Javier Artero: “No me importaba dejar el fútbol; sólo pensaba en vivir”

Javier Artero: “No me importaba dejar el fútbol; sólo pensaba en vivir”

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Javier Artero es materia para varias entrevistas. Se conjugan en este madrileño de cuarenta y un años el análisis futbolístico (es comentarista de Real Madrid TV, y ya se ha estrenado en La Galerna, donde como editor espero tenga una continuidad) con una peripecia deportiva y humana emocionante y alentadora. Tras su paso por el Castilla, inicia una carrera que a lo largo de los noventa y primeros dos mil encierra hitos sorprendentes, como ser el primer español en treinta años que cruza el charco para jugar en Argentina (recorriendo el trayecto inverso a tantos y tantos sudamericanos jugando en territorio nacional), o convertirse en el héroe local histórico del Dundee escocés antes de que la esclerosis múltiple que padece (“pero que me trata bien”, dice conmovedoramente) le obligara a dejar el fútbol. Sobre su enfermedad, su vida y su forma de entender su amado Real Madrid charlamos reunidos en el restaurante La Estancia Chic, en pleno barrio de Salamanca madrileño. Se nos olvidaba: al frente junto a su hermano de la compañía Salesland, Javier es ahora un hombre de negocios de éxito.

P: Vamos primero con el habitual asalto a nuestros entrevistados. Al menos avisamos. Ya sabes que te voy a pedir un once histórico del Madrid.

R: Y vengo con los deberes hechos, aunque reconozco la gran dificultad del reto. Hago constar que voy a incluir solo a jugadores a los que por edad he visto jugar.

P: Consta pues. Adelante.

R: De portero pongo a Iker. De lateral derecho a Carvajal.

P: Es llamativo que un jugador tan joven, con gran parte de su carrera por delante, ya haya aparecido en el once histórico de varios de nuestros entrevistados.

R: Es buenísimo. Y también es cierto que es una posición en la que podrías optar por varios. No hay un candidato claro. Chendo tampoco sería descabellado ahí.

P: Continúa.

R: En el resto de la defensa pongo a Hierro, Sergio Ramos y Roberto Carlos. De medio centro coloco a Redondo. Creo que en un ejercicio como este cuentan mucho las cuestiones del corazón, y claro, yo estaba en el club en la época de Redondo, yo entrené con él. Era una maravilla. Como lo era Laudrup, con el que también entrenaba en aquella época y al que situaré aquí, en el vértice del rombo. Por la derecha, una de mis debilidades: Míchel, mi favorito de la Quinta con todo el respeto para los demás, quizá también porque jugaba en mi posición, es decir, como interior derecho. Y por la izquierda tengo que poner a Bale. Bale es ahora mismo mejor que Cristiano, y con esto no digo nada en contra de Cristiano que es único y nunca veremos uno igual: solo digo que hoy por hoy Bale le supera.

P: ¿Y arriba?

R: Para demostrar lo que acabo de decir sobre Cristiano, por supuesto que le pongo a él. No he visto un delantero con su capacidad goleadora. Un atleta y un genio del fútbol. Acompañándole, sitúo a un emblema del madridismo como Raúl.

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P: Has puesto a Laudrup y no a Zidane…

R (sorprendido): Pues tienes razón, no había caído. Y qué hago ahora. Es una tarea endiablada esta que me asignas.

P: Ofrecemos la opción de contar con un banquillo…

R: Madre mía, para poner a Zidane en el banquillo prefiero renunciar a la opción del banquillo. (Risas).

Bale es ahora mismo mejor que Cristiano. No pasa nada por decirlo

P: ¿Y a quién elegirías para dirigir a este once de estrellas?

R: (Lo piensa un momento). A Vicente Del Bosque. Es otro hombre a quien vi trabajar de cerca cuando funcionaba con las categorías inferiores del club, porque yo era uno de esos jóvenes que estaban allí. Tengo que decir que nunca entendí su salida del club. Si hay una persona sobre la cual puedas decir que ES el Real Madrid, se trata de Vicente. Un hombre que ha mamado los valores del club y a la vez los ha transmitido a generaciones de jugadores.

P: Con independencia de esa valoración, hay un madridismo que no comprende el que rechazara la insignia de oro y brillantes del club.

R: Es eso estoy de acuerdo. Creo que cometió un error al no aceptarla. Debió distinguir entre la institución y las personas que rigen la institución. La insignia no se la daba Florentino Pérez, se la daba el Real Madrid. Comprendo la ofuscación de quien se siente maltratado, pero no la comparto.

P: Ya que hablas de Florentino Pérez, ¿qué te parece su gestión?

R: Dejando de lado lo de Del Bosque, me parece difícil encontrar argumentos para atacar a Florentino. Su gestión económica es brillante, y la cosecha deportiva habla por sí sola: dos Champions en tres años es un logro difícil de igualar. Además, son ya seis ejercicios seguidos llegando siempre a semifinales de la máxima competición europea, lo que implica que el Madrid los ganará o no, porque ahí juegan muchos factores incluida la suerte, pero está siempre en la pelea por el máximo entorchado continental.

No comprendo la salida de Del Bosue del Madrid, pero aun así erró al no aceptar la insignia del club

P: Ya sabes lo que te responderían sus detractores: una liga de ocho.

R: Es verdad. Una liga de ocho. Pero no hay que perder nunca la perspectiva. Una liga de ocho en la época de máximo esplendor en toda la historia del Barcelona y más concretamente del fenómeno Messi. Si tú pones en contexto la cosecha deportiva de Florentino Pérez, en medio de la era Messi, y además tienes en cuenta que muchas de esas ligas se disputaron hasta el final, aunque sin suerte en el desenlace, creo que es meritorio. Cuatro títulos europeos (dos Champions y dos Supercopas) en medio de la era Messi es algo extraordinario, y sin embargo hay un criticismo que no cesa. La afición del Madrid pone tan alto el nivel de exigencia que en ocasiones es insoportable. El público del Bernabéu es tremendamente difícil. Mi admirado Míchel, de quien antes hablamos, una tarde no pudo más y se largó del campo. Y sobre ello digo lo que decía acerca de Del Bosque y la insignia: no lo comparto, pero puedo llegar a entenderlo.

P: Muchos de nuestros lectores te conocerán por tus apariciones en Real Madrid TV, pero algunos no conocerán tu vida dentro y fuera del terreno de juego. Tú te educas en el Colegio San Agustín, en la calle Padre Damián, justo enfrente del Santiago Bernabéu…

R: Imagínate. Veía el estadio desde la ventana cuando estaba en clase y soñaba con que algún día jugaría allí. Había ojeadores que venían a vernos jugar, y se fija en mí el Águilas, entonces en Tercera División, donde paso un tiempo hasta que los ojeadores del propio Madrid me toman en cuenta y me incorporan a las categorías inferiores del club, llegando a jugar en el segundo equipo. Según suele contar mi buen amigo José Antonio Petón, que además fue mi representante, el entrenador del Castilla de entonces, Sergio Egea, tenía claro que yo era, de entre todos sus pupilos, el que algún día terminaría jugando en el primer equipo.

P: Para foguearte, te ceden al Leganés al término de la temporada 96/97, y ahí te ficha el Málaga, donde coincides con ilustres como Movilla o Sandro. De ahí al Badajoz compartiendo vestuario con jugadores como Mancuso, también en Segunda, con quienes realizas una de las mejores campañas del equipo extremeño en su historia. Y es ahí donde, convencido por Petón, inicias la aventura argentina.

R: Fiché por San Lorenzo de Almagro porque Petón consideró que era una gran oportunidad en un equipo histórico, aunque la realidad es que Ruggeri (otro ex-madridista), que estaba al mando como entrenador, ni me había pedido ni me conocía, y así me lo hizo saber. Era una cosa que habían apañado entre Petón y Miele, el presidente. De modo que los comienzos en San Lorenzo fueron muy duros. Yo llamaba a Petón y le preguntaba “¿pero qué coño hago aquí?”, y él me decía que paciencia. Era un San Lorenzo en pleno proceso de transición, un proceso convulso. Ruggeri quería renovar el equipo con sangre fresca, y me puso a entrenar con ilustres veteranos con los que ya no contaba: Zapata, Borelli… Era su modo de decirme que no contaba para él.

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P: ¿Y qué sucede entonces?

