La victoria en los tribunales de los impulsores de la Superliga ha generado que, curiosamente, nadie hable de lo verdaderamente trascendental. La UEFA y la FIFA, que no tienen derecho a monopolizar el fútbol, llevan tiempo llevando a cabo un abuso de poder ilegal. Seguramente en otro contexto esto habría supuesto un escándalo que habría soliviantado a las masas, ya saben, la historia de los grandes oprimiendo injustamente a los pequeños que tanto gusta narrar. Sin embargo, la sociedad ha encontrado rápidamente otro saco de boxeo al que golpear y de esa manera satisfacer sus falsos ideales de justicia social. La Superliga es el gigante que viene a oprimir a los clubes pequeños, y “Gánatelo en el campo” el lema elegido para llevar a cabo un ejercicio de hipocresía sin precedentes en la historia.
El nuevo Football is for the fans tiene tan poco sentido como lo tuvo en su día dicho eslogan. Si la cosa va de ganar en el campo, el club con más autoridad en la materia es precisamente el principal impulsor de la Superliga, así que, por favor o por vergüenza, no traten de enseñarle a su padre cómo se hacen los hijos. Precisamente el modelo de la Superliga impulsa de una manera óptima el ganárselo en el campo. Tanto en el de juego como en el de las oficinas de los clubes. Como explicó ayer el CEO de A22, Bernd Reichart, el actual modelo permite a los clubes modestos que realizan una buena temporada cumplir el sueño de jugar competición europea, pero no asentarse en la élite. Un equipo modesto que alcance la liguilla de grupos de Champions o Europa League seguramente jugará seis partidos y se volverá a casa con el único consuelo de haber jugado dos partidos contra un gigante o histórico europeo. Dos, si lo quiere así el sorteo.
A pesar de que el nuevo formato ha sido explicado por activa y por pasiva, la (enorme) oposición que ha encontrado la Superliga sigue empeñada en mentir impúdicamente y considerar a esta competición como cerrada y elitista, aferrando ese patético eslogan de “Ganátelo en el campo” como estandarte de la moralidad
El modelo de la Superliga, en cambio, favorece que un club que realiza una buena temporada tenga un mayor recorrido en la nueva competición europea, reciba una mayor inyección económica y, si la gestiona bien, pueda seguir asentándose en un escalón europeo más alto pese a que su rendimiento en la liga doméstica pueda decaer un poco. Precisamente en España hay clubes como la Real Sociedad, el Villarreal o el Sevilla que han demostrado ser capaces de operar muy bien (con menos recursos que otros) y realizar proyectos muy interesantes que acaban siendo a corto plazo porque los grandes se acaban llevando a sus jugadores. Este tipo de clubes se han apresurado a posicionarse en contra sin darse cuenta de lo mucho que les conviene este modelo. No dudo que lo hayan hecho por esos intereses o cadenas de favores que ya conocemos todos en la liga española, pero espero que al menos se presten a escuchar la llamada de Reichart y actúen con la responsabilidad que esta nueva situación requiere.
A pesar de que el nuevo formato ha sido explicado por activa y por pasiva, la (enorme) oposición que ha encontrado la Superliga sigue empeñada en mentir impúdicamente y considerar a esta competición como cerrada y elitista, aferrando ese patético eslogan de “Ganátelo en el campo” como estandarte de la moralidad. La mayoría de los equipos que lo esgrimen precisamente en el campo han ganado entre poco y nada, pero dado el arrebato de "ética" que les ha entrado a todos, especialmente en España, entiendo que los clubes ahora solicitarán que se realice un estudio de cuántos espectadores atrae cada equipo y, de ahora en adelante, el reparto televisivo se haga con arreglo a dichos porcentajes. Ganemos lo que ganamos en el campo.
Precisamente vamos a ver algunos de los ejemplos que se han agarrado al “Ganátelo en el campo” para comprobar el nivel de hipocresía y desvergüenza que visten los clubes.
Cádiz: el mismo equipo que, con la inestimable ayuda de la prensa “madridista”, pasó de ronda en Copa, precisamente ante el Real Madrid, en los despachos denunciando alineación indebida. Aquel día no quiso ganarlo en el campo.
Andorra: equipo cuyo propietario, Gerard Piqué compró una plaza en Segunda B, saltándose una categoría. El chiste se cuenta solo.
Valencia: equipo que se salvó el año pasado de descender a segunda división en circunstancias anómalas, esas que sólo se dan en la liga española y que acabaron relegando al Espanyol a la categoría de plata. Equipo el valenciano, por cierto, propiedad de un inversor multimillonario que hace tiempo se aburrió de ellos, pero que cuando les compró, entusiasmó al valencianismo con la posibilidad de nuevos ingresos que, no hace falta decirlo, no se habían ganado en el campo.
Alavés: nuestro rival de esta jornada es también otro de los clubes con mayor hipocresía ya que, al igual que el Bayern de Munich, se opone frontalmente a la Superliga, pero no ve incompatibilidad en que su equipo de baloncesto dispute la Euroliga, competición con un formato mucho más cerrado y elitista que la Superliga.
Fuera de España también ha habido ataques desmesurados contra la Superliga y unas muestras de hipocresía que no se han quedados demasiado atrás. Desde un Ceferin, que debería estar algo más preocupado, burlándose de una competición que dice que dispondrá de únicamente dos equipos a un Nasser al Khelaifi que recrimina a Florentino que aparezca en un vídeo institucional con todas sus Champions detrás. A Nasser hay que recordarle, primero quién es el Real Madrid, y segundo que él también apareció en su declaración con todas las Champions de su equipo detrás. Quizás cuando gane alguna pueda ir dando lecciones de lo que se puede o no hacer con ellas.
En cuanto a la Premier League, la ironía también hace acto de presencia al mostrarse tan airados ante la falta de meritocracia los clubes de una liga cada vez más plagada de inversores ajenos cuyo dinero procede de países de dudosa moralidad. El gobierno inglés incluso pretende crear una ley específica contra competiciones ilegales. No le preocupa, en cambio, que uno de sus clubes haya incumplido más de 115 reglas de control financiero en su liga. Para eso no crean leyes.
Nasser al Khelaifi que recrimina a Florentino que aparezca en un vídeo institucional con todas sus Champions detrás. A Nasser hay que recordarle, primero quién es el Real Madrid, y segundo que él también apareció en su declaración con todas las Champions de su equipo detrás
Aunque, bueno, desde España tampoco se está para hablar muy alto, pues esta jornada hemos presenciado la oleada de pancartas con el absurdo y manido lema bajo la premisa de que esta nueva competición va a destruir las ligas nacionales después de guardar un mutismo absoluto ante la verdadera destrucción de la liga española al saberse corrompida durante más de 20 años. No hubo campañas de “Ganátelo en el campo” cuando se supo que el vicepresidente del CTA estuvo a sueldo de uno de los equipos de la liga, con todas las implicaciones y repercusiones deportivas y económicas que aquello tuvo sobre el resto de equipos. Se ve que la corrupción arbitral y el tráfico de influencias no son motivos de preocupación para las competiciones nacionales, pero sí una nueva competición que revitalice el formato y genere una mayor inyección de capital económico para el fútbol europeo.
Seguramente la Superliga no sea perfecta. Seguramente sea necesario darle una vuelta al formato o al acceso a la misma, en función de lo que vaya dictando la experiencia que dan los años. Pero resulta absurda la reacción tan furibunda plasmada por los clubes, estamentos como las ligas o UEFA e incluso periodistas como un Axel Torres que ayer perdió los nervios y la educación ante Bernd Reichart. Da miedo pensar en la que se ha montado porque se asemeja en demasía al clásico partido liguero del Real Madrid como el que se vio ayer, con un equipo realizando faltas a destajo, muchas veces sobrepasando la legalidad, con la aprobación de un juez que no se pone del lado del reglamento ni de la integridad de los jugadores, sino del que le digan desde arriba. La Superliga tiene un duro camino por delante, lleno de obstáculos, hipocresías e intereses. Cada uno puede opinar mejor o peor del formato, de la competición o del negocio, faltaría más. Pero pronúnciense con rigor, coherencia y sin faltar a la verdad. Hagan el esfuerzo de no prejuzgar sin saber. Hagan honor a su lema y dejen que la Superliga se gane en el campo lo que ya se ha ganado en los tribunales.
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Buenos días, amigos. A estas horas os suponemos enterados de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha acabado con el fútbol continental como lo conocíamos, librándolo de la tiranía de UEFA.
La institución presidida por Aleksander Ceferin ha perdido su capacidad para amedrentar a los clubes, que a partir de ahora son dueños de sus destinos y podrán organizar las competiciones que estimen oportunas, al margen de UEFA, sin que se puedan establecer sanciones por ello. El TJUE ha determinado que UEFA es un monopolio, lo que no tiene cabida en “la Europa de las libertades”, como acertadamente indicó Florentino Pérez en su feliz intervención tras conocerse el dictamen.
El proyecto de la Superliga, pues, tiene vía libre para cristalizar, si los clubes lo consideran oportuno.
La portada de As lo resume muy bien, bajo un montaje fotográfico en el que Ceferin resopla con el agua al cuello y Florentino le dedica una mirada maliciosa. “El pulso sigue”, sí, pero con la inmensa diferencia de que ahora todo depende de la voluntad de cada entidad deportiva, no de un ente organizador opaco que explota un balompié que no le pertenece.
El Real Madrid y el fútbol europeo han roto las cadenas que constreñían el deporte más importante del viejo continente, y lo que llama la atención sobremanera es que nadie se lo agradezca, ni medios ni los propios clubes, pase lo que pase a partir de ahora con el éxito del proyecto. Florentino Pérez ha sufrido casi todo el desgaste de esta causa, ha logrado una victoria que no es para él, sino para el conjunto del negocio (en especial para los 12 firmantes del acuerdo de creación de la SL), y nadie ha dado públicamente la menor muestra de gratitud.
Podéis leer las opiniones de nuestro editor Jesús Bengoechea, en este momento trascendente en la historia del deporte.
