Buenos días. En La Galerna tenéis (y seguiremos publicando a lo largo del día de hoy) multitud de artículos sobre el adiós de Toni Kroos. En esta sección no vamos a abundar en los sentimientos de consternación y a la vez de orgullo que inundan al madridismo. Nos limitaremos a mostraros las portadas del día, que versan sobre Kroos. En el caso de la prensa barcelonesa no es así: le dedican poco espacio, pero al menos es un espacio totalmente mezquino.
La prensa es lo de menos hoy. Os hacemos partícipes también de otras reacciones. Disfrutadlo. Lloradlo.
Pasad un buen día.
Quién no recuerda de niño escuchar a sus mayores decir: «yo vi jugar a Di Stéfano, fue el mejor, sin duda»; o «yo vi jugar a Gento, frenaba a toda velocidad y los defensas se salían del campo»; o «yo vi jugar a Amancio, le llamaban el Fifo»; o «yo vi jugar a Velázquez, una delicia de futbolista», y uno pensaba que jugadores como aquellos eran irrepetibles y que jamás tendría la posibilidad de ver algo ni parecido porque el fútbol rompió el molde con el cual fabricó esos héroes incunables del balompié.
Sin embargo, con el devenir de los años y casi sin percatarse, llega un día en el que se es consciente de estar asistiendo a la carrera de uno de esos pocos jugadores con estatus de leyenda merecedores de que alguien en el futuro recuerde haberlos visto jugar. Llega un día como hoy, cuando comienza a girar el pomo de la puerta para marcharse, en el que uno dice: yo vi jugar a Toni Kroos.
De niño uno creía que no era posible vivir aquello que le contaban sus mayores, después asiste a ello y se da cuenta de que no era lo más importante. Lo más importante no es haber visto jugar a Toni Kroos, lo más importante es el ejemplo de Toni Kroos y su excepcionalidad.
Dicen que tras una actuación de René Lavand alguien del público se acercó al manco ilusionista bonaerense a preguntarle qué había que hacer para lograr urdir magia de esa manera tan original y especial. El mago respondió: «Pierda una mano».
Lavand se explicó: «Tuve la suerte de no poder copiarle a nadie. Porque no hay libro ni maestro que te enseñen técnicas para mano izquierda, así que tuve que hacerme autodidacta. Porque yo tenía la suerte de tener una sola mano. Y así surge el estilo, la personalidad, lo que no se puede copiar».
Kroos es una extravagancia del destino, un señor calmado en la vorágine de la tempestad y alejado de la impostura
Toni Kroos no perdió ninguna mano ni ningún pie, pero juega en una época en la que los futbolistas, y los centrocampistas en especial, son atletas que además de jugar al fútbol han de correr los 100 metros en once segundos, poseer una fuerza hercúlea, protagonizar traspasos o renovaciones escandalosas, lucir un peinado instagramero multicolor, servir de maniquí para cada nuevo lanzamiento de botas del correspondiente patrocinador y mirar para otro lado ante la palpable corrupción del fútbol actual.
Pero Toni tuvo la suerte de no es así, por eso no le quedó más remedio que ser autodidacta. Y así surgió su estilo, su personalidad, lo que no se puede copiar.
Kroos es una extravagancia del destino, un señor calmado en la vorágine de la tempestad y alejado de la impostura. Toni es lo contrario a la pose pese a que posa como nadie sin pretenderlo. Kroos se va en el cénit de su gloria mientras todos le ruegan que siga.
Cuando la nave blanca tiene una fuga de agua, todos corren sin pensar para tratar de taponarla como sea. Kroos piensa y actúa despacio, antes que nadie. Toni cambia el juego para aclarar la jugada, no se puede hacer más lento. Toni ordena a Rüdiger que suba a cabecear y le posa el balón en la testa, no se puede hacer más lento. Toni indica a Vinícius dónde está el agujero del blindaje bávaro y le coloca la pelota para que marque, no se puede hacer más lento. Toni da otro pase a la red, no se puede hacer más lento.
Nadie podrá alcanzar nunca a Toni Kroos, no se puede hacer más lento.
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Uno crece y madura, luego viene lo de encontrar una pareja, casarse, decidir si se tendrán hijos y, después, todo lo demás que parece que no tiene demasiada importancia; porque el sprint lo solemos dar en juventud, para después relajarnos hasta que el corazón nos lo permita.
Pero tú nos has hecho entender a todos los madridistas la aplastante realidad acerca de la relatividad del tiempo y la importancia del ahora. Un balón que sobrevuela el Bernabéu como si fuese de una esponjosidad increíble nos lo ha demostrado una y mil veces. Los segundos, las horas y los días no parecen importar demasiado. En ese instante, lo que importa no es el principio o el final del recorrido de ese balón perfecto, sino el transcurso de lo que sucede entre medias.
Hay quien corta su respiración. Dudo que haya alguien que se atreva a pestañear.
¿Podrían los giros del balón relacionarse con el aumento de las pulsaciones? Sería interesante determinar la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono que hay en la atmósfera entre pases de Toni Kroos. Pero lo que tengo por seguro es que nadie piensa en lo que ocurrió justo antes del pase, y me atrevo a afirmar que, a excepción de los más doctos del balompié, tampoco sabemos lo que ocurrirá inmediatamente después.
Esa es la magia de Toni Kroos, que siempre nos ha hecho vivir en el presente, sin apreciarlo en muchas ocasiones
Esa es la magia de Toni Kroos, que siempre nos ha hecho vivir en el presente, sin apreciarlo en muchas ocasiones. Nos hemos centrado en lo que fue y en lo que vendrá; y Toni, por el bien de todos, por el bien de su equipo, ha sabido mantenerse implacable, riguroso e inclemente en el centro de todo lo que habría de ocurrir en el espacio-tiempo de los noventa minutos, en el presente de quien sabe que hizo, que hará y, sobre todo, de quien hace historia.
Gracias, Toni, por diez años de presente.
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Cuando aún mayo nos sugiere el calor que vendrá, las noches tropicales, la ropa ligera y las cenas eternas, de repente, como una nube densa y oscura que encapota el sol, el verano termina. Y lo hace como una bofetada sin manos a través del salpicadero del coche. La radio me grita que ese verano, que comenzó en 2014, llega a su fin.
Cuando Fernando Martín murió me hice mayor. Entonces supe que la muerte no espera y no perdona. Toni nos recuerda que el tiempo, tampoco. Una fecha de caducidad que ha decidido él, no el campo. Ambos, Fernando y Toni, son lo que siempre quise ser en el deporte, talentos laboriosos, discretos ganadores que juegan para no ser segundos: puro Real Madrid. Pero también, cómo quisiera haber parecido. En ambos, su rictus y su aspecto, siempre impecables, han impuesto un respeto y una admiración evidentes, también entre una masa de rivales confusos a la fuga.
Podría decir que llevaré el recuerdo de haberle visto jugar como una colegiala el Super Pop, pero no lo haré. Tan solo diré que quisiera encarar mis miedos anticipatorios como Toni lee los partidos y encontrar respuestas como él encuentra espacios entre bosques de canillas. Un tipo normal que juega al fútbol, no hay mayor grandeza. Alguien que sabe decir no cuando las luces de neón y las cifras mareantes ciegan al resto. Un ciudadano consciente de las injusticias y del entorno. En suma, un amigo íntimo al que nunca conoceré.
Quisiera encarar mis miedos anticipatorios como Toni lee los partidos y encontrar respuestas como él encuentra espacios entre bosques de canillas
Cuando la próxima final concluya, recordaremos como un golpe seco en la sien que todo acabó. Y quedará el regusto agridulce de que no se puede revertir el tiempo. El reto será entonces, como si se tratará de otro título, conseguir que Toni siga aquí. Un antihéroe que saca la basura en chándal desde su atalaya de ser uno de los mejores centrocampistas de la historia es imprescindible. Tiene demasiado que aportar, también fuera del terreno de juego. Cualquier puesto en el organigrama del club (cualquiera) lucirá con él. Es difícil imaginarlo en horario de oficina pero debe quedarse entre nosotros, la idea de no verlo más en el club es lacerante. Toni, ahora que te vas, quédate. No digas que fue un sueño.
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El anuncio de la retirada de Toni Kroos ha sido un golpe inopinado en la mañana de una primavera que quizá por esto es aún fría. Las estaciones anticipan reumas y traumas que el ser humano ignora (o elige ignorar) al ver asomar por la esquina. La primavera, cálida y madridista por naturaleza, sigue destemplada, y hoy se ha mostrado inesperadamente desabrida.
La encrucijada entre corazón y mente se me hace ahora mismo insostenible. Estoy abatido, como cualquier otro madridista, pero sé que probablemente no deba estarlo. La grandeza y la dignidad de la ocasión deberían ser capaces de amortiguar la pena, porque el mejor jugador alemán de la historia —y un componente ineludible ya en el centro del campo de cualquier once histórico del Real Madrid— colgará las botas tras la final de Wembley y la Eurocopa, encontrándose en la auténtica cumbre de su carrera.
No se puede decir que no avisara, pero no esperábamos que el cabronazo se aplicara el cuento tan al pie de la letra. Hay un choque cultural aquí. Cuando un alemán dice que va a hacer algo es consecuente con su palabra, por mucho que los españoles, algo más fatuos y sensibles al bandazo sentimentaloide, interpretemos ésta como la mera expresión de una posibilidad no escrita en piedra. Pero ocurre que un alemán sí escribe en piedra, por mucho que nos resulte inaceptable que deje el futbol quien jugaba al fútbol mejor que nunca precisamente ahora, aquel cuya sabiduría y técnica balompédica tanto estábamos disfrutando justamente en este instante, y al que por tanto, como sucede con todas las cosas buenas de la vida, tantísimo necesitamos.
Hemos gozado durante casi una década de uno de los más grandes, a través de cuyas botas, con la ayuda de sus compañeros, hemos ascendido al sol tantas veces que sólo resta celebrar llorando
Pero en esa inaceptabilidad reside, precisamente, la belleza de este momento, que es la que crea un cóctel de lágrimas y orgullo de gusto tan agridulce. No estamos preparados para que alguien se adelante al declive de manera tan abrumadoramente chocante, pero toca abrazar lo sublime de este cuelgue de botas en la asunción de que es también, en los tiempos que vivimos, una bendita marcianada. El que no quiera o no pueda entenderlo y/o admirarlo, que lo respete al menos, porque ese respeto es lo menos que se merece no ya quien te ha hecho feliz, sino quien lo sigue haciendo hoy, quien lo intentará seguir haciendo el 1 de junio en Wembley, en una final que ahora se presenta con inevitables ecos de nostalgia precipitada. Cuando veamos el primer cambio de juego largo en dirección a Carvajal, sabremos que puede ser el último, o que no lo será sólo en tanto en cuanto pueda darse algún otro cambio de juego así en el espacio de esos noventa minutos. Nadie más hará eso nunca. Es demasiado abrumador. Voy a dejar de hacerme daño.
Lloremos, pero celebremos. Celebremos lo rigurosamente hermoso y edificante de esta despedida inaguantable. Celebremos como se celebra la vida, al principio, en medio y al final. Hemos gozado durante casi una década de uno de los más grandes, a través de cuyas botas, con la ayuda de sus compañeros, hemos ascendido al sol tantas veces que sólo resta celebrar llorando.
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Buenos días, amigos. Hoy estamos de cumpleaños. 9 años de Galerna, título elegido por nuestro editor, Jesús Bengoechea, para la pieza que celebra nuestro aniversario. Quienes formamos parte de esta bendito proyecto agradecemos que Jesús tuviese la idea de crear esta publicación, tan necesaria que en realidad había existido siempre, pero no nos habíamos percatado de ello hasta que él la puso en funcionamiento.
Queremos dar las gracias también a los otros tres socios de La Galerna: Ramón Álvarez de Mon, Emilio Athos Dumas y José Luis Llorente Gento, sobrino precisamente del responsable de nuestra denominación: D. Paco Gento.
La criatura cumple 9 años, está a punto de tomar la primera comunión, lo celebraremos almorzando unos sándwiches y unas mirindas antes de soplar las velas. Para desazón de aquellos que reducen el fútbol a un rebaño de obtusos zoquetes, en este tiempo ha alojado en sus páginas textos que van desde Antonio Escohotado a Andrés Amorós, pasando por una pléyade de colaboradores de los cuales estamos orgullosísimos y a quienes damos también las gracias. La Galerna. Madridismo y sintaxis. Las mejores firmas madridistas del planeta.
Celebrar es bueno, pero en su justa medida, porque la realidad nos arrolla y estamos aquí para comentarla. Nosotros teníamos la intención de hablar sobre la portada de As (de la de Marca no, pero os la pondremos al final), que elige a Güler y a Militao como protagonistas, y pretendíamos decir que estamos de acuerdo, que lo Arda es un disparate meteórico y que Militao aún está en proceso de alcanzar su mejor forma, normal, por otra parte, pero este hecho limita sus opciones de comenzar la final de Wembley como titular.
También teníamos intención de opinar sobre las portadas culés. La de Mundo Deportivo y su «Decisión final», otro titular que suena a telefilm de septuagenario actor decadente de acción con pelo teñido de Kanfort negro.
Tan decadente como este Barça, representado a la perfección por Jan Laporta, a quien lo único que le preocupa es que la afición despierte de su aborregamiento y le pida cuentas por su gestión, hecho que haría peligrar su presidencia, posición que le viene de maravilla para sus intereses personales. Por este motivo le sentaron tan mal las palabras de Xavi y, dicen, que ahora busca dinero para echarlo y contratar a otro. Lo vemos en la portada de Sport.
La verdad es que del Barça nos esperamos cualquier cosa, hasta que sus capitanes moviesen hilos durante la pandemia ante la UEFA de Ceferin con la connivencia de Rubiales para compensar con dinero europeo la bajada de sueldo que sufrieron porque la economía del club no estaba preparada para capear esta crisis.
