Las mejores firmas madridistas del planeta

«Han sido más contundentes en los duelos.

Hemos perdido muchos balones, no sacamos el balón bien desde atrás».

Carlo Ancelotti

 

Corría el minuto 68 de partido y a Ancelotti se le acababa el oxígeno para intentar salir vivo de la ratonera de Vallecas. El equipo perdía por 3-2 cuando el entrenador madridista quiso agitar el árbol dando entrada a Camavinga en lugar de un Tchouaméni que, con cara de pocos amigos, salió trotando del campo hasta encontrarse con la regia figura del técnico italiano, que le extendió la mano para agradecerle el esfuerzo estéril. El joven pivote alargó con desdén la suya en un gesto que no gustó a Carlo, quien, inmediatamente, le pidió que se diera la vuelta y le saludara como es debido. «¡La mano! ¡La mano!», le gritó instantes antes de que el francés se girara y, ahora sí, correspondiera al gesto paternal de su míster. Sin embargo, es más probable pensar que Tchouaméni estuviera más molesto consigo mismo que con Ancelotti, pues acababa de hacer su peor partido desde que aterrizara en Chamartín.

No hicieron falta más que un par de minutos para darse cuenta de que el encuentro de Vallecas iba a ser más duro que subir a pie las tres cimas de Lavaredo. El ritmo infernal que el conjunto de Andoni Iraola impuso desde el pitido inicial obligaba a los futbolistas del Real Madrid a igualar en intensidad y concentración a un equipo con un plan ejecutado a la perfección en el que el primer mandamiento consistía en castigar la espalda de Carvajal y Mendy con continuos dos contra uno mientras se asfixiaba a los tres hombres de la medular a base de una presión tras pérdida que no concedía un segundo para coger aire. Es imposible calibrar si la cercanía del Mundial hizo que algunos jugadores blancos optaran por economizar esfuerzos, pero la realidad es que el equipo de Ancelotti en ningún momento tuvo argumentos para adueñarse del partido y decidir a qué se iba a jugar. Quizá con el metrónomo que Kroos tiene en su cabeza el desarrollo del choque hubiera sido diferente, pero ni Modrić –extrañamente impreciso– ni Fede Valverde –desdibujado– ni Tchouaméni pudieron ofrecer las soluciones que el scape room diseñado por Iraola demandaban.

Ni mucho menos fue el culpable único de la primera derrota de los de Ancelotti en Liga, pero Tchouaméni también naufragó. Pese a sus increíbles condiciones físicas y su inteligencia posicional, por momentos pareció moverse a cámara lenta mientras los hiperactivos Isi Palazón y Fran y Álvaro García se colaban una y otra vez por cada rendija que encontraban

Este último regresaba al once titular después de haberse perdido los dos choques anteriores, ante Girona y Celtic, por culpa de una sobrecarga muscular. No jugaba desde la derrota en Leipzig, donde el equipo empezó a dar los síntomas de cansancio y/o relajación que, posteriormente, y más allá de las decisiones de Melero López (parafraseando al tuitero @jarroson, que el mal arbitraje no tape el mal partido del Madrid; que el mal partido del Madrid no tape el mal arbitraje), se confirmaron con el tropiezo ante el Girona en el Bernabéu. Es evidente que Tchouaméni, que ha rallado a un gran nivel durante este primer tercio de la temporada, parece haber perdido parte de la exuberancia física, técnica y táctica que sí mostró, por citar dos ejemplos concretos, ante Atlético, con un soberbio pase a la espalda de la defensa que Rodrygo convirtió en el primer tanto; o Barcelona, convertido en una hidra de siete cabezas en la que murió la propuesta combinativa de los Pedri, De Jong y compañía. En cambio, ante el Rayo, el internacional francés fue incapaz de ofrecer una alternativa fiable a la salida de balón iniciada, fundamentalmente, por Militão, que en más de una ocasión se vio obligado a conducir el balón hasta el centro del campo o a buscar los fugaces desmarques de Vinícius con un desplazamiento en largo de más de 60 metros. Tampoco consiguió ser un apoyo para los triángulos que, con poco acierto, intentaba formar Modrić con Mendy y Vinícius en el costado izquierdo y hasta se le vio algo desubicado en los inútiles intentos del Madrid de instalarse en el campo del Rayo y embotellar a su rival.

Ni mucho menos fue el culpable único de la primera derrota de los de Ancelotti en Liga, pero Tchouaméni también naufragó en el plano defensivo. Pese a sus increíbles condiciones físicas y su inteligencia posicional, por momentos pareció moverse a cámara lenta mientras los hiperactivos Isi Palazón y Fran y Álvaro García se colaban una y otra vez por cada rendija que encontraban, como así ocurrió en el segundo gol franjirrojo, cuando Isi encontró un inmenso hueco a su espalda. No se impuso en los duelos aéreos, llegó tarde y sin contundencia a los balones divididos y fue incapaz de maniatar a Trejo, el futbolista del Rayo encargado de hacer sonar la corneta o de pedir calma para volver a empezar. Pareció aturdido, como un astronauta intentando respirar en el espacio sin su escafandra, sin saber si incrustarse entre Militão y Alaba para apuntalar el centro de la defensa o si presionar el inicio de las jugadas de Comesaña y Valentín buscando robar el balón y aprovechar la velocidad de los tres atacantes.

Nadie puede tener dudas de que Tchouaméni va a ser lo que se denomina un «jugador generacional» y por eso la dirección deportiva del Real Madrid se apresuró en pagar los 80 millones de euros en los que el Mónaco tasó al pivote de origen camerunés facilitando la marcha de una leyenda de la dimensión de Casemiro. En cambio, con sólo 22 años tiene muchas cosas que aprender de aspectos que, muchas veces, trascienden al propio juego. Debe competir, equivocarse, madurar y aprender a interpretar lo que demanda cada partido: si el violín o los tambores. Después de todo eso, y bajo la tutela de un maestro como Ancelotti, podrá convertirse en un líder.

El mejor y más merecido premio del año, y quizás de la década, se entregó en la tarde noche del martes 8 de noviembre.

En la Ciudad de la Raqueta, quizás el mejor recinto deportivo de Madrid para la práctica del tenis y del pádel, tuvieron lugar los cada vez más prestigiosos premios Ciudad de la Raqueta (11ª edición) y la 9ª edición de los premios de la Fundación María de Villota.

Tras una maravillosa gala con prestigiosos galardonados (con el mítico tenista José Luis Arilla a la cabeza, pero también Matías Prats como comunicador, Julito Alegría en pádel, la San Silvestre vallecana, o el CB Estudiantes, en su 75º aniversario, entre otros muchos), el gran Emilio de Villota anunció los dos premios de la fundación que lleva el nombre de su querida y muy añorada hija María (asociación que realiza numerosas acciones para colectivos muy necesitados en toda España).

Uno fue para la selección española femenina de waterpolo, que atesora un palmarés de títulos internacionales verdaderamente excepcional.

El otro galardón fue el que tratábamos de describir en nuestras primeras líneas: para Paco Gento, nuestra llorada y admirada “Galerna del Cantábrico”, in memoriam, y para la familia Llorente-Gento, la formidable saga familiar que, en 3 diferentes generaciones – y las que quedan por venir – sigue dando deportistas de élite excepcionales por sus propias condiciones y por sus indiscutibles valores forjados en las bellas tierras de Cantabria.

Emilio de Villota, junto al presidente de la Ciudad de la Raqueta, Javier “Koki” Martí, llamaron al escenario a Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, para que hiciera entrega de este galardón más que merecido.

Tras un emotivo video en el que contemplamos fotografías y vídeos de Don Paco Gento, de sus hermanos Julio y Antonio (ambos llegaron a debutar en el primer equipo del Real Madrid), de sus sobrinos José Luis, Paco, Julio y Toñín Llorente Gento (todos ellos jugadores bien de baloncesto, bien de fútbol del Madrid), de su sobrinos nietos Marcos (actualmente en el Atlético de Madrid) y Sergio (hijo de Joe y actualmente en la Pro Basketball League belga), tomó la palabra Butragueño y nos regaló con unas palabras cálidas y sentidas, sobre todo para la figura de Paco Gento.

Acto seguido, subieron a recibir el premio, en representación de la numerosa familia presente (22 en total, entre ellos las dos hermanas de Paco, llegadas expresamente de Guarnizo), la maravillosa Mari Luz, viuda de Paco, y sus sobrinos José Luis, Paco y Julio. Tras el emotivo agradecimiento de Mari Luz, muy emocionada (Paco Gento nos dejó hace apenas 10 meses), tomó la palabra en nombre de toda la familia nuestro querido amigo Joe Llorente.

Su discurso fue sencillamente maravilloso, conjugando la emoción del momento, sus recuerdos sobre su tío Paco (muchos de ellos ya narrados soberbiamente en esta misma revista digital), el legado que recibieron él y sus hermanos a través de su madre, María Antonia Gento, a saber, la cultura del esfuerzo, de la dedicación, del no rendirse jamás, con una exquisita selección de su lenguaje, culto y elaborado, alternando su ironía cántabra con su afilada erudición, hasta el punto en el que hasta hizo aparecer por su discurso al mismísimo filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Su disertación divirtió, amenizó y, sobre todo, conmovió a toda la audiencia allí presente.

Fue la intervención de José Luis la guinda deliciosa de un acto en el que volvimos todos a recordar al que hasta hace bien poco seguía siendo el presidente de honor del club de nuestros amores, y la gala culminó con una multitudinaria foto de familia de los Gento-Llorente, para un recuerdo inolvidable para ellos y para todos los presentes.

Tras ello, tuvimos la oportunidad, durante el cóctel posterior, de dar la enhorabuena personalmente a los miembros de esta familia única y ejemplar, en particular a Mari Luz y a su hijo Paco, vivo retrato de su padre, y muy querido amigo personal, así como, a Joe y a Paco Llorente, o al joven baloncestista Sergio Llorente.

En definitiva, una velada inolvidable en la que se hizo a la vez memoria y justicia con el reconocimiento de, posiblemente, la familia más importante que ha habido en toda la historia del deporte español.

Buenos días. Tras la Copa 0-4, el Trofeo de la Crueldat, La Copa Europalisehaquedadomuybonita, la Recopa de las Palancas y el éxito sin precedentes de la no llegada de Mbappé al Real Madrit, el FC Barcelona se proclamó anoche campeón del Torneo de Apertura, también llamado Trofeo Precatarí Que Ya No Te vi. No es un título oficial y solo marca quién consta oficialmente como líder de la Liga mientras se disputa el Mundial, fechas en las que los clubes perderán de vista a sus futbolistas salvo que sean gays o solteros heterosexuales fogosos, en cuyo caso no son bienvenidos en el país organizador.

¿Hemos escrito Liga y Mundial? Perdón, queríamos decir liga y mundial. Las mayúsculas, en este vida, se reservan para las cosas buenas y noticiables. Claro que para Marca, por ejemplo, el logro del Trofeo Precatarí Que Ya No Te vi por parte del Barça (las mayúsculas son sarcásticas) merece honores de portada. Tal cosa sucede porque Marca es el Diario de Todas Las Aficiones. Este, a diferencia del PseudoTorneo Apertura, sí es un título oficial. Se lo concedió a Marca Iván San Antonio el día que le invitaron a las tertulias de su radio como premio a haber escracheado al padre de Martínez Munuera en Benidorm.

Portada Marca

Esta euforia inenarrable que veis en la portada de Marca no es nada si entráis en las redes sociales culés y veis los vídeos. Es como si hubieran ganado siete Copas de Europa del tirón. Bailes, perreos, jolgorio generalizado. Piqué, incluso, se cagó en la puta madre (sic) del colegiado Gil Manzano, dándose así la despedida deseada. Cada uno festeja y se despide del fútbol como lo que es.

Para terminar de coronar una de sus portadas más infames en años, Marca dedica un recuadro a Vinicius en el que lo sitúa (Marca, no Vinicius) "en el punto de mira" y dice de él que acabó "desquiciado". Marca se suma así, ufanamente, a la corriente de convertir a la víctima en villano que está siguiendo la prensa nacional. Ante dicha corriente no nos queda ironía marca La Galerna, amigos. Ante esa corriente, a la al parecer que se suma Marca, solo nos quedan ganas de vomitar.

Es lo nunca visto. El jugador llamado a ser estrella de la Liga es sacudido impunemente allá donde va por maffeos de la vida, ante la aquiescencia de los árbitros, que de hecho se dedican a regañar y amonestar a la víctima, y el aplauso de una prensa que ha tocado fondo en sus planteamientos éticos y en su estupidez. ¿Este es el trato que vamos a dar a las estrellas de la liga española? Seguirá siendo liga con minúsculas para siempre, y empezamos hasta a alegrarnos con esta noticia. Llega el mundial (con minúscula, con extremadamente minúscula), el mundial de los 6500 esclavos muertos, y eso tiene de malo que dejaremos de ver al Madrid (con mayúscula), pero tiene de muy bueno que dejaremos de ver la liga de Tebas, Roures... y parece que Marca.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

El cataculerismo, como veis, no celebra el Torneo PseudoApertura del Barça más que Marca, porque más es imposible, pero sí tanto como el Diario de Todas las Aficiones (¿Menos la del Madrid?). Algarabía desmedida, júbilo desatado. El Barça no es ni siquiera campeón de invierno, no alcanza ni siquiera ese jalón eminentemente simbólico. Lo de irse al mundial ese de líder es todavía menos significativo que lo de completar la primera vuelta en lo alto de la tabla, pero este hito de la mediocridad es celebrado por quien, a juzgar por su desenfreno, solo puede ser calificado de mediocre igualmente.

Portada As

As es el único medio del día que se fija en el Madrid y que se hace, de manera indirecta, la pregunta que debe concernir al madridista, que es por qué hemos perdido (temporalmente, cero dramas) el liderato. La respuesta la da la propia portada (el mundial ha descentrado a los jugadores, muy cierto), aunque olvida el asqueroso cóctel institucional-mediático-arbitral-sociológico que ha logrado que Tebas alcance el liderato a la paz que conquista el relato (rima y todo).

Habrá tiempo para pensar cómo vamos a resolver este puzzle endiablado de intereses asquerosos, que tan bien encajan entre sí.

Si es que hay forma de hacerlo.

Por lo demás, hay que felicitar al Barça por su meritoria victoria en Pamplona, poniéndola eso sí en su contexto.

Pasad un buen día.

 

 

Se va Piqué de manera precipitada y todos nos quedamos un poco así. Se sospecha que se fuga huyendo de la nueva Ley del Deporte, que sus trapicheos como businessman han precipitado este adiós anticlimático. Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire. Al final ha dado un portazo a principios de noviembre y a casi nadie le ha resultado extraño. No hay peor derrumbe que el que no causa ningún ruido.

Hace tiempo que Piqué ya no era un jugador de fútbol, sino un mercader. Cuanto más evidente se hacía su decadencia física y técnica en los terrenos de juego, más hechuras tomaba de Tom Cruise en Jerry McGuire

Piqué pertenecía a ese linaje nuevo de barcelonistas que prefiguraban, o eso creímos, un adversario nuevo. Creció a los pechos de Guardiola, cuyas ubres estaban colmadas de rencor. Piqué fue de los que creció soñando con volcar la faz del mundo, como los godos de Ataúlfo, de los que soñaban con borrar el imperio del Madrid para levantar en su lugar el suyo propio. Nadie nunca estuvo tan cerca de lograrlo como ellos, por eso su despedida resulta tan fría ahora, tan vulgar, tan alejada de aquellos días furiosos en los que la tierra temblaba.

Piqué y Guardiola

Piqué fue un rival formidable porque fue un futbolista formidable. Era un tipo de barcelonista ex novo. Juntaba en su ser la arrogancia congénita del pijo burgués catalán y la chulería desacomplejada, nueva en aquella orilla mediterránea, una percepción de sí mismo impropia del natural victimismo catalanista y por tanto, culé, que tenía más que ver, curiosamente, con lo castizo castellano, con la imagen cliché del madridista y madrileño echao palante. Piqué, al principio, parecía a salvo del estigma loser que perseguía al barcelonismo pre-Cruyff. Fue quizá el molde del nuevo producto estrella de la factoría norcoreana de La Masía, el reflejo humano y futbolístico del decorado cinematográfico en que Pujol y el PSOE y el año de nuestro señor de 1992 transformaron Cataluña. Un nuevo chico catalán, guapo, joven, que se fue de Erasmus a Inglaterra, que sabía idiomas, un nuevo tipo humano diseñado para destruir al Gran Postor, al rostro del Leviatán: al Real Madrid.

Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena

Piqué era tan bueno como Xavi y tan camorrista como Stoichkov. Su talento tenía el don de ser transversal: igual que Iniesta, caía bien en toda España. Esto, más o menos, se debía a que Piqué era uno de esos ángeles redentores con los que sueña siempre el amargado, el infeliz y el paria de la Tierra. Su segundo apellido remitía directamente a la vieja aristocracia del barcelonismo nuñista, Bernabéu, pero el primero evocaba la pureza de sangre del país. Piqué era el upgrade definitivo del querubín diabólico que poblaría la república independiente de Cataluña y su desenvoltura, en aquel Barcelona ganador y apabullante de Guardiola, se correspondía con los ademanes del nuevo hombre catalán. Era “europeo” jugando y hablando. Sacaba la pelota jugada con exquisita elegancia, era sucio sin parecerlo, al contrario que Ramos, que lo parecía sin serlo. Esa presunción de inocencia, que tan generosamente reparte la prensa española, sobre todo la deportiva, con lo catalán y con lo vasco, tapaba excesos grotescos que en un madridista habrían supuesto la condena: escupitajos por la espalda, humillaciones públicas a compañeros (Arbeloa) y otras barrabasadas que ya anunciaban al niñato dentro de la superestrella.

Piqué escupitajo Espanyol

Con Ramos se estableció desde muy pronto una dualidad forzada porque Ramos es mejor en todos los órdenes y la prueba última (por si hiciera falta) es que siendo más viejo y estando más cascado se ha ido del Madrid a un aspirante a la corona europea y ahora mismo es titular. Pero Ramos era un purasangre sevillano capitán del Madrid en carne y en alma que representaba una verdad antigua y poderosa absolutamente opuesta, antitética, a la impostura de la que Piqué era estandarte. Una impostura triunfante en una España deplorable donde la fantasía soez ya se enseñoreaba sobre la verdad.

Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso

Pero Piqué, que lo tenía todo para suceder y prolongar ese maquiavelismo guardiolista, carecía, como Iniesta y como Xavi, como Messi y como Busquets, de esa inteligencia superior y de ese talento para la alevosía que siempre adornaron al Pep. A todos les ha faltado altura. Xavi es demasiado tonto, Iniesta es una criatura sensible que habita dentro de sí mismo, Busquets sólo quiere, genuinamente, jugar al fútbol (probablemente sea el más listo de todos ellos) y Messi es un niño que ha vivido toda su vida sentado encima de una cabeza nuclear. Cuando arreció la tormenta y llovió sobre el escenario se descubrió que el palacio estaba hecho de cartón y que al otro lado de la bruma asomaba el monstruo blanco de siempre reforzado por una década de tragar sangre, sudor y lágrimas.

Piqué

De modo gradual y en paralelo al eclipse de la estrella del Barcelona de Messi Piqué empezó a postularse como una figura que trascendía el césped, como una especie de presidente en potencia. Porfiaba en el tercer tiempo mediático pero ni era Guardiola ni tampoco Mourinho. Incapaz de asumir la jefatura dentro del vestuario en el tardomessismo, con la espantada del dios el apagón fue general y se reveló que Piqué alumbraba tanto como una farola estropeada. El problema, para él, es que su carácter resulta tan fatuo y vacío como casi todo lo demás en aquella región otrora llena de energía y potencia creativa. Piqué fue durante años un jerarca en el verde. Su botín de títulos habla por sí solo, pero no ha sido suficiente. A la descomposición financiera y social del Barcelona asistió como de lejos, sin implicarse emocionalmente y, como se sospecha, incluso sacando tajada del desbarajuste y el caos general.

Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid

Que de uno de los referentes de la edad de oro de la Historia del Barcelona y del fútbol español, al final, lo más obvio que se pueda decir es que le aplica aquello de Dalí, avida dollars, causa incluso tristeza. Detrás del gesto desafiante y de la apariencia de enfant terrible lo único que había era un adolescente caprichoso. Su vis folclórica se queda en pataleta de tonadillera menor: divorcios televisados, declaraciones inanes acerca de la independencia, el Procés, Madrid o las elecciones de turno para ir de moderno y conversaciones de wasap aireadas en público donde emerge el fenicio más auténtico, el chalán que tira de contactos por un millón más en la cuenta, al más viejo estilo español, caciquista, de casino, puro y tratos en la trastienda del boticario. Ésta es una época dura para la grandeza, pero desde luego Cataluña parece la tierra más yerma de todas en ese y en muchos otros aspectos. Levantó la manita una vez, hace ya más de diez años, y al final aquella foto fue una profecía: cinco lobitos, cinco Copas de Europa que ha visto levantar al Madrid al final de una carrera a la que, da la sensación, llegó demasiado pronto, que es justo lo contrario de lo que pasa con los verdaderos titanes, cuyo esplendor se alarga como un crepúsculo del verano: con rayos de luz que atraviesan las entrañas de la noche.

 

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A estas alturas de esta especie de Torneo Apertura que disputan los clubes, a escasas fechas del inicio del mundial (en La Galerna lo ponemos con minúscula en protesta si se quiere infantil por la ignominia que lo rodea), los dos círculos concéntricos que definen la mente del futbolista se han invertido. Antes tenían el mundial en el círculo interior y las competiciones de sus clubes en el exterior, a flor de piel. Ahora es al contrario, y no hay dolo en ello, no es un abandono deliberado o no quiero pensar que lo sea. Es un instinto vago, una aprensión subliminal, una cautela inconsciente. Enfrente hay a veces, por ejemplo ayer, gente de barriada que no es ya que conserve la división original de los círculos concéntricos, sino que en su caso no hay tales. En su caso no hay más que un solo círculo, y en su interior, como si fuera una señal de tráfico, campea un signo guerrero que significa destruir al Madrid. A toda costa.

En esas mentes no hay mundial, con mayúscula ni minúscula. Hay afán por entrar en la historia ganando al campeón de Europa y mejor equipo de todos los tiempos.  Al mundial no sé si va algún jugador del Rayo, como tampoco va Munuera. Munuera tiene en su mente lo mismo que los jugadores del Rayo. Con esto no quiero decir que Munuera tenga en su mente destruir al Madrid. Sí sé que en alguna parte de su mente Munuera conoce la conveniencia de que el Madrid palme. Para el sistema y para él mismo, no vaya a ser que Sport mandé un sicario a Benidorm a acosar otra vez a su padre.

Que pase lo que tenga que pasar ante el Cádiz, que pase también el mundial y que empiece la temporada. No tengo círculo en la cabeza para la abyección moral de Catar

Además, a Munuera le confundió el departamento de I+D rayista. Qué manera de innovar en la noble ciencia de la agresión. Si das un puñetazo a un rival te vas a la calle, pero si le palmeas la cara a dos manos (Balliu ya le ha hecho eso a Vini en dos partidos distintos), solo suscitarás perplejidad en el colegiado. “¿Es esto una agresión? No creo. Lo habría visto antes”. Si rompes la nariz de un codazo a un oponente serás expulsado, pero si lo lanzas fuera del campo con un empujón con todas tus fuerzas solo conseguirás que el árbitro se rasque la sien con estupor, preguntándose lo mismo.

Balliu golpea a Vini Rayo Isi empuja a Vini Rayo

Pero eso es anécdota. A Munuera le pasa con la Liga como a los jugadores del Madrid con el mundial ese: no hay voluntariedad ni culpa consciente en su voluntad de dar alas al Rayo en su trinchera. Simplemente, de manera emotiva, no verbalizada ni “pensada”, se le invierten también los círculos concéntricos: en el interior queda su objetividad arbitral; en el círculo exterior, el que aflora inevitablemente, sin culpa real por su parte (lo cual es casi peor), actúa concediendo carta blanca a los de Iraola para que sacudan porque pobrecitos. ¿Cómo si no van a ganar al mejor equipo de la historia y actual campeón de Europa? Escribí sobre esto en un texto galernauta titulado La discriminación positiva. Puede que sea la única vez que he tenido razón de manera completa.

Que pase lo que tenga que pasar ante el Cádiz, que pase también el mundial y que empiece la temporada. No tengo círculo en la cabeza para la abyección moral de Catar.

 

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Extraño, chocante, raro, sorprendente, excéntrico, inusitado y estrafalario lo de anoche en Vallecas.

A mediodía se celebró el sorteo de la siguiente ronda de las competiciones europeas, con el Real Madrid como único representante de la liga española en el más importante torneo de clubes. Desafortunadamente para la liga de esta nuestra piel de toro, tres de sus equipos cayeron eliminados en la fase de grupos. No es en ese foro, sino en la competición doméstica, donde han dado muestras de ser capaces de competir con los ojos inyectados en sangre, yendo al límite a por la victoria y dejándose en el campo absolutamente todo, tanto lo que tienen como lo que no. Quizá es por esto por lo que su ausencia de la siguiente fase de Champions da mucha más rabia, porque coincide con el diagnóstico que daba el profesor de nuestra niñez: “no es que sea tonto, pero es que no le da la gana. Si se esforzara y se centrara, sería de los primeros de la clase”. Nones.

Asimetría es considerar antideportivo provocar, tirarse al suelo, fingir y perder tiempo si lo hace el Real Madrid. Si esa conducta la lleva a cabo su rival, es ser canchero y dominar del otro fútbol

Lo referido no resulta privativo de los escualos caídos a Europa League o a aquellos que ni siquiera ha logrado colarse en ella, hurtando a la competición la presencia de tiburones de río, sino que es un fenómeno muy extendido en el fútbol español actual. Todos conocemos ejemplos de equipos que muy bien podrían dar la temporada por amortizada en cuanto ganasen al Real Madrid un solo partido, independientemente de que desciendan a segunda división por no haber logrado un punto más en todo el año o pierdan por goleada contra el colista, recibiendo tantos hasta de bote neutral.

Iraola Rayo Real Madrid

A este proceso se lo denomina malakitación o mestallización. El Rayo Vallecano, escuadra formidable, todo sea dicho, se malakitó. Su entrenador, el fenomenal Iraola, quiso disfrazarse de Cholo Simeone, si bien no adoptó las capilares peculiaridades del entrenador argentino. Casi mejor, porque el único referente euskaldun en cuestiones pilíferas es Iñaki Anasagasti, de quien el genio irrepetible de Luis Sánchez Polack “Tip” dijo “lleva el pelo hecho una plasti”, pero no nos perdamos en consideraciones estéticas. El Rayo jugó muy bien al fútbol, al de verdad y al otro.

El Rayo Vallecano pasó por encima del Real Madrid en cuanto a interés, ganas, arrestos y agresividad. Sí, agresividad, porque la cursilería de la “intensidad” no es más que otro ejemplo de neolengua que busca justificar el reparto impune de palos como para hacer un fuerte. Por supuesto, si esa agresividad, esa ira y ese odio que parecen albergar jugadores, entrenadores y aficiones rivales es empleado contra el equipo blanco, resulta no ya legítimo, sino loable, independientemente de que se entre en el terreno del daño físico. Algo habrán hecho los del Madrid para merecérselo, pero ay de ellos como se revuelvan contra las patadas, codazos, manotazos y provocaciones que padecen en todos los partidos.

Asimetría se llama esta figura, queridos, asimetría. No es simétrico que el Real Madrid acabara la primera parte con las mismas tarjetas que el rival, habiendo realizado un tercio de las faltas que él.

La única lectura que extraigo de lo expuesto puede resumirse en un loor y larga vida a la Superliga y, en mi opinión, la premura inexcusable de salir de una competición corrupta y podrida hasta el tuétano en la que los mediocres se encastillan y denuestan al que sobresale

No es simétrico que el penalti detenido por Courtois tuviera que repetirse cuando en él ocurrió exactamente lo mismo que pasa en todos los penaltis que en el mundo son, merced a un árbitro que difuminó la línea que separa la permisividad de la prevaricación.

Asimetría es considerar antideportivo provocar, tirarse al suelo, fingir y perder tiempo si lo hace el Real Madrid. Si esa conducta la lleva a cabo su rival, es ser canchero y dominar del otro fútbol.

Asimetría también es buscar la fractura entre el equipo de un barrio y el más grande club de fútbol del mundo, quien, por cierto, le cede, poco menos que gratis et amore, jugadores de su cantera, y esto ocurre desde instancias tanto periodísticas como políticas, no lo olvidemos. Estas y no otras circunstancias rayanas en lo magufo, explican que el Real Madrid haya ganado en la última década más Copas de Europa que ligas españolas. Cuestión de prioridades y, no nos engañemos, de respeto.

Vinícius en el Rayo Real Madrid

Adicionalmente, el Mundial es un claro condicionante que hace que los jugadores del Madrid no estén centrados en una competición que tiene un tufo raro, sino en un campeonato del mundo de selecciones totalmente detestable cuya ubicación física y temporal sólo puede estar perpetrada por alguien erigido de facto en enemigo irredento del fútbol.

La única lectura que extraigo de lo expuesto puede resumirse en un loor y larga vida a la Superliga y, en mi opinión, la premura inexcusable de salir de una competición corrupta y podrida hasta el tuétano en la que los mediocres se encastillan y denuestan al que sobresale, mientras que la presunta autoridad no sólo consiente, sino que fomenta. Con su pan se coman su liga Geri, Rubi, Tebas, Roures y otros tipos del montón.

 

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Buenos días, amigos. Después del sorteo de Champions celebrado a mediodía que emparejó al equipo de Ancelotti con el Liverpool, por la noche en Vallecas llegó —como destaca Marca en su portada— la primera derrota liguera del Real Madrid en un partido lamentable, en lo propio y en lo ajeno, frente a un Rayo que jugó mejor al fútbol y a lo que no es fútbol gracias a la permisividad, inoperancia e inaptitud de Juan Martínez Munuera.

Portada Marca

El partido, sin embargo, comenzó con una rareza estadística; incursión talentosa de Vini, falta al borde del área y tarjeta amarilla clara para Catena (la rareza es que el colegiado la mostrase). La falta la ejecutó Rodrygo a las nubes, una constante durante todo el partido. Rodrygo llegó a fallar debajo de la misma portería. Pero este inicio fue un espejismo porque el partido se convirtió en un remake de Perros Callejeros o de cualquier otra película de cine quinqui.

Antes, gol del Rayo. Acto seguido, Vinícius cometió un falta de tantas que se cometen y Martínez Munuera le enseñó una tarjeta amarilla a todas luces exagerada y, no contento con realizar su labor con más o menos acierto, se adentró en un terreno que nada tiene que ver con el fútbol, ya que se dedicó a pedir tranquilidad y a regañar a Vinícius persiguiéndolo por todo el campo. Vergüenza ajena es poco para describir lo que sentimos las personas adultas al observar el comportamiento de otro siglo del trencilla.

Martínez Munuera persigue a Vini Rayo

Apréciese lo exaltado que estaba Vinícius

El Rayo, que fue mucho más pícaro que el Madrid durante todo el encuentro, entendió la acción de Martínez Munuera como lo que era, como una señal del árbitro que indicaba de qué lado estaba, y comenzó la caza del rival, sobre todo la caza de su presa favorita, que no fue otra que la de todos: Vinícius.

Hubo de todo. Trejo, que ejercía de cabecilla de la banda, cometió tres faltas fuertes en 10 minutos sin que el colegiado le pidiese tranquilidad ni, por supuesto, le amonestase. Poco después, Balliu le arreó un guantazo con la mano abierta en la cabeza a Vinícus, tal cual.

Balliu golpea a Vini Rayo

Es muy difícil, pero podemos llegar a creernos que el del pito no viese el golpe, pero es imposible que el Medié Jiménez no lo observase en la sala VOR. Imposible. ¿Por qué no avisó al árbitro de campo? ¿Por qué no llevó a cabo su labor?

La agresión no fue castigada por Martínez Munera con roja ni con segunda amarilla. Tal es el grado de abducción colectiva, que Forner en televisión reaccionó a la hostia (¿se puede decir hostia?) de Balliu a Vini con un: “Recordemos que Vinícius ya tiene amarilla”.

Tampoco vamos a sorprendernos, la historia viene de lejos. Recordemos que poco después de aterrizar en Madrid, un cachorro de ese club que da cobijo a un grupo con delitos de sangre mordió la cabeza de Vini y el madridista vio amarilla. Tal vez por no tener el sabor esperado.

Martínez Munuera tampoco vio el claro penalti a Asensio. El realizador tuvo la mala idea de ofrecer la repetición y una vez que todo el mundo lo vio, Medié Jiménez no tuvo más remedio que avisar al señor Martínez. No informarlo de la agresión a Vinícius tiene un pase porque la caza de Vini está permitida, pero ya dos acciones claras seguidas era mucho. De modo que, con todo el dolor de su corazón, tuvo que pitar penalti. Por suerte no lo lanzó Rodrygo alto y Modric se encargó de materializarlo.

Pero el corporativismo arbitral supera a la propia realidad, por lo que para Martínez Burrul, ese árbitro con apellido de acelerón de moto tras un tirón de bolso —también propio de película de cine quinqui—, no fue penalti. Marca lo publica en un tuit que contiene una foto en la que se aprecia con claridad el penalti. Maravilloso.

Pérez Burrul penalti Asensio Rayo.

Poco después, el Madrid daba la vuelta al partido con un testarazo de Militao. Es probable que en ese momento Munuera se sintiese fatal, después de todo el esfuerzo realizado el Madrid iba ganando. Afortunadamente para él y para los que manejan el cotarro, el Madrid seguía con una caraja mundial y cedió el empate pronto.

Antes del descanso hubo tiempo para que Isi empujara a Vinícius y lo arrojase fuera del campo con fuerza ante el colegiado. Sigan, sigan.

Isi empuja a Vini Rayo

En la segunda parte más de lo mismo, juego horrible del Madrid y actitud marrullera y violenta del Rayo permitida por el árbitro y jaleada por la turba que abarrotaba las gradas y que protestaba hasta las propias agresiones de sus futbolistas. La afición de Vallecas otra cosa no, pero criterio tampoco.

En este remake de Perros Callejeros, el Madrid era un Seat 132 al que las bujías le hacían perla y el Rayo un 1430 trucado. Cada córner madridista era defendido por los rayistas del mismo modo que un atracador retiene a un cliente en el robo de un banco con la permisividad de un policía Munuera inoperante.

