Con la Guardia Civil instruyendo el peor y más grande caso de corrupción deportiva del fútbol mundial, el Fútbol Club Barcelona-Negreira, dio comienzo una temporada más de la charca tebana que lleva por nombre LaLiga EASports: buen nombre, porque cada vez más se parece un videojuego, en el caso del partido de Son Moix del domingo, a aquel mítico Street Fighter con el que de chavales nos echábamos gloriosas partidas. El Madrid de Vinícius, Bellingham y Mbappé halló en Palma de Mallorca la prueba manifiesta de lo que le espera hasta finales del próximo mes de mayo: patadas, puñetazos, penaltis no pitados, acoso atmosférico aberchale, una realización televisiva del partido flagrantemente sesgada, rivales en ebullición espasmódica con permiso para pisotear el reglamento, así como los gemelos y los tobillos de Vinícius… En general, el partido fue un aquelarre, pero nada que no esperásemos. Es lo mismo de siempre, multiplicado por siete veces siete. Con Mbappé, todo va a adquirir una dimensión desmesurada, insoportable.
La plantilla, esa es la verdad, es demasiado corta para plantar cara con dignidad a tantos partidos así. En la primera parte, el Madrid pudo golear de puro aplastamiento. Tanta era la superioridad de los cuatro de arriba, sujetos por Valverde, Tchouaméni y los centrales, que no cayeron más goles porque los delanteros se engolosinaron en un street soccer de fantasía por completo ineficiente. En la segunda parte, con la caraja, el cansancio y el navajeo local amparado por el hampa arbitral, el equipo de Ancelotti pudo hasta perder. Tal fue el disparate, que no desastre, como he leído por ahí. Porque, por supuesto, el empate final y la sensación de hastío y frustración que quedó como poso disparó las tonterías, de las que en Twitter se dijeron millones.

Pinchazo en Mallorca, tituló el lunes el AS, con la gracia prisaica de costumbre. Pinchazo el que le dio Maffeo a Vinícius con total impunidad, sin que pasara absolutamente nada. Se vio desde la primera jugada que el zascandil catalán, héroe popular por aclamación del antimadridismo, estaba sobreexcitado cual groupie de Puigdemont en su furtivo advenimiento a Barcelona el otro día. Era, qué duda cabe, su día. Su agresión a Vinícius, por detrás, con alevosía, cobarde y rastrera, fue la guinda a un partido sucio y feo en el que el Madrid, a pesar de esperarlo, no supo imponerse y debió hacerlo. Al fin y al cabo, esto es lo que se va a encontrar en cada salida a domicilio.
La agresión de Maffeo a Vinícius, por detrás, con alevosía, cobarde y rastrera, fue la guinda a un partido sucio y feo en el que el Madrid, a pesar de esperarlo, no supo imponerse y debió hacerlo. Al fin y al cabo, esto es lo que se va a encontrar en cada salida a domicilio
La plantilla es cortísima. Faltan un central y un mediocentro de repuesto, qué menos que uno de los dos. Hay Liga, Copa, Supercopa feminista en Arabia, Intercontinental antes de Navidad y Supermundialito fifo después de Reyes, por no mentar la Copa de Europa, que si no se llega a semifinales, como poco, arderá naturalmente Troya. ¿Qué cuerpo aguanta todo esto? Irán entrando, por pura necesidad, Vallejo, Fran García, Ceballos, Güler y Brahim, pero otra cosa es que sean suficiente en las noches con ene mayúscula, en los meses de enero y febrero, cuando la ascensión al Tourmalet es una rampa diabólica, y en los tres o cuatro momentos trascendentales de cada temporada en los que las lesiones, sanciones y picos de rendimiento determinen el resultado de toda la campaña.

