El Real Madrid femenino empató (2-2) ante el Chelsea FC en su estreno en la fase de grupos de la Champions League gracias a dos goles de Olga Carmona. Aunque la sevillana abrió y, posteriormente, cerró el marcador, el equipo inglés demostró seguir un par de escalones por encima y estuvo cerca de llevarse el duelo con los tantos de Niamh Charles y Sam Kerr.
Si el fútbol profesional masculino ha llegado a un nivel de desarrollo en el que únicamente los detalles marginales marcan la diferencia, en el panorama femenino lo fundamental es la fuerza con la que los clubes deciden invertir y apretar el acelerador. Al estadio Alfredo di Stéfano volvió a llegar el Chelsea por segundo año consecutivo, decidido a confirmar el paradigma: si la primera vez se presentó con una gran plantilla, la de este año —lesiones aparte— es aún mejor. Frente a rivales de esa envergadura, el plantel del Real Madrid sigue sin dar el estirón, obligado a intentar hacer pie de puntillas y a duras penas en equilibrio.
La noche europea comenzó de forma inmejorable en Madrid. Olga Carmona barrió un balón peligroso en el área local y, llegado el diez de juego, apareció en la frontal contraria con tiempo para chutar. Lo hizo, porque en el sistema nervioso de este Real ella es ramal principal, y su disparo se envenenó al estrellarse con el corpachón de Millie Bright. El 1-0 animó a las de Alberto Toril, disponiendo de los que a la postre serían los mejores minutos de juego blanco de todo el partido. Con Teresa Abelleira, Claudia Zornoza y Sandie Toletti todavía frescas, el Madrid consiguió mantener el balón, si quiera levemente, hasta que las inglesas despertaron del aturdimiento inicial.
Al Chelsea, campeonísimo inglés durante las últimas cuatro temporadas, no se le recuerda un partido en el que su juego no sea plano, gris e industrial, pero lo compensan con creces con la fuerza y el nivel global de sus jugadoras. En el campo, recuerdan a la central eléctrica de Battersea, con su silueta imponente de ladrillos y chimeneas. A los 20 minutos empezaron a carburar, a la media hora Misa Rodríguez le birló a Sam Kerr un gol precioso con sus guantes, y en adelante llegó un asedio mediante balones parados que empequeñeció a las madridistas.
Sin capacidad física para recuperar el terreno perdido, al menos hasta retrasar el juego rival a la zona central del campo, el Madrid quedó a merced del acierto de las londinenses. Por momentos pareció que la resistencia aguantaría hasta el descanso, pero en el 41 la insistencia de una excepcional Johanna Rytting Kaneryd tuvo premio. Aunque su duelo individual con Olga fue bonito, a la sevillana le habría venido bien contar con algo más de ayuda en su costado. A la enésima intentona, la sueca combinó con su lateral Ashley Lawrence ya con espacio suficiente y su centro venenoso al palo largo fue cabeceado sin marca por Niamh Charles, la lateral del extremo opuesto. De lateral a lateral: un hecho significativo.
Aunque Olga Carmona abrió y, posteriormente, cerró el marcador, el equipo inglés demostró seguir un par de escalones por encima y estuvo cerca de llevarse el duelo
En la segunda parte la superioridad del Chelsea fue agudizándose minuto a minuto. A las blancas les faltaba tanto capacidad pulmonar para abarcar campo como fuerza con la que aguantar y ganar los duelos. Únicamente Misa mantuvo al Madrid en el partido con sus intervenciones, firmando su mejor partido en mucho tiempo. La canaria conseguiría despejar una segunda acción de Kerr, aunque a la tercera no pudo frenar a la atacante. Si las dos primeras fueron disparos con la diestra, esta se trató de un cabezazo en el área pequeña —lid en la que la australiana es la mejor del mundo— tras ganarle el salto a Kathellen.
En ese contexto y sin la magia de Caroline Weir, los tres puntos deberían haber volado a Londres. Sin embargo, el embrujo de la Champions regaló quince minutos de traca final con los que subir las pulsaciones. A ello contribuyó la colegiada, en una nueva muestra pública del indecente nivel medio del arbitraje femenino; por fortuna para el Real, esta vez la moneda salió cara. Athenea del Castillo se escapó a la contra a las puertas del 80, encaró a Jessie Fleming y fue trabada al borde del área. Su cuerpo cayó dentro, se señaló penalti y Olga Carmona se apresuró a mandar un trallazo a la red antes de que las quejas fuesen a más.
El empate a dos era un tesoro tan grande e inesperado que las futbolistas de Toril a duras penas lograron conservarlo. La brillante, a la par que desesperante, Lauren James disparó al larguero, Rytting Kaneryd obligó a Misa a firmar una última estirada gatuna y, en la última jugada ya superando el 95, Fleming mandó el balón a la red para helar —aún más— Valdebebas. Pero sonó el silbato por infracción de Sam Kerr; quizás por fuera de juego, quizás por falta… probablemente por nada.
El Real Madrid sufrió para empatar, aunque empató, y ello abrirá la puerta a ver vasos medio llenos y medio vacíos. Quizás lo más prudente sea aguardar al domingo: en la visita al FC Barcelona será imposible esconder nada.
Fotografías: realmadrid.com
Cuando uno piensa en un suizo, lo primero que se le viene a la mente es un bollo. Es también bastante común asociarlo con bancos y cajas fuertes. Antaño, Suiza era el lugar elegido por las grandes fortunas, algunos dictadores y bastantes mafiosos para colocar inmensas sumas de dinero, muchas veces de color oscuro, en sus protegidas cuentas corrientes. Suiza es también un reputado proveedor de chocolate, leche de vaca y declaraciones de neutralidad política en las guerras mundiales.
No destaca por su tradición futbolera, la verdad sea dicha. No hay afición, los resultados de su selección son muy discretos y de sus equipos profesionales conocemos poquito. Nunca han tenido un gran jugador reconocido internacionalmente.
Pues les tengo que decir que el fundador del Barcelona era Suizo. Se llamaba Hans-Maximilian. ¿Que no lo habían oído nunca? Bueno, es que se rebautizó, adoptando el catalanísimo renombre de Joan. Joan Gamper.
El Barcelona siempre ha sido un club al que le ha gustado llevar la contraria. Le pasa como a los ingleses. De hecho, cuando el bueno de Joan fundó el club , los socios creadores fueron suizos, alemanes , ingleses y algunos pocos catalanes. En vez de llamarse, como Dios manda, Barcelona Club de Fútbol, lo llamaron Football Club Barcelona. Seguro que, como eran mayoritarios, el clan extranjero decidió el anglicismo. Tampoco supongo que los catalanes les pusieran muchos problemas.
El club, durante sus primeros años de existencia, tuvo grandes problemas económicos (lo de siempre, vamos) y Gamper, el buen suizo samaritano, recurrió a los políticos más catalanistas de la época como Cambó para que le ayudaran a reflotar las arcas blaugranas. En 1918 apoyó el primer Estatut de Cataluña y un año después participó en la Diada. Un editorial de un periódico de Barcelona afirmó que el Barcelona había pasado de ser un club de Cataluña a ser EL CLUB DE CATALUÑA.
En 1925, y en el transcurso de un partido celebrado en el Estadio de Las Corts, se interpretó en el descanso del match la Marcha Real, que fue ampliamente pitada y abucheada por el respetable (lo de siempre, vamos). Tras la interpretación del himno español, la banda hizo sonar los acordes del God Save the Queen, que fue recibido en cambio con gran ovación por el público, lo que contrastaba de forma evidente con el rechazo anterior.
