Las mejores firmas madridistas del planeta

Todos los proyectos —ganadores o perdedores— se parecen unos a otros en su destino. Y hasta es posible que se parezcan en su origen y desarrollo. Si bien, ni ricos ni menos ricos han encontrado aún la fórmula que les permita ser felices. Chus Mateo busca la suya surfeando la ola que originó Pablo Laso, con equilibrios reseñables y algún chapuzón imprevisto.

Por lo visto hasta ahora la marcha del grupo es notable, brillante por momentos, con los lógicos vaivenes de una temporada que en los meses pasados no decide nada relevante. Vivimos la Euroliga más igualada, una tendencia acrecentada con el paso de los años, al ritmo de la certeza de que lo determinante no es la posición final entre los ocho primeros, sino el momento de forma en que los equipos acuden a la recta de meta.

Chus Mateo

En este nicho hay que analizar la trayectoria de un equipo cuyo timonel más visible es Chus Mateo. Hubo cambios trascendentales que obligan a un replanteamiento de la forma de jugar. La adaptación de Musa ha sido fulgurante, explicada por su conocimiento íntegro del juego. Hezonja no es tan completo, un tirador con gran poderío físico que se está esforzando en defensa y rebotes.

Vivimos la Euroliga más igualada, una tendencia acrecentada con el paso de los años, al ritmo de la certeza de que lo determinante no es la posición final entre los ocho primeros, sino el momento de forma en que los equipos acuden a la recta de meta

Yo sí creo que este Real Madrid tiene directores de juego. Para empezar, tiene al mejor generador de juego que ha dado Europa en los últimos decenios. Su clarividencia salta a la vista, y cada vez que pisa la cancha, como ayer en Berlín, la tendencia se dinamiza, la fluencia es el signo. Cuando escribo estas líneas es el mayor asistente por minuto de la Euroliga. Una estadística concluyente para alguien que no juega demasiado y desempeña un papel al que no está acostumbrado. Quizás sólo a su alcance.

Alocén

También, para la posición citada, hay otros jugadores con características más defensivas, atléticas, incluso de anotación compulsiva, como Llull. Y no deberíamos olvidar la excelente temporada pasada de Hanga.

Por lo demás, hay que considerar los altibajos en la temporada —o en un partido— como propios de temporadas interminables. Lo acabamos de ver en la Supercopa de fútbol y lo mismo ocurre en baloncesto, donde los encuentros sirven para entrenar, para reservar fuerzas y para intentar que todos encuentren su ritmo.

Con el triunfo de ayer ante el Alba de Berlín, el Madrid consiguió su cuarta victoria consecutiva, en las que ha desplegado su polivalencia y facilidad ofensiva junto a un poderío físico inalcanzable para la mayoría. Un buen comienzo de año, prometedor, que ha revelado tanto órdenes de mejora como la progresiva cimentación de sus principios.

 

Fotografías: realmadrid.com

Buenos días, amigos. La Supercopa de España no es el Rolex de los títulos, siendo equiparable más bien a un Casio. Sin embargo, clara-mente hay que ganarla, estando como está el Madrid obligado a ganar todo lo que se pone en su camino. El Barcelona ocupó ayer la otra plaza en la Final tras derrotar al Betis en los penaltis. El lanzamiento decisivo lo ejecutó Pedri, que tiene nombre de persona buena y no es ningún Twingo, pero desde luego aún no ha demostrado ser el Ferrari que quieren vendernos.

Nos negamos a comentar la canción que Shakira ha dedicado a Piqué. Una loba como La Galerna no está pa’ cosas como esa. Seguramente nos forraríamos a visitas hoy en el portanálisis si llenáramos el mismo de referencias a la canción, pero no es nuestro estilo. As sí recoge en cambio el asunto en portada, en la parte de abajo, pero son libres de hacer lo que quieran, cero rencor, bebé.

Portada As

Los primeros dos párrafos son, según dicen los expertos, claves para el SEO que dicta las visitas en Google, pero La Galerna está por encima de eso. En el tercer párrafo cuentan que hay que colocar una referencia a la segunda gran noticia del día. Así, por ejemplo, si ahora mismo pusiéramos aquí las palabras “enano hormonado”, contribuiríamos también grandemente a incrementar nuestro tráfico, pero nuevamente no es nuestro estilo.

“Enano hormonado”. Son palabras que han tenido que salir primero del entorno culé para que alguien se atreva a usarlas en los medios tradicionales, aunque llevan siglos normalizadas en el lenguaje cotidiano de la capital. Nosotros las hemos oído muchísimo en las tertulias de los bares. Lo que no sabemos es a quién se refieren. As parece tener una hipótesis al respecto, si nos atenemos a la parte superior de su portada. Los Mossos de Escuadra tienen grabaciones en las que se oye a un exdirectivo culé referirse en esos términos a algún exjugador blaugrana, no sabemos a cuál. As pone una foto aleatoria, porque verdaderamente puede ser cualquiera. ¿Quién no conoce algún enano hormonado? Por tanto, ¿cuántos de esos ha podido haber en el vestuario azulgrana? Decenas si no cientos.

Portada Marca

El argumento principal de la portada de Marca es la Final de la Supercopa, que será un Clásico, y que será el domingo. A pesar del entusiasmo que Marca le pone al tema, perezón de Clásico, la verdad. Es realmente un Clásico de pretemporada (la Supercopa era tradicionalmente un torneo de agosto y los futbolistas están recuperando la forma tras el Mundial), y no parece el momento para la tensión máxima y las fanfarrias. Los de Xavi se lo tomarán como si valiera por cinco finales de Champions, y lo celebrarán como si lo fuese en caso de ganar. Ese ansia supercopera, que es un poco paleta, nos obliga a nosotros a ponernos a esa altura, porque no queremos ni por asomo asistir a esas celebraciones hiperbólicas (al menos no queremos los aficionados).

En otras palabras, y aunque no entraba en nuestros cálculos que lo hiciera, de repente la Supercopa nos tendrá que importar mucho precisamente por haberse convertido en un Clásico, cuando en realidad es eso, un torneo de verano a mayor gloria de los bolsillos de Rubi y de Geri, encima. En fin, todo sea por Geri, que las penas con pan son menos.

Por otro lado, Marca da a conocer también los candidatos al Premio The Best, entre los que se cuentan Modric, Vinicius y Benzema. Parece que la cosa va a nadar entre el francés y ese cuya foto trae As para relacionar con las palabras “enano hormonado”. Pero nosotros qué sabremos.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Tanto Sport como Mundo Deportivo coronan a Ter Stegen como héroe de la noche. Les salvó en los penaltis. El extraordinario portero alemán parece volver por sus fueros, de manera que el domingo se verá un bonito duelo bajo los palos con Courtois. Madrid-Barça, amigos. ¿Os acordáis cuando el Madrid participó en esta competición sin haber ganado Copa ni Liga, y la gente se quejó de que así fuese? Pues uno de los dos contendientes en la Final se encuentra ahora en la misma situación (no ganó absolutamente nada el año pasado), y esta vez nadie ha puesto el grito en el cielo por ello.

Pasad un buen día.

Llevamos desde el inicio de esta temporada con la matraca del sextete, el supuesto culmen de la historia del club. El objetivo del sextete, el de verdad, el que se puede conseguir en una misma temporada no es más que una invención de la prensa, siempre legítimamente ávida de buscar titulares mayúsculos que permitan, como diría un clásico, vender periódicos o, en los tiempos actuales, conseguir clics.

Para ese sector, la Supercopa es un escalón más hacía un objetivo que nadie se ha planteado de forma realista. Las batallas son otras. Y, sin duda, mucho más importantes.

No creo que nadie dentro de la plantilla del Real Madrid, el club o en el staff técnico del actual equipo campeón de Europa, de Liga y de Supercopa europea tengan ese objetivo en mente. La línea en el horizonte la compone, sin duda alguna, ir ganando partidos y pelear por todos los títulos, como siempre ha hecho el Real Madrid.

Ese es su ADN, la base de la historia de un club inigualable capaz llenar las gradas de cualquier estadio del mundo con legiones de hinchas siguiendo a un equipo que tiene su sede a miles de kilómetros de distancia. Y eso sucede se dispute el partido donde se dispute.

Real Madrid Arabia

Lo de los seis títulos es, por tanto, una milonga que quiere dar valor al ‘Sextete a Medida’ logrado por el FC Barcelona de Pep Guardiola en el año 2009. En aquella ocasión, se ajustaron los tiempos para que la sensacional racha de triunfo azulgranas se convirtiera en algo único obviando de manera interesada que en el fútbol, los años naturales no cuentan para nada y son las temporadas las que delimitan la fina línea que separa del éxito del fracaso.

Cuando termina la Liga o se cierra el telón de la Champions League, se pone el punto y final a la contabilidad de la temporada. El resto es hacerse trampas al solitario, algo a lo que, desde la Ciudad Condal, acostumbrados a vivir entre ‘palancas’, están más que habituados.

En todo caso, esta Supercopa de España no es un trofeo más para las vitrinas del club. En caso de levantar en Riad el próximo domingo el título que acredita como campeón de este trofeo —que la RFEF creó en 1982 y cuyo primer campeón fue la Real Sociedad de Ormaechea, Arconada, Perico Alonso, Satrústregui o Zamora—, el Madrid sumaría el título número 100 a su palmarés y daría continuidad a la Supercopa de Europa conquistada en Helsinki el pasado mes de agosto, prolongando la racha de títulos que comenzó en el mes de mayo de 2022 con las victorias en la Liga y la Copa de Europa.

Para sumar el título número 100 de la historia del club, las cuentas están claras: 35 títulos de Liga + 14 Copas de Europa + 7 Mundiales de Clubes + 2 Copas de la UEFA + 5 Supercopas de Europa + 19 Copas del Rey + 12 Supercopas de España + 1 Copa de la Liga. La suma de estos trofeos indiscutibles da 95 entorchados.

14 Champions

No cuento para este palmarés el título de Mejor Club del Mundo en el Siglo XX que, probablemente, debería estar en la suma, pero sí que incluyo los dos entorchados tanto de la Copa Latina como de la Pequeña Copa del Mundo que se disputaron en los años cincuenta del siglo XX. Sumando esos cuatro galardones, la cuenta a día de hoy es de 99 trofeos. A falta de uno para sumar el número 100 en la historia del club. Impresionante.

Si el Madrid gana la Supercopa de España sumaría el título número 100 a su palmarés

La Copa Latina, ganada por el Real Madrid en los años 1952 y 1957 es un torneo oficial a todos los efectos, mientras que la Pequeña Copa del Mundo, que el Madrid incluye en su palmarés oficial y que ganó en 1952 y 1956, tuvo el reconocimiento de antecesora de la Copa Intercontinental, aunque la FIFA terminó por no considerarla oficialmente. Ahí va a estar la discrepancia.

En ese caso, la actual Supercopa de España podría ser el título número 98 en las vitrinas del club, a dos del Centenario, que es el verdadero leitmotiv de este año: sumar los 100 títulos en la historia del Madrid siendo, además, casi la mitad de los mismos Ligas y Copas de Europa.

El dato convierte al Real Madrid en una institución universal, uno de cada tres trofeos es un título internacional y dobla a su perseguidor en el palmarés de la Copa de Europa (14-7), ha ganado siete copas de Europa en menos de cinco décadas del siglo XX y otras siete en 22 años del XXI.

¿De verdad a los madridistas nos importa el Sextete?

 

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Los tópicos nacen de la repetición robótica de una expresión hasta que, ya manida, se incorpora a la conversación, especialmente a la periodística. Fue José Antonio Camacho el que dijo que para triunfar en el Madrid procediendo de la cantera había que derribar la puerta. Pero este concepto, el de la consolidación rotunda, casi por aplastamiento, se ha convertido en poco menos que un cliché. Una fantasía poco realista.

El ejemplo palmario lo tenemos en Sergio Arribas, que lleva al menos dos temporadas y media siendo el mejor jugador del Castilla, liderando, asumiendo el peso del equipo y acumulando goles (muchos de ellos golazos, porque este chico parece desconocer que se puede marcar tantos feos) y asistencias en Primera RFEF, una categoría pequeñísima para su talla futbolística. Arribas ha ameritado con creces disponer de oportunidades con el primer equipo, pero apenas ha disputado un puñado de partidos con los profesionales, casi todos hace dos temporadas.

Arribas frente al Levante

Esto induce a cuestionarse la verdadera utilidad de la cantera, más allá de la que indudablemente posee como vía de ingresos a través de traspasos. Si un futbolista con el talento de Arribas sigue desperdiciando campañas en el primer filial merengue en el año en que va a cumplir 22, quizás haya que replantearse el sentido de la fábrica, cuyo objetivo primordial siempre ha sido surtir al primer equipo de futbolistas válidos. Al final, gran parte de lo que diferencia a los grandes talentos de, por ejemplo, el fútbol brasileño, es que dan el salto a los primeros equipos siendo unos niños. Así, cuando alcanzan la veintena ya han pasado por el proceso de adaptación al máximo nivel competitivo. Las cesiones masivas no son una solución viable, ya que la FIFA las ha restringido notablemente. Urge revisar el modelo y conocer en qué se está fallando para que el talento que surge en Valdebebas no se esté aprovechando mucho más.

Sergio Arribas lleva al menos dos temporadas y media siendo el mejor jugador del Castilla, liderando, asumiendo el peso del equipo y acumulando golazos

No se puede apelar en esta ocasión a que el primer equipo anda sobrado de efectivos, especialmente en la parcela ofensiva. Se podría considerar que más allá de Benzema, Vinicius, Rodrygo y la solución coyuntural de Valverde como extremo, el Madrid apenas tiene atacantes válidos para entrar en la rotación. Los que la completan son futbolistas totalmente amortizados y en la recta de salida del Bernabéu como Asensio, Hazard o Mariano. Que cualquiera de ellos esté disputando los minutos que probablemente se hayan ganado Arribas y otros canteranos produce cierta incomprensión en el madridismo. Estamos ante jugadores que malgastan una y otra vez sus oportunidades, pasando desapercibidos por los partidos en el mejor de los casos. No existe una relación justificada entre méritos y minutos de juego, y tampoco se está sembrando para el futuro, ya que es bastante probable que ni Hazard, ni Mariano, ni el propio Asensio mantengan su nombre en la taquilla del estadio la temporada que viene.

Ancelotti entrenando

De sobra conocido es el método de Ancelotti, con más tiempo consumido en vestuarios que muchas baldosas de los mismos, y su concepto de jerarquía (en su caso, pronunciando la palabra con y en lugar de j), priorizando siempre el uso de piezas del primer equipo y considerando a los canteranos únicamente como un recurso de última necesidad. La compleja solución pasa por entregar fichas a aquellos con un recorrido lo suficientemente llamativo como para vislumbrar potencial para mantenerse en el Madrid. Pero será difícil saber si están capacitados para asumir la extrema exigencia de la mejor escuadra del planeta cuando apenas les hemos visto probarse en la elite. Es difícil que Carletto se convierta en un revolucionario de la noche a la mañana, máxime cuando su libreto funcionó a la perfección la pasada temporada, pero quizás es el momento de que mire hacia abajo y ofrezca oportunidades a jugadores con potencial para sumar en el futuro. Y también puede que haya llegado la hora de abandonar los intentos de recuperación de futbolistas que ya no engañan a nadie, por mucho que se venda que se exhiben en los entrenamientos o que están con más ganas que nunca. No tengo nada contra Asensio, que ha tenido grandes momentos en el Madrid, pero si a día de hoy me dieran a elegir entre él y Arribas, no dudaría ni un instante en decidirme por el segundo. Si la disyuntiva fuese entre Hazard y el joven canterano, la duda no llegaría ni a una décima de segundo. O, como diría aquella, un nanosegundo en el metaverso.

 

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Buenos días, amigos. No fue Lawrence, sino Thibaut, el héroe en Arabia. El belga volvió a volar sobre su alfombra mágica y detuvo a Gayà el penalti que suponía para el Madrid el pase a la final de la Supercopa de España. Ya había realizado paradas salvajes durante los noventa minutos y la prórroga, un lapso temporal el de este encuentro que se nos hizo eterno, las mil y una noches, un tiempo geológico, tan largo como el instante en el que tu pareja dice “tenemos que hablar” y comienza a hacerlo. Un desierto de juego que afortunadamente tuvo oasis final. Podéis leer aquí la crónica de Andrés Torres.

La fantástica idea de incrustar un torneo tan prestigioso como la Supercopa de España en un calendario hipertrofiado y en un lugar a miles de kilómetros de la propia España, a mayor gloria económica de Rubiales y Piqué, solo tiene consecuencias “positivas”: en el Madrid, Lucas y Camavinga tocados y Militao mareado, seguramente a causa del sopor; y en el Valencia, más acalambrados que en un simposio de electricistas ciegos; y, por si fuera poco, una prórroga extra en las piernas ya de por sí exhaustas de los futbolistas. Todo ello para el maravilloso premio, en caso de ganar, de la indiferencia ante el deber cumplido o el apocalipsis si se pierde la final. Solo ha faltado que la canción de la Supercopa la hubiese cantado Shakira.

Además de Courtois, lo más positivo fue que Benzema volvió a jugar como sabe después de unos meses durante los cuales los problemas físicos no le han permitido ser el genio de la lámpara que habitualmente es.

También es destacable que el Madrid ganó, no lo olvidemos. Y lo consiguió después de una de las segundas partes más soporíferas que nuestros ojos vieron. Eso, al fin y al cabo, se llama saber competir. No es inteligente dejarse llevar por las sensaciones de un mal partido, es más razonable tener amplitud de miras. Ya lo hemos olvidado, pero hace un año estábamos a vueltas con lo mismo y después la temporada acabó como acabó. Un poco de confianza no vendría mal.

Portada As

Courtois y Benzema, junto a Marco Asensio, ilustran la portada de As. La fotografía capta el jolgorio madridista después de que el belga detuviese el penalti decisivo. “Courtois vale una final”, titulan. Courtois lo vale todo, pocas veces un portero fue igual de determinante a la hora de ganar partidos que un delantero centro goleador.

As también destaca al portero valencianista Mamardashvili, que realizó un extraordinario encuentro y a punto estuvo de mandarnos a donde indica el inicio de su nombre.

Aunque lo más sorprendente del diario madrileño son las palabras de Albert Luque, director de la selección: “Argentina no es mejor que España”. No, claro, Albert, no es mejor, solo es la campeona del mundo. Minucias.

Portada Marca

En Marca también tiene un hueco Albert Luque, quien afirma que “si hay que dar un pase largo, se dará”. No, Albert, no cedas, es mejor mantener el tiki taka, el estilo, la selección ha de seguir siendo una sucursal del Barça. Cómo que pase largo, ¿como el de Militao ayer en la jugada del penalti a Benzema? No, nada de eso, los pases largos son peligrosos, a veces provocan goles.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo siempre te vende la moto y hoy han sido capaces de relacionar el Dakar con Messi y con la Supercopa: “Messi jugará en Arabia Saudí”, dice en portada Al-Attiyah, líder de dicha competición de motor.

“Los blancos evitan el batacazo en la tanda de penaltis”, dicen en el faldón. Ya lo hemos escrito en el segundo párrafo de este Portanálisis, si el Madrid pierde la Supercopa será un apocalipsis. Mundo Deportivo lo insinúa aun habiendo ganado ayer.

Portada Sport

Sport dice una verdad: “Los blancos sufrieron mucho ante el Valencia y quedaron tocados físicamente”. No es cosa menor que lo haga, habitualmente solo es fiable en este diario la fecha y el precio.

En la parte inferior hace mención a la denuncia de Osasuna por alineación indebida de Geyse en el partido que las enfrentó al Barça femenino en la Copa de la Reina. La jugadora había sido sancionada el año pasado, no podía jugar y sin embargo fue de la partida. Ayer, casualmente, no se podía acceder al archivo en el cual constaba dicha sanción.

Pasad un buen día.

Recuerdo la Eurocopa aquella de Iñaki Sáez, que cuando tuvo que jugársela puso a Torres y a Joaquín, que era lo que pedía la prensa, y se quitó de líos. La alineación de Ancelotti de hoy me sonaba a esto: pongo a Rodrygo y a Camavinga a ver si se les pasa la llorera.

Y seré negativo en este punto, creo que el Vinicius 22+20 (goles más asistencias) puede ser un espejismo, le veo más un 15+15. Lo sé, quizá me estoy dejando llevar por este Madrid depresivo, pero, a día hoy, firmaría que ambos fueran dos jugadores de 15+15, aunque ello no sea ser top mundial.

Vinícius Supercopa Valencia

Desgraciadamente, fracasó también Camavinga al que el timorato Carletto no parece querer darle el mando. Y para protegerlo, desprotege a Kroos, haciendo que jueguen mal ambos cuando están juntos; pero esto es fundamental, porque ambos juegan fuera de posición. A Kroos le da igual ver el fútbol de cara o de espaldas, porque a sus 32 años, él es el fútbol; Camavinga, con 20, lo tiene más fácil cuando tiene más tiempo, cuando coge confianza, porque se la pasan 100 veces y claro, al final, siempre la termina cogiendo mirando hacia delante.

Lo mejor que podemos rescatar de ayer es que en partido ¿grande? recuperamos a nuestros jugadores inmensos, el 1 y el 9, uno para meterlos y otro para salvarlos. Podrán decir que Benzema no marcó en jugada pero la realidad es que primero recuperaremos al jugador, inmenso sin duda, y luego llegará el goleador. Veremos si el tiempo me da la razón, pero ayer, vi al mejor Benzema desde abril del 22.

Y del Valencia qué decir. Lo primero es que Gattuso parece un tipazo y no descartaría que fuera buen entrenador, tipo listo, tipo trabajador, tipo honrado, ¿no es esto un buen camino al éxito? Lo segundo es que Peter Lim se ha deshecho de todos esos “matones” que odiaban al Madrid sin casi razón (¿por Mijatovic?) y el partido ha quedado descafeinado, siempre me gustó el Valencia como villano. Iban a Mestalla a matar o a morir, quizá tire de demagogia y hoy cierre con #AgainstModernFootball, aunque sea con cierta ironía.

 

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Courtois (9)

Superman. Salvó al Madrid en la prórroga. Paró el penal decisivo.

Nacho (8)

Todo lo hace bien. Donde le pongas.

Rüdiger (7)

Poderoso. Sin errores.

Militao (8)

Exhibición hasta su extraño mareo.

Lucas Vázquez (4)

Despistado. Se la come en el gol.

Camavinga (5)

De nuevo su ímpetu y una temprana amarilla le restan minutos de juego con el agravante de la titularidad.

Kroos (7)

Peleón y combativo. Orgullo sobre el campo.

Valverde (6)

Incombustible.

Vinicius (6)

De menos a más. Muy activo en la prórroga.

Rodrygo (4)

Desdibujado.

Benzema (6)

Destellos de Ballon d´Or.

Modric (5)

Discreto hoy.

Carvajal (4)

No mejoró a Lucas. Impreciso.

Mendy (5)

Romo en ataque, serio en defensa.

Asensio (5)

Lo intenta mucho, le sale poco.

Ceballos (5)

Poco tiempo. Batallador.

Ancelotti (5)

Uno no quiere verbalizarlo. Ni qué decir tiene dejarlo por escrito. Pero este Madrid recuerda al de Carletto la temporada después de la Décima. Espero zamparme estas 2-3 líneas con un poquito de aceite y un poco de sal, que diría Cantajuegos.

 

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Arbitró Alejandro Hernández Hernández del Comité canario. En el VAR estuvo Estrada Fernández.

Como es habitual, vimos un arbitraje extraño e indescifrable del arrecifeño. Si el listón de las faltas era el que puso al señalar una de Kroos sobre Almeida en el 15', se entiende regular que no señalase un pisotón por detrás a Benzema y una obstrucción a Vinicius pocos minutos después.

En el 18', Lato se cayó de maduro ante Courtois sin nada punible que señalar. No así la patada de Cömert a Benzema en el muslo en el 37'. Penalti claro y amarilla al suizo.

Los otros amonestados en la primera parte fueron Camavinga por pisar a Lato en el 27' y Kluivert por una entrada por detrás a Lucas en el 30'.

Además, en el 28' hubo un posible penalti a Nacho por un empujón en el pico del área. Ni una mísera repetición para poder evaluar dicha acción.

La segunda mitad tuvo poca chicha, aunque el canario se comió sobre todo una falta sobre Kroos en la frontal en el minuto 96'.

En la prórroga aumentó la nómina de tarjetas con una para Almeida por agarrar a Asensio en el 98' y otra para Nacho por un golpe por detrás a Cavani en el 108'.

Una jugada polémica llegó en el 109' cuando pitó una mano que no fue al controlar con el hombro Vinicius. Y es que el brasileño había enviado un pase al área a Benzema muy peligroso para marcar gol.

Hernández Hernández , MAL.

 

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En el carrusel del petrodólar comparecía el Madrid en tierras sauditas para disputar una Supercopa. De España, dicen, pero resulta que Mesopotamia está más cerca. Para más inri, ante un antiguo adversario, el Valencia, acérrimo enemigo desde que Pedja cambiara Chufi por Mahou; hoy presidido además por un señor de Singapur que lo más parecido que ha visto a una paella es un arroz basmati.

Así es el tío vivo #ForTheFans que han diseñado desde Motril y Zúrich pasando por reservados cataríes. Y así llegaba el Madrid en este 2023 frenético donde prácticamente cada partido que disputa corresponde a un torneo distinto mientras los popes del balompié se frotan las manos de avaricia. Los de Ancelotti llegaban a Riad aparentemente cansados. Con Tchou, Mendy y Alaba fuera de combate, pero con viejos pretorianos madridistas como Lucas o Nacho llamados a filas. En frente, el Valencia de Genaro Gattuso, otrora fratello de Carletto cuando compartían correrías y Copas de Europa en Milanello, pero hoy distanciado de Ancelotti, después de sustituir a este último en el banco napolitano. Fredo, fredo.

Ancelotti Supercopa Valencia

Un duelo en los banquillos entre discípulo y maestro que bien pudiera recordar a Albus Dumbledore y Lord Voldemort, también llamado Tom Rydle, cuya fonética recuerda vagamente a Rino —entendemos que Rinoceronte— apodo por el que se conocía a Genaro en Lombardía. Con estos antecedentes, todo hincha merengue esperaba esta noche un Valencia intensito. Al menos tanto como su entrenador, del que contó Carletto en su libro Arbore di Natale (Árbol de Navidad) que se comía caracoles vivos para amedrentar compañeros y rivales en San Siro. No fue así, sin embargo.

