Las mejores firmas madridistas del planeta

Se acabó el mundial de Catar con el final feliz que esperaban todos los tontos del planeta. Messi levantó la copa, por fin: la tercera copa del mundo de la historia del fútbol argentino. Era el final de cuento de hadas que deseaban los organizadores, por supuesto. En realidad, daba un poco lo mismo, con que cualquiera de sus tres juguetitos del Peseyé levantase el viejo trofeo Jules Rimet la inversión monstruosa, sideral, abrumadora, de los cataríes, habría valido la pena. En efecto, ha valido la pena. Messi se coronó rey del mundo en el centro de esa pirámide absurda que han erigido en el desierto, sobre los cadáveres de miles de esclavos infelices. En realidad, sobre el cadáver putrefacto de Europa. Si alguna vez esa palabra fue concepto, es decir, fue algo, no ya en tanto aspiración de entidad supranacional o confederación nacional coaligada en pos de unos principios rectores de tipo moral compartidos por cientos de millones de ciudadanos; si alguna vez Europa fue algo como noción ética, como idea, como fin, en tanto “civilización”, hace tiempo que ese algo se murió y su cadáver momificado ha sido paseado y manoseado sin pudor a lo largo del último mes en las calles de la megalópolis petrolífera del Golfo Pérsico.

Messi Infantino Catar Emir

Los nuevos faraones tienen el dinero y con el dinero, el poder. Pero no hay en absoluto un sentido religioso o sublime en el trasfondo de sus abyectos despliegues. Sólo hay banalidad, el nihilismo de la opulencia, que es exactamente la lección que Europa y por extensión, Occidente, han enseñado al mundo exterior (a todos esos que nos observaban atónitos y codiciosos desde el perímetro de nuestro mundo) en los últimos treinta años. Los faraones querían su final de cuento para el mundial que los blanquea definitivamente ante el “mundo civilizado”. Querían que lo ganara Neymar o Messi o en su defecto, Mbappé, pero que lo ganara Messi tenía, naturalmente, un color especial. Messi ha sido el dibujo animado favorito de Occidente en los últimos quince años. Tenía que ser Argentina, que es un entrañable decorado consagrado al delirio colectivo, y tenía que ser Messi. Messi, el becerro de oro de nuestra época, le dio a todos lo que todos estaban esperando. Tenía que ser, además, en una conflagración con Mbappé, la otra gran propiedad de los sheiks, el delfín sagrado del país, Francia, cuya prostitución le abrió las puertas del antiguo mundo libre a los jeques del petróleo. Todo estaba escrito en el libro negro de las almas bellas.

Se acabó el Mundial de Catar con el final feliz que esperaban todos los tontos del planeta

Frente a la Historia estaba de pie un hombrecillo pequeño apellidado Deschamps. Didier Deschamps es, de toda aquella pléyade estupenda que llevó al fútbol francés a dominar el panorama mundial al final del siglo XX, el menos carismático. El menos atractivo, el más funcionarial, incluso en las pintas, de todos aquellos futbolistas. Deschamps, jugando, era un oficinista del centro del campo, un esforzado fajador como se decía antes, cuyo trabajo consistía, igual en la Juve que en la selección, en administrar el tráfico del centro del campo y en tenerle limpia la moqueta a Zidane. Quizá esa conciencia humillante del subalterno, del gregario plegado siempre a la voluntad inaccesible y aérea del artista, del genio inalcanzable al que su mediocridad le condena a servir por toda la eternidad se le cosió por dentro a Deschamps y ahí esté el origen de su frialdad con Benzema. A la postre, esa extraña relación le ha costado la tercera estrella en Catar.

Deschamps Benzema

Las consecuencias de ser Deschamps han inundado el mundo de un torrente glandular argentino. Argentina fue, a finales del siglo XIX y casi toda la mitad del XX, una pequeña Francia, una sociedad que quería y casi lograba emular la maravillosa elegancia de lo que antaño significaba ser francés. Hoy estamos al final de todos los caminos y sabemos ya que toda esa francesidad era en gran medida propaganda. El triunfo argentino nos ha deparado imágenes muy alejadas de cualquier clase de elegancia, aunque si hubiera ganado Francia la cosa no habría sido, ciertamente, mucho mejor. Casi diría que peor: estoy recordando las imágenes del equipo francés celebrando su victoria en Moscú, hace cuatro años, y me se me está revolviendo el estómago. La verdad es que toda suerte de “francesidad” elegante, en Argentina, sólo está ya en tipos de la estirpe de Valdano, como Solari, por ejemplo, o el mismo Scaloni, de sobrenatural porte estoico y sosegado en una nación bipolar que vive todo el tiempo, cuando hay un mundial, entre el éxtasis y el harakiri.

Quizá esa conciencia del subalterno, del genio inalcanzable al que su mediocridad le condena a servir por toda la eternidad se le cosió por dentro a Deschamps y ahí esté el origen de su frialdad con Benzema. A la postre, esa extraña relación le ha costado la tercera estrella en Catar

La primera de esas imágenes, en el mismo podio, la del portero, el “Dibu”, por otra parte excelente guardameta de participación capital en el triunfo final de su equipo, cogiendo con las dos manos un trofeo al mejor no sé qué (la FIFA ha convertido las entregas de medallas y trofeos en una pasarela infumable a mayor gloria de partners y sponsors) y haciendo gestos obscenos con él. Las consecuencias de ser Deschamps han inundado de fealdad la conversación pública del mundo aunque por suerte vivimos en la era de la comida rápida informativa y los “contenidos” se pasan de moda a una velocidad meteórica, de modo que una mosca, cuya vida suele durar alrededor de un mes, puede vivir dos terceras guerras mundiales, tres finales del mundo y varios acontecimientos brutales e históricos. Las exaltación argentina del melodrama y de la zafiedad durarán poco y la semana que viene volverá el fútbol de clubes.

Hinchas argentinos mundial Catar

No obstante, Argentina todavía parece un país de verdad, más allá de todo eso. Me refiero a que por lo menos son pobres pero se quieren a ellos mismos, no han alcanzado todavía, por suerte para ellos, el grado de esquizofrenia autodestructiva europea que posee a los españoles o a los franceses, sociedades supuestamente más ricas que la argentina, en realidad cada vez más meras caricaturas autoparódicas. Deschamps partía en noviembre al frente de la mejor selección del mundo. Cerca, pero no mucho, estaba Brasil. La diferencia entre ellas era que la francesa era la campeona, tenía el aura y el poso del ganador. Además, Francia contaba con Benzema, el mejor futbolista del mundo, y con Mbappé, el jugador más determinante, más influyente. Persistía la sombra de la Eurocopa del verano pasado, en la que Deschamps no fue capaz de hacer funcionar un ataque con Griezmann, Mbappé y Benzema.

Francia quiso ganar sin pasión, con el gesto adusto y petit-bourgeoise de su entrenador, ahorrando, como si les costara, como si ganar el mundial no lo fuera todo en sí mismo

Aquella Francia sucumbió por la aparente incompatibilidad entre el talento infinito de Benzema y el juego colectivo ya fraguado de la campeona del mundo, cosa curiosa tratándose de fenómenos y superclases. La cuestión es que el talento nunca puede ser el sospechoso. Cuando a alguien le ponen entre las manos un caudal abundante de opciones, es decir, de talento, tiene la obligación de combinarlo adecuadamente. Las opciones son libertad y la libertad predispone a la imaginación, que es el arma esencial de los jugadores buenos de verdad, de los que ganan campeonatos como los mundiales. A la vista de este mundial y de la anterior Eurocopa, el éxito de la Francia de Deschamps en Rusia 2018 parece que tiene más que ver con el aprovechamiento del poder atómico de Mbappé en base a la última fórmula de éxito de la selección francesa, la de Doménech en 2006, que con la habilidad del entrenador. Prescindir de Benzema por no saber utilizarlo para elevar el potencial de una selección físicamente incomparable y enriquecer sus fórmulas de ataque, en un plantel con capacidad para desarrollar un fútbol “total” en torneos de mecha corta, degrada a Deschamps a la condición de un Tite. Francia quiso ganar sin pasión, con el gesto adusto y petit-bourgeoise de su entrenador, ahorrando, como si les costara, como si ganar el mundial no lo fuera todo en sí mismo: un equipo abúlico, caprichoso, lo contrario de cualquier tipo de grandeur, un equipo a imagen y semejanza de su líder, Mbappé, proyecto abortado de gigante sobre el que nosotros mismos proyectamos nuestra vieja y obsoleta idea de majestad; otro que con rencor femenino empujó a Benzema fuera del grupo. Los argentinos, como dice Ángel del Riego, jugaban con el latido del apocalipsis en la sien, con la pistola cargada. Esa fue la gran diferencia.

Deschamps final mundial

Las consecuencias de ser Deschamps han privado al mundo de disfrutar de un Benzema azidanado en el aquelarre catarí. El último baile internacional del futbolista más extraordinario, en el sentido de fuera de lo común, de portento, de prodigio, no ha sucedido porque entre otras cosas Deschamps tiene un alma con horizonte de provinciano: seguro que de haber vivido en la mitad del XIX habría sido de los parisinos que consideraban una mierda la Torre Eiffel. En lugar de ese último baile coránico de Benzema, Messi ha podido ganar una copa hecha a su medida. Sus buenos dineros le han costado a los cataríes, que estaban eufóricos la noche del domingo. Todo ha salido a satisfacción plena del cliente, aunque tengo la certeza de que el cliente somos nosotros y los cataríes, los amos. En lugar de recoger la copa enfundado en una camiseta vintage con el 10 de Maradona a la espalda, Messi se elevó sobre el cielo sucio del Golfo Pérsico ataviado con una túnica de camellero, símbolo ejemplar de la sumisión completa de un mundo en donde ya no hay ni identidad ni significado, sino sólo presente, presente continuo, presente lineal y destellos cegadores de la nada más absoluta.

 

Getty Images.

Por la presente queda convocado el III Certamen de Cuentos Madridistas de Navidad de La Galerna con arreglo a las siguientes BASES:

1. Los cuentos participantes tendrán por doble temática la Navidad y el Real Madrid y/o el madridismo, no necesariamente en este orden.

2. La extensión de los cuentos será de un mínimo de 500 palabras y un máximo de 1.500.

3. El plazo de entrega se abre el 12 de diciembre de 2022 y se cierra el 23 de diciembre del mismo año.

4. Los relatos participantes se enviarán al correo madridaxis@gmail.com, indicándose en el apartado Asunto las palabras Certamen de Cuentos.

5. La dotación del premio es una camiseta del Real Madrid firmada por una leyenda del club. Asimismo, el cuento ganador se publicará en lagalerna.com en la tarde del 24 de diciembre.

6. La Galerna se reserva el derecho de publicar con anterioridad a dicho momento, y con posterioridad al cierre del plazo de presentación, cualesquiera otras obras presentadas que considere del interés de sus lectores.

7. El premio podrá declararse desierto.

8. Cada participante podrá presentar un solo cuento al Certamen.

 

III Contest of Real Madrid Christmas tales

 

The III La Galerna Contest of Real Madrid Christmas Tales is hereby convened in accordance with the following RULES:

1. The participating stories will have Christmas and Real Madrid and/or Madridismo as a double theme, not necessarily in this order.

2. The length of the stories will be a minimum of 500 words and a maximum of 1,500.

3. The delivery period opens on December 12, 2021 and closes on December 23 of the same year.

4. The participating stories will be sent to the email madridaxis@gmail.com, indicating in the subject section the words ‘Short Story Contest’.

5. The prize endowment is a Real Madrid shirt signed by one club legend. Likewise, the winning story will be published on www.lagalerna.com on the afternoon of December 24.

6. La Galerna reserves the right to publish prior to that time, and after the deadline for submission, any other works presented considered to be of interest to its readers.

7. The award may be declared void.

8. Each participant may submit only one story to the contest.

Entrevista publicada el 6 de noviembre de 2021 y reflotada el 19 de diciembre de 2022 con motivo del cumpleaños de Arvydas Sabonis.

 

Nunca un jugador joven sorprendió tanto al mundo entero. Por encima de su inmensa estatura, su grandeza como jugador la determinaban su movilidad, su coordinación, su visión de juego y su carisma. Verle en acción era contemplar lo increíble. Arvydas Sabonis jugó de pívot como pudo jugar de base, de tirador o de lo que hubiera querido: su habilidad era proverbial, el don natural y exclusivo de los elegidos, de los que originan ámbitos desconocidos. Aun con sólo una pierna sana, fue capaz de cambiar el baloncesto.

Su mente es privilegiada, lacónica, cortante o afectuosa, siempre penetrante. Una conversación con Sabonis es una experiencia iniciática. Penetrar en un mundo mítico, en un tótem que surgió del comunismo y recayó en los Estados Unidos de América. La suya es una personalidad forjada a partir de privaciones, triunfos, lesiones invalidantes - para cualquiera menos para él – que le presentaron la crudeza de la vida con presteza.

Su voz suena imponente, como su figura, profunda, poderosa, siempre certera y firme. Su seguridad apabulla, aunque no tiene la certeza absoluta. De forma constante se asoman las bromas, la sorna, la contundencia. Y las sentencias, aforismos para enmarcar. No admite el mínimo halago, ni las comparaciones, quizás para no menospreciar a nadie; tal vez como recurso para mantener la cabeza como los pies, anclados a la tierra, a la existencia imprevisible.

Por eso, en la conversación fluyó la hilaridad y brotaron las sonrisas, tanto como siguieron los silencios asombrados, el asentimiento reflexivo. Rendidos a la naturalidad e inteligencia de Arvydas Sabonis, os presentamos el diálogo lo mejor que somos capaces, vibrante, colmado de vida y de historia. Que nos perdone el protagonista, tan grande que no quiere dar crédito a su mito.

Sabonis

 

Muchas gracias por recibirnos. Sé que para ti es una ligera molestia.

No me gustan mucho las entrevistas. Pero siendo tú, Chechu, quien me lo pide…

Lo aprecio mucho, de verdad. Lo más importante, dado que hacía diez años que no nos veíamos: ¿qué tal la familia?

Todos bien. Los hijos son tus grandes proyectos en la vida, y los cuatro proyectos marchan bien. El segundo y tercero de los varones ya están casados, y parece que al primero lo vamos a colocar el año próximo. El segundo, Tautvydas, nos va a hacer abuelos.

¡Hombre! ¡Enhorabuena!

Gracias. Por fin. Lleva cinco años casado. Vive en España, se casó con una chica de aquí. Tautvydas habla en perfecto andaluz, igual que la pequeña, Ausrine. A Domantas, como sabéis, lo tenemos triunfando en la NBA, en Indiana Pacers. Casado también, con una chica americana.

Qué bien. Y entonces ahora casáis al mayor también, que es el único que os faltaba.

Eso es. Zygimantas.

¿Os gusta la chica?

Lo importante es que le guste a él. Pero vamos, sí, a esa edad todas son buenas (contesta con mirada cómplice y sonrisa beatífica). Nos va a quedar soltera, de momento, solo Ausrine, que tiene 24 años, aunque también tiene novio. Baloncestista, por cierto.

Todo queda en casa. Mantienes este precioso piso en España, a pesar de que llevas mucho tiempo viviendo en Lituania, donde hasta hace poco has sido presidente de la Federación de Baloncesto.

Claro. Me encanta España. Me encanta Andalucía. Mira. (Señala con una manaza gigante y semiabierta, el horizonte marítimo desde la terraza). Me escriben por whatsapp mis amigos de Lituania, con un frío que imagínate, y me preguntan dónde estoy o qué hago. Por toda respuesta, les mando una foto mía en bermudas con una copa de vino. (Miradas y risas de complicidad) ¿Cómo no me va a gustar esto? Además, aquí la gente vive muy bien. Todo es muy tranquilo. (Sabas gesticula con frecuencia, expresivo cuando le gusta el asunto o encuentra una respuesta adecuada. Tajante cuando lanza una de muchas sentencias reflexionadas).

Sabonis Sabonis Sabonis

¿Con qué frecuencia vienes a España?

Llevaba cuatro años sin venir.

¿De verdad?

Sí. Entre mis obligaciones en la Federación y el Covid, se me puso imposible. Ahora parece que se supera lo del Covid y me he jubilado. Así que me voy a resarcir y vendré mucho más. Pasaré aquí temporadas mucho más largas. Mi familia también ama España. Mi mujer y mi hija, en particular, están enamoradas de este lugar.

¿Te has jubilado con 57 años?

Bueno, es que como presidente de la Federación de Baloncesto solo puedes cumplir un máximo de dos mandatos.

Pero tú eres una institución en Lituania. No te dejarán jubilarte tan joven. Te querrán nombrar algo. Ministro o qué sé yo.

¿Ministro? (Piensa un segundo. Vuelve a extender el brazo, señalando con la mano el paisaje mediterráneo): Tú dime qué prefieres, ministro o aquí. Tengo 57 y ole ole. A todo hombre le llega el momento de vivir para uno mismo.

Te van a insistir…

Es muy fácil. No coges teléfono y punto (sic). ¿Por qué hago entrevista? Porque cojo teléfono. No quieres hacer algo, no cojas teléfono. Tan sencillo como eso.

¿Y si viene el Real Madrid a ofrecerte un cargo?

(Breve pausa, de nuevo). Lo que quiero es ir al pabellón a ver jugar al Madrid. Todo desde fuera. Me ha llegado el momento de disfrutar.

Hablando del Madrid, ¿qué recuerdas de aquella etapa?

Esos tres años en Madrid fueron los más felices de toda nuestra vida en el extranjero. Puedes preguntarle a Ingrida cuando la veas después. En el club éramos una familia. Por ahí pasaron diferentes entrenadores, no importó, dio igual: el sentimiento de familia permanecía.

¿Qué recuerdas de tu llegada? ¿Te costó adaptarte?

No demasiado, ten en cuenta que llevaba tres años en Valladolid, jugando en el Fórum, y eso me había permitido aprender español. Yo estaba feliz, muy feliz. Entonces la única meta para un jugador profesional europeo era jugar en el Real Madrid. Ahora está el sueño de la NBA, pero por entonces era prácticamente imposible. (Vuelve a mirar el paisaje): Es como aspirar a ver África desde aquí. (Pausa). Bueno, la verdad es que los días sin nubes se puede ver África (Risas).

Sabonis

Pero entonces casi nadie contemplaba ese sueño transoceánico. Entonces el gran sueño era blanco.

Así es. El Madrid era la gran institución del baloncesto europeo. ¿Quién me iba a decir que acabaría jugando allí? Es más: ¿quién me iba a decir que acabaría abandonando Lituania? Era algo utópico, por la cuestión política. No podíamos siquiera salir del país, como no fuera con nuestros equipos. Podía haber huido, pero no es mi estilo (Sentencia nuestro protagonista con certeza absoluta. Su voz suena rotunda, consistente, con la misma talla que el emisor).

Esos tres años en Madrid fueron los más felices de toda nuestra vida en el extranjero. En el club éramos una familia.

Al final pudiste salir rumbo a España, y el Fórum Filatélico de Valladolid fue la escala hacia el Madrid.

El Fórum hizo una gran apuesta conmigo, porque me había roto dos veces el tendón de Aquiles.

Claro, es que nunca está de más recordar que tu carrera ha sido lo que ha sido a pesar de que has estado muy lastrado por las lesiones durante la mayor parte de ella.

Cuando me ficharon yo creo que estaban muertos de miedo. No les cabía palillo (Junta dos dedazos, índice y pulgar, para indicar la minúscula dimensión de un palillo. Omite elegantemente, nos parece, por dónde no habría cabido nunca dicho palillo). ¿Y si este se lesiona? Pero Gonzalo Gonzalo arriesgó y puso el dinero. Estuve muy bien en Valladolid, me cuidaron estupendamente y no recaí.

Sabonis Sabonis Sabonis

¿Cuáles fueron las principales diferencias que encontraste entre el baloncesto español y el lituano?

(Piensa largamente). Aquí pagaban y allí no. (Risas). Por lo demás es igual. Hay que meter canastas.

Jugaste tres años en el Fórum. Mucha gente se pregunta si no pudiste haber llegado al Madrid antes.

Siempre he firmado contratos de tres años, y los he cumplido. También firmé tres en el Madrid y los cumplí. Y luego tres en Portland y lo mismo, renovando después.

Ya, pero ¿no te preguntabas “¿y estos cuándo van a venir a por mí?”?

No. (Pausa). Lo que sí hacía, cuando jugábamos contra el Madrid, era emplearme de manera especialmente intensa (Y nos mira con la cara de un niño que hace una travesura de la que saldrá victorioso).

(Interviene Joe): Eso lo puedo atestiguar yo, que jugué contra ti estando tú en el Fórum. Siempre nos lo hiciste pasar mal. El caso es que tanto los madridistas como los culés nos preguntábamos si no te íbamos a fichar. Por esas fechas, un día, me encontré con Epi, y tuvimos el siguiente diálogo: “Oye, ¿cómo es que no ficháis a Sabonis?” “Porque somos gilipollas. Y vosotros, ¿por qué no lo ficháis?” Le respondí lo mismo: “Porque somos gilipollas”.

El Barça tenía a Audie Norris. Estaban contentos.

No sé yo, seguro que también suspiraban por ti. El caso es que acabas en el Madrid. Mucha más exigencia que en Valladolid, claro.

Mucha más, pero si hay algo que no me era ajeno es la exigencia. En Lituania nos educaban en la creencia de que quedar segundo es una catástrofe absoluta, un cataclismo. Me inculcaron ese espíritu competitivo desde la niñez. De manera que no me chocó lo más mínimo encontrarme con eso en el Madrid. Me adapté inmediatamente.

Y con enorme éxito. En tres años, una Copa del Rey, dos Ligas ACB y lo más importante: la Euroliga.

Yo sé que para vosotros, los madridistas, era el torneo más importante.

Era una obsesión, como lo es la Champions para el madrididista futbolero.

Claro, y además llevabais catorce años sin traerla a las vitrinas. Pero eso de priorizar unos títulos sobre otros es cosa del deporte del siglo XXI. Nosotros estábamos programados para ir a por todos los títulos con la misma ilusión, para ganar siempre el siguiente partido, fuera de la competición que fuera. (Joe asiente, como si encontrara un aliado en Sabonis para sostener un argumento propio: si ya lo digo yo…)

De acuerdo, pero deja que los madridistas nos regodeemos aún en aquel triunfo porque fue extraordinario. Existe un cierto consenso en que el Madrid no tenía ese año su mejor equipo, y en que eso te da un protagonismo incontestable en aquel logro.

Bah. Teníamos a Joe (Arlauckas), así que estábamos bien. Sí puede ser que el año anterior, que no la ganamos, tuviéramos un equipo algo más fuerte. Todavía me duele aquella semifinal contra el Limoges. 52-62. Defendimos bien pero nos costó un mundo meter puntos, ¡el resultado lo dice todo!

(Habla Joe): Eso me recuerda a uno de esos días en los que nos ganaste con el Fórum. Yo estaba abatido, te me acercaste y me dijiste: “Tranquilo. Hay días en que no entran y no entran. No se puede hacer nada”.

Pues contra el Limoges fue así. Pero al año siguiente, en Zaragoza, fue mágico. El ambiente, lleno de madridistas… Todo ayudó.

Se dice que te podrías haber ido antes a la NBA pero dejaste a Portland tres años esperando porque querías ganar la Euroliga. ¿Es cierto?

Sí.

¿Significa eso que, de haber perdido la Final de Zaragoza, habrías retrasado un año más tu incorporación a Portland?

No. (Risas). Era un tren que tal vez no iba a volver a pasar. No podía, después de tres años, volver a dejarlo ir. Ya tenía 30 años. Si renuevo, ¿quién iba a fichar en la NBA a un tío de 33? Además, el Madrid estaba con problemas financieros importantes y tenía que cuidar de mi familia.

Bueno, no vale la pena pensar en qué habría pasado si no ganamos esa Euroliga, porque el hecho es que la ganamos.

Sí. Y yo sé que para vosotros los madridistas era algo esencial. Así que todo salió bien. Os devolví al sitio que os correspondía y me fui. Todo bien.

(Vuelve a hablar Joe):  Recuerdo muy bien cuando ganasteis el Oro en Seúl (88). La delegación española aún andaba por allí y Chechu y yo nos presentamos en vuestra fiesta, en la villa olímpica, a llevaros caviar (Chechu asiente). Para cuando llegamos, ya os habíais bebido el vodka bueno y solo quedaba un vodka coreano horrible. Yo decía que no quería beber más, pero tú dabas unos golpes en la mesa que hacían saltar todos los vasos de los chupitos, y ordenabas que bebiéramos todos. Cualquiera se negaba. Fue la única melopea de mi vida.

(Largo silencio): No me acuerdo. (Risas desaforadas).

yo sé que para vosotros, los madridistas, la euroliga era algo esencial. Así que todo salió bien. Os devolví al sitio que os correspondía y me fui.

Ese oro de Seúl para la URSS tiene que ser un recuerdo maravilloso, ¿no? Porque además recordemos que oficialmente estabas lesionado. Quién iba a decir que acabarías jugando la Final, tras eliminar nada menos que a USA (82-76), y ganándola.

Yo había pedido a Gomelski que me dejara ir pero como turista. “Oye, déjame que vaya aunque solo sea para ver cómo es por dentro una olimpiada”. Ten en cuenta que en el 80 (Moscú) aún éramos muy jóvenes (mira a Chechu, que asiente), y los mayores solo nos usaban como sparrings prácticamente.

Sabonis

(Habla Chechu): ¿Recuerdas aquella primera gira que hicimos juntos por Estados Unidos, como juniors, en el 82?

Cómo me voy a olvidar. Era como viajar al cosmos. No parábamos de comer hamburguesas. La hostia. El caso es que en la del 80 éramos muy jóvenes; en el 84 (Los Angeles), la URSS no acudió por la cuestión política y la guerra fría; y en el 88 yo quería estar, aunque oficialmente estaba lesionado, porque el 92 quedaba muy lejos y nunca se sabe. Podía ser mi última oportunidad de ver una olimpiada desde dentro. Me dejaron acompañarlos.

Te habían operado en tu país, ¿no?

Sí, y lo habían hecho bien. El problema en la URSS no eran las operaciones sino las rehabilitaciones, en ese campo habían avanzado poco. Pero yo venía de estar tres meses en USA rehabilitándome, porque Portland ya me había drafteado.

¿Y?

Pues que llego allí como mero acompañante, y me pongo a ayudarles en el entrenamiento. Por entonces, para ejercitar las manos, Gomelski entrenaba a los pívots pasándolos el balón a patadas, como si fuera fútbol. Y me pongo ahí, y exclama Gomelski, alborozado: “¡Pero tú estás de puta madre!” Y el resto es historia. Batimos a Estados Unidos en la semi y a Yugoslavia en la Final.

Fuiste fundamental en ese hito. Como en tantos otros.

Bah. Era alto y nada más. Por entonces la altura era aún más importante. Cogía algún rebote y ya.

¿Es tu momento favorito en una trayectoria deportiva tremenda?

No. Me quedo con Barcelona 92 porque fue la primera vez que participé con Lituania, ya que acabábamos de conseguir la independencia y ser reconocidos. Ese bronce supo a oro. Nadie se esperaba que un país tan joven pudiera llegar tan lejos. Era un éxito inconcebible. Bueno, es que el simple sueño de jugar con mi país, no con la URSS, era una cosa impensable pocos años antes. Fue una cosa única jugar con mi bandera y conseguir metal. Tengo un gran recuerdo del Preolímpico en Badajoz, también.

Estamos hablando de grandes momentos, pero tú lo has tenido que pasar muy mal. Tu rodilla. La doble rotura del tendón de Aquiles. ¿Las lesiones han sido lo peor?

Sí.

¿Llegaste a pensar que no podrías seguir? ¿Que tendrías que dejarlo? Eran lesiones muy graves.

Jamás lo pensé. Pensaba: “joder, otra vez se va a retrasar todo”. Pero nunca que era el fin. Eso ni lo contemplé. Siempre tuve claro que podría con las lesiones. Nunca se me ocurrió arrojar la toalla (Contesta con determinación absoluta).

Aparte de las lesiones, ¿qué otros momentos nefastos destacarías?

Derrotas hubo muchas y dolieron muchísimo. Pero supongo que es especialmente amarga una que coseché con Zalgiris al final mi carrera. Había vuelto de Portland para acabar mi carrera allí, porque es mi casa. Jugábamos contra Maccabi por una plaza en la Final Four del 2004. Teníamos el partido ganado pero, a falta de un segundo, ellos sacan bajo su aro, la meten en largo y anotan el triple para forzar la prórroga, en la cual nos fulminan.

¿Esa derrota precipitó tu retirada definitiva?

Sí. Tenía casi 40 años y me jodió enormemente. Vi que era el final. Me quedé sin ánimos. Había soñado mucho con ganar la Euroliga con el Zalgiris.

Estuviste cerca de ganarla muchos años antes, en aquella Final contra la Cibona (94-82) en el 86, cuando te expulsaron por dar un puñetazo a Nakic.

Algunas veces en mi carrera perdí los nervios, y esta fue una de ellas. Los balcánicos eran unos grandes provocadores (entonces, ya no). Era su estilo. Eran partidos muy calientes. Como pívot estabas mucho más expuesto a ese juego sucio, porque por tu posición no avanzas botando el balón, sino que estás ahí esperando, en la pugna, en el forcejeo. Era complicado mantener la calma. Los yugoslavos sabían cómo sacarte de tus casillas. Su escuela consistía en parte en eso.

Jamás pensé que las lesiones me harían retirarme. Pensé: “joder, otra vez se va a retrasar todo”. Pero nunca que era el fin. Eso ni lo contemplé. Siempre tuve claro que podría con las lesiones. Nunca se me ocurrió arrojar la toalla

¿Qué grandes diferencias ves entre el baloncesto actual y el que se jugaba en tu época?

Antes seguías sobre la pista mientras estuvieras bien. Si no había percances y estabas a buen nivel, no te cambiaban. Ahora la rotación es permanente durante el partido, y te vas al banquillo aunque te estés forrando a meter puntos. Hablan de dosificar y yo de verdad que no lo entiendo muy bien. ¿Para qué llevas veinte años entrenando? ¿Para cansarte ahora jugando veinte minutos?

¿Ves jugar al Madrid actual?

Algunas veces.

¿Qué opinas de Pablo Laso?

¿Cuánto tiempo lleva?

Diez años.

Pues ya está. No hace falta decir más. Al principio le discutían, y luego ha impuesto su filosofía. Cuando pierde critican, pero claro, filosofía no vale para nada si los jugadores no acompañan. Si tienes un gran carro pero los caballos no tiran… Tienen que caballos querer (sic).

Tú como caballo siempre tiraste. ¿Quién fue tu entrenador favorito?

Me llevé bien con todos. Siempre fui respetuoso con ellos, siempre les dejé hacer su trabajo. Fui un jugador disciplinado.

Pero ¿no tienes ningún predilecto?

No quiero quedar mal con los otros. No diré nombres.

¿Qué opinas de Pablo Laso?

¿Cuánto tiempo lleva?

Diez años.

Pues ya está

¿Cuál era el secreto de la estupenda escuela de baloncesto lituana? ¿Buenos entrenadores? ¿Tradición?

Sobre todo, la tradición. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Lituania ya había ganado dos de los tres campeonatos europeos que se celebraron. El primer europeo que ganamos fue en Letonia, que era el anfitrión por haber ganado el anterior, el primero que se celebró, en Suiza. Teníamos buenos jugadores, con el refuerzo incluso de dos que habían jugado en USA, Pranas Lubinas (aka Frank John Lubin) y Mykolas Ruzgys.

Sabonis Sabonis

¿Está ahora la selección lituana atravesando un bache, tras sus extraordinarias actuaciones a comienzos de este siglo?

Fuimos bronce en Sydney 2000 y ganamos el Eurobasket en 2003, y a partir de ahí empieza en efecto un pequeño bache, que yo relaciono sobre todo con la llegada de otros grandes equipos, como la propia España, a su mejor momento.

Ahora que hablas de España, ¿es posible que Gasol y tu hayáis sido los dos jugadores europeos más dominantes de los últimos 35 años?

(Duda, visiblemente molesto por tener que responder a halagos que confiesa odiar): Bueno, Gasol ya sabemos lo que ha sido. Qué hablar de Gasol. Pero las comparaciones no me gustan.

¿Lo tendrías siempre en tu equipo? ¿A qué jugador, actual o reciente, escogerías siempre?

Mira, el año próximo se celebrará el centenario del baloncesto de mi país. En 1922 se jugó el primer partido, que curiosamente fue femenino, después seguirían los hombres. Pues bien, con motivo de esta celebración, en la Federación hemos intentado organizar una encuesta para escoger los 100 mejores jugadores lituanos de la historia. Enseguida nos encontramos con el problema de que la gente solo ha visto jugar a los más recientes, y así no se puede hacer un ranking que sea justo. Con las comparaciones y los rankings siempre sucede eso. Hay otras preguntas…

Y del Madrid de Laso, que dices que ves jugar con alguna frecuencia, ¿serías capaz de decir dos o tres nombres de jugadores que te encanten?

(Vuelve a rezongar). Es que no soy muy bueno recordando nombres y apellidos. (Descojone general ante la evidente trola escapista).

¿Sigues al Madrid de fútbol?

Pues también a veces. Aprovechando que volvía a España después de cuatro años, quedé con un amigo para ver el Clásico. Como en los viejos tiempos. Me pareció un buen partido, sobre todo en el primer tiempo, en el que pasaron muchísimas cosas. Lo que fue malo era la hora del partido. Si comes, no puedes ver bien el fútbol.

Sabas, ¿sabes lo que más sorprende de ti?

No.

Que eres un tío normal.

Ole. Buena vista tienes.

Se nota que provienes de una familia muy estructurada.

Es verdad. Mi padre, muy tranquilito. Mi madre está con cojones. (Risas).

Bravo. Fírmanos la camiseta, por favor.

Voy. ¿Esta de quién es, de (…)? (Pitido censor, risas prepaperitivo).

Y, tal y como estuvimos, seguimos charlando sin cesar durante la comida. De la vida, del baloncesto, de los amigos. De las cosas que se hablan cuando uno está a gusto y tranquilo. Nosotros lo estuvimos, además de sentirnos muy honrados por el recibimiento. Gracias, Sabas, hasta siempre.  

 

Entrevista: Chechu Biriukov, Joe llorente Gento, Jesús Vega, Jesús Bengoechea

 

Sabonis

Sabonis

 

 

Ay, Kylian… Eso el Madrid lo gana

 

Pues se acabó el mundial, por primera vez con dos campeones: Argentina y Catar. Uno en el campo. El otro, en todo lo demás. Cuando Messi se puso la picardía negra en el podio fue el golazo del torneo. La valentía de los iraníes, los líos con el brazalete del capitán, los lamentos de noviembre, todo aquello nos suena tan lejano...

Lo del brazalete está en la historia: fue amenazar la FIFA con tarjeta amarilla al capitán del equipo que luciera el arco iris o señal semejante y acabarse la polémica. La amenaza con una amonestación deportiva anuló cualquier intento de amonestación humana. Cojonudo, vamos. El organizador compró el juguete y lo disfrutó hasta que se acabaron las pilas. Catar campeonó, sí señor.

Emir Catar

La final ha excitado al personal tanto que ha sido calificada como la mejor de mundial jamás vista y más: también como el mejor partido de la historia del fútbol. Dios mío, dos favores: apiádate de ellos y dame paciencia. Podría asesinarlos con mis propias manos.

El organizador compró el juguete y lo disfrutó hasta que se acabaron las pilas. Catar campeonó, sí señor

Me enternece la capacidad de cierto pueblo para emocionarse sin freno y para ver grandeza mayestática en casi todo, incluido el lateral zurdo australiano. Todo son buenos, buenísimos o lo siguiente. Y los partidos, partidazos. Así, el que uno de los dos contendientes no da tres pases seguidos ni tira a puerta hasta el minuto 80, es el mejor de la historia. La verdad es que les envidio. Les regalas una furgoneta y a los tíos les parece un Ferrari.

Mbappé y Camavinga

Como estarán al cabo de la calle de lo sucedido, les dejo cosillas sobre Mbappé. Una, que el llamado a ser el heredero no puede aparecer hasta diez minutos antes del final para tirar un penalti. Que encima no le hacen a él. Después, cuando metió el segundo y rescató a su equipo de la derrota que parecía segura en 93 segundos, andaba Camavinga por allí y pensé: Kylian está viviendo como un jugador del Madrid. Se pegue a Eduardito que cuando ‘aquello’ siempre salía al rescate. Y ganaban. Me lo recordó, sí. Este tío, Mbappé, que fue el primero en sufrir en sus carnes ‘aquello’, está viviendo esa experiencia a favor. Remontar lo imposible, va en camino.

Francia es un buen equipo, pero la ‘grandeur’ la tiene el Madrid. Es así

Pero no. Francia se rindió en la orilla que son los penaltis. Como Argentina hizo infinitamente más, el resultado hay que considerarlo justo. Añadiendo que eso, Kylian, el Madrid lo gana. El muerto Real acaba liquidándote. Francia es un buen equipo, pero la ‘grandeur’ la tiene el Madrid. Es así.

Y otra cosa para terminar: repetir triunfo en una gran final, eso también sólo lo hace el Madrid. Que volverá el 30 en Pucela. Está tardando.

 

Getty Images.

Día 26

 

Llega el viernes con ese placer que solo aporta lo bueno e importante de la vida, como por ejemplo una botella de vino o una transferencia recibida.

He vuelto a “perder” el coche, no sé dónde está aparcado. He probado varios métodos para recordar el lugar en el cual estaciono, pero se me olvida también aplicarlos. Me desespera esta incapacidad, imagino cómo se ha de sentirse Messi.

Apenas ha anunciado el Madrid el acuerdo con Endrick y a los antis se les ha atorado algo en la garganta. Los que ficharon a Neymar de la manera que todos sabemos y pagando más de lo que imaginamos dicen no sé qué de que el Madrid ha roto el mercado. Otros seguidores de los mismos lares están a vueltas con el asunto de los menores, sin embargo no leo que en ningún momento hablen de Albert Benaiges.

El Madrid como medida del odio que asola a los mediocres.

 

Día 27

 

Hoy celebramos la comida de Navidad de La Galerna. Nos reunimos en La Bola, aquello que Alfredo Di Stéfano echó al pasto y sobre lo que edificó la Leyenda Blanca. El menú es ligero: cocido y buñuelos acompañados con nata. Y de beber, albóndigas. Terminaremos haciendo honor al nombre del establecimiento.

Nos colocan frente a una fotografía del Cholo. Aunque dé grima, siempre levanta el ánimo observar a gente más fea que tú. Frente a Simeone y en lugar más noble y elevado nos contempla el Real Madrid 92-93 ,como el minuto, aquel al que Mendoza y Floro vistieron de marinerito y terminó naufragando en las islas desafortunadas.

Simeone La Bola Real Madrid 92-93 La Bola

La comida transcurre sin apenas posesión de las viandas, que son ejecutadas al primer toque sin compasión pero con vino. La tarde se prolonga, pero los más serios y responsables nos retiramos a nuestros aposentos a una hora prudente. En cambio, un grupúsculo de indecentes galernautas alargan la diversión hasta la noche, si bien es cierto que nos regalan una bella imagen del Bernabéu.

Bernabéu de noche

Quiero aclarar que las fotografías de este día han sido tomadas y compartidas sin el permiso correspondiente.

 

Día 28

 

Hoy es un buen día porque acaba el mundial del oprobio. El último trago es aguantar a Messi o a Mbappé levantando el trofeo. Los primeros ochenta minutos del partido son un sopor, tan entretenidos como el funeral de una acelga. Deschamps es un cafre también como entrenador.

De repente aparece Mbappé y dice que qué pasa, que a él le habían prometido también el mundial cuando dio plantón al Madrid. Empate y prórroga. Se llega a los penaltis porque el árbitro no ve una mano de Argentina en el área, frena un contragolpe claro de Francia al no aplicar la ley de la ventaja y un galo torpe se marca un Salinas en el último suspiro.

Argentina gana porque Francia, además de entrenador, carece de portero. El penalti decisivo lo marca Montiel en honor a Saritísima y corre a celebrarlo contra un molino de viento de Campo de Criptana.

La gente se define por sus actos, en especial cuando gana. El Dibu Martínez acaba de ganar un mundial y los primero que se ocurre es hacer un gesto obsceno con el Guante de Oro. El jeque lo mira con indisimulado deseo.

Dibu Martínez guante de oro

El exjugador Agüero, que al parecer piensa que él ha ganado algo, se graba insultado a Camavinga y lo sube a las redes sociales. Por último, y siguiendo la estela de su guardameta, Messi acepta ponerse un picardías negro para recoger la copa del mundo.

Dicen que la bata transparente se llama Besht y la portan los ministros y personas importantes de Catar. Sin embargo, parece que Messi se disfruta con su copa vestido de negro sobre los 6500 esclavos que literalmente murieron bajo sus pies sin que le importara mucho. No solo no levanta la voz ante la ignominia, sino que baila el agua a los responsables de ella. Quizá tenga algo que agradecerles.

También tiene algo cañí la imagen. Messi parece una folclórica porque Messi es un poco Pantoja. En dos sentidos: uno físico, su parecido y su aspecto de persona inteligente nada tienen que envidiar al de Kiko Rivera Pantoja; y en el sentido de la personalidad, similar a esa forma de ser callada y rencorosa que transmite la tonadillera.

Se acaba el mundial de corrupción y muerte de Catar. Salgo a caminar por la noche para correr un tupido velo y quemar los garbanzos del día anterior. El coche aparece junto a casa, además de despistado, cegato.

Según paseo entre árboles siento que se me enamora el alma, se me enamora, porque en breve parte de nuevo un velero de luces cargado de sueños, el Real Madrid.

 

Getty Images.

 

Día 1

Días 2 y 3

Días 4 y 5

Días 6 y 7

Días 8, 9, 10 y 11

Días 12, 13 y 14

Días 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 21)

Días, 22, 23, 24 y 25)

Buenos días, amigos. Se acabó el mundial de la ignominia. Hoy hay mucha gente pensando que los 6500 esclavos muertos en la construcción de los estadios valieron la pena porque se vivió una gran final, o porque ganó su equipo apetecido.

La verdad es que no. La verdad es que el magnífico espectáculo futbolístico que se vivió entre Argentina y Francia no vale ni una sola de esas vidas, ante cuya extinción la comunidad internacional ha preferido mirar para otro lado por un puñado de dólares teñidos de sangre y de petróleo.

Vergüenza. Vergüenza insondable.

Hablamos de dólares en sentido crudo, porque se acabó también el mundial de los sacos de billetes confiscados por la policía en Bruselas, el mundial (en La Galerna nos hemos enorgullecido hasta el último minuto de escribirlo en minúscula) que se han comprado quienes dirigen dictatorialmente un régimen incalificable. ¿Se han comprado también el ganador? No hay forma de probarlo, y además Argentina hizo acopio de abundantes méritos deportivos durante su desarrollo, pero escaman las manifestaciones de favoritismo argentino por parte del Emir y de Infantino puestas en contexto con decisiones arbitrales discutibilísimas en la final y antes de la misma.

Pero se ha acabado. Esa es la gran noticia. Queda atrás como una excrecencia de la historia de occidente, que en el pretexto ingenuo de convertirse en agente de cambio de un régimen déspota (pero ¿qué cambio, cuando 6500 hombres han muerto de calor y sed en las mismas gradas?) se han hecho los tontos ante la ignominia. Que les cundan los sacos de cash antes de que la pasma irrumpa en su casa y les dé su merecido.

Portada Mundo Deportivo

No sabemos si será verdad lo que Mundo Deportivo proclama como dogma de fe en su portada de hoy. Aunque haya ganado un mundial, sigue habiendo argumentos para negar que Messi sea el mejor de la historia. Por ejemplo, que hay muchos “mejores de la historia”, y que el juicio subjetivo siempre interferirá para designar uno en concreto, ejercicio por tanto vacuo. Por ejemplo, también, que al mejor de la historia no pueden haberlo humillado repetidamente en la mejor competición de clubes (Juve, Roma, Liverpool, PSG, Bayern…) sin que eso haga muy seria mella en su prestigio, por mucho que luego haya ganado el mundial.

Si por el contrario aceptamos la premisa messiánica, según la cual es el mejor que han visto los siglos y punto, ello no hace sino engrandecer más aún la estrella del Real Madrid, club que habrá sido capaz entonces de vivir la segunda mejor etapa de su historia (5 Champions en 9 años) conviviendo y compitiendo, desde el otro lado, con un titán de estas características. El tamaño de tu adversario define en gran medida el tuyo, y el batirle es tanto más meritorio cuanto más inmensa sea su magnitud.

Portada Sport

Sport alcanza el éxtasis místico, y nos revela la existencia de Dios y sus pruebas. Percibimos no obstante, todavía, algunas diferencias entre Santo Tomás de Aquino y Lluís Mascaró, pero será cosa nuestra.

El caso es que a Sport convendría recordarle que lo de ayer no va a implicar incorporación alguna a la sala de trofeos del FC Barcelona. También habrá que recordarle que Messi (o D10s, como de forma harto hortera le denominan) ya no juega allí. Se marchó tras arruinarles, por mucho que un enternecedor síndrome de Estocolmo les impida recordarlo.

Portada Marca

Marca hace un juego de palabras un tanto raruno que le sale regulero, pero se entiende perfectamente el mensaje, o sea, que se alegran mucho. El partido fue tremendo, eso es un hecho, aunque habrá que consignar (no lo vemos por aquí) lo dudosísimo del penalti que abre el marcador, la permisividad arbitral con el cancherismo argentino y otras cuantas cosas más, como las facilidades otorgadas por un Deschamps profundamente incompetente, que fue incapaz en prácticamente todo el mundial de dar la titularidad a un Camavinga que demostró merecerla en los minutos que tuvo. En cuanto a Tchouaméni, por seguir con los dos madridistas derrotados, y a pesar de haber fallado el penalti de su tanda, ha sido el mundial de su consagración absoluta como el mejor medio centro en potencia de todo el planeta.

Portada As

As sigue en la misma línea cavernaria y centralecherística de Marca, por supuesto, y celebra el mundial argentino como si lo hubiera ganado, yo qué sé, España. Por nuestra parte, felicitamos a todos los argentinos que se alegren con esta victoria sin querer extraprolarla a donde no tiene extrapolación (es decir, al fútbol de clubes) y muy especialmente a los miles de madridistas argentinos, muchos de los cuales son seguidores nuestros.

Felicitamos también a quienes fueran capaces de disfrutar del enorme partido de ayer pasando por alto cuán repleto de culpa —por acción y omisión— está el escenario en el que se celebró.

Adiós, Catar. Hasta nunca.

Pasad un buen día.

Va a ser cierto que veinte años no es nada… Y es que veinte años se cumplen hoy desde aquel 18 de diciembre de 2002, fecha en la que el Real Madrid casi dio por cerrado el año de su centenario con el último gran evento de ese año tan especial.

Aquel día se jugó en el estadio Santiago Bernabéu el que, según la FIFA, era el único encuentro oficial que se disputaba en todo el mundo, ya que se paralizó el fútbol a excepción de este partido (para formalizar el hecho, se declaró Día Mundial del Fútbol). Los equipos protagonistas fueron, nada menos, que el Real Madrid y una selección de los mejores jugadores del planeta.

Fue este uno de los innumerables eventos que Florentino Pérez había puesto en marcha durante todo el año para conmemorar los cien años de existencia de la institución deportiva más exitosa de la historia. Habían sido casi 365 días en los que no había faltado de nada: desde la transformación completa del Parque de Atracciones de Madrid en el Parque Temático del Centenario a la puesta en marcha de un tren que recorrió toda España contando la historia del Real Madrid pasando por el desfile de la pasarela Cibeles en el Santiago Bernabéu, un campeonato mundial de mus o la finalización de la última etapa de la Vuelta Ciclista en el interior del estadio.

EL 18 DE DICEMBRE DE 2002 SE DISPUTÓ EN EL BERNABÉU EL ÚNICO ENCUENTRO OFICIAL EN EL PLANETA. SE DECLARÓ DÍA MUNDIAL DEL FÚTBOL

Se recordará por el Centenariazo, la Novena (y el inmortal gol de Zidane), el fichaje de Ronaldo, la primera Supercopa de Europa y la tercera Intercontinental. Y aquel miércoles lluvioso se cerraba el 2002 futbolístico con la exclusividad de ser los únicos en el mundo jugando al deporte rey. Tras ello solo quedaban el Torneo de Navidad de baloncesto y la fiesta que el club había preparado para el 31 de diciembre frente al Santiago Bernabéu.

Antes del fútbol, se rindió homenaje a Ronaldo, que ofreció su Balón de Oro al público según lo recibió de manos del director de la revista France Football. Se tomó una foto histórica con todos los madridistas que habían ganado dicho trofeo: Raymond Kopa, Luis Figo, Alfredo Di Stéfano, Ronaldo Nazario y Zinedine Zidane. Se ofrecieron también todos los títulos ganados en uno de los mejores años de toda la historia del club.

Amistoso centenario Ronaldo

Vicente del Bosque eligió al once formado por Casillas; Miñambres, Helguera, Pavón, Raúl Bravo; Flavio, Guti; Figo, Zidane, Raúl y Ronaldo. A lo largo del partido también jugaron Morientes, César, McManaman, Solari, Celades, Rubén, Portillo, Tote, Borja, Cambiasso, Carlos Sánchez y Olalla. Por su parte, en la selección mundial Scolari dispuso a Cavallero; Cafú, Márquez, Maldini, Lizarazu; Nakata, Baraja, Ballack, Rivaldo; Baggio y Klose para, posteriormente, ir contando con Kaká, Wilmots, Makaay, Bizzarri, Joaquín, Naybet, Cissé, Yakin, D´Alessandro, Mijatovic, Eto´o y Fernando Torres. Mejuto González fue el árbitro designado para dirigir la contienda.

Como no podía ser de otra manera, fue más un partido amistoso que una disputa seria y, dados los mimbres allí reunidos, el cesto resultante no pudo sino ser espectacular de principio a fin; se sucedieron innumerables grandiosas jugadas tanto individuales como colectivas y el fútbol que allí se pudo ver será siempre recordado. Ambos bandos estuvieron a la altura de la ocasión, pero fue la selección FIFA quien comenzó mostrándose incontestablemente superior (o, cuanto menos, más determinante) y así sucedió que en el minuto 42 ya vencía por 0 goles a 2, gracias a un cabezazo de Klose a un centro medido de Baggio y a un tiro cruzado de Kaká tras una maravillosa jugada individual.

Amistoso centenarioMorientes

Amistoso centenario Solari

En el descanso Plácido Domingo cantó al mundo el “Hala Madrid”, el popularmente conocido como “Himno del Centenario”. Se trataba de una pieza de música clásica en la que el tenor estuvo acompañado por la orquesta de Móstoles, magistralmente dirigida por el también muy madridista José María Cano, el compositor de la obra. Los jugadores de ambos equipos se alinearon con los músicos y aquel fue, sin duda, el momento más emotivo de toda la noche ya que el estadio al completo acabó cantando al son del extraordinario tenor madrileño.

EL AMISTOSO DEL CENTENARIO FUE EL CIERRE DE UN CICLO, LA SEGUNDA MEJOR ETAPA DEL CLUB ENTONCES, HABÍAMOS VUELTO AL LUGAR QUE NOS CORRESPONDÍA TRAS GANAR TRES CHAMPIONS

En la reanudación, “los fifos” continuaron el ritmo de la primera mitad a pesar de los numerosos cambios y Cissé, en el minuto 48, anotó tras un pase de Kaká, quien fue la estrella de la noche. La derrota local no hubiera empañado la fiesta, pero, y así lo entendieron en el césped, había que evitarlo. Los blancos se pusieron manos a la obra, incrementaron el ritmo, aumentaron la presión. Así ocurrió que Solari marcó de penalti e, inmediatamente después, se vivió otro de los momentos de la noche: saltó al césped Predrag, nuestro Pedja. Su gol en Ámsterdam era en un porcentaje muy alto el culpable de todo lo que se había vivido en los años anteriores. Tote, tras un rechace de Bizzarri y Cambiasso, de impresionante zurdazo con efecto, lograron el empate.

Amistoso centenario McManaman

Se puso así el colofón a una noche perfecta en lo que, obviamente ignorábamos, era el cierre de un ciclo. Aquel gol culminaba un año excelso en lo deportivo y lo institucional pero también lo hacía con la segunda mejor etapa de la historia del club: habíamos vuelto al lugar donde nos correspondía, habíamos ganado tres Champions y nuevamente éramos el equipo en el que todos los futbolistas soñaban con jugar algún día; curiosamente, algunos de ellos estaban ese día allí. Un ciclo que, visto hoy, hemos de convenir que fue ciertamente corto pero crucial en el devenir del Real Madrid. No en vano comenzó con aquellos Laudrup y Redondo que empezaban a parecer cosa del pasado para pasar a los Figo, Zidane y Ronaldo y toda la universalidad que destilaban y representaban. Fue el paso del viejo fútbol, el del siglo XX, al nuevo que estaba comenzando a llegar y en el que el Real Madrid fue pionero. En apenas cinco años se había pasado del fútbol de siempre, el de “las mocitas madrileñas” al deporte que iba a colonizar el siglo XXI (hoy ya podemos confirmarlo), el de “juegas en verso, que sepa el universo”.

Tras el pitido final, tuvo lugar un emotivo espectáculo de luz y sonido que comenzó con Emilio Aragón animando al público, que acabó coreando el nombre del equipo. Posteriormente, en las pantallas se proyectaron imágenes de la final de Glasgow jugada ese mismo mes de mayo para por último, mostrar imágenes de toda la historia del Real Madrid desde sus primeros años de fundación. Tras el repaso a ese siglo de madridismo finalizó uno de los días más especiales del Real Madrid Club de Fútbol. Un día en el que no se homenajeó a ningún jugador, como tantas veces había ocurrido; se homenajeó al mismísimo Real Madrid.

 

Getty Images.

 

Entregas anteriores:

 

  1. 75 años del Bernabéu (1): La inauguración

Miguel Ángel

Buenos días. Ayer se anunció que Miguel Ángel, mítico portero del Real Madrid en los años 70 y 80, el hombre que junto a Gento y Sanchís hijo ostenta con 18 temporadas el récord de longevidad como jugador del club, padece ELA.

La Galerna, que tuvo el inmenso placer de entrevistarlo para gozo de nuestros lectores (primera parte; segunda parte) quiere enviarle el más cálido de los abrazos, y se ofrece para brindar todo su apoyo a la familia y al propio Miguel Ángel en la difícil singladura que ahora comienza.

Las portadas de la jornada no encuentran un hueco para mandarle un mensaje de apoyo, dado que se juega la final del pútrido mundial de Catar.

Pasad un buen día.

Buenos días, queridos amigos.

Las portadas del día resultan tan motivadoras como una película alemana de las que se emiten en la sobremesa, así que, con su permiso (o sin él), vamos a hablar un poco de lo que nos dé la gana y de aquello hacia lo que nos lleve el teclado, tratando de mencionar lo menos posible este mundial infame cuyo término se acerca ¡por fin!

Al pensar en algo que pueda animarnos a escribir y que aúne a Francia y a Argentina nos ha venido a la mente la insigne figura de Carlos Gardel, el Rey del Tango, el Mudo, el Zorzal Criollo. No están claros los orígenes de Carlos Gardel. Nació a mediados de diciembre de un año que unas fuentes citan en 1887 y otras en 1890. Hay una primera hipótesis que señala su origen en Uruguay, pero pocas cosas molestan más a un uruguayo que el hecho de que lo confundan con un argentino. Podrían contestarte “la concha de tu madre” sin pestañear, expresión que popularizara en nuestro país ese delantero uruguayo llamado Luis Suárez que piaba lindezas de ese porte al oído sordo de los colegiados españoles, incapaces de mostrarle una sola tarjeta roja en ocho años de mal comportamiento en los campos de La Liga.

Y luego hay una segunda fuente que sitúa el nacimiento de Carlos Gardel en Francia, concretamente en Toulouse, una ciudad que si conectaba con Lautrec era capaz de componer cuadros de bailarinas de gran belleza. Un argentino que se precie, como un buen vasco, nace donde quiere, así que el origen exacto no es relevante. Lo que resulta indiscutible es que el francés Gardel vivió desde crío en Buenos Aires y consiguió la nacionalidad argentina en 1923. Con los años, su particular voz y su facha (entiéndase en el sentido de planta o figura, que hoy en día hay que tener cuidado con todo), logró ser reconocido de manera universal como la gran estrella del tango y la pantalla.

Carlos Gardel era aficionado al fútbol y a la albiceleste, y tiene una historia curiosa con su tango Dandy. Cantó el mismo delante de los jugadores de la selección argentina antes de su duelo frente a la uruguaya en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928. Los argentinos perdieron aquel partido. Dos años después, en el Mundial de Uruguay de 1930, volvió a cantarla ante los jugadores de la selección en el partido que los enfrentaba a los locales. Y volvieron a perder, luego el tango quedó proscrito por aquello tan propio de la superstición y el fútbol. Aquí les dejamos el tango Dandy, por si algún argentino no cree en estos gafes y quiere cantárselo antes de mañana.

Carlos Gardel podía haber seguido los sabios consejos de José Sazatornil, el mítico Saza, al escritor argentino de Amanece, que no es poco y haber hecho como “otros suramericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. Son cosas vistosas, no hacen mal a nadie y llaman la atención lo justo, sin armar escándalo”.

Una frase que nos viene perfecta, pues mezcla el surrealismo con la palabra que inmortalizara nuestro Raphael. Escándalo. Como casi todo lo que se ha movido en este mundial.

Portada Marca

Un camello no es solo un mamífero que te joroba doblemente, “se dice giba”, bueno, pues que te giba por dos veces, sino un proveedor de sustancias psicotrópicas prohibidas, y el titular del Marca nos resulta ambiguo respecto al tipo de camello al que se refiere. Lo cierto es que nos importa más bien poco, pues lo único que nos motiva a estas alturas es ver a nuestro Luka Modric llevarse una alegría como la que sería para su pequeño país regresar con un meritorio tercer puesto y el reconocimiento mundial que aquí se le negó durante años.

Portada Sport

Ahora nos toca hablar de S.B. Sí, señores, S.B. siempre fue un buen actor secundario, un tipo que, bien acompañado, con un reparto de estrellas adecuado, era capaz de aportar y mejorar el conjunto sin estorbar. Pero no le llegaba para liderar si el plantel que lo rodeaba no estaba compuesto por rutilantes figuras. A S.B. siempre le perdió la tendencia a la sobreactuación, a exagerar, a fingir reacciones que obviamente no eran lo que habíamos visto en pantalla. Y a largar más de la cuenta. Hablamos de Steve Buscemi, pero todo lo dicho es igualmente aplicable a Sergio Busquets, quien hoy ocupa el faldón superior del Marca y las portadas del As y el Sport:

S.B. también podrían ser las iniciales del Súper Blanqueamiento con el que siempre trataron los medios las actuaciones poco deportivas del fenomenal centrocampista del Barça. Busi deja la selección y suponemos que en próximas convocatorias tendrá mono de la misma, perdón, quisimos decir “morro”.

Por cierto, hay un tango de Gardel dedicado al fútbol que lleva por título Patadura, pero no nos ha venido a la mente por el hecho de que Busi lesionara en la misma temporada a Lucas Vázquez, Zielinski y Mertens, sino por otras frases como “Con juego y picardía / Se altera el marcador / Dejate de aspavientos / vos no tenés más chance”.

La vida de Carlos Gardel acabó de forma trágica en un accidente aéreo en Medellín en 1935. Alguna de las portadas recoge de soslayo otra trágica muerte prematura: la del gran defensa zurdo Sinisa Mihajlovic a los 53 años de edad. Leyenda en Serbia y en Italia, y quizás el único que pueda competir en “Patadura” a la hora de lanzar faltas con Roberto Carlos.

Les dejamos con la portada del Mundo Deportivo y uno de sus habituales juegos de palabras.

Que pasen ustedes un buen día, ya queda menos para que vuelva el Real Madrid.

Portada Mundo Deportivo

 

El Paris Saint-Germain derrotó (2-1) al Real Madrid femenino en la penúltima jornada de la fase de grupos de la Women’s Champions League, certificando la eliminación del equipo blanco. En un partido jugado con carácter por las madridistas, su desacierto en ambas áreas terminó por premiar sin merecimiento al equipo francés.

En el Parque de los Príncipes de París, tras noventa minutos de partido en los que el PSG y su plantilla aspirante a todo tenía en su mano avanzar de ronda en Europa, Sakina Karchaoui y Grace Geyoro –dos de las mejores futbolistas del mundo– se vieron obligadas a centrar su actuación en arañar segundos al cronómetro. Para frustración del madridismo, el castigo a sus rivales podría haber sido mucho mayor: el Real Madrid tuvo en su mano dar un primer revés en el contexto del fútbol femenino al proyecto deportivo-propagandístico del estado catarí.

Sin embargo, la bisoñez de este Real termina por licuar en una imposibilidad evidente para escalar hasta la cumbre en la que aguarda la élite europea. A lo largo de partidos como el disputado en suelo francés, el aficionado puede ir anotando con facilidad momentos clave, de esos que actúan como compuertas para ir conduciendo la corriente por la que va fluyendo el duelo, en los que la salida del agua es la contraria a la que conviene al Madrid. Un duelo aéreo perdido por aquí, una posesión regalada en un momento crítico allí, o un disparo sin tensión más allá, y tu oportunidad ya es pasado.

La suerte del cuadro de Alberto Toril quedó echada segundos antes del descanso. Sucedió en el área de una Sarah Bouhaddi incapaz de atajar disparos de dificultad media, donde Sandie Toletti acababa de regalar una asistencia de oro a Caroline Weir. La escocesa, centrada frente al arco rival, tuvo todo el tiempo del mundo para decidir en qué dirección chutar a gol. En 99 intentos habría dado igual, pues el cuero habría entrado siempre. Inexplicablemente, su chut fue a parar al cuerpo de la portera francesa y con él desperdició la oportunidad de zarandear al PSG cuando más duele: al borde de la pausa.

Por entonces las 22 protagonistas ya habían memorizado el guion de la noche. El Real Madrid, que saltaba al campo con el pivote de corte defensivo formado por Toletti y Freja Olofsson, encontró una avenida ancha como los Campos Elíseos por el carril central del verde. Lo que días atrás eran balones aéreos sin destino tornaron en pases filtrados que permitieron superar con facilidad una y otra vez las primeras líneas del PSG. Envalentonadas, las blancas se creyeron la película y robaron un saco de balones adelantados muy prometedores, pero sus mejores esfuerzos restallaron –hasta en tres ocasiones– con la madera de la portería local.

La incapacidad para defender el balón parado, un defecto de fabricación que la dirección deportiva en Valdebebas aún no ha tenido tiempo de remendar, impide aspirar a más

En torno al latifundio asignado a Misa Rodríguez, un océano a espaldas de las centrales, el travesaño también tuvo protagonismo, pero no fue el obstáculo insalvable que supuso para las blancas en el lado contrario. Cumplido el cuarto de hora, cuando la colegiada –no digna de ser nombrada– había comenzado a regalar acciones a balón parado al equipo parisino, llegó el primer baño de realidad para el Madrid. Ramona Bachmann sirvió un córner al primer palo, las marcas defensivas fallaron y Elisa de Almeida consiguió conectar un balón bombeado que entró llovido en la portería.

La incapacidad para defender el balón parado, un defecto de fabricación que la dirección deportiva en Valdebebas aún no ha tenido tiempo de remendar, impide aspirar a más. Y es que el 1-0 permitió a las locales contentarse con la ley del mínimo esfuerzo: estirar y atraer al Madrid con el único fin de buscar a Kadidiatou Diani y a Sandy Baltimore al espacio. Por momentos, el PSG emuló al adolescente que aprende a tocar su primera canción con la guitarra y se recrea repitiendo una y otra vez la combinación de acordes que funciona. Una actuación tan eficaz como aburrida.

Lo pudieron pagar, pero Weir no aprovechó la suya y tanto Esther González, como Naomie Feller y Athenea del Castillo, salieron al campo con la pistola encasquillada, siempre fallando en el instante decisivo a pesar de firmar buenos movimientos fuera del área. Cuando cumplida la hora de juego Olga Carmona cayó en la trampa que la lateral Ashley Lawrence le plantó en una internada en el área, no hubo a quien apelar. La árbitra finlandesa se lavó las manos ante la entrada precipitada de la sevillana, poniendo en bandeja el 2-0 de Diani desde el punto de penalti.

Si bien por entonces la resignación blanca ante el fin de su periplo europeo por este año podría haber acabado en goleada, el fuego interno que empieza a brotar con timidez en las entrañas de este Real Madrid regaló unos últimos minutos de optimismo. En esfuerzo sincronizado, Teresa Abelleira, Maite Oroz y Feller crearon la mejor jugada del partido, culminada en gol por Claudia Zornoza para recortar distancias, e, inmediatamente después, a Athenea se le escapó el empate por centímetros.

Fue como la ráfaga de viento que desemboca en un portazo incontrolado; quizás una advertencia ante lo que puede estar por venir. Frente a la indolencia del PSG, cada vez resulta más evidente que un Real Madrid femenino confiado y mejorado no tardará en asaltar el trono que ahora se le niega. ¿Ocurrirá la temporada que viene?

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram