista!

Y así, queridos niños, se blanquea (es un decir) no solamente cualquier episodio de la historia, sino cualquier tendencia dentro de la misma, hasta las que duraron seis lustros.

Soy Min ho Dong-yun, líder supremo de la República Popular Democrática de Corea, secretario general del Partido del Trabajo de Corea, presidente de la Comisión Militar Central, presidente de la Comisión de Defensa Nacional, comandante supremo del Ejército del Pueblo Coreano, miembro del Presidium del Comité Permanente del Politburó, cholista y aficionado del Atlético de Madrid.

Sé que a ustedes, pútridos capitalistas acostumbrados a preocuparse más de sus rentables negocios que del sufrimiento de sus semejantes, todo esto se la trae, perdonen esta expresión tan malsonante, floja, pero cuando les cuente que hoy, en un arrebato de cólera, después de llamar por teléfono a la Oficina de atención al cliente del Atleti y hablar (es un decir) durante más de cuarenta minutos con una voz metálica, oprimí el botón rojo, el del juicio final, el que lanza todas mis ojivas nucleares en dirección al dilatado esfínter de sus fofos culos occidentales, igual empiezan a prestarme la atención que merezco.

Yo, antes de ver la luz y hacerme colchonero, era aficionado, masajista, capitán, jugador ocasional, director deportivo y presidente del Seongwon Sports Club, un equipo fundado por mi padre, que en gloria esté, en 1957. Ser del Seongwon era una religión, una forma de ser, pero no me traía más que disgustos. Fusilé a veinte entrenadores (entrenador arriba, entrenador abajo) y ni aun así conseguimos clasificarnos para la Champions League. Sus actitudes fascistas, contraviniendo mis órdenes tácticas e insinuando públicamente en la Hon gang'ang T’ellebijyon que nuestro glorioso equipo (ganador invicto de todas las ligas disputadas desde 1957 en nuestro país) no podía clasificarse para esa competición, me sacaban de quicio, me carcomían tanto que tuve que presentarme en el ente y fusilar al director general, a cuatro subdirectores, dos regidores y un cámara por permitir tamaño atentado contra la moral de nuestro pueblo. Donde nuestros técnicos veían una realidad geopolítica (la pertenencia de nuestro equipo a una liga asiática y, por ende, la imposibilidad de disputar la Champions League europea) yo solo veía una preocupante falta de actitud, una excusa como otra cualquiera para no cumplir con el trabajo encomendado. Al principio la pagaba con los jugadores, pero no daba resultado, me quedaba solo con tres o cuatro en el campo y así, por muy inferiores que fuesen los capitalistas, era imposible ganar. El mal, a pesar de que en 1994, en la prerronda de la preanteclasificación de la Champions asiática, llegamos a disputar un partido frente al poderoso Laykyaungg birmano, se fue extendiendo. Los valores, antaño personalizados en la rectitud de mi padre, han desaparecido. Hoy, la juventud, a pesar de la prohibición de usar internet, está mucho más preocupada por bailar break dance o piratear los nuevos capítulos de Colombo que por labrarse un buen futuro.

Soy Min ho Dong-yun, líder supremo de la República Popular Democrática de Corea, secretario general del Partido del Trabajo de Corea, presidente de la Comisión Militar Central, presidente de la Comisión de Defensa Nacional, comandante supremo del Ejército del Pueblo Coreano, miembro del Presidium del Comité Permanente del Politburó, cholista y aficionado del Atlético de Madrid

Mi vida como líder supremo era, no les voy a engañar, un fracaso. Ningún gobierno me recibía, la economía se hundía cada día un poco más y yo me pasaba los días deprimido, despatarrado en el sofá, mirando con nostalgia viejas explosiones nucleares en atolones del Pacífico y comiendo Cheetos y alitas de pollo sin medida. Una pegajosa tarde de verano, hace más o menos quince días, después del visitar la página de Pornhub para comprobar si en el apartado de “coreanas” habían especificado norte o sur, decidí hacerme una cuenta anónima en Twitter. La idea ya me rondaba la cabeza, pero aquel día, después de ver las depravaciones de @seulsex69, no lo dudé. Mi intención era llevar las imágenes al Politburó, analizarlas concienzudamente (sobre todo la parte de la pitón y la batidora) y mostrarlas en la televisión pública como ejemplo de la decadencia de occidente.

Con mi cuenta ya operativa encontré, hace más o menos una semana, un tuit de @cholistalista que cambió mi vida (y las suyas):

“Contra todo y contra todos. No nos pueden entender”

Ahí vi la luz, compréndanme, esa frase era el resumen de mi existencia. El Atlético de Madrid era mi alma gemela: un club, igual que mi amado país, aislado, masacrado por el resto de potencias, de palo en palo, solo, sin que nadie le entendiese. Yo no cabía en mí de gozo, se me habían pasado hasta las ganas de fusilar. Dos días más tarde, por si esta revelación no fuera suficiente, me enteré de que el Atlético era “El equipo del pueblo”. Mira, yo ahí ya me volví loco del todo:

—“¡SOY DEL ATLETI! ¡SOY DEL ATLETI!”, gritaba alborozado por los pasillos del palacio.