El gobernador civil de Barcelona decretó el cierre del estadio durante 6 meses y dictó la expulsión del país de Joan Gamper y la suspensión para volver a ocupar la presidencia del Club (supongo que también les suena). Aunque la movilización de las diversas instituciones catalanas fue generalizada pidiendo clemencia para Gamper, el ministro de Gobernación de la época llegó a afirmar: “Pídanme la vida de un sentenciado a muerte antes que el perdón al F.C Barcelona”.
A pesar de las afirmaciones anteriores, al final el campo fue clausurado sólo 3 meses y también se permitió el regreso de Gamper antes de lo previsto (supongo que también les suena).
Yo creo que el gran error de Hans fue el de recabar en Barcelona cuando vino de Suiza para instalarse en España y cambiarse el nombre por Joan. Hubiese sido mucho más acertado venir a Madrid y mantener su nombre
Gamper volvió a la Ciudad Condal, pero, según cuentan las crónicas de la época, el no poder seguir vinculado al club de sus amores, dado que no se le levantó la suspensión para reintegrarse como directivo, le hizo caer en una severa depresión y abandonar sus negocios, lo que le provocó la bancarrota, y lo peor de todo fue su triste final al quitarse la vida con un disparo en su domicilio el 30 de Junio de 1930.
Yo creo que el gran error de Hans fue el de recabar en Barcelona cuando vino de Suiza para instalarse en España y cambiarse el nombre por Joan. Hubiese sido mucho más acertado venir a Madrid, mantener su nombre, porque aquí aceptamos a todos se llamen como se llamen, y vengan de donde vengan. Tampoco nunca hemos querido ser más que un club, ni coquetear con la política, y hay que reconocer que siendo así no nos ha ido mal, porque, además de ser protagonistas de ese Madridismo Sociológico Universal que bautizó el otro día nuestro presidente, somos sin ninguna duda el equipo de fútbol y de baloncesto más importante y laureado del Mundo.
¡Qué error más grande, Hans!
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Buenos días, amigos. Está en las Escrituras, concretamente en el tercer preámbulo del Apocalipsis: “Y antes del duodécimo mes del año del prófugo habrán caído sobre la faz de la tierra tres parones de selecciones impulsados por Leviatán; y una cabra con un solo cuerno incrustado en la frente, en cuya punta habrá pinchado un Chipre-España, mugirá con la voz de Simeone; y Clos Gómez seguirá allí”.
Ay, amigos. Ay. Ojalá pudiéramos pintar un panorama más lisonjero, pero estamos en esos días. Este eufemismo, “esos días”, era usado antaño como referencia al periodo menstrual, pero no vemos por qué no aplicarlo al parón de selecciones a fin de no mentarlo, siendo como es una grosería de rango claramente peor a la mención a cualquier emisión biológica.
Sí, estamos en “esos días”, y ya sabéis lo que sucede cuando nos encontramos inmersos en fechas tan aciagas. El Chipre-España no te lo quita nadie, y este sinsabor no se ve ni siquiera recompensado por un cese de sandeces y ofensas públicas al Madrid, sino que estas persisten también. Luego vamos con las portadas, que haberlas haylas aunque tengan el fuste de una charla sobre lawfare por parte de Paco Porras. Pero primero vamos con Simeone, que fue entrevistado por Manu Carreño. El periodista le preguntó por Negreira y, acto seguido, por aquellas palabras de su jefe Gil Marín en el sentido de que el Real Madrid presionaba a los árbitros. Como una respuesta vino detrás de la otra, el contraste está servido.
Puede parecer extraño que sobre el mayor escándalo de la historia del fútbol español el Cholo no tuviera nada mejor que decir que esos balbuceos ininteligibles y, en cambio, rajara cual cremallera china secundando a su jefe en sus diatribas antimadridistas, pero todo tiene una explicación. El periodista Sergio Valentín expresó en redes sociales su perplejidad al respecto, y un tuitero atlético, dadivoso samaritano intelectual, le sacó de dudas explicándole todo divinamente.
Las cosas, bien explicadas, qué claras quedan, y cuánta razón tiene este amigo colchonero, bajo cuyo anonimato se esconde sin duda un intelectual de pro que, por modestia, no desea revelar su identidad. ¿Cómo no lo entendimos antes? Mientras en el asunto Negreira aún está pendiente dilucidar si los 8 millones para el vicepresidente de los árbitros fueron para conseguir un trato arbitral favorable durante dos décadas o a cambio de unas sesiones de Reiki, en el caso del Real Madrid está científicamente demostrado que ha comprado árbitros desde el inicio de los tiempos y sin solución de continuidad.
Hay psiques atléticas a las que da pavor asomarse, amigos, como a aquel corazón desalmado que tanto temía Bécquer.
Por no faltar de nada en el día de hoy, no faltan ni portadas. Ole, ole y ole.
Ayer hubo una reunión de entrenadores en la RFEF. Cómo sería la cosa que hasta un espíritu templado como el de Ancelotti salió de allí tarifando. “¡Esto no es serio!”. Se dice que Xavi, en cambio, se quedó por allí comiendo la proverbial oreja a los colegiados, como si pagar a su cúpula no fuese suficiente. Esta gente es insaciable.
As habla de la situación contractual de Iñaki Williams, buen jugador que acaba contrato con el Athletic Club y podría renovar o no. Dice As que al futbolista le tira el blanco sector Concha Espina, lo cual no sorprende. En espacios inferiores, se nos comunica la victoria del Madrid a orillas del Turia (días negros para el valencianismo sociológico) y de que la liga va a suavizar el “fair play” para que el Barça puede traer a Vítor Roque. Para nosotros que se han equivocado con las comillas y las querían poner no solo en “fair play” sino también en “suavizar”.
Y finalizamos con la prensa cataculé, que un día más está a sus cositas. Sport ha organizado una gala en la que ha nombrado a Míchel “líder en valores”. Ya era hora de que aplacaran su sesgo culé para premiar por sus merecimientos objetivos al gran José Miguel González Martín del Campo.
Nos comunican por línea interna que no es ese Míchel, nuestro Míchel, sino el entrenador del Girona. Tampoco nos parece mal que se premie el que mantenga sus valores un señor que trabaja en el seno del petroclub que Roures está decidido a convertir en el segundo de Cataluña. Tiene su mérito.
Y atención, en recuadro inferior, al tratamiento que Mundo Deportivo hace de la antedicha reunión de los técnicos en la sede de la Federación. Según el ilustre rotativo barcelonés, Ancelotti se marchó “antes de cuenta”, expresión que nos fascina, tanto en su significante como por el hecho de que Carlo no haya preguntado a Mundo Deportivo, antes de la reunión, hasta qué hora tenía que quedarse. Xavi, en cambio, “abogó por el diálogo”. Qué bien se dialoga previo unte de tu jefe al interlocutor.
Pasad un buen día.
"Carlos Gómez Herrera, Novak Djokovic Coach". "Carlos Gómez Herrera, entrenador de Novak Djokovic". Sobre este rótulo, al comienzo de la retransmisión de la reciente final del Masters 1000 de París-Bercy, el pasado domingo 5.11.2023, la cámara de 'TennisTV' mostraba la figura de un joven moreno, concentrado y con pinta de ciertos nervios, sentado casi a pie de pista y tras la red protectora de uno de los fondos del 'Accor Arena', el celebre pabellón 'Omnisports' de París-Bercy, casi al lado de la parisina Estación ('Gare') de Lyon. Muy cerca del Sena.
En esta final de Paris frente al búlgaro Grigor Dimitrov (ya, 12-1 'cara a cara', la única derrota del líder serbio en Madrid-2013), Novak Djokovic, 'Número 1' del tenis mundial, firmó el imponente registro de 40 títulos en 'Masters 1000 ATP' con un sencillo 6-4, 6-3 sobre Dimitrov.
Y, con ausencia en París del croata Goran Ivanisevic (??), campeón de Wimbledon en 2001 y que ha funcionado desde hace un par de años como técnico oficial de Djokovic, Carlos, 'Xarly' Gómez Herrera (Marbella, 30.4.1990, 1,90 de altura, 197.028 dólares de ganancias oficiales en la ATP, llegó a ser número 268) ocupaba con todos los pronunciamientos el cargo oficial de entrenador del 'Rey Novak'. Este nuevo triunfo en París pone a Djokovic, ya con 24 títulos conquistados en Grand Slam (tres de los cuatro disputados en 2023), rumbo a superar unas insólitas 400 semanas en la cima de la ATP y del tenis mundial profesional.
Pero ¿qué hace 'Xarly' Gómez Herrera junto a Novak Djokovic y por qué le traemos a 'La Galerna'? Empezando por el final de la cuestión, Carlos Gómez Herrera es tan fervientemente madridista como para rematar sus tuits con un 'Hala Madrid' en 'hashtag', #halamadrid, como hizo el 6 de marzo de 2013 —no es fácil hallar en RRSS pistas tan reveladoras de 'Xarly', quien ya no concede entrevistas sin permiso de Novak—, cuando un Real Madrid dirigido por José Mourinho recién había apeado al Manchester United en 1/8 de 'Champions League' 2012-13.
En aquel tuit de marzo de 2013, Gómez Herrera respondía a su colega tenista Nikki 'Rog' Roenn, 'fan' del United, y que había tecleado sobre esa definitiva victoria madridista en Old Trafford (1-2, goles de Modric y Cristiano), citando así ciertas declaraciones de Mourinho en la BBC: "Corto y dulce, José Mourinho, Real Madrid 'manager': "El mejor equipo perdió, nosotros no jugamos a nuestro nivel".
Gómez Herrera replicó así a Roenn, entre bromas y veras: "Shame rog.. enjoy the 1/4 on TV! #halamadrid", 'Lástima, rog disfruta de los cuartos de final en TV! #halamadrid!'. Aquel Real Madrid superaría los cuartos de final de Champions ante el Galatasaray (3-0, 2-3), para acabar cayendo en semifinales bajo el empuje del mejor Borussia Dortmund de Jürgen Norbert Klopp, 4-1 para los 'borussers' en Dortmund e insuficiente 2-0 para el Real Madrid en Chamartín.
El 24 de febrero de 2014, va a hacer diez años, Carlos Gómez Herrera ya formaba pareja de dobles con Djokovic en el Open de Dubái de aquel año. Xarly Gómez y Novak (entonces, entrenado por Marian Vajda) perdieron ante los checos Bednarek-Dlouhy: 5-7, 6-1 y 5-10 en 'Súper Tiebreak', y de ese día en Dubái es la imagen en la que Novak —que domina el español y el italiano— susurra instrucciones al oído de Gómez Herrera, ambos tenistas equipados con polos grises.
Así lo sintetizaba Xarly Gómez Herrera en su cuenta de Twitter —hoy 'X'—: @xarlygomez: "A dream came true. Thanks, @DjokerNole for share such an incredible experience with me. I'll never forget. Thanks !!". 'Un sueño convertido en realidad. Gracias @DjokerNole (avatar de Novak Djokovic en Twitter), por compartir semejante experiencia conmigo, algo que nunca olvidaré. Gracias!!'.
Lógicamente, Djokovic y Carlos G. H. se conocían desde tiempo antes, y así lo explicaba este mismo verano, en Wimbledon, el propio Novak al buen periodista serbio Saša Ozmo en el portal 'Sportklub': "Carlos es el mejor amigo de Marko, mi hermano mediano, y también, uno de mis mejores amigos. Lo conozco desde hace mucho, 15 años en realidad, cuando el torneo de Madrid aún se disputaba en pista cubierta (Casa de Campo, hasta 2008). Jugó muchos torneos con Marko (NB: también vemos a Gómez en un viaje de 2013 junto al propio Marko Djokovic), y se convirtió en alguien muy cercano a nosotros, un miembro más de nuestra familia".
Hacia 2012, Gómez Herrera se había hecho buen amigo de Marko Djokovic (Belgrado, 20.8.1991; Novak es de 22.5.1987), que pronto pasaría a montar su base en la Marbella/Puente Romano del riojano Pepe Imaz, extenista, entrenador de este deporte y famoso espiritualista 'gurú'. Marko Djokovic fue a la Escuela 'Amor y Paz' que el propio Imaz regenta en Puente Romano, de la mano del propio 'Xarly' Gómez, y así lo relataba Marko, que acabó siendo entrenador junto a Imaz en 'Amor y Paz'. Imaz había empezado en Marbella en la Escuela de Manolo Santana, hacia quien siempre se deshace en elogios.
Declaraciones al sitio web 'Rioja2' —como decimos, Pepe Imaz es riojano, de Arnedo— en noviembre de 2021, de parte de Marko Djokovic: "Yo estaba jugando en Grecia unos 'Futures' y conocí a Carlos Gómez Herrera. Jugamos un partido divertido, duro y largo, y nos hicimos amigos. Después de eso viajamos juntos, nos conocimos más y me habló de Pepe Imaz y todo lo que estaba viviendo y haciendo en Marbella. Me dijo que si quería venir. Yo me fui a jugar otros torneos, me lesioné, no jugué durante un año, no tenía el éxito que buscaba... sufría emocionalmente, no me amaba, no me respetaba... estando con Carlos en unos torneos colapsé emocionalmente y le dije que no quería volver a mi casa ni a ningún lado. Carlos me insistió para que fuera a Marbella…"
… "Allí conocí a Pepe Imaz, ya en el Club 'Manolo Santana'. Y también, a Manolo. Pepe vino, me vio y me dio un abrazo cuando yo empecé a llorar después de fallar dos o tres bolas. Yo estaba muy quemado. Vengo de una parte de Serbia en la que la gente es más fría y el abrazo se ve un poco raro. (Imaz) me preguntó si quería trabajar con él la parte emocional, y yo le dije 'sí'. Salía por ahí como si tuviera 18 años, bebía alcohol para olvidar... no sabía la solución. Algo especial había en Imaz que no había visto en otras personas... estuvimos cinco días hablando y él empezó a compartir sus cosas, sus vivencias y lo que él, que había sufrido algo parecido, podía ver en mí... al principio se me hacía raro decir 'amor', qué es 'amor'..."
... "Yo no conocía ese 'amor' de amarte a ti mismo, pero algo en mí me decía de probar ese camino. Me fui de Marbella, pero algo me dijo de volver por esa energía que había sentido a través de él, de Pepe. Ahora... nadie me juzga. Yo le pregunté a Pepe Imaz cómo cambiar el mundo. Y él me dijo que lo mejor que podía hacer es cambiar 'yo' y el resto... la vida organiza".
En junio de 2021, ya con Marko Djokovic instalado en Marbella —donde le acompaña el hermano pequeño, Djordje— el dúo Novak Djokovic/Gómez Herrera se plantó en la final de dobles del 'Mallorca Open'.
Con ausencia en París de Goran Ivanisevic, campeón de Wimbledon en 2001 y que ha funcionado desde hace un par de años como técnico oficial de Djokovic, Carlos, 'Xarly' Gómez Herrera ocupaba con todos los pronunciamientos el cargo oficial de entrenador del 'Rey Novak'
Con buena volea detrás de un notable saque, viendo bien el juego, alto y de móvil envergadura en la pista, 'Xarly', 'Čarli' en serbocroata, había llegado a ganar una decena de 'ATP Futures' y a escalar hasta el número 268 de la ATP cuando en 2018, después de Wimbledon, se fracturó el tobillo y ya casi nada pudo ser lo mismo.