Bien es verdad que, ¿a quién fichar? No es que haya en el mercado algo parecido a un Kroos, es que no hay nada que mejore lo que ya se tiene. Si acaso, la cosa estaría en encontrar reemplazos de garantías, a ser posibles buenos, bonitos y baratos, dada la política florentinista con respecto a la famosa, antaño, “clase media”. También convendría hablar de un jugador como Tchouaméni, al que se trajo poniendo ochenta millones encima de la mesa, como si no costaran, bajo el cartel pomposo de “talento generacional”. Cada partido que pasa Tchouaméni se hace más invisible. Si de central dio una versión razonable, en el centro del campo es más poroso que el sistema FRONTEX. Ni compacta la “transición defensiva” del equipo, ni influye para que la zona de máquinas gobierne sin fisuras el tempo de los encuentros, ni su presencia es incontestable como era la de Casemiro.
Tchouaméni es un magnífico frontón ideal para el juego en horizontal, aunque a veces, es verdad, se despliega en el pase en largo con magníficos envíos de treinta o cuarenta metros. Pero se despliega demasiado poco y, pese a su envergadura, tampoco domina el espacio aéreo en ataque o en defensa. Las coberturas laterales también dejan que desear, aunque eso es un mal endémico en el Madrid desde que yo lo conozco, o sea, los tiempos de Roberto Carlos y Salgado. Como el jugar con dos pretorianos que abarcan hectáreas desde su posición es una tradición ya en el Madrid, la de los centrales omnímodos, es inevitable que a sus espaldas, a poco que desafinen, surjan grandes llanuras. Tchouaméni es un futbolista ecosostenible ideal para estos tiempos de suma igualdad física y técnica entre todos los grandes equipos, pero en él hay poco de diferencial, al menos en lo que hemos visto hasta ahora.
Todo en la liga española está concebido para penalizar al máximo cada error propio del Madrid, sin contar con el fraude sistémico, que va desde la permisividad arbitral y la trampa del videoarbitraje hasta las decisiones sobre el calendario o la propaganda servil y enconada de la prensa
Huelga decir que este nuevo Madrid de Ancelotti está en proceso de reajuste. Debe aprender a jugar de otra manera y acabará haciéndolo, bien con una versión actualizada del Di María interior de 2014 en la figura de Arda o bien de cualquier otra manera. Entre medias, hay que ganar los partidos. Todo en la liga española contemporánea está concebido para penalizar al máximo cada error propio del Madrid, sin contar con el fraude sistémico, que va desde la permisividad arbitral y la trampa del videoarbitraje hasta las decisiones sobre el calendario o la propaganda servil y enconada de la prensa de provincias. Más que dura, la temporada será un coñazo. Las defensas cerradas serán lo de menos. Habrá que tener paciencia, pues al fin y al cabo ya estamos en el momento histórico del postfútbol, y todo lo que pudo ser hecho fue hecho. Por el Madrid. En esta nueva fase nos adentramos en lo desconocido, que es la lucha contra uno mismo. Y contra el aburrimiento.
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El fútbol es el reducto de irracionalidad de millones de personas. En el ámbito del balompié rigen las emociones y la razón queda relegada a un papel secundario. El instinto toma el control y durante los partidos no es extraño que uno se comporte como un niño, le grite a la tele, anime aunque no le oigan, les dedique cariñosas palabras a los rivales y recrimine los desaciertos a los jugadores propios con vehemencia.
La enajenación mental transitoria no termina cuando concluye el encuentro, se prolonga un tiempo, variable en cada sujeto. Si nuestro equipo gana, el optimismo se dispara. Si pierde, lo hace el pesimismo. El estado de ánimo resultante afecta a los demás ámbitos de la vida. Tras una victoria, uno ve más cerca la resolución de ese problema acuciante que lo inquieta. Después de un mal resultado, todo parece venirse abajo, el arnés anímico que supone la buena marcha de nuestro equipo se rompe y el vértigo existencial aumenta.

Que el fútbol sea capaz de provocar mareas personales en más de medio mundo no es sino síntoma de su propia grandeza, por eso es tan importante —pese a quienes pretenden ningunearlo— y, como consecuencia, mueve cantidades ingentes de dinero. El fútbol magnifica todo.
Si a esta obvia disertación se añade una no menos evidente verdad: que el Madrid es el mejor y más importante club de fútbol, se obtiene la tormenta perfecta: la hipérbole madridista. La hipérbole madridista es la sublimación de la exageración provocada por el fútbol. Para bien y para mal.
Este fenómeno es difícilmente mesurable porque los parámetros son diferentes en cada individuo, la importancia que cada uno asigna a un buen o a un mal resultado es muy dispar. Desde un leve alborozo/enfado a un subidón/cabreo ciclópeo que repercute en el entorno familiar, laboral, etc. de esa persona.
La hipérbole madridista es la sublimación de la exageración provocada por el fútbol. Para bien y para mal
Vista con perspectiva, la trayectoria del Madrid durante, al menos, la última década es difícilmente mejorable. No es cuestión de volver a enumerar los títulos ganados o ponderar la salud institucional y económica del club. Tampoco es necesario recordar el palmarés de Ancelotti. Sin embargo, un mal partido como el de ayer, que ni siquiera se perdió, es suficiente para desatar la hipérbole madridista, versión borrasca.
Un empate a mediados de agosto en el debut liguero ante el Mallorca en Son Moix basta para suscitar reacciones cercanas a la enmienda a la totalidad. Lo más curioso es que ese «todo mal» de hoy era un «todo magnífico» horas antes. El ánimo de un sector de la afición es más volátil que el precio del petróleo en medio de la incertidumbre causada por un conflicto geopolítico.
Con independencia del criterio de cada cual, es innegable que hay cuórum respecto a que la dirección técnica de Ancelotti contra el Mallorca fue mala. A los aficionados nos cuesta comprender que con la calidad y cantidad de la munición disponible en el banquillo el técnico no realizase cambios antes. El equipo no estaba funcionando y llevar a cabo las sustituciones apenas dos minutos antes del noventa no parece la solución óptima para revertir la situación.

La crítica no solo es recomendable, sino necesaria. Y que Ancelotti sea el técnico más laureado del club junto a Miguel Muñoz no le exime de recibirla. El Real Madrid no sería lo que es sin la exigencia de todos los que lo integran, desde directivos hasta aficionados. La autocomplacencia es el camino más directo al fracaso.
Lo que no parece tan recomendable es descargar con crueldad la inevitable frustración que provoca un resultado negativo contra empleados o responsables del club con una trayectoria ejemplar por una mala actuación. Es decir, lo chocante no es la crítica, sino el grado despiadado de la misma, que alcanza lo personal en ocasiones. Puede justificarse por la emoción del momento, pero hay reacciones que si no hay algo preocupante dentro de uno no se producen.
La volatilidad anímica de parte de la hinchada es desconcertante, su opinión sobre el equipo es tan estable como un papel de fumar suelto en la playa de Tarifa. La crueldad mostrada por algunos con jugadores y entrenadores responsables de quizá el mejor momento histórico del club es inquietante, si alguien es cruel en un ámbito de la vida existen más posibilidades de que lo sea en otro. También da que pensar que estas actitudes sean muy aplaudidas en redes sociales.
Una parte del madridismo se pasa la temporada exigiendo medidas drásticas ante los problemas, despidos sumarísimos tras un mal partido, contrataciones de jugadores que un par de años después nadie sabe dónde juegan. La gestión del club se caracteriza por todo lo contrario. A la vista de los resultados, no parece muy complicado deducir cuál es la postura más recomendable.
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Buenos días, amigos. Como por desgracia sucede cada vez con más frecuencia en esta bendita sección, las portadas del día no hablan en absoluto de lo que deberían hablar.
La noticia no es que el Madrid empatara a uno en Son Moix tras desinflarse lamentablemente en el segundo tiempo sin que Ancelotti reaccionara al respecto (podéis leer la crónica de Genaro Desailly), sino que el Tinglao ha vuelto en plena forma tras las vacaciones de verano, y con él una de sus máximas estrellas, el infausto colegiado Soto-habéis-tenido-noventa-minutos-para-marcar-un-gol-Grado, que ofreció un recital de descaro sólo a la altura de los más eximios representantes del negreirato.
Junto al colegiado del encuentro, volvió a "brillar" con luz propia el ala tecnológica del Tinglao, con el realizador Óscar Lago al frente. Gracias a las imágenes de estraperlo de Twitter, sabemos que hubo un penalti como siete casas y media, con agarrón y derribo, a Militao en el primer tiempo. La regla, expuesta con dolorido sarcasmo por Twitter Madrid, cada día parece más clara: si Óscar Lago no da ninguna repetición, es que ha sido penalti a favor del Madrid.
Correspondiendo como corresponde la realización de los partidos a la misma empresa que suministra las imágenes del VAR a los colegiados, y siendo esta una empresa cuyos dirigentes lo son también de filiales del Barça y son avalistas de Laporta, cabe preguntarse si las imágenes del penalti a Militao, además de ser escamoteadas al espectador, son también birladas a los colegiados responsables del vídeoarbitraje. Así de opaco y así de grave es el tema en esta liga de cochambre de Javier Tebas.
Liga de cochambre que tiene en los árbitros corruptos de Medina Cantalejo su elemento estrella. Además de hacer caso omiso del penalti a Militao, Soto Grado ignoró una expulsión flagrante del miserable Maffeo, que clavó sus tacos en el gemelo de Vinícius, y se inhibió en una arrancada de Mbappé que fue frenada en ¿falta? ¿penalti? por el propio Maffeo cuando ya se internaba en el área para marcar gol. Una vergüenza.
Esto acaba de empezar y estamos hasta donde estamos.
Os dejamos con las inservibles portadas del día.

El Madrid de hace dos años. El Madrid y lo demás...
Pues sí, señores y señoras. El estreno en la Liga llegó con una sorpresa y una confirmación. Sorpresa fue que el Madrid no ganara en Palma ante Nadal padre e hijo, Rudy y primogénito y gente común. Confirmación, que los arbitrajes no cambian. Rejuvenecí dos años, la cosa me recordó aquella Liga post-Mundial. El equipo se fue diluyendo, los arbitrajes acabaron sacándole de pista.
¿Debe el Madrid ganar sí o sí al Mallorca y a todos? ¡Nooorrr! Hay que buscarlo, merecerlo. No vale ser mejor, que lo es. No gana la camiseta, ya saben. Y esta vez lo buscó poco, y mal, y merecer los tres puntos... Eso no se le ocurre ni al presidente de la Peña Ramón Mendoza. Empatito y vas que ardes.
En contra de lo acostumbrado, fue un Madrid entre apático y errático. Irreconocible como aquel al que le costaba Dios y ayuda resolver los partidos. Un Madrid fastidioso. Levante la mano quien tras el rápido 0-1 no intuyó una noche tranquila y feliz. Marcó Rodrygo, faltaban los goles de los otros dos. O de cualquiera, Rüdiger casi lo hizo. Con otro golito, normalmente ñaka. Fue el rato, poco, de superioridad que no supo reflejar en el marcador pues se convirtió en un Madrid cangrejo que, de pronto, se puso a caminar para atrás. En el juego y en el tiempo.

La recta final del primer tiempo dejó señales alarmantes. Nada más volver empató Muriqi. Se lo contará a sus nietos. ¿Sabéis? La noche del estreno de Mbappé en España metí un gol de cabeza a la salida de un córner, pues no me marcó nadie. Los nietos se descojonarán, claro. Que en un córner te sorprenda Carvajal, pues bueno. Pero Muriqi...
Como he preguntado y en Valdebebas hay vídeo, y el ariete mallorquinista lleva aquí cierto tiempo, fue dejadez y empanada blanca, no desconocimiento. Al rato volvió el hombre a cabecear tan ricamente, la diferencia estuvo en que remató desde más lejos y centrado. Le sale a un lado y para qué las prisas.
¿Debe el Madrid ganar sí o sí al Mallorca y a todos? ¡Nooorrr! Hay que buscarlo, merecerlo. No vale ser mejor, que lo es. No gana la camiseta, ya saben
La cosa se fue poniendo tan rara que me dio la impresión, celebraría coincidir con ustedes, de que flotó el sofocón del 2-1. Que ni jugando ocho horas volvía a marcar el Madrid, pues el rival defendía bien y salía con tino y sentido, y las fue teniendo. Y las luces blancas, las de todos, estaban bajo mínimos. Y no había pilas a mano. O sí las había, pues todas las luces tienen recambio, pero no las buscaron.
El banquillo también se apagó, sí. Arrasate acabó metiendo a Larin, un delantero, y refrescó la zona caliente del medio campo mientras a Carletto se le iba yendo la hora. Con ese banquillo, oigan, no es razonable hacer tres cambios en el minuto 87 y con semejante panorama. En el Bernabéu es probable que te salga y uno de ellos meta el gol sin ponerse a sudar. Pero fuera... Vamos, que no hubo por donde cogerlo.