Nada más darse a conocer el fallo, Bern Reichart, CEO de A22, compañía organizadora de la Superliga, presentó el proyecto en un streaming seguido por millones de personas. Como indica As, la nueva competición “tendría tres divisiones y sería gratis por televisión”. Y lo más importante: su sistema de ingreso/baja y de ascenso/descenso es plenamente meritocrático, por lo que resulta risible que la nueva campaña antisuperliguera vuelva a incidir en el hashtag #GánateloEnElCampo. ¿En qué otro lugar sino en el propio campo habrá que ganarlo todo en la nueva Superliga?
Desde su irrenunciable (cuesta mucho renunciar a lo lucrativo) tebismo-ceferismo, que es como el marxismo-leninismo pero de barra de bar, Marca cuenta su versión de la historia sobre un fondo negro. Admite que la Justicia “da la razón” a la Superliga (¡hombre, gracias!) pero agrega que “el fútbol no respalda ese modelo”.
Eso está por verse, amigos. Las primeras reacciones de algunos clubes van en efecto en esa dirección, pero habrá que estar atentos al efecto dominó en el instante en que se sumen nuevos clubes partidarios. El dinero en juego es infinitamente superior al que genera el caduco modelo tebista-ceferista, como lo son los fondos solidarios con el fútbol modesto. El tebismo-ceferismo, apoltronado en los réditos de su modelo, no quiere que sepamos que ahí fuera hay una opción mucho mejor que la que les sostiene en el poder, basada en el potencial publicitario del alcance a una masa ingente de fans del fútbol que a día de hoy no disfrutan de él porque no es gratuito. Con la Superliga lo será, y ello dará pie a un nuevo modelo de negocio. El poder establecido no quiere que lo sepamos, pero las noticias vuelan en este mundo moderno que, desde ayer, escapa al control de la avaricia de los dinosaurios.
Por otro lado, tanto As como Marca se hacen eco de la víctoria del Madrid en Mendizorroza. Pésimo juego, arbitraje infame made in el sistema, expulsión de Nacho en una reacción impropia de su experiencia y 0-1 con gol de cabeza de Lucas Vázquez en un córner. Considerando que tenemos un millón y medio de lesionados, lo podemos dar por bueno, máxime si acarrea el liderato del equipo. Podéis leer la crónica de Ramón Álvarez de Mon.
Así como la prensa capitalina se manifiesta, en el mejor de los casos, de modo aséptico respecto a este nuevo horizonte para el fútbol, su equivalente cataculé se muestra eufórico, abrazando la causa superliguista vía laportismo. “Superliga ¡SÍ!”, reza en éxtasis la portada de Mundo Deportivo. No es de extrañar. De no ser por la Superliga, el Barça tendría por delante un futuro financiero más oscuro que el panorama electoral del centrismo en España. El Madrid tiene tal grandeza que acepta como (por el momento único) compañero de viaje en esta aventura al mismo club que le estafó durante dos décadas (mínimo) en el campeonato nacional.
Dentro de ese ambiente de recepción enfervorizada a los renovados bríos del superliguismo que trae la sentencia, y que caracteriza a la prensa cataculé en el día de hoy, Sport llega hoy a límites desopilantes. Leedlo con nosotros y tratad de no reír.
“Barça y Madrid cambian la historia”.
¿No es prodigioso? ¡Barça y Madrid! Como si su aportación al triunfo de la causa hubiera sido la misma. Es más: “Barça y Madrid”, no “Madrid y Barça”, el Barça delante para que se apalanque, diríamos parafraseando el refrán del burro. Mejor Barça en mayúsculas y Madrid en minúsculas, ¿qué tal así? “BARÇA (y un poco también Madrid) cambian la historia”.
Es absolutamente prodigioso, amigos.
“Cristiano y Mariano metieron entre los dos casi 500 goles en el Real Madrid”.
En fin. Ayer fue el día Cero y hoy es el día Uno de una nueva era. Felicitémonos ante el nuevo paradigma.
Pasad un buen día.
Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos del comité castellano manchego. En el VAR estuvo Sánchez Martínez.
Un gandul y un desvergonzado pitó hoy en Vitoria. Un arbitraje infame y con la lección aprendida de casa. Realmente asqueroso.
Tres faltas a un jugador blanco para que señalase una. Y, a veces, ni eso cuando eran en la frontal del área vitoriana. Si querías ver una tarjeta: a Lourdes.
Rubén Duarte fue el claro ejemplo. Necesitó cuatro faltas para una tarjeta. Por cierto, una de ellas durísima a Brahim en la que se inhibió el línea y él.
Ancelotti fue consciente de todo y recibió una amarilla por protestar. Santo Job Carlo porque era difícil aguantar lo que perpetraba Diaz de Meras sin utilizar improperios.
No se enteró de nada incluida la roja a Nacho, que le tuvo que avisar con acierto desde el VAR su colega Sánchez Martínez. La entrada del madrileño con la planta del pie y más arriba del talón fue muy peligrosa y era merecedora de expulsión.
Al final, para cumplir estadísticas sacó amarilla a varios locales como Javi López y Tenaglia. Por los merengues la vio Bellingham.
En el 47' de la segunda mitad los babazorros reclamaron penalti por mano de Nacho, pero el cuero le da en la manga (zona no punible) y lo tenía en posición natural y pegado.
Díaz de Mera, EXECRABLE y EMÉTICO.
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Kepa: 5. Sin mucho trabajo.
Lucas: 6. No estuvo bien, pero ese gol vale oro.
Rüdiger: 6. Estable, como siempre.
Nacho: 4. Error impropio el de su expulsión.
Fran: 5. Nervioso, pero activo.
Kroos: 5. No estuvo a gusto.
Valverde: 6. De los jugadores más ofensivos del equipo.
Modric: 4. Desaparecido.
Bellingham: 5. Partido flojo.
Brahim: 6. De los futbolistas más activos. Trabajó mucho tras la expulsión.
Rodrygo: 5. Acabó agotado. No tuvo un día afortunado.
Tchouaméni: 5. No tuvo mucho trabajo.
Joselu: 5. Aguantó algún balón arriba y eso ayudó.
Ceballos: sin tiempo.
Ancelotti: 4. Partido malo de su equipo. Poca actitud. Mejoró con 10.
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El Madrid ganó el partido en el campo gracias a un gol postrero de Lucas Vázquez que supo a milagro tras el pobre juego desplegado y el arbitraje sufrido.
Ancelotti tenía muy limitada la capacidad de sorprender con el once. Tantas bajas reducen las opciones. Fran entró por Mendy y Kepa por Lunin. Eso fue todo.
La primera parte fue lo más parecido a la nada. Un Madrid muy pasivo apenas inquietó al Alavés, que tampoco dispuso de ocasiones claras. Lo más reseñable por la parte madridista vino a través de dos intentos de Valverde. En la primera ocasión disparó al muñeco casi sin ángulo. En la segunda, su violento disparo fue repelido por el portero local.
El Alavés disparó más veces a puerta, pero solo en una ocasión rozó el gol. Por suerte, Fran García rechazó el disparo.
La sensación era de cansancio en algunos jugadores que se dejaron ver poco. Modric fue el mejor ejemplo de ello.
La segunda parte empezó con la misma apatía que había terminado la primera. El Madrid fallaba pases o controles incomprensibles y parecía no querer meter una marcha más. Cerca del minuto 60, Nacho cometió un error impropio de su experiencia y fue expulsado tras revisión del VAR. Tchouaméni tuvo que salir al campo en lugar de Modric.
El Madrid, paradójicamente, mejoró tras la expulsión. Con un 4-3-1-1, comenzó a disfrutar más del balón aplacando el empuje del Alavés. En el 75’, Rodrygo tuvo una ocasión muy clara, pero su disparo se marchó fuera por muy poco. La jugada con recorte desde la izquierda le ha dado bastantes alegrías esta temporada.
Poco después Brahim se fue para que entrase Joselu. A partir de este cambio el Madrid perdió juego. Se notaba la ausencia de Brahim. Faltaban ese eslabón para conectar con los de arriba, que cada vez estaban más cansados.
En el 92, llegó el milagro. Kroos sacó el córner y el más bajo, Lucas, remató solo de cabeza. Era el 0-1. Entonces Rodrygo se rompió y tuvo que salir Ceballos por él. Fue una victoria milagrosa.
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Que la educación española no alcanza el nivel de mediopensionista no cotiza. Ni siquiera es noticia. En el último informe PISA se confirmó lo evidente: hemos perfeccionado la crianza de analfabetos. Y los golpes en el pecho gubernamentales no hacen sino confirmar la ignominia: nos quieren dúctiles y manejables, no tengan dudas.
Uno de los factores clave de esta debacle enquistada es el arrinconamiento del aprendizaje memorístico en favor de la enseñanza competencial y la priorización emocional. Signifique lo que signifique eso. La deriva se cimienta en dos pilares: el menosprecio por la Historia —no sea que descubramos el decorado— y el vapuleo a la meritocracia —en el barro, la suciedad nos iguala—.
En el último informe PISA se confirmó lo evidente: hemos perfeccionado la crianza de analfabetos
Las consecuencia de todo ello también se refleja en el fútbol, como no podía ser de otra manera. Denostada la memoria, postrada la Historia, no es de extrañar que a menudo hayan cicatrizado ciertos mantras a los que se les ha otorgado categoría de verdad cuando no son más que propaganda averiada. Veamos algunos ejemplos que afectan al Real Madrid.
El primero y más recurrido: ‘Es el equipo del Régimen’. ¿Pero de qué Régimen? Cualquiera que revise la hemeroteca y los libros podrá comprobar cómo los blancos —despojados del carácter ‘Real’, eso sí— comenzaron a ganar potencia nacional durante la II República, años en los que conquistaron sus primeras Ligas e hicieron un equipo de época basado en los irreductibles Zamora, Ciriaco y Quincoces. No sólo eso. Finalizada la contienda civil, y después de no llegar a un acuerdo con el nuevo Gobierno porque en Chamartín no se quiso renunciar a la propia identidad, fue el Atlético de Madrid el que recibió el nombre, Aviación, y el favor del régimen. Sólo han de rascar un poquito y comprobar las verdaderas relaciones de Bernabéu con Franco y los suyos. El mítico presidente nos dejó una pista cuando soltó aquello de “Cuando oigo que el Madrid es el equipo del Régimen, me dan ganas de cagarme en el padre de quien lo dice”.
Lo segundo y no menos llamativo: cuando se recuerda la llegada del fútbol total a España, de escuela holandesa, casi cualquier aficionado menciona a Johan Cruyff. Empero, sin restar un ápice de mérito a las aportaciones del Flaco, a menudo se olvida que, unos años antes, Leo Beenhakker dirigió la orquesta más divertida que nunca se había visto en un terreno patrio: la Quinta del Buitre. Aquella generación no sólo convirtió el juego en arte, sino que se ganó el privilegio de formar parte de un movimiento cultural. El Madrid de Beenhakker representó el triunfo de la movilidad y el talento sobre la táctica y la pizarra. El justo reconocer la trayectoria del Barça de Cruyff (si le restamos los robos de Tenerife, claro), pero nunca podrá decirse que fue el pionero de un estilo exitoso de libre albedrío que, además, todavía posee el récord de las cinco Ligas consecutivas. Y sin necesidad de maletines.
No permitan que nos sisen la verdad: duden, revisen la Historia, quiten el polvo de la envidia al escudo de su club y ejerciten la memoria. Sólo así se mantiene viva la grandeza
Y lo tercero y más reciente: El Negreirato. La última corriente negacionista del escándalo insta a los madridistas a olvidar el asunto, a no ejercer su digno y merecido derecho a la memoria para recordar cómo durante 17 años prostituyeron la competición. Aquí alguien gozó mientras otros pagaron la cuenta y ni siquiera se puede levantar la mano. Pues no, faltaría más. Pusimos la cama, pero el fútbol no puede resignarse a pasar página sobre un hecho tan lamentable. El deporte, como la mujer del César, debe quedar fuera de toda sospecha si aspira ser realmente, ya no creíble, sino sostenible a largo plazo.
No existe mejor asidero de la pasión que la razón. Bailar con la más guapa y que nadie lo discutiera siempre resultó una satisfacción por partida doble, hay cosas que no cambiarán jamás. Por tanto, no permitan que nos sisen la verdad: duden, revisen la Historia, quiten el polvo de la envidia al escudo de su club y ejerciten la memoria. Sólo así se mantiene viva la grandeza. Y, de paso, la cordura.
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El 21 de diciembre de 2023 es el Día Cero del nuevo fútbol europeo. Estamos ante un punto de inflexión de trascendencia histórica incalculable. La esperada sentencia del TSJE reconoce de manera clarísima el monopolio que la UEFA ha ejercido durante tantas décadas, condena taxativamente dicho monopolio como contrario a las reglas de libre competencia que consagra la propia Unión Europea y abre el camino a que los propios clubes, dueños de su destino, organicen las competiciones que estimen oportunas sin que UEFA tenga potestad sancionadora alguna.
La victoria de la Superliga, del Real Madrid como principal impulsor de la misma, y de Florentino Pérez como presidente del Real Madrid, es aplastante, y hace tambalearse los cimientos de una organización obsoleta y corrupta que ejercía de lastre para los clubes, los auténticos protagonistas de un espectáculo que, sin embargo, hasta la fecha y de manera injusta, capitalizaba fundamentalmente dicho organizador obsoleto y corrupto.
El 21 de diciembre de 2023 es el Día Cero del nuevo fútbol europeo. Estamos ante un punto de inflexión de trascendencia histórica incalculable
Noqueados por el alcance de su derrota, algunos apesebrados del sistema, desde hoy agonizante, se han apresurado a hacer el mismo ridículo de siempre, sólo que el de ahora es un ridículo marcado por el fracaso, que son los ridículos que de verdad llaman la atención. Han dicho que la sentencia “no avala la Superliga”. Desde luego que no, por la sencilla razón de que no era eso lo que se solicitaba de ella. Se solicitaba que se pronunciara sobre el estatus inmerecido e ilegítimo de UEFA como fagocitador del negocio del fútbol, y vaya si se ha pronunciado.
El Tribunal, en definitiva, ni se ha pronunciado ni se esperaba que lo hiciera sobre lo que después, en streaming seguido por millones de personas, ha explicado Bern Reichart, CEO de A22, empresa organizadora de la Superliga. Habrá que ver si lo que ha explicado prende el interés de los clubes, pero todo hace indicar que lo hará. Muchos clubes europeos ya llevan tiempo discutiendo el esquema de la nueva competición con Reichart, y lo que ha explicado es tan convincente como de cajón: tres divisiones de Superliga a las que se accede (o de las que te descuelgas) por estricta meritocracia, un papel todavía importante de las ligas nacionales y un gran espectáculo gratuito para el espectador, que ya no tendrá que abonarse a cincuenta plataformas inextricables sino que gozará de los mejores partidos semana tras semana a través de plataformas de streaming que se autofinanciarán a través de los ingentes ingresos publicitarios derivados del megaproyecto.
La victoria de la Superliga, del Real Madrid como principal impulsor de la misma, y de Florentino Pérez como residente del Real Madrid, es aplastante, y hace tambalearse los cimientos de una organización obsoleta y corrupta
Ahora se irá viendo qué clubes se suman, y cuáles en cambio prefieren seguir ligados al caduco y deprimente chiringuito de Ceferin, que claramente no genera los recursos suficientes para sostener un fútbol que se enfrenta al reto de mantener y acrecentar el interés de las nuevas generaciones. El marchamo ganador del proyecto, en todo caso, es más visible a cada minuto que pasa. La sentencia ha destapado una corriente subterránea de deseo de libertad en los clubes, una corriente que había sido sojuzgada con una campaña demagógica (“gánatelo en el campo”) que a la luz del nuevo diseño de la competición ha quedado inservible. En la nueva Superliga no habrá otro lugar que el campo para ganarse derechos.
Incluso aunque el proyecto final no triunfe, posibilidad que se antoja remota, el fútbol europeo tiene desde hoy una deuda con el Real Madrid como cabeza visible de la revolución, deuda superior incluso a la contraída en 1955 con la creación de la Copa de Europa. Aquello fue visión; lo de ahora es visión también, pero acompañada de la férrea determinación de no arrugarse ante las amenazas groseras sufridas durante dos años por parte de Ceferin y muchos otros, ante las bromas estultas de tipos que hoy miran hacia abajo, tratando de calibrar cuánto les vibra el suelo.
Don Santiago fue grandioso, pero para crear la Copa de Europa no tuvo que recordar a nadie quién es el Real Madrid
Y, al frente del Real Madrid, está por supuesto su presidente Florentino Pérez. Don Santiago vio más allá que nadie y ganó más que nadie. Más que nadie hasta que llegó Florentino, que gana tanto o más que él, ve tan lejos como el gran patriarca y encima, a punta de paciencia y fe intrínsecamente madridista, descabalga de sus poltronas a tiranos que se sirven del fútbol en lugar de servirlo. Don Santiago fue grandioso, pero para crear la Copa de Europa no tuvo que recordar a nadie quién es el Real Madrid.
Ahora vuelvan a cubierta, amigos. El miedo es libre y seremos compasivos. Como dice mi amigo Manuel Matamoros, dejaremos a los cobardes volver a subirse al barco. Nos hacen falta grumetes.
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Decimoctava jornada, la penúltima de la primera vuelta en el Campeonato Nacional de Liga. Además, es el último encuentro del año para los de Ancelotti, que quieren terminar bien 2023 y asaltar el liderato a la espera de lo que haga el Girona frente al Real Betis. Un partido que será a las 21:30 en Mendizorroza en el que se espera una baja temperatura ante un cuadro babazorro que ocupa el 16ª lugar de la tabla. El Alavés de Luis García juega el habitual 1-4-2-3-1 del entrenador madrileño, pero es un técnico que no tiene problemas en utilizar desde el principio o cambiar sobre la marcha al 1-3-5-2 o el 1-4-4-2 en el mismo partido si la situación lo requiere. Al ser una jornada intersemanal, no se descarta algún cambio en el Alavés respecto al pasado lunes cuando jugó en Montilivi. En portería es fijo Sivera. En defensa, el lateral derecho sería Gorosabel y el izquierdo Javi López. Como centrales, Abqar y el canterano madridista Rafa Marín. En el doble pivote otro producto de La Fábrica como Antonio Blanco junto a Guevara. Por delante una línea de tres con Rioja por la izquierda, Guridi en el medio y Rebbach por la derecha. Arriba, en punta, Samu.
Con un planteamiento de contragolpe y salidas vertiginosas y rápidas por carriles centrales o las bandas, lo lógico será ver a un equipo en bloque bajo. Líneas compactas, juntas y en cuanto recupere el balón, pocos toques y a lanzar a las balas que tienen arriba que pueden correr al espacio para transitar con velocidad y hacer daño al rival. Los derroteros del choque ante equipos como el Atleti y Girona fueron por ese camino y no sería de extrañar un plan parecido frente al Real Madrid. Con jugadores como Blanco, Guridi y Guevara intentará descansar un poco más con balón para coger oxígeno, pero si el Real Madrid consigue anularlos se verá un monopolio blanco del cuero.
A Luis García Plaza le gusta el buen trato del balón e intentar una salida clara con el esférico desde atrás para iniciar rápido los ataques. Pero no se rasga las vestiduras si hay que sacar el balón en largo o con pelotazo si se ve muy presionado por el rival. Rafa Marín siempre destacó en esa función y lo tiene asignado en el Alavés esta temporada. La pareja Blanco-Guevara se complementa bien, con el primero haciendo más funciones de destrucción y robo y el segundo aportando organización y salida. Ellos dos y Guridi serán los encargados de lanzar a los veloces jugadores de banda y surtir de balones en profundidad y en largo a Samu. De todas formas, si el cuadro de Ancelotti ejecuta bien la presión como pasó el pasado domingo contra el Villarreal los vitorianos sufrirán para salir de su terreno de juego.
No es un equipo de los más goleados de la parte de abajo y de los luchan por no bajar. Acumula 23 tantos en contra en 17 partidos y tres de ellos fueron contra el Girona, en el peor partido del curso según palabras de Luis García. El madrileño es famoso por construir sistemas defensivos fuertes, sólidos y firmes como demostró en el RCD Mallorca. El Alavés atrás y principalmente en casa es un conjunto solidario, compacto y consistente. No conceden tanto como lejos de Vitoria gracias al buen trabajo en el carril central con los dos potentes centrales y la pareja de medios que trabaja muy bien en defensa. En las bandas, los laterales y los medios juntan mucho las líneas para evitar que progresen con facilidad los delanteros adversarios. Tampoco se descarta que mañana para fortificar al equipo instale una defensa de cinco zagueros y tres centrales, dado el poderío ofensivo del Real Madrid. El equipo blanco deberá mover mucho y rápido el balón y armarse de paciencia para encontrar las grietas en la zaga babazorra. Además, los vitorianos son un conjunto fuerte y solvente en el juego aéreo, con muchos centímetros en defensa más la ayuda de los Guridi o Samu que bajan a defender en las acciones de estrategia.
El Mallorca ha rentabilizado muy bien sus goles con solo 14 dianas en 17 partidos, el peor conjunto de la competición en este aspecto empatado con RCD Mallorca y Cádiz. Esos 14 tantos les han valido para sumar 16 puntos y estar tres por arriba de los puestos que descienden a Segunda división. Las bandas son las fuentes canalizadoras del peligro vitoriano con Rioja por la izquierda y Rebbach por la derecha. Ambos llevan peligro por su costado y cuentan con la ayuda que proporcionan Gorosabel o Javi López al desdoblarse. También es importante mencionar a Guridi que tiene mucha llegada y recorrido desde la segunda línea. Todos ellos abastecen a un Samu que se fabrica jugadas él solo, pero que también recibe mucho centro y envío desde los costados. Los cuatro de arriba se juntan para montar contragolpes rápidos, verticales y directos. Se despliegan velozmente y en pocos toques arman contras que suponen la mayor amenaza de los babazorros. El centro del campo y la defensa merengue deberán replegar con agilidad y rapidez para contrarrestar esta arma que es la que más daño puede causar en Mendizorroza.
Equipo fuerte, físico y rápido y directo arriba. Así es el plan de Luis García Plaza cuando juega con los equipos de la parte alta de la clasificación. Contra el Girona no dieron la talla, pero contra el Barça o el Atleti, en la segunda parte, se mostraron más eficientes y combativos. Es el último partido del año y querrán despedirse de la afición con buena imagen, por lo que es un partido peligroso para el Real Madrid. El ADN del estilo del técnico madrileño es competir, ser un conjunto siempre intenso, enérgico y resistente. Además, en el plano de vestuario y gestión de grupos es un entrenador al que le gusta tener a todo el plantel metido, mentalizado y consciente de que en cualquier momento le puede llegar la oportunidad de jugar y de ayudar. El once vitoriano trabaja, lucha, se muestra unido y con compromiso los 90 minutos y eso habla muy bien de la preparación que les inculca García Plaza.
Samu Omorodion comenzó la temporada en el Granada, fichó por el Atleti y se marchó cedido al Alavés en el que completará su primera temporada en la élite del fútbol español. Lleva 4 goles pero por lo generado por él mismo y las ocasiones que ha tenido podría llevar fácilmente el doble. Es su gran debe a estas alturas de su carrera, la eficiencia de cara a puerta. Necesita varias ocasiones para embocar una y falla algunas fáciles para marcar otras mucho más complejas. Es un portento físico, muy fuerte, potente y rápido al espacio. Técnicamente maneja las dos piernas, va bien por arriba y principalmente es autosuficiente. Se crea jugadas de la nada gracias a su velocidad, desmarque y movimientos a la espalda de los defensas cuando tiene campo para correr. Se verá un bonito duelo con Rüdiger y, si es sujetado, el Alavés será menos peligroso en ataque.
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El Real Madrid femenino se despidió de la Women’s Champions League al perder por la mínima (0-1) ante el Paris FC en la cuarta jornada de la fase de grupos de la competición. Un leve penalti convertido por Gaëtane Thiney sentenció al equipo de Alberto Toril con dos partidos aún por jugar, evidenciando el decepcionante desempeño de las blancas en este curso europeo.
Un empate y tres derrotas en cuatro partidos; un punto de doce posibles. Después de una larguísima temporada peleando por conseguir un billete europeo, tirar a la basura de esa forma el fruto de tal esfuerzo sólo puede ser triste, frustrante y descorazonador. Pueden ponerse asteriscos aquí y allá, al gusto del lector: un balón al larguero, una lesión desestabilizadora o cualquier decisión discutible de una árbitra. Los detalles, a menudo marcados por el azar, son determinantes en el fútbol. Pero todos los peros reunidos en una montaña de excusas no son suficientes para tapar la evidencia: este Real Madrid femenino necesita un reinicio.