Gattuso dispuso un Valencia contra natura, casi ofensivo, valiente incluso. Como un belga por soleares, que decía Sabina, un colchonero. Una cosa rara. Como el chorizo en la paella.

En consecuencia, el Madrid se mostró cómodo en Oriente Próximo. Rodrygo malgastó con un control excesivamente largo un buen pase interior de Fede y una frivolité de Karim Ballon d´Or dentro del área —bicicleta y caño sutil incluidos— levantaron al madridismo de sus asientos. Como hizo inmediatamente después otro habitual en el arte este de tocarnos el pito: Hernández al cuadrado.  Vini recibió un empujón cristalino en el centro del campo, pero el canario de pelo zanahorio decidió que la amarilla sería para Camavinga 10 minutillos más tarde. Los pitos de los sauditas al trencilla se escucharon en todo el Golfo Pérsico.

Fíjense si fue claro el penalti sobre Benzema que Hernández Hernández lo pitó a la primera

Mientras tanto, un veterano del Nam como Cavani vino a recordar que lo del Madrid tampoco iba a ser fácil en absoluto. Lo hizo a su manera; con un violento testarazo al que replicó Courtois como suele. A lo Superman. Tamaña es su aureola, que hasta los rivales, como Lato, se desploman fulminados, solitos, cuando recortan en el área al tallo valón. Inspira terror.

Súbitamente este Madrid trantrán de 2023 se veía achuchado. Y súbitamente puso remedio. Militao sacó el periscopio al estilo del almirante Kroos y envió un balón largo a Karim que fue arrollado en el área che por Cömert, que cömerte penalti. Perdón por el chiste.

Fíjense si fue claro que Hernández Hernández lo pitó a la primera. Karim. Gol.

1-0 minuto 39.

Gol Benzema penalti Valencia Supercopa

Nos las prometíamos muy felices.

Fue salir del vestuario y un envío largo cruzado de Lato acabó en la bota de Lino, que se anticipó a Lucas y batía, esta vez sí, a Courtois. 1-1. Empataba el Valencia. Modric había sustituido a Camavinga, con un golpe en la rodilla, pero también con una amarilla impetuosa. No le dio ni tiempo de sentarse en la bancada de Edén.

El sorpresivo gol insufló energías al Valencia ante un Madrid timorato y ramplón, como últimamente donde sólo Karim emitía de tanto en cuanto fogonazos dorados de calité. Los brazucas, poca cosa por el momento.

Al menos los sauditas no soltaban improperio intolerable alguno al bueno de Vini.

El sorpresivo gol del empate insufló energías al Valencia ante un Madrid timorato y ramplón

A pesar del empuje de los de Genaro, sólo Militao, achicando agua y ganando carreras aquí y allá, se bastaba para contener las imprecisas acometidas del Valencia. El Madrid trataba mientras tanto y a duras penas de recuperar un control del partido que había perdido ya desde el primer cuarto de hora de juego. Mediado el segundo tiempo lo que perdía era a Lucas por lesión, después de una muy dolorosa a la vista torsión de su rodilla.

Otro habitual de la enfermería, Dani Carvajal, entraba en su lugar, un instante antes de que a Rodrygo le dieran una patada en la espinilla en el balcón del área con Hernández al cuadrado, al pito, tarareando Habibi. No había acabado de silbar y también caía, aparentemente mareado, Militao en el verde, el mejor futbolista sobre el campo. Nacho se trasladaba al eje de la defensa junto Rüdiger y sus pintorescos andares. Mendy, entre algodones, recuperaba su sitio en el lateral izquierdo.

Último cuarto de hora y los blancos ofreciendo paupérrimas sensaciones. Pero el Madrid es el Madrid, la zona Cesarini es cosa suya y este Valencia de Genaro ha perdido un torrente de puntos ligueros en los últimos minutos. Parecía no obstante bajo la luna de Riad que íbamos enfilados hacía la prórroga

Así fue, sin ocasiones —apenas un testarazo de Karim y alguna aventura loca de Vini— desde que empatara Lino —también lesionado al final— Madrid y Valencia llegaron perezosos a los siete minutos de descuento. Tras un rebote pudo desequilibrar Vini, fallón en esta ocasión, en un mano a mano con Mamardashvili, que el arquero georgiano de grafía imposible desbarató con eficacia y confianza. También lo intentó Valverde en el último minuto con un misil tierra-aíre desde Socuéllamos que también tapó el portero che.

La doble ocasión merengue cuando el partido agonizaba pareció el preludio de los primeros compases de la prórroga. Muy pronto Kroos centró al corazón del área donde se había quedado Rüdiguer en una falta anterior. El fornido germano de ébano bajó el balón con el pecho. Vini controló y disparó con maldad —y con rosca— para nuevo lucimiento de Mamardashvili, definitivamente postulado ya para protagonizar la portada de Superdeporte y desatar algún delirante juego de palabras en el titular de portada para deleite del Portanálisis galernauta.

Kroos Supercopa Valencia

Poquito a poquito parecía recuperar tino el Madrid. Dominaban los de Carletto, los de Gattuso permanecían agazapados esperando una oportunidad a la contra. Alguna tuvieron, pero se nublaron (mucho) dentro del área. Mientras tanto, Asensio se animaba y el equipo lucía colmillo. Al filo del fin de la primera mitad, Kroos, peleón y combativo cada minuto, disparó uno de sus clásicos y letales latigazos al que, una vez más, respondió Mamardashvili con una fenomenal estirada. Segundo tiempo. Penales en el horizonte.

Pudo evitarlo primero el Madrid, pero Hernández al cuadrado aguardaba su momento. El balón salió rebotado de Asensio tras una tarascada y Vini controló con el hombro —aparentemente, tampoco pudimos verlo mucho— para servir a Karim que abatía a un Mamardashvili rendido tras escuchar el silbato del árbitro. “Mano”. Sí, lo de siempre. En todos sus formatos. El enigma. El misterio. La incógnita. La verdadera Mano Negra. Eso sí lo vio. Con el pescozón que minutos después recibiría Kroos, cortesía de Foulquier, no vio nada.

Más allá de los once metros, otro que aguardaba los focos del partido fue Courtois cuando inmediatamente después salvó, también con el hombro, un disparo franco y desde cerca de Fran Pérez. La tuvo el Valencia. Penaltis.

Cavani marcó el primero del Valencia. Respondió Benzema. Falló Cömert. Modric adelantó al Madrid con suspense. Ilaix, el díscolo canterano culé, marcó para los che sin carrerilla. Con calma, Kroos recuperó la ventaja. Guillamón, gol, neutralizado por Asensio. Al borde del abismo, Courtois paró el penal decisivo del capitán Gaya. Mal y al centro.

Courtois Supercopa Valencia

El Madrid espera rival en la final.

Sufriente, sin brillo, grisáceo, pero difícil de matar.

Eso no cambia.

 

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Es pertinente comenzar este texto señalando que el titular del mismo está compuesto por un sustantivo seguido de una preposición y un nombre propio, y no por la primera persona del presente de indicativo del verbo odiar, como uno podría llegar a suponer en una primera y rápida lectura. Y este titular no tiene como razón otra cosa que hacer referencia al sentimiento desarrollado por una gran parte de la afición madridista hacia el ya exjugador galés. Porque a Gareth Bale se le ha odiado y mucho. Y se le ha expuesto ese odio en no pocas ocasiones de maneras ciertamente (y excesivamente) desagradables. Los pitidos son hasta lo de menos, pero los insultos hacia su persona e incluso patadas a su vehículo son circunstancias incomprensibles hacia uno de los jugadores más importantes de la historia reciente de nuestro club.

Se puede llegar a entender la frustración que haya podido generar en la afición su rendimiento en los últimos años. Bale y Neymar han sido, sin ápice de duda, los dos jugadores más cercanos al Olimpo en el que han residido durante década y media Cristiano Ronaldo y Messi y, por diferentes motivos (principalmente físicos), ninguno de ellos ha podido quedarse a vivir en él más que de manera esporádica. Los dos han mostrados numerosos chispazos de su genialidad, así como inmensos picos de rendimiento, pero no han sido capaces de mantener ese nivel superlativo tanto tiempo, de manera casi rutinaria, como sí hicieron argentino y portugués. Sin embargo, no alcanzar el nivel de estos dos elegidos por la historia no me parece motivo suficiente para odiar a ningún jugador.

El primer crimen de Bale fue no ser Cristiano Ronaldo

El primer crimen del galés, por tanto, fue no ser Cristiano Ronaldo. Y venir con la etiqueta de ser su sustituto. Crimen que comparte con Vinicius, que también sufrió inicialmente el mismo bullying de la prensa por este motivo (a los de Ficticius me refiero). Y al igual que al brasileño le achacan hoy su pasión por el baile, al galés en su día le hicieron lo propio con el golf. El Real Madrid debe ser el único club del mundo en el que se pone la lupa a jugadores que tienen afición por alguna otra actividad diferente del fútbol. Es una verdadera pena que no les hubieran llamado la atención a ambos actividades más sanas y de menor riesgo como pudieran ser el balconing de Hummels o el rafting (sin casco) de Piqué, para que así al menos hubieran evitado el acoso mediático que no han sufrido estos últimos.

Bale Vinícius

A Gareth Bale también se le ha achacado en numerosas ocasiones el crimen de la desidia e incluso la pereza, crimen que yo en particular no alcanzo a recordarle jamás al galés. Es un jugador que, pese a venir con rol de súper estrella atacante, nunca tuvo reparos en ser el jugador de la BBC que bajaba a defender y formar la segunda línea de cuatro en el medio campo. De hecho, ni siquiera en su última y menos destacada etapa madridista le recuerdo haber perdonado una carrera hacia atrás. Entiendo, por tanto, que por la desidia se refieren a su aportación ofensiva, que sí que ha podido ser y ha sido más decepcionante en los últimos años, pero lo que la afición blanca entendía por desidia yo lo fundamento en pérdida de confianza. Pura y dura. Porque Bale, desde 2017 fue perdiendo tanto la titularidad como peso en el vestuario. Y aunque desde el sofá uno pueda pensar que al fútbol se juega sólo con los pies, la cabeza y lo que hay dentro de ella acaban siendo un factor fundamental y diferencial cuando se compite en un deporte a nivel élite. No tienen siquiera que salir del vestuario blanco y preguntárselo a Eden para cerciorarse de la veracidad de esto mismo.

Es una pena que en lugar del golf a Bale no le hubieran llamado la atención actividades más sanas y de menor riesgo como el balconing de Hummels o el rafting (sin casco) de Piqué, así hubiera evitado el acoso mediático que no han sufrido estos últimos

Otro de los motivos por los que el jugador natural de Cardiff ha estado en el punto de mira de la afición blanca ha sido por su falta de liderazgo. Para este caso, tengo que acudir, con no poco pesar, a buscar entre mis recuerdos un caso específico: un partido en Córdoba el 24 de enero de 2015. En aquel partido, como muchos recordarán, Cristiano Ronaldo fue expulsado en el minuto 82 con 1-1 en el marcador. Desde ese momento, el equipo se dedicó a mandarle balones a Gareth Bale, y que este se la jugara en cada acción. Al final, él mismo provocó una falta que el propio galés tiró y supuso el penalti que posteriormente transformó en el 1-2 definitivo. Me sirvo de este ejemplo para ilustrar como en la época que comprende desde la llegada de Bale en 2013 hasta aproximadamente mediados de 2017, club, míster y vestuario tenían cristalino que Gareth Bale era la segunda espada de este equipo y que, en ausencia de Cristiano, al que había que buscar y dotar de responsabilidades era al futbolista británico.

Bale y Cristiano Córdoba 2015

Sin embargo, sus continuos problemas físicos sumados al rendimiento de otros compañeros y al buen funcionamiento del equipo sin él en el once inicial, ganando dos Champions seguidas con el galés empezando en el banquillo, hicieron que se llegara a la temporada 2018-19 con un jugador que, pese a ser el héroe de la última final de Copa de Europa marcando el mejor gol jamás visto en una de estas, era un jugador con peso residual en el vestuario y al que ya nadie veía como el líder del proyecto tras la salida del jugador al que supuestamente vino para sustituir. Se fue Cristiano y Bale, aún teniendo un mayor estatus de estrella que sus compañeros, veía como ninguno de ellos (todos ellos ya sabiéndose leyendas de este deporte como Ramos, Marcelo o Kroos) le miraba desde abajo y su rol dentro de la plantilla siguió igual de reducido que como venía siendo en la temporada anterior. A pesar de ser seguramente el mejor dotado para ello, no tiraba faltas ni penaltis, indicativo del papel secundario que tenía el galés ya en ese momento.

El que quiera odiar a Gareth Bale encontrará en su memoria motivos para hacerlo, por supuesto que sí. Pero yo, honestamente, encuentro mucho más fácil amarle

A esta situación pudo contribuir otro de los delitos que cometió Gareth Bale en el vestuario blanco: su supuestamente escasa integración en el mismo. En este aspecto, no se sabe realmente hasta qué punto puede uno hablar con propiedad sobre el tema, ya que las informaciones trascendidas a veces resultan contradictorias. Se sabe que el jugador sí habla español, quizá no excesivamente fluido, pero lo habla. Se sabe que su relación con sus compañeros siempre ha sido cordial sin ir más allá, salvo en casos como el de Modric, al que ya conocía de su etapa en el Tottenham. Ha sido un jugador discreto y profesional que limitaba su trabajo a lo que sucedía en el césped. ¿Podría haber hecho más por formar parte del grupo en el vestuario y de la cultura del club y la afición? Seguramente sí, pero Gareth Bale es el que es y como tal lo fichó el Real Madrid. No creo que tuviera mala relación con nadie en el vestuario, pero probablemente su personalidad introvertida impidió que tuviera un mayor peso en el mismo a lo largo de los años y que sus compañeros le tuvieran una mayor consideración dentro del grupo. Es complejo determinar hasta qué punto se puede culpar, no digo ya odiar, a una persona de las consecuencias de su introversión. No en vano, esto le ha valido ser un blanco mayor incluso para la prensa de este país y, por momentos, un simple tuit o comunicado le habrían evitado problemas o malentendidos. Pero Gareth Bale es Gareth Bale y el silencio, equivocado o no, fue casi siempre su elección.

Bale Champions

A pesar de todos sus errores, malas decisiones o polémicas, es innegable que Gareth Bale ha sido un jugador espectacular que ha formado parte de la época más brillante y bonita que hemos tenido la fortuna de vivir, siendo protagonista de momentos que permanecerán en nuestra retina de manera indefinida. Decía Dom Cobb, el protagonista de Inception interpretado por Leonardo Dicaprio, que en el interior de la mente humana las emociones positivas vencen continuamente a las negativas y que el ser humano tiende a buscar por inercia la catarsis. No sé si es un dato verídico o una licencia que se permitió Nolan en favor del guión, pero si sé que cuando me hablan de Bale, en mi mente no hay más espacio que para los grandes momentos que nos regaló el galés, que casi no hace falta ni mencionar pues ya nos los sabemos todos de memoria. Recuerdo perfectamente como viví su portentosa carrera ante Bartra en Mestalla, su gol en la final de Lisboa que certificaba la victoria sobre el eterno rival o su chilena en Kiev en la que fue la primera final de Champions que viví junto a la que ahora es mi esposa. Tendrá razón Nolan, al fin y al cabo, porque no recuerdo en cambio dónde estaba cuando sucedió el episodio de la dichosa pancarta o cuando se fue del Bernabéu en váyase usted a saber qué minuto. El que quiera odiar a Gareth Bale encontrará en su memoria motivos para hacerlo, por supuesto que sí. Pero yo, honestamente, encuentro mucho más fácil amarle.

 

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