Las mejores firmas madridistas del planeta

Benzema se nos fue. Se quedó a vivir en una prórroga que dura un año, flotando en esa media hora desde que el speaker del Bernabéu anunció los seis minutos de añadido hasta que Vallejo se vistió de Templario de la Corona de Aragón, gol de penalti estando cojo de por medio. Ahí vive Karim, en el recuerdo de la histeria. Este año no ha sido más que el descuento de la prórroga. Quién quiere septiembres ni febreros cuando la primavera durará toda una vida.

Llegó con más pinta de personaje secundario de peli de Sorrentino que de nueve para una década. Fragmentos de belleza única entre la decadencia y la melancolía. Cuando el Madrid era el Imperio Romano languideciendo, refugiado en sus triunfos pasados, y en el reflejo del Tíber la gloria más cercana la encontraba en la volea de otro pelado francés.

En fin, maestro. Que te den lo que no pudimos darte, aunque nosotros te lo hayamos dado todo

Luego vendría La Décima, el pelado francés otra vez, ahora desde el banco, La Undécima, el Calderón. Y fue ahí, en la línea de cal del Manzanares, a la orillita de un continente y jubilando una catedral del fútbol, donde terminó de convencer hasta al más agnóstico. Ya no quedaba ni un iconoclasta sin comprender que sin estética no puede haber ética.

Benzema Calderón

Tuvo siempre Karim un ligero perfil trágico, con esa mirada perdida y con esa languidez tan suya con la que se abandonaba en el campo. Y sin embargo siempre fue nuestro favorito, el bueno, el que, preguntados por nuestro jugador fetiche, citábamos para demostrar que sabíamos de la pelota. Un Balón de Oro con aire de torero despechado, de mariachi borrachín desafinado. Y aun así no te hubiésemos cambiado por ninguno. La nostalgia hecha futbolista, vaya, y, al mismo tiempo, la virtud de ser salvaje y estético a la vez.

En fin, maestro. Que te den lo que no pudimos darte, aunque nosotros te lo hayamos dado todo. Con ese nuevo Bernabéu a puntito de estrenar. Con todas las luces que aquí dejaste encendidas. Yo no sé cómo vamos a apagarlas.

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Este es un artículo escrito y no publicado por Julián Carpintero en 2015. La vigencia que mantiene a día de hoy es sorprendente.

 

 Hace tan sólo unas semanas que Alberto Egea escribía lo siguiente en su perfil de Twitter: "Con una raqueta hubiera sido Federer, con un pincel Picasso y siendo un negro de 2'10 hablaríamos de 'Magic'. Pero eligió el balón". Y no podría tener más razón al hablar de Karim Benzema, el verso suelto del Real Madrid campeón que, sólo cuando este cuelgue las botas, comprenderá que ha estado años jugando a lo que el francés ha querido. Pero, claro, Benzema es tan sutil que el resto apenas sí nos hemos dado cuenta.

Pocas personas en todo el planeta serían capaces de definir con precisión lo que es Benzema, ya que encerrado en ese cuerpo de nadador al más puro estilo Mark Spitz vive un refinado violonchelista capaz de aparecer y desaparecer del campo de visión de los defensas rivales con un simple giro de cadera. Porque es tan etéreo que nadie sabe lo que es. No se le puede considerar un delantero al uso, pues cae con facilidad al círculo central para asociarse con sus compañeros como si del mejor pasador se tratara. Tampoco un mediapunta, esa posición que los italianos, con su habitual musicalidad para las palabras, han venido en llamar 'trequartista'. Y mucho menos un gato, por mucho que José Mourinho le confiriera atributos felinos en aquella célebre rueda de prensa. Quizá lo más acertado sea decir que Benzema y el fútbol son como una pareja de adolescentes enamorados a los que les aterra el compromiso por sus ansias de juventud: no les hace falta ponerse un nombre para saber lo que son. Y a ellos les basta.

Karim Benzema, el verso suelto del Real Madrid campeón que, sólo cuando este cuelgue las botas, comprenderá que ha estado años jugando a lo que el francés ha querido. Pero, claro, Benzema es tan sutil que el resto apenas sí nos hemos dado cuenta

Con una sonrisa que Da Vinci hubiera querido para su Gioconda, Benzema es un futbolista camaleónico. Su arrancada provoca la misma sacudida que la estampida de una manada de bisontes, potente y devastadora, emulando las carreras salvajes de su ídolo Ronaldo. Con sus controles, tan complejos como sofisticados, dibuja siluetas sólo al alcance de Baryshnikov, un arte que distinguió a su mentor y gran valedor, Zidane. Su mente bien podría ser la de Norman Foster, ya que posee la perspectiva de un arquitecto para proyectar combinaciones y desmarques que otros tardaríamos tres vidas en soñar. Pero es que el galo —con ele, no con t— es mucho más que eso. Es la imaginación necesaria para caracolear en una baldosa del área, la fuerza precisa para alojar un balón en la escuadra de Rulli gracias a un derechazo percutido con compás y la inteligencia para interpretar las necesidades de cada partido y retroceder un metro para que los dos pistones que corren por sus lados avancen veinte. Un elegido que parece vivir en la misma burbuja que Modrić, del que Guillermo Valverde dijo "no ser consciente de lo bueno que es, como esa chica guapa que no sabe que es guapa".

Benzema y Modric

Más de un lustro ha tardado la grada del Santiago Bernabéu en bendecir al '9' del 'gallo', un hombre que después de aparcar sus escarceos con Ferraris y señoritas de la vida alegre ha sabido susurrar a la pelota e hipnotizar a propios y extraños. A día de hoy parece casi una grosería pensar que en algún momento Benzema fuera suplente de Higuaín, Adebayor o Morata, todos ellos excepcionales futbolistas —que me perdone 'Chicharito'—, pero ninguno con la consideración de un jugador que, como sentenció Hughes, "entra en el área como si la acabaran de fregar", de puntillas, como si no quisiera que nadie se enfadara con él. Benzema es así, no busca los focos ni tan siquiera a la hora de celebrar sus goles, cuando le basta con lanzar un par de salvas con el rifle imaginario que sostiene entre sus manos.

No obstante, más allá de ser el ojito derecho de Florentino, probablemente su mayor mérito haya sido sobrevivir al bullicio que montan la ambición de Cristiano y el hambre de Bale, dos animales a los que Benzema no ha hecho otra cosa que ponerles delante de sus narices la zanahoria con el palo para que sean ellos los que corran. Pero Ancelotti, hombre de fútbol y el laconismo hecho carne, lo sabe y le valora en la medida en que se merece. Falcao, Cavani, Lewandowski, Agüero... ¿Qué más da? Si el mejor delantero (ahora sí) que el Real Madrid podría tener ya viste de blanco.

 

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El 6 de junio de 1998, tal día como hoy de hace 25 años, el Real Madrid terminaba la temporada 1997-98 con un encuentro amistoso disputado en La Rosaleda, Málaga, frente al Atlético de Madrid. El equipo blanco, dirigido en aquella ocasión por Toni Grande, se impuso 2-1 con tantos de Amavisca y Jaime. Ese día se despedía de los terrenos de juego como futbolista profesional Miguel Porlán Noguera, ‘Chendo’, el lateral derecho de la rodillera blanca. Cerraba una etapa de dieciséis temporadas y 497 partidos oficiales de blanco en los que hizo gala de una gran capacidad de trabajo y sacrificio.

