Buenos días, amigos. Estamos hartos de la actitud habitual del Madrid contra el Barça en los últimos tiempos. Estamos superhartos —colocamos aquí el mismo prefijo que lleva el trofeo recién perdido— de que cada dos por tres cualquier Barça, por menor que sea, nos pinte la cara en Barcelona, en Madrid o en Arabia. Estamos hastiados de que el Barça sí sea capaz de llegar con hambre a estos partidos y el Madrid los afronte con la misma ilusión que quien hace cola en la mercería para comprar hilo para tejer bodoques.
Siempre se escucha que el Madrid tiene una programación de la temporada que le hace sacrificar la obtención de piezas puntuales apetitosas en aras de conseguir logros mayores —Liga y Champions—, que en este periodo de la temporada se encuentra en una zona baja de la preparación física que le permite llegar fuerte cuando se deciden los títulos importantes. Pero los aficionados nos merecemos que alguna vez el Madrid se salte esta dieta de esfuerzos y nos dé una alegría mayúscula contra el Barça.
Esta cuesta de enero física no solo tiene como causa esta supuesta preparación, sino otras más como el mundial, la saturación de competiciones, viajes y partidos, etc., que por otro lado son comunes a otros equipos que parecen sufrirla menos. Sin embargo, el Madrid disputó ayer al final del partido sus minutos menos dantescos, y contra el Valencia también mejoró al final. Parece contradictorio.
Lo que no admite discusión es que el Barcelona salió con más ganas, más concentrado y se tomó más en serio el partido. Basta con observar cómo regresaban al terreno de juego los jugadores de ambos equipos en el segundo tiempo. El Madrid aparecía por la boca de vestuarios apático, como quien va a tomar café al club de macramé de la suegra. El Barça, por el contrario, salía a tope, como Mitch Buchannon en pos de salvar a una niña que no ha respetado las dos horas de digestión.
También estamos superhartos —de ahí que hayamos elegido este título para el Portanálisis que quien más y quien menos leerá con acento de Tamara Falcó— de que los diarios abusen del prefijo súper para sus titulares post-Supercopa.
“Supermeneo”, titula Marca. Destaca que es el primer título de Xavi como entrenador —quién lo diría, da la sensación de que atesorara varias Champions— y el primero de la era post-Messi. Dice que le dio un repaso a Ancelotti y a un Madrid indolente. Nos duele, pero es cierto.
Sport opta por un “Super campeones”, así, separado, ignorando las normas para escribir prefijos, aunque ahora mismo a los madridistas es lo que menos nos importa.
Hay cosas que no cambian, y la necesidad de construir un relato falso para que cale en la sociedad y adoctrine a quien aún no es acólito de la religión culé es una de ellas: «Un SuperBarça inicia la triunfal “era Xavi”». ¿Cómo se puede calificar como triunfal una era que en la misma frase se indica que inicia en ese momento? Es lo mismo, van a comprar el mensaje de igual manera.
As titula: “El Superbarça de Supergavi” y lo ilustra con una fotografía de felicidad plena blaugrana. Tanto súper y tanto halago al Barça por ganar un trofeo como este después de dos años sin tocar pelo provoca urticaria en el madridista y vergüenza ajena en cualquier lector crítico, pero una de las mejores maneras de no ver estas portadas es, por ejemplo, que el Madrid afrontara los partidos contra el Barça con otra actitud más acorde a lo que corresponde.
También en As, Ancelotti declara que “hablar de humillación es una falta de respeto. Volveremos”. No tenemos ninguna duda, Carlo, sabemos que volveréis, el problema es cuándo, porque a veces cuando uno regresa demasiado tarde se encuentra con que le han cambiado la cerradura.
Es lo que corresponde el enfado mayúsculo que tenemos los madridistas por la derrota, por cómo se ha producido la derrota (podéis leer aquí las notas de los nuestros y la crónica de Ramón Álvarez de Mon), por la alarmante baja forma de muchos jugadores, por los errores grotescos, por las discrepancias con la confección de la plantilla, por la actitud, pero si el Madrid se caracteriza por algo, además de esta máxima exigencia necesaria, es por no dejarse llevar por el catastrofismo, el derrotismo y seguir creyendo hasta el final, ejemplos no nos faltan.
Pasad un buen día, a pesar del Blue Monday.
Courtois: 7. El mejor. Evitó una humillación peor.
Carvajal: 3. Lento, impreciso. Perdiendo muchos duelos. No supo atar a Gavi.
Militão: 6. El único acertado en la línea defensiva.
Rüdiger: 2. El peor partido de su vida. Una colección de errores muy costosos.
Mendy: 4. Sufrió con Dembélé.
Camavinga: 5. El más presente del primer tiempo del Madrid sin estar especialmente bien.
Kroos: 4. El Madrid no logró tener el balón y tiene su parte de responsabilidad.
Modric: 3. Inexistente. Extenuado desde el inicio.
Valverde: 4. Aún no ha vuelto del Mundial.
Vinicius: 5. Lo intentó, pero muy solo.
Benzema: 5. Marcó un gol, pero muy desasistido.
Nacho: sin tiempo relevante.
Asensio: sin tiempo relevante.
Rodrygo: 5. Salió con rebeldía.
Ceballos: 4. Error tremendo en el tercer gol.
Ancelotti: 3. Su equipo no estuvo en el césped.
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Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea, del comité vasco. En el VAR estuvo González González.
Un partido sencillo en el que el vasco dejó detalles de lo mal colegiado que es. La primera muestra fue en el minuto 1, con una entrada fortísima de Araújo a Vinicius que se quedó sin amarilla. Bastó con un "tranquilo" del trencilla al uruguayo.
La primera tarjeta fue, como es norma, para el Madrid. El destinatario: Mendy. El lateral sujetó levemente a Dembelé. Además, erró en la señalización de dos córneres.
En el segundo tiempo, lo único reseñable fue el resto de tarjetas. En el 48', Christensen agarró a Rodrygo; en el 67', Araújo empujó a Vinicius; y en el 82', Valverde llegó tarde ante De Jong.
De Burgos, REGULAR.
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La paliza del Barça sobre el Madrid no sólo supone la pérdida de un título menor, sino la evidencia de que el Madrid está pasando por un momento muy complicado.
Parece claro que el Madrid no pasa por su mejor momento físico. Lógico en enero. Quizás por eso Ancelotti optó por reforzar el centro del campo con Camavinga, Modric y Kroos más Valverde haciendo las veces de cuarto centrocampista. Rodrygo sería la mejor alternativa desde el banquillo.
La primera ocasión fue para Lewandowski en un remate de cabeza complicado, aunque parece que estaba en fuero de juego. La siguiente fue más clara: el polaco hizo un remate impresionante y duro desde la frontal y Courtois metió una mano milagrosa para despejarla al palo. El rechace no lo pudo aprovechar Balde.
En el 18' llegó la respuesta del Madrid. Un gran centro de Mendy encontró la cabeza de Benzema, cuyo remate se marchó fuera por muy poco.
Al Madrid le estaba costando mucho aguantar el balón. Estaba en bloque bastante bajo, pero cuando recuperaba el balón apenas lo retenía.
En el 33' un error incomprensible de Rüdiger permitió al Barça robar cerca del área y que Lewandowski asistiese a Gavi para adelantar al Barça. El Madrid no estaba en el partido. Jugando con Kroos y Modric debería ser capaz de poder prolongar la posesión.
En el 44' llegó el segundo del Barça, de nuevo tras un error en la salida del balón. Gavi le pudo poner el balón a placer a Lewandowski, que no perdonó. Así llegó el descanso.
Salió Rodrygo por Camavinga, pero las sensaciones seguían siendo malas. Dembélé estuvo a punto de hacer el tercero en un mano a mano con Courtois. El equipo carecía de movilidad. El poseedor del balón no tenía alternativas, ya que la mayoría estaban parados. Las ocasiones se sucedían para el Barcelona. Courtois de nuevo paró ante Lewandowski, tras una pérdida de Rodrygo.
Rüdiger tuvo la oportunidad para resarcirse algo de su pésimo partido, pero no pudo precisar un remate de cabeza tras sacar una falta Kroos.
En el 64' entró Ceballos por Modric, que estaba agotado desde el inicio. En el 68', el enésimo error en la salida del balón dejó el gol de Pedri con asistencia de Gavi.
Entraron Asensio y Nacho por Kroos y Carvajal, pero ya había poco que hacer más que tratar de reducir la sangría.
Rodrygo estuvo a punto de maquillar el resultado tras una gran jugada, pero Ter Stegen hizo una gran parada. En el último minuto llegó el gol de Benzema, que sirvió para poco, la verdad.
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Hay primos muy famosos. Tenemos al primo de Zumosol, la prima de Monchi y el primo no reconocido de Jesús Bengoechea. También tenemos a la prima de riesgo, las primas a terceros y los primos que creen que las designaciones arbitrales no son malintencionadas.
El Barça necesita un título como el comer. Xavi Hernández necesita refrendar con un título la apuesta que el club de las palancas hizo por él hace más de un año. Y el partido de esta noche tendrá como árbitro de campo al colegiado vasco Ricardo de Burgos Bengoetxea, secundado en el VAR por José Luis González González.
Los precedentes con ambos trencillas no son nada favorables, si bien aprecio una cierta mejoría de comportamiento del colegiado vasco en las últimas dos temporadas. Algo parecido a lo que me sucede con otro colegiado de dobles iniciales: Alejandro Hernández Hernández, HH. Siempre sospecharé de ambos, pero debo reconocer que, quizás propiciado por el descaro con el que se comportaron en el pasado, no recuerdo decisiones recientes tan polémicas como aquellas con las que nos obsequiaron en tiempos no tan lejanos.
De Burgos Bengoetxea es el colegiado que arbitró otra final de la Supercopa entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona, cuando se jugaba con el formato de doble partido y con los estadios repletos de aficionados de ambos equipos. Nada que ver con la ignominiosa elección de Arabia Saudí para estos partidos tan atractivos para los aficionados. En aquel partido del Camp Nou señaló como penalti un piscinazo infame de Luis Suárez ante Keylor Navas y expulsó a Cristiano Ronaldo por doble amarilla, al entender que había fingido penalti en una acción con Umtiti.
Pero lo peor no fue solo la roja, sino que Ronaldo trató de protestar su decisión y este lo reflejó en el acta como “Cristiano Ronaldo, una vez mostrada la tarjeta roja, me empujó levemente en señal de disconformidad”. Aquello le costó al portugués cinco partidos, pues al de la expulsión se sumaron cuatro más.
Sorprende la doble vara de medir si comparamos con las protestas del tipo más sucio, marrullero y faltón que vieron nuestros ojos.
Fue junto con HH, como decía, uno de los árbitros favoritos del Tinglao. La Liga que ganó el Real Madrid en la última jornada de la temporada 2016-17 fue arbitrada “casualmente” por HH en el Camp Nou (el día del famoso “penalba”) y por BB en Málaga. Por fortuna, no hubo decisiones controvertidas, ni jugadas dudosas que requirieran su intervención. Por eso no debió extrañar a nadie cuando se eligió a los mismos colegiados para el Clásico aplazado del Camp Nou en la 2019-20. HH en el campo no vio, o no quiso señalar los dos claros penaltis sufridos por Varane tras el agarrón de Rakitic y el plantillazo de Lenglet. Pero con todo, con el mogollón de jugadores en el área, puedo hasta entender que no lo viera. Lo que no resulta admisible es que el VAR (que analizó las jugadas, como demostró Richard Dees en El Radio con audios) no señalara nada. Y quien estaba en el VAR era de Burgos Bengoetxea. En la segunda parte anularon un gol de Bale por un fuera de juego del que no se vio nunca una toma buena. Otra de esas imágenes robadas que se perderán en el tiempo.
Los criterios de BB desde la sala VOR resultan curiosos. Fue él quien avisó al colegiado del pisotón de Luka Modric a Denis Suárez en Balaídos que costó la expulsión al croata.
Fue una de esas normas que se aplicaron una sola vez, como la mano de Asensio tras rebote o la de Alaba como apoyo en el césped. Criterios tan cambiantes y abstrusos como los de las manos.
La primera y la última. Posteriormente, en la conclusión post-pandemia de la Liga 2019-20, no fue capaz de ver nada durante el minuto largo que desde la sala VOR analizó cómo Diego López se llevaba por delante a Karim Benzema antes de trabarlo con ambas piernas. Recuerdo ver las imágenes en televisión y a Mateu Lahoz escuchando por el pinganillo cómo le decían que ahí, en uno de los penaltis más claros de la temporada, se le decía “sigan, sigan”.
Los designios de BB, como los de HH, como los de GG, son inescrutables. Quizás no fuera falta para de Burgos Bengoetxea porque ese es su criterio habitual. Jamás olvidaré que para este árbitro, el plantillazo más rodillazo de Luis Suárez al Pichu Cuéllar no fue nada.
Como dijo el portero de manera atinada...
No sé si en ambas decisiones tendría que ver el marcador: el Madrid empataba a cero en Cornellá y el Barça marchaba empatado en el último minuto de su partido frente al Leganés. Pero eso sería decir que manipulan intencionadamente la competición y aquí no osaríamos afirmar nada así. ¿O sí?
La designación de González González como árbitro de VAR en varios de los partidos clave de la temporada 2020-21 fue sintomática. Y como siempre con criterios opacos, nada transparentes. Sobre aquella Liga escribí dos artículos en su momento porque fue un despropósito desde la primera a la última jornada. Lo definí como una serie de ocho capítulos con un guion definido desde la primera jornada y una conclusión al gusto de los guionistas.
González González fue el árbitro de VAR en el Real Madrid-Alavés que se saldó con derrota de los nuestros y al menos tres decisiones polémicas: el penalti por mano de Nacho, el tirón de pelo a Marcelo y la zancadilla a Hazard. Hat-trick de errores.
Su criterio con las manos fue siempre bastante particular. Él fue quien avisó desde la sala VOR de la mano de Militão en el partido contra el Sevilla, pero no avisó de la mano de Jordán minutos antes, o de la de Miranda en el partido frente al Betis que concluyó con empate a cero. Todas ellas, decisiones que costaron puntos en el campeonato.
Y para una vez que GG sí acertó al avisar al colegiado en la mano clarísima e indiscutible de Felipe en el derbi Atleti-Real Madrid del Metropolitano, el árbitro de campo, tras revisar el monitor, decidió no pitarla. Claro que era HH.
Existe un precedente reciente de la intervención de González González desde el VAR en un Real Madrid-Barça, también de Supercopa. Era él quien estaba tras los monitores y no apreció agresiones de Dani Alves y Sergio Busquets a Vinícius Jr.
Claro que sabemos que agredir a Vinícius está admitido en el reglamento, o al menos en el que maneja González González. Él era el árbitro de VAR también en Vallecas cuando Balliu atizó con ambas manos al brasileño en la Liga 2021-22. Jugada que se ha repetido este año, por cierto.
Dicen en Barcelona que los madridistas estamos “mosca” con la designación de de Burgos Bengoetxea.
No, hombre, no. No olviden a González González. Aunque lo nuestro es ir a por el partido como siempre, a pelearlo, lucharlo y no tener mala suerte con las decisiones arbitrales. Porque todo es mala suerte, azar, fruto de la casualidad. Como las designaciones arbitrales.
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Buenos días, amigos.
Vuelve a ser hoy el día más importante en la historia del Real Madrid. Puede parecer exagerada esta afirmación, y sabemos que lo es si la miramos en perspectiva, con tanta historia ya recorrida y forjada, escrita en letras de oro. Ocurre que, si hacemos el tal vez difícil ejercicio de obviar lo hecho hasta aquí y somos capaces de instalarnos en el mero presente, la historia está siempre por escribirse para ser leída mañana. Puede que la grandeza del Real Madrid haya alcanzado la leyenda precisamente a fuerza de tener menos en cuenta el crédito obtenido en el pasado que el que aún (siempre) queda por regalar como futuro. Estas cosas raras tiene el tiempo si le damos la vuelta y hoy ya no es solo hoy -en Arabia, contra el Barcelona y por la Supercopa-, sino sobre todo mañana, gracias a que ayer supimos darle la vuelta a todo y a todos tantas veces.

La prensa deportiva madrileña opta por enfrentar cara a cara a los protagonistas del duelo en sus portadas, con un aire un tanto bélico, destacando el alcance mundial del evento, tanto en su difusión televisiva global como en la relevancia de los protagonistas en juego, estrellas de sobra contrastadas en muchos casos, aunque también se cuele Pedri frente a Modric, en lo que, como poco, se nos antoja un exceso interpretativo por parte del diario As, que barre para casa; o mejor dicho, que barre para la casa culé, en el enésimo ejercicio de cental-lecherismo de la prensa mesetaria. Y tal.
Claro que lo que hemos llamado exceso interpretativo podría ser simple y llanamente una vergüenza o hasta un insulto o puede que una broma, y todo ello es lo que ha hecho As oponiendo en su portada a ambos jugadores: el uno, campeón de todo lo campeonable sobre la Tierra; el otro, aspirante a alcanzar una décima parte de las virtudes que se le han otorgado por decreto nada más salir del cascarón.
También posan Ancelotti y Xavi, esta vez en la portada de Mundo Deportivo, y aquí no podemos atribuir a dicho medio broma alguna, pues no es la foto fruto de un montaje. Posan todos los títulos titulables sobre la Tierra y la xavineta, aspirante hoy a su primer título. Posa aquel al que se le escamotean los elogios porque la ceja, los chicles, pasaba por aquí y la abuela fuma junto con aquel que, en la senda de la verdad, traza un camino de excelencia, toque, posesión y demás virtudes teologales bendecidas por la parroquia mediática camino de Damasco.
Pero, si tenemos que elegir, la portada que más nos gusta esta mañana es la de Sport. No por su imagen, que no es muy creativa que digamos, y tampoco porque en su bajos veamos a un Guardiola doliente al que ayer remontó el United en apenas cinco minutos para celebración de Casemiro y, por él, también nuestra.
La portada nos gusta por su titular, refrendado más arriba por uno de los artículos de opinión que incluye la edición de hoy. "Necesitamos esta Supercopa", reza Sport. "Una Supercopa que necesita todo el barcelonismo", reza Mascaró. Ya decían los clásicos -especialmente los estoicos, pero no solo- que reconocerse como un ser necesitante era la mayor causa de infelicidad que podíamos practicar. Un ser que necesita es un ser insatisfecho, que no logra asiento, ni templanza, ni mesura. Necesitar, en suma, implica no estar bien, sino en estado de anhelo e inquietud, y así lo reconoce implícitamente Sport en su portada, incluso en contra de los no pocos voceros que cantan las alabanzas culés por la mañana, por la tarde y por la noche siete días a la semana, Sport incluido.
Nosotros, en cambio, no necesitamos la Supercopa. Incluso podríamos llegar a decir que, como título, es uno menor, de una enjundia inferior a aquellos que nos han convertido en lo que somos. Y es por eso, porque no lo necesitamos, por lo que cabe ir a por él con la ligereza del bailarín, con la confianza del campeón, con la certeza de que hoy empieza todo lo que lleva empezando más de un siglo de fiesta en fiesta. Así que sírvanse una copa y brindemos por el glorioso pasado que puede venir mañana.
Feliz domingo.
La final, el partido único, el culmen de los partidos, donde se juegan los garbanzos de verdad, el todo o la nada, la gloria o el abismo, la puerta grande o la enfermería, eso es una final. Y en las finales, ahí está el Real Madrid, equipo que en los últimos años “vive” en estas grandes citas. Es el protagonista habitual de ellas, ya sean de Copa de Europa, Supercopa de Europa o Supercopa de España. Ahí está el equipo de la bandera limpia y blanca que no empaña, de la elástica de blanco nuclear que nos enamora a los madridistas. Y cuando hablamos de finales, no nos importa el 4-3-3, el 4-4-2, el bloque alto o bajo, la presión o el achique…. No, nos importa ganar, porque, como dijo el clásico, “las finales no se juegan, se ganan”. Y en esas estamos, queridos lectores, en otra final, contra el Barcelona, que parece que se juega la temporada en Arabia (quién lo iba a decir) y que va “con todo” para alzar el título pero, ahí enfrente, justo en el otro lado del campo, justo en el lado bueno de la historia, está el Real Madrid, dispuesto a hacer su trabajo, que es, nada más y nada menos, ganar. Ahora, como siempre, unos datos del partido y… ¡hala Madrid!
Y lo es porque Real Madrid y Barcelona han jugado 15 partidos de Supercopa de España, con un balance de 9 victorias, 2 empates y 4 derrotas, con 33 goles a favor y 20 en contra. Además, de las 8 ediciones en las que se han enfrentado, El Real Madrid ha ganado 7 y el Barcelona 1.
Ya que el Real Madrid ha disputado 17 ediciones de la Supercopa de España y, aunque perdió 6 de ellas, ostenta 12 títulos, puesto que la edición de 1989, al ser el Real Madrid el campeón de Liga y Copa, se le adjudicó el título automáticamente sin jugar el torneo. Por contra, el Barcelona tiene 13 títulos de Supercopa de España.
La final de la Supercopa de España es el partido oficial nº 250 entre ambos conjuntos. Los anteriores 249 han tenido el siguiente balance: 101 partidos ganados, 52 empatados y 96 perdidos, con 417 goles a favor y 406 en contra. No obstante, puede que no se recoja este dato por ciertos medios porque algunas informaciones dan como el primer partido oficial entre Real Madrid y Barcelona el jugado el 13 de mayo de 1902 en el Concurso de foot-ball disputado como parte del programa de las fiestas de San Isidro y organizado por el Ayuntamiento de Madrid. Esas fuentes contemplan dicho partido como de semifinal de la Copa de España. Pues bien, ese torneo no es considerado oficial, por lo que no es la primera Copa de España ni el trofeo lo donó el rey Alfondo XIII, como dicen tales fuentes; lo donó el Ayuntamiento de Madrid.
Y eso es así porque el Real Madrid ha ganado 5 de los últimos 6 partidos oficiales jugados contra el Barcelona.
La fijación que tienen los estamentos deportivos por blanquear la temporada del Barcelona llega al punto de haber designado al ínclito Hernández Hernández en la semifinal, permitiendo que los jugadores del Valencia molieran a palos a los del Real Madrid, quedando para la final el no menos ínclito de Burgos Bengoetxea (primo de nuestro… perdón, que me lío), quien ya protagonizó un lamentable incidente en una final de Supercopa de España contra el Barcelona cuando expulsó a Cristiano Ronaldo por “simular” un penalti que verdaderamente le habían hecho. Que Dios nos coja confesados.
No, no hablo de la famosa película. Digo que nuestro guardameta titular puede cumplir 200 partidos oficiales con la camiseta del Real Madrid si, como es de esperar, juegue la final de mañana.
6 victorias, 1 empate, 3 derrotas, 15 goles a favor (1,5 por partido) y 14 en contra.
Goleadores: Benzema, Fede Valverde (3), Vinicius (2), Mariano, Sergio Ramos, Modric, Kroos, Alaba, Lucas Vázquez y Rodrygo (1).
Asistentes: Rodrygo (3), Benzema (2), Kroos, Carvajal, Lucas Vázquez y Mendy (1).
Tarjetas: Casemiro (6), Carvajal (3), Lucas Vázquez, Sergio Ramos, Vinicius, Nacho, Modric (2), Marco Asensio, Bale, Isco, Mendy, Fede Valverde, Camavinga y Kroos (1).
Expulsados: Casemiro.
Primer tiempo, 7 goles; segundo tiempo: 7 goles; prórroga: 1 gol.
Gol tempranero: Fede Valverde (minuto 5)
Gol postrero: Fede Valverde (minuto 98).
El Real Madrid no ha remontado para ganar el partido y no le han remontado.
Mayores goleadas: a) 1 de marzo de 2020, Liga, R. Madrid-Barcelona, 2-0, goles de Vinicius y Mariano; b) 24 de octubre de 2020, Liga, Barcelona-R. Madrid, 1-3, goles de Fede Valverde, Sergio Ramos y Modric; c) 16 de octubre de 2022, Liga, R. Madrid-Barcelona, 3-1, goles de Benzema, Fede Valverde y Rodrygo.
1 gol de penalti marcado, 1 recibido.
Ningún doblete o más.
Partido con más goles (5): 12 de enero de 2022, R. Madrid-Barcelona, 3-2, goles de Vinicius, Benzema y Fede Valverde.
El Real Madrid ha marcado gol en 6 de los últimos 10 partidos oficiales jugados contra el Barcelona.
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Vicente Boluda presidió brevemente el Real Madrid. Nadie se acuerda de nada de lo que hizo, pero todo el mundo se acuerda de una cosa que dijo. En vísperas de un partido de Champions contra el Liverpool, vaticinó un “chorreo” del Madrid en Anfield. El chorreo se produjo, pero en sentido contrario. Gerrard, Torres y compañía vapulearon al Madrid y ganaron 4-0, en una de las peores humillaciones europeas de los blancos en toda su historia. Entre las afrentas que superan aquel 4-0 solo se me ocurre el vejatorio 5-0 en San Siro, con Gullit, Van Basten y hasta (oh) Ancelotti perforando una y otra vez la meta de Buyo.
Según cuentan los periodistas apostados en Riad a cuenta de la vuelta de la Supercopa, Laporta ya tiene su chorreo. Llegó ayer al hotel embriagado (es un decir, o no) de euforia anticipada y vaticinó a quien quisiera oírle que el Barça iba “a arrasar”. Que iba a arrasar al Real Madrid, se entiende.
Hay que reconocerle la audacia. Aseverar que vas a arrasar al campeón de Liga y de Europa cuando tú no eres más que un invitado por cortesía al torneo (de eso nadie habla en esta edición, como se hablaba cuando el invitado era el Madrid) apareja buenas dosis de coraje. Lástima que ni la audacia ni el coraje sean valores absolutos, y que en algunas de sus versiones frisen con el bocacismo, el bocachanclismo y el desboque más hortera. La clase se tiene o no se tiene, es bien sabido. Boluda demostró no tenerla en aquella declaración memorable, y Laporta no ha demostrado tenerla nunca. Que no pasa nada, eh. Hay cosas más importantes que tener clase. Por ejemplo, ser un buen administrador de la sociedad que te toca gestionar, no gastando más de lo que tienes en la búsqueda de una conversión inevitable en sociedad anónima que te arregle el futuro como presidente a los pechos de alguna fortuna del Golfo y/o de Goldman Sachs. En ese sentido, Laporta en cambio… Oh, wait.
“Arrasar” el Madrid. Bueno, totalmente descartable no es. Hace apenas meses, los azulgrana ganaron 0-4 al Madrid en la que terminaría siendo la mejor temporada de la historia… del propio Madrid. Hace tiempo que el Barça parece haberse deslizado a lo largo de la costa mediterránea hasta mimetizarse con el Valencia, equipo que cifra el éxito de todas y cada una de sus campañas en ganar al Madrid en los duelos individuales. La Copa del 0-4 fue el único título cosechado por las huestes xavistas el año pasado. No es un título oficial ni falta que le hace cuando vives instalado en el terreno de la posverdad, es decir, aquel en el cual lo objetivo es lo que objetivamente se te pone a ti en los cojones, por ejemplo que el Bayern te gane 7-0 en el global pero tú has tenido el balón y por tanto en el fondo has salido victorioso, o cuando el fichaje frustrado de Mbappé por el eterno rival o la copa del mundo lograda por un exjugador se convierten en un éxito propio por arte de magia.
En ese contexto, es relativamente sencillo arrasar al Madrid, en tanto en cuanto el concepto de arrasar va a ser redefinido por Laporta y/o Xavi a conveniencia, es decir, arrasar al Madrid será en el relato culé lo que Dios quiera que acontezca en la Final de mañana. El marcador final será o no un impostor, según cuadre o no cuadre con el relato que lo sea.
La Copa del 0-4 fue el único título cosechado por las huestes xavistas el año pasado. No es un título oficial ni falta que le hace cuando vives instalado en el terreno de la posverdad
La del marketing y la propaganda es una apuesta ganadora en tanto en cuanto el entorno no te discuta tus argumentos, y nadie discute a Xavi, nadie discute a Laporta. Interesa que no sean discutidos para mantenerlos artificialmente ahí arriba, y por eso Gavi y Pedri son Xavi e Iniesta redivivos por obra y arte del dogma nacido en el independentismo pero refrendado por el nacionalismo español más carpetovetónico (paradoja brutal), y por eso el primero de esos dos estimables jóvenes jugadores tiene carta blanca para emplearse con toda la dureza histérica que estime oportuna una y otra vez sin ver tarjetas, y por eso todo el mundo hace como si un equipo de Europa League (dos años ya) pudiera realmente ser grande: porque al sistema le interesa que lo sea. Chorreo y chorra han de ser palabras de la misma familia semántica, y chorra es palabra que en algún argot es equiparable a suerte. Laporta tiene la inmensa suerte de todo lo mencionado, la inmensa potra de ser sostenido de manera no natural por el sistema, la chorra desmesurada de alguien cuyo socio y avalista es además el creador del relato futbolístico de este bendito país.
es relativamente sencillo arrasar al Madrid, en tanto en cuanto el concepto de arrasar va a ser redefinido por Laporta y/o Xavi a conveniencia, es decir, arrasar al Madrid será en el relato culé lo que Dios quiera que acontezca en la Final de mañana. El marcador final será o no un impostor, según cuadre o no cuadre con el relato que lo sea
El Barça arrasará, pues, al Madrid porque arrasar será en todo caso lo que Xavi, Laporta y Roures, con la ayuda de Tebas, manden que es. Desde la óptica impostora (o no) del marcador, sin embargo, nadie puede descartar que el karma boludista le caiga encima al bueno de Jan con el peso brutal de la realidad, esa cosa centralista y pasada de moda.
Buenos días, queridos amigos.
No sabemos ustedes, pero nosotros nos sentimos algo fríos, como esta mañana de invierno. Como Ancelotti embutido en una sudadera en las noches saudíes, o como los nuestros durante la mayor parte del partido frente al Valencia. Mañana tenemos un nuevo Real Madrid-Barça, la posibilidad de ganar un nuevo título y seguimos como anestesiados, ateridos, congelados. No vamos a hacer como Shakira y Piqué en su Twingo y ponernos el temazo de Barto a Messi como en la genialidad de Mr. Paquito porque debemos centrarnos en lo importante, que es el partido de mañana. Así que mejor entramos en calor dando una vuelta a las portadas del día.
Reconózcanlo. Si alguien les hubiera dicho que un Madrid-Barça sería “cosa de cuatro”, pensarían que el titular, lo noticiable, se referiría al trío arbitral más el secuaz del VAR, máxime si los “cuatro” de mañana son el primo de Jesús Bengoechea, sus asistentes y el jubileta González González en el VAR. Pero no, el diario As limita el resultado de la final a los dos porteros (Courtois y Ter Stegen) y los delanteros centro (Benzema y Lewy).
“Madrid y Barça han llegado aquí por Courtois y Ter Stegen”, añade la portada. Parece injusto olvidar a los porteros de los rivales de ambos finalistas: el portero valencianista de nombre impronunciable, Mamadaswilly o algo así, jugó un partidazo enorme, y en cuanto a Claudio Bravo… recordamos por momentos su pasado culé.
Si Xavi Hernández, adalid supremo del centrocampismo, los toques en paralelo y el sobeteo de la bola entre defensas, lee todo esto se revolverá incómodo en su asiento:
- ¿Cómo??? ¿Que el fútbol consiste en tener un tío que meta goles y otro que evite que te los hagan? ¿Pero qué reduccionismo absurdo es este? ¿Para qué creéis que movemos la bola ochocientas veces por partido, acaso pretendéis que chutemos?
Aun con eso, preferimos reducir el duelo a cuatro jugadores que al grupo arbitral escogido “casualmente” para mañana, del que nos fiamos tanto como de quien te deja de vecina a la suegra, con la prensa en la puerta y una deuda en Hacienda. Que nos han dicho que esas cosas pasan, aunque no queramos hablar de ello.
La portada recoge la visita de Cristiano Ronaldo al equipo antes de la final. Bonita foto. Como en su día se acercó Gareth Bale y nos regaló otras hermosas instantáneas con sus excompañeros. Nos habían contado tantas cosas sobre el ego desmedido de uno y el pasotismo del otro, que luego sorprenden estas imágenes que destilan ante todo buen rollo.
Por su lado, Marca centra la portada en el que llama “el otro Vinícius”. Tobias, quien puede ser una opción ante los problemas físicos que arrastran los habituales del puesto, Carvajal y Lucas Vázquez. La perla del Castilla tiene muy buena pinta como futbolista para la primera plantilla y parece previsible que en algún momento próximo dé el salto para cubrir la banda derecha.
Capta nuestra atención el faldón superior con la frase de un eufórico Laporta: “Vamos a arrasar”. Nos ha sonado a aquella boludez del “chorreo” y suele ser tal el acierto habitual de Jan, que nos hemos venido arriba. No recordamos una predicción atinada del presidente culé desde aquella carísima pancarta que anunciaba que “nos vamos a divertir”. Y miren que lo hicimos, ya lo creo que sí. Y sin contar aún con los audios del “enano hormonado”, los amaños de Geri-Rubi para llevar la Supercopa a la satrapía saudí o con sesiones bizarras de música infame.
El diario Sport centra igualmente la información en los dos porteros, aunque lo que llama la atención son las frases que vienen en la parte inferior. No, el anuncio no. Las de la izquierda:
“Los seis errores a corregir ante el Real Madrid”. Pocos nos parecen, visto el juego de los culés.
“La bronca de Xavi que lo cambió todo”. El partido iba empatado y lo cambió todo para lograr un meritorio empate. Un genio.
“Pedri, el señor de las prórrogas”. Que ha jugado muchas, quieren decir. Nada más.
“Dembélé, a tope para hincarle el diente a Ancelotti”. ¿Hincar el diente? Antes de imaginar a un vampírico Ousmane, nos preguntamos: ¿pero en qué facultad de Periodismo estudian estos tíos?
Mundo Deportivo prefiere centrarse, como el noventa por ciento de los días del año, en nuevas incorporaciones de la plantilla culé. La novedad en el Barça es que esta vez sí hablan de una salida para que haya una nueva llegada, no como ocurre de manera recurrente: el cambio de Depay por Lemar o por Carrasco, que lo mismo nos da, que nos da lo mismo.
Casi todas las portadas recogen una noticia de la que nos alegramos, y es la vuelta de Ricky Rubio a las canchas de juego tras más de un año de baja por su grave lesión. Volvió a jugar diez minutos en Cleveland, una gran noticia. Le deseamos lo mejor en su vuelta. Al igual que a todos ustedes.
Que pasen un buen día, cojan un café calentito para pasar este frío (abrígate, Pedri), disfruten de la lectura de La Galerna y no se me calienten con las boutades de Laporta.
—Gerard, sube al coche y vámonos, que llegamos tarde a la comida con los Messi. Me he tomado la libertad de coger el Twingo, sé que en el fondo te gusta más que el Ferrari, aunque tengas que subirte plegado como una silla de playa porque no cabes bien. Además, vamos al centro y allí es un infierno aparcar.
—¡Ya bajo, Shaki, estoy eligiendo reloj! —grita Piqué por la ventana del dormitorio de la vivienda conyugal ubicado en la primera planta de la vivienda—. ¿Me pongo el Rolex?
—¡Claramente el Casio, cari! Recuerda que vamos a comer en el 100 Montaditos, el Rolex es muy “ostentóreo”, que esto no es África.
Piqué se abrocha la correa de plástico negro del reloj mientras se echa un último vistazo en el espejo de cuerpo entero del vestidor. Se levanta el cuello de la cazadora y ensaya una vez más su mirada juguetona. Alza la ceja. Abrillanta la mirada. Se mola a sí mismo. Pst-pst, un poco de colonia Chispas y listo para fardar otro día más.
—Venga, abróchate el cinturón, Gerard, que arrancamos. Ay, es una tortura esperarte, ja, ja, ja —le dice Shakira con voz de Moraleja Green y risa de pladur—. Por cierto, cari, ¿has escuchado la canción que le han dedicado DJ Barto y Gómez Ponti Bozalrrap a Messi?
—No, Shaki, con todo el lío que llevo encima no me he enterado del asunto. Por un lado tengo a Rubi, que me está llamando a todas horas para ver de qué manera podemos ganar más dinero con la Supercopa esa sin que llame mucho la atención. Y por el otro sabes que tengo a mi madre en el chalet de al lado, que la he puesto a pleitear con Hacienda a ver si me soluciona el marrón. Es una cosa de locos, los de la Agencia Tributaria pretenden que contribuya por los rendimientos del trabajo. ¡Si ya pago casi 300 euros al mes de autónomos! ¡Casi 300!
—Pues a ver si lo solucionas pronto, Gerard, que estos de Hacienda son capaces de quitarnos lo del Ingreso Mínimo Vital. Bueno, a lo que iba, resulta que el expresidente Bartomeu y un tal Gómez Ponti, que al parecer era el jefe de los abogados del Barça, seguro que te suena, están despechados tras salir del club y han grabado una canción en la que se despachan a gusto contra Leo. ¿Te lo puedes creer? Qué poca clase. Pon la canción en el Spoti, anda, cari, que yo voy al volante y como me despiste acabamos en Motril.
—Siri, pon la canción de Barto y Ponti a Messi.
El radiocassette con carátula extraíble del Twingo que conduce Shakira no conecta con el iPhone de Piqué, hay mucha diferencia de edad entre ambos, por lo que la canción empieza a reproducirse en un altavoz bluetooth con forma de loba aullando que Piqué lleva en el regazo. Gerard se da con las rodillas in the guánter del Twingo y sube el volumen retorciéndole la oreja a la loba.
Perdón, ya os dejamos el marrón, no volvemos a la directiva, no queremos otra decepción.
Tanto que te las das de campeón y, cuando te necesitaba el club, diste tu peor versión.
Cambiaste a Pavarotti por un jeque. Cambiaste fuet por baguette. Vas forrado, dale despacio, enano hormonado.
Nos dejaste a Busquets y Jordi Alba, con la prensa en la puerta y la deuda con Hacienda.
Tienes nombre de hormona buena, pero claramente no es como juegas.
Me dijiste: presi, bájale el sueldo a los demás, pero a Luis y a mí no nos toques na’.
Un Nobita como yo no está pa’ tipos como tú. Pa’ tipos como tú.
—Bueno, Shaki, a ver, yo no veo la cosa tan clara, no sé si se refieren a Messi, ¿quién no conoce a un enano hormonado?
—Ay, de verdad, no te enteras ni del NO-DO, Gerard. Mucho gimnasio, pero tienes que trabajar el cerebro un poquito también.
—Es que eres una malpensada, no se puede ir así por la vida, Shakira. Igual que las madrugadas que salgo sin ti y llego con chupetones en cuello e ingles, tú hasta me has llegado a acusar de haber estado con otra, cuando sabes que yo nunca he estado con otra ni voy a estar más, lo único que ocurre es que Rubi es muy fogoso, y cada vez que le hago ganar otro millón de euros se pone muy cariñoso, como era pobre, no está acostumbrado a la vida de la burguesía catalana y se ilusiona con la calderilla.
—¡¿Pero se puede saber qué dices, Gerard Piqué Bernabéu?!
—O aquella vez que salí en el interné hablando con Ibai y en la imagen se veía conmigo a una chica muy mona que vivía en Barcelona. Nos vimos tres o cuatro veces, pero no por toda la ciudad, sino en el bar de copas en el que ella trabajaba. Yo lo único que hice fue ofrecerle un puesto en mi empresa Kosmos, porque las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan. Pero te prometo que no tuvo nada que ver que lo pasáramos muy bien en la cama, eso es algo secundario.
—Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho, waka, waka, eh, eh.
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