De vuelta al estadio Alfredo di Stéfano tras sumar tres puntos en Liga F ante el Levante Las Planas con una convocatoria raquítica, al Real el chute de oxígeno apenas le dio para rellenar un poco el banquillo de suplentes con la vuelta de Sandie Toletti, Naomie Feller y Linda Caicedo. Tocaba recibir a un Paris FC envalentonado tras tumbar a las blancas en la capital francesa y las piernas seguían cargadas para las mismas once futbolistas obligadas a sostener la casa tambaleante. La soga al cuello con la que el equipo saltó al campo, pues únicamente valía ganar, vino a completar un escenario poco halagüeño.
Un punto de doce posibles en Europa evidencian el decepcionante desempeño de las blancas
Un aficionado cabal, con horas y horas de fútbol a sus espaldas, entiende que el estar en el lugar equivocado y a la hora equivocada ocurre cada cierto tiempo; en esas, sale a cuenta capear el temporal con resignación y paciencia. Sin embargo, la compresión se esfuma cuando lo que ve sobre el campo sólo parece tener explicación desde el autosabotaje. Es la gota que colma el vaso.
¿Puede permitirse un equipo saltar al campo con un once en el que sus dos centrales son incapaces de iniciar la construcción del juego? ¿Tiene sentido fichar a una centrocampista a la que no queda más remedio que alejar del balón para que entre en contacto con él lo menos posible? ¿Es lógico —jugando en casa y jugándote la vida— esperar en tres cuartos de campo a que un equipo normalito como el Paris saque el balón con todo el tiempo del mundo? ¿Qué futuro tiene un equipo al que no se le aprecian automatismos para iniciar juego en corto, pero tampoco tiene un plan de emergencia para el fútbol directo? A falta de grandes expectativas sobre el resultado, los noventa minutos de partido entre Madrid y Paris fueron muy útiles para ir rumiando interrogante tras interrogante, con la mirada perdida en el verde, mientras el equipo de Alberto Toril daba su —quizás última— demostración de quiero y no puedo.
El Real Madrid pudo adelantarse durante la primera parte del choque por medio de acciones puntuales de Athenea del Castillo, Caroline Møller, Claudia Zornoza y, principalmente, Olga Carmona, quien con un disparo lejano pudo insuflar vida y confianza a las suyas al borde de la media hora. Unas veces falló la precisión local, mientras que en otras intervino la guardameta Chiamaka Nnadozie para desviar cada intentona con acciones poco convencionales pero efectivas. A cada parada en dos tiempos, tras cada salida en falso de la nigeriana, crecía la desesperación y la incomprensión ante la falta de una pieza atacante fiable.
Lo que se ve sobre el campo sólo parece tener explicación desde el autosabotaje. Es la gota que colma el vaso
El gol siempre quedó a un palmo de distancia, por lo que con el paso de los minutos sin cambios en el marcador, y sin nuevas ideas desde la banda, Toril dio entrada de una tacada a Feller, Toletti y Caicedo. A pesar de intentarlo con insistencia durante media hora, las tres evidenciaron que acababan de salir de la enfermería. No había plan establecido más allá de la aparición de una genialidad en los minutos de agonía y descontrol… y ese papel correspondió a Misa Rodríguez. En un contexto de normalidad el Real Madrid domina el descontrol. Disfruta donde otros enloquecen. Sucede con el equipo masculino, sucede con el equipo de baloncesto y en años anteriores ha empezado a suceder con el equipo femenino. Por ello, quizás sea prueba irrefutable de la debacle el que, en el último acto alocado frente al Paris FC, las ocasiones de peligro cayesen todas del lado visitante.
Una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces intervino la portera canaria para mantener vivo a su Madrid, pero no hubo respuesta en la otra mitad del campo. Cuando en el minuto 78 la colegiada penalizó con severidad a Maite Oroz por trabar involuntariamente a una rival que dentro del área se dirigía a la línea de fondo, que Misa atajase o no el penalti era ya casi irrelevante. Gaëtane Thiney, a lo panenka, mandó el balón a la red y al Real Madrid a la calle. Con el game over en la pantalla, la única opción a estas alturas es apretar el botón de reinicio.
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Buenos días, amigos. En el portanálisis de La Galerna solemos comentar las portadas del día, pero hoy carecen de interés porque a las 9:30 conoceremos la sentencia sobre la Superliga que fallará el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El futuro del fútbol está en juego, están en liza dos modelos: el monopolístico de UEFA y FIFA engrasado con petrodólares de dictaduras teocráticas frente al que aboga por una competición gestionada íntegramente por los propios clubes defendido por la Superliga.
Se dirime si los órganos futbolísticos tienen la exclusiva de organizar competiciones o no, motivo por el cual andan nerviosos los Tebas, Ceferin, etc. de turno. Temen perder su posición dominante. Hoy se decide si la UEFA puede seguir ostentando este monopolio o bien, como parece obvio, atenta contra la libre competencia dentro de la Unión Europea.
Una vez conocida y analizada la sentencia, daremos buena cuenta de ella en La Galerna.
Os dejamos con las portadas. Pasad un buen día.