Chendo colgaba las botas pero no dijo adiós al Real Madrid porque relevó a otro histórico, Ignacio Zoco, como delegado del primer equipo de fútbol. Y ahí sigue. Un cuarto de siglo después se mantiene en un puesto que le ha permitido superar los 45 años consecutivos al servicio de la institución deportiva más importante del mundo. Serán 46 a la vuelta del verano y sería muy bonito que se prolongara su vinculación con el Club hasta completar los cincuenta.

Zoco y Chendo

La despedida en Málaga de 1998, por lo tanto, no fue más que un punto y seguido a una carrera que se inició cuando llegó a la capital desde su Totana natal, sin haber cumplido todavía los dieciséis, para incorporarse a los juveniles del club blanco. Era septiembre de 1977. Para que nos hagamos una idea de lo que ha vivido Chendo en el Real Madrid es suficiente con echar un rápido vistazo a unos cuantos datos y apuntes que ponen en relieve la dimensión de su paso por la entidad, una trayectoria que sigue vigente. De hecho, muchos no habrán conocido un Real Madrid sin Chendo.

El 6 de junio de 1998, tal día como hoy de hace 25 años, el Real Madrid terminaba la temporada 1997-98 con un encuentro amistoso disputado en La Rosaleda, Málaga, frente al Atlético de Madrid

Cuando el novel Miguel Porlán llegó al Real Madrid el presidente era Don Santiago Bernabéu de Yeste. Acababa de celebrarse el homenaje a Manuel Velázquez y en la primera plantilla del conjunto blanco todavía jugaba uno de los ilustres del Madrid ‘yeyé’, José Martínez ‘Pirri’. Un joven Juan Gómez ‘Juanito’ acababa de incorporarse al equipo para triunfar con la elástica blanca. Las camisetas, por cierto, todavía no llevaban publicidad ni lucían logotipos de firmas comerciales. Y todavía no se jugaba con el inolvidable balón Tango de Adidas. Era otro fútbol.

Chendo joven

Chendo progresó como futbolista en las categorías inferiores para dar el salto al filial. Jugó la Recopa de Europa con el Castilla, debutó en Primera División con motivo de una de las huelgas que vivió el fútbol español a comienzos de los ochenta, subió al primer equipo con Alfredo Di Stéfano de entrenador y vivió la eclosión de la Quinta del Buitre, con cuyos componentes había llegado a coincidir en Segunda División. Fue uno de los protagonistas de las históricas noches de remontadas europeas de aquella década y ganó las dos Copas de la UEFA. Llegó a ser Internacional con la Selección de España, con la que disputaría dos Mundiales. Como defensa marcó a los mejores rivales de la época, dejando para la historia un inolvidable duelo con Diego Armando Maradona. Formó parte del equipo que encadenó las cinco Ligas consecutivas entre 1986 y 1990. Portó el brazalete de capitán. Jugó a las órdenes de técnicos tan dispares como Jorge Valdano o Fabio Capello. Se retiró levantando La Séptima. La Copa de Europa, a todo esto, había cambiado ya de formato y de nombre denominándose Champions League.Chendo selección española

Después, ya como delegado, ha estado a pie de campo en todos y cada uno de los partidos que ha jugado nuestro equipo durante los últimos veinticinco años, que se dice pronto. Ha visto cómo se ha incrementado el palmarés de un Club que, cuando él llegó, contaba con seis Copas de Europa en sus vitrinas y ahora expone catorce trofeos de la máxima competición continental en su museo. Vio cómo se ganaban Copas Intercontinentales, primero, y Mundiales de Clubes, después. Asistió a la llegada de los fichajes más mediáticos de principios de siglo y a los veranos con las giras internacionales. A la conquista de nuevos títulos que no se habían ganado antes, como las Supercopas de Europa, por parte de futbolistas que también se adjudicaban galardones individuales como los preciados Balones de Oro. En lo personal, también tuvo el privilegio de volver a jugar con el primer equipo a los 49 años en un amistoso disputado a favor de los afectados por el terremoto de Lorca.

Chendo Lorca

A lo largo de las campañas y de las temporadas Chendo ha acompañado en el banquillo a todos los entrenadores y técnicos que han ido pasando por la escuadra blanca. Ha visto cómo ha cambiado la fisonomía del Estadio Santiago Bernabéu. Vivió la reforma con motivo del Mundial 82, las obras de 1992 o la actual remodelación que está cambiando el aspecto del templo madridista. Pasó de entrenar en la antigua Ciudad Deportiva a ver cómo el conjunto blanco trabaja ahora en Valdebebas. También vio cómo cambiaba la moda y la estética alrededor del fútbol. Las clásicas botas negras, por ejemplo, pasaron a ser de colores llamativos. El propio Chendo fue uno de los innovadores en ese ámbito, puesto que llegó a lucir en algún partido unas botas en las que predominaba el material de color blanco. De un fútbol cuyos aficionados se informaban a través del papel de los periódicos y revistas hemos pasado a otro en el que la información digital está a la orden del día. El Club incluso cuenta con su propio canal de televisión. Qué diferente es todo a lo que había en septiembre de 1977…

El de Totana se jubilará después de toda una vida en el Madrid. Y la etiqueta de ‘One Club Man’ se le queda muy corta

A lo largo de los últimos 45 años Miguel Porlán ‘Chendo’ ha contemplado de todo en el Bernabéu y ha sido testigo, en primera persona, de cómo ha crecido y se ha modernizado la entidad. Si alguien ha visto lo que ha cambiado el mundo del fútbol y el Real Madrid a lo largo del último medio siglo, ha sido él. Dudo mucho que algún otro empleado lleve tanto tiempo en nómina del Club. El de Totana se jubilará después de toda una vida en el Madrid. Y la etiqueta de ‘One Club Man’ se le queda muy corta.

 

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En el ya lejano verano de 2009, hace 14 años, Florentino Pérez montó una verdadera revolución en el club, al que volvía después de su segundo advenimiento.

Fue el verano de Cristiano Ronaldo, primordialmente, pero también el de Kaká: dos figuras mundiales y ambos muy recientes balones de oro. También el de varios fichajes para “españolizar” al equipo, encabezados por el metrónomo Xabi Alonso, que vino acompañado por dos defensas internacionales, Albiol y el gran Álvaro Arbeloa (acierto pleno al fichar a los 3, que un año después se proclamaron campeones del mundo de selecciones en Sudáfrica con la selección española).

Benzema, Cristiano, Xabi Alonso, Kaka, Arbeloa, Garay, Granero y Albiol

Hubo un sexto fichaje: se trataba de la promesa más ilusionante del fútbol francés, un delantero de 21 años de edad, procedente del Olympique de Lyon, con 4 títulos conseguidos como campeón de la Ligue 1 a su joven edad. Karim Benzema. El presidente Pérez, enamorado de su juego, se desplazó personalmente al domicilio de Karim para formalizar su fichaje, quizás la única vez que hizo una gestión de fichaje tan personalizada.

14 años después, el domingo 4 de junio de 2023 por la mañana, saltó el bombazo que —casi— ningún madridista deseaba: se va Benzema del club, sin dejarnos tiempo para organizarle una despedida por todo lo alto en el Bernabéu. El anuncio apenas se hizo 6 horas antes del inicio del último partido de liga del francés. Y sorprendió con el pie cambiado a todo el mundo.

Florentino Pérez, enamorado de su juego, se desplazó personalmente al domicilio de Karim para formalizar su fichaje, quizás la única vez que hizo una gestión de fichaje tan personalizada

Quien les narra —como muestran decenas de escritos en La Galerna— profesa una enorme devoción por Karim Benzema desde el mismo momento en el que se anunció oficialmente su fichaje. Hay muestra gráfica de ello: por ejemplo, en la final de Kiev en 2018 ante el Liverpool, este escribidor no vio a ningún otro seguidor del Real Madrid luciendo una camiseta de Benzema, excepto a sí mismo.

Esa temporada, por cierto, fue de las más flojas del francés de origen argelino, con pocos goles (12, su segunda peor marca como madridista en 14 años), y cosechando bastantes pitos por parte de su propia afición, sobre todo en varios encuentros ligueros, donde su bagaje en 32 partidos fue tan solo de 5 tantos. Aun así, resultó ser más que decisivo en la vuelta de la semifinal ante el Bayern (2-2, con 2 goles suyos ante el alemán Ulreich) y en la mismísima final, donde su astucia permitió batir al meta Karius e inaugurar el marcador de la final.

Benzema Karius

Muchos compañeros de esta revista de Internet han rendido homenaje a Karim —con mucha más belleza que un servidor— y otros cuantos lo seguirán haciendo en los próximos días. Así pues, incidiré menos en loas poéticas y en aspectos sentimentales, destacando sobre todo la progresión que ha vivido Benzema en el transcurso de esta larga trayectoria, que ha terminado con 648 partidos disputados, siendo el quinto jugador en esta clasificación en los 121 años de historia del club, tan solo tras Raúl González (741), Iker Casillas (725), Manolo Sanchís (710) y Sergio Ramos (671), y siendo el extranjero que lidera dicho ranking, superando en más de 100 partidos al segundo, Marcelo Vieira (546).

Destaco sobre todo la progresión que ha vivido Benzema en el transcurso de su larga trayectoria, que ha terminado con 648 partidos disputados, el quinto jugador en los 121 años de historia del club, y el extranjero que lidera dicho ranking

Y es que los principios de Benzema en el club no fueron sencillos. Tardó algún tiempo en explotar y tuvo que competir duramente en sus inicios con Gonzalo Higuaín por la titularidad. En su primera campaña juntos, el Pipa goleó a Karim (29 goles a 9), aunque en la segunda temporada los números del lyonnais ya superaron a los del argentino nacido en Francia, ambos a las órdenes de Mourinho. Y la tendencia siguió así durante el trienio del entrenador portugués, pese a algunas críticas de este sobre el francés con su famosa frase “si no tienes perro para ir a cazar y tienes un gato, vas con él”, frase que espoleó a Karim para poco a poco desbancar a Higuaín, cosa que finalmente logró a mediados de su segunda campaña.

Benzema Mourinho

Pero Karim tenía otra baza, además de su producción goleadora, que ya superaba con facilidad los 25 goles al año (con un pico de 32 en la célebre Liga de los récords): las asistencias. Y es que se convirtió claramente en el mejor compañero de baile de Cristiano Ronaldo, con una media de 20 asistencias por año, la mayoría como obsequios para el crack de Madeira.

De ahí el título de este artículo. Benzema, sobre todo en las temporadas de Mourinho, era el gran actor de reparto, un secundario valiosísimo. Ya se sabe que, en muchísimas películas, son los grandes actores secundarios quienes salvan una producción. Karim sabía que el galán del film era otro, era el marciano portugués que marcaba cada año 50 goles. Y aceptó generosamente dicho rol.

En los premios Oscar, en toda su casi centenaria historia, ha habido 6 actores que han sido capaces de ganar la preciada estatuilla como actor principal y también como mejor actor secundario. En la mayoría de los casos, el primer Oscar que obtuvieron fue como actor de reparto, y años después les llegó la gloria absoluta como actores principales.

El gran Jack Lemmon ganó como secundario en 1955 (“Escala en Hawai”) y como protagonista 18 años después (“Salvad al tigre”). Robert de Niro hizo el mismo recorrido como secundario (“El Padrino 2ª parte”) en 1974 y logró el Oscar como actor principal en 1980 con “Toro Salvaje”. Denzel Washington, lo mismo: mejor actor de reparto en “Glory” (1990) y alcanzó su cima en 2002 con “Training Day”. También igualó dichos registros el hoy en día denostado Kevin Spacey, con “Sospechosos habituales” en 1995 y su protagonista en “American Beauty”, de 1999.

Jack Lemmon Salvad al tigre

Este fue el camino que tuvo que recorrer Karim Benzema, el mejor secundario entre 2009 y 2018 en el Real Madrid, el socio favorito de Cristiano, pero al que los periodistas en general (recordemos aquellos feos apodos de “BenzeMAL” “BenzeNÁ”, “Mesié Empané”, “El gato” como mote despectivo, o “BenzeMALO”), y muchos aficionados madridistas no lo supieron valorar en su momento. Recordemos que numerosos seguidores asiduos al Bernabéu casi exigían su suplencia y manifestaban su preferencia por Álvaro Morata como titular del equipo.

Su gloria (que ya de por sí debía de ser indiscutible, ya que había ya ganado en 2018 4 Copas de Europa, y siendo en las 4 finales titular indiscutible) definitiva se fraguó paradójicamente —o no tan paradójicamente— a partir de la salida de su mejor partner en el club, verano de 2018. Aquel verano negro (por las salidas de Cristiano y de Zinedine Zidane), casi todos pensaban que quien iba a tomar el relevo en el liderazgo de la delantera merengue iba a ser Gareth Bale; pocos pensaban en Karim.

Los periodistas en general y muchos aficionados madridistas no lo supieron valorar en su momento. Recordemos que numerosos seguidores asiduos al Bernabéu casi exigían su suplencia y manifestaban su preferencia por Álvaro Morata como titular del equipo

Lo cierto es que tras un annus horribilis 2018-19 del club (en el que Benzema volvió a marcar 30 goles, los mismos guarismos que 7 años antes), enseguida se vio que el francés iba a asumir el bastón de mando atacante del equipo. Lo reafirmó en la siguiente campaña, la de la Liga de la Pandemia, reconquistando el título tras el de 2017, y de ahí ya nadie le pudo quitar el protagonismo en el Madrid (con producciones cercanas a los 30 goles y más de 10 asistencias por año), con especial hincapié en la maravillosa temporada 2021-2022, con un récord de 44 goles y 15 asistencias en tan solo 46 partidos, con una lluvia de títulos, con liga incluida, y con su excepcional Champions League, la Decimocuarta, posiblemente la más bella e increíble aventura jamás contada desde que se creó la competición, allá por 1955.

Benzema Catorce

Obviamente, tras tan tremebundas estadísticas, llegó el 17 de octubre de 2022 (“le jour de gloire est arrivé”, como una de las estrofas de “La Marsellesa”) la noche en la que Karim obtuvo su particular Oscar al mejor actor protagonista: el célebre Balón de Oro, más merecido y más unánime de los últimos tiempos. En esta ocasión, no hubo la más mínima sombra de duda sobre qué jugador había hecho más méritos para levantar dicho galardón.

Benzema había culminado el mismo camino que en celuloide habían trazado antes que él actores excepcionales: Lemmon, De Niro, Washington, Spacey, que se habían esforzado durante años haciendo papeles de todo tipo, con variados registros (comedia, drama, acción). Benzema se había entregado durante años al equipo, a sus compañeros, abriendo espacios, efectuando desmarques, inventándose pases imposibles, cabeceando, disparando con ambas piernas desde todos los ángulos, produciendo jugadas imposibles como su célebre slalom en la línea de fondo en el viejo Calderón ante la presencia y los ojos atónitos de tres defensores de prestigio como Godín, Savic y Giménez.

Benzema había culminado el mismo camino que en celuloide habían trazado antes que él intérpretes excepcionales del cine: de actor de reparto a mejor actor principal

Benzema ha producido tantas obras maestras que muchas de ellas permanecerán hasta el fin de los tiempos en millones de mentes madridistas y también de muchos amantes del fútbol de calidad (“juego para los que saben de fútbol” como bien declaró varias veces), como lienzos velazqueños en el Museo del Prado o como vestigios mesopotámicos en el British Museum.

Aun nos queda por llorar su ausencia: en el mes de julio próximo ya no formará Karim parte de la expedición madridista para hacer la pretemporada. Una de mis hijas me recordada ayer que el coche que teníamos hace unos 10 años lo bautizó ella misma como “Benzema”, mientras derramaba unas lágrimas al enterarse de su adiós al Madrid.

Benzema ha producido tantas obras maestras que muchas de ellas permanecerán hasta el fin de los tiempos en millones de mentes madridistas y también de muchos amantes del fútbol de calidad (“juego para los que saben de fútbol” como bien declaró varias veces), como lienzos velazqueños en el Museo del Prado

Tengo claro que el próximo partido al que vaya al Bernabéu lo haré con la camiseta del 9 de Benzema, como en ciertas ocasiones señaladas (a veces me pongo dos, ambas con el 9, la otra está firmada por D. Alfredo, quien, por cierto, adoraba el talento del francés y así me lo hizo saber al menos en dos ocasiones). Va a ser un vacío imposible de cubrir, pero nos ha dejado tantos goles, tantos pases, tanto arte, en definitiva, que al añorarlo tendremos todos los que le adoramos un amplio catálogo de joyas futbolísticas por recordar.

 

P.D.: Para los curiosos amantes del cine, los otros 2 actores que han obtenido ambos galardones (actor principal y actor de reparto) han sido hasta ahora Jack Nicholson (2 como protagonista en “Alguien voló sobre el nido del cuco” en 1976 y en “Mejor… imposible” en 1998, y como secundario en “La fuerza del cariño” en 1984) y Gene Hackman (protagonista en 1971 por “French Connection” y secundario en 1992 por “Sin perdón”). Al contrario de los antes mencionados, estos dos gigantes del cine empezaron ganando como actores principales de sus películas.

 

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Buenos días, amigos. Miguel Hernández iba de su corazón a sus asuntos y nosotros hoy vamos del Corazón (de la 14) a los nuestros, que son las portadas, aunque para ser sinceros estamos todavía presos del ensalmo del prodigioso documental de Real Madrid TV, emitido ayer en primicia mundial.

A diferencia de lo mostrado en anteriores exponentes de la serie (“En el corazón de…” viene realizándose desde la Octava), este reportaje no se circunscribe a mostrarnos la intrahistoria de la Final, sino que se recrea en el prodigio de todo el camino a la misma, con las imponentes remontadas ante PSG, Chelsea y City. Si no lo habéis visto ya, esperad a la repetición al jueves (también en RMTV) o haceos invitar a casa del amigo que lo grabase. Seguro que no le importa soportaros con el culo en su sofá y apretándoos todas las aceitunas si eso implica volver a pasar por el trance emocional de repetir todos esos momentos.

Es un producto único, maravilloso. Alguien (no diremos quién para no desacreditarle ante las masas) sugería ayer en el consejo de redacción de La Galerna que era demasiado largo. Es un reportaje para mitómanos, y el auténtico mitómano no tiene suficiente con diez segundos de Lucas Vázquez cortándose las uñas de los pies antes de darse el último masaje previo a la Final, sino que quiere la secuencia completa de la pedicura del gallego.

El documental está tan cuajado de momentos inolvidables que, si queréis, podemos ser vuestro amigo el que os invita a verlo a su casa, convirtiéndoos en la excusa perfecta para verlo de nuevo. Es un compendio de todas las cosas buenas y edificantes de la vida, sencillamente: la fe, la amistad, la aventura. En definitiva, el Real Madrid.

Lo vamos a grabar en un pen drive y lo vamos a llevar colgado del cuello, como un escapulario que nos saque del Purgatorio el miércoles siguiente a nuestra muerte porque juega el Madrid en Champions.

Florentino cachondeándose con Courtois en el vestuario, tras la victoria en Saint Denis. “No has hecho nada del otro mundo. ¿Cuál es tu trabajo? Parar, ¿no? Pues has parado, ya está”. “Gracias por traerme aquí, Presi”.

Luka Modric hablando castellano como Fernando Lázaro Carreter. “Esta victoria tiene el rango de la Décima”.

Militão explicando a Florentino cómo siente él el Real Madrid.

El ambiente (documento impagable) que se vivía en el vestuario durante los minutos de retraso en el inicio de la Final, a causa de los incidentes de Saint Denis. Toni Kroos: “No importa, ganamos más tarde”.

El irresistible corolario final, a manera de epílogo, con las reacciones al gol de Vini frente al Liverpool en los rincones del planeta más dispersos, desde la India a Los Angeles, pasando por Senegal o Polonia. El Madrid es una fiebre global.

No os lo perdáis. Tampoco os perdáis hoy, a las 12AM, el homenaje a Karim Benzema en Valdebebas, retransmitido también por RMTV.

En fuerte contraste con este prodigio, están las portadas de la jornada.

Vamos con ellas, si es que encontramos fuerzas para desengancharnos de lo bueno y arrimarnos a… bueno, a lo de siempre. Se da por concluida la temporada futbolera y se abre la del pajiplantilleo.

El pajiplantilleo, para quien no lo sepa, es la ciencia onanística a partir de la cual cada madridista del orbe gesta una plantilla del Madrid para la temporada próxima, de preferencia valiéndose de un papel y un boli y, aunque no hay contraindicación en llevar a cabo esta práctica en cualquier estación del año, lo cierto es que el pajiplantilleo, como las bicicletas, es predominantemente para el verano.

Portada Marca

El pajiplantilleo de Marca tiene que ver con Davies, el soberbio lateral izquierdo del Bayern, por quien hay un interés del Madrid (esto os lo confirmamos nosotros) y acerca de quien no se niega a negociar el Bayern (esto os lo cuenta José Félix Díaz). La Galerna, en tanto en cuanto el jugador le encanta, lo incorpora con gusto a su pajiplantilla. Bellingham y Kane, mencionados asimismo en la primera plana marquista, son del gusto de nuestra redacción para iluminar nuestro vicio solitario.

Portada As

Chukwueze, en cambio, no estaba previsto en el catálogo, pero chico, a estas alturas no vamos a hacernos los estrechos y, si hay que hacer hueco para el último jugador que nos ha impresionado en el cara a cara (menudos dos golazos nos marcó en el último choque contra el Villarreal en el Bernabéu), pues se le hace.

Pero vamos, que os reiteramos: para gozar en soledad (o en compañía de otros), nada como En el Corazón de la 14.

La prensa cataculé sigue con sus cositas de Messi, las cuales, por desgracia para nosotros, nos tememos que son pura fantasía.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Hace unos años el filósofo francés Jean Juan Palette-Cazajus definió «tradición» como «ilusión», o sea: «ilusión de perennizar y sacralizar cualquier producción histórica de la mente humana mediante la creencia de que su periódica repetición ritualizada podrá preservar una pureza originaria. O sea, ilusión de vencer o parar el tiempo. Ilusión de que uno pueda bañarse todas las veces que quiera en un mismo y eterno remanso del río de Heráclito».

Buscando entender por qué me siento tan mal hoy, después de que Benzema abandonara para siempre el Real Madrid, he llegado a la conclusión de que, para los aficionados, los futbolistas nos pertenecen, aunque, por desgracia, sólo por un tiempo limitado. He ahí la razón del desasosiego. Padecemos de esa irremediable, inevitable ilusión. Ese tiempo limitado puede, en ocasiones, dilatarse mucho: Benzema, por ejemplo, llevaba a nuestro lado catorce años, es decir, una década y media. Nosotros, sin embargo, nos engañamos creyendo que ese momento reducido es, en cambio, eterno, y más si se trata de catorce temporadas. ¡Las cosas que pasan en catorce años! Nos acostumbramos a tenerlos todo el rato en nuestro paisaje sentimental, nos habituamos a ellos; forman parte del decorado de nuestras vidas, incluso nos referimos a ellos como a parientes cercanos y comentamos su vida con naturalidad.

Benzema y Di María

Yo hablo con los míos de Karim como si lo conociera, como si fuera uno de mis compadres. En realidad, es mucho más que eso: a Karim lo he visto más veces, dos a la semana desde hace tanto, que a casi toda mi familia. Están ahí. Nos enamoramos de ellos como de las personas que subliman nuestra existencia, con la ilusión de detener el tiempo en un limbo perpetuo, en un presente continuo inalterable, que es la causa de una de las insatisfacciones antropológicas del hombre: conservar nuestro mundo sin mancha, sin cambio. En ese presente continuo habita la pureza originaria de la que hablaba Cazajus, que sólo existe en nuestros sueños y en la literatura. ¿Y qué es la literatura sino el lugar donde siguen vivos nuestros sueños? Cuando los futbolistas como Benzema se marchan de un día para otro de nuestras vidas, lo que se va es, en realidad, nuestra juventud. Hoy ya somos viejos.

Cuando los futbolistas como Benzema se marchan de un día para otro de nuestras vidas, lo que se va es, en realidad, nuestra juventud. Hoy ya somos viejos

Por eso nos cuesta tanto deshacernos de unos tíos a los que, en realidad, no hemos visto nunca. Da lo mismo, forman parte de nosotros: son nosotros. Don Draper, en Mad Men, describió la nostalgia, en uno de los capítulos más memorables de la televisión contemporánea, como el dolor de una vieja herida: una punzada en el corazón, delicada pero poderosa. El eco de una voz que amábamos y que dejamos de escuchar hace mucho tiempo y que nos llama desde una pared oculta dentro de nuestra memoria, desde un lugar inaccesible del pasado. El Madrid anunció de improviso, el domingo a media mañana, que Benzema se iba, que el partido con el Athletic de por la tarde iba a ser el último en el que se vistiera la camiseta blanca, el último en el que llevara el brazalete de capitán. La voz que nos reclamaba desde el pasado se hizo muy potente, derramando un chaparrón de recuerdos sobre nosotros, que estábamos por ahí, despreocupados y a la intemperie.

Y Benzema, como Casemiro el verano pasado, como Ramos el otro, se fue; como Modric y Kroos se irán, también. Se fue porque tenía que irse, se fue pues así es como tiene que ser, porque la misión del tiempo es la que lamenta en Twitter Pipanti, «arrebatarnos todas las cosas buenas». La nuestra, también, es la de oponernos a ello, la de negarlo. Por eso somos Sísifo y cargamos con la piedra del olvido, es decir, con la conciencia de nuestra muerte, montaña arriba, una y otra vez. Pero allí donde habita ese dolor dulce que es la nostalgia también reina, quizá con más poder, el recuerdo. Recordar es amar.

Casemiro y Benzema

La importancia de Karim Benzema en la historia del Real Madrid trasciende las cifras. No sólo es el que más copas ha ganado de blanco ni tampoco el símbolo de la etapa más brillante de la historia del club, pues esas son simples consideraciones, algo pomposas, buenas para los libros de oro y los discursos oficiales. Benzema ha sido un hito cultural, un fenómeno artístico que, desde la tradición, ha roto en otra concepción del fútbol (y de la vida, como sentó jurisprudencia el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía a cuenta de Curro Romero y un currista) que niega el futuro de los algoritmos vinculándose a la fuerza renovadora, eternamente joven, de las raíces.

Benzema se fue porque tenía que irse, se fue pues así es como tiene que ser, porque la misión del tiempo es la que lamenta en Twitter Pipanti, «arrebatarnos todas las cosas buenas»

Benzema era una capacidad de emocionar, un pellizco. Mientras el mundo entero achacaba las victorias del Madrid a magia, superstición o fatalismo, y en una época en la que la belleza del juego, según los entendidos, le correspondía a los equipos mecanizados dirigidos por sesudos analistas con gafas de pasta y gorra de béisbol, el Real contaba con Benzema para sublimar plásticamente el engrudo infumable de este juego: durante tres lustros ha ido dejando catedrales de arena fina de la playa en la orilla de la Liga, catedrales que se ha ido llevando el viento y la marea, monumentos efímeros que exigían la atención del que miraba y un cierto grado de conocimiento que él consignó con aquella frase memorable: yo juego para los que saben de fútbol. De conocimiento y de iniciación, por eso Benzema es la última etapa de la evolución de un sport con antecedentes de combate colectivo que nació en la Inglaterra de la revolución industrial hace casi doscientos años.

Benzema Chelsea

Cuando Florentino anunció su fichaje yo estaba terminando segundo de Periodismo en la Universidad de Sevilla, en la facultad de comunicación de La Cartuja. A un tiro de piedra de ella, Benzema levantó hace un mes su último título como madridista, una Copa del Rey, que fue también su primer título de blanco. La vida es un círculo. Antes de llegar, sólo por lo que se le había visto en vídeos, en Lyon, en el imaginario madridista tomó la forma de un híbrido formidable entre Zidane y Ronaldo Nazario, tal y como expresó con genialidad el llorado Van Palomaain. Todos los chavales quisieron hacerse la raspadura en el flequillo que llevaba él en su presentación. Su nombre tenía eurritmia, sonaba a la de estrella de los Lakers: Kareem, rápidamente españolizable en Karino, nombre de superhéroe, de personaje de cómic.

Benzema ha sido un hito cultural, un fenómeno artístico que, desde la tradición, ha roto en otra concepción del fútbol que niega el futuro de los algoritmos vinculándose a la fuerza renovadora, eternamente joven, de las raíces

Su despedida del Bernabéu evocó la de Zidane, que también era Zizou: siendo las carreras de ambos de todo menos intrascendentes, hasta el resultado de los dos partidos fue de un empate sin relevancia, como si el destino hubiera querido hacerse manifiesto para convencernos a los madridistas de que tenemos razón y todo forma parte de un plan preconcebido por una inteligencia superior.

Benzema Zidane

Para los griegos, a lo verdadero se llegaba a través de lo bello. De lo bello queda fuera lo falso, lo impostado. El fútbol de Benzema siempre fue bello porque fue verdad: su jugada en el córner del Calderón, en la vuelta de las semifinales de la Copa de Europa de 2017, es el ejemplo perfecto de que las «enigmáticas producciones cinéticas» (así define Cazajus la tauromaquia) en que Benzema basó desde el principio su manera de entender el fútbol, se llevaban a cabo siempre entre los pitones de la realidad. Skin in the game. En aquel instante, el Madrid estaba a un tris de perder una ventaja fabulosa de tres goles con la que había llegado cómodamente desde la ida. El estadio del Atlético de Madrid era una caldera en la que se asaba el campeón de Europa. Benzema pidió la pelota en el punto más desfavorable del terreno de juego, casi ya en la M30. Recibió de espaldas, encimado por cuatro agentes de la Historia que vestían de rojo y blanco. Logró traspasarlos con la porosidad de las grandes ideas, como si estuvieran hechos de papel. Fue verdad y fue belleza. Pero sobre todo, fue riesgo.

Benzema Calderón

Con Benzema se aquilata una genuina cultura islámica del fútbol, que nace con Zidane. En la danza sutil de sus tobillos, en su amagar permanente como forma de deslizarse sobre la superficie de la tierra, hay una poesía minimalista que esconde una fuerza terrible: la nube oscura que lleva dentro el rayo fulminante. El verdadero poder es el que no necesita exhibirse, el que derrota a los enemigos por sí mismo, antes de desencadenar el combate. Benzema llevaba dentro todo un alambique que depuraba y apartaba el zumo auténtico de las cosas, el verdadero juego, orientado hacia la percusión de las redes del contrario, pues un juego sólo puede cobrar vida si hay quien gana y hay quien pierde.

Cuando en 2018 Cristiano se fugó rumbo al olvido, Benzema saltó al campo en cada partido con el orgullo herido de los patriarcas. Se negó a que el Madrid, su Madrid, se rindiera a la mediocridad

Benzema fue siempre un ganador patanegra. Con todo el plano del campo en la cabeza como si fueran las nociones primigenias del bien que decía Platón, Benzema era capaz de abarcar todo el terreno de juego sabiendo por dónde respiraban los partidos, era un talento individual supremo al servicio de una causa comunitaria. El fútbol sólo se juega con inteligencia, por más que los alemanes del gegenpressing nos llenen cíclicamente de fondistas la semifinales de la Copa de Europa, y alguna vez que otra incluso la ganen. Así, labrando el terreno de la imaginación madridista que pertenecía a los juegos entre Roberto Carlos y Zidane, Benzema se formó de escudero de Cristiano hasta que el rey abdicó y en el trono, de pronto, lo que había era un cráter. Por el camino se había hecho un futbolista completo adquiriendo la listeza tenaz de Raúl en la persecución obsesiva de los rechaces; la facultad de volar por los aires y rematar lavadoras de Van Nistelrooy, Ramos y Cristiano; el cuerpeo de gladiador dentro del área con los centrales y todas aquellas suertes del oficio que desmentían recurrentemente su apariencia de poeta frágil, ensimismado y místico.

Benzema y Cristiano

Por eso no se quedó nunca en un esteta. Benzema era un canchero, un animal competitivo. Cuando en 2018 Cristiano se fugó rumbo al olvido, Benzema saltó al campo en cada partido con el orgullo herido de los patriarcas. Se negó a que el Madrid, su Madrid, se rindiera a la mediocridad. De aquella temporada infame el Real salió, sin saberlo, con un padre de familia empeñado en poner otra vez la corona de su escudo encima de la Copa de Europa. Sus cuatro últimas temporadas, ya como líder moral absoluto del grupo, no son las de un artista, sino las de un forjador de mundos. Son las de un Di Stéfano.

Sus cuatro últimas temporadas, ya como líder moral absoluto del grupo, no son las de un artista, sino las de un forjador de mundos. Son las de un Di Stéfano

Como cuentan de don Alfredo, Benzema acabó capitalizando el juego de equipo bajando muchas veces hasta casi la bombilla del área de Courtois. Así se iniciaban en numerosas ocasiones las jugadas que acaban en gol blanco. No hacía sin embargo nada que no estuviera ya en aquel cuerpo felino del esteta que llegó, tímido y risueño, desde Francia en 2009. El gol que cambia la mentalidad competitiva del Madrid contemporáneo, el 1-0 al Bayern de Guardiola en abril de 2014, en el Bernabéu, comienza con un robo precisamente suyo casi en las barbas de sus propios centrales. Benzema se anticipa silenciosamente y hace que a la gran maquinaria guardiolista se le salga la cadena. Entrega el balón a Alonso y este abre a banda izquierda, desde donde el Madrid de Ancelotti, todavía por hacer, crece como una ola, viniendo desde muy atrás, desde el fondo del tiempo. La ola rompe, treinta segundos después, contra la portería de Neuer, que era infranqueable: el que la termina dejando dentro, con esa suavidad mediterránea, arábiga, es Benzema. Las puertas de Lisboa, es decir, de La Décima, estaban abiertas. Las puertas del futuro estaban abiertas.

Benzema, Di Stéfano, Florentino

El fútbol de Benzema ha sido una teoría de líneas y de contralíneas, de curvas y de contracurvas, trazadas con «cadencia, hondura y armonía» que siempre tenían un sentido absoluto, un fin: el de acercar a su equipo al gol, a la portería rival. Nunca hubo nada superfluo en sus movimientos, por eso Benzema causaba una gran impresión en la percepción sensorial de los espectadores. Su juego era una epifanía, que en griego significa mostrarse, romper la superficie de las cosas y revelar algo profundo, un trozo de la verdad que para los antiguos sólo podía corresponder con la naturaleza de los dioses. Mourinho, que conoce a los hombres, lo vio rápidamente cuando llegó al Madrid y lo bautizó como El Gato, un apelativo del que los idiotas se aprovecharon para menospreciar a un chico francés sin padrinos en el hediondo entorno mediático que envuelve el fútbol. Pero lo del gato estaba muy bien puesto y, con los años, el pequeño felino se convirtió en una pantera hermosa y autoritaria que gobernó el juego del equipo más importante del mundo elevando la categoría de todos sus compañeros con una capacidad única en el fútbol moderno de interpretar las idas y venidas de los partidos como si dentro de ellos sonara una música que sólo él pudiera escuchar.

Su juego era una epifanía, que en griego significa mostrarse, romper la superficie de las cosas y revelar algo profundo, un trozo de la verdad que para los antiguos sólo podía corresponder con la naturaleza de los dioses

Al final de su carrera se hizo tan esencial como El Samurái de Melville, un fútbol de belleza mínima y absoluta al que este texto, tan largo y redundante, no rinde tributo. Pero a Benzema sólo se le puede llorar con el rumor, cual último deleite, de los «sublimes instrumentos de la secreta comitiva» con la que Alejandría, que somos nosotros, despide hoy a nuestro Antonio.

 

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En un emotivo acto convocado por el Foro Luis de Carlos, la Fundación del Real Madrid y la Fundación Francisco Luzón unieron sus fuerzas para dar visibilidad a la búsqueda de soluciones a los múltiples problemas que plantea la ELA. El hilo conductor de la conversación fue un homenaje a dos futbolistas afectados por la enfermedad que desarrollaron su carrera o parte de ella en el Real Madrid. Francisco Pérez Durán, que fuera jugador del Castilla, y el legendario guardameta Miguel Ángel.

En la mesa, representantes de todas las entidades citadas y del propio Real Madrid.  El vicepresidente del club y de la Fundación, Enrique Sánchez, abrió el acto, y Emilio Butragueño recordó en una de sus intervenciones que la Fundación es el alma del Real Madrid, utilizando las palabras de Florentino Pérez en un vídeo emitido al principio del acto que recuerda el vigésimo quinto aniversario de aquella. El presidente añadía que representa los valores del club mientras intenta transformar la vida de muchas personas en riesgo de exclusión social en los cinco continentes.

La Fundación del Real Madrid y la Fundación Francisco Luzón unieron sus fuerzas para dar visibilidad a la búsqueda de soluciones a los múltiples problemas que plantea la ELA

Los doctores Elena Isla y Jesús Esteban puntualizaron las fases y causas conocidas hoy día en relación a la enfermedad, así como las líneas de investigación que están en marcha. Precisamente, Miguel Ángel señaló este factor como uno de los clave en los caminos que las personas afectadas tienen por delante. El otro es la ayuda a las familias encargadas de los cuidados, hoy, por desgracia, comentaba el portero, exclusivamente en manos privadas. Al Gato le parece incomprensible la carencia de ayudas públicas, y a este cronista, también.

Foro Luis de Carlos Miguel Ángel ELA

Por cierto, que su compañero de tantos años, el doctor Martínez, alias Pirri, manifestó que siempre se dirigió a él con el mote felino. Llegó a Madrid en 1968 y fueron compañeros de un piso regentado por doña María. El gran centrocampista y líbero ensalzó las extraordinarias cualidades de Miguel Ángel, “un portero segurísimo y un gran amigo. Y por eso estoy aquí, para apoyarle”.

El aludido hizo hincapié en la dificultad que encierra llegar a fichar por el Real Madrid y que tuvo la fortuna de entrar con veinte años y salir jubilado. Con una trayectoria tan larga “me resulta imposible escoger un único momento. Aunque, es cierto, ahora mismo estoy recibiendo enormes satisfacciones con las visitas de jóvenes que tutelé y que vienen a mostrarme su apoyo”. En efecto, el Gato también fue entrenador de porteros, amén de director de la antigua Ciudad deportiva y delegado del primer equipo.

Miguel Ángel, queremos enviarte nuestro más poderoso abrazo. Para transmitirte nuestra fuerza, nuestro apoyo y para agradecerte la entereza de ánimo y la fortaleza que con tu ejemplo nos transmites para seguir adelante con nuestras vidas

Preguntado por el mejor portero del mundo, Miguel Ángel sacó a relucir su vena gallega. “No conozco a todos los porteros, así que no puedo decir cuál es el mejor. También, es un puesto muy difícil y de rachas. Pero Courtois tiene grandes cualidades, aunque margen de mejora técnica. Si yo fui exigente conmigo mismo, tengo que serlo con los demás”.

Por su parte, Emilio Butragueño resaltó el buen corazón que tiene el fútbol, y como muestra quede este acto. El Real Madrid tiene una clara vocación de solidaridad, de “devolver a la sociedad lo mucho que recibimos de ella a través de los millones de seguidores en todo el mundo”. El director de relaciones exteriores relató cómo Miguel Ángel transmitió estos valores a los jóvenes que, como él, iban llegando. Y “hoy sigues dando ejemplo de superación, de no rendirte nunca, de enfrentarte a las dificultades que plantea la existencia. Muchas gracias”.

Recuerdos Miguel Ángel. Foro Luis de Carlos

Miguel Ángel asintió con su habitual modestia, con ese gesto que siempre ha marcado una personalidad humilde que sólo cree en el trabajo. Esta cabeza, que estuvo centrada en la portería, le ayuda ahora a centrarse en la nueva batalla que le plantea la vida. Con inteligencia, con la misma valentía que siempre mostró, el ilustre madridista revela que lo que más le conforta es enfrentar su situación con “realismo, con la certeza de que la realidad es como es, y el camino que me he marcado para afrontarla. Y cuando me fallan las fuerzas tengo el cariño de la familia y de los amigos”.

Querido Miguel Ángel, desde esta página en la que sentimos como propio lo que concierne a lo madridista, con infinitas más razones que en cualquier otro caso, queremos enviarte nuestro más poderoso abrazo. Para transmitirte nuestra fuerza, nuestro apoyo y para agradecerte la entereza de ánimo y la fortaleza que con tu ejemplo nos transmites para seguir adelante con nuestras vidas. Pronto te visitaré con mi hermano Paco. Hasta entonces.

 

Fotografías: realmadrid.com

¿Y si al final echan de Europa a Madrid, Atleti, Sevilla y Real?

 

Se acabó la Liga y el Espanyol la resumió plantándose, no disputó el primer minuto de su partido con el Almería. Fue más que un grito personal. La vocación universal de La Galerna me obliga a empezar por aquí. Pues eso. Que se plantó el Espanyol, fue su protesta por los inolvidables y dolorosísimos mangazos sufridos ante Atlético y Valencia que le empujaron al descenso. Muchos debieron imitarle.

Protesta Espanyol

Bueno, el Madrid no. Si decide plantarse, el partido arranca en el minuto 37. Del segundo tiempo, digo.

Y como iba a pasar, era inevitable en este puro cachondeo, el VAR intervino para revisar una jugada y que se pitara un penalti en contra de los pericos. Lo era y el VAR lo vio. Rugen por ahí: ¡hay que felicitare! Ya. El mismo VAR, o familia, que también vio dentro aquel remate de Griezmann y falta de Montes al portero Mamarytal, episodio inenarrable. El activo VAR de ayer enmudeció entonces como una puerta.

Se acabó la Liga y el Espanyol la resumió plantándose, no disputó el primer minuto de su partido con el Almería. Si decide plantarse el Madrid, el partido arranca en el minuto 37. Del segundo tiempo, digo

Tampoco conviene generalizar, claro. Estas cosas hay equipos que no las sufren. La suerte. Es curioso lo del fútbol catalán: Barça y Girona no han sufrido lo que el Espanyol. Unos, rasguños o ni siquiera; el otro, cornadas. En el Girona-Espanyol vivimos un penalti a favor de los locales la mar de histórico. Penalti por desmayo del atacante, felizmente recuperado aquella misma tarde. Fue gol y valió el definitivo 2-1. Estaba la cosa empatada.

Rugió el Atlético, finalmente tercer clasificado, por una mano del Villarreal que entendieron también fue penalti. En este caso, la explicación es sencilla: en esa área suceden fenómenos extraños. Fue la misma en la que sí pitaron penalti por mano de Alaba…que había resbalado. Al caer, la pelota le dio en la mano como pudo darle mismamente en el prepucio. Penalti. Marco Gerard Moreno y el Madrid perdió el partido. Bien.

Y como todo vuelve, frente al Athletic a Kroos le pitaron la mano de Militao, la que al Madrid le costó una Liga, allá en Valdebebas ante el Sevilla. Ha llovido, pero todo vuelve y volverá: la Liga que arrancará el 12 de agosto será muy parecida a la que acabamos de despedir, a Dios gracias.

Mano Kroos penalti Athletic

Como aquí servidor sostiene que en la decisión del torneo por arriba, por abajo y por el centro ha tenido mucho que ver lo que se ha pitado o no, se ha visto o no, todo eso, me apetecía escribir estas líneas.

También conviene rematar esta Liga de Negreira con lo último al respecto. La Guardia Civil entiende, entre otras cosas, que el dinero, los 7 millones y pico, salía del club y regresaba para ser blanqueado por los ideólogos de la cosa. Se comenta que fueron más kilos que esos 7, pero bueno.

Que el mismo Negreira declarara que el Barça le contrató buscando (sic) un trato de igualdad en los arbitrajes no tiene nada que ver con lo deportivo y fue, si acaso, enajenación del personaje o un malentendido

Es decir. Las sospechas de blanqueo de capitales, administración desleal, corrupción entre particulares, todo eso es asumido por los entrañables defensores de la causa azulgrana. Admiten que hubo mangue y en alarde de generosidad muy a destacar que, hombre, pagar al número 2 de la cosa arbitral es rarito y poco visto. Pero no: no hubo beneficio deportivo. Nada. Que sí, que salía un dinerito, pero no para comprar voluntades piteriles.

Negreira

Que el mismo Negreira declarara que el Barça le contrató buscando (sic) un trato de igualdad en los arbitrajes no tiene nada que ver con lo deportivo y fue, si acaso, enajenación del personaje o un malentendido.

Especialmente del actual presidente que le multiplicó por cuatro los dineros. Diecisiete años, ¿eh? Una expulsión culé en 100 partidos de Liga. 78 jornadas sin un penalti en contra y tal. Enajenación, malentendido y casualidades, sobre todo casualidades.