R: Pues que termino por convencerle, en parte porque le muestro mi deseo de continuar en el equipo al término del campeonato, lo que le convence de mi compromiso con su proyecto. Acabo siendo titular en muchos partidos, sobre todo en la Copa Mercosur, donde llegamos a ser semifinalistas, y también contribuyo a dejar al equipo tercero en el campeonato clausura. Pero las convulsiones internas continuaban en el club y el propio Ruggeri termina por limpiarme. Había que buscar una salida.

P: Y la salida es el inicio de una aventura aún más inusual que la iniciada en Argentina: el fútbol escocés.

R: Exacto. Petón me dice que, como salida al cierre de las ventanas, hay una posibilidad de jugar tres meses en el Dundee.

P: Club donde no es exagerado decir que te conviertes en la mayor sensación futbolística jamás vivida en esa pequeña ciudad. En youtube es posible acceder a algunos de los goles que marcaste allí. Madre mía.

R: Pues sí: probablemente no sea exagerado decirlo. El Dundee es un equipo por debajo de la grandeza de otros como Celtic o Rangers. Forma parte, junto con Hibernian o Aberdeen, de los que intentan hacer alguna sombra a los dos grandes. Encajé muy bien en el fútbol escocés, muy orientado al balón largo, y claro, mi fuerte era la velocidad. La gente me adoraba. Unos seguidores diseñaron e imprimieron unas camisetas con una mitad con la bandera escocesa y la otra con la bandera española, y había miles de ellos que las llevaban al campo. Una de estas camisetas la guardo de recuerdo. Fueron dos años perfectos. Disfrutaba del fútbol. Estaba dando lo mejor de mí. Y, en el aspecto estrictamente humano, me enamoré de la hospitalidad y el encanto de aquella gente.

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P: Y de repente un día…

R: De repente un día, al inicio de la que iba a ser mi tercera temporada, durante un entrenamiento, empecé a encontrarme mal. Era un malestar muy extraño, muy vago, difícil de definir. Me fui a casa con el permiso del entrenador y pensando que sería una gripe. Ya en casa, con el transcurso del día, comencé a encontrarme progresivamente peor. Llamé al club para hablarles de mis síntomas, que afectaban sobre todo a la vista y al equilibrio. Me respondieron que no me preocupara y que al día siguiente me vería el médico en las instalaciones del Dundee. Cuando, al cabo de pocas horas, comencé a experimentar dificultades para ponerme de pie, volví a llamarles, ya mucho más alarmado. Me dijeron que me mandaban un coche a casa para llevarme de inmediato al hospital. Cuando el coche del club llegó al hospital, lo que llevaba dentro era un hombre que había perdido sus capacidades motrices y que además, en cuestión de minutos, se había quedado virtualmente ciego. No ciego, en realidad, sino que veía doble de una manera que es muy difícil de explicar. No doble como caricaturescamente se dice de los borrachos, sino que veía una cosa dos veces, una con un ojo y otra con el otro.

P: ¿Qué pensabas que te ocurría?

R: No tenía la menor idea, pero no me cabía la menor duda de que me estaba muriendo. Allí se hicieron cargo de mí y me sometieron a toda una variedad de pruebas. Me ingresaron durante varios días, durante los cuales no mejoré. Mis padres se trasladaron desde España para estar conmigo. Yo era una celebridad local, y supongo que eso explica en parte el que se diera la desagradable circunstancia de una filtración. La prensa local informó en titulares de mi diagnóstico antes de que yo lo supiera por los médicos. Alguien me trajo el periódico a la habitación del hospital y allí lo leí. Me quedé en estado de shock, claro. Estaba, claro, entre furioso y alarmado, porque aún no sabía casi nada sobre la enfermedad. Me llevaron a España, donde por fin me trataron con cortisona y más adelante con interferón. Los médicos me dijeron: “En efecto, tienes esclerosis múltiple. Es importante que sepas que no te vas a morir. Tu esperanza de vida no se reduce por esto, pero a un ritmo y de un modo que no podemos prever tu calidad de vida se verá afectada. De este brote irás mejorando poco a poco. Pero eso queda ahí, y su evolución es imprevisible. No sabemos cuándo puede ser el próximo brote ni cuál puede ser su gravedad. Cada enfermo sigue su propia evolución y es imposible predecir su curso.” Recuerdo muchas cosas de ese momento y de los días que le siguieron. Recuerdo a mi padre diciendo: “Si yo pudiera, y sabes que es verdad, ahora mismo te quitaba la enfermedad y me la quedaba yo”. Y me acuerdo de mi amigo el Dr. Óscar Fernández, una eminencia en el tratamiento contra la esclerosis, que tanto hizo por mí.

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P: ¿Cuánto tiempo pasa desde que recibes la noticia hasta que decides dejar el fútbol? Porque los médicos no te ordenaron que lo dejaras, ¿verdad?

R: No. Pasa un tiempo. Ten en cuenta que ese primer brote, por gravísimo que pareciera en su manifestación, pasa, se va, y me deja casi sin secuelas. De modo que, unos meses después, yo vuelvo a entrenar con el Dundee con la idea de volver a jugar, porque como bien indicas los médicos no me lo habían prohibido. Y llego a jugar varios antes del fin de la temporada. Si hasta esa fecha la generosidad de los hooligans conmigo había sido incalculable, imagina cómo me animaron en el transcurso de esos encuentros, estando como estaban absolutamente sensibilizados con mi situación personal.

P: Claro. No solo eras uno de los suyos. Te consideraban además el mejor jugador que jamás habían visto jugar con su camiseta. Eras su Di Stéfano. Imagino que el ambiente en aquellos partidos fue electrizante.

R: Lo fue. Pero yo no me encontraba igual, a pesar de que acabé la campaña volviendo a ser titular. Ten en cuenta que mi juego era muy físico, estaba basado en la velocidad, y la enfermedad te ataca por ahí, y ello a pesar de que yo estaba respondiendo perfectamente a los tratamientos con interferón. No me vi bien y decidí que no tenía sentido seguir. Estaba enfermo. Tenía que dejar el fútbol.

P: Imagino que lo decidiste con trauma.

R: No. En ese momento el fútbol me daba completamente igual. Solo me importaba la vida.

P: Eras un héroe local, lo mejor que le había pasado a esa ciudad en décadas, o quizá desde siempre, ¿y me dices que no te afectó tener que dejarlo?

R: Totalmente. Solo me interesaba afrontar esa nueva fase de mi vida y hacerlo desde ya. Es curioso, porque tiempo después sí llegué a pensar que quizás me precipité al dejarlo. El doctor Fernández, a quien me refería, me preguntaba a veces: “¿Por qué lo dejaste? Deberías haber aprovechado un poco más”. El caso es que tenía claro que lo que tocaba era iniciar una nueva andadura en España, con los míos. Y así fue. Me trasladé de vuelta a Madrid y estuve seis meses en Marca, probando como periodista, porque yo había estudiado dos años de periodismo. No me gustó. Me pareció que el periodismo, al menos aquel, era muy agresivo. No iba conmigo. Le propuse a mi hermano entrar en Salesland, empresa de la cual era uno de los socios, y me dijo: “Esta es una empresa de formación y monitorización de equipos de ventas, así que primero necesitas una experiencia comercial”. Así que busqué hasta hallar un trabajo en Michael Page como vendedor de relojes.  Me dieron un maletín lleno de relojes para ir por ahí vendiéndolos a puerta fría. En ese año le hice 96.000 kilómetros al coche de la empresa. En ese ejercicio vendí 1.086 relojes. Mi predecesor en el cargo había vendido 81 en el mismo periodo.

P: Parece entonces que sí tenías una buena veta comercial. Convenciste a tu hermano.

R: Así es. Las circunstancias me favorecieron también en forma de desavenencias de mi hermano con su entonces socio, lo que terminó convirtiéndome en el segundo socio de Salesland, que es una empresa que ha conseguido mantener un crecimiento sostenido por encima del cuarenta por ciento en los últimos años, ampliar la cartera de clientes y expandirse internacionalmente a Portugal y Latinoamérica (Chile, Colombia, Perú, México y Guatemala).

P: Estás intensamente implicado en la lucha contra la esclerosis a través de tu relación con la Asociación Española de afectados. Tu ayuda se orienta sobre todo a dar charlas.