Y los arbitrajes. Vuelta al pasado, o sea a lo de siempre. Me molesta insistir en lo obvio: no pasa porque sí. Bastó con la primera jornada para salir de dudas. El alma cándida que lo necesitara, digo. Cubarsí/Valencia, Maffeo/Palma. Y la falta a Mbappé nada más empezar. Cabalgada, rival que no llega: derribo. Entrando en el área y luego, algo clamoroso. Una falta, sólo eso, dio idea de por dónde sigue yendo la cosa. Aquella Liga otra vez.
Rejuvenecí dos años, la cosa me recordó aquella Liga post-Mundial. El equipo se fue diluyendo, los arbitrajes acabaron sacándole de pista
Como se lo saben, les ahorro detalles. Malo uno, peor lo otro. Una tarjeta como la de Mestalla te la comes porque quieres, pues falta pitaste. Luego viste la jugada. La agresión a Vinícius acabó con tarjeta para el entrenador local. Un trompazo al gemelo del rival, por detrás, pura alevosía. Marcando los tiempos. Voy, apunto, golpeo. Ni árbitro ni VAR ni ná. Primera jornada y quedan 37: fantástico.
Inesperado fue el partido del Madrid, no lo otro. Lo primero puede explicarse con aquello de que un día fatal lo tiene cualquiera, OK. Y que con más aceite todo funcionará mejor. Pongamos que sumó un punto y no que perdió dos. Pero el toquecito se lo llevó. Tremendo fue vivir aquellas sensaciones casi olvidadas. La Liga antipática otra vez. Y no, no sólo porque el Madrid no ganara...
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-Courtois: Paradón en el primer tiempo. APROBADO ALTO.
-Carvajal: Falto de fuelle como todos. APROBADO.
-Mendy: Muy sólido. Estropeó su actuación con la innecesaria entrada final. APROBADO.
-Rüdiger: Firme, sacando el balón con soltura y hasta incursionando con peligro. NOTABLE.
-Militao: Aceptable partido. APROBADO.
-Tchouaméni: Gris. APROBADO.
-Valverde: Tan voluntarioso como impreciso. Desfondado en el segundo tiempo, como todos.APROBADO.
-Bellingham: Bien en el primer tiempo, detalles en el segundo pese a estar eso, desfondado. APROBADO.
-Vinícius: De más a menos. Enorme primer tiempo, más flojo, aunque siempre amenazante, en el segundo. APROBADO ALTO.
-Mbappé: Buenos detalles, pero aún no está a tope. APROBADO.
-Rodrygo: Excelente primer tiempo, con gol incluido, después como el resto. APROBADO.
-Modric: Poco relevante esta vez su aportación. APROBADO.
-Brahim, Lucas Vázquez, Güler: Sin tiempo, incomprensiblemente.
-Ancelotti: Incapaz de reaccionar pese al evidente desplome físico del equipo. Le queremos con toda nuestra alma. Nos duele más a nosotros que a él este SUSPENSO.
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Arbitró César Soto Grado del colegio riojano. En el VAR estuvo Javier Iglesias Villanueva.
Pasan las temporadas pero hay cosas que no cambian. Soto Grado es un botarate integral. Un árbitro que recrimina a Vinícius porque está animando a la grada en la que se encontraba su afición. Ese es el nivel.
Los primeros 20 minutos del colegiado fueron escabrosos. No había faltas a Vinícius ni tampoco una de Maffeo a Mbappé que estaba al límite del penalti. Al menos era falta fuera del área. Solo amonestó a Maffeo por una acción feísima a Vinícius al pisarle el gemelo por detrás con toda la intención. Jugada muy peligrosa que pudo ser expulsión de haber más intensidad en el pisotón. Además, en ese momento también amonestó a Arrasate por protestar.
En la segunda mitad se pidió un penalti por mano de Maffeo que no es punible al venir de rechace de un compañero, y hubo otro posible a Militao por agarrón, pero nos hurtaron las repeticiones. En la última jugada del partido fue expulsado Mendy por una entrada dura a Muriqi a una altura peligrosa. También debió ver amarilla Samu Costa por reiteración en sus faltas.
Soto Grado, DEFICIENTE.
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Fruto del absurdo inmovilismo de su técnico, el Real Madrid se ha dejado los primeros dos puntos de la temporada en Son Moix.
Lo inquietante de que Ancelotti repitiera exactamente el mismo once que sacó en la Supercopa es que eso supone que va a sacar al mismo once en tres partidos seguidos, pues resulta inimaginable que no opte por el llamado once de gala en el debut del Bernabéu ante el Valladolid. Se suponía que el italiano iba a rotar, lo que se antoja particularmente recomendable cuando varios futbolistas importantes apenas han tenido pretemporada. Nos equivocamos: no hizo falta a esperar al partido ante el Valladolid para sufrir las consecuencias.
Comenzó dominando el Mallorca, con el Madrid dando la sensación de excesiva autoconfianza, Dani Rodríguez disparó fuera y, apenas un minuto después, Courtois tuvo que hacer el milagro nuestro de cada día. Para compensar la pájara inicial, Mbappé hizo una arrancada que levantó a la gente de sus asientos. Fue objeto de falta, pareció que fuera del área, pero Soto Grado hizo la correspondiente declaración de intenciones made in CTA no dándose por enterado. Mbappé y Vinícius empezaban a carburar poco a poco. Son Moix silbaba al brasileño, sin duda por haber sido insultado de manera racista en el pasado en esa misma latitud.