Creo que esta ha sido la semana más feliz de mi vida. Aprendí que la historia nos debe una Champions, monté con mis hermanos culés en la nueva Xavineta, me hice Cholista y antimadridista. Vendí un par de misiles defectuosos en el mercado negro, mandé fabricar miles de camisetas rojiblancas con la leyenda “Colchón o muerte, venceremos” y las repartí entre mi pueblo. Estaba tan ilusionado que llamé por teléfono al politburó y cambié de nombre al país, ahora somos, aunque los medios internacionales se empeñen en silenciarlo, la República Democrática Cholista de Corea.

En fin, a lo que íbamos, que he presionado el botón hace un ratito, y entre el retardo, la combustión larga, la mecha corta y la burocracia interna, les quedan como un par de horas para poner sus asuntos en paz con Dios. Y todo por una maldita llamada. Yo quería ser socio y busqué el número de “Atención al cliente del Atlético de Madrid”…

—En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Le atenderemos lo antes posible.

(Música. Himno Atlético de Madrid)

—En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Le atenderemos lo antes posible.

(Atleeeeeetic, Atleeeeeetic, Atlééééético dee Maaaaaadrid…)

—En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Le atenderemos lo antes posible.

(Atleeeeeetic, Atleeeeeetic, Atléééé´tico dee Madriiiiiiid, Atleeeetic, Atleeeetic, Atléééééético deee Madriiiiiiid jugaaaando, ganaaaando, peleas como el mejor…)

Después de escucharlo 18 veces ya me había aprendido el himno de memoria. Sentía cierta inquietud.

—En estos momentos todos nuestros operadores están ocup… clock…

—Hola, le damos la bienvenida al Atlético de Madrid, con el fin de mejorar la atención al socio, grabaremos y analizaremos esta llamada. Puede informarse sobre nuestra política de privacidad y el ejercicio de sus derechos en atleticodemadrid.es/privacidad. Por favor, pulse en el teclado o díganos de uno en uno los doce dígitos de su carnet de socio.

—No soy socio, precisamente les llamaba para pedir la información…

—No le hemos entendido. Por favor, explícanos brevemente el motivo de tu llamada.

—Quiero ser socio del Atlético de Madrid.

—Por favor, pulse en el teclado o díganos de uno en uno los doce dígitos de su carnet de socio.

—Soy Min ho Dong-yun, líder supremo de la República Popular Democrática de Corea, secretario general del Partido del Trabajo de Corea, presidente de la Comisión Militar Central, presidente de la Comisión de Defensa Nacional, comandante supremo del Ejército del Pueblo Coreano, miembro del Presidium del Comité Permanente del Politburó y voy a fusilar a tu madre, a tu padre y a toda tu jodida familia.

—Si su llamada está relacionada con información sobre nuestros productos PULSE 1; si su llamada está relacionada con una gestión de su póliza de socio PULSE 2; si su llamada está relacionada con una petición pendiente PULSE 3; si su llamada está relacionada con su opinión sobre la nueva camiseta PULSE 4; en caso contrario, espere.

(Música. Himno del Atlético de Madrid).

En ese momento ya tenía un kalashnikov en las manos y apuntaba al teléfono. Me temblaba todo el cuerpo. Pulsé el 1.

—Si su llamada está relacionada con un cambio de domiciliación bancaria PULSE 1; si su llamada está relacionada con una pérdida o robo de su carnet de socio PULSE 2; en caso contrario espere.

Pulsé el 1 de nuevo, el dedo me temblaba en el gatillo.

(Porque siempre la afición se estremece con pasión… un equipo de verdad que está tarde llenará… Atleeeeetic Atleeeeetic Atléééético de Maadriiiiiiiiiiiiiid…)

—Buenas tardes, le atiende Ainaris, ¿en qué le puedo ayudar?

—Bu… buenas tardes —dije balbuceando—, les llama… ba para hacerme so… cio.

—¿No es usted socio?

—No.

—Disculpe, pero este es un servicio exclusivamente para socios. Tiene que llamar al 7774… click… piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Se había cortado. La llamada se había cortado. Caí de rodillas y solté el AK47. Me extendí sobre la alfombra persa, me puse en posición fetal y empecé a chuparme el dedo gordo. Con la congoja instalada en la comisura de mis párpados me eché a llorar desconsoladamente. Dormí.

Al despertar las luces de palacio estaban encendidas y la noche había caído. Salí a uno de mis enormes balcones corridos y vi, desde la altura que me otorgaba mi rango, como se extendían por las colinas las luces de mi pueblo. Las estrellas tintineaban. Poco a poco la frustración se fue tornando en ira. Recogí el fusil de la alfombra y le descerrajé medio cargador al teléfono y otros ocho al salón. Dejé las paredes, las estatuas, los cuadros, los espejos y los muebles hechos añicos, no veía, la furia guiaba mis pasos. Cuando me quise dar cuenta estaba en el Cuarto de Control Supremo, levanté la tapa de seguridad y pulsé el botón rojo. Sí, lo hice, desaté el juicio final, el apocalipsis. Y no me arrepiento, la estrella que menos brilla a veces muere con más intensidad. He sido cholista y colchonero una semana. He sido feliz, mi vida ha merecido la pena. Sé que no tardarán en sonar las alarmas. El cielo de todo el mundo se cubrirá de gloriosas estelas surcando rumbo a sus vidas, a sus casas. A tomar por culo el Atlético, el Real Madrid, la Xavineta, el Cholo, Corea, Occidente y La Galerna. No van a quedar ni los náuticos.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram