Arbitró Javier Alberola Rojas del comité castellano manchego . En el VAR estuvo Pulido Santana.
Partido bastante sencillo de arbitrar que el colegiado se empeñó en complicarse. En el museo de los horrores del arbitraje español hoy se coronó pitando un fuera de juego cuando el balón venia de un rival. Tampoco le echó un cable el línea. La jugada, además, terminó con un derribo sobre Rodrygo que bien pudo ser penalti de árbitro de campo, que no de VAR. Doble error.
Por lo demás, quiso dejar jugar y falló dejando pasar faltas evidentes como una sobre Bellingham de Lekue en los últimos minutos.
En el apartado disciplinario se olvidó nada más comenzar el choque de una tarjeta de Sancet por golpear en el rostro a Bellingham y otra en la penúltima jugada a Muniain por ir a derribar con intención a Carvajal. Sí la vieron Tchouaméni por una entrada abajo sobre Vesga en el 55', Nacho por zancadilla a Williams en el 70' y Ruiz de Galagarreta por una patada por detrás a Camavinga en el 86'.
También es necesario apuntar que la disputa entre Vivian y Bellingham en el minuto 55 que acabó con el inglés por el suelo no era suficiente para penalti.
Alberola Rojas, DEFICIENTE. Lo tenía plácido para aprobar pero cuando de nivel y entendimiento del juego vas justo vives en el límite del cateo.
Lunin: 6,5. Muy bien en las que tuvo.
Carvajal: 6. En la segunda parte pisó bastante área.
Rüdiger: 8. El mejor defensa este año del Madrid.
Nacho: 6. Fue de menos a más.
Mendy: 7. Inexpugnable en defensa.
Tchouaméni: 4. No tuvo un buen día con el balón.
Kroos: 6. La primera mitad le costó porque el Madrid tuvo poco el balón.
Valverde: 6. Algo menos lucido que en otros partidos.
Bellingham: 5. Se le vio espeso.
Brahim: 6,5. Rozó el gol. Sobre todo en el disparo al palo. Estuvo bastante activo.
Rodrygo: 9. Doblete que le dará mucha confianza. En la izquierda es mortal.
Joselu: 5. Justo cuando entró el Madrid pudo sentenciar.
Modric: sin tiempo relevante.
Camavinga: sin tiempo relevante.
Lucas: sin tiempo relevante.
Militao: sin tiempo, pero con la gloria de haber vuelto.
Ancelotti: 5. No me gustó el planteamiento en la primera parte ni que siga sin jugar Güler.
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El Real Madrid ganó al Athletic y mantuvo con firmeza la gran ventaja de la que dispone.
Ancelotti optó por un equipo muy titular. Ante la perspectiva de que la final ante el City será dentro de nueve días, no había nada que reservar. Camavinga fue el único habitual suplente y seguramente se debiese a sus molestias en el tobillo. Tampoco iba a jugar Vinícius, pero en su caso se debía a la sanción. Militao aguardaría su regreso en el banquillo.
Lo cierto es que no fue una buena primera parte. El Madrid jugó muy pasivo. De Nacho a Rüdiger y viceversa fue el pase que más se repitió. Pudo influir el golazo de Rodrygo en el minuto 7. Desde la izquierda el brasileño es letal. Trazó la clásica diagonal hacia dentro y la colocó muy ladeada.
El Athletic no generó ningún peligro en la primera parte. Lanzó algunos córners y tuvo el balón de forma más propositiva, pero a nivel defensivo el Madrid estuvo bien.
Los locales sí generaron alguna ocasión hacia el final del primer tiempo. La más clara fue un remate de cabeza de Tchouaméni que se marchó fuera por poco. Hacía falta mejorar en la segunda parte para que no se complicara la cosa.
El Real Madrid ganó al Athletic y mantuvo con firmeza la gran ventaja de la que dispone
El segundo periodo comenzó más animado. En el 48’ Brahim puedo hacer el 2-0 tras una gran asistencia de Rodrygo, pero su disparo golpeó en el palo. Pocos minutos después, el Athletic obligó a intervenir a Lunin por primera vez. Fue una gran parada.
El partido estaba claramente más revuelto y eso siempre favorece al Madrid. Cada vez se generaban más situaciones de transición, pero no terminaba de llegar el segundo. En el minuto 70, Joselu entró por Brahim, que había jugado razonablemente bien. Justo un minuto después llegó el doblete de Rodrygo. Bellingham le vio solo en la izquierda y el brasileño encaró, recortó y definió al primer palo a la perfección.
En el 80 salieron del campo Kroos, Rodrygo y Valverde para que entrasen Modric, Lucas y Camavinga. El partido ya estaba sentenciado y Militao pudo hacer acto de presencia en el lugar de Carvajal. Fue la ovación de la noche.
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Si dejan por un momento lo que están haciendo y se permiten aguzar sus oídos un instante, muy probablemente oirán ustedes un estruendoso furor procedente de una marabunta enfervorecida que se manifiesta de manera constante, antorchas y garrotes en mano, contra el jugador del Real Madrid, Vinicius jr, quien vive en un estado de juicio permanente. Bueno, no de juicio. Tiendo a asociar la palabra juicio con justicia y no es esa la manera con la que se está juzgando al delantero carioca. Porque lo que busca esta muchedumbre no es justicia, ni respeto ni nada parecido, sino dar forma al primitivo sentimiento que han moldeado y alimentado los medios de comunicación contra Vinicius: el odio. Y si para ello tienen que abrazar prácticas tan lamentables como el racismo pues se abrazan, y luego se justifica con el sólido argumento de que al resto de jugadores de color del Real Madrid no se les insulta así.
Lo acontecido en los últimos días es simplemente la gota que colma el vaso y el mejor reflejo posible de esta campaña de odio orquestada por los medios. En el partido que enfrentaba a Brasil contra España por la lucha contra el racismo, la santa prensa patria destacó dos acciones de Vinicius: una empujando a Laporte y otra encarándose con el banquillo español. Acciones que de por sí solas bastan para criminalizar al delantero brasileño y continuar justificando cualquier agravio que pueda sufrir. Se olvidaron, sin embargo, de mostrar lo que, como casi siempre, sí pudimos ver en las redes sociales posteriormente: las circunstancias que explicaban realmente lo sucedido en ambas situaciones. El empujón a Laporte venía precedido por una fea acción del defensa francés sobre un compañero de Vini, mientras que en la segunda acción Vinicius no inició la trifulca entre los banquillos, sino que fue Álvaro Morata el que se encaró inicialmente con la afición del estadio Santiago Bernabéu y Vinicius el que acudió a calmar los ánimos.
me cuesta (y me duele) concebir una sociedad en la que tanta gente haya adquirido hacia alguien el odio suficiente como para anteponer insultar y desear la muerte a un jugador de otro equipo a dedicar sus esfuerzos a animar al suyo propio
Más allá de que siempre suela haber una explicación para cada polémica cuya quieran atribuir a Vinicius jr., más allá de la falta de empatía que se tiene con el jugador que más presión ha recibido seguramente en esta liga (quizás después de Figo en el Camp Nou) y que contrasta con la que sí reciben otros (fíjense en lo que han “dolido” los pitos del Bernabéu a Morata a algunos); llama tristemente la atención la ligereza con la que las masas están dando rienda suelta al odio que los medios han volcado sobre Vinicius. Para mí, el odio es un sentimiento muy fuerte y, en mayor medida, muy íntimo y personal. Alguien tiene que haberme hecho algo muy grave para que yo dedique mi tiempo y esfuerzo en odiarle y, sinceramente, dudo mucho que Vinicius haya incidido de una manera tan personal en la afición futbolera española como para merecer los denuestos que recibe semanalmente.
Vivimos en una sociedad tan exacerbada que muchos no se dan cuenta de lo inusitado que es que un jugador reciba cánticos racistas o amenazadores en partidos en los que dos equipos que no se enfrentaban ese día al brasileño se jugaban el pase a cuartos de final de toda una Champions League. Algunos incluso lo justifican. De una forma políticamente correcta, eso sí, signifique lo que signifique eso en el panorama futbolístico, periodístico y social español actual. Sin embargo, a mí personalmente me cuesta (y me duele) concebir una sociedad en la que tanta gente haya adquirido hacia alguien el odio suficiente como para anteponer insultar y desear la muerte a un jugador de otro equipo a dedicar sus esfuerzos a animar al suyo propio.
Otra prueba de la repercusión de la campaña que tiene lugar en este país contra Vini es que todo el mundo, y con esto me refiero a absolutamente todo el mundo, se permite el lujo de aconsejar a Vinicius y exigirle un comportamiento que, muchas veces, los mismos que lo demandan son incapaces de acatar. Desde la comentarista Paloma del Río, declarada antimadridista, que no entiende compatible defender el racismo mediante un documental a “sacar un perfil altanero en los partidos”, pasando por un Laporte al que no le recuerdo haber tuiteado en contra de ningún jugador anteriormente, hasta un Parejo que condena el comportamiento de Vinicius porque él, asevera henchido de orgullo, no contesta a los que le llaman borracho en los estadios. Un comportamiento envidiable el de Parejo, del que todavía estamos esperando una disculpa por su agresión a Rüdiger en esta acción de la temporada pasada o esta otra al propio Vini en la temporada anterior. Deben de estar al caer, tratándose de un jugador de tan impolutos valores.
Esta campaña que tan buen calado tiene en España no llega a tan buen puerto en el resto de Europa. Sin ir más lejos, al bueno de Rio Ferdinand, por lo que sea, no le ha llegado el mensaje de que la actitud de Vinicius justifica las injurias que pueda recibir; al contrario, Rio condena los insultos sobre el jugador del Real Madrid y demanda a Tebas una mayor reacción frente a la vergüenza que asola a su liga. Ya en su día Jürgen Klopp tuvo una reacción similar cuando le preguntaron si las provocaciones del brasileño merecían una reprimenda en forma de cánticos racistas. Más allá de la ejemplar respuesta del técnico alemán, lo que más dignificó si cabe a Jürgen fue su cara de absoluta incredulidad ante lo que todo el mundo, a su buen juicio, debería entender como una pregunta surrealista.
En España, en cambio, la cacería ha llegado a tal punto que Vinicius parece el Mads Mikkelsen de la película danesa La caza, en la que el personaje sufre un linchamiento público tras una falsa acusación de delito sexual aunque, viendo la repercusión mediática que tiene en este país un jugador condenado por abuso sexual, puede que la imagen de Vinicius no se hubiera visto tan perjudicada si hubiera cometido un delito de semejante índole en lugar de cometer el crimen de no dejarse usar como dócil saco de boxeo de sus rivales.