Sí, sí. Lo que dice la Guardia Civil es perfectamente posible. Si un árbitro cobró no lo sabremos nunca, se incorpore a la investigación de la Guardia Civil, la Policía Montada del Canadá, el Mosad y si queda algo de la Stasi. Que uno cobró, pues parece...

No puede descartarse que sin la próxima Champions se queden Madrid, Atleti, Sevilla y la Real. Vamos, que al fútbol español le represente sólo el Barcelona. La verdad es que sería magnífico

Puede ser cierto que cuando Negreira sacaba el dinero en efectivo, y en una bolsa de deporte, no se fuera con una parte a por el árbitro del Barça-Betis del domingo: el trabajo estaba hecho y muy bien. ¿Para qué repartir?

El sistema conocía vía padre e hijo lo que pensaba el mando, lo que le gustaba. Lo que podía influir en su carrera arbitral, su nómina, su proyección y demás. Recuerden aquel “oye, que el Barça tiene un partido importante” del vástago a no recuerdo qué trencilla ni me voy a poner a mirarlo. Pagar por algo que estaba controlado sería tirar el dinero. Y de tontos. Y estos, de tontos, poco.

Nadie en ningún sitio ha hecho esto. Nadie ha pagado a un vicepresidente de los árbitros durante 17 años. Pero no influyó deportivamente. El informe guardiacivilesco no ha sido una sorpresa. ¿Cómo terminará el asunto? Pues ni idea. La Justicia dirá. De la deportiva puede esperarse cualquier cosa. Ceferines y Asociados. No puede descartarse que sin la próxima Champions se queden Madrid, Atleti, Sevilla y la Real, a la que tanta ilusión le hace volver al torneo. Vamos, que al fútbol español le represente sólo el Barcelona. La verdad es que sería magnífico.

 

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Buenos días, amigos. Acaba una liga que nunca debió acabarse y se marcha un futbolista que nunca debió marcharse. Nos permitimos completar el titular de As: “Adiós, liga; gracias, Benzema”.

Portada As

Acaba una liga que nunca debió acabarse. En el momento en el que se conoció que el Barça había comprado al estamento arbitral durante lustros tendría que haberse suspendido la competición. Pero la liga siguió como siguen las cosas que no tienen ningún sentido. Una liga pervertida y corrupta cuyo palmarés habría de haber quedado en blanco, al igual que el resto de ligas ganadas por el club de la corrupción continuada, del blanqueo de capitales, del bullying, de la compra de órganos, de Benaiges, del fraude fiscal, de (inserte aquí su delito favorito antes de que se acaben los caracteres disponibles).

La liga termina con el Real Madrid en primera posición de los que no han pagado millones de euros a los árbitros. El club que alberga neonazis tuvo que cancelar la celebración en Neptuno del subcampeonato.

La Champions la jugarán el Barça —si la UEFA adopta la misma actitud pasiva que las instituciones españolas—, el Madrid, el Atleti, la Real y el Sevilla, en virtud de su victoria en la Europa League, competición para la cual se clasifican el Villarreal y el Betis. Osasuna participará en la Liga Conferencia, lo cual es la pera.

A los descensos de Elche y Espanyol se suma el del Valladolid. Enviamos un afectuoso abrazo a Ronaldo Nazario y a todos los seguidores vallisoletanos con la esperanza de que pronto vuelvan a ascender.

Con el fin de la liga, se marcha un futbolista que nunca debió marcharse. Hablamos de Benzema, de quién si no. Con ese “nunca debió marcharse” expresamos un deseo, porque sabemos que la eternidad es imposible salvo para el Real Madrid.

Marca también piensa que nunca debió marcharse: “Giro sorprendente: Benzema se va del Madrid”, pero no por el mismo motivo que nosotros, sino porque en ese sentido interpretaron las ambiguas palabras pronunciadas por Karim en el acto de entrega del Marca Leyenda. Y no les ha sentado muy bien.

Portada Marca

Hay canciones en las cuales prima la melodía y otras en las que destaca el ritmo. Benzema aglutinó a los Beatles con los Stones, Benzema conjugó Strawberry Fields Forever con (I Can't Get No) Satisfaction, Benzema proporcionó satisfacción a raudales, Benzema combinó estética y efectividad, juego y goles. Benzema jugó muy bien al fútbol (y deseamos que lo siga haciendo).

En La Galerna comenzamos ayer a homenajear al capitán del Real Madrid que marcha. Para nuestro editor Jesús Bengoechea, Karim fue a la vez Rohmer y Spielberg, para Francisco Javier Sánchez Palomares, Karim es leyenda. Hoy continuamos, Luis Montero Manglano escribe sobre la Estrella de Karim y Alberto Cubero lo acusa de ser un esteta de cuna. Y seguiremos.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Los diarios catalanes dedican la mayor parte de sus portadas a las celebraciones institucionales del Barça femenino de fútbol tras la consecución de su segunda Champions.

En Sport también podemos leer que Laporta reconoce que la vuelta de Messi al Barça está difícil. Y la de Ricardo Gallego al Madrid también, añadimos, y eso que el asunto económico no sería un problema.

Despedimos este portanálisis aún con el corazón encogido por la partida de Benzema, pero con la satisfacción de haber contemplado la carrera de uno de los mejores futbolistas de la historia. Como él no habrá otro, pero vendrán más que nos harán disfrutar a su manera.

Benzema recorrió 11 metros para marcharse del Real Madrid y alojarse para siempre en nuestros corazones.

Pasad un buen día.

"Inconsciente" era la palabra que más usaron. Las manos en la cabeza, mis amigos lioneses, se preguntaban cómo había acabado en el Bron. Se suponía que, como cualquier turista al uso, me debía limitar a seguir el circuito oficial. Reconozco mi inconsciencia reincidente, he visto lo mejor pero también lo peor de algunas ciudades. Barrios bajos, bares húmedos, oscuras tiendas oliendo a comida en mitad de la nada.

El Bron atardecía en ese verano del 93 oliendo a hachís y harira. Unos niños se arremolinaban en la calle pugnando por una pelota. Junto a ellos, un indolente hombre grueso apuraba un cigarrillo frente a una pared desgastada. Las ventanas, plagadas de centinelas, los callejones, repletos de coches destartalados y héroes de barrio, me miraban pasar, entre curiosos y desafiantes.

Karim ha sido, a su manera, un inconsciente, un jugador inhabitual y a contracorriente. un esteta de cuna

Muchos de esos niños, afanados, seguro soñaban con huir de ese sucio bulevar golpeando una pelota. Siempre me he preguntado si alguno de ellos era Karim. Entonces tenía seis años.

Benzema niños

Karim ha sido, a su manera, un inconsciente, un jugador inhabitual y a contracorriente, de esa raza especial de jugadores inhibida y colectivista que podría haber conseguido aún más siendo egoísta. Un pasador, no tanto un goleador vocacional, un esteta de cuna. Como Zidane, Van Basten y muy pocos más, tenía el poder de parar el tiempo como un bailarín del Bolshoi en un escorzo infinito. Un jugador de póster.

Jubilarse en Arabia Saudí ha sido su último gesto de sana inconsciencia. Sin vídeos, sin focos, sin dar pie a tertulias veraniegas. Un mutis sentimental que afrontaremos cuando ya no esté. El Bernabéu le ha visto hacer cosas maravillosas, no sólo ganar. Porque hay piezas que no tienen reemplazo, como Nuréyev, Zidane, Van Basten... o como aquel niño del Bron. Yo estuve allí, yo lo vi jugar.

 

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