Este pasado verano, Djokovic siguió contando a Ozmo, en 'Sportklub': "Entrenábamos juntos muchas veces cuando Carlos —'Čarli'— era jugador en activo. El año pasado (2022) decidió retirarse, y yo planteé que se uniera al equipo. Hablamos todos y Goran (Ivanisevic) también estuvo de acuerdo. 'Čarli' puede ser 'sparring', ayudante (´NB: ¿hasta hoy?) está muy bien organizado y nos ayuda mucho logística y analíticamente".
En mayo de 2020, casi prácticamente en plena travesía del Covid-19, Gómez Herrera confirmaba y ampliaba en entrevista en 'El País' con Alejandro Ciriza los detalles revelados por el propio Novak Djokovic, que por aquel entonces había montado su cuartel general para entrenarse en el Club de Tenis de Puente Romano, ya sin restricciones, y tras haberse comprado en 'Sierra Blanca', Marbella, no muy lejos del casco urbano marbellí, un 'casoplón' de 1.000 metros cuadrados edificados, con vistas a mar y montaña y en parcela de 3.500 metros cuadrados, con pista de tenis, piscina, etc.
'Nole' Djokovic invirtió 10 millones de euros en esta mansión, su verdadera 'base' familiar cuando no está en el 'ATP Tour' o tiene actividades en Belgrado. Allí comparte entrenamientos, inclusive, con Alejandro Davidovich. Uno de los que aconsejó a Novak en esta compra de la mansión en la 'Sierra Blanca' marbellí fue Božidar Maljković, laureado entrenador serbio de baloncesto y actual presidente del Comité Olímpico de Serbia.
Maljković, admirador de Picasso, también se fue a vivir a Marbella, a instancias de Radomir Antić, recordado entrenador, entre otros equipos, del Real Madrid. Y desde el aeropuerto de Málaga partió Djokovic para Melbourne en su escandaloso viaje de enero de 2022 al 'Australian Open', que finalizó con el líder del tenis mundial expulsado discrecionalmente por el Gobierno australiano de aquellos días.
Quedan cero dudas de que alguien tan madridista como Manolo Santana, que en 1966 ganó el Campeonato de Wimbledon (primer tenista español en toda la historia) con el escudo del Real Madrid en su —blanquísimo— polo 'Slazenger' de juego, ha sido un 'padre espiritual' para Carlos Gómez Herrera en el deporte, el tenis y en la vida.
Así se constata en este extracto de la entrevista de Gómez Herrera con Ciriza, en mayo de 2020, entrevista personalizada que en estos momentos y con todas las cosas que han pasado sería bastante inviable de repetir, y no por culpa de Ciriza, precisamente: "Hace más de una década, Manolo Santana, al que le tengo un cariño especial, era el director del torneo de Madrid y Manolo siempre me ha ayudado, así que me llevó allí y entonces conocí a Novak, que no tenía a nadie allí, estaba solo y aún no era famoso. Nos pusimos a jugar al 'ping-pong' y a partir de ahí fuimos haciéndonos amigos, y después también conocí a su hermano Marko”.
Adjuntamos otra fotografía de todo el grupo de Novak Djokovic (incluido Gómez Herrera) en Madrid, 'Caja Mágica', a la llegada de todos para el 'Madrid Open' de 2019 —desde Málaga y en el AVE—, con el propio Santana en el centro. Manolo Santana nos dejó el 11 de diciembre de 2021.
La entrevista de Gómez Herrera para 'El País' fue telefónica; 'Xarly' y Djokovic ya se entrenaban a esas alturas en un Belgrado, donde habían desaparecido las restricciones 'covidianas' y tras haber soportado una cierta polémica anterior en España por haberse entrenado 'libremente' en las pistas de Puente Romano. Continuaba Carlos Gómez Herrera: "Yo no lo veo como Djokovic, sino como un compañero y sobre todo, un gran amigo”.
Por esos días, a Djokovic se le había fotografiado tensando la red en la pista de trabajo de Puente Romano o 'pasando el rastrillo' para alisar la tierra batida, algo que también suele hacer un tal Rafa Nadal cuando le toca “Eso es un reflejo de que ser el número uno y tener el éxito que tiene no vale para creer que estás por encima de los demás. Muchas veces me he quejado porque no hay pisteros para poner a punto la pista, y luego lo pienso y me digo: ‘joder, si lo hace él, el número uno del mundo’. Podría utilizar unas zapatillas nuevas cada día, pero él se las limpia, no las cambia".
Más de 'Xarly', en mayo de 2020: "(Novak) es la estrella más humilde que hay. Si necesito algo, ahí está él. Es un gran deportista, pero también una extraordinaria persona. Es muy humano (en estos momentos de crisis sanitaria), los organismos que gestionan los circuitos son un desastre, está siendo caótico con los tenistas más humildes. El 'Top-100' puede vivir sin problemas, tienen ingresos suficientes, ellos son la Primera División. Pero el resto, los de Segunda, los del montón, los de 'Challengers' y 'Futures' y en los torneos nacionales o menores no tenemos ese colchón porque no cobramos. Novak está trabajando por todos nosotros. Está muy al corriente del proyecto 'Player Relief Fund' y al pasar todo este confinamiento conmigo lo ha vivido de primera mano, me ha pedido mucha información. El que más ayuda no es el que más lo publicita; el que más ayuda es el que se pone y lo hace. Él está intentando ayudar, pero no recibe un apoyo unánime”.
Al frente del Consejo de Jugadores, Djokovic, principal impulsor de un fondo económico para amortiguar el golpe al pelotón de jugadores humildes, declaró en Belgrado, por aquellos 'Días de Halcón': “El 95% de los tenistas, y de la gente en general, están luchando. No tienen la oportunidad de competir y ganar dinero. Para todos ellos es simple cuestión de supervivencia”.
Hoy, cuando Novak Djokovic se adentra por senderos tan indescifrables como 24 títulos de Grand lam, 40 'Masters 1000', de paso para rebasar las titánicas 400 semanas como Número 1 en la ATP, Pepe Imaz recién ha declarado en '20 Minutos' que 'Novak tiene mucho tenis por delante porque la cuerda que le queda siempre se mide por deseo e ilusión y posibilidad física, y de estas cosas está muy saludable'. Casi naturalmente, Imaz también recela de las vacunas ARNm.
Según Imaz, "con Novak Djokovic estamos ante un gran ser humano, al que he tenido el regalo de poder conocer y llevar una década a su lado a nivel profesional y personal; el proceso que él ha hecho con su vida y cómo se trata a él mismo y a los demás es un reflejo de su trabajo interior. Novak ha evolucionado muchísimo, le encanta crecer, conocer e investigar... si estás en más armonía todo será más longevo, no tiene un límite de retirada en perspectiva y es difícil anticipar cuántos años le pueden quedar en activo".
Ya sólo queda preguntarse qué hubiera sentido el infinitamente madridista —y madrileño— Manolo Santana, nuestro 'Supermanuel' de los años 60, campeón en Wimbledon, Forest Hills y Roland Garros, si hubiera visto a 'su' Carlos Gómez Herrera, 'Xarly', 'Čarli', presentado oficialmente como 'Novak Djokovic Coach' en una gran final de Masters 1000.
Como el propio Novak nos hace observar y reflexionar, 'Čarli' ('es un tío muy listo', decía de él Manolo Santana) tiene aquella misma sólida base de análisis y lógica ganadora del tenis que inspiraba los movimientos, llenos de clase, del genio Santana. Desde el 'box' de los entrenadores, junto al preparador físico italiano Marco Panichi o el 'resucitado' 'fisio' Miljan Amanovic, que volvió materialmente de la muerte tras durísimo infarto, en 2017, le habla a Novak en varios idiomas, preferentemente en español, italiano... y hasta serbio. "Ya soy casi un serbio más, de tanto tiempo junto a ellos", dijo 'Čarli' a Saša Ozmo en la entrevista de 'Sportklub', este pasado verano en Wimbledon.