A Messi le hemos visto desde agarrar del cuello a rivales, a pisar a conciencia a un rival cuando ya estaba fuera de la jugada o incluso disparar un balón que ya estaba fuera contra la grada rival. Pero, si hay un jugador que se lleva la palma, ese es Luis Suárez. El jugador antideportivo por antonomasia salía a agresión por partido, y no sólo nunca recibía los castigos disciplinarios que merecía sino que jamás sufrió una campaña de desprestigio como la que ha vivido Vini desde que llegó
Objetivamente, no encuentro en Vinicius una actitud demasiado distante de la de la mayoría de jugadores del fútbol actual. Consejos vendo que para mí no tengo. Muchos son los que viven al límite del reglamento, y a prácticamente todos se les puede encontrar jugadas donde la deportividad brilla por su ausencia. Los que hoy ponen de ejemplo a Cristiano Ronaldo para defenestrar la actitud de Vinicius parecen olvidar la rabia que les embargaba con las atrevidas y míticas celebraciones del portugués en los estadios rivales. A Messi le hemos visto desde agarrar del cuello a rivales, a pisar a conciencia a un rival cuando ya estaba fuera de la jugada o incluso disparar un balón que ya estaba fuera contra la grada rival. Ya lo ven ustedes: las dos mayores estrellas de las dos décadas pasadas han dejado en varios momentos de tensión acciones en las que su comportamiento fue, cuando menos, mejorable.
Pero, si hay un jugador que se lleva la palma, ese es Luis Suárez. El jugador antideportivo por antonomasia salía a agresión por partido y no sólo nunca recibía los castigos disciplinarios que merecía sino que jamás sufrió una campaña de desprestigio como la que ha vivido Vini desde que llegó, ni siquiera tras su sanción por morder a un jugador. Nunca se escucharon en los estadios cánticos del estilo “Suárez, muérete”, ni el uruguayo tuvo que vivir ningún tipo de episodio mínimamente similar a los del brasileño, afortunadamente para él y los suyos.
Es evidente que esta campaña no obedece al color de piel de Vinicius, ni tampoco a su actitud, que únicamente puede actuar como agravante de su verdadero delito: hacer ganar al Real Madrid. Porque esta guerra, aunque Vini la haya tomado como personal, no es contra Vini sino contra el Real Madrid. Vinicius no es más que el último y más sufrido eslabón de una larga cadena de jugadores que seguramente esté lejos de forjarse, y su actitud luchadora que no le permite achantarse es simplemente la excusa que el pueblo cree que le otorga la autoridad para insultarle sin filtro ni pudor.
Desde el lado contrario, el pueblo blanco podría haber contraatacado creando una campaña contra el jugador del Barcelona, Gavi, conocido por un ímpetu tan excesivo en su presión que varias de sus entradas son fácilmente interpretables como agresiones o susceptibles de tarjeta roja. Sin embargo, no sé si porque sigo a la gente adecuada, el día en que sufrió la desafortunada lesión que le ha alejado de los terrenos de juego durante nueve meses lo único que leí de mis madridistas afines fueron mensajes en los que le deseaban una pronta recuperación. Comparo esta situación con la de Vini y me doy cuenta de que no es que estemos en el lado bueno de la historia, es que estamos en el lado civilizado de la historia, lo cuál es más triste y descorazonador de lo que en un momento podría parecer.
No voy a hacer como el pueblo español y pasarme la vida juzgando a Vini y explicándole al jugador que más presión ha tenido que soportar en estos años cómo tiene que obrar, pero sí que me permitiría un pequeño consejo personal al brasileño: Vini, si encuentras a alguien que verdaderamente haya sufrido un agravio relativamente similar al tuyo, entonces siéntate a escuchar su consejo. En caso contrario, ignóralo y sigue a lo tuyo. Y baila. Baila como tú sabes.
Buenos días, amigos. Anoche se disputaron algunos de los partidos de la jornada de liga que se dirime esta semana, no muchos, pero suficientes para constatar una vez más que el racismo existe en los campos de España, y que el pretexto de los medios para pseudojustificarlo (el carácter de Vinícius) cae en saco roto cuando los incidentes racistas tienen lugar allá donde Vinícius ni siquiera juega.
El propio brasileño lo subrayó ayer en sus redes sociales de manera oportuna e indiscutible.
Esto es lo que sucede cuando la mayor parte de la prensa, lejos de poner el foco sobre el racismo, lo pone sobre la víctima, acusándole de provocar las reacciones xenófobas de las masas (o los gritos violentos, o cualquier forma de bullying) en lugar de limitarse a condenar a los autores de las afrentas. Los "es intolerable PERO" alimentan a los intolerantes, y los medios deben hacer un muy serio examen de conciencia respecto a lo sucedido. Ya sabemos dónde ha estado el foco y ya sabemos dónde debería haber estado.
Viendo portadas tan lamentables como esta de hace unos meses, no es de extrañar que los cafres se crezcan. El que Vinícius te caiga bien, mal o regular (lo que en el fondo es muchas veces un reflejo de qué tal te cae el propio Real Madrid) no debería nublar tus prioridades, y la prioridad absoluta debería ser la lucha contra el racismo, trascendiendo polémicas artificialmente infladas por quienes ponen a Vinícius una cámara encima para subrayar sus malos gestos, escrutinio que no superaría con éxito casi ningún jugador, con la particularidad de que los gestos prescindibles de Vini se derivan de la cantidad de patadas impunes que recibe y del acoso de las masas, también impune por parte de árbitros que no aplican los protocolos antirracismo ni antiviolencia. Anoche los pseudoaplicaron en Getafe, pero tal vez la mecha haya prendido y sea tarde. ¿Por qué no se aplicaron cuando lo sufrió Vinícius? ¿Porque cae mal?
La vileza de las masas se incrementa cuando comprueban dónde ponen el foco los medios. Quien siembra vientos recoge tempestades. Se está viendo. Y la condena al racismo que aparece hoy en el frontispicio de Marca es tardía y falta de credibilidad.
El argumento esencial de la primera plana marquista es no obstante el partido de esta noche entre Real Madrid y Athletic de Bilbao. Vuelve Bellingham, sancionado durante dos partidos por decir una palabrota cuando le birlaron un gol postrero en jugada para los anales de la infamia, pero falta Vini. Vuelve, sí, el pichichi, y retorna también Militao, que estará en el banquillo 232 días después de su grave lesión.
Militao no jugará de inicio, y puede que no dispute ni un minuto, pero su presencia en la lista es una bendición. Hay mucho trabajo en la sombra detrás de esta recuperación, que pone al mejor central del mundo en el disparadero de la vuelta a la normalidad. Está por verse si podrá aportar algo en la eliminatoria contra el City. Ancelotti, en rueda de prensa, no lo descartó.
Por su parte, la prensa cataculé celebra la agónica victoria de un Barça paupérrimo que sudó tinta para ganar 1-0 a un Las Palmas que jugó con diez más de dos tercios del partido. En este equipo tiene puestas sus esperanzas el sistema, y por su parte no va a quedar para que le pueda arrebatar la liga a quien es, de muy largo, el mejor equipo de una competición que debería estar más que resuelta si no fuera por lo que todos sabemos.
Es esencial ganar al Athletic y despejar dudas.
Hala Madrid, y buen Domingo de Resurrección.
En formación lineal, la unidad militar mediática obedece a la orden dictada desde Sant Joan Despí. «Máxima preocupación en el Barça por la falta de competitividad de la Liga femenina» titula Mundo Deportivo, mientras que Sport es más conciso al publicar «El Barça teme fugas en el femenino». La reunión que mantuvo el pasado martes la presidenta de La Liga F, Beatriz Álvarez, con los pesos pesados del vestuario del Fútbol Club Barcelona Femenino se hizo pública horas después. Los periodistas especializados en fútbol femenino remataron sus opiniones con una dura crítica al Real Madrid. «El Real Madrid es un club que tiene la capacidad de acelerar ese proceso, que yo creo que es lo que se le pide», dijo Sandra Sánchez Riquelme en DAZN. Los soldados de la unidad que empuña el micrófono a modo de arma designaron a solo uno de los dieciséis clubs que componen La Liga F como responsable de los males detectados por las jugadoras del Barça.
En junio de 1941, Ramón Serrano Suñer movilizó a la juventud española para que se alistase a combatir al enemigo soviético al grito de «Rusia es culpable», un lema en el que se ha sustituido al país de los zares por el club de Concha Espina, para responsabilizarlo de los problemas del fútbol internacional. Las estrategias propagandísticas de la Falange son copiadas por el Fútbol Club Barcelona, quizás por la influencia decisiva que tuvo el franquismo en su historia, o acaso a instancias de Alejandro Echevarría, cuñado de Joan Laporta, que sigue siendo una pieza clave en el equipo catalán, a pesar de haber dimitido en 2005 tras publicarse su vinculación con la Fundación Francisco Franco. Arriba y Ya han sido «relevados» por nuevas cabeceras, que azuzan a las masas con un «el Real Madrid es culpable».
La maniobra obedece a los múltiples frentes que cercan a Joan Laporta a las puertas del deshielo. El Barça ya ha encontrado un responsable externo antes de que su afición reciba un parte de guerra desfavorable. El fútbol femenino sigue sin ser rentable, incluso para su gran dominador en el Viejo Continente. La firma de nuevos contratos televisivos ha dotado a Estados Unidos y Reino Unido de un arsenal económico para que el mercado entre en una inflación similar a la que produjeron el Paris Saint Germain y Manchester City en el fútbol masculino. Los clubs de los países que hace más de ocho décadas conformaron el bando aliado ya han hecho llegar su interés a las jugadoras del Barça. Las negociaciones para que la cara visible de la sección, Alexia Putellas, siga enfundada en la casaca azulgrana no contentan las pretensiones económicas de la futbolista. La renovación Putellas se ha visto entorpecida por la irrupción de las balas perdidas del duelo que libran Laporta y Nike. La doble ganadora del Balón de Oro percibe buena parte de sus ingresos de la firma de Oregón. Como en los conflictos bélicos, las versiones sobre lo acontecido entre el Fútbol Club Barcelona y la firma estadounidense varían según su fuente, pero en el horizonte ya aparecen los tribunales, a los que Nike no quiere que se vincule el «swoosh» por el «Caso Negreira». El Barça ya ha filtrado a su unidad mediática que Puma está dispuesta a vestir a sus equipos, con el deseo de que la firma alemana realice un pago anticipado antes del 30 de junio que permita a los directivos salvar los más de dieciocho millones de euros depositados como avales, una obligación eliminada con la nueva Ley del Deporte, que también actualizó la prescripción de los presuntos delitos cometidos en el affaire Negreira. Moltes gràcies, Albert Soler.

Estas cuestiones pasan desapercibidas para los propagandistas, que se aventuran a pedir una «Superliga femenina», como reclamó el expolítico Ernest Benach en Mundo Deportivo el pasado domingo. Una propuesta que forma parte del proyecto de A22, impulsado por el culpable máximo, Florentino Pérez. El mayor beneficiado de la puesta en marcha de la Superliga femenina sería el Fútbol Club Barcelona, que ve como ya no puede entrar en la puja por los fichajes. El equipo masculino sigue ahogado por el Fair Play Financiero, en el que también computan el resto de secciones. Laporta podrá seguir celebrando éxitos del Barça femenino durante varios años, pues aunque el Real Madrid se lanzase sin control a fichar (algo que podría hacer dada su salud económica) como exige Sandra Sánchez Riquelme, sería prácticamente imposible aunar un bloque tan talentoso como el azulgrana. El Real Madrid quiere exportar a su sección más joven el modelo que llena sus vitrinas y evita los números rojos, tras demostrar su apuesta por el fútbol femenino al asumir varias temporadas de pérdidas. Una directriz que expuso el presidente blanco en la última Asamblea General, en la que los socios respaldaron su gestión.
La dirigente de La Liga F tiene previsto reunirse con el resto de equipos de la competición, incluido el Real Madrid. Los soldados del micrófono y el teclado también están molestos con la institución blanca por trasladar al femenino su política de que las jugadoras no concedan entrevistas a medios que se lucran con titulares inverosímiles que contienen el término mágico «Real Madrid» en el campo de batalla de Google y las redes sociales. No hay que obviar el «dopaje financiero» del que disfruta La Liga F actualmente gracias a la inyección de dinero público. A pesar de la consecución del Mundial, la asistencia a los campos no ha aumentado.
Tampoco lo han hecho las audiencias de DAZN (que ahora emite en abierto los partidos femeninos), a diferencia de Estados Unidos y Reino Unido. Con los equipos ingleses en manos de propietarios que obvian los números rojos, el fútbol español corre el peligro de «sudamericarse», es decir, contar con una potente selección y un torneo doméstico de menor categoría. Las escasas empresas españolas que pueden permitirse patrocinios deportivos siguen sin encontrar rentabilidad al fútbol femenino, como demuestra que La Liga F no haya sido capaz de vender su naming tras la espantada de Finetwork. La reclamada llegada del Real Madrid tampoco ha resultado del gusto de los mismos que la solicitaban para inflar una falsa rivalidad. El fútbol femenino sigue siendo dependiente de su hermano mayor (el masculino), lo cual por supuesto es culpa de Florentino Pérez. Con el Real Madrid en segunda posición de La Liga F, no encontrarán en la prensa una cantidad comparable de críticas al Atlético de Madrid femenino, que está fuera de puestos europeos tras ganar tres ligas antes del inicio de la hegemonía culé.
En la Ciudad Condal tienen motivos para estar preocupados, a pesar de sus atracones a goles. La directiva de Laporta presupuestó que el femenino jugaría en varias ocasiones en Montjuic para aumentar su recaudación. De momento, solo lo ha hecho una vez en lo que va de temporada: en noviembre, precisamente en la visita del Real Madrid. El Barça disputa los cuartos de final de la Champions League femenina en el Johan Cruyff, donde ha tenido que colaborar la UEFA para que instalase una sala VOR, conforme a la reglamentación de la competición. ¿Qué más da? ¡El Real Madrid es culpable!
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Buenos días, amigos. Hoy hay un poco de lío con las portadas, dado que ayer no fue día de trabajo para algunas cabeceras (incluida La Galerna), pero para otras sí, de suerte por ejemplo que la portada de As de hoy es la de ayer (puesto que hoy no hay una nueva), y las del cataculerismo sí son nuevas y flamantes (es un decir), quedando en el limbo las de ayer galernísticamente hablando, dado que ayer no hubo portanálisis.
-¿Y a mí qué me importa todo esto, oiga?
Hemos escuchado a ese lector desabrido con la oreja de Van Gogh, por así decirlo, o mejor aún con la que Michael Madsen corta al policía en Reservoir Dogs. Queremos decir que, con todo el follón de Semana Santa, ya no sabemos dónde nos quedan las orejas ni los ojos, irritados como están por la visión y audición de impresentables racistas, camuflados entre los nazarenos de estas fechas. Puede que muchas procesiones no hayan podido salir por la lluvia, pero algunos capirotes no se han quedado precisamente en casa. ¿Ke Ké Keremos decir con esto? El que nos haya seguido en los últimos días lo sabrá.
Hoy cambiamos de tercio. Cazar (metafóricamente) racistas es agotador. Las portadas del día no tienen que llevar a cabo ese ajuste, dado que ellas han pasado desde el principio de denunciar a los xenófobos que han tomado las calles y los medios. No obstante, quien quiera acompañar a La Galerna en su cruzada contra la intolerancia seguirá encontrando, en el día de hoy y fuera del portanálisis, contenidos significativos.
Marca alerta de la que se avecina, dado que el Madrid juntará al año que viene el arsenal ofensivo que ya atesora (Vinícius, Rodrygo, Brahim) con una estrella contrastadísima como Mbappé y el crack en ciernes más rutilante del panorama brasileño, Endrick. "La que se avecina", en efecto, es muy gorda, pero no sólo por la cantidad de talento que los de Ancelotti van a juntar sobre el césped, sino por el tsunami de frustración sublimada en odio que todo esto va a desencadenar en el antimadridismo. Si la rabia por ver la eclosión de Vinícius ha movido al universo anti a abrazar sin remilgos el racismo (en sus diferentes grados y variantes), ¿a qué simas de abyección moral puede llevarles la unión del brasileño con sus compatriotas del ataque y con el mismísimo Kylian? Estremece pensarlo.
Marca informa también de que Xabi Alonso seguirá entrenando al Bayern Leverkusen, al menos, un año más. Nos parece una decisión tan llena de sentido común, profesionalismo y lealtad como cabía esperar de Xabi. No ocultamos nuestro deseo de que, en un futuro tan lejano o cercano como las partes quieran, esas mismas virtudes puedan brillar desde el banquillo del Real Madrid.
El boom de Endrick -que en un pestañeo y a los diecisiete años ha marcado en Wembley y el Bernabéu con su selección para sin bajarse del avión marcar un gol decisivo con su equipo- ocupa la primera plana de As. Aclara el rotativo dirigido por Vicente Jiménez que O Novo Fenómeno no será cedido ni pasará por el Castilla a su llegada a Madrid este verano. El que no pase por el Castilla disminuye las opciones de que un aguerrido defensa del filial cholista le muerda la cabeza, si bien no le salvaguarda de los empellones, remoquetes e insultos de los falis y raíllos que en el mundo son, con la consiguiente connivencia arbitral. El color de Endrick ya es sobradamente conocido, por lo que sólo falta por saber si los ataques racistas de masas y medios que esperan a la vuelta de la esquina se seguirán concentrando mayoritariamente en Vinícius o también le tocará algo a él. El mantra insiste en que Vini es el único negro al que llaman mono ("algo habrá hecho", aseguran después las ratas que peroran), pero todos sabemos que no es cierto. Hay otros ejemplos en el pasado y en la actualidad.
Por lo demás, el Barça juega esta noche contra Las Palmas con la opción de recortar la distancia con el líder. Íbamos a escribir aquí alguna chanza sobre el negreirismo pero, dado que la actualidad nos está obligando a elegir entre negreiros y negreros (sin perjuicio de que algunos sean ambas cosas), nos hemos quedado sin fuelle para tanto.
Pasad un buen día.
Tras algunas declaraciones de estos días me resulta imposible no recordar algunas escenas de Django unchained, o Django desencadenado, como se distribuyó en España, aquel peliculón de Quentin Tarantino ambientado en la época de la esclavitud en Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Samuel L. Jackson interpreta a otro de esos personajes secundarios tan potentes que se come por momentos al protagonista. Responde al nombre de Stephen y es el mayordomo del gran amo blanco Calvin Candie, personaje interpretado por Leonardo di Caprio.
- ¿Ha visto, amo? ¡Ese negro tiene un caballo!
- ¿Tú quieres un caballo, Stephen?
- ¿”Pá” qué coño quiero yo un caballo? ¡Yo lo que quiero es que él no lo tenga!
Stephen es el mejor defensor de los privilegios del patrón blanco, el que se comporta de forma más dura con los de su raza. Es el colaboracionista necesario, el mayor azote de los de su misma condición, quizás para negar a los de su raza que exista esa discriminación. Les asegura que el hombre blanco los maltrata porque no saben comportarse, no porque sean esclavos negros sin derechos. Para Stephen “Candie” el amo no es racista porque a veces le deja sentarse a su mesa y fumarse un cigarrillo.
Stephen “Donato” Candie le dice a Vinícius que no hay racismo en proferir el grito del mono, como le ocurría a él en su época de futbolista, que solo era una provocación, como llamarle “negro” con desprecio. Donato respondía con unas risas y seguía jugando, porque eso es lo que corresponde hacer como “buen negro”. Se permite incluso aconsejar al “negro díscolo” de Vinícius: “Puede solucionar su problema haciendo buenos partidos. Olvidar, cambiar de actitud”. Si te comportabas de ese modo, te dejaban sentarte en la mesa de los buenos, te daban la nacionalidad y hasta podías jugar con su selección. Suponemos que a Donato también le hacían mucha gracia los insultos de Jesús Gil y Gil o las amenazas de muerte del Frente Atlético a Adolfo “Tren” Valencia. No iban en serio, eran solo una motivación para que rindiera más en el campo. Al fin y al cabo, Valencia no había sido un negro ejemplar, Candie o cándido, como él.
Es el colaboracionista necesario, el mayor azote de los de su misma condición, quizás para negar a los de su raza que exista esa discriminación. Les asegura que el hombre blanco los maltrata porque no saben comportarse, no porque sean esclavos negros sin derechos
Stephen “Balboa” Candie aconseja a Vinícius que no se encare con los que lo insultan, que se dé la vuelta, agache la cabeza y meta tres goles. Quizás porque eso es lo que se espera de un negro bueno, que se le insulte y no deje que los ataques influyan en su rendimiento. Algo así como el Stephen de Samuel L. Jackson: el negro azotado y encadenado puede seguir produciendo, aunque sea considerado una piltrafa humana.
En Mississippi no había racismo ni esclavitud, como bien podría explicar Stephen Candie: bastaba con comportarse como un negro ejemplar para mantener unas condiciones de vida más o menos dignas. En España no hay racismo, porque Parejo te dice que a él también le llamaban borracho y se dedicaba a jugar al fútbol, que es solo parte de un juego y en ese juego entra la provocación. Luego debemos entender que el insulto racista es lícito, del mismo modo que lo era el latigazo de Stephen Candie a los de su misma raza.
El amigo blanco del patrón, Manuel Juliá, anima a Vinícius en el diario Marca a que practique el silencio, que experimente su valor, que “debe aprender” a agachar la cabeza y callar para no alimentar a los racistas. José Antonio Abellán, otro habitual de las fiestas del patrón, nos cuenta que no hay un problema de racismo en Mississippi porque ahí tienes a Stephen, míralo, él no se queja, es un negro dócil y lo tenemos integrado en el sistema. Y aparte de todos ellos están los encapuchados que aparecen en la película de Quentin Tarantino portando antorchas, con la diferencia de que en la realidad los medios de comunicación españoles actúan de modo ufano y a cara descubierta. Los Senabre, Cotino, Lluís Carrasco, Pedro Morata, Superdeporte y compañía que afirman convencidos que no hay mayor conflicto que el que genera el propio jugador, “un blanco perfecto” para sus ataques. Seguro que las leyes locales de Mississippi también ayudaban lo suyo y permitían ciertos latigazos porque se daban “solo durante unos segundos” y “en un contexto de máxima rivalidad”.
El verdadero problema es que Vinícius es un negro que monta a caballo. Y lo hace mejor que los blancos. Es Django desencadenado, es Jamie Foxx que escapa de la uniformidad, viste ropajes caros y se comporta del modo que no se esperaba (ni se desea) de uno de los suyos. Es el negro que no agacha la cabeza, se rebela contra el patrón y denuncia los ataques que sufre. Y los Stephen de la vida quieren que no monte a caballo. Lo quieren sumiso, cómplice, que cumpla con las normas imperantes.
Aunque sinceramente creo que lo que les mueve a actuar de ese modo no son las recompensas del patrón, sino la envidia. O la mala conciencia. Stephen quiere que Django deje de montar a caballo porque le enfrenta a su propio reflejo en el espejo. Le demuestra que otros tienen el coraje que él no tuvo para enfrentarse al poder establecido, al blanco cabrón que lo tiene sometido. Balboa y Donato piden a Vinícius que se calle, que agache la cabeza, siga rindiendo y no incomode al patrón, seguramente porque lo que más les duele es darse cuenta de que ellos mismos no tuvieron el valor de Vinícius para enfrentarse a los racistas que los insultaron durante su carrera, ni a los que quitaron hierro al asunto desde los medios.
Me gusta Django desencadenado, me encanta su final. Exagerado, salvaje, desproporcionado. La hacienda del patrón arde, es destruida por completo. Los disparos de Django son certeros. Con lo que se reían de él al principio de la película. De su aspecto y de su puntería.
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Siento mucho comenzar este texto con una revelación que desencajará más de una mandíbula de pura sorpresa, pero Vinícius jamás ha acusado a España de ser un país racista.
Es más: en la rueda de prensa en la que derramó lágrimas históricas subrayó que no considera que lo sea. "España no es un país racista, pero hay gente que va a los estadios y sí lo es". Lo dijo de manera literal, por mucho que el lector de este artículo, probablemente, se entere de ello ahora.
¿Y por qué se entera de ello ahora? Muy sencillo: porque se le ha ocultado, y seguirá con toda seguridad ignorante de este extremo si no pasa por casualidad por este artículo de un medio muy querido por el madridismo (gracias), pero minoritario si se le compara las grandes cabeceras deportivas. Los medios deportivos tradicionales dieron buena cuenta de la rueda de prensa del brasileño, pero ninguno destacó la rotundidad de esas palabras. "España no es un país racista". Es una de las declaraciones más solemnes y significativas que ha hecho jamás el brasileño, y sin embargo no se le ha dado bombo alguno, cuando no ha sido directamente silenciada.
¿Y por qué ha sido silenciada? Porque representa la muerte de la coartada perfecta contra Vinícius, es decir, la del chico como enemigo acérrimo, ingrato e irracional de la imagen de España o de España misma. Hasta el antimadridista más obtuso entiende que su antimadridismo no es razón presentable para abrazar el racismo -como en diferentes grados están haciendo tantos y tantos-, pero si le damos unos toques patrioteros al asunto podemos encontrarnos con que cuela.
Vinícius jamás ha acusado a España de ser un país racista. Es más: en la rueda de prensa en la que derramó lágrimas históricas subrayó que no considera que lo sea. "España no es un país racista, pero hay gente que va a los estadios y sí lo es"
Y vaya si ha colado. A base de hacer prevalecer la especie de que Vinícius crítica a España en su conjunto, lo cual como ha sido dicho es absolutamente falso, se ha homologado el acoso contra él, también el acoso racista, y han pasado a verse como conductas aceptables muchas que lindan con la xenofobia, la justifican de manera más o menos velada (los famosos "esto es inaceptable PERO") o directamente caen en ella.
Para blanquear la persecución contra el delantero, se ha dicho que acusó a toda Mestalla de ser racista (luego se vio que era mentira). Algo parecido se hizo con el Sadar, y hasta con la ciudad de Pamplona. O con la ciudad entera de Valencia. Lo cierto es que Vinícius jamás ha caído en esas generalizaciones, como tampoco en la más global de España. Pero se ha dado por hecho que su objetivo es desprestigiar aficiones, provincias, países. ¿En qué idioma tiene que decir que no pretende eso, sino luchar contra los indudables focos de racismo que existen en todos esos y en otros muchos parajes? Focos de racismo que, evidentemente, se ven reforzados cuando encuentran que la prensa, en lugar de ponerles a ellos en el foco, hacen lo propio con la víctima, presentándolo como el culpable muñidor de una presunta campaña contra el buen nombre local o la honra nacional.
Vinícius no habla de España porque España no es el tema. El tema es el bullying incalificable que sufre, el mediático y el sociológico, ambos con el pasmoso visto bueno de las instituciones
Vinícius no es un enemigo de Valencia, de Pamplona ni de España. La premisa es falsa, y es necesario que quienes la alientan sepan que nos damos cuenta de que lo hacen fraudulentamente. Se pervierte el debate, llevándolo a la eterna pregunta "¿Es España un país racista?", cuestión que muchos tratan de hacer pasar subliminalmente por la más aviesa y falaz "¿Tiene razón Vinícius al decir que lo es?" Pero Vinícius no dice nada de eso. Vinícius no habla de España porque España no es el tema. El tema es el bullying incalificable que sufre, el mediático y el sociológico, ambos con el pasmoso visto bueno de las instituciones. LaLiga no hace nada, como Río Ferdinand recordó a Tebas hace bien poco. La RFEF, a través de su corrupto estamento arbitral, ignora sistemáticamente la aplicación de protocolos antirracismo y antiviolencia en los campos. Cabe preguntarse incluso qué hace el gobierno de España cuando la mismísima Embajada de Brasil, un país supuestamente amigo, en territorio nacional, ha puesto el grito en el cielo. Nadie, absolutamente nadie hace nada, salvo dar por hecho que Vinícius es una amenaza para la reputación internacional de la patria, lo cual equivale a decir, salvando las distancias, que los niños ominosamente abusados en tantas y tantas latitudes constituyen un peligro contra el prestigio de la Santa Madre Iglesia. No, amigos. El desprestigio no lo produjeron precisamente los niños abusados.
Si Vinícius fuera un enemigo de España y sus quejas tuvieran fundamento (como la tienen), dicha condición de enemigo no le quitaría la razón. Pero es que encima no lo es. Nadie hará un titular con esto, pero yo, en mi modestia, voy a volver a subrayar que lo dijo y que, por tanto, ya desbarató la coartada. La única coartada que le queda al racismo es el racismo mismo, o bien el antimadridismo que despierta tanto racismo solapado.
Vinícius Jr.: "España no es un país racista, pero hay racistas que van a los estadios".
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El Real Madrid no puede explicarse sin tres protagonistas que le otorgan su indiscutible relevancia histórica: Santiago Bernabéu, Alfredo Di Stéfano y la figura de Juan Gómez, Juanito. La visión del gran presidente elevó al club a una nueva dimensión; el impulso del hispano-argentino colmó las vitrinas de títulos; y la energía de Juanito, de cuyo fallecimiento se cumplen 32 años el próximo martes, dotó al equipo de una fuerza casi mística que sostiene su principal valor: no rendirse jamás.
Por ello, en estos días en los que recordamos su adiós, queremos hacerlo con un extracto del libro Historias de las míticas remontadas del Real Madrid (Almuzara) que, como no podía ser de otra manera, glosa su legado para tratar de explicar su irrepetible espíritu.
"Vivió deprisa y a corazón abierto. Un futbolista con un carisma especial, explosivo, sincero hasta el derroche, inolvidable compañero. De espíritu travieso y talento arrollador, capaz de saltar por los aires cualquier plan establecido. El filo de la navaja era su hábitat natural. Así era Juanito. Hoy ausente, siempre vivo.
Juanito fue uno de los últimos fichajes de Santiago Bernabéu. El dirigente ansiaba traer a un futbolista que despertara de nuevo la ilusión entre la afición, que sacudiera el estadio, pues el equipo no atravesaba su mejor momento. Quería un «nuevo Amancio». Y acertó de pleno.
El de Fuengirola era el tipo de jugador que alteraba el guion de los partidos. Un estratega de la improvisación cuya técnica y cambio de ritmo le hubieran convertido en diferencial en cualquier época. El fútbol de Juanito fue útil y bello a un tiempo. Estético, imaginativo, punzante, de sus botas nacía un arte no exento de mortífera efectividad. Porque, no nos engañemos, cada finta, regate o taconazo sólo tenía un objetivo para Juanito: ganar. El lucimiento era consecuencia, nunca causa de su juego.
En lo emocional, arrastraba a sus compañeros y al público. Vivía los partidos inflamado de pasión y cargado de una conexión única con el Madrid, hecho que cautivó a la mayor parte del graderío blanco. Juan era su extensión en el campo, pero con el talento de un genio en las botas. Su único estimulante, la camiseta blanca. «Pasamos mucho tiempo en la Ciudad Deportiva», recuerda su hijo Roberto Gómez, «y veíamos cómo le quería la afición, los compañeros y la gente del club. Mi padre era puro Real Madrid y nunca le hizo falta ni una palabra para que heredásemos su sentimiento».
Durante sus diez años como portador del icónico 7, Juanito coincidió con dos exitosas generaciones. En la primera, integrada por jugadores españoles (Del Bosque, Pirri, los García…) y sólo algunos fichajes extranjeros de renombre, como Cunningham o Stielike, formó una pareja inolvidable con Santillana. Se entendían sin mirarse; eran mecha y dinamita, garra y gol. Esencia del fútbol de entonces. Ya en sus últimos años convivió con el poderoso nacimiento de La Quinta del Buitre, que trajo consigo a su digno heredero. Juan entendió el momento, no se escondió ante las críticas hacia los veteranos y, gracias a su calidad y visión de juego, incluso retrasó su posición para jugar de excelso centrocampista adelantado.
Con La Quinta protagonizó las remontadas de las dos Copa de la UEFA, destacando junto a Camacho como principales motivadores. Ríanse de los coaches de ahora. Su personalidad podría definirse con las palabras utilizadas por Estrabón para enjuiciar la de los galos: «Es belicosa, se enardece fácilmente y no tarda en presentar batalla». Ese era Juanito, imprescindible en aquellas noches mágicas que él mismo se encargó de prologar en 1980 ante el Celtic.
Idolatrado, temido, odiado… el de Fuengirola nunca pretendió ni resultó ser uno más. Todo lo hizo a lo grande. Como símbolo del Real Madrid, fue objeto y diana de las iras rivales, especialmente entre las aficiones del norte de España y de Barcelona, donde nunca perdonaron su frustrado fichaje. Sin embargo, en justo reconocimiento al gran enemigo, la grada de San Mamés le despidió en pie en su último partido disputado allí con el Madrid.
El objetivo de Juanito, una vez colgadas las botas, estaba claro: entrenar al Real Madrid. «Para él, ganar la Copa de Europa que no consiguió como futbolista desde el banquillo del Madrid hubiera sido la gloria», asegura Roberto. Inició el camino en Mérida, antigua ciudad romana fundada por orden de Augusto para licenciar a los soldados. Qué mejor destino. El equipo, como él, era descarado y atrevido hasta la temeridad.
Su corazón le guiaba y su corazón se lo llevó. No pudo reprimirse de ver a su Madrid contra el Torino y, en un trágico accidente en la madrugada del 2 de abril de 1992, se fue Juanito y nació su inmortal espíritu. Desde entonces, El Cid Blanco consigue que los madridistas miren al menos un par de veces el reloj en todos los partidos del Bernabéu buscando el minuto 7, el momento de Juanito Maravilla. «El hecho de que en situaciones complicadas el mejor equipo del mundo recuerde la figura de mi padre es lo más grande», reconoce Roberto emocionado, y añade: «Mi padre, donde esté, no podría estar más orgulloso»”.
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