Se está perdiendo en España la sabiduría popular y es una lástima porque, después de todo, a cada cerdo le llega su San Martín, no hay mal que por bien no venga, y, adonde quería llegar, lo que se da no se quita. La historia de esta vieja expresión es casi tan triste como el carajal que han montado en Getafe para retirarle los honores al ex madridista Alfonso Pérez. Santa Rita de Casia es abogada de causas imposibles, entre otros títulos. Tras su canonización en 1900, una chica que era más fea que un pulpo le encomendó la ardua tarea de encontrar novio y Santa Rita obró el milagro pero poco. La muchacha encontró pareja, pero el tipo puso pies en polvorosa poco después, con lo que acudió de nuevo a la santa, visiblemente cabreada, y le dijo el ya célebre: “Santa Rita, Santa Rita, lo que se da, no se quita”. Quizá lo más triste de la historia es que la santa, tal vez con buen criterio, hizo oídos sordos esta vez.
Como sea, la expresión ha calado en la cultura popular porque nada hay más burdo, tosco, y cutre, que retirar algo que has regalado a alguien. Y si ese algo es más sentimental que material, peor aún. Es de una grosería insoportable retirar un homenaje solo para zaherir al homenajeado. Pero la buena educación ya no puede presuponerse. Y la lealtad tampoco. De modo que quizá sea mejor que no te rindan tributo los que no te merecen.
Alfonso no dijo nada escandaloso sobre el fútbol femenino. con todo, es irrelevante que esté de acuerdo yo con la opinión de Alfonso y que me parezca de sentido común. Podría ser al revés, y resultarme igualmente perturbadora esta cacería mediática y política a la que ha sido sometido por no arrodillarse al maldito discurso oficial de los censores
Me gustaba Alfonso y es extraño porque le tengo manía a todos los que de alguna manera pretendieron heredar el trono de mi ídolo de niñez, el Buitre. No es algo racional ni algo justo -¿el fútbol lo es?-, desde Llorente hasta Raúl, pero no lo puedo evitar. Sin embargo, Alfonso podía haber sido el heredero, tenía las condiciones, si las inoportunas y graves lesiones, y Raúl, se lo hubieran permitido. Lloró como ninguno el día que se fue al Betis, al despedirse de su Madrid. Y aún estando allí, repitió hasta la saciedad que sus ídolos fueron los chicos de la Quinta del Buitre. Terminar en el Barcelona fue como perpetuar lo que iniciaron las lesiones, un desastre que es mejor olvidar.
Por lo demás, el getafense Alfonso Pérez, como deportista y como persona, fue un ejemplo para su ciudad y por eso, cuando se hizo una votación entre el pueblo para elegir el nombre del estadio, el suyo fue el elegido. Últimamente andaba en el horizonte un cambio de nombre, porque el club está negociando el patrocinio con alguna empresa para obtener beneficios, y el futbolista dio su bendición a la operación. Pero todo se aceleró, y de hecho saltó por los aires, porque Alfonso Pérez concedió una entrevista a El Mundo donde comentaba, con su experiencia, diferentes asuntos deportivos. Y entonces se salió del redil que marcan los que eligen lo que está permitido decir y lo que no. De ahí a quedarse sin estadio solo hubo el calentón de una alcaldesa, cuantificado comúnmente en media décima de segundo de trending topic en Twitter.
Alfonso Pérez pasó de héroe a villano en cinco minutos, como tantos otros antes, y le cayeron una cantidad insoportable de insultos de gente que, por otra parte, no tenía ni idea de quién era. Resulta aterrador que demos por bueno este asfixiante ambiente dictatorial, que nos parezca razonable que un cargo público castigue a un ciudadano reconocido por el pueblo por su forma de pensar, que se pueda linchar toda la carrera de un deportista de élite solo por dos frases filtradas con el pasapurés del entrevistador.
Alfonso no dijo nada escandaloso sobre el fútbol femenino. La equiparación de salarios con el masculino con independencia de los ingresos que genere, es un chascarrillo que me resisto a comentar, a menos que en el debate vayamos también a exigir que el cirujano, el pintor, el repartidor de pizza, el piloto de avión, el camarero, el político, y Manolo el del Bombo cobren lo mismo.
Con todo, es irrelevante que esté de acuerdo yo con la opinión de Alfonso y que me parezca de sentido común. Podría ser al revés y resultarme igualmente perturbador esta cacería mediática y política a la que ha sido sometido por no arrodillarse al maldito discurso oficial de los censores que, por otra parte, ni siquiera sabemos quiénes son, a qué dedican el tiempo libre, y en qué madriguera se ocultan durante el día.
Antaño el fútbol era el hogar de la paz ideológica, de libertad, de solaz, un paréntesis en la agobiante disputa política de cada día, y a veces lo único que lograba poner de acuerdo a las dieciochomil Españas. Hoy también se lo están intentando cargar. Y si nos descuidamos ya no nos quedará nada que no esté manoseado por políticos y prostituido por ideologías. Y tendremos un país peor, una vida peor.
La reacción de Alfonso ha sido la de un caballero. No ha mostrado indiferencia, más bien dolor, pero tampoco ha exagerado el drama. No ha rectificado sus palabras porque no le ha salido de las pelotas opinar algo diferente a lo que opina sobre un tema en el que tiene bastante más autoridad que cualquiera de sus censores. Ha perdido un estadio, sí, pero ha ganado libertad. Y mis respetos.
Entre triples, ceremonias y alegría, el hombre volvió a casa. Se fue como joven de altas habilidades a hacer un Erasmus a la NBA y volvió ayer a cumplir un rito con la afición que lo vio partir con la Euroliga bajo el brazo y cara de niño bueno. Lo recibió el presidente, paternal, con los honores propios de quien hace gala de madridismo por el mundo, hasta prometer que volverá a pisar nuestra cancha vestido de blanco.
Los fieles lo recibieron como se merece, con el afecto desbordante de aquellos que llevamos en el corazón y no nos decepcionan. Hace ya unos cuantos años que partió, tantos que apenas se vieron camisetas con su nombre y el escudo madridista, pues deben estar ya desgastadas por el uso. Sí se inundó el Palacio con el número 77 de Dallas, el doble del que lucía en el Real Madrid. A nadie le extrañó, quizás también porque sus colores blanco y azul son madridistas desde hace mucho. Y también porque los madridistas nos hemos ido haciendo partidarios de los Mavericks.
Los fieles lo recibieron como se merece, con el afecto desbordante de aquellos que llevamos en el corazón y no nos decepcionan. los madridistas nos hemos ido haciendo partidarios de los Mavericks
Los prolegómenos pusieron la piel de gallina a los sentimentales, quizás también a quienes presumen de no serlo. Había que tener piel de lagarto para no emocionarse con las palabras de Luka, con la presentación de nuestro equipo, con el presidente abrazando al hombre, con el himno de la Décima como sintonía de fondo. El Palacio era una fiesta contenida hasta cierto punto, con las muestras de admiración y respeto que el personaje se ha ganado por derecho propio. Por su baloncesto, por su simpatía, por convertirse en un embajador de nuestro club, de nuestro deporte.
Y ayer volvió para darnos las gracias, para ponerse a la altura de sus maestros y bromear con ellos entre triple y triple, que el partido resultó entretenido, muy propio de la NBA cuando se juegan poco o nada. Acciones vistosas, alardes técnicos y físicos, y mucha complicidad del homenajeado con sus compañeros. Un festín de juego y sonrisas, de carantoñas virtuales, que Sergio, Rudy y compañía compartieron con el esloveno y Doncic extendió a sus compañeros de hoy. No podría ser de otra forma, porque festín viene de fiesta, y ésta concluyó con la victoria madridista y con Rudy atrayendo a Luka hacia el círculo blanco de despedida en el que todos unieron sus manos.
La imagen final que resumió un encuentro de recuerdos que ojalá se concreten en un retorno algún día, cuando el capricho del destino lo decida. Un encuentro de dos marcas universales que se enriquecen entre sí sin necesitarse, universales y reconocidas, la NBA y el Real Madrid, unidas por un deporte olímpico y ecuménico. Y un encuentro de baloncesto, intrascendente en su resultado, simbólico y necesario por constituirse en la plasmación precisa de todo lo narrado.
La pena fue que Luka apenas pudo jugar, y disculpen mi atrevimiento al citar la intrascendencia, pues no le pareció así a los jugadores madridistas, y bien que lo celebro. Porque en los últimos minutos se encelaron en ganar y dejaron claro que, al menos, el fondo del banquillo de Dallas no es suficiente para imponerse al campeón de la Euroliga (127-123). Al fin y al cabo, tratándose de fiestas y regalos, nada mejor que una victoria para redondearlos.
Buenos días. Luka Doncic es el Real Madrid, aunque las primeras planas del día no otorguen a esta evidencia la importancia que merece, y que tan de manifiesto quedó ayer en el amistoso entre el Real Madrid de baloncesto y los Dallas Mavericks disputado en el Wizink.
Las portadas del día han adoptado la incómoda costumbre de no tratar casi nunca de lo que importa, o de no darle a lo que importa el espacio mínimo exigible. Es una cosa que hemos observado de un tiempo a esta parte, y que tiene como consecuencia -vosotros también lo habréis observado- que las portadas vayan por un lado y el portanálisis por otro. Hoy las portadas dan cuenta del emocionante partido (y sobre todo prepartido) ante los Mavericks pero en pequeñito, cuando muy bien debería haber copado todo o casi todo el espacio.
El partido fue espectacular y encima lo ganó el Madrid (cosa de la que Doncic confesó alegrarse “un poco, bueno, un mucho”, demostrando tener el corazón un poco -bueno, un mucho- dividido entre su actual equipo y el blanco en el que formó, a donde aseguró querer volver de retornar algún día a Europa). El prepartido fue emotivo al máximo, con el público entregado a uno de los madridistas más universales del orbe, rodeado de ilustres excompañeros, recibiendo una réplica de su Euroliga y nada más y nada menos que la insignia de oro y brillantes del club de manos de Florentino Pérez. Imposible pedir más.
Luka Doncic es quizá el mejor embajador del Real Madrid en el planeta, a día de hoy. Nadie tan relevante luce su blanca obsesión de forma tan desacomplejada. Se crió con nosotros, se hizo grande entre nosotros y anoche volvió a nosotros, lloró emocionado por la vuelta a la que siempre será su casa y se marchó con la gratitud de miles confortándole el pecho.
No os perdáis, en el transcurso de la mañana, lo que Joe Llorente, que estuvo en el Wizink, tiene que contarnos sobre esta noche inolvidable.
De esto se habla en Marca, que en un faldoncillo ridículo consigna los grandes guarismos (127-123) de un encuentro memorable que a los más viejos nos recordó al espíritu de aquellos torneos de Navidad vintage, pero no se habla ni de lejos lo suficiente. Hay parón de selecciones, ya sabéis, España juega una emocionante partido contra no sabemos quién e ignoramos con qué objeto, pero la ocasión la pintan calva para que los plumillas departan con los seleccionados al calor de la concentración. Y es así que tanto Marca como As y sus homólogos (?) catalanes dejan en segundo plano a Doncic para consagrarse en cuerpo y alma a estas entrevistas con los hombres de Luis de la Fuente, que hasta nueva orden o nuevo aplauso es el seleccionador nacional.
Dice Joselu que esto le pasa por no rendirse , siendo “esto” (entendemos) el éxito que está cosechando en sus primeros meses en el Real Madrid, replicado además en la selección. No nos podemos alegrar más por Joselu, que no sólo es un tipo que cautiva por su sencillez y madridismo, sino que también es mucho mejor jugador de lo que los cenizos quisieron ver desde el principio.
Ya casi no se oye a los pájaros de mal agüero blandir en el aire frases despectivas como “¡Y el delantero centro del Real Madrid es Joselu!”, supuesta denuncia que en sí misma aspiraba a encerrar toda la razón, sin más explicaciones. Si todavía alguien se atreviera a decir algo así, la respuesta vendría servida por el propio rendimiento del jugador.
-Sí, en efecto. El delantero centro del Real Madrid es Joselu. ¿Y?
Nunca en su historia ha jugado el Real Madrid con los once mejores del mundo en cada puesto. No lo ha necesitado para lucir el palmarés que luce. En ocasiones ha jugado con el mejor delantero centro del planeta, y en otras ha jugado con buenos delanteros centro rodeados de cracks que les hacían aún mejores. El Madrid ha ganado 3 Champions con Morientes como delantero centro. ¿Es Joselu mucho peor que Morientes?
En la ronda de entrevistas rojigualdas del parón, As abre sus puertas a Kepa Arrizabalaga, que habla de Haaland (lo que nos da la pista de que tal vez la llamada Roja juegue contra Noruega), Bellingham (“No veo a nadie por encima de él”, nosotros tampoco) y la presión de jugar en el Madrid, que parece gustarle. A nosotros nos parece que el portero vasco ha encajado como un guante (valga la redundancia) y que lo está haciendo muy bien si uno pasa por alto un defecto que comparte con el resto de guardametas del globo: no ser Thibaut Courtois.
Os dejamos con la prensa cataculé que, siguiendo la estela de entrevistas rojiles, nos trae a Ferran Torres, quien especifica las ventajas que a él le ha acarreado el ir al psicólogo. Sin ironía alguna, y siendo como fue ayer el Día Mundial de la Salud Mental, os invitamos a seguir la misma política cuando no estéis bien.
Pasad un buen día.
Hoy, 10 del 10, os hacemos preguntas relacionadas con el dorsal 10 del equipo 10, el Real Madrid.
¿Sois capaces de sacar un 10?
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Ha anunciado Hazard que se retira, y el Madrid ha emitido el correspondiente comunicado de agradecimiento y buenos deseos. Yo también tengo buenos deseos para Hazard, y tampoco me falta el agradecimiento, no sólo porque —en ausencia de prueba en sentido contrario— tengo que creer que lo intentó todo para triunfar, aunque no lo lograra, sino también porque creo que cumplió su papel en la historia del Madrid, un papel extrañamente eficaz, sinuosamente intachable. Su papel en el Madrid era el de fracasar para que en su lugar pudiese triunfar Vinicius.
Son cosas que la perspectiva nos permite entender en su justa medida por aquello de que Dios escribe derecho con renglones torcidos, y sólo desde bien alto en la escala del tiempo pueden verse las cosas como las ve la providencia, en su infinita sabiduría o lo que sea. Los renglones estarán como sea, pero el libro resiste cualquier prueba de verosimilitud.
El papel de Hazard en el Madrid era el de fracasar para que en su lugar pudiese triunfar Vinicius
El Hacedor no ve los renglones torcidos desde allá arriba. Ve que en el camino del Madrid estaba Hazard, como diría el I Ching, y que su misión consistía en ser lesionado por un compañero de la selección belga (una ironía dentro de otra) para no llegar a recuperarse nunca del todo bien, para no llegar nunca a jugar del todo bien (o encadenar dos partidos haciéndolo), para abrir la puerta con su infortunio —otros dirían con su falta de empeño también— a la fortuna de otro, a saber, el verdadero elegido. Como canta Paul Simon, el techo de un hombre es el suelo de otro. Los madridistas, aunque no seamos ajenos al sentimentalismo, al final del día solo nos fijamos en el edificio.
Hazard era el elegido por el Destino para parecer el elegido sin serlo. Era el juego al despiste de los acontecimientos, el McGuffin de la película que en el Madrid reservaba a Vinicius el protagonismo modelo Champions. Como McGuffin, lo sé, le salió al Madrid más caro que a Hitchcock aquel avión fumigador, pero el Hado no echa cuentas, el Destino tiene sus propios planes y no se detiene ante nada, mucho menos ante nuestros remilgos financieros. El objetivo del personaje Eden Hazard en el guion sempiterno del campeonísimo de Europa era salirnos horrorosamente caro para que Vini nos saliera barato. Porque si el belga no hubiera conocido el calvario de los tacos de Meunier, los rigores posteriores de una recuperación imposible que para más crueldad por tramos pareció viable, con o sin la suficiente ayuda por su parte, si Hazard no hubiera sufrido tanto, digo, nosotros no habríamos disfrutado lo que llevamos disfrutado a su compañero, y lo que nos queda de él si el futuro no trama la última vuelta de tuerca de impredecibilidad. Sin el belga roto, con desconcertantes lapsos de estar sólo renqueante y otros de mediocridad manifiesta en la salud, no habríamos visto explotar al fenómeno del brasileño, ya campeón de todo con los blancos a su corta edad, ya deslumbrante, ya pilar del porvenir junto a Bellingham y otros.
El fracaso tenía que ser absoluto para salir bien. Si hubiera sino un meh en lugar de un catacrack en toda regla, nos habríamos quedado, posiblemente, sin Hazard y sin Vinicius
El fracaso tenía que ser absoluto para salir bien. Es verdad que habría estado mejor que fuera un fracaso menos oneroso, pero la del adiós no es la hora del reproche. Si su fichaje hubiera salido sólo no del todo bien, si hubiese estado “ahí”, para entendernos, sin brillar del todo pero “ahí”, habría obstaculizado el paso del verdadero crack sin por ello confirmarse él mismo como tal. Si hubiera sino un meh en lugar de un catacrack en toda regla, nos habríamos quedado, posiblemente, sin Hazard y sin Vinicius. El fracaso exigía el marchamo de hecatombe total para que la felicidad hallase su resquicio.
Hay tipos cuya cometido es inmolarse, conscientemente o no, en el gran esquema de las cosas. Hazard es ese tipo. Su generosidad con nosotros no tiene precio. Hay generosidades involuntarias, aunque vete a saber si, en esa sonrisa algo desencantada que mostraba en los últimos tiempos, pero sonrisa al fin, no latía ya un entendimiento de todo esto, amargo y sin embargo amable.
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El sábado 8 de octubre de 1988, en la final a un solo partido del 'V Trofeo de la Comunidad', ante Estudiantes 'Bose', el entonces yugoslavo Dražen Petrović jugó su primer partido con la camiseta del Real Madrid, del que se despediría diez meses más tarde. Petrović había aterrizado en Barajas el día anterior, viernes 7, procedente de Zagreb, donde había pasado unos días de descanso tras caer con la Selección de Yugoslavia en la final de los Juegos Olímpicos de Seúl ante la Unión Soviética que lideraba un tal Arvydas Romas Sabonis: 76-63, y oro para la URSS con 20 puntos más 15 rebotes en la estadística de Sabonis. Otro lituano, el fantástico escolta Saras Marciulionis (muy poco después, también en la NBA) adicionó 21 puntos para llevar a Moscú el oro de Seúl, en el adiós de la URSS —en cuanto que tal— a las Olimpiadas.
En esa final, 'grand finale' de Seúl, los últimos Juegos Olímpicos a los que se presentó la Selección soviética de baloncesto, 24 puntos no pudieron enmascarar la gris actuación de un Petrović (8/17 en tiros de campo, con 2/6 en triples), que andaba ya con la mirada puesta en Madrid y —por elevación— también en la NBA. Sólo otro yugoslavo más, el pívot Vlade Divac, rebasó la decena de puntos: 11. Pero en rebotes, con 'Sabas' al frente, los soviéticos barrieron ambas zonas, con superioridad absoluta en capturas: 31-21.
En el partido inaugural de esos Juegos coreanos, dentro del Grupo 'A' previo, (18.9.1988), la URSS del 'coronel' Alexander 'Papa' Gomelski abrió el torneo olímpico con derrota (79-92) ante aquella fortísima Yugoslavia; en esa misma apertura de Juegos, Petrović se despachó con 25 puntos, acompañado por 20 del montenegrino Zarko Paspalj, que también jugaría en la NBA. En aquel su primer partido en año y medio, parón debido a fuertes roturas en el tendón de Aquiles, Arvydas Sabonis —que venía de recuperarse en Portland con los médicos de los Portland Trailblazers, donde luego jugaría en la NBA, de 1995 a 2003— cerró acta con discreción: 11 puntos y cuatro rebotes en 26 minutos.
Pero en aquel otoño de Seúl, Sabonis iría creciendo en rendimiento hasta alcanzar el cénit en las rondas finales, con 13 puntos más 13 rebotes —e inclusive dirección del juego casi como un base de 221 cm de altura— en la victoria de la URSS en la semifinal sobre los universitarios de EEUU (David Robinson, Danny Manning...) escogidos por el Seleccionador John Thompson: 76-82 para los soviéticos. También fue la última ocasión olímpica en la que la URSS como tal se iría a medir con la Selección estadounidenses. Y —además de todo—, la última vez que EE UU presentó en unos Juegos Olímpicos un equipo sin los profesionales de la NBA, que ya serían admitidos en 1992, en los Juegos de Barcelona.
La llegada de Petrović al Real Madrid estuvo precedida de la polémica que —usualmente— acompañaba al genio croata. El propio Sabonis —que estaba en vías de firmar contrato con agentes españoles, los mismos de Petrović... inicialmente— había repetido varias veces a quien esto firma (la última, horas antes de reaparecer en Seúl): "No jugaré nunca en el Real Madrid si Petrović está en el Madrid; nunca jugaría con ese tipo, tan buen jugador como mala persona. Si es el mejor de Europa, será porque yo he estado sin jugar. Ya tengo suficiente experiencia con él y con 'ellos', (los yugoslavos). ¿Recuerda la final de la Copa de Europa de 1986, en Bucarest? (NB: Zalgiris Kaunas-KK Cibona Zagreb, que venció con descalificación de un Sabonis provocado por Mihovil Nakic). Si Petrović cambiara, pues mejor para todos".
La materialización del fichaje de Dražen como 'estrella blanca' —que en realidad se había suscrito en el otoño de 1986, después de un compromiso previo del jugador con el Barcelona— también provocó un pequeño cataclismo en la plantilla madridista, que dirigía Manuel Sainz Márquez, 'Lolo'. Para empezar, el base internacional Juan Antonio Corbalán, el 'Von Karajan' de aquel plantel (y de la Selección española, hasta la plata olímpica de Los Ángeles, en 1984), anunció su retirada y se despidió, aunque en 1990-91, 'Juanito' regresaría a jugar en el Fórum Filatélico de Valladolid... junto a Sabonis.
Sabonis: "No jugaré nunca en el Real Madrid si Petrović está en el Madrid; nunca jugaría con ese tipo, tan buen jugador como mala persona"
También abandonó la plantilla blanca el escolta internacional Juan Manuel López Iturriaga, rumbo al Cajabilbao de su ciudad natal. Iturriaga había mantenido serios enfrentamientos personales con el propio Petrović (además de un célebre artículo en 'El País', en pleno Mundobasket de 1986: 'El Niñato'), un Petrović al que 'Itu' se medía como podía —véase la fotografía que adjuntamos—, durante los duelos europeos Real Madrid-KK Cibona en los años 80. Iturriaga escogió cambiar de aires. El doctor Alfonso del Corral, ala-escolta que también defendía ocasionalmente a Dražen, como cabe comprobar... también se retiró en el verano de 1988; Alfonso se dirigía al ejercicio de su carrera de Medicina.
Asimismo, Lolo Sainz revolucionó la pareja de extranjeros y su concepto. Como ya se tenían bastantes estrellas con Petrović, los hermanos Fernando y Antonio Martín Espina, Chechu Biriukov o Fernando Romay, el segundo jugador extranjero del Real Madrid 1988-89 iba a ser un 'complementario', el alero californiano Johnny Rogers (2,06 de altura), procedente de los Cleveland Cavaliers de la NBA.
Todo con todo, los estadounidenses Brad Branson (pívot) y Wendell Pablo Alexis (alero) también se despidieron. "El Petrović de Cibona de Zagreb llegaba, se pasaba el balón entre las piernas, decía '¡Hala Madrid!' y te la enchufaba", acaba de recordar el propio Branson, en reciente, extensa entrevista en 'Jot Down'.
Con todos estos antecedentes se presentaba Petrović en aquel 'Trofeo de la Comunidad de 1988'. Era el tercer yu-gos-la-vo que el Real Madrid fichaba en los años 80, tras los bosnios Mirza Delibašić y Dražen Dalipagić. Justo antes de salir de Seúl, Dražen ('Mozart', que relevaba en la 'Filarmónica' de Sainz a 'Karajan' Corbalán) había declarado —en buen inglés— a quien esto firma, en la desaparecida revista 'Basket 16':
"Me hubiera gustado mucho coincidir en el Real Madrid con Corbalán, que ha sido una leyenda, un mito en toda Europa. Además, Corbalán es parte importante en la historia del Real Madrid. Yo también quiero escribir páginas gloriosas en el libro del Real Madrid, el club más prestigioso de Europa y estoy convencido de que voy a lograrlo. No seré yo solo. Tengo la suerte de que, con Chechu Biriukov, los hermanos Martín, Romay, Llorente y nuestro americano, Rogers, el Real Madrid ha formado un equipo sensacional…
… Conmigo y con todos ellos, el Real Madrid va a ganar la próxima Liga, no tengo dudas, y al año siguiente, la Copa de Europa. Echo de menos tener esos dos títulos con el Real Madrid. He pensado muchas veces sobre cómo vamos a jugar. Creo que Biriukov puede jugar tiempo como base, igual que hace Danko Cvjeticanin en Cibona. Espero poder formar un buen dúo con Chechu; llego al Real Madrid en el momento justo, en la mejor época deportiva de mi vida (NB: Dražen, del 22.10.1964, estaba a punto de cumplir 24 años... en Madrid), tengo ya mucha experiencia acumulada y al mismo tiempo soy joven, me siento en plenitud de mis facultades físicas; sé que en Madrid me sentiré muy a gusto".
En menos de un año, cuando en agosto de 1989 se despidió 'a la francesa' de Madrid y del Real, rumbo a Portland y la NBA, Dražen haría esta otra reflexión: "Cometí el error de firmar contrato por cuatro años", mientras Lolo Sainz dejaba escapar una reflexión contundente: "Nos ha estado engañando desde que llegó".
Con solo un entrenamiento con sus nuevos compañeros, y en pleno frenesí mediático, Dražen Petrović debutó de blanco con el número '5' —el que hasta ahí había llevado Del Corral—, aquel segundo sábado de octubre de 1988. El genio de Sibenik no salió como titular, sino en doble cambio junto a Biriukov. Era el minuto 10 del partido y Dražen entró como relevo directo de José Luis Llorente. Cosecharía 18 puntos, con 10/11 en tiros libres (así anotó Petrović sus dos primeros puntos para el Real Madrid)... pero con un nefasto 0/6 en triples y sólo cuatro encestes de dos puntos. Nada de eso sirvió para evitar la derrota madridista ante un potente Estudiantes 'Bose' que, más ajustado y 'rodado', dominó al fin el marcador: 82-78.
Petrovic: "Me hubiera gustado mucho coincidir en el Real Madrid con Corbalán, que ha sido una leyenda, un mito en toda Europa. Además, Corbalán es parte importante en la historia del Real Madrid. Yo también quiero escribir páginas gloriosas en el libro del Real Madrid, el club más prestigioso de Europa y estoy convencido de que voy a lograrlo"
La primera canasta en juego de Dražen Petrović como madridista llegó en la segunda parte, fácil entrada de 'Mozart' en bandeja, precisamente en asistencia de... Biriukov. En esos momentos del partido, Dražen, aunque bajo claras señales de estrés, dejó entrever fulgores —como luminarias— del relámpago que iba a desatarse sobre la Liga ACB en 1988-89. Arrancando con esa primera canasta, el 'Mozart' de los Balcanes anotó siete puntos seguidos, en sólo dos minutos en los que colocó la única ventaja del Real Madrid: 65-66.
Al concluir el juego con la derrota ya consignada, 18 puntos, 2 asistencias y 3 faltas personales, Dražen realizó, mientras se aplicaba una bolsa de hielo sobre la rodilla derecha —con tendinitis— unas declaraciones en pista y en inglés a Nacho Calvo, de TVE, palabras que eran como un compendio de todo el relato que ha llegado hasta aquí.
Aquí, las declaraciones del terrible ganador que fue Dražen Petrović, en su primer 'pospartido' —con derrota— como madridista : "Estoy feliz por estar aquí y jugar, pero hemos perdido el partido, así que no puedo estar tan feliz. Estoy bastante cansado porque he jugado los Juegos Olímpicos, pero en 15 días estaré bien. Estoy satisfecho por la medalla de plata con Yugoslavia en Seúl, donde teníamos un gran equipo y quizá deberíamos haber ganado, pero en la final, la Unión Soviética jugó un gran partido y fue mucho mejor que nosotros. Espero que el Real Madrid juegue mucho mejor que en este partido para poder ganar todos los títulos en España".
En solo días, ya dentro de la semana siguiente, en el Torneo de la ACB y en Puerto Real —donde había sido expulsado tras escupir al árbitro Juanjo Neyro en un Real Madrid-Cibona de 1986, incidente que sembraría ruina futura para el croata y para el propio Real Madrid—, Dražen ya resultó determinante para el éxito madridista en el torneo gaditano: 23 puntos al Barcelona, 29 a KK Jugoplastika Split (Kukoc, Radja) y 32 al CSKA Moscú. en partido en el que Petrović casi llegó a las manos con el alero ruso Sergei Tarakanov, 'comandante' en pista de los soviéticos campeones olímpicos en Seúl.
Una semana exacta después del estreno ante Estudiantes, el sábado 15.10.88 —justo cuando Arvydas Sabonis, Valdi Homicius, 'Papa' Gomelski también acababan de llegar a Madrid para hablar de negocios, todos con el oro de Seúl al cuello—, el Real Madrid y Petrović formalizaron su arranque oficial en la Liga ACB 1988-89. Fue con apurado triunfo, 91-95, ante el Cajacanarias, en un abarrotado Pabellón 'Juan Ríos Tejera', en La Laguna, Tenerife. Con 91-93 para el Real Madrid y a falta de cuatro segundos, Dan 'Bingo' Bingenheimer, ala-pívot estadounidense del Cajacanarias (y de Illinois), autor de 34 puntos, erró dos tiros libres que hubieran podido enviar el partido a la prórroga. De vuelta y de inmediato, José Luis Llorente no falló e impuso el 91-95 definitivo.
En el 'Ríos Tejera', Petrović lideró la anotación blanca, con 22 puntos (más 4 asistencias) 'ex aequo' con otros 22 tantos para Fernando Martín. Rogers agrupó 19 puntos y 7 rebotes. Así se abría aquella apasionante campaña 1988-89, la llamada 'Liga de Petrovic'. Vimos y vivimos cosas que nadie podría creer, naves estelares en llamas, 'Hubris' y Némesis' en la final de la Recopa 1988-89, en el Palacio 'de La Paz y La Amistad', El Pireo, Atenas (martes 14.3.1989, 117-113 para el Real, 62 puntos de Petrović y 44 de Oscar Schmidt para Snaidero Caserta) y al fin de todo, el tan memorable como siniestro quinto partido del 'playoff final' de la ACB, que certificó el título del Barcelona de Aíto García Reneses sobre el Real Madrid de Sainz, Petrović y los hermanos Martín Espina.
Esto último ya sería el jueves 25 de mayo de 1989, la llamada 'Noche de Walpurgis... y de Neyro' en el Palau Blaugrana, con el 96-85 definitivo para el Barça (descanso, 48-50, Real Madrid), que sentenciaba el 3-2 en la final y el Campeonato de Liga 1988-89; pero con 40 faltas personales en la cuenta madridista, arbitraje a cargo del segoviano Paco Monjas (más tarde, director arbitral de la ACB)... y de Juanjo Neyro. El mismo Neyro de aquel escupitajo de Petrović, en 1986 y en Puerto Real. El Real Madrid cerró aquel 'Via Crucis' del Palau con siete eliminados de su primera plantilla, Fernando Romay totalmente cojo (rodilla) y sólo cuatro jugadores útiles en la pista del Palau: Llorente, Villalobos y los 'júniors' Ribas y Javi Pérez.
Así concluyó la llamada 'Liga de Petrović'. "Ha sido un auténtico robo y estamos indignados. La sala de trofeos del Barça tendría que colocar un monumento a Monjas y Neyro". Cuando 'el asunto' concluyó, todo esto fue lo que dijo Biriukov aún en el mismo Palau, calle Arístides Mallol, Barcelona.
¿Y Petrović, aquel Petrović que había debutado como madridista hace 35 años cabales y que a esas alturas de la funesta 'noche de Neyro', en mayo de 1989, ya manejaba un acuerdo con los Blazers de Portland para irse a la NBA? Reproduciremos aquí una perla del centelleante diálogo que mantuvieron Ramón Trecet, ilustre comentarista televisivo, y el mismo Dražen Petrović en la mañana/mediodía del martes 14.3.1989, en Atenas, la misma mañana de la final de la Recopa del Real Madrid ante 'la' JuveCaserta de Oscar Schmidt Bezerra; esa misma noche, en el vuelo 'charter' de Iberia de Atenas a Madrid, el presidente Ramón Mendoza proclamaría ante caras asombradas que "este tío, Petrović, va a ser para el baloncesto español lo mismo que Di Stéfano fue para el fútbol".
Junto a un grupo de periodistas españoles y tras una visita 'exprés' al Partenón, Trecet regresaba ya de mediodía al Hotel Hilton de Atenas, cuartel general ateniense del Real Madrid y los enviados especiales de España: "Dražen, ¿has visto el Partenón?", soltó desenfadadamente Trecet a Dražen. Y el 'Mozart' de los Balcanes respondió a Ramón en una décima de segundo: "¿'El Partenón'?, el Partenón es esta tarde en el Palacio de El Pireo". Un 'enfermo del triunfo', ese y 'eso' era Dražen Petrović.
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El camino de la fe me lo enseñó Carlos. Porque, que Dios me perdone, Dios es Blanco. Y a las pruebas me remito. Citaré algunas a modo de ejemplo, pero hay multitud. La Sagrada Forma es de color blanco, los niños van de blanco en su primera comunión, el maná que recibieron del cielo los antiguos israelitas en Egipto era de color blanco y el Papa va de blanco.
Volvamos a Carlos. Mis padres se acababan de mudar a la calle Condes del Val, muy cerca de la catedral que, por mucho que se empeñen los bilbaínos, está en Chamartín. Yo era un mocoso de cinco años, bastante tímido y retraído. Era un edificio de pisos que tenía en los bajos un patio de cemento y una pared. Allí donde casi siempre comienza el fútbol.
Carlos fue mi primer amigo. El que me invitó a jugar al balón en ese suelo de cemento con la portería pintada en la pared de ladrillo con tiza, como Dios manda.
Era casi una blasfemia vivir a 500 metros del estadio y no profesar la única religión verdadera.
Charly que era un avanzado para la época, ejerció de misionero seglar y al poco tiempo de conocernos me llevó a su habitación y me enseñó su tesoro: un balón de la época en pentágonos blancos y negros. En cada uno de los blancos estaban las firmas de los jugadores de la plantilla de la temporada 1969/1970. Quedé fascinado. El no va más, no tengo palabras para definir ese momento de éxtasis divina. Fue el momento de mi consagración, donde tomé los hábitos blancos para siempre.
Es un clásico que en cualquier pandilla de amigotes siempre haya un líder. Si no que se lo digan a Bellingham en los momentos actuales. Charly era el que encarnaba ese papel protagonista en nuestra minipandilla y por lo tanto en él recaía la responsabilidad de las ocurrencias y las iniciativas.
En esa época no había televisiones en color. Se retransmitía un solo partido a la semana los domingos por la noche en blanco y negro. En ese color vivimos ganar a Massiel la deseada Eurovisión del La, la, la y al Madrid la Copa de Europa de los Ye-yés.
El mítico TERCER ANFITEATRO del Bernabéu iba a ser durante años mi tierra santa de fin de semana
Me acuerdo cuando mi compadre me propuso ir por primera vez a un partido al Bernabéu. Por supuesto, no era para verlo dentro porque ni teníamos edad ni dinero para adquirir una localidad. La treta era la siguiente: llegaríamos sobre el descanso a una de la puertas del estadio. En aquella época, desde el exterior de alguna de las puertas de acceso se podía tener la visión de una parte del césped. Ya solamente la posibilidad de ver una minúscula parcelita EN COLOR del verde del terreno de juego era la bomba de jalisco. Tengo muy grabada en mi memoria de niño la primera vez que tuve esa divina visión. Pero como os podéis imaginar el plan era mucho más ambicioso. Se trataba de, ante el mínimo despiste del portero de turno —y no me refiero a García Remón—, colarnos descaradamente al interior del recinto para ver la segunda parte. Por supuesto no lo conseguimos las primeras veces, pero como la persistencia es la madre de la ciencia, fuimos aprendiendo y dominando la técnica, como le ha pasado a Vinicius, y conseguimos hacerlo en algunas ocasiones, a veces en el descanso y otras cuando quedaban 15 o 10 minutos para el final, en estos casos con la aquiescencia del cancerbero del acceso.
Una vez recibida la primera comunión, como inocentes raterillos urbanos, pasado pocos años y algo mas hechos, Charly, una vez más emprendedor, convenció a sus padres para que le dieran dinero para asistir a su primer partido. También les convenció para que hablaran con los míos y que soltaran las 25 pesetas de vellón de la época que costaba la localidad más barata, el mítico TERCER ANFITEATRO, que iba a ser durante años mi tierra santa de fin de semana.
El tercer anfiteatro era una localidad de pie, la más alta del estadio en esos momentos. Acudíamos dos horas antes de comenzar los partidos, que por lo general eran a las 5 de la tarde, hora torera y futbolera. Nuestras madres nos preparaban los bocatas, el de Charly era de chorizo de Soria y el mío de Pamplona. Nos compraron unas cantimploras, la mía estaba recubierta de tela color caqui, como si de un boina verde se tratase. Nuestro objetivo de acudir con tanta antelación era situarnos en primera línea, justamente pegados a la verja blanca que delimitaba el tercer anfiteatro de la plebe del segundo anfiteatro de los burgueses. De esa forma, como éramos bajitos por la edad, podíamos ver las hazañas de nuestros ídolos sin miedo a ser tapados por los más altos.
Me acuerdo de un partido contra el Rayo Vallecano. La afición rival siempre se ponía en el tercer anfiteatro. Era un día de lluvia. Llegamos los primeros, como siempre, y pertrechados con paraguas. Al poco de comenzar el partido, la afición rival nos conminó de no muy buenas maneras a bajar los paraguas porque no veían el partido. No convenía enfadarse con los rivales, y menos dos niños contra 50. Nos empapamos de órdago a la grande. Nuestra venganza fue una victoria sin paliativos, 5-2.
Nuestro primer ídolo fue Pirri, al que sucedió D. Carlos Alonso Santillana. Yo fui más de Miguel Ángel que de García Remón. Siempre idolatré a Stielike. Del Bosque tenía una clase descomunal, aunque fuera lento de desplazamiento. Juanito se metió desde el primer momento al Bernabéu en el bolsillo por su genio y figura. Roberto Martínez, Pipi Calzaslargas, como le denominó Héctor del Mar, en cambio, a pesar de rendir, nunca llego a enamorar al coliseum por su aspecto desgarbado como un don Quijote de la época, aunque a nosotros nos hacía gracia. Me dejo cientos, ya lo sé, pero estos fueros especiales para mí.
En el tercer anfiteatro vivimos también los míticos trofeos Santiago Bernabéu de verano. En las primeras cuatro ediciones sólo ganamos uno. El nivel era muy alto porque venían los mejores equipos. A partir de la quinta edición, el Madrid, como siempre, recuperó el terreno perdido y comenzó la remontada, encadenando tres títulos consecutivos hasta completar 28 entorchados. Qué mejor plan que retomar el curso desde nuestro mítico tercer anfiteatro y con unos buenos bocatas.
Charly siegue siendo mi amigo, mi mejor amigo, 50 años después. Le debo mi fe y haberme dado la oportunidad de disfrutar de su amistad y de ser aficionado del mejor equipo del mundo.
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Buenos días, amigos. Cuesta mucho escribir sobre fútbol y sobre el Real Madrid cuando no hay fútbol, no juega el Real Madrid y, sobre todo, tenemos el alma encogida con los terribles sucesos de Israel. El terrorismo jamás es la solución a nada, sino el problema a erradicar.
La prensa deportiva —objeto de análisis de esta sección—, por extraño que parezca, hoy no viene con portadas iguales dos a dos, ni siquiera la cataculé, sino que cada una tiene entidad propia.
Marca, el diario de todas las aficiones y todas las causas, no podía abrir sino con la filtración de la declaración de Jenni Hermoso a la Fiscalía de la Audiencia Nacional. La fotografía es la del consabido momento en el que un jefe —Rubiales en actitud simiesca (¿hay alguna foto de Rubiales en la que no aparezca en actitud simiesca?)— agarra la cabeza a una subordinada —Hermoso— para plantarle un beso en los morros delante del mundo. «No merezco haber vivido todo esto, mancharon mi imagen» es el titular.
Un titular que transcribe las palabras de Jennifer, pero que bien podría haberlo dicho Rubiales a tenor de una noticia conocida ayer que sin embargo no aparece en las portadas.
La Audiencia Nacional concluye que el Gobierno se saltó la ley para proteger a Rubiales por la Supercopa. Cuando llegaron al Consejo Superior de Deportes noticias sobre las irregularidades perpetradas por Rubiales para lucrarse junto a Piqué con la celebración de la Supercopa de España en Arabia, Franco —no el que ayudó al Barça, sino Juan Manuel— decidió guardar el asunto en un cajón y no elevarlo al TAD. Esperó a que un juez comenzara a indagar y después dijo que como ya se estaba ocupando la justicia del asunto el CSD no iba a hacer nada.
Es decir, que el Gobierno decidió protegerlo mediante la inacción. Por este motivo decíamos antes que el titular de Marca («No merezco haber vivido todo esto, mancharon mi imagen») también podría haber salido del hocico de Rubiales, porque si las administraciones e instituciones competentes hubiesen realizado su trabajo a tiempo (no solo por la Supercopa) no habría llegado como presidente de la RFEF a la final del Mundial femenino y por lo tanto no habría sido posible que hubiese mostrado al planeta su naturaleza: tocamiento de partes pudendas junto a la reina, beso a Jennifer Hermoso, etc.
As tira de humor y dedica su frontispicio a «La nueva vida de Bryan», que no es ninguna secuela del film de los Monty Python, sino que se refiere al buen futbolista Bryan de apellido Zaragoza que juega en el Granada y llega ahora a toda España gracias a la selección.
Mundo Deportivo opta por ilustrar su diario con una persona con edad indeterminada comprendida entre los 15 y los 85 años que en realidad se trata de Fermín, enésima revelación blaugrana del mes. El jugador del FC Barcelona nos dedica una sonrisa natural, para nada forzada, mientras se lee así mismo en el propio diario que le publica. Grima.
En Sport están alarmados. «¡Alarma!». El estado de alarma se debe a que Koundé sufre un esguince de tobillo y Lamine tiene afectado el psoas de la pierna izquierda, que no es ningún partido político, sino un músculo.
Además de alarmados, están nerviosos. Y lo están porque no se anuncia el acuerdo de renovación de Vinícius. Han estado buscando en el Madrid algo para intentar dañarlo y solo se les ha ocurrido escribir esto. Diferencias entre ambos clubes. Es lo que tiene no haber comprado al estamento arbitral durante décadas, ni órganos, ni inscribir gracias a palancas ficticias, etc.
Por si fuera poco, el Barça presentó unas cuentas desastrosas maquilladas con palancas y Hacienda ha abierto otra investigación contra el club por supuestas irregularidades en el pago a los agentes. La Agencia Tributaria considera que ese dinero es una forma de incrementar el salario de los futbolistas de manera encubierta.
Son profesionales, muy profesionales, como diría Manuel Manquiña.
Nos queremos despedir con algo alegre a pesar de la terrible actualidad: esta noche regresa nuestro querido Luka Docic al frente de los Dallas Mavericks para jugar contra el Madrid. Será un reencuentro muy emocionante.
Always look at the bright side of life. Siempre se puede contar con el Real Madrid para encender una pequeña luz en medio del horror.
Pasad un buen martes.
Y ahora, cuando mejor estamos, cuando más y mejor disfrutamos de un Madrid pujante, llega el anticlímax de un parón de selecciones sin interés alguno que romperá (ya pasó la última vez, como tantas otras) el ritmo, la dinámica y la inercia positiva, cuando no, también, algún ligamento cruzado, no lo quiera Dios.
Esto es como si Bruce Springsteen tuviera que interrumpir su gira cuando más afinados están sus músicos, cuando más engrasada está la máquina de la E Street Band, para no coincidir con el tour de Leonardo Dantés, con la particularidad de que no sólo tiene que dejar de tocar hasta nueva orden sino que debe ceder desinteresadamente al bajista Gary Tallent, el batería Max Weinberg y el saxofonista Jack Clemons para que recorran esas verbenas perdidas de la mano de Dios tocando el repertorio de Dantés junto al eximio músico de San Vicente de Alcántara.
—Fuck, Max —puedo imaginar a Bruce quejándose junto a su eterno batería, en el avión de vuelta a JFK desde la sede del último concierto—. Ahora, cuando mejor estábamos tocando, cuando más afinado estaba el grupo, tengo que interrumpir la gira y dejar que os vayáis de chunda chunda con ese tío que, con todo el respeto, yo creo que no está a vuestra altura, no sé.
—Si te sirve de consuelo, Boss, a mí tampoco me apetece nada. Era el momento de máxima compenetración del grupo. Tocábamos sin mirarnos. Los automatismos estaban como nunca.
—Pues ya ves —se lamenta Bruce—. Cada uno para un sitio. Roy se va de teclista de Camela. Nils se ha puesto pibón (o eso dice él) para ir a tocar la guitarra con un tal Vicco. Steve por lo menos se ha marchado a una buena causa, la nueva temporada de Los Soprano. Vaya diáspora. Menudo anticlímax. ¿Qué hago yo sin vosotros?
—Oye, no sé ni dónde tenemos que ir —comenta Max, desorientado, mientras indica con el dedo a la azafata que le sirva una cerveza más.
—Vosotros tenéis el primer ensayo en la Ciudad Deportiva de las Rozas, mañana a las once. Si te cruzas con Clos Gómez, por cierto, pregúntale cómo se las apañó para amasar una fortuna similar a la mía en las dos primeras décadas del siglo.
Ya imagino a un radiante Leonardo (Dantés, no el exdirector deportivo del PSG) dando la bienvenida a Max, Gary y Jack en Las Rozas, con esa sonrisa inmensamente carismática en todo lo alto. Los músicos de la E Street Band, en cambio, con sus maletas a cuestas, no pueden disimular cierta desorientación y un tímido fastidio. Los primeros ensayos no van bien del todo.
—Perdona, Leo (-nardo, no Messi), pero no termino de pillar la línea de bajo de “El baile del pañuelo”. Quizá sea demasiado intrincada para mí.
—No importa, chaval, tú sonríe mucho y mueve las caderas —responde a Gary Tallent un entusiasta Leonardo. —Que esto no es “Cadillac Ranch” ni “Born to run”, hombre.
—Leo —interviene Max—, he ideado un fill de batería para “Tiene nombres mil el miembro viril”, pero no estoy del todo convencido. ¿Te importaría que te lo toque? El fill, no el miembro viril.
Por supuesto, la concentración de la E Street Band con Leonardo Dantés, antes de los partidos, incluye ruedas de prensa con los protagonistas y alguna entrevista especial en la Cope o la SER.
—Hola, Jack. ¿Es verdad que Bruce es un gran cabrón, que se retrasa en los pagos y que el ambiente en el seno de la E Street Band no es el mejor? Tocáis de maravilla, sí, pero en el concierto de Goteborg se apreció una mirada de pocos amigos entre Steve van Zandt y la señora que toca el violín.
—Disculpad que no responda nada relativo a mi labor con Bruce —contesta un Jack Clemons visiblemente incomodo—. Estamos ahora concentrados en el repertorio de Leonardo, que merece ser interpretado con el rigor que la gente espera. Desde niño he soñado con tocar “Raúl, para más de una es un príncipe azul”, y espero compaginar mi labor como saxofonista junto a Bruce con estas convocatorias al lado de Leonardo, que me llenan de orgullo. Cada cosa en su momento.
Un par de días después, en su mansión de New Jersey, un taciturno Bruce Springsteen ve una grabación del último concierto, por ahora, de Leonardo Dantés & (part of) The E Street Band. Su ceja se arquea levemente en más de un momento.
—Patti, ¿quedan cervezas? Creo que necesito más de una.
—¿Cómo consientes esto? —le afea Patti, sentada a su lado en el sofá con cara de mosqueo—. Por lo menos te podían pagar algo por ceder a tus músicos para estas mierdas. Espero que al menos estén asegurados.
—No me fastidies, mi amor, no me lo hagas más difícil.
—Mucho “Tougher than the rest” y luego te comen por los pies —espeta su esposa al autor de “The river”—. ¿Para esto hemos parado, sin contraprestación alguna, el desarrollo de la gira, justo cuando mejor estábamos tocando?
—Está todo el mundo tan indignado como tú, cariño, no te hagas mala sangre. Anoche hablé con Bono. Han tenido que interrumpir el residency de U2 en el espectacular Sphere de Las Vegas para que The Edge pueda lucir gorrito en el escenario de Rauw Alejandro. Y encima tiene que ir por ahí diciendo que es un honor que Rauw Alejandro convoque a The Edge, y mostrar entereza al ver a su compañero y amigo cantar “Tú combinas con el mar / Ese bikini se ve fenomenal / No hay gravedad que me pueda elevar” cuando la fuerza de la gravedad no eleva a nadie, al contrario, le atrae a la tierra.
En ese momento, suena el móvil del Boss.
—Dime. (Pausa). Entiendo. Pero ¿es grave? ¿Para cuánto tiempo? (Pausa). Ok. Mucho ánimo, pronto estarás de vuelta.
Bruce cuelga y suelta el móvil encima de la mesa, con desesperación. Patti le mira con una extraña mezcla de conmiseración y manía persecutoria, exclusiva de aquellos que no se atreven a alegrarse del mal de un ser querido algo desastre. Se hace el silencio. No hace falta que nadie reclame explicaciones.
—Es Max —dice al fin Bruce—. Se ha dislocado la muñeca tocando “Tiene nombres mil el miembro viril”. Tiene para mes y medio. ¿Está a mano la acústica? Me parece que me voy a tocar de principio a fin “The ghost of Tom Joad”.
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Buenos días, amigos. Vosotros no habíais nacido, pero en los dorados ochenta y noventa Jesús Gil y Gil, por entonces presidente del Atlético de Madrid y padre del actual mandatario de dicho club Miguel Ángel Gil Marín, montó una cruzada contra los arbitrajes que no dejó títere con cabeza. Entre sus frases célebres está aquella tan visionaría que hoy muchos han recordado, aquello de que el Barça debía sus ligas a Negreira (¡hablamos de 1993!).
Qué tiempos aquellos de D. Jesús. Podías decir de él lo que quisieras, menos que era aburrido. Lo mismo caneaba a Caneda (bella aliteración) que salía en lorzas en un jacuzzi, discutiendo el conflicto de Quebec con cuatro rubias neumáticas en bikini. Su hijo Miguel Ángel no ha heredado ese desparpajo, ese sudapollismo. Y por desgracia no es del padre sino del hijo de quien venimos a hablar aquí, si bien apoyándonos en un viejo cántico de estadio relativo al padre que, por apellidarse ambos igual, es aplicable a Miguel Ángel.
Decíamos que Gil y Gil tenía fijación contra los árbitros, a los que acusaba de beneficiar ora al Madrid, ora al Barça. Cuando, contradiciendo aparentemente sus teorías, un colegiado beneficiaba ostensiblemente (u “ostentóreamente”, como él habría dicho) al Atleti, las aficiones utilizaban la musiquilla del tétrico “Así gana el Madrid” para convertirlo en “Así, así, así los quiere Gil”.
Gil Marín no tiene el gracejo del padre, no, para maldecir al estamento, pero emite comunicados que es un primor, o bien filtra su malestar a sus amigos de Marca para que ellos le pongan las comillas: “El Madrid manipula la competición”, hace pocos días, ¿lo recordáis? Sí, sí, sí, “el Madrid manipula la competición” en pleno Negreirato Revisited, ¿cómo os quedáis?
No nos consta que Gil Marín haya emitido comunicado alguno ni filtrado su descontento a resultas de este clamoroso penalti no señalado en contra del Atleti.
Lo llamativo de esta jugada no es tanto la clara pena máxima escamoteada a la Real Sociedad como el modo en que se desarrollaron las cosas, con Munuera Montero dejando pasar la mano, el VAR llamando su atención sobre la jugada, Munuera acudiendo al monitor y finalmente desestimando la admonición del videoarbitraje para mantenerse en sus trece y no señalar el punto fatídico. Es altamente infrecuente que, una vez el colegiado de campo va al monitor a instancias del VAR, no dé la razón a su compañero en la cabina.
Parece, pues, que las quejas de Gil Marín, si bien ajenas a la desenvoltura histórica de las de su padre, tienen efecto. No sería de extrañar que las aficiones resucitaran aquel grito de guerra: “Así, así, así los quiere Gil”.
(Nota: la jugada del final, el penalti señalado en área realista que transforma Griezmann es las postrimerías del partido, nos parece penalti, francamente. Tan penalti como el de Morata).
Ni As ni Marca otorgan a esta polémica los honores de portada, si bien mencionan el triunfo rojiblanco, optando los de Gallardo por la hazaña maratoniana de Kiptum y los de Jiménez por el nuevo Madrid de Bellingham como argumentos principales.
“Generación Bellingham”, titula As, en justa loa del Madrid más joven y atractivo que se ha visto en mucho tiempo. El cambio positivo obrado en el Madrid desde la derrota del Metropolitano ha sido notorio, con victorias de prestigio en Girona y Nápoles y goleada de ensueño ante Osasuna, con un Bernabéu en éxtasis. Ahora tenemos muuuuuchos días por delante para rumiar el buen momento del Madrid, dado que dicho buen momento ha sido interrumpido por un nuevo y nefasto parón de selecciones. No sabemos cuánto costará rehacer este gran momento de juego después del parón, cuán largo se hará coger la forma de nuevo y cuántos jugadores (ojalá ninguno) volverán físicamente tocados tras sus partidos con sus selecciones. Como siempre, es una incógnita. Los parones son el perfecto ejemplo de anticlímax.
La prensa cataculé no se pone de acuerdo a la hora de valorar el empate cosechado por el Barça en Granada. Mundo Deportivo dice “Récord y chasco”, pero inmediatamente le corrige Sport: “Récord y punto”. Falta una edición de media mañana de Mundo Deportivo dando la razón a Sport y titulando exclusivamente: “Récord”. Punto.
El caso es que Xavi puede darse por satisfecho con ese resultado, a pesar de que en el último suspiro les anularan un gol por un fuera de juego posicional de Ferran Torres que muchos están comparando con el anulado a Camavinga en el Metropolitano. A nuestro juicio, sin embargo, en esta jugada está infinitamente más claro que Ferran interfiere en el campo de visión y abanico de opciones del portero.
El caso es que el Barça está acusando la baja de Lewandowski, como era previsible, y que muy bien podría el jardiner de Terrassa entonar al polaco aquello de “Sin ti no soy nada” de Amaral, sin necesidad de enseñar las tetas en este caso, si bien el Barça hará lo que quiera a este respecto. Como en todo lo demás.
Y poco más, amics. Que estamos ya sumidos en un nuevo parón de selecciones, que lo llevéis con paciencia y que, si alguna vez os da por pensar que ningún madridista se va a lesionar, el Señor os conserve el optimismo.
Pasad un buen lunes.