Así dirige 'Xarly' a Novak, con Ivanisevic de 'licencia' (?): " 'Aimo', 'vamos', vamos adelante, 'go forward' (hacia delante'), vamos, 'convinto' ('convencido'). 'Ne dau' ('No cedas, no te rindas'), todo con instrucciones con gestos sobre el lanzamiento de bola en el servicio, para que Novak 'rote' un poco hacia la derecha en el saque, a fin de ver la bola por la izquierda y golpearla mejor.
Xarly, 'Čarli', se refresca y toma aire entre botellas de agua 'Perrier', mientras Novak, el mejor jugador de todos los tiempos, en títulos y semanas como Número 1, ejecuta —aunque rezongue alguna maldición—, siempre con su tenis y su indecible elasticidad, las instrucciones del 'hijo espiritual' de Manolo Santana. "Bofori çegarnje", 'Vamos fuerte, con sonrisa, con alegría', se dirige Amanovic a Novak, para rebajarle la tensión.
Nos queda un penúltimo gran secreto: Novak Djokovic es, en baloncesto (cuyo juego domina casi como un profesional), absolutamente 'fan' del Estrella Roja de Belgrado, 'Crvena Zvezda', también club de Amanovic, y de la Selección serbia, los 'Momci' ('chicos') de Serbia. En fútbol le tira mucho ver al Partizan de Belgrado ('Estrella, no; Partizan', dijo cierta vez hablando de fútbol). ¿Será también del Real Madrid? Pues quizá. Aunque tal vez la respuesta sólo podría darla de todas todas 'Čarli' Gómez Herrera, ese madridista marbellí que ya es 'casi un serbio más'.
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Federico Santiago Valverde Dipetta, comúnmente conocido como Fede Valverde, ha renovado el contrato que le une con el Real Madrid.
Los amigos de fcQuiz han dispuesto ocho cuestiones para comprobar tu sapiencia sobre el futbolista uruguayo.
¿Cuántas acertarás?
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“Llamamos azar a nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad”
Jorge Luis Borges
En el año 2007, el ensayista e investigador libanés Nassim Nicholas Taleb publicó un interesantísimo libro que trataba el concepto de cisne negro. Esta expresión, cuyo origen reside en el poeta latino Juvenal —rara avis in terris nigroque simillima cygno—, puede traducirse algo así como “un ave rara en la tierra, y parecida a un cisne negro”. No obstante, la interpretación de Taleb es más jugosa que una simple metáfora.
La idea principal alrededor de la que gira todo su ensayo se resume fácilmente: los seres humanos subestimamos el papel del azar en los sucesos que ocurren y sobrestimamos nuestra capacidad de control. A lo largo de los capítulos, va enumerando una serie de acontecimientos como ejemplos de cisnes negros: Internet, la I Guerra Mundial, el 11 de septiembre, el funcionamiento de las bolsas financieras y de la banca… La categorización de un suceso como cisne negro la explicó de manera más precisa el propio autor en una entrevista en el New York Times:
“Lo que aquí llamamos Cisne Negro es un evento con los tres atributos siguientes. En primer lugar, se trata de un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible”.
Es decir, un acontecimiento se considera un cisne negro cuando el evento es una sorpresa para el espectador, tiene un gran impacto en la realidad y, una vez ocurrido, se racionaliza falsamente en retrospectiva, como si pudiera haber sido esperado con la información incompleta de la que se disponía —“cómo no lo vi venir”, fustigación habitual con la que, inútilmente, tratamos de consolarnos a posteriori—.
Un acontecimiento se considera un cisne negro cuando el evento es una sorpresa para el espectador, tiene un gran impacto en la realidad y, una vez ocurrido, se racionaliza falsamente en retrospectiva, como si pudiera haber sido esperado con la información incompleta de la que se disponía
Si uno repasa la trayectoria del Real Madrid a lo largo del siglo XX, su consolidación como mejor equipo de la historia constituye uno de los mejores ejemplos de la teoría del cisne negro aplicada al ámbito deportivo. ¿Quién podría predecir que un conjunto de segunda fila a principios de la década de los 50 iba a terminar convirtiéndose en la mayor bestia competitiva del continente? Al analizar los hechos superficialmente, suele consensuarse que la coincidencia temporal entre la creación de la Copa de Europa como principal torneo otorgador de méritos y la mejor plantilla de la historia madridista explica —de manera retrospectiva— el fenómeno. Pero si uno se aproxima más en profundidad a los detalles que rodearon el origen de la Liga de Campeones, el componente azaroso se multiplica.
La génesis de la Copa de Europa, como tantas otras efemérides, proviene de Francia. El diario L’Équipe, que llevaba tiempo planteando desde sus páginas la cuestión de cómo discernir al mejor equipo europeo, aprovechó un enfrentamiento entre el Wolverhampton y el Honved de Budapest para solicitar una competición que enfrentara a los campeones de todos los países del viejo continente a eliminatorias a doble partido. El artículo del periodista Gabriel Hanot tuvo muy buena acogida, y enseguida comenzaron los preparativos, a medias entre el diario y un puñado de directivos de distintas federaciones futboleras, a los que más tarde se sumaría la UEFA. A principios de 1955 se realizaron encuestas a clubes de varios países y se constituyó un borrador en febrero, cuyas líneas generales se perfilarían durante los meses siguientes. A la primera edición se accedería por invitación, con prioridad para los campeones nacionales y para clubes de reconocido prestigio. Y, en aquellos años, si había un club con prestigio en España, era el Fútbol Club Barcelona. Así lo cuenta Carlos Pardo, corresponsal de L’Équipe en Barcelona, en una entrevista en la Vanguardia (página 63 del ejemplar del 30 de mayo de 2004):
“L'Équipe” me pidió –era su corresponsal en Barcelona– que invitase al FC Barcelona a participar en la primera Copa de Europa, en 1955, una iniciativa del diario porque en invierno vendían pocos ejemplares, a diferencias del verano con el Tour. La participación era por invitación y en España los requisitos objetivos y de prestigio sólo los cumplían Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao... Antes de ir a hablar con el club, Samitier me avisó: te dirán que no... “No fotis!” Me soprendió. Fui citado en el club, en el pasaje Méndez Vigo, por el secretario Domènech –el presidente era Martí Carreto [sic]– que era quien llevaba los asuntos del club. La cita era a las siete pero no me recibió hasta las nueve y media. Cuando le expuse que venía en nombre de “L'Équipe”, me preguntó: “¿Le qué?”. Leyó las condiciones y me respondió: “Esto es una utopía, no se hará nunca”. Y me habló de que lo que había que revivir era el campeonato de Catalunya por equipos, como antes de la guerra. “Lo siento mucho, Pardo. Gracias”. En aquella época el presidente intervenía poco en estos asuntos. Llegué a casa “emprenyat” y mi mujer me sugirió: ¿Por qué no llamas a tú amigo del Madrid, Saporta? Pensé que tenía razón y no perdía nada. Conferencia. Te llamo por la Copa de Europa. “¿Usted tiene el asunto? ¿Que al Barça no le ha interesado? ¿Y nos invita a nosotros?” Estaba entusiasmado. Me pidió que a la mañana siguiente volase a Madrid. En Barajas estaba el coche de Bernabéu que me esperaba en las oficinas junto a Saporta y el gerente Calderón. Y al día siguiente, todos a París, donde se fundó en un hotel la Copa de Europa. La primera final fue con el Stade de Reims. Siempre me lo agradecieron...” .
De acuerdo a este relato, el factor de impredecibilidad es mayor de lo esperado: el nacimiento de la leyenda del Madrid en Europa no solo habría dependido del alineamiento coyuntural de un once de magníficos jugadores en el momento apropiado… ¡Sino también, e incluso por encima, de la ocurrencia de la esposa de un periodista! Es cierto que la memoria de Pardo obliga a poner en cuarentena alguno de los detalles: por ejemplo, el presidente culé de aquel entonces no era Martí Carreto sino Miró-Sans. Además, en el libro Oficial del Centenario se recoge alguna carta de Saporta en la que informa a Bernabéu acerca de alguna reunión en enero del 55 con algún otro enviado especial de L’Équipe. Sin embargo, ni siquiera estas precisiones pueden negar el carácter sorprendente y estocástico del asunto.
El nacimiento de la leyenda del Madrid en Europa no solo habría dependido del alineamiento coyuntural de un once de magníficos jugadores en el momento apropiado… ¡Sino también, e incluso por encima, de la ocurrencia de la esposa de un periodista!
Por otro lado, las otras dos exigencias de Taleb para un cisne negro también se cumplen, sin ápice de duda. En relación con el impacto del suceso, nadie es capaz de objetar la huella indeleble que supuso el establecimiento del Real Madrid como entidad dominante en el mundo del fútbol. Y, respecto a los análisis retrospectivos, cuántas noches de pesadumbre han tratado de ocupar los antis —“fueron los árbitros”, “el fichaje de Di Stefano”, “la propaganda del régimen”—, amontonando multitud de angustiosos porqués, intentando en vano aliviar la desazón que conlleva lo impredecible, y, por ende, inevitable. Sí, Nassim Nicholas Taleb asentiría complacido ante la satisfacción de todos los requisitos: atipicidad, impacto y falsa racionalización postrera. Con una preciosa guinda como propina; al fin y al cabo, no dejaría de resultar poético que el argumento del recurrente jardín floral del Madrid tuviese su semilla en un comentario de mujer. Aunque quizá habría que señalar una paradoja final, a despecho de Juvenal y del propio Taleb. El hecho de que el cisne negro más majestuoso de la historia del fútbol habría sido, en realidad, un cisne blanco.
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Buenos días, amigos. Estamos en pleno parón de selecciones y hasta el próximo 26 de noviembre no volverá a haber fútbol. Nos referimos a fútbol como tal, porque la pantomima de los combinados nacionales sí estará presente. Para algunos, un Chipre-España es tan emocionante que ilustran su portada con la cuenta atrás de tan magno evento: «Faltan 2 días».
Han llamado a Javi y todo para recordar aquel Chipre, 3-España, 2 de 1998 que le supuso la puntilla. Nos referimos a Javi Clemente, no a Javi Hernández, como diría Carletto. Un Javi Hernández, por cierto, a quien la pseudorreligión culé ha encumbrado como su dios de este lustro. Xavi es uno y trino y Deco su profeta, ved si no la portada de Sport.
En un primer vistazo, pensábamos que habían aprovechado el parón para dedicar la primera plana a un señor random recién levantado sin lavarse ni afeitarse aún, pero tras fijarnos bien entornando los ojos cual suegra que sospecha hemos identificado a Deco. «Xavi es el entrenador perfecto». Bien.
Xavi ya apuntaba maneras cuando era jugador, en 2013, tras caer en Champions contra el Bayern declaró que los alemanes no pudieron dominarlos, que el balón fue del Barça, y que quedarse con el 7-0 global de la eliminatoria era «superficial». Criaturita.
Ya como jugador comenzó con su particular marcha verde contra el césped. «El campo estaba muy irregular y no nos ha dejado hacer nuestro juego», dijo tras perder contra el Valladolid en 2014. «El césped estaba muy seco y eso nos ha creado muchas dificultades», después de no pasar del empate contra el Atleti en la Supercopa.
De Mourinho dijo que «su estilo es de especular, de ver lo que hace el contrario». Y el Madrid del portugués batió el récord de puntos y de goles en liga. Un lince.
Después, como entrenador, Jardiner se ha erigido en el dios de las excusas desopilantes. Por todos es sabido que el sol de Getafe es peor que el del mismísimo Sáhara en julio a las doce del mediodía cuando se camina en culos y sin crema protectora ni gafas de sol. Pese a ubicarse a solo 15 Km de la Puerta del Sol, valga la redundancia, el sol getafense es más dañino que ganar sin posesión, así lo dejó patente Xavi en sala de prensa tras no conseguir ganar al equipo azulón: «Estamos acostumbrados a jugar sin sol». Se ve que el Barça disputa sus partidos de manera habitual en un exoplaneta al abrigo de otra estrella del firmamento.
La matraca del céspet la siguió dando desde el banquillo, ya lo sabéis, Xavi, al igual que le sucedía a la princesa con el guisante, es capaz de sufrir una noche de insomnio porque alguien colocó una brizna de hierba demasiado larga debajo de su colchón.
El último pretexto que ha terminado de endiosar a Xavi es la prensa, según sus palabras tras el partido frente al Alavés, «muy crítica y exagerada, esto afecta y por eso no jugamos tranquilos como antes. Mis jugadores no juegan liberados por lo que se dice en el entorno». No hace falta ser muy audaz para deducir que Xavi preferiría que no hubiese ni libertad de prensa ni libertad de expresión, y tampoco cuesta mucho imaginarse a Hernández con un bigotito cual Chaplin en El gran dictador.
Además de la mejor colección de coartadas de la historia, el historial de Xavi lo adorna un desempeño europeo coherente con sus palabras de hace diez años en las que tachaba de «superficial» el resultado de una eliminatoria. Tan superficial encuentra meter más goles que el rival que hasta ahora ha hecho pleno de eliminaciones continentales, incluso dos al año.
Por esto y por mucho más, no nos extraña que Deco afirme que Xavi es el entrenador perfecto ni que los culés lo endiosen, porque ellos practican un politeísmo victimista global con tintes de monoteísmo consecutivo, es decir, adoran a varios dioses, pero por partes, ora a Guardiola, luego a Messi, después a Xavi. La santísima trinidad del fariseísmo, la ruina económica y los pretextos.
As ilustra su portada con otra santísima trinidad, la brasileña. Vinícius, Rodrygo y Endrick. Presente y futuro blanco. El próximo jugador del Madrid ha explotado y es el futbolista más joven en acudir convocado con la canarinha.
Con permiso y con toda humildad, sí nos gustaría comentarle a As que estéticamente dan un poco de repelús estas portadas con aspecto de haber sido pisoteadas en un césped demasiado alto y agostadas por el impenitente sol de Getafe.
El diario madrileño menciona el reproche general a Lewandowski tras el desplante a Yamal, le negó la mano durante el partido, otro hecho que afirma la naturaleza divina de Xavi, quien afirmó que el ambiente en el vestuario del Barça era sano. Pero claro, si Xavi no vio nada raro durante las décadas que el Barça pagó al número dos de los árbitros, qué problema va a ver en un mero gesto de desprecio de una estrella hacia un chaval que está empezando. Son sus valores.
Os dejamos con la portada de Mundo Deportivo. Interesantísima.
Pasad un buen día.
Si el presente artículo le puede parecer desactualizado al lector que hace la gracia de leerlo, ello se debe a que la información que en él se contiene ha tardado más de lo debido en ser contrastada, acción esta muy cara para la actual clase periodística española.
Retrotraigámonos al partido que enfrentó en el estadio de Montjuic al Barcelona y al Real Madrid. Abundante fue el ruido en torno al hecho de que la camiseta culé estuviera patrocinada en este encuentro por los Rolling Stones, que, a la sazón, estrenan un nuevo álbum. El disco es estimable, añado. En el palco estuvieron junto a Laporta Mick Jagger y Ron Wood, es decir, el CEO de la multinacional en que llevan años convertidos los Stones, y el Pájaro Loco Woody, el último miembro de la banda en convertirse en Stone de pleno derecho en 1990. Faltaba uno de los fundadores. Posiblemente el más Stone de los Stones. No me refiero a Florentino Pérez, cuya omnipotencia y tesón le habrían convertido en un miembro de la banda si se lo hubiera propuesto, y que también excusó su presencia del palco, en su caso por las opiniones excretadas por un directivo culé. No puedo decir que me apenara ninguna de las dos ausencias.
Fuentes cuya identidad reservo por su seguridad, me confirmaron que Keith Richards fue visto antes del partido en Madrid, en una zona no demasiado alejada del Bernabéu, donde, al parecer, Keef y Florentino Pérez almorzaron y vieron juntos el encuentro en la residencia de este último. Testigos oculares sostienen que Richards, todo un señor a pesar de la fama que le persigue y que él mismo se ocupa de fomentar, no apareció con las manos vacías en casa del presidente del Real Madrid, sino que, al parecer, portaba una bolsa azul de Ikea en la que se identificaban varios tipos de doritos y patatas fritas, vodka, zumo de naranja, seis litronas de Mahou clásica, una bolsa de mezcla de snacks de chocolate con versiones pequeñas de Mars, Twix, Snickers, Bounty y MilkyWay y un cartón de Winston de las rías gallegas.
Keith Richards se presentó en casa de Florentino para ver el Barça-Madrid con doritos, patatas fritas, vodka, zumo de naranja, seis litronas de Mahou clásica, snacks y un cartón de Winston de las rías gallegas
El encargado de la seguridad de Florentino Pérez, poco versado en lengua inglesa, apuntó que un visitante de peculiar acento, ataviado con una camiseta de Juanito y que se hacía llamar Querrechas entró en el domicilio con una bolsa azul a las 13:50 exactamente. No podemos culpar de nada al bueno de Nicanor, que así se llama el vigilante, natural de Puerto Lápice, pues el acento inglés cerrado, años de abusos de vaya usted a saber qué, el cigarrillo colgado de la comisura de la boca y la media docena de vermús que se había tomado antes de ir a ca Floper, hacían de Keith una persona, digamos, complicada de descifrar.
Conforme al testimonio de alguien que allí estaba, el almuerzo transcurrió sin sobresaltos, si tal pudiéramos denominar a la práctica extinción de un par de añadas de tinto Arzuaga Ribera del Duero por parte de Richards mientras Florentino daba buena cuenta del agua de Madrid, la mejor, con los comensales alternando español e inglés en su parla. La previa del partido tuvo lugar en torno a la mesa del salón, presidido por el propio Florentino y, sobre todo, por una pantalla de 115 pulgadas gracias a la cual ambos advirtieron, regocijados, el buen cutis que tiene Bellingham. Keith alternaba su sillón y la ventana, a la que salía a fumar cada pocos minutos presa de la inquietud y de la tensión competitiva, mientras que el presidente madridista le preguntaba cómo se apellidaba Kepa, pues la manera en que el guitarrista inglés pronunciaba “Arrizabalaga” le despertaba honda hilaridad.
El tempranero gol de Gündoğan y, en general, el primer tiempo jugado por el Real Madrid, irritaron en extremo a Florentino y a Keith. El primero comentaba el choque vía WhatsApp con un destinatario desconocido cuyo contacto sólo respondía a “José”, y el segundo, armado con un Alcatel One Touch Easy, no escribía a nadie, sino que encadenaba cigarrillos y los alternaba con Snickers y patatas receta campesina. El descanso sirvió para que el presidente explicara a su invitado que el que comentaba el partido en la televisión no era el mismo que cantaba en Guns n’ Roses y para que ambos, hombres de edad, visitaran el cuarto de baño.
La segunda parte elevó los ánimos, los de Florentino por la notable mejora en el juego del Madrid, y los del Stone gracias al contenido de la botella de medio galón de Stolichnaya que fue menguando en forma de destornilladores, es decir, con zumo de naranja, si bien el contenido de una copa casi llena se fue al suelo tras volar por el salón tras el tremendo disparo de Bellingham en el minuto 67 que supuso el empate. Ante eso, Keith sólo pudo reír de manera ronca y repetir con acento inglés “¡Alegría, alegría!”, mientras Florentino se negaba a permitir que el pensamiento del cerco de zumo con vodka en la alfombra le distrajera del golazo del nuevo ídolo madridista. En ese momento, le asaltó el pensamiento de que Bellingham es idéntico al faraón Akhenatón y que Jude estaba, como este, llamado a grandes gestas.
Todos sabemos que el presidente es un visionario, porque en el minuto 92, Jude de nuestras entretelas, marcó el gol que completaba la remontada y corroboró la idea que le rondó la cabeza segundos antes. Se consumó la locura, saltos, gritos, abrazos, Florentino aprovechando para quitar un cigarrillo a Keith y fumárselo en el salón tras brindar por Negreira una vez el partido concluyó. Tras ese momento, no tengo más información, pero hay un rumor de que Keith se fue a su hotel pasadas las 2 de la madrugada, que Florentino tiene varias guitarras en casa y que hace de manera más que correcta los coros en Sympathy for the Devil y los falsetes de Miss You. Lo que sí que confirmó Nicanor es que los dos se despidieron con un abrazo, Keith exclamó un “¡Hala Madrid!” y Florentino le respondió con un “¡nos vemos en la gira!”.
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Reconozco que, cuando llegó este verano de vuelta de Milán, Brahim Díaz me entusiasmaba tanto como sentarme delante del televisor a ver un partido del Atlético de Madrid a las 9 de la noche de un domingo de noviembre. Me parecía uno de esos futbolistas que se quedan obsoletos antes incluso de comenzar a caminar, un talento del pasado, otro mediapunta sin físico y sin la versatilidad que requiere la élite. Ideal para esas viejas formaciones, como el 4-5-1, hoy impracticables en este fútbol del 4-3-3, reino de la velocidad y de la fuerza. Pero como en esta vida sólo los tontos son los que no cambian nunca de opinión, yo quiero hacer aquí un trágala de manual y envainármela con mucho gusto. Los dos últimos partidos de Brahim, sobre todo el del sábado con el Valencia, lo confirman como uno de los recursos más útiles y, verbigracia, necesarios que tiene la plantilla del Madrid en este año extraño que atufa a transición y que sin embargo exigirá como siempre —como todos los años— al equipo de Ancelotti.
Brahim Díaz es un jugador peculiar. Cuando lo fichó el Madrid, allá por 2019, en aquel mundo que había antes de la pandemia, pareció un movimiento muy raro. Fue un fichaje de invierno, para empezar, cosa extrañísima con Florentino Pérez, enemigo declarado de esos movimientos de saldo en el outlet de enero. Brahim vino además en un año horrible, nefando, que había comenzado con las fugas de Zidane y de Cristiano, es decir, con el hundimiento del techo del mundo, y que a esas alturas ya se había cobrado también la cabeza de Julen Lopetegui, el supuesto capataz encargado de las obras de reforma.
El equipo del threepeat era humillado sistemáticamente por todos los rivales, Courtois parecía un portero sin manos Ramos vivía una alucinación, Bale dimitía de todos sus cargos y entonces el Madrid pagó 17 millones de euros por un niño al que nadie conocía. Nadie había visto a Brahim pero algunos decían que era un prodigio. De chiquillo, el Barcelona estuvo empeñado en llevárselo para La Masía y por cómo era descrito, Brahim Díaz sí que parecía hecho a medida de aquella planta industrial de homúnculos: bajito, habilidoso, virguero, hipertécnico, liviano, una parodia del messiniesta, otro idólatra del pase horizontal. Gracias al jeque que tenía entonces el Málaga, primo hermano de Abu Dhabi, el Manchester City impidió que ingresara en aquella fábrica de mutantes, y Brahim se fue a Inglaterra sin haber debutado en España, con todo el futuro por delante.
Reconozco que, cuando llegó este verano de vuelta de Milán, Brahim Díaz me entusiasmaba tanto como sentarme delante del televisor a ver un partido del Atlético de Madrid. Pero como en esta vida sólo los tontos son los que no cambian nunca de opinión, yo quiero hacer aquí un trágala de manual y envainármela con mucho gusto
La verdad es que traía resonancias familiares. Evocaba la fantasía mediterránea de Isco, su tragedia barroca y genial. El caracoleo, el zigzag entre líneas, el último pase torero. Se crio para el fútbol en el Club Deportivo Mortadelo, una de las canteras del Málaga, y ya allí Pellegrini, que había encumbrado a Isco después de que Emery le desechara en el Valencia, le echó el ojo al pequeñito español de sangre marroquí. Brahim Abdelkader Díaz tiene un apellido benimerín que remite directamente a la frontera y su familia paterna se estableció en Melilla hace dos generaciones, de donde saltaron a Málaga, donde se conocieron sus padres. Abdelkader se traduce del árabe como “el servidor del Poderoso”, es decir, de Alá, y con la marcha de Benzema el madridismo sufí ha encontrado en él el último depositario de un linaje marcado por la belleza y la trascendencia, que empezó con Zidane. Aunque su padre, que se fue con él a Inglaterra cuando lo fichó el City con trece años, decidió acortarle el nombre, hispanizándolo en simplemente Brahim Díaz, algo de esa música antigua queda en su juego de derviche, en gestos y recortes de suma plasticidad.
En el Milan, Brahim ha cogido peso, cuerpo, ha echado músculo y ganado físico de élite. Al principio parece que Carletto no contaba mucho con él y la gente se preguntaba para qué había vuelto. Algo, empero, tiene que tener este chico para haber sido Il Diez de un AC Milan resucitado que ganó el Scudetto y llegó a las semifinales de la Copa de Europa por primera vez en trece años.
Me acordé de Brahim cuando volví a ver el otro día a Chenoa por la tele, yo que vivo alejado de ese monstruoso artefacto de corrupción de masas: hacía tanto que no sabía nada de ella que me pareció que ahora está más buena que antes, que hace veinte años. Con Brahim Abdelkader me ha pasado lo mismo: antes me recordaba a un futbolista de juguete, tan diminuto y liviano que todas sus virtudes, una fantástica conducción, la facultad de atravesar paredes con la pelota imantada al empeine, se quedaban al final en nada. En nada relevante. Antes, a Brahim se lo quitaban de encima los rivales con un soplido, un poco como a veces pasa con Rodrigo. Pero ahora el malagueño tiene más empaque cuando choca, y eso se le nota en los cuádriceps. Sin un talento extraordinario para ser verdaderamente determinante, Brahim acumula, sin embargo, méritos para ser el heredero del gran dorsal 21 que lleva desde agosto, Solari, es decir, un jugador número doce, el primer gran recurso cuando el míster mira al banquillo.
Sin un talento extraordinario para ser verdaderamente determinante, Brahim acumula, sin embargo, méritos para ser el heredero del gran dorsal 21 que lleva desde agosto, Solari, es decir, un jugador número doce, el primer gran recurso cuando el míster mira al banquillo
Este Madrid carece de profundidad en la zona de ataque y esa es la principal falta de la plantilla esta temporada. Es cosa sabida, no descubro América. Bellingham ha roto a meter goles y eso nadie se lo esperaba, pero así y todo la cosa se queda pírrica en cuanto Vinicius y Rodrigo no cumplen con sus cuotas esperadas. En tal panorama la irrupción de Brahim tiene mucho valor. Ahora que su recorrido es mayor puede jugar en cualquiera de las posiciones delanteras, desde la punta del trivote del mediocampo hasta de interior con querencia al centro, que es la posición en la que más rendimiento se le puede sacar a su llegada. No apunta a gran goleador pero tiene en sus botas en torno a diez o quince goles por temporada que pueden dar una Liga. En la decadencia de Lucas Vázquez, Brahim puede ser el relevo, con un salto de calidad técnica, en ese papel de comodín, que ayude a no quemar a Bellingham sosteniendo el tono del equipo en el transcurso de esos meses de entretiempo, entre Navidades y la primavera, en que se van (o se quedan) las copas domésticas y por qué no decirlo, el aliento europeo.
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Como quien no quiere la cosa, lo cual es muy del estilo Guasch, cumple hoy cien entregas su sección “Mira, chato” en La Galerna. Son por tanto cien lunes, uno detrás de otro, los que Tomás Guasch ha estado deleitándonos con su finísima ironía.
Guasch tiene la rara cualidad de un Tip: a través de su humor regocijante, ha logrado no tener más enemigos de los estrictamente necesarios. No todos los tontos son enemigos de Guasch, pero hay que ser muy tonto para profesar animadversión hacia él, como había que serlo para odiar a Tip. La diferencia, ¡a favor de nuestro hombre!, es que Tip no se prodigaba en mensajes deportiva o políticamente incómodos. Guasch sí, y aun así permanece relativamente libre de aborrecimientos viscerales.
Señor, no me dejes nunca caer en la ira (demasiado tarde, ya lo sé), primero porque la ira está mal, y segundo porque nunca desarmará al sinvergüenza y al estulto como lo hace cualquier guaschiana reducción al absurdo
Guasch es un señor con el que da gusto estar, o sea, un caballero de los de toda la vida. Es decir, como hay que ser. No se me escapa que he puntuado las dos primeras frases de este párrafo como lo habría hecho él. Me pasa, claro, porque estoy pensando en él mientras escribo, lo cual está muy bien pero es una diversión de rango inferior a apretarse junto a él unos callos en el Alonso. Tampoco son cosas incompatibles, y de hecho espero poder celebrar con él este centenario a no mucho tardar. Como Ministro de Deportes de Tabarnia anda liadillo por razones obvias, pero ha prometido que nos dará audiencia en su próxima visita a la villa y corte. Viene por los callos, pero nos dejaremos engatusar por la ilusión de que caemos bien a quien tanto admiramos desde antes de que el padre de Camavinga echara dientes.
La gran pregunta que me hago en este momento es: ¿cómo es posible que sólo sean cien artículos? ¿Qué intolerable lentitud de reflejos me movió a esperar tanto antes de pedir a Guasch que escribiera en La Galerna, teniéndolo como lo tenía en la más alta y sonriente estima desde tiempos tan viejos, encajando como encajaba en La Galerna como un guante de Courtois en la mano de Polifemo? No se me ocurre por qué. Soy un asco de editor, eso es todo. O quizá es eso y también que la opción era demasiado obvia. Tan obvia que, ahora que lo pienso, me podía haber llamado él. Una ronda de callos va a ir al debe de su descuido.
Guasch es Oscar Wilde con jersey de punto y camisa a rayas
Queremos tanto a Guasch, como decía Cortázar de Glenda Jackson. Yo todavía espero que se me pegue algo, dentro de otros cien o doscientos mirachatos. Señor, dame el poder de no abandonar nunca la coña marinera como respuesta a la tropelía, la ligereza más encantadora frente al latrocinio y la estupidez. Señor, no me dejes nunca caer en la ira (demasiado tarde, ya lo sé), primero porque la ira está mal, y segundo porque nunca desarmará al sinvergüenza y al estulto como lo hace cualquier guaschiana reducción al absurdo. Guasch es Oscar Wilde con jersey de punto y camisa a rayas.
Señor, hazme como Guasch, aunque tenga que esperar a que las ranas críen pelo, o a que Clos Gómez deje de ser el jefe del VAR.
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