Nos esperaríamos incluso que Messi y Piqué estuviesen en esas fechas preocupadísimos porque, durante unos meses, en lugar de cobrar tropecientos millones de ficha, iban a cobrar tropecientos partido por dos. Y, claro, a ver quién llega a fin de mes con la mitad de millones de euros al año. Nadie.
Teníamos, como decíamos, la intención de comentar estos temas cuando llegó la noticia. Como esto es un circo y cada día es un más difícil todavía, hoy, Teresa Gómez en The Objetive nos trae en exclusiva precisamente lo que acabáis de leer arriba: «Messi, Rubiales y Piqué negociaron con la UEFA el "desvío" de fondos para ciertos jugadores».
Messi, Rubiales y Piqué negociaron con la UEFA el "desvío" de fondos para ciertos jugadores: «Yo digo que es importante para nosotros tener a Messi y al resto con nosotros. Sólo cambiamos el destino y continuamos dando dinero a clubes jóvenes…».
La exclusiva de THE OBJECTIVE… pic.twitter.com/YiiydhbUs3
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) May 21, 2024
El Barça y los organismos deportivos nuevamente mezclados en otro asunto turbio. Geri y Rubi otra vez enviándose whatsapp para obtener un beneficio económico.
Estos seres amorales, en el fondo, son conscientes de su amoralidad, lo que ocurre es que solo rinden cuentas ante su dios, el dinero. Esta percepción queda patente cuando Rubiales le dice en un audio a Ceferin: «Nadie puede saber que estamos hablando del dinero, porque nos matan. Solo Piqué, Messi y nosotros».
Para dar una pátina de buena acción al pretendido apaño y que no cantase demasiado que Messi y Piqué buscaban como locos no ver mermado su millonario sueldo en una situación en la cual morían miles de personas al día, Rubiales escribe al máximo dirigente de la UEFA: «(Messi) Tiene miedo de que alguien sepa que nos hacemos cargo del salario de los grandes jugadores (…). También incluiremos el salario de los jugadores pobres». Vaya, menudo detallazo.
Los antimadridistas siempre han esgrimido aquello del mito del palco de Bernabéu, lugar donde, supuestamente, se diseñan y desde el cual se dirigen los designios del país, o lo de los hilos de Florentino. Pero la realidad se empeña en demostrar una y otra vez que los únicos hilos que de verdad existen son los que hilvanan la podredumbre reinante en el mundo del fútbol, protagonizada, una vez más, por el FC Barcelona, con Messi y Piqué como actores principales; la RFEF, con Rubiales al frente y la UEFA, representada por Ceferin.
Queda patente, una vez más, que en este fútbol podrido más de 115 veces el único club grande que se salva es el mejor de todos ellos, el Real Madrid. Y en La Galerna llevamos nueve años contándooslo. Aprovechamos para daros las gracias, porque, aunque suene a tópico, sin vuestra presencia esto no tendría sentido.
Pasad un estupendo día.
Esta semana se ha acabado la Premier y también el contrato de Raphael Varane con el Manchester United, antaño grande de Europa y hoy reconvertido en un vertedero industrial de lujo. El equipo ha acabado octavo como si se tratara de un Luton cualquiera a pesar de contar con dos multicampeones de Europa en su once titular. Varane y Casemiro se marcharon a Old Trafford en plenitud de facultades, vino madurado en la barrica del Madrid de las cuatro Copas de Europa en cinco años. En el caso de Casemiro, el brasileño llegó allí con cinco anillos en sus manos y portando la vitola del mejor medio defensivo del mundo, por no decir de la historia del fútbol mundial.
Ahora que el madridismo vive con el corazón encogido esperando si Modric y Kroos renovarán un año más o el de Wembley será su último partido con la camiseta blanca (algo me dice que lo que pase esa noche tendrá una influencia decisiva en su decisión) me he acordado de los grandes jerarcas que se fueron y en cómo, para despedir a Varane, leí a muchos hinchas mancunians en Twitter alabar su special mentality.
No sé lo que dirán acerca de Casemiro pero lo último que vi de uno de mis jugadores favoritos de siempre en el Madrid me pareció un gag de Benny Hill: fulanos de un equipo indeterminado de la Premier League pasando por su lado como si fueran Messi con veinticinco años y él trotando despreocupadamente por el verde igual que si saliera a correr por la mañana en sus vacaciones de verano. No quise ni quiero ver más porque soy un sentimental y cuando futbolistas que han corrido tanto mundo junto a uno se van del Madrid prefiero, para no sufrir, hacer como si se hubieran muerto. Eso y que, por qué vamos a mentir, el fútbol es un verdadero coñazo y más allá de los partidos del Real este juego, como todos los deportes, es insufrible y repetitivo.