El Madrid iba sacudiéndose el arreón inicial de los mallorquines, y fruto de esta tendencia fue el golazo de Rodrygo. Mbappé, Bellingham y Vinícius burrearon a los animosos defensas del Mallorca en el lateral del área, por el flanco izquierdo. Vini se la dejó a Rodrygo de espaldas, pisándola. Su compatriota buscó el ángulo, no muy afanosamente porque tampoco lo necesita. Se perfiló lo suficiente para sacar una rosca de ensueño. 0-1, y casi vuelve a marcar a los pocos minutos aprovechando otro pase de Vinícius, que se había marcado una internada por la izquierda dejando sentando a Maffeo o alguno de sus intercambiables. En este caso, con poco ángulo, el balón se fue fuera. Esta vez, Rodrygo apareció por la derecha, consagrando la libertad de movimientos en ataque propugnada por Ancelotti. Para consagrarla aún más, casi marca Rüdiger en un trallazo.

Rozando el minuto 25, Vinícius volvió a descargar un poquito su vejiga sobre el siniestro Maffeo, y su pase lo remató fuera por centímetros Mbappé. Algunos contragolpes mallorquines provocaban alguna inquietud, así como los córners que se sucedían tras los mismos, pero la sensación era que, de no darse incidentes raros, el Madrid, cuyos delanteros se gustaban, ampliaría la renta, todo ante la atenta mirada de Rudy Fernández y Nadal, juntos en la grada.
En el minuto 36, el Madrid hizo una jugada como para invitar a champán a todo el público y poner fin al partido. Describirla sería absurdo. Se pasaron la pelota dentro del área Vini, Rodrygo, Bellingham, Valverde y un espectador de Alcudia que no pudo evitarlo y decidió unirse, como lo haría un espectador en un unplugged de U2 en el metro. El arte es lo que tiene, y no fue gol para que distingamos que los modos de las musas repudian a veces los prosaicos caminos de lo efectivo.
El Mallorca empezó a apretar al borde del descanso, y en un flojo rechace de Courtois se mascó la tragedia. No obstante, el Madrid no se arredró. Enorme el trabajo de Vinícius, ayudando también en defensa y forzando la tarjeta amarilla del impresentable Maffeo, pésimo futbolista e incívico ciudadano.
Y así se llegó al descanso.
Fruto del absurdo inmovilismo de su técnico, el Real Madrid se ha dejado los primeros dos puntos de la temporada en Son Moix
El Madrid comenzó con algún descuido la segunda mitad, o acaso con un apunte de cansancio por las razones expuestas al principio, y en un córner remató Muriqi, logrando el empate. Duele que el Madrid pueda encajar un gol tras una jugada tan proverbial, tan insultantemente simple y conocida, y que te empaten así.
Peor aún que el encaje del gol fue cómo se echaron arriba los de Arrasate buscando la remontada. El Madrid había comenzado el segundo tiempo bajo mínimos, probablemente físicos, y se echaba en falta una reacción desde el banquillo. Mbappé casi la lía en una jugada por la izquierda que obligó a intervenir a Greif, pero la sensación era que hacía falta una inyección de sangre nueva. Entró Modric (bien), pero no entró Güler (mal) ni Endrick (mal). ¿No correspondía ya, ante el cansancio del resto, lucir las estrellas jóvenes, con una pretemporada como Dios manda a las espaldas?

Una diablura urdida entre Modric, Bellingham y Mbappé fue rechazada por el cancerbero mallorquín, y Rodrygo no llegó al rechace. Empezaron a empujar los de Carletto, en la medida que se lo permitía su maltrecho físico, pero por esa misma razón el Mallorca no renunciaba a la victoria. El Madrid no era ni de lejos el del estupendo primer tiempo.
Con un Mallorca físicamente fuerte, atrincherado atrás y espoleado por el resultado, la cosa pintaba en chino mandarín. El Madrid cometía los clásicos errores del que no puede ni con las bragas, y si el Mallorca no marcó el 2-1 es sólo porque Dios es madridista, como dice Juanma Rodríguez. Tuvieron varias los de Arrasate.
Cuando quedaba el polvo de un conejo para el final del partido, Carletto metió a la vez a Brahim, Lucas Vázquez y Güler, pero ya no había tiempo para nada. El partido murió sin que el Madrid ni siquiera arrinconara al Mallorca, que es lo más triste que se puede decir de nada menos que el Real Madrid. Como suele decir un destacado miembro del consejo de redacción de La Galerna, "quiero a Ancelotti con toda mi alma, sin perjuicio de que hay días en que no". Si no es porque el italiano ha priorizado la puesta a punto de los titulares por encima de los tres puntos, esto no hay quien lo entienda.
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Hola a todos, amigos. El Comité Técnico de Árbitros, que es el gran rival del Real Madrid en esta liga que ahora principia, ha demostrado haber vuelto de las vacaciones veraniegas más o menos como se fue, es decir, en plena forma. El equipo cliente de Negreira ganó ayer en una salida a priori comprometida (quizá no tanto si tenemos en cuenta el nivel que luego demostró el Valencia) y, aunque las portadas de su prensa afín ignora este factor como es costumbre, lo cierto es que la influencia arbitral en el resultado final está fuera de toda duda.

Tanto Sport como Mundo Deportivo destacan en portada a Lewandowski, autor de los dos goles de su equipo y por tanto principal hacedor de la victoria por 1-2, remontando el tanto inicial de Hugo Duro. Pero no prestan excesiva atención al hecho de que el segundo gol, el decisivo, llegara de penalti. Los mismos que se burlaron de Cristiano Ronaldo por el alto (?) porcentaje de goles que lograba desde el punto fatídico, motejándolo de "Penaldo", no parecen excesivamente inclinados a llevar a cabo un estudio parecido para el polaco. Lo dejamos en manos de los misterchips de turno, pero ya nos atrevemos a aventurar que el tanto por ciento de tantos de penalti por parte del excelente delantero no es nada desdeñable.Penaldowski.
En honor a la verdad, y en contra de lo manifestado por prominentes madridistas en redes y medios, lo cierto es que nos parece penalti, pero por contra consideramos que el representante del CTA de turno, que no era otro que el investigado por la Guardia Civil Sánchez Martínez, erró en otras dos jugadas de relevancia.
En primer lugar, debió expulsar a Cubarsí con lo que debería haber sido su segunda tarjeta amarilla tras un agarrón al propio Hugo Duro, sin ánimo de jugar el balón. Sin contar el Barça durante muchos minutos con el joven y buen central, quizá habríamos asistido a otro resultado.
En segundo lugar, pudo haber un empujón del propio Cubarsí en un córner. No es un empujón muy descarado, pero la temporada pasada, contra Las Palmas, se señaló un presunto penalti contra Gundogan en una jugada idéntica.
Aquel día sí. Ayer no. Esta clara doble vara de medir es la que a buen seguro vamos a ver a lo largo de todo el año. Preparémonos.

As y Marca, por su parte, prefieren hoy abrir con el partido debut del Madrid en la competición, que tendrá lugar a las 21:30 ante el Mallorca, en Son Moix. Dice As que va a ser "la liga de Mbappé", y nos gustaría que no se equivocaran, no tanto porque realmente sea la liga de la estrella francesa sino porque, de serlo, NO será la liga de otras muchas cosas.
Si es la liga de Mbappé, no será la liga del putrefacto CTA, o será señal de que Cantalejo y compañía no la han ganado.
Sí es la liga de Mbappé, no será la liga de Tebas, o será señal de que no ha logrado sus fines espurios.
Si es la liga de Mbappé, no será la Liga de Roures y su delfín Benet, tipos que controlan a la vez filiales del Barça y suministran las imágenes del VAR a los árbitros sin que nadie ponga el grito en el cielo ante esta aberración, o será señal de que no han manipulado lo suficiente esa herramienta para privar al Madrid de una liga que con su actual plantilla no debería resistírsele.
En definitiva, si finalmente es, en efecto, la liga de Mbappé, nos alegraremos por el Madrid y por el francés, pero también por el fracaso del resto de alternativas.
Pasad un buen resto del día.
La entropía reina en nuestro planeta, es la primera ley de la madre Tierra. El mundo, la naturaleza tiende hacia el caos, y la principal labor del ser humano es luchar contra él. Construimos edificios para resguardarnos de la entropía, organizamos las ciudades para que impere un orden, creamos leyes o normas para no convertirnos en gas, en vacío. Incluso un paraguas es una forma de luchar contra el caos. El progreso del Homo Sapiens siempre ha tenido ese denominador común. Hasta que llegó el Real Madrid de Ancelotti 2024-2025.

“Todo a la vez en todas partes” sería el título de la película de esta temporada de fútbol, y el libre albedrío es el principio filosófico y moral elegido. No me gustaría que se vislumbre algún grado de crítica en estas afirmaciones, ya que creo que Ancelotti quiere hacer del caos el punto fuerte de este equipo, y Ancelotti suele acertar. Indetectable caos en ataque, compromiso y solidaridad en defensa. Esa parece que será la receta.
El partido contra la Atalanta no es el mejor ejemplo para analizar los que serán los sistemas de la 2024/25, ya que pocos equipos van a jugar esta temporada cubriendo al hombre en todo el campo y con esa agresividad. Es un suicidio jugarle así durante 90 minutos a este Real Madrid de Vinicius y Mbappé. El problema vendrá con esos Getafes, Mallorcas y Alaveses encerrados en el área. El caos diseñado por Ancelotti encontrará muchas dificultades y veremos cómo plantea ese tipo de partidos.

El éxito de la ausencia de esquema
El los primeros 25 minutos de la segunda parte contra la Atalanta se observaron en estas situaciones: Mbappé defendiendo como extremo derecho, Bellingham intercambiando posición con Rodrygo, Vinicius por la derecha, centro e izquierda, y Rodrygo defendiendo el área en la posición de Valverde. Permutación tras permutación. También se observó como Vinicius bajaba a recibir el balón como pivote en la primera parte. Esto viene a confirmar que Ancelotti apostará más que nunca por el libre albedrío de los 4 jugadores de ataque, con el objetivo de encontrarle acomodo a Mbappé y Rodrygo, que son los jugadores que, quizás, estén más desviados de su posición ideal.
Indetectable caos en ataque, compromiso y solidaridad en defensa. Esa parece que será la receta.
En ataque debemos olvidarnos de esquemas rígidos, todos tienen un punto de origen del que partirán en la mayoría de las jugadas pero será difícil encontrar un patrón claro. En defensa primará el exitoso 4-4-2 del año pasado con un Bellingham ayudando en izquierda y Rodrygo en derecha.
Sin Kroos no hay ley
Mi preocupación desde que nos abandonó el antiguo 8 es quién va a organizar todo este batiburrillo de jugadores jóvenes y físicos. Y tenemos que asumir desde ya lo siguiente: nadie va a organizar con el nivel que lo hacía Toni. Estamos hablando de uno de los mejores gestores de juego de la historia. El nuevo equipo blanco va a jugar a otra cosa, ya no existe el Real Madrid de Kroos.
El mejor golpeo de balón es de Valverde y él será el indicado para intentar controlar el caos, pero Fede es un caballo ganador irreprimible que busca con locura correr por el monte y pierde mucho más la posición que el alemán. Empiezo a sospechar que la labor no solo va a recaer en el “halcón”: todos los jugadores tienen que ofrecer algo de orden en los partidos que lo necesiten. Tchouaméni, Camavinga y Valverde tendrán que dar ese paso adelante, y si no lo hacen, saldrá Modric.

Simbiosis Mbappé-Vinicius
Hay y habrá debates sobre si Mbappé está demasiado centrado o si hay solapamiento de funciones, pero el objetivo será que ambos jugadores sean indetectables. Vinicius tendrá un papel mayor de banda y de progresar con el balón hasta el área, mientras que Mbappé tirará más desmarques, más rupturas diagonales entre centrales. Pero tienen completa libertad en ataque.
Ancelotti quiere ver cumplido uno de sus deseos: hacer a Vinicius indetectable. Los centrales se fijarán mucho más en Mbappé y Vinicius deberá ir leyendo los pasillos que le genere el francés. Jugada que se vio en la segunda parte contra la Atalanta cuando Mbappé arrastró los dos centrales hacia la izquierda, Vini Jr rompió por el pasillo central y falló solo contra el portero tras una gran asistencia de Bellingham. Vinicius cada vez lee mejor el juego y, si consigue compenetrarse con Mbappé, estaremos ante una dupla de ataque histórica que marcará una larga época.
Bellingham como agente del caos
En la segunda parte de la Supercopa se volvió a ver al mejor Bellingham, sin ataduras acromio-claviculares, esa especie de soldado a la desesperada que convierte cada balón con pinta de naufragar en un ataque refinado y demoledor. Si el equipo es capaz de sostener la defensa y permitir a Bellingham numerosas cruzadas en ataque, veremos este año la mejor versión del que considero mejor jugador del mundo. El Di Stéfano de Birmingham va a ser el más beneficiado de la movilidad de sus tres compañeros de ataque. Si sus compañeros le permiten mediapuntear sin tener que agotarse en defensa, estaremos ante un jugador de dobles decenas de goles y asistencias.

Rodrygo: el sacrificado pero no tanto
Por mucho que Carlo intente buscarle acomodo al brasileño, este, salvo lesiones, no va a jugar en su posición ideal. Tendrá que defender en la derecha, estar pendiente de laterales o carrileros izquierdos y regatear por su peor perfil. Pese a todo esto, Rodrygo no puede quejarse del todo, ya que tiene uno de los únicos entrenadores del mundo que le va a permitir volcarse al centro e izquierda cuando el propio jugador lo vea oportuno. Si jugase en la Inglaterra del ínclito Southgate, Rodrygo ya habría hecho las maletas. Pero el italiano le ha ofrecido un pacto del diablo: “defiende en la derecha y te dejo viajar por todo el campo”. Si Rodrygo lo consigue, estaremos ante el cuarto jugador indetectable en ataque. Indefendible.
¿Cómo se defiende con este desorden?
Pues seguramente peor que el año pasado. Recordemos que el año pasado fue uno de los más sólidos en defensa sustentándose en el compromiso defensivo de los 10 jugadores de campo, destacando la inconmensurable temporada del mejor lateral izquierdo defensivo del mundo, Ferland Mendy, y el mejor central, Rüdiger. Este año debemos acostumbrarnos a recibir algún gol más en contra, ya que va a haber una mayor apuesta por el ataque. Que no cunda el pánico.
El Di Stéfano de Birmingham va a ser el más beneficiado de la movilidad de sus tres compañeros de ataque. Si sus compañeros le permiten mediapuntear sin tener que agotarse en defensa, estaremos ante un jugador de dobles decenas de goles y asistencias
Habrá un pivote más fijo, que el otro día fue Tchouaméni, junto a la versatilidad de Valverde, del que creo que irá modificando su posición según el partido: gestor del balón frente a equipos encerrados, caballo desbocado frente a equipos más valientes. El resto de jugadores con más libertad tendrán que mostrar compromiso para tapar los huecos que dejen los jugadores que hayan permutado. Es decir, si Vinicius ha atacado por el centro, Mbappé deberá defender la banda izquierda; si Bellingham ha llegado al área por la derecha, Rodrygo o Vinicius tendrán que tapar el interior izquierda. El éxito defensivo de este año llegará de las piernas de Vinicius, Mbappé y Rodrygo. Si ellos aceptan el reto, el Madrid será invencible. Repito, invencible.

Libertad y compromiso, esa será la receta de Ancelotti. Mucha dosis de caos y confiar en la solidaridad defensiva de sus estrellas. La tarea más difícil la tendrán los entrenadores oponentes: ¿cómo controlarán la entropía de los tres mejores jugadores del mundo?
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Nos dejó esta mañana posiblemente el actor más bello, atractivo y apuesto de todos los tiempos, Alain Delon.
Delon era para el cine una suerte de David Beckham, también guapo como pocos, y cuya belleza a veces impidió que a ambos se les reconocieran sus enormes méritos profesionales. Y es que el actor francés, desaparecido a sus 88 años, era, además de sus atractivos estéticos, también un actor de primera categoría, como Beckham fue de los mejores jugadores de su generación.


La primera vez que vi actuar a Alain Delon fue en una adaptación de una novela de mi antepasado (?) Alejandro Dumas, "El tulipán negro", una coproducción franco-italo-española, y en cuyo reparto aparecían la bella Virna Lisi y nuestro Adolfo Marsillach, en un rol de villano. El niño que ahora les escribe quedó fascinado por la pareja protagonista y jugó innumerables veces a hacer de "Tulipán negro", una especie de Robin Hood del sur de Francia, por el Parque del Buen Retiro.
Delon, como buen actor, y más que posiblemente madridista, trabajó a las órdenes de los mejores directores europeos, Visconti, Clément, Antonioni, Melville, Verneuil, Schlondorff, y, pese a vivir casi dos años en Hollywood, no quiso atender a los cantos de sirena americanos, prefiriendo permanecer casi siempre en Europa, como un Luka Modric, que dijo no varias veces a enormes ofertas venidas de Oriente Medio.
Delon era para el cine una suerte de David Beckham, también guapo como pocos, y cuya belleza a veces impidió que a ambos se les reconocieran sus enormes méritos profesionales
Alain Delon era una apuesta segura para las taquillas europeas, y raro era el año en que alguna película protagonizada por él fuera la más exitosa en Francia, siempre en dura competencia con las de su primero rival y luego gran amigo Jean-Paul Belmondo, con quién por fin coincidió en 1970 en "Borsalino", éxito de taquilla aunque película mediocre y olvidable.

Un líder, pues, en cuanto a recaudaciones, tal y como el Real Madrid, indiscutible número uno de las audiencias televisivas, además de un referente mundial por su atractivo y por su intensa vida amorosa que copaba casi cada semana las portadas de las revistas cinematográficas y del corazón.
Y con un talento interpretativo inmenso, ya con menos de 30 años había participado en dos películas de Luchino Visconti, como protagonista en "Rocco y sus hermanos" y en la espléndida "El Gatopardo", sobre la obra de Lampedusa, en la que no desmerecía en nada dando réplica al gran Burt Lancaster, y enamorando a la simpar Claudia Cardinale.
Élite europea, en los años en los que el Madrid lograba miles de adeptos arrasando el continente a base del mejor futbol jamás jugado por entonces. No puede extrañar por tanto que René Clément eligiera a Delon como el perverso Ripley en "A pleno sol", con una interpretación casi felina poseída por una belleza casi demoníaca.

En los años 60, Delon se especializó en papeles de gángster y de asesino a sueldo, mostrando siempre frialdad y sobriedad absoluta en sus interpretaciones, destacando en "Le samouraï" (en España se título "El silencio de un hombre") y "Círculo rojo", ambas obras maestras de Jean-Pierre Melville, o "El clan de los sicilianos" de Henri Verneuil, en la que coincidió con los soberbios Jean Gabin y Lino Ventura.
Hizo muchas más películas, de menor categoría, en los 70 y en los 80, y, como un Toni Kroos de su momento, prefirió retirarse a tiempo cuando aún era líder de las taquillas francesas. Por eso es raro ver ya algún papel suyo tras cumplir 50 años, ya que su canto del cisne fue con "Nuestra historia*, de Bertrand Blier, allá por 1985, donde obtuvo su Oscar francés, el premio César.

Se nos va, pues, quien ya se nos había ido del cine hacia décadas, dejando papeles emblemáticos en diversas joyas del cine, con un largo historial de seducciones (Brigitte Bardot, su querida Romy Schneider, Mylène Demongeot, Mireille Darc), valiosas Champions amorosas, además del cariño y de la admiración de millones de espectadores que esperaban cada año sus películas para llenar los aforos de cientos de salas de proyección. Un guapísimo y no exento de talento actor cinematográfico, que hace un poco más triste este mes de agosto, tan esperanzador para nuestro Real Madrid.
Descansa en paz, Alain.
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