R: Claro. A veces me dicen: “eres un ejemplo”. Yo no soy ningún ejemplo. Yo no escogí la esclerosis múltiple. Eso sí, cuando puedo ayudar a alguien que está pasando por lo mismo, o a las empresas que facturan los medicamentos que la combaten a confirmar que están haciendo un buen trabajo, entonces sí considero que valgo algo.

No soy ningún ejemplo. No escogí la esclerosis. Pero si puedo ayudar a otros, entonces sí valgo algo

P: Tú has dicho en alguna ocasión que eres “un hombre con suerte”…

R: Y lo soy. La enfermedad me trata bien. Tolero muy bien los medicamentos y llevo casi quince años desde aquel brote sin haber tenido más que otro no tan grave que tuvo lugar porque dejé el interferón. El interferón se inyecta y ya no podía más de agujeros en las piernas y el culo, y de pinchar y repinchar encima de los mismos agujeros. El Dr. Fernández me regañó por haberlo dejado unilateralmente, pero me recetó un nuevo medicamento que se consume por vía oral, y con el cual también me va muy bien. Llevo una vida completamente normal. Al principio gané mucho peso, porque la enfermedad te hace comer muchísimo. No me preguntes por qué. Pero después me obsesioné con hacer ejercicio (sigo jugando al fútbol y camino muchísimo) y así me mantengo en forma. El muslo de la pierna derecha me duele de manera regular (los espasmos musculares son característicos de la enfermedad, y de hecho Javier se ha masajeado casi instintivamente dicho músculo varias veces durante el transcurso de la entrevista), y cuando estoy en una de esas fases es cuando más me obsesiono con caminar.

P: Se te ve muy bien.

R: Es que estoy muy bien. Ahora (subraya con su voz el adverbio) estoy muy bien. No sabemos lo que la enfermedad puede traer en el futuro. Tiene esa incertidumbre.

P: Al fin y al cabo, ¿qué vida no está sujeta a esa incertidumbre? Eso de “ahora (yo también subrayo la palabra) estoy bien” es lo único sensato que te puede responder nadie a la pregunta “¿cómo estás?”

R: Es verdad. Y no me quejo. Disfruto muchísimo de la vida (mi mujer, mis hijos) y de los recuerdos de mi breve pero intensa carrera futbolística. Cuando voy a Dundee, donde en 2003 me nombraron personalidad del año, la gente aún me reconoce y me para por la calle. Tendrías que ver la admiración con la que me hablan. Es siempre muy emotivo volver por allí. Un día quiero hacerlo con mis hijos.

 

Entrevista: Jesús Bengoechea

Fotos:  Loreto B. V. 

 

6 COMENTARIOS

  1. Conocía un poco la historia personal de Javier Artero por lo que contaron algunos medios de comunicación, pero no los detalles. Ahora, leyendo esta maravillosa entrevista, me será imposible verlo de la misma manera en RMTV. Hay en él esa sabiduría sin estridencias que te transmite cierta paz y una gran lección de vida sobre nuestras prioridades cuando algo (en este caso una enfermedad) te cambia tus proyectos y tus planes.
    Este es el gran valor de las entrevistas: que te permiten conocer a alguien de una manera mucho más profunda y cercana, cuando entrevistado y entrevistador son generosos, reflexivos e inteligentes con sus respuestas y sus preguntas. Gracias, Javier y Jesús por esto.
    Yo también espero que Javier siga escribiendo en esta santa casa.

  2. Suscribo las palabras de los compañeros, grandísima entrevista Jesús. Se agradece ese calorcillo que desprenden vuestras entrevistas, son de verdad, no prefabricadas, insustanciales y mamporreras como las de la prensa española actual. Muchas gracias.

  3. Enhorabuena Jesus por esta estremecedora entrevista donde sobresalen todos los valores que hacen valer al ser humano. Ejemplar en todos los aspectos, en el humano y en el deportivo.
    Todo mi apoyo y fuerza Javier. Te deseo lo mejor.

  4. Grandísima entrevista, a una grandísima persona. Una trayectoria personal de PELICULA. que lleva con tanta naturalidad que parece sacado de una novela. Una persona que merece la pena oír, para ver las grandes cosas de la vida que nos rodean y que no apreciamos.
    En Dundee dejó su huella, en Salesland, seguimos disfrutando de una GRAN PERSONA. Un ejemplo de superación. un espejo donde mirarse.

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