En esas estábamos cuando Carvajal sacó a pasear el brazo en el área. Fue de manera involuntaria, pero ahora eso carece de importancia, porque el brazo estaba abierto y ocupando más espacio (que algún día explicarán cómo un brazo, con masa y volumen constantes, puede ocupar más o menos espacio, pero eso es otro tema). Martínez tampoco vio el penal y tuvieron que avisarle. Esta vez no transcurrió una eternidad como en el penalti de Asensio.

Trejo, que poco antes se había cebado con Militao, lanzó y detuvo Courtois. Pero hubo que repetir el penalti. En un principio dijeron que porque Tibó no estaba sobre la línea. Después, mostraron que Carvajal había invadido el área antes del lanzamiento. Bien repetido. Gol. La pregunta es: ¿por qué cuando el Madrid falla un penalti y el rival invade el campo no se repite? Buscad, buscad, hay varios ejemplos.

El partido acabó con derrota madridista. Aquí podéis leer la crónica Andrés Torres. Alberto Cosín dio buena cuenta de la actuación de Martínez Munuera en su crónica arbitral.

Según se acerca el mundial de los miles de esclavos muertos el Madrid se desinfla y se encuentra en el peor momento de juego y concentración de la temporada. El Madrid pierde la cabeza, como dice As. La de la Liga y la que permite centrarse en los partidos.

Portada As

Cuando las cosas van bien, cualquier elemento perturbador, como un mundial a mitad de temporada, es potencialmente desestabilizador. Tal vez si Ancelotti contra el Cádiz el jueves alinease a 11 no mundialistas el desempeño blanco mejorase.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Arbitró Juan Martínez Munuera del Comité valenciano. En el VAR estuvo Medié Jiménez.

Esperpéntico arbitraje del de Benidorm que unas veces no se enteró de nada por incompetencia y otras por voluntad propia.

Permitió mucha dureza del Rayo y demasiadas marrullerías. Además, solo advertía y pedía cabeza para los de un lado, los visitantes.

En el minuto 3 pintaba bien con la amarilla a Catena porque parecía que iba a castigar a los locales. Falsa ilusión. Trejo hizo tres faltas en 10 minutos y no vio tarjeta. Sí la vio Vinicius que tuvo que aguantar patadas, provocaciones, empujones y hasta golpes en la cara. Balliu pudo irse a la calle en el 27' pero ni amarilla. Fran García también se libró por un planchazo a Valverde en el 31'. Resumen de la primera parte: 15 faltas vallecanas y 6 merengues. Las mismas amarillas.

En la segunda mitad desenfundó a diestro y siniestro. Trejo la vio tarde para lo que merecía, en el 48. Y Balliu tardísimo, en el 86'. Además, también se fueron con amarilla Rodrygo, Lucas, Carvajal por el penalti y Modric en el Real Madrid, el croata, por cierto, por protestar un saque de banda que era claro para su equipo. Y Chavarría en el Rayo. Su técnico, Iraola, fue expulsado.

En los dos penaltis el VAR le puso la cara colorada a Munuera que no se enteró de nada y el hombre mientras esperaba el aviso no paraba de explicar que él lo tenía clarísimo. Pues fue que no. Fran García trabó por detrás a Asensio y Carvajal dio el balón con el brazo que estaba abierto y ocupando más espacio. En esta última pena máxima se debió repetir. En un principio parece que era porque Courtois no pisaba con un pie la línea pero en la repetición indicaron que fue Carvajal por invadir el área y ser el que despeja. En ese caso la norma es clara, pero, por desgracia, no vemos que se señale con asiduidad.

Munuera Martínez, DESESPERANTE y PENOSO.

Courtois (7)

Hizo casi todo bien. Hasta parar un penalti. Pero no fue suficiente.

Carvajal (4)

Mira que siempre salta con los brazos a la espalda. Da igual. El VAR tuvo que pitar uno de esos penaltis de mierda por mano que nada tienen que ver con el fútbol.

Militao (5)

Muy despistado e incluso peligroso en la salida de balón. Su fenomenal testarazo en el gol le salva el aprobado.

Alaba (4)

No está. O no parece que esté.

Mendy (5)

Su barroquismo nos desconcierta, pero fue el más potable de la zaga.

Tchouaméni (3)

Translucido.

Valverde (4)

Peleón pero deslucido. Sin campo para correr.

Modric (4)

Sin ideas, superado. Anotó de penalti.

Rodrygo (3)

Desaparecido en combate.

Asensio (7)

El mejor del Madrid.

Vinicius Junior (4)

Con él esta todo permitido, no hay derecho. Se apagó en el segundo tiempo.

Camavinga (4)

Insufló menos bríos de los habituales.

Mariano (4)

Intrascendente.

Nacho (-)

Sin tiempo.

Lucas Vázquez (-)

Sin tiempo.

Ancelotti (4)

Sin ideas. ¿El Plan B es Mariano?

 

Getty Images.

Entre las múltiples trampas de la Liga, la mazmorra de los bucaneros siempre es especialmente peligrosa. Vallecas es un techo levadizo con muchos y afilados pinchos untados en curare, que lentamente desciende hasta aprisionar mortalmente a los incautos. Poco tiempo tardó en acreditarlo el fenomenal Rayo Vallecano que ha construido con seriedad un vasco, Andoni Iraola, sin la fanfarria del rapsoda Paco Jémez. No en vano, el Madrid, hasta esta noche, había cosechado nueve victorias en sus últimas diez visitas. Incluso se animó a abrir el encuentro del lunes con una filigrana de Vinicius en el primer minuto. Fue un espejismo.

A los cuatro minutos, una fulgurante penetración por la izquierda de Fran García, habitual canterano merengue y eterno opositor al regreso a la Casa Blanca, concluyó con un centro tenso y preciso que Comesaña remató hábilmente con colocación a gol. Me quemas con la punta de tus dedos, decía el homónimo cantante de Amistades Peligrosas. Lo que quemaba al Madrid en el cepo vallecano era precisamente el balón. Apenas Pterodáctilo Valverde trató de rebelarse al infortunio con un disparo lejano. Otro mero espejismo. Mientras tanto Vini veía una prematura amarilla por un tibio pisotón que, cómo no, provocó media docena de vueltas de campana y Courtois evitaba el segundo antes de concluir el primer cuarto de hora.

El Madrid, cortocircuitado en la salida de balón, comenzó a añorar a Kroos y su batiscafo para escapar de las abisales profundidades vallecanas

El Madrid, cortocircuitado en la salida de balón, comenzó a añorar a Kroos y su batiscafo para escapar de las abisales profundidades vallecanas. En los momentos de zozobra merengue, que se prolongaron durante casi todo el partido, el hincha blanco apenas pudo agarrarse al escandaloso caño con el que Mendy jorobó al canterano colchonero Camello. Colchonero tenía que ser, triste consuelo.

La respuesta del intenso Rayo fue un insólito y auténtico soplamocos que Balliu propinó a dos manos sobre los cachetes de Vini que, por supuesto, no sancionó nadie. El VAR, exhausto tras lo de Sevilla, también optó por hacer la de Pilatos. El tercer espejismo.

Tchouaméni Rayo

Isi probó fortuna desde lejos ante un líder decadente que sufría para atravesar el mediocampo. Tchouaméni era incapaz de detener las acometidas de un rayo que no cesa, Modric vivía dentro del laberinto, Valverde no encontraba pista para correr.

Y Kroos, en pantuflas.

Sin embargo, a los 35 minutos, el más fino de los merengues, un redimido y batallador —sí, batallador— Asensio porfió por un balón prácticamente perdido dentro del área que arrebató a Fran García que, inocente, cometió un penalti no sancionado en directo por el árbitro. Esta vez en la ruleta rusa del VAR la bala fue para el adversario.

De repente, y sin merecerlo, Modric empataba con un penalti anticlimático. No se habían repuesto los locales del sorprendente empate merengue cuando a la salida de un córner botado por Asensio Militao se deshacía de su torpe marcador para hacer el segundo tanto del Madrid. Violento testarazo tras elástico escorzo. 1-2 a los 41 minutos.

Gol Militao Rayo

Y de repente, el Real, ufano y complacido por su inesperado triunfo momentáneo, volvió a las andadas. Apenas un minuto después la defensa blanca dio nuevas muestras de su fragilidad cristalina permitiendo que un centro lateral acabará llegando a Álvaro García que empaló a la red con fiereza. Esta vez no hubo milagro de Thibaut.

2-2 al descanso con esperpéntico teatrillo de Balliu buscando la segunda amarilla por un codazo imaginario de Vinicius. Sí, el del soplamocos.

No cambió el guion al regreso de los vestuarios. El Madrid, de nuevo timorato, parecía otra vez sorprendido por la ferocidad de un Rayo cuya fuerza se desgañitaba reclamando penaltis y faltas delirantes. Al final no lo serían tanto. Mientras tanto Carvajal pisaba mal y caía dolido, al parecer muscularmente, sobre el verde vallecano.

No cambió el guion al regreso de los vestuarios. El Madrid, de nuevo timorato, parecía otra vez sorprendido por la ferocidad de un Rayo cuya fuerza se desgañitaba reclamando penaltis y faltas delirantes

Aguantaba el tirón el Pitbull de Leganés y Sergio Camello cabeceaba lejos del palo. Sesenta minutos después, el Madrid no sabía como desactivar tantos dispositivos malignos de la trampa rayista. Ver a Modric hacer desesperados aspavientos invitaba a cundir el pánico, el liderazgo del campeonato, en la puerta del embarque del puente aéreo. El que tuvo que tomar las de Villadiego fue Andoni Iraola en el banquillo vallecano. Roja por no sabemos. Se chivó el cuarto árbitro como no podía ser de otra manera.

El partido transcurría a tirones, con un Madrid flácido, tratando de encontrar un chispazo en la conexión de sus jóvenes perlas brazucas, voluntariosos pero extraviados, y el Rayo, erre que erre, más pendiente del vídeo que del verde. Tanta insistencia obtuvo su premio con uno de estos penaltis insultantes de hoy en día por mano de Carvajal tras un rebote en un centro.

Martínez Munuera en el Rayo, 3 - Real Madrid, 2

Todo absurdo.

Veterano y curtido en mil batallas, Óscar Trejo se aproximó a los once metros. Courtois detuvo el penalti, pero el VAR, de nuevo el dichoso e insufrible VAR, determinó, esta noche puntilloso, que medio juanete de Thibaut no pisaba milimétricamente la línea de gol.

Esta vez Trejo no falló. 3-2. La trampa Vallecana pasaba a ser Cube. Desgraciadamente la película arbitral, la de siempre. Tchouaméni, triste actuación, dejaba su lugar a Camavinga. Poco después lo hacían Mariano y su peinado en lugar de Modric. A la desesperada.

Minuto 80. Diez tardó en generar una nueva ocasión cuando Rodrygo, inoperante, malogró a medio metro del gol una fenomenal asistencia de Asensio, el mejor del Madrid. Sólo quedaba la épica en un largo descuento de +8.

Mayor fue así la agonía.

Finalmente, lentamente murió el Madrid, atrapado, enredado, asfixiado en el ardid vallecano. Se burló de la fortuna cuando, tras tremendo sofoco, se puso por delante inmerecidamente en el marcador para dilapidar su renta en apenas un minuto, un suspiro antes del descanso.

El Real lo paga no sólo con la derrota, sino que se despeña de la cima del campeonato en los albores del mundial catarí de la vergüenza… si nada se remedia esta semana.

 

Getty Images.

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