Quién no ha oído hablar de ese cuento infantil que versa sobre un príncipe catalán de nombre Joan y de apellido Laporta que vivía con sus padres, de apellidos Gaspart y Núñez, en un pisito de la zona noble de la ciudad. Nadie entendió nunca la incongruencia de sus apellidos, pero eso no imposibilitó que fuesen una familia burguesa más. Hacía tiempo que el heredero culé buscaba el amor, una pareja con la que compartir hechos y cohechos, alguien que le comprendiese y transigiera con sus hábitos, pero, sobre todo, alguien culé, muy muy culé. Sus progenitores no permitirían otra cosa.
Una noche lluviosa, Jan —así le llamaban los amigos— estaba viendo Netflix mientras comía anacardos crudos y de repente sonó el telefonillo. «Será el cartero comercial», pensó su alteza, «mas es raro, son las nueve de la noche».
—¿Quién es? —preguntó el príncipe tras descolgar el portero automático.
—Soy una joven y bella princesa de un reino de oriente medio, me ha sorprendido la tormenta vestida de lagarterana y se me han empapado hasta las enaguas, ¿podría usted darme cobijo?
—Suba, es la escalera del fondo, en el tercer piso.
—¿Quién perturba nuestro descanso a estas horas, hijo mío? —inquirió molesto padre Gaspart.
—Una joven princesa, papá. El inopinado chaparrón le ha pillado a la intemperie y vestida de lagarterana.
—Qué poco previsora es la gente —masculló madre Núñez.
—Adelante, mossa, pase, pase. Voy a prepararle ropajes secos y un baño caliente, no vaya a coger una pulmonía.
—Ay, apuesto príncipe, le agradezco de corazón que me dé hospedaje en sus aposentos.
—¿Cuál es su nombre? —quiso saber Laporta sin poder evitar que se le escapase una sonrisa como la que le brota cuando ve una palanca—. Yo me llamo Joan, pero todos me llaman Jan.
—Soy la princesa Xavi Hernández, pero todos me llaman Jardiner, y algunos Javi.
—¿Y qué hace vestida de lagarterana en una noche tan tormentosa por el noreste peninsular?
—Tengo afición por los disfraces, incluso me he vestido en alguna ocasión de cetrera catarí. No me gusta la realidad, prefiero inventarme historias.
La princesa tomó un baño, vistiose con prendas secas, cenó una sopa de ajo que preparó Jan y aceptó la invitación de la familia para pernoctar en la vivienda. El príncipe se deshacía en atenciones hacia la heredera y a los padres no se les pasó por alto el brillo de su mirada.
—Quiere yacer con ella, le gusta más que el fuet cuando está blandito, la mira como me mirabas tú a mí en los tiempos de la Transición, cuando volvió Tarradellas —le susurró madre Núñez a padre Gaspart mientras escuchaban el parte—. Dile algo, Joan.
—Es que… me da un poco de… —balbuceó Gaspart.
—Pusilánime, acomplejado, siempre has sido igual. Cuando decidimos pagar a Negreira también te acobardaste al principio: que si nos pueden pillar, que se nos iba a caer el pelo… Nunca cambiarás. Déjame a mí —resolvió Núñez.
—Laporta, hijo, sabemos que tienes una edad y es normal que notes la picazón en presencia de tan bella zagala, pero ya sabes la condición indispensable que debe cumplir para poder pertenecer a la familia.
—Sí, mamá —respondió Jan con hartazgo—, que sea culé, muy muy culé, me lo has dicho mil veces.
Laporta se enfurruñó y corrió a encerrarse en su cuarto a ver Pesadilla en la cocina. «Así quiero ser yo de mayor, como Chicote», soñaba Jan.
—Esposo, vence tus miedos y ve a hablar con tu hijo, que tienes más mano izquierda que yo.
—Ah, no, no, yo de izquierda nada, yo, apolítico de derechas, como mi padre —trató de escaquearse Gaspart.
—¡Tira pa la habitación a hablar con Jan, mindundi! —exigió Núñez.
El padre agachó la cabeza, dejó de comer rovellons y acató las órdenes de su esposa.
—Jan, hijo, ya sé que tu madre es rara, qué me vas a contar, llevó con ella casi más años de los que hemos estado comprando el estamento arbitral, pero en esto tiene razón, no podemos meter en la familia a alguien que no sea culé, muy muy culé.
—Pero es que a lo mejor es solo del Valencia, pero muy antimadridista. O del Sevilla. Pero no culé, muy muy culé. Y no quiero perderla por tamaña nimiedad.
—Ser antimadridista es requisito indispensable para nuestros colaboradores, ahí tienes los ejemplos de Medina, de Hernández, de Itu, de Undiano, pero para asimilarla como familiar ha de ser necesariamente culé, muy muy culé.
Laporta se resignó, sabía que sus padres tenían razón. El ADN Barça era esencial.
—Está bien, papá, la someteremos a las pruebas.
Llevaron a la princesa Xavi a Madrid y la sentaron en la terraza de El Brillante con un bocata de calamares y un tercio de Mahou. La princesa se pasó el almuerzo sobeteando el bocadillo sin comérselo, guarreando, desmenuzándolo y escondiendo los pedazos bajo servilletas de papel. Apenas se mojó los labios con la cerveza, ni un buchito se bebió.
—Has comido mal, Xavi —reprendió madre Núñez a la candidata.
—No he comido mal, lo único que ha ocurrido es que no me he tragado nada, pero he tenido la posesión del bocadillo todo el rato. Además, me daba el sol de cara y así no hay quien coma ni beba.
Núñez, Gaspart y Laporta se miraron con una sonrisa de complicidad. Pinta bien, pensaron.
Primera prueba superada. Hora de la siguiente. Fueron al tradicional concurso de macramé de la Asociación de la Prensa Deportiva de Barcelona. Los periodistas no se opusieron a la inscripción de Xavi, pero mostraron sus dudas, y así lo expresaron, habida cuenta de la poca experiencia de Jardiner con tan compleja técnica de tejido. La princesa participó en la prueba elaborando una funda para cortacésped, el resultado fue espantoso, un amasijo de hilos enredados carente de forma.
—La culpa es de la prensa catalana, es tóxica. Si no me criticaran tanto habría tejido mejor. Voy a hablar con mi padre, que ya sabéis que es rey, para que se quite de en medio a alguno de estos periodistas. ¿Quién se creen que son?
Un soplo de gozo inundó el tórax de Laporta. Gaspart apretó los puñitos. Núñez, café en mano, parafraseó al Señor Lobo en Pulp Fiction para pedir un poco de calma.
—Tranquilos, muchachos, aún queda la prueba definitiva.
—¿La del colchón? —preguntaron preocupados, temerosos debido a la dificultad extrema que entrañaba.
—La del colchón.
Al día siguiente, mientras desayunaban butifarras con vino negro, una inquisidora Núñez preguntó a la princesa Jardiner:
—¿Qué tal has dormido, princesa?
—Pues si le digo la verdad, no he pegado ojo, sentía algo duro y no he parado de dar vueltas toda la noche, seguro que algún indeseable colocó bajó el colchón una brizna de céspet más larga de lo normal. Intolerable.
—¡Es culé, muy muy culé!
Núñez sonrió con la alegría de un inspector de Hacienda que acabade recibir un jugoso soborno, Gaspart se tiró de cabeza al Llobregat en calzoncillos al grito de ¡visca Barça! y Laporta le confesó a la princesa Hernández que quería vivir para siempre con ella en un jardín vertical del Paseo de la Habana.
Getty Images.
Ni en El Periódico, Sport o Mundo Deportivo. Ni en Catalunya Ràdio, RAC-1 o delegaciones de las emisoras nacionales en tierra catalana. Por supuesto, tampoco en TV3. Ni en digital alguno. Si lo hiciera, el partido Barcelona-Alavés habría llegado 0-3 al descanso. Conozco a varios colegas que resolvían sin problema el mano a mano con Ter Stegen y estaban celebrando la cosa todavía.
Porque Xavi nos dijo ayer que mucha culpa de los males de su equipo la tiene el Periodismo. ¡Catalán! Una lástima lo de ‘Omo’. Si trabajara en uno de esos medios —que lo tendría cedido al Alavés vía Granada— hubiésemos asistido a un desastre y una piña histórica: fotógrafos, cámaras, gente a pie de campo toda saltando encima del goleador y celebrando salvajemente mientras Montjuïc pedía la cicuta.
Tras el césped, el sol, el horario, el Periodismo. Por supuesto, el pérfido Real Madrid. También Negreira, pues dicho está que el gran perjudicado de lo suyo fue y es el Barcelona: con un par. Lo raro es que se lo he leído y escuchado a periodistas catalanes. Perjudicado el que paga y no sus rivales. Los que en materia de pagos arbitrales se limitaron a hacer frente a las facturas de cada partido. Bobos. Debe de ser gente extraña periodística pues sostener eso viviendo contra el Barça... Bueno, gente así hay en todas partes.
Xavi nos dijo ayer que mucha culpa de los males de su equipo la tiene el Periodismo. ¡Catalán! Una lástima lo de ‘Omo’. Si trabajara en uno de esos medios hubiésemos asistido a un desastre y una piña histórica: fotógrafos, cámaras, gente a pie de campo toda saltando encima del goleador y celebrando salvajemente mientras Montjuïc pedía la cicuta
Todo está contra el Barça de Xavi. sí. Es una pena que esta semana no tengamos Liga por la vuelta de las selecciones. Nuestra risa no merece este parón. Cambiar el Barça, a Xavi, por partidos con Chipre y Georgia, por De la Fuente y el equipo clasificado para la Eurocopa: es una broma.
¿No podría hacerse algo? El próximo partido de los azulgrana será en Vallecas, el sábado día 25. ¿Sería mucho pedir que se jugara este, el 18? ¿Qué ninguna selección convocara jugadores de Barça y Rayo? España está que necesita reírse a carcajadas, la UEFA lo sabe, la UEFA lo sabe todo, y seguro que no pondría problemas. Ah. Está el Rayo-Barça anunciado para las dos de la tarde. Sería conveniente que alguien consiguiera que ese día y a esa hora en Madrid sea de noche. Otra cosa deberemos considerarla otro feroz ataque a Xavi y sus muchachos. Es decir, a Cataluña. ¡Joé! Sospecho que sólo un español es capaz de conseguirlo: Pedro Sánchez.
Hablando de risas. Marcó Gerard Moreno en el Metropolitano y el gran Pepe Kollins me pasó el listado de los mejores goleadores catalanes en la Liga. El primero es Raúl Tamudo (146) y el segundo, Joaquín Murillo (130), Gerard Moreno y José Juncosa empatan a 115 tras el gol del primero ayer al Atleti. El quinto es Estanislao Basora con 89. Curioso Basora: hay que llegar hasta el quinto catalán de la historia para dar con uno que jugó en el Barcelona. Y tres de los cinco lo hicieron en el Espanyol, Tamudo, Gerard y Juncosa. Sí, una estadística curiosísima.
Y no, no vi el partido en cancha culé. Andaba por Huesca, me fui a ver el partido de su equipo —socio de honor suyo soy— con el Espanyol, aquí socio a secas. Sesenta y pico tíos y tías nos juntamos a comer ternasco, ¡viva Aragón! No vi apenas nada. Hui tras confirmar que Samuel Omorodion Aghehowa, de Melilla, no es periodista ni trabaja en medio barcelonés alguno.
He llegado a un punto de finura y sabiduría que cuando vi lo que vi entre el segundo uno y el minuto 20 o así tuve claro lo que pasaría: ganaría el Barça pese a la feroz oposición del Periodismo, emboscado de verde vitoriano. De penalti o de penalti-córner, como en el hockey
No vi el penalti decisivo ni otras acciones que han entretenido al personal. He llegado a un punto de finura y sabiduría que cuando vi lo que vi entre el segundo uno y el minuto 20 o así tuve claro lo que pasaría: ganaría el Barça pese a la feroz oposición del Periodismo, emboscado de verde vitoriano. De penalti o de penalti-córner, como en el hockey. Tampoco con el 0-3 que tan posible fue hubiese dado el asunto por resuelto. Que frío no hace, pero a ti te encontré en la calle.
Total, que los seis de arriba ganaron sus partidos en esta jornada 12+1 que en clave madridista empezó con la asamblea de señores socios compromisarios, entre ellos ilustre personal de La Galerna. Florentino lo bordó. Hay un trabajo detrás y ya dijo Núñez, otro gran presidente: “Cuando se hacen las cosas bien, llegan los resultados”. Pérez tiene mérito, pero lo suyo es muy fácil: el Periodismo madrileño es madridista total y todo, empezando por La Tuerka. Así ya se puede.
Getty Images.
Buenos días. Si no es cierto que Carvajal dijera a sus compañeros, en el transcurso del partido ante el Valencia, que había que meterles ocho, lo decimos nosotros: había que meterles ocho.
Se metieron cinco y está muy bien. A toro pasado, nos damos por satisfechos. Pero ocho habría estado mejor que cinco, y once mejor que ocho, al igual que catorce habría sido más completo que once.
Esta disertación, tal vez algo desconcertante, viene al caso porque ayer se difundieron imágenes de DAZN en las que se veía a Dani Carvajal exhortando a sus compañeros con palabras que la lectura de labios de la cadena interpretó como “Hay que meterles ocho”. Más tarde, el propio Carvajal posteó un vídeo negando haber dicho eso, y aclarando que había gritado “Hay que meter otro”, clarificando el asunto “para que nadie se ofenda”.
Nuestro primer comentario de hoy, en esta vuestra sección favorita, es más bien una pregunta exasperada: exactamente, ¿qué habría tenido de malo que uno de los capitanes del Real Madrid hubiera instado a sus compañeros a meter ocho goles al Valencia? ¿En qué clase de infierno de corrección política vive un Real Madrid (porque lo duro es esto: que estas exigencias de presunto fair play SÓLO las tenga el Madrid) que ha de pedir perdón por albergar el afán de golear a su rival?
Parece ser, ya que él lo matiza, que Carvajal no rogó en ningún momento a sus compañeros que metieran ocho. Para una vez que la prensa se equivoca para darnos una alegría, le corrige el protagonista. Nos habría hecho muchísima ilusión que fuese verdad lo de los ocho (los odiosos ocho, tarantinianos como somos), pero nuestro gozo ha caído en un pequeño pozo, como el gato de Manhattan Transfer. No comprendemos qué habría tenido de malo —en el entendido de que la humillación sólo habría sido deportiva, y nunca nos habríamos mofado del rival— el desear fervientemente una goleada todavía mayor a la finalmente infligida sobre una entidad que no combate los focos de racismo y xenofobia de una parte sustancial de su afición, auspicia medios carroñeros que acosan a jugadores concretos y envía al propio Bernabéu a hordas de maleducados que insultan al club de Concha Espina a domicilio.
Afortunadamente, los madridistas y madrileños son ejemplares, y no hubo reacción a las salidas de tono y agresiones verbales de la afición visitante. Los testimonios varían respecto a la naturaleza exacta de esos cánticos. Puede que fueran sólo insultos, puede que fueran insultos racistas.
Estúdiese, y mientras se estudia dejadnos vivir en la fantasía de que Dani Carvajal sí que dijo que había que meterles ocho.
Ventilemos ahora, lo más rápido posible, la prensa del día.
“Un plan para Bellingham”. El Madrid ha dejado ir a Jude con Inglaterra, en el entendido de que le permitirán volver sin jugar. Como le hagan jugar, esta vez querremos que le metan ocho a Inglaterra.
Griezmann ostenta el protagonismo de la portada de As. El diario de Prisa, pues, más Central Lechera que nunca. Incluso para alabar a Camavinga, en el recuadro superior, tiene que hacerlo a costa de hacer de menos a otro jugador vikingo, Tchouaméni. Hay días en que nos apetece que le metan ocho al As, pero por el momento no disputa competición alguna.