El Real Madrid es un planeta con unas condiciones ambientales y atmosféricas que transforman el año de vida terrestre en diez. Puede que en eso consista el secreto de su éxito
Con el frame de Casemiro y los tuits de aficionados del United elogiando la special mentality de Varane me quedé pensando en el abismo que separa al Madrid de todos los demás. Asombra comprobar cómo futbolistas que salen del Bernabéu como superestrellas y leyendas de este juego terminan, en uno o dos años, reducidos a una caricatura de sí mismos. Varane y Casemiro han ido a Manchester a asegurarse un bonus dorado para la jubilación y sin embargo hace un par de años eran imprescindibles para ganar Copas de Europa.
En el Madrid, el rendimiento que ambos han ofrecido en Inglaterra sería motivo de reprimenda tumultuaria a la salida de los entrenamientos en Valdebebas, lo que antaño se llamaba, en castizo, correr a gorrazos. Kroos y Modric, por ejemplo, que son más viejos y llevan más kilómetros encima, siguen jugando a un nivel único en el mundo, hasta el punto de que la media hora de sabiduría y grandeza que tiene aún el croata en las botas vale por toda la trayectoria de Neymar, Haaland y Mbappé, y de que Kroos esté regalándonos el mejor fútbol de su carrera justo cuando esta parece llegar a su fin.
Considerando que Casemiro formó parte, junto con estos dos, del mejor centro del campo de la historia del Real Madrid, y que de eso no hace aún ni dos temporadas, yo empiezo a preguntarme si el quid está en la naturaleza prodigiosa de estos futbolistas o, en cambio, en el ecosistema propio del club.
El Real Madrid es un planeta con unas condiciones ambientales y atmosféricas que transforman el año de vida terrestre en diez. Puede que en eso consista el secreto de su éxito. Los demás se pueden cambiar el color de la camiseta, como el Leeds United, y jugar también de blanco, pero el entorno gravitacional madridista es el que crea formas de vida irrepetibles que conmueven y enmudecen al mundo. A lo mejor el nivel de exigencia tanto física como mental es tan salvaje que cuando los futbolistas abandonan la disciplina blanca dejan en la puerta la capa de superhéroe y vuelven a ser personas normales, de carne y hueso. Pues cuando el Madrid entra en trance hasta las flaquezas de sus jugadores son armas potenciales con las que encontrar la victoria. ¿De qué otro modo explicar que el chico impasible que fue suplente en el Valladolid y a duras penas portero titular en Segunda con el Oviedo, le parase un penalty a lo Panenka al magnífico mediocentro del City que había empezado la eliminatoria poniéndolo en ridículo?
A lo mejor el nivel de exigencia tanto física como mental es tan salvaje que cuando los futbolistas abandonan la disciplina blanca dejan en la puerta la capa de superhéroe y vuelven a ser personas normales, de carne y hueso
La historia del Madrid es la de unos hombres, a veces normales, a veces extraordinarios, casi siempre una mezcla de ambos, que creen en un destino compartido y sublime. Creen en ello de manera obsesiva y se lo toman como una cuestión de vida o muerte porque todo lo relacionado con este club está envuelto en un sentido de trascendencia que es obvio hasta para un niño de cinco años. Imagino que salir del Madrid debe sentirse como aterrizar en la Tierra después de haber pisado la Luna. Nada es igual, nada puede ya serlo. ¿Cómo se motiva uno después de haber sido el rey del mundo? Después del Madrid sólo queda ganar dinero, que es algo tan vulgar que puede hacerse en Inglaterra, Miami o Arabia Saudí.
Todos, hasta Cristiano, han parecido, con otra camiseta, jugadores menores, inferiores al resplandor infinito que dejaban a su paso por los campos de Europa vestidos de blanco. Eso lleva a admirar todavía más a Modric y Kroos, dos partículas elementales de la divinidad. Fuera del Real habrían sido extraordinarios jugadores de época. En el Madrid, que es, como decía el crítico don Modesto de Madrid para la tauromaquia, la Capilla Sixtina del balompié, los dos han escrito la Enciclopedia de esta tragedia representada por veintidós hombres en manga corta y una pelota de cuero: Modric como el papa y Kroos como el papa negro. Casemiro, que fue el Secretario Cardenal de ambos sumos pontífices, es la última prueba viviente de que el fútbol empieza y acaba en Chamartín. Lo demás, por mucho que les joda a los antis, es otra cosa.
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21 de mayo. Se cumplen 9 años del día en que La Galerna echó a andar. Ha sido contado muchas veces: nos acababa de eliminar la Juventus con gol de Morata, y en pocos días tuvimos que contar un muy negreiro triplete culé. Ya no habría más de esos, o no hasta la fecha. Fue como si nuestro arrojo, lanzando el producto cuando pintaban bastísimos, hubiera sido premiado por el destino con la inmediata ruina deportiva del rival, sin menospreciar sus propios méritos al respecto.
A cambio, al poco tiempo, empezamos a contar éxito blanco tras éxito blanco, hasta el punto en que el día 1 podemos narrar la quinta Champions galernauta de la historia. No lo diremos mucho por si acaso, pero sería la primera final de la máxima competición continental que le gafamos al Madrid en lo que va de existencia. También hemos contado ligas, copas y otros títulos. No le ha ido mal al objeto de nuestros desvelos desde que empezamos a analizar y celebrar —parecen cosas casi antitéticas aunque en La Galerna coexistan— todo lo que tiene que ver con su pasado glorioso, su presente de dicha y su futuro prometedor. No le va mal al Madrid desde que existimos, ni en la sección de fútbol ni en la de baloncesto.
¿Coincidencia? No lo creo. O sí, pero nosotros lo vivimos como si no lo fuera, enganchados a la insensata creencia tácita de que al Madrid le irá mejor cuanto mejor hagamos nosotros nuestro trabajo. Nunca lo hemos verbalizado así, que yo recuerde, pero así lo sentimos. La inversa tampoco es descartable, cuidado. Si el día 1 de junio a los de Ancelotti les da por sellar la 15, estarán brindando implícitamente por un futuro refulgente de nuestro medio, poniéndolo a salvo de argumentos de antis y avinagrados. Quid pro quo.
vivimos enganchados a la insensata creencia tácita de que al Madrid le irá mejor cuanto mejor hagamos nosotros nuestro trabajo. Nunca lo hemos verbalizado así, que yo recuerde, pero así lo sentimos
9 años dan para mucho, y en la intrahistoria laten peripecias vitales propias de un dignísimo making-of o documental al uso. Hemos crecido en lectores y prestigio, tratando de hermanar pasión y calidad, alma y sentido común. Madridismo y sintaxis. Hemos acogido casi trescientos textos futboleros de Escohotado, dando espacio a otras grandes plumas también. Hemos sido inclementes contra la corrupción del fútbol español, las sospechas de la cual ya adelantamos durante años, lamentando después que las pruebas nos dieran la razón. En crudo contraste con esa denuncia —a la que hemos aplicado la lente del sarcasmo más que la del exabrupto siempre que no nos han fallado las fuerzas—, nos hemos empeñado también en el elogio a un equipo y un club que, salvo en momentos y áreas muy concretas, no ha hecho más que merecerlo. Hemos entrevistado a Gento, Roberto Carlos, Arbeloa, Butragueño, Míchel, Hierro, Nacho, Santamaría, Javier Marías, Juan Luis Arsuaga, Losantos, Rubalcaba, David Summers, Calamaro, George Karl, Pablo Laso, Sabonis… Las entrevistas de La Galerna tienen un sello galerna que las hace especiales, incluso cuando sus protagonistas no son tan célebres como los mencionados. No hay muchos productos exclusivos que no sean caros. Voy más lejos: no hay casi ningún producto exclusivo que sea gratis. Ahora mismo, sólo se me ocurre La Galerna.
No hay casi ningún producto exclusivo que sea gratis. Ahora mismo, sólo se me ocurre La Galerna
Todo esto suena arrogante, ya lo sé. Tan inevitablemente arrogante como ser del Real Madrid, o como celebrar dos (de momento) Galas de Premios de enorme éxito que se están consolidando como los Óscars del madridismo o algo similar. Un pequeño evento capaz de iluminar medio planeta tierra, la mitad más blanca.
Hacer La Galerna es enormemente estimulante, pero también es agotador. Resulta difícil predecir cuántos años más podremos continuar. Por continuar entendemos poder seguir siendo lo que somos, no ser otra cosa bajo el mismo nombre, futuro que procuraremos esquivar. Somos conservadores en ese sentido, sin que esto implique dejar de crecer mediante vías que no contaminen la esencia. Es obvio que ni siquiera yo sé del todo lo que quiero decir con esto. Ayudadme a desentrañarlo.
Gracias a mis socios Ramón Álvarez de Mon, Joe Llorente Gento y Emilio Athos Dumas. Gracias a Paco Sánchez Palomares y a quienes le precedieron. Gracias a todos los colaboradores, artífices de esta bendita realidad. Y gracias a vosotros, queridos lectores. Seguimos. Mientras haya un madridista y alguien que sea capaz de poner en su sitio las tildes y los signos de puntuación, trataremos de seguir. Lo segundo se antoja mucho más difícil que lo primero. Existe una Inteligencia Artificial que tal vez algún día facture una Galerna desprovista de alma. Cuando la consumáis, porque vosotros también estáis enganchados y os costará dejarlo, recordad esta Galerna con cariño. Sé que lo haréis.
Hala Madrid.
Iba a empezar la segunda parte ayer y llamó el vecino. ¿Está el perro con vosotros? El tío había decidido darse un garbeo, el perro, y nos quiere mucho. No, no estaba. Apareció poco después, por cierto. El caso es que volví a la tele unos diez minutos después y arriba, a la izquierda, el marcador ponía 4-4.
Moví el aparato: se ha vuelto tonto. No se movían los números. Lo apagué. También el router. Lo volví a enchufar… y nada. 4-4. Eché el partido para atrás y sí, en efecto, 4-4. El muchacho Sørloth, convertido en Van Basten, Ronaldo I y II, Hugo en un solo hombre. Sólo acerté a mascullar coño. Es una palabra mágica pues lo define todo. Coño.
No me lo esperaba. El 4-4, que el Madrid metiera cuatro en la primera parte ni que palmara 3-0 en la segunda. El Madrid siempre sorprende. Sí pensaba que no perdía. Ganaba, que es lo clásico. Quizá empataba. El Villarreal tiene chispa arriba y el plan del Madrid es el que es.
Además jugaba Güler y eso es salir 1-0 a favor, el tío marca siempre. No recuerdo una cosa igual en cuanto a números. Cuentan que ha jugado 325 minutos en la Liga y anotado seis goles. Más una asistencia, un penalti provocado, un palo y le faltó un dedo para marcar desde el centro del campo en Pamplona.
Pasó lo que pasó: nada. Algo ‘sospendente’ diría el añorado presidente Núñez, eso sí. Pero nada tendrá que ver lo de ayer con Wembley donde el Madrid puede perder, claro, pero no mirando al tendido. Tranquilos. Sí, fue una colleja, y acostumbran a ser mano santa. Experiencia propia. Recuerdo aquello de ¡nene, atento! Y colleja. En todo, y el fútbol no es excepción, si te despistas, miau.
Lo de Villarreal fue una colleja, y acostumbran a ser mano santa. En todo, y el fútbol no es excepción, si te despistas, miau
Igual el despiste fue inevitable. Caminaba el Madrid con tres al Barça, dos al Bayern, cuatro al Granada, cinco al Alavés… ¡al rico chupón caramelo! Jugara el equipo A, el B o el YZ. Y se presenta en La Cerámica y en medio tiempo mete cuatro. Pensarían los muchachos que, con salir, otros dos más metían. O tres. El caso es que brindaron diez minutos, los del perro ausente, sencillamente apoteósicos.
Buena colleja también porque ese camino triunfal se adorna con la etiqueta de favoritísimo desde que se conoció la final. El Madrid gana seguro, se escucha. Y no es verdad que gane seguro ni le ha pasado nunca que Los Sabios le den ganador en una final. Ni cuando Di Stéfano, Cristiano y cía. Siempre dijeron que el rival era mejor o mucho mejor. Incluso muchísimo mejor. Lo que seguro le ayudó a salir con las antenas muy desplegadas: ojo, dicen que no ganamos ni en broma. En Cardiff, Kiev, París. Todo así desde la Primera. Por cierto. Hoy cumplen años Casillas y la Séptima. ¿Ven? La Juve de Zidane le iba a meter tres, cuatro o veinte al Madrid. Un año más, mi sentido pésame.
Juegas 90 minutos o te embolicas. Eso por definición. Y yendo al 1-J Kroos alertó muy bien del peligro borussio. Acabaron primeros en un grupo con PSG, Newcastle y Milán y tumbaron después a PSV Eindhoven, Atleti y PSG. No fue el suyo un camino plano precisamente. Y ahí están. ¿Que el Madrid es más? Lo es el de la primera parte de ayer, y otras. No el de la segunda. Con la gorra no se gana a nadie. Importantísimo que la cosa acabó sin un rasguño.
Lunin se llevó los cuatro. Con dos porteros hubiesen entrado igual. El sábado jugará Courtois pero aquel sigue jugando. Damos por hecha la titularidad del belga en Londres. Pero si necesita minutos, ayer no los tuvo. Estaré tranquilo juegue quien juegue. A ver.
¿Mucha competencia va a tener Güler? Ya. Y sus compañeros con él. Este chico va a ser mejor cada mes de vida
Al que Ancelotti le convendrá tener cerca es a Güler. Juega como un ángel y al gol le habla de tú. Otro que tal: si lo pusiera de entrada no me alarmaría precisamente. Estamos ante una cosa muy seria, ante un futbolista para quince años en el Madrid. Nada de cederle por ahí no sea que lo estropeen. ¿Mucha competencia va a tener? Ya. Y sus compañeros con él. Este chico va a ser mejor cada mes de vida.
Por lo demás la semana pasará esperando la reunión entre Laporta y Xavi. Deberían comunicar la decisión el día del Madrid-Dortmund, en plan contraprogramación salvaje. Sobre las ocho de la tarde. Programas parados, Europa pendiente de la cosa. Respiraciones agitadas. Con Wembley conectarían sobre las diez si se va Xavi, en el descanso más o menos. Si se queda, la final tendría un amplio resumen en el informativo de las doce. Del mediodía siguiente, digo. Sí, sí. Pinta que le van a despedir por hablar. En fin…
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Buenos días. Quien más quien menos ayer, a eso de las nueve de la noche, cuando finalizó el desarbolado y caótico 4-4 del Real Madrid en La Cerámica, se deshizo en cábalas para tratar de encajar a Arda Güler en el esquema futuro del Madrid. No tiene sitio, pero hay que buscárselo. El partido fue una exhibición seguida de una siesta, como sintéticamente tituló su crónica Ramón Álvarez de Mon. La fase de exhibición llegó de la mano del joven turco, que incluso se las apañó para brillar en la de siesta mientras algunos compañeros, sobre todo en la zona de la zaga, alcanzaban la fase REM, que además es un mítico grupo musical norteamericano. Man on the Moon, de hecho, es un clásico que Michael Stype y sus compañeros, con envidiable capacidad profética, dedicaron al partido que Militao llevó a cabo ayer.
El brasileño, en efecto, demostró que le falta forma para poder ser titular en Wembley. "Faltan dos semanas", arguyó Ancelotti, para no descartarle de dicha titularidad. Todo hace intuir no obstante que en ese puesto, en la final, jugará Nacho, de manera harto merecida. La otra opción podía haber sido Tchouaméni, pero su lesión, según se supo ayer, le descarta para la magna cita del 1 de junio.
Con todo, la sensación del momento es el hombre que As trae a su foto de portada, y ese no es otro que Arda Güler, que cuenta sus escasas apariciones por goles o asistencias, sus tiros a puerta por goles o palos y sus controles orientados por suspiros de admiración. Le das tres euros al chaval, le dices que baje a por el pan y por el camino le mete gol a Jörgesen. Y vuelve con el pan, claro, a menos que no le hayas dado tres euros, en cuyo caso la manda al larguero del Sadar desde Ankara para dejar claro que él más no puede hacer para convertirse en una de las estrellas indiscutibles del Real Madrid. Ni por traerte el pan.
¿Qué hacemos con Güler? ¿Qué sitio le buscamos? En la parte alta del triángulo tenemos a Bellingham o en su defecto Brahim, y por arriba tenemos al propio Brahim o a Rodrygo. (Hablamos de la próxima temporada, aunque los más atrevidos lo harán pensando incluso en Wembley). Parece ser que en el club se piensa en él como el próximo Luka Modric, pero se antoja una posición demasiado retrasada para él. "Tiene que jugar cerca del área", advirtió Ancelotti. Se le ven muy buenas maneras lejos del marco rival también, pero ¿cómo no estar de acuerdo con Ancelotti cuando el chico ha metido ya tantos goles como Lamine Yamal, sólo que con 1700 minutos menos (atinado apunte de Paul Tenorio)?
En el portanálisis no somos de adentrarnos en laberintos tácticos, pero el resto de portadas del día son aburridísimas y nos vamos a permitir ejercer el panenkismo. ¿Es Arda Güler un Modric 2.0, o es más bien un Messi para el segundo cuarto del siglo y sin la alfombra de Negreira?
¿Es Arda Güler un Modric 2.0, o es más bien un Messi para el segundo cuarto del siglo y sin la alfombra de Negreira?
Una opción sería retrasar a Bellingham a la posición de interior, donde por lo demás jugó con gran éxito en el Dortmund, y situar al turco en la posición más ofensiva que hasta la fecha ocupaba el inglés. Perderás algunos de los muchos goles que, con su prodigiosa llegada, está marcando Jude, pero a cambio añadirás los de Arda, que a juzgar por el ratio de goles por minuto jugado que muestra hasta la fecha será pichichi sin excesiva dificultad. También puedes hacer lo contrario, dejando a Jude donde está ahora y dando galones a Güler en el centro del campo, pero se intuye un cierto desaprovechamiento de sus condiciones ofensivas.
Bendito y endiablado puzzle, al que se unen las variantes ofensivas de Brahim o Rodrygo (ya aquí) y las inminentes de Mbappé y Endrick. Es una barbaridad el Madrid del futuro, un bloque diseñado para conquistar varías Champions más en la próxima década, amén de reinar en España si no se pone demasiado fiero su único rival de entidad en el campeonato doméstico: el Comité Técnico de Árbitros.
El que avisa no es traidor. El resto de primeras planas son un aburrimiento. La de Marca está dedicada a Sørloth, pues no en vano hablamos del diario de todas las aficiones, incluyendo las nórdicas, y las portadas cataculés relatan el penoso deambular de su equipo en pos de la segunda plaza, con Xavi en el alambre y Laporta ingresando en una cuenta personal de los miembros de su junta emolumentos que son para el club.
Pasad un buen día.