Al Barça le pudo meter ocho el Alavés, pero al final ganaron los de Xavi, como todo el mundo bien informado pudo prever pese a la victoria momentánea de los vascos. Un par de goles de Lewandowski (que se portó mezquinamente con Lamine Yamal a la vista de todo el mundo, negándole la mano después de una jugada desafortunada), un par de jugadas discutibles en el área (de esas que siempre les caen de cara, y sólo a ellos) y tres puntos para seguir enganchados a la Negreira League 2.0.
Lo habitual.
Os deseamos lo mejor en este nuevo día de noviembre. No os enfadéis con vuestro amigo por la política y, si podéis, metedle ocho a los problemas del día a día.
Siempre he creído que la descarada corrupción que ha instaurado el Barça en todos los estamentos del fútbol español y sus alrededores acabaría acarreando consecuencias muy serias para el club que ha enfangado de por vida las competiciones nacionales. Es una cuestión de pura justicia, una relación simple entre actos y consecuencias. La poca confianza que merecen instituciones como la RFEF, la Liga o el CSD, que corrieron solícitas en auxilio del corruptor a los minutos de conocerse el escándalo que los madridistas llevábamos décadas intuyendo y denunciando, la compensaba la fe en la independencia judicial o las instituciones futbolísticas supranacionales. Cada vez tengo menos claro que vaya a haber alguna sanción, que los principios de igualdad deportiva acaben prevaleciendo. Por el tiempo que ha pasado y la ridícula normalidad que se ha intentado imponer (especialmente a nivel mediático) desde el primer día, es más que probable que no se haga justicia.
En todo caso, y aunque hubiera una sanción durísima, como por ejemplo varias temporadas fuera de Europa o un descenso administrativo, lo que jamás podría haber es resarcimiento a los perjudicados, o al perjudicado, ya que solo hay una afición que se queja, que protesta y que mantiene vivo el recuerdo del oprobio que ha sido el negreirato. El resto de hinchadas participa en el blanqueamiento de la vergüenza, bien por puro antimadridismo, bien por la mala conciencia del que también se sabe beneficiado por la trama corrupta.
En el fútbol, el componente emocional pesa en muchas ocasiones más incluso que lo lógico y racional. Así que, ocurra lo que ocurra, nadie nos podrá restañar a los madridistas las injustas heridas que sufrimos en nuestros corazones. Todas esas expulsiones inmerecidas, penaltis que se obviaron, celebraciones anuladas, victorias y títulos escamoteados ya no van a volver. Incluso en el poco probable caso de que se eliminaran esos trofeos del palmarés del corrupto y se le otorgaran al perjudicado por sus delitos, ninguno de nosotros lo celebraríamos, no nos abrazaríamos con el espectador que se sienta a nuestro lado en el estadio, y de quien ni siquiera conocemos el nombre, no gritaríamos de alegría, no saltaríamos mientras levantamos los brazos. De todo lo que nos han robado, que ha sido mucho, lo que más duele y dolerá es que nos hayan hurtado los sentimientos de alegría pura momentánea que solo el Real Madrid es capaz de proporcionarnos.
Jamás podrá haber resarcimiento a los perjudicados, o al perjudicado, ya que solo hay una afición que se queja. El resto de hinchadas participa en el blanqueamiento de la vergüenza, bien por puro antimadridismo, bien por la mala conciencia del que también se sabe beneficiado por la trama corrupta
Nuestro equipo tiene un mérito que ni siquiera los propios madridistas suelen valorar, porque competir remando contra corriente durante décadas otorga mucho más valor a lo conseguido en este tétrico periodo. Se ha jugado permanentemente con un hándicap que era evidente a nivel estadístico, sin necesidad de que conociéramos el fango que ya es notorio. Espero no escuchar de nuevo a aficionados del Madrid repetir el mantra de que el equipo tiraba las Ligas. La realidad es que al Madrid le tiraban (y es probable que se siga haciendo) de la carrera por las competiciones patrias, y que cuando se mantiene en la misma es sorteando unos obstáculos que sus rivales no se encuentran.
Asumida ya la enorme posibilidad de que el club que ha corrompido el fútbol español durante al menos dos décadas salga indemne de sus delitos, cabe pensar que nunca volveremos a creer en la limpieza de la competición. Dejar que todo siga como si no hubiera pasado nada va a provocar una pérdida de credibilidad del fútbol que incluso amenaza su supervivencia. La sombra de la duda permanecerá mientras los herederos del régimen sigan ocupando cargos ejecutivos en los diferentes organismos y dispongan de espacios mediáticos donde se les permita justificar la vergüenza y poner el foco en el agraviado para desviar la atención. Lo hacen, además, sin apenas oposición. Las competiciones nacionales están heridas de muerte por la simple razón de que la afición más numerosa y el equipo más importante han constatado que se les ha desvalijado y que a casi nadie parece importarle lo más mínimo.
Getty Images.
Lo de Camavinga no deja de ser uno de los casos más curiosos de los últimos tiempos. Con sólo 21 años lo ha ganado todo sin afianzarse como indiscutible. Y lo ha hecho en el club más importante del planeta en mitad de un debate sobre si el mejor envase para encerrar su rumboso talento es el lateral o el mediocentro. A la carrera, se ha subido a los caballos. Insólito.
Eduardo Camavinga aterrizó en el Bernabéu con 18 años y todo el dispendio de alegría que alguien de su edad puede prodigar. Quizás demasiada para el puesto que debía ocupar, centrocampista defensivo, y, sobre todo, por quien venía a relevar: Casemiro, guardián de la ortodoxia. Algunos confundieron el entusiasmo salpimentado de tarjetas de Camavinga con derrapes incontrolados, pero realmente sólo estaba tomándole las medidas a la pista.
Con sólo 21 años, Camavinga lo ha ganado todo sin afianzarse como indiscutible. A la carrera, se ha subido a los caballos. Insólito
El puesto de mediocentro del Madrid exige una combinación de frontera y lanzadera, de tambores y violines. No vale con guardar la posición e impedir el paso, se demanda ser policía de circulación y artista en los semáforos. Además, lo ideal es que marches solo a la guerra. Así lo hizo Fernando Redondo, ese jugador que aparece automáticamente en la memoria cuando pensamos en un 5 perfecto. Lo tenía todo: inteligencia (siempre escogía la opción adecuada), visión (pocos salían jugando como él), técnica (se sobraba con la zurda) y, casi lo más importante, personalidad (no se arrugaba ni después de cinco horas en un baño turco). La versión más rockera del argentino compartió vestuario y títulos con él: Clarence Seedorf, un futbolista con excedente de piernas y clase. Todavía se recuerdan sus conducciones, el manejo de los tiempos y la eficaz alegría de sus goles y asistencias.
¿Podría el Madrid disponer alguna vez de un futbolista que combinara las virtudes de ambos referentes? Este es un sueño del que parece que Camavinga quiere que no despertemos. Sí, aceptamos que sus carencias provienen de los conceptos defensivos, pero se va acomodando partido a partido. Cada vez escoge mejor la posición, se ofrece donde ha de estar y la suelta al compañero más oportuno. Además, no comprende el mecanismo del freno y resulta imposible jugar a su lado sin que te transmita energía y fuerza. Con Camavinga tienes que correr o te quedas en tierra de nadie.
Unos afirman que es el mejor lateral izquierdo del mundo convertido en mediocentro, y otros justo lo reverso, que es el mejor mediocentro transformado en lateral
Unos afirman que es el mejor lateral izquierdo del mundo convertido en mediocentro, y otros justo lo reverso, que es el mejor mediocentro transformado en lateral. Y lo bueno de todo ello es que, mientras se halla su posición ideal (¿por qué no pueden ser ambas?) ya lo ha ganado todo con el Real Madrid, que se escribe pronto. La mayoría de carreras futbolísticas transcurren con el único premio de poder disfrutar de minutos como profesional, unos pocos conquistan algún ascenso o título y, sólo los privilegiados acceden a varios entorchados. Pues Camavinga, con sólo 21 años (repetimos), ya puede montar una sucursal del Museo del Bernabéu en su casa.
La carencia de ambición no parece que vaya a ser un problema para Camavinga. Pero, si alguna vez tiene algún acceso de duda, siempre puede recurrir a Youtube y teclear ‘Pirri’, el mejor box to box blanco del siglo XX y uno de los mejores líderes espirituales y morales del madridismo. No sería mal espejo, ¿no creen?
Getty Images.
Ayer me estuve acordando bastante de los audios de Florentino, aquella maniobra rastrera a través de la cual una joint venture entre El Confidencial y Abellán trató de desacreditar al Presidente del Real Madrid. “Vamos a hundir a Florentino publicando unos audios en los que raja de una serie de leyendas del Madrid”. Criaturitas. ¿Cómo no repararon en que la mayor leyenda viva del Real Madrid es precisamente Florentino Pérez?
Digo que me acordé porque ayer tuvo lugar la Asamblea de Socios Representantes, a lo largo de la cual el mandatario blanco se dio un (nuevo) baño de masas. Yo estuve allí en mi calidad de eso mismo, de socio representante o compromisario, que se decía antes y me gusta más. Es un honor acudir, y no se me escapa ni por un momento que en ese privilegio del cual presumo se unen extrañamente lo que me hermana con aquellos locos benditos de 1902 y lo más parecido a ser miembro del consejo de administración de la mayor multinacional deportiva del planeta, sin que en este caso esta institución tenga de eso, como por no tener no tiene ni accionistas. Es una bendita y descomunal anomalía. Uno de los puntos más plausibles (y a la vez intrigantes) de la comparecencia presidencial tuvo que ver precisamente con este punto, con iniciativas destinadas a blindar la propiedad del club por parte de sus socios. “Una estructura que nos permita…” Bueno, leedlo vosotros mismos.
¿A qué se refiere exactamente? No lo sé y querría saber más. Suena muy bien. Decíamos que Florentino es la mayor leyenda viva del madridismo, y la cosa admite algún que otro “ex aequo”. Por ejemplo Pirri, que ayer fue coronado nuevo Presidente de Honor en medio del cariño de la afición. Pirri representa la esencia misma del madridismo. Madridismo son las virguerías con las que Vinícius, horas después, haría trizas la retórica xenófoba de Superdeporte y otras hierbas, pero también lo es la clavícula eternamente fracturada de José Martínez.
En su intervención principal, Florentino tuvo para todos, con especial mención para Javier Tebas. No dijo, como esperábamos de manera lúbrica, que a lo mejor hay que enseñarle a Tebas quién es el Real Madrid, como en anteriores asambleas dijo de Ceferin y gente así, pero le mentó el sueldo como antaño le hizo al esloveno en El Chiringuito. “No sabemos en qué se gasta el dinero la Liga, sólo sabemos que se gasta cada vez más. Incluido el gasto en el salario de Javier Tebas, el cual se acaba de subir”. Enumeró los ataques de Tebas contra el patrimonio del Real Madrid, glosando el oscurantismo que se gasta el personaje. El fútbol español se resume en eso: opacidad y hostias al Madrid. Se vistió de forofo vikingo (lo cual es, por la gracia de Dios) para expresar su estupefacción con el uso de las líneas del VAR. Fue un momento mágico en el cual Florentino se convirtió en cualquiera de nosotros. Esta diatriba ha sacado de quicio a Iturralde en su trinchera mediática, lo cual constituye la prueba del algodón de su pertinencia.
Florentino Pérez es la mayor leyenda viva del Real Madrid
Instó al Gobierno (¡al Gobierno!) a tomar medias para depurar el CTA (mucho instar nos parece eso, no habiendo nadie del CTA besado públicamente a nadie) y se refirió al asunto Negreira, de forma sucinta “pues está en manos de la Justicia”. En este punto sacó a pasear su mejor sorna castiza. Voy a parafrasearle de manera laxa pero confío en que escrupulosa: “Coincidiréis conmigo en que pagar 8 millones de euros al número dos de las árbitros durante dos décadas es una cosa que no está bien, y que reaccionar a las acusaciones que penden sobre ti imprecando al club que es el principal perjudicado de tus manejos está peor todavía”. Defendió como necesaria la personación del club en la causa judicial (me atrevo a decir que no hay un solo madridista que no la aplauda) y resaltó la extrema gravedad del affair.
Se aprobaron las cuentas de resultados, el balance y las cuotas de socios, y si no se aprobó el color de su corbata fue solo porque no estaba en el orden del día. Se aprobó también lo del endeudamiento por los 370 millones extra del estadio, y se habrían aprobado 3.700 millones si hubieran hecho falta y sin pestañear. Enumeró las bondades del estadio que justifican este nuevo y sustancial préstamo solicitado, pero fue una cortesía innecesaria. “Mirad, hemos visto que hace falta pedir más dinero al banco y yo sé lo que me hago” habría sido suficiente. Casi todo el mundo votó que sí, que si lo dices tú pues adelante, y si os fijáis en la foto encontraréis alguna cara que os puede resultar familiar. Yo de verdad que no sé por qué me llaman oficialista.
Lo mejor, con todo, estaba por llegar. Un señor mayor pero no tan mayor, de excelente pinta, tomó la palabra desde el atril. “Me llamo Pepe De Carlos, soy hijo del presidente Luis De Carlos, tengo 92 años y el carnet número 6 de socio del Real Madrid”. Un murmullo de admiración se apoderó de la sala. El murmullo fue creciendo y los compromisarios también, o tal vez fue sólo que se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. De Carlos anunció, cuando la gente dejó de aplaudir, o sea, al cabo de un buen rato, que conforme a los estatutos se presentaba a la Asamblea la iniciativa de cambiar el nombre a la Ciudad Deportiva de Valdebebas, que de ser aprobada la moción pasaría a tener el nombre de Florentino Pérez. La cosa se cerró por aclamación.
Florentino tomó la palabra para dejar claro, muy agradecido, que la cosa atentaba contra su modestia pero lo aceptaba con tanta gratitud como resignación. “Eso sí”, matizó, “déjenme manejar esto con discreción y que sea yo quien decida el momento exacto del cambio de nombre”. Nunca un abucheo ha traído consigo tanto amor.
—¡De eso nada! —gritó el compromisario que yo tenía detrás—. ¡Queremos el cartel a la entrada de Valdebebas mañana mismo!
Pues eso. Mañana a las 10AM queremos el nuevo cartel en la puerta. Monitorearemos el cumplimento de esta iniciativa con el afán fiscalizador que nos caracteriza.
Fotografías: realmadrid.com
Buenos días, amigos. El Valencia y su entorno mediático se habían encargado de provocar durante toda la semana con mensajes más o menos burdos con la intención de tener alguna posibilidad de rascar algo positivo de su visita al Santiago Bernabéu. El club remitió una misiva a los aficionados que se desplazaron a Madrid instándolos a que se portaran bien, en un acto paternalista y condescendiente que solo demuestra la poca confianza que albergan en sí mismos. Baraja se atrevió a pedir a la afición blanca que tratase con respeto a la valencianista (LOL, como dicen los jóvenes en el interné). Y Superdeporte…, bueno, Superdeporte a sus cosas de superretrete. Todo meras argucias para desestabilizar con la esperanza de que la sideral distancia deportiva existente entre ambos equipos se recortase y, si el árbitro ayudaba, tal vez se lograra un puntito. Pues naranjas de la china.
Nada más empezar el partido, Kroos, como si fuera Llull, lanzó una mandarina a Carvajal, que la recogió y la exprimió con un izquierdazo que terminó en las mallas de la meta valencianista. Todo rápido, muy rápido, para que no se le fueran las vitaminas.
Después del tempranero vasito de zumo y de una falta al larguero de Kroos, el Valencia trató de desperezarse y pese a no dominar pudo marcar dos goles en sendas ocasiones claras de Hugo Duro, pero ahí estaba Lunin, el hombre de negro, cuya apariencia puede resultar sombría y gris, pero tiene razones para vestir así. El ucraniano no cantó ni por Johnny Cash ni por Loquillo, y resolvió ambos mano a mano con sobriedad, incluso se permitió blocar el balón al estilo de los guardametas de cuando el fútbol era fútbol. Nos gusta este Lunin Yashin, aporta serenidad al equipo.
El Madrid seguía mandando, a pesar de que Sánchez Martínez y los dos VAR se comieron un penalti catedralicio de Gayá a Rodrygo. Cómo sería de nítido que hasta Iturralde dijo que lo fue. Hugo Duro tuvo una tercera ocasión, la más clara de todas, pero peinó el balón fuera cuando solo tenía que empujarlo con la frente. En la siguiente jugada, segundo vasito de zumo. Esta vez, Vinícius exprimió la naranja con el escudo, rematando a pecho descubierto un centro a media altura de Rodrygo. La pareja fantástica, como los llama As en su portada, vuelve a carburar a las mil maravillas.
La segunda parte comenzó como la primera, con golazo. Repitió el siete del Madrid, esta vez con el pie y desde fuera del área. No es la nariz precisamente lo que le crece a Vini cuando se enfrenta al Valencia, Superdeporte. Vinícius hace zumo que es un primor. Un zumo de naranja recién exprimido por la mañana es maravilloso, más aún si lo acompañamos de unas buenas porras brasileñas. Apenas se habían llevado la porra a la boca cuando apareció Rodrygo para meter el cuarto. El Bernabéu era un sambódromo, ¡vaya baile!, como titula Marca.
Rodrygo se sumó al zumo contra el racismo —que no es sino mala uva— y cerro su doblete cuando agonizaba el partido, poco antes de que Hugo Duro al fin anotase en la más difícil de las cuatro ocasiones que tuvo. Manita al Valencia (y al racismo). Podéis leer aquí la crónica de Paco Sánchez Palomares.
5-1, goleada sociológica universal cuya previa fue la exhibición de Florentino en la asamblea matinal, de la cual tendréis buena cuenta en las páginas de La Galerna a lo largo del día. El presidente dijo alto y claro lo que piensa el madridismo sobre los pagos del Barça a Negreira, el precio del fútbol televisado, Tebas, el arbitraje, la UEFA, la nueva Champions…, hubo zumito para todos.
Las goleadas del Madrid y del presidente las recoge la prensa cataculé. La de Florentino merece un recuadrito rojo en Sport, aunque la portada de este diario es para Xavi, que ilustra el frontispicio con la misma mirada que luce Vinícius cuando ve unas buenas naranjas de zumo.
El titular de Mundo Deportivo bien podría referirse al 5-1 del Madrid al Valencia, «Ganar y convencer», pero hablan del partido de esta tarde del Barça contra el Alavés. Entendemos que ya tienen ganas de ambas cosas, tanto de ganar como de convencer, habida cuenta de que el Barça es el equipo que más victorias obtiene gracias a un 1-0 o 0-1 rácano y sin fútbol.
Os dejamos, que vamos a hacernos otro zumito. Pasad un buen día.
Buenos días.
Sí, se aprende a no ser racistas.
Lunin: sobresaliente. Sobrio y soberbio. Aporta mucha seguridad.
Carvajal: sobresaliente. Marcó un golazo y pudo hacer un segundo.
Nacho: bien. Partido tranquilo.
Alaba: suficiente. No estuvo fino.
Mendy: bien. Bregó por su banda.
Camavinga: notable. Eduardo es una bendición.
Kroos: notable. Volvió a ser el reloj blanco.
Valverde: suficiente. Jugó maltrecho buena parte de los minutos tras el choque con Mamardashvili.
Brahim: notable. Menos brillante que frente al Braga, pero filtró balones peligrosos con asiduidad.
Rodrygo: sobresaliente. Dos goles y mucho juego. Ha vuelto por sus fueros, y hoy también por los fueros de Valencia.
Vinícius: sobresaliente. Siempre va de frente, tanto, que hoy marcó con el pecho.
Modric: bien. Entró con el partido decidido.
Lucas Vázquez: sin tiempo relevante.
Fran García: sin tiempo relevante.
Nico Paz: sin tiempo relevante.
Joselu: sin tiempo relevante.
Ancelotti: notable. Depositó su confianza en Rodrygo y Vinícius cuando no atravesaban su mejor momento y ahora recoge los frutos. Tal vez debió retirar a Fede antes del campo.
Getty Images.
Baraja llegaba al Bernabéu con la esperanza de que la afición blanca respetase a los seguidores valencianos en una clara proyección de sus problemas de conciencia por el comportamiento de una parte considerable de los hinchas de su propio equipo. Los madridistas fueron respetuosos y los recibieron con educación, tendiéndoles una mano con cinco goles y ni un insulto racista.
Tras el recital de Florentino en la Asamblea, comunicado, los doctores habían diagnosticado a Bellingham un cuadro de inestabilidad de su maltrecho hombro que provocó la desestabilización momentánea del madridismo. Jude, baja. Carlo lo resolvió prolongando la confianza en Brahim. Nacho fue el encargado de ocupar el lugar del sancionado Rüdiger.
Apenas nos habíamos sentado tras aplaudir a Pirri, nuevo presidente de honor del club, encargado de realizar el saque de ídem, cuando Kroos atisbó con su periscopio a Carvajal, pasó en largo y el lateral controló, se la colocó (la pelota) y la voleó a gol. Sublime. 1-0.
A renglón seguido, Sánchez Martínez, uno de los investigados por la Guardia Civil a causa de su llamativo enriquecimiento durante el negreirato, sorprendía a todos al señalar una falta clara a favor del Madrid al borde del área che. Toni se apoderó del balón, colocó unas briznas de hierba, y posó el balón contra el larguero, junto a la escuadra. Asistencia y cuero a la madera en menos de 10 minutos, nada mal el alemán.
El Valencia no tenía el esférico, pero un buen control de Hugo Duro le dejó solo frente a Lunin, quien aprovechó para lucirse con los pies. El ucraniano, que ya había realizado un gran encuentro frente al Braga, volvió a resolver en el 14' otra clara oportunidad del exmadridista, quien se volvió a quedar frente a frente contra el meta blanco, pero en esta ocasión no disparó duro y Lunin pudo embolsar el balón pese a la cercanía del golpeo.
Sánchez Martínez continuaba desconocido y señaló alguna falta clara más a favor del Madrid, que dominaba el partido. En el minuto 14, Vini se deshizo con vistosidad de su par desde la izquierda y su disparo cruzado lo mandó a córner el defensor valenciano con el hueco que hay entre las piernas.
Mamardashvili encendía las alarmas valencianistas en el 23' al sentarse en el suelo y quejarse de uno de sus abductores. Afortunadamente para el cuadro fosforito no tuvo que retirarse. Parecía recuperado, porque apenas cuatro minutos después desbarató brillantemente una clara ocasión de Vinícius, tras arabescos geniales de Rodrygo, pero la jugada estaba invalidada por fuera de juego.
Poco después de la media hora, Gayá despejó el balón y el pie de Rodrygo. Sánchez Martínez, que ya había cumplido al no escamotear las habituales faltas al Madrid, no pitó nada. El VAR, tampoco. El otro VAR, tampoco. La excusa de que toca balón es la elegida para justificar la no señalización de la pena máxima, pero la patada de Gayá a Rodrygo es nítida. Es como disculpar un robo con allanamiento de morada porque el caco llamó al timbre antes de volar la puerta con un cartucho de dinamita.
La afición del Real Madrid recibió a la valencianista con educación, tendiéndoles una mano con cinco goles y ni un insulto racista
El colegiado investigado mostró una clara amarilla a Pepelu por zancadilla a Vini. Así quedaba su conciencia tranquila.
En el minuto 36, un buen pase de Alaba en largo a Fede terminó con el Halcón y Mamardashvili por los suelos. El meta georgiano se hizo daño de nuevo, pero se recuperó. Por desgracia, quien se lastimó fue el uruguayo del Madrid, que acabaría retirándose en la segunda parte. Su puesto lo ocupó Modric.
Poco después, un certero centro de Pepelu dejaba solo a Hugo Duro, en parte gracias a Alaba. El gol parecía cantado, pero el nueve del Valencia no remató, apenas atusó el balón con la cabeza y la trayectoria del cuero únicamente sufrió una leve desviación marchándose a saque de puerta. En la siguiente jugada, Rodrygo centró desde la derecha a una altura incómoda para rematar con el pie o con la cabeza, Vini lo solventó rematando a gol con el escudo del Real Madrid. El brasileño siempre está cuando es necesario dar el do de pecho.
Un minuto antes del descanso Rodrygo botó una falta cometida sobre sí mismo no lejos del poste derecho de la portería che. La última jugada de la primera parte fue un empujón flagrante de Thierry sobre Brahim dentro del área. Optaron por la carga legal con el hombro. Repetimos el mismo argumento que en el penalti no señalado a Rodrygo.
La segunda mitad comenzó con un golazo de Vinícius desde fuera el área. El siete está recuperando su forma tras la lesión y el partido de hoy le vendrá de maravilla. Además, contra el Valencia. Sin solución de continuidad, el cuarto, de Rodrygo. Cristhian Mosquera cedió a su portero, quien erró en el pasé, que fue a caer a los pies del brasileño. El once madridista fue educado y no despreció el regalo.
En el 53', Gayá tuvo que ser sustituido tras varios minutos con molestias. Un par de minutos después, la exuberancia de Camavinga solo pudo ser aplacada con una falta de tarjeta para Foulquier. Eduardo es un vendaval.
En el minuto 67, Mamardashvili evitó el gol de Modric, cuyo centro se envenenó como cuando dejas el pollo fuera de la nevera. Se ve que el pollo en mal estado se lo comieron los colegiados de campo y del VAR y la indigestión les impidió realizar su labor, porque no señalaron una clara mano de Yarek dentro del área. Tercer posible penalti.
El Madrid seguía controlando el partido mientras Brahim y Mendy dejaban su lugar a Lucas Vázquez y Fran García. Carvajal estuvo a punto de marcar su segundo gol, pero su chut al palo corto lo salvó Mamardashvili con brillantez. El propio Carvajal y Vinícius fueron los siguientes en abandonar el terreno de juego. Entraron Nico Paz y Joselu.
El partido parecía finiquitado, pero aún hubo tiempo para que Rodrygo marcase el quinto, también para que Hugo Duro anotase el gol del Valencia.
Manita al Valencia. Y al racismo.
Getty Images.